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Muy buenas noches, amados amigos y hermanos presentes aquí en Santiago de Chile. Es para mí una bendición muy grande estar con ustedes en esta noche para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final.

Para esta noche tenemos el tema: “LA LUZ DEL SÉPTIMO SELLO”, para lo cual quiero leer en San Juan, capítulo 1, versos 1 en adelante, y Apocalipsis capítulo 8, verso 1 en adelante también. Dice así San Juan, capítulo 1, verso 1 al 18:

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.

Este era en el principio con Dios.

Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.

En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.

La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella.

Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan.

Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él.

No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz.

Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo.

En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció.

A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.

Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;

los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.

Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.

Juan dio testimonio de él, y clamó diciendo: Este es de quien yo decía: El que viene después de mí, es antes de mí; porque era primero que yo.

Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia.

Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.

A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer”.

Y el capítulo 8, verso 1 en adelante, de Apocalipsis, dice:

“Cuando abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el cielo como por media hora.

Y vi a los siete ángeles que estaban en pie ante Dios; y se les dieron siete trompetas.

Otro ángel vino entonces y se paró ante el altar, con un incensario de oro; y se le dio mucho incienso para añadirlo a las oraciones de todos los santos, sobre el altar de oro que estaba delante del trono.

Y de la mano del ángel subió a la presencia de Dios el humo del incienso con las oraciones de los santos.

Y el ángel tomó el incensario, y lo llenó del fuego del altar, y lo arrojó a la tierra; y hubo truenos, y voces, y relámpagos, y un terremoto”.

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla. Nuestro tema es: “LA LUZ DEL SÉPTIMO SELLO”.

Para comprender lo que es la Luz del Séptimo Sello necesitamos comprender que el Séptimo Sello es la Segunda Venida de Cristo.

Cuando el Séptimo Sello fue abierto en el Cielo hubo silencio en el Cielo como por media hora, pues se abrió en el Cielo este misterio de la Segunda Venida de Cristo.

Ahora, para poder comprender este misterio y la Luz del Séptimo Sello resplandeciendo en medio de Su Iglesia, necesitamos comprender cómo sucedió dos mil años atrás cuando la Luz de la Primera Venida de Cristo fue manifestada.

Dice la escritura que el Verbo era con Dios y el Verbo era Dios, y dice que por Él fueron hechas, o sea, creadas, todas las cosas. Él fue el creador de todas las cosas. Y sin Él nada de lo que ha sido creado o hecho fue hecho. Todas las cosas fueron hechas por Él y sin Él nada de lo que ha sido hecho fue hecho.

Y luego el verso 9 al 10 de este mismo capítulo 1 de San Juan, dice:

Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo”.

¿Cómo venía a este mundo esa Luz? Venía velada esa Luz en carne humana; esa misma Luz que le había aparecido al profeta Moisés en la Columna de Fuego y le había dicho: “Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob”. Se identificó como el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, se identificó como el Ángel del Pacto o Ángel de Jehová. Y ahora, vean ustedes, luego más adelante vino en carne humana y fue identificado por el nombre de Jesús; pues dice la escritura:

“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad”.

Y luego cuando está hecho carne la Luz, cuando se hizo carne la Luz, el Verbo, lo encontramos acá en el capítulo 8 de San Juan, verso 12, hablándole al pueblo y diciéndole:

“Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”.

Aquí encontramos a Jesús identificándose con la Luz del mundo.

Hablando de Juan el Bautista Jesús dijo que Juan era una antorcha que ardía, o sea, una lámpara que estaba encendida, porque era la Luz de la séptima edad de la Iglesia hebrea bajo la Ley.

Y ahora, vean lo que dice la precursor de la Segunda Venida de Cristo en la página 120 del libro de Citas; aquí tenemos el verso 1065, que es un extracto tomado del mensaje “La promesa de la Palabra que nunca falla”. Dice así:

1065 - “Él era la Luz vindicada de ese día. ¿Ve? Pero hay más Palabra de ser vindicada. Él tiene que vindicar más Palabra. Y cuando la última Palabra sea vindicada, entonces la muerte es sorbida con victoria y los muertos en Cristo se levantarán, y entrará el Milenio”.

