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Muy buenas tardes, amables amigos y hermanos presentes. Es para mí un privilegio muy grande estar con ustedes en esta ocasión para compartir unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios con ustedes, y así ver el Programa Divino correspondiente a nuestro tiempo y cómo recibir Sus bendiciones en este tiempo final.

Quiero leer en Apocalipsis, capítulo 1, verso 10 al 11, donde dice así el apóstol San Juan:

“Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta,

que decía: Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último. Escribe en un libro lo que ves, y envíalo a las siete iglesias que están en Asia…”.

Y leemos en Apocalipsis, capítulo 8, verso 1, donde dice:

“Cuando abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el cielo como por media hora”.

Nuestro tema para esta ocasión es: “LA VOZ DE CRISTO BAJO EL SÉPTIMO SELLO”.

La Voz de Cristo es la voz más importante que usted puede escuchar. La Voz de Cristo nos habla palabras de vida eterna. Él en San Juan, capítulo 6, verso 63, nos dijo que Sus palabras son espíritu y son vida. Veamos cómo Él dice:

“El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida”.

Cristo, también hablándonos de Su Palabra, en el capítulo 5 de San Juan, verso 24, dijo:

“De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida”.

Vean lo importante que son las palabras de Cristo, que el que las oye pasa de muerte a vida; por lo tanto, debemos en nuestro tiempo conocer la Palabra de Cristo, escuchar Su Palabra, Su Voz, para recibir las bendiciones de Dios en este tiempo final.

Ahora, veamos también lo que nos dice Cristo en el capítulo 10 de San Juan; versos 1 en adelante dice:

“De cierto, de cierto os digo: El que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, ése es ladrón y salteador.

Mas el que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es.

A éste abre el portero, y las ovejas oyen su voz; y a sus ovejas llama por nombre, y las saca.

Y cuando ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz.

Mas al extraño no seguirán, sino huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños”.

También en este mismo capítulo 10, verso 14 en adelante, Cristo dice:

“Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen,

así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas.

También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor”.

Aquí Cristo compara a todos los hijos e hijas de Dios con ovejas; y Cristo se compara con el buen pastor, con un buen pastor que da su vida por las ovejas, que les habla a sus ovejas, que cuida a sus ovejas; y que sus ovejas conocen su voz y oyen su voz.

En este pasaje encontramos que Cristo nos dice que Él también tiene otras ovejas que no son de este Redil (o sea, del pueblo hebreo, en donde Él estaba en aquel tiempo), y Él dice de esas otras ovejas: “… aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor”.

Esas ovejas son hijos e hijas de Dios de entre los gentiles, que estarían escuchando la Voz de Cristo durante todos estos siglos y estarían siguiendo a Cristo, porque estarían recibiendo Su Palabra y estarían recibiendo así a Cristo como su Salvador, y estarían lavando sus pecados en la Sangre de Cristo, y estarían recibiendo Su Espíritu Santo, y por consiguiente estarían naciendo en el Reino de Dios, estarían naciendo en el Cuerpo Místico del Señor Jesucristo como hijos e hijas de Dios.

Cuando nosotros hemos nacido en este planeta Tierra por medio de nuestros padres terrenales, no hemos nacido como hijos de Dios; pero cuando recibimos a Cristo como nuestro Salvador y lavamos nuestros pecados en la Sangre de Cristo y recibimos Su Espíritu Santo, recibimos ese nuevo nacimiento, del cual le habló Cristo a Nicodemo diciéndole en el capítulo 3 de San Juan:

“De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.

Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?

Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.

Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.

No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo”.

Cristo aquí establece el nuevo nacimiento para entrar en el Reino de Dios. Nicodemo pensó que ese nuevo nacimiento era naciendo de nuevo a través del vientre de una madre terrenal, pero no era así; o sea, ni era entrar en el vientre de su madre para nacer de nuevo ni tampoco era morir para volver a nacer a través del vientre de una madre terrenal, para entonces en ese segundo nacimiento entrar al Reino de Dios. No era un asunto de reencarnación, era un asunto de nacer de nuevo del Agua y del Espíritu. Como dice la Escritura en San Juan, capítulo 1; verso 11 al 12 dice:

“A lo suyo vino (o sea, al pueblo hebreo), y los suyos no le recibieron.

Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;

los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios”.

