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Muy buenas tardes, amables amigos y hermanos presentes. Es para mí un privilegio estar con ustedes aquí en Quillota, Chile, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor del Programa Divino correspondiente a este tiempo final y ver la manifestación en simplicidad del Séptimo Sello, lo cual para este tiempo final es el evento más grande prometido en toda la Escritura.

Quiero leer en Apocalipsis, capítulo 8, verso 1 en adelante, donde dice:

“Cuando abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el cielo como por media hora.

Y vi a los siete ángeles que estaban en pie ante Dios; y se les dieron siete trompetas.

Otro ángel vino entonces y se paró ante el altar, con un incensario de oro; y se le dio mucho incienso para añadirlo a las oraciones de todos los santos, sobre el altar de oro que estaba delante del trono.

Y de la mano del ángel subió a la presencia de Dios el humo del incienso con las oraciones de los santos.

Y el ángel tomó el incensario, y lo llenó del fuego del altar, y lo arrojó a la tierra; y hubo truenos, y voces, y relámpagos, y un terremoto”.

Y en San Mateo, capítulo 24, versos 30 en adelante, dice:

“Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria.

Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro”.

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

“LA MANIFESTACIÓN EN SIMPLICIDAD DEL SÉPTIMO SELLO”.

El Séptimo Sello es la Segunda Venida de Cristo. Ese es el misterio contenido en el Séptimo Sello; por eso causó silencio en el Cielo como por media hora cuando fue abierto este misterio en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero o Libro de los Siete Sellos.

Este Libro de los Siete Sellos es el Título de Propiedad de toda la Creación, de los Cielos y de la Tierra. Este Libro aparece en Apocalipsis, capítulo 5, versos 1 en adelante, y dice así:

“Y vi en la mano derecha del que estaba sentado en el trono (o sea, de Dios) un libro escrito por dentro y por fuera, sellado con siete sellos.

Y vi a un ángel fuerte que pregonaba a gran voz: ¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos?

Y ninguno, ni en el cielo ni en la tierra ni debajo de la tierra, podía abrir el libro, ni aun mirarlo.

Y lloraba yo mucho, porque no se había hallado a ninguno digno de abrir el libro, ni de leerlo, ni de mirarlo.

Y uno de los ancianos me dijo: No llores. He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos.

Y miré, y vi que en medio del trono y de los cuatro seres vivientes, y en medio de los ancianos, estaba en pie un Cordero como inmolado, que tenía siete cuernos, y siete ojos, los cuales son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra.

Y vino, y tomó el libro de la mano derecha del que estaba sentado en el trono.

Y cuando hubo tomado el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero; todos tenían arpas, y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos;

y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación;

y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra”.

Ahora vean cómo en el Cielo, al tomar el Cordero —Jesucristo— el Título de Propiedad, el Libro sellado con siete sellos, hay un gran jubileo en el Cielo, y hay un nuevo cántico en el Cielo de todas estas huestes que están en el Cielo, los cuales han sido redimidos por la Sangre de Jesucristo.

Estos son los redimidos por la Sangre de Cristo, los cuales dicen:

“… y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación;

y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra”.

Ahora podemos ver el júbilo que causa en el Cielo la toma de este Título de Propiedad por nuestro amado Señor Jesucristo. Él es el León de la tribu de Judá y también Él es el Cordero de Dios.

Ahora, el anciano dijo: “He aquí el León de la tribu de Judá, el cual ha prevalecido para tomar el Libro y abrir sus sellos”; y cuando Juan el apóstol mira, vio un Cordero como inmolado, que tenía siete cuernos y siete ojos; porque el León de la tribu de Judá es el mismo Cordero de Dios, porque es la misma persona: es nuestro amado Señor Jesucristo.

Y Él es el que nos ha redimido con Su Sangre, y el que toma el Título de Propiedad, el Libro de la Vida del Cordero, en el Cielo; y lo abre, y hace Su reclamo de todo lo que Él ha redimido con Su Sangre preciosa para que nosotros podamos tener un cuerpo eterno, para que los que han muerto pero que han creído en Cristo como su Salvador puedan resucitar en cuerpos eternos y nosotros los que vivimos podamos ser transformados, y podamos reinar con Cristo por el Milenio y por toda la eternidad como reyes y sacerdotes; y así en el glorioso Reino Milenial de Cristo todos tener un cuerpo eterno, incorruptible, inmortal, jovencito por toda la eternidad, representando por toda la eternidad de 18 a 21 años de edad.

Solamente en el Programa de Jesucristo podemos encontrar la juventud eterna, la vida eterna, la inmortalidad, porque Él es la Fuente de la Juventud, la cual muchas personas han deseado encontrar; pero han buscado literalmente, una fuente de agua literal, cuando la Fuente de la Vida Eterna y de la juventud eterna es nuestro amado Señor Jesucristo.

Él dijo en una ocasión: “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba”1.

Ahora, vean ustedes cómo la Fuente de la Vida Eterna, la Fuente de la Juventud es nuestro amado Señor Jesucristo. El que no viene a Él y toma del Agua de la Vida Eterna nunca podrá vivir eternamente, y se convierte la persona en un ser que no le dio a su alma el Agua de la Vida Eterna; o sea que es la persona misma la que se perjudica al no darle del Agua de la Vida Eterna, que es Cristo.

Es como una persona que no le da alimento físico a su cuerpo; ¿qué está haciendo? Está perjudicando su propio cuerpo; y si no le da alimento se va debilitando, se enferma y después se muere. Y así es con el alma de la persona: si no le da del Agua de la Vida Eterna, esa alma nunca podrá vivir eternamente.

“No solamente de pan vivirá el hombre…”. Dice la Escritura en Amós, capítulo 8, verso 11, que “habrá hambre sobre la Tierra, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la Palabra de Dios”.

“No solamente de pan vivirá el hombre, sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios”2. Por lo tanto, necesitamos el Agua y el Pan espiritual para alimentar nuestra alma, para que pueda vivir eternamente; de otra forma, el alma de esa persona no podrá vivir eternamente. Pero para los que reciben a Cristo como su Salvador y lavan sus pecados en la Sangre de Cristo y reciben Su Espíritu, reciben vida eterna.

Cristo dijo en San Juan, capítulo 5, de la siguiente manera…; en el verso 24, dice: “De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida”.

Podemos ver cómo pasamos de muerte a vida, pues el ser humano al venir a esta Tierra por medio de la unión de su padre y su madre, encontramos que viene en medio de una raza caída, en medio de una raza que perdió los derechos a la vida eterna, y perdió los derechos a la juventud eterna, y perdió los derechos a un cuerpo eterno; y por consiguiente es una raza sentenciada a muerte, que vive una temporada en el cuerpo de carne y después le llega el momento de terminar sus días en ese cuerpo; su cuerpo físico tiene que morir porque es temporal y corruptible y mortal. Así que esa es la vida terrenal para los seres humanos. Pero Cristo dijo: “El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida”.

