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Muy buenas noches, amados amigos y hermanos presentes, y radioyentes aquí en Guayaquil, Ecuador; es para mí un privilegio muy grande estar con ustedes en esta ocasión para compartir unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra profética, y ver este misterio, el misterio del Séptimo Sello, que es la Segunda Venida de Cristo.

Para lo cual quiero leer en San Mateo, capítulo 24, versos 36 al 40; y también capítulo 8, verso 1 de Apocalipsis; y dice así la escritura en San Mateo 24:36 en adelante:

“Pero del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre.

Mas como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre.

Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca,

y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre”.

Y ahora Apocalipsis, capítulo 8 y verso 1, dice de la siguiente manera:

Cuando abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el cielo como por media hora”.

“EL SÉPTIMO SELLO: LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO”.

La Segunda Venida de Cristo es el misterio más grande de toda la Biblia. Este misterio ha estado en la mente de Dios toda la eternidad. Y ese misterio sería revelado a los creyentes en nuestro amado Señor Jesucristo en el Día Postrero, para darles la fe para ser transformados y raptados en el tiempo final.

Cristo preguntó en una ocasión, San Lucas, capítulo 18, verso 8, dice: “Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?”.

Para la Venida del Hijo del Hombre para el tiempo final, que es el Día Postrero o Día del Señor, ¿hallará fe en la Tierra? ¿O sucederá como en la Primera Venida de Cristo, como en la Primera Venida del Hijo del Hombre dos mil años atrás?, que vino en el cumplimiento de las promesas divinas de la Venida del Mesías en medio del pueblo hebreo, y la religión hebrea con sus grandes líderes religiosos no pudieron creer en Jesús como el Mesías prometido para el pueblo hebreo, como el Rey de Israel. ¿Pasará nuevamente lo mismo en la Segunda Venida de Cristo?

El pueblo hebreo, vean ustedes, por miles de años estuvo recibiendo las profecías de la Venida del Mesías por medio de los profetas que Dios envió; por ejemplo, tenemos al profeta Zacarías, que nos habla acerca de cómo Dios le habló al pueblo hebreo; porque Dios solamente tiene una forma para hablarle a Su pueblo, y vamos a ver cuál es esta forma. Dice Zacarías, capítulo 7, verso 11 en adelante:

“Pero no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oír;

y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de los profetas primeros; vino, por tanto, gran enojo de parte de Jehová de los ejércitos”.

Ahora, ¿cómo Dios por medio de Su Espíritu le hablaba al pueblo hebreo? Dice: “por medio de los profetas primeros”. Esa es la forma en que Dios ha hablado a los seres humanos todo el tiempo.

Vean ustedes también lo que nos dice el apóstol San Pablo en su carta a los Hebreos, capítulo 1 y versos 1 al 2, dice:

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas…”.

Vean, por medio de los profetas habló a los padres en muchas ocasiones y en muchas maneras. Ahora dice:

“… en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo”.

Dice que Dios ha hablado por medio de los profetas en muchas ocasiones y en muchas formas, y luego dice: “en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo”, y ya han transcurrido dos mil años desde que Dios habló por medio de Jesús al pueblo hebreo.

¿Y por qué San Pablo dice que era en los postreros días el tiempo en donde Jesucristo estaba en la Tierra y Dios estaba hablando por medio de Él? Porque los postreros días delante de Dios, para los seres humanos son el quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio. “Porque un día delante del Señor es como mil años, y mil años como un día”, nos dice Segunda de Pedro, capítulo 3, verso 8; y dice que es algo que no podemos nosotros ignorar; porque si ignoramos este misterio no vamos a comprender lo que son los días postreros, y vamos a pensar que San Pedro y San Pablo se equivocaron cuando hablaron de los días postreros como los días en donde Jesucristo estaba en Su ministerio aquí en la Tierra.

Pero San Pedro dice en Segunda de Pedro, capítulo 3, verso 8: “Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día”.

Ahí tienen ustedes el por qué San Pedro y San Pablo podían decir que Dios estaba hablando por medio de Jesucristo en los postreros días; y han transcurrido dos mil años y podemos decir todavía que aquellos eran los postreros días, y estos que vivimos también son los postreros días; porque los postreros días delante de Dios son el quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio.

Y cuando Jesucristo tenía de 4 a 7 años de edad comenzó el quinto milenio, y por consiguiente comenzaron los días postreros.

Cuando Pedro también predica el Día de Pentecostés al pueblo hebreo allí en Jerusalén, le habla acerca del Espíritu de Dios que habían recibido ellos aquella mañana de Pentecostés (Pentecostés es cincuenta), y habían recibido el día cincuenta el Espíritu de Dios.

Y en el libro de los Hechos, capítulo 2, verso 14 al 20 dice:

“Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo: Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras.

Porque éstos no están ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera del día.

Mas esto es lo dicho por el profeta Joel:

Y en los postreros días, dice Dios,

Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne,

Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán;

Vuestros jóvenes verán visiones,

Y vuestros ancianos soñarán sueños;

Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días

Derramaré de mi Espíritu, y profetizarán”.

¿Para cuándo dice San Pedro que Dios prometió derramar de Su Espíritu Santo sobre toda carne? Para los postreros días. Y por eso dos mil años atrás, el Día de Pentecostés, luego de Cristo ascender al Cielo, diez días después de eso vino el Espíritu Santo sobre ciento veinte personas que allí estaban esperando la venida del Espíritu Santo.

Y eso sucedió ¿cuándo? En los días postreros. Y ya han transcurrido dos mil años; porque los días postreros, como hemos visto, son el quinto, sexto y séptimo milenio. El profeta Moisés en el Salmo 90 y verso 4 también da testimonio de lo mismo.

Ahora, vean cómo por medio de los profetas Dios habla a Su pueblo y le revela estos misterios del Reino de Dios.

¿Quién podía imaginarse que los días postreros delante de Dios eran tres milenios: quinto, sexto y séptimo milenio? Nadie, pero ahí la Biblia da testimonio de esta verdad; y ahora podemos comprender por qué los apóstoles podían hablar diciendo que ellos estaban viviendo en los postreros días y han transcurrido dos mil años; y cualquier persona que no comprende esto dice: “Parece que ellos se equivocaron, pensaron que estaban viviendo en los postreros días y miren, ya han transcurrido dos mil años”.

Pero cuando uno comprende que los postreros días delante de Dios, para los seres humanos son los milenios postreros, que son quinto, sexto y séptimo milenio, entonces podemos ver que no hay ninguna contradicción.

Ahora, Dios dice que Él ha hablado por medio de los profetas, y habló por medio de Jesucristo; esto es así porque siempre Dios ha usado un ser humano (siempre llamado en la Biblia: un profeta), al cual le ha revelado Su Palabra para que él la revele, la dé a conocer a todos los hijos e hijas de Dios.

Amós, capítulo 3, verso 7, dice: “Porque no hará nada el Señor Jehová, sin que antes revele Sus secretos a Sus siervos Sus profetas”.

Y en Deuteronomio, capítulo 18, versos 15 al 19, dice el profeta Moisés de la siguiente manera:

“Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis…”.

¿A quién dice el profeta Moisés que el pueblo está llamado a escuchar? Al profeta que Dios levanta de en medio del pueblo; porque es al profeta al cual viene la Palabra revelada para que luego él la revele al pueblo de Dios. Dice:

“… conforme a todo lo que pediste a Jehová tu Dios en Horeb el día de la asamblea, diciendo: No vuelva yo a oír la voz de Jehová mi Dios, ni vea yo más este gran fuego, para que no muera…”.