Las personas que reciben a Cristo como su Salvador y lavan sus pecados en la Sangre de Cristo, y luego reciben el Espíritu de Cristo (o sea, el Espíritu Santo), obtienen ese nuevo nacimiento; y por eso cuando esas personas mueren físicamente van al Paraíso a vivir, que es la sexta dimensión, que es un lugar como este, con árboles, con pajaritos, con animales también y con muchas personas que ya están viviendo allá pero sin los problemas que tenemos acá y sin todas estas cosas que les llaman “adelanto científico”; porque allí las personas están viviendo en un cuerpo teofánico, el cual es parecido a nuestro cuerpo pero de otra dimensión, de la sexta dimensión, de la dimensión de la Palabra.

En ese cuerpo es que Jesucristo estaba cuando le apareció a Abraham como Melquisedec y cuando le apareció como Elohim.

Encontramos que les apareció a diferentes profetas en el Antiguo Testamento. Dios, por ejemplo, le apareció a Jacob en una noche, y Jacob luchó con ese Ángel hasta que rayaba el alba, o sea, hasta que ya estaba amaneciendo; y dice el capítulo 32 de Génesis, versos 24 en adelante:

“Así se quedó Jacob solo; y luchó con él un varón hasta que rayaba el alba.

Y cuando el varón vio que no podía con él, tocó en el sitio del encaje de su muslo, y se descoyuntó el muslo de Jacob mientras con él luchaba.

Y dijo: Déjame, porque raya el alba. Y Jacob le respondió: No te dejaré, si no me bendices”.

Y cuando una persona se agarra de Jesucristo, no lo puede soltar hasta que reciba la bendición de Dios. Cuando una persona ha recibido a Cristo como su Salvador y ha lavado sus pecados en la Sangre de Cristo y ha recibido Su Espíritu Santo, no soltará a Jesucristo; estará siempre luchando en su vida y caminando hacia adelante con Cristo para recibir el nuevo cuerpo que Él ha prometido para nosotros, el cual es un cuerpo eterno el cual nos dará en el Día Postrero. Cristo dijo, hablando de los creyentes en Él, en el capítulo 6 de San Juan, verso 39 al 40:

“… y yo le resucitaré en el día postrero”.

Esto es para aquellos que creen en Cristo y han lavado sus pecados en la Sangre de Cristo y han recibido Su Espíritu Santo y, por consiguiente, han nacido de nuevo en la edad y dispensación que les tocó vivir, a través de todos estos siglos que han transcurrido y también para los que vivimos en este tiempo.

Ahora, en este tiempo habrá algunas personas que cuando ocurra la resurrección de los muertos en Cristo no verán muerte, sino que serán transformados. Ahora, esas personas estarán como Jacob: agarrado del Ángel de Jehová en este tiempo final, agarrado de Jesucristo en este tiempo final, y escuchando Su Voz: la Voz de Cristo bajo el Séptimo Sello.

Todos quieren escuchar la Voz de Cristo y todos tenemos la oportunidad de escuchar Su Voz; Su Voz es inconfundible.

Ahora miren, Jacob no soltó al Ángel hasta que el Ángel lo bendijo. Sigue diciendo:

“Y el varón le dijo: ¿Cuál es tu nombre? Y él respondió: Jacob.

Y el varón le dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido.

Entonces Jacob le preguntó, y dijo: Declárame ahora tu nombre. Y el varón respondió: ¿Por qué me preguntas por mi nombre? Y lo bendijo allí.

Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar, Peniel; porque dijo: Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma.

Y cuando había pasado Peniel, le salió el sol; y cojeaba de su cadera”.

Ahora vean ustedes cómo Jacob luchó con ese Ángel, y al final dice que había visto a Dios cara a cara; había luchado con el Ángel de Jehová que a Moisés le dijo1: “Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob”.

Ahora, Jacob dice aquí que vio a Dios cara a cara. Lo mismo dice Manoa, el padre de Sansón, cuando se encontró con ese Ángel, el cual le dijo que iba a tener un hijo por medio de su esposa y le pondría por nombre Sansón; y cuando el Ángel subió por la llama de fuego que estaba consumiendo el sacrificio que había ofrecido Manoa, Manoa dijo: “Vamos a morir, porque hemos visto a Dios cara a cara”2.

Ahora vean cómo estos hombres dicen que han visto a Dios cara a cara. Y Dios habla acerca del profeta Moisés, acerca de la forma en que Dios le hablaba; y luego en Deuteronomio, capítulo 34, versos 9 al 12, dice así:

“Y Josué hijo de Nun fue lleno del espíritu de sabiduría, porque Moisés había puesto sus manos sobre él; y los hijos de Israel le obedecieron, e hicieron como Jehová mandó a Moisés.

