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Muy buenas noches, amados amigos y hermanos presentes aquí en Lima, Perú. Es para mí una bendición grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y ver este misterio del Séptimo Sello y la puerta abierta en el Cielo.

Dice así Apocalipsis, capítulo 4, verso 1; y Apocalipsis, capítulo 8, verso 1. Leamos primero Apocalipsis, capítulo 4, verso 1:

“Después de esto miré, y he aquí una puerta abierta en el cielo; y la primera voz que oí, como de trompeta, hablando conmigo, dijo: Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de éstas”.

Luego Apocalipsis, capítulo 8, verso 1, dice:

“Cuando abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el cielo como por media hora”.

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

En el evangelio según San Juan, capítulo 10, vamos a leer dentro de un momento lo que Jesucristo allí dijo.

Ahora, nuestro tema es: “EL SÉPTIMO SELLO: UNA PUERTA ABIERTA EN EL CIELO”; porque el Séptimo Sello es la Segunda Venida de Cristo, y cuando ese Séptimo Sello fue abierto en el Cielo, en el Cielo todos supieron, conocieron el misterio de ese Séptimo Sello, el misterio de la Segunda Venida de Cristo.

Ahora, recuerden que Juan el apóstol fue transportado por Dios al Día Postrero en el capítulo 1, verso 10 al 11, en donde Juan el apóstol expresa su experiencia y dice:

“Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta,

que decía: Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último”.

¿Quién es el Alfa y Omega? Nuestro amado Señor Jesucristo. Y esta Voz de Trompeta decía: “Yo soy el Alfa y Omega”. O sea, Jesucristo el Alfa y Omega es el que tiene esa Gran Voz de Trompeta, o sea, le habla a Su Iglesia en el Día del Señor, que es el séptimo milenio o Día Postrero, le habla con esa Gran Voz de Trompeta. Y esa Gran Voz de Trompeta es el Mensaje del Evangelio del Reino, es la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino hablándole a Su Iglesia, esa es la Voz de Cristo hablándole a Su Iglesia y dándole a conocer por medio de Su Ángel Mensajero todas estas cosas que deben suceder pronto, en el Día Postrero, en el tiempo final.

Recuerden que fue por medio del Ángel del Señor Jesucristo que Juan recibió la revelación apocalíptica, como nos dice Apocalipsis, capítulo 1, verso 1 al 3, dice:

“La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan,

que ha dado testimonio de la palabra de Dios, y del testimonio de Jesucristo, y de todas las cosas que ha visto.

Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca”.

Ahora vean cómo Juan el apóstol recibió esta revelación del Apocalipsis; la recibió por medio del Ángel de Jesucristo, el cual fue enviado por Jesucristo a Juan para darle esta revelación de Jesucristo.

Por eso Juan el apóstol, dice en Apocalipsis, capítulo 19 y versos 9 al 10, que quiso adorar al Ángel y el Ángel le dijo que no. Dice:

“Y el ángel me dijo: Escribe: Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero. Y me dijo: Estas son palabras verdaderas de Dios”.

Ahora, ¿cuándo es que le dice esto? Si leemos desde el verso 7 en adelante, de Apocalipsis 19, dice:

“Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado”.

La Esposa es la Iglesia del Señor Jesucristo. Y este es el tiempo para las Bodas del Cordero aquí en Apocalipsis, capítulo 19. Más adelante, del verso 11 en adelante, aparece el Novio, aparece Jesucristo en un caballo blanco, y Su Nombre es el Verbo de Dios. Es la Venida del Verbo, la Palabra, viniendo sobre el caballo blanco de la Palabra pura, sobre el poder de la Palabra pura de Dios. Es Cristo en Espíritu Santo viniendo en el tiempo final.

Y dijo el precursor de la Segunda Venida de Cristo en el libro de Los Sellos en español, hablando de este Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, que es el lugar donde estamos leyendo (estamos leyendo en el capítulo 19 de Apocalipsis). Ahora veamos lo que él dice de este Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, página 277 del libro de Los Sellos en español, él dice orando:

“[240]… pedimos que el Espíritu Santo venga ahora mismo, el Jinete del verdadero caballo blanco, mientras Su Espíritu, el Espíritu de Cristo, entre en confrontación con el anticristo, y Él llame los Suyos”.

Viene para llamar los Suyos, para llamar y juntar a todos los escogidos de Dios. Y en la página 256 del libro de Los Sellos en español, dice el precursor de la Segunda Venida de Cristo, el reverendo William Branham:

“121. Pero cuando nuestro Señor aparezca sobre la Tierra, Él vendrá sobre un caballo blanco como la nieve, y será completamente Emmanuel —la Palabra de Dios encarnada en un hombre”.

Así es la Venida del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, así es la Venida de Jesucristo en Espíritu Santo en el Día Postrero, viniendo Jesucristo en Espíritu Santo, que es el Verbo, el cual se hizo carne dos mil años atrás en aquel velo de carne llamado Jesús, para el Día Postrero viniendo el Verbo, la Palabra, encarnada en un hombre; o sea, en otro hombre, en un hombre de este tiempo final.

Y esto es para el tiempo de Apocalipsis 19, donde dice en el capítulo 19, verso 7 en adelante:

“Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado”.

O sea, las vírgenes prudentes se han preparado ¿para qué? Para las Bodas del Cordero. Y vamos a dar una pasadita a San Mateo, capítulo 25, y luego continuamos este capítulo 19 de Apocalipsis.

San Mateo, capítulo 25, leemos del verso 10 en adelante (para no leer mucho), verso 10 al 13 de San Mateo 25. Esta es la parábola de las diez vírgenes, cinco eran prudentes y cinco eran insensatas. Las prudentes tomaron consigo aceite. Esto es: recibieron a Cristo como su Salvador, lavaron sus pecados en la Sangre de Cristo y recibieron el Espíritu Santo, y por consiguiente nacieron de nuevo en el Reino de Dios.

Las fatuas creyeron en Cristo como su Salvador pero no recibieron el Espíritu Santo, y por consiguiente no recibieron el nuevo nacimiento; por lo cual pasarán por la gran tribulación el grupo de las vírgenes fatuas o insensatas que estén viviendo en este tiempo final; porque las que vivieron en otros tiempos, sus cuerpos físicos murieron pero no tuvieron que pasar por la gran tribulación que vendrá muy pronto; pero tampoco resucitarán hasta después del Reino Milenial.

Y las vírgenes fatuas que vivan en este tiempo final, las cuales no tendrán el Espíritu Santo, no tendrán aceite en sus lámparas, en sus vidas, en su ser, no tendrán el Espíritu Santo, no han recibido el bautismo del Espíritu Santo; por consiguiente no han nacido de nuevo y por consiguiente no están preparadas para recibir la transformación, que es la adopción, en donde recibiremos el nuevo cuerpo.

