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Muy buenas noches, amados amigos y hermanos presentes; es para mí un privilegio muy grande estar aquí con ustedes en Goiânia, Goiás, Brasil, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final.

Para esta noche nuestro tema es: “EL SÉPTIMO SELLO Y LA RESTAURACIÓN DEL TRONO DE DAVID”.

Dios prometió a David que no faltaría de su descendencia uno que se sentara en su trono. Dice el libro del profeta Isaías, en el capítulo 11, verso 1 en adelante, de la siguiente manera:

“Saldrá una vara del tronco de Isaí, y un vástago retoñará de sus raíces.

Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová.

Y le hará entender diligente en el temor de Jehová. No juzgará según la vista de sus ojos, ni argüirá por lo que oigan sus oídos;

sino que juzgará con justicia a los pobres, y argüirá con equidad por los mansos de la tierra; y herirá la tierra con la vara de su boca, y con el espíritu de sus labios matará al impío.

Y será la justicia cinto de sus lomos, y la fidelidad ceñidor de su cintura.

Morará el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se acostará; el becerro y el león y la bestia doméstica andarán juntos, y un niño los pastoreará.

La vaca y la osa pacerán, sus crías se echarán juntas; y el león como el buey comerá paja.

Y el niño de pecho jugará sobre la cueva del áspid, y el recién destetado extenderá su mano sobre la caverna de la víbora.

No harán mal ni dañarán en todo mi santo monte; porque la tierra será llena del conocimiento de Jehová, como las aguas cubren el mar.

Acontecerá en aquel tiempo que la raíz de Isaí, la cual estará puesta por pendón a los pueblos, será buscada por las gentes; y su habitación será gloriosa.

Asimismo acontecerá en aquel tiempo, que Jehová alzará otra vez su mano para recobrar el remanente de su pueblo que aún quede en Asiria, Egipto, Patros, Etiopía, Elam, Sinar y Hamat, y en las costas del mar.

Y levantará pendón a las naciones, y juntará los desterrados de Israel, y reunirá los esparcidos de Judá de los cuatro confines de la tierra”.

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

En este pasaje vemos la profecía de la restauración del Trono de David, en donde será restaurado el Reino de Dios en medio del planeta Tierra y en medio del pueblo hebreo.

Dios juró a David que su trono sería para siempre, un trono perpetuo en medio del pueblo hebreo; por lo tanto, un descendiente del rey David será el heredero al Trono de David, y ese es el Mesías; por eso es que todas las profecías hablan de Cristo como el heredero al Trono de David. Y el Arcángel Gabriel, conocedor de todo el Programa Divino, dice en San Lucas, capítulo 1, versos 30 en adelante, cuando le apareció a la virgen María; dice así, capítulo 1, verso 30 en adelante:

“Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios.

Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús.

Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre(¿Quién es el heredero al Trono de David como hijo de David? Nuestro Señor Jesucristo);

y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin”.

Ahora, podemos ver cómo es que el Reino de David y el Trono de David será para siempre: es porque el Mesías, Jesucristo, se sentará en ese Trono y reinará sobre el pueblo hebreo por el Milenio y por toda la eternidad; y ese Trono gobernará sobre el planeta Tierra completo; y la ciudad de Jerusalén será la capital del mundo y el territorio de Israel será el Distrito Federal; y el resto del mundo será el territorio sobre el cual se gobernará desde Jerusalén, y se gobernará también sobre Jerusalén y sobre toda la tierra de Israel. Por eso también nos dice el profeta Zacarías, en el capítulo 14, verso 8 al 9:

“Acontecerá también en aquel día, que saldrán de Jerusalén aguas vivas, la mitad de ellas hacia el mar oriental, y la otra mitad hacia el mar occidental, en verano y en invierno.

Y Jehová será rey sobre toda la tierra. En aquel día Jehová será uno, y uno su nombre”.

Y en el capítulo 14 también, verso 17, dice:

“Y acontecerá que los de las familias de la tierra que no subieren a Jerusalén para adorar al Rey, Jehová de los ejércitos, no vendrá sobre ellos lluvia”.

