ImprimirImprimir

Muy buenas noches, reverendo Júlio César Medeiros y la congregación que pastorea aquí, la iglesia presbiteriana. Que Dios les bendiga grandemente y les llene del conocimiento de todo Su Programa correspondiente a este Día Postrero, y les use grandemente en Su Obra en este tiempo final; y a todos los demás presentes aquí: que Dios les bendiga también grandemente y nos llene a todos de Sus bendiciones del Cielo en esta noche.

Quiero leer en Apocalipsis, capítulo 1, verso 1 al 3, y capítulo 22, verso 16, lo que dice aquí en el libro del Apocalipsis:

“La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan,

que ha dado testimonio de la palabra de Dios, y del testimonio de Jesucristo, y de todas las cosas que ha visto.

Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca”.

Y en Apocalipsis, capítulo 22, verso 16 al 17, dice así:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana.

Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente”.

Que Dios bendiga Su Palabra en nuestras almas y bendiga nuestras almas con Su Palabra, y nos abra las Escrituras y nos permita entenderlas. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Nuestro tema para esta ocasión es: EL APOCALIPSIS Y EL ÁNGEL DE JESÚS”.

El libro del Apocalipsis es un libro simbólico, pero en ese libro simbólico están todas las cosas que deben suceder; por eso el libro del Apocalipsis es tan importante.

Y a Juan el apóstol le fue dado este libro del Apocalipsis en esta forma simbólica, por el Ángel de Jesucristo, enviado por Jesucristo. Este Ángel de Jesucristo, como podemos ver, comienza con el capítulo 1 y termina por el capítulo 22, porque ese es el Ángel que le trae a Juan el apóstol toda la revelación del Apocalipsis.

Y la pregunta es: “¿Y quién es ese Ángel?”, porque es tan importante que Juan en dos ocasiones quiso adorarlo.

Veamos, Apocalipsis, capítulo 19, versos 9 al 10, dice así:

“Y el ángel me dijo: Escribe: Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero. Y me dijo: Estas son palabras verdaderas de Dios.

Yo me postré a sus pies para adorarle. Y él me dijo: Mira, no lo hagas; yo soy consiervo tuyo, y de tus hermanos que retienen el testimonio de Jesús. Adora a Dios; porque el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía”.

Al no recibir la adoración de Juan el apóstol muestra que no es el Señor Jesucristo.

En Apocalipsis 22 Juan nuevamente quiere adorar al Ángel; vean ustedes lo que dice Apocalipsis 22, verso 6 al 9:

“Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas (este Ángel viene con palabras fieles y verdaderas de Dios). Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas (¿de dónde vienen los espíritus de los profetas? De Dios), ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto”.

¿Para qué es enviado el Ángel de Jesucristo? Para mostrar a Sus siervos las cosas que deben suceder pronto.

Dice en Apocalipsis 22, verso 16: “Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias”. ¿De qué cosas? De estas “cosas que deben suceder pronto”.

Él es enviado para dar testimonio de estas cosas a todas las iglesias; es un mensajero para todas las iglesias, es un mensajero que no tendrá barreras, sino que estará disponible para dar a conocer la verdad de Dios a todas las iglesias; y amará a todas las personas de todas las iglesias.

Sigue diciendo [22:7]:

“¡He aquí, vengo pronto! Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro.

Yo Juan soy el que oyó y vio estas cosas. Y después que las hube oído y visto, me postré para adorar a los pies del ángel que me mostraba estas cosas”.

¿Quién le mostró todas estas cosas que Juan escribió en este libro del Apocalipsis? El Ángel del Señor Jesucristo, y Juan se postró a sus pies para adorarlo en esta segunda ocasión:

“Pero él me dijo: Mira, no lo hagas; porque yo soy consiervo tuyo, de tus hermanos los profetas, y de los que guardan las palabras de este libro. Adora a Dios”.

Este Ángel del Señor Jesucristo viene dando a conocer las cosas que han de suceder, o sea que viene profetizando las cosas que han de suceder.

Esa es la labor que siempre han tenido los profetas de Dios: dar a conocer las cosas que han de suceder; y este Ángel del Señor Jesucristo viene dando a conocer las cosas que han de suceder, porque este Ángel es un profeta de Dios, es el Ángel del Señor Jesucristo que viene dando a conocer estos misterios divinos; y para este tiempo final, ese Ángel que le reveló a Juan el apóstol estas cosas en esta forma simbólica del Apocalipsis estará sobre la Tierra en medio de la Iglesia de Jesucristo dándole a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto.

Encontramos en Apocalipsis, capítulo 1, verso 10 al 11, que Juan fue transportado al Día del Señor. Dice así:

“Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta,

que decía: Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último”.

¿Quién es el Alfa y Omega?, ¿quién es el primero y el último? Nuestro amado Señor Jesucristo. Es la Voz de Jesucristo en el Día Postrero hablando en medio de la raza humana.

El Día Postrero es el Día del Señor, es el séptimo milenio, porque un día delante del Señor es como mil años, y mil años como un día.

¿Y qué son los días postreros? Son los milenios postreros. Por eso San Pablo y San Pedro, hablando de los días de Jesucristo y de la Venida del Espíritu Santo en aquellos días, el Día de Pentecostés dijeron que aquellos días eran los días postreros.

¿Y cómo puede ser que fueran los días postreros y han transcurrido dos mil años aproximadamente? Vean ustedes, San Pablo dice en Hebreos, capítulo 1, verso 1 en adelante:

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,

en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo…”.

¿Cuándo dice San Pablo que Dios habló por medio de Jesucristo? En los postreros días, y ya han transcurrido dos mil años aproximadamente.

En el libro de los Hechos, capítulo 2, verso 14 en adelante, encontramos también a Pedro hablando de los días postreros; y dice así, capítulo 2, verso 14 en adelante, cuando las personas pensaban que aquellas ciento veinte personas que estaban en el aposento alto llenos del Espíritu de Dios, pues pensaban que estaban borrachos:

“Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo: Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras.

Porque éstos no están ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera del día (o sea, de 8 a 9 de la mañana)”.

