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Muy buenas noches, amados hermanos y amigos presentes. Es para mí una bendición grande y privilegio estar con ustedes en esta ocasión, para compartir unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final.

Para lo cual quiero leer en Apocalipsis, capítulo 10, verso 1 en adelante, donde dice:

“Vi descender del cielo a otro ángel fuerte, envuelto en una nube, con el arco iris sobre su cabeza; y su rostro era como el sol, y sus pies como columnas de fuego.

Tenía en su mano un librito abierto; y puso su pie derecho sobre el mar, y el izquierdo sobre la tierra;

y clamó a gran voz, como ruge un león; y cuando hubo clamado, siete truenos emitieron sus voces.

Cuando los siete truenos hubieron emitido sus voces, yo iba a escribir; pero oí una voz del cielo que me decía: Sella las cosas que los siete truenos han dicho, y no las escribas.

Y el ángel que vi en pie sobre el mar y sobre la tierra, levantó su mano al cielo,

y juró por el que vive por los siglos de los siglos, que creó el cielo y las cosas que están en él, y la tierra y las cosas que están en ella, y el mar y las cosas que están en él, que el tiempo no sería más”.

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla. En el Nombre Eterno de Jesucristo nuestro Señor. Amén y amén.

Para esta ocasión nuestro tema es: “EL SÉPTIMO SELLO Y EL FIN DE TODAS LAS COSAS”.

En Apocalipsis, capítulo 8, verso 1, nos habla del Séptimo Sello siendo abierto, y dice:

“Cuando abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el cielo como por media hora.

Y vi a los siete ángeles que estaban en pie ante Dios; y se les dieron siete trompetas.

Otro ángel vino entonces y se paró ante el altar, con un incensario de oro; y se le dio mucho incienso para añadirlo a las oraciones de todos los santos, sobre el altar de oro que estaba delante del trono.

Y de la mano del ángel subió a la presencia de Dios el humo del incienso con las oraciones de los santos.

Y el ángel tomó el incensario, y lo llenó del fuego del altar, y lo arrojó a la tierra; y hubo truenos, y voces, y relámpagos, y un terremoto”.

Aquí podemos ver la apertura del Séptimo Sello en el Cielo, el cual causó silencio en el Cielo cuando fue abierto, allá en el Cielo. Y este Séptimo Sello corresponde al Libro de la Redención que aparece en Apocalipsis, capítulo 5, verso 1 en adelante, en la diestra del que está sentado en el Trono (o sea, de Dios), el cual luego es tomado por Cristo, el Cordero de Dios, el cual también es el León de la tribu de Judá; lo toma en el Cielo y luego lo abre en el Cielo, abre cada Sello contenido en ese Libro sellado con Siete Sellos.

Dice Apocalipsis, capítulo 5, verso 1 en adelante:

“Y vi en la mano derecha del que estaba sentado en el trono un libro escrito por dentro y por fuera, sellado con siete sellos.

Y vi a un ángel fuerte que pregonaba a gran voz: ¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos?

Y ninguno, ni en el cielo ni en la tierra ni debajo de la tierra, podía abrir el libro, ni aun mirarlo.

Y lloraba yo mucho, porque no se había hallado a ninguno digno de abrir el libro, ni de leerlo, ni de mirarlo.

Y uno de los ancianos me dijo: No llores. He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos.

Y miré, y vi que en medio del trono y de los cuatro seres vivientes, y en medio de los ancianos, estaba en pie un Cordero como inmolado, que tenía siete cuernos, y siete ojos, los cuales son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra.

Y vino, y tomó el libro de la mano derecha del que estaba sentado en el trono”.

Aquí podemos ver este gran evento en el Cielo, el cual sucede en esta visión apocalíptica que tuvo el apóstol San Juan de todas estas cosas que sucederían tanto en la Tierra como en el Cielo; y Juan tuvo con estos símbolos la visión de cosas que sucederían más adelante.

Ahora, este Libro sellado con Siete Sellos es el Libro de la Vida del Cordero, es el Libro de la Redención, es el Título de Propiedad de toda la Creación, de los Cielos y de la Tierra; y ese es el Libro donde están los nombres de todos los escogidos, escritos desde antes de la fundación del mundo. Por eso es que solamente es digno de tomar ese Libro y abrir esos Sellos nuestro Redentor.

Por eso no aparecía ninguno digno de tomar ese Libro y abrir esos Sellos, porque Cristo estaba haciendo intercesión en el Lugar Santísimo del Trono que está en el Cielo, estaba haciendo intercesión como Cordero de Dios; y siendo Cristo el Sumo Sacerdote, con Su propia Sangre estaba haciendo intercesión por los últimos escogidos de Dios que serían llamados y juntados y colocados en el Cuerpo Místico del Señor Jesucristo.

Y para el tiempo final, cuando se hace el llamado en el Cielo de que se presente una persona digna de tomar ese Libro y abrir esos Sellos... y tiene que ser un hombre, tiene que ser una persona que haya vivido en este planeta Tierra; no pueden ser ángeles, sino tiene que ser un hombre digno, un hombre que haya venido a este planeta Tierra sin pecado; y Adán, el cual había venido a la Tierra sin pecado, luego pecó.