Aquí podemos ver cómo será el glorioso Reino Milenial de Cristo, en donde Cristo se sentará en el Trono de David, el cual ha estado vacío por muchos siglos, ya lleva bastante tiempo sin ser ocupado ese Trono, lleva miles de años.

Y ahora, en el capítulo 20 de Apocalipsis, versos 4 al 6, nos habla de ese Reino Milenial y dice:

“Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años.

Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años. Esta es la primera resurrección.

Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años”.

¿Quiénes son estas personas que reinarán con Cristo mil años? Son reyes y sacerdotes. En Apocalipsis, capítulo 1, verso 5 al 6, dice quiénes son:

“... y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre,

y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén”.

Aquí podemos ver quiénes son esos reyes y sacerdotes: son los redimidos por la Sangre de Cristo. En Apocalipsis, capítulo 5, versos 8 al 10, también aparecen:

“Y cuando hubo tomado el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero; todos tenían arpas, y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos;

y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación;

y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra”.

Esos son los que estarán como reyes y sacerdotes reinando con Cristo durante el Reino Milenial, porque esos son los miembros de la Iglesia de Jesucristo de cada una de las edades de la Iglesia gentil, las siete edades de la Iglesia pasando por esa etapa de la Dispensación de la Gracia y la Edad de la Piedra Angular, donde se abre la Dispensación del Reino para el establecimiento del Trono de David en la restauración del Trono de David.

Ahora podemos ver quién es el que se sienta en el Trono de David, y quiénes se sentarán en tronos reinando con Cristo por mil años y luego por toda la eternidad. Jesucristo hizo una promesa muy grande en Apocalipsis, capítulo 3, verso 21, donde dice:

“Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono”.

Esta es una promesa para el vencedor, que está viviendo en el Día Postrero, en el tiempo de la restauración del Trono de David y del Reino de David, en donde Cristo estará revelado como Hijo del Hombre e Hijo de David.

Ese es el vencedor, que estará en la Tierra en el tiempo de esa manifestación de Cristo como Rey de reyes y Señor de señores, en donde Cristo estará viniendo manifestado en el Día Postrero, en la Edad de la Piedra Angular, así como vino manifestado en cada edad de la Iglesia gentil, en cada ángel mensajero; pero en esas edades Él estuvo en el Cielo como Sumo Sacerdote y como Cordero de Dios, haciendo intercesión en el Cielo, pero para el tiempo final Cristo se manifestará como Hijo del Hombre e Hijo de David a través de un velo de carne en la Edad de la Piedra Angular, a través del mensajero de la Edad de la Piedra Angular; y ahí estará Cristo llevando a cabo la Obra correspondiente a la Edad de la Piedra Angular.

Jesucristo en Espíritu Santo estará ahí manifestado, pues Él es el que estuvo manifestado en las siete etapas o edades de la Iglesia gentil en Espíritu Santo a través de cada ángel mensajero; y en la Edad de la Piedra Angular estará manifestado en Espíritu Santo como el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19.

Él es el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19: Jesucristo, el Espíritu Santo, el Ángel del Pacto, el Verbo de Dios.

Dice el precursor de la Segunda Venida de Cristo en la página 277 del libro de Los Sellosen español, orando dice:

“[240]. … pedimos que el Espíritu Santo venga ahora mismo, el Jinete del verdadero caballo blanco, mientras Su Espíritu, el Espíritu de Cristo, entre en confrontación con el anticristo, y Él llame los Suyos”.

Aquí tenemos al Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, el Espíritu Santo, el Ángel del Pacto, que es Jesucristo viniendo manifestado en el Día Postrero. ¿Y cómo vendrá manifestado el Espíritu Santo en el Día Postrero? Él es el Verbo, Él es la Palabra, Él es el Ángel del Pacto o Ángel de Jehová que dos mil años atrás se hizo carne y fue conocido Su velo de carne como Jesús. En aquel joven carpintero de Nazaret estaba el Verbo, el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová manifestado en carne humana.

