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Muy buenos días, amados amigos y hermanos presentes y radioyentes. Es para mí un privilegio muy grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y poder ver dónde nos encontramos en el Programa Divino, y cómo buscar a Dios y Sus bendiciones en este tiempo, y servirle con toda nuestra alma todos los días de nuestra vida.

En esta ocasión quiero leer en libro del Apocalipsis, capítulo 8, verso 1 al 5, y dice de la siguiente manera:

Cuando abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el cielo como por media hora.

Y vi a los siete ángeles que estaban en pie ante Dios; y se les dieron siete trompetas.

Otro ángel vino entonces y se paró ante el altar, con un incensario de oro; y se le dio mucho incienso para añadirlo a las oraciones de todos los santos, sobre el altar de oro que estaba delante del trono.

Y de la mano del ángel subió a la presencia de Dios el humo del incienso con las oraciones de los santos.

Y el ángel tomó el incensario, y lo llenó del fuego del altar, y lo arrojó a la tierra; y hubo truenos, y voces, y relámpagos, y un terremoto”.

Que Dios bendiga Su Palabra en nuestros corazones y nos permita entenderla.

Para esta ocasión nuestro tema es: “EL SÉPTIMO SELLO EN EL DÍA POSTRERO”.

En esta lectura que hemos tenido, hemos leído en el Séptimo Sello, en el capítulo 8, verso 1 en adelante; dice:

Cuando abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el cielo como por media hora”.

Esta apertura del Séptimo Sello en el Cielo es tan importante que este es el misterio que ha estado en la mente de Dios desde antes de la fundación del mundo, del cual Cristo dijo en San Mateo 24, y también Lucas, capítulo 21 y otros lugares, que ni los ángeles sabían cuándo sería el día y la hora de la Venida del Hijo del Hombre; o sea, está hablando aquí de la Segunda Venida de Cristo.

Este es el misterio más grande de todos los misterios de la Biblia, este es el misterio que estuvo guardado en la mente de Dios desde antes de la fundación del mundo, desde el momento en que Dios pensó en la Segunda Venida de Cristo, en la Venida del Hijo del Hombre para el Día Postrero.

Siendo un pensamiento en la mente de Dios oculto, el cual no fue revelado a nadie en edades y dispensaciones pasadas, sino que solamente Dios le habló a los profetas del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento proféticamente, lo relacionado a la Segunda Venida de Cristo; y por consiguiente, en la Biblia, todas las cosas que son habladas con relación a la Segunda Venida de Cristo son proféticas, son profecías que para el Día Postrero tienen que ser cumplidas.

Así como las profecías correspondientes a la Primera Venida de Cristo, las cuales fueron colocadas en la Biblia, pero que eran cosas que estaban en la mente de Dios desde antes de la fundación del mundo; como nos dice el apóstol San Pedro en su primera carta: Primera de Pedro, capítulo… vamos a ver… San Pedro nos habla de este gran misterio de la Primera Venida de Cristo, y vamos a ver lo que él nos dice en su carta con relación a la Primera Venida de Cristo: Capítulo 1 de Primera de Pedro, versos 18 en adelante, dice:

“… sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata,

sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación,

ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros”.

Aquí el apóstol San Pedro nos enseña que el Sacrificio de Cristo en la Cruz del Calvario, derramando Su Sangre para nuestra redención, ya eso estaba ordenado, destinado, dice: “ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros (y a nosotros también)”.

Ahora, vean ustedes cómo la Primera Venida de Cristo ya estaba programada en la mente de Dios desde antes de la fundación del mundo, y el Sacrificio de Cristo en la Cruz del Calvario también estaba programado por Dios en Su mente.

Por eso es que nos enseña la Escritura que Cristo fue sacrificado desde antes de la fundación del mundo.

Ahora vean, en Apocalipsis nos dice, en el capítulo 13 y verso 8, acerca de los que estarán adorando a la bestia. Dice:

“Y la adoraron todos los moradores de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo”.

Y en Apocalipsis, capítulo 17, verso 8 también, hablando de la bestia y los que adoran la bestia y reciben la marca de la bestia, dice:

“La bestia que has visto, era, y no es; y está para subir del abismo e ir a perdición; y los moradores de la tierra, aquellos cuyos nombres no están escritos desde la fundación del mundo en el libro de la vida, se asombrarán viendo la bestia que era y no es, y será”.

Aquí, vean ustedes, aun los nombres de las personas que serán redimidas por la Sangre de Cristo están escritos en el Libro de la Vida del Cordero desde antes de la fundación del mundo.

Cuando la Escritura habla de que Cristo vino a salvar lo que se había perdido, pues antes de perderse tenía que existir en algún lugar; y existía en Dios cada hijo e hija de Dios. Así como antes de su cuerpo físico existir aquí en la Tierra existía en los lomos de su padre, en la forma de un gen o espermatozoide allí; y por medio de la unión de su padre y su madre encontramos que vino de los lomos de su padre al vientre de su madre, y ahí fecundó un óvulo de su madre (el que estaba disponible para ese momento), y ahí se fue formando célula sobre célula hasta que formó el cuerpo que usted tiene.

Eso es así; y usted quizás no comprenda cómo todo eso sucede, pero la cosa es que sucede. Y por eso es que la raza humana no se ha extinguido, porque ha estado en el proceso de la reproducción por medio de la unión de un hombre y de una mujer, por medio de las relaciones íntimas.

Pero vean ustedes, encontramos que siendo que los hijos están en su padre, en sus padres, encontramos que los hijos de Dios ¿dónde estaban? Pues en Dios, nuestro Padre celestial. ¿Vieron lo sencillo que es?

Ahora, para que tengan un cuadro más claro: cuando el apóstol San Pablo nos habla acerca de Melquisedec, nos dice que se encontró Melquisedec con Abraham cuando Abraham regresaba de la victoria obtenida sobre unos reyes que habían entrado a Sodoma y Gomorra y habían tomado cautivos a las personas de Sodoma, y se habían llevado entre ellos a Lot y su familia, los cuales eran familia de Abraham porque Lot era el sobrino de Abraham1.

