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Muy buenas noches, amables amigos y hermanos reunidos aquí en Goiânia, Goiás, Brasil. Es para mí una bendición grande estar con ustedes para tener compañerismo alrededor del Programa Divino y ver este tema tan importante que tenemos para esta noche: “EL SÉPTIMO SELLO Y LA RESTAURACIÓN DEL REINO DE DIOS”.

Para lo cual vamos a leer en San Mateo, capítulo 16, versos 27 al 28, donde dice:

“Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.

De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino”.

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Nuestro tema es: “EL SÉPTIMO SELLO Y LA RESTAURACIÓN DEL REINO DE DIOS”.

Dios cuando colocó al ser humano en este planeta Tierra estuvo en compañerismo con el ser humano; y el Reino de Dios estaba en esta Tierra, allí en el Huerto del Edén, y Adán estaba reinando sobre toda la Creación de este planeta Tierra; pero luego de la caída el ser humano perdió esa bendición y el reino de este planeta Tierra pasó a las manos del enemigo del Dios; y por eso es que la Escritura dice que el diablo es el príncipe de las tinieblas y es el príncipe de los reinos de este mundo1; pero el Reino de Dios será restaurado en este planeta Tierra y así los hijos e hijas de Dios serán restaurados al Reino de Dios.

En Apocalipsis, capítulo 11, verso 15 en adelante, nos habla de esta restauración y nos dice:

“El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos”.

Aquí tenemos la promesa de la restauración del Reino de Dios en medio de la raza humana; y los reinos de este mundo, de este planeta Tierra, serán de Dios y de nuestro Señor Jesucristo, y Él reinará sobre todos los pueblos, naciones, lenguas y reyes; se sentará en el Trono de David, y de allí reinará sobre el pueblo hebreo y sobre todas las naciones. Sigue diciendo:

“Y los veinticuatro ancianos que estaban sentados delante de Dios en sus tronos, se postraron sobre sus rostros, y adoraron a Dios,

diciendo: Te damos gracias, Señor Dios Todopoderoso, el que eres y que eras y que has de venir, porque has tomado tu gran poder, y has reinado.

Y se airaron las naciones, y tu ira ha venido, y el tiempo de juzgar a los muertos, y de dar el galardón a tus siervos los profetas, a los santos, y a los que temen tu nombre, a los pequeños y a los grandes, y de destruir a los que destruyen la tierra”.

Eso es lo que estará pasando en ese tiempo de transición de los reinos de este mundo pasando a las manos de nuestro Señor.

“Y el templo de Dios fue abierto en el cielo, y el arca de su pacto se veía en el templo. Y hubo relámpagos, voces, truenos, un terremoto y grande granizo”.

Ahora podemos ver cómo será ese tiempo de transición o de entrelace del Reino de Dios viniendo para tomar los reinos de este mundo y Cristo gobernar sobre ellos por mil años y luego por toda la eternidad; porque los reinos de este mundo pasarán a ser de nuestro Señor Jesucristo.

En San Lucas, capítulo 21, verso 27 en adelante, nuestro Señor Jesucristo hablando de la Venida del Reino de Dios nos dijo:

“Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en una nube con poder y gran gloria.

Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca”.

Nuestra redención está cerca, o sea, nuestra transformación, la transformación del cuerpo; la redención del cuerpo está cerca cuando estemos viendo el cumplimiento del Hijo del Hombre viniendo en una nube con poder y gran gloria.

En febrero 28 de 1963 apareció en el cielo una nube misteriosa, la cual la ciencia no pudo explicar satisfactoriamente, porque fue a una altura de 27 millas [43.5 kilómetros] donde apareció esa nube, donde no hay humedad y por consiguiente no se pueden formar nubes. Esta nube fue tomada en fotos y fue publicada en revistas norteamericanas como una nube misteriosa.

¿Y cuál es el misterio de esta nube? El precursor de la Segunda Venida de Cristo, el reverendo William Branham, habló acerca de esa nube y dice cuál es el misterio de esa nube.

