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Muy buenos días, amados amigos y hermanos presentes, y los que están a través de internet y demás medios de comunicación.

Que las bendiciones de Jesucristo, el Ángel del Pacto, sean sobre cada uno de ustedes y sobre mí también, y en esta ocasión nos hable directamente al corazón y nos abra el entendimiento y nos permita comprender Su Palabra, Su Programa correspondiente a nuestro tiempo. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Leemos en Apocalipsis, capítulo 5, verso 1 en adelante, donde nos dice:

“Y vi en la mano derecha del que estaba sentado en el trono un libro escrito por dentro y por fuera, sellado con siete sellos.

Y vi a un ángel fuerte que pregonaba a gran voz: ¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos?

Y ninguno, ni en el cielo ni en la tierra ni debajo de la tierra, podía abrir el libro, ni aun mirarlo.

Y lloraba yo mucho, porque no se había hallado a ninguno digno de abrir el libro, ni de leerlo, ni de mirarlo.

Y uno de los ancianos me dijo: No llores. He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos.

Y miré, y vi que en medio del trono y de los cuatro seres vivientes, y en medio de los ancianos, estaba en pie un Cordero como inmolado, que tenía siete cuernos, y siete ojos, los cuales son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra.

Y vino, y tomó el libro de la mano derecha del que estaba sentado en el trono.

Y cuando hubo tomado el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero; todos tenían arpas, y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos;

y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación;

y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra.

Y miré, y oí la voz de muchos ángeles alrededor del trono, y de los seres vivientes, y de los ancianos; y su número era millones de millones,

que decían a gran voz: El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza.

Y a todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos.

Los cuatro seres vivientes decían: Amén; y los veinticuatro ancianos se postraron sobre sus rostros y adoraron al que vive por los siglos de los siglos”.

Que Dios bendiga nuestros corazones con Su Palabra y nos permita entenderla.

Nuestro tema para esta ocasión es: “EL MISTERIO DEL LIBRO DE LOS SIETE SELLOS”.

Este es el libro más misterioso del cual se haya hablado en la Biblia, este es el libro más misterioso que ser humano alguno haya sabido; es tan misterioso que se encuentra en la diestra de Dios, el cual está sentado en Su Trono en el Cielo. Por lo tanto, es el Libro de Dios.

Este es el Libro de la Vida del Cordero, este es el Título de Propiedad de los Cielos y de la Tierra, es el Título de Propiedad de toda la Creación. Ese es el libro del cual la Escritura nos habla como el Libro de la Vida del Cordero.

Dice San Pablo en su carta a los Hebreos, en el capítulo 12 y verso 22 al 23:

“… sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles,

a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos,

a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel”.

Aquí podemos ver que los nombres de los primogénitos de Dios están escritos en el Cielo; y este Libro sellado con siete sellos, que se encuentra en la diestra del que está sentado en el Trono, o sea, de Dios, es ese Libro que contiene los nombres de los primogénitos de Dios en el Cielo.

Ahora, así como los primogénitos de Dios del Cielo han estado viniendo a esta Tierra a vivir en carne humana para pasar por su etapa de prueba aquí en la Tierra y hacer contacto con la vida eterna, que es Cristo, así también este Libro sellado con siete sellos ha estado cumpliéndose aquí en la Tierra, ha estado materializándose aquí en la Tierra a medida que han ido pasando las diferentes etapas del Programa de Redención de Dios.

Y este Título de Propiedad o Libro de la Vida del Cordero o Libro sellado con siete sellos encontramos que es el Título de Propiedad de toda la Creación, y por consiguiente es el Título de Propiedad que perdió Adán en la caída; pues cuando Adán pecó perdió su derecho a la vida eterna, a la juventud eterna, a la felicidad eterna y a todas las cosas eternas que Dios concedía en ese Título de Propiedad al ser humano.

Adán perdió también el poder sobre toda la Creación, pues Adán tenía poder sobre toda la Creación así como Dios tiene poder sobre toda la Creación; Dios le dio poder a Adán sobre este planeta Tierra con todo lo que está en el planeta Tierra.

Adán podía hablar la Palabra y las cosas sucedían; podía hablarle a los árboles, podía hablarle al agua, a los mares o a los ríos, podía hablarle a los animales y así por el estilo; y todo le obedecía a Adán. Podía hablarle a la naturaleza y la naturaleza le obedecía. Porque Dios colocó a Adán, el primer hijo que Él colocó aquí en la Tierra en un cuerpo de carne, lo colocó con poder y autoridad sobre toda la Creación que aquí estaba colocada.

Adán era el rey de este planeta Tierra con todo lo que contenía. Adán era también un hombre con las dos consciencias juntas, y por consiguiente era un profeta: el primer profeta que en carne humana pisó este planeta Tierra. Por eso ustedes encuentran que Dios podía hablar con Adán y Adán con Dios.

Ahora, ¿dónde estaba Adán antes de aparecer en este planeta Tierra en el cuerpo físico? Adán estaba en otra dimensión llamada la sexta dimensión o dimensión de la teofanía, en donde las personas que están allí están en cuerpos pero de otra dimensión; son cuerpos parecidos a este cuerpo que tenemos visible y tangible, pero es un cuerpo de otra dimensión esos cuerpos teofánicos en donde habitan millones de personas.

Ahora, en el Programa Divino encontramos que Dios, el Creador de los Cielos y de la Tierra, en Su mente y Su corazón concibió un programa; y ese es el Programa de Creación de Dios.

Y Dios comenzó a llevar a cabo Su Programa, el cual estaba en Dios eternamente; y por cuanto estaba en Dios eternamente, en la eternidad con Dios ese programa, encontramos que en el pensamiento original y primer pensamiento divino en cuanto a la Creación, Él colocó todo lo que Él tendría en Su Creación, y luego comenzó Su Programa de Creación.

Dios siendo el Creador no se quedó fuera de Su Programa de Creación, sino que Él también se incluyó en Su Programa de Creación.

Es como un contratista que sea ingeniero, constructor y también arquitecto, y que diseñe un gran edificio, digamos un condominio o edificio de vivienda, de apartamentos para vivienda, y él diseña para personas ese edificio; pero si él cree que ese es el mejor edificio que habrá en su país, él (si es inteligente) diseña para sí mismo un buen apartamento, diseña la parte más importante del edificio para él, que es la parte más alta; y en el programa de construcción de ese ingeniero, arquitecto y contratista, constructor, él se incluyó en ese programa de construcción para vivienda; y él va a vivir ahí, en ese edificio de vivienda, en donde otras personas también vivirán.

Pues Dios en Su Programa señaló que habrá seres que tendrán un alma, un espíritu y un cuerpo también, un cuerpo físico de esta dimensión. El espíritu es un cuerpo de otra dimensión.

Y ahora, el Dios Todopoderoso, ¿saben cómo comenzó Su Programa? Comenzó Su Programa diseñando y creando Su cuerpo teofánico que Él tendría, ese cuerpo o espíritu teofánico de la sexta dimensión llamado el Verbo de Dios. Y también Él diseñó el cuerpo físico que Él tendría también.

Él comenzó luego Su Programa de Creación, el cual ya está diseñado desde antes de la fundación del mundo en Su mente. Y en Su mente están todos los seres humanos que vivirían en y con un cuerpo teofánico llamado el espíritu, y con un cuerpo físico visible para vivir en este planeta Tierra.

Y Dios, por cuanto se incluyó Él mismo en Su Programa de Creación, Él se creó primeramente Su cuerpo teofánico de la sexta dimensión, el cual a través de la Escritura es llamado el Verbo de Dios.

San Juan en el capítulo 1 y verso 1 en adelante, hablándonos de este misterio tan grande, nos dice:

En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.

Este era en el principio con Dios.

Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.

En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres”.

Aquí podemos ver que el Verbo era en el principio con Dios y el Verbo era Dios: “Este era en el principio con Dios”. Y por Él todas las cosas… “Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho”.

Ahora, vamos a ver entonces quién es este Verbo, que es el creador de todas las cosas y que dice la Escritura que es Dios. Génesis, capítulo 1, verso 1, dice:

“En el principio creó Dios los cielos y la tierra”.

Ahora vean cómo creó Dios los Cielos y la Tierra: estando con el Verbo; porque “en el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios”.

¿Quién es el Verbo o qué es el Verbo? El Verbo es el cuerpo teofánico de Dios, un cuerpo de la sexta dimensión. Y Dios estando en ese cuerpo teofánico, que fue lo primero que Dios creó y lo creó para Sí mismo, y habitó en ese cuerpo teofánico, y ahí fue donde comenzó la Creación: Dios creándose Su cuerpo teofánico.

Por eso ese cuerpo teofánico de Dios es el principio de la Creación de Dios; y desde ese cuerpo teofánico en el cual Dios habitó y habita, estando en Su cuerpo teofánico comenzó la creación de los Cielos y de la Tierra; pero también ya Él había creado los arcángeles, los ángeles, los querubines, todo eso Dios lo creó estando en Su cuerpo teofánico; porque la Creación comienza en la sexta dimensión.

Primero son creados en la sexta dimensión todas las cosas que Dios traerá a existencia en forma tangible en esta dimensión visible en la cual vivimos, que consta de luz, tiempo y materia.

Esta Creación tangible que nosotros podemos ver está en tres dimensiones: luz, tiempo y materia, que son las tres primeras dimensiones; y hay siete dimensiones.

La cuarta dimensión es la dimensión de las ondas, en la cual la televisión y la radio operan.

Esa cuarta dimensión es muy importante en el Programa Divino. Ha estado siendo usada mayormente por el ser humano en forma incorrecta, pero con todo y eso le ha sacado mucho provecho; pero el ser humano todavía no conoce ni una décima parte de todas las riquezas que hay en la dimensión de las ondas, aun con todo lo que ya ha descubierto.

Usted toma un teléfono y llama a una persona que se encuentra en otra nación lejana y eso es por medio de las ondas. También usted toma su televisor, lo enciende, y puede ver personas que están en otra nación transmitiendo esa programación, y lo toman por satélite, lo pasan a canales de televisión de su país, y usted puede ver todo eso al momento que está aconteciendo en otra nación lejana.

Y no solamente eso, puede prender su televisor, y si están transmitiendo la llegada de los astronautas a la luna o a algún otro planeta, usted lo puede ver estando en su casa, lo que está aconteciendo en la luna o en algún otro planeta. Todo eso está moviéndose por medio de la dimensión cuarta, que es la dimensión de las ondas.

Y si el ser humano lograra pasar a través de la cuarta dimensión el cuerpo físico, pasarlo de una nación a otra por medio de equipos, tendría un medio de transportación en el cual no tendríamos el embotellamiento o tapones que se tienen en las grandes ciudades. Pero eso todavía está bastante lejos de la ciencia terrenal, pues la ciencia terrenal todavía está como los bebés que están comenzando a gatear, en comparación a todas las grandes riquezas que hay en esa cuarta dimensión.

Pero para el glorioso Reino Milenial del Señor Jesucristo esa cuarta dimensión estará siendo usada correctamente y estará siendo usada a un grado millones de veces mayor que el que está siendo usado en la actualidad.

Ahora, vean las grandes riquezas que hay en las diferentes dimensiones.

Ahora, hemos visto lo que es la cuarta dimensión, la dimensión de las ondas.

También está la quinta dimensión. Esa dimensión es una dimensión a donde nadie quisiera ir. Esa quinta dimensión es la dimensión que y de la cual Dios habla por medio de Jesucristo en San Mateo, capítulo 25: la escritura nos habla de esa dimensión a donde serán enviadas personas para estar allí; pero yo le digo a cada uno de ustedes: eviten ir a esa dimensión.

La quinta dimensión es esta dimensión de la cual Jesucristo habla aquí cuando dice, en la parábola aquí mostrada en San Mateo, capítulo 25, verso 41. Esto es cuando el Rey se sienta en Su Trono y son reunidas delante de Él todas las naciones, dice que coloca a Su derecha a las ovejas… como el pastor junta las ovejas y coloca a Su derecha a las ovejas y a Su izquierda coloca los cabritos, así es como hará el Hijo del Hombre cuando venga en Su gloria. Vamos a leer el verso 31 primero, del capítulo 25:

Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria,

y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos.

Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda.

Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo.

Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis;

estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí.

Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber?

¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos?

¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti?

Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis”.

¿Quiénes son estos hermanos más pequeños, o sea, menores que el Rey, menores que Jesucristo? Estos son los miembros del Cuerpo Místico de Cristo, los miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo; estos son los que han creído en el Señor Jesucristo como su Salvador, lo han recibido como Salvador y han lavado sus pecados en la Sangre de Cristo y han recibido el Espíritu de Jesucristo, y así han nacido de nuevo, como le dijo Cristo a Nicodemo que era necesario nacer de nuevo para ver el Reino de Dios; era necesario nacer del Agua y del Espíritu para entrar en el Reino de Dios (San Juan, capítulo 3, verso 1 al 6, da testimonio de esta conversación que tuvo Jesús con Nicodemo).