Ahora vean cómo la Palabra, la Luz, fue vindicada dos mil años atrás; y eso fue la Luz hecha carne, la Palabra hecha carne en aquel tiempo. Y Él dijo: “Yo soy la Luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, mas tendrá la Luz de la vida”.

No hay Luz excepto por medio de la Palabra vindicada por Dios. La Palabra prometida para ese tiempo, hecha realidad, hecha carne, es la Luz de esa edad o de esa dispensación.

Por ejemplo, Moisés fue la manifestación de la Luz, de la Palabra hecha carne en aquel tiempo; y no había otra Luz para alumbrar al pueblo hebreo en el alma, sino esa Luz manifestada por medio del profeta Moisés para esta nueva Dispensación de la Ley.

Luego cuando apareció Jesús lo encontramos como la Luz del mundo. Juan había aparecido también, antes de Jesús, y había sido una Luz para la séptima etapa o edad de la Iglesia hebrea bajo la Ley.

Cada ángel mensajero ha sido la Palabra de Dios prometida para esa edad, esa Palabra manifestada en carne humana, en el mensajero de cada edad, y eso fue la Luz de Cristo para cada edad.

Así fue como Dios alumbró a Sus hijos en cada edad: Cristo por medio del mensajero manifestándose fue la Luz de cada edad.

Por eso cuando le dijo a Pablo que lo había puesto por Luz para los gentiles era porque Cristo estaría en San Pablo, resplandeciendo a través de San Pablo y alumbrado a los gentiles en esa primera edad de la Iglesia gentil.

Y por eso, por medio de carne humana en el mensajero de cada edad ha estado manifestada la Luz de cada edad.

Y ahora dice nuestro hermano Branham: “Hay más luz (o sea, más Palabra) para ser vindicada”. Hay más Palabra.

Por ejemplo, para cada edad de la Iglesia gentil: primera edad, segunda, tercera, cuarta, quinta, sexta y séptima edad, hubo Luz para ser vindicada, para ser cumplida, Palabra para ser cumplida; y esa fue la Luz de cada edad.

Fue Cristo manifestado en el mensajero de cada edad, resplandeciendo y alumbrando el alma y el entendimiento de todos los hijos e hijas de Dios en cada edad de la Iglesia gentil.

Y ahora para este tiempo final, hay más Luz para ser vindicada. Y dice:

Y cuando la última Palabra sea vindicada, entonces la muerte es sorbida con victoria y los muertos en Cristo se levantarán, y entrará el Milenio”.

Se requiere esa Palabra, esa última Palabra, que es la Segunda Venida de Cristo con Sus Ángeles, que sea vindicada, que sea cumplida, que sea confirmada a Su Iglesia; y esa es la Luz prometida para ser manifestada en este tiempo final.

Vean aquí, en la página 160 del libro de Citas en español, párrafo o verso 1428. Este extracto fue tomado del mensaje “Cristo está revelado en Su propia Palabra”. Dice así:

1428 - “Y esta Luz de la tarde... Por supuesto, la gran Luz (que) vendrá cuando Jesús mismo será manifestado aquí en la Tierra, o arriba en los Cielos, llevándose a Su Novia, y entonces el Milenio comenzará”.

Ahora, vean ustedes, cada ángel mensajero fue la Luz de Dios, Cristo manifestado en cada edad de la Iglesia gentil por medio de carne humana; y alumbró a Sus hijos en cada edad.

Pero ahora la gran Luz que vendrá dice que será… dice: “La gran Luz que vendrá cuando Jesús mismo será manifiesto aquí en la Tierra”. Esa es “la gran Luz que vendrá”: la Segunda Venida de Cristo con Sus Ángeles.

Y esa es la Gran Luz que estará manifestada aquí en la Tierra, que será vindicada a la Iglesia de Jesucristo para poder venir la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de nosotros los que vivimos.

