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Muy buenas tardes, amados hermanos y amigos presentes, y también los que están a través de internet en diferentes países.

Que las bendiciones de Jesucristo, el Ángel del Pacto, sean sobre cada uno de ustedes y sobre mí también, y nos abra las escrituras y nos hable directamente a nuestra alma todas las cosas que nosotros necesitamos comprender. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Leemos en Apocalipsis, capítulo 8, verso 1 al 5; y Apocalipsis, capítulo 11, verso 15 al 19. Comenzamos con Apocalipsis, capítulo 8, verso 1 al 5, donde dice:

Cuando abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el cielo como por media hora.

Y vi a los siete ángeles que estaban en pie ante Dios; y se les dieron siete trompetas.

Otro ángel vino entonces y se paró ante el altar, con un incensario de oro; y se le dio mucho incienso para añadirlo a las oraciones de todos los santos, sobre el altar de oro que estaba delante del trono.

Y de la mano del ángel subió a la presencia de Dios el humo del incienso con las oraciones de los santos.

Y el ángel tomó el incensario, y lo llenó del fuego del altar, y lo arrojó a la tierra; y hubo truenos, y voces, y relámpagos, y un terremoto”.

Luego leemos en Apocalipsis, capítulo 11, verso 15 al 19, donde nos dice:

El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos.

Y los veinticuatro ancianos que estaban sentados delante de Dios en sus tronos, se postraron sobre sus rostros, y adoraron a Dios,

diciendo: Te damos gracias, Señor Dios Todopoderoso, el que eres y que eras y que has de venir, porque has tomado tu gran poder, y has reinado.

Y se airaron las naciones, y tu ira ha venido, y el tiempo de juzgar a los muertos, y de dar el galardón a tus siervos los profetas, a los santos, y a los que temen tu nombre, a los pequeños y a los grandes, y de destruir a los que destruyen la tierra.

Y el templo de Dios fue abierto en el cielo, y el arca de su pacto se veía en el templo. Y hubo relámpagos, voces, truenos, un terremoto y grande granizo”.

Que Dios bendiga Su Palabra en nuestros corazones y nos permita entenderla.

Para esta ocasión nuestro tema es: “LOS JUICIOS EN EL SÉPTIMO SELLO”.

Los juicios divinos que han de caer sobre la Tierra, los cuales están señalados para el tiempo de la gran tribulación, ese lapso de tiempo de tres años y medio, esos juicios que aparecen en el libro del Apocalipsis, los cuales aparecen también en el Antiguo Testamento en diferentes libros proféticos o libros en los cuales están las profecías de los juicios divinos, juicios que fueron derramados sobre la Tierra en tiempos pasados, también son tipo y figura del juicio divino que ha de venir sobre la raza humana en el tiempo final.

Los juicios divinos que han de venir sobre la raza [humana] en este tiempo final, por ejemplo están representados en el juicio del diluvio que vino sobre la raza humana en el tiempo del profeta Noé.

Conforme a la Escritura, la civilización antediluviana era una civilización descendiente de Caín. Esa civilización estaba muy adelantada pero era una civilización contraria a Dios y Su Programa, y Dios destruyó aquella civilización.

Nos dice la Biblia en el capítulo 4, verso 16 en adelante, hablándonos de aquella primera civilización, dice [Génesis]:

Salió, pues, Caín de delante de Jehová, y habitó en tierra de Nod, al oriente de Edén.

Y conoció Caín a su mujer, la cual concibió y dio a luz a Enoc; y edificó una ciudad, y llamó el nombre de la ciudad del nombre de su hijo”.

Ahí, vean ustedes, comenzó esa ciudad con el nombre del primer hijo aquí de Caín, el primer hijo del primer homicida, el cual mató a su hermano Abel.

Y ahora vean ustedes, esta civilización antediluviana estaba basada y fundada por una persona que había matado a su hermano; y ahora, luego cuando tiene un hijo le pone el nombre de esa ciudad.

Ahora, podemos ver que esa civilización descendiente de Caín se multiplicó, y llegó a tal grado esa civilización que en el capítulo 6 del Génesis dice:

Aconteció que cuando comenzaron los hombres a multiplicarse sobre la faz de la tierra, y les nacieron hijas,

que viendo los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran hermosas, tomaron para sí mujeres, escogiendo entre todas.

Y dijo Jehová: No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es carne; mas serán sus días ciento veinte años”.

Desde ese momento en adelante, aquella civilización antediluviana no pasaría de 120 años.

Y vean ustedes que esta civilización antediluviana, dice que era la civilización de los hijos de los hombres, y esto se refiere a los hijos o descendientes de Caín; y cuando dice que nacieron, se multiplicaron y le nacieron hijas, “que viendo los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran hermosas, tomaron para sí mujeres, escogiendo entre todas”; o sea que los hijos de Dios, que son los descendientes de Adán por medio de Set, vieron que las hijas o descendientes de Caín eran hermosas y se enamoraron de las hijas de la descendencia de Caín, tomaron para sí mujeres y mezclaron la descendencia de Adán por Set con la descendencia de la serpiente a través de Caín.

Y a quien único le convenía esa mezcla era al diablo, porque en esa forma controlaría la raza, la humanidad, y tendría a la cabeza de la humanidad un descendiente de la serpiente, un descendiente de la serpiente por medio de Caín; y por ahí hacia abajo los descendientes de Caín serían los que dominarían la raza; pues el diablo siempre ha luchado por conseguir esa Bendición de la Primogenitura, porque en esa Bendición de la Primogenitura está no solamente una simple bendición, sino que esa bendición conlleva el dominio del planeta Tierra completo y del universo completo; y eso es lo que el diablo ha tratado de conquistar.

Y por consiguiente, con esa Bendición de la Primogenitura, si el diablo la conquistaba y la lograba obtener completamente sin perderla, el dios a quien adorarían sería al diablo como dios.

Ahora, vean ustedes la lucha que hay entre las dos fuerzas, los dos poderes: Dios y el diablo.

Al mismo Jesucristo el diablo le ofreció los reinos de este mundo; porque el diablo, con la caída del ser humano allá en el Huerto del Edén, la cual fue inspirada por el diablo cuando inspiró a la serpiente y se hizo carne el diablo en la serpiente y usó la serpiente para engañar a Eva, el diablo le arrebató la herencia a los hijos de Dios cuando logró engañar a Eva, y la raza humana allí cayó de la vida eterna y de todas las bendiciones de la primogenitura, y el diablo se apoderó de la herencia de los hijos de Dios y se apoderó del planeta Tierra.

Y desde entonces el diablo ha estado como el príncipe de este mundo1, conforme a como nos dice la Escritura; y ha estado como el príncipe del aire2, y ha estado haciéndole la guerra a Dios y a Su Programa.

Pero el diablo tendrá una cantidad de tiempo muy limitada, comparada con la eternidad, porque el diablo estará atado: durante el Reino Milenial no podrá engañar a nadie, porque no estarán los hijos del diablo aquí en la Tierra sino los hijos de Dios. Y luego, al final del Reino Milenial, será suelto por cierta cantidad de tiempo corto, y se levantará nuevamente para engañar a las naciones, porque para ese tiempo ocurrirá la segunda resurrección, y a todas las naciones que había engañado durante los seis mil años que han transcurrido de la caída del ser humano hasta acá, a esas naciones nuevamente las engañará y las usará para tratar de dar un golde de Estado al Gobierno o Reino de Jesucristo, el cual estará sentado en el Trono de David reinando sobre el pueblo hebreo y sobre todas las naciones.

Ese es el tiempo en donde se establecerá el Juicio del Trono Blanco3, y por eso es que resucitan todos los que han muerto y no habían resucitado en la primera resurrección, les toca resucitar en la segunda resurrección, que será después del Reino Milenial, o sea, al finalizar el Reino Milenial. Y el diablo trata de hacer su último intento por no ser derrotado, por no ser condenado y echado al lago de fuego.

Pero es inútil ese intento, pues eso más bien da testimonio de que el diablo es tan malo que aun cuando resucitan la gente de todas las naciones, que tienen que resucitar en la segunda resurrección, aun sigue siendo el diablo un engañador y enemigo de Dios. O sea que no aprendió el diablo a amar y a sujetarse a la voluntad de Dios, sino que siempre ha estado en contra de Dios y el Programa de Dios, tratando de destronar a Dios.

Pero la historia o profecía bíblica nos muestra desde el Génesis hasta el Apocalipsis el comienzo y trayectoria del diablo y fin del diablo. O sea que ya está profetizado el fin para el diablo, el cual será derrotado y echado al lago de fuego.

Él tratará siempre de destruir la Obra de Dios, pero la victoria está profetizada que será de Dios; así que en la profecía bíblica encontramos al diablo como el enemigo de Dios.

Él fue un arcángel, uno de los tres grandes arcángeles, el cual se rebeló en contra de Dios, y con él conquistó a los que estaban bajo su mando, una tercera parte del Cielo, una tercera parte de los ejércitos celestiales, los cuales serán juzgados, y el diablo también, pues dice la Escritura, dice San Pablo4: “¿No saben ustedes que los santos juzgarán al mundo y aun a los ángeles?”.

Cuando se refiere a juzgar a los ángeles, son los ángeles caídos que siguieron al diablo, ese arcángel que se rebeló en contra de Dios.

Y ahora vean ustedes quiénes son los que van a juzgar al mundo y aun a los ángeles que se rebelaron en contra de Dios: son los santos, que son los miembros de la Iglesia de Jesucristo, los redimidos por la Sangre de Cristo, que han lavado sus pecados en la Sangre de Cristo y han recibido Su Espíritu Santo, y por consiguiente han recibido el nuevo nacimiento.

Ahora, Dios habla, desde el Génesis hasta el Apocalipsis, de la maldición y juicio, y también habla de la bendición de Dios, de la bendición divina. O sea que desde el Génesis viene, tanto la bendición como la maldición, viene por toda la Escritura, o sea que viene en una misma línea del pensamiento divino.

