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Muy buenos días, amados amigos y hermanos presentes, televidentes, radioyentes y los que están también a través de internet.

Que las bendiciones de Jesucristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también; y nos abra las Escrituras en esta ocasión y nos llene del conocimiento de ellas, y nos bendiga grandemente en esta ocasión. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Quiero leer en el libro de los Hechos, capítulo 3, versos 18 al 23, donde nos dice San Pedro predicando:

“Pero Dios ha cumplido así lo que había antes anunciado por boca de todos sus profetas, que su Cristo había de padecer.

Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio,

y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado;

a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo”.

Dios aquí nos habla por medio del apóstol San Pedro de la restauración de todas las cosas, y nuestro tema para esta ocasión es: “EL SÉPTIMO SELLO Y LA RESTAURACIÓN DE TODAS LAS COSAS”.

Conforme a las Escrituras habrá una restauración de todas las cosas, habrá una restauración de los hijos e hijas de Dios a como era antes de la caída del ser humano en el Huerto del Edén.

Los hijos e hijas de Dios volverán a tener vida eterna en sus cuerpos físicos porque recibirán un cuerpo eterno, recibirán la inmortalidad, porque obtendrán una transformación de sus cuerpos (los que estamos viviendo en este tiempo), y los que partieron en las edades pasadas y también algunos de los nuestros resucitarán en cuerpos eternos, y entonces serán inmortales físicamente también.

Cuando se habla de los inmortales, se habla de los hijos e hijas de Dios; aunque nuestro cuerpo es mortal, nuestras almas son inmortales, y cuando hemos creído en Cristo como nuestro Salvador y hemos lavado nuestros pecados en la Sangre de Cristo y hemos recibido Su Espíritu Santo: obtenemos o hemos obtenido un espíritu teofánico o un cuerpo teofánico y eterno de la sexta dimensión, un cuerpo teofánico igual al de nuestro amado Señor Jesucristo, en el cual le apareció a los profetas del Antiguo Testamento, en el cual le aparecía a Adán, también le aparecía a los demás profetas, como Noé, también a Abraham.

En dos ocasiones la Escritura nos habla acerca de la aparición de Dios en forma visible a Abraham, estando Abraham despierto; encontramos que le apareció Melquisedec y le dio pan y le dio vino, y Abraham pagó sus diezmos a Melquisedec1.

San Pablo, hablando de este Melquisedec2, nos dice que es sin padre y sin madre, sin principio de días y sin fin de tiempo, y es Sacerdote del Templo que está en el Cielo; es Rey de Paz y también Él es Sumo Sacerdote; Él es el Rey del Cielo y también el Sacerdote del Cielo, y le apareció a Abraham en aquella ocasión en forma visible, se materializó delante de él.

En otra ocasión, el día antes de la destrucción de Sodoma y Gomorra, también le apareció en forma visible y Abraham lo llamó Elohim. Abraham le preparó comida, un becerro tierno, preparó también mantequilla y unas tortas de harina cocidas en el rescoldo, y Abraham presentó a Elohim esta comida. Elohim estaba con Sus Arcángeles Gabriel y Miguel (en forma visible también ellos) y comieron con Abraham; eso fue el día antes de la destrucción de Sodoma y Gomorra3.

Después Gabriel y Miguel en forma visible se fueron a Sodoma, y allá Lot los vio en la plaza y se los llevó para su casa. Ellos no querían ir pero Lot los invitó, los llevó, les preparó comida, les preparó una cena y ellos comieron también4; pero ellos habían llegado a Sodoma porque Sodoma y Gomorra iban a ser destruidas; y Lot tenía una posición bien importante en la ciudad de Sodoma, pues estaba a la puerta de la ciudad, o sea que era juez o era el alcalde o gobernador de esa ciudad.

Pero cuando Dios va a destruir una ciudad, Dios tiene que sacar a los justos de esa ciudad (si hay menos de diez justos). Si hay diez justos, pueden clamar a Dios y Dios perdona la ciudad completa por amor a esos diez justos. Eso es lo que Dios le dijo a Abraham: por amor a diez justos Dios perdonaría a la ciudad de Sodoma y a las demás ciudades que estaban alrededor, como Gomorra y otras ciudades5; pero si no había diez justos a lo menos, Dios destruiría esa ciudad, porque en el tiempo de Noé no hubo diez justos, solo hubo ocho y Dios destruyó al mundo antediluviano6.

Ahora, podemos ver la misericordia de Dios extendida hacia una ciudad completa por amor a diez justos; pero si hay menos de diez justos, entonces Dios sacaría a Lot de esa ciudad, porque si no perdonó al mundo antediluviano con ocho personas justas (Noé y su familia), no podía perdonar a Sodoma y Gomorra con menos de diez personas.

Ahora, podemos ver que hay una línea de pensamiento desde el Antiguo Testamento, desde el Génesis hasta el Apocalipsis.

Ahora podemos ver cómo Dios le aparecía en diferentes ocasiones a diferentes profetas en forma visible, en la forma de un hombre de otra dimensión, en la forma de un Ángel; porque cuando se habla de un hombre de otra dimensión se está hablando de un ángel, es llamado un ángel.

Por eso es que los hijos e hijas de Dios, en la resurrección en cuerpos eternos y la transformación de nosotros los que vivimos, seremos como los ángeles, porque tendremos un cuerpo glorificado y seremos a imagen y semejanza de nuestro amado Señor Jesucristo; seremos como los ángeles, dice el Señor Jesucristo7, que ni se casan ni se dan en casamiento; así será en la resurrección para todos los hijos e hijas de Dios. No vamos a estar teniendo hijos cuando ya tengamos el nuevo cuerpo, no vamos a tener hijos por medio de las relaciones íntimas, del sexo, porque ya eso habrá terminado para los hijos e hijas de Dios.

Ahora, en esa forma en que estaremos —con un cuerpo eterno— seremos como los ángeles de Dios, tendremos un cuerpo glorificado y seremos a imagen y semejanza de Jesucristo.

Ahora, la imagen de Jesucristo es el cuerpo teofánico, el cual encontramos en el Antiguo Testamento apareciéndole a los profetas de Dios como Adán, Noé, Abraham.

Vean ustedes, comió con Abraham y Abraham le llamó Elohim; aparecieron también los Arcángeles Gabriel y Miguel, aparecieron en sus cuerpos teofánicos, que son en forma de un hombre, son en la forma de estos cuerpos mortales pero de otra dimensión; es llamado también —ese cuerpo teofánico de Jesucristo— el Verbo de Dios:

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.

Este era en el principio con Dios.

Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho”. (San Juan, capítulo 1, verso 1 al 4).

Y San Juan, capítulo 1, verso 14, dice:

“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros”.

El Verbo se hizo carne, Elohim, Melquisedec. El que le apareció a Abraham primeramente como Melquisedec y después le apareció como Elohim, se hizo carne; o sea, se creó un cuerpo de carne en el vientre de María, creando una célula de vida, la cual se multiplicó célula sobre célula y fue formado el cuerpo de Jesús, el cual nació en Belén de Judea conforme a la promesa divina: que nacería en Belén de Judea8.

Y ahora vean, naciendo en Belén de Judea a través de la virgen María —que era una descendiente del rey David— es un descendiente de David por medio del nacimiento a través de una joven virgen descendiente del rey David.

María es una princesa porque es una descendiente del rey David, aunque era una muchacha pobre, pero el título que tenía como descendiente de David no se lo podía quitar la pobreza; José también es un descendiente del rey David.

Y ahora, Cristo al nacer por medio de la virgen María, siendo descendiente del rey David, aparece según la carne como un descendiente del rey David; y la promesa es que un descendiente del rey David se sentará en el trono de David (de lo cual hablaremos en la próxima actividad, en donde veremos la restauración del pueblo hebreo y del Reino de David en medio del pueblo hebreo).

Ahora, “restaurar” es volver algo al lugar original. Dios estará restaurando a todos los hijos e hijas de Dios a la vida eterna, como era antes de la caída del ser humano en el Huerto del Edén. Dios colocó al ser humano con vida eterna, pero por causa del pecado entró la muerte al ser humano y a toda su descendencia también.

Adán viviendo allá en el Huerto del Edén, donde Dios lo colocó, tenía compañerismo con Dios. Dios en Su cuerpo teofánico, ese cuerpo de la sexta dimensión que es parecido a nuestro cuerpo pero de otra dimensión, en el cual Dios estaba, encontramos que es el cuerpo teofánico de Jesús; por eso Jesús decía9: “Abraham deseó ver mi día; lo vio, y se gozó”.