O sea que la Iglesia del Señor Jesucristo estará alumbrada completamente en la Edad de la Piedra Angular ya no por la Luna sino por el Sol; porque ya no estamos en las siete etapas o edades de la Iglesia gentil, donde la Iglesia fue representada en la luna, sino que ya estamos en la Edad de la Piedra Angular, donde la Iglesia del Señor Jesucristo es alumbrada por la Luz de Cristo como León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores, y como el Sol de Justicia naciendo.

Pues dice Malaquías, capítulo 4, verso 2: “Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación (o salud)”.

Ahora vean cómo la forma en que Cristo nos alumbrará en este tiempo final será por medio del cumplimiento de Su promesa de la Venida del Hjjo del Hombre con Sus Ángeles; y esa es la Luz de la Palabra hecha carne para este tiempo final.

La Palabra vindicada, o sea, confirmada o cumplida a la Iglesia del Señor Jesucristo: esa es la Luz del Séptimo Sello para este tiempo final, para el pueblo de Dios, para la Iglesia de Jesucristo.

Y estará manifestada esa Luz como la luz del Sol: “A los que temen mi nombre, nacerá el Sol de Justicia, y en Sus alas traerá salvación”.

Por eso es que en el capítulo 60 de Isaías, verso 1 en adelante, dice: “Levántate, resplandece, porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti”.

Y ahora podemos ver también en los Salmos, donde nos dice el Salmo 89, verso 15, de la siguiente manera, y quiero leer en los Salmos también, donde hay Palabra profética para ser cumplida en este tiempo final. Dice: Salmo 89, verso 15, de la siguiente manera:

Bienaventurado el pueblo que sabe aclamarte;

Andará, oh Jehová, a la luz de tu rostro.

En tu nombre se alegrará todo el día,

Y en tu justicia será enaltecido.

Porque tú eres la gloria de su potencia,

Y por tu buena voluntad acrecentarás nuestro poder.

Porque Jehová es nuestro escudo,

Y nuestro rey es el Santo de Israel.

Entonces hablaste en visión a tu santo,

Y dijiste: He puesto el socorro sobre uno que es poderoso;

He exaltado a un escogido de mi pueblo.

Hallé a David mi siervo;

Lo ungí con mi santa unción.

Mi mano estará siempre con él,

Mi brazo también lo fortalecerá.

No lo sorprenderá el enemigo,

Ni hijo de iniquidad lo quebrantará;

Sino que quebrantaré delante de él a sus enemigos,

Y heriré a los que le aborrecen.

Mi verdad y mi misericordia estarán con él,

Y en mi nombre será exaltado su poder.

Asimismo pondré su mano sobre el mar,

Y sobre los ríos su diestra.

El me clamará: Mi padre eres tú,

Mi Dios, y la roca de mi salvación.

Yo también le pondré por primogénito,

El más excelso de los reyes de la tierra.

Para siempre le conservaré mi misericordia,

Y mi pacto será firme con él.

Pondré su descendencia para siempre,

Y su trono como los días de los cielos”.

Ahí vamos a dejar este pasaje y vamos a ver el Salmo 90 y verso 17 lo que dice. Dice así:

“Sea la luz de Jehová nuestro Dios sobre nosotros,

Y la obra de nuestras manos confirma sobre nosotros;

Sí, la obra de nuestras manos confirma”.

Y el Salmo 97, verso 11, dice así:

“Luz está sembrada para el justo,

Y alegría para los rectos de corazón”.

Ahora, el Salmo 89, el cual habíamos leído hace unos momentos, o sea, al principio, decía… Salmo 89, verso 15, decía:

“Bienaventurado el pueblo que sabe aclamarte;

Andará, oh Jehová, a la luz de tu rostro”.

Y ahora, en el Monte de la Transfiguración encontramos que Cristo mostró en visión allí la Venida del Hijo del Hombre en Su Reino con Sus Ángeles; y se transfiguró delante de Sus discípulos y Su rostro resplandeció como el sol, mostrando la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles, viniendo como Rey de reyes y Señor de señores, resplandeciendo Su rostro sobre Su Iglesia, sobre los que temen el Nombre del Señor.