La persona obtiene vida eterna por medio de Cristo; y aunque se le acaben sus días en este cuerpo mortal, Cristo ha dicho en San Juan, capítulo 6, para los creyentes en Él, Él ha dicho así en el capítulo 6, verso 39 al 40:

“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero”.

¿Para cuándo, conforme a la voluntad del Padre, será la resurrección de los creyentes en Cristo que han muerto? Para el Día Postrero.

“Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero”.

Es para el Día Postrero que Cristo resucitará a los que han creído en Él y han muerto sus cuerpos físicos. Y para los que estamos vivos y ocurra la resurrección de los muertos en Cristo, la promesa es que seremos transformados: nuestros cuerpos mortales serán cambiados en nuestros átomos; y obtendremos así un cambio, una transformación de nuestros cuerpos mortales, y obtendremos la inmortalidad, porque obtendremos un cuerpo inmortal, el cual Cristo nos dará en el Día Postrero.

¿Y cuál es el Día Postrero? El Día Postrero es el séptimo milenio, llamado también el Día del Señor; “porque un día delante del Señor es como mil años, y mil años como un día”. O sea que un día delante del Señor para los seres humanos es un milenio; un milenio de los seres humanos delante de Dios es solamente un día.

Ahora, vean ustedes cómo San Pedro en Segunda de Pedro, capítulo 3, verso 8, da testimonio de esta verdad, y también el Salmo 90 y verso 4 del profeta Moisés.

Podemos ver que es para el Día Postrero que Dios nos dará un cuerpo eterno. Esto es para todos los creyentes en nuestro amado Señor Jesucristo, que han creído en Cristo y han lavado sus pecados en la Sangre de Cristo y han recibido Su Espíritu Santo, y por consiguiente han nacido de nuevo; pues Cristo dijo a Nicodemo:

“De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.

Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?

Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.

Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.

No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo”.

(San Juan, capítulo 3, versos 3 al 7).

Ahí encontramos el requisito para entrar al Reino de Dios. Y es Cristo el que produce en la persona ese nuevo nacimiento.

Cuando la persona cree en Cristo como su Salvador y lava sus pecados en la Sangre de Cristo y recibe Su Espíritu, ahí se produce el nuevo nacimiento; y entra así al Reino de Dios, y viene a formar parte del Cuerpo Místico de Cristo, que es Su Iglesia. Esa persona ha pasado de muerte a vida eterna, y tiene la promesa de vivir eternamente con nuestro amado Señor Jesucristo.

Y para el Día Postrero, si esa persona ya ha muerto, su cuerpo físico, tiene la promesa de una resurrección en un nuevo cuerpo, o sea, en un cuerpo eterno, el cual Cristo creará para esa persona. Y si está viva la persona todavía en esta Tierra y ocurre la resurrección de los muertos en Cristo, tiene la promesa de una transformación de su cuerpo para tener así un cuerpo eterno y glorioso, y ser a imagen y semejanza de nuestro amado Señor Jesucristo.

Es muy importante comprender el motivo de nuestra existencia en este planeta Tierra. No podemos pasar por este planeta Tierra ignorando el motivo de nuestra existencia en esta Tierra, porque entonces pasaríamos por este planeta Tierra como los animales, que pasan por esta Tierra y no saben que hay un Programa de vida eterna, de salvación, para vivir con Cristo por toda la eternidad.

Tenemos que levantar nuestras cabezas al Cielo, a Dios, para obtener de parte de Dios el conocimiento del propósito por el cual hemos llegado a este planeta Tierra, para que así aprovechemos nuestros días en la Tierra haciendo como dijo Jesucristo. Él dijo: “Buscad primeramente el Reino de Dios y Su justicia, y las demás cosas serán añadidas”3.

El ser humano está en este planeta Tierra comisionado para buscar primeramente el Reino de Dios y Su justicia, y luego las demás cosas serán añadidas, pues son las añadiduras de la vida terrenal; pero lo primero es el Reino de Dios y Su justicia, porque así es como hacemos contacto con la vida eterna para poder vivir eternamente en el Reino de Dios, en el Reino de Jesucristo.

Y toda persona quiere vivir eternamente con Dios, y hay una forma para vivir eternamente con Dios, Su Programa nos muestra que hay una forma: Cristo muriendo en la Cruz del Calvario pagó el precio de la redención. Redimir significa ‘volver al lugar original o de origen’; y el ser humano tiene solamente una forma para volver a vivir eternamente, y es por medio de Jesucristo, el cual tomó nuestros pecados y murió en la Cruz del Calvario por ellos, para que nosotros podamos vivir eternamente.

En medio del pueblo hebreo se tenían los sacrificios de animalitos por el pecado, los cuales son tipo y figura del Sacrificio de Jesucristo; en el Sacrificio de Cristo en la Cruz del Calvario se cumplieron todos esos sacrificios que el pueblo hebreo realizaba. Y ahora por medio de un solo sacrificio, el de Jesucristo, nosotros obtenemos nuestra redención para poder volver a la vida eterna.

Y el que no aprovecha esa oportunidad que Dios le da para ser restaurado a la vida eterna, pues no puede ser restaurado a la vida eterna. Solamente hay un camino, y Cristo dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida; y nadie viene al Padre, sino por mí”4.

No hay otra forma para volver al Padre, para vivir eternamente con Dios; solamente por medio de un solo camino, y hay solamente una verdad; y ese Camino es Jesucristo, y esa Verdad es Jesucristo.

Y hay una resurrección. Jesucristo dijo: “Yo soy la resurrección”. Por eso Él es el que resucitará a los creyentes en Él en un cuerpo nuevo, en un cuerpo eterno, para vivir por toda la eternidad. Y Él dijo que será en el Día Postrero (o sea, en el séptimo milenio), en el cual Él resucitará a todos los creyentes en Él que han muerto físicamente; volverán a vivir en un cuerpo eterno para reinar con Cristo por el Milenio y por toda la eternidad. Y para nosotros los que vivimos hay una promesa, y es la de ser transformados; una transformación de nuestros cuerpos para así obtener la inmortalidad. Y ese Programa es el de Jesucristo para los creyentes en Él.

En Su Primera Venida Él llevó a cabo la Obra de Redención en la Cruz del Calvario como Cordero de Dios; fue prometida Su Venida por cientos o miles de años a través de las profecías que fueron dadas por los santos profetas que hablaron inspirados por el Espíritu de Dios. Y el cumplimiento de Su Venida fue tan simple: en un sencillo joven carpintero de Nazaret, allí estaba cumplida la Venida del Rey de Israel, la Venida del Mesías; allí estaba en carne humana el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob; allí estaba el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová que había libertado al pueblo hebreo allá en Egipto, ahora estaba en un velo de carne llamado Jesús.

