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Muy buenos días, amados amigos y hermanos presentes, y los que están a través de internet y otros medios de comunicación.

Que las bendiciones de Jesucristo, el Ángel del Pacto, sean sobre cada uno de ustedes y sobre mí también, y nos hable directamente a nuestra alma en esta ocasión Su Palabra, y nos abra las Escrituras y el entendimiento para comprenderla en esta ocasión. En el Nombre Eterno de Jesucristo nuestro Salvador. Amén y amén.

Quiero leer en San Juan, capítulo 1, verso 1 en adelante, donde dice:

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. 

Este era en el principio con Dios. 

Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. 

En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. 

La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella. 

Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan.

Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él. 

No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz. 

Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo.

En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció.

A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. 

Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; 

los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios. 

Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad. 

Juan dio testimonio de él, y clamó diciendo: Este es de quien yo decía: El que viene después de mí, es antes de mí; porque era primero que yo. 

Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia. 

Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. 

A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer”.

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos hable en esta ocasión.

Para esta ocasión, en esta serie que estamos teniendo en este recorrido por Suramérica, titulado: “LOS MISTERIOS ENCERRADOS EN EL SÉPTIMO SELLO” para esta ocasión tenemos el tema: “EL SÉPTIMO SELLO Y LA PALABRA ENCARNADA”. Bajo el Séptimo Sello veremos la Palabra encarnada.

Para poder comprender este misterio de la Palabra encarnada tenemos que ir al tiempo de Jesús, porque en aquel velo de carne estaba la Palabra hecha carne. El verso 14 de San Juan, capítulo 1, dice:

“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros…”.

Y en Apocalipsis, capítulo 19, encontramos desde el verso 11 en adelante el regreso o venida del Verbo, de la Palabra en carne humana, para el Día Postrero. Dice así:

“Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea.

Sus ojos eran como llama de fuego, y había en su cabeza muchas diademas; y tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino él mismo.

Estaba vestido de una ropa teñida en sangre; y su nombre es: El Verbo de Dios (el Verbo de Dios viniendo en Apocalipsis, capítulo 19, nuevamente a la Tierra).

Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos blancos.

De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso.

Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: Rey de reyes y Señor de señores”.

Esta es la Venida del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová, nuevamente a la Tierra en carne humana, como vino dos mil años atrás en carne humana, en aquel sencillo velo de carne llamado Jesús de Nazaret. La Palabra, el Verbo, estaba hecho carne en Jesús de Nazaret.

Y ahora nos preguntamos: ¿Quién es el Verbo? Pues la Escritura dice: “En el principio era el Verbo, y el Verbo…”. Vamos a ver:

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.

Este era en el principio con Dios.

Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho”.

Y luego en San Juan, capítulo 1, verso 14, dice:

“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros…”.

Y San Juan en su primera carta, San Juan, su primera carta y primer capítulo, Primera de Juan, vean lo que nos dice: Primera de Juan, capítulo 1, verso 1 en adelante, en la misma forma en que comenzó el evangelio San Juan comienza su primera carta, dice:

“Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida

(porque la vida fue manifestada, y la hemos visto, y testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó)…”.

¿Cómo se manifestó la vida que estaba con el Padre? En carne humana, en aquel joven carpintero de Nazaret llamado Jesús. Vean que nos habla del Verbo, dice: “… y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida…”. Dice:

“… lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo.

Estas cosas os escribimos, para que vuestro gozo sea cumplido”.

Vean cómo San Juan comienza su primera carta en la misma forma que comenzó el evangelio según San Juan: con el que era desde el principio:

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios”.

San Juan capítulo 1, verso 1 al 3, y después dice el verso 14 de ese mismo capítulo 1 de San Juan:

“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros…”

En la profecía de Malaquías, capítulo 3, nos habla de la Venida del Mesías, y nos dice el profeta Malaquías de la siguiente manera, en el capítulo 3, dice:

He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí; y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis…”.

Después del que le estará preparando el camino al Señor, ¿quién vendrá? Vendrá el Señor, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob que le apareció a Moisés y le dijo: “Yo soy el Dios de tu padre, y el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob”.

¿Quién le dijo así a Moisés? El Ángel de Jehová, el Ángel del Pacto, el cual era en el principio con Dios y era Dios, y luego libertó al pueblo hebreo; y es el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. Y ahora este Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob está prometido para venir; pero antes envía Su precursor aquí en Malaquías capítulo 3, el cual fue Juan el Bautista:

“… y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros”.

¿Ven? El que viene es el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, que es el mismo Dios, el mismo Señor Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, conocido en el Antiguo Testamento como el Ángel de Jehová o Ángel del Pacto, porque Dios está en Su cuerpo teofánico en el cual les apareció a los profetas del Antiguo Testamento en algunas ocasiones, les apareció en esa Columna de Fuego o Llama de Fuego; y desde esa Columna de Fuego les habló a Sus profetas y le habló también al pueblo hebreo en el monte Sinaí. Pero en esa Llama de Fuego hay un hombre hablando.

Y en algunas ocasiones se dejó ver por algunos de los profetas. Por ejemplo, Moisés quiso ver a Dios, Moisés quiso ver al que estaba hablando en esa Llama de Fuego, y Dios le dice que no podrá verlo hombre alguno y vivir; pero Moisés quería ver a Dios, y en el capítulo 33, verso 18 en adelante, hasta el 23, dice [Éxodo]:

Él entonces dijo: Te ruego que me muestres tu gloria. Y le respondió (Dios): Yo haré pasar todo mi bien delante de tu rostro, y proclamaré el nombre de Jehová delante de ti…”.

O sea el Nombre Eterno de Dios, el cual aparece en Éxodo, capítulo 3, verso 14 al 15, traducido como Yo soy, pero que en realidad lo que fue hablado ahí fueron cuatro letras consonantes, que fueron YHWH; y ese es el Nombre que Dios va a proclamar. Dice:

“… y proclamaré el nombre de Jehová delante de ti; y tendré misericordia del que tendré misericordia, y seré clemente para con el que seré clemente.

Dijo más: No podrás ver mi rostro; porque no me verá hombre, y vivirá.

Y dijo aún Jehová: He aquí un lugar junto a mí, y tú estarás sobre la peña;

y cuando pase mi gloria, yo te pondré en una hendidura de la peña, y te cubriré con mi mano hasta que haya pasado.

Después apartaré mi mano, y verás mis espaldas; mas no se verá mi rostro”.

Ahora, podemos ver cómo Moisés quiso ver a Dios, al que le hablaba, al que lo guiaba y al que los libertó; pero ahora Dios le dice: “Vas a ver mis espaldas solamente”. Y luego, cuando Dios pasó delante de Moisés, Moisés vio las espaldas de Dios; o sea que Moisés vio un hombre de espalda, pero no pudo ver Su rostro.

Ahora, en otras ocasiones encontramos a través de la historia bíblica que hubo personas que vieron a Dios en un cuerpo físico, aunque de otra dimensión. Abraham, el Padre de la Fe, nos cuenta la historia bíblica en el Génesis que cuando regresaba de la victoria obtenida sobre los reyes que se habían llevado cautivo a Lot, su sobrino, y la familia de Lot y a muchas otras personas de Sodoma, le apareció —a Abraham— Melquisedec, que es Rey de Salem y Rey de Paz y Rey de Justicia, el cual le dio pan y vino a Abraham, y Abraham pagó a Melquisedec los diezmos de todo.

¿Y por qué estos hombres de Dios como Abraham, Isaac, Jacob y el pueblo hebreo, los patriarcas y todo el pueblo hebreo diezman a Dios? Porque Dios así lo enseñó a ellos, y ahí hay una bendición grande para la persona: Dios dice que abrirá las ventanas de los Cielos y derramará bendición en abundancia.

Ahora, veamos cómo Melquisedec bendijo a Abraham. Y cuando se nos habla de Melquisedec en el Nuevo Testamento, San Pablo señala a este Melquisedec en tal forma que dice que no tiene ni padre ni madre ni principio de días. Vean, capítulo 7 de Hebreos, esta carta de San Pablo dice en el capítulo 7 a los Hebreos:

“Porque este Melquisedec, rey de Salem, sacerdote del Dios Altísimo, que salió a recibir a Abraham que volvía de la derrota de los reyes, y le bendijo,

a quien asimismo dio Abraham los diezmos de todo; cuyo nombre significa primeramente Rey de justicia, y también Rey de Salem, esto es, Rey de paz;

sin padre, sin madre, sin genealogía; que ni tiene principio de días, ni fin de vida, sino hecho semejante al Hijo de Dios, permanece sacerdote para siempre.

Considerad, pues, cuán grande era éste, a quien aun Abraham el patriarca dio diezmos del botín”.

Aquí, vean ustedes también lo que sucedió con Leví:

“Ciertamente los que de entre los hijos de Leví reciben el sacerdocio, tienen mandamiento de tomar del pueblo los diezmos según la ley, es decir, de sus hermanos, aunque éstos también hayan salido de los lomos de Abraham.