Lot tenía una posición muy importante allí, en Sodoma, pues los de Sodoma dijeron, cuando los Ángeles llegaron a la destrucción de Sodoma y Gomorra, le dijeron que se había levantado Lot allí en medio de ellos como juez entre ellos; o sea que tenía una posición muy importante y estaba a la puerta de la ciudad, por lo tanto, la posición de Lot allí era algo así como el alcalde o el gobernador; pero el pueblo era un pueblo que no servía a Dios; el único allí era Lot y su familia.

Por lo cual, cuando fue Dios a destruir a Sodoma y Gomorra, Abraham intercedió por Lot, y Dios tuvo misericordia de Lot y su familia y los sacó, les ordenó salir de Sodoma antes de la destrucción de Sodoma y de Gomorra2.

Ahora, antes de ese día, Dios, el cual le apareció el día antes a Abraham como Elohim, y comió con Abraham… y estaban también allí los dos Arcángeles de Dios, que son Gabriel y Miguel, estaban en forma visible ellos con Dios, el cual estaba en forma visible en Su cuerpo teofánico, el cual se materializó frente a Abraham, y también se materializaron Gabriel y Miguel; y comieron con Abraham3.

Pero en otra ocasión anterior le había aparecido Melquisedec a Abraham, y dice San Pablo en el capítulo 7 de Hebreos de la siguiente manera:

Porque este Melquisedec, rey de Salem, sacerdote del Dios Altísimo…”.

Porque Melquisedec es el Sacerdote del Dios Altísimo del Templo que está en el Cielo, así como el sumo sacerdote Aarón y los demás sumos sacerdotes eran sumos sacerdotes del templo o tabernáculo que construyó Moisés y también del templo que construyó Salomón, y demás templos que fueron construidos en Jerusalén en reconstrucción del templo anterior.

Y ahora, Melquisedec no es Sacerdote de un templo terrenal sino del Templo celestial que está en el Cielo, el cual es el Templo de Dios.

Por eso fue que Dios cuando le dio a Moisés la orden, la comisión de construir un tabernáculo, un templo, le mostró un modelo y le dijo4: “Conforme al modelo que te fue mostrado, haz el templo”. Ese modelo es el modelo o plano del Templo que está en el Cielo.

Por eso el tabernáculo que construyó Moisés tenía atrio, lugar santo y lugar santísimo; y todo el contenido de ese templo, incluyendo el templo y sus cosas dentro del templo, representan las cosas que están en el Templo que está en el Cielo; y el tabernáculo representa el Templo que está en el Cielo.

Y ahora, Melquisedec es Sumo Sacerdote del Templo que está en el Cielo y Él es el Rey de la Jerusalén celestial, y también Él estará como Rey en la Jerusalén terrenal en el glorioso Reino Milenial de Jesucristo.

Ahora, sigue diciendo:

“Porque este Melquisedec, rey de Salem, sacerdote del Dios Altísimo, que salió a recibir a Abraham que volvía de la derrota de los reyes, y le bendijo,

a quien asimismo dio Abraham los diezmos de todo; cuyo nombre significa primeramente Rey de justicia, y también Rey de Salem (o sea, Rey de Jerusalén), esto es, Rey de paz;

sin padre, sin madre, sin genealogía; que ni tiene principio de días, ni fin de vida, sino hecho semejante al Hijo de Dios, permanece sacerdote para siempre”. 

Ahora, vean que este Melquisedec, dice que no tiene genealogía (no tiene madre, no tiene padre), no tiene principio de días ni fin de vida; es un ser eterno. Y el único eterno ¿es quién? Dios.

Es el Dios Todopoderoso en Su cuerpo teofánico, llamado el Ángel de Jehová o Ángel del Pacto, y llamado también así el Verbo de Dios.

Sigue diciendo que este es sacerdote y que “permanece sacerdote para siempre”. Él es el Sumo Sacerdote del Templo que está en el Cielo. O sea, Dios con Su cuerpo teofánico es el que ministra como Sumo Sacerdote en el Templo que está en el Cielo.

Y ahora, vean cómo sigue diciendo:

Considerad, pues, cuán grande era éste, a quien aun Abraham el patriarca dio diezmos del botín.

(Y cuando él diezmó del botín, dice)

Ciertamente los que de entre los hijos de Leví reciben el sacerdocio, tienen mandamiento de tomar del pueblo los diezmos según la ley, es decir, de sus hermanos, aunque éstos también hayan salido de los lomos de Abraham.

Pero aquel cuya genealogía no es contada de entre ellos (no es contada de entre los hijos de Leví), tomó de Abraham los diezmos, y bendijo al que tenía las promesas.

Y sin discusión alguna, el menor es bendecido por el mayor.

Y aquí ciertamente reciben los diezmos hombres mortales; pero allí, uno de quien se da testimonio de que vive (o sea, uno de quien se da testimonio de que es eterno).

Y por decirlo así, en Abraham pagó el diezmo también Leví, que recibe los diezmos;

porque aún estaba en los lomos de su padre cuando Melquisedec le salió al encuentro”.

Vean, Leví es hijo de Jacob, Jacob es hijo de Isaac, e Isaac es hijo de Abraham; o sea que Leví es el bisnieto de Abraham, porque Abraham es el padre de Isaac; y Abraham es el abuelo de Jacob, que fue hijo de Isaac; y Abraham es el bisabuelo de Leví, que fue hijo de Jacob. Ahora vean cómo el bisabuelo tenía en sus lomos aún a su bisnieto.

En Abraham estaba Leví y en Abraham estaban todos los hijos de Jacob; en Abraham estaba Jacob, en Abraham estaba Isaac. ¿Por qué? Porque estaban en los lomos del Padre de la Fe.

Y ahora vean cómo Leví diezmó a Melquisedec cuando Abraham diezmó a Melquisedec, aun sin haber nacido todavía Leví.

Ahora, cuando Jesucristo nuestro amado Salvador vino a la Tierra en carne humana, nosotros estábamos en Él; y antes de la fundación del mundo, cuando Dios predestinó la Venida de Cristo y Su Sacrificio en la Cruz del Calvario, allí estábamos nosotros con Cristo.