Por eso cuando el profeta Isaías dijo que vendría el Mesías, dijo: “He aquí el mismo Señor dará señal (una señal, Él): la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y se llamará su nombre Emanuel (que traducido es: Dios con nosotros)”. Esa promesa fue cumplida cuando la virgen María concibió, o sea, tuvo en su vientre un bebé y nació ese bebé en Belén de Judea; y le fue puesto por nombre “Jesús”, conforme a como el Ángel Gabriel le dijo que hiciera. Y ese sencillo niño que nació en Belén de Judea era el Mesías, era el Mesías prometido para el pueblo hebreo, era el Rey de Israel naciendo en Belén de Judea conforme a las profecías divinas.

Creció, se crio en Nazaret, y cuando tenía cerca de 30 años comenzó Su ministerio, el cual duró tres años y medio en el cumplimiento de la primera parte de la semana número setenta de la profecía de Daniel. Y fue tan simple la Venida del Mesías dos mil años atrás como Cordero de Dios que les pasó por encima el cumplimiento de la Venida del Mesías.

Siendo una promesa tan grande, todos esperaban que fuera cumplida en una persona grande e importante, pero fue cumplida en un joven carpintero de Nazaret. Esto es así porque cuando Dios promete algo grande lo cumple siempre en sencillez, en simplicidad; siempre el velo de carne a través del cual Dios cumple Su promesa es sencillo, es simple. Lo grande es el que está manifestado en ese velo de carne; porque el que está manifestado en ese velo de carne es Dios, y Dios es el único grande. Por lo tanto, la grandeza pertenece a Dios; y la simplicidad, la parte sencilla es la parte humana, en donde Dios cumple lo grande que Él prometió; para que así la parte humana no se engrandezca sobre Dios, sino que permanezca en simplicidad el velo de carne a través del cual Dios cumple Su promesa.

Ahora podemos ver la manifestación en simplicidad de la Primera Venida de Cristo. Todos esperaban un personaje grande, pero miren, vino el personaje grande, pero vino vestido de un velo de carne sencillo, llamado Jesús, el carpintero de Nazaret.

¿Cuántas personas de aquel tiempo pensarían o interpretarían que la Venida del Mesías sería en un obrero de la construcción? Nadie se imaginó que eso fuera posible. Todos pensaban que sería un hombre muy importante el Mesías prometido para el pueblo hebreo; y esperaban una persona con mucho atractivo, tanto económico como social, como cultural, un atractivo de grandes títulos universitarios; pero vino con el título de carpintero.

El pueblo hebreo estaba esperando un rey, y le vino un carpintero; pero vino en esa forma tan sencilla que lo pasaron por alto los grandes sabios y doctores en Teología de aquel tiempo.

Cristo dijo en San Mateo, capítulo 11, versos 25 en adelante (vamos a ver):

“En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños”.

¿Qué cosas había escondido de los sabios y entendidos? La Primera Venida de Cristo, la Venida del Mesías. ¿Y cuáles eran los sabios y entendidos de los cuales estaba oculta la Primera Venida de Cristo? De los sabios y entendidos en asuntos religiosos.

La Primera Venida de Cristo estuvo oculta de los ojos de los teólogos, de los doctores en Divinidad de la religión hebrea, y no podían ver que aquel sencillo joven carpintero de Nazaret era el cumplimiento de la Primera Venida del Mesías. En Él estaba Dios manifestado en carne, en Él estaba el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová vestido de carne humana; pues estaba prometida en Malaquías, capítulo 4 y capítulo 3, la Venida del Señor.

En el capítulo 3 dice, verso 1 en adelante: “He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí”.

¿Quién fue ese mensajero? Juan el Bautista, el cual vino delante del Mesías predicando y preparándole el camino y diciendo: “Después de mí viene uno del cual yo no soy digno de desatar la correa de su calzado. Él les bautizará con Espíritu Santo y Fuego”.

Él dijo en una ocasión también: “Yo no lo conocía, pero el que me mandó a bautizar me dijo: ‘Sobre aquel que tú veas al Espíritu Santo descender en forma de paloma sobre Él, ese es Él’”. Y dice: “Y yo le vi”; lo vio descender sobre Jesús. Y por eso presentó a Jesucristo como el Mesías, como el Cordero de Dios que quitaría el pecado del mundo.

Ahora, cuando Juan lo presentó como el Mesías, como el Cordero de Dios, estaba presentando a un joven carpintero, sencillo y humilde de Nazaret. Era la manifestación de Dios en el cumplimiento de la Primera Venida de Cristo en simplicidad.

Ahora vean ustedes cómo sigue diciendo aquí. Después de enviar al mensajero, dice:

“He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí (ese fue Juan el Bautista); y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos”.

¿Quién vendría después de Juan el Bautista, el mensajero que le prepararía el camino? Luego vendría el Señor Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob; vendría el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, que libertó al pueblo hebreo de la esclavitud en Egipto; los llevó por el desierto hasta que los introdujo en la tierra prometida.

Vean cómo habla del Ángel de Jehová, que es el mismo Dios en Su cuerpo teofánico. En el libro del Éxodo, capítulo 23, dice así la Escritura, capítulo 23, verso 20 al 23, del Éxodo, dice:

“He aquí yo envío mi Ángel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado.

Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión, porque mi nombre está en él.

Pero si en verdad oyeres su voz e hicieres todo lo que yo te dijere, seré enemigo de tus enemigos, y afligiré a los que te afligieren.

Porque mi Ángel irá delante de ti, y te llevará a la tierra del amorreo, del heteo, del ferezeo, del cananeo, del heveo y del jebuseo, a los cuales yo haré destruir”.

¿Quién iba delante del pueblo hebreo? El Ángel de Dios, el Ángel de Jehová. Y le dijo Dios al pueblo hebreo que no fuera rebelde el pueblo hebreo al Ángel de Jehová. Dijo: “Porque mi Nombre está en Él”.

El Ángel de Jehová o Ángel del Pacto es el mismo Dios en Su cuerpo teofánico, y luego se hizo carne y habitó entre los seres humanos y fue conocido por el nombre de Jesús.

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Por él fueron hechas todas las cosas; sin él nada de lo que ha sido hecho fue hecho. En él estaba la vida”5. ¿Por qué? Porque Él es el origen de la vida. Y dice: “Y aquel Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros”.

El Verbo, que es el mismo Dios en Su cuerpo teofánico, conocido como el Ángel de Jehová, se hizo carne; o sea, se hizo hombre y habitó entre los seres humanos, y fue conocido por el nombre de Jesús. Por eso Jesús podía decir: “Antes que Abraham fuera, yo soy”. Podía decir: “Abraham deseó ver mi día; lo vio y se gozó”.

Juan el Bautista decía, hablando acerca de Jesús, decía: “Porque Él es primero que yo”, y vino después de Juan el Bautista; pero antes de venir en carne humana Jesús estaba en Su cuerpo teofánico llamado el Ángel de Jehová.

Él fue el que le apareció a Abraham, a Isaac, a Jacob, a Moisés y a los profetas del Antiguo Testamento; con Él fue que luchó Jacob, y le decía: “Hasta que me bendigas yo no te soltaré”.