Él dice acerca de esa nube en el libro de Los Sellos en español, página 469; dice así:

“153. ¿Y notaron que dije que uno de esos ángeles era muy raro? Me pareció muy distinto a los demás. Estaban en una constelación con tres a cada lado y uno arriba; y el que estaba a mi lado, contando desde la izquierda hacia la derecha, ese sería el séptimo Ángel”.

Este que está acá arriba. Si tornamos la foto hacia la derecha, es este que se encuentra aquí, y esta nube formada por ángeles forma el rostro del Señor. Aquí están los siete ángeles de las siete edades de la Iglesia gentil y aquí está un Ángel diferente a los demás, del cual el precursor de la Segunda Venida de Cristo está hablando en este pasaje que estamos leyendo; este Ángel en Su cuerpo teofánico forma el cabello blanco del Señor.

Y ahora, continuamos leyendo:

“Él era más brillante y significaba más para mí que los demás. Les dije que tenía el pecho así robusto y estaba volando hacia el Oriente. Les dije también que: ‘Me levantó, me alzó’”.

O sea que ese Ángel levantó al precursor de la Segunda Venida de Cristo y lo colocó en esta formación de ángeles, los cuales estaban en sus cuerpos teofánicos; y el reverendo William Branham fue levantado también en su cuerpo teofánico, en espíritu, y fue colocado aquí con ellos.

Ahora, sigue diciendo:

“154. Ahora, ¡aquí está! Era el que tenía el Séptimo Sello, lo cual he mantenido como una pregunta en mi mente toda mi vida. Los otros Sellos significaron mucho para mí, desde luego; pero ustedes no se imaginan lo que ha significado este séptimo”.

Porque este Séptimo Sello es la Venida del Señor, es la Venida del Hijo del Hombre viniendo en una nube con poder y gran gloria. Y ahí está el Hijo del Hombre, ese Ángel que era diferente a los demás, viniendo en las nubes con poder y gran gloria; ahí está la señal de la Venida del Hijo de Hombre, como fue profetizada por nuestro amado Señor Jesucristo. Y Él dice: “Cuando ustedes vean suceder estas cosas, cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestras cabezas, porque vuestra redención está cerca”.

Desde 1963 en adelante nuestra redención está cerca, o sea, la redención del cuerpo, que es la transformación de nuestros cuerpos; para obtener así un cuerpo eterno, glorificado, y ser a imagen y semejanza de Jesucristo; y los muertos en Cristo resucitar en cuerpos eternos para vivir por toda la eternidad; y todos juntos ser llevados a la Cena de las Bodas del Cordero en el arrebatamiento de los escogidos de Dios o rapto de la Iglesia de Jesucristo; y luego, en el Reino Milenial, reinar con Cristo por mil años como reyes y como sacerdotes; reyes y sacerdotes del Orden celestial, del Orden de Melquisedec.

Melquisedec es el Rey de Salem, es Rey de Paz y es también Sacerdote del Dios Altísimo del Templo que está en el Cielo. Y ahora, los hijos e hijas de Dios, los cuales, por medio de creer en Cristo como nuestro Salvador y lavar nuestros pecados en la Sangre de Cristo y recibir Su Espíritu, hemos nacido en el Reino de Dios, hemos nacido en el Cuerpo Místico de Cristo, hemos nacido como hijos e hijas de Dios; somos hijos e hijas de Dios. ¿De quién? Del Rey celestial; somos hijos e hijas de Dios, del Rey Melquisedec y del Sumo Sacerdote Melquisedec.

Por eso es que por herencia somos reyes y somos sacerdotes también; reyes y sacerdotes, porque nuestro Padre celestial es Rey, es el Rey del universo. Él es Rey y Sacerdote. Él es el Melquisedec que le apareció al profeta y patriarca Abraham, y le dio pan y vino, y Abraham pagó a Él los diezmos de todo; y cuando esto hizo, ahí también estaba Leví diezmando a Melquisedec; aunque todavía no había nacido Leví, ni siquiera había nacido Jacob, ni siquiera había nacido Isaac, pero estaban en los lomos de Abraham2.