Estábamos en la mente de Dios y todo luego se tenía que materializar. Y nosotros, así como Cristo se materializó en carne humana en medio del pueblo hebreo, así también nosotros teníamos que materializarnos en carne humana, nosotros aquí en la América Latina y el Caribe, y cada hijo e hija de Dios en el territorio donde Dios desde antes de la fundación del mundo ordenó que aparecería ese hijo o esa hija de Dios.

Somos ordenados por Dios y predestinados por Dios desde antes de la fundación del mundo, para venir a vivir en este planeta Tierra y para hacer contacto con la vida eterna, que es Cristo, recibirlo como nuestro Salvador y lavar nuestros pecados en la Sangre de Jesucristo; porque Él murió por todos nosotros. Por amor a nosotros y para nuestra redención Él murió, porque somos atributos de Dios.

Estábamos en Dios eternamente como un atributo de Dios en la mente de Dios, como un pensamiento de Dios. Y luego ese pensamiento ya en este tiempo se ha hecho realidad en carne humana en usted y en mí, así como se hizo realidad el pensamiento divino de la Primera Venida de Cristo en carne humana, que fue la Venida de Melquisedec; porque el Melquisedec del Antiguo Testamento es el Jesús del Nuevo Testamento.

Melquisedec, el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, el Sacerdote del Templo que está en el Cielo, vino en carne humana y habitó entre los seres humanos; por eso es que cuando San Pablo habla de Cristo cita las palabras de los Salmos; y en los Salmos hablando acerca de Cristo dice que Él es Sacerdote según el Orden de Melquisedec.

Y ahora, vean ustedes cómo Cristo siendo Sacerdote según el Orden de Melquisedec… ya esto prometido en la Escritura, en los Salmos, dice el Salmo 110, verso 4… y lo cita San Pablo en Hebreos, capítulo 7, verso 16. Vamos a ver aquí… verso 12 en adelante vamos a leer, donde dice:

Porque cambiado el sacerdocio, necesario es que haya también cambio de ley;

y aquel de quien se dice esto, es de otra tribu, de la cual nadie sirvió al altar (¿Por qué? Porque Cristo vino por la tribu de Judá, no por la tribu de Leví, que es la tribu de los sacerdotes y sumos sacerdotes).

Porque manifiesto es que nuestro Señor vino de la tribu de Judá, de la cual nada habló Moisés tocante al sacerdocio.

Y esto es aun más manifiesto, si a semejanza de Melquisedec se levanta un sacerdote distinto,

no constituido conforme a la ley del mandamiento acerca de la descendencia, sino según el poder de una vida indestructible.

Pues se da testimonio de él:

Tú eres sacerdote para siempre,

Según el orden de Melquisedec.

Queda, pues, abrogado el mandamiento anterior a causa de su debilidad e ineficacia

(pues nada perfeccionó la ley), y de la introducción de una mejor esperanza, por la cual nos acercamos a Dios.

Y esto no fue hecho sin juramento;

porque los otros ciertamente sin juramento fueron hechos sacerdotes; pero éste, con el juramento del que le dijo:

Juró el Señor, y no se arrepentirá:

Tú eres sacerdote para siempre,

Según el orden de Melquisedec.

Por tanto, Jesús es hecho fiador de un mejor pacto”.

Jesús es Sacerdote según el Orden de Melquisedec en el Templo que está en el Cielo.

Por eso cuando Cristo murió y resucitó, luego estuvo 40 días aquí en la Tierra apareciendo a Sus discípulos, y luego ascendió al Cielo y se sentó a la diestra de Dios en el Templo que está en el Cielo, y se colocó en el Propiciatorio, que es la silla o asiento de misericordia; como en el templo, en el lugar santísimo, estaba el arca del pacto, y sobre el arca del pacto estaba el propiciatorio, donde el sumo sacerdote cada año entraba y colocaba sangre allí para que el pueblo hebreo obtuviera la misericordia de Dios y las bendiciones de Dios, y obtuviera la reconciliación el pueblo hebreo con Dios cada año.

Y ahora Cristo como Sacerdote según el Orden de Melquisedec ascendió al Cielo, al Templo que está en el Cielo, y entró al Lugar Santísimo del Templo que está en el Cielo, y llevó Su propia Sangre y Su propio Sacrificio dentro; llevó Su propia Sangre, entró como Sumo Sacerdote con Su propia Sangre, la Sangre del Cordero de Dios y de la expiación por el pecado, y la colocó sobre el Trono de Intercesión, o sea, sobre el Propiciatorio, que es el asiento de misericordia en el Templo que está en el Cielo, en el Lugar Santísimo, allí en el Trono de Dios; y ha estado haciendo intercesión por cada persona que tiene su nombre escrito en el Libro de la Vida del Cordero desde antes de la fundación del mundo, para nuestra reconciliación con Dios.

Por eso San Pablo decía5: “Reconciliaos hoy con Dios”. ¿Por qué? Porque hay un Cordero, hay una expiación que fue sacrificada, ofrecida a Dios, para nuestra reconciliación con Dios: fue Cristo el Cordero de Dios sacrificado en la Cruz del Calvario, y Su Sangre ha sido colocada en el Propiciatorio o silla o asiento de misericordia, en el Lugar Santísimo del Templo que está en el Cielo.

Y Él ha estado haciendo intercesión por cada persona que tiene su nombre escrito en el Libro de la Vida del Cordero, desde que ascendió al Cielo hasta este tiempo final, hasta que entre al Programa Divino y crea en Jesucristo como su Salvador y lave sus pecados en la Sangre de Cristo y reciba su Espíritu Santo el último escogido.

Cuando llegue hasta el último de los escogidos, entonces Cristo saldrá del Trono de Intercesión en el Cielo, donde Él es Sacerdote según el Orden de Melquisedec; porque Él es ese Melquisedec que le apareció a Abraham, al cual Abraham pagó los diezmos.

Ahora vean quién es nuestro amado Señor Jesucristo. Él es ese Melquisedec, Él es el que dijo6: “Nadie me quita la vida, yo la pongo por mí mismo para volverla a tomar”.