Y por eso ustedes encuentran que bajo la Bendición de la Primogenitura están las bendiciones del Cielo. Y esa bendición, a medida que fue pasando el tiempo, llegó hasta Abraham.

Ahora, encontramos que por cuanto Dios dijo que la Venida del Hijo del Hombre sería como en los días de Noé… San Mateo, capítulo 24, versos 34 en adelante:

De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca.

El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

Pero del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre (está hablando aquí de la Venida del Hijo del Hombre en Su Reino).

Mas como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre”.

Por lo tanto, hay que ir a los días de Noé y ver que en los días de Noé aquella civilización era una civilización descendiente de Caín, y por consiguiente descendiente de la serpiente, y por consiguiente descendiente del diablo. Es algo duro pero es la verdad.

Jesucristo en una ocasión habló en la parábola del trigo y de la cizaña, y dice que el Hijo del Hombre sembró buena simiente: trigo en la tierra, pero un enemigo Suyo sembró cizaña. Y cuando explica este misterio del trigo y la cizaña, Él dice que el que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre, y la buena semilla, o sea, el trigo, Él dice… vamos a ver, dice [San Mateo 13:37]:

“El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre.

El campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del malo.

(¿Y quién sembró la cizaña? Dice Cristo aquí):

El enemigo que la sembró es el diablo; la siega es el fin del siglo; y los segadores son los ángeles.

De manera que como se arranca la cizaña, y se quema en el fuego, así será en el fin de este siglo.

Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad,

y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes.

Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre. El que tiene oídos para oír, oiga”.

Ahora, vean ustedes cómo Cristo aquí coloca la raza humana en dos grupos: hijos de Dios e hijos del diablo, trigo y cizaña. Y nos habla en esa parábola de que los obreros o siervos…, por ejemplo aquí, en el capítulo 13, versos 24 al 30, dice así en esta parábola:

“Les refirió otra parábola, diciendo: El reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo;

pero mientras dormían los hombres, vino su enemigo y sembró cizaña entre el trigo, y se fue.

Y cuando salió la hierba y dio fruto, entonces apareció también la cizaña.

Vinieron entonces los siervos del padre de familia y le dijeron: Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, tiene cizaña?

Él les dijo: Un enemigo ha hecho esto. Y los siervos le dijeron: ¿Quieres, pues, que vayamos y la arranquemos?

Él les dijo: No, no sea que al arrancar la cizaña, arranquéis también con ella el trigo.

Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero”.

Ahora, vean ustedes cómo en esta parábola Cristo nos habla de dos simientes: la simiente del trigo y la simiente de la cizaña, las cuales representan los hijos de Dios o hijos del Reino y los hijos del diablo; eso es lo que Cristo aquí está mostrando.

Por eso es que encontramos que en algunas ocasiones venían contra Jesucristo personas combatiendo a Cristo, y Cristo les hablaba cosas que eran duras pero que eran la verdad. Por ejemplo, en San Juan, capítulo 10, verso 22 en adelante, dice:

“Celebrábase en Jerusalén la fiesta de la dedicación. Era invierno,

y Jesús andaba en el templo por el pórtico de Salomón.

Y le rodearon los judíos y le dijeron: ¿Hasta cuándo nos turbarás el alma? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente.

Jesús les respondió: Os lo he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ellas dan testimonio de mí;

pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas, como os he dicho.

Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen,

y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.

Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.

Yo y el Padre uno somos”.

Ahora, vean aquí cómo Jesucristo le dice a esas personas que no podían creer en Él que no son de Sus ovejas. Él también les había dicho en otra ocasión que eran no de Dios, sino del diablo.

Ahora, vean ustedes aquí en San Juan, capítulo 8, encontramos… vamos a ver… en el capítulo 8, verso 30 en adelante, dice:

“Hablando él estas cosas, muchos creyeron en él.

Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos;

y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres (o sea, os libertará).

Le respondieron: Linaje de Abraham somos, y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Seréis libres?”.

Ahora dicen que nunca han sido esclavos de nadie, ¿y no eran esclavos de Egipto, del Faraón? ¿Ve?

“Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado.

Y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí queda para siempre.

Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.

Sé que sois descendientes de Abraham; pero procuráis matarme, porque mi palabra no halla cabida en vosotros.

Yo hablo lo que he visto cerca del Padre; y vosotros hacéis lo que habéis oído cerca de vuestro padre”.

Aquí ahora Jesús se identifica como hijo del Padre celestial e identifica a esas personas como hijos de otro padre.

“Respondieron y le dijeron: Nuestro padre es Abraham. Jesús les dijo: Si fueseis hijos de Abraham, las obras de Abraham haríais.

Pero ahora procuráis matarme a mí, hombre que os he hablado la verdad, la cual he oído de Dios; no hizo esto Abraham.

Vosotros hacéis las obras de vuestro padre. Entonces le dijeron: Nosotros no somos nacidos de fornicación; un padre tenemos, que es Dios”.

Ahí están dando testimonio ellos y diciendo que ellos no son hijos de fornicación, o sea, que ellos no son hijos o descendientes de Caín.

“Nosotros no somos nacidos de fornicación; un padre tenemos, que es Dios.

Jesús entonces les dijo: Si vuestro padre fuese Dios, ciertamente me amaríais; porque yo de Dios he salido, y he venido; pues no he venido de mí mismo, sino que él me envió.

¿Por qué no entendéis mi lenguaje? Porque no podéis escuchar mi palabra.

Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. Él ha sido homicida desde el principio”.

Y ahora, vean ustedes cómo allá Caín fue el primer homicida, el cual mató a su hermano por parte de madre. Dice:

“Él ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira.

Y a mí, porque digo la verdad, no me creéis.

¿Quién de vosotros me redarguye de pecado? Pues si digo la verdad, ¿por qué vosotros no me creéis?

El que es de Dios, las palabras de Dios oye; por esto no las oís vosotros, porque no sois de Dios”.

Esa es una palabra dura pero es la verdad. Les está diciendo a ellos que son hijos del diablo, aunque ellos tienen religión y creen en Dios, pero Jesús les dice que ellos no son hijos de Dios. O sea que eso que Jesús habló allí es una palabra dura para esas personas. Entonces ellos defendiéndose dicen:

“Respondieron entonces los judíos, y le dijeron: ¿No decimos bien nosotros, que tú eres samaritano, y que tienes demonio?

Respondió Jesús: Yo no tengo demonio, antes honro a mi Padre; y vosotros me deshonráis.

Pero yo no busco mi gloria; hay quien la busca, y juzga.

De cierto, de cierto os digo, que el que guarda mi palabra, nunca verá muerte”.

Ahora podemos ver, en esta situación en que colocaron a Jesús, las cosas que Jesús dio a conocer en esa ocasión. Los llevó al principio, y al llevarlos al principio identificó quién era el padre de esas personas que se levantaron en contra de Jesús.

Y ahora vean ustedes, en San Mateo, capítulo 15, verso 13, lo que Jesucristo dice:

“Pero respondiendo él, dijo: Toda planta que no plantó mi Padre celestial, será desarraigada”.

Eso va con la parábola del trigo y de la cizaña, porque “toda planta que no sembró mi Padre celestial”, esa es la cizaña, y será desarraigada y echada al fuego, al horno de fuego, donde será el lloro y el crujir de dientes.

También Juan el Bautista era un conocedor de esta verdad que hay hijos de Dios y hay hijos del maligno, o sea, del diablo, y predicando en una ocasión, en el capítulo 3 de San Mateo, versos 10 en adelante, dijo:

“Y ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego.

Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego.

Su aventador está en su mano, y limpiará su era; y recogerá su trigo en el granero, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará”.

Ahora vean cómo Juan el Bautista profetizó de lo que Jesucristo estará haciendo en el tiempo final, en el tiempo de la cosecha, en donde la cizaña será arrancada y será amarrada en manojos para ser echada en el horno de fuego, que es la gran tribulación; en donde se cumplirá la palabra del profeta Malaquías, del capítulo 4 y verso 1 donde dice:

“Porque he aquí, viene el día ardiente como un horno, y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa; aquel día que vendrá los abrasará, ha dicho Jehová de los ejércitos, y no les dejará ni raíz ni rama”.

También el profeta Zacarías nos habla en el capítulo 14, verso 12, y dice:

“Y esta será la plaga con que herirá Jehová a todos los pueblos que pelearon contra Jerusalén: la carne de ellos se corromperá estando ellos sobre sus pies, y se consumirán en las cuencas sus ojos, y la lengua se les deshará en su boca”.

Eso es radioactividad destruyendo cuerpos humanos, eso es el día ardiente como un horno que vendrá sobre la raza humana, en donde los juicios divinos, las plagas, las maldiciones divinas vendrán sobre la raza humana, caerán sobre el imperio o reino de los gentiles, que estará en el tiempo final en los pies de hierro y de barro cocido.

Dios mostró al rey Nabucodonosor, rey de Babilonia, en un sueño: una estatua con la cabeza de oro, el pecho y los brazos de plata, el vientre y los muslos de bronce, y las piernas de hierro, y los pies de hierro y de barro cocido. En esa estatua Dios representó el reino de los gentiles.

Nabucodonosor quiso conocer el significado de ese sueño con esa estatua, y Dios le reveló al profeta Daniel el significado; y le dijo: “Oh, rey, tú eres esa cabeza de oro”. Era el imperio babilónico del rey Nabucodonosor la cabeza de oro del reino de los gentiles, pues con Nabucodonosor comenzó el imperio o reino de los gentiles; y luego vino el pecho y los brazos de plata, que fue el imperio medo-persa; y después vino el imperio de Grecia, representado en el vientre y los muslos de bronce.

Y luego vino el imperio romano, que es el cuarto imperio, el cual tiene dos partes: la primera parte, las piernas de hierro, esa parte encontramos que se ha cumplido, estuvo vigente en el tiempo en que Jesucristo apareció y fue el imperio que crucificó a Cristo a petición del pueblo hebreo.

