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Muy buenas noches, amados amigos y hermanos presentes; es para mí una bendición muy grande estar con ustedes en esta noche, aquí en Encarnación, Paraguay, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final.

Para lo cual queremos leer en Apocalipsis, capítulo 10, verso 1 en adelante, donde dice:

“Vi descender del cielo a otro ángel fuerte, envuelto en una nube, con el arco iris sobre su cabeza; y su rostro era como el sol, y sus pies como columnas de fuego.

Tenía en su mano un librito abierto; y puso su pie derecho sobre el mar, y el izquierdo sobre la tierra;

y clamó a gran voz, como ruge un león; y cuando hubo clamado, siete truenos emitieron sus voces.

Cuando los siete truenos hubieron emitido sus voces, yo iba a escribir; pero oí una voz del cielo que me decía: Sella las cosas que los siete truenos han dicho, y no las escribas”.

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Es un misterio lo que estos Siete Truenos han dicho; y para poder comprender este misterio de los Siete Truenos necesitamos comprender este misterio de este Ángel Fuerte que desciende del Cielo; ya que los Siete Truenos es la Voz de este Ángel Fuerte clamando como cuando ruge un león.

Este Ángel Fuerte que desciende del Cielo envuelto en una nube es el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, el que libertó al pueblo hebreo allá en Egipto y los llevó hacia la tierra prometida. Este es el Ángel del Pacto o Ángel de Jehová del cual la Escritura nos habla en Malaquías, capítulo 4 y también capítulo 3 y también nos habla... vamos a ver, el profeta Moisés. En el Éxodo, capítulo 3, este Ángel le apareció al profeta Moisés envuelto en una nube de fuego. Dice así capítulo 3 del Éxodo:

“Apacentando Moisés las ovejas de Jetro su suegro, sacerdote de Madián, llevó las ovejas a través del desierto, y llegó hasta Horeb, monte de Dios.

Y se le apareció el Ángel de Jehová en una llama de fuego en medio de una zarza; y él miró, y vio que la zarza ardía en fuego, y la zarza no se consumía.

Entonces Moisés dijo: Iré yo ahora y veré esta grande visión, por qué causa la zarza no se quema.

Viendo Jehová que él iba a ver, lo llamó Dios de en medio de la zarza, y dijo: ¡Moisés, Moisés! Y él respondió: Heme aquí.

Y dijo: No te acerques; quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es.

Y dijo: Yo soy el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob. Entonces Moisés cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a Dios.

Dijo luego Jehová: Bien he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído su clamor a causa de sus (opresores) exactores; pues he conocido sus angustias,

y he descendido para librarlos de mano de los egipcios, y sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y ancha, a tierra que fluye leche y miel, a los lugares del cananeo, del heteo, del amorreo, del ferezeo, del heveo y del jebuseo.

El clamor, pues, de los hijos de Israel ha venido delante de mí, y también he visto la opresión con que los egipcios los oprimen.

Ven, por tanto, ahora, y te enviaré a Faraón, para que saques de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel.

Entonces Moisés respondió a Dios: ¿Quién soy yo para que vaya a Faraón, y saque de Egipto a los hijos de Israel?

Y él respondió: Ve, porque yo estaré contigo; y esto te será por señal de que yo te he enviado: cuando hayas sacado de Egipto al pueblo, serviréis a Dios sobre este monte.

Dijo Moisés a Dios: He aquí que llego yo a los hijos de Israel, y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé?

Y respondió Dios a Moisés: Yo soy el que soy. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: Yo soy me envió a vosotros”.

Aquí tenemos el relato de la experiencia que tuvo Moisés cuando se encontró con Dios manifestado en esa Columna de Fuego, en esa Nube de Fuego; y desde esa Nube de Fuego o Columna de Fuego le habló Dios a Moisés, se identificó como el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob; también se identificó como el Dios del padre de Moisés (o sea, Dios de Amram, que era el padre de Moisés). Y ahora le dice el propósito de Su venida: es para la liberación de los hijos de Israel, porque ha llegado el tiempo para la liberación de ellos, para salir libres e ir a la tierra prometida, rumbo a la tierra prometida, la tierra de Israel.

Ahora, podemos ver que este Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob es el Ángel de Jehová, llamado también el Ángel del Pacto, el cual, vean ustedes, había aparecido a Abraham en algunas ocasiones; le había aparecido en forma de luz, y también a Jacob, y también le había aparecido en la forma de un Ángel, de un varón pero de otra dimensión, llamado el Ángel de Jehová.

Y ahora, vean ustedes cómo también en Éxodo, capítulo 23, verso 20 en adelante, Dios nos habla de Su Ángel y dice:

“He aquí yo envío mi Ángel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado.

Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión, porque mi nombre está en él”.

¿Dónde estaba el nombre de Dios, nombre Eterno de Dios? En el Ángel, porque es en el Ángel donde Dios coloca Su Nombre, porque el Ángel es el cuerpo teofánico de Dios.

“Pero si en verdad oyeres su voz e hicieres todo lo que yo te dijere, seré enemigo de tus enemigos, y afligiré a los que te afligieren.

Porque mi Ángel irá delante de ti, y te llevará a la tierra del amorreo, del heteo, del ferezeo, del cananeo, del heveo y del jebuseo, a los cuales yo haré destruir”.

Ahora vean cómo Dios manifestado en y por medio de Su Ángel, Dios manifestado por medio de ese velo teofánico, ese cuerpo teofánico de la sexta dimensión, Dios llevó a cabo esa liberación del pueblo hebreo y luego los llevó por el desierto hasta llevarlos a la tierra prometida.

Y ahora, vean cómo Dios estuvo manifestado en el Antiguo Testamento en ese cuerpo teofánico llamado el Ángel de Jehová; y apareció Dios envuelto en una Nube de Luz, de Fuego en diferentes ocasiones.