Cuando le apareció como Elohim y comió con Abraham, Abraham estaba gozándose allí. ¿Saben lo que es tener a Elohim, al Dios de los Cielos y de la Tierra, Creador de los Cielos y de la Tierra, que había llamado a Abraham para salir de su tierra y su parentela, para llevarlo a una tierra que Dios le mostraría? Y ahora lo tenía con él, hablando y comiendo con él, y también los dos Arcángeles Gabriel y Miguel. Esa era una visita muy especial: los personajes más importantes del universo completo estaban allí: Dios con Sus dos Arcángeles Gabriel y Miguel.

Esa fue la visita de Dios a Abraham el día antes de la destrucción de Sodoma y Gomorra; y eso nos habla de la Venida del Hijo del Hombre para el tiempo final, de la Venida del Elohim manifestándose en forma visible en carne humana, en el tiempo final, antes de la destrucción de este mundo; porque Sodoma y Gomorra representan a este mundo, y la destrucción de Sodoma y Gomorra representan la destrucción atómica que vendrá en el Día Postrero, en “el día ardiente como un horno”10.

Será ardiente a causa de la radioactividad que será desatada por medio de las bombas atómicas, por medio de la radioactividad y también a causa de los volcanes que estarán en erupción en ese lapso de tiempo de tres años y medio de la gran tribulación.

Y ese tiempo será ardiente como un horno; y la cizaña, que será echada en el horno de fuego, en la gran tribulación, será quemada. La cizaña son seres humanos. El trigo son seres humanos también, son los hijos e hijas de Dios que antes de la destrucción... Elohim estará manifestado en carne humana en el cumplimiento de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles.

Vean, Elohim allá vino con Sus Ángeles también, el día antes de la destrucción de Sodoma y Gomorra; y para este tiempo final Elohim, el Hijo del Hombre, vendrá con Sus Ángeles. Sus Ángeles están representados en Gabriel y Miguel, y Sus Ángeles para el tiempo final son los ministerios de Moisés y Elías. El Hijo del Hombre con Sus Ángeles, eso es la Venida de Elohim con Sus Arcángeles Gabriel y Miguel; fue representado allá lo que Dios estará haciendo en este tiempo final.

Ahora, tuvimos una manifestación de Elohim en carne humana dos mil años atrás, en aquel velo de carne llamado Jesús; también vimos una manifestación de Elohim en carne humana en el precursor de la Segunda Venida de Cristo, el reverendo William Branham; y estuvo discerniendo los pensamientos del corazón de las personas, así como hizo Elohim con Sara, que discernió los pensamientos del corazón de Sara y le dijo que ella se había reído, se había reído en su corazón (no exteriormente), se había reído de la promesa de la venida del hijo prometido11; y para el tiempo final habrá personas que también se reirán de la promesa de la Venida del Hijo prometido, de la Venida de Cristo para el Día Postrero.

Ahora, podemos ver que lo que sucedió allá el día antes de la destrucción de Sodoma y Gomorra es lo que estaría sucediendo en este tiempo final antes de la destrucción de Sodoma y Gomorra, antes de la destrucción de este mundo, que está representado en Sodoma y Gomorra y está representado también en Egipto siendo destruido cuando fue Dios a libertar al pueblo hebreo, y está representado también en el mundo antediluviano, que fue destruido por el diluvio.

Vean ustedes, para esas tres ocasiones hubo un profeta dispensacional: cuando fue destruido el mundo antediluviano allí estaba un profeta dispensacional, el profeta Noé; cuando fue destruido Egipto allí estaba Moisés, un profeta dispensacional también, el profeta de la Dispensación de la Ley; cuando fue a ser destruido Sodoma y Gomorra (antes de la destrucción de Egipto) allí estaba también un profeta dispensacional: Abraham, el profeta de la Dispensación de la Promesa (o sea, de esa cuarta dispensación); para el tiempo en que Jerusalén y el templo iba a ser destruido apareció antes un profeta dispensacional, el profeta de la sexta dispensación, de la Dispensación de la Gracia: el Señor Jesucristo, y profetizó de esa destrucción que vendría sobre Jerusalén y el templo.

Y para este tiempo final, para el tiempo en que el mundo va a recibir esa destrucción atómica, habrá un profeta dispensacional también: el Ángel del Señor Jesucristo, el profeta de la Dispensación del Reino, al cual vendrá toda la revelación divina de todas estas cosas que han de suceder en este tiempo final; y él estará dando a conocer todas estas cosas que han de suceder en este tiempo final, él estará predicando el día de venganza del Dios nuestro y estará mostrando los juicios divinos que han de venir sobre la Tierra; pero también estará predicando las bendiciones prometidas para los hijos e hijas de Dios, para la restauración de los hijos e hijas de Dios a la vida eterna, para tener un cuerpo eterno y así ser restaurados a la eternidad, y así obtener la inmortalidad física también, así como hemos obtenido la inmortalidad del espíritu.

La inmortalidad del cuerpo teofánico la tenemos, porque tenemos un cuerpo teofánico al creer en Cristo como nuestro Salvador, al lavar nuestros pecados en la Sangre de Cristo y recibir Su Espíritu Santo; y así es como obtenemos el nuevo nacimiento, en donde obtenemos un espíritu teofánico o cuerpo teofánico de la sexta dimensión, de esa dimensión en la cual estaba Jesucristo cuando le apareció a Abraham como Melquisedec y también como Elohim; y Abraham se gozó en ver el Día del Señor; y comió con Abraham, Cristo en Su cuerpo teofánico.

Jesucristo estuvo hablando estas cosas; y los que lo escucharon, viendo que Jesús no tenía ni cincuenta años todavía, le dicen: “No tienes cincuenta años, ¿y dices que has visto a Abraham?”, o sea, “lo que estás diciendo no es verdad, porque Abraham vivió miles de años atrás, Abraham vivió antes de Moisés, ¿y ahora tú dices que has visto a Abraham y Abraham deseó ver tu día, lo vio y se gozó? Podrás haber vivido antes de algún Abraham de este tiempo, algún Abraham de este tiempo quizás te ha visto y se ha gozado; pero el Abraham, el Padre de la Fe, nuestro Padre, ¡ese vivió hace cientos de años atrás! Y tú ni tienes cincuenta años (!). ¿Y ahora nos vienes a decir que has visto a Abraham?”.

—“Antes que Abraham fuera, yo soy”.

Y ahí para los que lo escucharon fue el colmo: “Ahora dice que no solamente Abraham lo vio y vio a Abraham, sino que dice que antes que Abraham, antes que nuestro Padre Abraham, Él ya es”12.

Juan el Bautista también había hablado acerca de Jesús y dijo13: “El que viene después de mí, es que yo, antes de mí”. ¿Y cómo puede ser que venga después de Juan y sea primero que Juan? Bueno, Jesús dijo también que Él es antes que Abraham; y si es antes que Abraham, pues también es antes que Juan el Bautista y es antes que Noé también y es antes que Set también y es antes que Adán también; porque Él es el Verbo Creador de los Cielos y de la Tierra, Él es el Dios Todopoderoso en Su cuerpo teofánico que creó los Cielos y la Tierra:

“En el principio creó Dios los cielos y la tierra”. (Génesis, capítulo 1, verso 1).

Y en San Juan, capítulo 1, verso 1 al 4, dice que este Verbo que era en el principio con Dios, era Dios y creó todas las cosas. Dios en Su cuerpo teofánico, llamado el Verbo el cuerpo de la Palabra, ese cuerpo teofánico de la sexta dimensión que se parece a nuestro cuerpo pero que es de otra dimensión.

Vean ustedes, ¿quién fue el que creó los Cielos y la Tierra? Fue un hombre de otra dimensión llamado el Verbo de Dios, y el Verbo era con Dios y el Verbo era Dios. Dios en la forma de un hombre de otra dimensión, de la sexta dimensión, Dios con Su cuerpo de la sexta dimensión, que es en forma de este cuerpo físico nuestro, creó los Cielos y la Tierra.

La ciencia está buscando el origen de la Creación, y ahora si escucha que fue un hombre el que hizo toda la Creación, el que creó los Cielos y la Tierra, se sorprenderían. Ese hombre es el Verbo de Dios, el cual se hizo carne y habitó entre nosotros, en aquel velo de carne llamado Jesús; por eso toda la Creación le obedecía a Jesús y podía multiplicar la Creación, podía multiplicar los panes y los peces, podía hablarle a la tempestad, y los vientos y el mar le obedecían.

Los discípulos de Jesucristo se preguntaban el uno al otro: “¿Quién es este hombre, que aun los vientos le obedecen a Él?”14.

Era nada menos que el Verbo que era con Dios y era Dios, y que creó todas las cosas, y que se hizo carne y habitó en medio del pueblo hebreo, en aquel velo de carne llamado Jesús.

El profeta Isaías, hablando de la Venida del Mesías, dijo en el capítulo 7, verso 14:

“Por tanto, el Señor mismo os dará señal (una señal): He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel”.

Que traducido es: Dios con nosotros; eso es lo que significa Emanuel: Dios con nosotros.