Y luego ese imperio romano lo encontramos en los pies de hierro y de barro cocido. La parte de hierro es el imperio romano y la parte de barro es este grupo de diez reyes que le darán su poder y su autoridad a la bestia, conforme a como está en Apocalipsis, capítulo 17, versos 11 en adelante, donde dice:

“La bestia que era, y no es, es también el octavo; y es de entre los siete, y va a la perdición.

Y los diez cuernos que has visto, son diez reyes, que aún no han recibido reino; pero por una hora recibirán autoridad como reyes juntamente con la bestia.

Estos tienen un mismo propósito, y entregarán su poder y su autoridad a la bestia.

Pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque él es Señor de señores y Rey de reyes; y los que están con él son llamados y elegidos y fieles.

Me dijo también: Las aguas que has visto donde la ramera se sienta, son pueblos, muchedumbres, naciones y lenguas.

Y los diez cuernos que viste en la bestia, éstos aborrecerán a la ramera, y la dejarán desolada y desnuda; y devorarán sus carnes, y la quemarán con fuego;

porque Dios ha puesto en sus corazones el ejecutar lo que él quiso: ponerse de acuerdo, y dar su reino a la bestia, hasta que se cumplan las palabras de Dios.

Y la mujer que has visto es la gran ciudad que reina sobre los reyes de la tierra”.

Ahora, aquí podemos ver el reino de los gentiles en los pies de hierro y de barro cocido; y es en este tiempo final en donde el imperio de los gentiles se levantará en contra de la Segunda Venida de Cristo, así como el reino de los gentiles se levantó en contra de la Primera Venida de Cristo y crucificó a Cristo a petición del pueblo hebreo.

El pueblo hebreo ha estado recibiendo los juicios divinos, las maldiciones divinas, porque se apartaron de la Palabra de Dios y rechazaron al Mesías; por lo tanto, la Sangre del Justo Jesús ha estado siendo demandada del pueblo hebreo, de las manos del pueblo hebreo, porque ellos dijeron5: “Su Sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos”. Y la Sangre del Justo Jesús ha sido hallada en las manos del pueblo hebreo.

Lo cual ha requerido el juicio divino, pues el pueblo hebreo desde el año 70 en adelante no han tenido templo dónde ofrecer a Dios el sacrificio por el pecado, el sacrificio de la expiación, y llevar la sangre de la expiación al lugar santísimo y colocarla sobre el propiciatorio para obtener la misericordia de Dios y reconciliación del pueblo hebreo con Dios.

Y ahora, la Sangre de Cristo estando en las manos de los hebreos requiere el juicio divino sobre esas personas.

El único lugar donde puede estar la Sangre de Cristo en una persona y que no traiga el juicio divino y la maldición, sino la bendición, es en el corazón; porque la Sangre de Cristo es para tenerla aplicada en la puerta del corazón para salvación, para que la bendición de Dios venga sobre la persona.

Ahora, el pueblo hebreo ha estado pasando por los juicios divinos, por estas maldiciones, como Dios le había dicho al profeta Moisés que sucedería. Había sucedido en diferentes ocasiones, pero en esta última ocasión del año 70 en adelante ha sido la etapa más terrible del pueblo hebreo. Hitler por poco extermina al pueblo hebreo.

Pero la misericordia de Dios a Abraham, Isaac, Jacob, David y estos hombres y patriarcas de Dios, ha sido extendida sobre el pueblo hebreo; y por amor a ellos Dios ha tenido misericordia y acortó ese tiempo de tribulación sobre el pueblo hebreo, ese tiempo de tribulación que trajo Hitler, Mussolini, Stalin y otros dictadores, porque de otra forma no hubiera quedado escogido primogénito o escogido alguno del pueblo hebreo para el llamado final de la Gran Voz de Trompeta, donde serán llamados y juntados 144.000 hebreos.

Porque “el Hijo del Hombre enviará Sus Ángeles con Gran Voz de Trompeta y juntarán a Sus escogidos”, primeramente juntarán a los escogidos de entre los gentiles y después juntarán a los escogidos del pueblo hebreo. Esto es bajo esta Gran Voz de Trompeta, en donde Dios estará llamando al pueblo hebreo pero antes habrá llamado y juntado a los escogidos de entre los gentiles.

En el capítulo 7 de Apocalipsis tenemos el llamado a los hebreos bajo el ministerio de este Ángel que sube de donde nace el sol, el cual viene con el Sello del Dios vivo, o sea, viene con el Espíritu Santo, para llamar, juntar y sellar 144.000 hebreos, 12.000 de cada tribu.

Y luego, en Apocalipsis, capítulo 14, verso 1 en adelante, los encontramos ya con el Cordero sobre el Monte de Sión y sellados en sus frentes con el Sello de Dios, y tienen en sus frentes el Nombre de Dios, o sea, el Nombre del Padre y el Nombre del Cordero; o sea que obtienen la revelación divina del Nombre Eterno de Dios y Nombre del Señor Jesucristo y Nombre Eterno de Jesucristo.

Y ahora podemos ver todo este Programa Divino que está señalado para este tiempo final, en donde vuelve la bendición de Dios al pueblo hebreo; serán restaurados a la bendición de Dios.

Conforme a la profecía de Ezequiel, capítulo 37, encontramos que una restauración para el pueblo hebreo está prometida. Jesucristo también, cuando habló de la higuera reverdeciendo y echando sus hojas, está hablando de la restauración del pueblo hebreo.

En la profecía de Ezequiel, capítulo 37, nos dice que primeramente cada hueso se une a su hueso, y luego echa nervios, tendones, nervios, echa músculos, carne y después piel; pero con todo y eso es un campo, un ejército de muertos; porque el cuerpo sin espíritu está muerto.

Y el pueblo hebreo, aunque ha estado regresando a su tierra por los últimos 50 años, encontramos que falta el Espíritu de Dios en medio del pueblo hebreo para darle vida a la nación hebrea y ser establecido allí el Reino de David, ser restaurado el Reino de David, y el Trono de David ser ocupado por el Mesías en medio del pueblo hebreo.

Y entonces será una nación con vida, porque Dios estará allí en Jerusalén, en el Trono de David, gobernando por medio del Mesías; y entonces el pueblo hebreo será la nación más importante del planeta Tierra. Y con esa nación y desde esa nación el Mesías gobernará no solamente sobre el pueblo hebreo, sino sobre todas las naciones. Y la nación hebrea estará a la cabeza de todas las naciones.

Será el monte que encabezará todas las naciones, porque desde ahí estará reinando Dios, el Mesías, en el séptimo milenio, en el glorioso Reino Milenial.

Podemos ver que esta restauración para el pueblo hebreo está profetizada, y en la actualidad el pueblo hebreo está esperando la Venida del Mesías para que reclame el Trono de David y se siente en el Trono de David y reine sobre el pueblo hebreo y sobre todas las naciones; y queden todas las naciones sujetas al gobierno del Mesías, el cual desde la nación hebrea gobernará sobre todas las naciones.

O sea que Jerusalén será la capital del mundo y el territorio de Israel será el Distrito Federal; y desde ahí saldrá toda enseñanza de todos los campos de la vida del ser humano, desde la parte religiosa hasta la parte de la economía, de la política, de la salud y de todos los campos; “porque la Tierra será llena del conocimiento de la gloria de Jehová como las aguas cubren el mar”, dice Habacuc, capítulo 2, verso 14; y también dice así Isaías, capítulo 11 y verso 9.

Ese capítulo 11 de Isaías, si lo leemos desde el primer verso nos habla del Mesías, del Ungido, de la raíz, del retoño que sale del tronco y raíz de Isaí, hablando del Mesías para el glorioso Reino Mesiánico en medio del pueblo hebreo.

Ahora vean ustedes cómo para el tiempo final estas profecías tienen que ser cumplidas. En la Venida del Mesías, en la Venida de Cristo para este tiempo final, toda profecía, toda escritura tiene que ser cumplida.

Ahora podemos ver el tiempo que nos ha tocado vivir. Es el tiempo para el cumplimiento de toda profecía, de toda escritura correspondiente al Día Postrero, al séptimo milenio y al fin del siglo.

Estamos viviendo en el tiempo en que la cizaña va a recibir la maldición de Dios, va a recibir el juicio divino que está ya profetizado; lo único que tendrá que suceder es la materialización del juicio divino.

Para lo cual encontramos que Dios ha establecido un orden para dar a conocer estos juicios divinos que han de venir, para que así la humanidad esté al tanto de estos juicios divinos que han de venir; así como a través de la radio y de la televisión estamos al tanto de las temporadas de tormentas y también de las temporadas de frío o calor; porque todas las naciones tienen los profetas del negociado del tiempo, que son los que anuncian cómo está el tiempo para - o cuál va a ser el tiempo, cómo va a estar el tiempo en el próximo día, y así por el estilo. Algunas veces fallan, otras veces logran acertar; fallan algunas veces cuando las condiciones del tiempo cambian, ahí se les va por el piso su profecía, pero ellos tratan de hacer lo mejor; ellos, por medio del conocimiento científico, ellos predicen las cosas que van a suceder; no los criticamos sino que le damos gracias a Dios que hay personas que están vigilando para proteger la ciudadanía cuando hay estos peligros.

Ahora, Dios tendrá sobre la Tierra los ministerios de los Dos Olivos, los ministerios de Moisés y Elías operándolos en el Ángel del Señor Jesucristo, para estar dándonos a conocer esos juicios que han de venir y para que nosotros tomemos las precauciones para que no seamos afectados por esos juicios divinos que han de caer sobre la Tierra.

Todavía no están cayendo los juicios divinos, las maldiciones divinas señaladas para caer sobre la humanidad en la gran tribulación, solamente tenemos más bien como en el tiempo de tormentas.

En el tiempo de tormenta, antes de llegar la tormenta hay vientos recios y hay lluvia también fuerte. Y cualquier persona dice: “Ya la tormenta comenzó”. No, solamente esos son más bien las señales de que la tormenta está por llegar; son esos vientos fuertes, son esos dolores, diríamos, dolores de parto, son esos primeros vientos que vienen anunciando que después viene la tormenta.

