ImprimirImprimir

Muy buenas noches, amados amigos y hermanos presentes aquí en Rio Bamba, Ecuador. Es para mí un privilegio muy grande estar con ustedes en esta noche para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final.

Para lo cual quiero leer en San Mateo, capítulo 16, versos 27 al 28; y Apocalipsis, capítulo 8 y verso 1. Leemos primeramente San Mateo, capítulo 16, verso 27, y aun podemos comenzar aquí en el verso 24 para tener un cuadro más claro de lo que Jesús está hablando. Capítulo 16, verso 24 al 28, dice la escritura así:

“Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.

Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará.

Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?

Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.

De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino”.

Y en Apocalipsis, capítulo 8, verso 1, dice así la escritura:

“Cuando abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el cielo como por media hora”.

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos abra el entendimiento para comprenderla y recibir los beneficios de Su Palabra prometidos para este tiempo final. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Nuestro tema para esta ocasión es: “EL SÉPTIMO SELLO: LA VENIDA DEL HIJO DEL HOMBRE CON SUS ÁNGELES”.

Hemos visto cómo nuestro amado Señor Jesucristo habló de la Venida del Hijo del Hombre, diciendo que el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con Sus Ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.

Para comprender el misterio de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles necesitamos comprender que esta es una profecía de la Segunda Venida de Cristo para ser cumplida en el Día Postrero, que es el séptimo milenio.

Y el Día Postrero, siendo el séptimo milenio, es también llamado en la escritura el Día del Señor.

El séptimo milenio es el último de los días postreros delante de Dios. Cuando se habla en la escritura de los días postreros delante de Dios, se está hablando para los seres humanos de los milenios postreros, porque delante de Dios un día es como mil años para los seres humanos.

San Pedro en su segunda carta, capítulo 3, verso 8, nos dice así, y vamos a leer ese pasaje. Capítulo 3, verso 8 de Segunda de Pedro, dice:

“Mas, oh amados, no ignoréis esto (recuerden, dice Pedro el apóstol: no ignoréis esto): que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día”.

También el profeta Moisés en el Salmo 90 y verso 4 da testimonio de esta verdad, y de ahí fue de donde San Pedro tomó esas palabras.

Y ahora, siendo que delante de Dios un día es como mil años para nosotros los seres humanos aquí en la Tierra, cuando el apóstol San Pablo nos habla de la Primera Venida de Cristo, miren ustedes cómo habla en su carta a los Hebreos, habla de los días postreros, y miren lo que San Pablo dice de los días postreros. Dice en el capítulo 1 de su carta a los Hebreos, versos 1 al 2:

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,

en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo”.

¿Cuándo, dice San Pablo que Dios habló por medio de Su Hijo, o sea, por medio de Jesucristo? Dice: “en estos postreros días…”, “en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo”; y ya han transcurrido dos mil años aproximadamente.

Y la pregunta de algunas personas es: “¿Se equivocaría San Pablo pensando que estaba en los días postreros y no estaba?”. No se equivocó San Pablo. Cuando Cristo nació, nació de 4 a 7 años antes de comenzar el quinto milenio. Cuando ya tenía de 4 a 7 años de edad comenzó el quinto milenio; y el quinto milenio es el primero de los días postreros delante de Dios, que para los seres humanos es el primero de los milenios postreros; porque son tres milenios postreros para los seres humanos: quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio; así como para los seres humanos en la semana hay tres días postreros, que son: el jueves (que es el quinto día de la semana), el viernes (que es el sexto día de la semana) y el sábado (que es el séptimo día de la semana, y por consiguiente es el día postrero de la semana).

Así que en el jueves, viernes y sábado se reflejaron esos tres días postreros delante de Dios, que para los seres humanos son los tres milenios postreros. Por eso Jesucristo en Su ministerio estaba predicando ya en los días postreros.

Vean cómo San Pedro también nos habla de los días postreros o tiempos postreros, en Primera de Pedro, capítulo 1 y verso 18 al 21; dice, hablando acerca de la forma en que hemos sido rescatados, lo cual ha sido por medio de la Sangre de Cristo derramada en la Cruz del Calvario, dice:

“… sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata,

sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación,

ya destinado desde antes de la fundación del mundo…”.

¿Desde cuándo Dios destinó la Primera Venida de Cristo y Su muerte en la Cruz del Calvario para comprar a cada persona que tiene su nombre escrito en el Libro de la Vida del Cordero desde antes de la fundación del mundo? Pues desde antes de la fundación del mundo Dios destinó la Venida de Cristo y Su muerte en la Cruz del Calvario. Dice:

“… ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros”.

¿Cuándo fue manifestado Cristo el Mesías para morir en la Cruz del Calvario? Dice: “pero manifestado (en carne humana) en los postreros tiempos por amor de vosotros”.

Ahora vean que lo que sucedió con la Primera Venida de Cristo fue que se cumplió lo que Dios desde antes de la fundación del mundo había destinado ya; lo cual Dios lo había pensado y en Su mente lo había ya determinado, lo había predestinado.

Y ahora, vemos que se cumplió en la Primera Venida de Cristo en medio del pueblo hebreo, y fue en los postreros tiempos, o sea, en los postreros días; porque habían comenzado ya los días postreros cuando Jesucristo estaba predicando y cuando murió en la Cruz del Calvario, porque ya había comenzado el quinto milenio.

