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Muy buenas noches, amados amigos y hermanos presentes. Es para mí una bendición muy grande estar con ustedes en esta ocasión para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final.

Para lo cual quiero leer dos escrituras; la primera se encuentra en Apocalipsis, capítulo 8, verso 1, y la segunda en San Juan, capítulo 14, verso 1 al 3. Dice así Apocalipsis, capítulo 8, verso 1:

“Cuando abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el cielo como por media hora”.

Y en San Juan, capítulo 14, verso 1 al 3, dice:

“No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí.

En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho (antes); voy, pues, a preparar lugar para vosotros.

Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis”.

Nuestro tema para esta ocasión es: EL SÉPTIMO SELLO, LA ÚNICA ESPERANZA DE LA IGLESIA”.

Este Séptimo Sello del Libro de los Siete Sellos de Apocalipsis es la Segunda Venida de Cristo; por eso causó silencio en el Cielo como por media hora, porque este misterio de la Segunda Venida de Cristo no lo conocía nadie, ni en la Tierra ni en el Cielo tampoco, y cuando fue abierto este misterio en el Cielo causó silencio como por media hora, o sea, las huestes celestiales que cantaban a Dios en el Cielo se callaron y hubo silencio en el Cielo como por media hora.

Vean lo importante que es este Sello que cuando fue abierto en el Cielo se produjo silencio como por media hora, para que así el enemigo de Dios, el diablo, no conociera el secreto de este Séptimo Sello, o sea, no conociera el secreto de la Segunda Venida de Cristo, para que así no fuera interrumpida Su Venida, la Venida de Cristo correspondiente a este tiempo final.

La Segunda Venida de Cristo es la esperanza de Su Iglesia, porque Él viene a buscar Su Iglesia y llevarla a la Casa de nuestro Padre celestial. Él dijo: “… para que donde yo estoy, vosotros también estéis”. Para eso es Su Venida en este tiempo final.

“Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez (esa es Su Segunda Venida), y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis”.

Por cuanto es lo más importante para la Iglesia de Jesucristo, que ella está esperando, nos conviene saber cómo viene Cristo conforme a las Escrituras, o sea, necesitamos conocer las profecías correspondientes a Su Segunda Venida.

Porque ¿cómo vamos a estar esperando Su Venida si no conocemos las profecías de Su Venida? Nos pasaría como al pueblo hebreo, que se cumplió la Venida de Cristo en medio de ellos y no reconocieron Su Venida porque no conocieron el significado de las profecías de la Primera Venida de Cristo; estaban allí en el Antiguo Testamento todas esas profecías de la Venida del Mesías y se cumplieron conforme a como estaban escritas: vino el Mesías a través de una virgen; nació en Belén de Judea, conforme a la profecía de Miqueas, capítulo 5, verso 2, que decía que sería de Belén de Judea el Mesías; y también la Escritura decía en Isaías, capítulo 7, verso 14, que sería por medio de una virgen, porque “la virgen concebiría, y daría a luz un hijo, y se llamaría Su nombre Emanuel (que traducido es: Dios con nosotros)”.

Ahora, vean ustedes cómo todas esas profecías hablaban de la Venida del Mesías.

También en el Génesis, capítulo 3, verso 15, nos habla acerca de la Venida del Mesías y nos dice que sería la simiente de la mujer. Esa promesa que Dios hizo allá, que la simiente de la mujer herirá al diablo en su cabeza (o sea, a la serpiente en su cabeza), esa promesa es mesiánica; y se cumpliría la venida de la simiente de la mujer en el cumplimiento de la Venida del Mesías.

Y cuando nació por medio de una mujer, allí estaba la simiente de la mujer; por medio de una mujer nació el Mesías. Dios en el vientre de María creó la célula de vida, la cual se multiplicó célula sobre célula y se formó así el cuerpo de Jesús; fue por creación divina que vino ese cuerpo llamado Jesús, en donde estaba el Dios Todopoderoso manifestado en carne humana en toda Su plenitud.

Ahora, veamos lo que nos dice el profeta Isaías y también lo que nos dice el profeta Malaquías que sería la Venida del Mesías. Leamos Malaquías, capítulo 3, verso 1 en adelante; dice así:

“He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí…”.

Esto nos dice, o sea, esta escritura nos dice que vendrá un mensajero preparándole el camino al Señor (o sea, preparándole el camino al Mesías), un mensajero, un profeta precursor de la Primera Venida de Cristo.

Y luego, encontramos en Isaías, capítulo 40, que Dios dice que será la voz de uno clamando en el desierto; capítulo 40, verso 3 en adelante:

“Voz que clama en el desierto: Preparad camino a Jehová…”.

¿A quién le estaría preparando el camino? A Jehová, porque Jehová, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Ángel del Pacto, vendría después de ese profeta que le estaría preparando el camino. ¿Pero cómo vendría? En carne humana. Sigue diciendo:

“… enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios.

Todo valle sea alzado, y bájese todo monte y collado; y lo torcido se enderece, y lo áspero se allane.

Y se manifestará la gloria de Jehová, y toda carne juntamente la verá; porque la boca de Jehová ha hablado”.

La gloria de Jehová estaba prometida para ser manifestada; pero antes de ser manifestada vendría un mensajero clamando en el desierto, y ese fue Juan el Bautista; y después vendría la gloria de Jehová manifestada, y toda carne la vería. Y cuando vino la gloria de Jehová manifestada, vino manifestada en carne humana, en un hombre sencillo llamado Jesús de Nazaret.

Cuando Dios promete algo grande, algo glorioso, cuando Él promete manifestar Su gloria, escoge un hombre sencillo, y a través de ese hombre sencillo es manifestada la gloria de Dios. Las personas miran ese hombre y lo ven tan sencillo y no pueden creer que en ese hombre está Dios manifestado en toda Su plenitud; no lo pueden creer, porque tropiezan con el velo de carne sencillo donde está la gloria de Dios manifestada.

Ahora, vean ustedes, en el verso 9 al 10 de este mismo capítulo 40 de Isaías dice así:

“Súbete sobre un monte alto, anunciadora de Sion; levanta fuertemente tu voz, anunciadora de Jerusalén; levántala, no temas; di a las ciudades de Judá: ¡Ved aquí al Dios vuestro!