Y eso es lo que tenemos en la actualidad, eso es lo que está sucediendo en la actualidad: esos vientos recios que están anunciando que cerca está el juicio de la gran tribulación para caer sobre la raza humana.

Y si con la muestra no nos basta, pues al que no le baste, que espere la tormenta fuerte que viene durante la gran tribulación.

Pero las personas sabias, que aman a su familia, hacen la previsión, preparan todo para escapar de ese juicio, para que su familia esté segura y no sufra las consecuencias de esos juicios divinos, de esa tormenta. Y el que no toma las precauciones es una persona irresponsable y no ama a su familia como puede decir que la ama, porque no ha protegido a su familia.

Y nosotros tenemos que tomar las precauciones para que nosotros y nuestras familias no sufran las consecuencias de los juicios de la gran tribulación. Tenemos que colocar a nuestras familias y nosotros también estar colocados en una casa segura. Y solamente hay una Casa segura, la cual no puede ser destruida por los juicios divinos.

Así como en medio del pueblo hebreo, cuando Dios fue a libertar al pueblo hebreo allá en Egipto, Dios dijo que vendría la muerte sobre todos los primogénitos de Egipto, pero le dijo a Moisés cómo estar seguros los primogénitos del pueblo hebreo: entrando a la casa, teniendo al cordero pascual dentro, y estar comiendo el cordero pascual, y su sangre estar aplicada en el dintel y los postes de esa casa, de la puerta de esa casa.

¿Y dónde encontraremos una casa así, donde tengamos la protección divina, donde la muerte no pueda entrar, donde los juicios divinos no puedan llegar? Tenemos una Casa. En Hebreos, capítulo 3, San Pablo nos muestra esa Casa, y dice: capítulo 3, versos 5 al 6, dice:

“Y Moisés a la verdad fue fiel en toda la casa de Dios, como siervo, para testimonio de lo que se iba a decir;

pero Cristo como hijo sobre su casa, la cual casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin la confianza y el gloriarnos en la esperanza”.

Ahora, hay algo que quiero mostrarles. Vamos a ver si Miguel me puede traer por aquí el libro de Las Edades, vamos a ver si Miguel me puede conseguir el libro de Las Edades o (déjeme ver quién por aquí…) Tirzo... allí lo tengo… donde nuestro hermano Branham habla algo muy importante.

Ahora vean, el único lugar seguro es una casa: la Casa de Dios, “la cual Casa somos nosotros”, o sea, la Iglesia del Señor Jesucristo.

Dice nuestro hermano Branham en el libro de Las Edades, página 361 en adelante, dice:

“[16]. ¿Qué es lo que queda? NADA, con la excepción de Hebreos 12:26:

‘La voz del cual entonces conmovió la tierra; mas ahora ha denunciado, diciendo: Aun una vez, y yo conmoveré no solamente la tierra, mas aun el cielo’.

17. Una vez más Dios sacudirá la tierra, y esta vez caerá todo lo que puede ser derrumbado”.

¿No dice el profeta Malaquías6 que trabajarán, las naciones trabajarán, se cansarán y trabajarán para el fuego? Ahora, aquí, vean ustedes, dice:

“… y esta vez caerá todo lo que puede ser derrumbado”.

Por eso habla de las torres altas y ciudades altas, las cuales durante ese tiempo serán destruidas.

“Entonces Él la renovará (o sea, renovará el planeta Tierra). En marzo de 1964, aquel terremoto en Alaska (el Viernes Santo) conmovió al mundo entero, aunque no lo desequilibró. Dios solamente estaba avisando con un temblor mundial (o terremoto mundial) lo que muy pronto hará en una escala mucho mayor. Él va a castigar a este mundo maldito por el pecado, con truenos y temblores. Hermano y hermana, hay un solo lugar que puede soportar tales sacudidas, y ese lugar es en el redil del Señor (o sea, la Iglesia del Señor Jesucristo)”.

Por eso es que se requiere que cada persona que tiene su nombre escrito en el Libro de la Vida del Cordero entre a la Casa de Dios para que esté seguro; entre a la Casa de Dios, que es la Iglesia de Jesucristo, creyendo en Jesucristo como su Salvador y lavando sus pecados en la Sangre de Cristo y recibiendo Su Espíritu Santo, y así naciendo en la Casa de Dios, en la Iglesia de Jesucristo. Sigue diciendo:

“Yo le ruego, mientras la misericordia de Dios todavía esté disponible para usted, que entregue su vida completa, sin reservas, a Jesucristo; quien como fiel pastor le salvará, le cuidará y le presentará sin arruga ni mancha, en gloria, con muy grande gozo”.

Ahora podemos ver en el tiempo en que nosotros nos encontramos, y podemos ver lo que viene para la humanidad; pero también podemos ver la forma de escapar de ese juicio divino; así como para el tiempo de Noé, para el tiempo en que vendría el diluvio hubo una persona que escapó sin caer ni una gota de agua todavía sobre la Tierra: ese fue Enoc, que representa a los escogidos de Dios, que escaparán siendo transformados y raptados, e irán a la Casa de nuestro Padre celestial a la Cena de las Bodas del Cordero.

También tenemos a Noé y su familia, los cuales construyeron el arca por mandato divino y escaparon de la destrucción, aunque pasaron por el juicio divino del diluvio, pero ellos no fueron destruidos. Ellos, Noé y su familia, representan al pueblo hebreo, representan a estos escogidos hebreos que recibirán a Cristo en Su Segunda Venida; y aunque ellos pasarán por la gran tribulación y morirán porque la bestia los matará, al final de la gran tribulación, así como Noé salió del diluvio y caminó nuevamente por la Tierra, ellos resucitarán al final de la gran tribulación y caminarán sobre la Tierra en el glorioso Reino Milenial de Cristo; y ellos estarán con nosotros en ese glorioso Reino Milenial de Cristo porque ellos serán los que, como los eunucos servían al rey y a la reina, ellos servirán a Cristo y a la Iglesia de Jesucristo durante el Reino Milenial.

Ahora podemos ver cómo en Enoc están representados los miembros del Cuerpo Místico de Cristo, que no pasarán por la gran tribulación, sino que serán transformados y raptados e irán en los carros de fuego o platillos voladores, como se fue Enoc y como se fue también el profeta Elías, y como se fue nuestro Señor Jesucristo.

El profeta Eliseo también vio los carros de fuego cuando el ejército sirio lo rodeó7, y le dijo a su siervo o sirviente Giezi, cuando su sirviente o siervo le dijo: “Mira, han rodeado la casa, el ejército de los sirios”, Eliseo dijo: “Son más los que están con nosotros que los que están en contra”. Porque siempre son más los que están en favor del profeta que Dios envía a la Tierra en cada edad y en cada dispensación.

Para el tiempo del profeta Eliseo hubo muchos carros de fuego situados en los montes que rodeaban el lugar donde vivía Eliseo. Y si así fue para un profeta de una edad, para un profeta de una etapa…

Vean ustedes, Cristo dijo también8: “De aquí en adelante veréis al Hijo del Hombre y veréis que descienden, que suben y bajan ángeles sobre el Hijo del Hombre”.

Lo mismo que vio Jacob cuando tuvo el sueño en donde vio una escalera muy alta que se apoyaba en tierra y la otra parte llegaba hasta el Cielo9. Dice que vio ángeles de Dios que subían y descendían por esa escalera, y dice que en la cúspide de la escalera estaba Dios sentado.

Esa escalera representa la Iglesia del Señor Jesucristo, por donde han estado subiendo ángeles de Dios, han estado subiendo los siete ángeles mensajeros y también cada miembro del Cuerpo Místico de Cristo, que son como los ángeles, los cuales vivirán en el glorioso Reino Milenial; pues dice Cristo hablando de Sus escogidos: “Sus ángeles ven el rostro de mi Padre cada día”10; ahí están los ángeles que subirían por esa escalera, subirían y bajarían.

Ahora, encontramos que primero subimos por ella y después descenderemos para el glorioso Reino Milenial por esa misma escalera. Cristo dijo: “Veréis ángeles de Dios que suben y bajan sobre el Hijo del Hombre”.

Y ahora, en la cúspide de la escalera, acá arriba, que es la Edad de la Piedra Angular, estaba Dios en ese sueño que tuvo Jacob; porque es en la Edad de la Piedra Angular, la cúspide de la escalera, donde estará Jesucristo en Su Segunda Venida manifestado.

Y es a esa edad a donde subirán todos los hijos e hijas de Dios con esos cuerpos teofánicos llamados ángeles, sus ángeles, y subirán con su cuerpo físico glorificado cuando ocurra la resurrección de los muertos en Cristo; ellos vendrán a la Edad de la Piedra Angular, que es la única edad que estará vigente en este tiempo final; y nosotros los que vivimos seremos transformados.

Y el juicio divino no caerá ni sobre los escogidos de las siete edades de la Iglesia gentil ni tampoco sobre los escogidos de este tiempo, porque nos iremos de aquí a la Cena de las Bodas del Cordero antes que caiga el juicio divino sobre la Tierra. Solamente veremos los vientos, que a medida que va pasando el tiempo se van arreciando pero todavía eso no es la gran tribulación, solamente son dolores de parto.

Pero “viene el día ardiente como un horno, y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa”11. Eso será el tiempo para la cizaña, los hijos del malo ser quemados.

En Hebreos, capítulo 6, San Pablo dice, del verso 7 al 8:

“Porque la tierra que bebe la lluvia que muchas veces cae sobre ella, y produce hierba provechosa a aquellos por los cuales es labrada, recibe bendición de Dios (esa hierba provechosa también representa a los escogidos de Dios);

pero la que produce espinos y abrojos es reprobada, está próxima a ser maldecida, y su fin es el ser quemada”.

Ahí tenemos la maldición tanto para la cizaña, para la hierba mala, para los hijos del malo, como también para los territorios donde ellos estén.