Y Dios estuvo con nosotros los seres humanos, dos mil años atrás, en un cuerpo de carne llamado Jesús; era el Verbo que era con Dios y era Dios, vestido de carne humana, de ropa humana. Y esa carne humana fue vestida de ropa como las que usan los humanos, y vivió en medio del pueblo hebreo una vida sencilla.

Y aquel joven carpintero tan sencillo, de Nazaret, era nada menos que el Verbo hecho carne, el Verbo, el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, el mismo Dios Todopoderoso, Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob que le había aparecido a Moisés y le había dicho15: “Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob”. Ahí estaba el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, hablándole a Moisés y diciéndole que Él es el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.

Y ahora le había aparecido a Moisés para la liberación del pueblo hebreo y luego le apareció al pueblo hebreo en carne humana en aquel velo de carne llamado Jesús.

Ahora podemos ver quién es nuestro amado Señor Jesucristo, nuestro Salvador, es el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, el Verbo que era con Dios y era Dios, y se hizo carne y habitó entre los seres humanos, y se proveyó un cuerpo para Sí mismo, para llevar a cabo la Obra de Redención en la Cruz del Calvario.

Ahora podemos ver la bendición tan grande que estuvo manifestada en medio del pueblo hebreo dos mil años atrás; pero el pueblo hebreo no lo recibió16: “A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron”. No pudieron comprender que el que estaba en medio de ellos era Elohim, era Melquisedec, era el Verbo, el Ángel del Pacto manifestado en carne humana; esa era la promesa para el pueblo hebreo para aquel tiempo, conforme a Malaquías, capítulo 3, verso 1 en adelante, donde dice:

“He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí (ese fue Juan el Bautista, el que vino preparándole el camino al Señor, vino en el espíritu y virtud de Elías); y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis (¿Quién vendría a Su Templo? El Señor, el Dios de Abraham de Isaac y de Jacob), y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos”.

La Venida del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová, de Dios con Su cuerpo teofánico manifestado en carne humana, era la promesa para el pueblo hebreo de la Venida del Mesías.

Por eso es que cuando se le pregunta al pueblo hebreo o a los rabinos hebreos qué relación hay entre Dios y el Mesías para ellos, el cual ellos están esperando, ellos dicen que el Mesías será un profeta y que ese profeta será Dios manifestado en carne humana.

Esa es la promesa de Isaías, capítulo 7, verso 14: Emanuel, Dios con nosotros; y Malaquías 4, la Venida del Señor, del Ángel del Pacto, esa es la Venida del Señor manifestada en carne humana. Y estuvo manifestada en carne humana en aquel hombre sencillo de Nazaret, en un obrero de la construcción el cual fue llamado Jesús. Su nombre significa ‘Salvador’ o ‘Redentor’. Tuvo ese nombre porque vino para llevar a cabo la Obra de Redención, de Salvación.

Y ahora, veamos también Isaías, capítulo 40, lo que nos dice de la Venida del Señor. Él dice en el capítulo 40, verso 3 en adelante:

“Voz que clama en el desierto: Preparad camino a Jehová; enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios.

Todo valle sea alzado, y bájese todo monte y collado; y lo torcido se enderece, y lo áspero se allane”.

Esta voz clamando en el desierto fue Juan el Bautista predicando en el desierto; por eso cuando le preguntaron a Juan en San Mateo, capítulo 3, verso 3 en adelante; y en Marcos, capítulo 1, verso 3; y en San Lucas, capítulo 3, verso 4 al 6; y San Juan, capítulo 1, verso 23, le preguntaron:

“¿Eres tú el profeta?”. Él dijo que no.

Le preguntaron también: “¿Eres tú el Cristo?”. Él dijo que no.

Y le preguntan: “Entonces, ¿quién tú eres?”.

Juan dice: “Yo soy la voz de uno que clama en el desierto: Preparad camino del Señor, como dijo el profeta Isaías”; o sea, los llevó a la Escritura y les mostró la promesa para ese día, y les mostró que estaba cumplida en él.

Y luego de esa manifestación, de esa Voz clamando en el desierto, precursando la Primera Venida de Cristo, vendría el Mesías. Sigue diciendo [Isaías 40:5]:

“Y se manifestará la gloria de Jehová, y toda carne juntamente la verá; porque la boca de Jehová ha hablado”.

Y cuando apareció Jesús, allí estaba la gloria de Jehová manifestada en carne humana llevando a cabo las Obras de Dios prometidas para ese tiempo. Y toda carne que veía a Jesús estaba viendo la gloria de Jehová manifestada en un cuerpo de carne, en Jesús de Nazaret. Eso se cumplió en Jesucristo y eso fue la Primera Venida de Cristo como Cordero de Dios quitando el pecado del mundo.

Ahora, miren cómo el precursor de la Primera Venida de Cristo estaría hablando. Dice la escritura en este mismo capítulo 40, verso 9 al 10 [Isaías]:

“Súbete sobre un monte alto, anunciadora de Sion; levanta fuertemente tu voz, anunciadora de Jerusalén; levántala, no temas; dí a las ciudades de Judá:¡Ved aquí al Dios vuestro!”.

Esta Voz, la voz de Juan el Bautista, Juan el Bautista con su mensaje, estaría presentando al pueblo hebreo a Dios manifestado en carne humana, Dios manifestado en el velo de carne llamado Jesús.

“He aquí que Jehová el Señor vendrá con poder, y su brazo señoreará; he aquí que su recompensa viene con él, y su paga delante de su rostro”.

Aquí también nos habla de la Segunda Venida de Cristo, en donde viene el Hijo del Hombre con Sus Ángeles para pagar a cada uno conforme a sus obras. Como nos dice San Mateo, capítulo 16, verso 27, que el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de Su Padre con Sus Ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.

Y en Apocalipsis, capítulo 22, verso 12, también nos habla de Su Venida diciendo:

“He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra”.

Aquí está hablando de Su Segunda Venida. Es la Venida del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová, del Verbo, la Palabra encarnada en un hombre en el Día Postrero; pero ese hombre no será el Señor Jesucristo, ese hombre será el Ángel del Señor Jesucristo a través del cual Jesucristo en Espíritu Santo estará manifestado en carne humana, en Su Ángel Mensajero, dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto. Así es como veremos al Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, Jesucristo en Espíritu Santo manifestado a través de carne humana en Su Ángel Mensajero, llamando y juntando a todos Sus escogidos en este tiempo final.

Él viene en Su Ángel Mensajero manifestado con Sus Ángeles, o sea, con los ministerios de Moisés y de Elías; ahí estará manifestado también el ministerio de Jesús, y por eso viene dando testimonio de estas cosas que deben suceder pronto.

Las personas quizás pensarán: “¿Es un hombre el que da testimonio de estas cosas?”. Pero no es así. Es Jesucristo en Espíritu Santo a través de Su Ángel Mensajero el que da testimonio de todas estas cosas que deben suceder pronto; pero Él tiene que tener siempre un hombre, un profeta, porque a los profetas es que viene la Palabra de Dios, viene la revelación de Dios para ser dada al pueblo de Dios.

Para este tiempo final tenemos grandes promesas para ser cumplidas para la restauración de todas las cosas. Luego que seamos restaurados a vida eterna en un cuerpo eterno, entonces veremos a Jesucristo; veremos a Jesucristo en Su cuerpo pero ya estaremos transformados y ya estaremos raptados; porque San Pablo dice en Primera de Tesalonicenses que el mismo Señor descenderá del Cielo con Aclamación, Voz de Arcángel y Trompeta de Dios, y los muertos en Cristo resucitarán primero y luego nosotros los que vivimos seremos arrebatados en las nubes, para recibir al Señor en las nubes17.

O sea que nosotros lo veremos cuando seamos raptados o arrebatados para encontrarnos con el Señor en las nubes, y entonces le veremos y nos iremos con Él a la Cena de las Bodas del Cordero; pero antes estaremos viendo a Jesucristo en Espíritu Santo manifestado en Su Ángel Mensajero, así como se manifestó en Sus ángeles mensajeros de las siete edades de la Iglesia gentil y como se manifestó en los profetas del Antiguo Testamento.

Y ahora, para el tiempo final lo estaremos viendo manifestado en la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino por medio de Su Ángel Mensajero, dándonos testimonio de todas estas cosas que deben suceder pronto, y llamando y juntando a Sus escogidos con la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino, para ser preparados y ser transformados en este tiempo final, y así recibir la restauración del cuerpo, o sea, recibir el cuerpo eterno, y así ser restaurados a vida eterna física también.

Los hijos e hijas de Dios, que son los miembros del Cuerpo Místico de Cristo, los miembros de la Iglesia de Jesucristo, serán restaurados todos a un cuerpo eterno, serán restaurados a vida eterna física también.