Eso fue cuando estaban en el monte Sinaí, donde el monte temblaba y el pueblo hebreo también estaba temblando, y estaban viendo el monte Sinaí en fuego, porque la presencia de Dios estaba allí manifestada en fuego, hablándole al profeta Moisés y hablando; y el pueblo hebreo estaba escuchando la Voz de Dios, y estaba temblando el pueblo hebreo y también el profeta Moisés.

Pero el pueblo hebreo pidió a Moisés que no hablara ya Dios más con el pueblo sino que Moisés hablara con Dios y luego Moisés le hablara al pueblo las cosas que Dios les estaría diciendo para el pueblo. Y Moisés dice lo que Dios le contestó:

“Y Jehová me dijo: Han hablado bien en lo que han dicho.

Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca…”.

¿Dónde Dios coloca Sus palabras, las palabras divinas, la Palabra de Dios para cada tiempo, para cada edad y para cada dispensación? En la boca del profeta que Él envía al pueblo; ahí viene la Palabra de Dios para el pueblo. Ese profeta la recibe de parte de Dios y luego la habla al pueblo; y el pueblo, entonces, está escuchando la Voz de Dios por medio de un hombre, de un profeta, que es un hombre que tiene las dos consciencias juntas (consciente y subconsciente juntos), y por consiguiente puede ver y escuchar en otras dimensiones. En la dimensión de Dios obtiene la revelación de Dios, y luego la da al pueblo de Dios. Dice:

“… y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare”.

¿Qué habla el profeta que Dios envía para cada tiempo? La Palabra de Dios, todo lo que Dios le mande; lo cual Dios coloca en su corazón y en su boca, para que así sea hablada esa Palabra Divina y el pueblo de Dios escuche así la Voz de Dios.

¿Vieron lo sencillo que es escuchar la Voz de Dios? Encontrando al profeta mensajero de Dios correspondiente al tiempo en que uno vive.

Porque cuando Dios tiene que hablarle algo a Su pueblo Él envía un profeta. Si no tiene nada que decirle al pueblo pues no envía un profeta. Ahora dice:

“… y él les hablará todo lo que yo le mandare”.

Ahora, hay personas que dicen, cuando aparece un profeta con la Palabra de Dios, dicen: “Yo no estoy interesado en escuchar un profeta”, otros dicen: “¡Esto era lo que yo estaba esperando! Un hombre que viniera dando a conocer la verdad divina, y así yo poder comprender estos misterios del Reino de Dios”.

Porque ¿cómo podemos comprender los misterios de Dios si no hay quién nos explique? Y tiene que ser un profeta enviado de Dios, que venga con esa revelación para que nos explique los misterios de Dios, porque de otra forma no los podremos comprender.

¿Comprendían ustedes lo que son los días postreros y lo que es el Día Postrero? No, pero vean, ya está dado a conocer, está abierto para todos los hijos e hijas de Dios; y podemos ver que no hay ninguna contradicción en la Biblia cuando dicen los apóstoles que ellos estaban viviendo en los días postreros. Y nosotros decimos: “Verdaderamente habían comenzado los días postreros dos mil años atrás, delante de Dios, que para nosotros acá en la Tierra eran los tres milenios postreros”.

Y ahora, ¿qué será de aquellas personas que dicen: “A mí no me interesa escuchar un profeta ni me interesa escuchar la Voz de Dios”? Puede hablar en esa forma porque tiene libre albedrío toda persona; pero Dios pedirá cuenta a todo ser humano, y Dios recompensará a cada persona conforme a sus obras.

¿Y qué será de esas personas que hablan en esa forma? Dice, sigue diciendo:

“Mas a cualquiera que no oyere mis palabras que él hablare en mi nombre, yo le pediré cuenta”.

Así que se las arregle con Dios después, porque Dios es el que le va a pedir cuenta por no haber escuchado la Voz de Dios a través del profeta que Él envió para su tiempo.

En el libro de los Hechos, capítulo 3, verso 22 al 23, nos dice el apóstol San Pedro en su sermón, citando este pasaje: “Mas a cualquiera que no oyere ese profeta, será desarraigado del pueblo”. O sea que pierde el derecho a la vida eterna. Porque toda persona que no escucha la Voz de Dios no tiene derecho a vivir eternamente.

Jesucristo dijo: “Mis palabras son Espíritu y son Vida”, y también dijo: “El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna”. En San Juan, capítulo 5 nos dice el mismo Jesús de la siguiente manera, verso 24: “De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida”.

Vean la forma de pasar de muerte a vida; porque cuando hemos nacido en este planeta Tierra hemos nacido con la sentencia de muerte, porque hemos venido por medio de una raza caída. Y la raza caída, la cual cayó allá en Adán, allá en el Huerto del Edén, encontramos que lo que obtuvo con su caída fue la muerte.

Por esa razón es que el ser humano nace, crece y después se muere; y aparentemente la vida del ser humano no tiene sentido. Y no tiene sentido a menos que le encuentre el sentido que Dios le da a la vida del ser humano. Y si no le puede entender el sentido que Dios le da a la vida del ser humano, para la persona la vida pues no tiene sentido.

Pero para el que le encuentra el sentido del propósito divino, entonces puede comprender que está aquí en la Tierra por un propósito divino: para hacer contacto con la vida eterna, que es Jesucristo, para escuchar la predicación del Evangelio y creer en Jesucristo como nuestro Salvador, y lavar nuestros pecados en la Sangre de Cristo y recibir Su Espíritu Santo, y así nacer de nuevo; pues Cristo dijo a Nicodemo: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el Reino de Dios”. San Juan, capítulo 3, verso 3 en adelante:

“Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?

Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.

Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.

No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo”.

¿Y qué obtenemos con el nuevo nacimiento? Los discípulos del Señor Jesucristo, aunque habían estado con Jesucristo por tres años y medio mientras Jesucristo predicaba el Evangelio, encontramos que ninguno de ellos había nacido de nuevo; y Cristo había establecido que ninguno podía entrar al Reino de los Cielos sin nacer de nuevo.

Pero el Día de Pentecostés nacieron de nuevo 120 personas, entre los cuales estaban los apóstoles de Jesucristo.

El nuevo nacimiento no se podía efectuar en las personas mientras Jesús estaba en la Tierra. Por eso Él dijo: “Es necesario que yo me vaya, para que el Espíritu Santo, el Consolador, pueda venir”1, y así produciría ¿qué?, el nuevo nacimiento de las personas.

¿Y qué es el nuevo nacimiento? Por cuanto hemos nacido por medio de papá y mamá, hemos obtenido un espíritu del mundo que nos inclina hacia el mal, y hemos obtenido un cuerpo en la permisiva voluntad de Dios, mortal, corruptible y temporal. Esto es por causa de la caída.

Pero con el nuevo nacimiento la persona obtiene un espíritu del Cielo, un espíritu de la sexta dimensión, que es la dimensión del Paraíso, la dimensión de la teofanía; para luego, en el Día Postrero, recibir el cuerpo físico, eterno y glorificado para vivir por toda la eternidad jovencitos, y reinar con Cristo por mil años y luego por toda la eternidad.

¿Y para cuándo será la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de nosotros los que vivimos? ¿Para cuándo será que el ser humano creyente en Jesucristo, que ha lavado sus pecados en la Sangre de Cristo y ha recibido Su Espíritu Santo, y por consiguiente ha nacido de nuevo, cuándo será que obtendrá su cuerpo eterno, su cuerpo físico eterno? Porque ya con el nuevo nacimiento ha obtenido su espíritu teofánico eterno, de la sexta dimensión; y si muere estando aquí en la Tierra viviendo, luego se va en ese cuerpo teofánico a vivir al Paraíso, que es la sexta dimensión.

