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Muy buenas tardes, amados hermanos y amigos presentes y los que escuchen esta conferencia a través de video o a través de la televisión o de internet.

Que las bendiciones de Jesucristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también; y las bendiciones de la restauración de todas las cosas sean sobre todos ustedes, se materialicen en ustedes y en mí también. En el Nombre Eterno de Jesucristo nuestro Señor. Amén y amén.

Quiero leer en el libro de los Hechos, capítulo 3, versos 18 al 21; y Romanos, capítulo 11, verso 25 en adelante. Dice de la siguiente manera:

“Pero Dios ha cumplido así lo que había antes anunciado por boca de todos sus profetas, que su Cristo había de padecer.

Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio,

y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado;

a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo”.

Y en Romanos, capítulo 11, verso 25 en adelante, leemos:

“Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles;

y luego todo Israel será salvo, como está escrito:

Vendrá de Sion el Libertador,

Que apartará de Jacob la impiedad.

Y este será mi pacto con ellos,

Cuando yo quite sus pecados.

Así que en cuanto al evangelio, son enemigos por causa de vosotros; pero en cuanto a la elección, son amados por causa de los padres.

Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios”.

Nuestro tema para esta ocasión es: EL SÉPTIMO SELLO Y LA RESTAURACIÓN DEL PUEBLO HEBREO”, o sea, LA RESTAURACIÓN DE ISRAEL.

Para la restauración de todas las cosas, el pueblo hebreo recibirá su restauración, así como la Iglesia del Señor Jesucristo recibe su restauración. Antes que el pueblo hebreo, es restaurada la Iglesia de Jesucristo con sus miembros, Su Cuerpo Místico de creyentes, a la vida eterna, con cuerpos eternos; porque la Iglesia del Señor Jesucristo es el Israel celestial y recibe la bendición de la restauración de todas las cosas antes que el pueblo hebreo.

Y ahora, el pueblo hebreo, siendo el Israel terrenal, siendo simiente de Abraham según la carne, para el tiempo final tiene la promesa de la restauración; y la restauración del pueblo hebreo será efectuada en el Día Postrero o séptimo milenio, y será restaurado el pueblo hebreo como nación primogénita de Dios; y estará a la cabeza de todas las naciones porque será, el pueblo hebreo, la nación hebrea será el Distrito Federal del Reino de Dios que será establecido en la Tierra; y Jerusalén será la capital del mundo, será la capital del glorioso Reino de Cristo, ese Reino Milenial.

Ahora, la restauración del pueblo hebreo tiene un orden para poderse efectuar. San Pablo nos dice cuál es el orden; dice que cuando haya entrado la plenitud de los gentiles entonces es el tiempo para esta restauración de Israel.

La plenitud de los gentiles entra con el último miembro del Cuerpo Místico de Cristo, cuando sea llamado y juntado y colocado en el Cuerpo Místico de Cristo; es la plenitud de la Iglesia gentil. Entra hasta el último escogido de la Iglesia gentil y se completa así el número de los escogidos de Dios, de la Iglesia de Jesucristo; y los muertos en Cristo serán resucitados en cuerpos eternos, y nosotros los que vivimos seremos transformados; y estaremos completamente restaurados, con vida eterna y un cuerpo eterno para vivir por toda la eternidad, y reinar con Cristo por mil años como reyes y sacerdotes, y luego por toda la eternidad.

Ahora, el pueblo hebreo también será restaurado, y el Reino de Dios será restaurado en medio del pueblo hebreo, y el Reino de David y Trono de David será restaurado en medio del pueblo hebreo; y se sentará en ese Trono el Mesías Príncipe, el cual es el Libertador que vendrá de Sion al pueblo hebreo; porque primero estará en Sion, que es la Iglesia de Jesucristo.

Y ahora, dice:

“… y luego todo Israel será salvo, como está escrito:

Vendrá de Sion el Libertador,

Que apartará de Jacob la impiedad.

Y este será mi pacto con ellos,

Cuando yo quite sus pecados”.

Para el pueblo hebreo se estará cumpliendo el Día de la Expiación, y ahí el pueblo hebreo estará lamentándose, afligiéndose, como sucedía en el día 10 del séptimo mes del año, en medio del pueblo hebreo.

Leemos en Levítico, capítulo 23, verso 26 al 32, donde nos habla del día de la expiación, donde dice:

“También habló Jehová a Moisés, diciendo:

A los diez días de este mes séptimo será el día de expiación; tendréis santa convocación, y afligiréis vuestras almas, y ofreceréis ofrenda encendida a Jehová.

Ningún trabajo haréis en este día; porque es día de expiación, para reconciliaros delante de Jehová vuestro Dios”.

Vean, es para la reconciliación del pueblo hebreo con Dios, así como la restauración de todas las cosas encontramos que efectuará la total restauración de los hijos de Dios, del Israel celestial, con Dios.

Espiritualmente ya estamos restaurados con Dios, estamos reconciliados con Dios, pero físicamente todavía falta que nuestro cuerpo sea transformado y tengamos un cuerpo eterno, y así esté la reconciliación con Dios en nuestro cuerpo también manifestada; y estando reconciliados con Dios físicamente también, con un cuerpo eterno, ninguna maldición de enfermedades, de vejez, de muerte y cualquier otra maldición no podrá tocar ese cuerpo, porque es un cuerpo ya reconciliado con Dios en la restauración de todas las cosas.

Ahora, veamos lo que a continuación dice:

“Porque toda persona que no se afligiere en este mismo día, será cortada de su pueblo”.

O sea, pierde el derecho a ser parte del pueblo hebreo; en esta fiesta de la expiación nos habla así. Como también el que no se afligiere de entre los gentiles, arrepintiéndose de sus pecados, recibiendo a Cristo como su Salvador y lavando sus pecados en la Sangre de Cristo y recibiendo Su Espíritu Santo, será cortado del pueblo; pierde el derecho a la vida eterna, porque no aprovechó la oportunidad de la Expiación de Jesucristo para reconciliarnos con Dios con Su Sacrificio en la Cruz del Calvario.

“Y cualquiera persona que hiciere trabajo alguno en este día, yo destruiré a la tal persona de entre su pueblo.

Ningún trabajo haréis; estatuto perpetuo es por vuestras generaciones en dondequiera que habitéis.

Día de reposo será a vosotros, y afligiréis vuestras almas, comenzando a los nueve días del mes en la tarde; de tarde a tarde guardaréis vuestro reposo”.

Aquí podemos ver lo que es esta fiesta para el pueblo hebreo. Y así como la Fiesta de la Pascua fue cumplida con el Sacrificio de Cristo y Cristo es nuestra Pascua1 (tanto para la Iglesia gentil como para el pueblo hebreo), Cristo también es nuestra Expiación; y esa Fiesta de la Expiación es materializada o cumplida en Cristo.

Y para el Día Postrero, vean ustedes, encontramos a través de la historia de la Iglesia que ha habido millones de personas (de entre los gentiles y algunos hebreos) que se han afligido por sus pecados y han recibido a Cristo como su Salvador, han lavado sus pecados en la Sangre de Cristo y han recibido Su Espíritu Santo, y han entrado al Pacto Divino.

Ahora, para el pueblo hebreo, San Pablo dice que han estado ausentes de esta bendición porque ellos fueron cegados; y han estado ciegos espiritualmente por todo este tiempo, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; y entonces todo Israel será salvo, que son 144.000 hebreos, escogidos de Dios, los cuales verán la Expiación, se afligirán y recibirán perdón, y sus pecados les serán perdonados. Y el pecado de haber pedido la muerte de Cristo habiéndolo rechazado, les será perdonado también, pues Cristo dijo2: “Perdónalos, Padre, porque no saben lo que hacen”.

Y ahora, en Zacarías, capítulo 12, verso 10 en adelante, dice:

“Y derramaré sobre la casa de David, y sobre los moradores de Jerusalén, espíritu de gracia y de oración; y mirarán a mí, a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito, afligiéndose por él como quien se aflige por el primogénito”. (Zacarías, capítulo 12, verso 10 al 11).

Ahí podemos ver cómo van a estar afligiéndose por Cristo, como dice la Escritura. ¿Por qué? Porque ahí Dios les abrirá los ojos. En la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles verán la Venida del Mesías; y entonces les será predicado a ellos el Evangelio del Reino, y entonces comprenderán lo que es la Segunda Venida de Cristo con Sus Ángeles y también comprenderán lo que fue la Primera Venida de Cristo dos mil años atrás.