Ese nuevo cuerpo es para las vírgenes prudentes, las cuales serán adoptadas en el Reino de Dios recibiendo la transformación de sus cuerpos, para las vírgenes prudentes que estén vivas en este tiempo, y la resurrección de los muertos en Cristo para las vírgenes prudentes que vivieron en el pasado y sus cuerpos físicos murieron, que son los creyentes en Cristo que lavaron sus pecados en la Sangre de Cristo y recibieron el Espíritu Santo, y por consiguiente el nuevo nacimiento; y están viviendo en el Paraíso en sus cuerpos teofánicos, porque el tiempo del cuerpo físico se cumplió y tuvieron que dejar su cuerpo físico, murió su cuerpo físico y continuaron viviendo pero en el cuerpo teofánico de la sexta dimensión.

Están en otra dimensión, la sexta dimensión, que es el Paraíso, donde hay árboles, donde hay ríos, donde hay pajaritos, donde hay animales, pero donde no hay los problemas que hay en esta dimensión terrenal; ni hay guerras ni hay problemas económicos, ni hay que madrugar para irse a trabajar por la mañana y tomar el tráfico difícil que hay durante la mañana y después durante la tarde también; o sea, que ya las luchas por la vida terrenal para esas personas ya terminó.

Nuestro hermano Branham los visitó en una ocasión antes de su muerte, o muerte del cuerpo físico, unos años antes los visitó; y ellos estaban allá muy contentos, y nuestro hermano Branham también se puso muy contento, y se sorprendió al llegar a donde ellos estaban.

Venían a él, lo saludaban, lo abrazaban y le decían que estaban muy contentos de que él estuviera allí. Y él habla con ellos y ellos le explican a nuestro hermano Branham que allí ni trabajan ni se cansan ni duermen ni comen, porque allí todo es perfección.

En ese cuerpo teofánico de la sexta dimensión no hay las necesidades que hay en este cuerpo terrenal. En ese cuerpo teofánico es en el cual Jesucristo estuvo antes de venir a la Tierra. En ese cuerpo teofánico fue que le apareció a Abraham como Melquisedec, Rey de Salem y Sacerdote del Dios vivo; y también le apareció a Abraham en otra ocasión: el día antes de la destrucción de Sodoma y Gomorra, como Elohim.

Es también el mismo Dios llamado el Ángel de Jehová o Ángel del Pacto, que le apareció a Jacob en diferentes ocasiones; y en una ocasión le apareció en una forma visible, la forma de un hombre pero de otra dimensión, y Jacob lo agarró, se agarró de él y no lo soltaba; y el Ángel de Jehová le dijo: “Suéltame, porque ya amanece y tengo que irme. Está rayando el alba”. Jacob le dijo: “Yo no te soltaré hasta que me bendigas”. El Ángel hirió en el muslo, en el encaje del muslo de Jacob, y descoyuntó ahí su cadera, pero con todo y eso Jacob no lo soltaba1.

Cuando hemos recibido a Cristo como nuestro Salvador tenemos que mantenernos bien agarrados de Él; y no importa los problemas que tengamos en la vida, no importa lo que nos suceda aquí en nuestra vida terrenal, sean accidentes, sean problemas, todas esas cosas son terrenales y temporales. Jacob aun cojo, el Ángel le decía: “Suéltame”, y Jacob le decía: “No te soltaré hasta que me bendigas”.

¿Y saben ustedes quién es ese Ángel? Es el Señor Jesucristo. Es el Señor Jesucristo en Su cuerpo teofánico llamado el Ángel de Jehová o Ángel del Pacto, el cual es el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. Y luego se hizo carne y habitó en medio del pueblo hebreo, y fue llamado Jesús.

El profeta Isaías dijo, proféticamente hablando, que sería llamado, Su nombre sería Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros. Por lo tanto, el nombre de Jesús, vean ustedes, es el nombre del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová, de Dios con nosotros para llevar a cabo la Obra de Redención en la Cruz del Calvario, y así llevar nuestros pecados, y así quitar nuestros pecados, lavarnos con Su Sangre y darnos Su Espíritu Santo, y producir así el nuevo nacimiento, y producir así la nueva creación en cada una de las personas que lo reciben a Él como su Salvador.

Cristo dijo: “El que oye mi palabra y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida”. Pasó de muerte a vida. San Juan, capítulo 5, verso 24.

Y ahora, vean ustedes quién es nuestro amado Señor Jesucristo. Es el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, el cual estaba en Su cuerpo teofánico antes de venir en el cuerpo de carne llamado Jesús.

Y ahora, todos los santos que han partido durante todas estas edades que han transcurrido están en su cuerpo teofánico así como Jesús estuvo en Su cuerpo teofánico todos esos miles de años antes de venir en el cuerpo de carne.

Y ahora, encontramos que todos los santos que están en sus cuerpos teofánicos están en la misma etapa en la cual Jesucristo estaba antes de tomar un cuerpo de carne. Y ahora cuando los santos resuciten tomarán un cuerpo eterno, un cuerpo glorificado, un cuerpo físico, pero que podrá viajar a través de las diferentes dimensiones porque será un cuerpo perfecto y será como el de nuestro Señor Jesucristo; y ahí es donde estaremos en la misma etapa en que estuvo Jesús cuando nació y vivió en medio de los seres humanos en un cuerpo creado por Dios.

Ahora, la Escritura en Apocalipsis, capítulo 3, verso 14, dice que Jesús es el principio de la Creación de Dios. ¿Y nosotros quiénes somos? La continuación de la Creación de Dios, de esa nueva creación que comenzó con Jesucristo, porque la antigua creación que comenzó con Adán cayó; y ahora hay una nueva creación de la cual Jesucristo es la cabeza o el primero.

Por eso es que la Biblia dice que Jesús es el segundo Adán. Primera de Corintios, capítulo 15, versos 42 al 55 nos habla así de Cristo, y nos habla del Programa Divino que Dios llevará a cabo para la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de nosotros los que vivimos. Nos habla de una Trompeta Final, que es la Trompeta del Evangelio del Reino sonando en este tiempo final; o sea, la predicación del Evangelio del Reino por el Espíritu Santo a través de carne humana en este tiempo final. Y esa es la Voz que Juan escuchó en el Día del Señor, en Apocalipsis, capítulo 1, verso 10 al 11. Es la Voz de Jesucristo hablándole a Su Iglesia por medio de carne humana, por medio de Su Ángel Mensajero, todas estas cosas que deben suceder pronto.

Por eso cuando Juan fue transportado al Día del Señor y escuchó esa Voz, luego dice que también él oyó, él vio en el Cielo una puerta abierta, y miró esa puerta abierta, y la primera voz que escuchó desde ese lugar donde estaba esa puerta abierta fue una Voz como de trompeta que decía: “Sube acá, y yo te mostraré las cosas que han de suceder después de estas”.