Y ahora, en Malaquías, capítulo 3, verso 1 en adelante, tenemos la promesa de la venida de ese Ángel al pueblo hebreo; y esa es la promesa de la Venida del Mesías al pueblo hebreo, en donde ese Ángel se vestirá de un cuerpo de carne y aparecerá en medio del pueblo hebreo como el Mesías prometido para el pueblo hebreo.

Por eso es que cuando se le pregunta a algún rabino hebreo qué relación tiene el Mesías con Dios, el pueblo hebreo y los rabinos dicen que el Mesías será Dios, porque es Dios dentro de un velo de carne en el cual Dios ha prometido manifestarse.

Y ahora, vean ustedes en el capítulo 3, verso 1 en adelante, de Malaquías, donde tenemos la promesa de la Venida del Mesías y también tenemos la promesa de la venida del precursor del Mesías, dice así:

“He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí…”.

¿Quién fue este mensajero? Juan el Bautista cumplió esta profecía. Por eso es que Jesús en el capítulo 11 de San Mateo nos habla acerca de Juan el Bautista y nos dice de la siguiente manera. Capítulo 11, verso 7 en adelante, de San Mateo dice:

“Mientras ellos se iban, comenzó Jesús a decir de Juan a la gente: ¿Qué salisteis a ver al desierto? ¿Una caña sacudida por el viento?

¿O qué salisteis a ver? ¿A un hombre cubierto de vestiduras delicadas? He aquí, los que llevan vestiduras delicadas, en las casas de los reyes están.

Pero ¿qué salisteis a ver? ¿A un profeta? Sí, os digo, y más que profeta.

Porque éste es de quien está escrito:

He aquí, yo envío mi mensajero delante de tu faz,

El cual preparará tu camino delante de ti”.

Vean cómo Jesús dice que Juan el Bautista fue ese mensajero de Malaquías, capítulo 3, el cual estaba prometido que sería enviado delante de Él, delante del Ángel del Pacto que vendría en medio del pueblo hebreo manifestado en carne humana.

Ahora, sigue diciendo Malaquías:

“... y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis…”

¿Quién vendría? El Señor, Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.

“… y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos”.

Ahora, ¿quién vendría? Vendría el Señor, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Ángel del Pacto, o sea, el Ángel de Jehová; ese vendría después de Juan el Bautista. Y cuando vino después de Juan el Bautista el que Juan decía que vendría después de él... Juan decía1: “Después de mí viene uno del cual yo no soy digno de desatar la correa de su calzado, el cual es primero que yo”.

Ahora vean, ¿cómo podía ser que Juan estaba anunciando a uno que vendría después de él y que era primero que él, y venía después de él, y nació después de él también? Es que Este que vendría después de Juan el Bautista es el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.

De Él habló Juan el Bautista diciendo2: “Yo les bautizo en agua pero el que viene después de mí, el cual es primero que yo, el cual es mayor que yo y del cual yo no soy digno de desatar la correa de su calzado, Él les bautizará con Espíritu Santo y Fuego”.

Y ahora, vean ustedes cómo Juan está anunciando la venida de Uno mayor que él; y Este que viene después de Juan el Bautista, siendo mayor que Juan el Bautista, es el que bautizará con Espíritu Santo y Fuego; es el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob; es el Señor al cual el pueblo hebreo buscaba en el templo, y también es el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, el cual tiene el Nombre Eterno de Dios.

También el profeta Isaías había profetizado de la Venida del Mesías en el capítulo 40 y verso 3 en adelante, como también en el capítulo 7, verso 14. En el capítulo 7, verso 14, había profetizado de la Venida del Mesías, de cómo aparecería en medio de la raza humana, en medio del pueblo hebreo, y muestra que aparecería naciendo de una virgen. Capítulo 7, verso 14, dice:

“Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel”.

Y sin embargo, cuando nació le colocó por nombre Jesús, conforme a como el Ángel le dijo que le pusiera; porque Emanuel significa: Dios con nosotros. Era Dios con los seres humanos en medio del pueblo hebreo, y el nombre Jesús significa ‘Redentor’ o ‘Salvador’; y como vino como Cordero de Dios para quitar el pecado del mundo, tomó ese nombre que significa ‘Redentor’ o ‘Salvador’ para llevar a cabo la Obra de Redención.

Y ahora, vean ustedes cómo nos dice el profeta Isaías también, en el capítulo 40, verso 3 en adelante, dice:

“Voz que clama en el desierto: Preparad camino a Jehová; enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios.

Todo valle sea alzado, y bájese todo monte y collado; y lo torcido se enderece, y lo áspero se allane”.

Esta profecía la cumplió Juan el Bautista; por eso cuando le preguntaron a Juan: “¿Quién eres tú? ¿Eres tú el Mesías?”, él dijo que no. —“¿Eres tú el profeta?”, él dijo que no. —“¿Eres tú Elías?”, él dijo que no. Y le preguntan: “Entonces, ¿quién tú eres? ¿Por qué estás bautizando?”, él dice: “Yo soy la voz de uno que clama en el desierto, como dijo el profeta Isaías”, o sea, citando este pasaje que tenemos aquí en la Escritura.

Juan, en San Mateo, capítulo 3, verso 3, fue donde dijo que él era la voz de uno clamando en el desierto. También en el capítulo 1, verso 3, de San Marcos, y San Lucas, capítulo 3, verso 4 al 6, también nos da testimonio de esto.

Y ahora, luego de este hombre clamando en el desierto y preparándole el camino al Señor, ¿qué sucedería? Dice:

“Y se manifestará la gloria de Jehová, y toda carne juntamente la verá; porque la boca de Jehová ha hablado”.

Ahora, vean ustedes, después del ministerio de Juan el Bautista vendría una manifestación poderosa de parte de Dios. Sería la manifestación de la gloria de Dios en medio del pueblo hebreo; y eso sería la Venida del Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob vestido de carne humana, eso sería la Venida del Mesías. Por eso sigue diciendo:

“Voz que decía: Da voces. Y yo respondí: ¿Qué tengo que decir a voces? Que toda carne es hierba, y toda su gloria como flor del campo.

