ImprimirImprimir

Muy buenos días, amados amigos y hermanos presentes, aquí en Lima, Perú, y también los que están a través de internet y diferentes medios de comunicación.

Que las bendiciones de Jesucristo, el Ángel del Pacto, sean sobre cada uno de ustedes y sobre mí también, y nos abra el entendimiento en esta ocasión, y nos hable Su Palabra directamente a nuestra alma y nos enseñe todas estas cosas que nosotros debemos conocer bajo las bendiciones del Séptimo Sello. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Dice Apocalipsis, capítulo 8, verso 1 al 5:

Cuando abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el cielo como por media hora.

Y vi a los siete ángeles que estaban en pie ante Dios; y se les dieron siete trompetas.

Otro ángel vino entonces y se paró ante el altar, con un incensario de oro; y se le dio mucho incienso para añadirlo a las oraciones de todos los santos, sobre el altar de oro que estaba delante del trono.

Y de la mano del ángel subió a la presencia de Dios el humo del incienso con las oraciones de los santos.

Y el ángel tomó el incensario, y lo llenó del fuego del altar, y lo arrojó a la tierra; y hubo truenos, y voces, y relámpagos, y un terremoto”.

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos abra Su Palabra para poderla comprender.

Bajo este Séptimo Sello, el cual es la Venida del Señor para este tiempo final, hay grandes bendiciones para los escogidos de Dios, todas las bendiciones prometidas por Cristo, por Dios, para Su pueblo, para Su Iglesia gentil y también para el pueblo hebreo.

Las bendiciones prometidas para la Venida del Reino de Dios, en donde el Hijo del Hombre viene en Su Reino con Sus Ángeles, están contenidas en este Séptimo Sello; porque este Séptimo Sello es la Venida del Señor.

Ahora, para poder comprender todas las bendiciones que hay en la Venida del Señor necesitamos saber qué es la Venida del Señor, qué es el Séptimo Sello.

Nuestro Señor Jesucristo, hablando acerca de la Venida del Hijo del Hombre para el Día Postrero, nos enseñó en diferentes lugares de la Escritura, nos enseñó hablándonos proféticamente acerca de la Venida del Hijo del Hombre, y nos dice en San Mateo, capítulo 16, versos 27 al 28:

Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.

De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino”.

Y en el capítulo 17 de este mismo evangelio según San Mateo, verso 1 en adelante, encontramos la visión del Monte de la Transfiguración. Dice:

Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto;

y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz.

Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él.

Entonces Pedro dijo a Jesús: Señor, bueno es para nosotros que estemos aquí; si quieres, hagamos aquí tres enramadas: una para ti, otra para Moisés, y otra para Elías.

Mientras él aún hablaba, una nube de luz los cubrió; y he aquí una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd”.

Aquí podemos ver, en esta visión del Monte de la Transfiguración, mostrado por Cristo, el misterio de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles en el Reino de Su Padre, pues aquí tenemos todos los ingredientes en miniatura de la Venida del Reino de Dios; o sea, todos los elementos que estarán presentes en la Venida del Reino de Dios. Ahí estará la Venida del Hijo del Hombre con Su rostro como el sol, estará también Moisés y también estará Elías.

Para poder comprender este misterio necesitamos ver a Elías las veces que ha estado en la Tierra. Ustedes se sorprenderán al saber que Elías ha estado en la Tierra unas cuantas veces; pero para poder comprender ese misterio necesitamos ir a través de la Escritura y comprenderemos entonces todo, y veremos lo sencillo que ha sido todo para la venida de Elías en sus diferentes ocasiones.

Cuando Dios envió al profeta Elías en medio del pueblo hebreo, miles de años atrás, Elías Tisbita, un hombre sencillo en el cual estaba el Espíritu de Dios, por consiguiente era el hombre ungido con el Espíritu de Dios para el ministerio correspondiente a aquel tiempo. Y este hombre, siendo profeta tenía las dos consciencias juntas, por lo tanto él actuaba desde su alma, y desde su alma hacia afuera él obraba.

Y por eso encontramos que este hombre oía de Dios, Dios hablaba con él, le revelaba las cosas que tenía Elías que conocer, y le daba la Palabra que tenía que hablarle al pueblo; y por mandato divino y dirección divina, Elías llevaba a cabo las cosas correspondientes a su ministerio, al ministerio que el Espíritu de Dios había colocado en él.

O sea que el profeta Elías como hombre era el instrumento de Dios en donde el Espíritu de Dios estaba manifestado operando aquel poderoso ministerio que Dios había colocado en ese hombre sencillo del pueblo hebreo.

Siendo un hombre con las dos consciencias juntas, podía hablar con Dios y Dios con él, podía escuchar de Dios y podía recibir de parte de Dios la revelación divina para el pueblo; y aun podía hacer cosas que ningún otro hombre podía hacer, por cuanto tenía las dos consciencias juntas.

Tenemos diferentes cosas que sucedieron en la vida del profeta Elías y cosas que él hizo en diferentes ocasiones. Por ejemplo, tenemos las ocasiones en donde el profeta Elías ordenó que no lloviera sobre la Tierra por tres años y medio; y no llovió por tres años y medio sobre la Tierra. Y luego ordenó que lloviera sobre la Tierra, luego de esos tres años y medio, y llovió sobre la Tierra.

El profeta Elías había dicho1: “No habrá lluvia sobre la tierra, ni aun rocío, sino por mi palabra”. Un hombre que habla en esa forma y que luego se cumpla como él ha hablado, es un hombre que tiene un conocimiento mayor, más alto que el conocimiento normal humano que los seres terrenales tienen. Es un hombre que tiene un conocimiento del poder creador de Dios, el cual estaba siendo manifestado en él. Un hombre que solamente por hablar, las cosas suceden, es un hombre muy especial enviado a este planeta Tierra con las dos consciencias juntas.

Porque en el subconsciente están las riquezas del ser humano; y la raza humana, solamente, de esas riquezas tan grandes que tiene en el subconsciente… digamos (para tipificarlo), tiene oro, tiene plata, tiene diamantes, tiene esmeraldas, tiene perlas, tiene todas estas cosas, y tiene bronce, tiene hierro, tiene cobre y cosas así. El ser humano solamente ha logrado sacar hierro y cobre como mucho; pero las grandes riquezas están ahí guardadas en el subconsciente, o sea, en el alma del ser humano. Y solamente cuando Dios envía un profeta a la Tierra encontramos que aparecen otras riquezas que el ser humano no conocía.

Por ejemplo, el profeta Elías trajo una interrupción a la naturaleza solamente hablando la Palabra; así como un general del ejército o un presidente de alguna nación o un rey puede decirle a su ejército: “Muévanse hacia allá y hagan tal cosa”, y lo hacen; y es solamente un hombre hablando, pero un hombre que tiene la autoridad y que está sobre esos ejércitos terrenales.

Y ahora vean ustedes, cuando el profeta Elías habló la Palabra y la naturaleza le obedeció, encontramos que Dios había colocado al profeta Elías sobre la naturaleza para ordenarle a la naturaleza lo que debía hacer en aquel tiempo. Era Dios el que estaba en el profeta Elías colocando esa Palabra.

Era la Palabra creadora de Dios con la cual creó los Cielos y la Tierra; y ahora esa misma Palabra le ordenaba a la naturaleza lo que tenía que hacer, y lo ordenaba por medio de un hombre, por medio de carne humana, el cual estaba conectado directamente con Dios; por lo tanto, Dios se manifestaba por medio de ese hombre sencillo.

En otra ocasión lo mandaron a tomar preso, vino un oficial, un capitán del ejército a tomarlo preso. Elías estaba en la montaña, en la parte alta de la montaña, y vino ese oficial, general o capitán del ejército con cincuenta soldados, y le ordenó que bajara del monte porque tenía que llevárselo preso; y Elías dijo: “Si soy siervo de Dios, descienda fuego del cielo sobre ti y sobre tu ejército”, y descendió fuego del cielo y los quemó2.

Después el rey mandó a otros cincuenta con un capitán o general, para buscar preso a Elías, y vino a buscar preso a Elías y le dijo que descendiera, y Elías dijo: “Si soy siervo de Dios, descienda fuego sobre ti y tu ejército”, y descendió y los quemó también.

Un hombre que habla en esa forma y las cosas suceden, es un hombre que tiene el poder y Palabra creadora con la cual Dios creó los Cielos y la Tierra.

Y ahora, encontramos que más adelante el rey mandó otro general o capitán con cincuenta soldados, y ya ese sabía lo que le había pasado a los otros que habían ido antes que él, y este hombre temía a Dios también. Y fue a buscar al profeta Elías, y reconoció al profeta Elías como el siervo de Dios, y pidió misericordia… un capitán o general del ejército con cincuenta soldados pidiéndole misericordia a un solo hombre: “Ten misericordia de mí, no vayas a hacer como hiciste con los otros. Yo temo a Dios y yo, pues, he estado pendiente a los siervos de Dios para ayudar a los siervos de Dios, así que ten misericordia de mí y no vayas a hacer lo que hiciste con los otros que vinieron antes que yo. El rey me ha mandado a buscarte para que te lleve allá”. Y entonces Dios le dijo: “Con ese sí. Ve con él”, con un hombre que respetó a Dios y el ministerio que Dios tenía sobre la Tierra en este hombre tan sencillo llamado Elías.

Y entonces Elías descendió; pero si Dios no le dice que descendiera, no iba a descender de allí.

Y ahora, vean ustedes cómo este hombre tan sencillo tenía control de la naturaleza, pues cada vez que Dios le mostraba lo que tenía que hacer, Elías lo hablaba y eso sucedía.

Este hombre, vean ustedes, tenía un conocimiento tan grande de las cosas de Dios, y cómo hacer las cosas para que sucedieran, que un día Dios se lo llevó sin ver muerte, se lo llevó en un carro de fuego o platillo volador.

Pero antes de irse, sabiendo que ya tenía que irse, Dios le dijo, allá en el monte Sinaí, donde fue Elías en esa ocasión: “Desciende…”, escuchó la Voz de Dios en un silbo apacible, y le dijo: “Elías, ¿qué haces aquí?”. Elías dijo: “He sentido un vivo celo por Jehová. Han matado a Tus profetas…”, y todas esas cosas le contó Elías a Dios, las cuales Dios sabía también; y entonces Dios le dice: “Ve, desciende y regrésate por el mismo camino por donde has venido, y ve y unge a Hazael por rey de Siria, a Jehú por rey de Israel, y a Eliseo por profeta en lugar tuyo. O sea, a Eliseo como sucesor tuyo, como profeta sucesor tuyo, ve y úngelo también”3.

Cuando Elías descendió del monte Sinaí y regresó al pueblo hebreo, se encontró allá, primero se encontró ¿con quién? Con Eliseo, se encontró con el último4. Y ahora vean ustedes cómo los primeros son postreros, y los postreros son primero: se encontró con el último que le mencionó Dios, con ese se encontró; lo tocó con su manto. Y Eliseo, que estaba arando, era un hombre del campo, trabajador del campo, agricultor, viene y le dice: “Espera un momento y yo te seguiré. Déjame despedirme de la familia”.

Elías le dice: “Pero, ¿qué te he hecho yo? Yo no te he hecho nada a ti”. ¡Casi nada, tocarlo con el manto! Si con el manto tocó el Jordán y se abrió, ahora cuando toca a Eliseo abre el corazón de Eliseo para recibir el Programa Divino que Dios tenía para con él; y entra a ese Programa Divino por el comienzo: siguiendo al profeta de Dios correspondiente a ese tiempo.

Y ahora, vean ustedes cómo Eliseo tomó la yunta de bueyes con la cual él estaba arando, y mató los bueyes, y con el arado los cocinó y lo dio al pueblo para comer; o sea que el almuerzo de esa ocasión lo preparó Eliseo, y luego se despidió. No dejó nada allí que lo hiciera regresar. No dejó nada allí, no dejó ni los bueyes, para no tener nada por lo cual regresar, ni siquiera darle agua a los bueyes, pues se comieron los bueyes; y el arado también lo utilizó, la leña del arado; por lo tanto ya no tenía nada que hacer allí, ni para trabajar ni para atender nada allí, ni de darle agua a los bueyes, ni pasto ni tampoco herramientas para trabajar; todo lo eliminó, para seguir ¿a quién? A un hombre, pero en ese hombre ¿estaba quién? Dios. Un hombre que sabía las cosas que los científicos han deseado saber.

Miren, un hombre como ese, ni el científico más grande que ha estado sobre la Tierra ha podido ni siquiera una décima parte de lo que él supo conocerlo, el científico más sabio de esta Tierra.

Ahora vean, el profeta Elías sabía que Eliseo sería su sucesor, por lo tanto lo iba a enseñar muy bien; y lo iba a enseñar ¿cómo? En la práctica. A medida que Dios usaba al profeta Elías, Eliseo iba aprendiendo; y a medida que Eliseo ayudaba al profeta Elías en todas las cosas iba aprendiendo lo que es la vida de un profeta y cómo trabajar en la Obra de Dios, y cómo mantenerse firme en la Palabra de Dios, como viendo al invisible.