Ya tenemos un cuerpo teofánico eterno, que es ese cuerpo teofánico o espíritu teofánico que recibimos cuando creímos en Cristo como nuestro Salvador, lavamos nuestros pecados en la Sangre de Cristo y recibimos Su Espíritu Santo; y así recibimos el nuevo nacimiento y recibimos un cuerpo teofánico de la sexta dimensión, recibimos un cuerpo a imagen del cuerpo teofánico del Señor Jesucristo.

Y ahora, para el Día Postrero, recibiremos un cuerpo físico eterno, y entonces seremos plenamente a imagen y semejanza de Jesucristo.

¿Qué es lo más que se parece a Dios? El hombre. ¿Y qué es lo más que se parece al hombre? Dios. Dios manifestado en carne humana, en la persona de Jesús, vean ustedes, es lo más que se parece al hombre; porque así como Dios hizo al hombre a imagen y semejanza Suya, Dios se hizo a semejanza del ser humano: un cuerpo físico de carne.

Ahora, podemos ver este misterio del ser humano siendo a imagen y semejanza de Dios y luego Dios haciéndose a semejanza del ser humano, haciéndose un cuerpo de carne como el de los seres humanos, pero un cuerpo eterno, un cuerpo con vida eterna, porque vino por creación divina.

Ahora, podemos ver que se necesita una restauración, en donde tengamos un cuerpo eterno; para eso se requiere que esté restaurado a nosotros el Título de Propiedad que perdió Adán en la caída y que regresó a la diestra de Dios, el cual aparece en Apocalipsis, capítulo 5, verso 1 en adelante; dice así:

“Y vi en la mano derecha del que estaba sentado en el trono un libro escrito por dentro y por fuera, sellado con siete sellos”.

Ahí tenemos el Título de Propiedad de toda la Creación, ese es el Libro de la Vida del Cordero, y ahí está escrita toda la Propiedad de Dios, toda la Creación de Dios, ahí están escritos los nombres de todos los hijos e hijas de Dios; todos los primogénitos de Dios tienen sus nombres escritos en ese Libro sellado con Siete Sellos, que es el Libro de la Vida del Cordero.

Y ahora, ese Libro se encuentra en la diestra de Dios; y mientras esté en la diestra de Dios ningún ser humano podrá obtener la inmortalidad física estando viviendo en este cuerpo aquí en la Tierra; se requiere que ese Título de Propiedad sea restaurado a la raza humana.

Cuando Adán tuvo en el Huerto del Edén el Árbol de la Vida, allí tenía el Título de Propiedad; si Adán comía del Árbol de la Vida, viviría eternamente; si comía del árbol de ciencia del bien y del mal, moriría.

Cristo es el Árbol de la Vida, y Cristo tenía que hacerse carne para Adán poder comer del fruto del Árbol de la Vida y tener hijos por medio de creación divina y no por medio del sexo; y por causa de la caída en el Huerto del Edén..., en donde el diablo se encarnó en la serpiente, que era un hombre pero sin alma, por lo tanto era un animal, era el animal más cercano al ser humano; tenía lugar para el alma, y en ese lugar se metió el diablo y se encarnó en la serpiente; y por medio de ese hombre serpiente, que era un animal, engañó a Eva; y a causa de ese engaño, vean ustedes, la raza humana cayó en pecado; y a causa de ese pecado los seres humanos de ahí en adelante han estado viniendo por medio de las relaciones íntimas de un hombre y de una mujer; por causa de la caída en el Huerto del Edén vino Caín y luego también vino Abel.

La escritura dice18: “No como Caín, que era del maligno y mató a su hermano (Abel)”. Eran hermanos por parte de madre, pero por parte de padre no eran hermanos; Caín era del maligno, y el maligno es el diablo, el cual estaba encarnado en la serpiente.

Por eso es que Jesucristo en el parábola del trigo y de la cizaña, que habla de la Iglesia (en donde estarán los hijos de Dios) y también donde se meterán los hijos del maligno (entrarían al cristianismo como religión)...; así como en el principio los hijos del malo entraron en medio de la raza humana por medio de la manifestación del diablo en la serpiente, haciéndose carne en la serpiente; se hizo carne en un animal que tenía cuerpo y también tenía espíritu, por eso podía razonar, podía hablar también y tenía conocimiento de la reproducción, de cómo los seres humanos podían reproducirse. Allí la raza humana fue mezclada con la raza animal y por esa causa todo ser humano obtiene un cuerpo mezclado con la raza animal, y por eso San Pablo nos enseña que el cuerpo físico es animal.

Ahí tenemos algo que la ciencia ha estado diciendo pero que ella no ha podido entender muy bien, y entonces piensa que es que los animales han ido cambiando y han ido transmutando: una transmutación de una cosa a otra hasta que pasa de animal a ser humano; pero es que hubo una mezcla en el Huerto del Edén. Y el ser humano, por consiguiente, en vez de obtener luego de la caída un cuerpo creado por Dios, recibe un cuerpo animal, mortal y corruptible, y por consiguiente temporal.

De esto habla San Pablo en Primera de Corintios, capítulo 15, versos 42 en adelante, donde dice:

“Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción.

Se siembra en deshonra, resucitará en gloria; se siembra en debilidad, resucitará en poder.

Se siembra cuerpo animal (¿Cuál es el primer cuerpo que uno obtiene? Cuerpo animal), resucitará cuerpo espiritual”.

Ese cuerpo eterno que Cristo ha prometido para todos Sus hijos en la resurrección de los muertos en Cristo en cuerpos eternos y la transformación de nosotros los que vivimos, en donde obtendremos un cambio del cuerpo animal a cuerpo espiritual, a cuerpo glorificado, a cuerpo eterno, a semejanza del cuerpo del Señor Jesucristo, un cuerpo creado por Dios, el cual será celestial.

Ahora podemos ver ese misterio de allá del Génesis y cómo ha seguido moviéndose hasta este tiempo final.

Ahora podemos ver que habrá una restauración, la restauración de los hijos e hijas de Dios. En esa restauración, los hijos e hijas de Dios serán restaurados a un cuerpo eterno, saldremos de este cuerpo animal; y no tendremos que salir como han salido los que ya han ido al Paraíso, que salieron por medio de la muerte de su cuerpo físico cuando se le cumplió el tiempo de vivir en ese cuerpo físico; pero habrá un número de escogidos de Dios en este tiempo final que estarán escuchando la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino, que es la Voz de Cristo hablando por medio de Su Ángel Mensajero todas estas cosas que deben suceder pronto y dándonos a conocer el misterio de Su Venida con Sus Ángeles, el misterio de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles, como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo, donde Él hace el reclamo para la restauración de todos nosotros a la vida eterna con un cuerpo eterno, un cuerpo celestial, un cuerpo glorificado a semejanza del Señor Jesucristo; y así seremos a imagen y semejanza de nuestro amado Señor Jesucristo. Eso es la restauración de los hijos e hijas de Dios a la vida eterna.

En Romanos, capítulo 8, el apóstol San Pablo nos habla desde el verso 14 en adelante, diciéndonos:

“Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios”.

O sea, estas son las personas que creen en Jesucristo como su Salvador, lavan sus pecados en la Sangre de Cristo y reciben el Espíritu de Cristo; y así reciben un espíritu teofánico, un cuerpo teofánico de la sexta dimensión, el cual nos guía a toda justicia y a toda verdad, y nos cuida en nuestra trayectoria en esta vida terrenal; ese es el Ángel de Jehová que acampa en derredor de los que le temen y los defiende.

Cada hijo de Dios o hija de Dios tiene un ángel, tiene ese cuerpo teofánico cuando ha creído en Cristo como su Salvador, lavado sus pecados en la Sangre de Cristo y recibido Su Espíritu Santo; y así ha obtenido un cuerpo teofánico de la sexta dimensión, llamado el Ángel de Jehová que acampa en derredor de los que le temen y los defiende.

Si mueren esas personas, van a vivir al Paraíso en ese cuerpo teofánico; y cuando llegue la resurrección de los muertos en Cristo, regresan en ese cuerpo teofánico y obtienen un cuerpo eterno y físico; entran en ese cuerpo eterno con el cuerpo teofánico y viven por toda la eternidad en ese cuerpo eterno; y nosotros los que vivimos seremos transformados, cambiados en nuestros átomos, y entonces tendremos el cuerpo eterno. Ahora, vean lo que nos dice San Pablo a continuación:

“Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor...”.

O sea, no hemos recibido el espíritu del mundo que obtuvimos cuando nacimos por medio de papá y mamá; porque cuando el niño nace, recibe un espíritu del mundo, entra al cuerpo un espíritu del mundo. Ahora, por medio del nuevo nacimiento hemos obtenido el Espíritu de Dios, un espíritu teofánico de la sexta dimensión.

