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Muy buenas noches a las autoridades y a los ciudadanos de la ciudad de Concepción, Paraguay. Que las bendiciones de Jesucristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también; y en esta noche nos hable directamente a nuestra alma y nos permita entender Su Programa correspondiente a este tiempo final. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Para esta noche tenemos como tema: “EL SÉPTIMO SELLO Y EL MENSAJE DEL TIEMPO DEL FIN”.

Leemos en Apocalipsis, capítulo 7 y capítulo 8. Leamos el capítulo 8 primero, donde dice de la siguiente manera:

“Cuando abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el cielo como por media hora.

Y vi a los siete ángeles que estaban en pie ante Dios; y se les dieron siete trompetas.

Otro ángel vino entonces y se paró ante el altar, con un incensario de oro; y se le dio mucho incienso para añadirlo a las oraciones de todos los santos, sobre el altar de oro que estaba delante del trono.

Y de la mano del ángel subió a la presencia de Dios el humo del incienso con las oraciones de los santos.

Y el ángel tomó el incensario, y lo llenó del fuego del altar, y lo arrojó a la tierra; y hubo truenos, y voces, y relámpagos, y un terremoto”.

Y en San Mateo, capítulo 24, verso 14, dice:

“Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin”.

Y en Isaías, capítulo 52, verso 7, nos dice:

“¡Cuán hermosos son sobre los montes los pies del que trae alegres nuevas, del que anuncia la paz, del que trae nuevas del bien, del que publica salvación, del que dice a Sion: ¡Tu Dios reina!”.

Aquí tenemos tres pasajes bíblicos muy importantes que para este tiempo final estarán siendo cumplidos.

Nuestro tema es: “EL SÉPTIMO SELLO Y EL MENSAJE DEL TIEMPO DEL FIN”.

Para poder comprender lo que es el Mensaje del tiempo del fin y lo que es el Séptimo Sello, tenemos que comprender que hay dispensaciones diferentes en el Programa Divino.

Tenemos siete dispensaciones en el Programa Divino, las cuales son: la primera dispensación, la Dispensación de la Inocencia, y su profeta mensajero fue Adán; la segunda dispensación es la Dispensación de la Conciencia y su profeta mensajero fue Set; tenemos la tercera dispensación, la Dispensación del Gobierno Humano, y su profeta mensajero fue Noé; tenemos también la cuarta dispensación, la Dispensación de la Promesa, y su profeta mensajero fue Abraham; tenemos la quinta dispensación, la Dispensación de la Ley, y su profeta mensajero fue Moisés; tenemos la sexta dispensación, la Dispensación de la Gracia, y su profeta mensajero fue Jesús; y tenemos la séptima dispensación, la Dispensación del Reino, y su profeta mensajero es el Ángel del Señor Jesucristo.

Para cada dispensación tenemos un Mensaje, el cual es un Mensaje dispensacional, y lo trae Dios por medio de ese profeta dispensacional. No hay profeta mayor que un profeta dispensacional; a tal grado que aunque Dios ha enviado al planeta Tierra muchos profetas, solamente tiene siete profetas dispensacionales con siete Mensajes dispensacionales. Esa es la clase más alta de profeta que Dios envía al planeta Tierra.

Ahora, podemos ver que cuando Dios envía un profeta a la Tierra, algo grande lleva Dios a cabo en esta Tierra, porque a los profetas viene la Palabra de Dios, Dios coloca Su Palabra en el corazón y en la boca de Sus profetas.

Muchas personas dicen: “Yo quiero escuchar a Dios”. Pues, si usted quiere escuchar a Dios le voy a decir la forma sencilla en que Dios dice que usted lo puede escuchar. En Deuteronomio, capítulo 18, verso 15 al 19, dice el profeta Moisés:

“Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis;

conforme a todo lo que pediste a Jehová tu Dios en Horeb el día de la asamblea, diciendo: No vuelva yo a oír la voz de Jehová mi Dios, ni vea yo más este gran fuego, para que no muera.

Y Jehová me dijo: Han hablado bien en lo que han dicho.

Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare.

Mas a cualquiera que no oyere mis palabras que él hablare en mi nombre, yo le pediré cuenta”.

En el libro de los Hechos, capítulo 3, verso 22 al 23, citando San Pedro este pasaje, dice que el que no escuche ese profeta será desarraigado del pueblo, o sea que pierde el derecho a ser parte del pueblo de Dios, y por consiguiente pierde el derecho a la vida eterna, porque no escuchó la Voz de Dios por medio del profeta que Dios envió.