La hierba se seca, y la flor se marchita, porque el viento de Jehová sopló en ella; ciertamente como hierba es el pueblo.

Sécase la hierba, marchítase la flor; mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre.

Súbete sobre un monte alto, anunciadora de Sion; levanta fuertemente tu voz, anunciadora de Jerusalén; levántala, no temas; di a las ciudades de Judá: ¡Ved aquí al Dios vuestro!”.

Ahora, ¿cómo Juan el Bautista, que es el que cumplió esta escritura, le dijo al pueblo hebreo: ¡Ved aquí al Dios vuestro!”? Cuando él dijo que después de él vendría uno mayor que él, el cual era primero que él, y cuando lo vio dijo3: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”.

Ahí le estaba presentando al pueblo hebreo al Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob vestido de carne humana. Era la Gloria de Dios dentro de un velo de carne llamado Jesús.

“He aquí que Jehová el Señor vendrá con poder, y su brazo señoreará; he aquí que su recompensa viene con él, y su paga delante de su rostro.

Como pastor apacentará su rebaño; en su brazo llevará los corderos, y en su seno los llevará; pastoreará suavemente a las recién paridas”.

Ahora, vean cómo la promesa de la Venida del Mesías en medio del pueblo hebreo y para el pueblo hebreo está prometida aquí, y vean cómo fue cumplida esa promesa dos mil años atrás en un sencillo velo de carne llamado Jesús de Nazaret, en un sencillo obrero de la construcción.

Dios prometió algo grande y cuando lo cumple fue algo sencillo para el pueblo hebreo, pero delante de Dios eso fue lo más grande que Él prometió para aquel tiempo para el pueblo hebreo; porque cuando Dios promete algo grande, a la vista de Dios es grande, el cumplimiento de esa promesa, pero el velo de carne a través del cual cumple esa promesa siempre es sencillo.

Y ahora, podemos ver ahí dos cosas muy importantes: la grandeza y la sencillez. La grandeza corresponde a la parte Divina y la sencillez a la parte humana. Lo grande estaba manifestado en la simplicidad de un joven carpintero de Nazaret llamado Jesús.

Ahora, vean cómo siempre la gloria se le da a Dios por la grandeza de Él manifestada en medio de los seres humanos. Y ahora, siempre Dios obrará Sus cosas grandes, Sus promesas grandes en simplicidad.

Y ahora podemos ver cómo vino el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, que es el mismo Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob que libertó al pueblo hebreo allá en Egipto. Ese Ángel, que es el mismo Dios en Su cuerpo teofánico de la sexta dimensión, ahora vendría en carne humana, vendría vestido de un cuerpo de carne, pero dentro de ese cuerpo de carne estaría el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová; y dentro de ese cuerpo teofánico que estaría dentro del cuerpo de carne, estaría Dios.

Por eso cuando le dice Felipe a Jesús: “Muéstranos el Padre, y nos basta”, Jesús le dice: ¿Tanto tiempo hace Felipe que estoy con vosotros, y todavía no me has conocido? ¿No sabes que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí (o viceversa), y el que me ha visto a mí, ha visto al Padre?”4.

Ahora, “a Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el Seno del Padre, Él le declaró”5. Y por eso la declaración de Dios en forma visible la encontramos en la persona de Jesús, la manifestación de Dios en la forma de un hombre la vimos en la persona de Jesús.

Y ahora, podemos ver quién es nuestro amado Salvador Jesucristo. Es el Dios Todopoderoso manifestado en un cuerpo de carne humana creado por Dios en el vientre de María, el cual se multiplicó, Dios creó una célula de vida la cual se multiplicó célula sobre célula y se formó así ese cuerpo que nació en Belén de Judea, en el cual habitó Dios en toda Su plenitud.

Y así podemos ver a Dios a imagen y semejanza del ser humano, podemos ver a Dios tomando una semejanza humana, tomando un cuerpo humano como el cuerpo de los seres humanos, para llevar a cabo la Obra de Redención en la Cruz del Calvario con ese cuerpo y llevar de Su Sangre, llevar Su Sangre al Lugar Santísimo del Templo que está en el Cielo y presentarla allí en favor de nosotros.

Cristo como Sumo Sacerdote llevó Su propia Sangre al Templo que está en el Cielo, al Lugar Santísimo, y la colocó sobre el Propiciatorio, como hacía el sumo sacerdote una vez al año, el día diez del mes séptimo de cada año cuando entraba con la sangre de la expiación del macho cabrío para la reconciliación del pueblo hebreo con Dios.

Y eso es lo mismo que Cristo haría en el Templo, pero en el Templo que está en el Cielo, donde no podía entrar un sacerdote del orden de Leví para ofrecer en el Templo que está en el Cielo la sangre de la expiación para la reconciliación del ser humano con Dios. Pero Jesucristo siendo Sacerdote según el Orden de Melquisedec, siendo Él el Sacerdote del Templo que está en el Cielo, se vistió de carne humana, se colocó la vestidura humana que necesitaba para ofrecer el Sacrificio y luego llevar Su Sangre al Cielo.

Vean cómo el sacerdote se vestía sus vestiduras con las cuales él tenía que estar en la parte afuera del lugar santísimo y luego también se vestía las vestiduras con las cuales tenía que estar dentro del lugar santísimo. Cuando entraba al lugar santísimo iba vestido de las vestiduras de lino blanco y llevaba la sangre de la expiación, y también él llevaba allí el incensario de oro, también allá él lo llevaba, y ofrecía allí el incienso en el cual ofrecía las oraciones para la reconciliación del pueblo hebreo con Dios.