He aquí que Jehová el Señor vendrá con poder, y su brazo señoreará; he aquí que su recompensa viene con él, y su paga delante de su rostro”.

Ahora, vean ustedes, cuando vino el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob al pueblo hebreo, Juan el Bautista le estaría preparando el camino, porque él fue el precursor de la Primera Venida de Cristo. En Malaquías, capítulo 3 (donde estábamos leyendo antes de la lectura de Isaías), nos habla de Juan el Bautista diciendo:

“He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí (vamos a ver a quién Juan el Bautista le estaría preparando el camino); y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis…”.

El Señor Dios Todopoderoso, Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, que el pueblo hebreo buscaba en el templo en Jerusalén, ahora vendría y Juan el Bautista le estaría preparando el camino.

“… y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros”.

¿Quién vendría? El Señor, el Ángel del Pacto, que es el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, llamado el Ángel de Jehová. Ahora podemos ver quién vendría, podemos ver a quién Juan el Bautista le estaba preparando el camino.

En San Juan, capítulo 1, verso 1 al 18, nos dice:

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.

Este era en el principio con Dios.

Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.

En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.

La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella.

Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan.

Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él.

No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz.

Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo.

En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció.

A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.

Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;

los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.

Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad”.

Ahora vean quién fue el que vino después de Juan el Bautista: fue el Verbo, que era con Dios, y era Dios, y creó todas las cosas; por Él fueron hechas todas las cosas.

Génesis, capítulo 1, verso 1, dice: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”.

¿Quién es el Creador de los Cielos y de la Tierra? Dios, que es el Verbo, el cual se hizo carne y habitó en medio del pueblo hebreo.

Ahora, cuando se habla del Verbo haciéndose carne, se está hablando del mismo Dios Todopoderoso, el cual con Su cuerpo teofánico, llamado el Verbo de Dios, que es el cuerpo de la teofanía, el cuerpo de la Palabra, en el cual Dios estaba cuando creó todas las cosas...; y ese cuerpo teofánico de Dios, llamado el Verbo, es un cuerpo parecido a nuestro cuerpo pero de la sexta dimensión, de otra dimensión.

En ese cuerpo le apareció Dios a Adán, les apareció también a los demás profetas en diferentes ocasiones, le apareció a Noé, le apareció a Abraham, le apareció a Moisés y a muchos profetas más, a los padres de Sansón también; cuando ellos veían al Ángel de Jehová, un Ángel (o sea, un varón de otra dimensión), ellos estaban viendo a Dios en Su cuerpo teofánico.

Por eso es que cuando Jacob luchó con el Ángel de Jehová, vean lo que él dijo y la bendición que él recibió. Dice en el capítulo 32, verso 24 en adelante (vamos a ver), dice así:

“Así se quedó Jacob solo; y luchó con él un varón hasta que rayaba el alba (o sea, un hombre estaba luchando con Jacob y Jacob con él).

Y cuando el varón vio que no podía con él, tocó en el sitio del encaje de su muslo, y se descoyuntó el muslo de Jacob mientras con él luchaba.

Y dijo (el Ángel): Déjame, porque raya el alba. Y Jacob le respondió: No te dejaré, si no me bendices”.

O sea que Jacob sabía con quién estaba luchando, por eso no lo soltaba. Y cuando una persona se agarra de Jesucristo, nunca lo soltará: se mantendrá agarrado de Él para recibir las bendiciones del Cielo y vivir eternamente con Cristo en un cuerpo eterno.

Ahora, Jacob quería la bendición de Dios; y eso es lo que toda persona tiene que buscar, y luchar por esa bendición.

“Y el varón le dijo: ¿Cuál es tu nombre? Y él respondió: Jacob (recuerden que Jacob significa ‘suplantador’).

Y el varón le dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido”.

Ahora, Israel significa ‘príncipe con Dios’, es un nombre de príncipe, y ahora Jacob tiene esa bendición.

“Entonces Jacob le preguntó, y dijo: Declárame ahora tu nombre. Y el varón respondió: ¿Por qué me preguntas por mi nombre? Y lo bendijo allí.

Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar, Peniel; porque dijo: Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma”.

Ahora vean ustedes, Jacob vio a Dios cara a cara y fue librada su alma, dice el mismo Jacob; pero aun con todo y eso la Biblia dice: “Nadie jamás ha visto a Dios”1a, porque no lo verá hombre y vivirá. Dios le dijo a Moisés: “No podrás ver mi rostro; porque no me verá hombre, y vivirá”1b.

Ahora, ¿cómo puede ser posible, entonces, que Jacob diga que vio a Dios cara a cara? También Manoa con su esposa, los padres de Sansón, pensaron que iban a morir, o por lo menos Manoa; y su esposa le dijo que no iban a morir: “No puede ser posible que vayamos a morir, porque Él nos prometió que vamos a tener un hijo”. O sea, es algo lógico: si van a tener un hijo, pues no van a morir; pero quizás Manoa podía pensar: “Pero puede ser que después que conciba mi esposa entonces yo me muera”. ¿Y por qué pensaba Manoa que iba a morir? Porque había visto a Dios cara a cara, le decía Manoa a su esposa2.

Pero vean ustedes, con todo y eso la Biblia dice que nadie jamás ha visto a Dios. San Juan, capítulo 1, verso 18, dice así:

“A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer”.

Ahora podemos ver que la Escritura dice que nadie jamás ha visto a Dios. ¿Y por qué estas personas dicen que han visto a Dios? Porque vieron a Dios. Pero ahora, para que usted pueda entender ese misterio: yo no los estoy viendo ustedes ni ustedes me están viendo a mí; pero ustedes me dicen: “Eso es imposible. Yo lo estoy viendo a usted y usted me está viendo a mí”. Yo estoy viendo su casa terrenal, su cuerpo físico, pero usted es alma viviente y está dentro de ese cuerpo; y yo no lo estoy viendo a usted, yo no estoy viendo su alma: yo estoy viendo su cuerpo físico. Y yo soy alma viviente y vivo en este cuerpo mortal, corruptible y temporal; y usted cuando ve este cuerpo, usted ve mi casa terrenal, pero usted no está viendo mi alma.