“En aquel día habrá gran llanto en Jerusalén, como el llanto de Hadadrimón en el valle de Meguido.

Y la tierra lamentará, cada linaje aparte; los descendientes de la casa de David por sí, y sus mujeres por sí; los descendientes de la casa de Natán por sí, y sus mujeres por sí;

los descendientes de la casa de Leví por sí, y sus mujeres por sí; los descendientes de Simei por sí, y sus mujeres por sí;

todos los otros linajes, cada uno por sí, y sus mujeres por sí”.

De eso también da testimonio el Apocalipsis en el capítulo 1, versos 7 en adelante, donde dice:

“He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén”.

Ahí tenemos el cuadro claro de lo que estará pasando en medio del pueblo hebreo, en donde habrá lloro y lamentación por sus pecados, de haber rechazado a Cristo y haber pedido Su muerte en la Cruz del Calvario, y ser hallados culpables de la muerte de Cristo.

Ahora, se arrepentirán cuando haya entrado la plenitud de los gentiles, cuando haya entrado hasta el último de los escogidos de Dios; y entonces el pueblo hebreo será restaurado, será restaurado como nación, y Dios estará en medio del pueblo hebreo manifestado; así como lo vio el profeta Ezequiel en el capítulo 37, cuando vio la casa de Israel como un campo lleno de huesos secos; pero Dios le dijo: “Hijo del Hombre, ¿resucitarán estos muertos?, ¿resucitarán estos huesos?”. Y Ezequiel le dijo: “Señor, Tú lo sabes”. Y Dios le dijo a Ezequiel las diferentes etapas por las cuales pasaría el pueblo hebreo para la restauración del pueblo hebreo como nación.

Encontramos que pasaría por ciertas etapas en donde cada hueso se juntaría a su hueso, luego vendrían tendones y nervios y músculos y carne y piel; y estaría en pie un ejército poderoso, pero sin espíritu en él, un ejército grande el pueblo de Israel.

Eso es lo que vemos en la actualidad, pero sin espíritu, porque tiene que ir el Espíritu de Dios de los cuatro cantones de la Tierra; pues ha estado viajando por Asia Menor, por Europa, por Norteamérica, y en este tiempo por la América Latina y el Caribe, llamando y juntando a todos Sus escogidos de entre los gentiles para el Cuerpo Místico del Señor Jesucristo ser formado por gentiles y algunos de entre los hebreos.

Cristo ha estado formando, creando Su Iglesia, creando una nueva raza; y cuando haya entrado hasta el último de los miembros de esa nueva raza, entonces se tornará Cristo a los hebreos, el Espíritu de Cristo, el Espíritu de Dios irá al pueblo hebreo; y así entrará al pueblo hebreo el Espíritu que ellos necesitan: el Espíritu de Vida, que es el Espíritu de Dios manifestado en el Ángel Mensajero con los ministerios de Moisés y de Elías.

Por eso es que para la restauración del pueblo hebreo estarán los ministerios de Moisés y Elías allí manifestados. Por eso es que en Apocalipsis, capítulo 7, para el llamado de los 144.000 hebreos aparece el Ángel con el Sello del Dios vivo, que es el Ángel del Señor Jesucristo con el Espíritu Santo, que es el Sello del Dios vivo; y dice así Apocalipsis, capítulo 7, verso 2 en adelante:

“Vi también a otro ángel que subía de donde sale el sol, y tenía el sello del Dios vivo; y clamó a gran voz a los cuatro ángeles, a quienes se les había dado el poder de hacer daño a la tierra y al mar,

diciendo: No hagáis daño a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta que hayamos sellado en sus frentes a los siervos de nuestro Dios (los siervos de Dios son el pueblo hebreo).

Y oí el número de los sellados: ciento cuarenta y cuatro mil sellados de todas las tribus de los hijos de Israel.

De la tribu de Judá, doce mil sellados. De la tribu de Rubén, doce mil sellados. De la tribu de Gad, doce mil sellados”.

Y sigue enumerando 12.000 sellados de cada tribu. Esto es en la restauración del pueblo hebreo.

Y ahora, podemos ver que solamente hay un Ángel aquí llamando, juntando y sellando a los escogidos del pueblo hebreo, que son 144.000 hebreos; estos son los ministerios de Moisés y Elías en el Ángel del Señor Jesucristo llevándole el Mensaje al pueblo hebreo conforme a como está prometido.

Ahora veamos cómo el pueblo hebreo para este tiempo final estará siendo llamado, juntado y sellado, en este tiempo en el cual nosotros estamos viviendo. Vamos a ver. En Apocalipsis, capítulo 14, verso 1, dice así:

“Después miré, y he aquí el Cordero estaba en pie sobre el monte de Sion, y con él ciento cuarenta y cuatro mil, que tenían el nombre de él y el de su Padre escrito en la frente”.

O sea, tenían el Nombre del Cordero y el Nombre de su Padre escrito en sus frentes; o sea, tenían la revelación divina del Nombre de Jesucristo Nuevo y del Nombre Eterno de Dios.

¿Y cómo lo obtuvieron? Por medio del ministerio del Ángel que era diferente a los demás, el ministerio del Ángel que viene con el Sello del Dios vivo manifestado en carne humana, en el Ángel Mensajero del Señor Jesucristo, en donde manifiesta los ministerios de Moisés por segunda vez, de Elías por quinta vez y de Jesús por segunda vez.

Y con la Venida de ese Ángel que viene con el Sello del Dios vivo, el Programa de restauración para la Iglesia del Señor Jesucristo y todos sus miembros, y para el pueblo hebreo, entra en acción, para llevar a cabo la restauración de todas las cosas para la Iglesia de Jesucristo y para el pueblo hebreo.

Ahora podemos ver cómo en el tiempo final se estará llevando a cabo todo este Programa Divino para la restauración de todas las cosas.

El pueblo hebreo estará mirando a Cristo en Su Segunda Venida como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores manifestado en carne humana en el Ángel Mensajero del Señor Jesucristo; y estará viendo ahí mismo, en ese Ángel del Señor Jesucristo, el ministerio de Elías primeramente precursando la Venida de Cristo al pueblo hebreo y precursando el Reino de Dios en medio del pueblo hebreo, e introduciendo el Reino de Dios en medio del pueblo hebreo e introduciendo la Segunda Venida de Cristo en medio del pueblo hebreo. Y se cumplirá la Palabra que está escrita en Isaías, capítulo 45, verso 22 al 23; dice:

“Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más.

Por mí mismo hice juramento, de mi boca salió palabra en justicia, y no será revocada: Que a mí se doblará toda rodilla, y jurará toda lengua”.

Ahora vean ustedes cómo dice que a Él se doblará toda rodilla y jurará toda lengua.

Esto es lo mismo que dice el apóstol San Pablo. En el capítulo 14 de Romanos él nos habla (en este capítulo 14) acerca de este misterio de cómo se doblará toda rodilla a Dios en el Día Postrero. Esto lo vamos a ver en el capítulo 14, verso 11, donde dice:

“Porque escrito está:

Vivo yo, dice el Señor, que ante mí se doblará toda rodilla,

Y toda lengua confesará a Dios.

De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí”.

Aquí podemos ver que lo que Dios dijo en Isaías, capítulo 45, se cumplirá en el Nuevo Testamento con la Segunda Venida de Cristo, con la Venida del Hijo del Hombre manifestado con Sus Ángeles en el Día Postrero.

En Filipenses, capítulo 2, verso 10, dice también: “Por lo cual…”. Vamos a ver 9 al 11 del capítulo 2 de Filipenses, para tener el cuadro claro:

“Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre (está hablando de Jesucristo),

para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra…”.

Ahora vean cómo se cumplirá esa promesa que está en Isaías, capítulo 45, verso 23.

Ahora, encontramos que es con la Venida de Cristo, del Hijo del Hombre, que se doblará toda rodilla a Él, de los que están en los Cielos y de los que están en la Tierra también.

Ahora podemos ver que Jesucristo dice que toda lengua lo confesará también; así dice San Pablo:

“… y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre”.

Ahora, para Su Venida en el Día Postrero estará cumpliéndose la Venida de la Piedra no cortada de manos que vio el profeta Daniel en la interpretación que le dio a la imagen o estatua que vio en sueños el rey Nabucodonosor. Fue en la etapa de los pies de hierro y de barro cocido que vino esa Piedra no cortada de manos, cortada del Monte de Dios, del Monte de Sion, que es la Iglesia de Jesucristo; y vino esa Piedra no cortada de manos e hirió a la imagen en los pies de hierro y de barro cocido, en la etapa que corresponde a este tiempo final.