La primera hora es de 6 a 7 de la mañana, la segunda hora es de 7 a 8 de la mañana y la tercera hora es de 8 a 9 de la mañana. Esas son las tres horas que componen la cuarta vigilia.

Y ahora podemos ver que ellos estaban en la mañana llenos del Espíritu de Dios. Fue en la mañana que vino el Espíritu de Dios sobre ciento veinte personas, como también la resurrección de Cristo fue en la mañana; como también cuando Cristo apareció a Sus discípulos caminando sobre el mar y ellos lo vieron, era la cuarta vigilia.

Dice Pedro:

“Mas esto es lo dicho por el profeta Joel:

Y en los postreros días, dice Dios,

Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne,

Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán;

Vuestros jóvenes verán visiones,

Y vuestros ancianos soñarán sueños;

Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días

Derramaré de mi Espíritu, y profetizarán”.

¿Para cuándo Dios dijo que derramaría de Su Espíritu sobre toda carne? Para los postreros días; y desde el Día de Pentecostés ha estado derramando de Su Espíritu sobre toda carne que se ha arrepentido de sus pecados, ha creído en Cristo como su Salvador y ha lavado sus pecados en la Sangre de Cristo, y ha recibido Su Espíritu Santo; y por consiguiente ha nacido de nuevo, ha nacido en el Reino de Dios, ha nacido dentro del Cuerpo Místico de Cristo; y esa persona tiene un cuerpo teofánico de la sexta dimensión, ha recibido un cuerpo teofánico de la sexta dimensión, llamado el Ángel de Jehová, que acampa en derredor de los que le temen y los defiende1.

Y si esa persona muere, muere solamente en su cuerpo físico, pero la persona sigue viviendo; esa persona tiene vida eterna aunque su cuerpo físico se muera; esa persona sigue viviendo en ese cuerpo teofánico de la sexta dimensión, sigue viviendo en el Paraíso, que es un lugar que tiene árboles, tiene flores, tiene pajaritos, tiene animales, pero no tiene los problemas que tenemos nosotros acá, por eso es un sitio de reposo.

Ahora, allá ni trabajan ni duermen ni comen; pero acá es mejor estar, porque acá estamos trabajando en la Obra de Dios y escuchando Su Palabra y obteniendo cada día más conocimiento del Programa Divino; pero si terminan nuestros días aquí, tenemos un lugar donde nos están esperando: se llama el Paraíso, es la sexta dimensión. Hay siete dimensiones, y esa es la sexta dimensión.

La séptima dimensión es la dimensión de Dios, la quinta dimensión es el infierno, la cuarta dimensión son las ondas (donde trabaja la radio y la televisión), y nosotros estamos viviendo en estas tres dimensiones: luz, tiempo y materia; pero estamos viviendo aquí en este cuerpo mortal, temporalmente, porque Dios nos ha enviado a vivir en este tiempo.

¿Cuántos de ustedes le dijeron a Dios: “Yo quiero vivir en el Día Postrero”? Ninguno de ustedes, pero estamos viviendo en este tiempo, que es el Día Postrero, que es el Día del Señor, que es el séptimo milenio si le añadimos al calendario los años de atraso que tiene. Si no se los añadimos, faltan muy poquitos años para terminar el sexto milenio y comenzar el séptimo milenio; no hay ningún problema.

Pero, vean ustedes, estamos viviendo en el tiempo final; y esto es porque Dios nos ha enviado conforme a Su propósito para vivir en este tiempo final; es algo que ya fue ordenado, predestinado por Dios desde antes de la fundación del mundo.

¿Y saben ustedes una cosa? Que Cristo murió, fue sacrificado desde antes de la fundación del mundo; y aunque eso parezca un disparate, no es ningún disparate. Vean ustedes, Primera de Pedro, capítulo 1, verso 17 al 21, nos dice así… Vamos a ver. Para no leer mucho, vamos a leer del verso 19 en adelante, donde nos muestra cómo hemos sido redimidos nosotros: hemos sido redimidos, rescatados por la Sangre de Cristo.

“... sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación,

ya destinado desde antes de la fundación del mundo…”.

¿Desde cuándo fue destinado Jesucristo, el Cordero de Dios, para ser sacrificado? Desde antes de la fundación del mundo. En el Programa de Dios todas las cosas vienen desde antes de la fundación del mundo ya destinadas por Dios.

“… pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros (y por amor a mí también)…”.

Y ahora, ¿cómo podemos entender que ya todo esto estaba ordenado por Dios? En la mente de Dios; en la mente de Dios ya estaba el Programa que Dios llevaría a cabo, ya estaba en la mente de Dios la Primera Venida de Cristo como Cordero de Dios, como también la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá; y lo que Dios hace es materializando en esta Tierra todo Su Programa que está en Su mente, manifestado el Programa de la Primera Venida de Cristo como un Cordero para ser sacrificado en la Cruz del Calvario, manifestado, o sea, materializado ese pensamiento divino en los postreros tiempos.

Porque aquellos días eran los postreros tiempos, eran los postreros días. ¿Y cómo pueden ser los postreros días, y han transcurrido ya dos mil años? San Pedro nos explica este misterio en Segunda de Pedro, capítulo 3, verso 8, cuando dice:

“Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día”.

“No ignoréis esto”, nos dice San Pedro. Si una persona ignora este misterio, de que un día delante del Señor es como mil años y mil años como un día, está ignorando y no puede comprender el misterio de lo que son los días postreros; porque los días postreros delante de Dios, para los seres humanos son los milenios postreros.

Y ahora podemos comprender que verdaderamente el Señor Jesucristo estuvo en la Tierra y tuvo Su ministerio y murió en la Cruz del Calvario en los postreros días; y el Espíritu Santo vino el Día de Pentecostés en los postreros días; porque los postreros días delante de Dios, para los seres humanos son los milenios postreros, que son quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio. Ahí tenemos los días postreros delante de Dios, que son los tres milenios postreros para los seres humanos.

Ahora, vean ustedes cómo no hay ninguna contradicción en la Escritura. Y ahora, delante de Dios, vean ustedes, los días postreros son los tres milenios postreros.

