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Muy buenas noches, amados amigos y hermanos presentes aquí en Quintero, Chile, y también los que están a través de la línea telefónica y a través de internet y todas las demás formas en que puedan estar escuchando esta transmisión de esta actividad.

Que las bendiciones de nuestro amado Señor Jesucristo sean sobre todos ustedes y sobre mí también, y nos abra el corazón y nos abra las escrituras y nos hable directamente a nuestra alma en esta ocasión. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Para esta ocasión tenemos un tema muy importante: “EL PRINCIPIO Y FIN DEL SÉPTIMO SELLO”. Para lo cual queremos leer algunas escrituras.

La primera se encuentra en Apocalipsis, capítulo 8, verso 1, y dice así:

“Cuando abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el cielo como por media hora.

Y vi a los siete ángeles que estaban en pie ante Dios; y se les dieron siete trompetas.

Otro ángel vino entonces y se paró ante el altar, con un incensario de oro; y se le dio mucho incienso para añadirlo a las oraciones de todos los santos, sobre el altar de oro que estaba delante del trono.

Y de la mano del ángel subió a la presencia de Dios el humo del incienso con las oraciones de los santos.

Y el ángel tomó el incensario, y lo llenó del fuego del altar, y lo arrojó a la tierra; y hubo truenos, y voces, y relámpagos, y un terremoto”.

Y en San Mateo, capítulo 24, verso 1 al 3, dice:

“Cuando Jesús salió del templo y se iba, se acercaron sus discípulos para mostrarle los edificios del templo.

Respondiendo él, les dijo: ¿Veis todo esto? De cierto os digo, que no quedará aquí piedra sobre piedra, que no sea derribada.

Y estando él sentado en el monte de los Olivos, los discípulos se le acercaron aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?”.

Luego comenzó Jesucristo a darles a conocer las señales que tenían que ver con la destrucción de Jerusalén y con la dispersión del pueblo hebreo; y por lo cual pasaría el pueblo hebreo bajo esa tribulación terrible que el pueblo hebreo casi sería exterminado, como sucedió en el tiempo de Hitler, Mussolini y Stalin; pero Dios acortó esos días por causa de los escogidos que Él tendría para el tiempo final en medio del pueblo hebreo, que son 144.000 hebreos.

Por causa de esos escogidos Dios acortó esos días de tribulación sobre el pueblo hebreo; y también por causa de los escogidos de entre los gentiles Dios acortó esa etapa de tribulación sobre el pueblo hebreo en favor de los escogidos de entre los gentiles, porque con esa persecución por la cual pasó el pueblo hebreo en el tiempo de Hitler, Mussolini y Stalin, una tercera guerra mundial podía estallar para ese tiempo, pues Hitler ya estaba en los estudios científicos acerca de unos instrumentos o bombas atómicas, estaban en esos estudios; y si Hitler lograba obtener todo eso, hubiera destruido totalmente al pueblo hebreo y a muchas naciones; pero Dios obró en todas estas cosas y Hitler perdió la guerra y se abrió una nueva etapa para la humanidad.

Pero, vean ustedes, luego el pueblo hebreo todavía ha seguido sufriendo pero no bajo esa situación tan terrible como la que Hitler desató sobre el pueblo hebreo; pero ha seguido sufriendo por causa de que no tiene la expiación por el pecado; y por lo tanto, el pecado del pueblo hebreo está a la vista de Dios.

Ahora, veamos lo que Cristo habla para luego de la tribulación de esos días por los cuales pasó el pueblo hebreo. Dice, versos 28 al 31 de San Mateo 24, dice… vamos a leer capítulo 24, verso 27 en adelante, dice:

“Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre.

Porque dondequiera que estuviere el cuerpo muerto, allí se juntarán las águilas.

E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas.

Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria.

Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro”.

Nuestro tema es: “EL PRINCIPIO Y FIN DEL SÉPTIMO SELLO”.

Conforme a las profecías, habrá una hora: la hora de Su Venida, y un día: el día de Su Venida; y delante de Dios encontramos que un día es como mil años, y mil años como un día.

Un día delante de Dios, para los seres humanos es mil años; pues el apóstol San Pedro en su segunda carta: Segunda de Pedro, capítulo 3, nos dice de la siguiente manera [verso 8]:

“Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día.

El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento”.

Ahora podemos ver cómo San Pablo nos dice que un día delante del Señor es como mil años, y mil años como un día. Él tomó esta revelación del profeta Moisés. En el Salmo 90, verso 4, Moisés habla en esa forma.

Ahora vean, cuando se habla de un día delante del Señor, para los seres humanos es un milenio. Por eso es que nuestro amado Señor Jesucristo, hablándonos en el evangelio según San Juan, nos dice en el capítulo 6, verso 39 al 40:

“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.

Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero”.

Ahora podemos ver aquí cómo es que Jesucristo promete la resurrección de los creyentes en Él, que han muerto sus cuerpos físicos, la promete, la resurrección, ¿para qué tiempo? Para el Día Postrero.

Ahora, vean cómo también el apóstol San Pablo hablándonos de los días postreros nos dice en su carta a los Hebreos, capítulo 1, versos 1 al 2, dice:

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,

en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo”.

¿Cuándo dice que Dios habló por medio de Su Hijo? San Pablo dice: “En estos postreros días”. Y está hablando dos mil años atrás, diciendo que en esos días en que Dios estaba manifestado en Jesús hablándole al pueblo hebreo estaba la humanidad en los postreros días. San Pablo dice: “Y en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo”.

¿Y cómo puede ser posible que San Pablo diga que aquellos eran los postreros días y han transcurrido dos mil años? ¿Se equivocaría San Pablo al identificar aquellos días como los postreros días, faltando tantos siglos para llegar a nuestro tiempo? No se equivocó.

San Pedro también habló de los postreros días en el libro de los Hechos, capítulo 2, y dice así… Esto fue el Día de Pentecostés, cuando muchas personas escuchando a los ciento veinte que estaban en el aposento alto llenos del Espíritu de Dios, hablando las maravillas de Dios, los cuales al hablar las maravillas de Dios, siendo ellos galileos, las personas decían: “¿Cómo puede ser posible que estos galileos estén hablando las maravillas de Dios y nosotros los estamos entendiendo en nuestro idioma, en el idioma de la nación en la cual nosotros hemos nacido?”. Porque allí había hebreos que habían nacido en diferentes naciones de las naciones gentiles y conocían el idioma de la nación en la cual habían nacido.

Y ahora, Pedro se pone en pie con los once apóstoles… ¿Por qué con los once, y Pedro doce? Porque ya habían sustituido a Judas Iscariote por otro, porque ya Judas había perdido su posición, su lugar, y entonces fue ocupado ese lugar por otro que fue colocado por los discípulos en lugar de Judas Iscariote.

Ahora, en el capítulo 2, verso 14 al 20, nos dice en el libro de los Hechos el apóstol San Pedro, dice:

“Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo: Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras.

Porque éstos no están ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera del día (o sea, de 8 a 9 de la mañana).

Mas esto es lo dicho por el profeta Joel:

Y en los postreros días, dice Dios,

Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne,

Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán;

Vuestros jóvenes verán visiones,

Y vuestros ancianos soñarán sueños;

Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días

Derramaré de mi Espíritu, y profetizarán”.

¿Para cuándo Dios hizo la promesa que derramaría de Su Espíritu sobre toda carne, conforme a la profecía de Joel?

San Pedro dice que esa promesa es para los postreros días; y allí estaban recibiendo el Espíritu de Dios, el Espíritu Santo el Día de Pentecostés, y ya han transcurrido aproximadamente dos mil años desde ese momento hasta acá; y Pedro está diciendo que esa es la promesa hecha para los postreros días y por eso están ellos recibiendo el Espíritu Santo en aquel tiempo.

Es porque los postreros días ya habían comenzado. Porque los postreros días delante de Dios, para los seres humanos son los milenios postreros; o sea, quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio.