Con Él fue que comió Abraham el día antes de la destrucción de Sodoma y Gomorra, y Abraham le llamó “Elohim”.

Antes de eso, también había visitado a Abraham, cuando regresaba Abraham victorioso de una batalla; y le apareció a Abraham como Melquisedec, que es Rey de Salem y también es Sacerdote del Dios Altísimo: Rey de Salem y Rey de Paz. Le dio pan y vino a Abraham, y Abraham pagó los diezmos a Melquisedec; sin padre, sin madre, sin principio y sin fin. Ese es el mismo Dios en Su cuerpo teofánico apareciéndole a Abraham; y Él es el Sacerdote del Templo que está en el Cielo.

Por eso cuando vino en carne humana, conocido por el nombre de Jesús, murió Su cuerpo físico como sacrificio vivo en favor de todos nosotros; y luego resucitó y ascendió al Cielo y llevó Su propia Sangre al Templo que está en el Cielo, al Lugar Santísimo; y siendo Sumo Sacerdote, tomó Su propia Sangre y la colocó en el Lugar Santísimo del Templo que está en el Cielo sobre el Propiciatorio, como hacía el sumo sacerdote en el templo terrenal.

Y allí ha estado Jesucristo como Sumo Sacerdote con Su propia Sangre en el Lugar Santísimo del Templo que está en el Cielo, intercediendo por todos los que tienen sus nombres escritos en el Libro de la Vida del Cordero. Y cuando entre el último de los escogidos de Dios escritos en el Libro de la Vida del Cordero, Jesucristo termina Su labor de Sumo Sacerdote en el Cielo y sale para reclamar a todos los que Él ha redimido con Su Sangre preciosa.

Y toma el Título de Propiedad, el Libro de los Siete Sellos, y lo abre en el Cielo; y así hace Su reclamo para luego traer a los santos que han partido, que han muerto sus cuerpos físicos en edades pasadas, traerlos de nuevo a la Tierra en un cuerpo eterno; y a nosotros los que vivimos transformarnos, y así obtener nosotros un cuerpo eterno también. Y todos ser a imagen y semejanza de nuestro amado Señor Jesucristo; y así es como obtendremos la inmortalidad física también.

Seremos inmortales cuando seamos transformados, seremos inmortales físicamente. En la actualidad somos inmortales interiormente; porque desde el momento en que la persona ha recibido a Cristo como su Salvador y ha lavado sus pecados en la Sangre de Cristo, ha recibido vida eterna.

Cristo dijo: “El que oye mi Palabra y cree al que me envió, tiene vida eterna”. Por eso es tan importante recibir a Cristo como nuestro Salvador, lavar nuestros pecados en la Sangre de Cristo y recibir Su Espíritu Santo; porque así obtenemos la vida eterna, somos restaurados a la vida eterna.

Por eso es que también dice, de aquellos que no creerían, que ya son condenados porque no creyeron en el unigénito Hijo de Dios, porque no recibieron la vida eterna, que es nuestro amado Señor Jesucristo; pero vean lo sencillo que es recibir vida eterna.

“El que oye mi Palabra y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida”.

De todas las cosas que nosotros tenemos que asegurar mientras estamos en esta vida terrenal, la más importante de todas es la vida eterna. Tenemos que asegurarnos de que, cuando terminen nuestros días aquí en la Tierra, estaremos viviendo eternamente con nuestro amado Señor Jesucristo.

Una persona no puede arriesgar su futuro, una persona no puede arriesgarse sin estar seguro de lo que será después de esta vida terrenal; tiene que asegurarse bien; y la única forma es recibiendo a Cristo como su Salvador y lavando sus pecados en la Sangre de Cristo y recibiendo Su Espíritu, para así obtener el nuevo nacimiento.

No hay otra forma para nacer de nuevo; y por consiguiente, nacer y entrar al Reino de Dios, y así tener un cuerpo teofánico de la sexta dimensión, que es parecido a nuestro cuerpo terrenal pero de otra dimensión; para cuando terminen los días en la Tierra en este cuerpo mortal ir a vivir al Paraíso en ese cuerpo teofánico de la sexta dimensión, que se parece al cuerpo terrenal pero es de otra dimensión. Y cuando ocurra la resurrección de los muertos en Cristo, regresar a la Tierra en un cuerpo físico, glorificado y eterno, para ser a imagen y semejanza de nuestro amado Señor Jesucristo.

¿Vieron lo sencillo que es todo el Programa Divino para la vida eterna? Es tan sencillo, es tan simple que, si no vemos claramente qué es lo que está prometido aquí en la Escritura para nosotros recibir vida eterna, lo pasamos por alto; porque es bien sencillo para que ninguna persona tenga la necesidad de ir a una universidad a estudiar acerca de cómo entrar a la vida eterna, sino que comprenda que es al escuchar la Palabra de Dios, recibir a Cristo como su Salvador, lavar sus pecados en la Sangre de Cristo y recibir Su Espíritu; y así entra a vida eterna, así se produce el nuevo nacimiento en la persona.

Así también, simple, es la forma en que usted nació en esta Tierra. Su padre y su madre no tuvieron que ir a la universidad para que les enseñaran allá cómo traer a existencia un ser humano, cómo traerlo a existencia a usted. Todo es sencillo. Las cosas grandes realmente son sencillas cuando son manifestadas, cuando son cumplidas.

Ahora vean, la ciencia aun con todo lo que ha aprendido, los hombres sabios aun con todo lo que han aprendido, los científicos aun con todo lo que saben, no pueden hacer lo que nuestros padres terrenales han hecho: traer a existencia nuestros cuerpos, traernos a esta vida terrenal. Y nuestros padres no son científicos pero sin embargo han hecho algo más grande que lo que han podido hacer los científicos.

Ahora dicen: “Ya los científicos han adelantado mucho y han traído vida en los laboratorios”; pero recuerden, han tenido que usar lo que nuestros padres usan para traer a existencia hijos a esta Tierra. O sea que no ha sido algo que ellos realmente han hecho, sino que ellos han canalizado todo en el laboratorio; pero la materia prima ha sido la misma materia prima que ha sido usada para nuestros cuerpos mortales aparecer en este planeta Tierra.

¿Ven lo sencillo que es la vida? Todo es sencillo. Y la vida eterna es también sencilla, y no la podemos complicar. Cristo dijo: “El que oye mi Palabra y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida”.

Si ha pasado de muerte a vida, entonces el que no oye Su Palabra y cree en Jesucristo como su Salvador, y lava sus pecados en la Sangre de Cristo, entonces se queda en muerte; está en muerte, porque ha venido por medio de la unión de papá y mamá. Y ahora, necesita el nuevo nacimiento; y si no lo obtiene, permanecerá en muerte.

Ahora, para el tiempo final tenemos la promesa de la Segunda Venida de Cristo, la cual ha sido prometida en el Antiguo Testamento y también en el Nuevo Testamento.