“... sino que habéis recibido el espíritu de adopción (ese espíritu de adopción, que es el cuerpo teofánico que hemos obtenido o recibido de parte de Jesucristo; ese espíritu teofánico, el espíritu de adopción)...”.

En Efesios, capítulo 4, verso 30, dice San Pablo: “Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención”. O sea, para el día de la redención del cuerpo, o sea, de la transformación de nuestro cuerpo, de la restauración de nosotros en un cuerpo eterno prometido por Cristo.

[Romanos 8:15]

“... sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!

El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.

Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados”.

Vamos a ser glorificados y vamos a tener un cuerpo glorificado, un cuerpo eterno, porque vamos a ser restaurados en este tiempo final, vamos a ser restaurados a un cuerpo eterno.

“Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse”.

Todo lo que podamos sufrir estando en estos cuerpos mortales es como un granito de arena colocado en el planeta más lejano, de la constelación más lejana que usted pueda imaginarse, comparada o comparado con las glorias venideras que hemos de tener en el nuevo cuerpo.

Así que lo que dice San Pablo, que no son comparables, puede usted comparar: ¿puede usted comparar un granito de arena siendo visto desde la Tierra a simple vista en el planeta más lejano de la constelación y galaxia más lejana? Ni lo puede ver. Así será la comparación de las glorias venideras con lo que hemos sufrido estando en estos cuerpos mortales; es nada, comparado con la bendición tan grande que tendremos en el nuevo cuerpo.

“Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios”.

La Creación completa está esperando y deseando y clamando por la manifestación de los hijos de Dios en cuerpos eternos, está clamando y esperando la adopción, la restauración de todos los hijos de Dios a la vida eterna, con un cuerpo eterno. ¿Por qué? Vamos a ver por qué:

“Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza;

porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios”.

Con la libertad o liberación de los hijos de Dios, que será con la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de nosotros los que vivimos, luego vendrá más adelante la restauración de toda la Creación: de los animales, de los árboles y también del planeta Tierra completo, y luego también de todo el universo; vendrá esa restauración de toda la Creación a lo que era antes de la caída del ser humano en el Huerto del Edén.

Ahora, podemos ver que de la adopción, que es la restauración de los hijos de Dios a vida eterna con un cuerpo eterno, de esa restauración depende toda la Creación, y por eso está clamando toda la Creación.

“... porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios”.

Será libertada de la esclavitud de corrupción. Por causa de la corrupción es que los árboles nacen, viven una temporada y después se mueren. ¿Por qué? Porque entra corrupción en los árboles, en sus células; también pasa lo mismo con los animales y con todas las cosas; y con el cuerpo físico también pasa lo mismo; porque es una esclavitud de corrupción a la cual está sujeto el cuerpo físico que obtuvimos por medio de papá y mamá, y también así sucede con los árboles y con los animales.

Pero con la liberación de los hijos e hijas de Dios obtendremos el cuerpo eterno, inmortal, incorruptible; nunca se pondrá viejo, nunca se enfermará y nunca morirá; siempre permanecerá jovencito, representando de 18 a 21 años de edad; porque no entrará corrupción a las células de ese nuevo cuerpo: es un cuerpo inmortal, es un cuerpo incorruptible, es un cuerpo eterno, a semejanza del cuerpo del Señor Jesucristo; es un cuerpo glorificado, en donde estará todo el poder divino restaurado para toda la eternidad y donde Dios morará en toda Su plenitud en nosotros, morará en nuestros cuerpos inmortales en toda Su plenitud.

Ahora podemos ver lo que es la adopción de los hijos de Dios, lo que es la restauración de los hijos de Dios. Sigue diciendo:

“Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora…”.

Verso 22 (estamos leyendo en Romanos 8, verso 22, ahora).

Todo lo que vemos en la Creación, todos esos problemas de la Creación, la Tierra con sus volcanes en erupción, con temblores y terremotos y maremotos y todas esas cosas que están sucediendo, es la Tierra con dolores de parto, clamando con dolores de parto, clamando por un nuevo mundo, clamando por una nueva Tierra, clamando por una restauración, a lo que era antes de la caída en el Huerto del Edén.

“... y no sólo ella (o sea, no solamente la Creación está gimiendo), sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo”.

O sea, la transformación; esa es la redención de nuestro cuerpo, es la restauración de los hijos e hijas de Dios a un nuevo cuerpo, para vivir en un nuevo cuerpo por toda la eternidad, sin los problemas que tenemos en este cuerpo físico.

Pero mientras obtenemos el cuerpo nuevo cuidamos este cuerpo, lo cuidamos bien; no queremos perder este cuerpo sino que lo que queremos es ser restaurados al nuevo cuerpo, queremos una transformación.

Cuide su cuerpo, aliméntelo bien, no permita que los vicios dañen su cuerpo. Los vicios dañan el cuerpo y dañan el cerebro. Las drogas, el licor y el tabaco, todo eso daña el cuerpo completo, diferentes partes del cuerpo, y llega el daño hasta el mismo cerebro y las neuronas del cerebro son afectadas, y son problemas irreversibles en el cerebro de las personas.

Por eso nos dice San Pablo que el que destruya el templo de Dios será destruido por Dios, y dice19: “¿No sabéis que sois templos de Dios, que vuestros cuerpos son templos del Espíritu Santo?”.

Por lo tanto, mantenga ese templo limpio toda su vida, sin pecado y sin vicios; esa es la voluntad de Dios para el templo de Dios, que es su cuerpo como individuo, como también para el Cuerpo Místico de Cristo, que es Su Iglesia, debe permanecer limpio ese Cuerpo Místico de creyentes.

Ahora podemos ver el por qué los hijos e hijas de Dios se apartan del pecado y de los vicios: porque sus cuerpos son templos del Espíritu de Dios, y el templo de Dios hay que mantenerlo limpio. No vamos a recibir a Dios en nuestra casa, el templo que tenemos para Él, estando sucios; tiene que ser limpio para darle la bienvenida al Dios Todopoderoso, para que se manifieste en ese templo, que es nuestro cuerpo, y se manifieste en el Templo espiritual, que es Su Iglesia.

Ahora, podemos ver el por qué estas cosas son necesarias para los hijos e hijas de Dios.

Ahora, continuamos leyendo, dice (en lo que leímos ya hace un momento [Romanos 8:23]):

“... y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción...”.

Todos los hijos e hijas de Dios, desde el Día de Pentecostés hacia acá han estado esperando la redención del cuerpo, o sea, la transformación de sus cuerpos; y han muerto esperando el nuevo cuerpo. Por lo tanto, resucitarán, se levantarán de nuevo en el Día Postrero, en el séptimo milenio, en el nuevo cuerpo; y nosotros los que vivimos seremos transformados y así estaremos también en el nuevo cuerpo; esa es la adopción, o sea, la redención del cuerpo; y esto es para el tiempo de la restauración de todas las cosas.

Para el tiempo de la restauración de todas las cosas, dice San Pedro que Dios enviará a Jesucristo; dice, capítulo 3 del libro de los Hechos, verso 19 al 21:

“Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio,

y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado...”.

“Tiempos de refrigerio” es el tiempo de la manifestación del Hijo del Hombre con Sus Ángeles, es el tiempo de la Venida del Mesías o manifestación del Mesías para el establecimiento del glorioso Reino Milenial; y ese refrigerio viene para la Iglesia de Jesucristo y después para el pueblo hebreo en la manifestación del Hijo del Hombre con Sus Ángeles en el Día Postrero.

“... y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado;

a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo”.

Ahora podemos ver que la restauración de todas las cosas es para este tiempo final, en donde Dios restaurará a todos Sus hijos, todos los hijos e hijas de Dios que vienen a formar parte del Cuerpo Místico de Cristo, de la Iglesia del Señor Jesucristo, los cuales han creído en Cristo como Su Salvador y han lavado sus pecados en la Sangre de Cristo y han recibido Su Espíritu Santo, y por consiguiente han nacido de nuevo, han nacido en el Reino de Dios; tienen ya un cuerpo teofánico, ya tienen vida eterna y solamente les falta obtener vida eterna físicamente también; y eso viene con la resurrección de los muertos en Cristo en cuerpos eternos y la transformación de nosotros los que vivimos, en donde obtendremos ese cuerpo eterno con vida eterna, un cuerpo inmortal e incorruptible, en el cual viviremos por toda la eternidad; y nos iremos en el rapto con Cristo, a la Cena de las Bodas del Cordero; y estaremos con Él en la Cena de las Bodas del Cordero por tres años y medio, en donde estaremos recibiendo los galardones por todas nuestras labores que hemos efectuado en la Obra de Jesucristo; así será para los santos de las edades pasadas también, porque Él dará el galardón a cada uno conforme a sus obras: en la Cena de las Bodas del Cordero recibiremos los galardones.

