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Muy buenas noches, amables amigos y hermanos presentes y radioyentes. Que las bendiciones de Jesucristo, el Ángel del Pacto, sean sobre cada uno de ustedes y sobre mí también, y nos hable directamente a nuestra alma y nos permita entender Su Palabra. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Quiero leer en Isaías, capítulo 52, versos 6 en adelante, donde nos dice:

“Por tanto, mi pueblo sabrá mi nombre por esta causa en aquel día; porque yo mismo que hablo, he aquí estaré presente.

¡Cuán hermosos son sobre los montes los pies del que trae alegres nuevas, del que anuncia la paz, del que trae nuevas del bien, del que publica salvación, del que dice a Sion: ¡Tu Dios reina!”.

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra. Nuestro tema para esta noche es: EL SÉPTIMO SELLO Y EL MENSAJE DEL EVANGELIO DEL REINO”.

Nuestro tema, como les dije, es: “EL SÉPTIMO SELLO Y EL MENSAJE DEL EVANGELIO DEL REINO”.

Para poder comprender nuestro tema necesitamos comprender que el Evangelio significa ‘buenas nuevas’. Ahora, ¿buenas nuevas de qué? Buenas nuevas del Reino de Dios.

Las buenas nuevas del Reino de Dios, vean ustedes, para este tiempo final están contenidas en el Evangelio del Reino, así como las buenas nuevas para la Dispensación de la Gracia están contenidas en el Evangelio de la Gracia.

El Evangelio de la Gracia gira alrededor de la Primera Venida de Cristo como el Cordero de Dios en Su Obra de Redención llevada a cabo en la Cruz del Calvario; y por dos mil años se ha estado predicando el Evangelio de la Gracia, que, como les dije, gira alrededor de la Primera Venida de Cristo. Y para el tiempo final o Día Postrero, la Segunda Venida de Cristo —que es la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles— son las buenas nuevas para todos los creyentes en nuestro amado Señor Jesucristo; así como para el pueblo hebreo las buenas nuevas que predicaba Jesús y los apóstoles de Jesucristo eran las buenas nuevas o buenas noticias de la Primera Venida de Cristo, de la Venida del Hijo del Hombre en medio del pueblo hebreo como Cordero de Dios.

Encontramos que Jesucristo estuvo predicando el Evangelio por diferentes lugares; y en San Mateo, capítulo 4, versos 12 en adelante, dice:

“Cuando Jesús oyó que Juan estaba preso, volvió a Galilea;

y dejando a Nazaret, vino y habitó en Capernaum, ciudad marítima, en la región de Zabulón y de Neftalí,

para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo:

Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí,

Camino del mar, al otro lado del Jordán,

Galilea de los gentiles;

El pueblo asentado en tinieblas vio gran luz;

Y a los asentados en región de sombra de muerte,

Luz les resplandeció.

Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado”.

Aquí tenemos a Jesús predicando el Evangelio y dando a conocer las buenas nuevas del Reino de los Cielos; y en Capernaum y en Zabulón, en Neftalí, en esos territorios, vean ustedes, el pueblo asentado en tinieblas vio gran luz. ¿Y cuál fue la luz que vio? Vio la luz de la Primera Venida de Cristo.

Cristo dijo1: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, mas tendrá la luz de la vida”; o sea, la Luz de la vida eterna para vivir eternamente.

Y ahora, la Luz estaba manifestada en carne humana, como había sido prometido en San Juan, capítulo 1 y versos 1 en adelante, donde dice:

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.

Este era en el principio con Dios.

Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.

En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres (ahí tenemos la Luz de los hombres, que es el Verbo).

La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella.

Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan (Juan el Bautista).

Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él.

No era él la luz (o sea, que Juan el Bautista no era la Luz que iba a venir), sino para que diese testimonio de la luz”.

O sea, para que anunciara al pueblo hebreo que después de él vendría otra persona, y ese sería la Luz del mundo. Dice:

“Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo”.

¿Y cómo venía a este mundo esa Luz verdadera que alumbra a todo hombre? Vean ustedes, dice:

“En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció.

A lo suyo vino (o sea, al pueblo hebreo), y los suyos no le recibieron.

Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;

los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios”.