El Señor Jesucristo habló de este gran evento para ser cumplido en el tiempo final. Él dijo en San Mateo, capítulo 16, versos 27 al 28, de la siguiente manera:

“Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras”.

¿Cómo vendrá el Hijo del Hombre? Vendrá en la gloria de Su Padre. ¿Con quién vendrá el Hijo del Hombre? Dice: “con Sus Ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras”.

Para el cumplimiento de la Segunda Venida de Cristo, la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles, los seres humanos recibirán la recompensa de sus obras, tanto los que han partido en el pasado como los que viven en este tiempo final.

Para los que creyeron en Cristo como su Salvador y murieron sus cuerpos físicos, recibirán la recompensa de la resurrección en un cuerpo eterno; los que no creyeron en Cristo se quedarán durmiendo, o sea, sus cuerpos se quedarán en el sepulcro y sus almas se quedarán donde están; porque la primera resurrección es para los creyentes en Cristo que murieron sus cuerpos físicos.

Y los que estamos vivos seremos transformados; o sea, los creyentes en Cristo que han lavado sus pecados en la Sangre de Cristo y han recibido Su Espíritu, la promesa para este tiempo, para el tiempo de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles, es que seremos transformados; y entonces tendremos un cuerpo eterno, obtendremos la inmortalidad física también y tendremos para toda la eternidad un cuerpo joven, que estará representando siempre de 18 a 21 años de edad.

Esa es la clase de cuerpo que Cristo ha prometido para todos los creyentes en Él; y esto es para ser cumplido en la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles, que es la Segunda Venida de Cristo.

“De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte (o sea, que no verán la muerte), hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino”.

Y el capítulo 17 y verso 1 en adelante continúa diciendo:

“Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto;

y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz.

Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él.

Entonces Pedro dijo a Jesús: Señor, bueno es para nosotros que estemos aquí; si quieres, hagamos aquí tres enramadas: una para ti, otra para Moisés, y otra para Elías.

Mientras él aún hablaba, una nube de luz los cubrió; y he aquí una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd”.

Aquí podemos ver, en esta visión que Dios le dio a Pedro, Jacobo y Juan, podemos ver a Jesús transfigurado delante de ellos con Su rostro resplandeciendo como el sol; porque allí Jesucristo está mostrándole a Pedro, Jacobo y Juan, en el Monte de la Transfiguración, les está mostrando la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles. Por eso aparecen allí con Jesús: Moisés a un lado y Elías al otro lado; aparecen Moisés y Elías porque ellos son los Ángeles del Hijo del Hombre para la Venida del Hijo del Hombre en el Día Postrero.

Son los ministerios de Moisés y de Elías los que estarán manifestados en el Día Postrero en la Venida del Hijo del Hombre. En la Venida del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová en el Día Postrero, estarán manifestados los ministerios de Moisés y Elías, que son los ministerios de los Dos Olivos de Apocalipsis, capítulo 11, verso 3 en adelante, y Zacarías, capítulo 4.

Donde esté el cumplimiento de la Venida del Hijo del Hombre, ahí estarán los ministerios de Moisés y Elías. Y los tres grandes ministerios prometidos para ser manifestados en el Día Postrero, en el cumplimiento de la Venida del Hijo del Hombre, son los ministerios de Moisés por segunda ocasión, de Elías por quinta ocasión y de Jesús por segunda ocasión.

Estos tres grandes ministerios estarán manifestados en el Día Postrero, en el cumplimiento de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles; y esto estará cumpliendo Apocalipsis, capítulo 10, verso 1 al 11, que es la Venida del Ángel Fuerte que desciende del Cielo envuelto en una nube, con Su rostro como el sol, y el arcoíris alrededor de Su cabeza, y sus ojos como llama de fuego, y sus pies como bronce bruñido o como columnas de fuego, y en su mano un Librito abierto, que es el Libro de los Siete Sellos.

Esa promesa encontramos que es cumplida en Apocalipsis, capítulo 10, verso 1 al 11, en la siguiente manera, conforme a como dijo el precursor de la Segunda Venida de Cristo en el mensaje de los Sellos. Aquí en el libro de Los Sellos, página 57, dice:

“‘Y vi otro ángel fuerte descender del cielo, cercado de una nube, y el arco celeste sobre su cabeza…’.

17. Ahora, si usted se fija bien, notará que esta persona es Cristo, porque aun en el Antiguo Testamento Él fue llamado el Ángel del Pacto; y Él ahora viene directamente a los judíos porque la Iglesia ha llegado a su fin. Bien, ahora continuando:

‘… y su rostro era como el sol, y sus pies como columnas de fuego’.

18. ¿Recuerdan el Ángel de Apocalipsis capítulo 1? Este es el mismo. Un ángel es un mensajero, y él es un mensajero a Israel”.

¿Cómo viene? Viene como el mensajero a Israel, como el mensajero al pueblo hebreo.

“… y él es un mensajero a Israel. ¿Ve usted? La Iglesia está a punto de ser raptada, Él viene por Su Iglesia”.

Ahora, este Ángel Fuerte que desciende del Cielo con Su rostro como el sol es el mensajero a Israel, es el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, que viene manifestado en el Día Postrero en el cumplimiento de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles; y viene para revelarse al pueblo hebreo en Su Segunda Venida.

Pero por cuanto la Iglesia del Señor Jesucristo ha llegado a su final, ha llegado al tiempo final, Él viene, el Ángel del Pacto viene por Su Iglesia para darle la fe, la revelación para ser transformada y raptada y ser llevada a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo.

Por eso el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, que vino dos mil años atrás en Su Primera Venida en carne humana para llevar a cabo Su Obra de Cordero de Dios en la Cruz del Calvario y redimirnos, para este tiempo final regresa el Ángel del Pacto para revelarse al pueblo hebreo; pero por cuanto la Iglesia de Jesucristo todavía está aquí y ha llegado al tiempo para ser raptada y llevada a la Casa de nuestro Padre celestial, entonces Él se revela a Su Iglesia primeramente y cumple la promesa que ha hecho a Su Iglesia; y le da la revelación de Su Venida, que es la revelación para ser transformada y raptada la Iglesia de Jesucristo, y para los muertos en Cristo resucitar, y llevarnos así a la Cena de las Bodas del Cordero.

También, en Apocalipsis, capítulo 19, versos 11 al 21, tenemos la Segunda Venida de Cristo; es presentado como el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis, capítulo 19. Este Jinete del caballo blanco de Apocalipsis, capítulo 19, es el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, que es Jesucristo en Espíritu Santo; y Él es el Ángel que tiene el Séptimo Sello.

El precursor de la Segunda Venida de Cristo orando dijo:

“[240]. … pedimos que el Espíritu Santo venga ahora mismo, el Jinete del verdadero caballo blanco, mientras Su Espíritu, el Espíritu de Cristo, entre en confrontación con el anticristo, y Él llame los Suyos”.

(Página 277 del libro de Los Sellos en español).