Un cuerpo teofánico de la sexta dimensión es un cuerpo parecido a nuestro cuerpo físico pero de otra dimensión. Y si muere la persona, pero cree en Jesucristo como su Salvador y ha lavado sus pecados en la Sangre de Cristo y ha recibido Su Espíritu Santo, no tiene ningún problema: va al Paraíso, a la sexta dimensión; y para el Día Postrero Jesucristo ha prometido que Él lo resucitará, y a los que estamos vivos nos transformará.

En San Juan, capítulo 6, verso 39 al 40, Jesucristo hablando de la resurrección dice:

“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero”.

¿Para cuándo tiene la comisión Jesucristo de resucitar a los que el Padre le ha dado? Dice: “sino que lo resucite en el día postrero”. Y ahora sigue diciendo:

“Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero”.

¿Para cuándo está establecida la resurrección de los muertos en Cristo por el mismo Jesucristo? Para el Día Postrero. ¿Y cuál es el Día Postrero? Pues ya ustedes saben, porque les hablamos de cuáles son los días postreros.

Los días postreros son quinto, sexto y séptimo milenio, y el Día Postrero es el séptimo milenio. Y el primero de los días postreros es el quinto milenio, donde estuvo Jesucristo predicando al principio del quinto milenio. O sea que desde Jesucristo hacia acá estamos viviendo en los días postreros.

Y siendo que el séptimo milenio es el Día Postrero y es también llamado el Día del Señor, necesitamos entonces comprender que la resurrección de los muertos en Cristo prometida para el Día Postrero se convertirá en una realidad en algún año del Día Postrero, o sea, en algún año del séptimo milenio.

Si le añadimos al calendario los años de atraso que tiene, ya estamos en el séptimo milenio. Si no le añadimos al calendario los años de atraso que tiene, pues miren, solamente faltan unos dos o tres años para terminar el sexto milenio, que termina con el siglo XX, y comenzar el séptimo milenio, que comienza con el siglo XXI.

Ahora, podemos ver que es para el séptimo milenio que Cristo ha prometido la resurrección de los muertos en Cristo, porque cuando ocurra la resurrección de los muertos en Cristo se habrá completado el número de los primogénitos de Dios, de los escogidos de Dios, que son las personas que tienen sus nombres escritos en el Libro de la Vida del Cordero desde antes de la fundación del mundo, los cuales, de etapa en etapa, de edad en edad, de Jesucristo hacia acá, han tenido que aparecer en esta Tierra en cuerpos mortales para escuchar la predicación del Evangelio y recibir a Cristo como su Salvador, creer en Él y lavar sus pecados en la Sangre de Cristo, y recibir Su Espíritu Santo; y así, por consiguiente, recibir el nuevo nacimiento, recibir así el cuerpo teofánico de la sexta dimensión; para, en el Día Postrero, o sea, en el séptimo milenio, en algún año del séptimo milenio, en donde se complete el número de los escogidos de Dios, en donde se complete el número del Cuerpo Místico de Cristo, o sea, en donde se complete el número de la Iglesia del Señor Jesucristo, entonces los muertos en Cristo resucitar.

San Pablo hablando de este misterio nos dice en el capítulo 11 de su carta a los Romanos, en donde nos explica también el misterio del pueblo hebreo, el cual rechazó a Jesucristo, su Mesías, y nos explica por qué esto sucedió. Dice, capítulo 11, verso 25 en adelante, de su carta a los Romanos:

“Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles…”.

¿Hasta cuándo el endurecimiento del corazón del pueblo hebreo estará en esa condición? Hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles, o sea, hasta que haya entrado hasta el último de los escogidos de Dios al Cuerpo Místico del Señor Jesucristo; hasta que el último de los escogidos de Dios haya creído en Cristo como su Salvador, haya lavado sus pecados en la Sangre de Cristo y haya recibido el Espíritu de Cristo; y así haya nacido en el Reino de Dios, en el Cuerpo Místico de Cristo, en la Iglesia del Señor Jesucristo.

Y cuando eso haya sucedido, que haya entrado la plenitud de los gentiles, que haya entrado hasta el último de los escogidos de Dios a la Iglesia de Jesucristo, dice:

“… y luego todo Israel será salvo, como está escrito:

Vendrá de Sion el Libertador,

Que apartará de Jacob la impiedad.

Y este será mi pacto con ellos,

Cuando yo quite sus pecados”.

Ahora podemos ver que Dios va a tratar con el pueblo hebreo. Ya están en su tierra nuevamente y están esperando la Venida del Mesías; pues ellos no comprendieron que aquel joven carpintero de Nazaret era el Mesías prometido para aparecer en aquel tiempo, en el comienzo de los días postreros, en el comienzo de los milenios postreros; y lo rechazaron.

Pues cuando Dios promete algo grande, cuando lo cumple es algo sencillo; y vino en tal sencillez la Primera Venida de Cristo, la Venida del Mesías, que era un joven carpintero de Nazaret, pero vean ustedes, ese era el Rey de Israel, ese era el Mesías prometido para el pueblo hebreo, en donde la gloria de Jehová estaba siendo manifestada a través de aquel sencillo velo de carne.

Siempre las personas, cuando tropiezan con Dios y Su Programa, tropiezan con el velo de carne que Dios envía en medio de Su pueblo con el Mensaje de Dios para ese tiempo. Porque algunas personas desean que Dios les hable como ellos quieren; pero no es como uno quiere sino como Dios ha determinado, ha predestinado desde antes de la fundación del mundo; y por quien Dios ha determinado desde antes de la fundación del mundo.

Dios no envía Sus mensajeros, Sus profetas, porque el pueblo dice a Dios que le envíe un profeta. Dios no envía un profeta cuando el pueblo lo quiere, sino cuando Dios lo quiere conforme a Su Programa.

Y Dios desde antes de la fundación del mundo ya predestinó cuántos profetas Él enviaría a la Tierra. Un profeta es un hombre enviado por Dios con las dos consciencias juntas, es un hombre que viene con un espíritu teofánico de la sexta dimensión, del Cielo, y aparece en la Tierra en carne humana manifestado, para traer del Cielo la Palabra de Dios a todos los hijos e hijas de Dios.

Ahora, podemos ver el porqué Dios ha enviado profetas en diferentes ocasiones: porque son los instrumentos de Dios, los cuales son enviados con las dos consciencias juntas, y pueden oír y recibir y ver de la dimensión de Dios la Palabra de Dios para darla al pueblo.

Por eso también, a través de la Biblia podemos ver las cosas maravillosas que han sido hechas por medio de los profetas de Dios.

¿Cómo puede ser posible que un hombre diga: “vengan piojos”, y aparezcan millones de piojos? ¿O diga: “vengan moscas”, y aparezcan millones de moscas? Pero vemos en la historia bíblica que Moisés decía: “vengan piojos”, y venían piojos sobre Egipto; decía: “vengan moscas” y venían moscas sobre Egipto; y así por el estilo podemos ver cómo Moisés hablaba y las cosas eran creadas; porque Dios estaba en el profeta Moisés y era un hombre con las dos consciencias juntas.