Y ahora, estos pequeños o pequeñitos o más pequeños que Jesús, se refiere a que son los hermanos del Señor Jesucristo, por eso dice: en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis”.

Estos hermanos más pequeños, que son los hijos e hijas de Dios, que tienen sus nombres escritos en el Libro de la Vida del Cordero, en este Libro sellado con siete sellos, son los que han estado viniendo a este planeta Tierra de edad en edad y han estado recibiendo a Cristo como su Salvador, y han lavado sus pecados en la Sangre de Cristo y han recibido el Espíritu de Cristo; y por consiguiente han nacido de nuevo, han nacido en la sexta dimensión, la dimensión de la teofanía, y han recibido un cuerpo teofánico de la sexta dimensión; un espíritu teofánico de la sexta dimensión como el cuerpo teofánico de Dios llamado el Verbo de Dios o Ángel del Pacto o Ángel de Jehová.

Porque esa es la forma original de la Creación de Dios; pero por causa del pecado en el Huerto del Edén, el ser humano (del tiempo del pecado en adelante) no ha podido nacer primero en la sexta dimensión, en ese cuerpo teofánico, para luego venir a esta dimensión terrenal en un cuerpo creado por Dios con vida eterna para vivir jovencito por toda la eternidad.

Pero Cristo, Jesús, nuestro hermano mayor, antes de venir a la Tierra en el cuerpo físico había obtenido Su cuerpo teofánico de la sexta dimensión; porque Jesucristo en Su cuerpo teofánico, en la sexta dimensión, ¿saben cómo es llamado? El Ángel de Jehová o Ángel del Pacto, que es llamado el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el cual le apareció a Moisés en el monte Sinaí en una zarza, o sea, en un árbol; y le apareció allí en una Columna de Fuego, en una Nube de Fuego, y le habló a Moisés diciéndole: “Moisés, Moisés”. Y Moisés respondió: “Heme aquí”. Y le dijo: “Quita las sandalias o calzado de tus pies, porque el lugar que pisas santo es”.

Moisés quitó su calzado y entonces Dios le habló y le dijo: “Yo soy el Dios de tu padre (o sea, el Dios del padre de Moisés, y el padre de Moisés era Amram)”, y también le dijo: “Yo soy el Dios…”.

“… Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob. Entonces Moisés cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a Dios”1

Vean cómo el Ángel de Jehová es el mismo Dios, es el mismo Dios Todopoderoso creador de los Cielos y de la Tierra en Su cuerpo teofánico de la sexta dimensión, llamado ese cuerpo teofánico el Ángel de Jehová.

Dios en Su cuerpo teofánico en el Antiguo Testamento es conocido como el Ángel de Jehová o Ángel del Pacto. Es el mismo que le apareció a Abraham, le apareció también a Jacob, y Jacob luchó con Él en una ocasión cuando le apareció, y Jacob pudo agarrarlo y luchar con el Ángel, y le decía: “Yo no te soltaré hasta que me bendigas”. El Ángel le decía: “Suéltame que ya está rayando el alba y tengo que irme”. Pero el profeta y patriarca Jacob le dijo: “Yo no te soltaré hasta que me bendigas”2.

El mismo Ángel de Jehová que le había hablado en diferentes ocasiones en sueños y visiones, y que le había dicho que Él lo acompañaría y lo bendeciría y estaría con él en ese viaje hacia Padan-aram y luego regresaría con él a la tierra prometida; ahora Jacob lo ve ya no en sueño, sino que lo ve frente a él, y lo agarró.

Este Ángel, vean ustedes, en alguna forma, ante Jacob podía ser tomado por Jacob, agarrado por Jacob, y no se podía soltar; y Jacob no lo soltaría hasta que recibiera de parte de Él la bendición de Dios; porque ese era el mismo Dios en Su cuerpo teofánico, por eso le decía: “Yo no te soltaré hasta que me bendigas”, porque era Dios el que estaba en Su cuerpo teofánico, el cual podía bendecir a Jacob.

El mismo Dios que le había aparecido al profeta y patriarca Abraham en diferentes ocasiones, en sueños y visiones, y en dos ocasiones le apareció materializado ante él.

La primera ocasión le apareció como Melquisedec, al cual Abraham pagó los diezmos de todo; y Melquisedec luego le dio pan y vino a Abraham3.

Encontramos que ahí es donde primero aparece la Pascua que el pueblo hebreo celebró para su salida de Egipto, y luego la celebraba una vez al año; y Cristo también la celebró. Y la Pascua es tipo de Cristo, de Su cuerpo, o sea, de Su carne y de Su Sangre. Pan, tipo de Su carne; y vino, tipo de Su Sangre4.

Ahora, Abraham tomó pan y vino de parte de Melquisedec, y comió el pan y bebió el vino. Todos los hijos e hijas de Dios recibirían también el pan y el vino: recibirían el cuerpo de Cristo y la Sangre de Cristo. Cristo dijo: “El que no coma mi carne y beba mi sangre, no tiene vida permaneciente en sí”5.

La Sangre de Cristo, cuando la tomamos es cuando tomamos a Cristo como nuestro Salvador, estamos tomando Su cuerpo y Su Sangre; y lo recibimos como nuestro Salvador y lavamos nuestros pecados en la Sangre de Cristo. Y así estamos tomando Su cuerpo y Su Sangre para bendición de todos nosotros.

Luego, en la Santa Cena, conmemoramos el cuerpo de Cristo y la Sangre de Cristo que hemos recibido para nuestra bendición cuando creímos en Cristo como nuestro Salvador y lavamos nuestros pecados en la Sangre de Cristo; así es como recibimos el Sacrificio de Cristo en nuestras vidas, y así es como se hace efectivo el Sacrificio de Cristo en la Cruz del Calvario en la vida de cada uno de nosotros.

Porque hasta que la persona ha creído en Cristo como su Salvador, y lo ha recibido como su Salvador en su alma y ha lavado sus pecados en la Sangre de Cristo, no se hace efectivo en la persona el Sacrificio de Cristo en la Cruz del Calvario; y por consiguiente la persona se encuentra con sus pecados aunque Cristo ya murió en la Cruz del Calvario y llevó nuestros pecados; pero se hace efectivo ese Sacrificio cuando la persona lo recibe.

Por eso es que se requiere que toda persona al escuchar la predicación del Evangelio y conocer el misterio de la Primera Venida de Cristo y Su Obra de Redención en la Cruz del Calvario, reciba a Cristo como su Salvador, para que sus pecados sean quitados y la persona sea justificada delante de Dios, sea justificada por el Espíritu de Dios; porque la persona cuando ha creído en Cristo como su Salvador y ha lavado sus pecados en la Sangre de Cristo, y ha recibido el Espíritu de Cristo, queda delante de Dios como si nunca antes hubiera pecado; porque Cristo quitó los pecados de nosotros, y se hace efectivo cuando lo recibimos.

Si la persona nunca lo recibe, la persona morirá en y con sus pecados; y en el Juicio Final responderá por sus pecados.

Y habiendo tenido la oportunidad de lavar sus pecados con la Sangre de Cristo para que desaparecieran… así como cuando usted tiene una camisa que se le ha manchado con tinta: la echa en el blanqueador (sea de la marca que sea), y ¿qué sucede con la tinta? Desaparece. Y usted la busca en el blanqueador y tampoco la encuentra. Así es como hace la Sangre de Cristo con nuestros pecados: desaparecen de nosotros, son quitados de nosotros, y después no se encuentran por ningún sitio.

¿Qué pasó con la tinta que estaba en la camisa, la cual fue colocada en el blanqueador? Pues desapareció la tinta. Pero en algún lugar está, en algún lugar está la tinta. Pero miren, no se ve; pero está en algún lugar, como era antes de ser tinta; volvió a lo que era antes de ser tinta y haber manchado su ropa.

Y Cristo, el cual remite nuestros pecados, toma nuestros pecados y los desaparece. ¿Y a dónde se fueron? Se fueron a lo que eran antes de estar en nosotros como pecado: se fueron al lugar de donde fueron originados, desaparecieron.

Y ahora, todos los pecados son del diablo; porque él fue el que originó el pecado, y él es el culpable de todo pecado que se haya cometido en la Tierra y que la persona haya confesado a Cristo y haya lavado esos pecados en la Sangre de Cristo.

Y la persona que ha lavado sus pecados en la Sangre de Cristo, ante Cristo no aparece como culpable de haber pecado, porque sus pecados fueron quitados por la Sangre de Jesucristo; y así queda justificada la persona delante de Dios, queda justificada porque queda sin pecados.

O sea, que una persona no puede ser justificada delante de Dios si tiene pecados; pero si está sin pecados, la persona está justificada delante de Dios, como si nunca hubiera pecado. No hay recuerdo del pecado de la persona ni en la mente de Dios, porque Jesucristo remitió sus pecados.

Ahora, podemos ver la bendición tan grande que es la Sangre de Jesucristo, la cual fue derramada en la Cruz del Calvario en Su Obra de Redención dos mil años atrás. Esa es la Sangre que Cristo llevó al Lugar Santísimo del Trono de Dios en el Cielo y la colocó sobre el asiento de misericordia, que es el lugar de intercesión, el Propiciatorio, no del templo que construyó Moisés ni del templo que construyó Salomón, sino del Templo de Dios en el Cielo.

Porque el templo que construyó Moisés y el que construyó Salomón es tipo y figura del que está en el Cielo. Por eso en el templo que construyó Moisés y el que construyó Salomón Dios estableció el orden de sacerdotes; y entre ellos uno llamado el sumo sacerdote; el cual entraba una vez al año con la sangre de la expiación, y entraba para colocar esa sangre sobre el propiciatorio o silla o asiento de misericordia, en el tabernáculo que construyó Moisés y el templo que construyó Salomón. Allá en el lugar santísimo, sobre el arca del pacto que estaba en el lugar santísimo, estaba, digamos, la tapa del arca llamada el propiciatorio. Y allí estaban dos querubines de oro hechos de la misma pieza, de una misma pieza con el propiciatorio, que era también de oro; lo cual nos habla de la Divinidad, el oro. Y en medio de esos dos querubines de oro, sobre el propiciatorio, estaba la presencia de Dios en esa Luz llamada la Shekinah o Columna de Fuego.

Y mientras en ese lugar no era colocada la sangre de la expiación en el tiempo señalado por Dios, el juicio divino estaba sobre el pueblo hebreo; pero cuando era colocada la sangre de la expiación sobre el propiciatorio, la misericordia de Dios estaba sobre el pueblo hebreo.

Era la sangre de la expiación y de la reconciliación del pueblo hebreo con Dios, lo cual se llevaba a cabo año tras año; porque la sangre de los animales no es una sangre perfecta y los animales no son perfectos, por lo tanto esos sacrificios no eran perfectos, pero eran el tipo y figura de un sacrificio perfecto que vendría más adelante.

Y mientras ese sacrificio perfecto, que sería el Sacrificio del Mesías, de Jesucristo, no apareciera, el pueblo hebreo tenía que continuar con esos sacrificios; y no solamente el de la expiación del día diez del mes séptimo de cada año, sino que también con los otros sacrificios que llevaban a cabo diariamente, llevaban a cabo diferentes sacrificios, y también en diferentes fechas del año efectuaban diferentes sacrificios; y también la Pascua, en donde sacrificaban el cordero pascual en la víspera de la Pascua.

Ahora, todos esos sacrificios de animalitos señalaban al Cordero de Dios, Jesucristo, el cual vendría y sería sacrificado en la Cruz del Calvario para nuestra redención, para nuestra salvación y para nuestra reconciliación con Dios.

En esta fecha de la expiación, el día diez del mes séptimo de cada año, era la reconciliación del pueblo hebreo con Dios cada año. Era así cada año por causa de que los sacrificios de animalitos no eran perfectos, y el sacerdocio tampoco era perfecto. Pero cuando vino el Cordero de Dios, Jesucristo, efectuó un Sacrificio perfecto y no se requieren más sacrificios por el pecado.

Y ahora el ser humano toma ese Sacrificio para ser reconciliado con Dios; y no hay otro sacrificio. El que no toma ese Sacrificio para ser reconciliado con Dios, no tiene otra forma para su reconciliación con Dios. Dios no acepta otra forma.

Ahora, veamos cómo con el Sacrificio de Cristo en la Cruz del Calvario se realizó el sacrifico perfecto para todo ser humano: hebreos y gentiles también.

Por eso desde el tiempo en que Jerusalén fue destruida en la década del año 70 del primer siglo de la era cristiana (del año 70, década del 70), donde fue destruida Jerusalén y el templo; fue quitado el continuo sacrificio, y el pueblo hebreo no ha podido tener más el continuo sacrificio que efectuaba en el templo allá en Jerusalén, y que la sangre de ese sacrificio de la expiación era llevada al lugar santísimo por el sumo sacerdote y colocada sobre el propiciatorio, o sea, el asiento de misericordia, para la reconciliación del pueblo hebreo con Dios.