Y en la página 256 del libro de Los Sellos en español, tenemos la gran noticia de cómo aparecerá el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19. Dice así:

“121. Pero cuando nuestro Señor aparezca sobre la Tierra, Él vendrá sobre un caballo blanco como la nieve, y será completamente Emmanuel —la Palabra de Dios encarnada en un hombre”.

La Palabra de Dios encarnada en un hombre, el Verbo de Dios encarnado en un hombre, el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová viniendo en carne humana manifestado en el Día Postrero; así como vino en carne humana dos mil años atrás manifestado en carne humana en un joven carpintero de Nazaret llamado Jesús.

Para el Día Postrero vendrá el mismo Ángel del Pacto, el mismo Ángel de Jehová, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob vendrá manifestado en carne humana en un hombre del Día Postrero, el cual está señalado en la Escritura como el Ángel de Jesucristo.

Por eso es que Jesucristo en Apocalipsis, capítulo 1, verso 10 al 11, estuvo hablando, y Juan dijo:

“Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta,

que decía: Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último”.

¿Quién es el Alfa y Omega?, ¿quién es el primero y el último? Nuestro amado Señor Jesucristo. Es la Voz de Jesucristo en el Día Postrero, en el Día del Señor, que es el séptimo milenio; Cristo, el Ángel del Pacto, hablando por medio de carne humana en el Día Postrero todas estas cosas que deben suceder pronto.

En Apocalipsis, capítulo 4, verso 1, dice: “Sube acá, y yo te mostraré las cosas que han de suceder después de estas”. ¿Dónde vamos a subir? Tenemos que subir a la etapa, a la edad en que Cristo está manifestándose en medio de Su Iglesia en este tiempo final, que es la Edad de la Piedra Angular; y ahí subimos y encontramos a Jesucristo en Espíritu Santo manifestado a través de Su Ángel mensajero, dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto en este tiempo final.

Por eso la promesa de Cristo, diciendo con esa Voz de Trompeta en Apocalipsis, capítulo 4: “Sube acá, y yo te mostraré las cosas que han de suceder después de estas”, luego es cumplida esa promesa por medio del Ángel del Señor Jesucristo.

Apocalipsis, capítulo 22, verso 6, da testimonio de esta verdad; y dice así:

“Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto”.

¿A quién ha enviado el Señor, Dios, para dar testimonio de estas cosas que deben suceder pronto? Dice que ha enviado a Su Ángel, porque Su Ángel Mensajero es el profeta mensajero de la Dispensación del Reino (o sea, de la séptima dispensación) y es el profeta mensajero de la Edad de la Piedra Angular; el cual viene con el Mensaje del Evangelio del Reino predicando todas estas cosas que deben suceder pronto, en este tiempo final; y viene revelando el misterio de la Segunda Venida de Cristo: viene revelando el misterio de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles en este tiempo final; viene revelando ese misterio y mostrándole al pueblo esta promesa y la forma en que esta promesa sería cumplida en este tiempo final; y es la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles.

¿Cómo dijo que vendría el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, cómo dijo que vendría el precursor? Dice que vendrá, ¿cómo? Vendrá la Palabra encarnada en un hombre. Eso es la Venida del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, esa es la Venida de Cristo para este tiempo final; y viene con Sus Ángeles. Sus Ángeles son los ministerios de Moisés y Elías.

¿Cómo vendrá el cumplimiento de la Venida de Moisés y de Elías en este tiempo final? El precursor de la Segunda Venida de Cristo, hablándonos acerca de la Venida de Elías en su quinta manifestación como el mensajero al pueblo hebreo, nos dice así en el libro de Los Sellos en español, página 399, contestando la pregunta número 11. Dice así la pregunta número 11:

“11. El Elías que viene a predicar a los judíos, ¿es el verdadero Elías que estuvo en los días de Achab, o será solamente el espíritu de Elías en otro hombre?

(La contestación es):

Yo he pensado que será un hombre de este tiempo ungido con ese espíritu; porque allá, cuando Elías ya había subido (o sea, cuando subió a un carro de fuego o platillo volador, en el cual Dios se lo llevó) y Eliseo se encontró con los hijos de los profetas, ellos dijeron: ‘El espíritu de Elías reposó sobre Eliseo’. Es que Eliseo obró igual a Elías”.

O sea que el ministerio de Elías regresó sobre otro hombre llamado Eliseo; esa fue la segunda ocasión en que estuvo el ministerio de Elías en esta Tierra. La tercera ocasión fue cuando apareció Juan el Bautista, el cual vino en el espíritu y virtud de Elías y tuvo el ministerio correspondiente a aquel tiempo precursando la Primera Venida de Cristo.

Dijo el precursor de la Primera Venida de Cristo que después de él vendría uno del cual él no era digno de desatar la correa de su calzado; y cuando vino esa persona, dio testimonio de Juan el Bautista diciendo que Juan el Bautista era el Elías que había de venir en ese tiempo. Eso está en San Mateo, capítulo 11 y verso 14, donde dice: “Y si queréis recibirlo, él es aquel Elías que había de venir”. Así dice Jesús acerca de Juan el Bautista.

En otro lugar también, en San Mateo, capítulo 17, versos 10 al 13, dice… Eso fue cuando bajó del Monte de la Transfiguración, donde los discípulos Pedro, Jacobo y Juan vieron a Moisés y a Elías allí. Ahora dice (le hablan los discípulos a Jesús):

Entonces sus discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Por qué, pues, dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero?

Respondiendo Jesús, les dijo: A la verdad, Elías viene primero, y restaurará todas las cosas.

Mas os digo que Elías ya vino, y no le conocieron, sino que hicieron con él todo lo que quisieron; así también el Hijo del Hombre padecerá de ellos.

Entonces los discípulos comprendieron que les había hablado de Juan el Bautista”.

Tenemos dos lugares donde Jesucristo identifica a Juan el Bautista como el Elías que tenía que venir en ese tiempo. Y el Arcángel Gabriel también identifica a Juan el Bautista como el Elías que iba a venir en ese tiempo. En San Lucas, capítulo 1, verso 11 en adelante, dice:

“Y se le apareció un ángel del Señor puesto en pie a la derecha del altar del incienso.

Y se turbó Zacarías al verle…”.

Zacarías era un sacerdote del pueblo hebreo, y estaba ministrando en el templo porque le había tocado el tiempo para ministrar allí, y estaba ofreciendo el incienso allí en el templo; y le apareció un ángel: el Arcángel Gabriel le apareció.

“Y se turbó Zacarías al verle, y le sobrecogió temor.

Pero el ángel le dijo: Zacarías, no temas; porque tu oración ha sido oída, y tu mujer Elisabet te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Juan”.

Hasta el nombre que le tenían que colocar a este profeta le fue dado por el Ángel Gabriel.

“Y tendrás gozo y alegría, y muchos se regocijarán de su nacimiento;

porque será grande delante de Dios. No beberá vino ni sidra, y será lleno del Espíritu Santo, aun desde el vientre de su madre.