Ahora pueden ustedes comprender que ustedes me están viendo pero no me están viendo, y yo los estoy viendo a ustedes pero no los estoy viendo a ustedes; yo estoy solamente viendo su cuerpo terrenal y ustedes están viendo mi cuerpo terrenal.

Cuando Manoa vio a Dios y cuando Jacob vio a Dios, no estaba viendo a Dios, estaba viendo Su casa, Su cuerpo teofánico de la sexta dimensión, llamado el Ángel de Jehová. Así como cuando yo los veo a ustedes yo puedo decirle el nombre suyo (si lo conozco), y usted puede decirme a mí mi nombre y decir que usted está viendo a tal persona; y así fue en el Antiguo Testamento: ellos dijeron que estaban viendo a Dios al estar viendo al Ángel de Jehová.

El Ángel de Jehová es el mismo Dios pero en Su cuerpo teofánico, el cuerpo teofánico de Dios de la sexta dimensión, que es parecido a este cuerpo que nosotros tenemos. Por eso les apareció en un cuerpo de un varón, de un hombre de otra dimensión, de la sexta dimensión; y estando en ese cuerpo fue que Dios creó los Cielos y la Tierra.

Ahora, la noticia es que el Creador de los Cielos y de la Tierra es un hombre de otra dimensión, el cual es el mismo Dios en Su cuerpo teofánico. ¿Vieron lo sencillo que es todo?

Ahora podemos ver que luego ese hombre de la sexta dimensión, llamado el Ángel de Jehová o Ángel del Pacto, prometió que vendría en carne humana y que enviaría para preparar Su camino a un profeta, el cual fue Juan el Bautista; y vino Juan el Bautista anunciando que después de él vendría un varón (o sea, un hombre) el cual era primero que él, y el cual es mayor que Juan, y el cual los bautizaría con Espíritu Santo y Fuego.

El precursor solamente los bautizaría en agua al arrepentirse las personas, pero el que vendría después de él los bautizaría con Espíritu Santo y Fuego, porque es el Ángel de Jehová, Él es el que bautiza con Espíritu Santo y Fuego; y Él vendría en un cuerpo de carne humana, aquel Ángel de Jehová con el cual luchó Jacob vendría en un cuerpo de carne. Y cuando creó en el vientre de María aquella célula de vida, la cual se multiplicó célula sobre célula, y a los nueve meses nació aquel cuerpecito en Belén de Judea y le pusieron por nombre Jesús, ese es el cuerpo físico que Dios tendría para llevar a cabo Su Obra de Cordero de Dios muriendo en la Cruz del Calvario.

Vean ustedes, así como Dios creó al ser humano a Su imagen y semejanza… Vean ustedes, la imagen de Dios es el cuerpo teofánico de Dios, y el ser humano antes de venir a la Tierra recibió un cuerpo teofánico de la sexta dimensión —así hizo Dios con Adán— y luego le creó un cuerpo físico de esta dimensión; pero Dios todavía no tenía un cuerpo físico de esta dimensión, no tenía un cuerpo de carne, pero ya en la mente de Dios todo eso estaba ordenado.

Por eso San Pedro, hablándonos acerca de ese misterio de la Primera Venida de Cristo, nos dice en Primera de Pedro, capítulo 1, versos 18 en adelante, nos dice de la siguiente manera, hablándonos acerca de la forma en que Él nos ha rescatado:

“… sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata,

sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación,

ya destinado desde antes de la fundación del mundo…”.

¿Desde cuándo? “Desde antes de la fundación del mundo” fue destinado el Cordero de Dios para venir en carne humana y morir en la Cruz del Calvario.

“… pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros (y por amor a mí también)”.

Ahora podemos ver que fue manifestado en los postreros tiempos; se materializó, se hizo carne eso que Dios había ordenado. Desde antes de la fundación del mundo ya eso estaba ordenado en la mente de Dios, en el Programa Divino, pero fue manifestado en los postreros tiempos, los cuales comenzaron cuando Cristo tenía de 4 a 7 años de edad; pues cuando Cristo tenía de 4 a 7 años de edad comenzó el quinto milenio, que es el primero de los días postreros. “Porque un día delante del Señor es como mil años, y mil años como un día”.

Cuando Dios habla de los días postreros, para los seres humanos son los milenios postreros. Por eso San Pedro dice que no podemos ignorar esta verdad; dice:

“Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día”.

Y también el profeta Moisés, en el Salmo 90 y verso 4, nos habla de esta verdad; pero aquí, Segunda de Pedro, capítulo 3, verso 8, nos dice que un día delante del Señor es como mil años y mil años como un día.

Ahora podemos ver también lo que Jesús dijo con relación a los creyentes en Él que luego morirían en las diferentes edades, a través del tiempo, pero que morirían habiendo creído en Jesucristo como nuestro Salvador y habiendo lavado nuestros pecados en la Sangre de Cristo y habiendo recibido Su Espíritu Santo. Él dice para esas personas que morirían salvas, Él dice: “Y yo le resucitaré en el Día Postrero”. (San Juan, capítulo 6, verso 39 al 40).

Ahora podemos ver que el que cree en Jesucristo y lava sus pecados en la Sangre de Cristo, y recibe Su Espíritu, vivirá eternamente; Cristo dijo que viviría eternamente.

¿Pero por qué se muere el cuerpo físico de los creyentes en Dios? Porque se les cumple el tiempo de vivir en la Tierra en estos cuerpos mortales; pero tienen la promesa de que en el Día Postrero, que es el séptimo milenio, Jesucristo los resucitará; y a nosotros los que vivimos, cuando Él resucite a los santos que han partido, nosotros seremos transformados; y viviremos con Cristo por toda la eternidad en un cuerpo eterno, inmortal e incorruptible que permanecerá joven por toda la eternidad, representando de 18 a 21 años de edad.

Ahora, vean el por qué es tan importante la Segunda Venida de Cristo.

Para la Segunda Venida de Cristo tenemos la promesa de la resurrección de los muertos en Cristo y de la transformación de nosotros los que vivimos.