También podemos ver a Josué, que fue el servidor de Moisés y que luego vino a ser el sucesor del profeta Moisés, el cual llevó el pueblo a la tierra prometida. En una ocasión estaban en una batalla y ya el sol estaba por caer, digamos que era de 3 a 4 de la tarde, y ya el sol iba declinando y en unas horas más oscurecía, y los enemigos se iban a esconder, y ya al otro día iban a estar más organizados, y la batalla iba a ser difícil. Y Josué le dijo al sol: “Sol, ¡detente!”, y a la luna también le dijo: “Tú, ¡detente allá!”; y se detuvieron2. Y dice la Escritura que Dios escuchó la voz de un hombre; porque ese hombre era un profeta de Dios.

Ningún hombre puede decirle al sol que se detenga; ni aun con los instrumentos científicos que tiene, ningún hombre puede parar el sol; pero sin embargo, un hombre solamente hablándole detuvo el sol y detuvo la luna también. Y dice que ese día fue el día más largo que la humanidad ha tenido.

La ciencia ha descubierto que le falta un día al calendario, y ahí tienen parte del día que le falta al calendario; ya lo descubrieron. Y luego, el resto que le falta al calendario, de ese día, lo encontraron en el tiempo del profeta Isaías cuando dijo que el sol caminaría hacia atrás diez grados3.

¿Hay acaso algún hombre que pueda hacer eso? Sin embargo, un profeta de Dios enviado por Dios hizo que el sol caminara hacia atrás diez grados.

Es como decir, usted ver su reloj, y ese profeta Isaías decir que el sol caminara hacia atrás diez grados y usted ver el reloj suyo caminando hacia atrás, en vez de caminar hacia delante. Así sucedió, y no con un reloj acá de los nuestros, que usted le puede dar para atrás y para adelante.

Pero miren, Moisés le podía dar para atrás y para adelante, Josué también, y también el profeta Isaías, podía hacer caminar el sol y el día hacia adelante o hacia atrás. Solamente los profetas de Dios han podido hacer eso. Aun la ciencia con todo lo que ha descubierto no lo puede hacer todavía.

Ahora, vean ustedes, también Moisés con una vara, levantó su vara y abrió el Mar Rojo; luego más adelante Josué abrió el Jordán cuando ordenó a los levitas que pasaran con el arca el Jordán, y cuando tocaran los pies de los levitas el agua, el agua se separaría, el río se abriría y ellos pasarían en seco4.

Luego otro profeta, el profeta Elías, con su manto hirió en otra ocasión el Jordán, y el Jordán se abrió, y él pasó con Eliseo en seco5.

Luego Eliseo cuando regresaba, regresaba solo porque el profeta Elías se había ido en un carro de fuego, que es un platillo volador, como le llaman en nuestro tiempo; y cuando regresaba tenía el manto de Elías que se había caído, y se paró frente al Jordán y con su manto hirió las aguas del Jordán, y se abrieron de nuevo, y Eliseo pasó en seco. Los hijos de los profetas cuando lo vieron hacer esto, dijeron: “El espíritu de Elías ha reposado sobre Eliseo”6.

Ahora vean lo maravilloso que es cuando Dios envía un profeta a la Tierra: ha enviado un espíritu teofánico de otra dimensión, viene de otra dimensión, de otro mundo, de la sexta dimensión, de la dimensión donde está Melquisedec (el que le apareció a Abraham), en donde está Elohim (también el mismo que le apareció a Abraham), en donde está el Ángel del Pacto, el Ángel del Jehová, el cual es el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob que libertó al pueblo hebreo de Egipto.

De esa sexta dimensión es que son enviados los espíritus de los profetas. Dice Apocalipsis, capítulo 22, verso 6 en adelante, de la siguiente manera:

“Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas (¿de quién son los espíritus de los profetas? De Dios), ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto”.

Ese Ángel es un profeta enviado por Dios para el pueblo de Dios; y ese espíritu de ese profeta viene enviado por el Dios de los espíritus de los profetas. Ese Ángel del Señor Jesucristo es el que le dio a Juan el apóstol la revelación del Apocalipsis y le mostró a Juan la revelación del Apocalipsis en esta forma simbólica, pero estos signos apocalípticos tienen un significado.

Y este Ángel del Señor Jesucristo para el tiempo final, para el Día Postrero, es el que estará en este planeta Tierra en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo, para así, Jesucristo por medio de ese Ángel Mensajero, de ese profeta mensajero, darle a conocer a Su pueblo, a todos los creyentes en Jesucristo, todas estas cosas que deben suceder pronto, en este tiempo final.

En Apocalipsis, capítulo 4, verso 1, dice así el apóstol San Juan:

“Después de esto miré, y he aquí una puerta abierta en el cielo; y la primera voz que oí, como de trompeta, hablando conmigo, dijo: Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de éstas”.

Las cosas que sucederán después de estas, o sea, las cosas que sucederán después de las que ya han sucedido durante las siete etapas o edades de la Iglesia gentil. Ahora las cosas que sucederán en este tiempo final, en el Día Postrero, corresponden a la Edad de la Piedra Angular.

Y así como hubo que subir a la edad donde Cristo estaba manifestado en cada edad por medio del mensajero de cada edad, hay que subir en la actualidad a la Edad de la Piedra Angular, donde Jesucristo estará manifestado por medio de Su Ángel Mensajero, el cual es el enviado de Jesucristo para dar testimonio de todas estas cosas que deben suceder pronto. Por eso dice: “Sube acá, y yo te mostraré las cosas que han de suceder después de éstas”.

Ahora vean que es Cristo hablando con esa Voz de Trompeta o Gran Voz de Trompeta; es la Voz de Cristo.

En Apocalipsis, capítulo 1, verso 10 al 11, dice el apóstol San Juan:

“Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta,

que decía: Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último”.

¿Quién es el Alfa y la Omega?, ¿quién es el primero y el último? Nuestro amado Salvador Jesucristo. Y es la Voz de Jesucristo en el Día Postrero, en el Día del Señor, o sea, en el séptimo milenio; porque Juan el apóstol fue transportado del año 95, o sea, de esa década del 95 de la era cristiana, cuando él se encontraba en la Isla de Patmos, fue transportado en el espíritu, en esa visión, al Día Postrero, al Día del Señor, o sea, al séptimo milenio. Y escuchó una Gran Voz de Trompeta que decía: “Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último”, escuchó la Voz de Jesucristo hablando en medio de Su Iglesia, en la Edad de la Piedra Angular y en la Dispensación del Reino en el Día Postrero.

¿Y qué cosas esa Voz estaría hablando o revelando? Él dijo: “Sube acá, y yo te mostraré las cosas que han de suceder después de estas”. La Voz de Jesucristo en el Día Postrero estará dando a conocer todas estas cosas que deben suceder; y para poderlo hacer dice así [Apocalipsis 22:6]:

“Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto”.

Es por medio de Su Ángel Mensajero, por medio del profeta final, que Jesucristo estará manifestado hablándole a Su pueblo y dándole a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto.

Es por medio de Su Ángel Mensajero que esa Voz de Trompeta o Gran Voz de Trompeta, que también es señalada como la Trompeta Final que habla antes de la resurrección de los muertos en Cristo, esa Voz, vean ustedes, es la Voz de Cristo hablando por medio de Su Ángel Mensajero y dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto.

Jesús en Apocalipsis, capítulo 22, verso 16, también dice: “Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias”.

¿A quién dice Jesucristo que ha enviado para dar testimonio de estas cosas en las iglesias? Dice que ha enviado a Su Ángel Mensajero, a Su profeta mensajero, para el Día del Señor o Día Postrero, que es el séptimo milenio.

Esa Gran Voz de Trompeta o Trompeta Final también está prometida en Primera de Tesalonicenses, capítulo 4, versos 14 en adelante, donde San Pablo dice:

“Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él.

Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron.

Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero”.

Aquí tenemos esa Trompeta de Dios, que es la Voz de Dios hablándole a Su pueblo en el Día Postrero, en el Día del Señor, que es el séptimo milenio.

“Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor”.

Ahora, vean ustedes que esto es para el Día Postrero, porque para el Día Postrero fue que Cristo dijo: “Y yo le resucitaré en el Día Postrero”.

En Primera de Corintios, capítulo 15, versos 49 al 54, dice el apóstol San Pablo hablando de la resurrección de los muertos en Cristo y de la transformación de nosotros los que vivimos… porque vamos a ser transformados los que vivimos y creemos en Cristo como nuestro Salvador y hemos lavado nuestros pecados en la Sangre de Cristo y hemos recibido Su Espíritu Santo; y vamos a obtener la inmortalidad en el cuerpo también. Estos cuerpos van a ser transformados y vamos a tener un cuerpo inmortal. Y los muertos en Cristo van a resucitar en cuerpos inmortales también. Y todos vamos a ser a imagen y semejanza del Señor Jesucristo.

Dice San Pablo, Primera de Corintios, capítulo 15, versos 49 en adelante:

“Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial.

Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción.

He aquí, os digo un misterio (es un misterio del Reino de Dios, vean): No todos dormiremos (o sea, no todos moriremos); pero todos seremos transformados,

en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados.

Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad”.

Ahí podemos ver que seremos vestidos de inmortalidad, seremos vestidos de un cuerpo inmortal. ¿Cuándo? En el Día Postrero, cuando los muertos en Cristo resuciten en cuerpos eternos luego nosotros seremos transformados. Y esto está prometido para el Día Postrero. “Y yo le resucitaré en el Día Postrero”, dijo Jesucristo en San Juan, capítulo 6, versos 39 al 40. Sigue diciendo:

“Y cuando esto corruptible (cuando este cuerpo corruptible) se haya vestido de incorrupción (o sea, ya sea inmortal, eterno, incorruptible), y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria”.

Ya la muerte desaparece para esas personas que obtendrán la inmortalidad, para esas personas que obtendrán ese cuerpo eterno y glorificado que Cristo ha prometido para todos los creyentes en Él, que han lavado sus pecados en la Sangre de Cristo y han recibido Su Espíritu Santo, y por consiguiente han nacido de nuevo; ya tienen un cuerpo teofánico de la sexta dimensión y solamente les falta el cuerpo físico y eterno que Él nos dará en el Día Postrero.

Y hemos visto cuál es el Día Postrero y hemos visto cuál es la Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta: es la Voz de Cristo hablándonos en este tiempo final por medio de Su Ángel Mensajero y dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto. Así como habló por medio de los profetas del pasado, para este tiempo final Jesucristo estará hablando por medio de Su Ángel Mensajero ¿qué cosas?, todas estas cosas que deben suceder pronto, en este tiempo final.

Ahora, el misterio más grande de todos los misterios, contenido en la Escritura, en la Palabra profética, ¿saben cuál es? Es la Segunda Venida de Cristo, la Venida del Hijo del Hombre en el Día Postrero conforme a como Cristo dijo que sería.

En San Mateo, capítulo 16, Jesucristo hablando de la Venida del Hijo del Hombre para el Día Postrero dijo… Capítulo 16, verso 27 al 28 dice Cristo en San Mateo:

“Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras”.

¿Con quién viene el Hijo del Hombre? Con Sus Ángeles, ¿para qué? Para pagar a cada uno conforme a sus obras.

“De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino”.

Y en el capítulo 17, verso 1 al 7 de San Mateo, que es lo que sigue a continuación, dice:

“Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto;

y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz.

Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él.

Entonces Pedro dijo a Jesús: Señor, bueno es para nosotros que estemos aquí; si quieres, hagamos aquí tres enramadas: una para ti, otra para Moisés, y otra para Elías.

Mientras él aún hablaba, una nube de luz los cubrió; y he aquí una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd”.

Aquí nos muestra la escritura cómo en esta visión del Monte de la Transfiguración Cristo les mostró a Sus discípulos Pedro, Jacobo y Juan la Venida del Hijo del Hombre en Su Reino. Allí estaban los Ángeles del Hijo del Hombre para la Venida del Hijo del Hombre; y los Ángeles en la Venida del Hijo del Hombre son los Dos Olivos, que son Moisés y Elías. Allí estaban Moisés y Elías en sus cuerpos teofánicos de la sexta dimensión.

Y los ministerios del profeta Moisés por segunda vez será manifestado en la Tierra, y el ministerio del profeta Elías será manifestado en la Tierra por quinta vez. Porque cuando Dios promete la venida de un profeta que ya vino en el pasado es el Espíritu de Dios manifestado en otro hombre operando el ministerio que operó en aquel profeta del pasado.

Por eso cuando Dios envió al profeta Elías Tisbita lo ungió con el Espíritu Santo y operó aquel poderoso ministerio; y luego, después, vino el mismo espíritu que estaba en el profeta Elías, en el profeta Eliseo; porque el profeta Eliseo le dijo al profeta Elías: “Yo quiero que venga sobre mí una doble porción del Espíritu que está en ti”.

Por eso cuando los hijos de los profetas vieron que Eliseo abrió el Jordán con el manto de Elías como lo había hecho el profeta Elías, dijeron: “El espíritu de Elías ha reposado sobre Eliseo.

¿Cuál era el espíritu de Elías que había reposado sobre Eliseo? El Espíritu de Dios. El Espíritu Santo estaba ahora en el profeta Eliseo obrando igual a como había obrado en el profeta Elías.

Luego, el pueblo hebreo más adelante estaba esperando la Venida del Mesías, pero también el pueblo hebreo tenía la promesa de que vendría Elías primero preparándole el camino al Señor. Y cuando se cumplió esa profecía Elías estaba en la Tierra, y el pueblo hebreo ni se dio cuenta que Elías, el ministerio de Elías estaba nuevamente en la Tierra.

Porque cuando Dios promete la venida de un profeta como Elías para estar nuevamente en medio de la humanidad es el Espíritu Santo operando el ministerio del profeta Elías en otro hombre. Vamos a ver…

El Arcángel Gabriel cuando habló al sacerdote Zacarías acerca del nacimiento del hijo de Zacarías y su esposa Elisabet, en el capítulo 1 de San Lucas, dice de la siguiente manera, vamos a ver. Capítulo 1, verso 11 en adelante, dice… esto fue cuando el sacerdote Zacarías estaba ministrando en el templo, dice:

“Y se le apareció un ángel del Señor puesto en pie a la derecha del altar del incienso.

Y se turbó Zacarías al verle, y le sobrecogió temor.

Pero el ángel le dijo: Zacarías, no temas; porque tu oración ha sido oída, y tu mujer Elisabet te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Juan.

Y tendrás gozo y alegría, y muchos se regocijarán de su nacimiento;

porque será grande delante de Dios. No beberá vino ni sidra, y será lleno del Espíritu Santo, aun desde el vientre de su madre.

Y hará que muchos de los hijos de Israel se conviertan al Señor Dios de ellos.

E irá delante de él con el espíritu y el poder de Elías (¿Cómo vendría Juan el Bautista? Con el espíritu y el poder de Elías), para hacer volver los corazones de los padres a los hijos, y de los rebeldes a la prudencia de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto”.

“Para prepararle al Señor un pueblo bien dispuesto”, o sea, para precursar la Primera Venida de Cristo.