¿Después de cuáles? Después de las que ya han sucedido en las siete etapas o edades de la Iglesia gentil. “Ahora te voy a mostrar las cosas que han de suceder después de esas que ya han sucedido”; o sea “te voy a mostrar las cosas que han de suceder en el tiempo final, en el Día Postrero, en el Día del Señor”; o sea, las cosas que han de suceder en el séptimo milenio, las cosas que han de suceder en la etapa de la Edad de la Piedra Angular.

Porque Jesucristo estuvo en cada edad manifestado en Espíritu Santo ungiendo a cada uno de Sus ángeles mensajeros y hablando por medio de cada uno de Sus ángeles mensajeros. Por lo tanto, en cada edad escucharon la Voz de Cristo, o sea, escucharon una Trompeta hablando, que fue la Voz de Cristo por medio del mensajero de cada edad.

Dice San Pablo en Primera de Corintios, capítulo 14, verso 8: “Si la trompeta da sonido incierto, ¿cómo nos apercibiremos para la batalla?”. En cada etapa hubo una lucha, una batalla espiritual; y los que escucharon la Trompeta de Dios, la Trompeta de Jesucristo, la Voz de Jesucristo por medio del mensajero de cada edad, se apercibieron para la batalla espiritual que se llevaría a cabo en cada edad. O sea, los escogidos de cada edad escuchando esa Trompeta sonar, se apercibieron y entraron en esa batalla espiritual, y obtuvieron la victoria, porque se mantuvieron escuchando la Trompeta, que fue la Voz de Cristo por medio del mensajero de su edad.

Así fue en la primera, segunda, tercera, cuarta, quinta, sexta y séptima edad; y por medio de cada uno de Sus mensajeros habló Cristo, y Él es el que tiene esa Voz de Trompeta; pero por medio de carne humana es que se escucha la Voz de Cristo.

Siempre ha sido así “porque no hará nada el Señor Jehová sin que antes revele Sus secretos a Sus siervos Sus profetas”. Amós, capítulo 3, verso 7.

Ahora vean ustedes cómo Jesucristo en Espíritu Santo estuvo manifestado en cada uno de estos mensajeros hablándole a Su pueblo y llamando a Sus hijos en cada edad; los llamó a subir a la edad correspondiente en la cual ellos vivieron.

Cristo dijo en San Juan, capítulo 10, verso 14 al 16, de la siguiente manera, y quiero leer lo que Cristo dijo aquí. Dice:

“Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen,

así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas.

También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor”.

¿Cómo han escuchado la Voz de Cristo las ovejas de Cristo, que son los hijos e hijas de Dios, los primogénitos de Dios escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero? Por medio de la manifestación de Jesucristo en Espíritu Santo a través de cada uno de estos ángeles mensajeros de Jesucristo.

El ángel mensajero de la primera edad fue Pablo, el cual dijo: “No vivo ya yo, vive Cristo en mí”2. Y si vivía Cristo en Pablo pues hablaba por medio de San Pablo también; y hablaba con esa Voz de Trompeta correspondiente a esa primera edad; o sea, hablaba con el Mensaje correspondiente a esa primera edad.

Luego el segundo ángel mensajero fue Ireneo, el tercero fue Martin, el cuarto Colombo, el quinto Lutero, el sexto Wesley, y el séptimo el reverendo William Marrion Branham. Cada una de estas edades se cumplió en cierto territorio.

Y la primera edad se cumplió en Asia Menor; la segunda, tercera, cuarta, quinta y sexta se cumplieron en Europa, en diferentes territorios europeos, entre personas de ese territorio; y luego la séptima edad se cumplió en Norteamérica, entre los norteamericanos, y el mensajero también fue un norteamericano, donde Dios estuvo manifestado, Jesucristo en Espíritu Santo manifestado hablando con esa Trompeta correspondiente a esa séptima edad.

La Voz de Cristo, vean ustedes, es siempre la Trompeta que suena en cada edad por medio del mensajero de cada edad y da el Mensaje de cada edad.

Y a la vez que se abre o suena una Trompeta en cada edad, también se abre la parte del Sello correspondiente a esa edad; o sea que un sello puede cubrir una o más edades, porque en un sello pueden estar cosas que se cumplirán en una edad o en dos edades o en tres edades.

Y ahora, después que Jesucristo en Espíritu Santo ha estado hablando por medio de Sus mensajeros en las siete etapas o edades de la Iglesia gentil, en esos territorios, ¿qué tenemos para los hijos e hijas de Dios? Pues tenemos la Edad de la Piedra Angular, en donde la Voz de Jesucristo es como una Gran Voz de Trompeta, o sea, que es con un Mensaje dispensacional, un Mensaje mayor, para darnos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, y revelarnos así el misterio de la puerta abierta en el Cielo y del Séptimo Sello abierto en el Cielo.

Cristo dijo en San Juan, capítulo 10, verso 1 en adelante, lo siguiente. Dice:

“De cierto, de cierto os digo: El que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, ése es ladrón y salteador.

Mas el que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es.

A éste abre el portero, y las ovejas oyen su voz; y a sus ovejas llama por nombre, y las saca.

Y cuando ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz.

Mas al extraño no seguirán, sino huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.

Esta alegoría les dijo Jesús; pero ellos no entendieron qué era lo que les decía.

Volvió, pues, Jesús a decirles: De cierto, de cierto os digo: Yo soy la puerta de las ovejas.

Todos los que antes de mí vinieron, ladrones son y salteadores; pero no los oyeron las ovejas.

Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos (pastos espirituales de la Palabra pura de Dios, para alimentar el alma de esas ovejas de Dios, que son los hijos e hijas de Dios)”.

Ahora, vean ustedes que la puerta del Redil es Jesucristo; y Él llama y junta Sus ovejas de edad en edad, ¿dónde? En Su Redil, en el lugar Suyo, donde hay una puerta, la cual es Cristo, la Puerta de entrada al Redil del Señor.

La Iglesia del Señor Jesucristo es el Redil del Señor, y tiene una puerta, y esa Puerta es Cristo; y por Cristo es que entramos a la Iglesia del Señor Jesucristo, creyendo en Cristo como nuestro Salvador, lavando nuestros pecados en la Sangre de Cristo y recibiendo Su Espíritu Santo. Y así nacemos de nuevo, nacemos en el Redil del Señor, en la Iglesia del Señor Jesucristo. Esa es Su casa, esa es la familia de Dios reunida en la Casa de Dios, en la Iglesia de Jesucristo.