Pero Dios ha provisto un sacrificio perfecto, y Su Sangre ha sido llevada al Trono de Dios, al Lugar Santísimo, y ha sido colocada sobre el Propiciatorio, sobre la silla o asiento de misericordia del Templo que está en el Cielo, para la misericordia de Dios ser extendida desde el Cielo, desde Su Templo, sobre todas aquellas personas que han recibido a Cristo como su Salvador y han lavado sus pecados en la Sangre de Cristo; y así Cristo enviar Su Espíritu Santo sobre esas personas y producirse en ellos el nuevo nacimiento.

Cristo ha estado intercediendo allá en el Cielo como lo hacía el sumo sacerdote en la Tierra, en el lugar santísimo del templo terrenal; ahora Cristo en el Templo celestial ha estado haciendo esa Obra como Sumo Sacerdote: intercediendo por cada uno de ustedes y por mí también, y por cada hijo e hija de Dios que vivió en las edades pasadas y los que vivirán antes de Cristo salir del Lugar Santísimo del Templo que está en el Cielo.

Y cuando entre hasta el último de los escogidos de Dios, de los primogénitos de Dios que tienen sus nombres escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, o sea, en el Libro sellado con siete sellos: cuando entre el último, la Obra de Intercesión en el Cielo termina, y Cristo sale del Lugar Santísimo del Templo que está en el Cielo, y toma el Título de Propiedad, el Libro de los Siete Sellos, que contiene los nombres de todos los que Él ha redimido con Su Sangre preciosa y por los cuales Él ha estado haciendo intercesión en el Cielo desde que se fue hasta este tiempo final. Y abre el Libro de los Siete Sellos y reclama todo lo que Él ha redimido con Su Sangre preciosa.

Él no puede salir del Trono de Intercesión en el Cielo y tomar el Libro de los Siete Sellos de la diestra del que está sentado en el Trono y abrir ese Libro hasta que termine de hacer intercesión por todos los escogidos de Dios, los hijos e hijas de Dios, hasta que entre el último de los escogidos de Dios; y entonces ha entrado la plenitud de los gentiles, o sea, ha entrado la plenitud de los miembros del Cuerpo Místico del Señor Jesucristo, ha entrado la plenitud de los miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo, que están escritos en el Cielo, en el Libro de los Siete Sellos, en el Libro de la Vida del Cordero.

Y así estará completa la Iglesia del Señor Jesucristo, así estará completo ese Templo de Dios creado, construido por Jesucristo con seres humanos.

Así como Moisés construyó un templo con pieles, con madera, con bronce y con oro, y así por el estilo; luego Salomón construyó también un templo con piedras, con madera, con bronce, con plata, con oro y así por el estilo; y construyó también las cosas que estaban dentro de ese templo. Todo eso es tipo y figura de las cosas que hay en el Templo que está en el Cielo.

Y ahora Jesucristo ha estado construyendo un nuevo Templo para Dios: con seres humanos y usando el mismo modelo que usó Moisés y que usó el rey Salomón. Pero ahora las piedras son piedras vivas, son seres humanos, así como la Piedra Angular, Jesucristo, la Piedra que los edificadores desecharon6, es una piedra humana, un ser humano llamado Jesucristo. Y ahora las piedras vivas para este nuevo Templo son seres humanos que están escritos en el Libro de la Vida del Cordero y que creerían en Jesucristo como su Salvador y lavarían sus pecados en la Sangre del Señor Jesucristo.

Somos piedras vivas colocadas en el Templo de Jesucristo, que es Su Iglesia, en la construcción que Él está llevando a cabo de ese Templo espiritual en el cual Dios morará en toda su plenitud.

Y en ese Templo, que fue diseñado por Dios desde antes de la fundación del mundo, también Dios diseñó lugar para Él.

Ahora, así como Dios estuvo en el templo que construyó Salomón y en el que construyó Moisés, Dios también estuvo en Jesucristo, el Templo humano que Dios usó para el cumplimiento de Su Venida en medio de la raza humana para llevar a cabo la redención del ser humano.

Por eso vimos en los evangelios, en San Juan y San Mateo y otros lugares, que cuando Juan el Bautista bautizó a Jesús, dice que vio el Espíritu Santo descender sobre Jesús en forma de paloma, y se posó sobre Jesús7. ¿Qué era? Era Dios entrando a Su Templo humano llamado Jesús.

Fue la Venida del Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, la Venida del Ángel del Pacto a Su Templo humano, Su velo de carne llamado Jesús.

Vean ustedes, Dios se construyó un cuerpo humano creando en el vientre de María una célula de vida, la cual se multiplicó célula sobre célula y formó, creó así, el cuerpo de Jesús, que es el velo de carne donde el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, que es el mismo Dios con Su cuerpo teofánico, luego habitó en un cuerpo de carne llamado Jesús para llevar a cabo la Obra de Redención en la Cruz del Calvario.

En la misma forma en que Dios diseñó Su Programa para Él hacerse hombre, es que Dios diseñó Su Programa para traer a existencia Sus hijos, los cuales encontramos que en el Programa original es: viniendo primeramente el alma de cada hijo de Dios viniendo a la sexta dimensión, en un cuerpo teofánico de la sexta dimensión, un cuerpo como el de nuestro Dios, de la sexta dimensión, y luego viniendo a esta Tierra en un cuerpo de carne, en un cuerpo físico, como Dios hizo con Adán: después de darle su cuerpo teofánico de la sexta dimensión le creó también un cuerpo físico de carne de esta dimensión, y lo colocó en ese cuerpo.

Ese es el Programa original de Dios; el Programa de Creación original para los hijos e hijas de Dios es ese. Pero por causa del pecado, vean ustedes, no pasamos por la sexta dimensión para obtener nuestro cuerpo teofánico, y pasamos a esta dimensión terrenal por medio del nacimiento natural a través de nuestros padres terrenales, y obtuvimos un cuerpo físico de carne, mortal, corruptible y temporal, el cual vino ya contaminado con el pecado original del Huerto del Edén; y tomamos también un espíritu del mundo, no de la sexta dimensión sino de la quinta dimensión, un espíritu del mundo que es un cuerpo de otra dimensión, invisible a la vista humana, pero que existe (es llamado espíritu); y ese espíritu del mundo inclina al ser humano hacia las cosas del mundo, inclina al ser humano hacia el mal; por eso se requiere un nuevo nacimiento, el cual se efectúa en el interior de la persona; y hay un cambio en el hombre interior, o sea, en el espíritu.

Cuando recibe a Cristo como su Salvador la persona, y lava sus pecados en la Sangre de Cristo y recibe el Espíritu de Cristo: recibe un espíritu de la sexta dimensión, un cuerpo teofánico de la sexta dimensión; y ahí comenzó esa persona en el Programa de Creación original de Dios; y ahí comienza la persona en esa nueva Creación que Jesucristo está llevando a cabo.

Y el primero, el principio de esa nueva creación, dice la Escritura que es nuestro Señor Jesucristo. Él es el principio de la Creación de Dios, dice Apocalipsis, capítulo 3, verso 14. Él es el principio de la Creación de Dios, tanto de la sexta dimensión como de la Creación física nueva que ha de venir: Él ya tiene Su cuerpo físico y eterno; y para el Día Postrero, Cristo ha prometido para todos los que han creído en Él y han muerto, que Él los resucitará en el Día Postrero. Eso está en San Juan, capítulo 6, versos 39 al 40. Dice así Jesús:

Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.

Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero”.

¿Para cuándo Cristo ha prometido que resucitará a los creyentes en Él que han muerto físicamente? Dice que será para el Día Postrero, será en el Día Postrero.

¿Y cuál es el Día Postrero? Delante de Dios un día es como mil años para nosotros aquí en la Tierra; y mil años de los nuestros aquí en la Tierra es para Dios solamente un día. San Pedro nos habla así en Segunda de Pedro, capítulo 3, verso 8, y nos dice que esto es algo que no podemos ignorar.

Toda persona que ignore esto nunca podrá saber cuál es el Día Postrero y cuáles son los días postreros. San Pedro nos dice en Segunda de Pedro, capítulo 3, verso 8: Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día”.

Y el profeta Moisés en el Salmo 90 y verso 4, da testimonio de esto también; de ahí lo tomó el apóstol San Pedro.

Y ahora, siendo que un día delante de Dios para los seres humanos es mil años, cuando Jesucristo habla del Día Postrero es el día postrero delante de Dios, que para los seres humanos es el milenio postrero.

Y para comprender este misterio de los días postreros y del Día Postrero, tenemos que ver y escuchar lo que nos dice el apóstol San Pablo en Hebreos, capítulo 1, verso 1 al 2, cuando dice:

Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,

en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo”.

¿Cuándo dice San Pablo que Dios habló por medio de Su Hijo? Dice que ha hablado en los postreros días; y ya han transcurrido dos mil años de Cristo hacia acá.

Y cuando Jesucristo estaba aquí en la Tierra dos mil años atrás, ya la humanidad estaba viviendo en los días postreros delante de Dios; porque un día delante del Señor es como mil años para los seres humanos.

Ahora, los días postreros delante de Dios, así como para los seres humanos los días postreros de la semana son jueves (que es el quinto día), viernes (que es el sexto día) y sábado (que es el séptimo día y último día de la semana), delante de Dios esos tres días de la semana representan los días postreros delante de Dios, que para los seres humanos son el quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio.

Cuando Jesús tenía de 4 a 7 años de edad comenzó el quinto milenio, y por consiguiente comenzaron los días postreros para la raza humana delante de Dios, porque comenzaron los tres milenios postreros para la raza humana.

Ahora podemos comprender cuáles son los días postreros y por qué San Pablo dice que Dios habló por medio de Jesucristo en los días postreros, y ya han transcurrido dos mil años.

San Pedro también hablando de los días postreros dijo que la Venida del Espíritu Santo estaba prometida para los días postreros; y desde el Día de Pentecostés, el cual sucedió en el año 33 de la era cristiana, en el primer siglo del quinto milenio, encontramos que Dios comenzó a derramar de Su Espíritu sobre toda carne, porque habían comenzado ya los días postreros, o sea, los días postreros delante de Dios, que son los tres milenios postreros para la raza humana, que son quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio. Ya había comenzado el quinto milenio, que es el primero de los días postreros delante de Dios.

Y Dios ha continuado derramando de Su Espíritu Santo sobre toda carne que ha creído en Cristo como su Salvador y ha lavado sus pecados en la Sangre del Señor Jesucristo; y tiene la promesa de recibir el Espíritu de Jesucristo, el Espíritu Santo, y así obtener el nuevo nacimiento en la sexta dimensión obteniendo el nuevo nacimiento en un cuerpo teofánico de la sexta dimensión; el cual es llamado también el Ángel de Jehová que acampa en derredor de los que le temen y los defiende.

Ese es el ángel que recibe, que tiene cada hijo e hija de Dios que ha creído en Cristo como su Salvador y ha lavado sus pecados en la Sangre de Cristo, y ha recibido el Espíritu de Jesucristo: ha nacido de nuevo, y una vida nueva ha comenzado para esa persona en el Programa de Creación de Dios. Y para el Día Postrero tiene la promesa de una resurrección en cuerpos eternos, si el cuerpo físico que tiene muere antes de recibir el nuevo cuerpo.

Así que si la persona después de haber creído en Cristo como su Salvador y lavar sus pecados en la Sangre de Cristo y recibir Su Espíritu Santo, y así recibir el nuevo nacimiento, si después muere físicamente no hay ningún problema para esa persona: ya esa persona fue salva por Cristo y va a vivir a la sexta dimensión, que es la dimensión de la teofanía, donde se vive en cuerpos teofánicos, en la clase de cuerpo que Dios le apareció a los profetas del Antiguo Testamento, la clase de cuerpo que Dios se creó para Sí mismo, o sea, la primera clase de cuerpo que Dios creó en Su Programa de Creación, y que es la primera Creación que Dios llevó a cabo.

De esa misma clase de cuerpo que Dios se creó es la clase de cuerpo teofánico que reciben los hijos e hijas de Dios cuando han creído en Cristo como su Salvador y han lavado sus pecados en la Sangre de Cristo y han recibido el Espíritu de Jesucristo.

Y así es como vienen a ser esas personas inmortales en sus cuerpos inmortales de la sexta dimensión; para, en el Día Postrero, Jesucristo también darnos un cuerpo inmortal que será creado por Dios; y para los muertos en Cristo Él les dará un cuerpo eterno, resucitarán en ese cuerpo eterno creado por Dios, en el cual vivirán por toda la eternidad.

Será un cuerpo jovencito, que representará en apariencia de 18 a 21 años por toda la eternidad. Un cuerpo en el cual ya no tendrán los problemas que tienen en la actualidad los cuerpos mortales que tenemos; no tendrán los problemas que tuvieron ellos en el pasado en el cuerpo físico que ellos tuvieron. Ni siquiera el cabello del nuevo cuerpo ni siquiera se pondrá canoso, ni siquiera cambiará del color que tendrá en el momento que lo reciba; con ese color se quedará para toda la eternidad.