Esto es por medio del nuevo nacimiento al creer en Cristo como nuestro Salvador, lavar nuestros pecados en la Sangre de Cristo y recibir Su Espíritu Santo; y así es como se opera el nuevo nacimiento en cada persona; porque “el que no nazca de nuevo (dice Cristo) no puede ver el Reino de Dios (dijo a Nicodemo)”. Dice capítulo 3 de San Juan, verso 3 en adelante:

“Respondió Jesús y le dijo (a Nicodemo): De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.

Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?

Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.

Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.

No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo”.

Y no se maravillen ustedes tampoco de estas palabras de Jesús, de que es necesario nacer de nuevo: es necesario nacer de nuevo para entrar al Reino de Dios, para nacer en el Cuerpo Místico de Cristo.

Ahora, dice la Escritura que esa Luz verdadera que alumbra a todo hombre venía a este mundo. ¿Y cómo venía a este mundo esta Luz verdadera que alumbra a todo hombre, el cual es llamado el Verbo de Dios, el cual era en el principio con Dios y el cual era Dios? Dice el verso 14, de San Juan, capítulo 1:

“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad”.

Ahora, vean ustedes cómo vino la Luz que alumbra a todo hombre: vino en carne humana y fue conocido como el Señor Jesucristo; vino el Verbo que era con Dios y era Dios, vino en carne humana en aquel joven carpintero de Nazaret llamado Jesús. Era nada menos que el Verbo, el Dios Todopoderoso, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Ángel del Pacto vestido de carne humana; vino en la forma de un hombre, en la forma de un profeta, y vivió en medio del pueblo hebreo.

Y por eso el profeta Isaías en el capítulo 7, verso 14, había profetizado acerca de la venida de este hombre, que era nada menos que el mismo Dios vestido con ropa terrenal, o sea, con un cuerpo terrenal; el profeta Isaías profetizó diciendo en el capítulo 7, verso 14:

“Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel”.

Emanuel significa: Dios con nosotros; y ese niño que nacería de la virgen sería Emanuel, o sea, Dios con nosotros los seres humanos, visitando la raza humana en un velo de carne, en un cuerpo de carne llamado Jesús. Eso fue nada menos que Dios manifestado en carne humana.

Bien dice el apóstol San Pablo en Primera de Timoteo, capítulo 3, verso 16:

“Y sin contradicción, grande es el misterio de la piedad: Dios ha sido manifestado en carne…”.

Dios fue manifestado en carne en la persona de Jesús de Nazaret. Por eso Jesús podía decir que el Padre estaba en Él y Él estaba en el Padre; y podía decir que el que hacía las obras era el Padre que estaba en Él, y que las palabras que Él hablaba no las hablaba de Sí mismo, sino que el Padre que estaba en Él le decía lo que Él tenía que hablar; o sea, que el Padre colocaba en la boca de Jesús Su Palabra y Él la hablaba.

Y ahora, podemos ver esta gran manifestación de Dios en un hombre sencillo de la tierra de Israel, nacido en Belén de Judea. Y esa manifestación de Dios, del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová, del Verbo en carne humana, en ese sencillo joven carpintero de Nazaret: Jesús, fue el cumplimiento de la Primera Venida de Cristo, de la Venida del Mesías en medio del pueblo hebreo como Cordero de Dios para quitar el pecado del mundo.

Pero no lo comprendieron: “A lo suyo vino, y los suyos (el pueblo hebreo) no le recibieron”.

Y eso ocasionó que luego de Su muerte en la Cruz del Calvario, resurrección y ascensión al Cielo, Él enviara Su Espíritu Santo sobre ciento veinte personas en el aposento alto; y ahí comenzó la Iglesia del Señor Jesucristo, con los primeros ciento veinte creyentes en Cristo nacidos de nuevo; así nació la Iglesia del Señor Jesucristo.

Y luego, ese mismo día añadió Dios a Su Iglesia como tres mil personas cuando recibieron la predicación del Evangelio de la Gracia a través del Espíritu Santo hablando por medio del apóstol San Pedro el Día de Pentecostés. Y así encontramos que la Iglesia del Señor Jesucristo ha continuado creciendo de etapa en etapa, a medida que Dios ha estado llamando sus hijos e hijas, tanto de en medio del pueblo hebreo como también de entre los gentiles; comenzó en medio del pueblo hebreo y luego se tornó a los gentiles.