Y nunca más se levantó profeta en Israel como Moisés, a quien haya conocido Jehová cara a cara (aquí nos habla de Dios conociendo a Moisés cara a cara).

nadie como él en todas las señales y prodigios que Jehová le envió a hacer en tierra de Egipto, a Faraón y a todos sus siervos y a toda su tierra”.

Aquí podemos ver cómo Dios dice que Moisés fue conocido por Dios cara a cara. También encontramos que cuando Míriam y Aarón (hermanos de Moisés) hablaron en contra de Moisés, Dios les dijo a ellos que no ha habido ninguno como Moisés con el cual Dios ha hablado cara a cara; porque Dios con los otros profetas hablaba por medio de sueños y visiones, pero con Moisés habló cara a cara3. Y ahora, Dios le dice al profeta Moisés en una ocasión en que él quiso hablar con Dios y ver a Dios… Vean lo que le dice en el capítulo 33, versos 18 al 23 [Éxodo]:

“Él entonces dijo (Moisés): Te ruego que me muestres tu gloria.

Y le respondió: Yo haré pasar todo mi bien delante de tu rostro, y proclamaré el nombre de Jehová delante de ti; y tendré misericordia del que tendré misericordia, y seré clemente para con el que seré clemente.

Dijo más: No podrás ver mi rostro; porque no me verá hombre, y vivirá.

Y dijo aún Jehová: He aquí un lugar junto a mí, y tú estarás sobre la peña;

y cuando pase mi gloria, yo te pondré en una hendidura de la peña, y te cubriré con mi mano hasta que haya pasado.

Después apartaré mi mano, y verás mis espaldas; mas no se verá mi rostro”.

Dios le dijo a Moisés que hombre alguno no lo podía ver y vivir; y ahora, Moisés iba a ver a Dios pasando, pero Su rostro no lo vería, sino que vería Su espalda. En San Juan, capítulo 1, verso 18, dice:

“A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer”.

Ahora, ¿cómo se puede entender que personas hayan dicho que han visto a Dios cara a cara y luego la Biblia dice, Dios dice que nadie ha visto a Dios porque no lo verá hombre y vivirá?; y sin embargo, esas personas que dicen que vieron a Dios estuvieron hablando con Dios, y Dios estuvo hablando con ellos, y ellos vieron a Dios y no vieron a Dios.

¿Cómo se puede entender eso? Si usted mira hacia mí y yo miro hacia ustedes, podemos decir que nos estamos viendo, pero si profundizamos un poquito más, entonces diríamos: “No nos estamos viendo”; porque usted está viendo este cuerpo de carne y yo estoy viendo el cuerpo de carne de ustedes, pero ustedes son alma viviente viviendo en un cuerpo de carne y yo también soy alma viviente viviendo en este cuerpo de carne, que es mi casa terrenal. Lo que estamos viendo nosotros es nuestra casa terrenal, pero el alma nuestra —que es lo que somos nosotros— no la estamos viendo.

Así también cuando Moisés, y también Jacob, y también Manoa, y también Josué, y Abraham, y otros personajes bíblicos vieron a Dios, estaban viendo el cuerpo teofánico de Dios de la sexta dimensión, que es un cuerpo parecido a este cuerpo que tenemos nosotros pero de otra dimensión. Esa es la imagen visible del Dios invisible, esa es la imagen visible del Dios invisible de la sexta dimensión, de la dimensión de la teofanía. San Pablo en su carta a los Hebreos, capítulo 1, nos dice:

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,

en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo”.

Por medio de Jesucristo hizo el universo, por medio del Hijo hizo el universo. Y ahora, dice:

“... en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo”.

Dios había hablado por medio de los profetas, porque los profetas tienen las dos consciencias juntas; y son enviados a la Tierra en carne humana para traer la Palabra de Dios correspondiente al tiempo en que Dios los envía.

Cuando Dios envía un profeta a la Tierra, Dios habla a Su pueblo por medio de ese profeta; porque la Palabra de Dios es colocada en la boca de los profetas de Dios. El profeta Moisés en el capítulo 18, verso 15 al 19, nos dice de la siguiente manera [Deuteronomio]:

“Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis;

conforme a todo lo que pediste a Jehová tu Dios en Horeb el día de la asamblea, diciendo: No vuelva yo a oír la voz de Jehová mi Dios, ni vea yo más este gran fuego, para que no muera.