Y para el Día Postrero viene el Verbo manifestado en carne humana nuevamente; es la Venida del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová, del Ángel que era diferente a los demás, de los que aparecieron en esta formación de ángeles, los cuales formaron estanube como la señal del Hijo de Hombre en el cielo.

Y ahora, ¿cómo vendrá este Ángel que era diferente a los demás?, ¿cómo vendrá el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová manifestado en el Día Postrero, en la Edad de la Piedra Angular, como el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19? En la página 256 del libro deLos Sellosen español, dice el precursor de la Segunda Venida de Cristo, el reverendo William Branham:

“121. Pero cuando nuestro Señor aparezca sobre la Tierra, Él vendrá sobre un caballo blanco como la nieve, y será completamente Emmanuel —la Palabra de Dios encarnada en un hombre”.

Eso será la Venida del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, la Venida del Verbo encarnado en un hombre, la Venida del Ángel del Pacto, que es el Verbo viniendo en carne humana en el Día Postrero; y viene como Hijo del Hombre e Hijo de David.

Cuando se habla del Hijo del Hombre se está hablando de la manifestación y revelación de Dios en un hombre, en un profeta. Por eso ustedes encuentran a través del Antiguo Testamento que Dios llamó a Sus profetas Hijo del Hombre: a Ezequiel, a Jeremías y a los demás profetas les llamó Hijo del Hombre, y Jesús también tomó el título de Hijo del Hombre; porque eso es la manifestación de Dios en un profeta.

Y ahora, viene en el Día Postrero como Hijo del Hombre e Hijo de David. En Su Primera Venida vino el Ángel del Pacto manifestado en carne humana en el velo de carne llamado Jesús, vino como Hijo del Hombre e Hijo de Dios en Su Obra de Redención como Cordero de Dios.

Para el Día Postrero el mismo Ángel de Jehová o Ángel del Pacto del Antiguo Testamento que le apareció a Moisés y le dijo: “Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob”, el cual libertó al pueblo hebreo, en el Día Postrero viene manifestado en carne humana como Hijo del Hombre e Hijo de David, como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo para la restauración del Trono de David, para la restauración del Reino de Dios en este planeta Tierra y para la restauración de cada hijo e hija de Dios a la vida eterna con un cuerpo eterno; esto es: para todos los redimidos por la Sangre de Jesucristo, los cuales son los que han creído en Cristo como nuestro Salvador y han lavado sus pecados en la Sangre de Cristo y han recibido Su Espíritu Santo, estos son los que han nacido de nuevo.

Como le dijo Cristo a Nicodemo: “De cierto, de cierto te digo que el que no nazca de nuevo, no puede ver el Reino de Dios (o sea, no lo puede entender)”. Nicodemo le pregunta a Jesús: “¿Cómo puede hacerse esto? ¿Puede acaso el hombre ya siendo viejo entrar en el vientre de su madre, y nacer?”1.

Pero Cristo le está hablando de un nuevo nacimiento, le está hablando de un nacimiento no por medio de un hombre y de una mujer, le está hablando del nuevo nacimiento para aquellos que creen en Cristo como nuestro Salvador y lavan sus pecados en la Sangre de Cristo y reciben Su Espíritu Santo; esos son los que nacen del Agua y del Espíritu. Esa es la forma para nacer del Agua y del Espíritu y así entrar al Reino de Dios o Reino de los Cielos y venir a formar parte de la Iglesia de Jesucristo, y nacer así en la Casa de Dios, que es la Iglesia de Jesucristo.

Ahora podemos ver que esta bendición tan grande está señalada para los hijos e hijas de Dios en la venida de la restauración del Trono de Dios, en donde el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, en el Día Postrero viene manifestado en carne humana; viene el Ángel de Jehová, el mismo que le apareció a Moisés y el mismo que libertó al pueblo hebreo y el cual vino dos mil años atrás velado en carne humana en la persona de Jesús; en el Día Postrero vendrá velado en carne humana en un miembro del Cuerpo Místico de Cristo, vendrá velado en carne humana en el Ángel Mensajero del Señor Jesucristo, en la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino.