Esos pies de hierro y de barro cocido es la etapa final del reino de los gentiles, en donde los diez reyes le darán su poder y su autoridad a la bestia; y ahí vendrá una apretura, en donde la bestia con los diez reyes harán guerra contra el Cordero, pero el Cordero los vencerá. Dice Apocalipsis, capítulo 17, verso 14 en adelante… Hablando de los diez reyes, capítulo 17, verso 13 al 14, dice:

“Estos tienen un mismo propósito (o sea, los diez reyes), y entregarán su poder y su autoridad a la bestia.

Pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque él es Señor de señores y Rey de reyes; y los que están con él son llamados y elegidos y fieles”.

Ahora podemos ver que el reino de los gentiles en la etapa de hierro y de barro cocido, que es la etapa del anticristo con los diez reyes en este tiempo final, le harán guerra al Cordero, le harán guerra a Cristo en Su Segunda Venida; y no saben que Él viene como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo; y perderán esa batalla. Cristo los vencerá, Cristo como Rey de reyes y Señor de señores los vencerá. Aquí dice:

“Pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá…”.

¿Por qué los vencerá? Porque Él es Señor de señores y Rey de reyes; y ellos no lo sabían, que Su Segunda Venida es como Rey de reyes y Señor de señores, por consiguiente es como el León la tribu de Judá.

Y ahora, veamos también Apocalipsis, capítulo 19, verso 19, donde dice:

“Y vi a la bestia, a los reyes de la tierra y a sus ejércitos, reunidos para guerrear contra el que montaba el caballo, y contra su ejército”.

Contra el que montaba el caballo de Apocalipsis 19, el cual viene en un caballo blanco, el cual es Cristo, el Ángel del Pacto, el Espíritu Santo viniendo en carne humana en Su Ángel Mensajero en el Día Postrero; pelearán contra el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, pelearán contra Cristo manifestado en el Día Postrero en Su Venida.

“121. Pero cuando nuestro Señor aparezca sobre la Tierra, Él vendrá sobre un caballo blanco como la nieve, y será completamente Emmanuel —la Palabra de Dios encarnada en un hombre”3.

Y contra ese Jinete, que es Cristo, el Espíritu Santo encarnado en un hombre, pelearán contra esa manifestación de Dios y perderán la batalla también.

Es la misma batalla que aparece en Apocalipsis 17, verso 14, y también aparece en Apocalipsis 19, versos 19 en adelante; y ahí dice el verso 20:

“Y la bestia fue apresada, y con ella el falso profeta que había hecho delante de ella las señales con las cuales había engañado a los que recibieron la marca de la bestia, y habían adorado su imagen. Estos dos fueron lanzados vivos dentro de un lago de fuego que arde con azufre”.

Ahora podemos ver lo que sucederá en este tiempo final con el reino del anticristo en los pies de hierro y de barro cocido: Jesucristo en Su Venida en ese caballo blanco como la nieve —que será la Palabra de Dios encarnada en un hombre— los vencerá, porque Él es Rey de reyes y Señor de señores.

Por eso aquí leamos completo este pasaje de Apocalipsis 19, verso 11 al 16, donde lo encontraremos también como Rey de reyes y Señor de señores, pues tiene este nombre escrito: Rey de reyes y Señor de señores. Dice:

“Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea.

Sus ojos eran como llama de fuego, y había en su cabeza muchas diademas; y tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino él mismo”.

Viene con un nombre escrito que ninguno conocía. Este Jinete del caballo blanco de Apocalipsis, en Su Venida en el Día Postrero trae un nombre que ninguno entiende y que ninguno conoce; ese es el Nombre que trae la Piedra no cortada de manos.

Vamos a ver en Apocalipsis, capítulo 2, verso 17, lo que dice de ese Nombre que trae esa Piedra no cortada de manos, esa Piedrecita blanca; vamos a ver lo que dice. Apocalipsis, capítulo 2, verso 17, dice:

“El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, daré a comer del maná escondido, y le daré una piedrecita blanca, y en la piedrecita escrito un nombre nuevo, el cual ninguno conoce sino aquel que lo recibe”.

Ahora podemos ver que esa Piedrecita blanca viene con un Nombre Nuevo que ninguno conoce. Es la Venida de Cristo, el Ángel del Pacto, el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, y ahora viene con un Nombre Nuevo que ninguno conoce. De eso habló Cristo también en Apocalipsis, capítulo 3, verso 12.

Ahora, ninguno lo conoce sino aquel que lo recibe, aquel que recibe esa Piedrecita blanca es el que conoce ese Nombre.

Y ahora, en Apocalipsis, capítulo 3, verso 12, nos dice que alguien va a recibir ese Nombre escrito, ese Nombre Nuevo; Apocalipsis, capítulo 3, verso 12, dice:

“Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo, de mi Dios, y mi nombre nuevo”.

Cristo nos dice que Él tiene un Nombre Nuevo, y que va a ser escrito ese Nombre Nuevo sobre el vencedor, y va a ser escrito el Nombre de la ciudad de nuestro Dios sobre el vencedor, y va a ser escrito el Nombre de nuestro Dios sobre el vencedor.

¿Y saben ustedes una cosa? No son tres nombres, es el mismo nombre, el Nombre de Dios, el cual Moisés quería conocer en el Éxodo, capítulo 3, verso 14 al 16; es el Nombre de Dios, el cual fue dado a Moisés en cuatro letras consonantes, que son YHWH; y que los teólogos para hacer pronunciable el Nombre de Dios le han añadido ciertas letras; y en el principio, cuando le añadieron letras, era Yahveh o Yahweh, y después lo arreglaron más y le añadieron letras. Esa pronunciación la han hecho como Jehová, pero esa es una pronunciación y un nombre hecho teológicamente, pero ese no es el Nombre Eterno de Dios.

El Nombre Eterno de Dios fue dado con esas cuatro consonantes, y el pueblo hebreo no ha podido pronunciar ese Nombre. Moisés escuchó la pronunciación, y era pronunciado ese Nombre siempre el día de la expiación una vez al año, o sea, un día en el año: el día 10 del mes séptimo de cada año.

Después esa pronunciación dejaron de hablarla, porque hubo personas que se acercaban para escuchar al sumo sacerdote cuando pronunciaba el Nombre de Dios y después usaban ese Nombre para sus cosas personales y para actos de magias y cosas así, pervirtiendo el Nombre y el uso del Nombre de Dios, usando el Nombre de Dios en vano y pronunciando el Nombre de Dios en vano, para cosas vanas; y luego entonces se pronunciaba Elohim o Yahweh, y así dejó de pronunciarse el Nombre Eterno de Dios en el templo por el sumo sacerdote.

Y ahora, encontramos que Dios promete escribir Su Nombre Eterno en el vencedor. Jesucristo dice que lo escribirá sobre el vencedor, y escribirá el Nombre de la ciudad de nuestro Dios sobre el vencedor, y escribirá Su Nombre Nuevo, el Nombre Nuevo de Jesucristo, sobre el vencedor.

El Nombre Eterno de Dios y el Nombre de la ciudad de nuestro Dios es el mismo nombre. ¿Qué mejor nombre para la ciudad de nuestro Dios que el mismo Nombre de Dios? ¿Puede usted encontrar otro nombre mejor? No lo hay.

Hay ciudades que tienen el nombre de algunas personas, como Bolivia, lleva el nombre de Bolívar; Santiago de Chile, la capital, lleva el nombre o apellido de un hombre; y así encontramos diferentes ciudades y naciones que llevan el nombre de alguna persona.

Por ejemplo, Puerto Rico llevaba el nombre de un gran profeta: del precursor de la Primera Venida de Cristo; se llamaba al principio San Juan Bautista, pero luego ese nombre fue colocado solamente para la capital; pero llevaba el nombre del tercer Elías.

También Puerto Rico tiene en su escudo, en el escudo de la capital y escudo de Puerto Rico (digamos, el escudo de la capital), tiene el Libro de los Sellos y el cordero posando o sentado sobre el Libro de los Sellos. Los escudos son de Dios, Dios ha inspirado esos escudos de las naciones de acuerdo a la obra que va a ser hecha en cada una de esas naciones.

Vean ustedes, en Norteamérica tenemos un águila en el escudo y en la moneda; y Dios envió a un águila: al profeta precursor de la Segunda Venida de Cristo con el espíritu y virtud de Elías.

Y ahora podemos ver que los escudos de las naciones son los escudos de Dios, inspirados por Dios para Dios cumplir en esas naciones un propósito divino.