Y ahora, Eliseo era un fiel creyente y seguidor del profeta Elías. Eliseo era hijo espiritual de Elías, así como lo fue Josué de Moisés, del cual dice la Escritura que Josué era servidor, ministro servidor de Moisés, y luego vino a ser el hombre que introdujo el pueblo hebreo a la tierra prometida.

Josué tenía el nombre correcto para entrar con el pueblo a la tierra prometida. Moisés significa “tomado o sacado de las aguas”, pero Josué significa “salvador” o “redentor”.

Y ahora, vean ustedes, Moisés tuvo muchos problemas con el pueblo; y aun siendo el hombre más humilde, más sencillo, y siendo un poderoso profeta como lo fue, con todo y eso cometió dos errores, digamos, los principales; y uno de ellos le costó no entrar a la tierra prometida. Y fue cuando hirió en la segunda ocasión en que Dios iba a darle agua de una roca, de otra roca…, porque en la primera ocasión era de una roca también pero en otro territorio allá en el desierto.

Ahora, en la primera ocasión5 Dios le dijo que con su vara hiriera la roca, y Dios estaría allí sobre la roca y la roca daría agua al pueblo.

Vean ustedes, un hombre que puede con una vara herir una roca y la roca dar agua, esa también tiene un conocimiento que ni los sabios han obtenido todavía. Fue con esa vara también que él abrió el Mar Rojo, extendiendo su vara y hablando la Palabra, y el Mar Rojo se abrió y pasó el pueblo hebreo.

Con esa misma vara extendida ordenó las plagas, y las plagas vinieron a existencia; porque esa vara representa la Palabra de Dios, y es en la Palabra de Dios que está todo el poder creativo o creador; y pudo Dios por medio de Moisés colocar Su Palabra en la boca de Moisés, la Palabra creadora, y Moisés la habló y fueron creadas moscas; en otra ocasión habían sido creados piojos, y así las diferentes plagas fueron creadas por Dios hablando por medio de un hombre; pero en ese hombre estaba la Palabra creadora de Dios.

Y ahora, vean ustedes cómo Moisés al estar frente a la roca, la segunda roca… pues la roca representa a Cristo; la primera roca representa a Cristo en Su Primera Venida y la segunda roca representa a Cristo pero en Su Segunda Venida.

En la Primera Venida la roca, Cristo, sería herido en la Cruz del Calvario, por lo tanto Dios le dijo que hiriera la roca y daría aguas; así lo hizo y cumplió el tipo y figura de la Primera Venida de Cristo y lo que sucedería en la Primera Venida de Cristo; o sea, representó allí la crucifixión de Cristo, la muerte de Cristo. Pero ahora la segunda roca representa a Cristo en Su Segunda Venida, y Dios le dijo: “Háblale a la roca”.

Moisés en la primera ocasión había herido la roca con la vara, y ahora para esta segunda ocasión6 Dios le dice: “Háblale a la roca y la roca dará aguas para el pueblo”. No es solamente un hilo de agua, sino es un río de agua para dos millones de personas, o más personas si se habían ya multiplicado bastante; o sea que era una multitud muy grande.

Dios le dio agua por medio de la primera roca, y ahora le iba a dar agua nuevamente por medio de esa segunda roca, la cual también representaba a Cristo en Su Segunda Venida, como la primera roca representaba a Cristo en la Primera Venida.

Ahora, ¿por qué Dios le dice a Moisés: “Háblale a la roca”? Porque para la Segunda Venida de Cristo en el Programa de Dios no está que la roca sea herida, no está una segunda crucifixión literal para la Segunda Venida de Cristo, porque con un solo Sacrificio fue hecho perfecto el ser humano, con un solo Sacrificio Cristo nos hace perfectos a nosotros y no se requiere una segunda crucifixión para limpiarnos de todo pecado.

Y Moisés cuando fue frente a la roca fue muy molesto con el pueblo, lleno de ira; Moisés fue con Aarón y tuvo la vara con la cual había herido también la roca anterior, otra roca en otro lugar, conforme a la orden que Dios le había dado; pues con esa vara Moisés, extendiéndola, siempre hablaba y hacía grandes cosas.

En una ocasión extendió su mano con la vara mientras el pueblo hebreo peleaba en una batalla7, y Josué era el general de ese ejército; y Moisés se colocó en la cima del monte, en la parte alta del monte, de la montaña. Y allí cuando Moisés mantenía sus brazos en alto con la vara en mano, el pueblo iba venciendo, o sea, la batalla estaba a favor del pueblo hebreo; y cuando se le cansaban los brazos a Moisés y bajaba sus brazos para descansar, la batalla se iba a favor del enemigo; y cuando subía de nuevo los brazos, la batalla se colocaba en favor del pueblo hebreo.

De esto se dieron cuenta unos de los miembros, dos de los miembros del pueblo hebreo. Eso fue Hur ¿y quién? Hur… bueno, ellos dos se dieron cuenta de esto y dijeron: “Bueno, ¡pero si aquí el secreto para la victoria está aquí en este hombre!”. Porque Moisés también es tipo de Cristo.

Y ahora, vean cómo en un profeta se reflejan cosas sobrenaturales, vean cómo en un profeta Dios se refleja y Dios refleja el Programa que Él llevará a cabo a través del tiempo y de los instrumentos que Él enviará para llevar a cabo Su Programa.

Ahora, Moisés siendo tipo de Cristo, miren ustedes cómo Moisés levantando sus brazos traía la victoria para el pueblo hebreo.

Cuando se dieron cuenta de esto, estos dos hombres sabios que estaban con Moisés, colocaron a Moisés sobre una piedra; y Moisés entonces se sentaba en esa piedra, y entonces le tomaron un brazo… uno le tomó un brazo y el otro le tomó otro brazo; y ya con los brazos en alto, a Moisés no se le cansaban los brazos; y si se le cansaban, ahí mismo los descansaba, porque otros brazos lo estaban sosteniendo en alto; y así obtuvieron la victoria.

Y Cristo, con Sus brazos levantados en la Cruz, y bien agarrados allí, enclavados allí Sus brazos, Sus manos, nos da la victoria a todos; porque ese es el tipo y figura de lo que allí estaba sucediendo.

Y ahora vean ustedes cómo se reflejó en Moisés aun la crucifixión de Cristo.

Pero ahora, vean cómo luego en la ocasión cuando Dios le dijo: “Háblale a la roca para que le dé agua al pueblo. Yo estaré allí y la roca dará agua”… pues la roca representa a Cristo, y Él es el que nos da agua de vida eterna.

Y ahora, Moisés estaba muy molesto con el pueblo. Desde antes de salir el pueblo hebreo de Egipto ya estaba protestando en contra de Moisés y le decía: “Es mejor que nos quedemos aquí. Aquí tenemos pescado, tenemos cebolla y todo, aunque estamos como esclavos. Nos vamos a ir contigo por todo ese desierto, y ahí ni hay agua ni hay comida, y hay serpientes y hay animales y cosas salvajes, y escorpiones y todas estas cosas; y vamos a morir nosotros, y nuestros niños van a ser comida para las fieras”.

Pero por cuanto la promesa de Dios era la liberación del pueblo hebreo para ir a la tierra prometida, Moisés se mantuvo firme en la promesa divina y Dios hizo realidad esa promesa divina; aun estando parte del pueblo y de los líderes en contra de ese éxodo que Dios había prometido.

Pero vean ustedes, salieron. Antes de salir ya estaban protestando, porque tuvieron ciertos problemas. Luego que Moisés llegó a Egipto para la liberación del pueblo hebreo le vinieron cargas más pesadas al pueblo hebreo: el Faraón no les daba ya paja para hacer los ladrillos y no les disminuyó la tarea, y ellos tenían que ir a buscar la paja; por lo tanto, fue más difícil la labor que ellos hacían allá como esclavos.

Esto muestra que para el tiempo de la liberación las tareas terrenales se harán más difíciles, principalmente para los hijos de Dios; porque a todos los hijos e hijas de Dios, desde la caída del ser humano hasta este tiempo, los hijos e hijas de Dios han estado viviendo esclavizados en las cosas terrenales, como vivió el pueblo hebreo esclavizado en las cosas terrenales allá en Egipto.

Ahora, aunque el pueblo de Dios ha estado en esta situación esclavizada terrenalmente, viviendo para las cosas terrenales mayormente y tomando cierto tiempo, por supuesto, para las cosas de Dios; pero miren, ¿para qué dedican los seres humanos más tiempo: para las cosas de Dios o para las cosas del mundo? Para las cosas de esta vida terrenal.

Tienen que madrugar para ir a trabajar y ganar el sustento; y luego el dinero, la mayor parte tienen que gastarla en pago de pasaje, en ropa y en comida y en otras cosas terrenales. Y así el ser humano vive todo el año, y recibe algunas veces algunas vacaciones; y luego el otro año vuelve a lo mismo. Y se va poniendo viejo el ser humano, su cuerpo físico, hasta que por último se muere por la edad avanzada o por enfermedad o por accidente, por un accidente o alguna cosa. ¿Ven? ¿Y qué fue la vida del ser humano aquí en la Tierra, su parte terrenal? Fue nacer, crecer, comer, dormir, trabajar y así por el estilo.

Cristo dijo: “¿De qué le vale al hombre si granjeare todo el mundo y perdiere su alma?”. La cosa más importante del ser humano es su alma, y el ser humano se ha descuidado en la cosa más importante.

El ser humano necesita darle atención a su alma para que no se debilite, no se enferme y no muera su alma. “Y no solamente de pan vivirá el hombre (pan literal) sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios”.

Lo primero que hay que atender en la vida es el alma, luego el espíritu y luego el cuerpo. Hay que comenzar de adentro hacia afuera.

Y ahora vean ustedes cómo esto es lo que Dios ha establecido para el ser humano, lo estableció así también para el pueblo hebreo: “Amarás al Señor tu Dios con toda tu alma (o sea, con todo tu corazón)”, reconociendo que Él es uno: “Oye, Israel; el Señor tu Dios, uno es. Y amarás al Señor tu Dios con toda tu alma, con toda tu mente (o sea con tu espíritu), con todas tus fuerzas”8, y así por el estilo.

Ahora podemos ver que Dios comienza de adentro hacia afuera, porque una persona no puede amar a Dios de la boca para afuera, o sea, no puede amar a Dios físicamente si primero no lo ama allá en su alma; tiene que ser algo de adentro expresándose hacia afuera.

Ahora, en el caso de Moisés frente a la roca, que le daría agua al pueblo, encontramos que Dios le dijo: “Ve con Aarón a la roca, a la peña, y allí háblale a la peña delante del pueblo”.

Moisés, muy molesto con el pueblo hebreo, pues todos los años que había estado con el pueblo hebreo por el desierto también estaban protestando, y en muchas ocasiones querían apedrear a Moisés.

Y Moisés ya molesto con el pueblo, y Dios en una ocasión le había dicho a Moisés9: “Déjame destruir este pueblo y yo te pondré sobre un pueblo mayor que él”. Así que ya Moisés para ese momento estaba cansado del pueblo, y al estar cansado del pueblo le perdió el amor, el sentimiento al pueblo. Y cuando un profeta le pierde el sentimiento al pueblo las cosas para ese pueblo se ponen muy malas.

Y ahora, encontramos que Moisés en esa situación con Dios y con el pueblo, lo que Dios le ordena que haga no lo hace de buena gana y no lo hace con dedicación y no lo hace en la forma en que debe ser hecho: con amor, desde lo profundo del alma.

Porque cuando la persona obra por medio de la ira, no obra por amor; y por lo tanto, la obra no le saldrá bien; ni agradará a Dios lo que haga una persona lleno de ira. Eso ocasionará problema para el pueblo, problema para la Obra de Dios y problema para la misma persona. Así pasó también con Jonás, y con otros profetas también sucedió lo mismo.

Ahora, siendo Moisés un profeta en el cual Dios se estaba reflejando y estaba reflejando la Venida del Mesías, siendo un profeta dispensacional es de la clase de profeta mayor que Dios envía a la raza humana.

Y ahora, Moisés va con Aarón, lleva la vara, se para frente a la peña, a la roca, y en vez de hablarle a la roca le habla al pueblo hebreo palabras duras, molesto con el pueblo hebreo, y le dice al pueblo hebreo que va a sacar agua de la roca.

El pueblo hebreo está viendo a Moisés pero no sabe cómo fue que Dios le dijo a Moisés que hiciera para sacar agua de la roca.

Y Moisés toma la vara luego de hablar contra el pueblo hebreo aquellas palabras, y Moisés hiere la roca, y salió agua de la roca; pero salió agua de la roca pero Moisés usó una forma que fue permitida en la primera ocasión, pero que para esa ocasión no era permitida. Y Dios se llenó de ira en contra de Moisés.

Ahora vamos a ver las consecuencias de esto. Números 20:24 nos cuenta todo lo que allí sucedió, dice [20:7]:

Y habló Jehová a Moisés, diciendo:

Toma la vara, y reúne la congregación, tú y Aarón tu hermano, y hablad a la peña a vista de ellos; y ella (la peña) dará su agua, y les sacarás aguas de la peña, y darás de beber a la congregación y a sus bestias.

Entonces Moisés tomó la vara de delante de Jehová, como él le mandó.

Y reunieron Moisés y Aarón a la congregación delante de la peña, y les dijo: ¡Oíd ahora, rebeldes! ¿Os hemos de hacer salir aguas de esta peña?