Y ahora, podemos ver que este Melquisedec que apareció en el Antiguo Testamento es el Dios Todopoderoso en Su cuerpo teofánico, y Él es el Sacerdote del Templo que está en el Cielo y Él también es el Rey de los Cielos y de la Tierra también; y Él reinará por mil años y luego por toda la eternidad, se sentará en el Trono de David y reinará sobre la casa de Israel y sobre el mundo entero. ¿Y qué de nosotros? Reinaremos con Él, porque somos reyes y sacerdotes; Él nos ha hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes.

Apocalipsis, capítulo 1, verso 5 en adelante, dice:

“... y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre,

y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén”.

Y en el capítulo 5, verso 8 al 10, dice, de Apocalipsis… Esto fue cuando el Cordero tomó el Libro de los Sellos en el Cielo; dice:

“Y cuando hubo tomado el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero; todos tenían arpas, y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos;

y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación;

y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra”.

Ahí está la promesa de la bendición grande que tendremos en el Reino Milenial de Cristo.

En la actualidad, los hijos e hijas de Dios, algunos trabajan en tiendas, en oficinas, en la construcción o en algún otro trabajo, como fábricas también; y también las hermanas trabajan en sus hogares, otras trabajan en algún otro trabajo, para ayudar a sus esposos para el sostén de la familia; pero en el glorioso Reino Milenial nuestra posición será: reyes y sacerdotes. Esa es la posición más alta que una persona puede tener en el glorioso Reino de Jesucristo, y esa es la posición que nosotros tenemos en el Reino de Jesucristo: reyes y sacerdotes, para reinar con Cristo por mil años y luego por toda la eternidad.

Vean cómo nos dice Apocalipsis, capítulo 20, verso 4 al 6:

“Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años.

Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años. Esta es la primera resurrección.

Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años”.

Vean la bendición tan grande que Cristo tiene para todos ustedes y para mí también en Su Reino. En ese glorioso Reino Milenial estaremos como reyes y sacerdotes con un cuerpo eterno, jovencito por toda la eternidad, representando de 18 a 21 años de edad para toda la eternidad.

El profeta Daniel también vio que el Reino sería entregado a los santos de Dios; y dice Daniel, capítulo 7, verso 18:

“Después recibirán el reino los santos del Altísimo, y poseerán el reino hasta el siglo, eternamente y para siempre”.

Sigue diciendo el verso 26 de este mismo capítulo 7:

“Pero se sentará el Juez, y le quitarán su dominio para que sea destruido y arruinado hasta el fin (o sea, le quitará el dominio a la bestia y al anticristo, ¿y qué pasará?),

y que el reino, y el dominio y la majestad de los reinos debajo de todo el cielo, sea dado al pueblo de los santos del Altísimo, cuyo reino es reino eterno, y todos los dominios le servirán y obedecerán”. (Daniel, capítulo 7, verso 26 al 27).

Ahora, vean ustedes, esta bendición es para la Iglesia del Señor Jesucristo y para el pueblo hebreo, porque será de en medio del pueblo hebreo que el Mesías estará gobernando sobre el pueblo hebreo y sobre todas las naciones; y con Él estarán los reyes y sacerdotes, que son los miembros de Su Cuerpo Místico de creyentes redimidos por la Sangre de Cristo.

Él nos ha hecho reyes y sacerdotes, pues nos lavó con Su Sangre preciosa, nos redimió y nos ha hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes; y reinaremos sobre la Tierra por mil años y luego por toda la eternidad.