Él es aquel que dijo7: “Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del Hombre que está en el cielo”, y estaba en la Tierra; pero siendo profeta y siendo el Mesías y siendo la manifestación de Dios en carne humana, la manifestación del Ángel del Jehová, del Melquisedec del Antiguo Testamento en carne humana, había descendido del Cielo, había descendido de otra dimensión, y ahora estaba en esta dimensión terrenal; pero no había perdido Su virtud de poder estar también en otras dimensiones y por eso estaba también en el Cielo. Él vivió en ambas dimensiones: la dimensión terrenal y la dimensión celestial.

Y ahora, vean ustedes cómo nuestro amado Señor Jesucristo dijo también, hablando acerca de todas estas cosas que son un misterio en la vida de Cristo, Él dijo también8: “Salí de Dios y vuelvo a Dios, salí del Padre y vuelvo al Padre”.

Él vino del Padre, manifestado en carne humana, y luego que murió: resucitó, ascendió al Cielo y regresó al Padre; y luego, el Día de Pentecostés, vino en la forma de la Columna de Fuego, vino en Espíritu Santo sobre ciento veinte personas.

Y cuando le apareció a Saulo de Tarso en el camino a Damasco, en esa Luz, esa Columna de Fuego que le había aparecido al profeta Moisés y le había dicho: “Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob”, siendo el Ángel de Jehová, el Ángel del Pacto, que es el mismo Dios en Su cuerpo teofánico, encontramos que cuando Jesucristo apareció a San Pablo, antes llamado Saulo… se llamaba Saulo en ese tiempo y estaba persiguiendo a la Iglesia del Señor Jesucristo.

Dice que le apareció una luz al mediodía, a la mitad del día, una luz más fuerte que la del sol; y dice que cayó de su montura (pues venía en su caballo), y dice que oyó desde esa Luz la Voz que le decía: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Dura cosa te es dar coces contra el aguijón”9.

Y Saulo sabiendo que esa misma Luz, esa misma Columna de Fuego le había hablado al profeta Moisés en el monte Sinaí, en una zarza, en un árbol, y le había dicho: “Moisés, Moisés”, y Moisés respondió a Dios: “Heme aquí”… Y esa Voz le dijo: “Quita el calzado de tus pies porque el lugar donde estás, o sea, el lugar que pisas, santo es”10.

Moisés hizo así, y le dijo esa Luz, hablándole, le dice: “Yo soy el Dios de tu padre (el padre de Moisés, que era Amram), y el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y Dios de Jacob”.

¿Quién era el que le estaba hablando a Moisés? Era el Dios creador de los Cielos y de la Tierra, que había llamado a Abraham para que fuera a la tierra prometida; el cual le había aparecido a Abraham en diferentes ocasiones, tanto en la forma de una luz como en la forma de un hombre de otra dimensión. Le apareció como Melquisedec en una ocasión, en la forma de un hombre; y le apareció también como Elohim el día antes de la destrucción de Sodoma, le apareció en la forma de un hombre, de un ángel, de un varón, y comió con Abraham.

Y los Arcángeles Gabriel y Miguel aparecieron también en la forma de un hombre, de un varón, pero de otra dimensión, y comieron con Abraham también.

Y ahora, se hizo carne y lo conocimos por el nombre de Jesús, porque se hizo carne en aquel velo de carne llamado Jesús. Era el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, el que estaba velado en carne humana en el velo de carne Jesús.

Y luego cuando le apareció a Saulo de Tarso no estaba ya con Su velo de carne en esa Luz, y le dice a Saulo… cuando Saulo le pregunta: “Señor, ¿quién eres?”, porque sabía que era el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob el que le estaba hablando; y ahora le dice que lo está persiguiendo. ¿Cómo puede ser esto?

Saulo le dice: “¿Quién eres, Señor?”.

Y esa Luz le dice: “Yo soy Jesús, a quien tú persigues”.

El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, que le había dicho a Moisés que le había aparecido para la liberación del pueblo hebreo, le había aparecido en esa Luz, en esa Columna de Fuego, ahora aparece nuevamente en esa Columna de Fuego y Su nombre es Jesús, cuando se le aparece a San Pablo.

Tuvo la misma experiencia que tuvo Moisés cuando le apareció esa Luz y le dijo que era el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob; y le dio por nombre, cuando Moisés quiso saber el Nombre del Ángel de Jehová, de Dios en Su cuerpo teofánico, en esa Luz manifestado, en esa Columna de Fuego, le dio cuatro consonantes, cuatro letras, que son J-H-W-H, las cuales Moisés escuchó siendo pronunciadas; y eran pronunciadas en el templo el día de la expiación, cada año, por el sumo sacerdote; pero fue suspendida la pronunciación de esas cuatro letras como Nombre de Dios porque hubo, según la historia, ciertas personas que se acercaban al sumo sacerdote cuando pronunciaba el Nombre Eterno de Dios, y luego usaban ese Nombre para cosas mágicas, para magia y cosas así, para cosas que no eran correctas, y fue suspendida la pronunciación de ese Nombre; eso es según la historia. Y luego se colocó en lugar de la pronunciación de esas cuatro letras, se colocó en su lugar el nombre de Yawé o Yaveh, y también usan el nombre Elohim, que es Señor.

Ahora, podemos ver que cuando aparece esta Columna de Fuego a Saulo de Tarso, y Saulo le pregunta quién es: “¿Cuál es tu nombre?”, la Columna de Fuego le dice: “Yo soy Jesús, a quien tú persigues”.

Ahora, la Columna de Fuego, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, bajo la Dispensación de la Gracia se llama Jesús; porque fue en el velo de carne Jesús que fue manifestada la Columna de Fuego, el Ángel del Pacto, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.

Y bajo ese Nombre, durante la Dispensación de la Gracia, Dios estaría llevando a cabo Su Obra para la Dispensación de la Gracia.