Por medio de San Pablo encontramos que se abrió plenamente la labor entre los gentiles; aunque ya Pedro había predicado en la casa de Cornelio (un gentil) y había abierto la puerta del Reino de los Cielos a los gentiles, había abierto la puerta de la revelación de la Primera Venida de Cristo como Cordero de Dios en Su Obra de Redención en la Cruz del Calvario; porque Cristo es la Puerta, y por esa Puerta es que han estado entrando millones de seres humanos al Reino de Dios, al Cuerpo Místico de Cristo, al creer en Cristo como nuestro Salvador, lavar nuestros pecados en la Sangre de Cristo y recibir Su Espíritu Santo; y así hemos nacido en la Iglesia del Señor Jesucristo.

Ahora, podemos ver cómo se tornó el Evangelio a los gentiles; y de entre los gentiles Dios ha estado llamando un pueblo para Su Nombre, el cual ha sido lleno del Espíritu de Dios, o sea, ha recibido el nuevo nacimiento. Y cuando un creyente en Cristo nacido de nuevo, muere en cuanto a su cuerpo físico, esa persona, por cuanto recibió vida eterna al recibir a Cristo y recibir Su Espíritu Santo, esa persona va a vivir al Paraíso en el cuerpo teofánico de la sexta dimensión; y en el Día Postrero, que es el séptimo milenio (porque un día delante del Señor es como mil años y mil años como un día), en el Día Postrero los muertos en Cristo resucitarán en cuerpos eternos, pues Cristo prometió la resurrección de los creyentes en Él para el Día Postrero; esto es para aquellos que han partido.

Dice el mismo Jesús en el capítulo 6, verso 39 al 40, del Evangelio según San Juan:

“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero”.

¿Cuándo tiene la comisión Jesús de resucitar a los creyentes en Él que han partido? Dice que es para el Día Postrero:

“… sino que lo resucite en el día postrero.

Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero”.

Es para el Día Postrero —o sea, para el séptimo milenio, llamado también el Día del Señor— que los muertos en Cristo resucitarán en cuerpos eternos y nosotros los que vivimos seremos transformados.

Y siendo que esto es para el Día Postrero, o sea, el séptimo milenio..., por cuanto un día delante del Señor es como mil años y mil años como un día. Cuando se habla del Día Postrero es el Día Postrero delante del Señor, que para los seres humanos es un milenio, o sea, el séptimo milenio o milenio postrero; y San Pedro en Segunda de Pedro, capítulo 3, verso 8, dice que un día delante del Señor es como mil años y mil años como un día, y también el profeta Moisés en el Salmo 90 y verso 4 da testimonio de esta verdad.

Y ahora, siendo que la resurrección de los muertos en Cristo es para el Día Postrero, dice la Escritura en Primera de Corintios, capítulo 15, hablándonos San Pablo acerca de la resurrección de los muertos en Cristo, nos dice algo muy importante que nosotros no podemos dejar pasar por alto. Capítulo 15, verso 49 al 54, dice:

“Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial.

Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción.

He aquí, os digo un misterio (recuerden que va a hablar de un misterio del Reino de Dios): No todos dormiremos (o sea, no todos moriremos); pero todos seremos transformados…”.

Viene una transformación para todos los creyentes en nuestro amado Señor Jesucristo, ya sea para los que estemos vivos como para los que han muerto físicamente; porque ellos resucitarán en un cuerpo glorificado, en un cuerpo eterno, y nosotros seremos transformados. Sigue diciendo:

“… en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta (vean, a la Final Trompeta); porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles (o sea, en cuerpos eternos, en cuerpos inmortales), y nosotros seremos transformados.

Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad.

Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria”.

De ahí en adelante los hijos e hijas de Dios nunca más morirán, porque estaremos en un cuerpo inmortal, incorruptible, el cual será joven por toda la eternidad, representará siempre de 18 a 21 años de edad; nunca se enfermará, nunca tendrá el cabello blanco, nunca tendrá arrugas, porque es incorruptible, es inmortal y es un cuerpo glorificado; y así seremos todos a imagen y semejanza de nuestro amado Señor Jesucristo. Porque dijo San Pablo:

“Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial”.