Y ahora, no aparece Cristo en ese momento en el Cielo, no aparece allí para tomar ese Libro; y Juan lloraba mucho, porque si ese Libro no era tomado y abierto allí en el Cielo, toda la Creación estaba perdida, todo volvería a lo que era antes de Dios llevar a cabo la Creación, todo volvería a la nada y solamente permanecería Dios.

Es como cuando Cristo dijo1: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, él solo queda; pero si cae en tierra y muere, mucho fruto lleva”. O sea, muchos hijos e hijas de Dios a imagen y semejanza del Señor Jesucristo, que es el grano de trigo que fue sembrado en tierra.

Y ahora, si no aparece ninguno digno en el Cielo para tomar ese Libro y abrir esos Sellos, solamente permanecerá existiendo Dios, todas las demás cosas desaparecerán y todo volverá a como era antes de la Creación; y en el propósito divino no está que la Creación desaparezca, en el propósito divino está que la Creación continúe existiendo. Por lo tanto, tiene que aparecer una persona digna de tomar ese Libro y abrir esos Sellos.

Estos Sellos se han estado cumpliendo de etapa en etapa; y ahora para el tiempo final, en donde el Cordero tiene que tomar ese Libro y abrir esos Sellos, los últimos escogidos de Dios están siendo llamados y juntados cuando sale el llamado para que se presente una persona digna de tomar ese Libro y abrir esos Sellos. En palabras más claras, el Cordero tiene que esperar hasta que entre hasta el último de los escogidos de Dios, los cuales tienen sus nombres escritos en el Libro de la Vida del Cordero; no puede tomar ese Libro y abrir esos Sellos hasta que entre hasta el último de los escogidos de Dios.

¿Y cuándo y dónde entra el último de los escogidos de Dios? ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿En qué edad? ¿En qué etapa? En la Edad de la Piedra Angular; y es la edad que se está cumpliendo en la América Latina y el Caribe.

Por eso es que Jesucristo en Espíritu Santo, en Su manifestación final con los ministerios de Sus Ángeles, los ministerios de Moisés y Elías, con el Mensaje de la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino, para el Día Postrero estaría llamando y juntando a Sus escogidos y esperando hasta que entre hasta el último de los escogidos. ¿Para qué? Para luego salir del Trono de Intercesión y reclamar el Libro, tomar el Libro y abrir sus Sellos allá en el Cielo, y hacer el reclamo de todo lo que Él ha redimido con Su Sangre preciosa.

Cuando Cristo tome ese Libro en el Cielo y lo abra, ya todos los escogidos de Dios escritos en el Libro de la Vida del Cordero han entrado, y se ha llegado al final del tiempo de los gentiles, la plenitud de los gentiles; o sea, la plenitud de la Iglesia gentil ha entrado, hasta el último de los escogidos del Cuerpo Místico de Cristo ha entrado al Cuerpo Místico de Cristo, o sea, a la Iglesia del Señor Jesucristo. Y los últimos que entran, entran a la parte de la Edad de la Piedra Angular, entran a la parte del Lugar Santísimo de Su Templo espiritual.

¿Qué significa esto para nosotros? Que aunque puede ya haber surgido el llamado en el Cielo o puede estar desde hace tiempo el llamado en el Cielo, de que se presente una persona digna para tomar ese Libro y abrir esos Sellos, Cristo no se puede presentar y tomar ese Libro hasta que entre hasta el último de los escogidos de Dios.

Y está esperando entonces ¿por quién? Está esperando por los escogidos de la Edad de la Piedra Angular, que sean completados; está esperando por los latinoamericanos y caribeños, caribeños escogidos, que escuchen la Voz de Cristo y entren los que faltan por entrar al Cuerpo Místico de Cristo, a la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino, y Lugar Santísimo del Templo espiritual de Cristo.

O sea que todo el Programa Divino, todo el plan de Dios para el Día Postrero allá en el Cielo, está esperando por los latinoamericanos y caribeños. Hasta que entre hasta el último de los escogidos de Dios del Cuerpo Místico de Cristo en la Edad de la Piedra Angular, en donde se completa el Cuerpo Místico de Jesucristo.

Por eso nuestra labor llevando el Mensaje por todos los lugares es tan importante en el Programa Divino; porque no nos podemos ir de aquí, hasta que entre hasta el último de los escogidos de Dios; ni siquiera Cristo puede salir del Trono de Intercesión en el Cielo hasta que entre hasta el último de los escogidos de Dios al Cuerpo Místico de Cristo y a la edad correspondiente a este Día Postrero.

Y con lo único que son llamados y juntados los escogidos de Dios del Día Postrero, es con el Mensaje de la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino. Y llevando el Mensaje del Evangelio del Reino, que gira alrededor de la Segunda Venida de Cristo, de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles en Su manifestación final, es que son llamados y juntados los escogidos de Dios.

Y cuando les llega el Mensaje, las escrituras les son abiertas por medio del mismo Mensaje que el Espíritu de Cristo ha traído y ha abierto; y así les abre el corazón y el entendimiento a las personas, y entonces pueden ver.