Vean ustedes, San Pablo hablándonos de la familia de Dios o Casa de Dios, en su carta a los Hebreos, capítulo 3, verso 5 al 6 (para no leer mucho), dice:

“Y Moisés a la verdad fue fiel en toda la casa de Dios, como siervo, para testimonio de lo que se iba a decir;

pero Cristo como hijo sobre su casa, la cual casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin la confianza y el gloriarnos en la esperanza”.

Ahora vean cómo esta Casa de Dios somos nosotros, o sea, la Casa de Dios es la Iglesia del Señor Jesucristo, y ahí es donde está la puerta de entrada a la Casa de Dios, que es Jesucristo. Él es la puerta de entrada; y por eso es que para entrar a la Casa de Dios, a ser parte de esa Casa, se requiere que la persona crea en Cristo como su Salvador y lave Sus pecados en la Sangre de Cristo y reciba el Espíritu de Jesucristo, el Espíritu Santo, y así nace en esa Casa. No hay otra forma para ser parte de esa familia.

“De cierto, de cierto te digo (le dijo Cristo a Nicodemo) que el que no nazca de nuevo, o si no nacieres de nuevo, no puedes ver el Reino de Dios”. Nicodemo pregunta: “¿Cómo puede hacerse esto? ¿Puede acaso el hombre ya siendo viejo entrar en el vientre de su madre y nacer?”. Jesús le dice: “De cierto, de cierto te digo que el que no naciere de nuevo, o sea, el que no naciere del Agua y del Espíritu, no puede entrar al Reino de Dios o en el Reino de Dios”3.

O sea que una persona no puede entrar a la Iglesia de Jesucristo sin nacer de nuevo; y para nacer de nuevo tiene que creer en Cristo como su Salvador y lavar sus pecados en la Sangre de Cristo, y recibir Su Espíritu Santo; y así nace en el Reino de Dios, o sea, en la Iglesia del Señor Jesucristo.

Ahora, vean ustedes cómo esta puerta está colocada en la Casa de Dios, que es la Iglesia de Jesucristo, para la entrada a la Casa de Dios, a la Iglesia de Jesucristo, de todos los que tienen sus nombres escritos en el Libro de la Vida del Cordero.

Y ahora, vean ustedes cómo Cristo es la Puerta de esa Casa. Cristo en Su Primera Venida dijo que Él era la Puerta. Y Cristo en Su Segunda Venida, ¿será la Puerta o no será la Puerta? Él sigue siendo la Puerta de Su Casa.

Por lo tanto, en Apocalipsis, capítulo 4, verso 1, esa Puerta que es abierta en el Cielo es Jesucristo, es Jesucristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo. Y por esa puerta Juan entró y vio las cosas que tuvo luego que escribir; él vio todas las cosas correspondientes al Lugar Santísimo del Templo que está en el Cielo. Y la Voz que escuchó, que es la Voz de Cristo, le dijo: “Sube acá, y yo te mostraré las cosas que han de suceder después de estas”.

Ahora vean cómo Juan al subir representa para la Iglesia aquí en la Tierra, representa que Su Iglesia, la Iglesia de Jesucristo, pasará por una etapa en donde subirá de la séptima edad de la Iglesia gentil a la Edad de la Piedra Angular.

Estas siete etapas de la Iglesia que han transcurrido pertenecen al Lugar Santo del Templo espiritual de Cristo, o sea, de la Iglesia del Señor Jesucristo; porque la Iglesia de Jesucristo ha estado siendo construida, creada por Dios, en la misma forma que Moisés construyó el tabernáculo y Salomón construyó el templo; porque fue por medio del diseño o plano del Templo que está en el Cielo, del Templo de Dios del Cielo, que tiene Atrio, Lugar Santo y Lugar Santísimo.

San Pablo dice que ese tabernáculo que Moisés construyó es tipo y figura, ¿es tipo y figura de qué?, del que está en el Cielo, verdadero Tabernáculo, y es tipo y figura también de la Iglesia del Señor Jesucristo, que es el Templo de Dios.

Por eso el pueblo hebreo no necesita la construcción de un nuevo templo allá en Jerusalén, porque ya, así como Salomón el hijo de David construyó un nuevo templo en Jerusalén para Dios, ahora el Hijo de David, Jesucristo, ha estado construyendo un Templo para Dios, que es la Iglesia del Señor Jesucristo; y ese es el Templo en donde Dios vendrá en toda Su plenitud en este tiempo final, como vino Dios al templo que construyó Moisés y al templo que construyó Salomón, y entró a esos templos, al de Moisés y al de Salomón, y se colocó sobre el propiciatorio en el lugar santísimo del templo que construyó Moisés y del templo que construyó Salomón.

Y para el tiempo final, en la Segunda Venida de Cristo, que es la Venida del Espíritu Santo, viene para el Templo de Jesucristo, para Su Iglesia, para colocarse en el lugar correspondiente a este tiempo final, para colocarse en el lugar que está representado en el lugar santísimo en el templo que construyó Salomón y en el tabernáculo que construyó Moisés; porque, vean ustedes, nuestro Padre celestial ¿dónde está? En Su Templo en el Cielo. ¿En qué parte del Templo? En el Lugar Santísimo, allí está Su Trono; y cuando Cristo ascendió al Cielo ¿a dónde entró? Pues al Lugar Santísimo del Templo que está en el Cielo, y se colocó en el Trono de Dios, a la diestra de Dios.

Ahora podemos ver que en la Segunda Venida de Cristo, en la Venida de Jesucristo para este tiempo final como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores, Él viene a Su Iglesia para colocarse en el Lugar Santísimo de Su Iglesia, donde el Trono de Jesucristo estará ahí para Él sentarse en Su Trono y manifestarse como Rey de reyes y Señor de señores.

Cuando se habla de un trono pues la persona tiene que entender que hay un rey para sentarse en ese trono.

Y ahora, vean ustedes cómo tenemos tronos literales, de madera, de plata, de oro y así por el estilo, o de piedra; pero cuando Dios descendió en aquella ocasión en que Juan el Bautista bautizó a Jesús, Dios entró a Su Templo y se sentó en Su Trono humano, allí dentro de aquel Templo humano. O sea que también podemos ver que cuando Dios desciende y se entrona en un hombre, pues ese hombre es un templo; y también dentro tiene un lugar en donde Dios se coloca, y ese es el alma de la persona, y ese es el trono de Dios donde Dios se sienta en ese trono y se manifiesta a través de ese templo.

Ahora, podemos ver que siendo que… el tabernáculo que construyó Moisés y el templo que construyó Salomón es tipo y figura del Templo que está en el Cielo.

Y ahora, la Iglesia de Jesucristo está representada en el tabernáculo que construyó Moisés y el templo que construyó Salomón, y está representada en el Templo que está en el Cielo; por lo tanto, tiene Atrio, Lugar Santo y Lugar Santísimo.