Esto es así para cuando Dios envía un profeta para una edad, y cuando Dios envía un profeta para una dispensación también es así; y es más delicada la situación con los seres humanos cuando Dios envía un profeta dispensacional. Y el que Dios envíe un profeta dispensacional al planeta Tierra no significa que todas las personas lo van a recibir.

Vean lo que Dios dice por medio del profeta Zacarías, lo que sucedió en el tiempo en que Dios le envió al pueblo hebreo profetas con Su Palabra. Capítulo 7, verso 11 al 12, nos dice que no quisieron escuchar la Voz de Dios:

“Pero no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oír;

y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de los profetas primeros; vino, por tanto, gran enojo de parte de Jehová de los ejércitos”.

Ahora vean el por qué vino gran enojo de parte de Dios sobre el pueblo hebreo: porque no quisieron escuchar la Voz de Dios enviada por el Espíritu de Dios a través de Sus profetas.

Tenemos, en la Escritura, la enseñanza divina de que Dios coloca delante del ser humano la bendición y la maldición, la vida y la muerte; y recomienda al ser humano que escoja la vida, recomienda al ser humano que reciba la Palabra de Dios y guarde Sus mandamientos para que le vaya bien en su vida y Dios alargue sus días, a tal grado que la persona puede vivir eternamente.

¿Y cómo puede ser posible eso, si nuestro cuerpo mortal tiene un límite de tiempo? No hay ningún problema, porque viene una resurrección para los que han amado a Dios, han escuchado Su Voz y han servido a Dios; viene una resurrección en la cual recibirán, los muertos en Cristo, un cuerpo eterno; y nosotros los que vivimos seremos transformados y tendremos un cuerpo eterno también; y seremos así a imagen y semejanza de nuestro amado Señor Jesucristo.

Así nos dice San Pablo en su carta primera a los Corintios, capítulo 15, verso 49 al 54; dice así:

“Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial.

Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción.

He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos (o sea, no todos moriremos); pero todos seremos transformados,

en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta (y vamos a ver dentro de unos momentos cuál es esa Trompeta), y los muertos serán resucitados incorruptibles (o sea, en un cuerpo eterno), y nosotros seremos transformados”.

Seremos transformados, viene un cambio para nuestro cuerpo mortal, corruptible y temporal: seremos cambiados en nuestros átomos; y entonces seremos a imagen y semejanza de nuestro amado Señor Jesucristo.

“Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad.

Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria”.

Y de ahí en adelante, los que recibirán ese cuerpo nuevo y eterno, de ahí en adelante no habrá más muerte para ellos, porque seremos todos a imagen y semejanza de nuestro amado Señor Jesucristo.

La humanidad en su alma tiene angustia por su existencia y se pregunta de dónde ha venido, dónde está y qué hace aquí; donde está, o sea: ¿qué lugar es este en el cual vivimos?

Se dice que es el planeta Tierra, pero hablando en términos del universo completo, ¿qué lugar es este? ¿Qué lugar es este conforme al Programa de Dios?, ¿y por qué estamos aquí y hacia dónde vamos?, ¿qué será nuestro futuro? Es muy importante tener la respuesta a estas preguntas para que se vaya esa angustia de nuestra alma y tengamos seguridad en nuestra alma, y sepamos el por qué vivimos en este planeta Tierra; y así comprendamos que no estamos aquí para comer, dormir, trabajar, ponernos viejos y después morir, eso sería una vida muy triste para una persona.

Estamos aquí en la Tierra para hacer contacto con la vida eterna, que es Jesucristo. Por eso es que nuestro amado Señor Jesucristo nos dice, en San Juan, capítulo 5, verso 24:

“De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna…”.

Y si no cree, pues no tiene vida eterna; y viene a esta Tierra, vive un tiempo, después se muere y nunca más vivirá por la eternidad, sino que resucitará para ir al Juicio Final, ser juzgado y ser condenado; porque no creyó en quien tenía que creer, no aprovechó los días de vida que Dios le dio en este planeta Tierra y pensó que la vida en esta Tierra era para comer, beber y hacer lo que uno quisiera hacer, y vivir una vida desordenada; pero ese no es el Programa Divino. El Programa Divino es para que la persona haga contacto con la vida eterna. Vean:

“... de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida”.

También en San Juan, capítulo 6, versos 39 al 40, dice:

“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.

Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero”.

Hay una resurrección prometida en la Palabra de Dios por el mismo Jesucristo para los creyentes en Él; y es una resurrección para vida eterna, es una resurrección en un cuerpo eterno y glorioso, el cual nunca se pondrá viejo, el cual nunca se enfermará, el cual nunca morirá; en ese cuerpo estaremos siempre representando de 18 a 21 años de edad.