Cuando Cristo tuvo Su ministerio ya estaban viviendo en el quinto milenio, porque el quinto milenio comenzó cuando Jesús tenía de 3 a 7 años de edad, y por consiguiente comenzaron los días postreros; y el ministerio de Jesús y la muerte de Jesús y la resurrección de Jesús y la venida del Espíritu Santo fueron en los días postreros; y todavía estamos en los días postreros, y Dios está derramando de Su Espíritu sobre toda carne, porque es una promesa para los días postreros.

¿Y saben ustedes una cosa? Que de todos los días postreros, o sea, de los tres días postreros, Cristo dijo algo muy importante para uno de esos días; vamos a ver lo que fue. En San Juan, capítulo 6, verso 39 al 40, Jesús dijo:

“Y ésta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero”.

¿Cuándo Cristo dice que ha de resucitar a los que el Padre le ha dado? En el Día Postrero.

“Y ésta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquél que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero”.

Y si continuamos leyendo ese pasaje del capítulo 6 de San Juan, encontraremos dos ocasiones más que Jesucristo habla de la resurrección para el Día Postrero, diciendo: “Y yo le resucitaré en el Día Postrero”. Esto es para los creyentes en Cristo que han lavado sus pecados en la Sangre de Cristo, recibiendo a Cristo como Su Salvador y recibiendo el Espíritu de Cristo.

Estas son las personas que si sus cuerpos físicos han muerto serán resucitados en un cuerpo eterno (¿cuándo?) en el Día Postrero, o sea, en el séptimo milenio; y nosotros los que vivimos, cuando veamos a los muertos en Cristo resucitados, entonces seremos transformados, y recibiremos así el cuerpo eterno y seremos a imagen y semejanza de nuestro amado Señor Jesucristo.

Ahora, esto es para el tiempo de la Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta, que es la Voz de Cristo hablando a Su Iglesia en el Día Postrero, como lo vio Juan y como lo escuchó Juan en Apocalipsis, capítulo 1, verso 10 al 11. La Voz de Cristo como una Gran Voz de Trompeta, el cual dijo: “Yo soy el Alfa y Omega, yo soy el primero y el último”. Y está hablando en el Día Postrero, en el Día del Señor, nos dice el apóstol San Juan. Juan fue transportado del primer siglo del quinto milenio a este tiempo final; él fue transportado al séptimo milenio, él fue transportado en espíritu.

En espíritu una persona puede viajar a otra ciudad, puede viajar a otro planeta, puede viajar al pasado o puede viajar al futuro. Por eso es que cuando dormimos y soñamos viajamos hacia el pasado y nos encontramos algunas veces cuando éramos jovencitos o cuando éramos niños, y entonces podemos ver cosas que sucedieron, y nos encontramos en esa edad viviendo ese momento pero en sueños; y también podemos viajar hacia el futuro.

Cuánto más los profetas de Dios, que tienen las dos consciencias juntas; y al tener las dos consciencias juntas pueden vivir en ambas dimensiones; y pueden ver el pasado, pueden ver el futuro, y estar despiertos y bien conscientes, tanto viendo el pasado o viendo el futuro, y también viendo el presente.

Por eso es que Dios cuando envía un Mensaje y envía un mensajero, es un profeta, es un hombre con las dos consciencias juntas, que viene dando testimonio de las cosas que han de suceder.

Los profetas son los que dan testimonio de las cosas que han de suceder; están profetizando, eso es profetizar. Y ahora, vean ustedes, este Ángel de Jesucristo viene profetizando las cosas que han de suceder.

Ahora, Juan estaba en el espíritu, y este Ángel, vean ustedes, le está mostrando en el libro del Apocalipsis todas estas cosas que han de suceder, y se las muestra con símbolos. Aquí tenemos los símbolos de todas las cosas que han de suceder.

Si podemos encontrar a ese Ángel que le reveló a Juan el libro del Apocalipsis, de seguro nos podrá explicar el significado de esos símbolos apocalípticos; y para el Día Postrero él estará en la Tierra enviado por Jesucristo para dar testimonio de estas cosas en las iglesias.

Jesús dijo en Apocalipsis, capítulo 4, verso 1: “Sube acá, y yo te mostraré las cosas que han de suceder después de estas”.

¿Y a dónde vamos a subir? Vamos a subir a la Edad de la Piedra Angular; porque Jesucristo ha estado en Su Iglesia de etapa en etapa llevando a cabo una labor: la labor de la construcción de Su Templo espiritual, que es Su Iglesia, y ha estado llamando y juntando a Sus escogidos, de edad en edad, por medio de Sus mensajeros que Él ha enviado en las diferentes edades; y para este tiempo final Él estará en Su Iglesia, en este Día Postrero, en la etapa más gloriosa de Su Iglesia, que es la Edad de la Piedra Angular. Es la edad de la cabeza de oro del Reino de Dios, mientras para el reino de los gentiles es la edad de los pies de hierro y de barro cocido.

El reino de los gentiles comenzó con la cabeza de oro, que fue Nabucodonosor y su imperio, y para este tiempo final se encontraría en los pies de hierro y de barro cocido, en donde la Piedra no cortada de manos…, que es la Segunda Venida de Cristo, que viene con un Nombre Nuevo que ninguno entiende, conforme a Apocalipsis, capítulo 2, verso 17, y conforme a Daniel, capítulo 2, verso 35 al 45.

Encontramos que con la Venida de esa Piedra, que es la Segunda Venida de Cristo, el Reino de Dios será establecido en esta Tierra y el reino del anticristo será quitado.

Por eso es que en Apocalipsis, capítulo 11, verso 15 en adelante, nos habla del Reino de Dios; nos enseña que los reinos de este mundo vendrán a ser de nuestro Dios y de Su Cristo. Dice así:

“El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos”.

Ahora vean ustedes cómo para el Día Postrero los reinos de este mundo van a pasar a ser de nuestro Señor Jesucristo; pero el anticristo no va a querer que eso suceda y va a combatir la Venida de esa Piedra no cortada de manos. ¿Dónde está eso en la Biblia? Vamos a ver Apocalipsis, capítulo 17, versos 11 en adelante, donde dice:

“La bestia que era, y no es, es también el octavo; y es de entre los siete, y va a la perdición.