Entonces alzó Moisés su mano y golpeó la peña con su vara dos veces; y salieron muchas aguas, y bebió la congregación, y sus bestias”.

Cualquier persona podría decir: “Lo hizo muy bien, ¡salió agua!”. Pero no lo hizo en la forma que Dios le dijo que lo hiciera.

Y Jehová dijo a Moisés y a Aarón: Por cuanto no creísteis en mí, para santificarme delante de los hijos de Israel, por tanto, no meteréis esta congregación en la tierra que les he dado.

Estas son las aguas de la rencilla, por las cuales contendieron los hijos de Israel con Jehová, y él se santificó en ellos”.

Ahora, vean ustedes, Moisés no creyó para santificar a Dios delante de los hijos de Israel, y con ira obró e hirió la roca cuando tenía que hablarle a la roca porque allí Dios estaba colocando el tipo y figura de la Segunda Venida de Cristo.

En esa ocasión se estaba reflejando allí la Segunda Venida de Cristo; y la Segunda Venida de Cristo no es para ser crucificado Cristo en Su Segunda Venida. Y Moisés cuando hirió la roca está allí representando una crucifixión, y por cuanto Moisés es un profeta rompió el tipo y figura correcto; y ahora para la Segunda Venida de Cristo, por cuanto no puede efectuarse una segunda crucifixión, habrá una crucifixión espiritual, por cuanto Moisés allí lo reflejó, lo representó.

Porque cuando los profetas enviados por Dios, como Moisés y Elías y profetas así, hacen estas cosas, todo eso es tipo y figura de cosas que tienen que suceder en el futuro; porque siempre las cosas que Dios hace tienen su tipo y figura. Primero vienen los tipos y figuras y la Palabra profética de lo que Dios hará: “porque no hará nada el Señor Jehová sin que antes revele Sus secretos a Sus siervos Sus profetas”.

Y ahora, vean lo que le costó a Moisés delante de Dios, delante de Jehová, el obrar con ira y hacer las cosas pero en una forma no completamente en la perfecta voluntad de Dios.

Las cosas hay que hacerlas en la forma en que Dios nos dice, sin añadirle ni quitarle. Él le añadió esos dos golpes con la vara, y por cuanto le añadió ahora Dios le dijo que no entraría con el pueblo a la tierra prometida; pero el Programa de Dios continúa siempre adelante: el siervo o sirviente o servidor de Moisés sería el instrumento que Dios usaría para colocar el pueblo en la tierra prometida; un siervo fiel y prudente que sirvió a Dios sirviéndole a Moisés en las labores correspondientes a la Obra de Dios encomendada a Moisés.

Vean, trabajó en el templo y trabajó también como general del ejército de Israel en las batallas. También Josué se encontró frente a frente con el Ángel de Jehová, el príncipe de los Ejércitos de Jehová, el cual acompañó a Josué todo el tiempo; y desde otra dimensión venía la victoria para el pueblo hebreo.

Y por eso Josué, sabiendo que desde otra dimensión estaban estos arcángeles con sus ejércitos, y que al pedido de Josué ellos respondían, en una ocasión le dijo al sol que se parara y el sol se paró, y la luna también se detuvo; y hubo un día tan largo, cual nunca ha habido en la historia de la raza humana10.

A la voz de Josué Dios contestó haciendo lo que Josué habló. Dios colocó en la boca de Josué esa Palabra creadora y todo sucedió como Josué lo había hablado.

Josué, un profeta de Dios también, el cual no se ponía a llorar ni se ponía a preguntar si podía o no podía. Él iba hacia adelante en la perfecta voluntad de Dios siempre, llevando a cabo la Obra de Dios en la forma que él conocía la Obra de Dios para ser llevada a cabo en ese tiempo.

Y Dios le había dicho11: “Tú meterás el pueblo a la tierra prometida. Mi siervo Moisés ha muerto, por lo tanto, levántate porque tú meterás al pueblo en la tierra prometida. Solamente que te esfuerces y seas valiente. Y no temas, porque yo estoy contigo todo el tiempo. Nadie te podrá hacer frente. Como estuve con Moisés estaré contigo”.

Ahora, Josué no cometió esos errores que Moisés cometió, como herir la roca; no se llenó de ira y no puso excusas como Moisés había en una ocasión dicho12: “Yo no sé hablar, yo soy torpe. Envía por el que tienes que enviar”. Y Dios también ahí se llenó de ira.

Vean ustedes, esas dos ocasiones en donde Dios se molestó con Moisés fueron dos ocasiones en donde Moisés perdió mucha bendición de parte de Dios.

Ahora, Dios le dijo a Moisés: “Yo te voy a poner sobre un pueblo mayor. Déjame destruir este pueblo y te pondré sobre un pueblo mayor”.

¿Y qué pueblo mayor que el pueblo hebreo, hay en el Programa Divino? El único pueblo mayor que el pueblo hebreo, de un nivel más alto, el cual es el Israel celestial, así como el pueblo hebreo es el Israel terrenal; ese Israel celestial es la Iglesia del Señor Jesucristo, el Cuerpo Místico de Cristo, los cuales tienen sus nombres escritos en el Libro de la Vida del Cordero desde antes de la fundación del mundo, y son enviados a vivir en este planeta Tierra en cuerpos mortales para hacer contacto con Cristo, la Vida Eterna, y obtener el nuevo nacimiento.

Primero creer en Cristo como nuestro Salvador, lavar nuestros pecados en la Sangre de Cristo y recibir Su Espíritu Santo, y así recibir un cuerpo teofánico, un espíritu teofánico de la sexta dimensión, y ser colocados en la misma condición y etapa en que estaba Jesús o Jesucristo antes de venir en carne humana.

Él estaba en Su cuerpo teofánico y por eso es que Juan podía decir, hablando de Jesús: “El que viene después de mí es antes que yo”. ¿Y cómo es antes de Juan y viene después de Juan, y nació también después de Juan? Su cuerpo físico nació después de Juan y vino en Su ministerio después de Juan, pero en Su cuerpo teofánico era primero que Juan el Bautista y era primero que Abraham también.

Jesucristo dijo13: “Antes que Abraham fuera, yo soy”. Él es aquel Melquisedec que le apareció a Abraham, Él es el aquel Elohim que le apareció también a Abraham el día antes de la destrucción de Sodoma y Gomorra.

Y cuando se habla de Melquisedec, el que le apareció a Abraham, se dice que era sin padre, era sin principio de días y sin fin de tiempo; sin padre y sin madre y así por el estilo. ¿Por qué? Porque Él es el Verbo que era con Dios y era Dios.

“Este era en el principio con Dios. Por Él fueron hechas todas las cosas, y sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres”.

También dice que Juan no era la Luz sino que vino a dar testimonio de la Luz, “a fin de que todos creyesen en Él”, o sea, en Jesús, en la Luz.

Y dice también que la Luz vendría a este mundo. Dice… vamos a ver aquí: San Juan, capítulo 1, verso 1 al 18, es que estamos citando. Dice, verso 9 al 10:

Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo”.

¿Cómo iba a venir a este mundo? Venía a este mundo en carne humana.

En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció.

A lo suyo vino (el pueblo hebreo), y los suyos no le recibieron.

Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;

los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios”.

Esto es por medio de creer en Cristo como nuestro Salvador, lavar nuestros pecados en la Sangre de Cristo y recibir Su Espíritu Santo; y así somos hechos una nueva criatura, así es como nacemos de nuevo y nacemos en el Reino de Dios, obteniendo un cuerpo teofánico, espíritu teofánico de la sexta dimensión; un cuerpo teofánico como el cuerpo teofánico que Cristo tiene, en el cual se manifestó Abraham como Melquisedec y en otra ocasión como Elohim.

Esa es la clase de cuerpo teofánico que obtenemos cuando recibimos el nuevo nacimiento: un cuerpo de otra dimensión, de la sexta dimensión, un cuerpo perfecto. Y luego, para el Día Postrero, tenemos la promesa de recibir un cuerpo físico eterno y glorificado, un cuerpo perfecto, que nunca se enfermará, nunca se pondrá viejo y nunca morirá.

Será un cuerpo en el cual no tendremos limitaciones, en el cual no estaremos como esclavos terrenales sino como hijos de Dios manifestados en toda la plenitud con un cuerpo físico eterno y con un espíritu teofánico eterno también. Ese espíritu teofánico eterno es un cuerpo de la sexta dimensión.

Así como este cuerpo físico es de esta dimensión terrenal, también el cuerpo teofánico, que es el espíritu teofánico que recibimos de parte de Cristo cuando creemos en Él y recibimos Su Espíritu Santo, ese espíritu teofánico es un cuerpo como el nuestro pero de otra dimensión. Ese es el cuerpo en el cual viven los hijos e hijas de Dios que parten de esta vida terrenal y viven en ese cuerpo en la sexta dimensión, en el Paraíso.

Allá hay árboles, allá hay ríos, fuentes de aguas, animales, pajaritos, todo esto de esa sexta dimensión; pues la Creación completa que nosotros vemos en este planeta Tierra, vino de otra dimensión también.

Y el ser humano también viene de otra dimensión; así que no debe asustarse el ser humano cuando escucha hablar de extraterrestres y de platillos voladores y cosas así, porque el ser humano mismo viene de otra dimensión; por lo tanto, es un extraterrestre en cuanto a su alma y en cuanto a su espíritu también.

Lo único terrestre que tiene el ser humano es su cuerpo físico, y cuando muere, ya el ser humano deja de ser un terrestre en cuanto a su cuerpo físico y pasa a otra dimensión: va a otra dimensión; y hay dos dimensiones, a una de ellas va la persona.

Si no cree en Cristo como su Salvador, pues va a la quinta dimensión, una dimensión a la cual nadie quisiera ir.

Esa es la dimensión donde fue el hombre rico del pasaje bíblico del cual Cristo habla14, en donde dice que este hombre rico hacía banquete cada día, se vestía de ropa muy hermosa, de púrpura y cosas así; y a su puerta venía un hombre, un mendigo, todo afectado en su piel, con sus llagas y cosas así como tienen los mendigos, y los perros lamían sus llagas y todo; y siempre se sentaba a la puerta de la entrada de su residencia esperando algo. Pero esa persona, ese mendigo, era un creyente en Dios y Su Palabra, y era un hombre temeroso de Dios; aunque era un hombre pobre pero temía a Dios.

Y el rico creía que había Dios, creía en la religión hebrea, pero vean ustedes, dedicó su vida a las cosas materiales; y cuando murieron ambos, el hombre rico murió y despertó en el infierno; y cuando levantó sus ojos allí… pues fue llevado allí, porque cuando la persona termina sus días aquí en la Tierra lo llevan a una de estas dos dimensiones: o a la quinta dimensión o a la sexta dimensión.

La persona va en ese cuerpo que se llama espíritu, que es un cuerpo de otra dimensión; y la persona es el alma, el cual va dentro de ese cuerpo de otra dimensión. Y hay cuerpo de la quinta dimensión y hay cuerpo de la sexta dimensión.

El cuerpo de la quinta dimensión, ese espíritu de la quinta dimensión, lo recibe la persona cuando nace aquí en la Tierra; y el cuerpo de la sexta dimensión, el espíritu de la sexta dimensión, lo recibe cuando recibe a Cristo como su Salvador y nace de nuevo; ahí recibe un cuerpo de la sexta dimensión.

Y si muere la persona, el que no recibió un cuerpo de la sexta dimensión pues tiene un cuerpo de la quinta dimensión, y la persona va en ese cuerpo de la quinta dimensión, es llevado a la quinta dimensión.

Pero si tiene un cuerpo de la sexta dimensión porque creyó en Cristo como su Salvador y nació de nuevo, pues va a la sexta dimensión, al Paraíso a vivir, donde ni se sufre ni se tienen las labores o trabajos que se tienen aquí en la Tierra, ni se come ni se duerme ni se cansan allí. Allí están glorificando a Dios, sirviendo a Dios y esperando la resurrección en cuerpos eternos, como Cristo prometió cuando dijo15: “Y yo le resucitaré en el Día Postrero”. ¿A quiénes? A los que han creído en Él.

“Y todo aquel que vive y cree en mí (Él dice), aunque esté muerto, vivirá”16.

Ahora, vean ustedes que la resurrección, la primera resurrección para vivir en un cuerpo eterno es para los creyentes en Cristo.

Y ahora, vean ustedes cómo el hombre rico cuando murió se encontró en el infierno; y siendo tan rico no tenía ni un vaso de agua fría o fresca. Y cuando miró hacia el Paraíso, que estaba al otro lado… pues lo dividía una sima, o sea, lo dividía un cañón, digamos, profundo, pero podía ver al otro lado; y cuando miró hacia el Paraíso, al Seno de Abraham miró, y vio a Abraham, al padre Abraham, vio también a Lázaro (pues Lázaro había muerto, y dijo Jesús17: “Y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham”).

La persona que cree en Cristo como su Salvador, cuando muere es llevado por los ángeles de Dios al Paraíso; pero si no es un creyente no puede esperar que vengan ángeles de Dios a llevarlo al Paraíso: tiene que ir a la quinta dimensión, que es una cárcel, en lo que ocurre la segunda resurrección para ir delante del Trono Blanco para ser juzgado por Dios.