Su rostro se quedará para toda la eternidad como aparezca al obtener ese nuevo cuerpo; o sea que no se va a estar poniendo viejo y luego arrugarse la piel, nada de eso, porque es un cuerpo nuevo. Y ni siquiera le estará saliendo barba para estar todos los días uno afeitándose; ya eso habrá terminado. Esos son de los misterios del nuevo cuerpo.

Y ese cuerpo será para toda la eternidad, porque ese es el cuerpo que en el Programa original de Creación Él diseñó para cada uno de Sus hijos y de Sus hijas; y será en el Día Postrero, que es el séptimo milenio y que es llamado también el Día del Señor, que los hijos e hijas de Dios, llamados los primogénitos de Dios y también los escogidos de Dios, recibirán ese cuerpo eterno creado por Dios para vivir en él por toda la eternidad.

Los muertos en Cristo de las etapas pasadas, que son los que creyeron en Cristo como su Salvador, lo recibieron como su Salvador y lavaron sus pecados en la Sangre de Cristo y recibieron el Espíritu de Cristo, y por consiguiente nacieron de nuevo: ya tienen su cuerpo teofánico, el espíritu teofánico de la sexta dimensión. Y los que murieron en cuanto a su cuerpo físico, están en el Paraíso, en la sexta dimensión viviendo, donde ni tienen que comer, no tienen que trabajar, no les da sueño, no duermen, y tampoco están trabajando como nosotros aquí, trabajando en este planeta Tierra los seres humanos como esclavos; porque están esclavizados los seres humanos en este planeta Tierra como estaba esclavizado el pueblo hebreo allá en Egipto; pero Dios libertará a Sus hijos como libertó al pueblo hebreo allá en Egipto.

Y ahora, para el Día Postrero será esa liberación. Cristo dijo: “Y yo le resucitaré en el Día Postrero”, o sea, en el Día del Señor, en el séptimo milenio.

¿Y cuándo acontecerá esto? ¿Qué cosas estarán aconteciendo aquí en la Tierra cuando llegue ese tiempo en que Dios va a resucitar a los muertos en Cristo? Los cuales ya se encuentran disfrutando ese cuerpo teofánico de la sexta dimensión, se encuentran como estaba Jesucristo antes de venir en carne humana a la Tierra, se encuentran en esa misma dimensión en que estaba Jesucristo en Su cuerpo teofánico.

Recuerden, Jesucristo dijo en una ocasión: “Antes que Abraham fuera, yo soy”. ¿Ven? Él era antes de Abraham en la sexta dimensión, en Su cuerpo teofánico. Y aun era antes de estar en la sexta dimensión en Su cuerpo teofánico, porque Él es Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros.

Antes de estar en la sexta dimensión pues estaba en la séptima dimensión, porque Él es el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Creador de los Cielos y de la Tierra, el único Dios verdadero.

Ahora las palabras de San Pablo tienen un sentido real para los que pueden comprender este misterio. Primera de Timoteo, capítulo 3, verso 16, dice así San Pablo: “Grande es el misterio de la piedad…” o “sin contradicción, grande es el misterio de la piedad: Dios ha sido manifestado en carne”.

¿Qué estaba ocurriendo en aquel velo de carne llamado Jesús? Lo que estaba sucediendo allí es que Dios estaba manifestado en carne humana, porque Dios se había creado Su cuerpo físico en el vientre de María. Porque así como dice la Escritura que Dios creó al hombre a Su imagen y semejanza, Dios al venir en forma visible en medio del pueblo hebreo, en el cumplimiento de la Venida del Mesías, tenía que venir a semejanza del ser humano, a semejanza del hombre que había sido creado a imagen y semejanza de Dios.

En la misma forma en que Dios sería manifestado en un cuerpo teofánico de la sexta dimensión y un cuerpo físico en esta dimensión terrenal, Dios creó a Adán, creándole un cuerpo teofánico de la sexta dimensión igual, o sea, a imagen del cuerpo teofánico de Dios, de Jesucristo; y luego le creó un cuerpo físico a semejanza del cuerpo físico que Dios tendría, a semejanza de Jesucristo, de ese cuerpo o velo de carne llamado Jesús de Nazaret.

Y ahora, Dios está llevando a cabo una nueva creación; porque la primera creación que vino por Adán, que comenzó con Adán, cayó; cayó, y la paga del pecado es muerte. Por lo tanto, Dios ha traído el segundo Adán, que es el principio de la Creación de Dios, y ha traído al segundo Adán en un cuerpo de carne, el cual pagó el precio de la redención para que todos los hijos e hijas de Dios que vendrían a este planeta Tierra en carne humana pudieran entrar al Programa de la nueva Creación, en donde obtendrían un cuerpo teofánico de la sexta dimensión y un cuerpo físico glorificado y eterno en el Día Postrero, cuando los muertos en Cristo resuciten en cuerpos eternos y nosotros los que vivimos seamos transformados, y seamos así vestidos de inmortalidad; ahí es donde llegaremos físicamente a la inmortalidad.

Pero ya, interiormente, en nuestro espíritu y en nuestra alma, somos inmortales; pero en el cuerpo físico todavía somos mortales, porque tenemos un cuerpo mortal, temporal y corruptible.

Pero pronto recibiremos el cuerpo inmortal, y así recibiremos la inmortalidad y seremos inmortales físicamente también. Y seremos físicamente también semejantes a Jesucristo, porque la promesa es que así como hemos traído la imagen del terrenal, de Adán, traeremos también la imagen del celestial, o sea, del Señor Jesucristo8.

Y es para el Día Postrero, para el séptimo milenio, que es el Día del Señor, que seres humanos que viven en este planeta Tierra llegarán a la inmortalidad recibiendo una transformación de sus cuerpo físicos, siendo transformados a inmortales, siendo cambiados en sus átomos, para así ser iguales a nuestro amado Señor Jesucristo.

Y los que han de resucitar también serán inmortales; y habrá sobre este planeta Tierra millones de seres humanos que creyeron - que han creído en Jesucristo en el tiempo en que les tocó vivir, y que lavaron sus pecados en la Sangre de Cristo y que recibieron Su Espíritu Santo, que en el Día Postrero obtendrán su cuerpo físico eterno y glorificado, y serán iguales a nuestro amado Señor Jesucristo.

Esos son los pequeñitos o hermanos pequeños de Jesucristo, del cual Él habló en esta parábola que estábamos leyendo al principio y que hicimos un paréntesis para ver todo este misterio de estos hermanos más pequeños del Señor Jesucristo. Son la familia de Jesucristo, son los hijos e hijas de Dios.

Y ahora, vean, estos pequeñitos son los que reciben vida eterna de parte de Dios y que en el Día Postrero recibirán un cuerpo eterno, y que reinarán con Cristo por mil años como reyes y sacerdotes, y reinarán por toda la eternidad con nuestro amado Señor Jesucristo, que es nuestro hermano mayor.

Ahora, vean ustedes, tenemos un hermano mayor, el cual ha pagado el precio de nuestra salvación, de nuestra redención, para que nosotros podamos regresar a la vida eterna con un cuerpo eterno.

Y ese sí que es un buen hermano: ¡que ha dado Su vida por todos nosotros!, para nuestro regreso a la Casa de nuestro Padre celestial. Pues estábamos como el hijo pródigo, pero la promesa divina es que regresaremos a la Casa de nuestro Padre celestial.

Cristo dijo en el capítulo 14 de San Juan, verso 1 en adelante:

No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí.

En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros.

Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis”.

Él vino dos mil años atrás para pagar el precio de la redención, para así preparar el camino para nuestro regreso a la Casa de nuestro Padre celestial.

Y para el Día Postrero, que es el tiempo para el cumplimiento de la promesa de la Segunda Venida de Cristo, Él viene por Sus hermanos menores, que son los hijos e hijas de Dios, los miembros del Cuerpo Místico de Cristo, los miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo, para llevarnos a la Casa de nuestro Padre celestial en el Cielo, en donde estaremos disfrutando por tres años y medio la Cena de las Bodas del Cordero, donde Él estará repartiendo los galardones, los regalos de Boda a todos los hijos e hijas de Dios.

Recuerden que es que mayor parte, o mayormente, los regalos en la recepción de las bodas o de una boda, casi todos los regalos se los llevan ¿a quién? A la novia, que ha sido convertida en esposa. Y Dios tiene grandes regalos divinos, grandes galardones, para todos Sus hijos e hijas, que son parte del Cuerpo Místico del Señor Jesucristo; y el Cuerpo Místico de Jesucristo es la Iglesia del Señor Jesucristo, la Esposa-Novia del Cordero; para ir a la Cena de las Bodas del Cordero.

Dijo el Ángel de Jesucristo al apóstol San Juan en el libro del Apocalipsis, capítulo 19; y vamos a ver… capítulo 19, verso 9 al 10, dice: “Y el ángel me dijo…”. Vamos a leer un poquito antes, porque esto tiene que ver con la Iglesia de Jesucristo: capítulo 19, verso 7 al 10, dice:

Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado”.

¿Quién es Su Esposa? Su Iglesia. ¿Quién es el Cordero? Nuestro amado Señor Jesucristo.

Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos.

Y el ángel me dijo: Escribe: Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero”.

Son bienaventurados los que son llamados a la Cena de las Bodas del Cordero porque son los miembros del Cuerpo Místico de Cristo, los miembros de la Iglesia de Jesucristo, que componen la Esposa del Cordero, que es la Iglesia del Señor Jesucristo.

Yo me postré a sus pies (o sea, a los pies del Ángel) para adorarle. Y él me dijo: Mira, no lo hagas; yo soy consiervo tuyo, y de tus hermanos que retienen el testimonio de Jesús. Adora a Dios; porque el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía”.

Ahora podemos ver aquí la bienaventuranza tan grande que hay para los que son convidados a la Cena de las Bodas del Cordero; porque esos son los miembros del Cuerpo Místico de Cristo que se irán con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero en el Día Postrero, en el tiempo final, los cuales serán vestidos de un cuerpo eterno y glorioso, serán vestidos de inmortalidad para ir a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo.

Para ir allá no tendremos que ir al aeropuerto a tomar un vuelo aéreo que nos lleve a la Cena de las Bodas del Cordero porque para el Cielo no hay ninguna línea aérea que tenga transportación, no hay ninguna línea aérea que viaje hacia el Cielo, a la Casa de nuestro Padre celestial, ni tampoco hay cohetes que vayan a la Casa de nuestro Padre celestial.

Iremos a la Casa de nuestro Padre celestial, a otra dimensión, para estar en la Cena de las Bodas del Cordero, donde estarán siendo repartidos los galardones a todos los hijos e hijas de Dios por las labores realizadas en la Obra de Cristo, con amor divino la obra que ha sido hecha. O sea, todas las obras que han sido hechas por los hijos e hijas de Dios con amor divino para Cristo, serán recompensadas en el Cielo, en la Cena de las Bodas del Cordero, donde recibiremos los galardones por nuestras labores aquí realizadas en la Tierra. Porque nuestro trabajo en el Señor no es en vano, dice el apóstol San Pablo9.

Y el mismo Cristo, en San Mateo, capítulo 16, verso 27, dice que habrá recompensa. Dice: Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras”.

Es muy importante entender esto, porque cada persona recibirá de acuerdo a sus obras.

Y en el capítulo 22, verso 12, también tenemos el testimonio que Dios pagará, que Jesucristo pagará conforme a sus obras; dice así [Apocalipsis]: He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra”.

A los que han obrado bien y han obrado en favor del Programa Divino, la recompensa será buena de parte de Dios. Los que han obrado mal, su recompensa no será muy agradable para esas personas.

Veamos en la parábola que estábamos leyendo, en donde el Rey se sentará en Su Trono y colocará a la derecha a las ovejas y a la izquierda los cabritos. A las ovejas dice que les dirá que entren al Reino preparado para ellos desde la fundación del mundo. Pero ¿qué dirá a los cabritos, que representan los que no se pusieron de parte de los pequeñitos, o sea, no se pusieron de parte de los hijos e hijas de Dios? Dice San Mateo, capítulo 25, verso 41 en adelante:

Entonces dirá también a los de la izquierda (o sea, a los cabritos): Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles”.

¿Dónde serán echados los que estarán representados en los cabritos? Serán echados al lago de fuego, al infierno, en donde será allí el lloro y el crujir de dientes, y en donde los que estarán allí serán destruidos alma, espíritu y cuerpo también. Y después de cierta cantidad de tiempo, de acuerdo al tiempo que Dios ordene para que esa persona permanezca allí pagando por todo lo que hizo aquí en la Tierra cuando vivió en el cuerpo físico… porque pagará y después dejará de existir.

Luego de cierto tiempo, unos que recibirán mayor condenación que otros, allí en ese lago de fuego, en el infierno, el infierno será echado (dice) en el lago de fuego; y todos los que estarán allí en el infierno serán echados también al lago de fuego, y desaparecerán: serán exterminados; aunque habían vivido aquí en este planeta Tierra pero no se pusieron de parte del Programa de Dios, ni creyeron en Jesucristo como su Salvador, ni lavaron sus pecados en la Sangre de Cristo, ni recibieron Su Espíritu Santo, ni siquiera se pusieron de parte de la Iglesia de Jesucristo, de los redimidos de Jesucristo, y por lo tanto pierden el derecho a continuar viviendo.