Y para poder ser transformados Cristo viene con Gran Voz de Trompeta, viene con esa Trompeta de Dios llamando y juntando a todos Sus escogidos. Sin ese llamado y recogimiento de los escogidos de Dios no hay transformación para los que estemos vivos ni resurrección para los muertos en Cristo.

Por eso es que San Pablo nos dice en Primera de Tesalonicenses, capítulo 4, versos 13 en adelante:

“Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza.

Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él.

Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron.

Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero.

Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.

Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras”.

Son palabras de consuelo, de aliento para los hijos de Dios, saber que la Venida de Cristo es para la resurrección de los muertos en Cristo en cuerpos eternos y para la transformación nuestra, para ir a la Casa de nuestro Padre celestial, a la Cena de las Bodas del Cordero.

“… voy, pues, a preparar lugar para vosotros.

Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis”.

Ahora, vean lo que dijo el precursor de la Segunda Venida de Cristo en la página 47 del libro de Citas:

402 - “Y nosotros que vivimos y hayamos quedado hasta la venida del Señor, no evitaremos o impediremos a los que duermen. Esos preciosos que sellaron su testimonio con su sangre. ‘No impediremos o estorbaremos a los que duermen, porque sonará la trompeta’. Algo acontecerá, ese algo evangélico sonará, el anuncio de Su venida. ‘Y los muertos en Cristo resucitarán primero. Y nosotros los que vivimos y permanezcamos seremos transformados’. Parados allí, y sentir un cambio; el pelo canoso se irá, las arrugas cesarán, cambiados en un momento, en un abrir de ojos. Y encontraremos a nuestros amados primero”.

Ahora vean cómo el precursor de la Segunda Venida de Cristo nos habla de esa resurrección para los muertos en Cristo y la transformación para nosotros los que vivimos; y nos habla de esa Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta, diciéndonos qué es ese “algo evangélico” que sonará la Venida del Señor: es la Trompeta del Evangelio del Reino sonando, proclamando, revelando la Segunda Venida de Cristo nuestro amado Señor Jesucristo, nuestro Salvador.

Ahora, ¿cómo será Su Venida? Tenemos que entender cómo será Su Venida, porque de otra manera nos pasaría como al pueblo hebreo: que se cumplió la Venida de Cristo y todavía están esperando la Primera Venida de Cristo (y para este tiempo corresponde la Segunda Venida de Cristo); pero el pueblo hebreo no pudo ver, no pudo comprender lo que fue la Primera Venida de Cristo.

El precursor de Su Primera Venida vino, dio su Mensaje y con su Mensaje presentó al hombre en el cual se cumplió la Primera Venida de Cristo. Juan decía3: “Yo no lo conocía; pero el que me dijo que viniese bautizando me dijo que sobre aquel que yo viera el Espíritu Santo descender en forma de paloma, ese era Él, ese era el hombre, ese era el Mesías. Y yo le vi”. ¿Cuándo lo vio? Cuando lo bautizó, el Espíritu Santo vino en forma de paloma sobre Jesús.

Y ahora, Juan estuvo anunciando la Primera Venida de Cristo y estuvo enseñando al pueblo que después de él (de Juan) vendría un hombre, o sea, un profeta, el cual los bautizaría con Espíritu Santo y Fuego; él les enseñó que creyesen en ese hombre que vendría después de él.

Porque un precursor si no enseña al pueblo que crean en ese hombre que vendrá después de él, ¿para qué fue enviado entonces como precursor? Es enviado como precursor para preparar al pueblo, para que sepan que después de ese hombre viene otro hombre, otro profeta, al cual deben recibir para recibir las bendiciones que él trae; y las bendiciones que Él trajo en Su Primera Venida, encontramos que fue nuestra redención y el Espíritu Santo para ser dado a todo creyente en nuestro amado Señor Jesucristo.

Ahora, ¿quiénes recibirían la redención, la salvación?, ¿y quiénes recibirían el Espíritu Santo? ¿Los que creyesen en Juan el Bautista o los que creyesen en Jesús? No era suficiente creer solamente en Juan el Bautista, porque Juan el Bautista fue el precursor, anunciando que después de él vendría otro hombre, para que todos creyesen en Ese que vendría después de Juan el Bautista. Y los que siguieron a Juan el Bautista y no creyeron en Jesús no recibieron el Espíritu Santo, por consiguiente tampoco sus pecados habían sido lavados en la Sangre de Cristo.

Pero miren lo que dice San Pablo en el libro de los Hechos, capítulo 19, cuando se encontró con unos discípulos de Juan el Bautista; dice así:

“Aconteció que entre tanto que Apolos estaba en Corinto, Pablo, después de recorrer las regiones superiores, vino a Éfeso, y hallando a ciertos discípulos,

les dijo: ¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis? Y ellos le dijeron: Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo.

Entonces dijo: ¿En qué, pues, fuisteis bautizados? Ellos dijeron: En el bautismo de Juan”.

Eran discípulos del precursor de la Primera Venida de Cristo; y por cuanto eran solamente discípulos de Juan el Bautista, el precursor, no podían recibir el Espíritu Santo, porque después de creer en el precursor se requería creer en el precursado para recibir las bendiciones de la Primera Venida de Cristo.

Y así es para la Segunda Venida de Cristo: no bastará solamente creyendo en el precursor de la Segunda Venida de Cristo. Para recibir nuestra transformación tenemos que creer en Aquel que él ha dicho que vendrá después de él, porque él está precursando a uno que vendrá después de él.

Ahora veamos lo que sucedió con los discípulos de Juan el Bautista:

“Dijo Pablo: Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en aquel que vendría después de él, esto es, en Jesús el Cristo”.

Ahora, la labor del precursor era preparar al pueblo y enseñarle que después de él vendría el Mesías, vendría Aquel al cual él le estaba preparando el camino, y que todos los que habían creído en el precursor creyeran en el precursado, creyeran en Jesús para recibir el Espíritu Santo; porque el que bautizaría con agua sería Juan el Bautista, pero el que bautizaría con el Espíritu Santo sería Jesús, el precursado.