Pero el Ángel del Señor Jesucristo no es el Señor Jesucristo; por eso cuando Juan se postró a sus pies para adorarlo, el Ángel le dijo: “Mira, no lo hagas; porque yo soy consiervo tuyo y con tus hermanos. Adora a Dios”. Eso está en Apocalipsis 19, verso 9 al 10, y en Apocalipsis, capítulo 22, versos 6 al 9.

En dos ocasiones Juan el apóstol quiso adorar a los pies del Ángel de Jesús, pero en las dos ocasiones el Ángel le dijo que no lo hiciera, porque el Ángel es solamente el velo de carne en donde Jesucristo en Espíritu Santo estará manifestado como Hijo del Hombre e Hijo de David, para la restauración del Trono de David en medio del pueblo hebreo y para la restauración así del Reino de David en medio del pueblo hebreo y para la restauración del Reino de Dios en este planeta Tierra; para Cristo, como Hijo del Hombre e Hijo de David, reinar sobre el pueblo hebreo y sobre todas las naciones.

Por eso al vencedor que estará en el Día Postrero, en la Edad de la Piedra Angular, el Ángel del Señor Jesucristo, le da la promesa de que se sentará con Él en Su Trono; él es el siervo fiel y prudente del cual Cristo dice [San Mateo 24:45-47]:

“¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, al cual puso su señor sobre su casa para que les dé el alimento a tiempo?

Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así.

De cierto os digo que sobre todos sus bienes le pondrá”.

¿Por qué? Porque se sentará con Cristo en Su Trono.

Y también encontramos una ocasión en que una señora, muy buena creyente en Cristo, tenía dos hijos los cuales amaba mucho y quería las grandes bendiciones de Dios para sus hijos, como hacen siempre y como piensan siempre y como quieren siempre las madres con sus hijos amados. Esta era la madre de Juan y Jacobo, la cual vino a Cristo con sus hijos en el capítulo 20, verso 20 en adelante [San Mateo], para pedirle algo muy importante; pero ella con sus hijos vino como nuestros niños vienen a nosotros.

Nuestros hijos cuando quieren algo, en algunas ocasiones les dicen a sus padres: “Mira, papi o mami, yo quiero que tú me concedas una petición, pero dime que sí”. No les dicen la petición primero algunas veces, sino que les dicen: “Pero dime que sí”. Porque si le dicen que sí, no importa cuál sea la petición, va a ser concedida; y esta fue la misma forma que usó la madre de Jacobo y Juan, o sea, de Santiago y Juan. Jacobo es Santiagotambién. O sea que cualquier Santiago también es Jacob, pero está con el nombre ya con bendición, ya es el nombre cambiado, es también Israel.

Ahora, vean ustedes cómo viene la madre de Jacobo y Juan. Capítulo 20, verso 20 al 23, dice [San Mateo]:

“Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, postrándose ante él y pidiéndole algo.

Él le dijo: ¿Qué quieres? Ella le dijo: Ordena que en tu reino se sienten estos dos hijos míos, el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda”.

Cosa difícil está pidiendo, como pidió el siervo de Elías, Eliseo, cuando le dijo al profeta Elías: “Yo quiero que una doble porción del espíritu que está en ti venga sobre mí”2. Lo que Eliseo pidió, una doble porción, es lo mismo que está pidiendo la madre de Santiago y Juan; o sea, en la petición de Eliseo está reflejado esto que está pidiendo la madre de estos dos hijos que ella ama mucho; porque toda madre que ama a Dios y sirve a Cristo quiere lo mejor para sus hijos, y esta madre quería lo mejor para sus hijos, ¡y eso está bien!

“Ordena que en tu reino se sienten estos dos hijos míos, el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda(está pidiendo una doble porción, como pidió Eliseo: una doble porción).

Entonces Jesús respondiendo, dijo: No sabéis lo que pedís”.