Así como los días postreros de la semana son: el jueves (que es el quinto día de la semana), el viernes (que es el sexto día de la semana) y el sábado (que es el séptimo día de la semana); esos son los tres días postreros de la semana.

Y ahora, de una semana delante de Dios, los días postreros para los seres humanos representan los tres milenios postreros: quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio.

Cuando Jesucristo estuvo aquí en la Tierra predicando en carne humana encontramos que ya había comenzado el quinto milenio. Cuando Jesús tenía de 4 a 7 años de edad comenzó el quinto milenio.

Ahora, podemos ver el por qué San Pablo y San Pedro, los dos principales apóstoles de la Iglesia del Señor Jesucristo, dicen que aquellos días en que Jesucristo estuvo en la Tierra predicando eran ya los postreros días, estaban viviendo ya en los postreros días.

Ahora ¿vieron el misterio de los postreros días para los seres humanos? Los postreros días delante de Dios, para los seres humanos son los tres milenios postreros, que son: quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio.

Y de los días postreros el Día Postrero es el séptimo milenio; y si le añadimos al calendario los años de atraso que tiene estamos en el séptimo milenio. Y es para el Día Postrero, o sea, el séptimo milenio, que es llamado también el Día del Señor, que Jesucristo ha dicho: “Y yo le resucitaré en el Día Postrero”.

Para ninguno de los milenios anteriores: quinto y sexto milenio, la Iglesia del Señor Jesucristo ha tenido la promesa de que va a ser resucitada. Para el quinto milenio fueron resucitados los santos del Antiguo Testamento cuando Jesucristo resucitó, y aparecieron a muchos de sus familiares en Jerusalén.

Eso está en San Mateo, capítulo 27, verso 50 al 55, ahí ustedes encontrarán que hubo una resurrección cuando Cristo resucitó de entre los muertos, y muchos de los santos del Antiguo Testamento resucitaron. Esos fueron los santos, los escogidos del Antiguo Testamento. Y aparecieron a muchas personas en la ciudad de Jerusalén. Vamos a leerlo aquí: San Mateo, capítulo 27, para que tengan el cuadro claro, versos 51 al 53 dice:

“Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron;

y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron;

y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él (o sea, después de la resurrección de Cristo), vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos”.

Y también nuestro amado Señor Jesucristo cuando resucitó apareció a Sus discípulos, y estuvo apareciéndole a Sus discípulos en diferentes ocasiones en un lapso de tiempo de 40 días. En esos 40 días les apareció en diferentes ocasiones. No necesariamente todos los días pero no menos de ocho veces; vamos a decir, no menos de cuatro veces le apareció a Sus discípulos.

Por ejemplo, le apareció a las mujeres allí, que fueron el domingo en la mañana, le apareció a los caminantes de Emaús, luego le apareció a todos juntos cuando estaban reunidos todos; y así encontramos que apareció en diferentes ocasiones a los creyentes en Él1.

Hasta el último día en que les apareció y se despidió de ellos y les dijo que asentaran en Jerusalén, se quedaran allí en Jerusalén hasta que fueran llenos del Espíritu Santo, para salir a predicar el Evangelio2.

Y estuvieron allí reunidos por diez días, y cuando llegó el día número cincuenta, que es el Día de Pentecostés, fueron llenos del Espíritu Santo3.

Vean cómo en esas fiestas del pueblo hebreo luego se cumplieron eventos del Programa Divino, como en la víspera de la Pascua, en donde el pueblo hebreo sacrificaba el cordero pascual; allí en esa fecha del año en que murió Cristo, encontramos que Cristo murió en la Cruz del Calvario como el Cordero de Dios y cumplió el tipo y figura del cordero pascual.

También encontramos que resucitó domingo en la mañana, y fue también un momento muy importante, en donde era ofrecida la gavilla mecida; y luego el Día de Pentecostés encontramos que vino el Espíritu Santo sobre ciento veinte personas; ese también era un día de fiesta importante en medio del pueblo hebreo.

Ahora vean cómo las fiestas hebreas estaban tipificando eventos que Dios realizaría en medio de la raza humana. Y podemos ver que esas fiestas del pueblo hebreo tienen un significado muy importante, el cual tiene que ver con la Obra que Dios llevaría a cabo.

Tenemos también la Fiesta de la Expiación, también tenemos en la Escritura la Fiesta de las Trompetas, que tiene que ver con el pueblo hebreo; también tenemos la Fiesta de la Expiación, que para el pueblo hebreo será cumplido el lloro y el llanto que en esta fiesta el pueblo tenía que manifestar arrepentidos de sus pecados, lo cual se le cumplirá al pueblo hebreo ya la Fiesta de la Expiación; o sea, la expiación ha sido efectuada: es la Expiación de Cristo.

También, vean ustedes, cuando la persona recibe a Cristo como su Salvador, se arrepiente de sus pecados; y dentro, al sentir ese arrepentimiento, se aflige delante de Dios; lo mismo que sucedía en la fiesta de la expiación.

Y tenemos también la Fiesta de los Tabernáculos, la cual en la Iglesia del Señor Jesucristo encontramos que corresponde a la séptima etapa o edad de la Iglesia gentil; eso es en términos espirituales; y en términos ya con relación a la humanidad completa corresponde al Reino Milenial.

Durante el Reino Milenial se estará viviendo en la Fiesta de los Tabernáculos, y ya eso fue representado en la fiesta de los tabernáculos allá, y fue representado también en ese lapso de tiempo en que el pueblo hebreo vivió en tabernáculos; porque la fiesta de los tabernáculos da testimonio del lapso de tiempo que el pueblo hebreo vivió en tabernáculos caminando por el desierto, y también da testimonio del glorioso Reino Milenial, que será la Fiesta de los Tabernáculos actualizada, o sea, cumplida.

Lo que ocasionó esa fiesta de los tabernáculos siendo establecida por Dios en medio del pueblo hebreo y ocasionó que el pueblo hebreo viajara por el desierto en tabernáculos, fue el glorioso Reino Milenial reflejándose allá, para ser cumplida esa fiesta en el séptimo milenio.

Ahora podemos ver cómo Dios refleja todo lo que Él ha de realizar, lo refleja allá en el pasado en medio del pueblo hebreo; porque el pueblo hebreo es el Israel terrenal, la descendencia según la carne, de Abraham; y tipifica o representa el Israel celestial, que son los hijos e hijas de Dios, los descendientes de Dios; y por ser de la fe en Cristo son hijos de Abraham, porque son de la fe de Abraham, la fe en Cristo.

Por medio de Cristo, vean ustedes, hemos nacido de nuevo del Agua y del Espíritu al creer en Cristo como nuestro Salvador. Y Cristo siendo la simiente de Abraham que tenía las promesas, por medio de Cristo nosotros somos descendientes del Hijo de Abraham, el cual tiene las promesas, y por consiguiente somos hijos de Abraham; hijos de Abraham de una posición más alta que la descendencia de Abraham según la carne. Esa es la descendencia de Abraham más alta que pueda existir.

Abraham tuvo más hijos. Vean ustedes, tuvo a Isaac pero también tuvo antes a Ismael, y también tuvo seis hijos por medio de Cetura. Cuando Sara murió, Abraham luego tuvo otra esposa y tuvo hijos por medio de ella. Pero de la descendencia de Abraham según la carne, el nivel más alto de la descendencia de Abraham según la carne es Isaac y su descendencia; por esa descendencia vino el Mesías, Cristo, en Su Primera Venida.

Y luego vino Cristo por medio de esa descendencia, creando Dios en el vientre de María un descendiente de Abraham y descendiente del rey David; creó en el vientre de ella una célula de vida, la cual se multiplicó célula sobre célula y fue formado o creado el cuerpo de Jesús; y luego que nació en Belén de Judea, ese velo de carne que nació allí vino a ser el cuerpo físico donde moró el Creador de los Cielos y de la Tierra, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová.