Para recibir el bautismo en agua, recibiendo a Juan el Bautista, vean ustedes, lo estaban recibiendo ellos; pero para recibir el Espíritu Santo se requería creer en Cristo.

Ahora, tenemos la promesa para el Día Postrero que seremos llenos de la plenitud del Espíritu Santo; y para recibirlo estaremos creyendo en Aquel al cual el precursor de la Segunda Venida de Cristo le preparó el camino. Él dijo que vendría, y él dijo que si él lo veía le diría a su grupo, a su congregación: “Este es el hombre”, y se uniría a él y seguiría a Ese al cual él le estaba preparando el camino4.

En una ocasión dijo el precursor de la Segunda Venida de Cristo en el mensaje “Mire a Jesús”, él dijo: “Yo no moriré de viejo hasta que Él esté aquí”5.

Ahora, podemos ver que él estaba esperando la Venida de Aquel al cual él le estaba preparando el camino. Ese es el que viene con la Gran Voz de Trompeta llamando y juntando a todos los escogidos de Dios, ese es el que viene con la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino revelando el misterio de la Segunda Venida de Cristo, revelando el misterio del Séptimo Sello, que es la Segunda Venida de Cristo. Por eso el precursor dijo que el Séptimo Sello sería abierto en la Venida del Señor.

En la página 482 y 483 del libro de Los Sellos, dijo el precursor de la Segunda Venida de Cristo, el reverendo William Branham:

[199]. Vemos, pues, que es un misterio por completo, y la hora todavía no ha llegado para que se diera a conocer este misterio (está hablando de la apertura del Séptimo Sello). Hemos llegado hasta aquí, y lo demás nos será dado allí: en el tiempo cuando aparezca Jesús nuevamente sobre la Tierra para llamar a Su Novia… (¿Para qué viene? Para llevarse Su Novia a la Cena de las Bodas del Cordero)”.

Recuerden que en la parábola de las diez vírgenes, en la Venida del Señor, del Esposo, las que estaban preparadas entraron con Él a las Bodas y se cerró la puerta (San Mateo, capítulo 25, verso 10 al 13); y luego vinieron las otras vírgenes tocando la puerta y diciendo: “Señor, ábrenos”, y Él dijo: “De cierto os digo que no os conozco”. Ahora vean lo que Cristo dice aquí:

“Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir”.

Cristo, hablando de la Venida del Hijo del Hombre, que es la Venida del Esposo, dijo en San Mateo, capítulo 16, verso 27, de la siguiente manera:

“Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras”.

¿Con quién viene? Con Sus Ángeles. Sus Ángeles aparecen también en San Mateo 24, verso 31, y dice:

“Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos…”.

Esos Ángeles son los Dos Olivos o Dos Candeleros de Apocalipsis, capítulo 11, verso 3 en adelante, y Zacarías, capítulo 4. Son los ministerios de Moisés y Elías repitiéndose en este tiempo final.

Y ahora, ¿dónde encontraremos esos ministerios en el Día Postrero, en la Venida del Hijo del Hombre? El precursor de la Segunda Venida de Cristo, por cuanto estuvo preparándole el camino a la Segunda Venida de Cristo, por cuanto viene con Sus Ángeles el Hijo del Hombre, entonces tiene que hablar de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles, tiene que hablar de la Venida de Jesús con Moisés y Elías, que son los Ángeles del Hijo del Hombre.

Y ahora, cuando nos habla de Moisés y Elías, que son los Dos Olivos, vean ustedes, el ministerio de Elías fue manifestado miles de años atrás. En Elías Tisbita estuvo aquel ministerio de parte de Dios, en Elías estaba el Espíritu de Dios manifestando ese ministerio.

Luego estuvo por segunda vez en otro hombre llamado Eliseo. Los hijos de los profetas cuando vieron a Eliseo que abrió el Jordán con el manto de Elías luego que Elías ya se había ido en un carro de fuego o platillo volador, los hijos de los profetas dijeron: “El espíritu de Elías ha reposado sobre Eliseo”. Allí estaba el ministerio de Elías manifestado en otro hombre llamado Eliseo; esa fue la segunda ocasión en que el ministerio de Elías estuvo en la Tierra manifestado en un hombre.

La tercera ocasión fue en otro hombre llamado Juan el Bautista. Por eso Jesús dijo: “Si ustedes lo quieren recibir, él es aquel Elías que había de venir”, San Mateo, capítulo 11, verso 14; y San Mateo, capítulo 17, verso 10 en adelante, nos habla también de que Juan el Bautista es el Elías que tenía que venir en ese tiempo.

Cuando bajaron del Monte de la Transfiguración, en donde los discípulos habían visto a Jesús transfigurado, con Su rostro como el sol, y vieron a cada lado de Jesús a Moisés a un lado y a Elías al otro lado, ahora cuando descienden del Monte de la Transfiguración le hacen una pregunta a Jesús. Vean, San Mateo, capítulo 17, verso 10 al 13, dice:

“Entonces sus discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Por qué, pues, dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero?

Respondiendo Jesús, les dijo: A la verdad, Elías viene primero, y restaurará todas las cosas.

Mas os digo que Elías ya vino, y no le conocieron, sino que hicieron con él todo lo que quisieron; así también el Hijo del Hombre padecerá de ellos.

Entonces los discípulos comprendieron que les había hablado de Juan el Bautista”.

Aquí tenemos dos lugares en donde Jesucristo identifica a Juan el Bautista como el Elías precursor de la Primera Venida de Cristo. ¿Y saben quién más identificó a Juan el Bautista como Elías? El Arcángel Gabriel, cuando le dijo al sacerdote Zacarías (verso 13 en adelante, de San Lucas, capítulo 1):

“Pero el ángel le dijo: Zacarías, no temas; porque tu oración ha sido oída, y tu mujer Elisabet te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Juan.

Y tendrás gozo y alegría, y muchos se regocijarán de su nacimiento;

porque será grande delante de Dios. No beberá vino ni sidra, y será lleno del Espíritu Santo, aun desde el vientre de su madre.

Y hará que muchos de los hijos de Israel se conviertan al Señor Dios de ellos.