Pero aquel cuya genealogía no es contada de entre ellos, tomó de Abraham los diezmos, y bendijo al que tenía las promesas.

Y sin discusión alguna, el menor es bendecido por el mayor.

Y aquí ciertamente reciben los diezmos hombres mortales; pero allí, uno de quien se da testimonio de que vive.

Y por decirlo así, en Abraham pagó el diezmo también Leví, que recibe los diezmos;

porque aún estaba en los lomos de su padre cuando Melquisedec le salió al encuentro”.

Ahora vean cómo este sacerdote del Dios Altísimo, Melquisedec, le apareció a Abraham.

¿Y quién es este Melquisedec? Es el Sacerdote, Sumo Sacerdote del Templo que está en el Cielo, y es el único que puede entrar al Lugar Santísimo del Templo que está en el Cielo; así como el sumo sacerdote de la descendencia de Leví, que el pueblo hebreo siempre tenía como sumo sacerdote, era el que podía entrar al lugar santísimo del templo que construyó Moisés y también del templo que construyó el rey Salomón.

Y ahora, este Melquisedec del Templo que está en el Cielo, del cual Él es el Sumo Sacerdote, le apareció a Abraham, y le apareció en forma visible; y este Melquisedec tomó de Abraham los diezmos. Esto es tipo y figura para la Iglesia del Señor Jesucristo, que siendo la Iglesia de Jesucristo la descendencia de Abraham y el pueblo hebreo también siendo descendencia de Abraham (el pueblo hebreo por medio de Isaac y la Iglesia de Jesucristo por medio del hijo de la promesa, que es Cristo), ahora, para ambos pueblos: el Israel terrenal y el Israel celestial, el Melquisedec del Templo que está en el Cielo le aparecerá en carne humana en el tiempo correspondiente.

Este Melquisedec que apareció a Abraham es el mismo Verbo que era con Dios y era Dios: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y este era en el principio con Dios. Y el Verbo (¿qué?) se hizo carne y habitó entre nosotros”, y lo conocimos por el nombre de Jesús. Jesús vino en medio del pueblo hebreo al Israel terrenal, a la descendencia de Abraham, así como Melquisedec vino a Abraham, el Padre de la Fe.

Y ahora, viene Melquisedec vestido de carne humana en medio del pueblo hebreo, y fue llamado Jesús. Vean qué grande personaje apareció en medio del pueblo hebreo, pero apareció en forma tan humilde, tan sencilla, que ni se dieron cuenta que allí estaba en medio de ellos Melquisedec vestido de carne humana, el Sacerdote, el Sumo Sacerdote del Templo que está en el Cielo, y Rey del Universo completo; porque este Melquisedec es Rey y Sacerdote.

Y ahora, apareció velado en carne humana, dentro de un velo de carne llamado Jesús, un joven carpintero de Nazaret; pero el que estaba dentro de Él era nada menos que el Creador de los Cielos y de la Tierra. Por eso cuando Felipe dice: “Señor, muéstranos al Padre y nos basta”, Cristo dice: “Tanto tiempo hace, Felipe, que estoy con vosotros, ¿y todavía no me has conocido? ¿No sabes que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí? ¿Y el que me ha visto a mí, ha visto al Padre? (O viceversa)”1.

Ahora, vean ustedes, este misterio de la Venida del Verbo en carne humana es el misterio de la Venida de Dios con Su cuerpo teofánico metido dentro de un cuerpo de carne. Es la Venida del Verbo... cuando se dice el Verbo se está hablando del cuerpo teofánico de Dios, del cuerpo de la Palabra; y cuando vino en carne humana, Dios vino con Su cuerpo teofánico de la sexta dimensión, llamado Melquisedec y también llamado Elohim y también llamado el Ángel de Jehová o Ángel del Pacto, y cuando se hizo carne estaba dentro de ese velo de carne el Dios Creador de los Cielos y de la Tierra.

Por eso es que Jesús en una ocasión clamó, en San Mateo, capítulo 11, versos 25 al 27, y dice así:

En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños.

Sí, Padre, porque así te agradó.

Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar”.

Ahora vean, la revelación del Padre dentro de aquel velo de carne venía solamente por medio de Jesucristo a aquellos a quienes el Hijo lo quisiera revelar.

Cristo también dijo en el capítulo 13 de San Mateo, versos 9 al 11, dice:

El que tiene oídos para oír, oiga.

Entonces, acercándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas?

Él respondiendo, les dijo: Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no les es dado”.

Ahora vean que los misterios del Reino de los Cielos son dados a conocer a aquellos a quienes Dios desea darlos a conocer; y a las demás personas solamente por parábolas es dado escuchar acerca de los misterios de Dios.

Ahora, los misterios de Dios, vean ustedes, son muy importantes, porque esos misterios son las cosas que Dios realiza en Su Programa.

El misterio de la Primera Venida de Cristo, encontramos que estaba profetizado en diferentes formas, con parábolas, y también reflejado en la vida de personas como José el hijo de Jacob, en el cual se reveló o se reflejó la Primera Venida de Cristo y también la Segunda Venida de Cristo; y fue vendido por sus hermanos por unas piezas de plata, como también Cristo fue vendido por Judas Iscariote por unas piezas de plata también.

Y ahora, Jesucristo pregunta en una ocasión a Sus discípulos, en el capítulo 16 de San Mateo, versos 13 al 20, dice así:

“Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?

Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros (o sea, y otros dicen), Jeremías, o alguno de los profetas.

Él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? (¿Quién dicen ustedes que soy yo?).

Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.

Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos.

Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades (o sea, del infierno) no prevalecerán contra ella.

Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.

Entonces mandó a sus discípulos que a nadie dijesen que él era Jesús el Cristo”.

Que a nadie dijesen que Él era ¿quién? El Cristo, o sea, el Ungido, el Mesías. Les prohibió a Sus discípulos, en esa ocasión, que anunciaran que Él era el Mesías; porque esta era una revelación para ellos, para aquellos a los cuales era concedido conocer los misterios del Reino de Dios.

Ahora podemos ver cómo hay cosas que son reveladas a los escogidos de Dios, las cuales no las podrán comprender las demás personas y las cuales no son para ser dadas a conocer a las demás personas; nunca las podrán comprender.

Nunca podrían comprender cómo un joven carpintero de Nazaret podía ser el Mesías prometido por los profetas del Antiguo Testamento. ¿Cómo podía ese joven carpintero de Nazaret ser el Rey de Israel? Era algo que no podían comprender. Pero con todo y eso, Él era el Mesías prometido en la Escritura. Él era nada menos que el Rey de Israel.

Así que no importa lo que piensen las personas, cuando Dios cumple Su Palabra esa es la Verdad divina para la gente, y es revelado el misterio de lo que está siendo cumplido a aquellos a los cuales Dios desde antes de la fundación del mundo destinó para comprender esos misterios.

Ahora vean cómo cuando le dice a Felipe.., cuando Felipe dice: “Señor…”. Eso está en el capítulo 14 de San Juan, vamos a ver desde el verso 6 en adelante, dice:

“Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.

Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto”.

¿Y cómo desde ese momento le conocían y le habían visto? Porque estaba manifestado en Su velo de carne.

“Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta.

Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre?

¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras”.

¿Dónde estaba morando el Padre? En ese velo de carne. Y Él era el que estaba haciendo aquellas obras por medio del velo de carne llamado Jesús.

“Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí; de otra manera, creedme por las mismas obras.

De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre”.

Podemos ver cómo Cristo muestra que Él estaba en el Padre, y el Padre estaba en Él. Era el Verbo encarnado en medio del pueblo hebreo, en ese velo de carne llamado Jesús, en el cumplimiento de la promesa de la Venida del Mesías, de la Venida del Ungido. Mesías lo que significa es ‘ungido’. Mesías, Cristo y Ungido es lo mismo.

Era la Venida del Verbo en Su Ungido, era la Venida del Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Ángel de Jehová, el Ángel del Pacto en carne humana. Eso era nada menos que la Venida de la Palabra encarnada en un hombre.

¿Y vieron lo sencillo que fue todo? Fue todo tan sencillo que los que no vigilaron de acuerdo a las profecías y de acuerdo a lo que Juan predicó les pasó por encima la Primera Venida de Cristo; la Primera Venida de Cristo en medio de la descendencia de Abraham según la carne, en medio del Israel terrenal. La Segunda Venida de Cristo será la Venida del Verbo hecho carne en el tiempo final.

El pueblo hebreo todavía está esperando la Venida del Mesías, y ya llevan dos mil años que esa promesa se cumplió en medio de ellos en aquel velo de carne sencillo, aquel joven carpintero llamado Jesús de Nazaret.