Y Jehová me dijo: Han hablado bien en lo que han dicho.

Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare”.

¿Dónde Dios coloca Su Palabra? En la boca del profeta que Él envía para cada edad o para cada dispensación. Si envía un profeta para una edad, ese profeta viene con el Mensaje para esa edad, y ese Mensaje gira alrededor del Mensaje de esa dispensación; y cuando Dios envía un profeta para una dispensación, viene con un Mensaje dispensacional para una dispensación nueva que ha de comenzar.

Y Dios tiene diferentes dispensaciones; no son muchas, son solamente siete dispensaciones. Y solamente tiene siete profetas dispensacionales; esa es la clase de profeta más grande que Dios envía a la Tierra.

Tenemos para la primera dispensación, la Dispensación de la Inocencia, a Adán, el cual era un profeta, y era un profeta mayor. Adán antes de venir en carne humana a la Tierra había estado primeramente en su cuerpo teofánico de la sexta dimensión: Dios creó a Adán a Su imagen, o sea, conforme a la teofanía de Dios, conforme a ese cuerpo teofánico de Dios llamado el Ángel de Jehová o Ángel del Pacto. Dios estando en ese cuerpo teofánico creó el universo completo; ese es el que es llamado el Verbo de Dios.

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.

Este era en el principio con Dios.

Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho”4.

Ahora, vean ustedes, todas las cosas fueron hechas por Él, por el Verbo. Y ahora, ¿qué de lo que Dios dice en Génesis 1:1?: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”.

Es que el Verbo es el mismo Dios en Su cuerpo teofánico. El Verbo es ese cuerpo teofánico de Dios, en el cual Dios mora y a través del cual estuvo manifestado llevando a cabo toda la Creación; y estando en ese cuerpo también creó para Adán un cuerpo igual, un cuerpo teofánico de la sexta dimensión.

Esa es la clase de cuerpo de los ángeles, esa es la clase de cuerpo en que Dios estuvo manifestado en el Antiguo Testamento apareciéndoles a muchos profetas en diferentes ocasiones; y era llamado el Ángel de Jehová o Ángel del Pacto. Pero cuando le habló a Moisés el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, manifestado en aquella llama de fuego, le dijo: “Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob”; y también se identificó como el Dios del padre de Moisés (o sea, de Amram el padre de Moisés), y por consiguiente también es el Dios de Moisés y es el Dios del pueblo hebreo. Es el mismo que bendijo a Jacob y le cambió el nombre de Jacob por Israel.

Ahora, vean ustedes el por qué encontramos en San Juan, capítulo 1, verso 14, que nos dice, hablándonos del Verbo… Hemos visto que el Verbo era con Dios y el Verbo era Dios, y que por Él fueron hechas todas las cosas; y ahora nos dice:

“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad”.

¿Qué sucedió ahí cuando el Verbo se hizo carne? Esto fue la ocasión en que el Espíritu Santo hizo sombra sobre María y creó una célula de vida en el vientre de María, la cual se multiplicó célula sobre célula, y así fue creado el cuerpo de Jesús el cual nació en Belén de Judea a los nueve meses; y se cumplió la profecía del nacimiento del Mesías en Belén de Judea, por medio de una descendiente del rey David, que era María.

María, aunque era pobre era una descendiente del rey David, era una princesa aunque era pobre. La pobreza no quita lo que la persona es delante de Dios; y si su alma es de Dios, no importa la pobreza o la riqueza, no importa su situación aquí en la Tierra, esa alma que está dentro de ese cuerpo es de Dios. Y para toda persona que ha venido de Dios a este planeta Tierra, Dios ha provisto Su plan o Programa de Redención, o sea, Su programa de regreso a la Casa de nuestro Padre celestial.

Ese es el Programa que el Verbo hecho carne llevó a cabo en la Cruz del Calvario. El Verbo hecho carne, o sea, el Ángel de Jehová hecho carne, vestido de un cuerpo de carne, llevó a cabo la Obra de Redención con Su cuerpo de carne allí en la Cruz del Calvario.

Ahora, vean quién era el que estaba manifestado en aquel velo de carne: era el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. Por eso el profeta Isaías dijo en el capítulo 7, verso 14:

“He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel”.

Su nombre sería llamado Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros.