Ahora, vean ustedes cómo para este tiempo final nos dice el Señor Jesús que cuando veamos la señal del Hijo del Hombre en el cielo sepamos que nuestra redención está cerca; o sea, la redención del cuerpo, que es la transformación de nuestros cuerpos, para así tener un cuerpo eterno y poder reinar con Cristo por toda la eternidad; y los muertos en Cristo resucitarán en un cuerpo eterno también.

Ahora, vean lo importante que es poder comprender que estamos muy cerca de nuestra redención, de la redención del cuerpo, o sea, de la transformación de nuestro cuerpo, porque hemos estado viendo la señal del Hijo del Hombre en el cielo: Febrero 28 de 1963, ya han transcurrido 35 años.

Ahora podemos ver cómo esa señal del Hijo del Hombre en el cielo da testimonio de que muy pronto vamos a ser transformados los que vivimos y los muertos en Cristo han de ser resucitados en cuerpos eternos.

La señal del Hijo del Hombre en el cielo; ahí están los siete ángeles mensajeros de las siete edades de la Iglesia gentil y un Ángel que era diferente a los demás, el cual tiene el Séptimo Sello, o sea, el cual tiene la Segunda Venida de Cristo, la Venida del Hijo del Hombre, para la Venida del Hijo de Hombre ser manifestada en la Tierra con la Venida de ese Ángel a la Tierra, teniendo Su ministerio a través de carne humana en el Día Postrero; y esa es la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles, esa es la Venida del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, donde nos dice de la siguiente manera: Capítulo 19, verso 11 al 16, del Apocalipsis, dice:

“Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea.

Sus ojos eran como llama de fuego, y había en su cabeza muchas diademas; y tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino él mismo.

Estaba vestido de una ropa teñida en sangre; y su nombre es: El Verbo de Dios.

Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos blancos.

De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso.

Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: Rey de reyes y Señor de señores”.

Es la Venida del Rey de reyes y Señor de señores, es la Venida del Ángel Fuerte que desciende del Cielo, es la Venida del Ángel que era muy diferente a los demás viniendo en el Día Postrero en medio de Su pueblo.

Dice el precursor de la Segunda Venida de Cristo, hablándonos de ese Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, él dice lo que será Su Venida; y dice así, página 277 del libro de Los Sellos en español, orando dice:

[240]. … pedimos que el Espíritu Santo venga ahora mismo, el Jinete del verdadero caballo blanco, mientras Su Espíritu, el Espíritu de Cristo, entre en confrontación con el anticristo, y Él llame los Suyos”.

¿Quién es el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19? El Espíritu Santo, que es el Ángel del Pacto, que es Jesucristo en Espíritu Santo. Y ahora, ¿cómo vendrá a la Tierra en el Día Postrero el Ángel del Pacto, Jesucristo en Espíritu Santo? En la página 256 del libro de Los Sellos en español dice así:

“121. Pero cuando nuestro Señor aparezca sobre la Tierra, Él vendrá sobre un caballo blanco como la nieve, y será completamente Emmanuel —la Palabra de Dios encarnada en un hombre”.

Eso es la Venida del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, esa es la Venida de Jesucristo en Espíritu Santo en el Día Postrero, para llamar y juntar a todos Sus escogidos con la Gran Voz de Trompeta o Trompeta de Dios, para preparar a Su pueblo para ser transformados y raptados en este tiempo final.

Dijo Jesucristo en San Mateo 24, verso 31:

“Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos…”.

Sus Ángeles son los Dos Olivos de Apocalipsis, capítulo 11, y de Zacarías, capítulo 4; son los Dos Ungidos que están delante de la presencia de Dios, o sea, que están en el Lugar Santísimo.

Cuando le preguntaron al reverendo William Branham acerca del Elías que le predicará al pueblo hebreo, el cual es uno de los Dos Olivos el que le predicará al pueblo hebreo… le preguntaron en la página 399 del libro de Los Sellos en español, pregunta número 11; dice así:

“11. El Elías que viene a predicar a los judíos, ¿es el verdadero Elías que estuvo en los días de Achab, o será solamente el espíritu de Elías en otro hombre?