Ahora, vean ustedes la bendición tan grande que Jesucristo tiene para cada uno de los que creen en Él, lavan sus pecados en Su Sangre y reciben Su Espíritu. Pues Cristo dijo en San Juan, capítulo 3, versos 3 en adelante, hablando con Nicodemo le dijo:

“Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.

Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?

Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.

Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.

No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo”.

Cuando hemos nacido en este planeta Tierra hemos nacido en una raza caída. Desde la caída del ser humano en el Huerto del Edén los seres humanos han estado viniendo con un cuerpo mortal, corruptible y temporal, y han estado obteniendo un espíritu del mundo, un espíritu en la permisiva voluntad de Dios. Y por esa causa se requiere un nuevo nacimiento, en el cual la persona recibe el Espíritu de Cristo; y así recibe el nuevo nacimiento y nace en el Reino de Dios, y obtiene un espíritu del Cielo, un espíritu teofánico de la sexta dimensión, que es el Paraíso, un espíritu teofánico que es un cuerpo parecido a nuestro cuerpo terrenal pero de otra dimensión.

En esa clase de cuerpo le apareció Cristo a Abraham y por eso podía decir: “Antes que Abraham fuera, yo soy”. Y también podía decir: “Abraham deseó ver mi día, lo vio y se gozó”. Ahora, decían: “No tienes 50 años, ¿y dices que has visto a Abraham?”1.

Pensaban que Jesús era un loco, porque siempre que Dios envía a un profeta dispensacional a la Tierra viene dando a conocer cosas del Cielo y muestra a la raza humana que hay vida en otras dimensiones, que existen otras dimensiones; y que antes de venir aquí a la Tierra Jesús, Él ya existía en un cuerpo teofánico llamado el Verbo.

En San Juan, capítulo 1, dice: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Por él fueron hechas todas las cosas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho”.

Entonces el Creador de los Cielos y de la Tierra, que es Dios, el cual en el principio creó los Cielos y la Tierra (como dice Génesis, capítulo 1, verso 1), es nada menos que el Verbo que era con Dios y era Dios.

Y ahora, en San Juan, capítulo 1, verso 14, dice: “Y aquel Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”. Y cuando se hizo carne y habitó entre nosotros fue conocido por el nombre de Jesús.

Por eso le hablaba a los vientos, al mar, a la tempestad, y todo le obedecía, porque dentro de aquel velo de carne estaba el Creador de los Cielos y de la Tierra manifestado en carne humana. Era nada menos que Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros, como dice Isaías, capítulo 7 y verso 14, cuando dice: “He aquí el mismo Señor os dará señal (una señal): He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel (que traducido es: Dios con nosotros)”.

Ese era nada menos que nuestro amado Señor Jesucristo, por eso podía decir: “Antes que Abraham fuera, yo soy. Abraham deseó ver mi día, lo vio y se gozó”.

Cuando le apareció Melquisedec a Abraham y le dio pan y vino, y Abraham pagó los diezmos a Melquisedec2, ¿saben quién era ese personaje? El mismo Jesucristo pero en Su cuerpo teofánico.

También, el día antes de la destrucción de Sodoma y de Gomorra le apareció Elohim a Abraham con dos personas más, los cuales fueron Sus Arcángeles Gabriel y Miguel. Abraham los invitó a una comida. Elohim aceptó la comida, la invitación de Abraham; y comieron con Abraham3.

Y luego fueron a Sodoma y Gomorra (Gabriel y Miguel), a la caída de la tarde; y allí Lot los recibió, que era una persona muy importante de la ciudad de Sodoma, sería como el alcalde o el gobernador de la ciudad o juez de la ciudad4.

Y mientras los Arcángeles Gabriel y Miguel en forma visible estaban en Sodoma y Gomorra con Lot, Elohim estaba con Abraham, continuó con Abraham. Y dice Dios: “¿Encubriré yo a Abraham lo que voy a hacer?”. Porque Dios había descendido en una investigación de juicio y le da a conocer a Abraham lo que va a hacer5.

Abraham comenzó a interceder por Lot y su familia y, por consiguiente, por la ciudad de Sodoma y Gomorra, y le dice a Dios: “¿Destruirás tú al justo con el injusto, tú el Juez de toda la Tierra? No hagas tal cosa”, y Dios le dice que no destruirá al justo con el injusto; y Abraham le dice: “Si hay allí cincuenta justos, ¿destruirás la ciudad?”. Dios le dice: “Por amor a esos cincuenta justos yo no destruiré la ciudad”.

Y así sigue Abraham hablando con Elohim y de cincuenta baja a cuarenta y cinco, y le pregunta si habiendo cuarenta y cinco justos destruiría la ciudad, y Dios le dice que no la destruiría por amor a los cuarenta y cinco justos.