Recuerden que es en la recepción donde son colocados los regalos para la novia, es la novia la que recibe más regalos que el novio en la recepción; y ahora, en la recepción en el Cielo, en la Casa de nuestro Padre celestial, recibiremos los galardones por todo lo que hemos trabajado en la Obra del Señor.

San Pablo dice20: “Porque vuestro trabajo en el Señor no es en vano”. Recibirá, entonces, la recompensa debida, porque Él pagará a cada uno conforme a sus obras, nos dice en Apocalipsis, capítulo 22, verso 12, y en San Mateo, capítulo 16, verso 27.

Ahora, podemos ver que estamos invitados para una gran fiesta en el Cielo, en la Casa de nuestro Padre celestial; y si una persona va a estar en una gran fiesta, tiene que estar preparado desde temprano para llegar a tiempo a esa gran fiesta.

En tiempos pasados en el Oriente, en la fiesta de bodas el novio estaba a la puerta de la casa donde era la fiesta y le colocaba la vestidura al invitado, y era la misma clase de vestidura la que recibía cada invitado, tenía que entrar por la puerta; y Cristo coloca la vestidura del Espíritu Santo a todos los invitados a la Cena de las Bodas del Cordero.

Ahora, podemos ver que para el tiempo final se oyó un clamor21: “¡He aquí el esposo viene, salid a recibirle!”. Y se levantaron todas las vírgenes; y las vírgenes prudentes prendieron sus lámparas pues tenían aceite, las insensatas no habían tomado aceite en sus lámparas, por lo tanto cuando prendieron sus lámparas, sus lámparas lo que hacían era botar humo porque no tenían aceite; esos son los que creen en Jesucristo como su Salvador pero no reciben el Espíritu Santo, no tienen aceite en sus lámparas, en sus vidas, por lo tanto no tienen el cuerpo teofánico de la sexta dimensión. Las vírgenes prudentes tienen el Espíritu Santo, por lo tanto tienen su cuerpo teofánico y tienen su vestidura de boda para ir a la Cena de las Bodas del Cordero con Cristo.

Recuerden, las vírgenes insensatas pidieron aceite a las vírgenes prudentes, pero ellas dijeron: “Id vosotras a los que venden, y comprad para vosotras, para que así no nos falte a nosotras”. Y mientras las insensatas iban a comprar aceite, vino el Esposo; y las que estaban preparadas con sus lámparas encendidas, con aceite en sus lámparas, entraron con Él a las Bodas, ¿y qué pasó?, ¿se cerró qué? La puerta.

Y la puerta de la Dispensación de la Gracia se cerrará de un momento a otro; pero cuando eso ocurra, las vírgenes prudentes ya estarán con el Esposo, con el Novio, con Jesucristo en Su Segunda Venida, con el Hijo del Hombre viniendo con Sus Ángeles; estará ya el Esposo con las vírgenes prudentes y se cerrará la puerta.

Las vírgenes prudentes estarán en la Casa de Dios, en el Cuerpo Místico de Cristo, en la Edad de la Piedra Angular; y luego se cerrará la puerta de entrada, que es Cristo, y ya nadie más podrá entrar a la Casa de Dios, nadie más podrá entrar a formar parte de la Iglesia de Jesucristo; y entonces los muertos en Cristo resucitarán en cuerpos eternos y nosotros los que vivimos seremos transformados, y nos iremos con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo.

Cristo dijo en el capítulo 14 de San Juan [verso 2-3]:

En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros.

Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez (ahí tenemos Su Segunda Venida), y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis”.

Es Su Venida para llevar a Su Novia, Su Iglesia, a la Casa de nuestro Padre celestial, dice: “os tomaré a mí mismo”; porque Su Iglesia es Su Cuerpo Místico de creyentes, es hueso de Sus huesos, carne de Su carne y sangre de Su Sangre, porque tiene la Sangre de Cristo aplicada en su corazón; y Él se llevará Su Cuerpo Místico de creyentes, que es Su Iglesia, cada miembro de Su Cuerpo Místico será transformado si está vivo, y los que murieron serán resucitados en cuerpos eternos; y luego nos iremos con Cristo a la Casa de nuestro Padre celestial, a esa gran fiesta que está preparada para todos nosotros en el Cielo. Por eso Apocalipsis, capítulo 19, versos 7 al 10, dice:

“Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado.

Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos.

Y el ángel me dijo: Escribe: Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero. Y me dijo: Estas son palabras verdaderas de Dios”.

Es una persona bienaventurada la que es llamada a la Cena de las Bodas del Cordero. Y el llamado a la Cena de las Bodas del Cordero es el llamado de la Gran Voz de Trompeta o Trompeta Final.

La Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino llama a todos los escogidos de Dios para ser juntados, ser transformados e ir a la Cena de las Bodas del Cordero; esos son los invitados a la Cena de las Bodas del Cordero.

Y son llamados los invitados a la Cena de las Bodas del Cordero con la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino, que es la Voz de Cristo hablándonos en este tiempo final todas estas cosas que deben suceder pronto, y revelándonos el misterio de Su Venida como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo; viniendo el Hijo del Hombre con Sus Ángeles, con Sus ministerios de Moisés y Elías manifestados en este tiempo final y el ministerio de Jesús también manifestado en este tiempo final, en la manifestación del Hijo del Hombre como el relámpago resplandeciendo en el occidente.

Como el relámpago que sale del oriente, allá fue la Primera Venida del Hijo del Hombre, ¿y se muestra dónde? En el occidente, en el continente americano, al cual pertenece la América Latina y el Caribe. Ese es el continente del occidente, donde el Hijo del Hombre será manifestado como el relámpago resplandeciendo; y por eso el llamado es en el occidente para todos los hijos e hijas de Dios, para la Cena de las Bodas del Cordero.

Es la Voz de Cristo por medio de Su Ángel Mensajero hablándonos con esa Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino todas estas cosas que deben suceder pronto, y así llamándonos y juntándonos en el Cuerpo Místico de Cristo, en la Edad de la Piedra Angular, y preparándonos para ser transformados y raptados en este tiempo final, para ir a la Cena de las Bodas del Cordero en el rapto o arrebatamiento de la Iglesia del Señor Jesucristo; arrebatamiento de las vírgenes prudentes que entrarán con Él a las Bodas en este tiempo final.

Las bodas son la unión de dos seres que se aman, en donde la mujer viene a ser parte del hombre, vienen a ser una sola carne; y así son las Bodas de Cristo y Su Iglesia. La Iglesia de Jesucristo vendrá a ser una sola carne con Cristo, y seremos personas con un cuerpo eterno igual al del Señor Jesucristo, una sola carne; Él tiene un cuerpo glorificado y nosotros también tendremos un cuerpo glorificado, una sola carne, una misma carne.

Ahora, podemos ver esa unión de Cristo y Su Iglesia para este tiempo final. Estamos en el tiempo para la Iglesia del Señor Jesucristo convertirse en la Esposa del Cordero, y así tener cada miembro del Cuerpo Místico de Cristo un cuerpo a semejanza de Jesucristo, al cuerpo de Jesucristo, y todos ser a imagen y semejanza de nuestro amado Señor Jesucristo; ser alma, espíritu teofánico o cuerpo teofánico y cuerpo físico glorificado igual al de Jesucristo; y así es como venimos a ser una sola carne con nuestro amado Señor Jesucristo, hueso de Sus huesos, carne de Su carne y sangre de Su sangre; y esto es para este tiempo final, para el tiempo de la restauración de todas las cosas.

Hemos estado viendo la restauración de los hijos e hijas de Dios a la vida eterna, de donde cayó el ser humano en el Huerto del Edén; pero el ser humano, los hijos e hijas de Dios, serán restaurados a la vida eterna nuevamente con un cuerpo eterno; para eso se requiere el Título de Propiedad, el Libro de los Siete Sellos siendo restaurado a la raza humana nuevamente.

Eso es lo que Cristo hace en Apocalipsis, capítulo 5: toma el Libro de la diestra del que está sentado en el Trono, luego lo abre en el Cielo y luego desciende a la Tierra en Apocalipsis, capítulo 10, y lo trae a Su Iglesia, representada en Juan el apóstol, en el cual está representado también el Ángel del Señor Jesucristo. Y el Libro que nadie podía tomar, abrir y leer en el Cielo, ni siquiera mirarlo, excepto el Señor Jesucristo, ahora viene y lo trae a la Tierra, se lo entrega a un hombre, y después le dice que se lo coma.

¿Cómo podemos entender este misterio? Vean ustedes, Apocalipsis, capítulo 10, versos 8 en adelante, dice:

“La voz que oí del cielo habló otra vez conmigo, y dijo: Vé y toma el librito que está abierto en la mano del ángel que está en pie sobre el mar y sobre la tierra.

Y fui al ángel, diciéndole que me diese el librito. Y él me dijo: Toma, y cómelo; y te amargará el vientre, pero en tu boca será dulce como la miel.