Ahora, hay una noticia muy grande y muy buena para todos los hijos e hijas de Dios que están viviendo en este tiempo final. Esa noticia la encontramos en Apocalipsis, capítulo 3 y verso 12, y Apocalipsis, capítulo 2, verso 17. Dice así Apocalipsis, capítulo 2, verso 17, hablando acerca de la Segunda Venida de Cristo, dice:

El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, daré a comer del maná escondido, y le daré una piedrecita blanca, y en la piedrecita escrito un nombre nuevo, el cual ninguno conoce sino aquel que lo recibe”.

Esta piedrecita blanca es la misma que vio el profeta Daniel en el capítulo 2, versos 35 al 45, en la interpretación que le dio al sueño del rey Nabucodonosor, el cual vio el reino de los gentiles en la forma de una estatua; en esa forma Dios le mostró simbólicamente el reino de los gentiles desde el tiempo de Nabucodonosor hasta este tiempo final en el cual nosotros estamos viviendo.

Dice que la cabeza era de oro, la cabeza representa el reino babilónico con Nabucodonosor como rey; por eso el profeta Daniel le dijo: “Tú eres aquella cabeza de oro, esa cabeza de oro eres tú”, era el rey Nabucodonosor con su imperio.

Luego, dice la Escritura que el pecho y los brazos eran de plata, lo cual representa el imperio o reino medo-persa.

Luego, el vientre y los muslos eran de bronce, lo cual representa el imperio de Grecia con Alejandro el Grande.

Y luego las piernas eran de hierro, y los pies de hierro y de barro cocido: el imperio romano.

Para la Primera Venida de Cristo, el cual es la Piedra que los edificadores desecharon, los edificadores religiosos, los edificadores líderes religiosos de la nación hebrea rechazaron, encontramos que estando el imperio romano en ese tiempo existiendo fue el que a petición del pueblo hebreo llevó a cabo la crucifixión de nuestro amado Señor Jesucristo en Jerusalén.

La profecía dice que la piedra… que una piedra no cortada de manos que viene de la montaña, que es cortada de la montaña, herirá a la estatua en los pies de hierro y de barro cocido.

En el tiempo de Jesús, dos mil años atrás, todavía no se estaba viviendo en la etapa de los pies de hierro y de barro cocido del reino de los gentiles; por eso el imperio romano en su cuarta etapa pudo matar en la Cruz del Calvario a Cristo; o sea, en la cuarta etapa del imperio o reino de los gentiles.

Pero el reino de los gentiles y su cuarta etapa tiene dos partes la cuarta etapa; o sea, tiene la etapa de las piernas de hierro, y luego la parte de los pies de hierro y de barro cocido. Esa parte de los pies de hierro y de barro cocido es el reino, el imperio del anticristo.

Y para el Día Postrero el anticristo, el hombre de pecado, tomará los reinos de este mundo totalmente; porque el diablo estará encarnado en toda su plenitud en el anticristo, el hombre de pecado, en la bestia; y tendrá tres años y medio, los últimos tres años y medio, donde la gran tribulación será desatada y los juicios divinos caerán sobre los pies de hierro y de barro cocido, que es el imperio de los gentiles bajo el dominio del anticristo, en el cual estará el diablo encarnado.

Eso es lo que le espera en los tres años y medio de la gran tribulación a la raza humana. Pero luego de la gran tribulación: el glorioso Reino del Mesías, el glorioso Reino del Rey de Israel, el glorioso Reino de Cristo sentándose en el Trono de David comenzará, y reinará por mil años sobre el pueblo hebreo y luego por toda la eternidad; pues todo esto corresponde al Séptimo Sello en el Día Postrero, porque el Séptimo Sello es la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo.

Y para este tiempo final, para el Día Postrero, que es el séptimo milenio, tenemos la promesa de la resurrección de los muertos en Cristo y de la transformación de nosotros los que vivimos.

El mismo Señor Jesucristo hablando de la resurrección de los muertos en Cristo, dice en San Juan, capítulo 6, verso 39 al 40:

Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.

Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero”.

Hemos visto que ya aquí en dos ocasiones Cristo dice: “Y yo le resucitará en el Día Postrero”. El Día Postrero es el séptimo milenio, porque un día delante del Señor es como mil años, y mil años nuestros es como un día delante del Señor.

San Pedro en su segunda carta, capítulo 3, verso 8, da testimonio de que esto es así y de que es algo que no puede ser ignorado; porque toda persona que ignore esta verdad nunca podrá comprender cuál es el Día del Señor o Día Postrero, que es el séptimo milenio.

Dice San Pedro en su segunda carta, capítulo 3, verso 8: Mas, oh amados, no ignoréis esto (¿ven que es algo que no puede ser ignorado? Dice): que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día”. De esto también da testimonio el profeta Moisés en el Salmo 90 y verso 4.

El Día Postrero es el séptimo milenio; y los días postreros delante de Dios, para los seres humanos son los milenios quinto, sexto y séptimo. Por eso San Pablo dio testimonio en su carta a los Hebreos diciendo que Dios había hablado por medio de Jesucristo en los postreros días. Dice así, Hebreos, capítulo 1, verso 1 en adelante:

Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,

en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo”.

¿Cuándo dice San Pablo que Dios habló por medio de Jesucristo? Dice: “En estos postreros días Dios ha hablado por el Hijo”, o sea, por Jesucristo; porque los postreros días comenzaron cuando Jesucristo tenía de 4 a 7 años de edad; porque cuando Él tenía de 4 a 7 años de edad comenzó el quinto milenio. Y el quinto milenio es el primero de los días postreros, el sexto milenio es el segundo de los días postreros, y el séptimo milenio es el tercero de los días postreros y último de los días postreros.

Ahora pueden ver por qué la Escritura habla de los días postreros desde los tiempos de Jesús y los apóstoles.

Por ejemplo, también San Pedro hablando de los días postreros en el libro de los Hechos, capítulo 2 y versos 14 en adelante, el Día de Pentecostés predicando su primer sermón dice… estando lleno del Espíritu Santo él y ciento veinte personas incluyéndolo a él, dice:

Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo: Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras.

Porque éstos no están ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera del día (o sea, era de 8 a 9 de la mañana)”.