Fue Dios manifestado en carne humana en simplicidad, en sencillez; porque cuando Dios promete algo grande, cuando lo cumple, a la vista humana es algo sencillo. Las cosas grandes de Dios son manifestadas en simplicidad; y el pueblo sencillo es siempre el que capta esa manifestación grande de Dios en forma sencilla.

Ahora, vean ustedes cómo el pueblo hebreo como nación pasó por alto el cumplimiento de lo que ellos mismos estaban esperando. Se cumplieron todas las promesas proféticas correspondientes a la Primera Venida del Mesías...; aun la señal de la Venida del Mesías, la señal de la Venida del Hijo del Hombre en medio del pueblo hebreo, se cumplió dos mil años atrás, que fue la estrella de Belén, como se le llama en la actualidad; esa señal apareció en el cielo dando testimonio de lo que Dios estaba haciendo en la Tierra; porque cuando Dios va a cumplir una promesa en la Tierra Él lo muestra en el cielo. Cuando Dios dice que habrá señales en los cielos, es porque en la Tierra se estarán cumpliendo las profecías.

Algunas personas miran hacia el cielo y no entienden nada. Eso sucedió en los días de Jesús también. Miraban hacia arriba, veían esa estrella, pero no comprendían que esa era la señal de la Primera Venida de Cristo, de la Venida del Verbo hecho carne en medio del pueblo hebreo, en medio del Israel terrenal.

Ellos tenían las profecías, sabían que una virgen iba a concebir e iba a dar a luz un hijo, el cual sería Emanuel, o sea, el cual sería Dios con nosotros, o sea, Dios en medio del pueblo hebreo en carne humana; era la promesa de la Venida del Verbo, de la Palabra en carne humana. Isaías, capítulo 7, verso 14, profetizó: “He aquí el mismo Señor os dará señal”, así es como nos dice el profeta Isaías en el capítulo 7, verso 14:

“Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel”.

Esa es la promesa de la Venida del Mesías naciendo por medio de una mujer virgen del pueblo hebreo.

Y por cuanto la promesa mesiánica era para ser cumplida en Belén de Judea, por cuanto la promesa a David fue que no faltaría uno que se sentara en su trono..., y esa promesa la cumple el Mesías sentándose en el Trono de David; y el Arcángel Gabriel da testimonio de esa promesa para ser cumplida en el Mesías cuando le dijo a María en el capítulo 1 de San Lucas, verso 30 en adelante, dice:

“Entonces el ángel le dijo (este es el Arcángel Gabriel hablando con María): María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios”.

Y esa sí que es una bienaventuranza y bendición grande: hallar gracia delante de Dios; porque la misericordia de Dios es manifestada para la persona que halla gracia delante de Dios. Así fue con Noé también, halló gracia delante de Dios y la misericordia de Dios fue manifestada a Noé, y escapó del diluvio, o sea, escapó de la destrucción. Sigue diciendo:

“Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús”.

Aquí, vean ustedes, el nombre que llevará el niño que nacerá por medio de la virgen María, Su nombre será Jesús, que significa ‘Salvador’ o ‘Redentor’.

“Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre;

y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin”.

Aquí tenemos la promesa del Trono de David que le será dado al Mesías, el cual tenía que nacer en Belén de Judea; y se sentará en Su Trono para reinar sobre el pueblo hebreo; y Su Trono y Su Reino no tendrán fin.

Ahora, vean ustedes cómo esta promesa del Trono de David es cumplida al Mesías, porque es Jesucristo el heredero al Trono de David para sentarse en el Reino Milenial en el Trono de David, reinar sobre el pueblo hebreo y reinar sobre la humanidad completa.

Por eso la humanidad en el Reino Milenial prosperará; y sobre todo prosperará plenamente en el conocimiento de Dios, conocerá a Dios. El profeta Zacarías dice en el capítulo 14 cómo será para ese tiempo en cuanto al conocimiento de Dios. Dice el capítulo 14, verso 8 en adelante, al 9, dice:

“Acontecerá también en aquel día, que saldrán de Jerusalén aguas vivas, la mitad de ellas hacia el mar oriental, y la otra mitad hacia el mar occidental, en verano y en invierno.

Y Jehová será rey sobre toda la tierra”.

Jehová será Rey sobre toda la Tierra, y el cumplimiento de esto será el Mesías como Rey sobre toda la Tierra.

“En aquel día Jehová será uno, y uno su nombre”.

El que estará reinando es el Jehová del Antiguo Testamento, que se hizo carne en medio del pueblo hebreo y fue conocido por el nombre de Jesús; porque ese es el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob; ese es el Verbo que era en el principio: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”. San Juan, capítulo 1, verso del 1 al 14 (hemos citado de ese pasaje algunos versos).

Ahora, vean ustedes cómo el Verbo que era con Dios y era Dios se hizo carne y habitó en medio del pueblo hebreo. Vino en un velo de carne el cual nació por medio de una virgen, un velo de carne que fue creado por Dios en el vientre de María, donde creó una célula de vida, la cual se múltiplo célula sobre célula hasta que fue formado ese cuerpecito y tuvo el tiempo correcto para nacer; y nació en Belén de Judea.

Ahora, vean cómo en forma tan sencilla se cumplió la Venida del Verbo encarnado, del Verbo en carne humana, del Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el cual en el Antiguo Testamento estaba sin un cuerpo físico, sino con un cuerpo teofánico de otra dimensión; no un cuerpo de carne de esta dimensión, no un cuerpo físico de carne de esta dimensión, sino un cuerpo parecido al nuestro pero de otra dimensión, en el cual apareció a muchos profetas como Abraham, como Jacob; ese es el Ángel que luchó con Jacob y Jacob no lo soltó hasta que el Ángel lo bendijo.

Ese Ángel de Jehová es el Verbo que era con Dios y era Dios, porque Dios estaba dentro de ese Ángel; porque ese Ángel siendo el Verbo, siendo el cuerpo teofánico de Dios, es el cuerpo en el cual Dios ha estado manifestado en el Antiguo Testamento y ha estado hablándole a Sus profetas en diferentes etapas.

Ahora, Dios desde ese cuerpo puede manifestarse, obrar y aparecer envuelto en un torbellino o envuelto en una nube o envuelto en una llama de fuego. Apareció allá en el Antiguo Testamento en aquella Nube y Llama de Fuego que libertó al pueblo hebreo y que le dijo a Moisés: “Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob”.

Encontramos que apareció a los padres de Sansón y les dijo que iban a tener un hijo, el cual sería Sansón; y el padre de Sansón le dijo al Ángel: “Dime tu nombre, ¿cuál es tu nombre? Para que cuando se cumpla lo que has dicho te honremos”. Pero el Ángel le dice: “¿Por qué preguntas por mi nombre, el cual es oculto?”.

Moisés quiso saber el Nombre y le fueron dadas cinco letras consonantes: YHWH. Y el padre de Sansón quería saber el nombre de ese Ángel. Y cuando el sacrificio del cabrito o corderito (que ellos prepararon) lo ofrecieron a Dios, el Ángel subió por el fuego que estaba consumiendo el sacrificio; y dijeron los padres de Sansón, el padre de Sansón dijo: “Hemos de morir; porque hemos visto a Dios cara a cara”.

Y como la Escritura dice que nadie jamás ha visto a Dios, porque “no me verá hombre y vivirá”, ellos al ver a Jehová, al Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob en la forma de un hombre pero de otra dimensión, en la forma de un Ángel, de un varón, pensaron que iban a morir; porque estaban viendo cara a cara, hablaron con Él, le, le vieron el rostro, le vieron los ojos, escucharon Sus palabras; pero aunque estaban hablando cara a cara con Dios, aun no estaban viendo a Dios cara a cara.

¿Y cómo puede ser eso? Mire, los padres de Sansón dijeron que habían visto a Dios cara a cara. También hay otra persona… El mismo Dios hablando de Moisés, ¿saben ustedes lo que dice la Escritura acerca de Moisés? Que Moisés hablaba con Dios y Dios hablaba con Moisés cara a cara.

Ahora, vamos a ver dónde está..., buscaremos por aquí en Deuteronomio para que veamos dónde lo dice. Capítulo 34, verso 9 al 12, dice:

Y Josué hijo de Nun fue lleno del espíritu de sabiduría, porque Moisés había puesto sus manos sobre él; y los hijos de Israel le obedecieron, e hicieron como Jehová mandó a Moisés.

Y nunca más se levantó profeta en Israel como Moisés, a quien haya conocido Jehová cara a cara.”

Hay diferentes lugares donde nos habla de Moisés conociendo a Dios cara a cara o hablando con Dios cara a cara. En el capítulo 33 del Éxodo, verso 11, también nos dice que Moisés hablaba con Dios cara a cara. Vamos a ver, capítulo 33, verso 11, dice:

Y hablaba Jehová a Moisés cara a cara, como habla cualquiera a su compañero. Y él volvía al campamento; pero el joven Josué hijo de Nun, su servidor, nunca se apartaba de en medio del tabernáculo”.