Luego, cuando Jesucristo habló de Juan el Bautista, le preguntaron en una ocasión, en San Mateo, capítulo 17, versos 10 en adelante, 10 al 13, luego de bajar del Monte de la Transfiguración. Dice así:

“Entonces sus discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Por qué, pues, dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero?”.

¿Ven que estaban esperando al profeta Elías, como precursor de la Primera Venida de Cristo?

“¿Por qué, pues, dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero?

Respondiendo Jesús, les dijo: A la verdad, Elías viene primero, y restaurará todas las cosas.

Mas os digo que Elías ya vino, y no le conocieron, sino que hicieron con él todo lo que quisieron; así también el Hijo del Hombre padecerá de ellos.

Entonces los discípulos comprendieron que les había hablado de Juan el Bautista”.

El Elías que tenía que venir en aquel tiempo, miren ustedes, era Juan el Bautista. ¿Y por qué es mencionado como Elías? Es mencionado como Elías porque el Espíritu Santo, el cual había estado en el profeta Elías, ahora estaba en Juan el Bautista operando el mismo ministerio del profeta Elías, precursando así la Primera Venida del Señor.

Juan el Bautista es un profeta muy grande en el Programa de Dios. Jesucristo, también en San Mateo, capítulo 11, verso 9 al 14, hablando de Juan el Bautista dijo:

“Pero ¿qué salisteis a ver? ¿A un profeta? Sí, os digo, y más que profeta.

Porque éste es de quien está escrito:

He aquí, yo envío mi mensajero delante de tu faz,

El cual preparará tu camino delante de ti”.

¿Para qué vendría? Para preparar el camino del Señor.

“De cierto os digo: Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista; pero el más pequeño en el reino de los cielos, mayor es que él”.

¿Y cómo un profeta tan grande como Juan el Bautista, del cual Jesucristo da testimonio, ahora el más pequeño del Reino de los Cielos es mayor que ese profeta tan grande?

Es que Juan el Bautista pertenece a los siervos de Dios, o sea, pertenece al pueblo hebreo, que son los siervos de Dios; y el más pequeño del Reino de los Cielos pertenece a los hijos e hijas de Dios.

¿Y qué es más grande: un siervo o un hijo, un siervo de Dios o un hijo de Dios?, ¿qué es más grande? Un hijo de Dios es más grande que un siervo; y el pueblo hebreo es el pueblo de los siervos de Dios, pero la Iglesia del Señor Jesucristo es el pueblo de los hijos e hijas de Dios. El pueblo hebreo es el Israel terrenal y la Iglesia del Señor Jesucristo es el Israel celestial. Ahora podemos ver por qué el más pequeño es mayor que Juan el Bautista.

El creyente en Jesucristo, que al creer en Jesucristo lava sus pecados en la Sangre de Jesucristo y recibe Su Espíritu Santo: ha nacido en el Reino de Dios, ha obtenido el nuevo nacimiento. Y esa persona que acaba de obtener el nuevo nacimiento es mayor que Juan el Bautista. ¿Por qué? Porque es un hijo o una hija de Dios. Sigue diciendo:

“Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan.

Porque todos los profetas y la ley profetizaron hasta Juan”.

Y sin embargo, después de Juan el Bautista vino un profeta mayor, que fue Jesús; y después de Jesús vinieron los apóstoles, que eran apóstoles y profetas también, como San Pedro, como San Pablo, tenemos las profecías de ellos también.

Jesucristo dijo que Él enviaría también profetas, enviaría también diferentes mensajeros. ¿Y por qué entonces dice que los profetas profetizaron hasta Juan? Los profetas del Antiguo Testamento hasta Juan llegaron. Juan fue el último profeta del Antiguo Testamento bajo la Dispensación de la Ley; pero ahora, para la Dispensación de la Gracia, Jesucristo estaría enviando profetas también; porque los profetas de Dios son los instrumentos de Dios a los cuales viene la Palabra de Dios.

Dice el apóstol San Pablo que Jesucristo es el que subió y es el que dio dones a los hombres; y Él colocó en Su cuerpo, o sea, en Su Iglesia, colocó apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros. Eso está en Efesios, capítulo 4.

Y eso lo hizo Dios así (capítulo 4, verso 11 en adelante), ¿para qué?, para la perfección de los santos, para llevar a la perfección Su Cuerpo Místico de creyentes, o sea, Su Iglesia; la cual nació el Día de Pentecostés, y ha ido creciendo a medida que van siendo llamados y juntados los escogidos de Dios de etapa en etapa, de edad en edad; hasta llegar en este Día Postrero, en este tiempo final, a la etapa más gloriosa de la Iglesia de Jesucristo, que es la edad o etapa de oro, que es la Edad de la Piedra Angular, en donde Jesucristo dice en San Mateo, capítulo 24, verso 31: “Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos”.

Sus escogidos de entre los gentiles son los que tienen sus nombres escritos en el Libro de la Vida del Cordero; los cuales de etapa en etapa han estado siendo llamados y juntados en el Cuerpo Místico de Jesucristo. Y para este tiempo final tenemos la promesa que los últimos escogidos de Dios serán llamados y juntados en el Cuerpo Místico de Cristo, en la Edad de la Piedra Angular.

Y cuando se complete ese número de los escogidos de Dios del Día Postrero, y estén colocados en el Cuerpo Místico de Cristo, ha entrado la plenitud de los gentiles; y luego los muertos en Cristo resucitarán primero y nosotros los que vivimos seremos transformados; y luego Dios tratará con el pueblo hebreo, le abrirá los ojos, y van a llorar, se van a lamentar por haber pasado por alto la Primera Venida de Cristo.

Ellos verán la Segunda Venida de Cristo y después comprenderán lo que fue la Primera Venida de Cristo.

Ahora, nosotros luego de ser transformados y raptados iremos a la Cena de las Bodas del Cordero. Así como el profeta Elías fue raptado o llevado en un carro de fuego o platillo volador, nosotros seremos raptados y llevados a la Cena de las Bodas del Cordero; por eso ustedes pueden ver que en la América Latina y el Caribe están apareciendo muchos platillos voladores; esos platillos voladores tienen que ver con los escogidos de Dios que van a ser trasladados a la Casa de nuestro Padre celestial en el Cielo, a la Cena de las Bodas del Cordero. En uno de ellos se fue el profeta Elías y también el profeta Enoc7.

Ahora, vean ustedes, en el Monte de la Transfiguración estaban vivos allí Moisés y Elías, estaban en sus cuerpos teofánicos.

Ahora, cuando Dios promete la venida de Elías, vean ustedes…, luego de Elías Tisbita fue Eliseo, ese fue el segundo Elías, fue el Espíritu de Dios en el profeta Eliseo operando el ministerio de Elías.

La tercera ocasión cuando vino Elías el velo de carne se llamaba ¿cómo? Juan el Bautista; en él estaba el Espíritu de Dios operando el ministerio de Elías por tercera ocasión. Y vamos a ver lo que Jesucristo dice acerca de Juan el Bautista, sigue diciendo:

“Y si queréis recibirlo, él es aquel Elías que había de venir”.

¿Y se llamaba cómo? Juan. ¿Vieron el misterio de Juan el Bautista siendo Elías? Es que estaba en él el Espíritu de Dios, que es el que tiene y da y opera ministerios; y estaba en Juan el Bautista operando el ministerio del profeta Elías por tercera ocasión.

Y para el Día Postrero, vean ustedes cómo obtenemos ese conocimiento, ese entendimiento, de que cuando Dios promete la venida de un profeta que ya había venido en el pasado es el Espíritu de Dios en otro hombre, operando aquel ministerio que había operado en aquel profeta del pasado.