Y los diez cuernos que has visto, son diez reyes, que aún no han recibido reino; pero por una hora recibirán autoridad como reyes juntamente con la bestia.

Estos tienen un mismo propósito (vean ustedes), y entregarán su poder y su autoridad a la bestia.

Pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque él es Señor de señores y Rey de reyes; y los que están con él son llamados y elegidos y fieles”.

Ahí tenemos un enfrentamiento que va a haber, en donde el anticristo, la bestia con su imperio, con esos diez reyes que le darán su autoridad (o sea, la parte religiosa y la parte política del imperio o reino de la bestia) se levantará en contra de Cristo en Su Venida como la Piedra no cortada de manos y como el Rey de reyes y Señor de señores; pero no se dará cuenta que Cristo es Rey de reyes y Señor de señores y es el León de la tribu de Judá. Va a querer hacer como sucedió en edades pasadas, en donde los miembros de la Iglesia de Jesucristo fueron perseguidos y fueron martirizados, por millones de cristianos, o sea, millones de cristianos fueron martirizados.

Y ahora en este tiempo, el diablo, el enemigo de Dios, tratará de hacer lo mismo; pero los escogidos de Dios, en la Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, lo reconocerán y estarán con Él, recibirán esa Piedra no cortada de manos en Su Venida; porque el Hijo del Hombre vendrá con Sus Ángeles y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.

Y cuando venga esa apretura, ahí los muertos en Cristo van a resucitar en cuerpos incorruptibles y nosotros los que vivimos vamos a ser transformados; y el poder de Dios en toda Su plenitud será manifestado en este planeta Tierra; y a través del Ángel de Jesucristo la humanidad completa verá el poder de Jesucristo como Rey de reyes y Señor de señores manifestado en este planeta Tierra; pero ya será demasiado de tarde para la humanidad, porque ya estará cerrada la puerta, porque ya se habrá completado el número de los escogidos de Dios, ya se habrá completado el número de los predestinados de Dios; porque Dios ha predestinado, ha elegido desde antes de la fundación del mundo los que vendrían a formar parte de Su Cuerpo Místico de creyentes.

Él ya tiene todo ordenado, y por eso es que, esas almas de los escogidos, desde antes de la fundación del mundo son enviadas a este planeta Tierra en estos cuerpos mortales para hacer contacto con el Programa Divino y recibir a Cristo como nuestro Salvador, y lavar nuestros pecados en la Sangre de Cristo y recibir Su Espíritu Santo; y así nacer de nuevo y nacer en el Reino de Dios, y así ser sellados con el Sello del Dios vivo para el Día de la Redención: para el día de la redención de nuestro cuerpo, para el día en que los muertos en Cristo resucitarán en cuerpos eternos y nosotros los que vivimos seremos transformados.

De esto habla el apóstol San Pablo en Romanos, capítulo 8, cuando dijo que la Creación completa está clamando, está desesperada y está clamando por algo muy importante del Programa Divino. Vamos a ver lo que es. Romanos, capítulo 8, versos 19 en adelante, dice así:

“Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios”.

La manifestación de los hijos de Dios en y con cuerpos eternos, a imagen y semejanza de nuestro amado Señor Jesucristo.

“Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza;

porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios.

Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora;

y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo”.

¿Qué es la adopción? La redención de nuestro cuerpo: cuando nuestros cuerpos sean transformados y tengamos el cuerpo eterno; y para los muertos en Cristo: cuando ellos resuciten en el cuerpo eterno.

Hemos sido sellados con el Espíritu Santo para ese propósito: para recibir la adopción de hijos e hijas de Dios en cuerpos eternos, y teniendo un espíritu teofánico eterno también; y así estaremos a imagen y semejanza de nuestro amado Señor Jesucristo.

Y así el grano de trigo que fue sembrado en Tierra…, que fue Jesucristo, el cual dijo: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, él solo queda”. Y Jesucristo, el Hijo del Hombre, si no caía en tierra y moría, ¿qué sucedería? Quedaría solo. En la actualidad, en este planeta Tierra solo estaría viviendo un hombre solo, y eso sí que es algo triste; pero Él dijo: “Pero si el grano de trigo cae en tierra y muere, mucho fruto lleva”2.

Ahora, vean ustedes, para el tiempo de Jesús el juicio divino iba a ser derramado sobre la Tierra; y Jesucristo no podía morir. Él dijo: “Nadie me quita la vida; yo la pongo por mí mismo para volverla a tomar”3; por cuanto no tenía pecado no podía morir. ¿Y qué hizo Él? Tomó nuestros pecados; y por cuanto la paga del pecado es muerte, ahí se hizo mortal, y murió por nuestros pecados; el juicio divino cayó sobre nuestro amado Señor Jesucristo, y por eso tuvo que ir al infierno también, y les predicó a las almas en el infierno, las que fueron desobedientes en los días de Noé4.

Ahora podemos ver lo que Cristo hizo por cada uno de ustedes y por mí también. Y ese Sacrificio de Cristo se hace efectivo en cada persona cuando la persona cree en Jesucristo como su Salvador y lo recibe como su Salvador, y lava sus pecados en la Sangre de Cristo, y recibe Su Espíritu Santo; de otra manera la persona pierde todos los derechos a la vida eterna, pierde todos los derechos que Cristo compró en la Cruz del Calvario.

Vean la importancia de recibir a Cristo como nuestro Salvador y lavar nuestros pecados en la Sangre de Cristo. Si la persona no lo hace, entonces pagará por sus propios pecados, teniendo la oportunidad de recibir los beneficios de Cristo, el cual tomó todos nuestros pecados y pagó por nuestros pecados.

Es como una persona que tenga una deuda de un millón de dólares: le gustaría conseguir una persona que le salde esa deuda. Y el ser humano y cada persona tiene una deuda más grande que un millón de dólares: es una deuda, la deuda que causó el pecado.