Ahora podemos ver cómo el Dios Todopoderoso tiene un cuerpo teofánico de la sexta dimensión; en ese cuerpo teofánico apareció en el Antiguo Testamento: es aquel varón vestido de lino blanco de Ezequiel, capítulo 9.

Vean ustedes, en el Antiguo Testamento ese Ángel vestido de lino blanco es el Espíritu Santo, el cual sella a Sus escogidos. Y ahora en el Nuevo Testamento vino en carne humana manifestado, vestido de carne humana para llevar a cabo la Obra de Redención.

Cuando fue anunciada la Venida del Mesías por el profeta Malaquías, en el capítulo 3, el profeta Malaquías dice que Dios enviaría Su mensajero delante de Él:

“He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí (ese fue Juan el Bautista); y vendrá súbitamente a su templo el Señor (¿quién vendría después de Juan el Bautista? El Señor, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob), y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros”.

El Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová vendría después de Juan el Bautista. ¿Y cómo vendría? Hecho carne, vestido de carne humana en aquel velo de carne llamado Jesús.

Ahora podemos ver la manifestación de Dios, de la Divinidad en toda Su plenitud en la persona de Jesús. El velo de carne era un hombre sencillo y humilde, que se crio en Nazaret pero había nacido en Belén de Judea, pero lo grande era lo que estaba dentro de Él: la Divinidad en toda Su plenitud estaba allí hecha carne.

“A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le declaró”5.

Ahora, vean ustedes, nadie ha visto a Dios, pero por medio de estas manifestaciones de Dios en Su cuerpo teofánico fue visto Dios vestido de Su cuerpo teofánico y hablando por medio de Su cuerpo teofánico, llamado el Ángel de Jehová o Ángel del Pacto; y también fue visto manifestado en carne humana Dios, y hablando a través de carne humana fue manifestado en toda Su plenitud en la Obra de Redención.

En los profetas del Antiguo Testamento Dios tuvo una manifestación parcial y no en toda Su plenitud, pero en Jesucristo fue en toda Su plenitud. En Adán, Dios estuvo manifestado en la porción correspondiente a la primera dispensación.

Ahora, vean ustedes, cuando Adán pecó, encontramos que perdió los derechos a la vida eterna y perdió el derecho a comer del Árbol de la Vida; y la raza humana, miren ustedes cómo entró la muerte a la raza humana; y de ahí en adelante ninguna otra persona podía aparecer primero en la sexta dimensión en un cuerpo teofánico, para luego venir a la Tierra y obtener un cuerpo de carne y vivir en él.

Las personas, desde la caída en adelante, han estado viniendo a la Tierra sin pasar por la sexta dimensión para obtener el cuerpo teofánico, para obtener esa imagen de Dios; porque la imagen de Dios es esa teofanía; esa es la imagen visible de Dios en la sexta dimensión.

Y ahora, el ser humano perdió ese derecho de obtener un cuerpo teofánico de la sexta dimensión; por lo tanto, al venir a esta Tierra obtiene un espíritu del mundo, de la quinta dimensión, y obtiene un cuerpo de carne mortal, corruptible y temporal. Por eso el ser humano nace, vive una temporada en la Tierra y después muere; y volverá a ese cuerpo: si no es un creyente en Cristo, volverá en la segunda resurrección.

Si es un elegido de Dios, nacido de nuevo, cuando termina sus días en ese cuerpo y muere el cuerpo, nunca más volverá a ese cuerpo: resucitará en la primera resurrección, antes de la gran tribulación, en un cuerpo eterno; porque ya esa persona cuando creyó en Cristo como su Salvador y nació de nuevo, recibió un espíritu teofánico, un cuerpo teofánico de la sexta dimensión; y lo que le falta es recibir un cuerpo físico eterno, glorificado, como el del Señor Jesucristo, para ser completamente a imagen y semejanza de nuestro amado Señor Jesucristo.

Ahora podemos ver este misterio que la raza humana no ha comprendido todavía en cuanto a de dónde ha venido, dónde está y por qué, y hacia dónde va. El ser humano está viniendo a este planeta Tierra de otra dimensión. Por eso cuando escuchen hablar de extraterrestres, mírense en el espejo y digan: “Dentro de ese cuerpo de carne que yo veo en el espejo hay un extraterrestre”, y así no les tendrá miedo a los extraterrestres; porque su cuerpo es de aquí de la Tierra, pero su alma no: su alma vino de otra dimensión, y su espíritu también. Así que no tenga miedo a los extraterrestres, porque usted es un extraterrestre y yo también.