Ahora, nos dice que esto será a la Final Trompeta, porque se tocará la Trompeta. De esto también nos habló el apóstol en su carta de Primera de Tesalonicenses, capítulo 4, versos 14 en adelante; dice:

“Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él (o sea, a los que murieron pero creían en nuestro amado Señor Jesucristo).

Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron.

Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero.

Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.

Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras”.

Son palabras de aliento para todos los creyentes en Cristo. Esta resurrección de los muertos en Cristo para vivir en un cuerpo eterno y esta transformación para nosotros los que vivimos, para tener un cuerpo eterno, inmortal e incorruptible, es un aliento, es algo que nos alienta y que nos muestra que hay una vida futura para todos nosotros en un cuerpo inmortal, incorruptible, en un cuerpo eterno, en el cual estaremos viviendo como reyes y sacerdotes con Cristo en el glorioso Reino Milenial de Cristo y luego por toda la eternidad.

Este es uno de los misterios grandes del Reino de Dios; y para el tiempo final, para el Día Postrero o Día del Señor o séptimo milenio, es que Cristo dijo que resucitará a los muertos que han creído en Él; dice2:

“… y yo le resucitaré en el día postrero”.

Y San Pablo dice que será a la Final Trompeta: “porque se tocará la Trompeta, y los muertos en Cristo resucitarán primero”. Resucitarán en cuerpos glorificados o transformados y nosotros los que vivimos seremos transformados.

Esto es para la Final Trompeta, por lo tanto necesitamos saber qué es la Trompeta Final; y esta Trompeta Final, llamada también la Trompeta de Dios, es nada menos que la Voz de Jesucristo hablándonos en este tiempo final.

En Apocalipsis, capítulo 1, verso 10 al 11, nos dice de la siguiente manera (dice Juan el apóstol):

“Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor (o sea, en el Día Postrero o séptimo milenio), y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta,

que decía: Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último”.

Esta Gran Voz de Trompeta decía que Él es el Alfa y Omega, el primero y el último. ¿Y quién es el Alfa y Omega?, ¿quién es el primero y el último? Pues nuestro amado Señor Jesucristo. Es nuestro amado Señor Jesucristo hablando en el Día Postrero, hablando en el séptimo milenio a Su Iglesia y revelándole a Su Iglesia que Él está en medio de Su Iglesia manifestado.

Y ahora, en Apocalipsis, capítulo 4, verso 1, nos dice el apóstol San Juan:

“Después de esto miré, y he aquí una puerta abierta en el cielo; y la primera voz que oí, como de trompeta (aquí tenemos nuevamente la Trompeta, la Voz de Cristo), hablando conmigo, dijo: Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de estas”.

Aquí la Voz de Cristo promete darnos a conocer las cosas que han de suceder después de las que ya han sucedido durante estas siete etapas o edades de la Iglesia gentil, en estos dos mil años que han transcurrido de Cristo hasta este tiempo en el que vivimos; o sea, las cosas que han ocurrido durante estos dos milenios que han transcurrido: quinto y sexto milenio; porque los días postreros son el quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio.

Y ya de los días postreros delante de Dios (que para los seres humanos son los tres milenios postreros: quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio), ya, si le añadimos al calendario los años de atraso que tiene, ya han transcurrido el quinto milenio y sexto milenio; por lo tanto, han transcurrido delante de Dios dos días, pero para los seres humanos son dos mil años, o sea, dos milenios.

Y ya estamos en el séptimo milenio si le añadimos al calendario los años de atraso que tiene; pero si no le añadimos al calendario los años de atraso que tiene, pues miren, faltan solamente dos o tres años para llegar al año 2000 y luego comenzar el séptimo milenio, y comenzar el siglo XXI, y así comenzar el Día Postrero. Así que no hay ningún problema si una persona le añade o no le añade los años de atraso que tiene.

Ahora, lo importante es saber que para el Día Postrero, que es el séptimo milenio, Cristo ha prometido resucitar a los muertos creyentes en Él. Ahora, ¿en qué año del Día Postrero?, ¿en qué año del séptimo milenio? No sabemos en qué año del séptimo milenio, pero en alguno de los años del séptimo milenio se llevará a cabo la resurrección de los muertos en Cristo.

“Porque todos los muertos escucharán la Voz del Hijo de Dios y se levantarán”, dijo Cristo en San Juan, capítulo 5 y versos 28 en adelante, donde dice:

“No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz;

y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida…”.