(Y la contestación fue):

[94]. Yo he pensado que será un hombre de este tiempo ungido con ese espíritu (un hombre de este tiempo ungido con el espíritu ministerial de Elías); porque allá, cuando Elías ya había subido (o sea, subió en un carro de fuego o platillo volador, y Eliseo quedó en la tierra; dice) y Eliseo se encontró con los hijos de los profetas, ellos dijeron: ‘El espíritu de Elías reposó sobre Eliseo’. Es que Eliseo obró igual a Elías”.

El espíritu ministerial de Elías vino sobre Eliseo. Dios le había dicho al profeta Elías que Eliseo sería el sucesor de él, Eliseo sería profeta en lugar de Elías. Y Eliseo pidió la doble porción del espíritu que estaba en Elías, y Elías le dijo que eso era una cosa difícil, pero le sería concedida su petición si lo veía cuando fuera tomado al cielo; y lo vio irse al cielo en un carro de fuego, y una doble porción del ministerio de Elías vino sobre Eliseo.

Por eso Eliseo luego tomó el manto de Elías, lo dobló, se paró frente al Jordán, golpeó el Jordán, las aguas del Jordán con el manto de Elías, diciendo: “¿Dónde está el Dios de Elías?”, y golpeó las aguas y el Jordán se abrió. Lo mismo que hizo Elías con su manto cuando pasó al otro lado del Jordán con Eliseo. Los hijos de los profetas, al ver esto dijeron: “El espíritu de Elías ha reposado sobre Eliseo”3.

Cuando Dios promete el ministerio de un profeta del pasado para venir nuevamente, es el ministerio de aquel profeta viniendo en otro hombre, en otro profeta; cambia de velo de carne y también de nombre. El nombre es el nombre de ese nuevo profeta, pero el ministerio tiene el nombre del profeta primero en el cual se manifestó.

Ahora, Eliseo era el segundo Elías, era el Elías para aquella nueva etapa.

Luego el pueblo hebreo tenía la promesa de la venida de Elías para precursar la Venida del Señor; y cuando vino Elías, el Arcángel Gabriel le había aparecido al sacerdote Zacarías y le había dicho que Dios había escuchado su oración, y le dijo que tendría un hijo a través de su esposa Elisabet y que le pondrían por nombre Juan, y que sería profeta de Dios, y que sería lleno del Espíritu Santo aun desde el vientre de su madre, y que el espíritu de Elías reposaría sobre él; vendría en el espíritu y el poder de Elías para convertir el corazón de los padres a los hijos, o sea, para convertir a las personas que estaban bajo la Ley al cristianismo4.

Y ahora podemos ver que ese niño que nacería al matrimonio del sacerdote Zacarías y Elisabet sería el Elías prometido para venir en ese tiempo; pero el Arcángel Gabriel dijo que le pusieran por nombre Juan, porque el velo de carne sería otro hombre; no sería el Elías literalmente, sería otro hombre en el cual el Espíritu de Dios manifestaría el ministerio de Elías por tercera ocasión.

Cuando apareció predicando Juan el Bautista, estremeció a toda Jerusalén, y le preguntaban: “¿Eres tú el Cristo?”. Él dijo: “No”. Le preguntaban: “¿Eres tú el profeta?”. Él dijo: “No”. Le preguntaban: “¿Tú quién eres entonces?”. Él dijo: “Yo soy la voz de uno que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor”. Juan era el que estaba preparándole el camino al Señor; después de él vendría el Mesías, vendría el Señor5.

Juan dijo: “Después de mí viene uno, un varón, del cual yo no soy digno de desatar la correa de su calzado; él es primero que yo; y él les bautizará con Espíritu Santo y Fuego”. Estaba hablando de otro hombre, de un profeta que vendría después de Juan el Bautista6.