Ese es un milagro espiritual, de abrir los ojos espirituales a los que tienen sus nombres escritos en el Libro de la Vida de Cordero; y entonces ¿qué es lo que dicen? “¡Esto era lo que yo estaba esperando! Yo sabía que de parte de Dios había algo para este tiempo final”. Y entonces comienzan a escuchar el Mensaje, donde están todas las escrituras siendo abiertas, y comienzan a entender todas esas escrituras.

¿Cuál es el Día Postrero? El séptimo milenio. ¿Cuáles son los días postreros? Quinto, sexto y séptimo milenio. ¿Cuántos de ustedes sabían eso muchos años atrás antes de escuchar el Mensaje? Ninguno lo sabía; pero por medio del Mensaje que contiene las escrituras abiertas para los escogidos de Dios podemos entender lo que son los días postreros, lo que es el Día Postrero también; y podemos comprender que si le añadimos al calendario los años de atraso que tiene ya estamos en el séptimo milenio, o sea, en el Día del Señor, en el Día Postrero; para el cual Cristo ha prometido la resurrección de los muertos en Cristo, creyentes en Cristo que han partido, y la transformación de nosotros los que vivimos.

Es para el Día Postrero que Cristo termina Su Obra de Intercesión en el Cielo con el llamado y recogimiento de Sus últimos escogidos en la Edad de la Piedra Angular, que es el Lugar Santísimo de Su Templo espiritual, el cual es construido con seres humanos, con piedras vivas, como han sido construidas las demás etapas de la Iglesia de Cristo, con piedras vivas, con seres humanos, de edad en edad.

Y ahora, para este tiempo final está Cristo colocando piedras vivas, seres humanos elegidos, escogidos de Dios desde antes de la fundación del mundo, los está colocando ¿dónde? En Su Templo espiritual, en Su Iglesia, en la parte más importante: la Edad de la Piedra Angular, donde también coloca los Dos Olivos y los Dos Candeleros, como el rey Salomón colocó los dos olivos de madera de olivo y los dos querubines de oro que estaban sobre el propiciatorio.

Y ahí es donde la gloria de Jesucristo en la Venida del Hijo del Hombre en gloria, en la gloria de Su Padre, es manifestada en toda Su plenitud; es en el Lugar Santísimo de Su Templo espiritual. Así como en el tabernáculo que construyó Moisés y el templo que construyó Salomón se manifestó la gloria de Dios, ¿dónde?, en el lugar santísimo, y estaba sobre el propiciatorio; y a cada lado estaba un querubín de oro a un lado y un querubín de oro al otro lado, sobre el propiciatorio, y en medio de los dos querubines de oro estaba Dios en la Luz de la Shekinah, en esa Luz de la Columna de Fuego; y en el templo de Salomón también estaban los dos querubines de madera de olivo, uno a cada lado, con sus alas extendidas.

Y ahora, vean ustedes cómo están ahí los Dos Olivos.

¿Y cómo es posible que los Dos Olivos estén en la Iglesia del Señor Jesucristo?, pues ¿no los vio el profeta Zacarías en la Iglesia del Señor Jesucristo? ¿No vio un candelabro o candelero de oro con siete lámparas y a cada lado del candelero o candelabro un olivo? Uno a un lado y otro al otro lado2. Y del aceite de esos dos olivos y de esas dos ramas de olivo se alimentaba el candelabro; y el aceite es el Espíritu Santo.

De ese mismo aceite que tienen los Dos Olivos es el aceite que ha estado en la Iglesia del Señor Jesucristo, es el mismo Espíritu Santo. Por eso el Espíritu Santo estará manifestado en los Dos Olivos y tendrá Cristo en Espíritu Santo el ministerio del Día Postrero por medio de la manifestación de esos ministerios de los Dos Olivos, los cuales estarán manifestados en carne humana en un hombre de este tiempo final, el cual, conforme a las Escrituras, es el Ángel del Señor Jesucristo; por medio del cual Cristo estará hablándole a Su Iglesia con esa Gran Voz de Trompeta y estará dándole a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, conforme a Apocalipsis, capítulo 10 y verso 1 en adelante; y Apocalipsis, capítulo 1, verso 10 al 11; y Apocalipsis, capítulo 4, verso 1, donde nos dice con esa Voz de Trompeta: “Sube acá, y yo te mostraré las cosas que han de suceder después de estas”.

Y en Apocalipsis, capítulo 1, verso 10 al 11, en el Día del Señor, Juan fue transportado al Día del Señor, y oyó y escuchó allí una Gran Voz de Trompeta. Dice:

“Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta,

que decía: Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último”.

Vean ustedes, es la Voz nuestro amado Señor Jesucristo hablando en el Día Postrero con esa Gran Voz de Trompeta, que es la misma Gran Voz de Trompeta o Trompeta Final de la cual habla San Pablo para la resurrección (luego) de los santos en Cristo que han partido y la transformación de nosotros los que vivimos, para ser a imagen y semejanza de nuestro amado Señor Jesucristo.