Ahora, algunas personas no han comprendido todavía que la vida aquí en la Tierra, la vida física en el cuerpo terrenal, es temporal; porque este cuerpo físico, mortal y corruptible ha venido por medio de la creación que ya cayó, la cual comenzó con Adán. Y si cayó, está destinada a desaparecer.

Pero de esa creación antigua algunos escaparán: primero los escogidos de Dios, que entrarán a una nueva creación y nacerán de nuevo, y nacerán en una nueva creación, la cual comienza con el segundo Adán, que es Cristo, el cual es el principio de esa nueva creación; y nosotros somos la continuación de esa nueva creación, o sea, todos los que creen en Cristo como su Salvador y lavan sus pecados en la Sangre de Cristo y reciben el Espíritu de Cristo.

Y vean ustedes, luego, en el Juicio Final, Jesucristo con Sus hermanos, los cuales en este Día Postrero recibirán el cuerpo eterno… los que partieron resucitarán en cuerpos eternos y los que vivimos seremos transformados, y reinaremos con Cristo por mil años y luego por toda la eternidad, pues Él nos ha hecho para Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos con Cristo. Apocalipsis, capítulo 1, verso 5, dice:

“… y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre,

y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén”.

Nos lavó de nuestros pecados ¿y qué?, y nos hizo reyes y sacerdotes; reyes y sacerdotes para nuestro Dios y Padre celestial.

Y en Apocalipsis, capítulo 5, verso 8 al 10, dice:

“Y cuando hubo tomado el libro (o sea, el Libro de los Siete Sellos. ¿Quién lo toma? El Cordero, que es Jesucristo y es también el León de la tribu de Judá), los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero; todos tenían arpas, y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos;

y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación;

y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra”.

¿Para qué nos ha hecho reyes y sacerdotes? Para reinar con Cristo sobre este planeta Tierra por el Milenio y por toda la eternidad. Y durante el Reino Milenial las cosas marcharán bien en este planeta Tierra, porque quienes estarán reinando sobre este planeta Tierra, sobre todas las naciones y sobre el pueblo hebreo será Jesucristo el Rey de reyes con Sus hermanos menores, que también son reyes y sacerdotes.

Y habrá un pueblo de reyes y sacerdotes, que es Jesucristo con Su Iglesia, para el glorioso Reino Milenial de Cristo, que es el Reino de los Cielos, que será establecido en la Tierra para gobernar sobre este planeta Tierra conforme a como Cristo dijo cuando habló enseñando a orar a Sus discípulos; en una parte de esa oración que les enseñó les dijo que oraran diciendo: “Padre nuestro que estás en los Cielos, santificado sea Tu Nombre”. Y también en parte de la oración les dijo que dijeran: “Venga Tu Reino. Hágase Tu voluntad como en el Cielo aquí en la Tierra (o también en la Tierra)”10.

La voluntad de Dios que se hace en el Cielo, porque le obedecen todos en el Cielo, se hará también aquí en la Tierra; aunque al presente hay muchas personas desobedientes a Dios y Su Palabra, desobedientes a la voluntad de Dios, para el glorioso Reino Milenial la Tierra será llena del conocimiento de la gloria de Jehová como las aguas cubren el mar, dice Habacuc, capítulo 2, verso 14; y también Isaías, capítulo 11, verso 9; porque la Tierra con todos sus habitantes serán llenos del conocimiento de la Segunda Venida de Cristo y el Programa de Reclamo que Él lleva a cabo en Su Segunda Venida en este Día Postrero.

Para el glorioso Reino Milenial, por medio de la predicación del Evangelio del Reino la humanidad que vivirá en ese Reino y bajo ese Reino conocerá todo el Programa Divino de la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo; y lo verán sentado en el Trono de David reinando sobre el pueblo hebreo y sobre todas las naciones.

Y con Él estarán los reyes y sacerdotes redimidos con la Sangre de Cristo, que son los miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo, que tendrán un cuerpo nuevo y eterno, jovencito por toda la eternidad, y que tendrán también un cuerpo teofánico, un espíritu teofánico (que es el hombre interior), el cual será eterno también; y el alma que estará en ese cuerpo teofánico y en ese cuerpo físico es el alma de los hijos e hijas de Dios; porque somos alma viviente.

Lo más importante de la persona es su alma; y el alma pues tiene un cuerpo interior que se llama espíritu, y también tiene un cuerpo físico el cual es de carne y sangre, el cual obtuvimos por medio del nacimiento natural a través de nuestros padres terrenales; pero para el Milenio y para la eternidad nosotros viviremos en un nuevo cuerpo físico el cual será eterno; ese es el cuerpo que Él, que Dios destinó desde antes de la fundación del mundo para cada uno de Sus hijos.

Y por eso es que se ha estado llevando a cabo en este planeta Tierra toda la labor de redención que Cristo llevó a cabo en la Cruz del Calvario y se ha estado publicando a los seres humanos la Obra de Redención que Cristo llevó a cabo en la Cruz del Calvario, para que toda persona pueda recibir a Cristo como su Salvador, lavar sus pecados en la Sangre de Cristo y recibir el Espíritu Santo, el Espíritu de Cristo, y así nacer en una nueva creación; de la cual Jesucristo es el primero.

Así puede nacer la persona en una nueva creación y nacer así en un cuerpo teofánico de la sexta dimensión, y para el Día Postrero obtener el cuerpo físico y eterno que Cristo ha prometido para todos los creyentes en Él que han nacido de nuevo.

Porque solamente serán transformados los que murieron pero antes habían nacido de nuevo. Y para los que estamos vivos solamente serán transformados los que hayan nacido de nuevo hasta el momento en que ocurra la resurrección de los muertos y la transformación de nosotros los que vivimos.

El resto de los que estarán viviendo pasarán por la gran tribulación, porque sin haber nacido de nuevo no habrá transformación para el cuerpo físico de las personas.

Ahora, se requiere haber nacido de nuevo, porque el que no nazca de nuevo no puede entrar al Reino de Dios, no puede entrar al Cuerpo Místico de Cristo para, luego, en el Día Postrero, ser transformado si está vivo o ser resucitado en un cuerpo eterno si ha muerto su cuerpo físico.

Ahora podemos ver este gran misterio del Programa Divino, podemos ver el misterio del ser humano y su creación allá en el principio, con la creación de Adán, y podemos ver el misterio de una nueva creación que comienza con el segundo Adán, que es Jesucristo.

Ahora, podemos ver que los nombres de las personas que pertenecen a esta nueva creación que comenzó con Jesucristo, están escritos sus nombres en el Libro de los Siete Sellos de Apocalipsis, capítulo 5, verso 1 en adelante; están escritos en ese Libro porque ese es el Libro de la Redención, es el Libro de la Vida del Cordero, es el Libro en donde están los nombres de todos los que serían redimidos por la Sangre de Jesucristo.

Ese es el Libro que contiene todos los derechos de toda la Creación y de todo lo que Cristo ha redimido con Su Sangre preciosa. Ese es el Título de Propiedad de los Cielos y de la Tierra, es el Título de Propiedad de toda la Creación.

Por eso cuando el ser humano cayó en el Huerto del Edén, el diablo le robó la herencia al ser humano, le robó en ese negocio sucio que - en el cual envolvió y engañó a Eva, le robó este planeta Tierra con todo lo que contenía el planeta Tierra y con el derecho al reino o a reinar en el planeta Tierra, pero temporalmente; y por eso, dice la Escritura que el diablo es el príncipe de este mundo.

Ahora, Cristo dijo que el diablo es el príncipe de este mundo11. Pero el diablo, el príncipe de este mundo, será quitado cuando Cristo resucite a los muertos en Cristo y transforme a los escogidos que estamos vivos, nos transforme y nos dé un nuevo cuerpo a todos los creyentes en Cristo nacidos de nuevo, no importa dónde se encuentren, pues pertenecen al Cuerpo Místico de Cristo en la etapa final del Cuerpo Místico de Cristo, que es la Edad de la Piedra Angular, la edad más gloriosa de la Iglesia de Jesucristo, la Edad de Oro, la edad en que todos los escogidos serán transformados si están vivos y los muertos en Cristo serán resucitados.

Ahora, el diablo va a ser sacado del reino de este mundo, pero el diablo estará encarnado en la bestia, en el anticristo, en el hombre de pecado, en la etapa de los pies de hierro y de barro cocido de la estatua que vio el rey Nabucodonosor, que representa la etapa final del reino de los gentiles y la etapa final del imperio o reino del príncipe de este mundo, del diablo, que le robó a Adán la bendición y la herencia.

Pero así como en medio del pueblo hebreo había una ley, la cual regía para todos los habitantes de Israel, y si una persona había perdido su herencia o la había vendido o se la habían quitado por alguna causa, en el año del jubileo esa propiedad salía libre, y el dueño original de esa propiedad regresaba a su herencia; y el que había tomado esa herencia se tenía que ir de esa propiedad.

Y la herencia de Dios dada a Sus hijos allá en el Huerto del Edén, que fue robada por el diablo, el diablo la tiene que entregar, y ahora (vamos a decirlo en la forma en que lo puedan entender) la tiene que entregar por las buenas o por las malas.

Recuerden que cuando una persona se mete en forma ilegítima en una propiedad que no es la de él, se lleva el caso a la Corte; y el Juez al obtener todas las pruebas de que esa propiedad pertenece a otra persona… ¿Y cómo puede ser probado que esa propiedad pertenece a otra persona y no al que se metió dentro de ella? Por la escritura, por el título de propiedad.

Pueden hacer cualquier título de propiedad los que se metieron ilegalmente, pero la fecha de ese título será vista, y también de dónde le vino a esa persona esa propiedad, esa herencia.

Y el dueño original va a la Corte, lleva su título de propiedad y entrega a la Corte, al fiscal y al juez, su título de propiedad que lo identifica como el dueño legítimo de esa propiedad.

La Corte examina ese título de propiedad, lo examina hacia atrás, a ver de dónde vino ese título, y lo va examinando. Y cuando descubre que es verdadero, que es legal, declara la sesión para el juicio; y el otro título de propiedad falso queda anulado, y la Corte declara quién es el verdadero heredero y cuál es el verdadero título de propiedad de esa propiedad; y ordena que el invasor, el que se metió ilegalmente a esa propiedad, salga inmediatamente, y no se puede llevar nada de lo que hay allí. No puede decir: “No, es que yo tengo unas matitas por aquí, o unos animalitos por aquí, o una casa que yo hice allí”. Todo lo que está allí es de esa propiedad. Por lo tanto, tiene que salir, tiene que entregar esa propiedad, quiera o no quiera.

Y si se resiste a entregar esa propiedad, la Corte envía a los alguaciles (o no sé cómo le llaman acá), gente de la Corte, autoridades de la Corte, para que echen fuera (ya no por las buenas) al invasor, intruso, que se metió en donde no tenía que meterse, que se metió en una propiedad ajena.

Eso es lo que estará sucediendo en este tiempo final en el séptimo milenio, pues el Título de Propiedad, que es el Libro de los Siete Sellos, es el Título de Propiedad de la Tierra con todo lo que tiene la Tierra, del planeta Tierra completo, y fue dado al hijo de Dios Adán; ese Título tiene también los Cielos y la Tierra ahí incluidos; o sea que es el Título de Propiedad de toda la Creación.

Pero Adán perdió la herencia temporalmente; pero el Título de Propiedad el diablo no se lo pudo robar a Adán, pues Dios lo tomó; y ese es el Título de Propiedad, el Libro de los Siete Sellos que tiene en Su diestra, allí sentado Dios en Su Trono.

Ese Título de Propiedad tiene que ser abierto y tiene que ser hecho el reclamo del contenido de ese Título de Propiedad; y el contenido es toda la Creación de Dios y, sobre todo, todos los hijos e hijas de Dios, que tienen sus nombres escritos en ese Título de Propiedad.

Ahora, para llegar el tiempo de ese reclamo, Dios mostró en el año del jubileo el tiempo donde ese reclamo será hecho en el Cielo; está reflejado o representado en el año del jubileo que el pueblo hebreo celebraba cada cincuenta años: el año cincuenta era el año del jubileo, en donde el día diez del mes séptimo se tocaba la trompeta del año del jubileo y se proclamaba libertad en toda la Tierra12.

Y los esclavos salían libres, los que habían perdido su propiedad, su herencia, la recobraban; y el que estaba en una propiedad que no era la de él tenía que entregarla a su dueño original, al que tenía el título de propiedad.

Todo eso refleja el ciclo divino en el cual la herencia de los hijos e hijas de Dios regresará a las manos de los hijos de Dios; y regresarán los hijos de Dios, los escogidos de Dios a su herencia, con vida eterna y un cuerpo eterno, y heredarán todas las cosas, o sea, volverán a ser los herederos en posesión, de esa herencia, durante el Reino Milenial y por toda la eternidad.