Él había hablado en el capítulo anterior de San Mateo, capítulo 16, versos 27 al 28, diciéndonos acerca de la Venida del Hijo del Hombre, nos dijo:

“Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.

De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino”.

Y seis días después (ya ustedes saben la historia) tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto, y se transfiguró delante de ellos y Su rostro resplandeció como el sol; y aparecieron, hablando con Él, Moisés y Elías.

En San Lucas nos dice algo muy importante, en el capítulo 9 de San Lucas, nos dice Jesús o nos dice esta escritura así: verso 26 en adelante, dice:

“Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras, de éste se avergonzará el Hijo del Hombre cuando venga en su gloria, y en la del Padre, y de los santos ángeles.

Pero os digo en verdad, que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte hasta que vean el reino de Dios”.

¿Qué verían los discípulos de Jesucristo en el Monte de la Transfiguración? Verían el Reino de Dios.

Ahora vamos a ver aquí cómo fue visto el Reino de Dios. Dice:

“Aconteció como ocho días después de estas palabras, que tomó a Pedro, a Juan y a Jacobo, y subió al monte a orar.

Y entre tanto que oraba, la apariencia de su rostro se hizo otra, y su vestido blanco y resplandeciente.

Y he aquí dos varones que hablaban con él, los cuales eran Moisés y Elías;

quienes aparecieron rodeados de gloria, y hablaban de su partida, que iba Jesús a cumplir en Jerusalén.

Y Pedro y los que estaban con él estaban rendidos de sueño; mas permaneciendo despiertos, vieron la gloria de Jesús, y a los dos varones que estaban con él”.

Ahora, vean ustedes cómo aquí, en este pasaje, vieron a Jesús con Su rostro cambiado; dice: “su rostro se hizo otro”. San Mateo dice que Su rostro resplandeció como el sol. Y también vieron a Moisés y a Elías allí rodeados de gloria.

Y ahora, en Apocalipsis, capítulo 1, encontramos en el verso 16 al Hijo del Hombre en el Día Postrero, ¿lo encontramos cómo? Dice:

“Tenía en su diestra siete estrellas; de su boca salía una espada aguda de dos filos; y su rostro era como el sol cuando resplandece en su fuerza”.

O sea, todo lo que había hablado en el Antiguo Testamento, que andarán a la luz de Su rostro los que temen a Dios, los cuales son bienaventurados; y en el Nuevo Testamento en donde Cristo había hablado acerca de la Venida del Reino de Dios, en donde fue visto el Hijo del Hombre, Jesucristo, en el Monte de la Transfiguración con Su rostro como el sol; ahora en Apocalipsis vemos al Hijo del Hombre con Su rostro como el sol.

En Apocalipsis, capítulo 10, también lo vemos con Su rostro como el sol. Dice:

“Vi descender del cielo a otro ángel fuerte, envuelto en una nube, con el arco iris sobre su cabeza; y su rostro era como el sol, y sus pies como columnas de fuego.

Tenía en su mano un librito abierto; y puso su pie derecho sobre el mar, y el izquierdo sobre la tierra;

y clamó a gran voz, como ruge un león; y cuando hubo clamado, siete truenos emitieron sus voces”.

Ahora vean, la Venida del Hijo del Hombre, aquí representada como el Ángel Fuerte que desciende del Cielo con Su rostro como el sol, es Cristo en Su Segunda Venida como el Ángel Fuerte, resplandeciendo como el sol, el que nos alumbrará en el Día Postrero; y caminaremos a la luz de Su rostro, con Su rostro como el sol, lo cual representa a Cristo como Rey de reyes y Señor de señores, porque el sol es el astro rey y representa o tipifica a Cristo como Rey de reyes y Señor de señores, así como el león es el rey de los animales y tipifica a Cristo como Rey de reyes y Señor de señores, como el León de la tribu de Judá.