Luego San Pedro también, en el capítulo 2 del libro de los Hechos, verso 14 en adelante… esto fue en el Día de Pentecostés, cuando ciento veinte personas recibieron el Espíritu de Cristo, que descendió del Cielo conforme a la promesa que Cristo había hecho para que quedaran en Jerusalén esperando la venida del Espíritu Santo, pues ellos necesitaban recibir el Espíritu Santo para luego salir a predicar el Evangelio de la Gracia.

Por consiguiente ellos quedaron en Jerusalén esperando la venida del Espíritu Santo, para así Cristo producir en ellos el nuevo nacimiento. Porque aunque los discípulos de Jesucristo creían en Jesucristo, ellos todavía no habían nacido de nuevo.

Y es un requisito, para entrar al Reino de Dios, nacer de nuevo, conforme a las palabras de Cristo a Nicodemo cuando le dijo a Nicodemo en el capítulo 3 de San Juan:

“De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.

Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?

Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.

Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.

No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo”.

Es un requisito para poder entrar al Reino de Dios. Se requiere que la persona crea en Cristo como su Salvador, lave sus pecados en la Sangre de Cristo y reciba así el Espíritu de Cristo; ese es el orden divino para los hijos e hijas de Dios obtener redención, y así nacer de nuevo y nacer en el Cuerpo Místico de Cristo, que es Su Iglesia.

Ahora, los discípulos de Jesucristo aunque seguían a Jesucristo no habían nacido de nuevo, no habían cumplido ese requisito; y Cristo les dijo que era necesario nacer de nuevo. Por eso era necesario que Jesús se fuera, para que pudiera venir el Espíritu Santo a ellos y morar en ellos.

Y ahora, vean ustedes, el Consolador estaba con ellos y vendría a ellos, porque cuando se fuera el velo de carne entonces el Consolador, que estaba en aquel velo de carne, vendría a ellos en el bautismo del Espíritu Santo y moraría en ellos. Y eso incluye a todos los creyentes en nuestro amado Señor Jesucristo.

Ahora, el Día de Pentecostés fue que vino sobre ciento veinte personas; y allí nació la Iglesia del Señor Jesucristo con el nuevo nacimiento de ciento veinte personas creyentes en nuestro amado Señor Jesucristo, para luego poder predicar el Evangelio a toda criatura, comenzando en Jerusalén.

Dice Pedro el apóstol, el Día de Pentecostés, en el capítulo 2, verso 14 en adelante, del libro de los Hechos, cuando todos pensaban que esas personas estaban borrachas, ahora vean ustedes lo que Pedro contesta:

“Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo: Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras.

Porque éstos no están ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera del día (o sea, de 8 a 9 de la mañana).

Mas esto es lo dicho por el profeta Joel:

Y en los postreros días, dice Dios,

Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne,

Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán;

Vuestros jóvenes verán visiones,

Y vuestros ancianos soñarán sueños;

Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días

Derramaré de mi Espíritu, y profetizarán”.

¿Para cuándo, dice San Pedro que Dios prometió por medio del profeta Joel derramar de Su Espíritu sobre toda carne? San Pedro dice que Dios lo prometió para los postreros días. Y San Pedro les está mostrando a ellos que lo que está sucediendo en ellos, en esas ciento veinte personas que fueron llenos del Espíritu Santo, es lo que Dios había prometido: que derramaría de Su Espíritu sobre toda carne. Y comenzó Dios a derramar de Su Espíritu sobre toda carne el Día de Pentecostés.

El mismo Espíritu que estaba en Jesucristo ahora vino manifestado en ciento veinte personas que creyeron en Jesucristo como su Salvador y lavaron sus pecados en la Sangre de Jesucristo; y de ahí en adelante ha estado llamando a todos los que tienen sus nombres escritos en el Libro de la Vida del Cordero y han estado recibiendo a Cristo como su Salvador, lavando sus pecados en la Sangre de Cristo y recibiendo el Espíritu de Cristo; y así naciendo de nuevo, naciendo en el Cuerpo Místico de Cristo, en la Iglesia del Señor Jesucristo, que es el Reino de Dios; y así obteniendo un cuerpo teofánico de la sexta dimensión, un espíritu teofánico de la sexta dimensión, que es llamado también en la Biblia “el Ángel de Jehová que acampa en derredor de los que le temen, y los defiende”1.

En una ocasión el apóstol Pedro fue tomado preso, y la Iglesia hacía oración por él, para que Dios lo libertara2. Y el Ángel de Dios fue y libertó a Pedro de la cárcel y lo sacó fuera, y Pedro se fue de regreso a donde estaban los creyentes en Jesús reunidos orando por él.

Y cuando llegó a la casa tocó a la puerta, y una joven que estaba entre los que estaban allí reunidos orando por Pedro salió, o sea, fue para ver quién era el que llamaba; y cuando oyó la voz de Pedro… y si en aquel tiempo en las puertas tenían una ventanita pequeñita para mirar a quién le iban a abrir la puerta, mirar primero para ver quién era, si ella la abrió también confirmó que era Pedro, pero por la voz también se sabía que era Pedro si Pedro le habló a ella.