Y Cristo dijo6: “Nadie subió al Cielo, sino el que descendió del Cielo; el Hijo del Hombre, que está en el Cielo”. Vean, vino del Cielo; un extraterrestre también.

Ahora podemos ver lo que es un extraterrestre: un extraterrestre es un personaje de otra dimensión que viene a esta Tierra en un cuerpo de carne cuando Dios le asigna ese tiempo para estar manifestado en carne humana; pero hay otros que no van a venir en carne humana, son ángeles de Dios que permanecerán así durante todo este tiempo.

Ahora, podemos ver lo que son los extraterrestres. El profeta Elías fue arrebatado al Cielo por un carro de fuego o platillo volador, fue llevado a otra dimensión: a la sexta dimensión7.

¿Y saben ustedes una cosa? En la sexta dimensión las personas no se ponen viejos ni tampoco se mueren. ¿Quieren la prueba de eso? En el Monte de la Transfiguración, cuando Jesucristo se transfiguró delante de Pedro, Jacobo y Juan, ¿quiénes aparecieron allí? Moisés y Elías, uno a cada lado; no se habían puesto viejos ni tampoco se habían muerto estando en esa sexta dimensión.

El cuerpo físico es mortal, pero la persona cuando termina sus días aquí en la Tierra sigue viviendo en otra dimensión. Si la persona es un creyente en Cristo, la persona va a la sexta dimensión; si la persona no es un creyente en Cristo, va a la quinta dimensión, y a esa dimensión nadie quisiera ir.

Esa es la dimensión llamada el infierno; es una cárcel, una dimensión de la cual no pueden salir las personas, porque es una cárcel; y en la segunda resurrección es que van a salir para ir delante del Trono Blanco, en el Juicio Final, para ser juzgados.

Ahora, esa quinta dimensión contiene también muchas cosas parecidas a las de esta dimensión, pero son de la quinta dimensión; y allí viven personas en esos cuerpos de otra dimensión, llamados espíritus. Pero los hijos de Dios que parten de esta Tierra van al Paraíso, que es la sexta dimensión, la dimensión de la Palabra, van a vivir en ese cuerpo teofánico que han obtenido en el nuevo nacimiento.

Ahora podemos ver la bendición tan grande de recibir a Cristo como nuestro Salvador y lavar nuestros pecados en la Sangre de Cristo y recibir Su Espíritu Santo.

Hemos llegado a este planeta Tierra en estos cuerpos mortales para hacer contacto con la Vida Eterna, que es Jesucristo, para así nuestros pecados ser quitados y obtener nuestra redención, y obtener así el cuerpo teofánico de la sexta dimensión o espíritu teofánico; y en el Día Postrero, en la resurrección de los muertos en Cristo, los que ya han partido recibirán el cuerpo eterno, cuerpo físico eterno y glorificado, y los que vivimos seremos transformados y también tendremos un cuerpo eterno.

Ahora, si observan bien, esas personas que recibirán esa bendición de un cuerpo eterno son las personas que han estado escuchando la Voz de Cristo en el tiempo que les tocó vivir, porque hemos llegado a este planeta Tierra para hacer contacto con la vida eterna. Por eso Cristo dijo8: “Buscad primeramente el Reino de Dios y su justicia, y las demás cosas serán añadidas”.

Las demás cosas no tienen mayor importancia, aunque tengan importancia para las personas; pero lo más importante de todo es el Reino de Dios: si lo pierde, no puede ir al Cielo, no puede ir al Paraíso, y no podrá vivir eternamente. Por lo tanto, lo que es eterno es lo más importante para cada uno de ustedes y para mí también; la vida eterna es lo más importante para todo ser humano, lo reconozca o no lo reconozca.

Ahora, tenemos que ocuparnos de nuestra salvación con temor y temblor, nos dice el apóstol Pablo9; nuestra vida es para buscar el Programa Divino y entrar a ese Programa Divino en el tiempo que nos toca vivir, y permanecer escuchando la Voz de Cristo en la edad y dispensación que nos toca vivir a nosotros, como fue también para los que vivieron en edades y dispensaciones pasadas.

Ahora, la Voz de Cristo es la Voz de Dios, es la Voz del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová. Vean ustedes cómo habló Dios al profeta Moisés en el Éxodo, capítulo 23, verso 20 en adelante, diciendo de la siguiente manera:

“He aquí yo envío mi Ángel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado.

Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión, porque mi nombre está en él.