Ahora, vean ustedes la bendición tan grande que está representada en el escudo con el cordero sentado sobre el Libro de los Sellos, de los Siete Sellos, que corresponde a Puerto Rico.

Ahora podemos ver que hay una bendición grande en ese Libro de los Sellos que el Cordero tomó en Apocalipsis, capítulo 5, verso 1 en adelante; y luego lo trajo en Apocalipsis, capítulo 10, a la Tierra y lo entregó a un hombre.

Ahora, continuemos viendo este misterio del Nombre Eterno de Dios, Nombre de la ciudad de nuestro Dios y Nombre Nuevo del Señor Jesucristo. Nos dice el precursor de la Segunda Venida de Cristo en la página 131 del libro de Los Sellos (y también la 130) de la siguiente manera:

“127. ¿Sabe usted que el nombre ‘Jehová’ no es correcto? Cualquiera sabe que eso es la verdad. Usted, Dr. Vayle, sabe eso. Los traductores no pudieron traducirlo; se deletrea J-V-H-U”.

En otras versiones dice Y-H-W-H. Ahora, dice:

“Eso no es ‘Jehová’ (o sea, esas cuatro consonantes no es Jehová; o sea, no se pronuncia Jehová, es lo que quiere decir), ni siquiera se aproxima. Por cuanto no sabían la traducción, entonces pusieron ‘Jehová’, pero ese no es Su Nombre. Fíjense: Cada vez que hay una victoria o que algo significativo sucede, un nombre es cambiado. Fíjense cómo fue en los días de Abraham. Primero se llamaba ‘Abram’ pero no les podía nacer el hijo hasta que su nombre fuera cambiado a ‘Abraham’; y lo mismo con ‘Sarai’. Ella no tendría más que un vientre muerto hasta que su nombre fue cambiado a S-A-R-A.

128. El nombre ‘Jacob’ significa suplantador, uno que ocupa el lugar de otro, un engañador. Eso fue lo que él hizo: se puso una piel de oveja y engañó a su padre, quien era profeta, para obtener la bendición del primogénito. Puso varas de álamo verde en el agua y las descortezó para que se viera lo blanco del palo, y así hizo que las vacas y las ovejas preñadas parieran becerros y ovejas listados, pintados y salpicados de diversos colores (Génesis 30). Era nada menos que un engañador (o sea, un suplantador). Pero una noche se encontró con algo verdaderamente real, él supo que era algo real, y se mantuvo allí hasta el amanecer, hasta que venció (esto fue cuando se encontró con el Ángel de Jehová); y entonces su nombre fue cambiado a ‘Israel’, lo cual significa ‘un príncipe con poder ante Dios’. ¿Correcto? Así fue con todos los vencedores.

129. Simón era un pescador, pero cuando su fe despertó y supo quién era Jesús, le dijo que Él era el Mesías; Jesús también le dijo su nombre y el nombre de su padre; entonces él venció, y su nombre fue cambiado de ‘Simón’ a ‘Pedro’.

130. ‘Saulo’ era un buen nombre. Saúl fue rey en una ocasión en Israel; pero ese nombre no era apropiado para un apóstol; podía estar bien para un rey, pero no para un apóstol. Entonces Jesús le cambió ese nombre por ‘Pablo’. Fíjense en los Hijos del Trueno y los demás.

131. Y ahora Jesús: Su Nombre sobre la Tierra fue Jesús el Redentor, porque fue el Redentor cuando estuvo sobre la Tierra; pero cuando conquistó el infierno y la muerte, los venció y ascendió (al Cielo), entonces recibió un nuevo Nombre. Por esa razón es que gritan y hacen tanto ruido y no reciben nada. Será revelado en los Truenos.

132. Fíjense en el misterio. Él viene cabalgando. Tiene que haber algo para cambiar esta iglesia. Ustedes saben eso. ¡Tiene que venir algo! Ahora noten: Nadie entendía ese nombre, sino Él mismo.

‘Y estaba vestido de una ropa teñida en sangre: y su nombre es llamado EL VERBO DE DIOS.

Y los ejércitos que están en el cielo le seguían en caballos blancos, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio.

Y de su boca sale una espada aguda, para herir con ella las gentes; y él los regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor, y de la ira del Dios Todopoderoso.

Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES’.

Apocalipsis 19:13-16

133. Allí viene el Mesías, allí es donde está”.

Esa es la Venida del Señor.

“121. Pero cuando nuestro Señor aparezca sobre la Tierra, Él vendrá sobre un caballo blanco como la nieve, y será completamente Emmanuel —la Palabra de Dios encarnada en un hombre”.

Esa es la Venida del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19 en el Día Postrero; y viene con un Nombre Nuevo, con el Nombre Nuevo que Él recibió cuando ascendió al Cielo victorioso y se sentó a la diestra de Dios en el Trono de Dios.

Y ahora, Él viene como la Piedrecita no cortada de manos, viene como esa Piedrecita blanca con un Nombre Nuevo que ninguno entiende sino aquel que lo recibe, sino aquel que recibe la Venida del Señor, aquel que recibe la Venida de esa Piedrecita blanca, aquel que recibe ese Jinete del caballo blanco, aquel que recibe el Espíritu Santo; y al recibir el Espíritu Santo manifestado en él, él conoce ese Nombre, es colocado ese Nombre ahí, es revelado para ser manifestado ese Nombre ahí, en esa manifestación del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19; que es la Venida de Jesucristo, del Ángel del Pacto, del Ángel que era diferente a los demás, de Jesucristo en Espíritu Santo en el Día Postrero, en el cumplimiento de Su Venida en carne humana.

Y eso será la Palabra encarnada en un hombre; y ese hombre será el que conocerá el misterio de ese Nombre, porque ese es el que recibe la Venida de esa Piedrecita blanca. Ese es el que recibe también la Estrella resplandeciente de la Mañana, que es la Venida del Señor, la Venida del Ángel del Pacto.

Ahora podemos ver el misterio de la Venida del Señor con el Nombre Nuevo, el cual ninguno conoce sino aquel que lo recibe; y tiene un Nombre escrito en Su vestidura: Rey de reyes y Señor de señores. Esa es la Venida del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, esa es la Venida del Señor.

“… cuando nuestro Señor aparezca sobre la Tierra, Él vendrá sobre un caballo blanco como la nieve, y será completamente Emmanuel —la Palabra de Dios encarnada en un hombre”.

En un hombre de este tiempo final. Así como la Primera Venida de Cristo fue la Venida del Verbo, de la Palabra, del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová, viniendo en carne humana en un hombre de aquel tiempo llamado Jesús de Nazaret. Aquel joven carpintero, aquel obrero de la construcción sencillo, tenía el privilegio de tener manifestado en carne humana, en ese velo de carne, al Verbo de Dios, la Palabra de Dios, el Ángel del Pacto.

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Por Él fueron hechas todas las cosas, y sin Él nada de lo que ha sido hecho fue hecho. Y aquel Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros (y vimos Su gloria, como la gloria del Unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad”. San Juan, capítulo 1, verso 1 al 18.

Ahí podemos ver ese misterio de la Venida del Verbo dos mil años atrás en carne humana, en un hombre de aquel tiempo llamado Jesús, un sencillo obrero de la construcción allá, nacido en Belén de Judea y criado en Nazaret. Todos lo conocían como el carpintero de Nazaret, pero era nada menos que la manifestación del Verbo, del Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, el Espíritu Santo manifestado en carne humana, el Verbo, la Palabra hecha carne en un hombre de aquel tiempo, en donde se cumplió la Primera Venida de Cristo.

Y para el tiempo final habrá un hombre en el cual se manifestará el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, el Verbo. La Palabra de Dios vendrá en carne humana, la Palabra será hecha carne y será manifestada en carne humana en este tiempo final.

Esa es la manifestación de Jesucristo en Espíritu Santo en Su Ángel Mensajero, manifestando los ministerios de Moisés, Elías y Jesús. Esa es la manifestación del Sello del Dios vivo, del Espíritu Santo en el Ángel que sube de donde sale el sol, para llamar y juntar a los escogidos del pueblo hebreo (que son 144.000); los llama y los junta con la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino en este tiempo final, para la restauración del pueblo hebreo.

El pueblo hebreo será restaurado cuando haya entrado la plenitud de los gentiles.