Y ella de gozo no abrió la puerta sino que regresó a los que estaban orando por Pedro y les dijo: “Es Pedro”; ellos decían: “No es Pedro, es su ángel”. Ellos pensaban que ya habían matado a Pedro y ahora su ángel les estaba apareciendo o Pedro les estaba apareciendo en su cuerpo teofánico, ese cuerpo teofánico que es el ángel que cada hijo e hija de Dios recibe cuando cree en Cristo como su Salvador y lava sus pecados en la Sangre de Cristo.

Cuando lava sus pecados en la Sangre de Cristo y recibe el Espíritu de Cristo, recibe un cuerpo teofánico de la sexta dimensión, llamado el Ángel de Jehová que acampa en derredor de los que le temen y los defiende. Cada hijo de Dios tiene ese ángel cuando ha creído en Cristo como su Salvador y ha lavado sus pecados en la Sangre de Cristo y ha recibido el Espíritu Santo.

En ese cuerpo es que están los que han creído en Cristo y luego sus cuerpos murieron, ya sea a causa de la edad, por la edad avanzada, o por los martirios por los cuales pasaron los cristianos en tiempos pasados, donde los mataron por cantidades, o por algún problema o enfermedad o accidente; pero están en ese cuerpo teofánico de la sexta dimensión viviendo en el Paraíso, donde ni tienen que trabajar ni tienen que comer ni tienen que dormir. Allí todo es felicidad, todo es amor, todo es paz, allí no hay guerras, no hay problemas y no se cansan de estar allí.

Pero la promesa es que van a resucitar. ¿Para cuándo van a resucitar? Conforme a la profecía bíblica, Jesucristo dijo para cuándo Él va a resucitar a todos los que han creído en Él. Primeramente leemos en el capítulo 5 de San Juan, verso 28, donde dice:

“No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz;

y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida”.

Y ahora, en el capítulo 6, verso 39 al 40, dice Jesucristo:

“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero”.

¿Para cuándo, Cristo dice que tiene la comisión de resucitar a todos los que el Padre le ha dado? Dice que será para el Día Postrero. Sigue diciendo:

“Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero”.

Y si continuamos leyendo ese capítulo 6 de San Juan, encontraremos en dos lugares más donde Él dice: “Y yo le resucitaré en el Día Postrero”.

Y ahora, vean el por qué los cristianos durante todos estos dos mil años que han transcurrido han estado esperando la Segunda Venida de Cristo, la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles: para los muertos en Cristo resucitar primero y los que están vivos ser transformados, para así obtener el cuerpo eterno que Cristo ha prometido para todos los creyentes en Él, y ser hechos a imagen y semejanza de nuestro amado Señor Jesucristo con vida eterna; para así obtener la inmortalidad, la cual todo ser humano ha deseado.

Pero miren, conforme a la promesa divina, los creyentes en nuestro amado Señor Jesucristo serán los que recibirán la inmortalidad. ¿Cuándo? En el Día Postrero; la inmortalidad física, porque ya la inmortalidad del hombre interior, del espíritu, la hemos obtenido cuando hemos creído en Cristo como nuestro Salvador y hemos lavado nuestros pecados en la Sangre de Cristo y hemos recibido Su Espíritu Santo.

Por eso Cristo dijo: “Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna”.

Y en el capítulo 5 de San Juan, verso 24, dice:

“De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida”.

Vean lo sencillo que es obtener la inmortalidad: es por medio de nuestro amado Señor Jesucristo.

Muchos hombres buscaron la inmortalidad, pero la buscaron en la forma incorrecta. Cristo dijo: “Yo soy el Camino, yo soy la Verdad y la Vida; y nadie viene al Padre sino por mí”.

Él también dijo en San Juan, capítulo 11 y versos 23 en adelante, dice:

“Jesús le dijo (a Marta, por supuesto): Tu hermano resucitará”.

Esto fue cuando Lázaro el hermano de Marta y María murió, y ya tenía cuatro días que había muerto, por lo tanto, su cuerpo ya había entrado en corrupción.

“Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero”.

¿Ven? Jesucristo en el capítulo 5 y 6 había hablado de la resurrección y había dicho: “Y yo le resucitaré en el Día Postrero”. Por lo tanto, Marta esperaba la resurrección de Lázaro para el Día Postrero.

Pero Jesucristo iba a mostrar en tipo y figura, iba a colocar allí el tipo y figura de la resurrección de los muertos en Cristo que sería realizada en el Día Postrero, o sea, en el séptimo milenio. Por lo tanto, iba a resucitar a Lázaro como tipo y figura de la resurrección de todos los muertos en Cristo, que Él levantará en el Día Postrero, o sea, en el séptimo milenio.

Y aunque lo que Marta dijo era cierto, pues Lázaro resucitará en el Día Postrero, pues él luego de haber resucitado allá luego murió y ahora va a resucitar en el Día Postrero, como Marta dijo y como Jesús había enseñado anteriormente. Pero Cristo quería poner allí, colocar allí la base de lo que será y cómo será la resurrección para el Día Postrero.

Por eso la venida de Cristo allí, a la familia de Lázaro, fue para la resurrección de Lázaro que había muerto; y la Segunda Venida de Cristo, la Venida de Cristo a Su Iglesia, es para la resurrección de los muertos en Cristo y para la transformación de nosotros los que vivimos. Ahora, ¿qué dice Jesús?

“Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.

Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?”.

Ella lo creyó y nosotros también.

Ahora, ¿quiénes serán los que no morirán eternamente aunque su cuerpo físico muera? Los que creen en el Señor Jesucristo. Los que no creen en el Señor Jesucristo pues morirán eternamente, no podrán vivir eternamente, porque despreciaron el Autor de la vida eterna, que es nuestro amado Señor Jesucristo.

Y ahora, vean ustedes cómo Marta luego le dice:

“Le dijo: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo”.

Ahora, vean ustedes cómo Marta era una verdadera creyente en Jesucristo, aunque en algunas ocasiones en que Jesús llegaba estaba muy ocupada preparando la comida y preparando la casa, llevando a cabo todos los quehaceres de la casa para que Jesucristo estuviera así bien atendido, y así fuera alimentado Jesucristo y Sus discípulos en las visitas que Jesucristo hacía a la familia de Lázaro. Y Marta era muy trabajadora, se ocupaba de todas esas cosas y siempre estaba muy ocupada y preocupada también, para y por todas las cosas, para que así todo quedara bien.

María, cuando llegaba Jesús trataba siempre de estar a los pies de Jesús para escuchar a Jesús enseñándole, a ella y a los que allí estaban, la Palabra.

Ahora, ambas estaban haciendo las cosas bien, pero vean ustedes, en los quehaceres uno algunas veces se confunde un poco, está muy afanado. Y Marta estaba muy afanada en una ocasión, y quería que María dejara de estar escuchando a Jesús y se fuera a trabajar con ella; pero Jesús le dijo: “Una cosa es necesaria: Marta, tú estás muy afanada con todas las cosas, los quehaceres de la casa, pero María ha escogido la mejor parte, la cual no le será quitada”3.

La mejor parte siempre es estar escuchando la Voz de Jesucristo enseñándonos todas las cosas que nosotros necesitamos conocer.

Ahora, podemos ver que cada persona tiene que tomar tiempo para colocarse a los pies de Jesucristo y escuchar Su Palabra, para obtener el conocimiento de Su Programa para el tiempo en que está viviendo.

Porque de nada le sirve luchar, trabajar y hacerse multimillonario en la Tierra sin escuchar la Voz de Dios. No es que sea malo tener dinero, no es que sea malo ser rico, pero está mal desatender las cosas de Dios por atender las cosas del mundo.

Cristo dijo en San Mateo, capítulo 16, verso 26:

“Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?”.

¿Ven? No le vale de nada al hombre luchar, trabajar y hacerse multimillonario, y perder su alma; pues si pierde su alma, lo perdió todo; y de nada le sirve todo lo que ganó. Porque con ese dinero, con todo lo que ganó, no puede comprar la salvación de su alma.

¿Qué recompensa dará el hombre por su alma? No hay ninguna. Solamente Cristo pagó el precio de la redención, y ahora nosotros al creer en Cristo como nuestro Salvador y lavar nuestros pecados en la Sangre de Cristo, y recibir Su Espíritu Santo, recibimos la salvación, y dedicamos nuestras vidas a Cristo para servirle todos los días de nuestra vida.

Eso es lo más importante para todo ser humano. Las demás cosas son las añadiduras de la vida de los seres humanos. Pero Cristo dijo4: “Buscad primeramente el Reino de Dios y su justicia, y las demás cosas serán añadidas”, o sea, porque son cosas temporales que nosotros obtenemos aquí en la Tierra, pero el Reino de Dios es para toda la eternidad.

La salvación es para toda la eternidad. Así que lo primero es lo eterno: nuestra salvación, y luego luchamos en la Tierra, trabajamos, porque Dios no quiere vagos sino que quiere siempre gente trabajadora; pero primero que hayan buscado y encontrado el Reino de Dios.

Ahora, Cristo nos enseña que el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de Su Padre con Sus Ángeles. En San Mateo, capítulo 24, verso 30 y 31, nos dice Jesucristo de la siguiente manera:

“Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria.

Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro”.

Hemos visto aquí la promesa de la Venida del Hijo del Hombre en el cielo, en las nubes; hemos visto aquí la promesa de la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y hemos visto aquí también la comisión que Cristo da a Sus Ángeles para, con la Gran Voz de Trompeta, que es el Mensaje del Evangelio del Reino, la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino, juntar a todos los escogidos de Dios; y esto es para el Día Postrero, que es el séptimo milenio.

¿Quiénes son los Ángeles del Hijo del Hombre? Porque Él dice que viene con Sus Ángeles, y dice que enviará Sus Ángeles con Gran Voz de Trompeta para juntar a todos los escogidos de Dios.

Conforme a la escritura, Sus Ángeles son los ministerios de los dos olivos y los dos candeleros de oro de Apocalipsis, capítulo 11, verso 3 en adelante, y Zacarías, capítulo 4. Esos son los ministerios de los Dos Ungidos, que para el Día Postrero son enviados para llamar y juntar a Sus escogidos con Gran Voz de Trompeta.

En la parábola del trigo y de la cizaña también Jesucristo habló de estos Ángeles cuando dijo, en el capítulo 13 y versos 30 en adelante:

“Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro (o sea, el trigo y la cizaña) hasta la siega (o sea, hasta el tiempo de la cosecha); y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero”.