Y ahora, Lázaro en el Paraíso estaba muy contento allá, con el Padre de la Fe, con Abraham; y cuando el rico vio a Lázaro allá en el Paraíso, miren, quería que Abraham lo mandara para el infierno; pues le dice: “Padre Abraham, manda a Lázaro acá con un vaso de agua, o con su dedo mojado en agua, porque en este lugar estoy atormentado; mándalo con su dedo mojado en agua para que lo coloque sobre mi lengua”.

Tanto tiempo que estuvo Lázaro frente a su casa y nunca le dijo: “Pasa acá a la mesa para que comas con nosotros”. Y ahora quería que Lázaro fuera a donde él estaba: al infierno. Y Abraham le dijo que no era permitido: “Tú tuviste tus bienes allá en la Tierra y Lázaro tuvo males; y ahora tú eres atormentado en el infierno y Lázaro es consolado aquí en el Paraíso”.

Luego dice el hombre rico: “Pues envía a Lázaro a la Tierra de nuevo (o sea, que resucite), para que vaya a mis hermanos, porque tengo más hermanos, para que vaya a ellos y les cuente cómo es acá, cómo es el Paraíso y cómo es el infierno, para que no vayan a venir al infierno”.

Y Abraham le dice: “A Moisés y a los profetas tienen. Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no escucharán a una persona que se levante de entre los muertos”. Porque el incrédulo es incrédulo aunque una persona de entre los muertos se levante y les diga cómo es allá en el Paraíso.

Miren, a Jesús de Nazaret lo tenían como si fuera un loco, pero ninguno podía hacer las cosas que Jesús hacía. Más bien le tenían envidia.

Y la secta religiosa de los saduceos, que era la secta que tenía los grandes líderes religiosos como los sumos sacerdotes (porque de los saduceos venían los sumos sacerdotes), dice la Escritura que ni creían en ángel ni creían en la resurrección; y los fariseos sí creían en ángel y creía en resurrección.

Ahora, ¿cómo puede ser posible que haya una secta religiosa de la cual vengan los sumos sacerdotes, y no crean en la resurrección y no crean en ángeles? Cuando la Ley fue dada por comisión de Ángeles, y cuando los arcángeles de Dios, el Arcángel Gabriel es el arcángel que está en favor del pueblo hebreo.

¡¿Qué representación de Dios podrá dar una religión así y un líder así, de lo que es el Dios Todopoderoso y de cómo Dios protege a su pueblo Israel?! Eso existía en medio del pueblo hebreo.

Y ahora, fueron los saduceos los que le preguntan a Jesús acerca de la resurrección, cuando le dicen18: “Mira, un hombre tuvo una esposa, y ese hombre murió y no tuvo hijos. Luego su hermano la tomó como esposa para levantar simiente a su hermano (porque así era conforme a la Ley de Dios en medio del pueblo hebreo) y murió también, y no tuvo hijos por medio de ella; y luego el tercer hijo se casó con la viuda, y murió y no tuvo hijos con ella; y luego el cuarto hermano se casó con la viuda y no tuvo hijos con ella, y murió; y luego el quinto hermano se casó con la viuda, murió y no tuvo hijos con ella. En la resurrección, ¿de quién será esposa ella?”.

¿Ven? Querían tomar a Jesús como decimos nosotros: fuera de base. Y Jesús dice: “En la resurrección ni se casan ni se dan en casamiento, sino que serán como los ángeles. Y en cuanto a la resurrección, cuando Dios le habló a Moisés en la zarza y le dice: Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, está dando Dios allí testimonio de la resurrección; porque Dios no es Dios de muertos, sino de vivos”.

No dijo: “Yo FUI el Dios de Abraham”, sino “Yo SOY el Dios de Abraham”, porque Abraham todavía vive. ¿Vive dónde? En el Paraíso.

En la parábola que dio del hombre rico y Lázaro, ahí está mostrando que Abraham está viviendo ¿dónde? En el Paraíso; y que después que uno ha vivido aquí en la Tierra y muere, va al Paraíso donde estaba Abraham, o va a donde estaba el hombre rico.

Ahora, el Paraíso se encuentra en un lugar superior a donde estaba antes.

Y ahora, la persona mientras vive aquí en la Tierra se prepara, lo cual debe entender… Algunos se preparan para ser un médico, para ser un abogado o para ser alguna otra cosa aquí en la Tierra, y eso está muy bueno, porque toda persona tiene que luchar para sobrevivir aquí en la Tierra; pero lo principal dijo Jesús que era buscar primeramente el Reino de Dios y su justicia19.

Porque ¿de qué le vale al hombre si ganare todo el mundo y pierde su alma?20 Por lo tanto, el hombre se tiene que preparar para lo que será su vida después que terminen sus días terrenales en este cuerpo terrenal.

Y por medio del Sacrificio de Cristo obtenemos esa preparación: creyendo en Jesucristo como nuestro Salvador, lavando nuestros pecados en la Sangre de Cristo y recibiendo Su Espíritu Santo, y así recibiendo un cuerpo, un espíritu de la sexta dimensión, del Paraíso; para, cuando terminen nuestros días aquí en la Tierra, ir en ese cuerpo teofánico a vivir al Paraíso.

Si no tiene ese cuerpo, ¿cómo va a ir al Paraíso?, ¿cómo va a ir a esa dimensión?

Ahora, la vida del ser humano aquí es para que se prepare para ir o al Paraíso o al infierno. Y para ir al infierno pues solamente habiendo nacido por medio de papá y mamá ya tiene con qué ir al infierno: tiene su cuerpo, su espíritu de la quinta dimensión, el cual es dado al ser humano en la permisiva voluntad de Dios a causa de la caída; por causa de la caída, el infierno y los cuerpos de esa dimensión son los primeros que son manifestados; y luego, cuando la persona cree en Cristo y nace de nuevo: pues un cuerpo de la sexta dimensión, un espíritu de la sexta dimensión es manifestado para esa persona, llamado el ángel de Jehová, que “acampa en derredor de los que le temen, y los defiende”21.

Ahora podemos ver que es un misterio la vida del ser humano aquí en la Tierra y también la vida después que termina sus días aquí en la Tierra. Pero Dios por medio de Jesucristo nos abrió el camino al Paraíso, para que todos por medio de Cristo, recibiéndolo como nuestro Salvador y lavando nuestros pecados en Su Sangre y recibiendo Su Espíritu Santo seamos preparados para ir al Paraíso a vivir en paz, en un cuerpo teofánico; para luego, en el Día Postrero, Cristo resucitar a esas personas que están en el Paraíso; y a los que estamos vivos, creyentes en Cristo, que hemos lavado nuestros pecados en la Sangre de Cristo y hemos recibido Su Espíritu Santo, ser transformados nuestros cuerpos físicos y tener un cuerpo eterno para vivir con Cristo por toda la eternidad, como reyes y sacerdotes.

Cristo está llevando a cabo una nueva creación de seres, una nueva creación en la cual las personas son a imagen y semejanza de Jesucristo.

Y con la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de nosotros los que vivimos habrá en este planeta Tierra millones de seres humanos que llegarán a ser iguales a Jesucristo, a imagen y semejanza de Jesucristo; vendrán a ser seres perfectos en todo el sentido de la palabra.

Esos son los escogidos de Dios escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, desde antes de la fundación del mundo; enviados aquí a esta Tierra a vivir en cuerpos mortales en la permisiva voluntad de Dios, para hacer contacto con la vida eterna y regresar a la vida eterna con un cuerpo eterno y con un espíritu teofánico de la sexta dimensión, eterno también; y reinar con Cristo por mil años y luego por toda la eternidad, como reyes y sacerdotes.

Ahora podemos ver la importancia de la Primera Venida de Cristo y Su Obra de Redención en la Cruz del Calvario en favor de cada una de las personas que tienen sus nombres escritos en el Libro de la Vida del Cordero. Nuestros nombres están escritos allí desde antes de la fundación del mundo, y por eso es que hemos hecho contacto con Cristo y Su Programa en nuestro tiempo, así como hicieron contacto con Cristo y Su Programa los escogidos de edades pasadas.

Ahora podemos ver por qué en nuestro interior siempre hubo ese clamor por Dios, y respondimos al llamado de Dios, de Cristo, para nuestra restauración a la vida eterna.

Cristo dijo que ninguno de los que el Padre le ha dado se perderá. O sea, estamos escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero. Hemos sido representados en ovejas y Él habla de las ovejas que el Padre le dio y dice que ninguna se perderá.

Jesucristo se presenta como el Buen Pastor en el Nuevo Testamento, así como Dios en el Antiguo Testamento se presenta como el Buen Pastor.

En el Salmo 23 dice: “Jehová es mi pastor; nada me faltará. En lugares de dedicados pastos me hará descansar (yacer)”.

Y ahora, Jesús en el Nuevo Testamento, en el capítulo 10 de San Juan, verso 14 en adelante dice: “Yo soy el Buen Pastor”. Es el mismo Jehová del Antiguo Testamento, no hay dos pastores; es el mismo Pastor.

“Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen,

así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas.

También tengo otras ovejas que no son de este redil (o sea, que no son del redil hebreo); aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor”.

Ese rebaño es la Iglesia del Señor Jesucristo, donde Cristo ha estado trayendo ovejas del pueblo hebreo y ovejas de entre los gentiles, los cuales han recibido a Cristo como su Salvador y han lavado sus pecados en la Sangre de Cristo al escuchar la Voz de Cristo en Espíritu Santo por medio del mensajero de cada edad. Y así ha ido formándose el Rebaño del Señor, el Redil del Señor, que es la Iglesia del Señor Jesucristo.

Y ahora, esta Iglesia del Señor Jesucristo está representada en el pueblo hebreo como nación; así como el pueblo hebreo es el Israel terrenal (la descendencia de Abraham según la carne), la Iglesia del Señor Jesucristo es el Israel celestial.

Dios le mostró al patriarca y profeta Abraham que su descendencia sería como la arena del mar y también como las estrellas del cielo22. Y como las estrellas del cielo, son los miembros del Cuerpo Místico de Jesucristo. Y entre las estrellas del Cielo hay luceros muy grandes, y Cristo ha colocado luceros muy grandes en el Israel celestial, representado en las estrellas del cielo; ha colocado siete luceros, siete grandes estrellas, que son los siete ángeles mensajeros de las siete edades de la Iglesia gentil.

Por eso es que en el Apocalipsis encontramos todos estos símbolos representando a los hijos e hijas de Dios, estas estrellas representando a los siete ángeles mensajeros de las siete edades de la Iglesia gentil.

Vean, en Apocalipsis, capítulo 1 y versos 12 en adelante, dice:

Y me volví para ver la voz que hablaba conmigo; y vuelto, vi siete candeleros de oro,

y en medio de los siete candeleros, a uno semejante al Hijo del Hombre, vestido de una ropa que llegaba hasta los pies, y ceñido por el pecho con un cinto de oro.

Su cabeza y sus cabellos eran blancos como blanca lana, como nieve; sus ojos como llama de fuego;

y sus pies semejantes al bronce bruñido, refulgente como en un horno; y su voz como estruendo de muchas aguas.

Tenía en su diestra siete estrellas; de su boca salía una espada aguda de dos filos; y su rostro era como el sol cuando resplandece en su fuerza.

Cuando le vi, caí como muerto a sus pies. Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas; yo soy el primero y el último;

y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades (o sea, del infierno y de la muerte).

Escribe las cosas que has visto, y las que son, y las que han de ser después de estas.

El misterio de las siete estrellas que has visto en mi diestra, y de los siete candeleros de oro: las siete estrellas son los ángeles de las siete iglesias, y los siete candeleros que has visto, son las siete iglesias”.

Ahora vean cómo Cristo representa en estas siete estrellas los siete ángeles mensajeros de las siete edades de la Iglesia gentil. San Pablo fue la primera estrella y el reverendo William Branham fue la séptima estrella de la Iglesia del Señor Jesucristo.

Y luego Jesucristo nos dice en Apocalipsis, capítulo 2, verso 28:

“… y le daré la estrella de la mañana”.

¿A quién? Al vencedor.

Ahora, luego de las siete estrellas, de las siete edades de la Iglesia gentil, tenemos la promesa de la Estrella de la Mañana (la Estrella de la Mañana: el Lucero de la Mañana). ¿Y quién es el Lucero de la Mañana, la Estrella de la Mañana?

Y le será dado el Lucero de la Mañana ¿a quién? Al vencedor. Le será dada la Segunda Venida de Cristo al vencedor.

Veamos quién es la Estrella de la Mañana. Capítulo 22, verso 16, de Apocalipsis, dice:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana”.

Esta Estrella resplandeciente de la Mañana es la que Cristo ha prometido darle al vencedor; y la Estrella resplandeciente de la Mañana es Cristo. Y para el Día Postrero, la Segunda Venida de Cristo aparece al comienzo como la Estrella resplandeciente de la Mañana.

Es en la mañana, cuando ya las demás estrellas van desapareciendo, que todavía las personas pueden ver la estrella resplandeciente de la mañana por el este; es el mensajero del este anunciando que ya está rayando el alba, que ya un nuevo día está comenzando a nacer.