Ahora, podemos ver que de edad en edad hubo un territorio donde Dios tuvo buena semilla, trigo, pero también hubo cizaña. Cuando termina el tiempo del trigo, encontramos que para el Día Postrero llega el tiempo de la siega o cosecha; la cizaña es atada en manojos para ser echada al fuego y ser quemada, y el trigo es recogido para ser colocado en el granero de Dios. Por eso dice que enviará Sus Ángeles, ¿para qué?, para llevar a cabo esa labor.

Y el trigo será recogido en el granero de Dios; porque serán llamados los escogidos de Dios con la Gran Voz de Trompeta, como dice Jesús en San Mateo, capítulo 24, verso 31, donde dice: “Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos”.

Son llamados y juntados los escogidos de entre los gentiles primeramente, que son los miembros del Cuerpo Místico de Cristo que estarán viviendo en este tiempo final; y son colocados en el granero de Dios, en la Iglesia de Jesucristo, donde Él reúne a Sus hijos, para, en el Día Postrero, en el séptimo milenio, este tiempo final, ser transformados y raptados, y los muertos en Cristo ser resucitados.

Pero la cizaña será echada en el horno de fuego, que es la gran tribulación, donde será el lloro y el crujir de dientes; en donde los juicios divinos bajo las maldiciones divinas caerán sobre este planeta Tierra, sobre la humanidad.

Él dijo que sería como en los días de Noé y también como en los días de Lot12. Para los días de Noé hubo un profeta dispensacional en la Tierra, que fue Noé; y aquella civilización se había mezclado, los hijos de Dios, la descendencia de Adán a través de Set se había mezclado con la descendencia de Caín, y por consiguiente eso desagradó a Dios; porque los hijos de Dios están llamados a enamorarse y casarse con hijas de Dios; y así también es para las hijas de Dios. No buscar personas que no aman y creen en Dios, porque estarán haciendo lo mismo que hicieron los hijos de Dios allá antes de la destrucción de Sodoma y de Gomorra.

También el pueblo hebreo cuando se enamoraron de las moabitas hicieron lo mismo; y Dios no los perdonó y no pudieron entrar a la tierra prometida aquellas personas, y eran del pueblo hebreo.

Ahora podemos ver que Dios es un Dios celoso, y quiere que Sus hijos permanezcan fieles y no se mezclen, no mezclen las razas, no mezclen las cosas, sino que permanezcan fieles; y que cada creyente se case con una creyente, para que así puedan servir a Dios todos los días de su vida.

¿Qué sucede cuando se casa un creyente con una que no es creyente; o una creyente con uno que no es creyente? Comienzan a tener problemas. Uno va a las actividades para servir a Dios y el otro no va; y comienza el otro a exigirle que se quede para que vaya para otro lugar con la persona. Y a lo último, muchas veces, el que no sirve a Dios arrastra al que sirve a Dios; pues si lo arrastra hacia el matrimonio pues lo va a arrastrar para otras cosas también, para apartarse de Dios.

Ahora, podemos ver que Dios desea que le sirvamos; y si se casan pues lo mejor es una persona que también sirva a Dios, para ambos servir a Dios; y para así comprenderse el uno al otro, sirviendo al Dios verdadero, creador de los Cielos y de la Tierra.

Ahora, podemos ver que el juicio divino va a caer sobre la Tierra; y Jesucristo dijo que sería para el tiempo en que la humanidad estaría como en los días ¿de quién?, de Noé, y también como en los días de Lot. Y la humanidad ha llegado a ese nivel en la actualidad. La humanidad está a punto de recibir en toda su plenitud la maldición y juicios divinos.

Y la maldición viene con fuego en esta ocasión, no con agua como en el tiempo de Noé, que vino la maldición con un diluvio, con agua; pero ahora viene con fuego, dice Dios.

Y si no pudieron escapar de la maldición que vino con agua, el juicio divino con el diluvio, más difícil es escapar de un diluvio de fuego; fuego atómico que se va a desatar sobre la raza humana, y será “un día ardiente como un horno”; por eso Jesús habló de la cizaña siendo echada en el horno de fuego. Se habla del horno de fuego dando testimonio que el juicio divino de la gran tribulación vendrá acompañado con fuego atómico, que quemará a los que estarán en ese tiempo de la gran tribulación recibiendo la maldición y juicio divino.

Ese ciclo divino del Programa Divino, vean ustedes, conforme a Apocalipsis, capítulo 11, verso 15, se abre con la Séptima Trompeta sonando. Dice:

El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos.

Y los veinticuatro ancianos que estaban sentados delante de Dios en sus tronos, se postraron sobre sus rostros, y adoraron a Dios,

diciendo: Te damos gracias, Señor Dios Todopoderoso, el que eres y que eras y que has de venir, porque has tomado tu gran poder, y has reinado”.

Cuando Cristo termina Su Obra de Intercesión en el Cielo sale del Trono de Intercesión, toma el Título de Propiedad, el Libro de los Siete Sellos, y ahí está “tomando su gran poder”. Por eso es que en Apocalipsis, capítulo 5, verso 8 en adelante, dice:

“Y cuando hubo tomado el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero; todos tenían arpas, y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos;

y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación;

y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra.

Y miré, y oí la voz de muchos ángeles alrededor del trono, y de los seres vivientes, y de los ancianos; y su número era millones de millones,

que decían a gran voz: El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder…”.

¿Ven? Cuando toma el Libro está tomando el poder, porque está tomando el Título de Propiedad que le otorga todo el poder; porque le otorga toda la herencia de Dios, porque Jesucristo es el heredero de Dios y nosotros somos coherederos con Cristo.

“… es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza.

Y a todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos.

Los cuatro seres vivientes decían: Amén; y los veinticuatro ancianos se postraron sobre sus rostros y adoraron al que vive por los siglos de los siglos”.

Siendo que el Apocalipsis del Antiguo Testamento es el libro del profeta Daniel, encontraremos lo mismo en el libro del profeta Daniel, en el capítulo 7, donde dice:

“Estuve mirando hasta que fueron puestos tronos, y se sentó un Anciano de días, cuyo vestido era blanco como la nieve, y el pelo de su cabeza como lana limpia; su trono llama de fuego, y las ruedas del mismo, fuego ardiente.

Un río de fuego procedía y salía de delante de él; millares de millares le servían, y millones de millones asistían delante de él (los millares de millares son los miembros de la Iglesia de Jesucristo; y los millones de millones que asistían delante de Él son los que serán juzgados por Él); el Juez se sentó, y los libros fueron abiertos.

Yo entonces miraba a causa del sonido de las grandes palabras que hablaba el cuerno (ese cuerno representa al anticristo, a la bestia); miraba hasta que mataron a la bestia, y su cuerpo fue destrozado y entregado para ser quemado en el fuego”.

Es la misma bestia de Apocalipsis, capítulo 17, a la cual los diez reyes le dan su poder y su autoridad; y luego, así como Dios puso en el corazón de ellos darle el poder y la autoridad a la bestia, luego pone en el corazón de ellos el quemar la bestia con fuego, con fuego atómico; y es quemada la bestia con fuego atómico. Eso es la parte, una parte del reino de los gentiles, la parte en donde estará el anticristo gobernando sobre la humanidad. Sigue diciendo:

“Habían también quitado a las otras bestias su dominio…”.

O sea, las otras bestias, que representaban el imperio romano, el imperio de Grecia, el imperio medo-persa y el imperio babilónico.

“… pero les había sido prolongada la vida hasta cierto tiempo.

Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él.

Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido”.

Esa es la Venida del Hijo del Hombre, el cual recibe poder, autoridad y reino para luego establecer el glorioso Reino Mesiánico en medio del pueblo hebreo, y desde ahí reinar sobre todas las naciones.

“Se me turbó el espíritu a mí, Daniel, en medio de mi cuerpo, y las visiones de mi cabeza me asombraron.

Me acerqué a uno de los que asistían, y le pregunté la verdad acerca de todo esto. Y me habló, y me hizo conocer la interpretación de las cosas.

Estas cuatro grandes bestias son cuatro reyes que se levantarán en la tierra (ahí tienen las diferentes etapas del imperio de los gentiles).

Después recibirán el reino los santos del Altísimo, y poseerán el reino hasta el siglo, eternamente y para siempre”.

El Reino sobre este planeta Tierra será restaurado a los santos del Altísimo, que son los hijos e hijas de Dios, la Iglesia del Señor Jesucristo; y el pueblo hebreo se va a beneficiar de esa etapa, la cual comienza y luego será eterna.

Y desde el pueblo hebreo, desde la nación hebrea se administrará el Reino de Dios en este planeta Tierra, porque la nación hebrea irá a la cabeza de todas las naciones, porque será el Distrito Federal del planeta Tierra completo y tendrá la capital allí en la ciudad de Jerusalén.

Vean la bendición tan grande que Dios tiene para el pueblo hebreo para el Día Postrero, o sea, para el séptimo milenio: tiene la bendición de la Venida del Mesías para el establecimiento del Reino de Dios en este planeta Tierra, en donde Israel será la nación que estará a la cabeza.

La nación hebrea ha deseado en su corazón gobernar el mundo entero, y eso está en el Programa de Dios; pero estará a la cabeza de ese gobierno el Mesías, que será el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob manifestado como Rey, sentándose en el Trono de David. Y estará allí sentado en el Trono de David con un cuerpo glorificado, con un cuerpo eterno, y con Él se sentará en Su Trono el vencedor; y con Él estaremos todos reinando como reyes y sacerdotes sobre el pueblo hebreo y sobre todas las naciones, y estaremos con un cuerpo eterno.

O sea que no vamos a necesitar nada del pueblo hebreo, no vamos a estar pidiéndole ni un centavo, sino que ellos son los que van a necesitar de todos nosotros; porque el Cristo, el Mesías, que es el Melquisedec que le apareció a Abraham, y que ese es el Sacerdote del Templo que está en el Cielo, tiene hijos; y esos hijos son sacerdotes según el Orden de Melquisedec, son sacerdotes del Templo que está en el Cielo; y estarán sobre esta Tierra con el Mesías ministrando como sacerdotes con el Mesías como Sumo Sacerdote, y como reyes con el Rey de reyes y Señor de señores. Porque Melquisedec es Rey de reyes, es Rey de Salem y también es Sumo Sacerdote del Templo que está en el Cielo.