Entonces tomé el librito de la mano del ángel, y lo comí; y era dulce en mi boca como la miel, pero cuando lo hube comido, amargó mi vientre.

Y él me dijo: Es necesario que profetices otra vez sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes”.

El que se coma este Librito, luego tiene el ministerio de traer el Mensaje profético sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes; y luego en Apocalipsis, capítulo 11, encontramos los ministerios de los Dos Olivos que vienen para profetizar; dice así capítulo 11, verso 3 en adelante:

“Y daré a mis dos testigos que profeticen por mil doscientos sesenta días, vestidos de cilicio.

Estos testigos son los dos olivos, y los dos candeleros que están en pie delante del Dios de la tierra”.

Ahora vean ustedes, los ministerios de los Dos Olivos y Dos Candeleros, que son los ministerios de Moisés y Elías, entonces tienen el Mensaje profético para poder traer las profecías correspondientes al tiempo final. Esos ministerios de Moisés y Elías estarán manifestados en la Tierra en el Día Postrero. ¿Cómo estarán manifestados? Veamos cómo estará manifestado el ministerio de Elías por quinta ocasión, y por consiguiente el ministerio de Moisés estará manifestado en la misma forma.

Le preguntan al precursor de la Segunda Venida de Cristo, en la pregunta número 11 en el libro de Los Sellos en español, página 399, con relación al Elías que le predicará al pueblo hebreo, le preguntan:

“11. El Elías que viene a predicar a los judíos, ¿es el verdadero Elías que estuvo en los días de Achab, o será solamente el espíritu de Elías en otro hombre?

(La contestación fue)

[94]. Yo he pensado que será un hombre de este tiempo ungido con ese espíritu (¿Un hombre de qué tiempo? De este tiempo, del tiempo de la restauración de todas las cosas); porque allá, cuando Elías ya había subido y Eliseo se encontró con los hijos de los profetas, ellos dijeron: ‘El espíritu de Elías reposó sobre Eliseo’. Es que Eliseo obró igual a Elías”.

Vean ustedes, Elías abrió el Jordán con el manto y cruzó al otro lado con Eliseo. Después cuando Elías fue arrebatado en un carro de fuego o platillo volador, el manto de Elías cayó, Eliseo lo tomó; y Eliseo había pedido una doble porción del espíritu de Elías para que viniera sobre él, y le sería concedida su petición si veía a Elías cuando fuera arrebatado al Cielo, y lo vio; por lo tanto, vino una doble porción sobre Eliseo. Se paró frente al Jordán con el manto de Elías, lo dobló, hirió las aguas del Jordán y se abrieron también, obró en la misma forma, abrió el Jordán como lo había hecho el profeta Elías; una evidencia de que había descendido sobre Eliseo el ministerio de Elías por segunda ocasión, en una doble porción22.

Ahora miren ustedes, el ministerio de Elías en su cuarta ocasión estuvo abriendo los Sellos. Abrió el primero, segundo, tercero, cuarto, quinto y sexto con la Palabra, con el Espíritu de Dios. El Verbo, la Palabra manifestada en carne humana en él, abrió esos Sellos.

Y ahora, se fue Elías en su cuarta manifestación, su velo de carne ha dormido, murió su velo de carne, pero él está en el Paraíso; pero el ministerio de Elías está prometido para venir por quinta vez, y eso será un hombre ungido con ese espíritu, un hombre de este tiempo ungido con ese espíritu. Y ese hombre ungido con ese espíritu tomará la Palabra, porque vendrá en él el Verbo, la Palabra manifestada en carne humana, el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, el cual estuvo abriendo seis Sellos; y ahora viene por quinta vez el ministerio de Elías y abrirá el Séptimo Sello.

Ahora, en este tiempo final, así como Elías abrió el Jordán, Elías en su cuarta manifestación abrió seis Sellos. Elías en su segunda manifestación de regreso abrió el Jordán de nuevo con el manto de Elías, y los hijos de los profetas dijeron: “El espíritu de Elías ha reposado sobre Eliseo”. Y Elías, el ministerio de Elías viniendo por quinta vez, estará abriendo el Séptimo Sello; y los escogidos de Dios dirán: “El Espíritu de Elías ha reposado sobre ese hombre de este tiempo final”. Y ese hombre, por consiguiente, es el Ángel del Señor Jesucristo, el profeta de la Dispensación del Reino.

Y ahora, podemos ver que en la apertura del Séptimo Sello, en la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles, la Venida del Hijo del Hombre con los ministerios de Moisés y Elías manifestados en un hombre de este tiempo, tendremos la bendición de Dios para todos los hijos de Dios, para la restauración de todos los hijos de Dios a la vida eterna; tendremos la apertura del Séptimo Sello.

Y el Séptimo Sello es el Ángel que era diferente a los demás, ese es el Ángel que tiene el Séptimo Sello. Y la Venida de ese Ángel manifestado en carne humana, en un hombre de este tiempo, que es el Ángel del Señor Jesucristo, es el misterio del Séptimo Sello; y Él estará revelando, abriendo ese misterio del Séptimo Sello, abriendo el misterio de Su Venida en carne humana, en un hombre de este tiempo, en el Ángel del Señor Jesucristo.

Ese es el hombre de este tiempo final en donde estará el ministerio de Elías por quinta ocasión manifestado y el misterio de Moisés por segunda ocasión manifestado y el ministerio Jesús por segunda ocasión manifestado; eso será el Verbo, la Palabra encarnada en un hombre; eso será la Venida del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, la Venida del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová, de Jesucristo en Espíritu Santo viniendo en carne humana, en un hombre de este tiempo, en el cumplimiento de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles manifestando los ministerios de Moisés, de Elías y de Jesús en un hombre de este tiempo.

Dijo el precursor de la Segunda Venida de Cristo en la página 256 del libro de Los Sellos: “Y cuando nuestro Señor Jesucristo venga, cuando nuestro Señor venga, ¿qué será?”. Vamos a ver lo que será. Página 256 del libro de Los Sellos en español, dice:

“121. Pero cuando nuestro Señor aparezca sobre la Tierra, Él vendrá sobre un caballo blanco como la nieve, y será completamente Emmanuel —la Palabra de Dios encarnada en un hombre”.

Lo mismo que será la venida de Elías en su quinta manifestación. Es la Palabra de Dios encarnada en un hombre manifestando los ministerios de Moisés por segunda vez, de Elías por quinta vez y de Jesús por segunda vez. Por eso en la página 369, tenemos la Palabra también encarnada, dice hablando de los ministerios de Moisés y Elías:

“194. Ahora fijémonos en los últimos dos versículos de Apocalipsis 6, o sea, lo que sucederá con los que hicieron mofa y se rieron de la predicación de la Palabra vindicada del Dios viviente (o sea, se rieron de la Palabra vindicada en carne humana que estaba predicando, dando a conocer todas estas cosas). Esos profetas estarán allí y harán toda clase de milagros, oscurecerán el sol, y todas esas cosas a través de ese tiempo. Luego aquellos clamarán a las piedras y a los montes, que los escondan de la misma Palabra de la cual antes se habían burlado, porque ahora lo podían ver que venía. Decían: ‘Escondednos de la ira del Cordero’. Él es la Palabra. Ellos se habían burlado de la Palabra y ahora allí estaba la Palabra encarnada”.

Es la Palabra encarnada, el Verbo encarnado en un hombre de este tiempo manifestando los ministerios de Moisés, de Elías y de Jesús.

“Ellos se habían mofado grandemente de esos profetas, pero ahora había venido la Palabra encarnada. ¿POR QUÉ NO SE ARREPINTIERON? No pudieron; ya era demasiado tarde”.

O sea, ya el Cordero había salido del Trono de Intercesión en el Cielo y ya no había Sangre del Cordero de Dios en el Trono de Intercesión o asiento de misericordia en el Cielo, en el Lugar Santísimo del Templo que está en el Cielo. Por lo tanto, ya no había oportunidad para los que querían arrepentirse porque ya la puerta estaba cerrada y ya no había Sangre para interceder por ellos en el Cielo; tenían que atenerse a las consecuencias del juicio divino.

“Y ellos conocían muy bien el castigo que les esperaba; habían oído todo eso. Ellos habían estado en cultos como éste, y habían escuchado todas esas cosas. Ellos sabían que estaban encarando las mismas cosas que esos profetas habían predicho (o sea, habían profetizado). Pero lo habían rechazado; despreciaron la misericordia de Dios por última vez”.

¿Cuándo es que la misericordia de Dios está manifestada por última vez? En la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles manifestando los ministerios de Moisés, de Elías y de Jesús, antes de que el Cordero salga del Trono de Intercesión en el Cielo. Después que salga, ya no hay oportunidad para arrepentimiento, se tienen que atener a las consecuencias de los juicios divinos de la gran tribulación.