Y ahora, podemos ver que eso es lo mismo que Cristo estaría haciendo en el Cielo; y desde que Cristo ascendió al Cielo encontramos que ha estado sucediendo lo mismo que sucedía cuando el sumo sacerdote entraba al lugar santísimo del templo terrenal. No se sabía más del sumo sacerdote hasta que, luego de terminar su labor en el lugar santísimo, venía caminando y las campanillas que tenía en su vestidura comenzaban a sonar; y las personas al escuchar el sonido de esas campanillas sabían que el sacerdote estaba vivo, sabían que no había muerto ante la presencia de Dios; y venía saliendo hasta salir del lugar santísimo y llegar al lugar santo, donde ya podía ser visto por algunas personas; y así, terminada la obra de intercesión allí en el lugar santísimo, el pueblo hebreo quedaba reconciliado con Dios.

Eso es lo mismo que Cristo está haciendo en el Cielo; y cuando termine Su Obra de Intercesión allá en el Cielo, como el sacerdote la efectuaba en el lugar santísimo, luego saldrá del Lugar Santísimo del Templo que está en el Cielo y entonces será que todos los hijos e hijas de Dios obtendrán la plena restauración a la vida eterna físicamente también.

Porque ya cuando hemos creído en Cristo como nuestro Salvador hemos recibido vida eterna y hemos obtenido un cuerpo eterno, inmortal, incorruptible, teofánico, de la sexta dimensión; pero necesitamos un cuerpo físico eterno también. Y cuando Cristo salga del Trono de Intercesión en el Cielo es que obtendremos ese cuerpo eterno.

Ahora, Cristo lleva unos dos mil años en el Cielo, en el Lugar Santísimo, haciendo intercesión por todos los hijos e hijas de Dios, haciendo intercesión por Israel, por el Israel celestial, para la reconciliación del Israel celestial.

Y primeramente somos reconciliados espiritualmente y obtenemos el cuerpo teofánico, que es producto de esa reconciliación que comienza por dentro; y luego obtendremos el cuerpo físico y eterno, el cual Cristo ha prometido para cada uno de Sus hijos.

Y cuando recibamos ese cuerpo eterno, estaremos adoptados; eso es la manifestación gloriosa de los hijos de Dios, es la adopción, o sea, la redención de nuestro cuerpo físico, en donde obtendremos un cuerpo eterno y así estaremos con vida eterna físicamente también.

Tendremos un cuerpo jovencito, que representará por toda la eternidad de 18 a 21 años de edad; y en ese cuerpo tendremos todo el poder divino y toda la manifestación divina en toda Su plenitud; y eso es la manifestación de los hijos e hijas de Dios, por la cual la Creación completa está clamando; porque con la liberación, la libertad gloriosa de los hijos e hijas de Dios también luego vendrá la liberación de toda la Creación: de los animales, de los árboles, del planeta Tierra completo, de toda la Creación vendrá la liberación, con la liberación de los hijos e hijas de Dios.

Esta liberación fue representada también en la liberación que Dios llevó a cabo allá, del pueblo hebreo en Egipto; y aquello es tipo y figura de la liberación tanto espiritual que Cristo ha estado efectuando con Sus hijos, como también de la liberación física que hemos de obtener en el Día Postrero, para quedar totalmente reconciliados con Dios y ser plenamente a imagen y semejanza de nuestro amado Señor Jesucristo.

Por eso, para este tiempo final el Ángel del Pacto, que es Jesucristo, el Ángel del Pacto el cual se hizo carne y habitó entre los seres humanos y fue conocido por el nombre de Jesucristo, el cual es el Verbo que era con Dios y era Dios y se hizo carne y habitó entre los seres humanos... Y ahora, para el Día Postrero, cuando termine Su labor de Intercesión en el Cielo por todos Sus escogidos, Él vendrá, Él se manifestará en toda Su plenitud en carne humana, en el velo de carne que Él tenga preparado aquí en la Tierra para este tiempo final.

Porque el que vendrá será el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová. Ese es el que viene en Apocalipsis, capítulo 10, verso 1 en adelante, descendiendo del Cielo envuelto en una nube y con el arco iris alrededor de Su cabeza, y Su rostro como el sol y Sus pies como columnas de fuego, y viene con un Librito abierto en Su mano. Dice que coloca Su pie derecho sobre el mar y el izquierdo sobre la tierra, y dice que clama a gran Voz; y dice:

“... y clamó a gran voz, como ruge un león; y cuando hubo clamado, siete truenos emitieron sus voces”.

Cuando el Ángel Fuerte que desciende del Cielo clama como ruge un león, siete truenos emiten sus voces. Los Siete Truenos es la Voz del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová, de Jesucristo en Su Venida como León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo.

Y siendo la Voz de Cristo, es Cristo hablándonos en este tiempo final y dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto.

En Apocalipsis, capítulo 1, verso 10 al 11, nos dice el apóstol San Juan:

“Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta,

que decía: Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último”.

¿Quién es el Alfa y Omega?, ¿quién es el primero y el último? Nuestro amado Señor Jesucristo. Es la Voz de Jesucristo en el Día Postrero, en el Día del Señor, que es el séptimo milenio.

Y en Apocalipsis, capítulo 10, verso 1 al 7, encontramos la Voz de Cristo como siete truenos hablándonos y dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, en este tiempo final.

Lo que los Siete Truenos revelan produce un despertamiento, un avivamiento espiritual en la Iglesia del Señor Jesucristo; en los escogidos de Jesucristo produce un despertamiento espiritual. ¿Y qué es lo que los Siete Truenos dan a los escogidos de Dios? Le dan la fe, la revelación para ser transformados y raptados.

¿Y qué es lo que revelan los Siete Truenos de Apocalipsis, capítulo 10?, ¿qué es lo que Cristo clamando como cuando un león ruge y siete truenos emitiendo sus voces, revelan?, ¿qué es lo que revelan? Revelan el misterio de Su Venida, el misterio de la Segunda Venida de Cristo, de la Segunda Venida del Ángel del Pacto en carne humana en el tiempo final.