Ahora, podemos ver que por medio de Su Ángel Mensajero, en Apocalipsis, capítulo 22, verso 6, es que son dadas a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto; porque ese es el Ungido de Cristo, ese es el Ungido del Espíritu Santo para el Día Postrero; y por eso es que, por medio de Su Ángel Mensajero, Jesucristo estará hablando con esa Gran Voz de Trompeta y estará dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto.

“Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto”.

¿A quién ha enviado? A Su Ángel Mensajero. ¿Para qué? Para mostrar a Sus siervos las cosas que han de suceder pronto, o sea, las cosas que han de suceder después de las que ya han sucedido en las siete etapas o edades de la Iglesia gentil. Por eso también Cristo en Apocalipsis 22, verso 16, dice:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias”.

Es el Ángel del Señor Jesucristo el enviado de nuestro amado Señor Jesucristo para dar testimonio de todas estas cosas que deben suceder. Cristo envía un mensajero para todas las iglesias y para todo ser humano que vive en este planeta Tierra; y todo esto está bajo el Séptimo Sello.

Bajo el misterio del Séptimo Sello, bajo el misterio de la Venida de Cristo en Espíritu Santo manifestado en Su Ángel Mensajero están estos ministerios de Moisés y Elías y de Jesús para este tiempo final.

Los ministerios de Moisés por segunda vez, de Jesús por segunda vez y de Elías por quinta vez están bajo el secreto contenido en el Séptimo Sello, para así ser manifestados en la Tierra en un hombre de este tiempo final, enviado por Jesucristo como Su Ángel Mensajero, para la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino.

Y siendo que Cristo estará manifestado en ese Ángel Mensajero, estará hablándonos con esa Gran Voz de Trompeta y estará revelándonos todas estas cosas que deben suceder pronto, y estará mostrándonos así el misterio de Su manifestación a través de Su Ángel Mensajero.

Esta manifestación de Cristo en Su Ángel Mensajero es la manifestación del Ángel que era muy diferente a los demás ángeles, que apareció aquí en esta constelación de ángeles, el cual está en esta parte. Si tornamos la foto hacia la derecha lo encontraremos acá con Sus alas extendidas formando el cabello blanco del Señor en esta foto; porque estos ángeles de las siete edades, más este que era diferente a los demás, forman el rostro del Señor en esta nube. Y vean lo que dice el precursor de la Segunda Venida de Cristo acerca de ese Ángel que era diferente a los demás. Dice, página 469 del libro de Los Sellos en español:

“153. ¿Y notaron que dije que uno de esos ángeles era muy raro? Me pareció muy distinto a los demás. Estaban en una constelación con tres a cada lado y uno arriba; y el que estaba a mi lado, contando desde la izquierda hacia la derecha, ese sería el séptimo Ángel. Él era más brillante y significaba más para mí que los demás. Les dije que tenía el pecho así robusto y estaba volando hacia el Oriente. Les dije también que: ‘Me levantó, me alzó’. ¿Se acuerdan?

154. Ahora, ¡aquí está! Era el que tenía el Séptimo Sello, lo cual he mantenido como una pregunta en mi mente toda mi vida. Los otros Sellos significaron mucho para mí, desde luego; pero ustedes no se imaginan lo que ha significado este séptimo”.

Recuerden que este Séptimo Sello que fue abierto en el Cielo y causó silencio en el Cielo como por media hora es la Venida de este Ángel que era diferente a los demás, es la Venida del Ángel Fuerte y es la Venida del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19; porque esa es la Venida de Cristo, es Jesucristo viniendo en Espíritu Santo manifestado en el Día Postrero conforme a Su promesa.

Ahora, vean lo que dice el precursor de la Segunda Venida de Cristo con relación al Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19. En la página 277 del libro de Los Sellos en español dice, orando dice:

“[240]. … pedimos que el Espíritu Santo venga ahora mismo, el Jinete del verdadero caballo blanco, mientras Su Espíritu, el Espíritu de Cristo, entre en confrontación con el anticristo, y Él llame los Suyos”.

Y ahora, vean ustedes que el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19 es el Espíritu Santo, o sea, Jesucristo en Espíritu Santo. Jesucristo en Espíritu Santo es llamado también el Varón vestido de lino, que aparece en el libro del profeta Ezequiel, en la página o en el capítulo 9; y también en el libro del profeta Daniel, en el capítulo 12; ese Varón que aparece sobre las aguas del río es Cristo, es Jesucristo en Su cuerpo teofánico, llamado ese cuerpo teofánico el Verbo, el cual es un cuerpo como el nuestro pero de otra dimensión; y estando en ese cuerpo, Juan el apóstol, en el capítulo 1 de San Juan, le llamó el Verbo de Dios:

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Por Él fueron hechas (o sea, creadas) todas las cosas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho”.

Ahora, vean que este Verbo que era con Dios y era Dios estaba en el principio con Dios, era en el principio con Dios y es el Creador de todas las cosas, porque es el mismo Dios en Su cuerpo teofánico de la sexta dimensión; y Dios en Su cuerpo teofánico de la sexta dimensión es un hombre de la sexta dimensión, el cual fue visto en diferentes ocasiones por diferentes hombres de Dios como Abraham, como Jacob también, como Josué, como Moisés y otros hombres de Dios; y lo llamaron el Ángel de Jehová o Ángel del Pacto o un Varón de Dios. Aparecía como un Varón cuando aparecía en forma visible mostrando ese cuerpo teofánico.