Por eso el profeta Isaías en el capítulo 7, verso 14, hablando de la Venida del Mesías dice: “He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel (que traducido es: Dios con nosotros)”.

El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob vivió en ese velo de carne llamado Jesús; el Ángel de Jehová, el Ángel del Pacto estuvo allí manifestado en carne humana llevando a cabo la Obra de Redención en la visita que hizo a la raza humana en medio del pueblo hebreo, para así llevar a cabo la redención por medio de Su muerte en la Cruz del Calvario, y hacer posible el nuevo nacimiento de seres humanos, de personas que en su interior tienen un alma que ha venido de Dios, tienen un alma que ha venido de la séptima dimensión, tienen un alma que es parte de Dios.

Ahora podemos ver que esa simiente, esa semilla de Dios, ha sido colocada en cuerpos humanos, y se requiere que sea vivificada, traída a vida eterna esa simiente; lo cual ocurre cuando la persona escucha la predicación de la Palabra de Dios, del Evangelio, y le llega al alma esa Palabra y lo despierta; y la persona recibe a Cristo como su Salvador, lava sus pecados en la Sangre de Cristo y recibe Su Espíritu Santo, y se produce así el nuevo nacimiento; el nuevo nacimiento interior en la persona y de la persona. Y así obtiene el Espíritu de Dios y obtiene un cuerpo teofánico de la sexta dimensión, un cuerpo parecido a nuestro cuerpo físico pero de otra dimensión, de la sexta dimensión, llamado también el Ángel de Jehová que acampa en derredor de los que le temen y los defiende.

Cuando la persona muere, si es un creyente en Cristo tiene un cuerpo de otra dimensión en el cual va a vivir a la sexta dimensión, o sea, al Paraíso; y vive en una dimensión donde hay árboles, donde hay ríos, donde hay pajaritos, donde hay animales y donde hay más personas viviendo allí, felices y contentos, y todos jovencitos, porque en esa dimensión todos son jóvenes, y en esa dimensión no se vive en los afanes que se vive en esta dimensión terrenal.

No tienen que ir a la oficina o a la fábrica o al campo a trabajar; allí ni trabajan ni se cansan, ni duermen ni comen, porque en ese cuerpo teofánico de la sexta dimensión no hay las necesidades que existen en esta dimensión terrenal, en estos cuerpos mortales; o sea que ellos cesan de sus trabajos, de sus obras terrenales, de sus afanes terrenales. Y allí ni se cansan ni les da sueño ni les da hambre, y están muy felices allí; pero esperando regresar a la Tierra en un cuerpo eterno, el cual Cristo ha prometido para el Día Postrero: “Y yo le resucitaré en el Día Postrero”. O sea, en el séptimo milenio.

Ahora, ¿en qué año del séptimo milenio? Pues espere a que ocurra la resurrección y cuando ocurra podemos mirar el calendario y decir: “Era para este año”.

Ahora, podemos mirar el calendario que se usa entre los gentiles, el cual está atrasado; pero si lo miramos cuando ocurra la resurrección pues podríamos decir: “Era en el año tal del calendario que los gentiles usan, aunque está atrasado”. Pero en el calendario de Dios entonces buscaremos en qué año estamos en el calendario de Dios y diremos: “Era en el año tal del séptimo milenio del calendario de Dios”. Y eso lo estaremos viendo cuando ya estemos transformados. Y estará siendo enseñado durante todo el Reino Milenial, “porque la tierra será llena del conocimiento de la gloria de Jehová, como las aguas cubren el mar”4.

O sea, será llena la Tierra, la humanidad completa, del conocimiento de la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo, y toda la Obra que Él habrá realizado en Su Segunda Venida.

Y entonces todos conocerán el principio y el fin del Séptimo Sello; porque el Séptimo Sello es la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo.

En febrero 28 de 1963 apareció en el cielo una nube misteriosa; fue publicada en la revista LIFE, en 1963, como una nube misteriosa.

El precursor de la Segunda Venida de Cristo dice que esa nube misteriosa fue formada por ángeles de Dios; y él fue arrebatado al cielo y fue colocado en esa nube misteriosa con los ángeles de Dios que ahí estaban. Eran los siete ángeles de la siete edades de la Iglesia gentil los que fueron tomados en esta nube, en esta foto de esta nube, y ahí estaba también un Ángel que era muy diferente a los demás.

Veamos lo que dice en la página 469 del libro de Los Sellos en español, dice así el precursor de la Segunda Venida de Cristo, el reverendo William Branham; dice:

“153. ¿Y notaron que dije que uno de esos ángeles era muy raro? Me pareció muy distinto a los demás. Estaban en una constelación con tres a cada lado y uno arriba; y el que estaba a mi lado, contando desde la izquierda hacia la derecha, ese sería el séptimo Ángel. Él era más brillante y significaba más para mí que los demás. Les dije que tenía el pecho así robusto y estaba volando hacia el Oriente. Les dije también que: ‘Me levantó, me alzó’. ¿Se acuerdan?

154. Ahora, ¡aquí está! Era el que tenía el Séptimo Sello, lo cual he mantenido como una pregunta en mi mente toda mi vida. ¡Amén! Los otros Sellos significaron mucho para mí, desde luego; pero ustedes no se imaginan lo que ha significado este séptimo”.

Ahora, vean que el Séptimo Sello lo tiene ese Ángel que era muy diferente a los demás. Ninguno de los otros siete ángeles de las siete edades de la Iglesia gentil tenía ese Séptimo Sello, solamente ese que era muy diferente a los demás.

Y ahora, ¿qué es el Séptimo Sello? El Séptimo Sello es la Venida del Señor, la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles.

En la página 57 del libro de Los Sellos en español, dice el precursor de la Segunda Venida de Cristo con relación o haciendo referencia al capítulo 10 de Apocalipsis, verso 1 en adelante, dice así:

“‘Y vi otro ángel fuerte descender del cielo, cercado de una nube, y el arco celeste sobre su cabeza...’. (De eso es que nos habla Apocalipsis 10, verso 1 en adelante).

17. Ahora, si usted se fija bien, notará que esta persona es Cristo, porque aun en el Antiguo Testamento Él fue llamado el Ángel del Pacto; y Él ahora viene directamente a los judíos porque la Iglesia ha llegado a su fin. Bien, ahora continuando…”.

Ahora, ¿qué dice que es en el Antiguo Testamento, llamado quién? El Ángel del Pacto, o sea, el Ángel de Jehová, que es el Ángel del Pacto. Y ahora viene directamente a los judíos ¿quién? El Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová.

“‘...y su rostro era como el sol, y sus pies como columnas de fuego’.

18. ¿Recuerdan el Ángel de Apocalipsis capítulo 1? Este es el mismo. Un ángel es un mensajero, y él es un mensajero a Israel. ¿Ve usted? La Iglesia está a punto de ser raptada, Él viene por Su Iglesia”.

Ahora vean, el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, el mensajero a Israel, el cual viene por Israel y para Israel, por cuanto la Iglesia gentil está a punto de ser raptada porque ha llegado a su final, entonces viene por Su Iglesia.

O sea que antes de estar en medio del pueblo hebreo y siendo recibido por el pueblo hebreo, estará en medio de Su Iglesia gentil, estará clamando como cuando un león ruge y los siete truenos emitiendo sus voces, porque es el Ángel de Apocalipsis, capítulo 10, verso 1 al 11, el que desciende del Cielo con el Librito abierto en Su mano, con Sus ojos como llama de fuego, Su rostro como el sol, y clama como cuando un león ruge y siete truenos emiten sus voces.

Y los siete truenos que emiten sus voces es la Voz del Ángel Fuerte que desciende del Cielo clamando como cuando un león ruge, porque viene, desciende del Cielo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores, porque desciende del Cielo y viene para el pueblo hebreo, pero Su Iglesia está a punto de ser raptada; ha llegado el tiempo para Su Iglesia ser llamada, juntada y raptada, y tienen que ser transformados los que estamos vivos, tenemos que ser transformados, y los muertos tienen que ser resucitados.