¿A resurrección de qué? De vida eterna.

Ahora, vean que esto es para el tiempo de la Trompeta Final; y hemos visto que esa Gran Voz de Trompeta es la Voz de Cristo, y hemos visto que Cristo también dice que los muertos oirán la Voz del Hijo de Dios y los que hicieron lo bueno se levantarán, resucitarán a vida eterna.

Ahora, hemos visto que esa Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta es la Voz del Hijo de Dios, es la Voz de Jesucristo dándonos a conocer las cosas que deben suceder pronto, como dice en Apocalipsis, capítulo 4 y verso 1, cuando dice: “Sube acá, y yo te mostraré las cosas que han de suceder después de estas”.

En este diagrama de la Iglesia del Señor Jesucristo encontramos las siete etapas de la Iglesia gentil, las cuales ya se han cumplido, y se han cumplido en diferentes territorios; y diferentes mensajeros de Dios han sido enviados, en los cuales ha estado el Espíritu de Cristo manifestado llamando y juntando a Sus escogidos de edades pasadas.

Y ahora, nos encontramos en el tiempo de la Edad de la Piedra Angular, la edad perfecta de la Iglesia de Jesucristo, la Edad de Oro de la Iglesia de Jesucristo, en donde el llamado de Cristo es esa Gran Voz de Trompeta, la Voz de Cristo llamando y juntando a Sus escogidos, dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto.

Este llamado es efectuado en la Edad de la Piedra Angular; y el territorio es la América Latina y el Caribe, donde se efectúa, donde se cumple la Edad de la Piedra Angular, la etapa más importante de la Iglesia del Señor Jesucristo. Y Cristo en la Edad de la Piedra Angular estará llamando y juntando a Sus escogidos con la Gran Voz del Evangelio del Reino, dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto y revelándonos así el misterio de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles para este tiempo final; y así es como Él llama y junta a Sus escogidos en este tiempo final: dándonos a conocer el misterio de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles con el Mensaje de la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino.

Ahora, vean cómo el precursor de la Segunda Venida de Cristo nos dijo en el mensaje “Cisternas rotas”, página 33 al 35… Tenemos aquí el extracto de ese mensaje, donde habla acerca de la resurrección y de esa Trompeta; en este libro de Citas, página 130, verso 1164, dice:

1164 - “Recuerden que ‘los que están vivos y queden, no impedirán a los que están durmiendo (¿por qué? Vamos a ver por qué); porque la Trompeta de Dios, esa última Trompeta…’. La sexta acaba de tocar (de sonar). Y esa última Trompeta, como el último Sello, será la Venida del Señor. ‘Tocará (o sea, sonará), y los muertos en Cristo se levantarán primero’”.

¿Qué es lo que sonará? ¿Qué es lo que será revelado? Será revelada la Segunda Venida de Cristo, la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles en este tiempo final; y esto es por medio del Mensaje del Evangelio del Reino.

Ahora, vean cómo también en la página 47 del libro de Citas tenemos otro extracto de otro mensaje del precursor de la Segunda Venida de Cristo, verso 402, donde dice también acerca de la Trompeta Final; dice:

402 - “Y nosotros que vivimos y hayamos quedado hasta la venida del Señor, no evitaremos o impediremos a los que duermen. Esos preciosos que sellaron su testimonio con su sangre. ‘No impediremos o estorbaremos a los que duermen, porque sonará la trompeta’. Algo acontecerá, ese algo evangélico sonará, el anuncio de Su venida. ‘Y los muertos en Cristo resucitarán primero. Y nosotros los que vivimos y permanezcamos seremos transformados’. Parados allí, y sentir un cambio; el pelo canoso se irá, las arrugas cesarán, cambiados en un momento, en un abrir de ojos. Y encontraremos a nuestros amados primero”.

Aquí tenemos lo que es esa Gran Voz de Trompeta o Trompeta Final: es la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino dando el anuncio de Su Venida, dando la revelación divina de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles. Y con ese anuncio, esa revelación de Su Venida, los hijos e hijas de Dios en el Día Postrero serán llamados, serán juntados y serán preparados para ser transformados en este tiempo final, y los muertos en Cristo serán resucitados en cuerpos eternos.