Pero si en verdad oyeres su voz e hicieres todo lo que yo te dijere, seré enemigo de tus enemigos, y afligiré a los que te afligieren.

Porque mi Ángel irá delante de ti, y te llevará a la tierra del amorreo, del heteo, del ferezeo, del cananeo, del heveo y del jebuseo, a los cuales yo haré destruir”.

Y leemos también el verso 22, que dice:

“Pero si en verdad oyeres su voz e hicieres todo lo que yo te dijere, seré enemigo de tus enemigos, y afligiré a los que te afligieren”.

Aquí podemos ver que Dios envió a Su Ángel; y vean ustedes, Dios estaba en medio del pueblo hebreo manifestado en el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, que era el mismo Dios en Su cuerpo teofánico. Dios en Su cuerpo teofánico fue conocido como el Ángel de Jehová, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.

Y ahora, el Verbo se hizo carne y habitó entre los seres humanos; fue conocido por el nombre de Jesús, llevó a cabo Su Obra de Redención en la Cruz del Calvario.

Y en una ocasión, cuando se levantaron en contra de Él fariseos y saduceos, doctores de la Ley y todos estos líderes de la religión hebrea, y le dicen: “Nosotros tenemos a Moisés y nosotros creemos a Moisés”, Cristo les dice: “Si ustedes creyeran a Moisés, ustedes creerían en mí, porque de mí habló Moisés”10.

Cuando Moisés dijo11: “Profeta como yo os levantará el Señor vuestro Dios; a él oiréis”, estaba hablando del Mesías, estaba hablando del Mesías en Su Primera Venida y en Su Segunda Venida; y esto se reflejó también en todos los profetas que Dios envió.

Y la Palabra de Dios, la Voz de Dios, vean ustedes, ha estado en los profetas de Dios, y estuvo en Jesucristo en toda Su plenitud; y Dios habló por medio de Jesucristo en los postreros días, y ya han transcurrido dos mil años aproximadamente.

¿Se equivocaría San Pablo diciendo que Dios habló por medio de Su Hijo en los postreros días? San Pedro también dijo el Día de Pentecostés que aquello que estaba sucediendo allí y que ellos habían recibido el Día de Pentecostés, era la promesa que Dios había dado por medio del profeta Joel (en el capítulo 2); y San Pedro dijo: “Esto es aquello que dijo Joel”. Capítulo 2, verso 15, del libro de los Hechos:

“Porque éstos no están ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera del día.

Mas esto es lo dicho por el profeta Joel…”.

O sea, era de 8:00 a 9:00 de la mañana ese Día de Pentecostés en que recibieron el Espíritu Santo. Sigue diciendo San Pedro:

“Y en los postreros días, dice Dios,

Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne,

Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán;

Vuestros jóvenes verán visiones,

Y vuestros ancianos soñarán sueños;

Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días

Derramaré de mi Espíritu, y profetizarán”.

Ahora, vean ustedes que la promesa de la Venida del Espíritu Santo era para los días postreros; y ya han transcurrido dos mil años aproximadamente del Día de Pentecostés hacia acá, y también de la Primera Venida de Cristo hacia acá; y San Pablo y San Pedro dicen que aquellos días eran los días postreros.

Pedro dice en su segunda carta, capítulo 3, verso 8: “Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día”. Y en el Salmo 90, verso 4, también el profeta Moisés da testimonio de esta verdad.

Un día delante del Señor, para los seres humanos son mil años; y cuando Dios habla de los días postreros, son los días postreros delante de Dios, que para los seres humanos son los milenios postreros.

Por eso Dios estaba hablando por medio de Jesucristo en los postreros días, dos mil años atrás, porque Jesucristo nació cuando faltaban de 3 a 7 años para comenzar el quinto milenio.

Cuando Cristo tenía de 3 a 7 años de edad comenzó el quinto milenio, y por consiguiente comenzaron los días postreros; porque los días postreros delante de Dios, para los seres humanos son quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio. Jesucristo nos habla del Día Postrero.

Y ahora vamos a ver el por qué la resurrección de los muertos en Cristo no puede ocurrir durante el quinto y sexto milenio. ¿Por qué no puede ocurrir? Vamos a ver por qué. En San Juan, capítulo 6, verso 39 al 40, dice Jesucristo:

“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.

Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquél que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero”.

¿Para cuándo Cristo dice que Él resucitará a los creyentes en Él que han partido? Dice que será en el Día Postrero; y el Día Postrero delante de Dios, para los seres humanos es el séptimo milenio.