La hora primera del día es de 6 a 7 de la mañana, la hora segunda del día es de 7 a 8 de la mañana, y la hora tercera del día es de 8 a 9 de la mañana; y esas tres horas corresponden a la cuarta vigilia, que es la única vigilia que ocurre de día, en la mañana del día: de 6 a 9 de la mañana es la cuarta vigilia. Y ahora, dice:

“Mas esto es lo dicho por el profeta Joel…”

San Pedro va a dar la explicación o revelación de lo que está sucediendo allí de acuerdo a como Dios lo prometió, va a mostrar que es el cumplimiento de una promesa divina, y va a mostrar para qué tiempo Dios prometió la Venida del Espíritu Santo. Dice:

“Mas esto es lo dicho por el profeta Joel:

Y en los postreros días, dice Dios,

Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne,

Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán;

Vuestros jóvenes verán visiones,

Y vuestros ancianos soñarán sueños;

Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días

Derramaré de mi Espíritu, y profetizarán”.

¿Para cuándo Dios prometió que derramaría de Su Espíritu sobre toda carne? Para los postreros días. Y ya dos mil años atrás, el Día de Pentecostés en el aposento alto, Dios comenzó a derramar de Su Espíritu Santo sobre ciento veinte personas, y ha continuado derramando de Su Espíritu Santo sobre todos los que han creído en Cristo como su Salvador y han lavado sus pecados en la Sangre de Cristo y han recibido el Espíritu Santo; y así se ha producido en cada una de esas personas el nuevo nacimiento, del cual le habló Cristo a Nicodemo diciéndole que el que no naciera de nuevo no podía ver el Reino de Dios.

Nicodemo pensó que era nacer nuevamente por medio de una mujer o por medio de su madre, y le pregunta a Jesús: “¿Cómo puede hacerse esto? ¿Puede el hombre ya siendo viejo entrar en el vientre de su madre y nacer de nuevo?”.

Vean, tomó estas palabras de Jesucristo en una forma natural, pero esto tenía un significado más grande de lo que Nicodemo se imaginaba. Era el nuevo nacimiento, el cual se produce en cada persona que recibe a Cristo como su Salvador y lava sus pecados en la Sangre de Cristo y recibe el Espíritu Santo, el Espíritu de Cristo; y así recibe un cuerpo teofánico de la sexta dimensión, un espíritu teofánico de la sexta dimensión.

Ahora, podemos ver que esas personas que serán llamadas y juntadas de edad en edad, y que recibirán a Cristo como su Salvador al escuchar la predicación del Evangelio y la Obra de Cristo en la Cruz del Calvario, la Obra de Redención; esas personas que lo recibirán y que lavarán sus pecados en la Sangre de Cristo y que recibirán el nuevo nacimiento recibiendo el Espíritu Santo: tienen sus nombres escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero.

San Pablo habla de esas personas que tienen sus nombres escritos en el Cielo como los primogénitos de Dios.

Cuando se habla de los primogénitos de Dios, esas son las personas en las cuales Dios pensó desde antes de la fundación del mundo; esos son los atributos de Dios, que son los hijos e hijas de Dios que serían manifestados en este planeta Tierra en carne humana, y recibirían a Cristo como su Salvador para ser redimidos y regresar a la vida eterna con un cuerpo eterno y con un cuerpo teofánico eterno también.

Y Cristo tuvo que venir en carne humana. Dice: “así como los hijos… o por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, Él también tuvo que participar de lo mismo”11. Cristo tuvo que venir en carne humana porque los hijos, vean ustedes, dice: por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo”.

Y ahora, vean ustedes, todos nosotros en este planeta Tierra estamos con un y por un propósito divino. Eso es muy importante comprenderlo, para que así podamos comprender que no estamos aquí viviendo una vida sin sentido.

Porque ¿qué sentido tendría la vida si solamente es nacer, crecer, comer, dormir, trabajar y después ponerse uno viejo y morir, ¡y después se acabó todo!? No tendría sentido para nosotros esa clase de vida.

Pero cuando nosotros conocemos el motivo de nuestra existencia y la causa por la cual Jesucristo vino dos mil años atrás en carne humana y murió en la Cruz del Calvario para nuestra redención, entonces sí que nuestra vida tiene sentido.

El sentido de nuestra vida es el sentido que Dios le ha dado a nuestra vida, y ahora sí que tiene para nosotros el mismo sentido que tiene para Dios nuestra vida aquí en la Tierra.

Estamos aquí a causa de ese Programa Divino que desde antes de la fundación del mundo Dios predestinó en Su propia mente, lo concibió en Su mente, y lo que ha estado haciendo es materializando Su Programa que Él pensó.

Ahora podemos ver cómo para los postreros días Dios hablaría por medio de Su Hijo, y ya eso se cumplió dos mil años atrás, al comienzo del quinto milenio, que es el primero de los tres días postreros delante de Dios, que para los seres humanos son los tres milenios postreros para la raza humana.

Luego encontramos que para los días postreros también Dios derramaría de Su Espíritu Santo sobre toda carne, sobre Sus siervos y sobre Sus hijos también. Habla de los hebreos y habla también de Su Iglesia, los escogidos de entre los gentiles.

Y ahora, vean ustedes cómo por medio de recibir a Cristo como nuestro Salvador y lavar nuestros pecados en la Sangre de Cristo y recibir Su Espíritu Santo, entramos al Cuerpo Místico de Cristo, ya sean gentiles o hebreos.

Y todas estas cosas son ¿para qué días? Para los días postreros: para el quinto, sexto y séptimo milenio. Para así Cristo formar o crear Su Iglesia con seres humanos los cuales tienen la promesa de ser hechos a imagen y semejanza de Jesucristo.

Primero obtenemos la imagen por medio de creer en Cristo como nuestro Salvador, lavar nuestros pecados en la Sangre de Cristo y recibir Su Espíritu Santo, y así recibir un cuerpo teofánico de la sexta dimensión, que es la imagen de Jesucristo; el cual procede del Espíritu de Cristo, viene a imagen de Cristo, a imagen de ese cuerpo teofánico de la sexta dimensión.