Y así como los hebreos trajeron el Evangelio a los gentiles, los gentiles lo llevarán a los hebreos. ¿Y cómo será esto? Pues en la misma forma que sucedió de los hebreos hacia acá. ¿Cómo sucedió de los hebreos hacia acá? En el mensaje de “Las Siete Edades de la Iglesia gentil” nos dice el precursor de la Segunda Venida de Cristo cómo será toda esta Obra que Cristo llevará a cabo para la restauración del pueblo hebreo y para el Evangelio ir a los hebreos.

Encontramos que los gentiles creyentes en Cristo han tratado de convertir el pueblo hebreo a Cristo por estos dos mil años que han transcurrido, y no han podido convertir al pueblo hebreo, a la nación hebrea como pueblo a Cristo; y ellos tienen como la religión del Estado la Ley o la religión del judaísmo, que es la religión bajo la Dispensación de la Ley, dada por el profeta Moisés. Y no ha ido ninguna persona del cristianismo que haya podido convertir el pueblo hebreo a Cristo, ni tampoco San Pablo, ni tampoco San Pedro, aunque ellos trataron; pero Pablo obtuvo la revelación de este misterio del pueblo hebreo, y dijo que el endurecimiento del pueblo hebreo es en parte, es solamente por dos días delante de Dios, que para los seres humanos son dos mil años.

Por estos dos mil años que han transcurrido: quinto milenio y sexto milenio, el pueblo hebreo ha estado endurecido como una piedra de diamante en su corazón y no ha podido comprender lo que fue la Primera Venida de Cristo, la Venida del Ángel del Pacto manifestado en carne humana, en el velo de carne llamado Jesús.

Y ahora, para el Día Postrero el pueblo hebreo será convertido a Dios, a Cristo, cuando haya entrado la plenitud de los gentiles. Cuando los gentiles, la Iglesia del Señor Jesucristo haya sido restaurada a la vida eterna, con cuerpos eternos, el pueblo hebreo será restaurado como nación, con Dios en medio de ellos reinando en medio del pueblo hebreo, manifestándose en medio del pueblo hebreo y el pueblo hebreo siendo convertido a Dios, siendo convertido a Cristo; y ahí recibirán la Venida del Mesías, la Venida de Cristo, la Segunda Venida de Cristo como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo, para la restauración del pueblo hebreo con Dios.

Y ahora, pregunta el precursor de la Segunda Venida de Cristo, en la página 30 del libro de Las Edades en español:

“109. Ahora, ¿cuándo volverá el Evangelio a los judíos? Cuando se haya terminado la dispensación de los gentiles. El Evangelio está listo para volver a los judíos. Oh, si tan sólo les pudiera decir algo que está a punto de suceder hoy, en este nuestro día. Esta gran cosa que va a suceder recorrerá hasta Apocalipsis 11; y aquellos dos testigos, aquellos dos profetas, Moisés y Elías, trayendo el Evangelio de nuevo a los judíos. Estamos listos. Todo está en orden. Igual como los judíos trajeron el Evangelio a los gentiles, así también los gentiles se lo llevarán de regreso a los judíos, y el Rapto sucederá”.

Ahora, ¿quién dijo que llevaría el Evangelio a los hebreos? Moisés y Elías, los Dos Olivos, los Dos Testigos de Apocalipsis, capítulo 11. Dice:

“… y aquellos dos testigos, aquellos dos profetas, Moisés y Elías, trayendo el Evangelio de nuevo a los judíos”.

Eso es los gentiles llevando de regreso el Evangelio al pueblo hebreo, llevando el Evangelio del Reino al pueblo hebreo, que gira alrededor de la Segunda Venida de Cristo como Rey de reyes y Señor de señores, y como el León de la tribu de Judá en Su Obra de Reclamo en este tiempo final.

Ahora vean, Moisés y Elías llevando el Evangelio al pueblo hebreo, ¿de dónde salen? Salen de entre los gentiles, salen de en medio de la Iglesia gentil. Eso es los gentiles llevando el Evangelio de regreso a los judíos (por medio de los ministerios de los Dos Olivos, de Moisés y Elías) así como los hebreos trajeron el Evangelio a los gentiles (esto fue por medio del ministerio de San Pedro y el ministerio de San Pablo).

Pedro tenía las llaves del Reino de los Cielos, abrió la Puerta, que es Cristo, abrió la Puerta a los hebreos el Día de Pentecostés, y comenzaron a entrar hebreos al Reino de los Cielos, comenzaron a entrar a la Iglesia de Jesucristo hebreos en ese tiempo; quedó abierta para los hebreos la Puerta del Reino de los Cielos, que es Cristo en Su Primera Venida.

Y luego, en la casa de Cornelio, un gentil, Pedro fue enviado por Cristo, les predicó el Evangelio, las buenas nuevas de la Primera Venida de Cristo como el Cordero de Dios y Su Obra de Redención en la Cruz del Calvario, y creyeron al Evangelio, fueron llenos del Espíritu de Dios; y así se abrió la Puerta para los gentiles en la casa de Cornelio. Y luego se continuó predicando entre los gentiles también.

Y San Pablo fue enviado a los gentiles y continuó, ya con la Puerta abierta para los gentiles, continuó llevando el Mensaje de la Primera Venida de Cristo y Su Obra de Redención en la Cruz del Calvario en medio de los gentiles; porque la Puerta para los gentiles fue abierta en la casa de Cornelio, y ahora Pedro y Pablo llevan el Evangelio a los gentiles.

Y San Pablo fue el mensajero a los gentiles, y por eso recorrió toda Asia y llegó hasta Europa con el Evangelio de la Gracia, presentando a Cristo como el Cordero de Dios muriendo en la Cruz del Calvario y llevando a cabo la Redención para así ser reconciliados con Dios todos los hijos e hijas de Dios de entre los gentiles.

Ahora vean cómo vino el Evangelio a los gentiles: por medio del ministerio de San Pedro y de San Pablo colocado por el Espíritu Santo en ellos. Y para el tiempo final el Evangelio regresará al pueblo hebreo en la predicación del Evangelio del Reino, que es la Gran Voz de Trompeta proclamando el Mensaje del Evangelio del Reino, proclamando el misterio de la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores, viniendo ese misterio en el Día Postrero manifestado en la Venida del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, que es la Palabra encarnada en un hombre en este tiempo final.

Y con ese Mensaje del Evangelio del Reino —que es la Gran Voz de Trompeta, que gira alrededor de la Segunda Venida de Cristo— el pueblo hebreo será restaurado, conforme a la promesa divina; y ahí sus ojos serán abiertos y verá la Venida del Señor como León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores, y luego comprenderá que esa es la Segunda Venida de Cristo; porque la Primera ya se cumplió dos mil años atrás en medio del pueblo hebreo y ellos la rechazaron y pidieron la muerte de Jesucristo, y dijeron: “No reinará este sobre nosotros”.

Por lo tanto, en Su Segunda Venida lo recibirán y dirán: “A este es al que nosotros estamos esperando”, y entonces se sentará en el Trono de David; y con Él se sentará el vencedor, el Ángel del Señor Jesucristo se sentará en Su Trono; y ahí será establecido el glorioso Reino Milenial de Cristo, será establecido el Reino de Dios sobre el pueblo hebreo y en medio del pueblo hebreo para reinar sobre el pueblo hebreo y sobre todas las naciones.

Y así el pueblo hebreo será restaurado como nación primogénita y como cabeza de todas las naciones, porque será la nación donde estará establecido el Trono del Hijo de David, el Trono del Mesías, desde donde el Mesías reinará sobre el pueblo hebreo y sobre todas las naciones; y así tendrá el pueblo hebreo en su medio al Espíritu de Dios, el Espíritu de Vida manifestado sobre el Trono de David en el Día Postrero, en ese glorioso Reino Milenial.

Ahora vean cómo es la Venida del Reino de Dios para el pueblo hebreo, para la restauración del Reino de Dios en medio del pueblo hebreo y para el pueblo hebreo ser restaurado en el Reino de Dios, y ser restaurado el Reino de David y el Trono de David en medio del pueblo hebreo.

Eso será también como fue tipificado allá con José en el Génesis. Vean ustedes, los hermanos de José, hijos de Jacob (así como José), odiaban a José porque era profeta: tenía visiones y sueños, e interpretaba esos sueños y también las visiones; y sus hermanos le odiaban porque ellos no eran espirituales; y José sí lo era, José era un profeta así como su padre Jacob.

Y vean ustedes, por cuanto en los profetas de Dios se ha reflejado la Primera Venida de Cristo y la Segunda Venida de Cristo, se reflejó en José la Primera Venida de Cristo y la Segunda Venida de Cristo también.