“Y cuando uno desprecia la misericordia, lo único que le queda es el juicio”.

Todavía estamos en una etapa en donde hay misericordia para todos los que viven en la Tierra; y los hijos e hijas de Dios, los que tienen sus nombres escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, en el Libro de los Siete Sellos, al escuchar la Palabra de Dios, la predicación del Evangelio, reciben a Cristo como su Salvador en este tiempo final y así obtienen misericordia.

Cristo hace Intercesión por los últimos escogidos que está llamando en la Edad de la Piedra Angular; y cuando entre el último, terminará Su Obra en el Cielo, en el Lugar Santísimo, sobre el Propiciatorio o asiento de misericordia en el Cielo; y luego sale del Trono de Intercesión, hace Su reclamo y los muertos en Cristo resucitan en cuerpos eternos y nosotros los que vivimos seremos transformados.

Y de ahí en adelante ya no hay más misericordia para ninguna persona, tendrán que atenerse al juicio divino de la gran tribulación; pero los escogidos han obtenido la misericordia de Dios y obtienen la restauración a un cuerpo eterno, con vida eterna, para ir a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo.

Esto es para los hijos e hijas de Dios que en el tiempo final estarán escuchando la Gran Voz de Trompeta, la Voz de Cristo, la Voz de la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto y revelándonos el misterio de Su Venida, el misterio de la Venida del Ángel que era diferente a los demás manifestándose en carne humana, en Su Ángel Mensajero, y operando los ministerios de Moisés, de Elías y de Jesús a través de ese velo de carne llamado el Ángel de Jesucristo, el cual viene como el instrumento de Cristo a través del cual son dadas a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, en este tiempo final, para la restauración de todos los hijos e hijas de Dios en este tiempo final.

Y así la restauración de todas las cosas se hace efectiva para los hijos e hijas de Dios en este tiempo final, para ser restaurados a la vida eterna con un cuerpo eterno y glorificado, y ser así a imagen y semejanza de nuestro amado Señor Jesucristo.

Por eso el Título de Propiedad en este tiempo final viene en la manifestación del Séptimo Sello para los escogidos de Dios. Este es el tiempo en que el Séptimo Sello está siendo manifestado, el contenido del Séptimo Sello se está materializando en este tiempo final. Y con esa manifestación del Séptimo Sello los escogidos de Dios están recibiendo el Título de Propiedad, están recibiendo y comiendo del Árbol de la Vida en este Día Postrero, para obtener vida eterna en el cuerpo también, recibiendo una transformación en este tiempo final nosotros los que vivimos y los muertos en Cristo recibiendo un cuerpo eterno, resucitando en un cuerpo eterno.

Si alguno de los nuestros se va (o sea, muere su cuerpo físico), no hay ningún problema para él: regresará en un cuerpo jovencito y eterno e incorruptible, inmortal, aparecerá a nosotros y dará testimonio de que ya la resurrección ha sucedido; y nosotros, cuando los veamos a ellos, seremos transformados; los que permanezcamos vivos en este cuerpo mortal hasta la resurrección de los muertos en Cristo, seremos transformados. Esa es la promesa para todos nosotros en el Programa Divino de EL SÉPTIMO SELLO Y LA RESTAURACIÓN DE TODAS LAS COSAS.

Estamos comiendo del Árbol de la Vida al estar recibiendo Su Palabra, la Palabra de Cristo, la Palabra de vida eterna; estamos comiendo el Libro de los Siete Sellos así como el Ángel del Señor Jesucristo se lo come en este tiempo final. Como lo hizo Juan el apóstol, así también el Ángel de Jesucristo lo hace en este tiempo y todos los escogidos de Dios, a medida que es dado a conocer el misterio del Séptimo Sello a todos nosotros.

Juan el apóstol representó a la Iglesia de Jesucristo pasando por sus diferentes etapas hasta llegar a la etapa de este Día Postrero; y él fue transportado al Día del Señor, o sea, al séptimo milenio, y escuchó todas estas cosas y vio los símbolos de todas estas cosas que estarían sucediendo en este tiempo final; o sea que él nos vio representados a nosotros en los símbolos correspondientes al tiempo final y a los escogidos de Dios que estarían bajo el Séptimo Sello, o sea que él vio todo el Programa Divino pasando por Asia Menor, Europa, Norteamérica y la América Latina y el Caribe.

Para este tiempo es que comemos el Título de Propiedad, el Libro de los Siete Sellos, ¿para qué? Para poder obtener nuestra adopción, la restauración nuestra a la vida eterna con un cuerpo eterno y glorificado, y ser así a imagen y semejanza de nuestro amado Señor Jesucristo.

Por eso es restaurado primeramente el Título de Propiedad, el Libro de los Siete Sellos a todos nosotros, el Libro de los Siete Sellos abierto a nosotros, para ser restaurados.

Es restaurado primero el Título de Propiedad, es restaurado el Árbol de la Vida; y su fruto es la Palabra, es la Palabra contenida en ese Libro de los Siete Sellos; al comer esa Palabra estamos comiendo el Libro de los Siete Sellos, y por consiguiente estamos comiendo el fruto del Árbol de la Vida que estuvo en el Huerto del Edén.

El Árbol de la Vida en el Huerto del Edén es Cristo, y para el ser humano poder comer de ese Árbol de la Vida tenía que hacerse carne primeramente. Y para el Día Postrero, el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis, que es Cristo, la Palabra, el Verbo, se hace carne y nos da del fruto de Su Palabra, nos da la revelación del Libro de los Sellos, nos da la revelación del Séptimo Sello; y así comemos ese Libro, para ser restaurados a la vida eterna con un cuerpo eterno en este tiempo final, en EL MISTERIO DEL SÉPTIMO SELLO Y LA RESTAURACIÓN DE TODAS LAS COSAS.

Hemos visto EL MISTERIO DEL SÉPTIMO SELLO Y LA RESTAURACIÓN DE TODAS LAS COSAS. En la próxima actividad, en la tarde, estaremos hablando de esta restauración, y estaremos viendo en esta restauración algo muy importante que necesitamos ver en este tiempo final.

[…] La restauración también del Reino de Dios en la Tierra. No tuvimos tiempo en esta ocasión de ver la restauración del Reino de Dios en la Tierra, pero veremos todo esto en la próxima actividad, la cual será dentro de muy pocos... dentro de dos horas más o menos; y ahí estaremos viendo este misterio de esta restauración que viene para el pueblo hebreo, para el Reino de David, para el Trono de David, en donde nosotros estaremos también viviendo como reyes y sacerdotes con nuestro amado Señor Jesucristo.

Ha sido para mí un privilegio muy grande de estar con ustedes en esta ocasión, dándoles testimonio de la restauración de todas las cosas, de: “EL SÉPTIMO SELLO Y LA RESTAURACIÓN DE TODAS LAS COSAS”.

Que las bendiciones de Jesucristo nuestro Salvador, el Ángel del Pacto, prometidas para la restauración de todas las cosas, sean sobre cada uno de ustedes y sobre mí también, se materialicen en ustedes y en mí también; y pronto todos seamos restaurados a la vida eterna con un cuerpo eterno, como Él lo ha prometido para todos nosotros. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Muchas gracias por vuestra amable atención, amados amigos y hermanos presentes; y los que están a través de la línea telefónica o de internet o de la televisión o de la radio, o los que estarán viendo esta conferencia en video.

Hemos estado en esta ocasión viendo: EL SÉPTIMO SELLO Y LA RESTAURACIÓN DE TODAS LAS COSAS”.

¿Y quiénes serían los que verían el Séptimo Sello y la restauración de todas las cosas? Pues nosotros aquí en la América Latina y el Caribe.

Que Dios les bendiga y les guarde a todos. Con nosotros nuevamente el reverendo Miguel Bermúdez Marín para continuar y finalizar nuestra parte en esta ocasión.

Dios les bendiga y les guarde a todos.

“EL SÉPTIMO SELLO Y LA RESTAURACIÓN DE TODAS LAS COSAS”.

[Revisión agosto 2018]

1 Génesis 14:17-20

2 Hebreos 7:1-4

3 Génesis 18:1-14

4 Génesis 19:1-3 (1-30, destrucción de Sodoma y Gomorra)

5 Génesis 18:32 (16-33, Abraham intercede)

6 Génesis 7:23

7 San Marcos 12:25

8 Miqueas 5:2

9 San Juan 8:56

10 Malaquías 4:1

11 Génesis 18:9-15

12 San Juan 8:48-59

13 San Juan 1:27

14 San Mateo 8:27

15 Éxodo 3:14-15 (1-22)

16 San Juan 1:11

17 1 Tesalonicenses 4:16-17

18 1 Juan 3:12

19 1 Corintios 6:19

20 1 Corintios 18:58

21 San Mateo 25:6 (1-13)

22 2 Reyes 2:1-15

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