Por eso el diablo será atado al final de la gran tribulación; al final de los tres años y medio de la gran tribulación será atado por mil años; y durante el Reino Milenial no podrá mandar, no podrá hacer que su voluntad sea hecha; por lo tanto, durante el Reino Milenial, así como en el Cielo se hace la voluntad de Dios, aquí en la Tierra también se hará la voluntad de Dios.

Será suelto después del Reino Milenial por un corto tiempo. Y miren, el diablo no escarmienta: se rebela nuevamente en contra de Dios, levanta en contra de Dios a las naciones que él antes había engañado, por cuanto ese tiempo al final del Milenio resucitan todos los muertos que han vivido en este planeta Tierra, que no resucitaron en la primera resurrección, resucitan en esa segunda resurrección para ir ante el Trono Blanco de Dios y ser juzgados allí por nuestro amado Señor Jesucristo y por Su Iglesia; porque allí estará Cristo como Juez juzgando, y con Él juzgarán los que han recibido facultad para juzgar, que son los miembros de la Iglesia de Jesucristo, son los que han sido hechos reyes y sacerdotes, y por consiguiente también juzgarán al mundo.

San Pablo dice13: “¿No sabéis que los santos juzgarán al mundo y también a los ángeles, a los ángeles caídos, a los ángeles que se rebelaron contra Dios, que se rebelaron con el diablo en contra de Dios, los cuales serán juzgados en el Juicio Final?”.

Ahora, vean ustedes quiénes son los que juzgan con Cristo en el Juicio Final. Pero allí los escogidos no serán juzgados, sino que ellos serán los que juzgarán a la humanidad que vivió en este planeta Tierra y murieron; y luego serán resucitados después del Reino Milenial para ir a juicio delante del Juicio del Trono Blanco.

Dice, hablando acerca de los que reinarán con Cristo, Apocalipsis, capítulo 20, verso 4 en adelante:

“Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años”.

¿Quiénes reinarán con Cristo mil años? Los redimidos de Dios, los creyentes en Cristo que han lavado sus pecados en la Sangre de Cristo y han recibido Su Espíritu Santo y tienen el testimonio de Jesucristo; reinarán con Cristo ¿cuánto? Mil años para comenzar.

Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años”.

El resto de los muertos, que no pertenecen a los escogidos de Dios, no volverán a vivir hasta que se cumplan mil años, entonces volverán a vivir en el cuerpo que tuvieron cuando vivieron aquí en la Tierra. Resucitarán en ese cuerpo para ir ante la presencia de Dios, ante el Trono Blanco del Juicio Divino para ser juzgados allí. Sigue diciendo, para los que resucitarán en la primera resurrección en cuerpos eternos, y serán reyes y sacerdotes, dice:

“Esta es la primera resurrección.

Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años”.

Reinarán con Cristo mil años como reyes y como sacerdotes, y luego en el juicio divino juzgarán con Cristo a la humanidad que vivió en este planeta Tierra, y también a los ángeles que se rebelaron juntamente con el diablo en contra de Dios.

Ahora podemos ver este Programa Divino que ha estado siendo manifestado de etapa en etapa, y podemos ver dónde nos encontramos en este tiempo final: nos encontramos en el Día Postrero si le añadimos al calendario los años de atraso que tiene; pues el calendario está atrasado. Y si le añadimos al calendario los años de atraso que tiene, ya estamos en el siglo XXI, y por consiguiente en el séptimo milenio.

Y esto significa que estamos en el Día del Señor o Día Postrero, en el cual resucitarán los muertos en Cristo y nosotros los que vivimos seremos transformados.

Pero si no le añadimos al calendario los años de atraso que tiene pues solamente faltan dos o tres años, dos años para llegar al año 2000, y por consiguiente llegar al siglo XXI, y al séptimo milenio.

Así que para los que no puedan comprender que el calendario está atrasado, y que si le añadimos al calendario los años de atraso que tiene ya estamos en el séptimo milenio, o sea, en el Día Postrero delante de Dios, entonces solamente tienen que esperar que lleguemos al año 2000 y termine el año 2000, y se entre al año 2001 y comience el siglo XXI, comenzando así el séptimo milenio; pues es para el séptimo milenio, que es el Día Postrero, que Cristo ha prometido la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de nosotros los que vivimos.

Es para ese tiempo que Cristo ha prometido la Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta. Dice San Pablo en su carta a los Tesalonicenses, hablándonos de la Venida del Señor, dice así: Primera de Tesalonicenses, capítulo 4, verso 14 al 17:

Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él.

Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron.

Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero.

Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor”.

¿Para cuándo tenemos la promesa que será la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de nosotros los que vivimos, y el rapto o traslado de nosotros a la Cena de las Bodas del Cordero?

Dice que será para el tiempo de Su Venida, con Voz de Mando, Voz de Arcángel y Trompeta de Dios.

En Primera de Corintios, capítulo 15, versos 49 al 55, nos dice San Pablo hablándonos de esta resurrección y de esa Trompeta Final de la siguiente manera:

Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial”.

O sea que vamos a ser a imagen y semejanza del Señor Jesucristo, iguales a Jesucristo, inmortales como Jesucristo, para vivir con Él por toda la eternidad y reinar con Cristo como reyes y sacerdotes. Sigue diciendo:

“Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción.

He aquí, os digo un misterio (es un misterio del Reino de Dios): No todos dormiremos (o sea, no todos moriremos); pero todos seremos transformados (o sea, todos seremos transformados y tendremos un cuerpo eterno),

en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados.

Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad”.

Es necesario, porque de otra manera nuestro cuerpo mortal tiene que morir; y para reinar con Cristo durante el Reino Milenial, y también para ser llevados a la Cena de las Bodas del Cordero tenemos que tener un cuerpo inmortal, tenemos que estar vestidos con esa clase de investidura, con ese vestido inmortal, con ese cuerpo inmortal que Cristo ha prometido para cada uno de Sus escogidos. Es necesario que esto mortal sea vestido de inmortalidad.

“Y cuando esto corruptible (o sea, este cuerpo corruptible o mortal) se haya vestido de incorrupción (o sea, se haya vestido de eternidad; sea un cuerpo eterno el que tengamos, dice), y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria”.

Sorbida es la muerte en victoria, porque de ahí en adelante ninguno de los escogidos de Dios morirá, porque ya es inmortal en cuanto al cuerpo físico también.

Seremos inmortales conforme a la promesa divina, y eso será para el Día Postrero, o sea, para el séptimo milenio, que es el Día del Señor o Día Postrero delante de Dios. Y si le añadimos al calendario los años de atraso que tiene pues ya estamos en el séptimo milenio.

¿Se le habrá atrasado el calendario a Dios? No se le ha atrasado. Pero el de los seres humanos sí está atrasado.

Ahora, ¿en qué año del séptimo milenio ocurrirá la transformación de nuestros cuerpos y la resurrección de los muertos en Cristo? No lo sabemos, pero en alguno de los años del séptimo milenio ocurrirá la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de nosotros los que vivimos; y el que perseverare hasta el fin, este será salvo, este será transformado en este Día Postrero.

Ahora, nos habla San Pablo de una trompeta sonando y dice que es la Trompeta Final.

El precursor de la Segunda Venida de Cristo, si ustedes lo quieren recibir… así como Juan el Bautista fue el precursor de la Primera Venida de Cristo y fue aquel Elías que tenía que venir en aquel tiempo preparándole el camino al Señor y preparando un pueblo para que le diera la bienvenida al Mesías, para la Segunda Venida de Cristo el precursor de la Segunda Venida de Cristo sería también Elías, vendría con el ministerio de Elías; y si ustedes lo quieren recibir, el reverendo William Marrion Branham fue o es aquel Elías que tenía que venir en este tiempo precursando la Segunda Venida de Cristo.

Ya vino, precursó la Segunda Venida de Cristo, y su Mensaje precursor lo tenemos con nosotros; y ya él se fue.

Ahora, veamos lo que dijo el precursor de la Segunda Venida de Cristo, el reverendo William Branham, acerca de esa Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta. En el libro de Citas, página 130, tomada esta cita del mensaje “Cisternas rotas”, página 35 en español, dice así:

1164 – “Recuerden que ‘los que están vivos y queden, no impedirán a los que están durmiendo; porque la Trompeta de Dios, esa última Trompeta...’ La sexta acaba de tocar. Y esa última Trompeta, como el último Sello, será la Venida del Señor. ‘Tocará (o sea, sonará), y los muertos en Cristo se levantarán primero”.

¿Qué es la Trompeta Final o séptima trompeta de Apocalipsis, capítulo 11, verso 15? Esa Trompeta Final o séptima trompeta, así como el Séptimo Sello, es la Venida del Señor.

“Sonará”, o sea, “tocará”: se sonará, se tocará la Segunda Venida de Cristo, o sea, se predicará la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores. Y con ese Mensaje son llamados y juntados todos los escogidos de Dios, y son preparados para ser transformados y raptados en este Día Postrero; y los muertos en Cristo serán resucitados en cuerpos eternos.

Antes de la resurrección de los muertos en Cristo y transformación de nosotros los que vivimos en el Día Postrero, primero viene la Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta, que es la apertura del Séptimo Sello; viene la Trompeta Final o Séptimo Sello, que es la Segunda Venida de Cristo; con Trompeta de Dios desciende del Cielo y con Voz de Arcángel… con Aclamación, Voz de Arcángel y Trompeta de Dios descenderá del Cielo, y los muertos en Cristo resucitarán primero, y nosotros los que vivimos seremos transformados.

Ahora, hemos visto que para la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación nuestra es la Segunda Venida de Cristo. Él viene como Él prometió14: “Voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis”.

Él viene a buscar Su Iglesia, Su Esposa, la Esposa del Cordero, que son los hijos e hijas de Dios. Su Iglesia, que es Su Esposa, está compuesta por los redimidos por la Sangre de Jesucristo, los que han creído en Cristo como su Salvador y han lavado sus pecados en la Sangre de Jesucristo, y han recibido Su Espíritu Santo, y así han nacido de nuevo y han entrado al Cuerpo Místico de Cristo; o sea, a la Iglesia del Señor Jesucristo, han entrado al Reino de Dios.

Para eso es la Venida del Señor. Y Su Venida estará siendo predicada, Su Segunda Venida, aquí en la Tierra, por el Ángel Mensajero del Señor Jesucristo.

Juan el apóstol fue transportado al Día del Señor, o sea, al séptimo milenio, y dice que oyó detrás de él una Gran Voz de Trompeta que decía: “Yo soy el Alfa y Omega, el primero y el último”. En el libro del Apocalipsis nos dice el apóstol San Juan, en el capítulo 1, verso 10 al 11, de esa manera.

Juan escuchó la Voz de Cristo como una Gran Voz de Trompeta en el Día del Señor al cual él fue transportado, o sea, fue transportado al séptimo milenio, que es el Día del Señor y es también el Día Postrero. Escuchó esa Gran Voz de Trompeta, que es la Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta, con la cual Cristo dijo que serían llamados y juntados todos los escogidos de Dios.

Dice así San Mateo, capítulo 24 y verso 31: “Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos”.

¿Para qué es enviada la Gran Voz de Trompeta? Para juntar a los escogidos de Dios; y envía Sus Ángeles porque el Hijo del Hombre viene con Sus Ángeles, como Él lo prometió.

Sus Ángeles son los Dos Olivos, los dos candeleros de oro de Apocalipsis, capítulo 11, verso 3 en adelante, y Zacarías, capítulo 4; esos son los Dos Olivos, los ministerios de Moisés y Elías, repitiéndose en el Día Postrero.

Esos ministerios estuvieron aquí en la Tierra en tiempos pasados. Por ejemplo, el de Moisés estuvo aquí miles de años atrás en medio del pueblo hebreo manifestado; y volverá a estar en este planeta Tierra manifestado en carne humana, llevando a cabo la labor que le es encomendada para este tiempo final. Él es uno de los Dos Olivos que viene con la Gran Voz de Trompeta.

Y Elías es el otro de los Dos Olivos, el cual vino en carne humana miles de años atrás, fue llamado (el velo de carne) Elías Tisbita, en el cual el Espíritu de Dios estuvo manifestado operando ese ministerio.

Y cuando se fue Elías Tisbita en un carro de fuego, ese mismo Espíritu Santo que estuvo en Elías operando ese ministerio, descendió sobre Eliseo y vino a ser Eliseo el sucesor del profeta Elías; y estuvo en el profeta Eliseo el Espíritu Santo operando el ministerio de Elías por segunda ocasión.

Cuando Eliseo regresaba, se paró frente al Jordán con el manto de Elías en su mano y dijo: “¿Dónde está el Dios de Elías?”, e hirió el Jordán con el manto de Elías; y se abrió el Jordán, como había sucedido cuando Elías el profeta había herido el Jordán con su manto y había pasado Eliseo con Elías al otro lado del Jordán. Y ahora Eliseo regresa solo pero regresa con el ministerio de Elías manifestado en él por segunda ocasión.