Durante las siete etapas o edades de la Iglesia gentil se vivió en el Lugar Santo del Templo de Dios. O sea que en el templo que construyó Moisés y el que construyó Salomón están representadas en el lugar santo las siete etapas o edades de la Iglesia gentil, con esa etapa de los apóstoles allá en Jerusalén.

Luego que han transcurrido ya las siete etapas de la Iglesia gentil llegamos a la etapa de la Edad de la Piedra Angular, que es la etapa que representa el Lugar Santísimo del Templo que está en el Cielo y el lugar santísimo del tabernáculo que construyó Moisés y del que construyó Salomón, o viceversa: el lugar santísimo del tabernáculo que construyó Moisés y del que construyó Salomón representan la Edad de la Piedra Angular en el Templo espiritual de Jesucristo, que es Su Iglesia.

Y por cuanto en ese templo encontramos que no hay piedras literales ni madera literal ni oro literal, sino que las piedras que usa Cristo en esa construcción son piedras vivas, así como Cristo es una piedra viva, la Piedra del Ángulo que los edificadores desecharon; ahora las piedras vivas que Cristo utiliza para la construcción de Su Templo son seres humanos que tienen sus nombres escritos en el Libro de la Vida del Cordero desde antes de la fundación del mundo.

Y ahora, vean ustedes, en ese templo, encontramos que todas las cosas que están en el templo o tabernáculo que construyó Moisés y el que construyó Salomón son tipo y figura de las personas que iban a formar ese Templo espiritual.

Y ahora, encontramos que el velo, la puerta de entrada al lugar santísimo del tabernáculo que construyó Moisés y del templo que construyó Salomón, la puerta de entrada al lugar santísimo tenía un velo; y tras ese velo estaba el lugar santísimo, donde estaba el arca del pacto, y el propiciatorio o silla de misericordia estaba sobre el arca del pacto; en ese propiciatorio, que podemos decir que es la tapa del arca, ahí estaban dos querubines de oro, y en medio de los dos querubines de oro estaba la presencia de Dios en esa Columna de Fuego, llamada la presencia de Dios allí en esa luz: la Shekinah.

Y ahora, en el Templo que está en el Cielo, encontramos que el velo del templo que construyó Moisés y del que construyó Salomón, en el Templo que está en el Cielo representa ¿a quién? A Jesucristo, Jesucristo en Su Primera Venida, y fue representado en el velo de carne. Ese velo de carne es el velo del Templo que está en el Cielo.

Y ahora vean ustedes cómo Cristo pasó al Lugar Santísimo y se colocó como Sumo Sacerdote con Su propio Sacrificio, Su propio Sacrificio realizado en la Cruz del Calvario; y Su propia Sangre la colocó allá en el Cielo en el Lugar Santísimo.

Cuando Cristo murió y resucitó se abrió el camino al Lugar Santísimo del Templo que está en el Cielo; y por eso Cristo entró. Era el momento de entrada al Lugar Santísimo del Templo que está en el Cielo, así como en el día diez del mes séptimo de cada año era el día de entrada, al lugar santísimo, del sacerdote; tenía que pasar tras el velo con la sangre de la expiación. Entraba unas cuantas veces durante ese día, pero siempre con sangre. Si entraba sin sangre, allí moría.

Tenía que primero entrar con la sangre de la becerra, y ofrecerla por la expiación de él y de los sacerdotes; y luego entrar con la sangre de la expiación del macho cabrío, la cual también mezclaba con sangre de la expiación de la becerra, y la ofrecía allí por el pueblo, para la reconciliación del pueblo hebreo con Dios. Eso mismo es lo que sucedería en el Cielo.

Y vean ustedes, así como el sumo sacerdote estaba cierta cantidad de tiempo en el lugar santísimo, esparcía por siete veces con el dedo la sangre, y luego colocaba sangre sobre el propiciatorio, pero primero esparcía sangre con el dedo sobre el propiciatorio hacia el este; eso nos habla de las siete etapas o edades de la Iglesia gentil, sobre las cuales Cristo ha esparcido Su Sangre durante las siete etapas o edades de la Iglesia gentil.

Luego encontramos también que el sumo sacerdote colocaba más sangre ahí, sobre el propiciatorio; está hablando de nosotros o en favor de nosotros.

Y luego que terminaba, encontramos que el sumo sacerdote también usaba el incensario, el cual llevaba con carbones encendidos del altar que estaba… en la parte de afuera del lugar santísimo se encontraba ese altar, en el lugar santo, pero tomaba el incensario y colocaba carbones encendidos en el incensario… O sea, tomaba del altar de bronce, ahí donde estaban los carbones encendidos, y luego tomaba también incienso en sus manos e iba dentro, y colocaba… pero tenía que llevar sangre, y colocaba ese incienso en el incensario que estaba con los carbones encendidos; y cuando caía dentro del incensario, ahí se encendía el incienso y comenzaba el humo a cubrir todo el propiciatorio y todo el lugar santísimo; y ahí estaban las oraciones del pueblo y por el pueblo4.

Lo mismo que aparece aquí en Apocalipsis, capítulo 8, verso 2 en adelante, dice:

“Y vi a los siete ángeles que estaban en pie ante Dios; y se les dieron siete trompetas.

Otro ángel vino entonces y se paró ante el altar, con un incensario de oro; y se le dio mucho incienso para añadirlo a las oraciones de todos los santos, sobre el altar de oro que estaba delante del trono.

Y de la mano del ángel subió a la presencia de Dios el humo del incienso con las oraciones de los santos.

Y el ángel tomó el incensario, y lo llenó del fuego del altar, y lo arrojó a la tierra; y hubo truenos, y voces, y relámpagos, y un terremoto”.

O sea que luego de ofrecer las oraciones de los santos, o sea, de los escogidos de Dios, de los miembros del Cuerpo Místico de Cristo…; porque los santos han orado, los que han partido han orado por la resurrección en cuerpos eternos; y ellos en el Paraíso están pidiendo a Dios, orando a Dios por su regreso a la Tierra en cuerpos eternos.

Cuando nuestro hermano Branham los visitó le dijeron: “Acá no comemos ni bebemos ni dormimos, ni nos cansamos tampoco ni trabajamos tampoco; pero regresaremos a la Tierra en cuerpos, y entonces comeremos”. Eso es lo que ellos han estado pidiendo a Dios: su regreso a la Tierra en cuerpos eternos.

Y nosotros los que vivimos también hemos estado pidiendo el cuerpo eterno, hemos estado pidiendo nuestra transformación; así como ellos la pidieron cuando estaban viviendo aquí en la Tierra y luego que se han ido al Paraíso han estado pidiendo el cuerpo nuevo para resucitar en ese cuerpo nuevo, y nosotros pues estamos pidiendo nuestra transformación para tener el cuerpo nuevo.