Por lo tanto, toca a la Iglesia del Señor Jesucristo recibir la visita del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová primero, y después le toca al pueblo hebreo.

Y ahora, viene como el mensajero a Israel pero viene por Su Iglesia.

¿Cómo dice Jesucristo que viene el Hijo del Hombre? En San Mateo, capítulo 16, verso 27 al 28, dice que el Hijo del Hombre viene ¿con quién? Con Sus Ángeles. Vamos a ver cómo lo dice aquí: Capítulo 16 de San Mateo, versos 27 al 28 dice:

“Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras”.

¿Con quién viene el Hijo del Hombre? Con Sus Ángeles.

La Venida del Ángel Fuerte que desciende del Cielo es con Sus Ángeles. Es el Ángel del Pacto en la manifestación del Hijo del Hombre para el Día Postrero.

Por eso Cristo hablando de la Venida del Hijo del Hombre dijo que sería como el relámpago que sale del oriente y se muestra ¿dónde? En el occidente.

¿Dónde se mostrará el Hijo del Hombre viniendo? Se mostrará en el occidente. La Primera Venida del Hijo del Hombre fue en el oriente, de allí salió; y luego para el occidente está la promesa de la manifestación, de la revelación del Hijo del Hombre con Sus Ángeles.

Cristo mostró también en el Monte de la Transfiguración la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles, y se transfiguró delante de Sus discípulos Pedro, Jacobo y Juan, allá en aquel monte alto, y apareció Jesús con Su rostro como el sol, Sus vestiduras resplandecientes como la luz; y aparecieron con Jesús: Moisés a un lado y Elías al otro lado.

¿Por qué? Porque allí Cristo está mostrando lo que será la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles en Su Reino.

Los Ángeles del Hijo del Hombre prometido para el Día Postrero, para llamar y juntar a los escogidos de Dios, está en Apocalipsis, capítulo 11, verso 3 en adelante, y son los Dos Olivos, que son los Dos Ungidos que están delante de la presencia de Dios; y esos son los ministerios de Moisés y Elías repitiéndose en el Día Postrero.

Estos son los ministerios que el Hijo del Hombre traerá en Su Venida y los estará manifestando en esta Tierra en este Día Postrero. Por lo tanto, donde esté la Venida del Hijo del Hombre siendo cumplida, estarán los Ángeles del Hijo del Hombre, que son los ministerios de Moisés y Elías, y estará el ministerio del Hijo del Hombre, que es el ministerio de Jesús. Estos tres grandes ministerios estarán manifestados en este planeta Tierra en este Día Postrero, en la Venida del Hijo del Hombre como el relámpago resplandeciendo ¿dónde? En el occidente.

La tierra de Israel está en el Medio Oriente, o sea, en el Medio Este; y en el occidente, que es el oeste, está el continente americano, que incluye Norteamérica, Centroamérica, Suramérica y el Caribe.

Ya en Norteamérica Dios cumplió la séptima etapa o edad de la Iglesia gentil, y colocó allí en Norteamérica al séptimo ángel mensajero de la séptima edad de la Iglesia gentil, el cual fue el precursor de la Segunda Venida de Cristo. Y solamente queda Centroamérica, Suramérica y el Caribe para el resto del Programa Divino y el cumplimiento de ese Programa en el oeste, que es el occidente, donde la promesa del Hijo del Hombre como el relámpago tiene que ser cumplida, y tiene que resplandecer como el relámpago el Hijo del Hombre ¿dónde? En el occidente, o sea, en el oeste, que corresponde al continente americano.

Y para la América Latina y el Caribe es la promesa de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles resplandeciendo como el relámpago.

Dijo también Cristo que sería como en los días de Noé, que no conocieron y vino el diluvio y se los llevó a todos5. ¿Qué no conocieron? No conocieron el Programa Divino correspondiente a aquel tiempo, y no reconocieron que allí en la Tierra Dios tenía un profeta dispensacional llamado Noé, al cual vino toda la revelación divina de todas las cosas que iban a suceder en ese tiempo.

Y para el tiempo final habrá un profeta dispensacional, el profeta de la Dispensación del Reino, al cual vendrá toda la revelación divina de todas las cosas que deben suceder pronto en este tiempo final.

Porque la revelación de Dios viene a los profetas de Dios; y si Dios va a revelar algo, pues envía un profeta a la Tierra para, a ese profeta, venir toda esa revelación; y por medio de ese profeta la gente obtener el conocimiento de las cosas que Dios quiere dar a conocer, y así obtener la revelación de todas las cosas que deben suceder en ese tiempo.

Es para el tiempo final para el cual Cristo ha prometido dar a conocer las cosas que han de suceder en este tiempo.

En Apocalipsis, capítulo 1, verso 10 al 11, Juan dice que fue o que estuvo en el Día del Señor. Dice: “Yo estaba en espíritu en el Día del Señor”.

El Día del Señor es el séptimo milenio. Así como el sábado para los hebreos es el día del Señor, el día de la semana llamado el día del Señor; porque el sábado representa este tiempo final, el cual entra al séptimo milenio.

“Yo estaba en el Espíritu (o sea, no en carne, sino en el espíritu, fue transportado) en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta,

que decía: Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último”.

¿Y quién es el Alfa y la Omega?, ¿quién es el primero y el último? Nuestro amado Señor Jesucristo.

¿De quién es, entonces, esta voz que habla aquí? Es la Voz de nuestro amado Señor Jesucristo.

Y ahora vamos a ver qué cosas Él estará hablando en el Día del Señor, o sea, en el séptimo milenio.

En Apocalipsis, capítulo 4, verso 1, Juan dice:

“Después de esto miré, y he aquí una puerta abierta en el cielo; y la primera voz que oí, como de trompeta (aquí tenemos nuevamente la Voz como de trompeta. No es una trompeta literal, sino es la Voz de Cristo como una trompeta), hablando conmigo, dijo: Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de estas”.

Y ahora, ¿cómo vamos a escuchar la Voz de Cristo dándonos a conocer todas las cosas que sucederán después de las que ya han sucedido en las siete edades de la Iglesia gentil?

Ahora las cosas que sucederán en la etapa o Edad de la Piedra Angular de la Iglesia de Jesucristo, ¿cómo vamos a obtener el conocimiento de todas esas cosas? ¿Cómo obtuvieron el conocimiento del Programa de Dios correspondiente a cada edad los hijos e hijas de Dios en cada edad? Cristo lo reveló por medio del mensajero de cada edad.

Y aquí en la Edad de la Piedra Angular Cristo tiene que tener un profeta mensajero dispensacional al cual venga esa revelación divina para darla a conocer a la Iglesia del Señor Jesucristo; y entonces estaremos escuchando todas estas cosas que deben suceder pronto, las estaremos escuchando siendo dadas a conocer a la Iglesia de Jesucristo por medio de ese mensajero.

Y ahora vamos a ver entonces a través de quién es que Jesucristo estará hablando con esa Gran Voz de Trompeta y dando a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto. Apocalipsis 22, verso 6, dice así:

“Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas (¿de quién son los espíritus de los profetas? De Dios), ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto”.

¿A quién dice que ha enviado para dar a conocer las cosas que deben suceder pronto? Dice que ha enviado a Su Ángel.

Ese Ángel Mensajero de Jesucristo, ese profeta mensajero de Jesucristo para la Edad de la Piedra Angular, es el que obtiene la revelación de todas estas cosas que deben suceder pronto, es a él a quien llega la revelación de Jesucristo; porque la revelación de Cristo llega siempre al profeta que Él tiene para el tiempo en que Él quiere dar a conocer esa revelación.

Y ahora, la revelación de todas estas cosas que deben suceder pronto, en el tiempo final, en el Día Postrero, en el séptimo milenio, vienen siendo dadas a conocer por medio del Ángel del Señor Jesucristo; ese es el enviado de Jesucristo, para, por medio de ese mensajero, Jesucristo en Espíritu Santo estar manifestado hablándole a Su Iglesia todas estas cosas que deben suceder pronto.