Estos hijos de Zebedeo ya habían estado en el Monte de la Transfiguración en el capítulo 17, y luego le habían contado a su madre todo lo que habían visto allá: que habían visto al profeta Elías, que habían visto al profeta Moisés también y a Jesús con Su rostro como el sol; ellos habían visto la Venida del Reino de Dios, y la Venida del Reino de Dios es cumplida con la Venida del Hijo del Hombre, con la Venida del Espíritu Santo, con la Venida del Ángel del Pacto, con la Venida de Jesucristo como Rey de reyes y Señor de señores. ¿Y viene con quién? Con Sus Ángeles; viene con Sus Ángeles, que son los Dos Olivos, que son Moisés y Elías para el establecimiento del Reino de David y del Trono de David y del Reino de Dios en este planeta Tierra.

Así que ellos deseaban una bendición muy grande. Estos son los dos que siempre buscaron esa bendición.

En una ocasión, cuando no quisieron recibir a Jesús en…, los samaritanos, en una ciudad de Samaria, estos dos hijos de Zebedeo fueron los que le dijeron a Jesús3: “Señor, ¿quieres que mandemos a descender fuego del cielo, como hizo el profeta Elías, y los queme a todos?”. ¿Ven? ¿Qué es lo que están buscando? Están buscando el ministerio de Elías.

Vean, lo tenían dentro, ese deseo, porque ellos sabían que Elías tenía que venir; y Elías tendrá ese poder y Moisés también. Estaban buscando los dos ministerios que vieron en el Monte de la Transfiguración. Y ahora con su madre hablan para hacerle esa petición a Jesús.

Así como en una ocasión encontramos a Rebeca con Jacob hablando y diciéndole cómo recibir la Bendición de la Primogenitura. Le dijo4: “Tu padre va a bendecir con la Bendición de la Primogenitura y quiere bendecir después que coma: mandó a tu hermano Esaú de cacería, para que cace un animalito, lo prepare en un guisado, lo traiga a su padre; tu padre comerá y luego lo bendecirá; pero ahora haz lo que yo te digo, hijo”.

Ella estaba buscando la bendición para su hijo amado. Le dijo: “Yo prepararé un cabrito contigo y tú lo llevarás a tu padre, él comerá y te bendecirá”.

Jacob dijo: “¿Y si descubre que yo no soy Esaú?, ¿si descubre que yo soy Jacob y en vez de bendecirme me maldice? Porque mis brazos son sin vellos (o sea, era lampiño, no tenía vellos) y Esaú mi hermano es bien velludo, velloso. Si él toca mis brazos, se da cuenta enseguida que soy Jacob y no me va a bendecir, me va a maldecir”.

Su madre, una creyente en Dios y en la Bendición de la Primogenitura, no vio ningún problema: “Hijo, si él maldice, que la maldición venga sobre mí”; o sea, ella se encargaría de decirle a Isaac que ella fue la que planificó todo y que eche la maldición sobre ella.

Y ahora, le dice a Jacob: “Mira, el problema de los vellos, no te preocupes: tomaremos la piel del cabrito y la pondremos en tus brazos y en los lugares donde tú no tienes vellos: en el pecho, en los brazos...; y serás tan velludo, tus brazos tan velludos como los de Esaú. No te preocupes por eso”.

Una persona que ama a Dios, buscando la bendición para sus hijos no ve ningún problema; él ve en todo problema una solución y sigue hacia adelante hasta que logre la bendición de Dios para sus hijos.

Vean ustedes, Jacob hizo como le aconsejó su madre y consiguió la Bendición de la Primogenitura siendo hablada sobre él; y cuando vino su hermano, ya había sido dada la bendición de Dios por medio de un profeta hablando esa Palabra de Bendición de la Primogenitura.

La Bendición de la Primogenitura tiene que ser hablada sobre aquellos que han de heredar esa Bendición de la Primogenitura; y ellos la reciben en su alma con un amén y con un agradecimiento a Dios desde lo profundo de su alma. Ellos buscan la bendición de Dios siendo hablada por la Palabra creadora de Dios, por la Palabra que sale de la boca de Dios, del mensajero de Dios para el tiempo en que están viviendo. Para este tiempo final la Bendición de la Primogenitura es hablada sobre todos los hijos e hijas de Dios.