Y la Estrella resplandeciente de la Mañana, que es Cristo viniendo en el Día Postrero en Espíritu Santo y manifestándose por medio de Su Ángel Mensajero, estará anunciando que un nuevo día dispensacional está comenzando a nacer, y que un nuevo día milenial, el séptimo milenio, está también comenzando a nacer; y que el Sol está comenzando a alumbrar.

Aunque cuando se ve la estrella resplandeciente de la mañana cuando está rayando el alba, las personas no ven el sol, pero por el este se ve la luz del este, el mensaje del este resplandeciendo. Y las personas miran hacia el este y ven ese mensaje, esa luz dando su mensaje; es la luz del sol. Y la estrella está cerca y anuncia que la luz del sol está comenzando a rayar, a alumbrar; y eso es señal de que un nuevo día milenial está rayando, está comenzando, y un nuevo día dispensacional está comenzando también, se está entrelazando con la etapa de la noche; pero a la etapa de la noche le conviene menguar y a la etapa del día le conviene crecer.

Por eso el precursor de la Segunda Venida de Cristo dijo igual a como dijo el precursor de la Primera Venida de Cristo: Cristo siendo el Sol de Justicia, y Juan siendo una luz, una antorcha que ardía, que alumbraba, una lámpara que alumbraba en lugar oscuro, Juan dice, hablando de Jesús dice: “A Él le conviene crecer y a mí menguar”23.

Y ahora, vean ustedes cómo Juan el Bautista fue menguando y Cristo fue creciendo. Y Cristo dijo24: “Yo soy la Luz del mundo; y el que me sigue, no andará en tinieblas, mas tendrá la Luz de la vida (de la vida eterna)”.

En el Monte de la Transfiguración, Jesucristo, encontramos que se transfiguró delante de Sus discípulos Pedro, Jacobo y Juan, y Su rostro resplandeció como el sol. Él está mostrando allí, en estos tipos y figuras, en esta visión, la Venida del Hijo del Hombre en Su Reino para ser cumplida en el Día Postrero.

Por eso es que luego, en Apocalipsis, capítulo 1, verso 14, dice:

Su cabeza y sus cabellos eran blancos como blanca lana, como nieve; sus ojos como llama de fuego;

y sus pies semejantes al bronce bruñido, refulgente como en un horno; y su voz como estruendo de muchas aguas.

Tenía en su diestra siete estrellas; de su boca salía una espada aguda de dos filos; y su rostro era como el sol cuando resplandece en su fuerza”.

Luego, en Apocalipsis, capítulo 10, encontramos la Venida de Cristo descendiendo del Cielo como el Ángel Fuerte, y dice:

“Vi descender del cielo a otro ángel fuerte, envuelto en una nube, con el arco iris sobre su cabeza; y su rostro era como el sol, y sus pies como columnas de fuego.

Tenía en su mano un librito abierto; y puso su pie derecho sobre el mar, y el izquierdo sobre la tierra;

y clamó a gran voz, como ruge un león; y cuando hubo clamado, siete truenos emitieron sus voces”.

Es la Venida del Ángel Fuerte, la Venida de Cristo para el tiempo final, con Su rostro como el sol.

El sol es el astro rey y por eso representa a Cristo en Su Segunda Venida como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo, para resplandecer en nuevo día dispensacional, la Dispensación del Reino, que es la séptima dispensación, y para resplandecer en el séptimo milenio, que es el Día Postrero y Día del Señor del cual habla Dios en Su Palabra; para el cual la Segunda Venida de Cristo como el Sol de Justicia estará alumbrando el alma y el entendimiento del ser humano.

Cristo dijo: “Yo soy la luz del mundo; y el que me sigue, no andará en tinieblas, mas tendrá la luz de la vida”.

Ahora podemos ver también las palabras del profeta Malaquías en el capítulo 4, cuando nos habla de este tiempo final y profetiza las cosas que estarán sucediendo en el tiempo final. Dice Malaquías en el capítulo 4, verso 1 en adelante:

Porque he aquí, viene el día ardiente como un horno, y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa; aquel día que vendrá los abrasará, ha dicho Jehová de los ejércitos, y no les dejará ni raíz ni rama”.

Ese es el juicio de la gran tribulación que vendrá sobre la raza humana. Para los que hacen maldad, que están representados en la cizaña, en la parábola del trigo y de la cizaña de Jesús, del capítulo 13 de San Mateo: serán echados en el horno de fuego, donde serán quemados; y esto nos habla de un fuego atómico que vendrá para la raza humana en el tiempo final, en el Día Postrero, o sea, en el séptimo milenio, en donde la radioactividad que está almacenada en estos instrumentos de guerra atómica, instrumentos o bombas atómicas, todo eso será desatado sobre la raza humana en una Tercera Guerra Mundial; y “el día ardiente como un horno” se convertirá en una realidad para la raza humana.

El profeta Zacarías, en el capítulo 14, profetiza de los efectos de esa guerra y de ese tiempo, y nos dice de la siguiente manera: capítulo 14, verso 12 en adelante, dice:

Y esta será la plaga con que herirá Jehová a todos los pueblos que pelearon contra Jerusalén: la carne de ellos se corromperá estando ellos sobre sus pies, y se consumirán en las cuencas sus ojos, y la lengua se les deshará en su boca (eso es radioactividad destruyendo los cuerpos humanos)”.

¿Pero qué será de los hijos e hijas de Dios?

Dice Malaquías en el capítulo 4, verso 2:

Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación; y saldréis, y saltaréis como becerros de la manada.

Hollaréis a los malos, los cuales serán ceniza bajo las plantas de vuestros pies, en el día en que yo actúe, ha dicho Jehová de los ejércitos.

Acordaos de la ley de Moisés mi siervo, al cual encargué en Horeb ordenanzas y leyes para todo Israel”.

Ahora, podemos ver aquí lo que será de los hijos e hijas de Dios, que son los que temen el Nombre del Señor. Dice: “A los que temen mi Nombre, nacerá el Sol de Justicia”.

Ahora vean, primero estarán viendo la Estrella resplandeciente de la Mañana que estará anunciando ¿qué? La Venida del Sol. Y luego verán que esa Luz y ese resplandor que estaba siendo visto era del Sol, que estaba naciendo en un nuevo día dispensacional y en un nuevo día milenial.

Era el Sol, la Segunda Venida de Cristo, porque Él es el Sol de Justicia resplandeciendo en un nuevo día dispensacional; pero al comienzo, en la mañana, cuando está rayando el alba, no se siente fuertemente su calor ni su luz, ilumina todas las cosas a la vez; pero a medida que va subiendo, va creciendo, como dijo Juan el Bautista y el precursor de la Segunda Venida de Cristo, William Marrion Branham: “A él le conviene crecer”. Y a medida que va creciendo: va alumbrando más; a medida que va creciendo sus rayos de luz van iluminando todas las cosas, va resplandeciendo más, hasta que llega al nivel máximo.

Y miren ustedes, de la luz del sol nadie escapa en el recorrido y trayectoria por donde el sol va alumbrando; y cuando sale el sol no se necesita la luna para que alumbre.

Con la Segunda Venida de Cristo no se necesitará ninguna otra luz para que alumbre. Basta con la luz de la Segunda Venida de Cristo. Con esa luz nos alumbrará el entendimiento, el alma, todo nuestro ser, y nos alumbrará todas las escrituras para poderlas ver, para poderlas comprender y para poder recibir el beneficio de todas esas escrituras prometidas para ser cumplidas en este Día Postrero; y así recibir la bendición de Su Venida, que es la bendición del Séptimo Sello.

Ahora, les hable hace algunos minutos acerca de Jacob y de José y de Efraín y de Moisés; pues cuando les hablé acerca de Moisés, en la bendición que Moisés perdió están todas esas cosas; porque cuando el pueblo hebreo obtuviera la tierra prometida se iba a colocar sobre el monte Gerizim una parte del pueblo, o sea, seis tribus estarían sobre ese monte. ¿Y ese monte pertenece a quién? Al territorio de Efraín.

Y otra parte del pueblo se iba a colocar en otro monte, que estaba frente al monte Gerizim, era el monte Ebal, el cual pertenecía a otra tribu.

Ahora, vean ustedes cómo desde el monte Gerizim iba a ser hablada la bendición para el pueblo hebreo; y desde el otro monte iba a ser hablada la maldición. Y Dios instruyó al pueblo hebreo por medio de Moisés y luego por medio de Josué para que supieran cómo obtener la bendición o la maldición; porque sería el fruto o resultado de la forma en que ellos asumieran su responsabilidad delante de Dios y Su Palabra.

Si eran obedientes a Dios y Su Ley, recibirían la bendición de Dios; si eran desobedientes, entonces el juicio divino vendría sobre el pueblo hebreo.

Ahora, veamos cómo el profeta Moisés, aun antes del pueblo hebreo entrar a la tierra prometida recibe la dirección de Dios, la revelación de Dios, para que hagan esto cuando entren a la tierra prometida.

En Deuteronomio, capítulo 11, verso 29, y capítulo 27, verso 12, nos habla Dios por medio del profeta Moisés acerca de esto. Capítulo 11, verso 29 nos dice… vamos a leer un poquito antes. Dice capítulo 11, versos 22 en adelante (para no leer mucho):

“Porque si guardareis cuidadosamente todos estos mandamientos que yo os prescribo para que los cumpláis, y si amareis a Jehová vuestro Dios, andando en todos sus caminos, y siguiéndole a él,

Jehová también echará de delante de vosotros a todas estas naciones, y desposeeréis naciones grandes y más poderosas que vosotros.

Todo lugar que pisare la planta de vuestro pie será vuestro; desde el desierto hasta el Líbano, desde el río Eufrates hasta el mar occidental será vuestro territorio.

Nadie se sostendrá delante de vosotros; miedo y temor de vosotros pondrá Jehová vuestro Dios sobre toda la tierra que pisareis, como él os ha dicho.

He aquí yo pongo hoy delante de vosotros la bendición y la maldición:

la bendición, si oyereis los mandamientos de Jehová vuestro Dios, que yo os prescribo hoy,

y la maldición, si no oyereis los mandamientos de Jehová vuestro Dios, y os apartareis del camino que yo os ordeno hoy, para ir en pos de dioses ajenos que no habéis conocido.

Y cuando Jehová tu Dios te haya introducido en la tierra a la cual vas para tomarla, pondrás la bendición sobre el monte Gerizim, y la maldición sobre el monte Ebal,

los cuales están al otro lado del Jordán, tras el camino del occidente en la tierra del cananeo, que habita en el Arabá frente a Gilgal, junto al encinar de More.

Porque vosotros pasáis el Jordán para ir a poseer la tierra que os da Jehová vuestro Dios; y la tomaréis, y habitaréis en ella.

Cuidaréis, pues, de cumplir todos los estatutos y decretos que yo presento hoy delante de vosotros”.

Ahora, podemos ver aquí lo que Dios ordenó al pueblo hebreo.

Luego, en Josué, capítulo 8, verso 23, cuando el pueblo pasó al otro lado del Jordán, dice… comencemos en el verso 30, de ahí en adelante dice, del capítulo 8 de Josué:

“Entonces Josué edificó un altar a Jehová Dios de Israel en el monte Ebal,

como Moisés siervo de Jehová lo había mandado a los hijos de Israel, como está escrito en el libro de la ley de Moisés, un altar de piedras enteras sobre las cuales nadie alzó hierro; y ofrecieron sobre él holocaustos a Jehová, y sacrificaron ofrendas de paz.

También escribió allí sobre las piedras una copia de la ley de Moisés, la cual escribió delante de los hijos de Israel.

Y todo Israel, con sus ancianos, oficiales y jueces, estaba de pie a uno y otro lado del arca, en presencia de los sacerdotes levitas que llevaban el arca del pacto de Jehová, así los extranjeros como los naturales. La mitad de ellos estaba hacia el monte Gerizim, y la otra mitad hacia el monte Ebal, de la manera que Moisés, siervo de Jehová, lo había mandado antes, para que bendijesen primeramente al pueblo de Israel.

Después de esto, leyó todas las palabras de la ley, las bendiciones y las maldiciones, conforme a todo lo que está escrito en el libro de la ley.

No hubo palabra alguna de todo cuanto mandó Moisés, que Josué no hiciese leer delante de toda la congregación de Israel, y de las mujeres, de los niños, y de los extranjeros que moraban entre ellos”.

Ahora vean cómo Josué, el cual introdujo al pueblo hebreo a la tierra prometida, cumplió esta promesa o esta orden divina de ser colocados una parte en el monte o hacia el monte Gerizim, y otra parte en el monte Ebal.

Del monte Gerizim eran habladas las bendiciones, del monte Ebal eran habladas las maldiciones. Primero fueron habladas las bendiciones y después las maldiciones.

Ahora podemos ver aquí que este monte Gerizim pertenece a la tribu de Efraín. Y ahora, cuando Dios usó a Jacob para bendecir a Efraín y a Manasés, bendijo a Efraín colocando su mano derecha sobre la cabeza de Efraín, que era el menor; y la mano izquierda sobre la cabeza de Manasés, que era el mayor. Y Cristo en la Cruz del Calvario, la bendición que era para el mayor, para el pueblo hebreo representado en Manasés, pasó a la Iglesia gentil de Jesucristo; y esa es la Bendición de la Primogenitura.