A Abraham le apareció en una ocasión como Melquisedec, le dio pan y vino a Abraham, y Abraham pagó los diezmos a Melquisedec.

Dice San Pablo3 que era sin padre, sin madre; sin principio de días y sin fin de tiempo o de días”.

¿Y quién podía ser ese? Pues el mismo Dios, el mismo Dios en Su cuerpo teofánico, el cual luego siendo el Verbo que era con Dios y era Dios, luego se hizo carne y habitó en medio del pueblo hebreo, y fue conocido por el nombre de Jesús; porque en aquel velo de carne llamado Jesús de Nazaret, aquel joven carpintero, estaba el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, estaba el Creador de los Cielos y de la Tierra. Dentro de aquel cuerpo de carne, allí estaba Dios con Su cuerpo teofánico metido; y ahora Dios tenía también una vestidura de esta dimensión, tenía una vestidura de carne y habitó en medio de la raza humana, allá en medio del pueblo hebreo, para llevar a cabo la Obra de Redención en la Cruz del Calvario.

El día antes, también, de la destrucción de Sodoma y de Gomorra, Dios apareció en forma visible a Abraham y apareció con Sus dos Arcángeles Gabriel y Miguel, y comieron con Abraham; y después, ya en la tarde, Gabriel y Miguel fueron a Sodoma y Gomorra, pero Dios no había... continuó con Abraham hablando; ya no estaba Sara sino que ya estaban en el monte, en cierto lugar, y ya se estaba apartando Elohim para ir a Sodoma y Gomorra, pero Abraham todavía continuaba hablando con Elohim.

Ahora vean, aquel Elohim que le apareció a Abraham es el mismo Dios en Su cuerpo teofánico, el cual se hizo visible y se materializó allí y comió con Abraham.

Luego, encontramos que fue prometido en Malaquías, capítulo 3, para venir; y antes de Él venir, dice que enviaría Su mensajero delante de Él, dice Malaquías, capítulo 3, verso 1:

“He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí...”.

Ese fue Juan el Bautista, el que vino preparándole el camino ¿a quién? Al Mesías, vino preparándole el camino al Ángel del Pacto, al Ángel de Jehová. Y ahora miren, dice:

“... y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis (¿Quién vendría? El Señor, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, y el Ángel del Pacto), y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos”.

¿Quién vendría? Vendría el Ángel del Pacto, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, que le apareció a Moisés y le habló de que había descendido para libertar al pueblo hebreo, y le dijo que Él era el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.

Ese mismo Dios vendría en carne humana, pero antes enviaría Su precursor, el cual fue Juan el Bautista, el cual vino con el espíritu y virtud de Elías preparándole el camino; y luego vino el Mesías.

Y Juan dijo4: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”. “Este es del cual yo dije que después de mí vendría un varón; del cual yo no soy digno de desatar la correa de su calzado”.

Cuando Juan el Bautista anunció la Venida del Mesías, anunció que sería un hombre, un varón, un profeta que vendría después de Él, el cual sería el ungido con el Espíritu de Dios, sería el ungido con el Ángel del Pacto; o sea, que en ese hombre vendría el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová velado en carne humana; sería el Verbo, el Ángel del Pacto viniendo vestido de carne humana, sería la Palabra encarnada en un hombre, o sea, sería el Ángel del Pacto encarnado en un hombre de aquel tiempo en donde apareció Juan el Bautista y en donde nació también Jesús de Nazaret.

En ese joven carpintero sencillo de Nazaret estaba el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob; y todo era tan sencillo: la parte visible, la parte humana, era tan sencilla que no podían creer que ese era el Rey de Israel, que ese era el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob manifestado en carne humana en medio de Su pueblo Israel.

Y vean ustedes, el pueblo hebreo fue cegado por el velo de carne y tropezaron con Él, pero Cristo decía5: “Bienaventurado el que no halle tropiezo en mí”. Porque con Él era que estaban tropezando.

Él siendo la Piedra Angular es también la Piedra de tropiezo, pues siempre tropiezan en la Palabra; y la Palabra hecha carne allí estaba siendo una piedra de tropiezo para aquellos que estaban tropezando por causa de la simplicidad de aquella Piedra Angular que estaba allí manifestada en el cumplimiento de la Primera Venida de Cristo, la Primera Venida del Ángel del Pacto, la Primera Venida de Dios manifestado en carne humana en toda Su plenitud.

Y miren, cuando hablaban en contra de Jesús, Jesús les decía: “Si ustedes fueran hijos de Abraham, ustedes me amarían”. Ellos reclamaban que eran hijos de Abraham y que eran hijos de Dios y que creían a Moisés, y Jesús les decía: “Si ustedes creyeran a Moisés, ustedes creerían en mí, porque de mí habló Moisés. Y si ustedes fueran hijos de Dios ustedes me amarían”6.