Encontramos que fue odiado por sus hermanos, fue echado en una cisterna vacía (y eso es tipo de la muerte de Cristo), fue sacado de la cisterna, fue vendido por ciertas piezas de plata a unos ismaelitas que iban hacia Egipto (o sea, a unos descendientes también de Abraham por medio de Ismael), y ellos se lo llevaron a Egipto y allá en Egipto fue vendido como esclavo4.

Y todo lo que hacía en la cárcel, o primero en la casa de Potifar, prosperaba, porque él es el hijo de prosperidad; luego fue preso, fue colocado en la cárcel inocentemente, y todo lo que hacía en la cárcel prosperaba también. Dondequiera que iba José había prosperidad5.

Luego Dios le dio un sueño al faraón y el faraón quería saber lo que significaba ese sueño, porque había sido un sueño doble. Primeramente él vio unas espigas de trigo, llenas de trigo, hermosas, que nacieron de la tierra, y luego vio unas espigas enjutas, las cuales nacieron y se comieron las espigas que estaban llenas de fruto; siete espigas enjutas, todas feas, se comieron a las siete espigas que eran hermosas.

Luego vio que del río subían siete vacas hermosas, gruesas, y luego subieron siete vacas flacas, todas feas, que se les podían contar los huesos, y vinieron y se comieron las vacas hermosas6.

Y el faraón supo que Dios le estaba diciendo algo, pero necesitaba un profeta, porque los profetas son los que reciben la revelación de Dios; y los magos y los encantadores, y los que adivinaban allá en el reino del faraón y en todas las demás ciudades de Egipto, y los astrólogos, ninguno de ellos pudo darle la interpretación al rey. Y el rey ordenó que fueran muertos todos los sabios y encantadores; iban a ser muertos todos, porque no habían podido interpretarle el sueño al faraón.

Luego, más adelante, sucedería algo parecido con el faraón Nabucodonosor en Babilonia y con el profeta Daniel.

Ahora, este caso de José es muy importante. En este caso de José, vean ustedes, José le dice al faraón que le cuente el sueño, y faraón cuenta su sueño, y Dios le reveló la interpretación, el significado de ese sueño. Y le dijo al faraón: “El sueño de las espigas y el de las vacas es el mismo sueño”. O sea, es el mismo sueño mostrado con diferentes cosas: en uno las mostró Dios con espigas de trigo y en el otro sueño lo mostró con vacas, pero es el mismo sueño, y el significado es el mismo7.

Y le dijo: “Las siete espigas hermosas, como las siete vacas hermosas, son siete años de abundancia que vienen sobre la tierra; y las siete espigas enjutas, todas feas, y las siete vacas todas flacas y feas, son siete años de escasez, de hambre que vendrá sobre la tierra, a tal grado que no se echará de ver que hubo siete años de abundancia, a causa de esos siete años de escasez y hambre que vendrá sobre la Tierra. Será tan terrible que no se notará que hubo abundancia siete años anteriores, porque las siete vacas flacas y las siete espigas feas, enjutas, luego de comerse las siete espigas hermosas, y las siete vacas flacas comerse las siete vacas gordas, se quedaron flacas”. O sea, no se pusieron hermosas y gruesas, se quedaron tan flacas y feas como estaban en el principio. Eso muestra que no se echaría de ver la abundancia que hubo en los siete años anteriores.

Y siendo que era fiel la interpretación, le dijo José: “Esta es la interpretación del sueño. Y ahora, por cuanto esto va a venir, yo aconsejo al rey que se consiga un varón sabio y prudente que almacene alimento en esos siete años de abundancia que vendrán sobre la tierra; durante esos años, que siembre en la tierra para que haya abundancia, y quinte la tierra y se guarde en reserva parte de la cosecha, para que cuando vengan los siete años de hambruna haya alimento, para que no perezca el pueblo egipcio y los que viven en los alrededores”.

Y ahora, la gente del imperio del faraón en Egipto sobreviviría si guardaba, si tomaba el consejo de José; de otra manera perecería todo ser humano en Egipto. El rey también fue un hombre sabio, y miren lo que dijo… El rey habló con sus consejeros, creyó la interpretación que le dio del sueño, y en el capítulo 41, verso 37, vamos a ver aquí… Vamos a ver un poquito antes: verso 32 en adelante dice:

“Y el suceder el sueño a Faraón dos veces, significa que la cosa es firme de parte de Dios, y que Dios se apresura a hacerla.

Por tanto, provéase ahora Faraón de un varón prudente y sabio, y póngalo sobre la tierra de Egipto.

Haga esto Faraón, y ponga gobernadores sobre el país, y quinte la tierra de Egipto en los siete años de la abundancia.

Y junten toda la provisión de estos buenos años que vienen, y recojan el trigo bajo la mano de Faraón para mantenimiento de las ciudades; y guárdenlo.

Y esté aquella provisión en depósito para el país, para los siete años de hambre que habrá en la tierra de Egipto; y el país no perecerá de hambre.

El asunto pareció bien a Faraón y a sus siervos,

y dijo Faraón a sus siervos: ¿Acaso hallaremos a otro hombre como éste, en quien esté el espíritu de Dios?”.

Vean ustedes, este rey reconoció que el Espíritu de Dios estaba en José; y cuando un rey puede reconocer que el Espíritu de Dios está en un hombre, no puede hacer otra cosa sino decirle a ese hombre que él es la persona para estar al frente de los negocios de ese rey. Faraón reconoció en José el Espíritu de Dios cuando le reveló estas cosas, porque fue el Espíritu de Dios en José el que reveló estas cosas.

Así como el Espíritu de Dios en el reverendo William Branham reveló seis Sellos, los seis Sellos del libro del Apocalipsis, y dijo que el Séptimo Sello sería revelado más adelante, en la Venida del Señor; y en la Venida del Señor es la Venida del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, que es la Venida de la Palabra encarnada en un hombre. Por medio de esa manifestación del Verbo, la Palabra encarnada en un hombre, será dado a conocer el misterio del Séptimo Sello, será abierto el misterio del Séptimo Sello, será revelado el misterio de la Venida del Señor.

Ahora, José reveló el misterio de ese sueño al faraón; y con la revelación de ese sueño que le dio al faraón, el faraón supo que el Espíritu de Dios estaba en José. Y cuando es revelado el misterio del Séptimo Sello a la Iglesia del Señor Jesucristo por el Verbo, la Palabra encarnada en un hombre de ese tiempo final, los escogidos de Dios sabrán que el Espíritu de Dios está en ese hombre, está manifestado en ese hombre, revelando ese misterio del Séptimo Sello, ese misterio de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles, ese misterio de la Venida del Ángel Fuerte, de la Venida del Ángel del Pacto, de la Venida del Señor, de la Venida del Espíritu Santo en carne humana, que es la Venida del Ángel que era diferente a los demás viniendo en carne humana en el Ángel Mensajero del Señor Jesucristo.

Y ahora, los escogidos de Dios verán esto y dirán: “El Espíritu de Dios está en ese hombre”; y dirán también: “El espíritu de Elías ha regresado por quinta ocasión en carne humana en ese hombre; y así como estuvo abriendo seis Sellos, ahora está abriendo el Séptimo Sello a la Iglesia del Señor Jesucristo”.

Así como los hijos de los profetas, cuando vieron a Eliseo abriendo el Jordán como lo había abierto Elías, dijeron: “El Espíritu de Dios, el espíritu de Elías, ha reposado sobre Eliseo”.

Y para este tiempo final, cuando vean al Espíritu de Dios manifestado en un hombre de este tiempo, en el Ángel del Señor Jesucristo, abriendo el Séptimo Sello, dirán: “El espíritu de Elías por quinta ocasión ha regresado en carne humana, en un hombre, y ha continuado abriendo los Sellos, ha continuado revelando la Palabra, revelando el misterio del Séptimo Sello, del Libro de la Redención”.

Y ahora, faraón cuando vio el Espíritu de Dios manifestado en José revelando el misterio de aquel sueño que fue doble, reconoció que el Espíritu de Dios estaba en José y que José era el profeta de Dios para ese tiempo.

Para este tiempo final estará el Espíritu de Dios manifestado en carne humana en Su Ángel Mensajero, y los escogidos de Dios lo verán manifestado abriendo los misterios de Dios correspondientes a este tiempo final. Y los sueños y visiones que no pudieron ser entendidos en edades pasadas y dispensaciones pasadas, y los sueños y visiones de los cuales habló el precursor de la Segunda Venida de Cristo, y que no fueron interpretados y que no fueron abiertos esos sueños o visiones, serán abiertos esos sueños y esas visiones, y será dado a conocer el significado de esos sueños y visiones que no pudieron ser entendidos en el tiempo de la manifestación del Espíritu de Cristo en el precursor de Su Segunda Venida.