En esa Bendición de la Primogenitura están todas las bendiciones de Dios; por eso es que es representada en la diestra. Y cuando se coloca la diestra de Jacob sobre Efraín están colocándose todas las bendiciones de la Primogenitura, porque la diestra de Jacob representa la diestra de Dios.

Y ahora, la diestra de Dios es Cristo; y todas las bendiciones de la Primogenitura, encontramos que estando en la diestra del que está sentado en el Trono, en ese Librito escrito y sellado con siete sellos, ahora Cristo toma ese Libro de los Siete Sellos, donde están las bendiciones de la Primogenitura… siendo ese el Libro o Título de Propiedad de toda la Creación, siendo el Libro de la Redención y siendo el Libro de la Vida del Cordero, Cristo lo toma y reclama todo lo que Él redimió, que está contenido en ese Libro para ser redimido.

Y por eso es que Cristo al tomar ese Libro de la diestra del que está sentado en el Trono luego lo abre en el Cielo, hace Su Reclamo, y luego lo trae a la Tierra y lo entrega a un hombre, el cual está representado en Juan el apóstol; y Juan el apóstol representa a la Iglesia del Señor Jesucristo con Sus ángeles mensajeros; y los ángeles mensajeros de la Iglesia de Jesucristo son los siete ángeles mensajeros de las siete edades y el Ángel del Señor Jesucristo para la Edad de la Piedra Angular.

Y el Ángel Mensajero que esté presente en el tiempo final como un siervo fiel y prudente alimentando a los hijos de Dios en la Casa de Dios, en la Iglesia de Jesucristo, con la Palabra de Dios correspondiente a este tiempo final, será la persona a la cual Cristo al descender del Cielo vendrá y le dará a comer ese Librito que Él abrió en el Cielo.

Siendo el Título de Propiedad, siendo el Libro de la Redención o Título de Propiedad de los Cielos y de la Tierra, al obtener ese Título de Propiedad, ¿qué sucede? Cristo al obtener ese Título de Propiedad tiene todos los derechos a recibir Su herencia, la cual Él con Su Sangre ha redimido.

Y así como en una Corte, cuando se recibe de la Corte el título de propiedad certificado de que es verdadero, y que esa propiedad pertenece al que tiene su nombre en ese título de propiedad, y le es entregado a la persona, pues la persona sale en posesión legal de esa propiedad. Y si los que estén ocupando esa propiedad no quieren salir de ella, él pide a la Corte que mande los alguaciles para que saquen al intruso que no quiere salir de esa propiedad, pues no tiene ningún título de propiedad; y si hizo alguna escritura es una escritura falsa y no fue reconocida en la Corte; por lo tanto, tiene que salir de esa propiedad.

Y así es con la propiedad que Dios le ha dado a Sus hijos. La herencia de los hijos e hijas de Dios fue dada a Adán, Adán la perdió en el problema que hubo allá en el Huerto del Edén; el diablo se apoderó de lo que no era de él, y ha estado por seis mil años aprovechando la herencia de los hijos de Dios: el planeta Tierra con todo lo que tiene; y ha estado el diablo destruyendo la herencia de los hijos de Dios.

Y ya la Tierra está tan débil que la Tierra está clamando por la redención, la Tierra está clamando por regresar a los hijos e hijas de Dios, a sus verdaderos herederos.

Dice el apóstol San Pablo en su carta a los Romanos, capítulo 8, dice del verso 18 en adelante:

“Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse”.

¿Y por qué vienen glorias para todos nosotros, las glorias venideras que han de ser manifestadas en nosotros? Porque dice San Pablo en los versos anteriores de este mismo capítulo 8, verso 14 en adelante, dice:

“Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios”.

Estas son las personas que han creído en Cristo como su Salvador, han lavado sus pecados en la Sangre de Cristo y han recibido el Espíritu de Cristo, y son guiados por ese Espíritu que Cristo le ha dado a cada uno de esos que tienen sus nombres escritos en el Libro de la Vida del Cordero.

“… éstos son hijos de Dios.

Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!

El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.

Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados”. 

San Juan también nos dice que si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, el tal no es de Él.

Y ahora, veamos, somos herederos de Dios y coherederos con Cristo Jesús; pero nuestra herencia el diablo la ha tenido por seis mil años usándola a su gusto y destruyendo nuestra herencia: el planeta Tierra con todo lo que tiene, y con toda su atmósfera y con todas las cosas que Dios entregó al ser humano en el Huerto del Edén.

Así como en medio del pueblo hebreo toda herencia dada por Dios al pueblo hebreo, la tierra que fue repartida como herencia, dice la Escritura que no podía ser vendida para siempre sino que cada cincuenta años, el año cincuenta era el año del jubileo, y en ese año del jubileo la tierra que era herencia, o la heredad que había sido dada a cada tribu regresaba a su dueño original. Eso está en Levítico, capítulo 25, verso 8 al 13; dice:

“Y contarás siete semanas de años, siete veces siete años, de modo que los días de las siete semanas de años vendrán a serte cuarenta y nueve años.

Entonces harás tocar fuertemente la trompeta en el mes séptimo a los diez días del mes; el día de la expiación haréis tocar la trompeta por toda vuestra tierra.

Y santificaréis el año cincuenta, y pregonaréis libertad en la tierra a todos sus moradores; ese año os será de jubileo, y volveréis cada uno a vuestra posesión, y cada cual volverá a su familia.

El año cincuenta os será jubileo; no sembraréis, ni segaréis lo que naciere de suyo en la tierra, ni vendimiaréis sus viñedos,

porque es jubileo; santo será a vosotros; el producto de la tierra comeréis.

En este año de jubileo volveréis cada uno a vuestra posesión”.

Este año del jubileo establecido en medio del pueblo hebreo representa el tiempo en que la Tierra regresará a las manos de los hijos de Dios; y esto es para este tiempo final en el cual nosotros estamos viviendo, en donde los muertos resucitarán en cuerpos eternos y nosotros los que vivimos seremos transformados; y así comienza con una tierra nueva, un cuerpo nuevo, nuestra restauración a la herencia divina que el ser humano perdió en la caída.

Luego, durante la gran tribulación, el diablo será expulsado de la herencia de los hijos e hijas de Dios; y luego de terminada la gran tribulación, a los santos de Dios les será dada la Tierra por heredad, y el Reino le será dado al pueblo de los santos; y de ahí en adelante el planeta Tierra estará bajo el gobierno, bajo el dominio, de sus verdaderos herederos, que son los hijos e hijas de Dios, herederos y coherederos con nuestro amado Señor Jesucristo.

Y por eso habrá paz durante el glorioso Reino Milenial, y por eso durante el Reino Milenial la raza humana crecerá en el conocimiento de las cosas de Dios y conocerá verdaderamente a Dios. Dice la Escritura: “Y en aquel día Jehová será uno y uno su nombre”.

También dice la Escritura que todos, dice: “Y todos me conocerán…” Zacarías… vamos a ver, Zacarías lo dice en el capítulo 12, cuando nos habla del glorioso Reino Milenial: Capítulo 14, verso 8 al 9, dice:

“Acontecerá también en aquel día, que saldrán de Jerusalén aguas vivas, la mitad de ellas hacia el mar oriental, y la otra mitad hacia el mar occidental, en verano y en invierno.

Y Jehová será rey sobre toda la tierra. En aquel día Jehová será uno, y uno su nombre”.

En Habacuc, capítulo 2, verso 14, dice lo que estará sucediendo en este tiempo final. Veamos, verso 13 al 14 de Habacuc, capítulo 2, dice:

“¿No es esto de Jehová de los ejércitos? Los pueblos, pues, trabajarán para el fuego, y las naciones se fatigarán en vano”.

Los pueblos trabajarán para el fuego y las naciones se fatigarán en vano; eso es lo que han estado haciendo durante todos estos cientos o miles de años las naciones, porque la herencia de los hijos de Dios, el planeta Tierra con todo lo que contiene, ha estado en las manos del diablo (el enemigo de Dios), y han estado utilizando este planeta Tierra, la herencia de los hijos de Dios, la han estado utilizando incorrectamente; pero todo el trabajo será para el fuego, porque (dice):

“Porque la tierra será llena del conocimiento de la gloria de Jehová, como las aguas cubren el mar”.

El planeta Tierra con todos sus habitantes será lleno del conocimiento de la gloria de Jehová como las aguas cubren el mar.

¿Dónde estaba la gloria de Dios en el tabernáculo que construyó Moisés y el templo que construyó Salomón y el Templo que está en el Cielo? En el lugar santísimo, sobre el arca del pacto, sobre el trono o propiciatorio. Y en el Templo espiritual de Cristo la Segunda Venida de Cristo es para ser manifestada en el Lugar Santísimo de ese Templo espiritual, sobre el Propiciatorio, sobre el Arca del Pacto, en medio de los Dos Querubines de oro.

La Iglesia de Jesucristo está siendo creada por Cristo, construida con el mismo plano, el mismo orden que Moisés construyó el tabernáculo y que Salomón construyó el templo, porque ese es el orden del Templo que está en el Cielo.

Y ahora Cristo está construyendo un nuevo Templo para Dios, para morada de Dios en Espíritu Santo en toda su plenitud; y es para este tiempo final que la Venida de Jesucristo en Espíritu Santo estará manifestada en el Lugar Santísimo de Su Templo espiritual.

Él en Espíritu Santo ha estado construyendo este Templo espiritual, de edad en edad, por medio de la manifestación que Él ha tenido a través de cada ángel mensajero llamando y juntando a Sus escogidos, y así construyendo Su Templo espiritual con piedras vivas, que son seres humanos.

Y para este tiempo final Cristo está construyendo el Lugar Santísimo de Su Templo espiritual con piedras vivas latinoamericanas y caribeñas, seres humanos; y cuando se complete la construcción de ese Lugar Santísimo, la plenitud de Jesucristo en Espíritu Santo estará en medio de Su Iglesia, entrará así como entró al tabernáculo que construyó Moisés y el templo que construyó Salomón; en donde los sacerdotes no pudieron ministrar más desde el momento que entró Dios en esa Nube o Columna de Fuego, porque allí estaba la presencia de Dios; y se llenó la Casa de la Nube, de la Columna de Fuego.

Eso es lo que sucederá, se actualizará, cuando el Lugar Santísimo del Templo espiritual de Cristo esté construido completo, con todas esas piedras vivas, esos hijos e hijas de Dios… [CORTE DE CINTA] …sobre el arca del pacto y sobre el propiciatorio, en medio de los dos querubines de oro.

Los dos querubines de oro representan los ministerios de los Dos Olivos, los ministerios de Moisés y Elías. Por eso es que también el rey Salomón colocó en el lugar santísimo dos querubines de madera de olivo gigantes y los cubrió con oro: habla de la humanidad y de la Divinidad.

Por lo tanto, habla de estos ministerios divinos manifestados en carne humana en el Día Postrero.

Y allí, en medio de la manifestación de esos ministerios también estará la Columna de Fuego, que es Jesucristo en Espíritu Santo; y los ministerios de Jesús por segunda vez, de Elías por quinta vez y de Moisés por segunda vez, estarán manifestados en toda su plenitud en el Lugar Santísimo del Templo espiritual de Jesucristo.

Por eso es que así como Dios guio a Moisés y también a Salomón para la preparación de ese templo, así también Cristo ha estado obrando y ha estado construyendo ese Templo, y ha estado guiando a Sus ángeles mensajeros de edad en edad, en la labor de la construcción de ese Templo espiritual.

Y para este tiempo final todas las cosas están siendo colocadas en el orden correspondiente al nuevo Templo para la Venida de Jesucristo en toda su plenitud a Su Iglesia, cuando salga del Lugar Santísimo del Templo que está en el Cielo, con el Título de Propiedad, los derechos de la redención.

Ahí ya es cuando los muertos en Cristo resucitarán en cuerpos eternos y nosotros los que vivimos seremos transformados.

Pero mientras falte aunque sea uno del Cuerpo Místico de Cristo, de creer en Cristo y entrar al Cuerpo Místico de Cristo, Cristo no puede salir del Trono de Intercesión en el Cielo, porque se requiere que Él haga intercesión con Su Sangre, como Sumo Sacerdote, por cada escogido que tiene su nombre escrito en el Libro de la Vida del Cordero.

Por eso es que aunque estamos en el fin del siglo, fin del tiempo y fin del mundo y Día Postrero, encontramos que el juicio divino no ha caído en toda su plenitud sobre la raza humana porque todavía Cristo está allá en el Trono de Intercesión haciendo intercesión; y mientras hay Sangre en ese Trono: hay misericordia, y Dios no puede destruir el planeta Tierra con sus habitantes.

Pero cuando Cristo salga del Trono de Intercesión, los muertos en Cristo serán resucitados en cuerpos eternos y nosotros los que vivimos seremos transformados.

Y luego de estar 30 a 40 días aquí en la manifestación gloriosa de los hijos de Dios en cuerpos nuevos y eternos, luego de eso nos iremos a la Cena de las Bodas del Cordero; y desde el Trono de Dios que está en el Cielo saldrá el juicio divino sobre la raza humana, el juicio divino de la gran tribulación, porque ya no habrá Sangre allá en el Cielo para interceder por la raza humana, como sucedía en el templo que construyó Salomón y el tabernáculo que construyó Moisés.