Por eso también en Apocalipsis, capítulo 22, verso 16, el mismo Jesucristo dice: “Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias”.

Es por medio de Su Ángel Mensajero que Jesucristo se manifiesta y nos da a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, es por medio de Su Ángel Mensajero que Jesucristo le habla a todas las iglesias; como le habló al pueblo hebreo por medio de Sus profetas, y le habló al pueblo hebreo por medio de Jesús, y luego le habló al pueblo hebreo por medio de los apóstoles, y luego le habló a las siete etapas o edades de la Iglesia gentil por medio de Sus siete ángeles mensajeros.

Y en este tiempo final, para la etapa de la Edad de la Piedra Angular, Jesucristo manifestado en Espíritu Santo en Su Ángel Mensajero nos habla todas estas cosas que deben suceder pronto, y así nos revela todos estos misterios correspondientes al Día Postrero; y nos revela el misterio más grande de todos los misterios, que es el misterio del Séptimo Sello, el misterio de la Segunda Venida de Cristo con Sus Ángeles como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo.

Ahora, veamos lo que será para la Iglesia de Jesucristo la Venida del Ángel Fuerte. Nos dijo el precursor de la Segunda Venida de Cristo que es la Venida del Ángel del Pacto, la Venida del mensajero, del Ángel Mensajero a Israel; porque este Ángel es un mensajero a Israel, y fue llamado el Ángel del Pacto o Ángel de Jehová en el Antiguo Testamento.

Ahora, veamos con más detalles la Venida de este Ángel, pues ese Ángel es el Ángel de Jehová, el Ángel del Pacto, el mismo Jesucristo, porque cuando dos mil años atrás vino el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová que había libertado al pueblo hebreo por medio de Moisés, cuando luego vino en carne humana lo conocimos por el nombre de Jesús; ese fue el nombre que tuvo el velo de carne donde estaba el Ángel de Jehová, el Ángel del Pacto manifestado en medio del pueblo hebreo en un cuerpo humano, como Cordero de Dios, para morir en la Cruz del Calvario y quitar así nuestro pecado.

El profeta Malaquías en el capítulo 3, cuando anuncia la Venida del Mesías y la venida del precursor del Mesías, el cual fue Juan el Bautista, dice de la siguiente manera: Capítulo 3 de Malaquías, verso 1 en adelante, dice:

“He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí (ese fue Juan el Bautista, el precursor de la Primera Venida de Cristo); y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis (¿Quién vendrá después del precursor, después de Juan el Bautista? Vendrá el Señor, o sea, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob), y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros”.

¿Ven? El Señor, que es el Ángel del Pacto, “a quien deseáis vosotros”… o sea, el pueblo hebreo deseaba la Venida del Ángel del Pacto, la Venida del Mesías; porque la Venida del Ángel del Pacto, la Venida del Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, la Venida del Ángel de Jehová en carne humana es la Venida del Mesías, del Rey de Israel. Porque el Rey de Israel, ¿quién es? Dios. Y cuando vino en carne humana pues seguía siendo el Rey de Israel.

“He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos”.

¿Quién vendría? Pues el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, vendría en carne humana. A ese fue al cual Juan le preparó el camino. Y cuando lo vio dijo: “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. Porque vino como Cordero de Dios para tomar nuestros pecados y morir en la Cruz del Calvario, y así quitar nuestros pecados; porque si Él los tomó, pues entonces Él los quitó de nosotros.

Y cuando nosotros lo recibimos a Él como nuestro Salvador y lavamos nuestros pecados en Su Sangre, se hace efectivo el Sacrificio de Cristo en la Cruz del Calvario, se hace efectivo ese Sacrificio en nuestra vida.

Y ahora, para el Día Postrero tenemos la promesa de la Segunda Venida del Ángel del Pacto, que es la Segunda Venida de Cristo, la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles.

Eso es la Venida de este Ángel que era muy diferente a los demás, que apareció en esta nube formada por ocho ángeles: los siete ángeles mensajeros de las siete edades de la Iglesia gentil y el Ángel que era muy diferente a los demás.

Si tornamos esta foto hacia la derecha, veremos que forma el rostro del Señor. No que es literalmente el rostro del Señor, sino que lo forma, es formado con esta nube de ángeles, así como con un lápiz o con pintura y pincel una persona puede pintar el rostro del Señor, pero no es literalmente el rostro del Señor.

Y aquí fue pintado en los cielos por la presencia de estos ocho ángeles que aparecieron aquí; ángeles en sus cuerpos teofánicos, no en sus cuerpos físicos, sino en sus cuerpos teofánicos aparecieron aquí. Y esa fue la nube misteriosa que apareció.

Así como en medio del pueblo hebreo, cuando Dios libertó al pueblo hebreo aparecía una nube, pero esa no era una nube de agua, sino que era la presencia de Dios, o sea, una nube de gloria allí manifestada en medio del pueblo hebreo; esa Columna de Nube o de Fuego en medio del pueblo hebreo, que les alumbraba el camino de noche y les servía de sombra durante el día. Y eso pertenece a otra dimensión.

Pero ¿quién era el que estaba ahí en esa nube? El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.

¿No le dijo esa Columna de Fuego a Moisés cuando lo llamó, no le dijo: “Yo soy el Dios de Abraham, yo soy el Dios de tu padre (o sea, el Dios de Amram, el padre de Moisés), y el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob”? Allí estaba el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob hablándole a Moisés.

Él fue el que libertó al pueblo hebreo y usó a Moisés el velo de carne, en el cual colocó Su Palabra; porque la Palabra de Dios siempre viene al profeta que Dios envía para el tiempo en que Dios va a llevar a cabo Su Obra. Y la Obra de Dios en aquel tiempo era la liberación del pueblo hebreo, y por lo tanto tenía un profeta, al cual vino la revelación de Dios, donde Dios colocó Su Palabra; el cual habló esa Palabra, y Dios iba colocando esa Palabra en la boca de Moisés, y Dios iba haciendo conforme a como Moisés hablaba, pero era la Palabra de Dios en la boca de Moisés.

Dios le mostraba a Moisés lo que tenía que hablar, y Moisés lo hablaba; y Dios hacía lo que Moisés hablaba, porque era la Palabra no de un hombre sino la Palabra de Dios en labios humanos. Fue colocada en el corazón de Moisés y en los labios de Moisés. Dios le dijo: “Yo pondré mi Palabra en tu boca, y tú dirás lo que yo te diga”6.

Esa es la promesa para cada profeta que Dios envía a la Tierra: “Yo pondré mi Palabra en su boca, y él hablará todo lo que yo le mandare”. Por lo tanto, un profeta enviado por Dios no puede hablar lo que él quiera hablar de sí mismo, sino lo que Dios coloque en su corazón y en su boca para hablar. Y eso es, entonces, ASÍ DICE DIOS, ASÍ DICE EL SEÑOR.

Vean cómo obtenemos el ASÍ DICE EL SEÑOR en cada ocasión en que Dios le habla a la humanidad por medio de un hombre, de un profeta enviado por Dios para una edad o para una dispensación.

Ahora, tenemos la promesa de la Venida del Ángel Fuerte que desciende del Cielo, hemos visto cómo sería esa manifestación: sería como el mensajero a Israel; pero viene por Su Iglesia, porque el tiempo de las edades de la Iglesia ha llegado a su final, y tiene que Su Iglesia ser llamada y juntada, los escogidos tienen que ser llamados y juntados para ser transformados y raptados en este tiempo final, para después Dios tratar con el pueblo hebreo.

Y también tenemos en Apocalipsis 19 otro aspecto del panorama correspondiente a la Segunda Venida de Cristo, y es presentado ese panorama como un Jinete en un caballo blanco viniendo; y eso es la Venida del Señor.