Recuerden que el trigo representa a los hijos del Reino, los hijos de Dios, y la cizaña representa los hijos del malo. La cizaña será quemada en el horno de fuego y el trigo será recogido y colocado en el granero de Dios.

En la explicación de la parábola del trigo y de la cizaña, encontramos que Cristo explicando esta parábola (cuando le piden que Él les explique), dice en San Mateo, capítulo 13, verso 36 al 43:

“Entonces, despedida la gente, entró Jesús en la casa; y acercándose a él sus discípulos, le dijeron: Explícanos la parábola de la cizaña del campo.

Respondiendo él, les dijo: El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre.

El campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del malo (o sea, que son seres humanos)”.

Tanto el trigo como la cizaña son seres humanos. Unos, el trigo, son los hijos de Dios, y la cizaña pues son los hijos del malo, los hijos del diablo, que es el malo. Sigue diciendo… Ahora, ¿quién sembró el trigo? El Hijo del Hombre. ¿Quién sembró la cizaña? Cristo dice: “El enemigo que la sembró”, o sea, el diablo:

“El enemigo que la sembró es el diablo…”.

Y uno no puede quitar esto de la escritura y decir que solamente hay hijos de Dios en este planeta Tierra. Jesús enseñó que hay trigo y cizaña, hijos de Dios e hijos del diablo; y esto no es para ofender o para que se ofendan las personas.

Ahora, todos los seres humanos quieren ser hijos de Dios. ¿Qué dice Cristo acerca de los que son de Dios? “El que es de Dios, la Voz de Dios oye”5.

Y aquellos que no querían escuchar la Voz de Dios a través de Cristo, ¿qué dijo Jesús acerca de ellos? Les dijo: “Vosotros de vuestro padre el diablo sois; por eso vosotros no podéis oír mi Voz, por eso ustedes no me escuchan. Pero el que es de Dios, la Voz de Dios oye”. Esa fue una palabra dura, decirle ahí en la cara a aquellas personas que no querían creer en él, decirles que eran hijos del diablo.

Y esas personas eran religiosos, eran personas creyentes en Moisés y en la Ley que Moisés les dio, eran creyentes de la religión hebrea; y Jesús decirles a ellos que eran hijos del diablo, eso era una cosa dura; eran fariseos y saduceos, y personas así bien religiosas.

Porque el ser una persona bien religiosa no significa que es un hijo de Dios. Miren, Abel y Caín eran religiosos. Abel ofreció a Dios un sacrificio de un cordero, y Caín vino y le ofreció a Dios de los frutos del campo. Dios aceptó el sacrificio que ofreció Abel y rechazó el sacrificio que ofreció Caín.

La escritura luego, en el Nuevo Testamento, dice6: “No como Caín, que era del maligno y mató a su hermano Abel”.

Ahora vean que los dos eran religiosos, pero uno servía a Dios conforme a Su Programa, y el otro servía a Dios o quería servir a Dios conforme a sus propias ideas. Y vean ustedes, se llenó de celo después y mató a su hermano, celo religioso.

El celo religioso es el celo más terrible que puede existir, lleva hasta cometer un asesinato aun contra su propio hermano Abel. Ese fue el primer asesinato cometido en la historia de la raza humana.

Cuando solamente estaban pocas personas comenzando la raza humana, vean ustedes, un hijo del diablo mató a un hijo de Dios. “No como Caín, que era del maligno y mató a su hermano Abel”.

Ahora podemos ver que el celo religioso de los hijos del diablo los lleva aun a matar a los creyentes verdaderos de Dios.

Ahora, el verdadero creyente cree en Dios y sirve a Dios aunque lo maten, porque él ama a Dios, y sabe que si lo matan por servir a Dios va directo al Paraíso y va a vivir allá tranquilo; y ya el que lo mate no lo va a ver más porque no podrá ir allá al Paraíso para matarlo de nuevo. Y luego cuando muera esa persona que mató a un hijo de Dios, pues no va a ir para el Paraíso sino que va para el infierno, que es la quinta dimensión, va para otro lugar, va para donde fue el hombre rico que no se preocupó por su salvación.

Ahora podemos ver toda esta realidad bíblica, porque no podemos tapar (como dice la gente) el cielo con la mano; tenemos que reconocer las verdades bíblicas y saber que hay un Dios y que también hay un diablo, y que Dios tiene hijos y que también el diablo tiene hijos.

Ahora, podemos ver el por qué la humanidad ha estado viviendo en esas tensiones y guerras y matanzas, porque hay hijos de Dios pero también hay hijos del diablo.

Ahora, podemos ver que para el tiempo final habrá una separación del trigo y la cizaña. Sigue diciendo Cristo en esta parábola del trigo y de la cizaña, de la siguiente manera… Luego de decir: “El enemigo que la sembró es el diablo”, sigue diciendo:

“… la siega es el fin del siglo; y los segadores son los ángeles”.

¿Cuál será la señal de que la humanidad estará viviendo en el fin del siglo? La señal será la Venida de los Ángeles para llevar a cabo la siega, o sea, la cosecha.