Jesús también dio testimonio de Juan, y dijo en San Mateo, capítulo 11, verso 14: “Y si queréis recibirlo, él es aquel Elías que había de venir”. Está hablando de Juan el Bautista, e identifica a Juan el Bautista como el Elías que tenía que venir en ese tiempo; pero se llama Juan; pero el ministerio que está operando Juan es el ministerio de Elías manifestado en su tercera ocasión, en un tercer hombre llamado Juan el Bautista.

En otra ocasión le dijeron a Jesús Sus discípulos, luego que bajaron del Monte de la Transfiguración…, donde vieron a Jesús con Su rostro como el sol, y vieron a Moisés y a Elías también allí, uno a cada lado de Jesús. Luego, cuando bajan del Monte de la Transfiguración, en el capítulo 17, verso 10 en adelante, dice así [San Mateo]:

“Entonces sus discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Por qué, pues, dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero?

Respondiendo Jesús, les dijo: A la verdad, Elías viene primero, y restaurará todas las cosas.

Mas os digo que Elías ya vino, y no le conocieron, sino que hicieron con él todo lo que quisieron; así también el Hijo del Hombre padecerá de ellos.

Entonces los discípulos comprendieron que les había hablado de Juan el Bautista”.

Ahí tenemos el Elías que tenía que venir en ese tiempo preparándole el camino al Señor, y se llamaba Juan, pero el ministerio era el ministerio de Elías manifestado por tercera ocasión en un tercer hombre.

Y para el tiempo final tenemos la promesa que Elías vendrá precursando la Segunda Venida de Cristo; y la noticia es que ya Elías vino en su cuarta manifestación y precursó la Segunda Venida de Cristo, mostró cómo vendría Jesucristo en Su Segunda Venida: con Sus Ángeles para pagar a cada uno conforme a sus obras; cómo vendría el Hijo del Hombre: con Sus Ángeles en la Venida del Hijo del Hombre en el Reino de Su Padre. Y Elías fue el reverendo William Branham, en donde estuvo el ministerio de Elías manifestado por cuarta ocasión.

Y ahora tenemos la promesa que Elías volverá por quinta ocasión; y leímos en la pregunta que le hicieron al reverendo William Branham si el Elías que le predicará al pueblo hebreo será el Elías literal, que vivió en los días del rey Acab, o si será un hombre de este tiempo ungido con ese espíritu; él dijo que será un hombre de este tiempo ungido con ese espíritu, ungido con ese ministerio.

Ese Elías que vendrá por quinta ocasión es uno de los Dos Olivos. El Espíritu Santo vendrá manifestado en un hombre de este tiempo y estará operando el ministerio de Elías por quinta ocasión. Ese hombre no se tiene que llamar Elías, es el ministerio el que se llama Elías. Ese hombre es el Ángel del Señor Jesucristo prometido en Apocalipsis 22, verso 16, donde dice:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias”.

También el ministerio de Moisés está prometido para venir a la Tierra en este tiempo final como uno de los Dos Olivos; y será el ministerio de Moisés manifestado en un hombre de este tiempo, un hombre ungido con el Espíritu Santo, en el cual el Espíritu Santo estará colocando el ministerio de Moisés por segunda vez; y ese hombre es el Ángel de Jesucristo.

Un ángel es un mensajero, un profeta mensajero, y este Ángel que le dio a Juan la revelación del Apocalipsis es un profeta; es el profeta del Día Postrero, es el profeta de la Dispensación del Reino, con el Mensaje del Evangelio del Reino, dando testimonio de todas estas cosas que deben suceder pronto. La Voz de Jesucristo, esa Gran Voz de Trompeta en Su Ángel Mensajero, estará dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto.

Veamos la Voz de Jesucristo en Apocalipsis, capítulo 1, verso 10 al 11, donde dice (Juan dice):

“Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta,

que decía: Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último”.

Juan estaba en el Día del Señor, en el Día Postrero, que es el séptimo milenio, y escuchó la Voz de Cristo hablando como una gran voz como de trompeta, o sea, escuchó una poderosa voz: la Voz de Jesucristo hablando en el Día Postrero. Eso es la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino proclamando el misterio de la Segunda Venida de Cristo con Sus Ángeles en este tiempo final.