Y ahora, vean cómo el precursor de la Segunda Venida de Cristo hablándonos de este misterio que estarán revelando (el cual es el misterio contenido en el Séptimo Sello), vean que cuando en Apocalipsis, capítulo 8, fue abierto el Séptimo Sello hubo silencio en el Cielo como por media hora. Dice, capítulo 8, verso 1, de Apocalipsis:

“Cuando abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el cielo como por media hora”.

Y cuando los Siete Truenos emitieron sus voces, que es la Voz de Cristo, también encontramos que Juan recibió la orden de no escribir: “No escribas lo que los Truenos han hablado”. Y ahora, este misterio contenido en el Séptimo Sello es el misterio de la Segunda Venida de Cristo, de la Venida del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová, del Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob viniendo no como Cordero, sino como León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo.

Él dos mil años atrás vino como Cordero de Dios, nació en Belén de Judea, vivió cerca de treinta años; y nadie sabía nada, excepto María, José y algunas personas allegadas a ellos; pero vean ustedes, luego comenzó Su ministerio y ahí fue dado a conocer en ese tiempo quién era Jesús; aunque no creyeron en Él la religión hebrea con sus sectas religiosas y sus grandes líderes religiosos, exceptuando dos o tres líderes religiosos que reconocieron que Él era enviado por Dios.

Y ahora, vean ustedes cómo el misterio de la Primera Venida de Cristo, el misterio de la Venida del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová, que es el mismo Jehová viniendo en carne humana, el cual estaba prometido para ser cumplido ese misterio naciendo en Belén de Judea y luego teniendo Su ministerio aquí en la Tierra, encontramos que estando en medio de ellos por veintinueve años y medio no pudieron comprender que allí estaba.

Luego cuando comenzó Su ministerio y tuvo un ministerio de tres años y medio, tampoco creyeron que ese era el hombre prometido para venir al pueblo hebreo como el cumplimiento de la Venida del Mesías, del Ángel del Pacto; y llevó a cabo Su Obra de Redención en la Cruz del Calvario. Y todavía el pueblo hebreo no sabe que aquel Jesús es el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová que estuvo en carne humana visitando al pueblo hebreo.

Y ahora, para este tiempo final volverá el Verbo, el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, que es el Verbo que era con Dios y era Dios. ¿Y cómo vendrá? En Apocalipsis, capítulo 19, nos dice que viene.

Y ahora vean cómo vendrá: el precursor de la Segunda Venida de Cristo dice en el libro de Los Sellos en español, página 131, dice:

“131. Y ahora Jesús: Su Nombre sobre la Tierra fue Jesús el Redentor, porque fue el Redentor cuando estuvo sobre la Tierra; pero cuando conquistó el infierno y la muerte, los venció y ascendió, entonces recibió un nuevo Nombre. Por esa razón es que gritan y hacen tanto ruido y no reciben nada. Será revelado en los Truenos.

132. Fíjense en el misterio. Él viene cabalgando. Tiene que haber algo para cambiar esta iglesia. Ustedes saben eso. ¡Tiene que venir algo! Ahora noten: Nadie entendía ese nombre, sino Él mismo.

‘Y estaba vestido de una ropa teñida en sangre: y su nombre es llamado EL VERBO DE DIOS.

Y los ejércitos que están en el cielo le seguían en caballos blancos, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio.

Y de su boca sale una espada aguda, para herir con ella las gentes; y él los regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor, y de la ira del Dios Todopoderoso.

Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES’.

Apocalipsis 19:13-16

133. Allí viene el Mesías, allí es donde está”.

¿Dónde está la Venida del Mesías? En Apocalipsis, capítulo 19. Y también en Apocalipsis, capítulo 10, tenemos la Venida del Mesías. Explicando Apocalipsis, capítulo 10, dice el precursor de la Segunda Venida de Cristo en el libro de Los Sellos, página 57 en español:

“‘Y vi otro ángel fuerte descender del cielo, cercado de una nube, y el arco celeste sobre su cabeza...’.

17. Ahora, si usted se fija bien, notará que esta persona es Cristo, porque aun en el Antiguo Testamento Él fue llamado el Ángel del Pacto; y Él ahora viene directamente a los judíos porque la Iglesia ha llegado a su fin. Bien, ahora continuando:

‘... y su rostro era como el sol, y sus pies como columnas de fuego’.

18. ¿Recuerdan el Ángel de Apocalipsis capítulo 1? Este es el mismo. Un ángel es un mensajero, y él es un mensajero a Israel”.

¿Cómo viene el Ángel Fuerte? Viene como el Mensajero a Israel, porque Él es el Mensajero a Israel.

“¿Ve usted? La Iglesia está a punto de ser raptada, Él viene por Su Iglesia”.

Ahora vean ustedes, el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová es el mensajero a Israel, y ahora viene por Su Iglesia. Y el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová es el mismo Cristo, el cual se hizo carne creando un cuerpo en el vientre de María y luego habitando en ese cuerpo que nació de la virgen María. Y para el tiempo final regresa el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, conforme a Apocalipsis, capítulo 10, verso 1 en adelante y conforme a Apocalipsis, capítulo 19, donde aparece viniendo en un caballo blanco. Y dice:

“Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea.

Sus ojos eran como llama de fuego, y había en su cabeza muchas diademas; y tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino él mismo.

Estaba vestido de una ropa teñida en sangre; y su nombre es: El Verbo de Dios”.

Es la Venida del Verbo de Dios, es la Venida del Verbo que era con Dios y era Dios, y se hizo carne dos mil años atrás y habitó entre los seres humanos, y fue conocido por el nombre de Jesús; y llevó a cabo Su Obra de Redención en la Cruz del Calvario, en Su Venida como Cordero de Dios.

Y para este tiempo final el Verbo, el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová viene nuevamente, pero viene como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo; por eso dice que en Su vestidura, “y en Su vestidura y en Su muslo tiene escrito este nombre: Rey de reyes y Señor de señores”, porque viene como Rey de reyes y Señor de señores. Es la Venida del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová, es la Venida del Verbo que era con Dios y era Dios.