Y aquí es cuando en el Cielo las oraciones por nuestra transformación, por la redención del cuerpo de nosotros los que vivimos y de los que han partido, son presentadas las oraciones de todos los escogidos para obtener la redención del cuerpo, o sea, para obtener el cuerpo nuevo; para los muertos en Cristo ser resucitados en cuerpos eternos, y nosotros los que vivimos ser transformados.

Y ahora, después que eso ocurra, vean ustedes, el mismo Ángel dice que tomó el incensario, lo llenó de fuego del altar y lo arrojó sobre la Tierra; y hubo, dice: “y hubo entonces sobre la Tierra (¿qué?)… y hubo truenos, y voces, y relámpagos, y un terremoto”. Eso nos habla del juicio divino saliendo del Trono de Dios para la raza humana, los juicios divinos de la gran tribulación, que son hablados para que las personas sepan lo que ha de venir sobre la Tierra, y luego estarán viendo el cumplimiento de eso que será hablado con relación a los juicios divinos para venir sobre la raza humana.

Ahora podemos ver lo que está prometido que sucederá en el Cielo con la apertura del Séptimo Sello.

Ahora, la pregunta es: ¿Está abierto el Séptimo Sello en el Cielo? ¿Habrá tomado el Cordero el Libro de los Siete Sellos y lo habrá abierto en el Cielo?

Durante las siete etapas de la Iglesia gentil y durante la etapa de la Edad de la Piedra Angular, hasta donde ha llegado la Edad de la Piedra Angular (y todavía le falta más camino por recorrer), hasta donde ha llegado nuestra edad, luego de las siete edades de la Iglesia gentil, el Libro todavía está en la diestra del que está sentado en el Trono.

Pero durante las siete edades de la Iglesia gentil y durante nuestro tiempo Cristo ha estado cumpliendo lo que está escrito en ese Libro de los Siete Sellos; porque se tiene que cumplir primero lo que está escrito allí. Y luego Cristo toma ese Libro, lo abre, porque ese es el Título de Propiedad, y hace Su Reclamo y obtiene todo lo que redimió con Su Sangre preciosa; y tiene que ser entregada la herencia divina a los herederos de Dios, que es Cristo y los creyentes en Cristo, porque somos herederos de Dios y coherederos con nuestro amado Señor Jesucristo, nos dice San Pablo en Romanos, capítulo 8, verso 10 al 35, digamos, o al 39.

Capítulo 8, versos 10 al 39, de Romanos, nos habla de la manifestación de los hijos de Dios; dice que somos herederos de Dios y coherederos con Cristo, y que habrá una manifestación, la manifestación de los hijos de Dios, por la cual la Creación completa ha estado clamando, ha estado orando y pidiendo a Dios, esa es la redención, el Día de la Redención, o sea, el día en que nuestros cuerpos serán redimidos, eso significa: nuestros cuerpos serán transformados, y tendremos un cuerpo eterno. Es la redención del cuerpo, porque volverán los hijos e hijas de Dios a tener un cuerpo eterno; y seremos todos a imagen y semejanza del Señor Jesucristo.

El ser humano luego de la caída ha estado obteniendo un cuerpo mortal, corruptible y temporal, pero antes de la caída el cuerpo que Adán recibió era un cuerpo con el cual podía vivir eternamente si no pecaba. Pero Dios le dijo: “El día que de él comas, de ese árbol de ciencia del bien y del mal, ese día morirás”. Y si no comía de ese árbol de ciencia de bien y del mal pues no moría, ¿ve?

Y ahora, la redención del cuerpo es: los hijos e hijas de Dios volver a tener un cuerpo eterno; por eso es que la resurrección de los muertos en Cristo será en un cuerpo eterno, y la transformación de nosotros será un cuerpo eterno que hemos de recibir. Seremos transformados en nuestros átomos, cambiados en nuestros átomos, y obtendremos un cuerpo nuevo, con nuevos átomos, y átomos eternos, con células eternas, con carne eterna, con hueso eterno y con sangre eterna. Tenemos la Sangre de nuestro amado Señor Jesucristo, y somos carne de Su carne y hueso de Sus huesos.

Ahora podemos ver la descendencia de Dios, que son los hijos e hijas de Dios, los cuales están en la Casa de Dios, que es la Iglesia del Señor Jesucristo, donde hay una Puerta, el cual es Cristo en Su Primera Venida; y Cristo en Su Segunda Venida es la Puerta abierta en el Cielo, que es el Séptimo Sello que fue abierto en el Cielo. Y por esa Puerta es que en el Día Postrero entrarán los escogidos de Dios también; entran primero por la Puerta de la Primera Venida de Cristo y después entran por la Puerta de la Segunda Venida de Cristo, para ser transformados y raptados en este tiempo final.

Por eso es que la Venida de Cristo está prometida con Aclamación, Voz de Arcángel y Trompeta de Dios. Dice: “Y los muertos en Cristo resucitarán primero (resucitarán en cuerpos incorruptibles), y nosotros los que vivimos seremos transformados; y seremos arrebatados para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor”.

Ahora podemos ver que esa misma Voz que oyó San Juan, de ella habla también San Pablo como la Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta, que es la Voz de Cristo. Es la Voz de Cristo dándonos Su Mensaje del Evangelio del Reino en este tiempo final.

Y por cuanto Cristo durante las siete etapas de la Iglesia gentil habló por medio de seres humanos, por sus mensajeros, y también en el Antiguo Testamento habló por Sus profetas, para este tiempo final estará hablándonos por medio de carne humana, por medio del velo de carne donde Jesucristo esté manifestado en Espíritu Santo. Y por medio de ese mensajero, que es el Ángel de Jesucristo, nos estará hablando con esa Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino y nos estará hablando todas estas cosas que deben suceder pronto.

Dice el precursor de la Segunda Venida de Cristo, en la página 47 del libro de Citas en español, de la siguiente manera, hablándonos de esa Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta, dice así:

402 - “Y nosotros que vivimos y hayamos quedado hasta la venida del Señor, no evitaremos o impediremos a los que duermen. Esos preciosos (hermanos, por supuesto) que sellaron su testimonio con su sangre. ‘No impediremos o estorbaremos a los que duermen, porque sonará la trompeta.’ Algo acontecerá, ese algo evangélico sonará, el anuncio de Su venida”.

Ese “algo evangélico”, o sea, el Evangelio del Reino, las buenas nuevas del Reino, las buenas noticias del Reino de Dios, sonará. ¿Y qué sonará? Sonará la Segunda Venida de Cristo, sonará la Venida de Cristo; o sea, revelará el misterio de la Segunda Venida de Cristo, el misterio de la Puerta abierta en el Cielo y del Séptimo Sello abierto en el Cielo. El Séptimo Sello es la Segunda Venida de Cristo, y la Puerta abierta en el Cielo es también la Venida de Cristo.