Luego bajó a cuarenta justos y le pregunta si habiendo cuarenta justos allí destruiría la ciudad, Dios le dice que por amor a esos cuarenta justos no destruiría la ciudad, aunque se merecían la destrucción.

Luego Abraham baja a treinta justos y le pregunta si habiendo treinta justos allí, si hay treinta justos, si destruiría la ciudad, y Dios le dice que no la destruiría.

Luego Abraham baja a veinte justos, le dice: “Pero, y si hay solamente veinte justos allí, ¿destruirás la ciudad?”. Dios le dice: “Por amor a esos veinte justos yo perdonaré la ciudad, no la destruiré”.

Luego Abraham le dice: “Hablaré una vez más nada más. Quizás hay diez justos allí”. Dios le dice: “No destruiré la ciudad por amor a esos diez justos que hay allí”. ¿Y por qué Abraham no siguió, no continuó bajando el número? Porque cuando Dios destruyó el mundo antediluviano hubo ocho personas justas, los cuales ofrecían a Dios el sacrificio por el pecado; y por cuanto la sangre de los animalitos —aunque no quita el pecado— cubre el pecado delante de Dios, delante de Dios aparecían como justos; y habiendo ocho personas: Noé, su esposa, los tres hijos de Noé y las esposas de los hijos de Noé, Dios destruyó al mundo antediluviano.

Personas que vivían 100, 200, 300, 400, 500, 600, 700, 800 y novecientos y algo de años; y miren, cuando llegó el tiempo del juicio divino, por cuanto la maldad de la humanidad se multiplicó, el juicio divino vino sobre la raza humana.

Y en el Programa Divino siempre hay un tiempo para el juicio divino, así como en la Corte hay un tiempo para el juicio de las cosas; o sea, que someten el caso, un caso en una Corte, y luego se fija el día para ese juicio; y así es en la Corte Divina. Y la humanidad, el mundo antediluviano, había llegado al tiempo para el juicio divino; y hubo un hombre que halló gracia delante de Dios, el cual fue Noé, al cual Dios le reveló lo que iba a hacer.

Recuerden que siempre que Dios va a hacer algo en este planeta Tierra, lo revela a un profeta. Amós, capítulo 3, verso 7, dice: “Porque no hará nada el Señor Jehová sin que antes revele Sus secretos a Sus siervos, Sus profetas”. También encontramos que la Palabra de Dios es colocada siempre en la boca del profeta que Dios envía para cada edad o para cada dispensación.

Y ahora, hemos visto dónde podemos encontrar la Palabra de Dios, hemos visto cómo podemos oír la Voz de Dios y hemos visto cómo Dios da a conocer las cosas que Él ha de hacer.

A Noé le reveló que el juicio divino vendría sobre aquella generación6. Para aquel tiempo no llovía como llueve en la actualidad, pero Dios dijo que iba a traer un diluvio; y la gente pensaron que Noé estaba loco.

Aquella generación era tan adelantada como esta generación o más adelantada. Si los seres humanos viviendo solamente, digamos, cien años (más o menos) han logrado tanto adelanto científico, ¿cómo sería seres que podían vivir 500, 600, 700, 800 y 900 años? Ahora, aquella generación se olvidó de lo más importante: se olvidó de Dios.

Y miren ustedes, cuando Dios envió este profeta llamado Noé, un profeta dispensacional, una obra grande Dios llevaría a cabo en este planeta Tierra.

Recuerden, siempre que Dios envía un profeta dispensacional, un juicio divino va a caer sobre la Tierra; pero siempre habrá un grupo de personas que escapa de ese juicio divino, porque oyen la Voz de Dios por medio de ese profeta dispensacional que viene anunciando, con ese Mensaje Final, viene anunciando las cosas que han de suceder.

Ahora, vean ustedes, escaparon los que escucharon la Voz de Dios a través del profeta Noé, y los que no escucharon pues no pudieron escapar. Y cuando luego vieron que era cierto lo que Noé había predicado, cuando ya vino el diluvio, la puerta del arca ya estaba cerrada.

Y Jesucristo refirió los días de Noé y los días de Lot para ser paralelos a los días de la Venida del Hijo del Hombre. Dice en San Mateo, capítulo 24 y versos 37 en adelante, dice:

“Mas como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre.

Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca,

y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos...”.

A todos los que no entendieron se los llevó el diluvio. Los que entendieron se metieron dentro del arca. Y podemos decir —sin lugar a equivocación— que los animales que entraron al arca con Noé tuvieron más entendimiento del Programa de Dios para aquel tiempo que las personas que no creyeron al profeta Noé; pues se salvaron los animales que entraron, y aves que entraron al arca; y los que no entraron, los seres humanos que no entraron, fueron destruidos con el diluvio. Sigue diciendo:

“... así será también la venida del Hijo del Hombre”.