E irá delante de él con el espíritu y el poder de Elías…”.

¿Cómo vendría Juan el Bautista? Vendría delante del Mesías con el espíritu y el poder de Elías; y después vendría el Mesías, el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, que era el mismo Dios manifestado en carne humana en aquel velo de carne llamado Jesús. Dice:

“… para hacer volver los corazones de los padres a los hijos, y de los rebeldes a la prudencia de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto”.

Esa fue la tercera ocasión en que el ministerio de Elías estuvo manifestado en la Tierra en un hombre, en un profeta; pero él no era Elías literalmente, era otro hombre en el cual el Espíritu de Dios colocó el ministerio de Elías por tercera ocasión.

La cuarta ocasión en que el ministerio de Elías ha estado manifestado en la Tierra en carne humana fue en el reverendo William Branham, precursor de la Segunda Venida de Cristo, para hacer volver el corazón de los hijos a la fe de los padres, los apóstoles.

Y la promesa es que el ministerio de Elías estará manifestado nuevamente en la Tierra, en este tiempo final, como uno de los Dos Olivos y de los Dos Candeleros de Apocalipsis, capítulo 11, verso 3 en adelante, y Zacarías, capítulo 4.

Ahora, ¿cómo será que estarán los ministerios de Moisés y Elías manifestados aquí en la Tierra? Veamos lo que el precursor de la Segunda Venida de Cristo dice que será el quinto Elías, o sea, que será la manifestación del ministerio de Elías por quinta ocasión. En la página 399 del libro de Los Sellos en español, le hacen la pregunta número 11 con relación a Elías, el que le predicará al pueblo hebreo, y la pregunta es la siguiente:

“11. El Elías que viene a predicar a los judíos, ¿es el verdadero Elías que estuvo en los días de Achab, o será solamente el espíritu de Elías en otro hombre?

(La contestación es):

[94]. Yo he pensado que será un hombre de este tiempo ungido con ese espíritu…”.

El quinto Elías será un hombre de este tiempo ungido con ese espíritu, como fue el segundo Elías (Eliseo) un hombre ungido con el espíritu y ministerio de Elías. Y el tercer Elías fue Juan el Bautista, un hombre ungido con ese ministerio y espíritu del profeta Elías. Y el cuarto Elías fue un hombre ungido con ese espíritu, con ese ministerio del profeta Elías; fue el reverendo William Branham. Y el quinto Elías será un hombre ungido de este tiempo con ese espíritu.

El que tiene ministerios es el Espíritu Santo. Juan el Bautista fue lleno del Espíritu Santo aun desde el vientre de su madre y el Espíritu Santo fue el que operó ese ministerio de Elías en Juan el Bautista, lo operó por tercera ocasión. Ese es el que opera los ministerios porque es el único que tiene ministerios; esos son dones ministeriales que son manifestados por el Espíritu de Dios en este planeta Tierra en seres humanos.

Para este tiempo final tenemos la promesa de la venida de Elías por quinta ocasión. La venida de Elías por quinta ocasión está profetizada en la Biblia para el recogimiento de los escogidos de Dios; él es uno de los Ángeles que viene con la Gran Voz de Trompeta llamando y juntando a los escogidos de Dios; y ese mensajero, Elías en su quinta ocasión, es también el Ángel Mensajero del Señor Jesucristo que le dio a Juan el apóstol la revelación del Apocalipsis; y ese Ángel Mensajero es el que viene ungido por el Espíritu Santo para llamar y juntar 144.000 hebreos luego que haya terminado su labor en medio de la Iglesia de Jesucristo.

Por eso aparece en Apocalipsis, capítulo 7, con el Sello del Dios vivo. El Sello del Dios vivo es el Espíritu Santo. Viene con el Espíritu Santo ungido con el ministerio de Elías para llamar y juntar 144.000 hebreos. Ahora, encontramos que será un hombre ungido —de este tiempo— con el espíritu de Elías, o sea, con ese ministerio. Ahora podemos ver el misterio de la venida de Elías por quinta ocasión.

Por eso encontramos que en la vida del precursor de la Segunda Venida de Cristo se reflejó la venida de Elías por quinta ocasión, se reflejó también la venida de Moisés por segunda ocasión y se reflejó la venida de Jesús por segunda ocasión.

Por eso lo encontramos en sueños y visiones que él tuvo (o que tuvieron otras personas) apareciendo en un caballo blanco, un caballo militar, y vestido con vestidura de indio, de jefe indio; nos está hablando de la Venida de Cristo como Rey de reyes y Señor de señores en un caballo blanco, como lo muestra Apocalipsis, capítulo 19. Eso es lo que se está reflejando en estos sueños y visiones donde aparecía el precursor de la Segunda Venida de Cristo en un caballo blanco.

Ahora, él dice en el libro de Citas, que contiene un extracto de un mensaje titulado “El único lugar provisto de Dios para adorar” (página 1 y página 2), dice así [Pág. 166]:

1485 - “Ahora, yo estaba poniéndome bastante viejo y pensé: ‘¿Habrá otro avivamiento, veré otro tiempo?’. Y tan sólo recuerden, del Oeste vendrá un jinete en un caballo blanco. Cabalgaremos esta senda otra vez. Eso es correcto. Tan pronto como estemos listos. ¿Ven ustedes?, es una promesa”.

Si es una promesa, tiene que estar en la Biblia, porque no puede ser otro jinete para traer un avivamiento, o sea, un despertamiento espiritual. Durante las siete edades, Cristo en los ángeles mensajeros que Él envió, trajo un despertamiento o avivamiento espiritual en cada edad, donde fueron llamados y juntados todos los escogidos de Dios. Y para este tiempo final, para la Edad de la Piedra Angular, viene un Jinete en un caballo blanco para traer un avivamiento: el despertamiento final de la Iglesia del Señor Jesucristo, para ser llamada, juntada y preparada para ser transformada en este tiempo final e ir con Cristo a la Casa de nuestro Padre celestial, a la Cena de las Bodas del Cordero.