Este Josué hijo de Nun fue luego el sucesor del profeta Moisés.

Ahora vean cómo Dios hablaba con Moisés cara a cara; pero cuando Moisés quiso ver a Dios, ¿qué le dijo Dios? [Éxodo 33:18-23]:

… entonces dijo (Moisés): Te ruego que me muestres tu gloria. Y le respondió (Dios): Yo haré pasar todo mi bien delante de tu rostro, y proclamaré el nombre de Jehová delante de ti; y tendré misericordia del que tendré misericordia, y seré clemente para con el que seré clemente.

Dijo más: No podrás ver mi rostro; porque no me verá hombre, y vivirá”.

Y la Escritura dice que Dios hablaba con Moisés cara a cara.

Y en el capítulo 32 del Génesis encontramos este acontecimiento en la vida de Jacob cuando se encontró con el Ángel. Dice capítulo 32, versos 24 en adelante del Génesis, dice:

Así se quedó Jacob solo; y luchó con él un varón hasta que rayaba el alba.

Y cuando el varón vio que no podía con él, tocó en el sitio del encaje de su muslo, y se descoyuntó el muslo de Jacob mientras con él luchaba.

Y dijo: Déjame, porque raya el alba. Y Jacob le respondió: No te dejaré, si no me bendices.

Y el varón le dijo: ¿Cuál es tu nombre? Y él respondió: Jacob.

Y el varón le dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido.

Entonces Jacob le preguntó, y dijo: Declárame ahora tu nombre. Y el varón respondió: ¿Por qué me preguntas por mi nombre? Y lo bendijo allí.

Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar, Peniel; porque dijo: Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma.

Y cuando había pasado Peniel, le salió el sol; y cojeaba de su cadera”.

Pero es mejor un hombre cojo pero con la bendición de Dios, que no un hombre sin cojear de una pierna sin la bendición de Dios.

Fue afectada su pierna, pero fue buscando, ¿buscando qué?, la bendición de Dios. Y cuando la persona está buscando la bendición de Dios, si tiene algún problema, si se le tuerce alguna pierna y después va cojeando, no se ponga a decir: “Por estar buscando las cosas de Dios, miren lo que me ha sucedido”. Más bien diga: “Esto es señal de que buscando las cosas de Dios, conseguí la bendición de Dios”. Tómelo como una buena señal y no como un problema.

Jacob no se quejó sino que dio gracias a Dios y se regocijó que obtuvo la bendición de Dios.

Ahora vean que dice, dice Jacob que vio a Dios cara a cara. Y ahora veamos lo que nos dice San Juan, capítulo 1, verso 18:

“A Dios nadie le vio jamás…”.

Y si nadie le vio jamás, ¿por qué ellos dicen que vieron a Dios cara a cara? ¿Hay alguna contradicción en la Biblia? No la hay.

“A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer”.

Cuando Jesús dijo: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre”, estaban viendo al Padre pero nadie estaba viendo a Dios, porque a Dios nadie lo vio jamás; pero estaban viendo a Dios manifestado en el velo de carne llamado Jesús.

Y estar viendo esa manifestación de Dios en el velo de carne era estar viendo a Dios cara a cara en Su velo de carne; o sea, viendo la parte exterior de Dios, que era el velo de carne.

Ahora, si yo les digo a ustedes una cosa, ¿la creerán ustedes? Ninguno de ustedes me está viendo a mí. ¿Pueden creer eso? Aparentemente no tiene sentido; pero si les explico, sí tiene mucho sentido.

Vean, así como ustedes no me están viendo a mí, yo tampoco los estoy viendo a ustedes. Cualquiera podrá decir o pensar: “¿Será que es ciego?, ¿será que parece que ve pero no ve nada?”.

Usted es alma viviente, pero tiene un cuerpo de otra dimensión llamado espíritu, y también tiene un cuerpo de esta dimensión de carne; y ese cuerpo es el que yo estoy viendo, pero el alma suya yo no la estoy viendo, ni tampoco estoy viendo su cuerpo teofánico de otra dimensión; o sea, no estoy viendo su espíritu ni su alma tampoco, solamente estoy viendo su cuerpo físico.

Y ustedes ni están viendo mi alma ni están viendo mi espíritu, solamente están viendo mi cuerpo físico, mi cuerpo de carne que está aquí presente.

Ahora ¿vieron que ninguno de ustedes me está viendo a mí, y comprendieron que yo tampoco los estoy viendo a ustedes? Solamente nos estamos viendo el cuerpo físico donde estamos morando.

Y así es cuando la Escritura dice que nadie jamás ha visto a Dios. Solamente han visto el cuerpo teofánico de la sexta dimensión de Dios, llamado el Ángel de Jehová, el cual vio Jacob cuando luchó con ese Ángel; y el cual vio Abraham también, y el cual, vean ustedes, Abraham lo vio… lo llamó Melquisedec en una ocasión, o se llamó Melquisedec en una ocasión y en otra ocasión Elohim.

También encontramos que Moisés lo vio, y lo vio Jacob y lo vio Josué también; lo vio también, ese cuerpo teofánico de la sexta dimensión, lo vio el padre y la madre de Sansón; también encontramos que otros hombres de Dios lo vieron. Todos los que vieron ese varón, el Ángel de Jehová en la forma de un varón, estaban viendo el que en otras ocasiones había estado apareciendo envuelto en una Llama de Fuego.

Y ahora, vean ustedes... ahora, ¿es posible que sea visto envuelto o vestido de una llama de fuego? Bueno, ¿usted no está vestido de una tela? ¿No se puede Dios vestir de fuego o de un torbellino o de las nubes? Ahora, puede venir envuelto en una nube o en una llama de fuego o en un torbellino, como le aparecía a Job, en un torbellino, y desde ahí le hablaba.

A Moisés le hablaba también, desde una llama de fuego; y también cuando lo pudo ver, ver Sus espaldas, pues estaba hablándole, y era un hombre de otra dimensión. Ese hombre de otra dimensión es llamado el Verbo de Dios, que es el mismo Dios en y con Su cuerpo de la sexta dimensión.

Y ese hombre de la sexta dimensión, que es el mismo Dios con y en Su cuerpo teofánico, dice la Escritura que es el que creó todas las cosas.

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.

Este era en el principio con Dios.

Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho”.

Y luego el Verbo se hizo carne y habitó en medio del pueblo hebreo, habitó en medio de la raza humana, y fue conocido por el nombre de Jesús. Allí estaba el Creador de los Cielos y de la Tierra. Por eso le hablaba al mar y le decía: “¡Enmudece!” cuando estaba furiosa la tempestad, y los vientos se calmaban.

Y los discípulos de Jesucristo se preguntaban unos a otros: “¿Quién es este hombre, que aun le habla a los vientos, al mar, a la tempestad, y le obedecen?”. Era nada menos que el Creador de los Cielos y de la Tierra. Él creó las aguas, los vientos, y vean ustedes cómo le obedecían; y aun caminó sobre las aguas en tempestad, y no se hundía.

Él, siendo el Creador, encontramos que cuando solamente tenían unos pececitos y unos panecitos, y la multitud que estaba escuchando a Jesús por tres días tuvo hambre, Cristo tomó esos panecitos y pececitos, los bendijo y los multiplicó; porque Él es el Creador y multiplicó Su creación.

Y ahora, podemos ver el por qué Él podía realizar todas estas cosas que vemos en Su historia a través de los evangelios. Y por eso es que Él podía decir a los hebreos en palabras claras y directas, podía decir algo que estremecía el entendimiento de los que lo escuchaban; y no lo podían comprender.

Él dijo en una ocasión, hablando de quién Él es, Él dijo: “Antes que Abraham, Yo Soy”.

Juan el Bautista, hablando de Cristo, dijo: “El que viene después de mí es antes que yo (o antes de mí)”. ¿Y cómo a va ser antes que Juan el que viene después? ¿No ha leído usted la escritura que dice que los postreros son primero? Y ahora, el que viene después de Juan, es primero que Juan. Juan dice: “De Su plenitud tomamos todos”.

Y miren ustedes cómo Jesús dice:

Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó.

Entonces le dijeron los judíos: Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham?”.

O sea, le están diciendo: “Tú no tienes 50 años. Abraham vivió cientos de años atrás, más de (vamos a decir) cientos de años atrás, ¿y ahora tú vienes diciendo que has visto a Abraham? Abraham vivió mas de mil años atrás, y ahora tú que no tienes 50 años, ¿dices que has visto a Abraham?”. O sea: “Lo que estás diciendo, no es verdad”.

Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy”.

Ahí para estos judíos fue el colmo. No solamente les dijo que Abraham había visto Su día, lo cual para los hebreos significaba que era contemporáneo con Abraham, sino que también dice que era antes que Abraham.

“Antes que Abraham fuese, yo soy.

Tomaron entonces piedras para arrojárselas; pero Jesús se escondió y salió del templo; y atravesando por en medio de ellos, se fue”.