Y con esas palabras Cristo hablaba a aquellos que se levantaron en contra de Él y que no podían creer en Jesús y por consiguiente hablaban mal de Jesús, y decían que ese no era el Mesías; pero ese sí era el Mesías, ese era nada menos que el Verbo, la Palabra encarnada en un hombre de en medio del pueblo hebreo, el cual vino por creación divina, lo cual fue un misterio y lo cual también fue de tropezadero para muchas personas.

Ahora, en una ocasión Jesús les dice7: “Abraham deseó ver mi día; lo vio, y se gozó”. Le dicen: “No tienes cincuenta años, ¿y dices que has visto a Abraham?”. O sea, le están diciendo que es un mentiroso porque no tiene cincuenta años, y Abraham existió hacía ya cientos o miles de años y Jesús no tenía físicamente cincuenta años todavía, Su cuerpo físico, de haber nacido en Belén de Judea, y decía que había visto a Abraham; pero Cristo dijo: “Antes que Abraham fuera, yo soy”. Porque Él era nada menos que el Yo Soy que le apareció a Moisés, el cual le dijo: “Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob”.

Él es el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, que se creó un cuerpo de carne en el vientre de María, creando una célula de vida la cual se multiplicó célula sobre célula y formó el cuerpo de Jesús; una obra de creación divina. Vino sin pecado y por eso pudo redimir a todos los hijos de Dios, derramando Su Sangre, la Sangre de Dios, sobre la Cruz del Calvario.

Y ahora vean cómo nuestro amado Señor Jesucristo es el mismo Ángel de Jehová o Ángel del Pacto que le apareció a Abraham y a otros profetas, y hasta comió con Abraham y Abraham habló con Él, con Elohim; y Dios llamó a Abraham amigo Suyo, le llamó “amigo”8. O sea que Abraham es amigo de Dios, dice la Escritura; por eso es que Dios le revelaba a Abraham las cosas que iba a hacer.

Cristo dice que... le dijo a Sus discípulos9: “No os llamaré siervos, sino amigo o amigos (¿por qué?), porque el siervo no sabe lo que hace su señor, pero el amigo sí sabe, porque su señor se lo cuenta a su amigo; y yo os he contado a ustedes las cosas, todas las cosas, o sea, las cosas que el Padre me ha dado a mí”.

Por eso también Jesús decía: “Padre, santifícalos en la verdad; Tu Palabra es la verdad”. También decía: “Yo les he dado Tu Palabra, y ellos las recibieron”10.

Ahora vean la relación entre Cristo y Sus discípulos, una relación de amigos, y también son hijos e hijas de Dios, pero todavía no había nacido de nuevo, por lo tanto no estaban manifestados como hijos de Dios hasta el Día de Pentecostés, los que nacieron el Día de Pentecostés de nuevo.

Y ahora, podemos ver el por qué Cristo dijo que Él era antes de Abraham y que vio... y que Abraham deseó ver su día, lo vio y se gozó. Podemos ver que es Jesucristo en Su cuerpo teofánico antes de venir en Su cuerpo físico, en Su cuerpo de carne, el cual nació en Belén de Judea; antes de tener ese cuerpo de carne, Cristo estaba en Su cuerpo teofánico; porque ese es el orden para venir a la Tierra con vida eterna: hay que venir primero al cuerpo teofánico, hay que tener primero el cuerpo teofánico para después tener el cuerpo físico y eterno.

Por eso es que Cristo habló del nuevo nacimiento para tener vida eterna y para entrar al Reino de Dios11. Por medio de creer en Cristo como nuestro Salvador, lavar nuestros pecados en la Sangre de Cristo y recibir Su Espíritu Santo obtenemos ese nuevo nacimiento; y así nacemos en la sexta dimensión, o sea, nuestro cuerpo de la sexta dimensión, nuestro cuerpo teofánico, así es como nace, como surge; y entonces tenemos un cuerpo teofánico como el cuerpo teofánico de Jesucristo; y así obtenemos la imagen de Jesucristo, que es Su cuerpo teofánico, para luego obtener la semejanza física de Jesucristo, tener un cuerpo físico semejante al de nuestro amado Señor Jesucristo, un cuerpo eterno y glorificado, el cual recibiremos en el Día Postrero, o sea, en el séptimo milenio, cuando los muertos en Cristo resuciten y nosotros los que vivimos seamos transformados.

Y esto es para el tiempo en que la Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino esté sonando y esté dando Su Mensaje del Evangelio del Reino, y esté revelándonos el misterio de Su Venida, de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles, de la Venida del Ángel que era muy diferente a los demás.

Hemos visto que este Ángel es Jesucristo en Su cuerpo teofánico apareciendo acá en esta nube, para en el Día Postrero ser manifestado en carne humana conforme a la promesa divina.

Nos dice el precursor de la Segunda Venida de Cristo, hablando del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, que es la Venida de Cristo, nos dice en la página 256 del libro de Los Sellos:

“121. Pero cuando nuestro Señor aparezca sobre la Tierra, Él vendrá sobre un caballo blanco como la nieve, y será completamente Emmanuel —la Palabra de Dios encarnada en un hombre”.