Ahora, vean ustedes, Jacob hizo como su madre le dijo y obtuvo la Bendición de la Primogenitura, gracias a que Jacob tenía una madre de fe; de otra forma la Bendición de la Primogenitura se la hubiera llevado Esaú. Pero siempre Dios hace provisión, Dios provee para que se cumpla Su Programa.

“A Jacob amé y a Esaú aborrecí”5.

Por lo tanto, para el amado de Dios todas las cosas iban a obrar para bien y Dios le iba a proveer siempre los medios para obtener la Bendición de la Primogenitura, porque él era la persona escogida por Dios para tener esa Bendición de la Primogenitura, fue escogido desde antes de la fundación del mundo. Y a los que Dios escogió desde antes de la fundación del mundo todas las cosas les ayudan a bien, porque esos son los amados de Dios, y todas las cosas obran a bien para los que aman a Dios y para los que Dios ama desde antes de la fundación del mundo.

Ahora, en el caso de los hijos de Zebedeo, esta madre estaba haciendo lo mismo que hizo Rebeca con su hijo Jacob, pero ella no logró lo que ella deseaba y lo que deseaban sus hijos. ¿Por qué? Cristo va a decir por qué. Continuemos leyendo [San Mateo 20:22]:

“No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber del vaso que yo he de beber, y ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado?”.

Ellos dijeron: “Sí”, o sea, ellos dijeron:“Podemos”.

Porque cuando una persona está buscando la bendición de Dios, siempre cree de todo corazón que ¡sí podrá!

Nunca vaya buscando las bendiciones de Dios pensando que no puede obtenerlas. Vaya siempre buscándolas, ¡creyendo de todo corazón que sí las puede obtener y que las va a obtener!

“Él les dijo: A la verdad, de mi vaso beberéis, y con el bautismo con que yo soy bautizado, seréis bautizados; pero el sentaros a mi derecha y a mi izquierda, no es mío darlo, sino a aquellos para quienes está preparado por mi Padre”.

O sea, “el sentaros a mi derecha y a mi izquierda, no es mío darlo, sino a aquellos a quienes está preparado”. O sea, no puede darlo a otras personas sino a aquellos a quienes está preparado. ¿Y para quiénes esa posición está ordenada por Dios desde antes de la fundación del mundo? Está ordenada por Dios para aquel que se sentará en el Trono de Cristo con Cristo.

“Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono”6.

Así como Cristo se sentó en el Trono del Padre en el Cielo, en el Templo que está en el Cielo: en el Trono de Cristo (que es el Trono de David) Él dice que Él le dará al vencedor que se siente con Él.

Ese será el vencedor en el cual estará Jesucristo en Espíritu Santo, el Ángel del Pacto, el Verbo manifestado a través de él dando a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto; ese es el que viene con esa doble porción ministerial de Moisés y Elías. Porque son los ministerios de Moisés y Elías los que estarán señalados para el Día Postrero; esos son los ministerios que fueron representados en el Monte de la Transfiguración, uno a cada lado del Señor: a un lado Moisés y al otro lado Elías; esos son los Ángeles con los cuales viene el Hijo del Hombre en Su Venida, porque el Hijo del Hombre vendrá con Sus Ángeles conforme a Apocalipsis y conforme también a San Mateo 16, verso 27 al 28:

“Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras”.

La manifestación de Jesucristo en Espíritu Santo, del Ángel del Pacto a través de carne humana en el Día Postrero, en la manifestación y Venida del Hijo del Hombre en carne humana, vendrá con Sus Ángeles.

En donde esté el Ángel del Pacto, Jesucristo en Espíritu Santo manifestado en carne humana, ahí estarán también los ministerios de los Ángeles del Hijo del Hombre, ahí estarán también los ministerios de Moisés y Elías, los ministerios de los Dos Olivos; y así es como en el Día Postrero la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles es cumplida —conforme a las profecías— para la restauración del Trono de David y del Reino de David, y la restauración del Reino de Dios en este planeta Tierra; y todo esto bajo el Séptimo Sello.