“Abraham deseó ver mi día; y lo vio, y se gozó”, pues estuvo comiendo Abraham con Jesucristo, el cual estaba en Su cuerpo teofánico cuando le apareció a Abraham el día antes de la destrucción de Sodoma y de Gomorra.

Aquel que estaba comiendo con Abraham, el cual Abraham llamó Elohim, era el mismo que estaba dentro de aquel cuerpo de carne llamado Jesús; era el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, era el Verbo que era en el principio con Dios y era Dios.

Y ahora, no solamente Abraham lo vio y comió con Él, sino que antes de eso también lo había visto, y Elohim le había dado - Melquisedec le había dado pan y vino; y comió Abraham pan y tomó vino. En la segunda ocasión fue Abraham el que le dio de comer a Dios.

Y ahora vean ustedes cómo apareció Dios en Su cuerpo teofánico, el cual es el mismo Jesucristo pero en Su cuerpo teofánico; por eso Jesús puede decir: “Antes que Abraham fuera, yo soy. Antes que Abraham fuese, yo soy”. Pueden ver cómo le apareció a Abraham, cómo Abraham comió con Él, cómo Abraham se gozó al ver el día de Jesús.

Y vean ustedes cómo en esa manifestación de Jesucristo en Su cuerpo teofánico antes de venir en carne humana, vean cómo ya estaba ministrando en el Antiguo Testamento. Él fue el que le dio la Ley al pueblo hebreo, Él fue el que libertó al pueblo hebreo, el que estaba dentro de ese velo de carne llamado Jesús. Porque ese que está dentro de ese velo de carne llamado Jesús, que apareció en medio del pueblo hebreo, es el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, llamado también el Ángel de Jehová o Ángel del Pacto.

Y ahora, vean ustedes, fue antes que Juan el Bautista, antes que Abraham, fue antes que Noé también, fue antes que Adán también; porque en el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.

El Verbo, ese cuerpo teofánico que Dios se creó para Sí mismo, es llamado el Verbo de Dios, el Verbo que salió de Dios, el Logos que salió de Dios, en el cual Dios mora; y luego se creó un cuerpo de carne en el vientre de María llamado Jesús.

En la misma forma en que es el ser humano, vean ustedes, es Dios; porque el hombre es hecho a imagen y semejanza de Dios.

Y ahora, vean ustedes, el Dios Todopoderoso antes de tener Su cuerpo teofánico, o sea, antes de hacerse Su cuerpo teofánico, lo encontramos en la eternidad. Y en Él estábamos nosotros, y en Él estaba toda la Creación; porque la Creación ¿de dónde salió? De Dios.

Toda la Creación y todo estaba como un atributo en la mente de Dios; aun Su cuerpo teofánico y Su cuerpo físico llamado Jesús, todo estaba en la mente de Dios como un atributo.

En la carta de San Pedro, primera carta de San Pedro, capítulo 1, versos 18 al 21, nos dice cómo nosotros hemos sido rescatados por Dios. Dice:

“… sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata,

sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, ya destinado desde antes de la fundación del mundo…”.

¿Desde cuándo estaba ya programada la muerte de Cristo en la Cruz del Calvario? ¿Desde cuándo estaba programada la Primera Venida de Cristo y Su muerte en la Cruz del Calvario? Dice:

“… ya destinado desde antes de la fundación del mundo…”.

Antes de la Creación ya estaba destinado Cristo para venir a la Tierra y morir en la Cruz del Calvario.

“… ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros”.

¿Manifestado cuándo? En los postreros tiempos, o sea, en los postreros días. Los postreros días son quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio.

Y ahora, encontramos que en el quinto milenio fue que Cristo tuvo Su ministerio por tres años y medio y llevó a cabo Su Obra de Redención en la Cruz del Calvario. Eso fue en el primer siglo del quinto milenio; fue también en el primer tercio del primer siglo del quinto milenio. Porque un día delante de Dios es como mil años para nosotros, y mil años de nosotros como un día delante de Dios.

San Pedro también nos habla de esto en Segunda de Pedro, capítulo 3, verso 8, y nos dice que es algo que no podemos ignorar; dice:

“Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día”.

También el profeta Moisés en el Salmo 90 y verso 4, da testimonio de esta verdad, de ahí la tomó San Pedro. Y ahora, vean el por qué San Pedro dice que fue en los postreros tiempos o días postreros que fue manifestado todo esto que Dios había destinado desde antes de la fundación del mundo, con relación a la Venida de Cristo y Su Sacrificio en la Cruz del Calvario.

También dijo, acerca de la Venida del Espíritu Santo, que eso Dios lo había prometido para cumplirlo en los postreros días. En el libro de los Hechos, capítulo 2, verso 14 al 20, está lo que San Pedro dijo citando al profeta Joel (al capítulo 2 del profeta Joel); dijo que para los postreros días Dios derramaría de Su Espíritu sobre toda carne. Y por eso ellos estaban recibiendo el Espíritu Santo el Día de Pentecostés allí en el aposento alto, porque ya habían comenzado los días postreros.

Y San Pablo también daba testimonio que aquellos días en los cuales había vivido Jesucristo eran ya los días postreros. Dice en Hebreos, capítulo 1, verso 1 al 2:

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,

en estos postreros días (¿cuándo? en estos postreros días) nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo”.

¿Por quién hizo el universo? Por Su Hijo: “Y por quien asimismo hizo el universo”. O sea que Dios por medio de Su cuerpo teofánico llevó a cabo la creación de todo el universo; y luego se creó un cuerpo de carne en el vientre de María, el cual nació en Belén de Judea, creció y tuvo Su ministerio, y por medio de ese cuerpo de carne le habló a la raza humana.

Era nada menos que el Dios Todopoderoso hablando a través de carne humana y llevando a cabo las obras divinas correspondientes a aquel tiempo, eran las obras de Dios realizadas a través del velo de carne llamado Jesús. Pero el que estaba haciendo todas esas obras era el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, el cual estaba dentro de aquel velo de carne; porque allí estaba el Verbo hecho carne, la Palabra hecha carne en un hombre.

Estaba la Palabra hecha carne en un hombre en los días postreros, o sea, en el comienzo de los días postreros.

Un día siendo delante de Dios, para los seres humanos mil años, el quinto milenio es el primer día delante de Dios pero para los seres humanos es un milenio, o sea mil años; el segundo día de los días postreros es el sexto milenio; y el último de los días postreros o tercero de los días postreros, es el séptimo milenio; porque los días postreros son tres delante de Dios, que para los seres humanos son tres milenios: quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio.

Y por eso, lo que dicen los apóstoles San Pedro y San Pablo, de que Dios habló por medio de Jesucristo en los postreros días, es cierto; porque en aquellos días ya habían comenzado los días postreros; y todavía estamos en los días postreros.

Han transcurrido, de Jesucristo hacia acá, dos mil años, y delante de Dios han transcurrido solamente dos días, solamente dos días han transcurrido; y si le añadimos al calendario los años de atraso que tiene, ya ha comenzado delante de Dios el Día Postrero, que para nosotros es el milenio postrero, o sea, el séptimo milenio, para el cual hay grandes bendiciones divinas. Por ejemplo, Cristo hablando del Día Postrero, que es el milenio postrero o séptimo milenio, dijo en San Juan, capítulo 6, versos 39 al 40:

“Y ésta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.

Y ésta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquél que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero”.

¿Para cuándo Él dice que resucitará a los creyentes en Él que han partido? Dice que será en el Día Postrero, que es el milenio postrero, o sea, el séptimo milenio, llamado también el Día del Señor. Y es para el Día Postrero para el cual la Gran Voz de Trompeta o Trompeta Final está prometida para sonar, y llamar y juntar a todos los escogidos de Dios.

Es para el Día Postrero, para el séptimo milenio, que esa Gran Voz de Trompeta o Trompeta Final, que es la Voz de Cristo, del Alfa y Omega, estará llamando y juntando a todos Sus escogidos en este tiempo final, para ser preparados y ser transformados en este tiempo final, en el Día Postrero, o sea, en el séptimo milenio.

Porque el mismo Señor descenderá del Cielo con Aclamación, Voz de Arcángel y Trompeta de Dios, y los muertos en Cristo resucitarán primero; y nosotros los que vivimos, ¿qué será de nosotros? Seremos transformados y seremos arrebatados al Cielo para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Nos iremos a la Cena de las Bodas del Cordero y nos iremos con un cuerpo nuevo y eterno, y así seremos a imagen y semejanza de nuestro amado Señor Jesucristo.

Ahora vean que Él viene con Aclamación, Voz de Arcángel y Trompeta de Dios; esto es para el Día Postrero, para la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles.

Y los escogidos de Dios en el Día Postrero, o sea en el séptimo milenio, estarán escuchando esta Gran Voz de Trompeta, porque estarán escuchando la Voz de Jesucristo hablándonos todas estas cosas que deben suceder pronto en este tiempo final.