¿Vieron lo sencillo que es la Venida del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19? ¿Vieron lo sencillo que es la Venida de este Ángel que es diferente a los demás, que tiene el Séptimo Sello? ¿Vieron lo sencillo que es la Venida del Ángel Fuerte que desciende el Cielo envuelto en una nube? Es Cristo viniendo con Su cuerpo teofánico para ser manifestado en carne humana en el Día Postrero; y Su manifestación y Su revelación es por medio de Su Ángel Mensajero.

Por eso las cosas que Cristo prometió darle a conocer a Su Iglesia, cuando dijo: “Sube acá, y yo te mostraré las cosas que han de suceder después de estas”, las da a conocer por medio de Su Ángel Mensajero cuando dice:

“Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto”.

Apocalipsis 22, verso 6.

Y Apocalipsis 22, verso 16, dice:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias”.

¿De qué cosas? De estas cosas que deben suceder pronto.

Y ahora, en el libro de Los Sellos en español, página 464 y 465 dice el precursor de la Segunda Venida de Cristo de la siguiente manera:

“[138]. Debemos recordar que este Séptimo Sello es el fin del tiempo de todas las cosas. Correcto. Las cosas escritas en el Libro de la Redención, sellado desde antes de la fundación del mundo con siete sellos, todo termina. Es el fin de este mundo agitado, el fin de la naturaleza agitada y es el fin de todo. En eso también encontramos el fin de las Trompetas, de las Copas, de la Tierra; y aun es el fin del tiempo. El tiempo termina, así nos lo dice la Biblia en Apocalipsis capítulo 10, versos 1 al 7, donde el Ángel dijo: ‘El tiempo no será más’. Y eso será en el día cuando este gran evento suceda. Allí todo termina.

139. Al final de este Séptimo Sello es el fin de la edad de la Iglesia…”.

Ahora, vean ustedes lo que dice aquí: Al final de este Séptimo Sello…”. Si tiene un final, entonces tiene un comienzo; su comienzo es el comienzo de su cumplimiento, y su final es cuando concluye Su Obra de Su Venida. Ahora dice:

“139. Al final de este Séptimo Sello es el fin de la edad de la Iglesia; es el fin del Séptimo Sello, es el fin de las Trompetas, es el fin de las Copas y aun es el fin de la entrada al Milenio. Todo eso es contenido en el Séptimo Sello”.

¡Qué muchas cosas están contenidas en el Séptimo Sello! Y miren, las Trompetas, la Séptima Trompeta, vean ustedes, aparece en Apocalipsis, capítulo 11, verso 15 en adelante, que es el capítulo de los Dos Ungidos.

Y ahora, vean cómo está contenido todo en ese Séptimo Sello. Y el Séptimo Sello es el Ángel que era muy diferente a los demás viniendo en el Día Postrero manifestado en carne humana y llevando a cabo Su Obra correspondiente al Día Postrero.

Y nos dice el precursor de la Segunda Venida de Cristo en la página 472 del libro de Los Sellos en español:

[164]. Noten bien el Mensaje del tiempo del fin (este Sello)... Él nos ha revelado los seis Sellos, pero no dice nada del séptimo. El Sello del tiempo del fin, cuando empiece será algo completamente secreto, según la Biblia”.

O sea, cuando comience ¿será qué? Secreto, según la Biblia. O sea que vendrán a darse cuenta de lo que es el Séptimo Sello después que ya lleve un tiempo y sea luego dado a conocer por el mismo Séptimo Sello, por el mismo Ángel que era diferente a los demás.

Él mismo es el que revela por medio de Su manifestación en carne humana en Su Ángel Mensajero, revela Su Venida en carne humana; pero el Ángel de Jesucristo no es el Señor Jesucristo, él solamente es el instrumento de Cristo, el instrumento de ese Ángel que era muy diferente a los demás.

El Ángel de Jesucristo solamente es el instrumento del Ángel que tiene el Séptimo Sello. Y con la manifestación del Ángel que era diferente a los demás, que es el que tiene el Séptimo Sello, con la manifestación de ese Ángel en carne humana en Su Ángel Mensajero tendremos el Séptimo Sello abierto en cuanto a su cumplimiento en medio de la raza humana.

Y para los escogidos de Dios es dado a conocer este misterio; por lo tanto es abierto también a los escogidos de Dios ese misterio del Séptimo Sello, por la Voz de Cristo, la Voz del Ángel del Pacto que desciende del Cielo en Apocalipsis 10 y que clama como cuando un león ruge y siete truenos emiten sus voces.

Vean ustedes que las voces de los Siete Truenos hablaron ¿dónde? En la Tierra; hablan en la Tierra y revelan el misterio del Séptimo Sello, revelan el misterio del Ángel que era diferente a los demás.

Ese es el Ángel que para este tiempo final estará manifestado por medio de carne humana en Su Ángel Mensajero; y por medio de él estará dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, por medio de él estará clamando como cuando ruge un león, por medio de él estará rugiendo y los Siete Truenos emitiendo sus voces, por medio de él estará sonando la Gran Voz de Trompeta, la Trompeta el Evangelio del Reino, y estará llamando y juntando a los escogidos, Sus escogidos, y estarán siendo recogidos en la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino, en el Cuerpo Místico de Jesucristo.