¿Y son enviados por quién? Por el Hijo del Hombre, porque el Hijo del Hombre vendrá con Sus Ángeles y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras: a los hijos del diablo conforme a sus obras malas, y eso requiere el juicio divino; y a los hijos de Dios, conforme a esas obras buenas que han realizado les pagará con grandes bendiciones y galardones: los que han partido serán resucitados en cuerpos eternos y nosotros los que vivimos seremos transformados; y entonces entraremos físicamente a la inmortalidad, porque tendremos un cuerpo eterno que será jovencito, que representará de 18 a 21 años de edad; sin arrugas, sin canas, sin cabello blanco; solamente tendrá el color que Dios predestinó para tener, y eso será para toda la eternidad.

O sea, en la forma en que usted vea su cuerpo nuevo cuando lo reciba, así va a permanecer por toda la eternidad. Se mirará en el espejo el primer día que lo reciba, si hay un espejo cerca, porque de seguro se va a mirar para ver qué fue lo que sucedió, porque va a notar que un cambio sucedió en su cuerpo.

Y luego se podrá mirar en el espejo cien años después, y decir: “En este cuerpo no me está pasando lo que me pasaba en el cuerpo anterior, que ya cuando tenía 50 o 75 años había cambiado mucho el físico y todo el cuerpo; de un jovencito, después ya a los 50 o 60 años se veía más mayor, y ya cuando tenía 80 o 90 ya casi no podía con ese cuerpo, ya lleno de arrugas, el cabello ya blanco y ya sin fuerza casi; pero ahora en este nuevo cuerpo no me siento viejo, está jovencito todavía”.

Después se podrá mirar mil años después y todavía se verá jovencito. Se podrá mirar un millón de años después y todavía está jovencito; porque es un cuerpo eterno que Dios ha prometido para los creyentes en Cristo que han lavado sus pecados en la Sangre del Señor Jesucristo.

Y es para el Día Postrero en donde Cristo nos dará ese nuevo cuerpo. Él dijo: “Y yo le resucitaré (¿cuándo?) en el Día Postrero”.

El Día Postrero siendo el séptimo milenio es el día en donde grandes bendiciones de Dios serán materializadas en todos los hijos e hijas de Dios, y en donde obtendremos la inmortalidad del cuerpo, todos nosotros que vivimos en este tiempo final.

Si le añadimos al calendario los años de atraso que tiene ya estamos en el séptimo milenio; y si no le añadimos al calendario los años de atraso que tiene, pues no hay ningún problema, solamente faltan dos o tres años para terminar el sexto milenio, terminar el siglo XX y comenzar el siglo XXI, y por consiguiente comenzar el séptimo milenio.

O sea, que añadiéndole o no añadiéndole al calendario los años de atraso que tiene, si no se los añadimos todo está muy cerca; y si le añadimos al calendario los años de atraso que tiene pues ya estamos en el séptimo milenio, y en algún año del séptimo milenio Jesucristo resucitará a los muertos creyentes en Él y transformará nuestros cuerpos mortales de nosotros los que vivimos.

Ahora, la Venida del Hijo del Hombre, siendo el Séptimo Sello que fue abierto en el Cielo, en el Cielo no sabían, no conocían el misterio de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles, porque ese misterio estaba en la mente de Dios, no había sido abierto, revelado.

Solamente Dios había colocado palabras proféticas en la boca de Sus profetas, en la boca de Jesús y en la boca de los apóstoles y ángeles mensajeros de las edades, con relación a la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles, que es la Segunda Venida de Cristo; pero nunca en el pasado, nadie pudo abrir al pueblo de Dios, a la Iglesia de Jesucristo el misterio del Séptimo Sello, el misterio de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles; pero sería abierto este misterio en este tiempo final, a todos los escogidos de Dios; y eso es la apertura del Séptimo Sello, el cual fue abierto en el Cielo en Apocalipsis, capítulo 8, y causó silencio en el Cielo como por media hora del Cielo.

El contenido de ese Séptimo Sello, siendo la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores es el misterio bíblico más grande de toda la Biblia, el cual traerá grandes bendiciones para todos los hijos e hijas de Dios que estarán viviendo en este tiempo final, y para todos los hijos e hijas de Dios que han vivido en etapas pasadas; pues con la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles viene el llamado de la Gran Voz de Trompeta, pues enviará Sus Ángeles con Gran Voz de Trompeta y juntarán a Sus escogidos desde un extremo del Cielo hasta el otro.

Siendo Sus Ángeles los ministerios de Moisés y Elías, los ministerios de los Dos Olivos de Apocalipsis, capítulo 11, los cuales están prometidos para ser manifestados en la Tierra en el Día Postrero, en medio de la Iglesia de Jesucristo; con esos ministerios manifestados por el Espíritu de Dios, por el Espíritu Santo, que es Jesucristo en Espíritu Santo manifestado, estará operando esos ministerios a través de carne humana en el Día Postrero.

Y por medio de esos ministerios sonando la Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino, y revelando el misterio del Séptimo Sello, el misterio de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles, serán llamados con esa revelación, con ese Mensaje, todos los escogidos de Dios que estarán viviendo en el tiempo final, en el Día Postrero, o sea, en el séptimo milenio, para ser preparados, para recibir la fe para ser transformados y raptados en este tiempo final.