Juan dice en Apocalipsis, capítulo 1, versos 10 al 11:

“Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta, que decía:

Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último…”.

¿Quién es el Alfa y Omega? ¿Quién es el primero y el último? Nuestro amado Salvador Jesucristo. Es la Voz de Jesucristo en el Día Postrero, en el Día del Señor, o sea, en el séptimo milenio; y está como una Gran Voz de Trompeta, lo cual es un mensaje dispensacional.

Cristo estará hablándonos con un Mensaje dispensacional en este tiempo final. Es la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder en este tiempo final.

Y con ese Mensaje nos estará revelando el misterio de Su Venida, nos estará revelando el misterio de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles. Y con esa revelación, con ese Mensaje revelándonos este misterio, estará hablándole directamente al alma de cada hijo e hija de Dios.

No solamente estará hablándonos a nuestro oído, sino que estará hablándonos a nuestro espíritu y también a nuestra alma; o sea que estará llamando y juntando a Sus escogidos en cuerpo, espíritu y alma también; porque es un Mensaje que viene directamente para el alma de los hijos e hijas de Dios, para el alma de los escogidos de Dios, que tienen sus nombres escritos en el Libro de la Vida del Cordero desde antes de la fundación del mundo.

Y ahora, vean cómo nos estará hablando Jesucristo en este tiempo final: con una Gran Voz de Trompeta, o sea, con la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino. Y con ese Mensaje estará dándonos a conocer todas las cosas que deben suceder en el Día Postrero, en este tiempo final.

“Después de esto miré, y he aquí una puerta abierta en el cielo; y la primera voz que oí, como de trompeta, hablando conmigo, dijo: Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de estas”. Apocalipsis, capítulo 4, verso 1.

Y ahora, vamos a ver por medio de quién estará dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto; porque siempre tiene que tener un instrumento aquí en la Tierra, a través del cual esté manifestado y esté hablándonos en este planeta Tierra. Apocalipsis 22, verso 6, dice:

“Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto”.

¿A quién ha enviado? A Su Ángel Mensajero. ¿Para qué? Para dar a conocer las cosas que deben suceder pronto. Es por medio de Su Ángel Mensajero que estaremos escuchando la Voz de Jesucristo, esta Gran Voz de Trompeta, dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto. Por eso también Apocalipsis, capítulo 22, verso 16, dice así:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias”.

¿Quién es el enviado de Jesucristo para dar testimonio de todas estas cosas que deben suceder pronto? El Ángel del Señor Jesucristo. Y por medio de ese Ángel estaremos escuchando la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino dándonos a conocer todas las cosas que deben suceder pronto en este tiempo final; y revelándonos el misterio de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles, revelándonos el misterio de la Segunda Venida de Cristo, revelándonos el misterio de la Venida del Verbo, la Venida de la Palabra para este tiempo final.

Y ahora, hemos visto cómo es que los hijos e hijas de Dios que estarán viviendo en este tiempo final estarán escuchando a Cristo hablándole a Su pueblo con esa Gran Voz de Trompeta: es por medio de Su Ángel Mensajero, de ese velo de carne que estará presente en el tiempo final, en el Día Postrero, en el séptimo milenio.

Pero ese Ángel no es el Señor Jesucristo; él es el velo de carne, el instrumento donde Jesucristo estará manifestado en el Día Postrero hablándole a Su Iglesia todas estas cosas que deben suceder; las cuales no pueden ser comprendidas a menos que sea por medio de la Voz de Cristo a través de Su Ángel Mensajero dándonos a conocer todas estas cosas.

Si él viene dándonos a conocer estas cosas es porque no son conocidas; y nadie, ninguna otra persona, las puede dar a conocer; solamente el Ángel de Jesucristo por medio de la manifestación de Jesucristo en Espíritu Santo en él.

Y esto será, entonces, Jesucristo en Espíritu Santo manifestado en Su Ángel Mensajero hablándonos en este tiempo final; porque Él estará colocando Su Palabra en la boca de Su Ángel Mensajero, y en el corazón de Su Ángel Mensajero.

Y esto será, para la Iglesia del Señor Jesucristo, la manifestación más grande que Jesucristo haya tenido en Su Iglesia desde el Día de Pentecostés hasta este tiempo final. Pero será en simplicidad.

Y por medio de las cosas que Él nos estará hablando, revelando, será que hemos de darnos cuenta de que es la Voz de nuestro amado Señor Jesucristo, como dice en Cantares: “Es la voz de mi esposo, de mi amado”, es la Voz de nuestro amado Señor Jesucristo.

Él habló por medio de Sus mensajeros de las siete edades de la Iglesia gentil, y en este tiempo final estaría hablándonos por medio de Su Ángel Mensajero. Y así como habló en cada territorio en las siete edades de la Iglesia gentil, en donde Él envió Sus ángeles mensajeros y en el idioma en que hablaba el ángel mensajero de cada edad, para este tiempo final nos estará hablando en el idioma que hablará el Ángel del Señor Jesucristo, y en el territorio donde Dios colocará a ese Ángel Mensajero.

Al primer ángel mensajero, San Pablo, lo colocó en Asia Menor, al segundo en Francia, al tercero le dio Francia y Hungría, al cuarto le dio Irlanda y Escocia, al quinto le dio Alemania, al sexto Inglaterra, al séptimo le dio Norteamérica, el séptimo fue el reverendo William Branham; y al Ángel del Señor Jesucristo, ¿qué territorio le dará?, ¿y qué idioma le dará para que por medio de ese idioma Jesucristo le hable a Su Iglesia con esa Gran Voz de Trompeta todas estas cosas que deben suceder pronto?

De Norteamérica pasa a la América Latina y el Caribe, porque la promesa de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles es que será como el relámpago que sale del oriente y se muestra, se manifiesta en el occidente. Cristo dice: “Así será la Venida del Hijo del Hombre”.

La Venida del Hijo del Hombre para el tiempo final, vean ustedes dónde estará resplandeciendo, dónde estará siendo manifestada: en el occidente.

Es el occidente el territorio americano: Norteamérica, Centroamérica, Suramérica y el Caribe. Ya para la parte de Norteamérica Cristo tuvo Su manifestación por medio de Su séptimo ángel mensajero y cumplió la séptima etapa o edad de la Iglesia gentil, y habló por medio de ese séptimo mensajero en inglés, y tenemos los mensajes que él predicó, los tenemos en inglés y han sido traducidos al español y a otros idiomas.

Y ahora, solamente le queda a Jesucristo, para la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino, del continente americano, del continente del occidente, solamente le queda Centroamérica, Suramérica y el Caribe; y ese es el territorio para la Venida del Hijo del Hombre resplandeciendo en el occidente como el relámpago. Y ahí es donde se juntarán las águilas para comer la carne del Hijo del Hombre: “Porque el que no coma mi carne y beba mi Sangre, no tiene vida permaneciente en sí”2, dice Jesucristo.

De edad en edad han comido la carne y han bebido la Sangre de Cristo, recibiendo a Cristo como nuestro Salvador, lavando nuestros pecados en la Sangre de Cristo y recibiendo Su Espíritu Santo, y perseverando recibiendo la Palabra de Dios para el tiempo que le ha tocado vivir a cada uno de los hijos de Dios en las diferentes edades.

Y ahora nos ha tocado a nosotros en la América Latina y el Caribe la bendición del tiempo final, la bendición de la manifestación de Jesucristo a través de Su Ángel Mensajero de la Edad de la Piedra Angular y de la Dispensación del Reino; a través del cual estará hablándonos con esa Gran Voz de Trompeta que antecede a la resurrección de los muertos y a la transformación de nosotros los que vivimos.

“Y enviará Sus Ángeles con Gran Voz de Trompeta y juntarán a Sus escogidos”. La Gran Voz de Trompeta es la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino llamando y juntando a los escogidos de Dios entre los gentiles, o sea, los escogidos que viven en el tiempo final, que son los últimos escogidos del Cuerpo Místico de Jesucristo; y luego llamará y juntará ciento cuarenta y cuatro mil hebreos.

Y ahora, vean ustedes cómo en el occidente esta promesa sería cumplida. Por eso el precursor de la Segunda Venida de Cristo dijo en el mensaje “El único lugar provisto por Dios para adorar”, página 2, lo cual en el libro de Citas encontramos el extracto donde dice acerca de ese Jinete viniendo en un caballo blanco, y nos dice en la página 166 del libro de Citas, verso 1485, dice:

1485 - “Ahora, yo estaba poniéndome bastante viejo y pensé: ‘¿Habrá otro avivamiento (o sea otro avivamiento como lo hubo en cada edad cuando Dios envió al mensajero de cada edad y habló Jesucristo en Espíritu Santo por medio del mensajero de cada edad), veré otro tiempo?’. Y sólo recuerden, del oeste vendrá un jinete en un caballo blanco”.