Cristo es la Puerta abierta en el Cielo, y Cristo es el Séptimo Sello abierto en el Cielo. Es la Segunda Venida de Cristo por la cual los hijos e hijas de Dios, los miembros del Cuerpo Místico entrarán en este tiempo final para recibir la fe, la revelación para ser transformados y raptados, o sea, la revelación de la Segunda Venida de Cristo; y así obtener la fe para ser transformados y raptados, la revelación para ser transformados y raptados en este tiempo final; y los muertos en Cristo ser resucitados.

Dice el precursor de la Segunda Venida de Cristo, hablando de este mismo tema de la Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta, en este libro de Citas, donde tenemos extractos de diferentes mensajes predicados por el reverendo William Branham, nos dice en el extracto 1164, tomado del mensaje “Cisternas rotas”, dice:

1164 – “Recuerden que los que están vivos y queden no impedirán a los que están durmiendo (o sea, a los que murieron), porque la Trompeta de Dios, esa última Trompeta (la sexta acaba de tocar {o de sonar}), y esa última Trompeta como el último Sello, será la venida del Señor; tocará, y los muertos en Cristo se levantarán primero”.

O sea, la Trompeta que sonará es el Séptimo Sello que es abierto en el Cielo, y eso es la Segunda Venida de Cristo; y sonará la Segunda Venida de Cristo aquí en el planeta Tierra, y entrarán por esa Puerta, que es Cristo en Su Segunda Venida, todos los escogidos de Dios, para recibir así la fe, la revelación de la Segunda Venida de Cristo para ser transformados y raptados en este tiempo final.

Recuerde que ninguna persona podrá ser transformada y raptada sin escuchar esa Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta que revela la Segunda Venida de Cristo, para los escogidos de Dios darle la bienvenida a Cristo en Su Segunda Venida.

Sin recibir a Cristo en Su Segunda Venida ni hay transformación ni hay rapto para ir a la Cena de las Bodas del Cordero.

Y ahora podemos ver este misterio de la Puerta abierta en el Cielo y del Séptimo Sello abierto en el Cielo. La Puerta abierta en el Cielo es Cristo, el Séptimo Sello abierto en el Cielo es Cristo también. Es la Segunda Venida de Cristo siendo abierta la Segunda Venida de Cristo en el Cielo para ser manifestada la Segunda Venida de Cristo aquí en la Tierra como Él lo ha prometido.

Ahora, podemos ver que ese es el misterio más grande de todos los misterios de la Biblia, ese es el misterio que ni los grandes estudiosos de la Biblia han podido descifrar, pero es el misterio que está prometido para ser cumplido en este tiempo final a la Iglesia del Señor Jesucristo y después al pueblo hebreo.

Ese es el misterio que está prometido para ser revelado a la Iglesia del Señor Jesucristo en este tiempo final; y ese es el misterio que el mismo Cristo hablándonos con esa Gran Voz de Trompeta a través de Su Ángel Mensajero nos revela en este tiempo final: “Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias”. Apocalipsis 22, verso 16.

Y Apocalipsis 22, verso 6, dice: “Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto”.

¿Por medio de quién es que son dadas a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto? La Escritura dice que por medio del Ángel del Señor, por medio del Ángel del Señor Jesucristo es que son dadas a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto.

“Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto”, las cosas que Cristo en Apocalipsis, capítulo 4, verso 1, con esa Voz de Trompeta dijo que nos daría a conocer cuando dijo:

“Sube acá, y yo te mostraré las cosas que han de suceder después de estas”. Y ahora vean cómo por medio de Su Ángel Mensajero es que vienen estas cosas siendo dadas a conocer a los miembros del Cuerpo Místico del Señor Jesucristo.

Si viene dando a conocer las cosas que deben suceder pronto, pues viene profetizando; y si viene profetizando, pues es un profeta: es el profeta de la Dispensación del Reino con el Mensaje del Evangelio del Reino; y ahí trae él toda la revelación de todas estas cosas que deben suceder pronto.

Es un Mensaje profético con el cual viene de parte de Jesucristo, y con el cual abre las escrituras, las profecías correspondientes a este tiempo final, para darnos a conocer todas esas cosas que están profetizadas que han de suceder en este tiempo final; las toma, las abre a nosotros, y nos muestra las que ya han sido cumplidas y las que están en proceso de cumplimiento. Y así nos muestra el misterio de la Puerta abierta en el Cielo y el misterio del Séptimo Sello abierto en el Cielo, que es el misterio de la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo.

Ahora, vean ustedes algo muy importante que no podemos dejar pasar por alto: así como en cada etapa de la Iglesia de Jesucristo, Cristo estuvo haciendo intercesión en el lugar santísimo allá, por los escogidos en cada edad, vean cómo desde el Cielo, lo que Jesucristo hacía luego se reflejaba en medio de Su Iglesia, otorgando amor y misericordia para los que tienen sus nombres escritos en el Libro de la Vida del Cordero, los cuales entran al Cuerpo Místico de Cristo de edad en edad.

Y para este tiempo final la Obra que Cristo hace al final, en el Lugar Santísimo, llega directamente a Su Iglesia, a la Edad de la Piedra Angular, donde llama y junta a Sus escogidos correspondientes a la Edad de la Piedra Angular y completa el número de Sus escogidos.

Y luego, para Su Venida ¿a qué parte del Templo viene? Viene al Lugar Santísimo de Su Templo espiritual. Y en el Cielo, cuando Él termine de hacer intercesión por los que faltan de ser colocados en el Templo de Jesucristo, cuando termine Su Obra allí y salga de allí, sale también Su Sangre y se convierte en un Trono de Juicio: la ira de Dios sale entonces desde el Trono de Dios que está en el Cielo.

Y por cuanto Cristo, siendo el que ha sido dado por Pacto a las naciones, a los seres humanos, encontramos que al venir a Su Iglesia, y al final de Su intercesión en el Cielo viene a Su Iglesia, al mismo velo de carne en el cual Él estaría durante la Edad de la Piedra Angular antes de terminar Su labor de intercesión en el Cielo, y luego viene en toda Su plenitud manifestado; y en el Cielo ningún ser humano hallará misericordia.

Toda misericordia que un ser humano pueda obtener luego que Cristo salga del Trono allá en el Cielo y los muertos en Cristo resuciten y nosotros los que vivimos seamos transformados, toda misericordia que pueda ser otorgada será desde el Lugar Santísimo del Templo espiritual del Señor Jesucristo.