En el libro de Los Sellos en español, página 277, orando el precursor de la Segunda Venida de Cristo, dice:

“[240]. … pedimos que el Espíritu Santo venga ahora mismo, el Jinete del verdadero caballo blanco, mientras Su Espíritu, el Espíritu de Cristo, entre en confrontación con el anticristo, y Él llame los Suyos”.

¿Quién es el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19? Es nada menos que el Espíritu Santo, el cual es el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová.

¿Y cómo vendrá el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová en este tiempo final? Pues viene como el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19.

El precursor de la Segunda Venida de Cristo dijo en el libro de Los Sellos en español, página 256:

“121. Pero cuando nuestro Señor aparezca sobre la Tierra, Él vendrá sobre un caballo blanco como la nieve, y será completamente Emmanuel —la Palabra de Dios encarnada en un hombre”.

¿Cómo viene el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, que es el Dios de Abraham, de Isaac y Jacob, el cual vino en carne humana dos mil años atrás y fue conocido por el nombre de Jesús? Ahora, ¿cómo vendrá en el tiempo final? Vendrá en carne humana nuevamente. Será el Verbo, la Palabra encarnada en un hombre. Tendrá un velo de carne en el cual estará manifestado el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, Jesucristo en Espíritu Santo; estará manifestado en carne humana, en un hombre de este tiempo final. Y ese hombre es el Ángel de Jesucristo, y por eso es que dice en Apocalipsis, capítulo 4, verso 1, con esa Voz de Trompeta dice:

“Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de estas”.

Y luego, en Apocalipsis, capítulo 22, verso 6, dice así:

“Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto”.

Por medio de Su Ángel Mensajero son dadas a conocer las cosas que deben suceder pronto, porque en ese Ángel Mensajero viene Jesucristo en Espíritu Santo manifestado en carne humana; y esa es la Venida del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, del Ángel del Pacto, de Jesucristo en Espíritu Santo manifestado en carne humana en Su Ángel Mensajero.

Por eso viene por medio de Su Ángel Mensajero dando a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto. Por eso viene a través de Su Ángel Mensajero clamando como cuando ruge un león y siete truenos emitiendo sus voces; o sea, viene clamando como león, viene hablándole a Su Iglesia como León de la tribu de Judá, viene hablándole a Su Iglesia todas estas cosas que deben suceder pronto, y revelándole así el misterio de Su Venida en carne humana, en Su Ángel Mensajero.

Es con Su Voz, la Voz de Cristo a través de Su Ángel Mensajero, que Él nos da a conocer todas estas cosas; y por consiguiente es, la Voz de Cristo a través de Su Ángel Mensajero, la Voz del León de la tribu de Judá, la Voz de Cristo clamando como cuando ruge un león y los siete truenos emitiendo sus voces.

Es la Voz de Cristo revelándonos el misterio del Séptimo Sello, pues una de las cosas que los Siete Truenos harían sería revelar el misterio del Séptimo Sello; porque los Truenos contienen el secreto, la revelación del Séptimo Sello, la revelación de la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo, y cómo el Ángel Fuerte descendiendo del Cielo clamando como cuando un león ruge y siete truenos emitiendo sus voces.

O sea, contiene el misterio de la Venida del Ángel Fuerte, de la Venida del mensajero a Israel, de la Venida del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová descendiendo del Cielo en este tiempo final; y contiene el misterio de la Venida del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, que es también la Venida del Señor, la Venida del Ángel Fuerte, la Venida del Ángel del Pacto en este tiempo final. Y el misterio para ser revelado en el Día Postrero es el misterio del Séptimo Sello, el misterio de Su Venida.

Dijo el precursor de la Segunda Venida de Cristo en la página 469 del libro de Los Sellos en español, hablando de la aparición de los ángeles de las siete edades de la Iglesia gentil y de otro Ángel que era muy diferente a los demás, los cuales aparecieron en febrero 28 de 1963, y aparecieron en el cielo en la forma de una nube, pues formaron una nube misteriosa: no era una nube de humedad, sino era una nube misteriosa, una nube formada por ángeles; así como cuando el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová le apareció a Moisés, y luego le apareció también al pueblo hebreo y libertó al pueblo hebreo, apareció en una nube misteriosa que guiaba al pueblo hebreo; de día era una nube que los cubría del sol y de noche era una nube de fuego que les alumbraba el camino.

Y ahora, aquí en febrero 28 de 1963 apareció esta nube misteriosa, la cual no tuvo una explicación clara y satisfactoria para la ciencia y para la raza humana, pero el precursor de la Segunda Venida de Cristo dijo lo que formó esta nube; el misterio de esta nube lo dio a conocer el precursor de la Segunda Venida de Cristo, diciendo en la página 469 del libro de Los Sellos en español:

“153. ¿Y notaron que dije que uno de esos ángeles era muy raro?”.

Uno de esos ángeles, este Ángel que está acá arriba, recuerden que están aquí en sus cuerpos teofánicos, fue una foto tomada de cuerpos teofánicos, de ángeles mensajeros de Jesucristo. Fueron los cuerpos teofánicos de los siete ángeles mensajeros de las siete edades de la Iglesia de Jesucristo y también de otro Ángel que era muy diferente a los demás. Ahora, dice:

“153. ¿Y notaron que dije que uno de esos ángeles era muy raro? Me pareció muy distinto a los demás. Estaban en una constelación con tres a cada lado y uno arriba; y el que estaba a mi lado, contando desde la izquierda hacia la derecha, ese sería el séptimo Ángel. Él era más brillante y significaba más para mí que los demás. Les dije que tenía el pecho así robusto y estaba volando hacia el Oriente. Les dije también que: ‘Me levantó, me alzó’”.