El Séptimo Sello es la Venida del Señor, la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles, es la Venida del Ángel que era diferente a los demás, el cual se encuentra aquíy forma la peluca blanca del Señor Jesucristo. De este Ángel dijo el precursor de la Segunda Venida de Cristo en la página 469 del libro de LosSellosen español, hablando de ese Ángel en esta nube dijo:

“153. ¿Y notaron que dije que uno de esos ángeles era muy raro? Me pareció muy distinto a los demás. Estaban en una constelación con tres a cada lado y uno arriba; y el que estaba a mi lado, contando desde la izquierda hacia la derecha, ese sería el séptimo Ángel. Él era más brillante y significaba más para mí que los demás. Les dije que tenía el pecho así robusto y estaba volando hacia el Oriente. Les dije también que: ‘Me levantó, me alzo(ese fue el Ángel que lo levantó, lo colocó en esta nube formada por ángeles).¿Se acuerdan?

154. Ahora, ¡aquí está! Era el que tenía el Séptimo Sello...”.

Y el Séptimo Sello es la Venida del Hijo de Hombre con Sus Ángeles. Con la Venida de este Ángel en carne humana en el Día Postrero, velado y revelado en el Ángel Mensajero de Jesucristo, tenemos en la Tierra la manifestación del Séptimo Sello, la apertura del Séptimo Sello en cuanto a su cumplimiento y la apertura del Séptimo Sello en cuanto a la revelación de la Venida de ese Ángel siendo dada a conocer Su Venida en carne humana, en el Ángel Mensajero del Señor Jesucristo, con los ministerios de Moisés por segunda vez, de Elías por quinta vez y de Jesús por segunda vez.

Eso es la Venida de este Ángel que era diferente a los demás, en carne humana, en el Ángel del Señor Jesucristo; es la Venida de Hijo del Hombre con Sus Ángeles, es la Venida del Ángel que era diferente a los demás, manifestando los ministerios de Moisés, de Elías y de Jesús en la Venida del Séptimo Sello, en la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles, para la restauración del Trono de David en este tiempo final, en el séptimo milenio.

Si le añadimos al calendario los años de atraso que tiene, ya estamos en el séptimo milenio; si no le añadimos al calendario los años de atraso que tiene, solamente faltan dos o tres años para entrar al séptimo milenio.

La promesa del cumplimiento del Séptimo Sello, de la Venida del Séptimo Sello..., que es la Venida de ese Ángel que era diferente a los demás viniendo en carne humana en el Ángel del Señor Jesucristo y manifestando los ministerios de Moisés por segunda vez, de Elías por quinta vez y de Jesús por segunda vez.

Pero el Ángel del Señor Jesucristo no es el Señor Jesucristo; él es solamente el siervo fiel y prudente, el velo de carne donde estará el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, el Ángel que era diferente a los demás, manifestado en carne humana en el cumplimiento de la apertura del Séptimo Sello, de la apertura del Séptimo Sello en cuanto a su cumplimiento y también en cuanto a la revelación del Séptimo Sello siendo abierta a todos los escogidos de Dios en la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino, en este tiempo final, en donde la Dispensación del Reino se está entrelazando con la Dispensación de la Gracia; y la Dispensación del Reino es la que tiene el Trono de David.

En la Dispensación del Reino será restaurado el Trono de David, para Cristo sentarse en el Trono de David y con Él sentarse el vencedor, el siervo fiel y prudente.

Ahora podemos ver dónde nos encontramos en el Programa Divino: nos encontramos en el tiempo del Séptimo Sello, de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles. Estamos en el tiempo para el Trono de David ser restaurado y sentarse en el Trono de David Cristo, y con Él el vencedor, y sobre todos Sus bienes le pondrá, dice el mismo Cristo.