Y hará que muchos de los hijos de Israel se conviertan al Señor Dios de ellos.

E irá delante de él (o sea, delante del Señor, delante del Mesías) con el espíritu y el poder de Elías…”.

¿Cómo aparecería Juan el Bautista? Con el espíritu y el poder de Elías. Por eso es que Jesús dijo que Juan el Bautista era aquel Elías que tenía que venir en aquel tiempo, el cual vendría preparándole el camino al Señor, el cual vendría precursando la Primera Venida de Cristo.

“… para hacer volver los corazones de los padres a los hijos, y de los rebeldes a la prudencia de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto”.

Juan el Bautista fue Elías para aquel tiempo, el Elías que tenía que aparecer en el tiempo…; o sea, fue el hombre donde estaba el ministerio de Elías manifestado por tercera ocasión.

La primera ocasión fue en Elías Tisbita, la segunda en Eliseo, la tercera en Juan el Bautista, la cuarta fue en el reverendo William Marrion Branham precursando la Segunda Venida de Cristo; y la quinta ocasión en que el ministerio de Elías está prometido para ser manifestado es en el cumplimiento de los Dos Olivos.

Uno de los Dos Olivos es el ministerio de Elías manifestado por quinta ocasión. Y el precursor de la Segunda Venida de Cristo, en el cual estuvo el espíritu de Elías manifestado por cuarta ocasión, dijo que el Elías que le predicará al pueblo hebreo —que será el quinto Elías, o sea, la quinta manifestación del ministerio de Elías— será (dice):

“Yo he pensado que será un hombre de este tiempo ungido con ese espíritu”.

Un hombre de este tiempo, ¿en el cual estará qué? El ministerio de Elías por quinta ocasión, el cual estará ungido con el Espíritu de Dios, el Espíritu Santo; y el Espíritu Santo es el que tiene ministerios, el que coloca ministerios y el que opera ministerios a través de seres humanos.

Operó el ministerio de Elías Tisbita miles de años atrás por primera vez; luego lo operó por segunda vez en Eliseo, el mismo ministerio; luego lo operó en Juan el Bautista por tercera ocasión; luego operó ese ministerio de Elías por cuarta ocasión en el reverendo William Branham; y está prometido para ser operado por quinta ocasión en un hombre de este tiempo final, en la quinta manifestación, con la cual llamará y juntará a los escogidos del pueblo hebreo; pero antes llamará y juntará a los escogidos de entre los gentiles.

El ministerio de Elías manifestado por quinta ocasión es uno de los Dos Olivos. El otro de los Dos Olivos es el ministerio de Moisés manifestado por segunda ocasión, en un hombre de este tiempo final. Y por cuanto Dios no tiene dos profetas mayores al mismo tiempo, habrá un hombre en el cual estarán los ministerios de Moisés por segunda vez, de Elías por quinta vez y de Jesús por segunda ocasión; y así tendremos la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles en un solo velo de carne, cumplida Su Venida con Sus Ángeles. Y eso será la Venida de Jesucristo en Espíritu Santo manifestado en un hombre de este tiempo final; será la Venida del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, que es la Segunda Venida de Cristo. Eso será lo que ha sido prometido por Dios en Su Palabra.

Y el precursor de la Segunda Venida de Cristo dijo que eso será cumplido en esta forma; dice:

“[121]. Pero cuando nuestro Señor aparezca sobre la Tierra, Él vendrá sobre un caballo blanco como la nieve, y será completamente Emmanuel —la Palabra de Dios encarnada en un hombre”.

Si encontramos ese hombre, ese velo de carne —que es el Ángel del Señor Jesucristo, enviado para dar testimonio de estas cosas a todas las iglesias—, si lo encontramos, estaremos encontrando el velo de carne, el profeta mensajero donde estarán manifestados los ministerios de Moisés por segunda vez, de Elías por quinta vez y de Jesús por segunda vez, en el cumplimiento de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles. Y así es como en este tiempo final estará siendo manifestada en simplicidad la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles.

¿Vieron lo sencillo que es todo?

Cualquier persona que haya pensado que cuando se habla de los Dos Olivos tiene que ser Moisés literalmente y Elías literalmente, pues mire, el que piense así que vaya aprendiendo el idioma que hablaba Moisés en aquel tiempo y vaya aprendiendo el idioma que hablaba Elías en aquel tiempo, si lo va a recibir; ¿por qué? Porque entonces tendría que la persona aprender el idioma que ellos hablaban en aquel tiempo para poder escuchar el mensaje y entenderlo.

Así que para beneficio de todos los hijos e hijas de Dios el velo de carne que estaremos viendo será un hombre de este tiempo final; y ahí vendrá esa manifestación del Hijo del Hombre con Sus Ángeles, que son los ministerios de Jesús por segunda vez, de Moisés por segunda vez y de Elías por quinta ocasión manifestados por el Espíritu Santo, por Jesucristo en Espíritu Santo en ese velo de carne que Él tendrá en este tiempo final, llamado el Ángel de Jesús.

Por eso dice en Apocalipsis, capítulo 22, verso 6: “Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado Su Ángel para manifestar a Sus siervos las cosas que deben suceder pronto”. ¿Ven? Por medio de Su Ángel es que son dadas a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, en este tiempo final.

Y luego, en Apocalipsis 22, verso 16, el mismo Jesús dice: “Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias”. ¿De qué cosas? De estas cosas que deben suceder pronto. Es por medio del Ángel de Jesucristo que son dadas a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto.

Ninguna persona podrá comprender el misterio de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles excepto por medio de la enseñanza, de la revelación que trae el Ángel del Señor Jesucristo dando a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto.

Este Ángel viene enviado por Jesucristo con el Mensaje del Evangelio del Reino, que es el Mensaje de la Gran Voz de Trompeta. La Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino dando testimonio de todas estas cosas que deben suceder pronto, y revelando así el misterio de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles en este tiempo final, revelando este gran misterio prometido para este tiempo final; y así dándonos a conocer la manifestación en simplicidad del Séptimo Sello, la manifestación en simplicidad de la Segunda Venida de Cristo con Sus Ángeles como León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo.

Pero el Ángel del Señor Jesucristo no es el Señor Jesucristo, y tampoco es Elías, y tampoco es Moisés; pero en Él estarán manifestados los ministerios de Moisés por segunda vez, de Elías por quinta vez y de Jesús por segunda ocasión.

Y aun con todo y eso el Ángel de Jesucristo no es el Señor Jesucristo. Por eso cuando Juan el apóstol en Apocalipsis, capítulo 19, versos 9 al 10, quiso adorarlo, el Ángel le dijo: “Mira, no lo hagas, porque yo soy consiervo tuyo y con tus hermanos. Adora a Dios”. Dice:

“Yo me postré a sus pies para adorarle. Y él me dijo: Mira, no lo hagas; yo soy consiervo tuyo, y de tus hermanos que retienen el testimonio de Jesús. Adora a Dios; porque el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía”.