Y al ver que estos sueños y visiones estarán siendo dados a conocer, los escogidos de Dios reconocerán que es el Espíritu de Dios manifestado nuevamente en carne humana, en un hombre, en el Ángel del Señor Jesucristo, que es el profeta de la Dispensación del Reino, en el cual vendrá el Espíritu de Dios dando testimonio de todas estas cosas que deben suceder pronto, las cuales han sido habladas por sueños, por visiones y por profecías, para ser cumplidas en este tiempo final; y todo esto para la restauración de los hijos e hijas de Dios a la vida eterna y para la restauración del pueblo hebreo.

Ahora podemos ver el misterio que corresponde a este tiempo final.

“… cuando nuestro Señor aparezca sobre la Tierra, Él vendrá sobre un caballo blanco como la nieve, y será completamente Emmanuel —la Palabra de Dios encarnada en un hombre”.

Ese hombre es el Ángel del Señor Jesucristo. De esto también profetizó nuestro hermano Branham, diciendo: “Del occidente vendrá un Jinete en un caballo blanco; recorreremos este camino una vez más (o sea, nuevamente)”. Está hablando de ese Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, el cual aparece también en el libro del profeta Isaías y también aparece en diferentes lugares del Antiguo Testamento.

Y ahora, dice que será del occidente; o sea que en un occidental, en un hombre de este tiempo final que estará viviendo en el occidente, en el continente americano, se cumplirá esta promesa; y vendrá el Verbo, la Palabra encarnada en un hombre del occidente.

En Norteamérica ya se cumplió la séptima edad de la Iglesia gentil y ya vino el mensajero para la séptima edad de la Iglesia gentil, el precursor de la Segunda Venida de Cristo: el reverendo William Branham; y solamente queda la América Latina y el Caribe para el cumplimiento de la Venida del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, para ser cumplida la Venida de la Palabra encarnada en un hombre del occidente, un hombre que estará en esta Tierra trayendo la revelación de todas estas cosas que deben suceder pronto.

Ese es el Ángel del Señor Jesucristo enviado por Jesucristo y ungido por el Espíritu Santo para dar testimonio de estas cosas que deben suceder pronto; y en el occidente, en la América Latina y el Caribe, estará ese mensajero dando testimonio de estas cosas que deben suceder y revelando el misterio de la Venida del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis, que es la Venida de la Palabra encarnada en un hombre.

Y con la revelación de este misterio, que es el misterio más grande de los Cielos y de la Tierra, el cual cuando fue abierto en el Cielo causó silencio en el Cielo como por media hora, este misterio que estuvo en la mente de Dios por millones de años...; encontramos que para este tiempo final sería abierto a la Iglesia de Jesucristo. Este es el misterio más grande de todos los misterios de la Biblia; es el misterio de la Venida del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19.

Y ahora, si por José revelarle al faraón el misterio de aquel sueño doble, faraón reconoció que el Espíritu de Dios estaba en José (y por consiguiente era un profeta, el profeta para ese tiempo), ¿cuánto más los escogidos de Dios reconocerán al Espíritu de Dios viniendo en carne humana, en Su Ángel Mensajero, en este tiempo final?, revelando el misterio más grande de todos los misterios que sería revelado a la raza humana en el Día Postrero. Ese es el misterio más grande de todos los misterios de la Biblia.

Pregúntenles a los doctores en Teología, pregunten a los sabios, doctores en divinidad, y ustedes verán que ellos no han podido descifrar el misterio de la Segunda Venida de Cristo; pero ese misterio sería revelado a la Iglesia del Señor Jesucristo por el Espíritu Santo viniendo en carne humana en el Ángel del Señor Jesucristo, dando testimonio de todas estas cosas que deben suceder pronto.

Y los escogidos de Dios dirán como dijeron los hijos de los profetas: “El espíritu de Elías ha reposado sobre el Ángel de Jesucristo, y el espíritu de Moisés ha reposado sobre el Ángel de Jesucristo, y el Espíritu de Jesús ha reposado sobre el Ángel de Jesucristo”. Ha reposado el Espíritu Santo sobre el Ángel de Jesucristo y está dando a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, para la restauración del pueblo hebreo como nación, para ser restaurado el Reino de David en medio del pueblo hebreo, y el Trono de David ser ocupado por el Mesías viniendo en el caballo blanco de Apocalipsis 19.

Para eso es la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles, para eso es la Venida del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, para eso es la Venida del Ángel Fuerte que desciende del Cielo en Apocalipsis, capítulo 10, como el Ángel Mensajero a Israel. Él es el mensajero a Israel. Él es el mensajero a Israel, dice el precursor de la Segunda Venida de Cristo en la página 59 del libro de Los Sellos, y página 57. Leamos página 57, donde dice:

“‘Y vi otro ángel fuerte descender del cielo, cercado de una nube, y el arco celeste sobre su cabeza…’.

17. Ahora, si usted se fija bien, notará que esta persona es Cristo, porque aun en el Antiguo Testamento Él fue llamado el Ángel del Pacto; y Él ahora viene directamente a los judíos porque la Iglesia ha llegado a su fin. Bien, ahora continuando:

‘… y su rostro era como el sol, y sus pies como columnas de fuego’.

18. ¿Recuerdan el Ángel de Apocalipsis capítulo 1? Este es el mismo. Un ángel es un mensajero, y él es un mensajero a Israel. (Ahí tenemos el mensajero a Israel: es el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová viniendo en el Día Postrero, en Apocalipsis, capítulo 10). ¿Ve usted? La Iglesia está a punto de ser raptada, Él viene por Su Iglesia”.

Ahora, vean ustedes cómo el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, el Mensajero a Israel viene a la Iglesia, porque ha llegado el tiempo para la Iglesia del Señor Jesucristo ser llamada con la Gran Voz de Trompeta, ser recogida y recibir la fe para ser transformada y raptada, para ser transformados y raptados los que estamos vivos y los muertos en Cristo ser resucitados en cuerpos eternos, e ir a la Cena de las Bodas del Cordero con Cristo.

Cuando estemos transformados y los muertos en Cristo resucitados, seremos arrebatados en las nubes para recibir al Señor en las nubes, y ahí es donde veremos a Cristo con Su cuerpo. Antes de eso solamente lo veremos manifestado en Espíritu Santo a través de Su Ángel Mensajero como el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, que es la Palabra encarnada en un hombre, encarnada en el Ángel del Señor Jesucristo para la restauración de los hijos e hijas de Dios, para la restauración de la Iglesia a la vida eterna con cuerpos eternos y para la restauración del pueblo hebreo.

Hemos visto el misterio del pueblo hebreo y cómo será la restauración para el pueblo hebreo. Hemos visto este misterio; y en este misterio, vean ustedes, es que toda rodilla se doblará a Él, a Cristo. Filipenses, capítulo 2, verso 10, nos habla de esto diciendo:

“… para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra…”.

Esto fue tipificado también en José, porque José estando sobre el trono, allá como segundo en el trono del faraón, es tipo de Cristo en el Trono de Dios en el Cielo, el cual, así como José recibió un nuevo nombre, Cristo cuando ascendió al Cielo y se sentó en el Trono de Dios recibió un Nombre Nuevo.

Y José, vean ustedes, cuando fue colocado como segundo en el trono del faraón, luego que faraón reconoció que el Espíritu de Dios estaba en José: “Y dijo Faraón a José...”. Verso 39 en adelante, del capítulo 41 [Génesis]:

“Y dijo Faraón a José: Pues que Dios te ha hecho saber todo esto, no hay entendido ni sabio como tú”.

Solamente porque le reveló el significado de ese sueño que tuvo, el cual era un sueño doble. Y al dar esa interpretación por medio del Espíritu de Dios que estaba en él… revelación que nadie podía darla, porque nadie entendía el significado de ese sueño, solo el Espíritu de Dios, que fue el que dio ese sueño al faraón y ahora le está revelando a José el significado de ese sueño.

Y ahora el faraón dice: “No hay sabio como tú ni entendido como tú”.

“Tú estarás sobre mi casa, y por tu palabra se gobernará todo mi pueblo; solamente en el trono seré yo mayor que tú”.

Y ahora, la Casa de Dios es gobernada por Cristo al sentarse en el Trono de Dios en el Cielo; y cuando Cristo se siente en el Trono de David y con Él el vencedor, la casa de Israel será gobernada por él también.