Fue levantado por ese Ángel que era diferente a los demás y fue colocado, ¿dónde? Fue colocado aquí, en esta constelación de ángeles en el Cielo. Sigue diciendo:

“154. Ahora, ¡aquí está! Era el que tenía el Séptimo Sello (¿Cuál era el que tenía el Séptimo Sello? Ese Ángel que era muy diferente a los demás), lo cual he mantenido como una pregunta en mi mente toda mi vida. Los otros Sellos significaron mucho para mí, desde luego; pero ustedes no se imaginan lo que ha significado este séptimo”.

Ahora vean, el Ángel que tiene el Séptimo Sello es ese Ángel que era muy diferente a los demás; y los Siete Truenos de Apocalipsis, capítulo 10, que es la Voz de Cristo, abren el misterio del Séptimo Sello, o sea que abren el misterio de ese Ángel que es muy diferente a los demás ángeles. Y la Venida de ese Ángel que es muy diferente a los demás, que es el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, ahí en esa nube viniendo ese Ángel en el Día Postrero, es la Venida del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19 y es también la Venida del Ángel Fuerte que desciende del Cielo.

Ahora, “... cuando nuestro Señor aparezca sobre la Tierra, Él vendrá sobre un caballo blanco como la nieve, y será completamente Emmanuel —la Palabra de Dios encarnada en un hombre”.

Eso es la Venida del Señor con Sus Ángeles para todos los hijos e hijas de Dios, es la Venida de ese Ángel Fuerte, de ese Ángel que era diferente a los demás, viniendo en carne humana en el Día Postrero; así como vinieron en carne humana esos ángeles de las siete edades que se encuentran aquí en sus cuerpos teofánicos, para tener sus ministerios en la Tierra tuvieron que venir en un cuerpo de carne humana; y vinieron en un cuerpo de carne humana, cada uno en la edad que le tocó vivir, y tuvieron su ministerio correspondiente a cada edad; y estuvo en cada uno de ellos el Espíritu de Dios manifestado, llamando y juntando a los escogidos de cada edad.

Y para el llamado de los escogidos del tiempo final, vean ustedes, viene el Ángel que era muy diferente a los demás manifestado en el Día Postrero para el cumplimiento del Séptimo Sello y para el cumplimiento del Ángel Fuerte que desciende del Cielo y del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19.

Y ahora dice: “Los ángeles…”, página 484, dice:

[203]. ¿Recordarán también que fue en la pirámide donde estaba la piedra blanca misteriosa que no tenía nada escrito? Los ángeles me elevaron de donde estaba, adentro de esa pirámide formada por ellos mismos (O sea, “me elevaron” acá arriba; o sea, fue llevado en espíritu, en su espíritu teofánico). Los misterios de Dios eran solamente conocidos por ellos, y ellos fueron los mensajeros que vinieron para interpretar esa pirámide”.

Ahora vean, con la venida de cada ángel mensajero fue interpretada la parte correspondiente a cada edad; y solamente ellos conocían los misterios de Dios contenidos en esta pirámide que representa la Iglesia de Jesucristo. Y los misterios de Dios correspondientes a cada edad, vean ustedes, fueron conocidos por estos mensajeros, cada uno en su edad.

Y el misterio de la Edad de la Piedra Angular y misterio del Séptimo Sello, vean ustedes, no fue revelado durante las siete etapas o edades de la Iglesia gentil, porque ese misterio sería revelado en la Edad de la Piedra Angular con la manifestación de ese Ángel que es muy diferente a los demás; porque ese es el Ángel que tiene el Séptimo Sello, y con la manifestación de ese Ángel viniendo en carne humana, que es el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, que es el Ángel del Pacto, Jesucristo en Espíritu Santo viniendo manifestado en carne humana, viene la manifestación y cumplimiento del Séptimo Sello.

Y Cristo, el Ángel Fuerte, el Ángel del Pacto, por medio de Su manifestación en carne humana, hablando como cuando ruge un león, los Siete Truenos —que es la Voz de Cristo— hablan, revelan el misterio de Su Venida, el misterio de Su Venida, el misterio de la Venida del Ángel que era muy diferente a los demás. Dice:

“... el mensaje del secreto de estos Siete Sellos que están dentro de la pirámide”.

Ahora, ellos eran los que conocían esos secretos, esos misterios. ¿Quiénes? Esos ángeles que aparecen aquí en esta nube formada por ellos mismos. Estos son los siete ángeles de las siete edades, más el Ángel que era muy diferente a los demás. Sigue diciendo:

“Este ángel estaba a mi izquierda, Él era el último o séptimo ángel, contando de izquierda a derecha, porque Él estaba a mi izquierda, viéndolo yo así de frente hacia el Occidente, y él viniendo hacia el Oriente”.

O sea, él está en el Occidente volando hacia el Oriente, porque así es Su Mensaje; es un Mensaje que comienza en el Occidente y volará con ese Mensaje hacia el Oriente, o sea hacia el pueblo hebreo, pero comienza en el Occidente, en el continente americano.

“Estaba a la izquierda y él sería el mensaje del último Ángel, uno muy extraordinario. Recuerden cómo dije que tenía su cabeza alzada y sus alas tan poderosas y agudas; y cómo dije que voló directamente a mí. Ahora, eso es este Séptimo Sello”.

¿Qué es este Séptimo Sello? El Ángel que era diferente a los demás. Y el Ángel que era diferente a los demás, volando del oeste al este, vean ustedes, es el Séptimo Sello; porque el Séptimo Sello, que es la Venida del Señor, es de oeste a este, como la Primera Venida de Cristo fue de este (la tierra de Israel), luego voló —ese Mensaje de la Primera Venida de Cristo— del este rumbo al oeste.

Por eso ha venido el Mensaje del Evangelio de la Gracia del este, del pueblo hebreo, que está en el Medio Oriente, ha llegado hasta el occidente.