Ahora, Juan el Bautista siendo el Elías de aquel tiempo vino preparándole el camino al Señor, preparándole el camino al Mesías en Su Primera Venida. Y por eso los discípulos le preguntan: “¿No dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero?”, y entonces Jesús les habló acerca de Juan el Bautista.

Porque estaba allí el Mesías y los escribas decían: “No puede ser Jesús el Mesías porque Elías tiene que venir primero”; pero allí estaba también Elías, que era Juan el Bautista.

Y para este tiempo final tenemos la promesa de la Segunda Venida de Cristo, tenemos la promesa de la apertura del Séptimo Sello. Y así como Dios envió un precursor para la Primera Venida de Cristo, para preparar el camino del Señor, para este tiempo final Dios ha enviado un precursor: el precursor de la Segunda Venida de Cristo, el Elías que estaría preparándole el camino al Señor en este tiempo final.

Y si ustedes lo quieren recibir, el reverendo William Marrion Branham es aquel Elías que habría de venir precursando la Segunda Venida de Cristo. ¡Y ya se fue! Vino, estuvo en Norteamérica, trajo el Mensaje que prepara al pueblo, que le da a conocer al pueblo cómo el Mesías ha de venir, cómo ha de cumplirse la Segunda Venida de Cristo; porque cuando Dios promete que va a enviar un profeta, vean ustedes, lo que envía es el Espíritu de Dios manifestado en un hombre operando aquel ministerio que había operado en aquel profeta del pasado.

Y ahora, hemos visto a Elías en su cuarta manifestación, precursando la Segunda Venida de Cristo. Es el reverendo William Marrion Branham de Norteamérica.

Y luego, para este tiempo final, Jesucristo dice: “Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias”.

Su Ángel Mensajero es el último profeta mensajero que Jesucristo enviaría a este planeta Tierra; ese es el profeta mensajero de la Dispensación del Reino con el Mensaje del Evangelio del Reino, revelando el misterio de la Segunda Venida de Cristo, revelando los misterios de todas estas cosas que deben suceder en este tiempo final, en el tiempo señalado como el Día Postrero o Día del Señor, para el cumplimiento de la Segunda Venida de Cristo.

Para este tiempo es que la Trompeta de Dios o Gran Voz de Trompeta está prometida para sonar; y cuando una trompeta suena, tiene un mensaje.

Si usted escucha a una persona sonando una trompeta y no da ningún mensaje, ese no es un buen músico, ese no sabe nada de música.

Ahora, ¿creen ustedes que Cristo sabe de la música celestial? Él sabe lo que tiene que sonar, lo que tiene que dar a conocer en este tiempo final. Y esa Trompeta Final lo que estará dándonos a conocer es el misterio más grande de todos los misterios del Cielo y de la Tierra también: el misterio de la Segunda Venida de Cristo.

Dice el precursor de la Segunda Venida de Cristo en el libro de Citas en español, página 47, dice acerca de esa Trompeta y de la resurrección:

402 - “Y nosotros que vivimos y hayamos quedado hasta la venida del Señor, no evitaremos o impediremos a los que duermen. Esos preciosos que sellaron su testimonio con su sangre (esto es durante esas persecuciones en que mataron a los cristianos; dice). ‘No impediremos o estorbaremos a los que duermen, porque sonará la trompeta’. Algo acontecerá, ese algo evangélico sonará, el anuncio de Su venida”.

Ahora vean ustedes lo que es esa Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta: es el Mensaje del Evangelio del Reino revelando el misterio de la Segunda Venida de Cristo. Ese misterio es el misterio más grande de los Cielos y de la Tierra.

Dice en la página 130 de este libro de Citas… son citas de mensajes predicados por el precursor de la Segunda Venida de Cristo, el reverendo William Branham. Dice en la página 130, párrafo 1164:

1164 – “Recuerden que los que están vivos y queden no impedirán a los que están durmiendo, porque la Trompeta de Dios, esa última Trompeta (la sexta acaba de tocar), y esa última Trompeta como el último Sello, será la venida del Señor; (sonará) tocará, y los muertos en Cristo se levantarán primero”.

Ahora podemos ver que el misterio del Séptimo Sello, el cual cuando fue abierto en el Cielo causó silencio como por media hora, el misterio de la Segunda Venida de Cristo, Cristo dijo que nadie lo conocía, ni aun los ángeles en el Cielo; y cuando es abierto este misterio del Séptimo Sello es abierto el misterio en el Cielo, de la Segunda Venida de Cristo, pero hubo silencio para que así el diablo no supiera, no conociera el misterio de la Segunda Venida de Cristo y no pudiera interrumpir el cumplimiento de la Segunda Venida de Cristo.

Hubo silencio en el Cielo por casi media hora, todos supieron en el Cielo el misterio de la Segunda Venida de Cristo, pero todos guardaron silencio; silencio en el Cielo por casi media hora del Cielo, que para los seres humanos significa unos cuantos años, 20 años y algo; porque un día es como mil años, una hora son 41 años con unos 10 meses, y media hora es unos 20 años con 8 meses; así que podemos ver que en el Cielo causó silencio por media hora, aproximadamente, la apertura de ese misterio, la apertura del Séptimo Sello, la apertura de la Segunda Venida de Cristo.

Pero a la Iglesia del Señor Jesucristo aquí en la Tierra, el misterio de la Segunda Venida de Cristo será revelado por medio de Jesucristo en Espíritu Santo a través de Su Ángel Mensajero, el cual viene en el Día Postrero con el Mensaje de la Gran Voz de Trompeta, con el Mensaje del Evangelio del Reino, que gira alrededor de la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo.

En ese Ángel Mensajero viene Jesucristo en el Día Postrero manifestado, dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto. Y la única forma en que los seres humanos podrán conocer el misterio de la Segunda Venida de Cristo es recibiendo al enviado de Jesucristo.

A Jesucristo en una ocasión le dijeron: “¿Qué haremos para hacer las obras de Dios?”, Él les dijo: “Que creáis en el que Dios ha enviado”8.

Y ahora Jesucristo dice: “Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias”.

¿De qué cosas? De todas estas cosas que deben suceder en este tiempo final, las cuales giran alrededor de la Segunda Venida de Cristo para el Día Postrero.

Estas cosas solamente pueden ser conocidas a través de la revelación que Jesucristo en Espíritu Santo estará dándonos en este tiempo final a través de ese profeta mensajero, de ese Ángel Mensajero que Jesucristo dice que envía para dar testimonio de todas estas cosas.

Y así es como el misterio del Séptimo Sello, que es la Segunda Venida de Cristo, la Venida del Hijo del Hombre, será dado a conocer, abierto a cada uno de nosotros en este tiempo final. Y podremos ver la venida de Elías por quinta ocasión, como uno de los Dos Olivos. Y al ver la venida de Elías por quinta ocasión no vamos a estar buscando literalmente al profeta Elías, el cual se fue en un carro de fuego.

Dijo el precursor de la Segunda Venida de Cristo en el mensaje de Los Sellos en español, página 399, cuando le hicieron la pregunta siguiente acerca de Elías, el Elías que le predicará al pueblo hebreo, le preguntan:

“11. El Elías que viene a predicar a los judíos, ¿es el verdadero Elías que estuvo en los días de Achab, o será solamente el espíritu de Elías en otro hombre?