Y ahora, hemos conseguido al hombre: ¡Jesucristo, nuestro Salvador! Y ahora, si un hombre le paga a otra persona la deuda de un millón de dólares, ¿cuánto quedó a deber la persona?, ¿y cuánto le pueden cobrar a la persona? No le pueden cobrar nada, porque ya la deuda quedó salda. Y ahora, Cristo pagó nuestra deuda y ahora somos libres; no tenemos que pagar por nuestros pecados porque Cristo pagó por ellos.

Y ahora, vean ustedes, Cristo murió por nosotros para que nosotros podamos vivir eternamente; y luego resucitó, y dijo5: “Voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Si no fuera así…”. O sea: “En la casa de mi Padre muchas moradas hay (o sea, muchos cuerpos, diferentes cuerpos); si no fuera así, yo os lo hubiera dicho antes; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez (ahí tenemos la Segunda Venida de Cristo)…”. ¿Y a qué viene? Vamos a ver lo que Él dice:

“… y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis” .

Dice “a mí mismo”, porque los redimidos por Cristo son Su Cuerpo Místico de creyentes; somos parte de Su carne, de Sus huesos y de Su sangre, tenemos la Sangre de Cristo aplicada en nuestro corazón.

Y ahora, vean ustedes, ¿por quién viene Jesucristo en Su Segunda Venida? Por Su Iglesia, por los redimidos con la Sangre de Cristo, los cuales están escritos en el Libro de la Vida del Cordero desde antes de la fundación del mundo; y por eso estamos manifestados aquí en la Tierra en carne humana, porque en la mente de Dios estamos desde antes de la fundación del mundo para estar en este tiempo presentes y para recibir a Cristo como nuestro Salvador, lavar nuestros pecados en la Sangre de Cristo y recibir Su Espíritu Santo, y ser preparados para ser transformados y raptados en este tiempo final.

Y si nuestro cuerpo físico muere, pues tampoco hay problema, porque nos vamos al Paraíso en el cuerpo teofánico a vivir, en lo que ocurre la resurrección; y cuando ocurra la resurrección volvemos con el cuerpo teofánico y entramos al cuerpo eterno que Cristo creará para nosotros; y viviremos en ese cuerpo eterno por toda la eternidad, porque es un cuerpo inmortal, incorruptible, el cual no se enferma, no se pone viejo, siempre estará representando de 18 a 21 años de edad; y en ese cuerpo es que hemos de vivir cada uno de nosotros.

Gracias a Dios que nos dio primero el cuerpo mortal, y luego nos dará el cuerpo inmortal. Primero es lo mortal y después lo inmortal, primero (dice San Pablo) es el cuerpo animal y después el celestial6.

Y ahora podemos ver la promesa tan grande que hay para cada uno de nosotros. Y ahora, ¿saben ustedes lo que Jesucristo ha estado haciendo? Jesucristo lo que ha estado haciendo es llevando a cabo una Nueva Creación, de la cual Jesucristo es el primero.

Apocalipsis, capítulo 3, verso 14, dice que Él es el principio de la Creación de Dios, de esa Nueva Creación que comenzó con Cristo y continuó con cada escogido escrito en el Libro de la Vida del Cordero, que ha venido a la Tierra y ha creído en Cristo como su Salvador y ha lavado sus pecados en la Sangre de Cristo y ha recibido Su Espíritu Santo.

Cuando la persona cree en Cristo como su Salvador y lava sus pecados en la Sangre de Cristo y recibe Su Espíritu Santo, ¿sabe lo que ha sucedido en esa persona? Ha comenzado esa Nueva Creación a llevarse a cabo en él, y Dios le ha dado un cuerpo teofánico de la sexta dimensión, un espíritu teofánico de la sexta dimensión. Y en el Día Postrero nos va a crear el nuevo cuerpo, el cuerpo eterno, en el cual viviremos por toda la eternidad; porque Cristo está creando una Nueva Creación.

Y ahora, los que son del segundo Adán (que es Cristo) serán a imagen y semejanza del segundo Adán; primero recibimos la imagen (que es el cuerpo teofánico) y luego recibiremos la semejanza física (que es el cuerpo eterno).

Ahora podemos ver cómo Jesucristo está llevando a cabo una Nueva Creación de seres humanos, porque la primera Creación (que comenzó con Adán) cayó, y ahora Cristo está llevando a cabo una Nueva Creación. Por eso la Escritura dice que somos una Nueva Creación.

Y ahora, vean lo que San Pablo dice en Gálatas, capítulo 6, hablando de esta Nueva Creación; él dice, capítulo 6, verso 15, de Gálatas:

“Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale nada, ni la incircuncisión, sino una nueva creación”.

Esa Nueva Creación que Cristo está realizando, vean ustedes, comenzó con Él; o sea, Cristo nuestro Salvador, la Escritura dice que es el principio de la Creación de Dios.

Cristo, vean ustedes, recibió Su cuerpo físico por creación de Dios; y nosotros recibiremos el cuerpo físico y eterno y glorificado no por papá y mamá, sino por creación de Dios; y Jesús, Su cuerpo teofánico de la sexta dimensión vino por creación de Dios, y el cuerpo teofánico nuestro es por creación de Dios.

Y se opera esa Obra de Creación cuando la persona cree en Cristo como su Salvador, lava sus pecados en la Sangre de Cristo y recibe Su Espíritu Santo; ahí recibe ese nuevo cuerpo teofánico de la sexta dimensión, el cual lo guía a toda justicia y a toda verdad.

Toda persona debe dejarse guiar por esa teofanía que Dios le ha dado de la sexta dimensión, y debe dejar que él lo guíe para que refleje las cosas del Paraíso, las cosas del Cielo, y viva una vida celestial, una vida conforme a la voluntad de Dios.

Ahora podemos ver el Programa Divino por el cual nosotros estamos viviendo aquí en la Tierra. Hemos sido elegidos por Dios y predestinados por Dios desde antes de la fundación del mundo, “porque a los que antes conoció, también los predestinó”. ¿Y para qué nos predestinó? San Pablo dice en su carta a los Romanos (donde estábamos leyendo), dice:

“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.

Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo (¿para qué hemos sido predestinados? Para ser conforme a la imagen de Cristo), para que él sea el primogénito entre muchos hermanos”.

¿Quién es nuestro hermano mayor? Nuestro amado Señor Jesucristo. Él es el principio de esa Nueva Creación, Él es el segundo Adán; y nosotros somos hijos del segundo Adán por medio del nuevo nacimiento. Y la casa o familia del segundo Adán, ¿saben cómo se llama? La Iglesia del Señor Jesucristo. Por eso es que Él viene por Su Iglesia en este tiempo final, para así cumplir Sus promesas a Su Iglesia.

Ahora, Él ha estado construyendo esa Iglesia, la cual está tipificada en el templo que hizo Salomón y en el tabernáculo que construyó Moisés. Esos tabernáculos o templos representan el Templo que está en el Cielo; y el Templo espiritual de Jesucristo, que es Su Iglesia, es la representación del Templo que está en el Cielo. Ya no tenemos el templo de Moisés, ni tampoco tenemos el templo de Salomón, pero sí tenemos el Templo de uno mayor que Salomón. Cristo dijo7: “He aquí uno mayor que Salomón”.

Ahora, Salomón construyó aquel templo, y ahí fue manifestada la sabiduría de Dios que estaba en Salomón, ahí fue donde más o donde plenamente fue manifestada esa sabiduría.

¿Qué hombre en la Tierra puede construir un templo, el cual represente en todas sus partes el Templo que está en el Cielo? Tiene que ser realmente un hombre sabio, y no por sabiduría humana, sino por sabiduría del Cielo, con la cual Dios construyó Su Templo en el Cielo. Y ahora, vean ustedes por qué Salomón fue el hombre más sabio que hubo en medio del pueblo hebreo, de los reyes de Israel.

Y ahora, vean ustedes, Moisés también construyó un templo conforme al modelo que le fue mostrado en el monte Sinaí; y ese templo pues representa el Templo que está en el Cielo.

Y la Iglesia del Señor Jesucristo, que es el Templo de Jesucristo, representa el Templo que está en el Cielo. Ya los demás templos, que eran tipo y figura del Templo que está en el Cielo, y tipo y figura del Templo de Jesucristo, de la Iglesia de Jesucristo, ya no están; pero está el Templo de Jesucristo casi terminado, porque Jesucristo con seres humanos está construyendo ese Templo.

Comenzó en la tierra Israel, pasó por Asia Menor, pasó por Europa, pasó por Norteamérica, construyendo la parte del Lugar Santo de Su Templo espiritual; pero ahora corresponde a la parte del Lugar Santísimo, que es la Edad de la Piedra Angular.

Y ahora, ¿dónde va a construir ese Lugar Santísimo de Su Templo espiritual, con seres humanos?; porque tiene que ser con seres humanos, con piedras vivas, que son los hijos e hijas de Dios, los predestinados de Dios, los elegidos de Dios desde antes de la fundación del mundo, los cuales son los atributos de Dios, los pensamientos de Dios.

Dios pensó en cada uno de ustedes y en mí también, antes de pensar en el planeta más grande que existe en el universo; pensó primero en Sus hijos; esos son los pensamientos primeros de Dios, por eso son los primogénitos de Dios, como nos dice San Pablo en su carta a los Hebreos, en el capítulo 12, verso 21 en adelante, o 22; verso 22 en adelante dice:

“… sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles,

a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos…”.

¿Dónde están escritos los nombres de los primogénitos de Dios? En el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, escritos ahí desde antes de la fundación del mundo.

Y ahora, en la mente de Dios estábamos desde antes de la fundación del mundo, somos atributos de Dios, somos parte de Dios; y ahora esos atributos de Dios tienen que ser manifestados en carne humana. Por cuanto el pecado entró en el Huerto del Edén, hemos aparecido en estos cuerpos mortales y corruptibles para hacer contacto con la Vida Eterna, que es el segundo Adán, que es Jesucristo y Su Programa de Redención, Su Programa para ser restaurados a la vida eterna, de la cual cayó Adán y Eva en el Huerto del Edén.

Y ahora, para esa restauración a la vida eterna es que nosotros estamos aquí en la Tierra, en estos cuerpos mortales, para ser restaurados a la vida eterna con un cuerpo eterno y con un espíritu teofánico eterno también; porque eso fue lo que Dios desde antes de la fundación del mundo pensó para usted y para mí.

Los hijos de Dios es lo más grande que Dios tiene, los hijos de Dios son los atributos de Dios desde antes de la fundación del mundo, han estado con Dios eternamente; y ahora hemos sido manifestados en la Tierra, y por eso recibimos a Cristo como nuestro Salvador. Por eso se predica el Evangelio, para que llegue a todas esas personas, a todas esas almas que estaban en Dios desde antes de la fundación del mundo, que estaban en la mente de Dios como atributos de Dios, para que así hagan contacto con la vida eterna y sean restaurados a la vida eterna, y reciban la inmortalidad en un cuerpo inmortal, incorruptible, eterno, y puedan vivir en ese cuerpo eterno con un espíritu teofánico eterno también.

Ahora, lo más importante de la persona no es el cuerpo físico, es el alma de la persona; eso es lo que en realidad es la persona. Esa alma de los hijos de Dios es la simiente de Dios que Él ha sembrado en este planeta Tierra, y ha sembrado esa alma en estos cuerpos mortales; pero con la predicación del Evangelio es vivificada nuestra alma, despierta al Programa Divino y entra al Programa Divino, y recibe vida eterna; porque “el que oye mi Palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna”8, o sea, recibe vida eterna al recibir la Palabra de Dios.

Esa alma viene de la eternidad, es un alma eterna con Dios, es parte de Dios, y por eso tiene que ser redimida; y por eso Cristo vino, para redimir esas almas de Dios.

Ahora, Él dijo también9: “Toda planta que no sembró mi Padre celestial será cortada y echada al fuego”. Así como tenemos que reconocer que hay hijos e hijas de Dios, representados en el trigo, tenemos que reconocer que hay también cizaña, que son los hijos del malo; o sea, que tenemos que reconocer lo que dice la Biblia. Y Jesucristo fue el que habló de estas cosas, diciendo que hay hijos de Dios y hay hijos del maligno, del diablo.