Y ahora podemos ver cómo caminará el pueblo de Dios, la Iglesia de Jesucristo, en el Día Postrero: caminará a la luz de Su rostro, caminará la Iglesia del Señor Jesucristo a la luz del Séptimo Sello, a la luz de la Segunda Venida de Cristo resplandeciendo Su rostro como el sol, o sea, resplandeciendo como Rey de reyes y Señor de señores en este tiempo final; así caminarán los escogidos de Dios en este tiempo final; porque estarán bajo la Luz del rostro del Señor resplandeciendo.

Esa es la Luz para los hijos e hijas de Dios en la Edad de la Piedra Angular, es la Luz de la Palabra prometida manifestada, vindicada, cumplida a Su Iglesia en este tiempo final. Esa es la Luz que la Iglesia de Jesucristo tendrá manifestada, alumbrándole el entendimiento y el alma en este tiempo final.

Y tanto la Iglesia como la humanidad será llena del conocimiento de la gloria de Jehová, o sea, será llena la humanidad del conocimiento de la manifestación de Cristo en el Lugar Santísimo de Su Templo espiritual, así como la gloria de Jehová estaba en el lugar santísimo en el tabernáculo que construyó Moisés y el tabernáculo o templo que construyó Salomón.

Y ahora en el Templo espiritual de Cristo, en el Lugar Santísimo, es donde la gloria de Jesucristo estará manifestada y estará Su rostro resplandeciendo como el sol en el cumplimiento de la Palabra prometida para Su Iglesia, para la Edad de la Piedra Angular, que es la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles, resplandeciendo Su rostro como el sol.

Esto es la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles como Rey de reyes y Señor de señores, como Hijo del Hombre e Hijo de David en este tiempo final.

Y Cristo dice1: “Al que venciere, yo le daré que se siente conmigo en mi Trono, así como yo he vencido y me he sentado con mi Padre en Su Trono”.

Él puede hablar así porque Él viene en el Día Postrero como el Sol de Justicia, resplandeciendo y alumbrándonos el alma y todo nuestro ser, todo nuestro entendimiento, en este Día Postrero, para poder verlo resplandeciendo Su rostro como el sol, para poder verlo en Su Venida como Rey de reyes y Señor de señores, para reclamar Su Iglesia y también para reclamar Su Trono: el Trono de David, sobre el cual se sentará Cristo en el glorioso Reino Milenial.

Eso es la Luz del Séptimo Sello, eso es la Luz de Su Venida, esa es la Gran Luz prometida para ser manifestada en este tiempo final; porque la Gran Luz que será manifestada en este tiempo final, dice el precursor de la Segunda Venida de Cristo que es Su Venida. Dice:

“La gran Luz vendrá cuando Jesús mismo será manifestado aquí en la Tierra, o arriba en los Cielos, llevándose a Su Novia, y entonces el Milenio comenzará”.

Ahora vean lo que es la Gran Luz que está prometida para ser manifestada aquí en la Tierra, a la Iglesia de Jesucristo y en la Iglesia del Señor Jesucristo.

¿Qué fue la Luz en San Juan, capítulo 1? El Verbo: “En el principio era el Verbo y el Verbo era con Dios y el verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Por Él fueron hechas todas las cosas, y sin Él nada lo que fue hecho es hecho”. Vamos a ver cómo lo dice aquí: Capítulo 1 de San Juan:

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.

Este era en el principio con Dios.

Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.

En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres”.

Y luego en el verso 9 al 10, dice:

“Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo.

En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció”.

Ahora, también encontramos que el apóstol San Juan en Primera de Juan nos dice que Dios es Luz. Y al decir que Dios es Luz nos está enseñando que Dios siendo Luz estará manifestado en la Tierra en carne humana, y así será como la Luz estará resplandeciendo y alumbrando a los seres humanos.

En San Mateo, capítulo 4, vean lo que nos dice aquí. Capítulo 4, verso 12 en adelante, dice:

“Cuando Jesús oyó que Juan estaba preso, volvió a Galilea;

y dejando a Nazaret, vino y habitó en Capernaum, ciudad marítima, en la región de Zabulón y de Neftalí,

para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo:

Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí,

Camino del mar, al otro lado del Jordán,

Galilea de los gentiles;

El pueblo asentado en tinieblas vio gran luz;

Y a los asentados en región de sombra de muerte,

Luz les resplandeció.

Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado”.

Ahora, ¿cómo fue que el pueblo asentado en tinieblas vio gran Luz? Porque la Luz estaba manifestada en carne humana, allí en la persona de Jesús. Él era la Luz verdadera que alumbra a todo hombre, manifestada en carne humana; y cuando es manifestada a través de carne humana y en carne humana, entonces es que alumbra con Su Mensaje, alumbra el alma y el entendimiento de los seres humanos; y eso era lo que estaba haciendo allí la Luz. Y era una promesa que sería alumbrado el pueblo allá en Zabulón y Neftalí, aquellas personas que estaban viviendo en un territorio de muerte. Dice:

“El pueblo asentado en tinieblas vio gran luz;

Y a los asentados en región de sombra de muerte,

Luz les resplandeció”.

¿Cómo les resplandeció esa Luz? Les resplandeció por medio de Su manifestación en carne humana.

Y ahora vean cómo para el pueblo hebreo tenemos la misma promesa en el libro de Amós. En Amós nos dice Dios… Oseas, capítulo 6, vamos a ver lo que nos dice aquí:

“Venid y volvamos a Jehová; porque él arrebató, y nos curará; hirió, y nos vendará.

Nos dará vida después de dos días; en el tercer día nos resucitará, y viviremos delante de él.

Y conoceremos, y proseguiremos en conocer a Jehová; como el alba está dispuesta su salida, y vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia tardía y temprana a la tierra”.

Ahora vean cómo dice que está dispuesta Su salida. Dice:

“Y conoceremos, y proseguiremos en conocer a Jehová; como el alba está dispuesta su salida…”.

¿Cómo está dispuesta la salida del alba? Con el sol alumbrando en la mañana.

Comienza con una claridad y nadie ve el sol, pero ve una claridad por el este, es que ya está rayando el alba.

Y el amanecer, en donde el sol comienza a alumbrar, nos habla del tiempo de la Segunda Venida de Cristo como el Sol de Justicia resplandeciendo.

Es ahí también donde se ve la estrella resplandeciente de la mañana; se ve muy grande esa estrella por el este, por esa parte, y da testimonio de que el sol viene ya; y cuando ya está rayando el alba la estrella ahí está resplandeciendo dando testimonio, dando su mensaje de que ya el sol está comenzando a salir.

Y Cristo está representado en la estrella de la mañana, pues Él dice: “Yo soy la Estrella resplandeciente de la Mañana”, Apocalipsis 22, verso 16.

Y capítulo 2, verso 28, dice: “Al que venciere, yo le daré la Estrella de la Mañana”.

Es que Cristo es identificado con cada ángel mensajero en cada edad. Es con el mensajero de cada edad que Jesucristo se identifica; y para el Día Postrero, cuando el Sol de Justicia tiene que salir, pues Cristo se identifica con el mensajero que estará viviendo en ese tiempo, que es el mensajero de la Edad de la Piedra Angular, el cual es el Ángel del Señor Jesucristo.

Y por eso, al identificarse con y en Su mensajero, se identifica como la Estrella de la Mañana. En la manifestación que Cristo realiza a través de Su Ángel Mensajero después de las siete edades de la Iglesia gentil, se identifica con la manifestación de la Estrella resplandeciente de la Mañana, y luego con la manifestación del Sol naciente.

Y por eso el pueblo hebreo está esperando la Venida del Mesías; y dice ahí: “Como el alba está dispuesta su salida”. Oseas, capítulo 6, verso del 1 al 3. Y en Malaquías, capítulo 4, verso 2, dice: “Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de Justicia, y en Sus alas traerá salvación”.