Nuestro hermano Branham, precursor de la Segunda Venida de Cristo, hablándonos de ese Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19 y cómo será el cumplimiento de esa profecía, de ese capítulo 19, verso 11 al 21, nos dice en la página 277 del libro de Los Sellos en español, mientras oraba, dice:

“[240]… pedimos que el Espíritu Santo venga ahora mismo, el Jinete del verdadero caballo blanco, mientras Su Espíritu, el Espíritu de Cristo, entre en confrontación con el anticristo, y Él llame los Suyos”.

¿Quién es el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19? Es Jesucristo en Espíritu Santo, es el Espíritu de Jesucristo, o sea, es Jesucristo en Su cuerpo teofánico; es ese mismo Ángel que era muy diferente a los demás, que apareció en esta nube formada por ángeles; es el Ángel de Jehová o Ángel del Pacto del Antiguo Testamento, el cual se hizo carne en medio del pueblo hebreo y habitó en medio del pueblo hebreo y fue conocido por el nombre de Jesús.

El velo de carne recibió el nombre Jesús, y por ese nombre fue conocido el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová manifestado en carne humana en Su Primera Venida, en la Venida del Ángel del Pacto en carne humana, y fue conocido como el Ungido. Pues aquel sencillo joven carpintero de Nazaret fue ungido por el Espíritu de Dios en toda Su plenitud, fue ungido con el Espíritu de Dios, con el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová en toda Su plenitud, el cual habitó en aquel cuerpo de carne para llevar a cabo la Obra de Redención colocando ese cuerpo de carne como sacrificio vivo, y así llevar nuestros pecados.

Colocó ese cuerpo de carne como el Sacrificio por el pecado, allá en la Cruz del Calvario fue sacrificado ese Cordero de Dios. El cuerpo físico, el cuerpo de carne donde habitó el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová en toda Su plenitud, donde habitó el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob; el cual es el Verbo, el cual se hizo carne y habitó entre los seres humanos en medio del pueblo hebreo.

En Apocalipsis, capítulo 19, nos muestra Su Segunda Venida, nos muestra la Venida del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová, que es la Venida de Jesucristo en Espíritu Santo manifestado en el tiempo final.

Ahora, ¿cómo estará el Ángel del Pacto —que es Jesucristo— manifestado en el tiempo final en el cumplimiento de ese Jinete viniendo en un caballo blanco, el cual es el Verbo, la Palabra, manifestado en el tiempo final? Y tiene un nombre que ninguno conocía, el Verbo de Dios, solamente Él conocía ese nombre. Y tiene escrito en Su vestidura y en Su muslo este nombre: Rey de reyes y Señor de señores.

Ahora no viene como Cordero de Dios sino que viene como Rey de reyes y Señor de señores, porque es el tiempo para hacer Su Obra de Reclamo; y reclamará todo lo que ha redimido con Su Sangre preciosa, reclamará a todos los escogidos que han sido lavados en la Sangre de Cristo y han recibido el Espíritu de Cristo; y reclamará también al pueblo hebreo, y reclamará Su Trono, el Trono de David, para sentarse en el Trono de David y reinar sobre el pueblo hebreo y sobre toda la raza humana.

Ahora, ¿cómo vendrá? Hemos visto que vendrá en el Día Postrero. Y vendrá sobre un caballo blanco, el cual representa la Palabra pura; viene en el poder de la Palabra pura, la Palabra creadora de Dios.

En el libro del Apocalipsis encontramos muchos animales o bestias, y todos representan un poder; y ahora, viene sobre un caballo blanco como la nieve.

¿Qué dijo el precursor de la Segunda Venida de Cristo que será el cumplimiento de este pasaje profético de Apocalipsis 19, versos 11 al 21, siendo que es ese Jinete del caballo blanco el Espíritu Santo, Cristo en Espíritu Santo?

Ahora, para el cumplimiento de este pasaje profético, dice el precursor de la Segunda Venida de Cristo, el reverendo William Marrion Branham, en la página 256 del libro de Los Sellos en español; dice:

“121. Pero cuando nuestro Señor aparezca sobre la Tierra, Él vendrá sobre un caballo blanco como la nieve, y será completamente Emmanuel —la Palabra de Dios encarnada en un hombre”.

La Palabra de Dios encarnada en un hombre será el cumplimiento de la Venida del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, así como la Venida del Mesías dos mil años atrás fue la Palabra, el Verbo hecho carne en un hombre sencillo llamado Jesús de Nazaret.

“En el principio era el Verbo (o sea, la Palabra), y el Verbo era con Dios y el Verbo era Dios”. San Juan, capítulo 1, vamos a leerlo tal y como está ahí, dice:

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios”.

O sea, el cuerpo teofánico de Dios, llamado el Ángel de Jehová o Ángel del Pacto, es el Verbo, es la Palabra; y el Verbo era Dios, porque Dios estaba dentro de ese cuerpo teofánico, que es un cuerpo parecido a nuestro cuerpo, pero de otra dimensión.

“… y el Verbo era Dios.

Este era en el principio con Dios.

Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho”.

¿Ven? Él es el Creador del universo completo, Él es el Creador de toda la Creación; y nada fue hecho sin Él. Todas las cosas por Él fueron hechas, porque Él es el mismo Dios velado en Su cuerpo teofánico de la sexta dimensión, que es un cuerpo parecido a nuestro cuerpo pero de otra dimensión.

Abraham lo vio en diferentes ocasiones. En una ocasión lo vio como Melquisedec, el cual le dio pan y vino a Abraham, y Abraham pagó sus diezmos a Melquisedec.

El día antes de la destrucción de Sodoma y Gomorra también Abraham lo vio, y lo llamó Elohim; y le preparó un becerro tierno, y le preparó también comida, le preparó unas tortas de harina al rescoldo, y también queso, mantequilla, leche, todas estas cosas, pues Abraham era muy rico, tenía ovejas y tenía muchos animales, y también reses, ganado, no solamente ovejas sino también vacas y cosas así.

Y ahora le prepara una buena comida para Dios, lo invita, le ofrece, le da el menú, le dio el menú: “Mira, el menú que te voy a preparar es este”. Y como Dios pues no era vegetariano, pues aceptó la invitación. Si llega a ser vegetariano le dice: “No, no, no; yo no como carne ni como estas cosas”.

Ahora, el comer o no comer carne ya eso queda de parte de la persona. Aunque pues las carnes hacen daño, pero si no hay otra cosa para comer, más daño hace no comer, porque entonces uno se muere y entonces es peor.

Ahora, vean ustedes, uno no puede tener diferencias con los que comen carne o los que comen solamente cosas naturales. Lo mejor es lo natural, cosas naturales sin usar carnes, pero por cuanto estamos en una etapa todavía en donde estamos en estos cuerpos mortales no hay ningún problema en que uno coma o no coma carne, o coma vegetales o cosas así.

Como hijos de Dios tenemos el derecho a seleccionar lo que nos conviene comer, y si uno logra tener una dieta bien balanceada, mucho mejor. Mientras menos cosas que hagan daño al cuerpo uno coma, pues en mejor condición puede estar su cuerpo. Pero por asuntos religiosos no debe uno irse al extremo y entrar en fanatismos en cuanto a comidas.

Uno debe ser una persona normal en esa parte. Si le hace daño la carne, pues no la usa; pero si no le hace daño y quiere comerla, pues la usa y no peca delante de Dios.

Pero si por causa de algún hermano que tropiece en comer carne de cerdo, San Pablo decía: “Si mi hermano tropieza y le es de escándalo verme a mí comer alguna comida que para él y según él es prohibida conforme a la Ley…, aunque ya pues no estamos bajo la Ley, pero si lo hago tropezar a él entonces yo no comeré carne por causa de mi hermano”.

Piense usted, después de pasar tanto trabajo llevando el Mensaje y que las personas reciban el Mensaje, y entonces uno hacer tropezar a los hermanos por causa de la comida, eso pues está mal; y San Pablo decía: “Pues me abstengo de comer algo que él cree que no se debe comer”, aunque Pablo decía: “Para mí ni el ídolo es algo ni la carne o la comida es algo, sino que dando gracias a Dios es santificada la comida; y entonces ya no hay ningún problema”.