Estamos viviendo en el Día Postrero, en el tiempo final, en donde la Trompeta del Evangelio del Reino ya está sonando y están siendo llamados y juntados todos los escogidos de Dios. Las buenas nuevas de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles está proclamando el misterio de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles. Estamos en el tiempo en que la Gran Voz de Trompeta o Trompeta Final ya está sonando, y están siendo juntados todos los escogidos de Dios. Cristo dijo en San Mateo, capítulo 24 y verso 31:

“Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos…”.

Estamos en el tiempo del llamado y el recogimiento de los escogidos de Dios; y Cristo es el que habla en el Día Postrero con esa Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino revelando el misterio de Su Venida con Sus Ángeles.

Y ahora, ¿cómo escucharemos esa Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta, que es la Voz de Cristo hablándole a Su Iglesia en este Día Postrero y dándole a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto? En la misma forma en que los escogidos de Dios escucharon la Voz de Cristo durante las siete etapas o edades de la Iglesia gentil: fue por medio de Sus mensajeros que Él envió en cada edad para llamar y juntar a Sus escogidos; pues Cristo dijo en San Juan, capítulo 10, verso 14 al 16:

“Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen,

así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas.

También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor”.

Ahora, vean ustedes que Él dice que Sus ovejas oyen Su Voz, que Él es el Buen Pastor y que Él tiene otras ovejas que no son de aquel redil (del pueblo hebreo), las cuales también Él debe traer; y dice:

“… y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor”.

¿Y cómo iban a escuchar la Voz de Cristo, del Buen Pastor, si Él cuando murió y resucitó luego ascendió al Cielo, y no lo han visto más los discípulos de Jesucristo desde que se fue? Pues por medio de Su Espíritu Santo Él ha estado manifestado en Sus mensajeros en cada edad, y por medio de Sus mensajeros Jesucristo en Espíritu Santo ha estado hablando y ha estado llamando y juntando a todos Sus hijos, todas Sus ovejas, de edad en edad. Y esta es la misma forma en que en este Día Postrero Él estará con esa Gran Voz de Trompeta dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto.

¿Y habrá otro ángel mensajero en este tiempo final, para la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino, para Cristo hablar por medio de Él todas estas cosas que deben suceder pronto? Vamos a ver si en la Biblia está. Apocalipsis, capítulo 22, verso 6, dice:

“Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto”.

Dice que ha enviado a Su Ángel (un ángel es un profeta mensajero de Dios); ha enviado a Su Ángel (o sea, Su profeta) ¿para qué? Para mostrar a Sus siervos las cosas que deben suceder pronto.

Es por medio de ese Ángel Mensajero del Señor Jesucristo que Jesucristo estará hablando en este Día Postrero todas estas cosas que deben suceder pronto; y por consiguiente, siendo la Voz de Cristo, es esa Gran Voz de Trompeta que dijo: “Yo soy el Alfa y Omega, yo soy el primero y el último”; es la Gran Voz de Trompeta, de Cristo, hablándonos en este tiempo final por medio de Su Ángel Mensajero todas estas cosas que deben suceder pronto, es la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino a través de Su Ángel Mensajero hablándonos en este tiempo final.

Esa es la Voz de Cristo, la Gran Voz de Trompeta, para todos los hijos e hijas de Dios; y por medio de esa Voz, la Voz de Cristo, es que obtendremos el conocimiento de todas estas cosas que deben suceder pronto.

Ninguna persona podrá obtener el conocimiento de todas estas cosas que deben suceder, las cuales están profetizadas para este tiempo final, excepto por medio del Ángel del Señor Jesucristo, porque ese es el enviado de Jesucristo para dar testimonio de todas estas cosas que deben suceder pronto. Por eso es que en Apocalipsis, capítulo 22 y verso 16, también Jesucristo dice:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias”.

Ahí tenemos nuevamente a Jesús diciendo a quién Él ha enviado. ¿A quién ha enviado? A Su Ángel Mensajero, dice Jesucristo. ¿Para qué? Para dar testimonio de estas cosas en las iglesias. Es Jesucristo el que envía Su Ángel Mensajero para todas las iglesias y para todos los seres humanos, para dar a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, todas estas cosas que están profetizadas para suceder en el Día Postrero; y así todos nosotros poder entender todos estos misterios correspondientes al Día Postrero, y poder comprender el misterio de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles en este tiempo final; y así todos estar escuchando el Mensaje del Evangelio del Reino en este tiempo final, con el cual son dadas a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto.