Ahora, vean cómo los días que estará viviendo la raza humana en el tiempo y para el tiempo de la Venida del Hijo del Hombre, son días paralelos a los de Noé y a los de Lot.

En los días de Noé hubo un profeta dispensacional: Noé, con la revelación de todas las cosas que iban a suceder y cómo escapar del juicio divino que vendría sobre la raza humana. En los días de Lot también hubo un profeta dispensacional, el cual fue Abraham, al cual Dios le reveló las cosas que iba a llevar a cabo en Sodoma y en Gomorra, el juicio divino que iba a venir sobre Sodoma y Gomorra.

¿Saben ustedes una cosa? Que las profecías bíblicas que hablan de este tiempo final señalan que el juicio divino que ha de venir no será con agua, sino que será con fuego. ¿Y cómo podremos escapar de ese juicio divino? Aquí está, en la Escritura: Malaquías, capítulo 4, verso 1 en adelante, dice:

“Porque he aquí, viene el día ardiente como un horno, y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa; aquel día que vendrá los abrasará, ha dicho Jehová de los ejércitos, y no les dejará ni raíz ni rama”.

Ese juicio divino que vendrá sobre la raza humana es de fuego, es fuego atómico que se va a desatar sobre la raza humana en una guerra nuclear.

“Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación; y saldréis, y saltaréis como becerros de la manada”.

Aquí tenemos los que serán destruidos por el fuego, el día ardiente como un horno y también tenemos los que escaparan, que son los que temen el Nombre del Señor, para los cuales nacerá el Sol de Justicia y en Sus alas traerá salvación. Cristo dijo: “Yo soy la Luz del mundo”. Él es el Sol de Justicia, por eso en el Monte de la Transfiguración Su rostro resplandeció como el sol.

El sol es el astro rey y tipifica a Cristo como Rey de reyes y Señor de señores. Por eso en el libro del Apocalipsis encontramos también al Hijo del Hombre con Su rostro como el sol; en el capítulo 1, verso 16, dice:

“Tenía en su diestra siete estrellas; de su boca salía una espada aguda de dos filos; y su rostro era como el sol cuando resplandece en su fuerza”.

Es el Hijo del Hombre con Su rostro como el Sol, es la Segunda Venida de Cristo como Rey de reyes y Señor de señores. En Apocalipsis, capítulo 10, también encontramos la Venida del Señor, dice:

“Vi descender del cielo a otro ángel fuerte, envuelto en una nube, con el arco iris sobre su cabeza; y su rostro era como el sol, y sus pies como columnas de fuego”.

Aquí tenemos a Cristo, el Ángel Fuerte descendiendo del Cielo, con Su rostro como el sol. Es la Venida del Señor como Él lo prometió: como Rey de reyes y Señor de señores.

También en San Mateo, capítulo 16, verso 27 al 28, nos dice que el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de Su Padre con Sus Ángeles y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras: la Venida del Hijo del Hombre; y eso es como en los días de Noé, en donde la raza humana llega al tiempo final; y por consiguiente, un mensajero dispensacional es enviado al planeta Tierra con un Mensaje dispensacional.

Ese Mensaje dispensacional es el Mensaje del Evangelio del Reino, el cual gira alrededor de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles, o sea, de la Segunda Venida de Cristo como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo, para así ser llamados y juntados todos los escogidos de Dios que viven en este tiempo final.

Por eso es que Cristo en San Mateo 24, verso 30 al 31, hablando de la Venida del Hijo del Hombre, nos dice:

“Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria.

Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro”.

Estos Ángeles son los Dos Olivos de Apocalipsis, capítulo 11, verso 3 en adelante, y Zacarías, capítulo 4. Son los ministerios de los Dos Ungidos, los ministerios de Moisés y de Elías repitiéndose en este tiempo final, viniendo  estos ministerios, viniendo en este tiempo final manifestados en carne humana, en el Ángel del Señor Jesucristo, y con la Gran Voz de Trompeta o Trompeta Final, que es la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino, llamando y juntando a todos los escogidos de Dios en este tiempo final.

Recuerden que cuando nos habla la Escritura de una trompeta, nos está hablando de la Voz de Dios. En Apocalipsis, capítulo 1, verso 10, podemos ver que la Voz de Cristo está representada en una Gran Voz de Trompeta. Dice Juan el apóstol, dice así:

“Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor…”.

El Día del Señor es el Día Postrero o séptimo milenio. Porque “un día delante del Señor es como mil años, y mil años como un día”. Segunda de Pedro, capítulo 3, verso 8, y Salmo 90, verso 4. Un día para Dios, para nosotros es un milenio.