Es que en aquellos tiempos también, cuando mataban los animales en muchos lugares los sacrificaban, los ofrecían como sacrificio y luego los vendían al pueblo. Y esto pues para muchas personas era de tropiezo si lo comían; y entre los gentiles principalmente era que ofrecían a sus dioses los animales que mataban; y no se podía comer, conforme a la Ley, cosas sacrificadas a ídolos. Pero ya bajo la Gracia, por la oración, ya todo lo que habían hecho ofreciéndolo a sus ídolos, uno quita todo eso y lo santifica y le es de bendición y de alimento a la persona.

Todo tiene que la persona tenerlo presente en su mente, la forma correcta, para que así no vaya a comer algo y después decir: “Pero esto había sido en esta forma, no debí haber comido eso”. Ya entonces la persona tiene una lucha en su mente y mejor es que no lo coma. Pero si piensa como Pablo: “El ídolo es nada, y yo con mi oración santifico este alimento y me lo como, y me es de bendición”. Y ya, ahí se terminó el problema.

Pero recuerden, no debemos hacer tropezar a nuestros hermanos más débiles, nos enseñaba San Pablo7, que todavía estaban con algunas cosas de la Ley, y por eso tropezaban un poco con San Pablo. Y San Pablo, pues teniendo una visión más clara de todo el Programa Divino correspondiente a la Dispensación de la Gracia, encontramos que podía hablar en esa forma y comer con los gentiles sin ningún problema. Pero los hebreos no comían con los gentiles para no contaminarse; pero Pablo podía comer, porque por medio de la oración todo era santificado.

Ahora, vean ustedes cómo siempre también en los cambios de dispensaciones surgen algunos problemitas, algunas diferencias, algunos malos entendidos; pero San Pablo, vean ustedes, era el mensajero para esa nueva edad, la primera edad de la Iglesia gentil, por lo tanto tenía un cuadro claro del Programa de Dios.

Y ahora así también es con los mensajeros dispensacionales. Dios les muestra a ellos la nueva dispensación, coloca en su corazón y en su boca lo que deben hablar, y Dios en Espíritu Santo se manifiesta en ellos; y esos profetas ungidos por el Espíritu de Dios hablan esa Palabra, y Dios cumple esa Palabra; porque Dios es el que hace todas las cosas, pero siempre ha tenido un hombre en la Tierra, en el cual ha colocado Su Palabra para que la dé a conocer al pueblo por cuanto ese hombre, siendo un profeta, tiene las dos consciencias juntas.

Y ahora para el tiempo final, vean ustedes, el misterio del Séptimo Sello, que es el misterio de la Venida del Ángel Fuerte que desciende del Cielo y también el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19 viniendo, el cual es el Ángel que es muy diferente a los demás, que se encuentra aquí; el cual, miren ustedes, la barba del Señor está representada aquí en los siete ángeles mensajeros de las siete edades de la Iglesia gentil; y la cabellera blanca del Señor, acá arriba, la forma el Ángel que era muy diferente a los demás, ese Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, ahí en esa nube, en ese cuerpo teofánico; el cual para este tiempo final estará manifestado en carne humana, será la Venida del Ángel Fuerte y del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19.

Dijo el precursor de la Segunda Venida de Cristo que la Venida del Ángel Fuerte es la venida del mensajero a Israel, porque Él es un mensajero a Israel, y viene directamente a Israel; pero Su Iglesia ha llegado a su final, por lo tanto viene por Su Iglesia, por lo tanto estará en medio de Su Iglesia primero y después estará en medio del pueblo hebreo.

Ese Ángel Fuerte que desciende del Cielo es el mismo Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, y Su Venida en medio de Su Iglesia y luego en medio del pueblo hebreo es la Venida del Verbo, de la Palabra encarnada en un hombre; es la Venida del Ángel de Jehová, del Ángel Fuerte, de Jesucristo en Espíritu Santo en carne humana, en un hombre de este tiempo final. Y ese hombre será el Ángel del Señor Jesucristo.

Por eso es que encontramos que lo que Cristo prometió en Apocalipsis, capítulo 4, verso 1, diciendo: “Sube acá, y yo te mostraré las cosas que han de suceder después de estas”, luego encontramos a Dios enviando Su Ángel, y Su Ángel dando a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto.

Porque estará enviando Su profeta mensajero, que es el Ángel de Jesús, en el cual estará velado en carne humana, manifestado en carne humana el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, el Ángel Fuerte que desciende del Cielo, que es también el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19 viniendo en carne humana, viniendo en el velo de carne llamado el Ángel del Señor Jesucristo, que es el profeta mensajero de la Edad de la Piedra Angular y también el profeta mensajero de la Dispensación del Reino.

Juan el apóstol vio esa manifestación de Dios, de Jesucristo a través de Su Ángel Mensajero, y fue una manifestación tan grande que Juan el apóstol quiso adorar a los pies del Ángel de Jesucristo, pero el Ángel le dijo que no lo hiciera. Apocalipsis, capítulo 19, versos 9 al 10, dice:

“Y el ángel me dijo: Escribe: Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero. Y me dijo: Estas son palabras verdaderas de Dios.

Yo me postré a sus pies para adorarle. Y él me dijo: Mira, no lo hagas; yo soy consiervo tuyo, y de tus hermanos que retienen el testimonio de Jesús. Adora a Dios; porque el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía”.

No aceptó la adoración que Juan le ofreció. Le dijo que la ofreciera ¿a quién? A Dios. Esto es así porque Cristo dijo: “La hora viene y la hora es cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque tales adoradores busca el Padre que le adoren”.

Luego, en el capítulo 22 de Apocalipsis, versos 8 al 9, volvió Juan el apóstol a postrarse a los pies del Ángel de Jesús para adorarlo. Y dice:

“Yo Juan soy el que oyó y vio estas cosas. Y después que las hube oído y visto, me postré para adorar a los pies del ángel que me mostraba estas cosas.

Pero él me dijo: Mira, no lo hagas; porque yo soy consiervo tuyo, de tus hermanos los profetas, y de los que guardan las palabras de este libro. Adora a Dios”.

Vean ustedes, Juan había tratado de adorar al Ángel en el capítulo 19, y el Ángel le dijo que no; y luego en el capítulo 22 trató nuevamente de adorarlo, y el Ángel le dijo que no también; porque este es un profeta mensajero, el profeta mensajero de la Dispensación del Reino que viene dando a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto.

¿Un profeta qué es lo que hace? Recibe la revelación de Dios y luego la da a conocer, un profeta viene profetizando las cosas que han de suceder. Y este profeta, llamado el Ángel de Jesús, viene profetizando las cosas que han de suceder pronto, viene dando a conocer todas estas cosas, y profetiza también, da a conocer, las que ya han sido cumplidas.

Y es por medio del ministerio de este Ángel del Señor Jesucristo, de este profeta de Jesucristo, que la Iglesia de Jesucristo obtendrá en el tiempo final, en el Día Postrero, o sea, en el séptimo milenio, el conocimiento de todas estas cosas que deben suceder en el séptimo milenio, de todas estas cosas que deben suceder en este tiempo final, en la etapa de la Edad de la Piedra Angular y de la Dispensación del Reino.

No hay otro instrumento para ser usado para dar a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, en este tiempo final, en la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino.

Jesús dice en el capítulo 22, verso 16: “Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias”.

El que busca otra forma o busca otra persona para que le dé a conocer estas cosas que deben suceder pronto, es un tonto; porque debe buscar al que Jesucristo dice que Él ha enviado: “Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias”.

Buscando a este Ángel y encontrándolo, la persona obtendrá el conocimiento de estas cosas que deben suceder pronto. Si no lo encuentra, pues la persona nunca encontrará ni entenderá todas estas cosas que deben suceder pronto; y vivirá en la Tierra la persona ignorando lo que está sucediendo conforme a la Palabra de Dios, estará ignorando lo que estará sucediendo conforme a las profecías bíblicas correspondientes a este tiempo final.