Sin la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles para llamar y juntar Sus escogidos, no puede Cristo resucitar a los muertos en Cristo ni transformar a los que estamos vivos en este tiempo final. Se requiere el cumplimiento de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles.

Donde esté el Hijo del Hombre manifestado, donde esté Jesucristo en Espíritu Santo manifestado, ahí también estarán los Ángeles del Hijo del Hombre, que son los ministerios de Moisés y Elías.

Y dijo el precursor de la Segunda Venida de Cristo que Hijo del Hombre es un profeta; la manifestación del Hijo del Hombre es la manifestación de Jesucristo en Espíritu Santo en carne humana, en un profeta, en un hombre.

Ahora, en Apocalipsis, capítulo 19, nos habla de la Venida del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, versos 11 al 21, que es la Venida del Hijo del Hombre o la Venida de Cristo en el Día Postrero. Y cuando el precursor de la Segunda Venida de Cristo, el reverendo William Branham, habló acerca de ese pasaje apocalíptico del capítulo 19, verso 11 al 21, él dijo así en el mensaje de Los Siete Sellos, página 277 en español, orando dijo:

[240]… pedimos que el Espíritu Santo venga ahora mismo, el Jinete del verdadero caballo blanco (¿quién es el Jinete del verdadero caballo blanco de Apocalipsis 19? El Espíritu Santo), mientras Su Espíritu, el Espíritu de Cristo, entre en confrontación con el anticristo, y Él llame los Suyos”.

Y ahora, en la página 256 en español, del libro de Los Sellos, dice el reverendo William Branham, el precursor de la Segunda Venida de Cristo, dice:

121. Pero cuando nuestro Señor aparezca sobre la Tierra, Él vendrá sobre un caballo blanco como la nieve, y será completamente Emmanuel —la Palabra de Dios encarnada en un hombre”.

¿Qué será la Venida del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19? Será la Venida de la Palabra, del Verbo, la Palabra encarnada en un hombre; será Jesucristo en Espíritu Santo manifestado en un hombre del tiempo final, del Día Postrero, a través del cual estará Jesucristo manifestándose y hablándole a Su Iglesia todas estas cosas que deben suceder pronto; y estará manifestando por medio de ese velo de carne los ministerios de Sus Ángeles, que son los ministerios de los Dos Olivos, los ministerios de Moisés y Elías.

Donde esté Jesucristo en Espíritu Santo manifestado en carne humana en el Día Postrero estarán también los ministerios de Moisés y Elías. Y eso es la manifestación del Hijo del Hombre con Sus Ángeles para el Día Postrero, para llamar y juntar a todos los escogidos de Dios, y prepararlos para ser transformados y raptados en este tiempo final.

¿Y cómo podremos ver, recibir y escuchar al Hijo del Hombre manifestado en el Día Postrero, a Jesucristo en Espíritu Santo manifestado en el Día Postrero, y a Sus Ángeles manifestados en el Día Postrero? Consiguiendo el velo de carne donde esté el Hijo del Hombre, Jesucristo en Espíritu Santo manifestado, porque ahí también estarán Sus Ángeles, los ministerios de Moisés y Elías siendo manifestados; y estarán llamando y juntando a todos los escogidos de Dios de este tiempo final.

Y la aparición del velo de carne en donde en el Día Postrero esté Jesucristo en Espíritu Santo manifestado operando Su ministerio y el ministerio de Sus Ángeles, el ministerio de Moisés y Elías, el velo de carne donde esté el cumplimiento de esa promesa, será por obligación el Ángel del Señor Jesucristo; porque Jesús dijo en Apocalipsis, capítulo 4 y verso 1, con esa Voz de Trompeta dijo: “Sube acá, y yo te mostraré las cosas que han de suceder después de éstas”. O sea, después de las que ya han sucedido durante estos dos mil años que han transcurrido.

Esa Voz de Trompeta es la Voz de Cristo, pues en Apocalipsis, capítulo 1, verso 10 al 11, dice el apóstol San Juan que él fue transportado al Día del Señor, dice:

“Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta,

que decía: Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último”.

¿Quién es el Alfa y la Omega?, ¿quién es el primero y el último? Nuestro amado Señor Jesucristo, nuestro Salvador.

Es la Voz de Cristo en el Día del Señor, que es el Día Postrero, que es el séptimo milenio; esa es la forma en que Jesucristo estará hablando a Su Iglesia en el Día Postrero, por medio de Su manifestación en carne humana a través del instrumento que Él tenga para ese propósito en el Día Postrero; el instrumento, el velo de carne que Él tenga para esa manifestación.

Y vamos a ver por medio de quién es que serán dadas a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, prometidas por Jesucristo para ser dadas a conocer a los que suban donde Él estará manifestado en el Día Postrero.

¿Dónde estará manifestado en el Día Postrero? Estará manifestado en la Edad de la Piedra Angular, que es la Edad de Oro de la Iglesia de Jesucristo y Dispensación del Reino.

En Apocalipsis, capítulo 22, verso 6, nos dice por medio de quién hemos de obtener el conocimiento de todas estas cosas que deben suceder pronto. Dice así:

“Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto”.

¿A quién ha enviado? A Su Ángel Mensajero. ¿Para qué? Para mostrar a Sus siervos las cosas que deben suceder pronto.