Luego en Apocalipsis, capítulo 4, verso 1, Juan escucha la Voz de Cristo nuevamente, escucha esa Trompeta que le dice… Dice así:

“Después de esto miré, y he aquí una puerta abierta en el cielo; y la primera voz que oí, como de trompeta, hablando conmigo, dijo: Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de estas”.

Ahora, ¿a dónde vamos a subir? No es que subamos al cielo literalmente hablando. ¿En qué avión va a usted ir al Cielo?, ¿o en qué cohete va a ir? ¿Qué medio de transportación tiene usted para ir hasta el Cielo? Es subir a la Edad de la Piedra Angular, así como en cada edad hubo que subir a esa edad para escuchar la Voz de Cristo por medio del mensajero de cada una de esas edades; y ahora nos llama a subir a la Edad de la Piedra Angular para oír la Voz de Cristo como una Gran Voz de Trompeta por medio de Su Ángel Mensajero, dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto.

Vamos a ver si es por medio de Su Ángel Mensajero que Él nos dará a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto. Apocalipsis 22, verso 6 en adelante, dice así:

“Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel. (¿A quién ha enviado? A Su Ángel Mensajero. ¿Para qué? Vamos a ver) para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto”.

Es por medio de Su Ángel Mensajero que son dadas a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, porque ese es el velo de carne en el cual Jesucristo estará manifestado en Espíritu Santo en el Día Postrero hablándonos con esa Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino todas estas cosas que deben suceder pronto, y revelándonos así el misterio de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles en este tiempo final.

Hemos visto lo que es la Venida de los Ángeles del Hijo del Hombre: es la Venida del Espíritu Santo ungiendo a un hombre de este tiempo final con los ministerios de Moisés por segunda vez y de Elías por quinta vez.

Hemos visto también lo que es la Venida del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19: es la Venida del Espíritu Santo ungiendo un hombre de este tiempo final con el ministerio de Jesús; y eso es la Palabra encarnada en un hombre de este tiempo final, la Palabra encarnada en el Ángel del Señor Jesucristo.

En él el Espíritu Santo viene en este tiempo final manifestando los ministerios de Jesús por segunda vez, de Moisés por segunda vez y de Elías por quinta vez, para llevar a cabo la Obra correspondiente a este tiempo final, y darnos a conocer con esa Gran Voz de Trompeta todas estas cosas que deben suceder pronto, y así llamar y juntar a todos los escogidos de Dios y prepararnos para ser transformados y raptados en este tiempo final.

Jesucristo dijo: “Cuando ustedes vean suceder estas cosas, levantad vuestras cabezas al cielo, porque vuestra redención está cerca”, cuando Jesucristo habló del fin del siglo; pues le dijeron: “¿Qué señal habrá de Tu Venida y del fin del siglo?”7.

Vean ustedes, la señal de Su Venida y del fin del siglo apareció en el cielo, la vimos manifestada en el cielo, y fue tomada en fotos, en febrero 28 de 1963. El Hijo del Hombre, el Ángel que era diferente a los demás, con los ángeles de las siete edades de la Iglesia gentil, todos en sus cuerpos teofánicos formando esta gran nube misteriosa que apareció en febrero 28 de 1963; ahí tenemos la señal del Hijo de Hombre en el cielo.

Y ahora, veamos lo que dice San Lucas [21:28-31], aquí están las palabras de Jesús; nos dice:

“Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca.

También les dijo una parábola: Mirad la higuera y todos los árboles.

Cuando ya brotan, viéndolo, sabéis por vosotros mismos que el verano está ya cerca.

Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios”.