Ahora, Juan estaba en el Día del Señor, o sea, en el séptimo milenio o Día Postrero. Dice7:

“... y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta,

que decía: Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último”.

¿Quién es el Alfa y Omega?, ¿quién es el primero y el último? Nuestro amado Señor Jesucristo. Es la Voz de Jesucristo nuestro Salvador hablándonos en el Día Postrero, o sea, en el séptimo milenio. ¿Y qué estará hablándonos en el séptimo milenio? Cristo estará hablándonos lo que nosotros necesitamos escuchar.

En Apocalipsis, capítulo 4, verso 1, dice:

“Después de esto miré, y he aquí una puerta abierta en el cielo; y la primera voz que oí, como de trompeta, hablando conmigo, dijo: Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de estas”.

¿Qué estará dándonos a conocer, qué estará hablándonos la Voz de Jesucristo en el Día Postrero? Las cosas que deben suceder pronto.

Y ahora, hemos visto también que la Voz de Dios, la Voz de Cristo, siempre es colocada en la boca de un profeta. Encontramos que Cristo dijo en San Juan, capítulo 10, verso 14 al 16:

“Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen,

así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas.

También tengo otras ovejas que no son de este redil (o sea, que no son del redil hebreo); aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor”.

¿Y cómo van a escuchar la Voz de Cristo si Cristo cuando murió, resucitó, ascendió al Cielo? Y después que ascendió al Cielo encontramos que no ha regresado físicamente. ¿Y cómo vamos a escuchar Su Voz?

De edad en edad el Espíritu Santo, el Espíritu de Jesucristo ha descendido a la Tierra y ha estado hablando por medio de Sus mensajeros, de edad en edad; y así Cristo ha estado llamando y juntando a Sus hijos de edad en edad.

El mismo Espíritu de Dios que estaba en Jesús hablando, ahora regresaría a la Tierra en seres humanos, en mensajeros, para ser llamados los escogidos de Dios de edad en edad, ser llamadas las ovejas del Señor de entre los gentiles y ser colocadas en el Redil del Señor, que es la Iglesia del Señor Jesucristo.

Y en este tiempo final, la Voz de Cristo como una Gran Voz de Trompeta estará en medio de Su Iglesia hablando todas las cosas que deben suceder pronto, y estará hablándole tanto a Su Iglesia como a todas las naciones y a todos los seres humanos.

Y ahora, nos gustaría saber cómo y por medio de quién estaremos escuchando en este tiempo final todas estas cosas que deben suceder pronto, las cuales Cristo ha prometido dar a conocer a los que suban donde Él está.

Dice Apocalipsis 22, verso 6, por medio de quién obtendremos el conocimiento de todas estas cosas que deben suceder pronto. ¿Por qué? Porque ahí estará Jesucristo en Espíritu Santo manifestado, hablando todas estas cosas que deben suceder pronto; y por consiguiente, estaremos escuchando esa Gran Voz de Trompeta llamando y juntando a los escogidos de Dios, que es la Voz de Cristo hablándole a Su pueblo en este tiempo final. Dice Apocalipsis, capítulo 22, verso 6:

“Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto”.

¿A quién ha enviado? Dice que a Su Ángel. ¿Para qué? Para dar a conocer las cosas que deben suceder pronto. Es que el Espíritu de Cristo viene manifestado en este Ángel Mensajero; y por medio de este Ángel Mensajero son dadas a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto; y así es como estaremos escuchando la Gran Voz de Trompeta, la Voz de Cristo dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder en este tiempo final; a lo cual no se le podrá ni añadir ni quitar. Sigue diciendo:

“¡He aquí, vengo pronto! Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro.

Yo Juan soy el que oyó y vio estas cosas. Y después que las hube oído y visto, me postré para adorar a los pies del ángel que me mostraba estas cosas.

Pero él me dijo: Mira, no lo hagas; porque yo soy consiervo tuyo, de tus hermanos los profetas, y de los que guardan las palabras de este libro. Adora a Dios”.

¿Por qué no aceptó la adoración del apóstol San Juan? Porque es un profeta y un profeta no puede ser adorado; el único que puede ser adorado es Dios. Este profeta ya podemos ver que no era el Señor Jesucristo. Aunque el Espíritu de Cristo está en él, pero ese profeta es un hombre de este tiempo final que estará en esta Tierra dando a conocer, por el Espíritu de Dios, todas estas cosas que deben suceder pronto; y por medio de ese hombre es que Jesucristo en Espíritu Santo estará hablándole a Su Iglesia, al pueblo hebreo y a la humanidad todas esas cosas que deben suceder pronto.