Ahora, ¿dónde se cumpliría esta promesa del Séptimo Sello, de la Venida del Ángel que era diferente a los demás? ¿Quiénes son la gente que en el Día Postrero estarían viendo la Venida de ese Ángel manifestado en carne humana, manifestando los ministerios de Moisés, de Elías y de Jesús? Aquí estamos, en la América Latina y el Caribe, a la cual le ha tocado la Edad de la Piedra Angular, la Edad de la Venida del Ángel que era diferente a los demás manifestado en carne humana en el Ángel Mensajero del Señor Jesucristo para la restauración del Trono de David y del Reino de David, y para el establecimiento del Reino de Dios en la Tierra, para así reinar con Cristo mil años y luego por toda la eternidad, como reyes y sacerdotes, en el glorioso Reino de nuestro Señor Jesucristo.

Nos ha tocado en la América Latina y el Caribe la parte más gloriosa del Programa Divino, la parte en donde el Séptimo Sello —el Ángel que era diferente a los demás— estará manifestado en la América Latina y el Caribe en el Ángel del Señor Jesucristo, como Hijo del Hombre e Hijo de David, manifestando los ministerios de Sus Ángeles, los ministerios de Moisés y Elías y el ministerio de Jesús.

Hemos visto EL MISTERIO DEL SÉPTIMO SELLO Y LA RESTAURACIÓN DEL TRONO DE DAVID.Hemos visto este gran misterio que Dios tiene reservado para el séptimo milenio.

El séptimo milenio es el Día Postrero, porque un día delante del Señor es como mil años para los seres humanos (Segunda de Pedro, capítulo 3, verso 8, y Salmo 90 y verso 4).

Pueden ustedes buscar también en sus concordancias y en sus Biblias todo lo que Dios habla del Trono de David y del Hijo de David, y también del Reino de David siendo restaurado en este planeta Tierra para el Día Postrero. Nos dice Dios que ese Reino será restaurado. En el capítulo 30, verso 9, de Jeremías, dice:

“... sino que servirán a Jehová su Dios y a David su rey, a quien yo les levantaré”.

Ahora vean cómo servirán a ese Trono de David: el Mesías sentándose sobre el Trono de David y con Él sentándose Su siervo fiel y prudente.

“Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono”.(Apocalipsis, capítulo 3, verso 21).

Esa era la bendición que estaba buscando Jacobo y Juan; bendición que quería la madre de ellos para sus hijos. Pero esta bendición estaba reservada para ser dada en el Día Postrero a quien Dios había ordenado desde antes de la fundación del mundo. Esta es la bendición de los ministerios y para los ministerios de Moisés y Elías, para ellos está reservada esta bendición, la cual es materializada en la manifestación de esos ministerios en carne humana en el Ángel del Señor Jesucristo.

A ese Ángel es al cual Cristo le dará esa bendición que el Padre ha ordenado para ser dada en el Día Postrero; y ahí estarán esos ministerios: en el Trono del Señor, en el Trono de David estarán esos tres ministerios: el de Jesús, el de Moisés y el de Elías.

Ahora, podemos ver el misterio de: “EL SÉPTIMO SELLO Y LA RESTAURACIÓN DEL TRONO DE DAVID”.

Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta noche dándoles testimonio de: “EL SÉPTIMO SELLO Y LA RESTAURACIÓN DEL TRONO DE DAVID”.

Que las bendiciones de Jesucristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes; y todas las bendiciones del Séptimo Sello en la restauración del Trono de David se materialicen sobre cada uno de ustedes y sobre mí también. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Muchas gracias por vuestra amable atención, amados amigos y hermanos presentes, y pasen todos muy buenas noches.

Dejo con ustedes nuevamente al reverendo Miguel Bermúdez Marín para continuar y finalizar en esta noche nuestra parte, dándole gracias a Cristo por Sus bendiciones dadas a nosotros en este tiempo final.

Dios les bendiga y pasen todos muy buenas noches.

“EL SÉPTIMO SELLO Y LA RESTAURACIÓN DEL TRONO DE DAVID”.

[Revisión septiembre 2018]

1San Juan 3:3-5

22 Reyes 2:9 (1-15)

3San Lucas 9:54

4Génesis 27:6

5Romanos 9:13

6Apocalipsis 3:21

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