Y cuando toda Su Obra sea finalizada, se ha llegado al final del Séptimo Sello, y por consiguiente al final de la construcción del Templo espiritual de Cristo; porque se completa el Templo espiritual de Cristo, se completa toda la Obra del Séptimo Sello, y entonces Cristo sale del Trono de Intercesión en el Cielo y hace Su reclamo, y los muertos en Cristo resucitarán en cuerpos eternos y nosotros los que vivimos seremos transformados.

“[164]. El Sello del tiempo del fin, cuando empiece (o sea, cuando comience) será algo completamente secreto, según la Biblia. Pero antes de conocer eso... Recuerden Apocalipsis 10:1-7: que al fin del Mensaje del séptimo ángel TODOS los misterios de Dios serían conocidos. Estamos en el tiempo del fin —la apertura del Séptimo Sello.

165. El domingo pasado, hace una semana hoy, cuando estaba predicando sobre: ‘Sed humildes, sed humildes, recuerden que Dios obra en cosas pequeñas’, en verdad no me daba cuenta de lo que estaba hablando, pero ahora lo veo bien. Será de una manera tan humilde. Uno pensaría que una cosa tan tremenda sería revelada allá en el Vaticano, pero más bien viene como vino Juan el Bautista, viene como el nacimiento de nuestro Señor, ¡allá en un establo! ¡GLORIA A DIOS! ¡La hora está a la mano! ¡Aquí estamos! ¡Oh hermano!”.

“¡Aquí estamos, oh hermanos!”, dice el precursor de la Segunda Venida de Cristo.

Luego más abajo, en esta misma página 472 dice:

[166]. Recuerden, el séptimo Ángel fue el más notable para mí. Me parecía más importante que cualquiera de los demás. Yo vi que estaban parados así en forma de pirámide, y yo estaba parado acá así”.

Sigue diciendo, más abajo dice:

167. Yo estaba parado allí, y dejó de sonar la explosión, y yo estaba mirando así hacia el Occidente; y ellos llegaron y me arrebataron al aire, y entonces yo estaba fuera de mí (o sea, que salió de su cuerpo físico y fue en su cuerpo teofánico juntamente con estos ángeles, y fue colocado en esta constelación de ángeles). El Ángel que me parecía ser tan extraordinario estaba a mi izquierda donde yo entré a la constelación; pero contando de izquierda a derecha, Él hubiera sido el séptimo Ángel. Ahora, recuerden los siete (ángeles) mensajeros”.

Ahora, vean ustedes el misterio de ese Ángel que era muy diferente a los demás, es el Ángel que tiene el Séptimo Sello, es el Ángel que con Su manifestación aquí en la Tierra en carne humana le pondrá fin a todas las cosas; con la manifestación de ese Ángel en la Tierra, en el Día Postrero, al final de Su ministerio a través de carne humana, o sea, al final del Séptimo Sello, al final de la Obra que Él viene a hacer en medio de Su Iglesia gentil y con Su Iglesia gentil, al final de Su ministerio vendrá el fin también para todas las cosas.

“EL SÉPTIMO SELLO PONIENDO FIN A TODAS LAS COSAS”. Por eso dice que el tiempo no será más. Y el Séptimo Sello es ese Ángel que era muy diferente a los demás. El Séptimo Sello es el Señor, la Venida del Señor; y el misterio es que vendrá como el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, y eso es la Palabra encarnada en un hombre.

Ha sido para mí un privilegio muy grande estar con ustedes en esta noche, dándoles testimonio de: “EL SÉPTIMO SELLO PONIENDO FIN A TODAS LAS COSAS”.

Que las bendiciones de nuestro amado Señor Jesucristo, el Ángel que era diferente a los demás, el Ángel que tiene el Séptimo Sello, sean sobre cada uno de ustedes y sobre mí también; y pronto sean llamados y juntados todos los que faltan, que tienen sus nombres escritos en el Libro de la Vida del Cordero; y pronto se complete el número de los escogidos de Dios del Cuerpo Místico de Cristo, y sean resucitados los muertos en Cristo y nosotros los que vivimos seamos transformados; y luego vayamos a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Muchas gracias por vuestra amable atención, amados amigos y hermanos presentes; y será hasta mañana, Dios mediante, en que estaré nuevamente con ustedes en la actividad de la mañana y también en actividad de la tarde para los temas que ya están establecidos en la programación.

Que Dios les continúe bendiciendo a todos y pasen todos muy buenas noches.

Con nosotros nuevamente Miguel Bermúdez Marín, nuestro amigo y hermano y misionero de este tiempo final, de la Edad de la Piedra Angular.

Que Dios les bendiga y con nosotros Miguel. Que Dios te bendiga, Miguel.

“EL SÉPTIMO SELLO PONIÉNDOLE FIN A TODAS LAS COSAS”.

[Revisión agosto 2018]

1 San Juan 12:24

2 Zacarías 4:1-14

3 Hebreos 7:1-3

4 San Juan 1:29, 27

5 San Mateo 11:6

6 San Juan 8:39-47, 5:46-47

7 San Juan 8:52-59

8 Santiago 2:23

9 San Juan 15:15

10 San Juan 17:17, 8

11 San Juan 3:3-7

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