Ahí es donde estará Jesucristo porque ya no estará en el Trono del Padre en el Cielo, sino que estará en Su Trono del Lugar Santísimo, ahí estará manifestado; y desde Su Trono de Su Templo espiritual se revelará al pueblo hebreo. Ahí será donde lo verán en el Trono humano que Él tendrá en Su Iglesia, ahí tendrá la Segunda Venida de Cristo. Para el pueblo hebreo será la primera, porque la primera ellos no la vieron, aunque estuvo en medio de ellos manifestada; pero ahí estará Cristo manifestado por medio de carne humana.

Será la Venida del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, será la Palabra encarnada en un hombre, será el Espíritu Santo, Jesucristo en Espíritu Santo manifestado en medio de Su Iglesia en toda Su plenitud cuando Él salga del Lugar Santísimo del Templo que está en el Cielo; y entonces ya la Obra de Reclamo llegará a su plenitud y a su cumplimiento pleno; y ya tendremos el nuevo cuerpo todos, y todos seremos a imagen y semejanza de Jesucristo.

Y luego reclama Su Trono literal, que ya no es el Trono del Padre sino el Trono de David; para sentarse en el Trono de David y reinar por mil años y luego por toda la eternidad sobre el pueblo hebreo y sobre todas las naciones.

Pero antes de sentarse en el Trono literal de David tiene que tener Su Trono humano; y ese Trono humano será el vencedor: el Ángel del Señor Jesucristo, para el cual las palabras de Cristo, la promesa de Cristo: “Al que venciere, yo le daré que se siente conmigo en mi trono” serán una realidad; porque estará con Cristo en el Trono de David.

“Yo le daré que se siente conmigo en mi Trono”, y Cristo estará en él, Cristo estará en Su Trono humano manifestado; y Cristo con Su Trono humano reclamará Su Trono literal, el Trono de David, y se sentará Cristo en el Trono de David con Su Trono humano. Ese es el misterio más grande de todos los misterios.

El pueblo hebreo está en un ambiente muy espiritual, porque Dios dijo que derramaría sobre el pueblo hebreo espíritu de oración, y lo buscarían, buscarían a Dios; derramaría espíritu de oración sobre la casa de Israel para buscar a Dios; y ellos están buscando la Venida del Mesías. Y hay ocasiones en que han colocado rótulos o pancartas diciendo: “Bienvenido el Mesías”, porque están deseando la Venida del Mesías.

¿Y saben lo que ellos están esperando al proclamar que están esperando al Mesías? Están esperando un profeta, porque la Venida del Mesías para el pueblo hebreo será un profeta; un profeta en donde estará Dios en Espíritu Santo manifestado, un hombre ungido con el Espíritu Santo. Ese es el Ángel de Apocalipsis, capítulo 7, que viene con el Sello del Dios vivo; viene con el Espíritu Santo en él manifestado.

Ahora podemos ver el misterio de la Puerta abierta en el Cielo y del Séptimo Sello abierto en el Cielo, que es la Segunda Venida de Cristo.

Hay mucho de lo cual podemos hablar, correspondiente a las cosas que Cristo estará haciendo ya no desde el Templo que está en el Cielo sino desde Su Templo, Su Iglesia, en este Día Postrero, cuando Él termine Su labor en el Templo que está en el Cielo, en el Lugar Santísimo del Templo que está en el Cielo.

Entonces Él llevará a cabo una labor muy grande e importante desde el Lugar Santísimo y desde Su Trono de Su Templo espiritual, para luego tomar el Trono o sentarse en el Trono de David; porque así como el pueblo hebreo también está representado en el templo o tabernáculo que construyó Moisés, porque él es el Israel terrenal, también la Iglesia de Jesucristo siendo el Israel celestial está representada en el templo o tabernáculo que construyó Moisés y Salomón.

Por lo tanto, la Iglesia del Señor Jesucristo, que es el Israel celestial, y también es el Templo celestial o Templo de Dios o Templo espiritual, tiene un Trono; como también el Israel terrenal, que es representado en el templo de Salomón y en el templo de Moisés, también tiene un trono, que es el Trono de David.

Y ahora, vamos a dejar todo ahí quietecito, porque si comenzamos a hablar un poco más acerca de todo esto que hay ahí, nos tomaría bastante tiempo y saldríamos de aquí como a las 9… como a las 9 de la noche de mañana.

Así que vamos a dejar todo quietecito ahí y mañana continuaremos… con los ministros tocaremos algunas cositas bajo el tema que tengamos mañana, y todos estos días que voy a estar con ustedes aquí en la República del Perú estaremos abundando más acerca de estos misterios del Séptimo Sello para que tengamos un cuadro más claro de todo el Programa Divino correspondiente a este tiempo final.

Este es el tiempo de más bendición para los hijos e hijas de Dios, para cada uno de ustedes y para mí también.

Ha sido para mí un privilegio muy grande dándoles testimonio de la Puerta abierta en el Cielo: el Séptimo Sello abierto en el Cielo: la Segunda Venida de Cristo abierta en el Cielo.

Que las bendiciones de la Puerta abierta en el Cielo, del Séptimo Sello abierto en el Cielo, de la Segunda Venida de Cristo abierta en el Cielo, sean sobre cada uno de ustedes y sobre mí también; y pronto hasta el último de los escogidos esté llamado, recogido y juntado en el Cuerpo Místico de Cristo, en la Edad de la Piedra Angular, y pronto los muertos en Cristo resuciten en cuerpos eternos y nosotros los que vivimos seamos transformados, y vayamos luego de la manifestación plena de Dios en Su Iglesia, vayamos luego a la Cena de las Bodas del Cordero, como Cristo ha prometido para cada uno de Sus escogidos, para cada uno de ustedes y para mí también. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Muchas gracias por vuestra amable atención, y continúen pasando una noche llena de las bendiciones de Jesucristo, la Puerta abierta en el Cielo, y el Séptimo Sello abierto en el Cielo.

Con nosotros nuevamente el reverendo Miguel Bermúdez Marín para continuar y finalizar en esta noche nuestra parte, y así regresar a nuestros hogares para descansar, pero meditando en esta Puerta abierta en el Cielo y en este Séptimo Sello abierto en el Cielo, que es la Segunda Venida de Cristo abierta en el Cielo y revelada en la Tierra a todos nosotros que vivimos en este tiempo final.

Que Dios les bendiga, que Dios les guarde y con nosotros nuevamente Miguel Bermúdez Marín. Buenas noches.

EL SÉPTIMO SELLO: UNA PUERTA ABIERTA EN EL CIELO”.

[Revisión junio 2018]

1 Génesis 32:22-32

2 Gálatas 2:20

3 San Juan 3:1-7

4 Levítico 16:12-13 (incensario); 16:1-34 (día de la expiación completo); Hebreos 9:1-28

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