“Dijo además Faraón a José…”.

Vamos a ver. Vamos a leer de nuevo el verso 40:

“Tú estarás sobre mi casa, y por tu palabra se gobernará todo mi pueblo; solamente en el trono seré yo mayor que tú.

Dijo además Faraón a José: He aquí yo te he puesto sobre toda la tierra de Egipto.

Entonces Faraón quitó su anillo de su mano, y lo puso en la mano de José, y lo hizo vestir de ropas de lino finísimo, y puso un collar de oro en su cuello;

y lo hizo subir en su segundo carro, y pregonaron delante de él: ¡Doblad la rodilla!; y lo puso sobre toda la tierra de Egipto”.

Ahora vean cómo el faraón ordenó que doblaran rodilla ante la presencia de José, tipo y figura de Cristo en Su Segunda Venida, donde toda rodilla se doblará ante Su presencia.

“Y dijo Faraón a José: Yo soy Faraón; y sin ti ninguno alzará su mano ni su pie en toda la tierra de Egipto.

Y llamó Faraón el nombre de José, Zafnat-panea; y le dio por mujer a Asenat, hija de Potifera sacerdote de On. Y salió José por toda la tierra de Egipto”.

Aquí podemos ver que se reflejó en José, con este cambio de nombre, el Nombre Nuevo del Señor Jesucristo, el cual recibió cuando se sentó en el Trono de Dios en el Cielo. José recibió ese nombre nuevo cuando subió al trono para ser segundo en el imperio de Egipto, el imperio del faraón; fue vestido con nuevas vestiduras; y el anillo, el sello del rey, fue colocado en la mano de José.

Y ahora, vean ustedes, el Sello de Dios es el Espíritu Santo. El Espíritu Santo, vean ustedes, es el Sello del Dios vivo, ese es el Sello que tiene Jesucristo.

Y ahora, vean ustedes cómo Jesucristo viene en el Día Postrero. Y será visto el Sello del Dios vivo (que es el Espíritu Santo) manifestado en la Venida del Hijo del Hombre; en Su diestra estará manifestado el Sello del Dios vivo. O sea, la diestra es Cristo; y en Cristo, en Su manifestación en Su Segunda Venida, será visto el Espíritu Santo manifestado en este tiempo final, viniendo el Verbo, la Palabra en carne humana, en un hombre de este tiempo final.

Pero ese hombre no es el Señor Jesucristo; ese hombre es el instrumento de Jesucristo, el Ángel del Señor Jesucristo, el profeta mensajero de la séptima dispensación; es el profeta séptimo dispensacional con el Mensaje de la Dispensación del Reino, que es el séptimo Mensaje dispensacional. Y con ese Mensaje le hablará al pueblo hebreo, y el pueblo hebreo será convertido a Cristo y el pueblo hebreo será restaurado.

Y así vendrá la restauración para el pueblo hebreo, y así recibirá el Espíritu de Dios el pueblo hebreo; ese gran ejército que primero apareció como un campo de huesos secos, pero que en el tiempo final ya estará cada hueso con su hueso, los nervios en su sitio, los tendones y nervios en sus sitios, los músculos en su lugar, carne y piel, un poderoso ejército que lo único que le falta es que el Espíritu de Dios venga a ellos manifestado en carne humana en la Venida del Mesías al pueblo hebreo.

El pueblo hebreo está esperando la Venida del Mesías; y él, al estar esperando la Venida del Mesías lo que está esperando es la Venida del Espíritu de Dios manifestado en carne humana, en un hombre de este tiempo, en un profeta de este tiempo final. Eso es lo que está esperando el pueblo hebreo.

El pueblo hebreo sabe y proclama que el Mesías en Su Venida será un profeta, y eso será la Venida de la Palabra encarnada en un hombre para el pueblo hebreo; y ellos lo recibirán y serán restaurados. El pueblo hebreo será restaurado en este tiempo final y será colocado como cabeza de reinos, será colocado el pueblo hebreo como la nación más importante de este planeta Tierra, en donde estará el Trono de Dios, el Trono del Mesías.

El Reino del Mesías será dirigido desde la tierra de Israel, desde Jerusalén, donde estará el Trono de David y el Mesías sentado en el Trono de David, y con Él el vencedor sentado en Su Trono. Y el pueblo hebreo obtendrá la bendición de ser la cabeza de todas las naciones y de los reinos de esta Tierra durante el Reino del Mesías; y ahí tendrá la bendición más grande que nación alguna pueda recibir: tener al Mesías sentado en Su Trono, el Trono de David, en Jerusalén, la capital de Israel, que será también la capital del mundo; y el territorio de Israel será el Distrito Federal de este planeta Tierra y de los reinos de este planeta Tierra durante el Reino Milenial, porque los reinos de este mundo pasarán a ser de nuestro Señor. Apocalipsis, capítulo 11, da testimonio de esta verdad, y dice:

“El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos”.

Y sigue diciendo todo lo que sucederá en este tiempo final, en la Venida del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, del Verbo encarnado en un hombre para la restauración del pueblo hebreo y para la restauración de los hijos e hijas de Dios miembros del Cuerpo Místico de Cristo.

Hemos visto el misterio de la restauración del pueblo hebreo, que será cuando haya entrado la plenitud de los gentiles, o sea, cuando haya entrado hasta el último de los escogidos de la Iglesia del Señor Jesucristo. Y Cristo está con Gran Voz de Trompeta llamando y juntando a Sus escogidos por medio de Su manifestación en Espíritu Santo en Su Ángel Mensajero en este tiempo final.

Con la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino, y con los ministerios de Moisés y Elías y de Jesús está el llamado de la Gran Voz de Trompeta siendo efectuado; y están siendo juntados todos los escogidos de Dios en el Día Postrero, en la América Latina y el Caribe, en la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino, para completarse el número de los escogidos de Dios del Cuerpo Místico de Cristo; y así cumplirse la plenitud de los gentiles, completarse la plenitud de los gentiles, el Cuerpo Místico de Cristo; y ocurrir la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de nosotros los que vivimos, para luego Cristo tornarse al pueblo hebreo y restaurar al pueblo hebreo en este tiempo final.

Ha sido para mí un privilegio muy grande estar con ustedes en esta ocasión dándoles testimonio de EL SÉPTIMO SELLO Y LA RESTAURACIÓN DEL PUEBLO HEBREO.

¿Vieron lo sencillo que es todo? Todo es sencillo. Lean en sus hogares el capítulo 59 de Isaías, versos 17 al 21, de donde San Pablo tomó la escritura que citó en Romanos 11, verso 26, donde dice: “Y vendrá el Libertador a Sion, el cual quitará de Jacob la impiedad”. Ahí tenemos en abundancia más detalles de la Venida del Señor para la restauración del pueblo hebreo.

Hemos llegado al tiempo más glorioso de todos los tiempos, al tiempo del Séptimo Sello para la restauración de los hijos e hijas de Dios a la vida eterna y para la restauración del pueblo hebreo.

“EL SÉPTIMO SELLO Y LA RESTAURACIÓN DEL PUEBLO HEBREO”.

Que las bendiciones de Jesucristo, el Ángel del Pacto, sean sobre cada uno de ustedes en este tiempo final para la restauración de los hijos e hijas de Dios a la vida eterna, y también vengan sobre el pueblo hebreo las bendiciones del Séptimo Sello para la restauración del pueblo hebreo. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Muchas gracias por vuestra amable atención, amados amigos y hermanos presentes, y pasen todos muy buenas tardes.

Dejo con nosotros nuevamente al reverendo Miguel Bermúdez Marín para continuar en esta tarde, dándole gracias a Cristo por la bendición que Él tiene en este tiempo final para nosotros y para el pueblo hebreo.

¿Y dónde están los que verían todo el Programa Divino para la restauración de los hijos de Dios y para la restauración del pueblo hebreo? Aquí estamos, en la América Latina y el Caribe, viendo todo ese Programa llevándose a cabo, desarrollándose para nuestra restauración a la vida eterna y para la restauración del pueblo hebreo bajo el Séptimo Sello.

Que Dios les bendiga y les guarde a todos.

“EL SÉPTIMO SELLO Y LA RESTAURACIÓN DEL PUEBLO HEBREO”.

[Revisión septiembre 2018]

 

1 1 Corintios 5:7

2 San Lucas 23:34

3 Libro de Los Sellos, pág. 256.

4 Génesis 37

5 Génesis 39:3,23 (Génesis 39:1-23)

6 Génesis 41:1-7

7 Génesis 41:14-36

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