Y por medio de este profeta, que es el último profeta dispensacional, el cual viene con el Mensaje del Evangelio del Reino, que es el Mensaje del tiempo del fin, este hombre, este profeta viene con ese Mensaje dispensacional anunciando tanto los juicios divinos, las plagas que vendrán sobre la Tierra, pero también mostrándole al pueblo la forma de escapar de esos juicios divinos, mostrándole al pueblo las bendiciones de Dios que hay para los que reciban la Palabra de Dios y sirvan a Jesucristo como nuestro Salvador.

De edad en edad y de dispensación en dispensación, Dios ha enviado profetas en diferentes territorios. Donde más profetas ha enviado es en medio del pueblo hebreo.

Y ahora, para este tiempo final el profeta que Dios enviará al pueblo hebreo con los ministerios de los Dos Olivos, con los ministerios de Moisés y Elías para llamar y juntar los escogidos del pueblo hebreo, que son 144.000 hebreos, es el mismo profeta que envía entre los gentiles para llamar y juntar a todos los escogidos de entre los gentiles con el mismo Mensaje, con el Mensaje del Evangelio del Reino, que es el Mensaje del tiempo final, y así dar a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, en este tiempo final.

Ahora, Cristo ha estado construyendo un nuevo Templo, ese Templo es la Iglesia del Señor Jesucristo. El pueblo hebreo perdió el templo que tenía en Jerusalén, pero Cristo ha estado construyendo un nuevo Templo para Dios, el cual está siendo construido con seres humanos de edad en edad y de territorio en territorio.

Y así como el templo que construyó Salomón y el que construyó Moisés tenían tres partes: atrio, lugar santo y lugar santísimo, así también el Templo que está construyendo nuestro Señor Jesucristo.

Encontramos que comenzó en tiempos pasados: de Adán hasta Cristo tenemos la parte del Atrio; y de Cristo hasta este tiempo tenemos la parte del Lugar Santo, y ha estado siendo construido con seres humanos que han creído en Cristo como nuestro Salvador y han lavado sus pecados en la Sangre de Jesucristo y han estado escuchando el Mensaje del Evangelio.

Y ahora, en este tiempo final, así como el tabernáculo que construyó Moisés y el templo que construyó Salomón tenían el lugar santísimo en el oeste, el Templo del Señor Jesucristo tiene el Lugar Santísimo en el oeste también.

¿Y qué significa esto para nosotros? Que es en el oeste, al cual pertenece la América Latina y el Caribe, que la construcción del Lugar Santísimo del Templo espiritual de Cristo, la construcción de la etapa más importante de la Iglesia de Jesucristo, se lleva a cabo en la América Latina y el Caribe; y esa es una noticia tan y tan grande que todavía nuestra mente no puede comprender en toda su plenitud.

Pero miren, cuando se habla de la sabiduría de Salomón, algunos piensan que cualquier persona podía hacer lo que Salomón hizo; pues miren, el único que lo podía hacer era Moisés; y lo hizo, pero no con piedras y madera como lo hizo Salomón, pues Moisés hizo el templo con pieles y otras cosas, como Dios le había indicado. ¿Y por qué son tan importantes estos templos: el que construyó Moisés y el que construyó Salomón? Porque esos templos representan el Templo que está en el Cielo.

Hay muchos templos en la Tierra, pero un templo que represente el Templo que está en el Cielo, vean ustedes, fue construido por Moisés y fue construido otro por Salomón. Ahí podemos ver la sabiduría que hubo en Moisés y la sabiduría que hubo en Salomón, porque cualquiera no puede construir un templo que tenga la representación de todas las cosas que están en el Cielo.

Y ahora, Jesucristo está construyendo un nuevo Templo y representa el Templo que está en el Cielo; y todas las cosas del Templo que está en el Cielo se van materializando en este Templo del Señor Jesucristo.

La Escritura dice que somos Templo de Dios; y por esa causa es que la Iglesia del Señor Jesucristo es lo más grande que existe en el planeta Tierra, porque es la representación del Templo que está en el Cielo. Y por eso Jesucristo en Espíritu Santo ha estado en Su Iglesia llevando a cabo la labor de construcción de Su Templo; y en este tiempo final llega a la etapa más importante, porque un templo no puede ser un templo perfecto para ser dedicado a Dios si no tiene el Lugar Santísimo donde Dios ha de morar en toda Su plenitud.

Y ahora, en la América Latina y el Caribe se lleva a cabo la Obra de la construcción del Lugar Santísimo del Templo espiritual del Señor Jesucristo.