Ahora, este Jinete del caballo blanco que viene del occidente, aquí encontramos de dónde vendrá ese Jinete en ese caballo blanco. Y ya Cristo ha venido manifestado en la porción correspondiente a cada edad en cada mensajero, en el territorio donde envió a cada mensajero. Y después del ministerio de esos siete ángeles mensajeros, ¿qué otra manifestación de Cristo está prometida? Está prometida la manifestación de Cristo viniendo en un caballo blanco como la nieve; y eso es para la Edad de la Piedra Angular, y el territorio es en el occidente.

Ya en la parte norte del occidente, o sea, del continente americano, ya se cumplió la séptima edad de la Iglesia gentil y el recorrido de Cristo a través de Su séptimo ángel mensajero de la séptima edad de la Iglesia gentil; y ahora solamente queda la América Latina y el Caribe para la Venida de ese Jinete en ese caballo blanco, para recorrer esta senda ministerial en la Edad de la Piedra Angular y traer el despertamiento o avivamiento de la Iglesia del Señor Jesucristo, que es producido por los Siete Truenos de Apocalipsis, capítulo 10; porque el despertamiento o avivamiento del Día Postrero lo traen los Siete Truenos. Página 212 del libro de Los Sellos en español dice así:

[104]. La Novia todavía no ha tenido un avivamiento; todavía no ha habido allí ningún avivamiento, ninguna manifestación de Dios para sacudir a la Novia. Estamos esperando eso. Se necesitarán esos Siete Truenos misteriosos para despertarla. Él los mandará, lo ha prometido”.

¿Y qué es lo que revelan los Siete Truenos? El Séptimo Sello, el misterio del Séptimo Sello, que es la Segunda Venida de Cristo. Y el Ángel que era diferente a los demás, de los que aparecieron en esta nube formada por ángeles en febrero 28 de 1963, encontramos que es el Ángel que se encuentra aquí volando y es el que tiene el Séptimo Sello.

El precursor de la Segunda Venida de Cristo dijo, hablando de estos ángeles, en la página 469 [Los Sellos], primer párrafo dice:

“153. ¿Y notaron que dije que uno de esos ángeles era muy raro? Me pareció muy distinto a los demás. Estaban en una constelación con tres a cada lado y uno arriba; y el que estaba a mi lado, contando desde la izquierda hacia la derecha, ese sería el séptimo Ángel. Él era más brillante y significaba más para mí que los demás. Les dije que tenía el pecho así robusto y estaba volando hacia el Oriente. Les dije también que: ‘Me levantó, me alzó’. ¿Se acuerdan?

154. Ahora, ¡aquí está! Era el que tenía el Séptimo Sello, lo cual he mantenido como una pregunta en mi mente toda mi vida. ¡Amén! Los otros Sellos significaron mucho para mí, desde luego; pero ustedes no se imaginan lo que ha significado este séptimo”.

Ahora, ¿cuál de estos ángeles que están aquí tiene el Séptimo Sello? El Ángel que era diferente a los demás, este Ángel; ese fue el que levantó al precursor de la Segunda Venida de Cristo y lo colocó en esta nube. Y allí estaban los siete ángeles mensajeros de las siete edades de la Iglesia gentil y un Ángel que era diferente a los demás; todos estaban en sus cuerpos teofánicos.

Los siete ángeles mensajeros para tener sus ministerios tuvieron que venir en carne humana manifestados, y tuvieron sus ministerios; y para este Ángel que es diferente a los demás, tener Su ministerio, el ministerio del Séptimo Sello, el ministerio correspondiente a la Tercera Etapa, tiene que venir manifestado en carne humana en el Día Postrero para poder tener Su ministerio, el ministerio del Séptimo Sello, y abrirse el Séptimo Sello en cuanto a su cumplimiento, y ser dado a conocer al pueblo de Dios el misterio del Séptimo Sello manifestado en la Tierra, el misterio de la Venida de ese Ángel que era diferente a los demás, que es el que tiene el Séptimo Sello manifestado en la Tierra en carne humana. Es la Venida del Ángel que era diferente a los demás, el Séptimo Sello siendo revelado a la Iglesia de Jesucristo en este tiempo final.

Y ahora veamos lo que será la Venida de ese Ángel, porque eso será la Venida del Jinete del caballo blanco que viene del occidente para traer el despertamiento, el avivamiento final a la Iglesia del Señor Jesucristo, para recibir la fe para ser raptados en este Día Postrero. Para ser transformados y raptados se requiere recibir la Venida de ese Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19. En la página 128 y 131 del libro de Los Sellos dice así:

“121. Ahora, los Siete Truenos de Apocalipsis permitirán que Él muestre a la Novia cómo prepararse para obtener esa gran fe de traslación”.

Para obtener esa gran fe de traslación se necesita escuchar los Siete Truenos emitiendo sus voces y revelando el misterio del Séptimo Sello, el misterio de la Venida del Señor, el misterio de la Venida del Ángel que era diferente a los demás.

En la página 131 del libro de Los Sellos dice:

“131. Y ahora Jesús: Su Nombre sobre la Tierra fue Jesús el Redentor, porque fue el Redentor cuando estuvo sobre la Tierra; pero cuando conquistó el infierno y la muerte, los venció y ascendió, entonces recibió un nuevo Nombre. Por esa razón es que gritan y hacen tanto ruido y no reciben nada. Será revelado en los Truenos.

132. Fíjense en el misterio. Él viene cabalgando. Tiene que haber algo para cambiar esta iglesia. Ustedes saben eso. ¡Tiene que venir algo! Ahora noten: Nadie entendía ese nombre, sino Él mismo.

‘Y estaba vestido de una ropa teñida en sangre: y su nombre es llamado EL VERBO DE DIOS.

Y los ejércitos que están en el cielo le seguían en caballos blancos, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio.

Y de su boca sale una espada aguda, para herir con ella las gentes; y él los regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor, y de la ira del Dios Todopoderoso.

Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES’.

Apocalipsis 19:13-16

133. Allí viene el Mesías, allí es donde está”.

Y ahora, vamos a ver lo que es la Venida de este Jinete del caballo blanco. En la página 277 del libro de Los Sellos en español, orando dice el precursor de la Segunda Venida de Cristo:

“[240]. … pedimos que el Espíritu Santo venga ahora mismo, el Jinete del verdadero caballo blanco, mientras Su Espíritu, el Espíritu de Cristo, entre en confrontación con el anticristo, y Él llame los Suyos”.