¿De dónde vendrá? Del oeste, o sea, eso es el occidente; y el occidente es el continente americano, incluyendo el Caribe; o sea, del occidente vendrá un jinete, o sea, será un occidental.

“... del oeste vendrá un jinete en un caballo blanco. Cabalgaremos esta senda otra vez”.

Es que Elías, estando en su cuarta manifestación, dice que va a tener otro recorrido, va a recorrer la senda otra vez. Si la va a recorrer otra vez, la recorre por quinta ocasión. Y ahora, él dice que va a recorrer esta senda otra vez, ¿con quién? Con ese jinete que viene en un caballo blanco del Occidente.

“Eso es correcto. Tan pronto como estemos listos. ¿Ven ustedes? Es una promesa”.

Y si es una promesa, pues tiene que estar ¿dónde? Tiene que estar en la Biblia. Y si es una promesa bíblica, entonces tiene que ¿qué? Tiene que ser cumplida. Y si tiene que ser cumplida, tiene que ser cumplida ¿dónde? En el occidente, donde está señalando el precursor de la Segunda Venida de Cristo.

¿Qué está señalando ahí el precursor de la Segunda Venida de Cristo? Que viene un Jinete en un caballo blanco y que es una promesa y que viene del occidente. Y si es una promesa tiene que estar, ¿dónde?, en la Biblia. Y en la Biblia hay una promesa de un Jinete en un caballo viniendo: Apocalipsis, capítulo 19, verso 11 en adelante, dice:

“Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea.

Sus ojos eran como llama de fuego, y había en su cabeza muchas diademas; y tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino él mismo.

Estaba vestido de una ropa teñida en sangre; y su nombre es: El Verbo de Dios”.

Es el regreso del Verbo, es el regreso de la Palabra, es el regreso del Ángel del Pacto en el Día Postrero, es el regreso del Mesías, de Cristo.

Y ahora ¿cómo será el regreso del Verbo, de la Palabra que era con Dios y era Dios y se hizo carne dos mil años atrás?, ¿cómo vendrá en este tiempo final el Verbo, el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová?, que es el mismo Dios en Su cuerpo teofánico, el cual tomó un cuerpo de carne llamado Jesús, dos mil años atrás, para cumplir Su Primera Venida y llevar a cabo Su Obra de Redención en la Cruz del Calvario, pues vino como Cordero de Dios. Y ahora la promesa de la Venida del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová, del Verbo para el Día Postrero es como el León, como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo. Por eso dice:

“Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos blancos.

De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso.

Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: Rey de reyes y Señor de señores”.

Y ahora, vamos a ver cómo Él viene como Rey de reyes y Señor de señores, cómo Él viene como el León de la tribu de Judá, Rey de reyes y Señor de señores, vamos a ver cómo Él viene en ese Caballo blanco como la nieve.

Un caballo aquí en el Apocalipsis representa un poder, bestias representan “poderes”. Y ahora Él viene en el poder de la Palabra pura. Es la Venida del Ángel del Pacto, es la Venida del que vino dos mil años atrás en un velo de carne llamado Jesús; vino manifestado en carne humana dos mil años atrás.

Y ahora, tenemos la promesa de que ese Ángel del Pacto, ese Ángel de Jehová, regresará en carne humana en este tiempo final. Él es el Espíritu Santo. [Página] 134 del libro de Los Sellos en español, dice:

142. Y noten ustedes: Cuando este Espíritu Santo que tenemos llegue a encarnarse, el que está en nuestro medio ahora mismo en la forma del Espíritu Santo, cuando Él llegue a ser encarnado en la Persona de Jesucristo, entonces nosotros le coronaremos como Rey de Reyes y Señor de Señores”.

¿Quién viene en carne humana? El Espíritu Santo, que es el Ángel del Pacto. Y ahora, vean ustedes, en el libro de Los Sellos en español, página 131, dice:

131. Y ahora Jesús: Su Nombre sobre la Tierra fue Jesús el Redentor, porque fue el Redentor cuando estuvo sobre la Tierra; pero cuando conquistó el infierno y la muerte, los venció y ascendió, entonces recibió un nuevo Nombre. Por esa razón es que gritan y hacen tanto ruido y no reciben nada. Será revelado en los Truenos.

132. Fíjense en el misterio. Él viene cabalgando. Tiene que haber algo para cambiar esta iglesia. Ustedes saben eso. ¡Tiene que venir algo! Ahora noten: Nadie entendía ese nombre, sino Él mismo.

‘Y estaba vestido de una ropa tenida en sangre: y su nombre es llamado EL VERBO DE DIOS.

Y los ejércitos que están en el cielo le seguían en caballos blancos, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio.

Y de su boca sale una espada aguda, para herir con ella las gentes; y él los regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor, y de la ira del Dios Todopoderoso.

Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES’.

Apocalipsis 19:13-16

133. Allí viene el Mesías, allí es donde está”.

Y ahora, veamos quién es el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19. Página 277 del libro de Los Sellos en español, orando dice nuestro hermano Branham, el precursor de la Segunda Venida de Cristo o precursor de este Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, dice así:

“[240]. … pedimos que el Espíritu Santo venga ahora mismo, el Jinete del verdadero caballo blanco (¿quién es el Jinete del verdadero caballo blanco? El Espíritu Santo, que es el Ángel del Pacto, que es Jesucristo en Espíritu Santo), mientras Su Espíritu, el Espíritu de Cristo, entre en confrontación con el anticristo, y Él llame los Suyos”.

Y ahora vamos a ver cómo es que Él viene en este tiempo final, cómo es que viene este Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, cómo es que viene este Jinete del occidente en este tiempo final, del cual el precursor de la Segunda Venida de Cristo dijo: “Del occidente vendrá un jinete en un caballo blanco. Recorreremos esta senda (este camino) una vez más (o sea, otra vez). Es una promesa”.

O sea que el ministerio de Elías estará recorriendo, con ese Jinete del caballo blanco estará recorriendo nuevamente el camino ministerial; lo estará recorriendo por quinta ocasión, de lo cual hablaremos en la próxima actividad.

Y ahora, ¿cómo viene el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19? Página 256 del libro de Los Sellos en español, dijo el reverendo William Branham, precursor de la Segunda Venida de Cristo:

“121. Pero cuando nuestro Señor aparezca sobre la Tierra, Él vendrá sobre un caballo blanco como la nieve, y será completamente Emmanuel —la Palabra de Dios encarnada en un hombre”.

Eso es la Venida del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, el Verbo, el Ángel del Pacto, Jesucristo en Espíritu Santo, la Palabra encarnada en un hombre.

Si conseguimos ese hombre conseguiremos al Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19 viniendo en el poder de la Palabra pura, encontraremos a Jesucristo en Espíritu Santo manifestado en ese hombre en este tiempo final, dándonos a conocer por medio de ese hombre todas estas cosas que deben suceder pronto.

Y así estaremos escuchando esa Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta, que es la Voz de Cristo dándonos Su Mensaje del Evangelio del Reino en este tiempo final, y así revelándonos el misterio de Su Venida en este tiempo final, el misterio de la Venida de Jesucristo en Espíritu Santo velado y revelado a través de carne humana en un hombre de este tiempo final.

Si encontramos ese velo de carne, ese hombre, encontraremos la manifestación de Jesucristo en Espíritu Santo prometida para este Día Postrero, encontraremos la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles en este tiempo final, resplandeciendo como el relámpago en este Día Postrero en el occidente.

Como dijo Cristo, que la Venida del Hijo del Hombre sería como el relámpago que sale del oriente y se muestra o sea resplandece, ¿dónde? En el occidente.

Y ahora, hemos visto el misterio del occidente y hemos visto lo que es la Venida del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19; y esa es la Venida de Jesucristo en Espíritu Santo en carne humana, en Su Ángel Mensajero, en este tiempo final.

Pero Su Ángel Mensajero no es el Señor Jesucristo; él solamente es el instrumento del Señor Jesucristo a través del cual Jesucristo estará manifestado en este tiempo final hablándonos con esa Gran Voz de Trompeta y dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, y así revelándonos el misterio del Séptimo Sello, revelándonos así el Séptimo Sello; porque el Séptimo Sello estará revelado en este tiempo final a través de la manifestación del Ángel que tiene el Séptimo Sello, este Ángel que era muy diferente a los demás, que apareció en esta nube formada por ángeles.

Aquí aparecieron los siete ángeles mensajeros de las siete edades de la Iglesia gentil y también apareció otro ángel aquí con sus alas extendidas. Y cuando tornamos esta foto hacia la derecha podemos ver el rostro del Señor formado por esta nube de ángeles. Son ángeles en sus cuerpos teofánicos, los cuales forman el rostro del Señor: los siete ángeles mensajeros de las siete edades forman la barba del Señor, y el Ángel que era diferente a los demás forma el cabello blanco del Señor Jesucristo, en esta nube que forma el rostro del Señor.