Ahora, lo importante es que somos hijos de Dios; no vamos a discutir en cuanto a los hijos del diablo. ¿Cómo se identifica un hijo de Dios? Jesucristo dijo cómo. Toda persona puede saber si es un hijo de Dios o no es un hijo de Dios. Cristo dijo10: “Mis ovejas oyen mi Voz, y me siguen”. Jesucristo dijo11: “El que es de Dios, la Palabra de Dios oye”.

¿Y dónde están esos hijos de Dios que escucharían la Palabra de Dios? Pues aquí estamos, escuchando la Palabra de Dios y habiendo recibido a Cristo como nuestro Salvador, y habiendo lavado nuestros pecados en la Sangre de Cristo, y recibiendo Su Espíritu Santo, y recibiendo así el nuevo nacimiento; para, en el Día Postrero, los muertos en Cristo ser resucitados en cuerpos eternos y nosotros los que vivimos ser transformados, y entonces estar con el cuerpo eterno. Y así es como hemos de recibir la inmortalidad física, porque ya la inmortalidad del alma la tenemos y la inmortalidad del espíritu también la tenemos, cuando hemos recibido a Cristo como nuestro Salvador; pero lo que nos falta es la inmortalidad del cuerpo, la cual Él nos dará en el Día Postrero.

Él dijo para los creyentes en Él: “Y yo le resucitaré en el Día Postrero”. Para el Día Postrero estará sonando la Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta, que es la Voz de Jesucristo, del Alfa y Omega, dando a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto en este tiempo final.

Él dijo en Apocalipsis, capítulo 4: “Sube acá, y yo te mostraré las cosas que han de suceder después de estas”. Y en Apocalipsis 22, verso 6, dice: “Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto”.

Las cosas que Cristo dijo que nos daría a conocer las está dando a conocer el Ángel del Señor Jesucristo. ¿Por qué? Porque en el Ángel del Señor Jesucristo viene Jesucristo en Espíritu Santo manifestado en el Día Postrero, hablando con esa Gran Voz de Trompeta y dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto.

Estar escuchando al Ángel del Señor Jesucristo en el Día Postrero es estar escuchando al Alfa y Omega manifestado en Su Ángel Mensajero hablándonos todas estas cosas que deben suceder pronto, hablándonos con esa Gran Voz de Trompeta.

Vean ustedes lo sencillo que es la Gran Voz de Trompeta: es la Voz de Cristo a través de Su Ángel Mensajero dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto; porque en Su Ángel Mensajero en este Día Postrero estará Jesucristo manifestado en Espíritu Santo hablándole a Su Iglesia todas estas cosas que deben suceder pronto; y así estará llamando y juntando a todos Sus escogidos en la Edad de la Piedra Angular, en la Edad de Oro de la Iglesia de Jesucristo, en el Cuerpo Místico de Cristo, para completarse el número de los escogidos de Dios, el número de los elegidos de Dios, y así completarse la Iglesia de Jesucristo.

Y entonces se cumplirá lo que dijo San Pablo en su carta a los Romanos, capítulo 11, verso 25 en adelante, donde nos dice:

“Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles…”.

¿Y qué significa esto? Hasta que haya entrado hasta el último de los escogidos de Dios al Cuerpo Místico de Jesucristo y Jesucristo haya hecho intercesión en el Cielo por esa persona, allá en el Trono de Intercesión, donde Él se encuentra, allá en el asiento de misericordia del Templo que está en el Cielo; porque Él es el Sumo Sacerdote del Orden de Melquisedec; no del orden de Leví, sino de Melquisedec, del Sacerdote del Cielo.

Y ahora, Él es el Sumo Sacerdote del Cielo; por eso ha estado haciendo intercesión por estos dos mil años que han transcurrido, y todavía está allí; por lo tanto, la puerta de la misericordia todavía está abierta, hay misericordia para todo hijo e hija de Dios, para todos los que tienen sus nombres escritos en el Libro de la Vida.

Y Dios todavía está llamando y juntando a todos Sus escogidos, a todos los que tienen sus nombres escritos en el Libro de la Vida del Cordero. Él dijo que Él llamaría a Sus ovejas por sus nombres12, porque Él tiene sus nombres en el Libro de la Vida del Cordero desde antes de la fundación del mundo; y Él dijo que nadie las arrebata de Su mano13, están seguras. Por eso Él viene manifestado en cada edad, en cada tiempo, llamando y juntando a Sus escogidos de edad en edad.

Y ahora, hemos visto la Obra de Cristo desde los tiempos pasados, o sea, desde el tiempo en que apareció en la tierra de Israel; y luego hemos visto la Venida del Espíritu de Dios, que es la Venida de Jesucristo en Espíritu Santo llamando y juntando a Sus hijos de edad en edad.

Estuvo en la tierra de Israel, estuvo en Asia Menor a través de San Pablo, estuvo en Europa (en donde se cumplieron cinco etapas o edades), luego en Norteamérica ha hablado por medio del reverendo William Branham, el precursor de la Segunda Venida de Cristo; y ahora, en este tiempo final, el territorio es la América Latina y el Caribe.

El territorio latinoamericano y caribeño está en el occidente. El occidente es el territorio de la bendición de Dios para este tiempo final, para la construcción del Lugar Santísimo del Templo espiritual de Cristo, para llamar y juntar piedras vivas latinoamericanas y caribeñas, y colocarlas en el Lugar Santísimo de Su Templo espiritual, en la parte más importante de Su Iglesia, de Su Templo espiritual.

Ahora, vean ustedes la bendición tan grande que les ha tocado a los latinoamericanos y caribeños: la bendición de ser el territorio de la Obra de Cristo del Día Postrero en la construcción de Su Templo espiritual.