Y ahora, en esta Tierra estará Melquisedec con Sus hijos, con Su grupo de sacerdotes del Templo que está en el Cielo; lo cual fue reflejado en el sumo sacerdote del pueblo hebreo y los sacerdotes que con él ministraban en el templo.

Siendo que Israel es el pueblo terrenal, el Israel terrenal, la simiente terrenal de Abraham, representa o simboliza la simiente celestial de Abraham, o sea, el Israel celestial; y así como el Israel terrenal ha tenido un grupo de sacerdotes, o sea, ha tenido esa línea sacerdotal encabezada por el sumo sacerdote, el Israel celestial tiene ese Orden Sacerdotal de la cual Melquisedec, el Mesías, es el Sumo Sacerdote del Israel celestial, del Templo que está en el Cielo; y Sus hijos, redimidos por la Sangre de Jesucristo, del Mesías, somos sacerdotes con Él, del Templo que está en el Cielo; y por consiguiente, aquí en la Tierra estaremos ministrando desde el Cielo para beneficio de los que estarán viviendo aquí en la Tierra.

Y el Templo que está en el Cielo estará reflejado y materializado en el Templo espiritual de Dios, que es la Iglesia del Señor Jesucristo. Y por cuanto el pueblo hebreo también representa la Iglesia de Jesucristo, por consiguiente, la Iglesia de Jesucristo, el Templo celestial, ese Templo espiritual, pues estará en medio del pueblo hebreo; y el pueblo hebreo tendrá un nuevo templo donde Melquisedec estará ministrando y los hijos de Melquisedec, los sacerdotes según el Orden de Melquisedec, que son los redimidos por la Sangre del Cordero.

Ahora podemos ver todas estas bendiciones que hay para el pueblo hebreo y para todos nosotros.

De ahí, de ese Templo, saldrán las bendiciones de Dios para el pueblo hebreo y para toda la humanidad durante el Reino Milenial.

Durante todo este lapso de tiempo de dos mil años se han estado predicando las bendiciones de Dios para los que reciban a Cristo como su Salvador y laven sus pecados en la Sangre de Cristo; y esa predicación es una predicación que viene desde el Templo que está en el Cielo y es manifestada en el Templo espiritual de Jesucristo.

Pero de un momento a otro el Cordero saldrá del Templo que está en el Cielo, cuando se complete el número de los escogidos de Dios; y el Sacrificio saldrá de allí, que es Cristo; y el Sumo Sacerdote, que es Jesucristo, Melquisedec, saldrá del Lugar Santísimo en el Cielo, y ya no habrá más Sangre allá en el Cielo, en el asiento de misericordia, en el Trono de misericordia; y sucederá como sucedía en medio del pueblo hebreo, que cuando no había sangre sobre el propiciatorio el día de la expiación, que se requería que esa sangre fuera colocada allí, entonces venía el juicio divino sobre el pueblo hebreo; y así sucederá con la raza humana, con la humanidad.

Cuando salga Cristo del Trono de Intercesión, luego vendrá el juicio divino sobre la raza humana. Y desde el Templo espiritual de Cristo, que es Su Iglesia, antes de Su Iglesia irse en el rapto, desde ahí estarán siendo anunciados los juicios divinos que han de venir sobre la Tierra.

En ese lapso de tiempo de 30 a 40 días, la humanidad escuchará claramente que el juicio divino estará cayendo sobre la Tierra, y estarán viendo ya los vientos bien huracanados de la destrucción que vendrá durante la gran tribulación; pero ya no habrá oportunidad de obtener la misericordia de Dios, porque ya el Cordero habrá salido del Trono de Intercesión.

Tendrán que atenerse a lo que vendrá durante la gran tribulación: el juicio divino, las maldiciones divinas señaladas en la Escritura; porque las maldiciones divinas son para aquellos que no han guardado la Palabra de Dios, no han prestado atención a la Palabra de Dios y no han aprovechado el tiempo de gracia que Dios ha otorgado a la raza humana, los cuales son ya aproximadamente dos mil años de gracia que Dios le ha dado a la raza humana hasta el momento.

Y todavía hay gracia para los seres humanos, porque todavía no ha salido el Cordero, Jesucristo, el Sumo Sacerdote, del Lugar de Intercesión en el Cielo, del lugar de misericordia allá en el Templo que está en el Cielo; pero de un momento a otro saldrá.

Y luego, el que esté sucio no podrá ser limpiado de sus pecados con la Sangre de Cristo porque ya no habrá intercesión en el Cielo; y entonces vendrá el juicio divino sobre esas personas.

Ahora podemos ver que todavía hay misericordia para cada uno de ustedes y para mí también, y para nuestros seres queridos. Tenemos que colocar a nuestros seres queridos dentro de la Casa de Dios, dentro de la Casa donde está la Sangre del Cordero aplicada y está la vida del Cordero, el Espíritu Santo manifestado, para que la misericordia de Dios esté sobre ellos también.

Estamos viviendo en el tiempo en que de un momento a otro el juicio divino de la gran tribulación vendrá como vino el diluvio sobre la raza humana.

Para el tiempo de Noé solamente Noé, su esposa y sus hijos y sus nueras creyeron el Mensaje de Noé, el resto de la humanidad no creyó; y tenían religiones y grandes líderes religiosos en aquel tiempo, pero no creyeron el Mensaje sencillo del profeta Noé, y no pensaron que esto que estaba diciendo Noé era cierto, y que iba a venir ese diluvio; y más, por cuanto en aquel tiempo no llovía como en la actualidad, tampoco pensaron que era posible un diluvio.

Como en Lima, Perú, y otros lugares donde no llueve, es imposible pensar que pueda venir un diluvio que inunde esos lugares. Pero si Dios dice que va a hacerlo, pues lo hace; y si Dios dice que no lo va a hacer, pues no lo hace.

No deseamos un diluvio sobre Lima y sobre ciudades del Perú que no llueve, porque eso sería un desastre para el Perú, para los habitantes de esos lugares; y nosotros amamos a todos los peruanos, amamos a la nación peruana, y lo que queremos son las bendiciones de Dios para todos los peruanos.

En el Perú se han visto cosas muy extrañas, como la destrucción de una o más ciudades, las cuales han quedado bajo tierra; porque si buscamos la historia de los habitantes de esas ciudades encontraremos que pecaron en contra de Dios, y Dios se desagradó, y mostró en el juicio que trajo sobre esas ciudades lo que hará en una escala mayor sobre la humanidad.

Así como el juicio del diluvio para los antediluvianos señala que Dios traerá el juicio divino con fuego para los que estarán viviendo en el tiempo final. Y el juicio divino que cayó sobre Egipto muestra que Dios traerá el juicio divino sobre el reino del anticristo, sobre el reino de los gentiles, en la etapa de los pies de hierro y de barro cocido.

Y el juicio que vino sobre Sodoma y Gomorra también muestra el juicio divino que vendrá con fuego sobre la humanidad durante la gran tribulación; así como destruyó Dios a Sodoma y Gomorra con fuego y azufre del cielo.

Allí estaban los Arcángeles Gabriel y Miguel con sus Ejércitos y también estaba Elohim. La presencia de Dios con Sus Ángeles fue la señal de que aquella generación que vivió en Sodoma y Gomorra había llegado a su final; y al otro día vino la destrucción sobre Sodoma y Gomorra, en la mañana.

Y Dios dijo que la Venida del Hijo del Hombre sería con Sus Ángeles; y dijo que sería como en los días ¿de quién?, de Lot. Y para este tiempo final la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles, encontramos que ya fue representada en Elohim viniendo con Gabriel y Miguel13. Será la actualización de aquella visita.

Así como Dios visitó a Abraham y comió con él, encontramos que Dios ha estado manifestado en la Tierra, en el precursor de la Segunda Venida de Cristo, y estuvo discerniendo el corazón de las personas así como discernió Elohim el corazón de Sara, la cual se rio cuando Dios dijo que vendría el hijo prometido, que Abraham tendría el hijo que le había prometido, lo tendría por medio de Sara, y que ya había llegado el tiempo para el cumplimiento de esa promesa. Sara tenía 89 años de edad y Abraham tenía 99 años de edad.

Ya Abraham había sido circuncidado cuando cumplió 99 años, a esa edad fue circuncidado; y también fue circuncidado Ismael a los 13 años de edad.

Y ahora, Abraham va a comenzar un nuevo ciclo divino, va a comenzar el segundo año de jubileo de su vida, que es el año 100; y en el año 100, el cual él comenzaría a vivir teniendo 99 años…; porque cuando una persona dice: “Tengo 100 años”, es que ya vivió 100 años; o sea que el año número 100, mientras lo está viviendo, la persona está diciendo que tiene 99 años, porque contamos los años que ya hemos vivido y no contamos el año que estamos viviendo.

Así que Abraham comenzaría ese ciclo del año número 100, que era el segundo año de jubileo de Abraham, y Sara comenzaría su año número 90; y fue en ese ciclo divino en que ellos fueron rejuvenecidos, cuando ya Abraham había sido circuncidado. Y concibió Sara de Abraham y tuvo el hijo prometido a los 100 años Abraham y Sara a los 90 años de edad, tuvieron el hijo prometido.

Ahora miren, Sara se había reído con incredulidad, dudando que fuera posible lo que Dios estaba prometiendo, pero Dios le dijo, Elohim le dijo: “¿Por qué se ha reído Sara tu esposa, tu mujer?, diciendo: ‘¿Después de vieja he de tener un hijo con mi Señor?’. ¿Hay alguna cosa imposible para Dios?”. No la hay.