No estamos en un tiempo en que debemos ignorar estas cosas, sino obtener el conocimiento de estas cosas que deben suceder pronto, en este tiempo final; y para eso Jesucristo dice que nos ha enviado Su Ángel Mensajero.

¿Y vieron lo sencillo que es todo cuando obtenemos la revelación de parte de Jesucristo? ¿Vieron lo sencillo que es la Venida del Ángel Fuerte que desciende del Cielo? Es el mensajero a Israel, es el Ángel del Jehová, el Ángel del Pacto viniendo a este tiempo final como mensajero a Israel, pero viniendo a Su Iglesia gentil para llamar y juntar a Sus escogidos de entre los gentiles, y prepararlos para ser transformados y raptados e ir a la Cena de las Bodas del Cordero.

Y la Venida del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, ¿vieron lo sencillo que es? Es el Espíritu Santo el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, el cual es el Verbo, la Palabra, viniendo en carne humana, en un hombre de este tiempo final, que es el Ángel del Señor Jesucristo.

¿Vieron lo sencillo que es todo? Bien dijo el precursor de la Segunda Venida de Cristo que si no vigilábamos se nos pasaría por encima todo lo relacionado a la Venida del Señor, todo lo relacionado al Séptimo Sello, que es la Venida del Señor. Se nos pasaría por encima, por alto, el principio, desde el principio hasta el fin de la Venida del Señor, de Su Segunda Venida, de la Venida del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová como León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo; porque Él para el Día Postrero estará viniendo velado en carne humana en Su Ángel Mensajero.

Pero Su Ángel Mensajero no es el Señor Jesucristo; él solamente es el profeta mensajero de la Dispensación del Reino, en el cual viene manifestado el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, que es Jesucristo viniendo en Espíritu Santo manifestado en Su Ángel Mensajero.

¿Vieron lo sencillo que es este misterio del Séptimo Sello, el misterio de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles? Todo es sencillo desde el principio hasta el fin, desde que comienza a cumplirse el Séptimo Sello hasta que termine Su Obra el Séptimo Sello, todo es sencillo. Desde que comienza a cumplirse la Venida del Ángel Fuerte que desciende del Cielo hasta que concluye en Su Venida la labor para la cual viene.

Todo es sencillo. La Venida del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis, desde que comienza el cumplimiento de ella hasta que termina la Obra que Él hace en Su Venida en ese caballo blanco, que es la Palabra pura, viniendo en la Palabra pura. Ahora, vean ustedes, todo es sencillo desde el comienzo hasta su final.

Dios dijo por medio del mensajero de la séptima edad de la Iglesia gentil, el reverendo William Branham, que si no vigilamos nos pasará por alto Su Venida.

Página 472 del libro de Los Sellos en español, dice:

“164. Noten bien el Mensaje del tiempo del fin (este Sello)... Él nos ha revelado los seis Sellos, pero no dice nada del séptimo. El Sello del tiempo del fin, cuando empiece será algo completamente secreto, según la Biblia”.

¿Cuando comience el qué? El Sello del tiempo fin, o sea, el Séptimo Sello; y el Séptimo Sello es Su Venida. Es la Venida del Ángel Fuerte que desciende del Cielo y del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19.

“Pero antes de conocer eso... Recuerden Apocalipsis 10:1-7: que al fin del Mensaje del séptimo ángel TODOS los misterios de Dios serían conocidos. Estamos en el tiempo del fin —la apertura del Séptimo Sello.

165. El domingo pasado, hace una semana hoy, cuando estaba predicando sobre: ‘Sed humildes, sed humildes, recuerden que Dios obra en cosas pequeñas’, en verdad no me daba cuenta de lo que estaba hablando, pero ahora lo veo bien. Será de una manera tan humilde. Uno pensaría que una cosa tan tremenda sería revelada allá en el Vaticano, pero más bien viene como vino Juan el Bautista, viene como el nacimiento de nuestro Señor, ¡allá en un establo! ¡GLORIA A DIOS! ¡La hora está a la mano! ¡Aquí estamos! ¡Oh hermano!

166. ¿Lo pueden ver? ¡La verdad de la visión de Dios, los siete ángeles trayéndome del Occidente (venían del Occidente) hacia el Oriente, para este mensaje en esta noche! Ahora, la Voz de aquel trueno y la misión que fue traída, todo ha sido revelado y probado que era de Dios. Piénselo bien: Yo no conocía estos Sellos. Han sido revelados en esta semana. ¿Pensó alguien en los siete ángeles, y éste siendo el mensaje que habría de salir, y los ángeles trayéndome para eso? Recuerden, el séptimo Ángel fue el más notable para mí. Me parecía más importante que cualquiera de los demás. Yo vi que estaban parados así en forma de pirámide, y yo estaba parado acá así”.

Ahora, vean ustedes este misterio, el cual fue mostrado en el Cielo, pues las cosas que Dios ha de hacer en la Tierra las muestra en el Cielo.

La señal del Hijo del Hombre en el cielo es la señal de la Venida del Hijo del Hombre a la Tierra; y esa señal fue vista en febrero 28 de 1963 en el cielo, para Cristo estar cumpliendo en la Tierra Su Venida conforme a las profecías de Su Venida correspondientes a este tiempo final, y así dar principio al Séptimo Sello siendo cumplido en la Tierra, y llevar a cabo la Obra del Séptimo Sello, la Obra de Su Venida como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores, y también como Juez de toda la Tierra; llevar a cabo Su Obra desde principio a fin.

“EL PRINCIPIO Y FIN DEL SÉPTIMO SELLO”. Eso es el principio y fin de Su Segunda Venida, en donde Él estaría dándonos a conocer por medio de Su Ángel Mensajero todas estas cosas que deben suceder pronto en este tiempo final.

“EL PRINCIPIO Y EL FIN DEL SÉPTIMO SELLO”. Eso es el principio y fin de la Venida del Ángel Fuerte que desciende del Cielo, y Venida también del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, que es la misma persona, es el mismo Jesucristo, el mismo Ángel del Pacto viniendo velado en carne humana en este tiempo final.

Y eso será la Palabra encarnada en un hombre de este tiempo final, el cual es el Ángel del Señor Jesucristo enviado para dar testimonio de estas cosas en las Iglesias; y también es el profeta mensajero de la Dispensación del Reino y profeta mensajero de la Edad de la Piedra Angular, y profeta mensajero para el pueblo hebreo, en donde estarán manifestados los ministerios de Moisés por segunda vez, de Elías por quinta vez y de Jesús por segunda vez, en la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles.

Ha sido para mí un privilegio muy grande estar con ustedes dándoles testimonio del principio y fin del Séptimo Sello.

Que las bendiciones de Jesucristo, el Ángel del Pacto, sean sobre cada uno de ustedes y sobre mí también, y pronto se complete el número de los escogidos de Dios, y seamos todos transformados y llevados a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo; y los muertos en Cristo sean resucitados y vayan con nosotros también a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo, en la Casa de nuestro Padre celestial. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Que Dios les continúe bendiciendo a todos, que Dios les guarde, y continúen pasando una noche llena de las bendiciones de nuestro amado Señor Jesucristo. Buenas noches.

EL PRINCIPIO Y FIN DEL SÉPTIMO SELLO”.

[Revisión junio 2018]

1 San Mateo 28:1-10; San Marcos 16:1-18; San Lucas 24:1-49; San Juan 20:1-18, 19-31, 21:1-25; Hechos 1:1-3

2 San Lucas 24:45-49; San Marcos 16:16-18; Hechos 1:4-5, 7-8

3 Hechos 2:1-13, 14-42

4 Habacuc 2:14

5 San Mateo 24:37-39, San Lucas 17:26-27

6 Deuteronomio 18:15-18

7 Romanos 14:1-23

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