¿Y qué dijo de esta nube y su contenido el precursor de la Segunda Venida de Cristo?, el cual fue arrebatado y llevado a esa nube, y estuvo allí en esa nube con esos ángeles; fue arrebatado y llevado en Su cuerpo teofánico, llevado en espíritu a donde estaban esos ángeles.

Vean todo cómo sucedió: página 469 en español del libro de Los Sellos:

“153. ¿Y notaron que dije que uno de esos ángeles era muy raro? (¿Cuál era el que era muy raro para él? Este que está acá arriba. Al tornar la foto aquí, aquí lo tenemos: el que forma el cabello blanco del Señor). Me pareció muy distinto a los demás. Estaban en una constelación con tres a cada lado y uno arriba; y el que estaba a mi lado, contando desde la izquierda hacia la derecha, ese sería el séptimo Ángel. Él era más brillante y significaba más para mí que los demás. Les dije que tenía el pecho así robusto y estaba volando hacia el oriente. Les dije también que: ‘Me levantó, me alzó’. ¿Se acuerdan?

154. Ahora, ¡aquí está! Era el que tenía el Séptimo Sello, lo cual he mantenido como una pregunta en mi mente toda mi vida. ¡Amén! Los otros Sellos significaron mucho para mí, desde luego; pero ustedes no se imaginan lo que ha significado este séptimo”.

El Séptimo Sello, vean ustedes, es la Segunda Venida de Cristo. Y ese Ángel que era diferente a los demás es el que tiene el Séptimo Sello, porque ese es el Ángel del Pacto, el cual tiene que venir a la Tierra en carne humana en el Día Postrero; ese es el Verbo, el cual tiene que venir manifestado en carne humana como el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19; tiene que venir en un caballo blanco como la nieve, que es la Palabra encarnada en un hombre; y tiene que venir del occidente; o sea que Su Venida es del occidente y llevará la trayectoria hacia el oriente.

Por eso cuando aparecieron los ángeles, vean ustedes, venían del occidente, y este Ángel venía volando del occidente hacia el este, porque esa es la trayectoria de Su ministerio. Lo comienza en el occidente, que corresponde al territorio latinoamericano y caribeño, y llegará hasta el oriente, la tierra de Israel, donde llamará y juntará 144.000 escogidos; donde será recibido, y el pueblo hebreo dirá: “¡Este es al que nosotros hemos estado esperando!”; porque el pueblo hebreo está esperando un profeta, y por eso es que el pueblo hebreo está a la expectativa en este tiempo final.

En este año está cumpliendo 50 años desde que fue reconocido como una nación libre y soberana, y ellos están esperando la Venida del Mesías, y ellos están esperando que venga en la forma de un hombre, que venga como un profeta, porque la Venida del Ungido es la venida de un profeta ungido con el Espíritu de Dios, con el Espíritu Santo, en el cual estará Dios manifestado para cumplir las promesas al pueblo hebreo.

Y el Ángel del Señor Jesucristo no es el Señor Jesucristo, pero es el instrumento que Jesucristo estará usando en este tiempo final para hablar por medio de él y darle a conocer a Su Iglesia todas estas cosas que deben suceder pronto, y también por medio de ese profeta mensajero estará hablándole al pueblo hebreo.

Ese es el misterio del Séptimo Sello, ese es el misterio del Ángel que tiene el Séptimo Sello, el cual aparece aquí, en esta nube, el cual es el que forma la cabellera blanca del Señor; y con la manifestación de Jesucristo en Espíritu Santo en Su Ángel Mensajero se cumple la Venida del Ángel que era muy diferente a los demás: viniendo ese Ángel, el Ángel Fuerte, Jesucristo, el Ángel del Pacto, el Verbo, viniendo en carne humana manifestado en este tiempo final en Su Ángel Mensajero.

Es la manifestación del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová, del Ángel que era muy diferente a los demás, el cual es Jesucristo en Espíritu Santo viniendo a Su Iglesia velado y revelado en carne humana en Su Ángel Mensajero.

Pero Su Ángel no es el Señor Jesucristo, tenemos que entender esto. Juan de momento no lo comprendió y quiso adorar en dos ocasiones al Ángel del Señor Jesucristo.

Es muy importante comprender este misterio que estará cumplido en el Ángel del Señor Jesucristo. Y con Su Venida le dará un despertamiento espiritual, un avivamiento, a Su Iglesia, y después al pueblo hebreo, para ser llamados y juntados todos los escogidos de Dios, y ser preparados para ser transformados en este tiempo final.

Hemos visto EL SÉPTIMO SELLO Y LA PALABRA ENCARNADA, y hemos tenido la contestación a tres preguntas que tenemos aquí.

¿Sabe usted que las Escrituras hablan del Séptimo Sello? Apocalipsis, capítulo 8, verso 1, habla del Séptimo Sello cuando fue abierto en el Cielo. Y Apocalipsis, capítulo 5, habla del Libro de los Siete Sellos; y ahí está hablando del séptimo, porque si tiene siete sellos, el séptimo pues es este Séptimo Sello, que es la Venida del Señor.

¿Cómo espera el cumplimiento de la Segunda Venida de Cristo o de la Segunda Venida del Señor Jesucristo? Viniendo sobre un caballo blanco como la nieve, como lo muestra Apocalipsis, capítulo 19, verso 11 al 21, y Apocalipsis, capítulo 10, verso 1 al 11, el Ángel Fuerte descendiendo del Cielo envuelto en una nube. Y su cumplimiento aquí en la Tierra, de la Venida de este Ángel, de la Venida de este Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, es la Palabra encarnada en un hombre, viniendo en el occidente esa manifestación: en un occidental; es la Palabra encarnada en un hombre, y ese hombre es el Ángel del Señor Jesucristo.

¿Dónde espera usted el cumplimiento de la Segunda Venida del Señor Jesucristo? Así como la Primera Venida del Señor Jesucristo fue en el oriente, allí fue manifestado el relámpago, el Hijo del Hombre en Su Primera Venida, pero fue rechazado; y ahora se manifiesta, se revela en el occidente, que es el continente latinoamericano y caribeño; y viene sobre un caballo blanco como la nieve.

Y eso es la Palabra de Dios encarnada en un hombre del occidente, en un hombre occidental, en un hombre que estará viviendo en el occidente, el cual es el Ángel del Señor Jesucristo y profeta mensajero de la Dispensación del Reino y de la Edad de la Piedra Angular; y portador del Mensaje de la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino, con el cual revela el misterio de la Venida de la Palabra encarnada en un hombre, la Palabra encarnada en el Ángel Mensajero del Señor Jesucristo.

Él es el único que puede revelar ese misterio, porque en él estará el Verbo, la Palabra, Jesucristo en Espíritu Santo, manifestado en él en carne humana. En él será que estará la Palabra encarnada en el Día Postrero.

Veremos en la próxima conferencia: “El misterio del Séptimo Sello y el Espíritu de Moisés y Elías”. Ese es el tema para la próxima actividad de hoy.

Hemos visto en esta ocasión EL SÉPTIMO SELLO Y LA PALABRA ENCARNADA.

El Séptimo Sello es el Ángel que era muy diferente a los demás, que es Cristo viniendo en este tiempo final manifestado a través de Su Ángel Mensajero, en la apertura y cumplimiento del Séptimo Sello.

Y la Palabra encarnada hemos visto que es la Venida de ese Ángel como el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, viniendo ese Ángel en carne humana en el Ángel del Señor Jesucristo.

¿Vieron lo sencillo que es el misterio del Séptimo Sello y el misterio de la Palabra encarnada en un hombre?

Es el Verbo, el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, Jesucristo en Espíritu Santo viniendo manifestado en carne humana en Su Ángel Mensajero; pero Su Ángel Mensajero no es el Señor Jesucristo, pero el que viene manifestado en él sí es el Señor Jesucristo, hablándonos con esa Gran Voz de Trompeta todas estas cosas que deben suceder pronto.

Ha sido para mí un privilegio muy grande estar con ustedes en esta ocasión dándoles testimonio de EL SÉPTIMO SELLO Y LA PALABRA ENCARNADA.

¿Y dónde están los que verían el Séptimo Sello abierto, cumplido, y lo recibirían y verían la Palabra encarnada en este tiempo final? Aquí estamos, en la América Latina y el Caribe, aquí estamos en el occidente, conforme a como fue prometido, para glorificar a Dios, darle gracias por Sus bendiciones, y pedirle que pronto se complete el número de los escogidos de Dios, y pronto todos seamos transformados, como Él lo ha prometido, y todos vayamos a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Muchas gracias por vuestra amable atención, amados amigos y hermanos presentes, y nos veremos en la próxima actividad, Dios mediante.

“EL SÉPTIMO SELLO Y LA PALABRA ENCARNADA”.

[Revisión julio 2018]

1 San Juan 14:8-11

2 San Juan 6:53-58

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