Eso fue lo que Eliseo pidió que le fuera concedido de parte de Dios cuando Elías le dijo: “Pide lo que tú quieras que sea hecho y te será concedido”. Eliseo dijo: “Que venga sobre mí una doble porción del espíritu que está en ti”. Elías le dijo: “Cosa difícil tú has pedido”; porque no es por el deseo humano de una persona que Dios lo va a colocar como un profeta y va a colocar el ministerio de un profeta del pasado en esa persona; tiene que ser predestinado por Dios desde antes de la fundación del mundo para ser un profeta de Dios para ese tiempo.

Y Dios le había dicho al profeta Elías que Eliseo sería profeta en lugar de Elías, o sea, que sería el sucesor de Elías, Eliseo. Así que aunque era algo difícil lo que Eliseo había pedido Dios, ya le había dicho que para Eliseo sería concedida esa petición, porque estaba predestinada por Dios esa bendición para el profeta Eliseo, que era siervo de Elías.

Elías le dijo: “Cosa difícil tú has pedido, pero si tú me ves cuando yo sea quitado de en medio de ti, te será concedida tu petición; y si no me ves, no te será concedida tu petición”.

Eliseo permanecía junto a Elías todo el tiempo, hasta que Dios se llevó a Elías en un carro de fuego o platillo volador, como en la actualidad le llaman la gente.

En este tiempo han estado apareciendo muchos platillos voladores, y sobre todo en la América Latina y el Caribe.

Cuando Eliseo iba con Elías apareció un platillo volador, llamado carro de fuego, y se llevó al profeta Elías. Cuando iba Elías a ser raptado apareció un platillo volador.

Y ahora están apareciendo muchos platillos voladores en la América Latina y el Caribe porque la Iglesia del Señor Jesucristo, los escogidos de Dios, pronto van a ser raptados como el profeta Elías, y van a ser llevados por los carros de fuego, por los platillos voladores, a la Casa de nuestro Padre celestial, a la Cena de las Bodas del Cordero, a esa gran fiesta que está preparada en la Casa de nuestro Padre celestial.

¿Ven uno de los motivos por los cuales los platillos voladores están apareciendo en este tiempo final? Están ligados estrechamente al traslado o rapto de los escogidos de Dios, como fue con el profeta Elías y como fue con el profeta Enoc.

Ahora miren al profeta Elías y al profeta Moisés. Del profeta Moisés dice la Escritura que el Arcángel Miguel tomó el cuerpo del profeta Moisés y se lo llevó; y no se sabe dónde fue colocado, no saben dónde fue sepultado.

¿Pero saben una cosa? Que los profetas de Dios son inmortales, aunque en cuanto a su cuerpo físico son mortales; pero su alma y su espíritu de profeta es inmortal, porque Dios es el Dios de los espíritus de los profetas. El Dios de los espíritus de los profetas… vamos a ver si Dios es el Dios de los espíritus de los profetas. Apocalipsis 22, verso 6, dice:

“Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado a su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto”.

El Dios de los espíritus de los profetas ¿ha enviado a quién? A Su Ángel. Ese es un espíritu de profeta también, el cual le dio a Juan el apóstol la revelación del Apocalipsis en esa forma simbólica.

Pero los espíritus de los profetas… que vienen ¿de qué dimensión? De la sexta dimensión, de la dimensión de la teofanía. Los espíritus de los profetas cuando son manifestados aquí en la Tierra y tienen su ministerio profético, vienen manifestados en carne humana, en el cuerpo que obtienen por medio de su padre y madre terrenal, pero tienen la promesa de que tendrán un nuevo cuerpo para toda la eternidad.

Ahora, este Ángel del Señor Jesucristo también es un espíritu de profeta, que para el Día Postrero estará presente en la Tierra en carne humana, dándole a conocer a la Iglesia del Señor Jesucristo todas estas cosas que deben suceder pronto, así como se las dio a conocer al apóstol San Juan en esa visión apocalíptica en la cual Juan fue transportado al Día Postrero en esa visión.

Ahora, hemos visto que para el Día Postrero Dios tendrá un espíritu de profeta aquí en la Tierra, manifestado en carne humana, llamado el Ángel del Señor Jesucristo; del cual también dice en Apocalipsis, capítulo 22, verso 16: “Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias”.

Este Ángel viene dando testimonio de todas estas cosas que deben suceder pronto, viene dando testimonio de estas cosas en las iglesias, en todas las iglesias, con todos los grupos, con todas las personas, con todas las naciones; porque es enviado con un Mensaje para todo ser humano que vive en este planeta Tierra. Y ese es el último profeta de Dios, el último espíritu de profeta que Dios envía a la Tierra en carne humana para este tiempo final, para este séptimo milenio, que es el Día del Señor o Día Postrero del cual Dios habló en Su Palabra.

Y por medio de este Ángel Mensajero es que todos los hijos e hijas de Dios estarán escuchando la Voz de Jesucristo, esa Gran Voz de Trompeta, dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto en este tiempo final.

Por eso es que Jesucristo en Apocalipsis, capítulo 4, verso 1, dice a mitad de ese verso, con esa Voz de Trompeta dice… vamos a ver, capítulo 4, verso 1, dice:

Después de esto miré, y he aquí una puerta abierta en el cielo; y la primera voz que oí, como de trompeta, hablando conmigo, dijo: Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de estas”.

¿A dónde tenemos que subir? Donde está esa Voz como de Trompeta, que es la Voz de Cristo hablándole a Su Iglesia en el Día Postrero, en la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino.

Y ahí es donde todos los hijos e hijas de Dios estarán escuchando la Voz de Jesucristo por medio de Su Ángel Mensajero dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto. Y estará dándonos a conocer el misterio de Su Venida, el misterio de la Segunda Venida de Cristo con Sus Ángeles como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo.

Por medio de Su Ángel Mensajero estará Jesucristo con esa Gran Voz de Trompeta dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, y estará revelándonos el misterio de Su Venida, que es el misterio del Séptimo Sello, el misterio más grande de todos los misterios de Dios contenidos en la Biblia.

Este es el misterio del Séptimo Sello de Apocalipsis, capítulo 8, verso 1, el cual cuando fue abierto en el Cielo, en el Libro de los Siete Sellos, cuando ese Séptimo Sello fue abierto dice que hubo silencio en el Cielo como por media hora.

El misterio de la Segunda Venida de Cristo cuando fue abierto en el Cielo, cuando fue dado a conocer en el Cielo, causó silencio como por media hora del Cielo.

Ese es el misterio de la Segunda Venida de Cristo. Los ángeles, los serafines y todos los que allí estaban glorificando a Dios se callaron, para así que el diablo no se diera cuenta de lo que era el Séptimo Sello, del contenido del Séptimo Sello, y no pudiera interrumpir el cumplimiento del Séptimo Sello, no pudiera interrumpir el cumplimiento de la Segunda Venida de Cristo con Sus Ángeles como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo.

Y ese misterio contenido en el Séptimo Sello es el que es revelado por medio de la Gran Voz de Trompeta o Trompeta Final sonando y dando a conocer el misterio de la Venida del Señor con Sus Ángeles en el Día Postrero, o sea, en el séptimo milenio.

Así como cuando se suena una trompeta produce cierta música, cierta melodía, y el que conoce de música y conoce la música o melodía que está sonando, puede decirle a usted: “Ahí está esa trompeta sonando o tocando o interpretando el himno Firmes y adelante huestes de la fe”, o puede estar… o si está sonando o tocando otro, el que sea, si la persona sabe y conoce ese himno, y conoce cómo es que esa trompeta tiene que sonar así, la persona dice: “El himno que está sonando la trompeta es tal himno”.

Y ahora, lo que la Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta sonará en el Día Postrero es la Segunda Venida de Cristo; eso es lo que estará siendo escuchado en la predicación de la Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta, en la predicación de la Trompeta del Evangelio del Reino proclamando, predicando la Segunda Venida de Cristo con Sus Ángeles en el Día Postrero, como León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo.

Dijo el precursor de la Segunda Venida de Cristo en el mensaje “Las diez vírgenes”, y contenido aquí en este libro de Citas en la página 47, verso 402; dijo así, hablando de la Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta:

402 - “Y nosotros que vivimos y hayamos quedado hasta la venida del Señor, no evitaremos o impediremos a los que duermen. Esos preciosos que sellaron su testimonio con su sangre. ‘No impediremos o estorbaremos a los que duermen, porque sonará la trompeta’. (¿Qué sonará? Sonará la Trompeta) Algo acontecerá, ese algo evangélico sonará…”.

“Ese algo evangélico sonará”, ¿qué algo evangélico? El Evangelio del Reino.

Evangelio significa “buenas nuevas”.

¿Las buenas nuevas del Evangelio de la Gracia… el Evangelio de la Gracia qué revela, qué proclama? La Primera Venida de Cristo como Cordero de Dios muriendo en la Cruz del Calvario y redimiéndonos así, y lavándonos de nuestros pecados con Su Sangre para nuestra Salvación; las buenas nuevas de Su Primera Venida y Su Obra en la Cruz del Calvario en favor de cada uno de ustedes y también en favor mío o a mí favor. Para que así, al conocer las buenas nuevas, creamos en Cristo como nuestro Salvador, lavemos nuestros pecados en la Sangre de Cristo y recibamos Su Espíritu Santo, y así nazcamos de nuevo en el Reino de Dios y recibamos los beneficios de Su Primera Venida y Su Obra de Redención en la Cruz del Calvario.

Para eso son las buenas nuevas: para anunciar Su Venida y Su Obra en el tiempo de Su Venida.

Y ahora, para el Día Postrero la Trompeta del Evangelio del Reino estará sonando, revelando el misterio de Su Venida, estará revelando el misterio de la Segunda Venida de Cristo con Sus Ángeles. Y con ese Mensaje son llamados y juntados todos los escogidos de Dios para ser preparados para ser transformados y raptados en este Día Postrero, y los muertos en Cristo ser resucitados en cuerpos nuevos y eternos.

Leamos nuevamente lo que dijo el precursor de la Segunda Venida de Cristo, el reverendo William Marrion Branham, en esta página 47 del libro de Citas, dice:

“… ‘porque sonará la trompeta’. Algo acontecerá, ese algo Evangélico sonará, el anuncio de Su venida. ‘Y los muertos en Cristo resucitarán primero. Y nosotros los que vivimos y permanezcamos seremos transformados’. Parados allí (o parados aquí), y sentir un cambio (ese cambio es la transformación); el pelo canoso se irá…”.

Porque en el nuevo cuerpo no tendremos cana ni tampoco tendremos falta de cabello, tendremos todo el cabello; porque ni un cabello de vuestra cabeza perecerá, dijo el Señor Jesucristo15. Así que no se preocupe si se le ha caído un poquito de su cabello de este cuerpo terrenal: en el nuevo cuerpo tendrá todo el cabello que Dios predestinó para usted.

“… (el cabello canoso) el pelo canoso se irá, las arrugas cesarán (desaparecerán, no habrá arrugas en el rostro del cuerpo nuevo que hemos de tener), cambiados en un momento, en un abrir de ojos. Y encontraremos a nuestros amados primero”.

Esa es la promesa de Dios para los hijos e hijas de Dios: sonará la trompeta… ¿Cuál es la trompeta? Ese “algo evangélico”, el Evangelio del Reino siendo predicado, que es la Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta, que es la Voz de Cristo por medio de Su Ángel Mensajero dándonos a conocer todas estas cosas en este tiempo final, dándole a conocer a todas las iglesias y a todos los seres humanos todas estas cosas correspondientes al Día Postrero, al tiempo final, al séptimo milenio, todas estas cosas correspondientes a la Venida del Señor Jesucristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo.

¿Y cómo obtendremos el conocimiento de todas estas cosas que deben suceder?, ¿y cómo obtendremos el conocimiento de la Segunda Venida de Cristo con Sus Ángeles?, ¿y cómo obtendremos todo ese conocimiento para ser preparados, ser colocados en el Cuerpo Místico de Cristo, en la etapa de la Edad de la Piedra Angular, y ser preparados para ser transformados y raptados, para así tener la fe para ser transformados y raptados?, ¿cómo obtendremos ese conocimiento?, ¿cómo obtendremos esa revelación?, ¿cómo obtendremos esa fe (porque fe es revelación)?

Esa es la revelación del rapto, esa es la revelación para ser transformados y raptados, esa es la revelación que nos trae la Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta, que es la Voz de Cristo por medio de Su Ángel Mensajero dándonos el Mensaje del Evangelio del Reino en este Día Postrero.

Y esa es la Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta: la Voz de Cristo en la proclama del Evangelio del Reino por medio de Su Ángel Mensajero.

No hay otra forma para los seres humanos conocer el misterio de estas cosas que deben suceder pronto. Solamente por medio de Su Ángel Mensajero, el cual es el último profeta que Dios enviaría a la raza humana.

Ese es el profeta de la Dispensación del Reino, que es la séptima dispensación, el cual viene con el Mensaje del Evangelio del Reino, que es la Gran Voz de Trompeta revelando el misterio de la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo.