Y por cuanto Cristo se identifica por medio de Su mensajero en cada edad y en cada dispensación, en el tiempo final, en Su manifestación como la Estrella resplandeciente de la Mañana y como el Sol de Justicia naciendo, se identifica con Su mensajero de la Edad de la Piedra Angular, con Su Ángel Mensajero; y por eso en esa manifestación de Cristo encontraremos a Cristo en Espíritu Santo manifestado como la Estrella resplandeciente de la Mañana y como el Sol naciente; en Su Ángel Mensajero veremos a Cristo identificado y manifestado en este tiempo final.

Así es como estaremos viendo la Estrella resplandeciente de la Mañana alumbrando y dando Su Mensaje, pues Él dijo: “Al que venciere, yo le daré la Estrella de la Mañana”, y Cristo dice: “Yo soy la Estrella resplandeciente de la Mañana”.

Cristo va a estar ¿dónde? En el vencedor, manifestado como la Estrella de la Mañana dándonos Su Mensaje; y también va a estar como el Sol de Justicia resplandeciendo en este tiempo final.

Ahora, hemos visto la forma en que Él estaría manifestado en este tiempo final, y nosotros lo estaríamos viendo como la Estrella resplandeciente de la Mañana dándonos Su Mensaje de que un nuevo Día está rayando, está comenzando un nuevo día dispensacional y un nuevo día milenial; y anunciándonos la Venida del Sol ya rayando la mañana de un nuevo día dispensacional.

Ese es el Mensaje que anuncia la Segunda Venida de Cristo y que anuncia la Luz de Cristo alumbrándonos el alma y todo nuestro ser.

Está rayando el alba, como estaba rayando el alba cuando el Ángel de Jehová estaba con Jacob luchando, y Jacob no lo soltaba.

Así es para el Israel espiritual en este tiempo final: estará con el Ángel de Jesucristo y no lo soltará hasta que reciba la bendición de la transformación; y el pueblo hebreo también lo verá, el Israel terrenal, y se agarrará de ese Ángel, y no lo soltará hasta que reciba la bendición de parte del Ángel de Jesús, a través del cual Jesús estará manifestado.

El pueblo hebreo dirá: “¡Este es al que nosotros estamos esperando!”, así como Jacob estaba esperando al Ángel de Jehová, y cuando lo vio se agarró bien de Él.

Ahora podemos ver lo que eso significa para todos nosotros y para el pueblo hebreo. Eso significa, para nosotros y para el pueblo hebreo, la Luz del Séptimo Sello, la Luz de Su Venida, la Luz de la apertura, de la manifestación del Séptimo Sello en medio de Su Iglesia, y después en medio del pueblo hebreo.

Esa es la Luz del Ángel Fuerte que desciende del Cielo en Apocalipsis, capítulo 10 y Apocalipsis, capítulo 19.

Esa es la Luz del Sol de Justicia, de Jesucristo en Su Venida con Sus Ángeles en este tiempo final, bajo la apertura del Séptimo Sello, bajo el cumplimiento del Séptimo Sello en medio de Su Iglesia en este tiempo final. Y eso es la Luz del Séptimo Sello resplandeciendo y alumbrándonos el alma, el entendimiento y todo nuestro ser.

Ha sido para mí un privilegio muy grande estar con ustedes en esta ocasión,  dándoles testimonio de LA LUZ DEL SÉPTIMO SELLO.

Que las bendiciones de Jesucristo, el Ángel del Pacto, sean sobre cada uno ustedes y sobre mí también, y resplandezca Su rostro sobre nosotros y nos alumbre el alma y el entendimiento y todo nuestro ser, y así nos abra todas las escrituras y derrame todas Sus bendiciones sobre todos nosotros, y pronto todos seamos transformados y raptados en este tiempo final. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Muchas gracias por vuestra amable atención, amados amigos y hermanos presentes; y dejo nuevamente con nosotros al reverendo Miguel Bermúdez Marín para continuar y finalizar nuestra parte en esta noche.

Que Dios les bendiga y les guarde a todos.

“LA LUZ DEL SÉPTIMO SELLO”.

[Edición junio 2018]

1 Apocalipsis 3:21

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