Ahora, la Venida del Reino de Dios fue mostrada en miniatura en el Monte de la Transfiguración, donde Jesucristo se transfiguró delante de Sus discípulos, Su rostro resplandeció como el sol, Sus vestiduras se hicieron resplandecientes como la luz y aparecieron allí Moisés y Elías hablando con Él. Ahí tenemos el orden de la Venida del Hijo del Hombre en Su Reino.

Con la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles —que son Moisés y Elías, los ministerios de Moisés y Elías manifestados en el Día Postrero en el Ángel de Jesucristo— estamos viendo la Venida del Reino de Dios para ser establecido en este planeta Tierra en el Día Postrero, o sea, en el séptimo milenio; porque el glorioso Reino Milenial de Cristo tiene que ser establecido en este planeta Tierra, en medio del pueblo hebreo, para gobernar el Mesías desde el pueblo hebreo sobre todas las naciones, porque el Trono del glorioso Reino Milenial del Mesías estará en Jerusalén; es el Trono de David que será restaurado; y se sentará el Mesías, el Hijo de David, sobre el Trono de David. Y ahí tendremos al Hijo del Hombre reinando sobre el planeta Tierra completo, como Hijo del Hombre e Hijo de David.

Ahora podemos ver la importancia de la Venida del Hijo del Hombre en Su Reino.

Estamos muy cerca del comienzo de ese glorioso Reino Milenial en medio del pueblo hebreo, en donde el Trono de David será ocupado nuevamente y será restaurado el Reino de Dios en este planeta Tierra.

Y la oración que Jesús les enseñó a Sus discípulos, en donde les habló de la Venida del Reino de Dios, donde les dijo que orando dijeran: “Venga Tu Reino y hágase Tu voluntad, aquí en la Tierra así como en el Cielo”, la contestación a esa petición para este tiempo final estará contestada completamente con el establecimiento del Reino de Dios en este planeta Tierra, en medio del pueblo hebreo, para reinar Cristo sobre el pueblo hebreo y sobre todas las naciones. Y con Él reinaremos como reyes y sacerdotes en ese glorioso Reino Milenial, y así estará restaurado el Reino de Dios en este planeta Tierra.

Para la restauración del Reino de Dios en este planeta Tierra es la Venida del Hijo de Hombre con Sus Ángeles en este tiempo final, para ser restaurados a la vida eterna con un cuerpo eterno y poder reinar con Cristo por mil años y luego por toda la eternidad. Y todo esto es bajo el Séptimo Sello, que es la Venida del Señor con Sus Ángeles.

“EL SÉPTIMO SELLO Y LA RESTAURACIÓN DEL REINO DE DIOS”.

Ha sido para mí un privilegio muy grande estar con ustedes en esta noche dándoles testimonio de EL SÉPTIMO SELLO Y LA RESTAURACIÓN DEL REINO DE DIOS.

Que las bendiciones del Reino de Dios sean sobre cada uno de ustedes y sobre mí también, y pronto todos seamos transformados y llevados a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Muchas gracias por vuestra amable atención, amables amigos y hermanos presentes, televidentes, radioyentes y los que están también a través de internet.

Que Dios les continúe bendiciendo a todos, y pasen todos muy buenas noches.

Dejo con nosotros nuevamente al reverendo Miguel Bermúdez Marín para continuar y finalizar en esta noche nuestra parte, dándole gracias a Dios por Sus bendiciones y por colocarnos en la América Latina y el Caribe para ver la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles viniendo en Su Reino en este tiempo final.

Que Dios les bendiga, y pasen todos muy buenas noches. Con nosotros Miguel Bermúdez Marín para continuar y finalizar.

“EL SÉPTIMO SELLO Y LA RESTAURACIÓN DEL REINO DE DIOS”.

[Revisión septiembre 2018]

1 San Juan 12:31, 14:30, 16:11

2 Hebreos 7:9-10

3 2 Reyes 2:1-15

4 San Lucas 1:5-17

5 San Juan 1:19-27

6 San Juan 1:29-34

7 San Mateo 24:3, San Marcos 13:3, San Lucas 21:7

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00736

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