Viene Cristo en Su Ángel Mensajero velado y revelado, dándonos a conocer por medio de Su Ángel todas estas cosas. Es la Voz de Jesucristo a través de Su Ángel Mensajero, es la Voz del Alfa y Omega, del primero y el último, nuestro amado Señor Jesucristo en el Día Postrero a través de Su Ángel Mensajero.

Esa es la Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta en el Día Postrero llamando y juntando a Sus escogidos y revelándoles todas estas cosas que deben suceder pronto; y revelándole así el misterio de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles para buscar a Sus escogidos en este tiempo final, prepararlos para ser transformados y llevados a la Cena de las Bodas del Cordero.

Es por medio de Su Ángel Mensajero que estas cosas serían dadas a conocer a la Iglesia del Señor Jesucristo.

¿A quién enviaría Jesucristo? Él dice: “Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias”.

No dice que envía a otra persona, sino a Su Ángel Mensajero, así como envió a cada ángel mensajero en cada edad de la Iglesia gentil durante las siete etapas o edades de la Iglesia gentil.

Y ahora, estamos viviendo nosotros en el tiempo más glorioso de todos los tiempos, en el tiempo en donde el contenido del Séptimo Sello tiene que ser cumplido aquí en la Tierra antes de que Jesucristo tome el Título de Propiedad, el Libro de los Siete Sellos, y lo abra en el Cielo.

Y luego, cuando se haya cumplido todo lo relacionado a ese Séptimo Sello, luego Cristo sale del Trono de Intercesión, toma el Título de Propiedad, lo abre en el Cielo, y ahí en toda su plenitud queda hecho el reclamo; y regresamos todos a vida eterna con un cuerpo eterno como Él lo ha prometido para cada uno de ustedes y para mí también.

Así como dos mil años atrás la Obra de Redención para la cual Cristo vino no la llevó a cabo hasta que tuvo unos 33 años de edad y tuvo Sus diferentes etapas por las cuales tenía que pasar: nueve meses en el vientre de María; luego tener, desde que nació hasta que comenzó Su ministerio, tener una etapa de veintinueve años y medio; y luego tener una etapa de tres años y medio de ministerio, la cual cumplió cuando fue bautizado por Juan el Bautista hasta el momento en que fue crucificado.

Luego que terminó Su ministerio encontramos que fue crucificado, y ahí llevó a cabo la Obra de Redención en la Cruz del Calvario. Pero 33 años antes ya estaba cumplida la Venida del Señor, pero la Obra que llevaría a cabo de redención no estaba cumplida todavía, hasta que tuvo Su ministerio y completó Su ministerio, y luego llevó a cabo la Redención en la Cruz del Calvario.

La Venida del Señor como la apertura del Séptimo Sello en cuanto a su cumplimiento aquí en la Tierra, está prometida para ser en la hora de Su Venida, y luego también nos habla de media hora de silencio. Todo esto es horario del Cielo, que para los seres humanos representa años aquí en la Tierra.

Un día del Cielo o en el Cielo, para los seres humanos aquí en la Tierra equivale a mil años, y una hora en el Cielo equivale a 41 años con 8 meses; y media hora son 20 años con 10 meses; o vamos a ver… 20 años ¿con cuánto? Con 10 meses.

Y así, cuando se habla de horas, días y años en el Cielo, para los seres humanos eso representa años para los seres humanos; horas y minutos en el Cielo, para los seres humanos son años; días en el Cielo, para los seres humanos acá son milenios.

Y ahora, la hora de Su Venida en Su Primera Venida fue desde que Él estuvo en el vientre de María hasta el tiempo en que Él murió, resucitó y ascendió al Cielo; y no completó una hora allá; porque una hora son 41 años con 8 meses; y no completó Él una hora en aquel tiempo, como tampoco Él completó en Su Primera Venida la semana número setenta, solamente cubrió la mitad. La otra mitad de la semana setenta la cumplirá con el pueblo hebreo, porque estas son semanas de años para el pueblo hebreo.

Y una semana de años para el pueblo hebreo son siete años; y la semana número setenta tiene siete años; cumplió tres años y medio en Su ministerio de tres años y medio, y faltan tres años y medio de ministerio de Cristo para el pueblo hebreo, durante la gran tribulación

Ahora, la hora de Su Venida para Su Iglesia entre los gentiles, nos habla de años en los cuales estará cumplida la Venida del Señor.

¿Que fue la Venida del Señor dos mil años atrás? Fue la Venida del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová dentro de un velo de carne llamado Jesús. Esa fue la Primera Venida de Cristo.

Luego Cristo ha estado viniendo en Espíritu Santo a través de sus diferentes etapas o edades en los ángeles mensajeros de cada edad, y ha estado hablando por medio de ellos en cada edad. Habló por medio de San Pablo y por cada uno de los apóstoles, y por medio de los siete ángeles mensajeros de las siete edades de la Iglesia gentil.

Y para este Día Postrero estará hablando con esa Gran Voz de Trompeta por medio de Su Ángel Mensajero, en quien estará Jesucristo manifestado en Espíritu Santo en este Día Postrero, hablándonos con esa Gran Voz de Trompeta Cristo, el Alfa y Omega, el primero y el último. Y la Iglesia del Señor Jesucristo estará escuchando la misma Voz que Juan escuchó allá en el Apocalipsis cuando fue transportado al Día del Señor y dijo: “Yo fui en el espíritu en el Día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta, que decía: Yo soy el Alfa y Omega, el primero y el último”. Apocalipsis, capítulo 1, verso 10 al 11.

Esa es la misma Voz que llama a cada hijo e hija de Dios, y al Cuerpo Místico de Cristo, para que escuche todas estas cosas que deben suceder pronto en este Día Postrero, en la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino, en donde Jesucristo está en este tiempo final hablándonos todas estas cosas por medio de Su Ángel Mensajero, del cual dijo: “Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias”.

Esa es la forma en que Jesucristo estará en medio de Su Iglesia en este Día Postrero, dándonos a conocer todas estas cosas por medio de Su Ángel Mensajero y llamando y juntando a Sus escogidos, y preparándonos para ser transformados y raptados en este tiempo final.

Y eso es la Gran Voz de Trompeta o Trompeta Final sonando. Eso es la Trompeta del Evangelio del Reino revelándonos el misterio de la Segunda Venida de Cristo con Sus Ángeles en este Día Postrero, para bendición de todo el Cuerpo Místico de Cristo, de toda la Iglesia del Señor Jesucristo, que es compuesta por los redimidos por Jesucristo, que han creído en Cristo como su Salvador y han lavado sus pecados en la Sangre de Cristo y han recibido Su Espíritu Santo, y por consiguiente han nacido de nuevo y han sido nacidos ¿dónde? En el Cuerpo Místico de Cristo, en la Iglesia del Señor Jesucristo.

Esa es la Iglesia que en este Día Postrero tiene la promesa que estará recibiendo la manifestación de Jesucristo en Espíritu Santo por medio de Su Ángel Mensajero dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, y estará así escuchando la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino revelando el misterio de Su Venida.

Y así revelando el misterio del Séptimo Sello contenido en el Libro de los Siete Sellos, que es el Libro de la Redención, es el Libro de la Vida del Cordero, que contiene todo el Programa Divino que Jesucristo llevaría a cabo en la construcción de ese Templo espiritual, de ese Templo para Dios; porque somos Templo de Dios, Casa de Dios, edificio de Dios.

Esa es la Casa de Dios, el edificio de Dios, donde Él envía de edad en edad a cada ángel mensajero; y para este Día Postrero Él ha dicho: “Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias”.

Él es uno de los siervos fieles y prudentes, el último que Cristo enviaría a Su Iglesia en este Día Postrero. Es el que estará en el Día Postrero presente en la Casa de Dios dándole el alimento a tiempo a los escogidos de Dios, a los hijos de Dios, a los miembros del Cuerpo Místico de Cristo. Y Cristo dijo16: “Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así. De cierto os digo que sobre todos sus bienes le pondrá”.

O sea, que ese siervo fiel y prudente que es el Ángel del Señor Jesucristo, tiene la promesa de ser colocado con Cristo en los bienes de Jesucristo, tiene la promesa de ser adoptado, tiene la promesa de ser transformado en el Día Postrero, tiene la promesa de ser el instrumento de Jesucristo a través del cual Jesucristo estará hablando con esa Gran Voz de Trompeta en este Día Postrero y estar dándonos a conocer estas cosas que deben suceder pronto en este tiempo final.

Hemos visto EL MISTERIO DEL LIBRO DE LOS SIETE SELLOS y hemos visto que contiene todo el Programa Divino que Jesucristo estaría realizando y estaría materializando en esta Tierra, en Su Iglesia gentil.

De etapa en etapa, en la construcción de este Templo que es la Iglesia de Jesucristo se ha ido cumpliendo el contenido del Libro de los Siete Sellos; y cuando se complete la Obra de Cristo, el Libro será tomado por Jesucristo de la diestra del Padre, será abierto en el Cielo, hecho el reclamo totalmente, y los muertos en Cristo resucitarán primero, y nosotros los que vivimos seremos transformados.

Así que el Libro de los Siete Sellos es el Libro más importante de los Cielos y aun de la Tierra; porque si es el más importante del Cielo, ¡cuánto más de este planeta Tierra!

Y el contenido de ese Libro lo vemos aquí también expresado en letra, en la Biblia, la Palabra de Dios; porque en la Biblia ese Libro de los Siete Sellos ha estado haciéndose letra de etapa en etapa.

“EL MISTERIO DEL LIBRO DE LOS SIETE SELLOS”. Ese es el Libro de la Redención, es el Libro de la Vida del Cordero, es el Título de Propiedad de Dios de toda la Creación.

En la tarde, en la próxima actividad estaremos viendo con más detalles ese Libro, y estaremos viendo el liderato del Séptimo Sello de ese Libro; porque ese Libro, luego de ser tomado por Cristo en el Cielo y ser abierto en el Cielo, en Apocalipsis, capítulo 10, lo trae a la Tierra y se lo entrega a un hombre, y le dice que se lo coma; y él se lo come, ese hombre se come ese Libro.

En la próxima actividad estaremos viendo “El liderato del Séptimo Sello”, el liderato del Séptimo Sello del Libro de los Siete Sellos.

Aquí estamos en este tiempo final, en la etapa más gloriosa de todas las etapas de la Iglesia de Jesucristo, en donde estaríamos viendo plenamente el misterio de ese Libro, el contenido de ese Libro, y estaríamos escuchando la Voz de Cristo, esa Gran Voz de Trompeta prometida en el libro del Apocalipsis.

¿Dónde están los que estarían escuchando la Voz de Cristo en este tiempo final, esa Gran Voz de Trompeta dándonos a conocer todas estas cosas? Pues aquí estamos, en la América Latina y el Caribe, escuchando Su Voz y obteniendo el conocimiento de todas estas cosas que deben suceder, y obteniendo el conocimiento pleno del misterio de este Libro de los Siete Sellos, incluyendo el Séptimo Sello.

Que las bendiciones de Jesucristo contenidas en este Libro de los Siete Sellos sean sobre cada uno de ustedes y sobre mí también, se materialicen en cada uno de ustedes y en mí también, y pronto sea completado el número de los escogidos de Dios en Su Cuerpo Místico de creyentes, y pronto todos seamos transformados y llevados a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo, en la Casa de nuestro Padre celestial. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Que Dios les bendiga grandemente y les guarde, y les prepare por medio de la revelación de Su Palabra para pronto ser transformados y raptados en este Día Postrero.

Mi deseo es que todos sean transformados y todos vayamos a la Cena de las Bodas del Cordero; por eso les doy testimonio de todas estas cosas que están señaladas para suceder en este tiempo final.

En la tarde estaremos hablando sobre el tema: “El liderato del Séptimo Sello”.

Que Dios les bendiga, que Dios les guarde. Y dejo con nosotros nuevamente al reverendo Miguel Bermúdez Marín para continuar, y para que les diga a qué hora estaremos aquí. Vamos a tomar un receso de una a dos horas será… Cuarenta minutos dice Miguel.

Así que vamos a pedirle a Miguel pase por aquí para que continúe, y luego tendremos un receso para continuar viendo estos misterios del Libro de los Siete Sellos.

Así que Dios les bendiga, Dios les guarde, y con nosotros Miguel Bermúdez Marín.

“EL MISTERIO DEL LIBRO DE LOS SIETE SELLOS”.

[Revisión mayo 2018]

1 Éxodo 3:6

2 Génesis 33:24-32

3 Génesis 13:17-20

4 Primera de Corintios 11:23-25

5 San Juan 6:53

6 San Mateo 21:42

7 San Juan 1:29-34

8 Primera de Corintios 15:49-54

9 Primera de Corintios 15:58

10 San Mateo 6:9-10

11 San Juan 12:31, 14:30

12 Levítico 25:9-13

13 Primera de Corintios 6:2-3

14 San Juan 14:2-3

15 San Lucas 21:18

16 San Mateo 24:46-47

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