Hemos visto la bendición tan grande que Él tiene en la América Latina y el Caribe para todos los latinoamericanos y caribeños, por eso la América Latina y el Caribe es el continente del futuro también, porque la América Latina y el Caribe tiene la oportunidad para entrar al glorioso Reino Milenial de nuestro amado Señor Jesucristo, porque es en la América Latina y el Caribe que Jesucristo lleva a cabo el llamado de Sus últimos escogidos, el llamado con los cuales completará Su Cuerpo Místico de creyentes.

Ahora vean ustedes dónde será que la plenitud de los gentiles se cumplirá. Entrará hasta el último de los escogidos de Dios, y si está en algún otro país o nación el Mensaje le llegará hasta donde se encuentre, no hay ningún problema.

Ahora, la Obra de Cristo está siendo realizada en este Día Postrero en la América Latina y el Caribe, y por eso Jesús dice: “Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias”.

¿De qué tiene que venir dando testimonio el Ángel de Jesucristo? De estas cosas que tienen que suceder en este tiempo final. Y con ese Mensaje es que son llamados y juntados todos los escogidos de Dios, son despertados a la realidad del Programa Divino de este tiempo final.

Ese Ángel Mensajero, siendo el profeta mensajero de la Dispensación del Reino con el Mensaje del Evangelio del Reino, que es la Gran Voz de Trompeta, viene revelando el misterio más grande de todos los misterios, que es el misterio del Séptimo Sello, que causó silencio en el Cielo como por media hora. Ese es el misterio de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles para este tiempo final, ese es el misterio de la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo.

Él viene por Su Iglesia en este tiempo final, viene a buscar Su Iglesia para llevarla a la Casa de nuestro Padre celestial, a la Cena de las Bodas del Cordero.

Estamos viviendo en el tiempo más glorioso de todos los tiempos, estamos viviendo en el tiempo en que la parte del Apocalipsis correspondiente al Día Postrero y correspondiente a la Iglesia de Jesucristo se ha comenzado a cumplir en la América Latina y el Caribe; en ese libro del Apocalipsis están todas las cosas que sucederían desde los tiempos pasados hasta este tiempo final.

Y ahora, todas esas cosas están en símbolos, como también en el Apocalipsis del Antiguo Testamento, que es el libro del profeta Daniel, el cual contiene estas cosas también, en los símbolos que le fueron dados para escribir en su libro.

Por eso ustedes encuentran la Venida de Cristo en Apocalipsis, capítulo 10, viniendo sobre las nubes del Cielo, y también encuentran la Venida de Cristo en el libro del profeta Daniel, capítulo 7, verso 13 al 14, viniendo sobre las nubes del Cielo. ¿Por qué? Porque el Apocalipsis del Antiguo Testamento es el libro del profeta Daniel; contiene las mismas cosas que contiene el libro del Apocalipsis en el Nuevo Testamento.

Y ahora, el Ángel que le da a Juan el apóstol la revelación del Apocalipsis, hemos visto que es un profeta, el profeta de la Dispensación del Reino. Por eso no aceptó la adoración que Juan le ofreció.

Y ahora, podemos ver que por medio de ese Ángel es que vino la revelación del Apocalipsis siendo dada a Juan el apóstol, porque ese es el Ángel de Jesucristo que viene con la revelación de Jesucristo.

Ninguna persona podrá comprender completamente el libro del Apocalipsis, y menos las cosas que corresponden a este tiempo final, las cuales deben suceder, excepto por el Ángel del Señor Jesucristo; de otra manera, las personas se romperán la cabeza, rascándose la cabeza y preguntándose: “¿Y qué significará esto que está aquí en el libro del Apocalipsis?”. Pero todo es sencillo; lo único que necesitamos es encontrar al Ángel del Señor Jesucristo, y él nos mostrará con el Mensaje del Evangelio del Reino, con el cual viene dando testimonio de estas cosas, nos revelará, nos mostrará todas estas cosas que deben suceder; y así hemos de obtener el conocimiento de estas cosas, de todos estos símbolos correspondientes a este tiempo final.

Ahora podemos ver que la Iglesia de Jesucristo para el Día Postrero tendrá a Jesucristo en Espíritu Santo manifestado en Su Ángel Mensajero dándole a conocer todas estas cosas. Él lo envía para todas las iglesias. Por lo tanto, la Iglesia de Jesucristo completa tendrá una sola revelación: la revelación de Jesucristo por medio de Su Ángel Mensajero. Esa es la revelación de Dios para Su Iglesia en este Día Postrero, y así seremos preparados para ser transformados y raptados en este tiempo final.

Hemos visto EL MISTERIO DEL APOCALIPSIS Y EL ÁNGEL DE JESÚS, y hemos visto también su misión en esta Tierra en este tiempo final en medio de la Iglesia de Jesucristo. Tiene una misión para la cual Jesucristo lo envía: para dar testimonio de estas cosas que deben suceder pronto, dárselas a conocer a la Iglesia de Jesucristo; y así la Iglesia de Jesucristo con sus miembros estar escuchando la Voz de Jesucristo, esa Gran Voz de Trompeta, dándonos a conocer todas estas cosas.

Hemos visto EL APOCALIPSIS Y EL ÁNGEL DE JESÚS, y hemos visto también su misión.

Que Dios les bendiga grandemente y les llene del conocimiento de todo el Programa Divino correspondiente a este Día Postrero contenido en el libro del Apocalipsis, y les prospere espiritualmente y materialmente, y les use grandemente en Su Obra nuestro amado Señor Jesucristo.

Que Dios les bendiga grandemente a todos, y pasen todos muy buenas noches.

“EL APOCALIPSIS Y EL ÁNGEL DE JESÚS”.

[Revisión octubre 2018]

1 Salmo 34:7

2 San Juan 12:24

3 San Juan 10:17-18

4 1 Pedro 3:18-20

5 San Juan 14:2-3

6 1 Corintios 15:42-46

7 San Mateo 12:42, San Lucas 11:31

8 San Juan 5:24

9 San Mateo 15:13, 7:19, 3:10

10 San Juan 10:27

11 San Juan 8:47

12 San Juan 10:3

13 San Juan 10:28-29

Encuéntrenos

Carretera No.1 Km 54.5
Barrio Monte Llano
Cayey, Puerto Rico
00736

Twitter