Y luego, en el Día Postrero, en el séptimo milenio, Cristo ha prometido que resucitará a los muertos que cuando estuvieron vivos creyeron en Él, lavaron sus pecados en la Sangre de Cristo y recibieron Su Espíritu Santo.

Y para nosotros los que vivimos, cuando los muertos en Cristo resuciten: nosotros los que vivimos seremos transformados, los que hayamos creído en Cristo como nuestro Salvador, hayamos lavado nuestros pecados en la Sangre de Cristo y hayamos recibido Su Espíritu Santo, y así hayamos recibido el nuevo nacimiento. Y para el Día Postrero estaremos aquí viendo el Séptimo Sello en el Día Postrero, que es la Segunda Venida de Cristo, para así recibir la fe para ser transformados y raptados en este Día Postrero, y los muertos en Cristo ser resucitados en cuerpos eternos.

Dijo el precursor de la Segunda Venida de Cristo, en el mensaje “Las diez vírgenes”… encontramos que de ese mensaje fue tomada esta porción que se encuentra en el libro de las Citas del reverendo William Branham. Son porciones tomadas de diferentes mensajes y colocadas en este libro de Citas, el cual fue escrito por personas creyentes en el precursor de la Segunda Venida de Cristo. Y dice así en la página 47 del libro de Citas, párrafo o verso 402, dice hablando acerca de la resurrección de los muertos y de la Trompeta Final:

402 – “Y nosotros que vivimos y hayamos quedado hasta la venida del Señor, no evitaremos o impediremos a los que duermen. Esos preciosos que sellaron su testimonio con su sangre. ‘No impediremos o estorbaremos a los que duermen, porque sonará la trompeta’. Algo acontecerá, ese algo evangélico sonará, el anuncio de Su venida”.

¿Qué es lo que ese “algo evangélico”, o sea, el Mensaje del Evangelio del Reino, qué es lo que sonará?, ¿qué es lo que estará revelando?, ¿alrededor de qué girará el Mensaje del Evangelio del Reino?

Girará alrededor de Su Segunda Venida. Ese es el Mensaje que estará dando a conocer el misterio de la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores viniendo a Su Iglesia-Virgen, a Su Novia, para llevar a cabo la Obra de Reclamo y llamar y juntar a Sus escogidos con esa Trompeta de Dios o Gran Voz de Trompeta, y prepararnos para ser transformados y raptados en este tiempo final.

Toda persona que será transformada en este tiempo final primero tiene que haber creído en Cristo como su Salvador, haberlo recibido como su Salvador y haber lavado sus pecados en la Sangre de Cristo y haber recibido Su Espíritu Santo; y así, por consiguiente, haber nacido de nuevo; y estar en el Cuerpo Místico del Señor Jesucristo en la edad que corresponde a este tiempo final; así como los escogidos de las edades pasadas estuvieron en la edad que les tocó vivir.

Y ahora, para este tiempo final los escogidos de Dios estarán viendo y recibiendo la Segunda Venida de Cristo, y estarán escuchando la Segunda Venida de Cristo siendo predicada por medio de la Gran Voz de Trompeta o Trompeta Final, que es el Mensaje del Evangelio del Reino siendo predicado y revelando el misterio de Su Segunda Venida.

Ese es el misterio del Séptimo Sello en el Día Postrero siendo revelado a la Iglesia del Señor Jesucristo para, con ese Mensaje del Séptimo Sello, ese Mensaje de la Segunda Venida de Cristo, ser llamado todo escogido de Dios y ser colocado en el Cuerpo Místico de Cristo en la Edad de la Piedra Angular, y ser preparado para ser transformado y raptado en este Día Postrero.

Hemos visto que la Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta sonará y los muertos en Cristo resucitarán primero, dice San Pablo en Primera de Corintios, capítulo 15, versos 49 al 55, y Primera de Tesalonicenses, capítulo 4, verso 12 al 17; porque esta Gran Voz de Trompeta o Trompeta Final es la Voz del ser que más amamos nosotros.

En Apocalipsis, capítulo 1 y verso 10 al 11, Juan escuchó esa Gran Voz de Trompeta en el Día del Señor, o sea, en el séptimo milenio, al cual él fue transportado en el espíritu. Dice así Apocalipsis, capítulo 1, verso 10 al 11:

“Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta,

que decía: Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último”. Ahora, ¿quién es el Alfa y Omega?, ¿quién es el primero y el último? Pues nuestro amado Señor Jesucristo. Y esta es la misma Voz de la cual Cristo habla para el Día Postrero como la Gran Voz de Trompeta con la cual son enviados los Ángeles del Hijo del Hombre para llamar y juntar a todos los escogidos de Dios:

Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos”, dijo Jesucristo en San Mateo, capítulo 24 y verso 31.

Esa Gran Voz de Trompeta es la misma Trompeta Final de Primera de Corintios, capítulo 15 y versos 49 al 55; y es la misma Trompeta de Dios de Primera de Tesalonicenses, capítulo 4, verso 12 al 17; es la misma Trompeta también de Apocalipsis, capítulo 4, verso 1, donde dice así:

“Después de esto mire (dice Juan el apóstol), y he aquí una puerta abierta en el cielo…”.

Cristo dijo que Él es la Puerta. Es Cristo esa Puerta abierta en el Cielo. Es Cristo el Séptimo Sello, la Puerta abierta en el Cielo.

“… y la primera voz que oí, como de trompeta, hablando conmigo, dijo: Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de estas”.

Ahora, vean ustedes que durante las siete etapas o edades de la Iglesia gentil sucedieron un sinnúmero de cosas, y Dios estuvo hablando, Jesucristo estuvo hablando en Espíritu Santo por medio de Sus mensajeros de las siete edades de Su Iglesia gentil.

Por medio de San Pablo habló, por medio de Ireneo habló, por medio de Martin habló, por medio de Colombo habló, por medio de Lutero habló, por medio de Wesley habló, y por medio del reverendo William Marrion Branham habló también Jesucristo en Espíritu Santo, a Su Iglesia en cada una de esas edades.

Y para el Día Postrero, para la Edad de la Piedra Angular, Jesucristo en Espíritu Santo estará hablándole a Su Iglesia con esa Gran Voz de Trompeta, o sea, con el Mensaje del Evangelio del Reino; y le estará dando a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, en este tiempo final.