Luego, en Apocalipsis 22 trató de adorar al Ángel nuevamente, el apóstol San Juan trató de adorarlo; y vean lo que le dijo el Ángel a Juan el apóstol: Apocalipsis, capítulo 22, verso 8 al 9, dice:

“Yo Juan soy el que oyó y vio estas cosas. Y después que las hube oído y visto, me postré para adorar a los pies del ángel que me mostraba estas cosas.

Pero él me dijo: Mira, no lo hagas; porque yo soy consiervo tuyo, de tus hermanos los profetas, y de los que guardan las palabras de este libro. Adora a Dios”.

Los verdaderos adoradores adorarán al Padre, ¿cómo? En espíritu y en verdad. Así que el Ángel no permitió que Juan lo adorara. ¿Por qué Juan trató de adorar al Ángel? Porque vio la manifestación de Jesucristo en Su Ángel Mensajero, y vio que por medio de Su Ángel Mensajero Jesucristo dio a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto; vio la manifestación en simplicidad del Séptimo Sello en el Ángel del Señor Jesucristo; vio la manifestación en simplicidad del Hijo del Hombre con Sus Ángeles, que es el misterio contenido en el Séptimo Sello, por el cual hubo silencio en el Cielo como por media hora cuando fue abierto este misterio en el Cielo.

La revelación de este misterio es traída a la Iglesia de Jesucristo por el Ángel del Señor Jesucristo. Es la revelación más grande que la Iglesia del Señor Jesucristo, luego de estar establecida del Día de Pentecostés en adelante, y luego de haber recibido la revelación de la Primera Venida de Cristo y Su Obra de Redención, y haber recibido Su Espíritu Santo, luego la próxima revelación más grande que recibe la Iglesia de Jesucristo es la revelación de la Segunda Venida de Cristo con Sus Ángeles, la revelación de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles como León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo, en la manifestación en simplicidad del Séptimo Sello, la manifestación en simplicidad de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles.

Esa es la manifestación en simplicidad del Séptimo Sello. Y el precursor de la Segunda Venida de Cristo, hablándonos de ese misterio y la simplicidad en que sería cumplida esa promesa, nos dijo en la página 472… En la 256 dijo que sería la Palabra encarnada en un hombre; eso sería la Venida del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19. Y ahora, en la página 472 nos dice:

“164. Noten bien el Mensaje del tiempo del fin (este Sello)… (o sea, el Séptimo Sello). Él nos ha revelado los seis Sellos, pero no dice nada del séptimo. El Sello del tiempo del fin, cuando empiece será algo completamente secreto, según la Biblia. Pero antes de conocer eso… Recuerden Apocalipsis 10:1-7: que al fin del Mensaje del séptimo ángel TODOS los misterios de Dios serían conocidos. Estamos en el tiempo del fin —la apertura del Séptimo Sello.

165. El domingo pasado, hace una semana hoy, cuando estaba predicando sobre: ‘Sed humildes, sed humildes, recuerden que Dios obra en cosas pequeñas’, en verdad no me daba cuenta de lo que estaba hablando, pero ahora lo veo bien. Será de una manera tan humilde. Uno pensaría que una cosa tan tremenda sería revelada allá en el Vaticano, pero más bien viene como vino Juan el Bautista, viene como el nacimiento de nuestro Señor, ¡allá en un establo! ¡GLORIA A DIOS! ¡La hora está a la mano! ¡Aquí estamos! ¡Oh hermano!”.

¿Cómo vendrá el cumplimiento del Séptimo Sello, el cumplimiento de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles? Vendrá como Juan el Bautista y como el nacimiento de Jesús allá en un establo; porque la Venida del Hijo del Hombre es con Sus Ángeles.

Y Juan el Bautista era el Elías que había de venir en aquel tiempo, en la tercera manifestación de Elías. Y ahora el Hijo del Hombre viene con Sus Ángeles. Sus Ángeles son Moisés y Elías, los ministerios de Moisés y Elías: el ministerio de Moisés por segunda ocasión y el ministerio de Elías por quinta ocasión y el ministerio de Jesús por segunda ocasión. Viene como Juan el Bautista: Juan el Bautista vino como Elías, y ahora viene como Elías en su quinta manifestación; y viene como Moisés en su segunda manifestación; y viene como Jesús en Su segunda manifestación. Así viene el Séptimo Sello siendo cumplido en este tiempo final en carne humana, en el Ángel Mensajero del Señor Jesucristo. Y eso será la Palabra de Dios encarnada en un hombre.

Esa es la manifestación en simplicidad del Séptimo Sello, esa es la manifestación en simplicidad de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles para este tiempo en el cual nosotros estamos viviendo.

Y el precursor de la Segunda Venida de Cristo dijo que, si no vigilamos, nos pasará por encima y ni nos daremos cuenta del cumplimiento de esa promesa; porque es la manifestación en simplicidad del Séptimo Sello, la manifestación en simplicidad de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles, de la Venida del Señor con Sus Ángeles. La Segunda Venida de Cristo es la cosa más simple, más sencilla que ha sido prometida en toda la Escritura, así como fue en simplicidad la Primera Venida de Cristo.

Ahora, necesitamos entonces nosotros en este tiempo ver, conocer, encontrar ese velo de carne llamado el Ángel del Señor Jesucristo; y ahí encontraremos la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles siendo cumplida, ahí encontraremos la Palabra hecha carne en este tiempo final, y ahí encontraremos el Séptimo Sello siendo cumplido en este tiempo final, y ahí encontraremos la manifestación en simplicidad de Cristo en este tiempo final.

Todo sería sencillo para la Iglesia del Señor Jesucristo en la manifestación en simplicidad del Séptimo Sello.

El Séptimo Sello es la Venida del Señor con Sus Ángeles; es “LA MANIFESTACIÓN EN SIMPLICIDAD DEL SÉPTIMO SELLO”.

Ha sido para mí un privilegio muy grande estar con ustedes en esta ocasión, dándoles testimonio de la manifestación en simplicidad del Séptimo Sello.

Que las bendiciones de Jesucristo, el Séptimo Sello, sean sobre cada uno de ustedes y sobre mí también, y pronto sea llamado y juntado hasta el último de los escogidos de Dios en el Cuerpo Místico de Cristo; y todos seamos transformados y los muertos en Cristo resucitados, y vayamos a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo. En el Nombre Eterno de nuestro amado Señor Jesucristo. Amén y amén.

Muchas gracias por vuestra amable atención, amados amigos y hermanos presentes, televidentes y radioyentes; y que Dios les ayude a todos para poder encontrar y ver la manifestación en simplicidad del Séptimo Sello.

“LA MANIFESTACIÓN EN SIMPLICIDAD DEL SÉPTIMO SELLO”.

[Revisión junio 2018]

1 San Juan 7:37

2 San Lucas 4:4, San Mateo 4:4

3 San Mateo 6:33

4 San Juan 14:6

5 San Juan 1:1-4

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