(Él, en parte de la contestación que dio aquí, dice)

Yo he pensado que será un hombre de este tiempo ungido con ese espíritu; porque allá, cuando Elías ya había subido (o sea, se había ido en el platillo volador o carro de fuego, cuando Elías ya había subido) y Eliseo se encontró con los hijos de los profetas, ellos dijeron: ‘El espíritu de Elías reposó sobre Eliseo’. Es que Eliseo obró igual a Elías”.

Ahora vean cómo el profeta que viene como uno de los Dos Olivos de Apocalipsis, capítulo 11 y Zacarías, capítulo 4, para predicarle al pueblo hebreo, será un hombre de este tiempo ungido con el mismo espíritu que estaba en el profeta Elías, será un hombre ungido con el Espíritu de Dios operando el ministerio del profeta Elías, operándolo por quinta ocasión. Ese es uno de los Dos Olivos.

El otro de los Dos Olivos es el profeta Moisés. Y será un hombre de este tiempo en el cual estará el mismo espíritu que estuvo en el profeta Moisés, el Espíritu de Dios operando el ministerio del profeta Moisés; y el ministerio del profeta Moisés era un ministerio dispensacional, el cual trajo el Mensaje de la Dispensación del Reino, que fue el Mensaje del Evangelio de la Ley, o sea, el Mensaje de la Ley.

Y el pueblo hebreo va a ser pasado de la Dispensación de la Ley a la Dispensación del Reino, por consiguiente necesita que venga nuevamente el ministerio del profeta Moisés; y vendrá en otro hombre, y esa será la segunda ocasión en que el ministerio de Moisés estará manifestado en el planeta Tierra.

Ahora podemos ver este misterio de los profetas que Dios ha prometido enviar para el Día Postrero. Será el Espíritu de Dios en otro hombre operando aquellos ministerios que operó en Elías y en Moisés.

También tenemos la promesa de la manifestación del Hijo del Hombre, de Jesucristo, que será la Venida de Jesucristo en Espíritu Santo en un hombre del tiempo presente, en el cual estará manifestado y a través del cual estará dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto. Y ese profeta es el Ángel del Señor Jesucristo, el cual es un profeta enviado del Cielo, del Paraíso, de la sexta dimensión, para estar en medio del pueblo de Dios en carne humana, dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto; y en él estará Jesucristo en Espíritu Santo manifestado, revelado, manifestándose en medio de Su pueblo y hablándonos por medio de ese profeta.

“Porque no hará nada el Señor Jehová sin que antes revele Sus secretos a Sus siervos Sus profetas”.

Ahora, hemos visto el misterio del Séptimo Sello, el misterio de la Segunda Venida de Cristo con Sus Ángeles; misterio que está prometido para ser revelado a Su Iglesia por el Ángel del Señor Jesucristo.

En el Mensaje del Ángel del Señor Jesucristo es que la Iglesia del Señor Jesucristo obtendrá el conocimiento del Séptimo Sello abierto; o sea, de la Segunda Venida de Cristo, de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles, en donde Dios estará manifestado en esta Tierra dándonos a conocer todos estos misterios por medio de Su Ángel Mensajero.

“Profeta como yo os levantará el Señor vuestro Dios; a él oiréis, o a él oíd”.

Esto se cumplió parcialmente en los profetas del Antiguo Testamento, luego en Jesucristo en toda su plenitud, luego en los apóstoles parcialmente y en los siete ángeles mensajeros; y para este tiempo final será cumplido nuevamente en el Ángel del Señor Jesucristo, para así nosotros obtener esta bendición prometida para este tiempo final, en donde Dios estará colocando Su Palabra en la boca de ese profeta llamado Su Ángel Mensajero; y él estará hablándonos todas estas cosas que deben suceder pronto, estará hablándonos todas estas cosas que Dios le da para que las hable a Su pueblo en este tiempo final. Y por cuanto toda persona tiene libre albedrío, queda de parte de las personas el recibir Su Mensaje o el rechazar Su Mensaje.

Hemos visto la bendición que hay para los que reciben la Palabra de Dios: “El que oye mi Palabra y cree al que me envió, tiene vida eterna, y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida”.

Pero ¿qué dice para aquellos que no escucharán? “Mas a cualquiera que no oyere todo lo que hablare en mi nombre, yo le pediré cuenta”, o sea que no es un asunto de que la persona dice: “Yo no quiero escuchar y no voy a tener ninguna consecuencia”.

Es mejor que sea humilde y diga: “Señor, háblame en este día. Yo quiero comprender todas estas cosas que deben suceder en este tiempo final. Yo te amo y yo sé que Tú me amas; por lo tanto, háblame directamente al corazón en la forma que tú has prometido hablarle a Tu pueblo en este tiempo y darle a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, por medio de Tu Ángel Mensajero. Háblame por medio de Tu Ángel Mensajero todas estas cosas que deben suceder. Y abre mi entendimiento y mi corazón para entender y creer todo lo que Tú estés hablando por medio de Tu Ángel Mensajero”.

Y así Dios le ayudará a usted, le abrirá el entendimiento, y usted comprenderá todas estas cosas, y usted será la persona que reciba la bendición de Dios; y los que rechazaron, allá que se las arreglen con el Señor cuando Dios le pida cuenta.

En Apocalipsis, capítulo 22 y verso 12 Jesucristo dice: “He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra”.

¿Ven que Jesucristo va a recompensar a cada uno según sea su obra?

Así que queremos que todos recibamos las bendiciones de Dios y obtengamos el conocimiento de todas estas cosas que están prometidas para suceder en este tiempo final, y estemos así preparados para ser transformados y obtener la inmortalidad prometida para este tiempo final; y los muertos en Cristo obtendrán también la inmortalidad resucitando en un cuerpo eterno, y nosotros siendo transformados; y después nos iremos a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo.

Cristo dijo9: “… voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis”.

Para eso es Su Venida en este tiempo final, para eso está prometida la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles: viene a buscar a Sus escogidos, para llevarlos a la Casa de nuestro Padre celestial a la Cena de las Bodas del Cordero.

Y por eso Jesucristo envía Su Ángel Mensajero, para darnos testimonio de todas estas cosas que deben suceder en este tiempo final. “Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de todas estas cosas en las iglesias”. Apocalipsis, capítulo 22, verso 16.

Ha sido para mí un privilegio muy grande estar con ustedes en esta ocasión dándoles testimonio del Séptimo Sello, o sea, de la Segunda Venida de Cristo, de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles.

Que Dios les ayude y les abra plenamente el entendimiento para comprender todas estas cosas, y recibir así las bendiciones que Jesucristo tiene para cada uno de ustedes y para mí también.

Muchas gracias por vuestra amable atención y continúen pasando una noche maravillosa, llena de las bendiciones de nuestro amado Señor Jesucristo.

Buenas noches. Con nosotros el reverendo Carlos Oliva para continuar.

El reverendo Oliva estará dándoles las direcciones y teléfonos a los cuales podrán llamar o escribir cada uno ustedes, amables radioyentes y los aquí presentes; también hay literatura en la parte de afuera para todos los que están aquí presentes.

Dejo con ustedes al reverendo Carlos Oliva para continuar. Que Dios les bendiga y les guarde a todos.

“EL SÉPTIMO SELLO: LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO”.

[Revisión mayo 2018]

 

1 San Juan 16:7

2 Josué 10:12-14

3 Isaías 38:8

4 Éxodo 14:21-22, Josué 3:7-17

5 2 Reyes 2:8

6 2 Reyes 2:11-15

7 2 Reyes 2:11 y Génesis 5:24

8 San Juan 6:28-29

9 San Juan 14:2-3

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