Sara tuvo miedo y dijo: “No me he reído”. Para colmo, tras que se rio, luego lo negó y le mintió a Elohim, a Dios.

Y Dios le dijo: “Sí que te has reído”.

Se levantaron y se fueron; porque nadie puede permanecer hablando con personas que mienten.

Pero Abraham no había mentido, y Abraham se fue con Elohim y los dos Arcángeles. Y Dios dijo: “¿Encubriré yo a Abraham lo que voy a hacer, siendo Abraham un hombre que será padre de naciones, y enseñará a su descendencia, a sus hijos, a guardar la Palabra de Dios para que se cumpla en él y en ellos lo que Dios ha prometido?”.

Y comenzó Dios a decirle a Abraham lo que iba a hacer, o sea, comenzó Dios a revelarle a Abraham el juicio que iba a venir sobre Sodoma y Gomorra. Dios comenzó a revelarle a Abraham la maldición que vendría sobre Sodoma y Gomorra. Dice, capítulo 18, verso 17 en adelante [Génesis]:

“Y Jehová dijo: ¿Encubriré yo a Abraham lo que voy a hacer,

habiendo de ser Abraham una nación grande y fuerte, y habiendo de ser benditas en él todas las naciones de la tierra?

Porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí…”

Y qué bueno es cuando Dios sabe lo que uno va a hacer, y que lo que uno va a hacer es bueno. Y Dios sabía lo que Abraham iba a hacer.

“Porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio, para que haga venir Jehová sobre Abraham lo que ha hablado acerca de él.

Entonces Jehová le dijo: Por cuanto el clamor contra Sodoma y Gomorra se aumenta más y más, y el pecado de ellos se ha agravado en extremo,

descenderé ahora, y veré si han consumado su obra según el clamor que ha venido hasta mí; y si no, lo sabré.

Y se apartaron de allí los varones (o sea, Gabriel y Miguel, los arcángeles), y fueron hacia Sodoma; pero Abraham estaba aún delante de Jehová”.

Se fueron hacia Sodoma y Gomorra los Arcángeles Gabriel y Miguel, pero Dios, Elohim, se quedó todavía con Abraham; y ahí comenzó Abraham a hablar con Dios:

“Y se acercó Abraham y dijo: ¿Destruirás también al justo con el impío?

Quizá haya cincuenta justos dentro de la ciudad: ¿destruirás también y no perdonarás al lugar por amor a los cincuenta justos que estén dentro de él?

Lejos de ti el hacer tal, que hagas morir al justo con el impío, y que sea el justo tratado como el impío; nunca tal hagas. El Juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo?

Entonces respondió Jehová: Si hallare en Sodoma cincuenta justos dentro de la ciudad, perdonaré a todo este lugar por amor a ellos”.

Ahora vean cómo la misericordia de Dios por amor a cincuenta justos se extendería en favor de la ciudad completa. Y Abraham sigue hablando con Dios y le dice más adelante:

“Y Abraham replicó y dijo: He aquí ahora que he comenzado a hablar a mi Señor, aunque soy polvo y ceniza.

Quizá faltarán de cincuenta justos cinco (o sea, ‘quizás habrá solamente cuarenta y cinco justos’)…”.

Porque Abraham tiene la esperanza en que Lot se haya multiplicado y tenga mucha familia, y que sus hijas se hayan multiplicado también y ya tengan una familia grande; pero Abraham va tomando todas las precauciones porque Abraham está intercediendo ahí por su sobrino Lot; y le pregunta:

“Quizá faltarán de cincuenta justos cinco (faltarán cinco, o sea, quizás habrá solamente cuarenta y cinco); ¿destruirás por aquellos cinco (por aquellos cinco que faltan de los cincuenta) toda la ciudad? Y dijo (Dios): No la destruiré, si hallare allí cuarenta y cinco.

Y volvió a hablarle, y dijo: Quizá se hallarán allí cuarenta. Y respondió (Dios): No lo haré por amor a los cuarenta.

Y dijo: No se enoje ahora mi Señor, si hablare: quizá se hallarán allí treinta. Y respondió (Dios): No lo haré si hallare allí treinta.

Y dijo: He aquí ahora que he emprendido el hablar a mi Señor: quizá se hallarán allí veinte. No la destruiré, respondió, por amor a los veinte”.

Miren cómo la misericordia de Dios es tan grande.

“Y volvió a decir (Abraham): No se enoje ahora mi Señor, si hablare solamente una vez: quizá se hallarán allí diez. No la destruiré, respondió, por amor a los diez.

Y Jehová se fue, luego que acabó de hablar a Abraham; y Abraham volvió a su lugar”.

¿Y por qué Abraham no dijo: “Quizás se hallarán allí solamente 4 personas: Lot, su esposa y sus dos hijas”? Porque Abraham sabía que cuando solamente hubo 8 personas: Noé, su esposa, los tres hijos de Noé y sus tres esposas, siendo 8 personas, Dios no perdonó al mundo antediluviano. Pero con 10 personas Dios dice aquí que hubiera perdonado a Sodoma y a Gomorra.

Y por cuanto no hubo 10 personas justas, entonces los 4 que estaban allí: Lot con su familia, fueron sacados fuera de la ciudad antes de la destrucción de Sodoma y Gomorra. Los Arcángeles le ordenaron salir fuera de la ciudad porque iban a destruir la ciudad de Sodoma, de Gomorra y ciudades cercanas. Tipo y figura del juicio divino que ha de venir sobre la raza humana, sobre el reino de los gentiles en la etapa de los pies de hierro y de barro cocido.

Son millones de ángeles los Ejércitos celestiales de los Arcángeles Gabriel y Miguel; y hay más arcángeles también, pero los principales, bajo los cuales están todas las huestes celestiales son Gabriel y Miguel.

Y ahora, podemos ver que el juicio divino ha de venir sobre el planeta Tierra conforme a como está profetizado tanto en el libro del profeta Daniel como en el libro del profeta Isaías, como en el libro del profeta Malaquías [4:1]: “he aquí, viene el día ardiente como un horno, y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa; aquel día que vendrá los abrasará, ha dicho Jehová de los ejércitos, y no les dejará ni raíz ni rama”. Ya eso está profetizado y así va a suceder en el tiempo final, en el Día Postrero.

El Señor Jesucristo también habló en la parábola del trigo y de la cizaña, y dijo que eso iba a suceder: la cizaña sería atada en manojos para ser echada en el horno de fuego.

Y ahora, en Apocalipsis, capítulo 6, versos 12 al 17, nos muestra un cuadro de la gran tribulación, nos muestra cómo comienza la gran tribulación sobre la raza humana, donde estarán siendo derramados los juicios divinos, las plagas, donde estarán siendo derramadas las maldiciones apocalípticas sobre la raza humana. Dice capítulo 6, verso 12 al 17:

“Miré cuando abrió el sexto sello, y he aquí hubo un gran terremoto; y el sol se puso negro como tela de cilicio, y la luna se volvió toda como sangre;

y las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra, como la higuera deja caer sus higos cuando es sacudida por un fuerte viento.

Y el cielo se desvaneció como un pergamino que se enrolla; y todo monte y toda isla se removió de su lugar.

Y los reyes de la tierra, y los grandes, los ricos, los capitanes, los poderosos, y todo siervo y todo libre, se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes;

y decían a los montes y a las peñas: Caed sobre nosotros, y escondednos del rostro de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero;

porque el gran día de su ira ha llegado; ¿y quién podrá sostenerse en pie?”.

Nadie podrá sostenerse en pie. Y el día de “la ira del Cordero”, que es “el día de venganza del Dios nuestro”, será con fuego; aunque vendrán también tormentas, vendrán inundaciones y cosas así, pero eso no será a nivel mundial como fue el diluvio, que durante 40 días llovió y cubrió el planeta Tierra completo.

Ahora, podrán ciertos territorios tener esas grandes inundaciones, pero el juicio divino en toda su plenitud será con fuego atómico en el Día Postrero. Y con esos juicios divinos que caerán sobre la raza humana el planeta Tierra será purificado; será purificado porque serán quemados los que están representados en la cizaña. Y así quitará Dios a los que hacen maldad y vengará la sangre de los justos y de los profetas, y del pueblo hebreo, que ha sido perseguido, pues dice la escritura, hablando del pueblo hebreo: “El que te bendiga, será bendito; y el que te maldiga, será maldito”.

Y también Dios vengará la Sangre de Cristo y también la sangre de la Iglesia de Jesucristo, que ha sido derramada en las persecuciones durante estos dos mil años que han transcurrido; porque en “el día de venganza del Dios nuestro” Dios dice que pagará a cada uno conforme a sus obras; por eso dice en San Mateo, capítulo 16, verso 27 al 28, dice que el Hijo del Hombre vendrá en la gloria… [CORTE EN LA CINTA]… “… y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra”14.

Ahora podemos ver que en este tiempo final viene el día de venganza del Dios nuestro, donde la maldición caerá sobre la raza humana con el juicio divino que está señalado para quemar la cizaña. Pero dice en Malaquías, capítulo 4, verso 2: “Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación”.

Por medio de la manifestación del Sol de Justicia, que es la Segunda Venida de Cristo viniendo como Rey de reyes y Señor de señores con Sus Ángeles, que son los ministerios de los Dos Olivos, traerá para los hijos e hijas de Dios salvación.

Ese será el Programa Divino para llamar y juntar a los escogidos de Dios, y darnos la fe para ser transformados y raptados, y así tener el cuerpo eterno e ir a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo, antes que comience la gran tribulación, antes que comiencen los juicios divinos a caer sobre este planeta Tierra.

Ahora podemos ver que desde el Génesis hasta el Apocalipsis hay una línea de pensamiento divino en cuanto al juicio divino y también en cuanto a la bendición divina. Y en la línea del pensamiento divino de la bendición divina nos encontramos nosotros en este tiempo final.