El pueblo hebreo, cuando el Templo se estaba construyendo, el Templo de Jesucristo, con personas, miren, no comprendían lo que estaba sucediendo y perseguían a los cristianos; y Cristo estaba construyendo Su Templo, la parte del Lugar Santo.

Y ahora le ha tocado a la América Latina y el Caribe el privilegio de la construcción del Lugar Santísimo de Su Templo espiritual, con seres humanos latinoamericanos y caribeños, piedras vivas, las cuales son llamadas y juntadas en este tiempo final por el Mensaje del tiempo final, bajo la apertura del Séptimo Sello.

Hemos visto lo que es el Mensaje del tiempo final: es el Evangelio del Reino, representado en la Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta, es la Voz de Cristo hablándonos en este tiempo final.

Hemos visto también por medio de quién vendría el Mensaje del Evangelio del Reino: por medio del Ángel del Señor Jesucristo, que es el profeta de la Dispensación del Reino; y si encontramos ese profeta, encontraremos al Espíritu de Cristo en él manifestado hablándonos todas estas cosas que deben suceder en este tiempo final, y lo encontraremos juntando a todos los escogidos y colocándolos en el Lugar Santísimo del Templo espiritual de Cristo; y así obtendremos el conocimiento de todas estas cosas que deben suceder en este tiempo final, y escaparemos del juicio divino que ha de venir sobre este planeta Tierra.

Ahora, hemos visto que el Programa Divino correspondiente a la América Latina y el Caribe es de bendición para la juventud latinoamericana y caribeña, para los niños, para los adultos y para los ancianos también; es el Programa Divino correspondiente a este tiempo final lo que tiene la bendición de Dios para todos los latinoamericanos y caribeños.

Y si Dios está construyendo con latinoamericanos y caribeños el Lugar Santísimo de Su Templo espiritual, entonces tiene más de diez personas, de diez personas justas en la América Latina y el Caribe, y tiene aún más de veinte personas justas en la América Latina y el Caribe.

Así que vean ustedes, la esperanza para la América Latina escapar de los juicios divinos la tenemos ahí, de que tenga en la América Latina y el Caribe la cantidad mínima de escogidos de Dios; y también así es para las ciudades, para poder escapar de los juicios divinos que han de venir sobre la Tierra, y así ser bendecidos por Dios en este tiempo final.

Cuando los niños, los jóvenes, los adultos y los ancianos pueden recibir la revelación del Programa Divino correspondiente a nuestro tiempo, nuestra fe se levanta hacia el Cielo y nuestra esperanza es algo real, y sabemos que vamos a estar los latinoamericanos y caribeños en el glorioso Reino Milenial de nuestro amado Señor Jesucristo.

Hemos visto este misterio de EL SÉPTIMO SELLO Y EL MENSAJE DEL TIEMPO DEL FIN; y hemos visto que todo es sencillo, todo es sencillo y es para la América Latina y el Caribe.

Que las bendiciones de nuestro amado Señor Jesucristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes, amables amigos radioyentes y los aquí presentes, y nos ayude a todos a comprender Su Programa correspondiente este tiempo y a vivir conforme a Sus leyes, tanto los jóvenes como los adultos también, para recibir las bendiciones de Dios.

Que Dios les bendiga y pasen todos muy buenas noches.

Dejo nuevamente con ustedes al reverendo Miguel Bermúdez Marín, para darles los teléfonos y direcciones a los cuales ustedes, amables radioyentes, pueden llamar, y ustedes también, amables televidentes, para recibir conferencias similares a esta completamente gratis, para así obtener mayor conocimiento de todo el Programa Divino correspondiente a este tiempo final, pues todos queremos las bendiciones de Dios.

Y eso es lo que yo quiero para toda la América Latina y el Caribe con todos sus habitantes: quiero que las bendiciones de Cristo sean sobre todos los latinoamericanos y caribeños, y todos entremos al glorioso Reino Milenial de nuestro amado Señor Jesucristo; y que ese fuego atómico (del cual dijo que la cizaña sería quemada en fuego, Cristo habló de eso) no caiga sobre la América Latina y el Caribe. Que Dios guarde a la América Latina y al Caribe, y derrame Sus bendiciones sobre todos los latinoamericanos y caribeños, y nos abra el entendimiento para comprender todo Su Programa.

Con nosotros nuevamente el reverendo Miguel Bermúdez Marín.

“EL SÉPTIMO SELLO Y EL MENSAJE DEL TIEMPO DEL FIN”.

[Revisión agosto 2018]

 

1 San Juan 8:56-58

2 Génesis 14:18-19

3 Génesis 18:1-15

4 Génesis 19

5 Génesis 18:16-33

6 Génesis 6:12-13 (Génesis 6, 7, 8 y 9)

7 Apocalipsis 1:10

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