Por eso el pueblo hebreo era cuidadoso en que esos sacrificios se llevaran a cabo allá en el templo, porque si no se llevaban a cabo, tanto el de la expiación el día diez del mes séptimo de cada año, que era la expiación para la reconciliación del pueblo hebreo con Dios, si no se llevaban a cabo esos sacrificios el juicio divino tenía que venir sobre el pueblo hebreo.

Ahora, vean ustedes que desde que el templo en Jerusalén fue destruido, en el año 70 de la era cristiana, destruido por el general romano Tito, de ahí en adelante el juicio divino encontramos que ha caído sobre el pueblo hebreo, allí comenzó a caer sobre el pueblo hebreo; y vean ustedes, el pueblo hebreo casi ha sido exterminado durante estos dos mil años que han trascurrido, porque no ha tenido un sacrificio por el pecado; y el único sacrificio por el pecado que Dios ha establecido es el Cordero de Dios que quitó el pecado del mundo en la Cruz del Calvario.

Toda persona que no tenga ese Sacrificio por el pecado está bajo la sentencia del juicio divino; y cuando Cristo termine Su labor de intercesión en el Cielo caerá el juicio divino sobre la raza humana, sobre todas las naciones.

Lo único que ha aguantado el juicio divino, de caer sobre la Tierra, es que Cristo está todavía en el Trono de Intercesión en el Cielo, haciendo intercesión por cada escogido de Dios, miembro del Cuerpo Místico de Cristo, para que así vayan siendo llamados y juntados en este Día Postrero, y colocados en el Cuerpo Místico de Jesucristo. Pero cuando llegue el último, Cristo saldrá del Trono de Intercesión, tomará el Libro sellado con siete sellos, lo abrirá y lo traerá a la Tierra, y se lo entregará a un hombre, como lo hizo en la visión apocalíptica con Juan el apóstol.

Y luego, en este simbolismo o tipo y figura, vean lo que le dice a Juan: “Cómelo…” “Ve al Ángel y pídele el Librito que tiene en Su mano abierto”. Y fue y le pidió el Libro. El Ángel se lo entregó y le dijo: “Toma y cómelo; te amargará el vientre pero en tu boca será dulce como la miel”.

Juan lo tomó, se comió el Libro, y cuando lo comió dice que fue dulce en su boca pero fue amargo en su vientre. Y cuando lo hubo comido le fue dicho a Juan… dice [Apocalipsis 10:10]:

Entonces tomé el librito de la mano del ángel, y lo comí; y era dulce en mi boca como la miel, pero cuando lo hube comido, amargó mi vientre.

Y él me dijo: Es necesario que profetices otra vez sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes”.

O sea, que profetice diciendo las cosas que van a venir sobre muchos pueblos, naciones y lenguas, que profetice los juicios divinos que han de venir sobre la raza humana; y también hable de las bendiciones que van a venir sobre muchos pueblos, naciones y lenguas también.

Y luego en Apocalipsis, capítulo 11, comienza el ministerio profético de los Dos Olivos, que es el resultado de haberse comido este Libro de los Siete Sellos; porque todas las profecías para muchos pueblos, naciones y lenguas están escondidas en este Libro sellado con siete sellos.

Y Juan el apóstol, siendo tipo y figura de la Iglesia de Jesucristo con Sus mensajeros, para el tiempo final el Ángel Mensajero de Jesucristo estará obteniendo todas esas bendiciones que Juan obtuvo, y por consiguiente el Cuerpo Místico de Cristo las estará obteniendo también; porque si las recibe el Ángel de Jesucristo, que estará en el Cuerpo Místico de Cristo en este tiempo final, esas bendiciones han pasado entonces al Cuerpo Místico de Cristo completo, porque el Ángel de Jesucristo en el Día Postrero estará en la Tierra y será un miembro del Cuerpo Místico de Cristo, será un espíritu de profeta enviado a la Tierra en carne humana, y por consiguiente será un profeta, un ser humano redimido por la Sangre de Jesucristo, redimido por nuestro hermano mayor.

Y ahora, todas estas bendiciones contenidas en el Séptimo Sello, o sea, en la Segunda Venida de Cristo, vendrán sobre Su Iglesia al venir sobre el Ángel del Señor Jesucristo. Y él las predicará y se materializarán en cada escogido de Dios del Cuerpo Místico de Cristo de nuestro tiempo, y también se materializarán las que corresponden a los cristianos, a los santos de las edades pasadas, y resucitarán en cuerpos eternos.

Ahora, vean ustedes cómo las bendiciones que eran habladas sobre el monte Gerizim, un monte de allá de Israel, de la tribu de Efraín, ahora vean cómo en el Monte de Dios, que es la Iglesia de Jesucristo, que es la que tiene la Bendición de la Primogenitura, desde ese Monte serán habladas las bendiciones para todos los hijos e hijas de Dios, para que se materialicen en cada uno de nosotros en este tiempo final.

Y para este tiempo final, vean ustedes, las bendiciones de Dios contenidas en el Séptimo Sello son habladas para ser recibidas en nuestra alma, y luego que se materialicen de adentro hacia fuera en nuestras vidas, hasta que obtengamos la transformación de nuestros cuerpos.

Recuerden que las bendiciones fueron habladas primero. Y para los que no quieren las bendiciones, pues que esperen un poquito; que esperen un poquito, que los que no habrán recibido las bendiciones, no las habrán recibido en sus almas, los que no le habrán dado la bienvenida a las bendiciones de Dios en sus almas, no se preocupen, hay algo más: para los que no quisieron las bendiciones están las maldiciones, que también van a ser habladas.

Así que a todos los escogidos de Dios, hijos e hijas de Dios: Escuchen y reciban las bendiciones de Dios siendo habladas en este tiempo final, para ser transformados y raptados en este tiempo final.

Las bendiciones están siendo habladas por la Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta, en donde la revelación de la Segunda Venida de Cristo como León de la tribu de Judá, Rey de reyes y Señor de señores es abierta esa revelación a todos los hijos e hijas de Dios, para así recibir las bendiciones de Jesucristo, el Ángel del Pacto, como León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo, para así recibir las bendiciones contenidas en el Séptimo Sello.

Las bendiciones del Séptimo Sello son para todos los hijos e hijas de Dios, por eso están siendo habladas en este tiempo final, y por eso hemos abierto nuestra alma, nuestro corazón, hemos dado paso al interior de nuestra alma para que entren esas bendiciones que están siendo habladas y se materialicen en cada uno de nosotros.

Es ahí donde abrimos el sentido del alma, que es el libre albedrío, y le damos paso a las bendiciones que están siendo habladas y las creemos allá en nuestra alma.

Toda persona tiene libre albedrío de creer o de dudar, o sea, de creer o de no creer, de ser un creyente o de ser un incrédulo. Pero nosotros hemos abierto el canal del libre albedrío y hemos dicho: “¡Señor, háblanos a nuestra alma!”. Y cuando hemos escuchado Su Voz, Su Gran Voz de Trompeta, hemos dicho: “Señor, ¡yo creo todo lo que Tú estás diciendo! ¡Yo creo toda Tu Palabra!”.

Y esa Palabra ahí dentro, al ser recibida, luego producirá todas esas bendiciones siendo materializadas en cada uno de ustedes y en mí también; porque esa Palabra es una semilla que es sembrada en el alma para crecer y producir de acuerdo a lo que fue hablado.

Si es hablada la bendición del recogimiento, pues eso es lo que se opera en las personas que la reciben. Y es hablada también la bendición de la resurrección para los muertos en Cristo y de la transformación para nosotros los que vivimos; y eso es lo que se va a materializar en el Cuerpo Místico de Cristo en este tiempo final, en la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino; porque estas son las bendiciones que están bajo el Séptimo Sello para todos los hijos e hijas de Dios.

Dice el apóstol San Pablo en su carta a los Filipenses, capítulo 3, verso 20 al 21:

“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;

el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas”.

Ahora podemos ver que la transformación nuestra está prometida. Dice: “de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra”.

O sea que al nosotros venir en estos cuerpos mortales hemos venido humillados, es la etapa de humillación de los hijos de Dios; pero recibiremos con la Segunda Venida de Cristo la Palabra creadora en nuestras almas, la revelación de Su Venida, y creeremos todas las bendiciones prometidas para Su Venida, las cuales se materializarán en todos nosotros. Dice que transformará el cuerpo nuestro, este cuerpo lo transformará; esto es en Su Venida.

Por eso es tan importante conocer el misterio del Séptimo Sello, que es el misterio de Su Venida con Sus Ángeles para este Día Postrero, porque en Su Venida están y vienen todas las bendiciones del Cielo para todos los hijos e hijas de Dios; son las bendiciones del Séptimo Sello, de la Segunda Venida de Cristo para todos ustedes y para mí también.

Esas son las bendiciones que están siendo dadas a conocer a todos los hijos e hijas de Dios que viven en este tiempo final; y están siendo escuchadas también por los que están en el Paraíso, que terminaron sus días en el cuerpo terrenal pero pasaron a vivir en el cuerpo teofánico de la sexta dimensión; y desde allá ellos pueden mirar hacia acá, y pueden escuchar también, y pueden decirle “amén” a todo lo que es dicho en el Cuerpo Místico de Cristo, en la Edad de la Piedra Angular.

Y ahora, las bendiciones del Séptimo Sello son las bendiciones de la Segunda Venida de Cristo para cada uno de ustedes y para mí también.

También hay maldiciones y juicios que serán manifestados en este tiempo final, pero eso será para los incrédulos; pero para los creyentes la promesa es que las bendiciones de la Segunda Venida de Cristo, las bendiciones que Él trae en Su Segunda Venida serán manifestadas en cada uno de los creyentes que viven en este tiempo final.

¿Para quién son esas bendiciones del Séptimo Sello? ¿Dónde están esas personas que estarían recibiendo esas bendiciones en este tiempo final? Pues aquí estamos, en la América Latina y el Caribe, escuchando esas bendiciones siendo habladas, y recibiéndolas en nuestra alma para que se materialicen en cada uno de nosotros: en ustedes y en mí.

Y por eso podemos decir: “¡Pronto vamos a ser transformados! Porque Cristo lo ha prometido para cada uno de nosotros para este tiempo final”. Esa es una de las grandes bendiciones del Séptimo Sello para todos los hijos de Dios; esa es una de las grandes bendiciones para todos los escogidos de Dios en la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles.

En Primera de Tesalonicenses, capítulo 4, San Pablo da testimonio de que esto es así cuando dice: Capítulo 4, versos 13 en adelante, dice:

Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza.

Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él (o sea, a los que murieron pero eran creyentes en Cristo).

Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron.

Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero.

Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor”.

Y en Primera de Corintios, capítulo 15, también nos habla de este gran evento prometido para los escogidos de Dios, para la Iglesia de Jesucristo; y dice capítulo 15, verso 49 en adelante, de Primera de Corintios, dice así San Pablo:

Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial (o sea, que seremos a imagen y semejanza de nuestro amado Señor Jesucristo; con un cuerpo eterno, físico y glorificado, y con un cuerpo teofánico eterno también).

Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción.

He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos (o sea, no todos vamos a morir); pero todos seremos transformados (todos vamos a tener un cuerpo nuevo, vamos a ser transformados; ¿cuándo?),

en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta…”.

Hay que buscar esa Trompeta Final para poder buscar y esperar la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de nosotros los que vivimos.

Esa Trompeta Final es la Voz de Cristo hablando en el fin del tiempo por medio de Su Ángel Mensajero.

Recuerden que en Apocalipsis, capítulo 1, verso 10 al 11, Juan dice:

“Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta,

que decía: Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último”.

¿Quién es el Alfa y la Omega? Nuestro Señor Jesucristo. Es la Voz de Jesucristo en el Día Postrero, o sea, en el séptimo milenio, hablándonos por medio de Su Ángel Mensajero.

En Apocalipsis, capítulo 4, verso 1, parte de ese verso número 1 dice: “… y la primera voz que oí, como de trompeta, hablando conmigo, dijo: Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de estas”.

Las cosas que sucederán después de estas que han sucedido en las siete edades de la Iglesia gentil. Ahora, las cosas que van a suceder en la Edad de la Piedra Angular, en el Día Postrero, serán dadas a conocer por Cristo hablando por medio de Su Ángel Mensajero.

Por eso es que en Apocalipsis, capítulo 22, verso 6, encontramos que las cosas que Cristo dijo que daría a conocer, ahora son dadas a conocer por el Ángel del Señor Jesucristo; porque Cristo estará en Su Ángel Mensajero manifestado; ese será el Ángel Mensajero, el profeta mensajero que estará ungido con el Espíritu Santo en el Día Postrero; y el Espíritu Santo estará hablando por medio de él todas estas cosas que deben suceder pronto. Dice Apocalipsis 22, verso 6:

Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto”.

¿A quién envía para mostrar a Sus siervos las cosas que deben suceder pronto? Dice que envía a Su Ángel. Es por medio de Su Ángel Mensajero que Jesucristo da a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto en este tiempo final, en el Día Postrero, o sea, en el milenio postrero.

En el capítulo 22, verso 16, también Cristo da testimonio acerca de Su Ángel, y dice: Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias”.