Con este Mensaje del Evangelio del Reino prometido en la Escritura Dios nos da a conocer todas estas cosas y abre una nueva dispensación: la Dispensación del Reino, la cual se entrelaza con la Dispensación de la Gracia; y el Mensaje del Evangelio del Reino se entrelaza con el Mensaje del Evangelio de la Gracia.

Y así es como somos llamados y juntados en este tiempo final: por medio del llamado de la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, y revelándonos así el misterio de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles y el propósito de Su Venida como León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo. Viene para reclamar todo lo que Él ha redimido con Su Sangre preciosa, y así preparar a Su Iglesia para ser transformado cada miembro de Su Cuerpo Místico de creyentes y luego ir a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo.

Y todo esto está bajo el Séptimo Sello de Apocalipsis, capítulo 10 y capítulo 8. Leamos capítulo 8 de Apocalipsis, donde dice:

“Cuando abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el cielo como por media hora”.

Este Séptimo Sello abierto en el Cielo es la Segunda Venida de Cristo con Sus Ángeles, o sea, la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles. Y en Apocalipsis, capítulo 10, encontramos la Segunda Venida de Cristo cuando dice:

“Vi descender del cielo a otro ángel fuerte, envuelto en una nube, con el arco iris sobre su cabeza; y su rostro era como el sol, y sus pies como columnas de fuego.

Tenía en su mano un librito abierto; y puso su pie derecho sobre el mar, y el izquierdo sobre la tierra;

  Y clamó a gran voz, como ruge un león; y cuando hubo clamado, siete truenos emitieron sus voces”.

Ahí tenemos la Venida del Ángel Fuerte, la Venida de Cristo para este tiempo final; y ese es el misterio que es revelado a la Iglesia del Señor Jesucristo en este tiempo final; y con la revelación de ese misterio la Iglesia del Señor Jesucristo obtiene la fe para ser transformada y raptada e ir a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo.

Ese es el Programa Divino para la Iglesia de Jesucristo para este tiempo final, ese es el Programa Divino para toda persona que tiene su nombre escrito en el Libro de la Vida del Cordero desde antes de la fundación del mundo; y estamos en el tiempo preciso del llamado de los escogidos de Dios del Día Postrero, y el territorio es la América Latina y el Caribe.

¿Y dónde están los que escucharían esa Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino sonando y revelando el misterio de Su Venida? Aquí estamos, en la América Latina y el Caribe, escuchando Su Voz, escuchando la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino revelándonos todas estas cosas que deben suceder pronto en este tiempo final, y siendo preparados para ser transformados y raptados e ir a la Cena de la Bodas del Cordero en este tiempo final.

Ha sido para mí un privilegio muy grande estar con ustedes en esta noche dándoles testimonio de EL SÉPTIMO SELLO Y EL MENSAJE DEL EVANGELIO DEL REINO.

Que las bendiciones de nuestro amado Señor Jesucristo sean sobre todos ustedes, amables amigos y hermanos presentes y radioyentes, y sobre mí también; y que pronto todos seamos transformados y llevados a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo.

Que Dios les bendiga, que Dios les guarde; y con nosotros nuevamente el reverendo Miguel Bermúdez Marín para continuar y finalizar en esta noche nuestra parte, dándole gracias a Cristo por Sus bendiciones; y también les dará los teléfonos y direcciones a los cuales ustedes podrán comunicarse, amables radioyentes, para pedir literatura completamente gratis con conferencias similares a esta, para obtener mayor conocimiento de estos misterios del Reino de Dios y ser preparados para ser transformados en este tiempo final.

Que Dios les bendiga, que Dios les guarde; y pasen todos muy buenas noches. Con nosotros nuevamente el reverendo Miguel Bermúdez Marín.

“EL SÉPTIMO SELLO Y EL MENSAJE DEL EVANGELIO DEL REINO”.

[Revisión agosto 2018a]

1 San Juan 8:12

2 San Juan 6:40

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Barrio Monte Llano
Cayey, Puerto Rico
00736

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