Y ahora, ¿cómo y por medio de quién nos dará a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, ya que los siete ángeles mensajeros de las siete edades de la Iglesia gentil terminaron sus ministerios y partieron, y se encuentran descansando en el Paraíso y sus cuerpos murieron?

En Apocalipsis, capítulo 22, verso 6, dice por medio de quién escucharemos todas estas cosas que deben suceder siendo dadas a conocer. Dice:

Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto”.

¿Por medio de quién es que son dadas a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto? Por medio del Ángel del Señor Jesucristo; porque en Su Ángel Mensajero estará el Señor Jesucristo, el Alfa y Omega, el primero y el último, hablándonos con esa Gran Voz de Trompeta que Juan el apóstol escuchó en el Día del Señor.

Y el Día del Señor, siendo el séptimo milenio, encontramos que es en el séptimo milenio, en el Día Postrero, el Día del Señor, que Jesucristo viene manifestado en Su Ángel Mensajero dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, y viene hablándonos con esa Gran Voz de Trompeta para llamar y juntar a Sus escogidos en Su Cuerpo Místico de creyentes, en la etapa de la Edad de la Piedra Angular, y así darnos la fe para ser transformados y raptados en este Día Postrero.

La fe, la cual está en la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo.

Cristo en Su Segunda Venida es el Séptimo Sello en el Día Postrero siendo abierto para bendición de todos los hijos e hijas de Dios.

Hemos visto el misterio de “EL SÉPTIMO SELLO EN EL DÍA POSTRERO”.

EL SÉPTIMO SELLO EN EL DÍA POSTRERO es la Segunda Venida de Cristo. Y la Segunda Venida de Cristo será revelada a la Iglesia del Señor Jesucristo. Y la Trompeta Final sonará:

402 – “… ‘sonará la trompeta’. Algo acontecerá, ese algo evangélico sonará, el anuncio de Su venida”.

Es por medio de la predicación del Evangelio del Reino que el anuncio de Su Venida es dado a la Iglesia del Señor Jesucristo y es revelado el misterio de la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo.

Y Cristo en Espíritu Santo por medio de Su Ángel Mensajero es el que en el Día Postrero le estará dando a conocer todas estas cosas que deben suceder, se las estará dando a conocer a la Iglesia del Señor Jesucristo.

Apocalipsis 22, verso 16, da testimonio de que esto es así para el Día Postrero, para la Iglesia del Señor Jesucristo, pues Cristo dice en Apocalipsis 22, verso 16:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias”.

¿A quién envía Jesucristo? A Su Ángel Mensajero. ¿Para qué? Para dar testimonio de estas cosas. ¿De qué cosas? De estas cosas que deben suceder pronto, en el Día Postrero. Dar testimonio de estas cosas en las iglesias.

El Ángel del Señor Jesucristo viene enviado por Jesucristo con el Mensaje del Evangelio del Reino dando testimonio de todas estas cosas que deben suceder pronto, y viene con ese Mensaje para todas las iglesias; o sea, para el cristianismo completo, y luego para el pueblo hebreo.

Así que la Iglesia del Señor Jesucristo en el Día Postrero, en el séptimo milenio, si le añadimos al calendario los años de atraso que tiene pues ya estamos en el séptimo milenio. Para el séptimo milenio la Iglesia del Señor Jesucristo tiene una bendición muy grande, y es que Jesucristo le envía Su Ángel Mensajero dando testimonio de todas estas cosas que deben suceder pronto, y revelándole así a Su Iglesia el misterio de la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo.

Y eso es el Séptimo Sello en el Día Postrero, siendo abierto en medio de Su Iglesia en este tiempo final.

El Séptimo Sello, como les dije, es la Segunda Venida de Cristo. Y ese es el misterio que para el Día Postrero sería revelado a la Iglesia del Señor Jesucristo. Ese es el misterio del Séptimo Sello en el Día Postrero.

“EL SÉPTIMO SELLO EN EL DÍA POSTRERO”.

¿Y quiénes serían los que verían el Séptimo Sello en el Día Postrero abierto, y lo entenderían, porque escucharían la Voz de Cristo por medio de Su Ángel dando testimonio de estas cosas que deben suceder pronto, en este Día Postrero?

Aquí estamos, en Colombia y en toda la América Latina y el Caribe, escuchando la Gran Voz de Trompeta, escuchando la Voz de Cristo en este Día Postrero, y recibiendo el conocimiento de todas estas cosas que deben suceder pronto, y recibiendo el conocimiento del Séptimo Sello en el Día Postrero.

Ha sido para mí un privilegio muy grande, amados amigos y hermanos presentes y radioyentes, estar con ustedes dándoles testimonio del Séptimo Sello en el Día Postrero; o sea, de la Segunda Venida de Cristo en el Día Postrero y para el Día Postrero; y todas las cosas que estarán siendo manifestadas en la Segunda Venida de Cristo en el Día Postrero, o sea, en el séptimo milenio.

Que las bendiciones de Jesucristo, el Ángel del Pacto, sean sobre cada uno de ustedes y sobre mí también; y pronto Dios complete el número de Sus escogidos, y los muertos en Cristo sean resucitados en cuerpos eternos, y nosotros los que vivimos seamos transformados. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Muchas gracias por vuestra amable atención, y continúen pasando una tarde llena de las bendiciones de nuestro amado Salvador Jesucristo.

Que las bendiciones de Jesucristo, el Ángel del Pacto, sean sobre cada uno de ustedes y sobre mí también.

Dios les bendiga y les guarde, y con nosotros el reverendo Jesús Barrolleta.

“EL SÉPTIMO SELLO EN EL DÍA POSTRERO”.

[Revisión mayo 2018]

1 Génesis 14

2 Génesis 19

3 Génesis 18

4 Éxodo 25:8-9

5 Segunda de Corintios 5:20

6 San Juan 10:17-18

7 San Juan 3:13

8 San Juan 16:28

9 Hechos 9:1-19

10 Éxodo 3

11 Hebreos 2:14

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