¿A quién ha enviado Jesucristo? A Su Ángel Mensajero. ¿Para qué? Para dar testimonio de estas cosas, o sea, de todas estas cosas que deben suceder pronto, en el tiempo final.

Solamente por medio de Su Ángel Mensajero es que podremos escuchar y conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, y así colocarnos en la posición correcta para recibir las bendiciones de Dios; porque para este tiempo final estará sobre la raza humana también, la bendición y la maldición.

Los escogidos de Dios escogerán la bendición de Dios contenida en el Séptimo Sello, en la Segunda Venida de Cristo para todos los hijos e hijas de Dios.

Cristo hablando por medio de Su Ángel Mensajero está identificado aquí, ese hablar de Cristo por medio de Su Ángel Mensajero, como la Trompeta de Dios con la cual Cristo viene hablándole a Su pueblo; es esa Trompeta Final que sonará en el Día Postrero, es la Voz de Cristo hablándonos y revelándonos el misterio del Séptimo Sello, el misterio de Su Venida en este Día Postrero.

Sigue diciendo San Pablo en Primera de Corintios, donde estábamos leyendo hace algunos minutos; dice:

“… en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados”.

Primero los muertos en Cristo resucitan en cuerpos eternos; y nosotros los veremos a ellos en cuerpos eternos y entonces nosotros seremos transformados; seremos transformados, en nuestros átomos cambiados; y de un cuerpo mortal que tenemos ahora, al ser transformados, cambiados, entonces tendremos un cuerpo inmortal, un cuerpo glorificado, un cuerpo eterno, un cuerpo que nunca se pondrá viejo, siempre estará representando de 18 a 21 años de edad, nunca le saldrán canas o cabellos blancos, nunca le saldrán arrugas en el rostro, nunca se pondrá viejo, nunca se enfermará, nunca morirá, porque es un cuerpo eterno y glorificado igual al del Señor Jesucristo. Y así estaremos como reyes y sacerdotes para reinar con Cristo por mil años y luego por toda la eternidad.

Esto está prometido para ser cumplido en el Día Postrero; y el Día Postrero es el séptimo milenio, es llamado también el Día del Señor.

Y ahora podemos ver las bendiciones que hay en el Séptimo Sello, o sea, en la Segunda Venida de Cristo para cada uno de ustedes y para mí también. Estas son las bendiciones que los escogidos de Dios en este tiempo final estarán creyendo y estarán recibiendo en sus almas, y luego se les estará materializando en sus vidas y en sus cuerpos en este tiempo final; porque estas son las bendiciones del Séptimo Sello, las bendiciones de la Segunda Venida de Cristo para Su pueblo en este Día Postrero.

Hemos visto las bendiciones que hay para los hijos e hijas de Dios bajo el Séptimo Sello, o sea, bajo la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo.

Estamos en el tiempo más glorioso de todos los tiempos, en el tiempo en que los escogidos de Dios estarían recibiendo las bendiciones del Séptimo Sello, las bendiciones de la Segunda Venida de Cristo.

Estamos en el tiempo en donde están siendo dadas a conocer estas bendiciones para que las recibamos en nuestra alma, las creamos con todo nuestro corazón, y se materialicen en cada uno de ustedes y en mí también. Y luego estemos iguales a Jesucristo, iguales a nuestro hermano mayor: con vida eterna, con un cuerpo físico eterno y con un cuerpo teofánico eterno también; y ahí dentro estará nuestra alma viviendo por toda la eternidad, porque somos alma viviente.

Este es el tiempo de regreso a nuestra herencia, conforme a como fue representado en el año del jubileo, que es el año de la redención en medio del pueblo hebreo. El año cincuenta se le llama también el año de la redención.

Y ahora San Pablo en Efesios, capítulo 4, verso 30, dice:

Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención (o hasta el día de la redención)”.

O sea, hasta el Día Postrero o séptimo milenio, donde hemos de ser redimidos en el cuerpo también; o sea, “redimir” es volver al lugar de origen o lugar original.

Y volveremos al lugar original del cuerpo eterno, porque Dios cuando colocó al ser humano en la Tierra, lo colocó en un cuerpo inmortal, pero le dijo que no comiera del árbol de ciencia del bien y del mal, porque el día en que él comiera, ese día moriría. Se hizo mortal al comer del árbol de ciencia del bien y del mal.

Luego encontramos a Jesucristo, el cual vino por creación divina Su cuerpo físico, y Él dijo: “Nadie me quita la vida. Yo la pongo por mí mismo para volverla a tomar”.

Y por cuanto la paga del pecado es muerte, Cristo no podía morir; pero tomó nuestros pecados y así se hizo pecado por nosotros, y así se hizo mortal y pudo morir en la Cruz del Calvario; para luego resucitar al tercer día victorioso y justificado, y así quitar el pecado nuestro con Su Sacrificio en la Cruz del Calvario.

Vino para redimir a todos los hijos e hijas de Dios, para volvernos a Dios, para reconciliarnos con Dios; y ya estamos reconciliados en el alma y el espíritu, pero falta la reconciliación del cuerpo físico, la cual la recibiremos con la transformación de nuestro cuerpo; y entonces tendremos un cuerpo físico glorificado y eterno, reconciliado con Dios; por lo tanto no tendrá juicios divinos sobre ese cuerpo, porque está reconciliado con Dios; solamente tendrá las bendiciones de Dios.

Y ahora, todo esto está bajo LAS BENDICIONES DEL SÉPTIMO SELLO.

Ninguna persona podrá ser transformada si está viva y ser llevada a la Cena de las Bodas del Cordero en el rapto, a menos que reciba en el Día Postrero las bendiciones que están bajo el Séptimo Sello; y para eso tiene que recibir el Séptimo Sello, que es la Segunda Venida de Cristo; y tiene que escuchar la Voz de Cristo en Su Venida como una Gran Voz de Trompeta hablándonos todas estas cosas que deben suceder pronto, en este tiempo final.

Él estará hablándonos por medio de Su Ángel Mensajero, en el cual estará manifestado, estará velado y revelado por medio de Su Ángel Mensajero hablándonos con esa Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino todas estas cosas que deben suceder pronto.

El precursor de la Segunda Venida de Cristo nos dijo en la página 47 del libro de Citas en español, donde tenemos un pasaje o una porción de un mensaje o conferencia predicado por el reverendo William Branham, de un mensaje predicado en el libro de Las Siete Edades de la Iglesia (el que está sin editar), en la parte donde habla de “Las diez vírgenes”, allí dice él:

402 - “Y nosotros que vivimos y hayamos quedado hasta la venida del Señor, no evitaremos o impediremos a los que duermen. Esos preciosos que sellaron su testimonio con su sangre (o sea, que murieron como mártires). ‘No impediremos o estorbaremos a los que duermen (o sea, a los que murieron), porque sonará la trompeta’. Algo acontecerá, ese algo evangélico sonará, el anuncio de Su venida”.

Ahora vean cómo ese “algo evangélico” es la Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta. Y ese “algo evangélico” es el Evangelio del Reino proclamando el misterio de la Segunda Venida de Cristo, revelando ese misterio de la Segunda Venida de Cristo a todos los hijos e hijas de Dios que viven en este tiempo final, revelando a todos los hijos e hijas de Dios la manifestación de Jesucristo en este tiempo final en medio de Su Iglesia, enviando Su Ángel Mensajero, y a través de Su Ángel Mensajero dando a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto.

Sigue diciendo:

“‘Y los muertos en Cristo resucitarán primero. Y nosotros los que vivimos y permanezcamos seremos transformados’. Parados allí, y sentir un cambio (o sea, la transformación); el pelo canoso se irá, las arrugas cesarán, cambiados en un momento, en un abrir de ojos. Y encontraremos a nuestros amados primero”.

Encontraremos a todos nuestros familiares que murieron y son creyentes en Cristo antes de morir, y que sus nombres están escritos en el Libro de la Vida del Cordero; ellos resucitarán en cuerpos eternos, y nosotros seremos transformados.

En el mensaje “Cisternas rotas”, página 35 en español y también página 33, dice el precursor de la Segunda Venida de Cristo en este extracto tomado aquí en la página 130 del libro de Citas, dice:

1164 – “Recuerden que los que están vivos y queden no impedirán a los que están durmiendo (o sea, a los que están muertos en cuanto a su cuerpo físico), porque la Trompeta de Dios, esa última Trompeta (la sexta {o sea, la Sexta Trompeta} acaba de tocar {de sonar}), y esa última Trompeta como el último Sello, será la venida del Señor; tocará, y los muertos en Cristo se levantarán primero”.

¿Y luego qué? Luego nosotros los que vivimos seremos transformados. Antes de la resurrección de los muertos en Cristo y de la transformación de nosotros los que vivimos, Dios ha dicho que la Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta sonará.

¿Y qué estará sonando, revelando, hablando esa Trompeta Final? Estará revelando la Segunda Venida de Cristo, la Venida de Jesucristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo; y estará dando a conocer la manifestación de Jesucristo en Espíritu Santo a través de Su Ángel Mensajero en este tiempo final, por medio del cual le da a conocer a Su Iglesia todas estas cosas que deben suceder pronto:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias”. Apocalipsis 22, verso 16, dice así; y son palabras de nuestro amado Señor Jesucristo.

Ese Ángel Mensajero de Jesucristo, que es el profeta de la Dispensación del Reino y de la Edad de la Piedra Angular para este tiempo final, para aparecer en medio de la Iglesia de Jesucristo, es el que trae la revelación de todas estas cosas que deben suceder pronto, es el que trae la revelación de la Segunda Venida de Cristo para darla a conocer a la Iglesia de Jesucristo, y es el que trae siendo habladas las bendiciones del Séptimo Sello. Por medio de él Jesucristo en Espíritu Santo estará manifestado hablándonos las bendiciones del Séptimo Sello, las bendiciones de la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo.

¿Y dónde están los que estarían escuchando y recibiendo las bendiciones del Séptimo Sello, las bendiciones de la Segunda Venida de Cristo siendo habladas? ¡Aquí estamos, en la América Latina y el Caribe!

Aquí en el Perú hay un grupo reunido y en muchos lugares del Perú hay muchos escogidos que están escuchando esas bendiciones del Séptimo Sello siendo habladas. Y en toda la América Latina y el Caribe están los que en este tiempo estarían escuchando las bendiciones del Séptimo Sello siendo habladas para ser materializadas en cada uno de ustedes y en mí también.

Que Jesucristo añada los que faltan a Su Iglesia para que también escuchen las bendiciones del Séptimo Sello y se complete el número de los escogidos de Dios, y todos seamos transformados y raptados en este tiempo final. Y así seamos todos a imagen y semejanza de nuestro amado Señor Jesucristo. Y luego de estar de 30 a 40 días en el cuerpo nuevo nos vayamos todos a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo, en y a la Casa de nuestro Padre celestial; y disfrutemos allí esos tres años y medio de fiesta de la Cena del Cordero, donde recibiremos los galardones por las labores que hemos realizado en la Iglesia de Jesucristo en el tiempo que nos ha tocado vivir. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Que Dios les bendiga, que Dios les guarde. Y esta tarde estaremos nuevamente con ustedes aquí en este mismo lugar para ver en el Séptimo Sello, ver los juicios en el Séptimo Sello, los juicios en la Segunda Venida de Cristo.

Hemos hablado en esta mañana de “LAS BENDICIONES EN EL SÉPTIMO SELLO”. Y en la próxima conferencia hablaremos de los juicios divinos que vendrán sobre la Tierra bajo el Séptimo Sello, o sea, que están bajo el Séptimo Sello, y que cubren también el Sexto Sello.

Ha sido para mí un privilegio muy grande estar con ustedes dándoles testimonio de las bendiciones del Séptimo Sello.

Que Dios los bendiga grandemente a todos conforme a las bendiciones bajo el Séptimo Sello, y pronto todos seamos transformados.

Muchas gracias por vuestra amable atención y dejo con nosotros nuevamente al reverendo Miguel Bermúdez Marín para continuar y finalizar nuestra parte en este día. Y luego tendremos un receso y regresaremos para continuar viendo “Los juicios bajo el Séptimo Sello o en el Séptimo Sello”.

Que Dios les bendiga y les guarde, y con nosotros Miguel Bermúdez Marín.

“LAS BENDICIONES EN EL SÉPTIMO SELLO”.

[Revisión mayo 2018]

 

1 Primera de Reyes 17:1

2 Segunda de Reyes 1

3 Primera de Reyes 19:9-18

4 Primera de Reyes 19:19-21

5 Éxodo 17:1-7

6 Números 20:1-13

7 Éxodo 17:8-16

8 San Marcos 12:29-30

9 Éxodo 32:9-10

10 Josué 10:12-14

11 Josué 1:1-9

12 Éxodo 4:10-16

13 San Juan 8:58

14 San Lucas 16:19-31

15 San Juan 6:40

16 San Juan 11:25

17 San Lucas 16:22

18 San Marcos 12:18-27

19 San Mateo 6:33

20 San Mateo 16:26

21 Salmo 34:7

22 Génesis 22:17

23 San Juan 3:30

24 San Juan 8:12

Encuéntrenos

Carretera No.1 Km 54.5
Barrio Monte Llano
Cayey, Puerto Rico
00736

Twitter