Y ahora, el Mensaje de la Segunda Venida de Cristo, de la Venida del Ángel del Pacto como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores, será de oeste a este, porque Su Venida es como el relámpago: que sale del oriente, de la tierra de Israel (donde fue la Primera Venida de Cristo), y se muestra, se manifiesta, ¿dónde?, ¿resplandece dónde? En el occidente.

En el occidente la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles resplandece, la Venida del Ángel que era diferente a los demás, la Venida del Ángel Fuerte resplandece en el occidente; y luego el Mensaje de la Segunda Venida de Cristo irá hasta el pueblo hebreo; pero primero estará en medio de la Iglesia gentil.

Eso es este Séptimo Sello: es la Venida de ese Ángel diferente a los demás y viniendo en carne humana, en el Día Postrero, como vinieron los otros siete ángeles mensajeros de las siete edades de la Iglesia gentil.

“Es una cosa muy extraordinaria y todavía no sabemos lo que es, porque no ha sido permitida su apertura (hablando en el 1963, donde todavía no había sido permitida la apertura de ese misterio)”.

Y ahora, podemos ver el misterio del Séptimo Sello. Es el misterio de este Ángel que era diferente a los demás. Este es el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, que para el tiempo final estará manifestado en carne humana en Su Ángel Mensajero dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto y así revelándonos el misterio de Su Venida en carne humana.

Pero ese Ángel Mensajero de Jesucristo no es el Señor Jesucristo; él solamente es el velo de carne, el Mensajero de Jesucristo, donde el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, Jesucristo en Espíritu Santo estará manifestado en carne humana.

Por eso Juan quiso adorarlo y quiso adorar al Ángel de Jesucristo, y Jesucristo le dijo - y el Ángel le dijo que no lo hiciera. ¿Por qué? Porque él no es el Señor Jesucristo, aunque en él está esa manifestación de Jesucristo, del Ángel del Pacto, conforme a la promesa divina correspondiente a este tiempo final en la apertura y cumplimiento del Séptimo Sello.

Por eso dice Jesús en Apocalipsis, capítulo 22, verso 16:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias”.

Este Ángel es el enviado de nuestro amado Señor Jesucristo; es enviado a Su Iglesia para dar testimonio de estas cosas y así darle la revelación para los escogidos de Dios ser llamados, juntados y preparados, y ser transformados los que estamos vivos y los muertos en Cristo ser resucitados.

Con esa revelación nos estará dando la fe, la revelación del rapto, para ser transformados y raptados en este tiempo final; y así estará produciendo un despertamiento, un avivamiento espiritual en y a la Iglesia del Señor Jesucristo en este tiempo final, que la llevará a la transformación y rapto, para ir a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo, a la Casa de nuestro Padre celestial; e ir vestidos de inmortalidad, vestidos del cuerpo nuevo y eterno que Cristo ha prometido para cada uno de los creyentes en Él que han partido, y para nosotros los que vivimos.

Hemos visto EL MISTERIO DEL SÉPTIMO SELLO Y LOS SIETE TRUENOS. Hemos visto que el Séptimo Sello es la Venida del Señor, la Venida del Ángel del Pacto viniendo en carne humana en Su Ángel Mensajero en el Día Postrero. Ese es el Ángel que era muy diferente a los demás, que tiene el Séptimo Sello, o sea, que tiene la Venida del Señor.

Y hemos visto que los Siete Truenos son la Voz de Cristo en Su Venida en este tiempo final, hablando como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores.

Y hemos visto quiénes recibirían las bendiciones en Su Venida y de Su Venida: los escogidos de Dios, la Iglesia de Jesucristo de este tiempo final; recibirían la bendición de escuchar a Cristo clamando como cuando un león ruge y los siete truenos emitiendo sus voces y revelando el misterio del Séptimo Sello, el misterio de Su Venida, de la Venida del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová, del Ángel que era diferente a los demás viniendo en carne humana manifestado en Su Ángel Mensajero.

Ha sido para mí un privilegio muy grande estar con ustedes dándoles testimonio de: “EL SÉPTIMO SELLO Y LOS SIETE TRUENOS”.

Hemos visto EL MISTERIO DEL SÉPTIMO SELLO Y LOS SIETE TRUENOS, y hemos visto que así como por medio de cada ángel mensajero hubo una manifestación de Dios, de Cristo, en cada edad y en cada territorio, para este tiempo final tendríamos una manifestación de Dios, del Ángel del Pacto en cierto territorio; y las personas de ese territorio estarían escuchando estas cosas que deben suceder pronto.

¿Y dónde están y quiénes son las personas que estarían escuchando la Voz de los Siete Truenos, la Voz del Ángel Fuerte que desciende del Cielo? Pues aquí estamos, en la América Latina y el Caribe. El territorio es la América Latina y el Caribe, y la gente son los latinoamericanos y caribeños que vivirían en este tiempo final. Aquí estamos viendo y escuchando estos misterios siendo revelados en este tiempo final, y viendo el misterio del Séptimo Sello y escuchando la Voz de los Siete Truenos, la Voz de Cristo como el León de la tribu de Judá.

Que las bendiciones del Séptimo Sello, del Ángel que era muy diferente a los demás, sean sobre cada uno de ustedes y sobre mí también; que con Su Voz sean habladas y se materialicen en cada uno de ustedes y en mí también esas bendiciones prometidas para Su Iglesia, para sus escogidos en este tiempo final; y pronto se complete el número de los escogidos de Dios en el Cuerpo Místico de Cristo, en la Edad de la Piedra Angular; y pronto todos seamos transformados y raptados y llevados a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Muchas gracias por vuestra amable atención y pasen todos muy buenas noches. Dejo con ustedes al reverendo Miguel Bermúdez Marín para continuar y finalizar nuestra parte en esta ocasión.

Dios les continúe bendiciendo a todos.

“EL SÉPTIMO SELLO Y LOS SIETE TRUENOS”.

[Revisión agosto 2018]

1 San Juan 1:27

2 San Juan 1:25-34

3 San Juan 1:29

4 San Juan 14:8-14

5 San Juan 1:18

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