Es por medio de Su Ángel Mensajero que obtenemos el conocimiento de todas estas cosas que deben suceder pronto; porque ese Ángel Mensajero de Jesucristo es el velo de carne, el profeta mensajero en donde Jesucristo estará manifestado en el Día Postrero en Espíritu Santo, dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto.

Y eso será la Venida del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, que es la Venida del Espíritu Santo manifestado en carne humana en el Día Postrero; será el Verbo, la Palabra encarnada en un hombre: en el Ángel del Señor Jesucristo.

Por eso también dice Apocalipsis, capítulo 22, verso 16: “Yo Jesús he enviado mi ángel (¿a quién dice que ha enviado? A Su Ángel Mensajero, ¿para qué?) para daros testimonio de estas cosas en las iglesias”.

Viene dando testimonio de estas cosas que deben suceder pronto. ¿Quién? El Ángel de Jesucristo enviado por Jesucristo a Su Iglesia para darle a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, en el Día Postrero, y revelarle el misterio de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles, que es la Venida de Jesucristo en Espíritu Santo velado y revelado en carne humana en Su Ángel Mensajero operando el ministerio de Jesús por segunda vez, de Elías por quinta vez y de Moisés por segunda vez. Y así llamando y juntando a Sus escogidos, que son los que tienen sus nombres escritos en el Libro de la Vida del Cordero desde antes de la fundación del mundo.

Eso es recogiendo el trigo en el granero de Dios, para ser transformados y raptados en este tiempo final conforme a la promesa de Cristo, y los muertos en Cristo ser resucitados en cuerpos incorruptibles; y así todos entrar a la inmortalidad y vida eterna físicamente también.

Vean la forma tan sencilla en que obtendremos la inmortalidad conforme a la promesa de Jesucristo.

Él viene para restaurar todas las cosas a su posición original; por lo tanto, restaurará todos los hijos e hijas de Dios, todos los escogidos de Dios a la posición original, con vida eterna y con la herencia que el ser humano perdió allá en la caída en el Huerto del Edén.

Seremos restaurados a nuestra herencia, seremos restaurados a la vida eterna, seremos restaurados al poder eterno y seremos restaurados a un cuerpo eterno y glorioso y glorificado; y así seremos restaurados a la imagen y semejanza de nuestro Señor Jesucristo.

Eso es lo que Dios tiene para cada uno de ustedes y para mí también en este tiempo final, en la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles, que es la apertura del Séptimo Sello.

“EL SÉPTIMO SELLO: LA VENIDA DEL HIJO DEL HOMBRE CON SUS ÁNGELES”.

Ha sido para mí un privilegio muy grande estar con ustedes dándoles testimonio en esta noche del Séptimo Sello, o sea, la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles.

Les he mostrado lo que es la Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta, que es la Trompeta del Evangelio del Reino sonando, revelando el misterio de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles.

Esa es la Trompeta que para el tiempo final estaría sonando y con ella llamando y juntando a los escogidos de Dios en este tiempo final. Es la Trompeta del Evangelio del Reino sonando y revelando el misterio de la Segunda Venida de Cristo, de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles; y así llamando y juntando a todos los escogidos de Dios en este tiempo final, para pronto ser transformados y raptados, y ser así a imagen y semejanza de nuestro amado Señor Jesucristo, e ir a la Cena de las Bodas del cordero en el Cielo, en la Casa y a la Casa de nuestro Padre celestial.

Cristo dijo7: “En la Casa de mi Padre muchas moradas hay; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis”.

Dice “os tomaré a mí mismo” porque somos Su Cuerpo Místico de creyentes. El Cuerpo de Cristo es Su Iglesia. Ahora, nos llevará a donde Él está, a la Casa de nuestro Padre celestial, para estar allí gozando de la Cena de las Bodas del Cordero y recibir los galardones por todo lo que hemos trabajado en el Reino de Dios, en la Obra de Dios, en la Iglesia del Señor Jesucristo.

Hemos visto: “EL SÉPTIMO SELLO: LA VENIDA DEL HIJO DEL HOMBRE CON SUS ÁNGELES”.

Que las bendiciones del Séptimo Sello: el Hijo del Hombre con Sus Ángeles, sean sobre cada uno de ustedes y sobre mí también; y pronto todos los escogidos de Dios sean llamados y juntados los que faltan, y se complete el número de los escogidos, y seamos todos transformados y llevados a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Que las bendiciones de Cristo sean sobre todos ustedes. Muchas gracias por vuestra amable atención y continúen pasando una noche llena de las bendiciones de nuestro amado Señor Jesucristo.

Dejo con nosotros nuevamente al ingeniero Carlos Oliva para continuar y finalizar nuestra parte en esta ocasión.

Que Dios les continúe bendiciendo a todos.

“EL SÉPTIMO SELLO: LA VENIDA DEL HIJO DEL HOMBRE CON SUS ÁNGELES”.

[Revisión junio 2018]

1 Salmo 34:7

2 Hechos 12:6-19

3 San Lucas 10:38-42

4 San Mateo 6:33

5 San Juan 8:47

6 Primera de Juan 3:12

7 San Juan 14:2-3

Encuéntrenos

Carretera No.1 Km 54.5
Barrio Monte Llano
Cayey, Puerto Rico
00736

Twitter