Y ahora, ¿qué será el cumplimiento de la Venida de ese Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19? Página 256 del libro de Los Sellos en español dice:

“121. Pero cuando nuestro Señor aparezca sobre la Tierra, Él vendrá sobre un caballo blanco como la nieve, y será completamente Emmanuel —la Palabra de Dios encarnada en un hombre”.

Eso será la Venida del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, al cual el precursor de la Segunda Venida de Cristo le estuvo preparando el camino, y dijo que vendría del occidente; o sea que la Palabra vendrá en carne humana en un occidental, en un hombre del occidente vendrá el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis; vendrá el Ángel del Pacto, el Ángel que era diferente a los demás vendrá manifestado en carne humana, en un hombre de este tiempo final del occidente.

Pero ese hombre no es el Señor Jesucristo; él es el instrumento de Cristo para la manifestación de Cristo como el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19; ese hombre será el Ángel del Señor Jesucristo.

Por eso ustedes encuentran que la promesa de Cristo…, cuando dijo: “Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de estas” (Apocalipsis, capítulo 4, verso 1); luego son dadas a conocer por medio del Ángel de Jesucristo en Apocalipsis, capítulo 22, verso 6, donde dice de la siguiente manera:

“Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto”.

¿Por medio de quién son dadas a conocer las cosas que deben suceder pronto? Por medio del Ángel Mensajero de Jesucristo, porque en ese Ángel Mensajero viene el Espíritu Santo. Jesucristo, el Ángel que era diferente a los demás, viene manifestado en carne humana. Es la Venida de la Palabra en carne humana, en un hombre de este tiempo final, que es el Ángel del Señor Jesucristo.

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias”. (Apocalipsis, capítulo 22, verso 16).

Ahora podemos ver a quién le precursó, a quién le preparó el camino. Le preparó el camino William Marrion Branham a este Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, le preparó el camino a la Palabra; a la Palabra que para el Día Postrero vendría encarnada en un hombre; él estuvo preparándole el camino a la Venida de la Palabra que estaría encarnada en un hombre de este tiempo final, para así ser manifestada la Palabra, el Verbo, nuevamente en la Tierra como el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, y así llamar y juntar a todos los escogidos de Dios.

Donde esté la Palabra encarnada en un hombre, ahí estarán los ministerios de Moisés por segunda vez, de Elías por quinta vez y de Jesús por segunda vez; y eso dará cumplimiento a lo que ha sido prometido para la Iglesia de Jesucristo, para llamar y juntar a todos los escogidos de Dios y darnos la fe para ser transformados y raptados en este tiempo final. Es el cumplimiento de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles.

Cuando se habla de la Venida del Hijo del Hombre se está hablando de la venida de un profeta en el cual viene el Espíritu Santo manifestado, en el cual viene la Palabra encarnada.

Ahora, podemos ver este misterio de la Venida del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, el cual viene como Rey de reyes y Señor de señores; porque es la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles, es la Venida del Hijo del Hombre e Hijo de David como Rey de reyes y Señor de señores, como el León de la tribu de Judá en Su Obra de Reclamo para este tiempo final.

Y aun con toda y esa manifestación de Dios en el Ángel Mensajero de Jesucristo, el Ángel del Señor Jesucristo ni es Moisés, ni es Elías, ni es Jesús; pero en él el Espíritu Santo estará manifestando los ministerios de Moisés, de Elías y de Jesús en este tiempo final; porque esos son los tres grandes ministerios prometidos para ser manifestados por el Espíritu Santo, el Ángel del Pacto, el Ángel que era diferente a los demás, a través de carne humana, a través de Su Ángel Mensajero, que en el Día Postrero Él tendría en medio de Su Iglesia gentil.

Hemos visto este misterio del Séptimo Sello, que es la Venida del Señor con Sus Ángeles. Y luego que seamos transformados y los muertos en Cristo resucitados en cuerpos eternos, luego entonces veremos a nuestro Señor Jesucristo en Su cuerpo; pero antes de eso estaremos viendo a Jesucristo en Espíritu Santo manifestado en Su Ángel Mensajero dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto y revelándonos el misterio del Séptimo Sello, el misterio de la Venida del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, que es la Venida de la Palabra encarnada en un hombre.

Ese misterio es revelado por Jesucristo a través de Su Ángel Mensajero en este tiempo final, en donde estará Su manifestación correspondiente al Día Postrero.

Y esa es la única esperanza de la Iglesia del Señor Jesucristo: el Séptimo Sello, que es la Venida de Cristo, del Ángel del Pacto, del Espíritu Santo viniendo en carne humana en el Día Postrero para darnos testimonio de todas estas cosas que deben suceder y darnos así la fe, la revelación para ser transformados y raptados en este tiempo final.

EL SÉPTIMO SELLO Y LA ÚNICA ESPERANZA DE LA IGLESIA”.

Ha sido para mí un privilegio estar con ustedes en esta noche dándoles testimonio de EL SÉPTIMO SELLO Y LA ÚNICA ESPERANZA DE LA IGLESIA, de la Iglesia del Señor Jesucristo en este tiempo final.

Que las bendiciones de Jesucristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también, y nos permita ver en el continente latinoamericano y caribeño el misterio del Séptimo Sello y su cumplimiento en este tiempo final como la única esperanza para la Iglesia del Señor Jesucristo, para recibir Su llamado final, Su avivamiento o despertamiento final, y recibir la fe para ser transformados y llevados a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Dios les continúe bendiciendo a todos, Dios les guarde. Será hasta una próxima ocasión. Pasen todos muy buenas noches.

EL SÉPTIMO SELLO Y LA ÚNICA ESPERANZA DE LA IGLESIA”.

[Revisión septiembre 2018]

1 1a 1 Juan 4:12, 1b Éxodo 33:20

2 Jueces 13:21-24

3 San Juan 1:33-34

4 Branham, W. “Poniéndonos al lado de Jesús”, SPN62-0601, párr. 35

5 Citas, pág. 119, párr. 1058

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