Por lo tanto, sirvamos a Cristo con toda nuestra alma, estemos atentos escuchando Su Voz, Su Palabra, en este Día Postrero; en nuestra edad, la Edad de la Piedra Angular, y en nuestra dispensación, la Dispensación del Reino; y estemos preparados para ser transformados y raptados pronto, en este Día Postrero, porque pronto van a resucitar en cuerpos eternos los muertos en Cristo, y nosotros los que vivimos vamos a ser transformados.

Estamos en el tiempo en que Dios prometió esa Séptima Trompeta, que es la Gran Voz de Trompeta o Trompeta Final, de la cual el precursor de la Segunda Venida de Cristo nos dijo en el libro de Citas, página 47, tomado del mensaje “Las diez vírgenes”, predicado en 1960, donde dice:

402 - “Y nosotros que vivimos y hayamos quedado hasta la venida del Señor, no evitaremos o impediremos a los que duermen. Esos preciosos que sellaron su testimonio con su sangre. ‘No impediremos o estorbaremos a los que duermen, porque sonará la trompeta’. Algo acontecerá, ese algo evangélico sonará, el anuncio de Su venida. ‘Y los muertos en Cristo resucitarán primero. Y nosotros los que vivimos y permanezcamos seremos transformados’. Parados allí, y sentir un cambio; el pelo canoso se irá, las arrugas cesarán, cambiados en un momento, en un abrir de ojos. Y encontraremos a nuestros amados primero”.

Ahora vean que esa Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta que sonará, dice que es, ese “algo evangélico”, “el anuncio de Su Venida”; o sea, sonará la Trompeta del Evangelio del Reino anunciando, revelando la Segunda Venida de Cristo con Sus Ángeles, como Rey de reyes y Señor de señores.

Eso es lo que la Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta anuncia: Su Segunda Venida con Sus Ángeles para llamar y juntar a todos los escogidos de Dios, y darnos la fe, la revelación de Su Segunda Venida, para ser transformados y raptados en este tiempo final.

Sin esa revelación ninguna persona podrá ser transformada en este tiempo final e ir a la Cena de las Bodas del Cordero; porque esa es la revelación que nos da la Voz de Dios, la Trompeta Final, la Gran Voz de Trompeta, el Evangelio del Reino siendo predicado en este tiempo final, el cual gira alrededor de la Segunda Venida de Cristo como Rey de reyes y Señor de señores.

En la página 130 también, del libro de Citas, tomado este pasaje del mensaje “Cisternas rotas”, página 35 y página 33, dice aquí en el verso 1164 del libro de Citas, página 130:

1164 – “Recuerden que los que están vivos y queden no impedirán a los que están durmiendo, porque la Trompeta de Dios, esa última Trompeta (la sexta acaba de tocar), y esa última Trompeta como el último Sello, será la venida del Señor; (sonará) tocará, y los muertos en Cristo se levantarán primero (y luego nosotros los que vivimos seremos transformados)”.

Primera de Tesalonicenses, capítulo 4, verso 13 al 17; y Primera de Corintios, capítulo 15, verso 49 al 55; nos da San Pablo testimonio de esta verdad para el Día Postrero.

Y si la Trompeta, la predicación del Evangelio del Reino, no diere sonido cierto, ¿cómo nos apercibiremos para la batalla?15, para la gran batalla, que es en el amor divino, para ser transformados y raptados en este tiempo final; ¿cómo nos apercibiremos para recibir nuestra transformación en este tiempo final?

Pero la Trompeta Final, esa Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino, dará sonido cierto; dará el sonido cierto de la Segunda Venida de Cristo con Sus Ángeles, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo; y le revelará a la Iglesia de Jesucristo el misterio de la Segunda Venida de Cristo con Sus Ángeles para este Día Postrero. Y así le daremos la bienvenida al Hijo del Hombre con Sus Ángeles en este tiempo final, para nuestro llamado y transformación de nuestros cuerpos e ida al Cielo, a la Casa de nuestro Padre celestial para la gran Cena de las Bodas del Cordero.

Hemos visto en el día de hoy LAS BENDICIONES EN EL SÉPTIMO SELLO, lo vimos en la mañana; y en esta tarde hemos visto LOS JUICIOS EN EL SÉPTIMO SELLO. Porque con la apertura del Séptimo Sello es que el Sexto Sello podrá ser manifestado, en donde los juicios divinos caerán sobre la Tierra, donde se desatarán sobre la Tierra, pero todo eso está sujeto al Séptimo Sello.

Y ahora, podemos ver también la bendición tan grande que nos ha tocado en este territorio del continente latinoamericano, en donde la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino nos muestra, nos revela el misterio de Su Venida, de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles en este Día Postrero. Ese misterio es el misterio revelado que nos da la fe para ser transformados y raptados en este tiempo final.

Ha sido para mí un privilegio muy grande estar con ustedes en esta ocasión dándoles testimonio de LOS JUICIOS EN EL SÉPTIMO SELLO, y también les di testimonio de LAS BENDICIONES EN EL SÉPTIMO SELLO.

Dios ha colocado delante de la raza humana en este tiempo: las bendiciones bajo el Séptimo Sello y también los juicios en el Séptimo Sello, para que así recibamos las bendiciones en el Séptimo Sello y del Séptimo Sello; y las bendiciones en y del Séptimo Sello las recibimos recibiendo el Séptimo Sello, recibiendo la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles en este Día Postrero; ahí Él trae Sus bendiciones.

Y rechazar la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles en el Día Postrero, conlleva recibir los juicios divinos que están en el Séptimo Sello para ser manifestados en la apertura y cumplimiento del Sexto Sello.

Así que podemos ver este misterio de los juicios en el Séptimo Sello, porque Él viene para pagar a cada uno conforme a sus obras.

Hemos visto que a unos pagará con bendiciones y a otros pagará con maldiciones. Y la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles es para bendición de todos los que lo recibirán en Su Venida con Sus Ángeles; y esos son los escogidos de Dios, que tienen sus nombres escritos en el Libro de la Vida del Cordero desde antes de la fundación del mundo.

Pero por otro lado, dice la escritura que la bestia y los reyes que le darán su poder y su autoridad pelearán contra el Cordero, o sea, pelearán contra la Segunda Venida de Cristo, pero el Cordero los vencerá, pues los juicios divinos se van a derramar sobre la bestia y su reino; y así será quitado el reino de la bestia para ser establecido el Reino de Jesucristo en este planeta Tierra.

Que las bendiciones de Jesucristo, el Hijo del Hombre con Sus Ángeles en Su Venida, sean sobre cada uno de ustedes y sobre mí también, y pronto todos seamos transformados y raptados. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Dejo con nosotros nuevamente al reverendo Miguel Bermúdez Marín para continuar y finalizar nuestra parte en esta tarde, dándole gracias a Jesucristo por Sus bendiciones que Él trae bajo el Séptimo Sello para cada uno de nosotros.

Hablar sobre las bendiciones es una cosa muy dulce; hablar sobre las maldiciones y juicios divinos es algo muy difícil, lo cual hace que uno se sienta triste; pero es algo que tiene que suceder de esa manera que ya está profetizada.

Está así profetizado y por lo tanto así sucederá; pero eso dará lugar a la entrada del glorioso Reino de Cristo, de ese Reino Milenial, para traer paz, amor, felicidad y prosperidad a la raza humana. Así que todo obrará para bien, aun los juicios divinos que caerán sobre la Tierra; obrará para bien del Programa de Dios y de todos los hijos de Dios, y del pueblo hebreo.

Yo pido a Cristo que mire a la América Latina y el Caribe, y cuente los escogidos que tiene en cada nación latinoamericana y caribeña, y vea si hay más de 10, 10 o más; y si hay más de 10, si hay 10 o más, le pido que Su misericordia sea extendida sobre esas naciones que tienen 10 o más escogidos de Dios, 10 o más escogidos de este tiempo final. No puedo pedir otra cosa sino la misericordia de Jesucristo para los latinoamericanos y caribeños.

Y si Dios escucha mi oración, entonces tendremos a los latinoamericanos y caribeños en su mayoría en el glorioso Reino Milenial de nuestro amado Señor Jesucristo cuando comience ese Reino Milenial.

Por supuesto, la América Latina y el Caribe tendrá que pasar por la gran tribulación, no los escogidos, pero sí el resto del pueblo que vivirá en la América Latina y el Caribe. Quizás muchos morirán durante ese tiempo, pero esperamos que entren muchos vivos al glorioso Reino Milenial. Y mi mayor deseo sería que se llene el glorioso Reino Milenial de Cristo, de latinoamericanos y caribeños. Ese es el deseo de mi corazón para todos los latinoamericanos y caribeños.

Que Dios les bendiga, que Dios les guarde, y que Dios tenga misericordia de la América Latina y del Caribe. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Bueno, con nosotros Miguel Bermúdez Marín para continuar y finalizar nuestra parte en esta ocasión.

Ya nos veremos acá en Lima, Perú, en la fecha que Miguel les dio, en la cual regresaremos para estar con ustedes acá. Aunque todavía estaremos en el Perú, pero estaremos en otros lugares para algunas actividades y luego continuaremos viajando.

Que Dios les bendiga y les guarde, y muchas gracias por vuestra amable atención. Pasen todos muy buenas noches.

Que Dios me los bendiga a todos y que Dios les ayude todos los días de vuestra vida, y les permita comprender todo Su Programa; y vuestras almas estén sirviendo a Cristo todos los días de vuestra vida. Que Dios les bendiga y les guarde a todos.

“LOS JUICIOS EN EL SÉPTIMO SELLO”.

[Revisión mayo 2018]

 

1 San Juan 12:31, 14:30

2 Efesios 2:2

3 San Mateo 25:31-46

4 Primera de Corintios 6:2

5 San Mateo 27:25

6 Habacuc 2:13, Jeremías 51:58

7 2 Reyes 15:17

8 San Juan 1:51

9 Génesis 28:12-13

10 San Mateo 18:11

11 Malaquías 4:1-3

12 San Mateo 24:37-39, San Lucas 17:26-30

13 Génesis 18:1-15

14 Apocalipsis 22:12

15 Primera de Corintios 14:8

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