Ahora podemos ver lo que son los días postreros y lo que es el Día Postrero; y para el Día Postrero es que los muertos en Cristo escucharán la Voz del Hijo de Dios, para ser resucitados en cuerpos eternos, y nosotros los que vivimos estaremos escuchando la Voz del Hijo de Dios, la Voz de Cristo en este tiempo final.

Y ahora, ¿cómo estaremos escuchando la Voz de Cristo? En el capítulo 1 del Apocalipsis, verso 10 al 11, dice:

“Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor (o sea, en el séptimo milenio), y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta,

que decía: Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último”.

¿Quién es el Alfa y Omega?, ¿quién es el primero y el último? Nuestro amado Señor Jesucristo. Es la Voz de Jesucristo hablándonos con una Gran Voz de Trompeta, o sea, hablándonos con la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino, que es el Mensaje de la Dispensación del Reino, para ser proclamado en el Día Postrero, o sea, en el séptimo milenio.

Por eso es que San Pablo en Primera de Tesalonicenses, hablándonos de la resurrección de los muertos en Cristo y del arrebatamiento de los escogidos de Dios, nos dice en el capítulo 4, verso 13 al 17, de Primera de Tesalonicenses:

“Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza.

Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él.

Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron.

Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero.

Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor”.

Aquí tenemos la Voz de Mando, la Voz de Arcángel y la Trompeta de Dios; es Jesucristo hablándole a Su Iglesia en el tiempo final.

Ahora, encontramos que San Pablo también nos habló en Primera de Corintios acerca de este gran evento y nos dio más luz sobre este evento, diciéndonos en Primera de Corintios, capítulo 15, verso 49 al 54:

“Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial.

Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción.

He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados,

en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados.

Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad.

Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria”.

Aquí podemos ver que para el Día Postrero, para el tiempo en que los muertos en Cristo van a resucitar y los que vivimos vamos a ser transformados, estará sonando la Trompeta Final o Trompeta de Dios, que es la Gran Voz de Trompeta de Apocalipsis, capítulo 1, verso 10 al 11, que es la Voz de Cristo hablándole a Su Iglesia con un Mensaje dispensacional, el Mensaje de la Dispensación del Reino.

¿Y dónde encontraremos este Mensaje? ¿Por medio de quién estará hablándonos Jesucristo? Porque en las edades pasadas Cristo nos habló por medio de Sus diferentes mensajeros para llamar y juntar a Sus escogidos de sus diferentes edades o etapas pasadas.

Y ahora, para este tiempo final, en la etapa correspondiente a la Edad de la Piedra Angular del Cuerpo Místico de Cristo, encontramos que Jesucristo estará hablándonos con esa Gran Voz de Trompeta en la Edad de la Piedra Angular. Es la Voz de Jesucristo hablándonos en el Día Postrero.

En Apocalipsis, capítulo 4, verso 1, nos dice (en este verso, a mitad de este verso, dice):

“… y la primera voz que oí, como de trompeta, hablando conmigo, dijo: Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de estas”.

¿Dónde vamos a subir? Tenemos que subir a la Edad de la Piedra Angular, que es la etapa correspondiente a este tiempo final, es la etapa correspondiente al Día Postrero, es la etapa en donde Jesucristo estará hablándole a Su pueblo todas estas cosas que deben suceder pronto. Ya Él habló en las edades pasadas por medio de Sus diferentes mensajeros, en los territorios donde Dios envió esos mensajeros y en el idioma de esos mensajeros.

Y ahora, para el tiempo final tenemos la promesa que Cristo estará hablándole a Su Iglesia con esa Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino todas estas cosas que deben suceder pronto.

La pregunta es: “¿En qué idioma nos hablará Cristo con esa Gran Voz de Trompeta, y en qué territorio estará hablándonos, y por medio de quién estará hablándonos en este tiempo final?”.

En Apocalipsis nos dice por medio de quién será que todas estas cosas serán dadas a conocer a la Iglesia de Jesucristo; porque a través de ese mensajero es que Jesucristo estará hablándole a Su Iglesia con esa Gran Voz de Trompeta todas estas cosas que deben suceder pronto, y estará llamando y juntando a todos Sus escogidos en este tiempo final, y preparándonos para ser transformados y raptados en este tiempo final y ser llevados a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo, en la Casa de nuestro Padre celestial.

En Apocalipsis, capítulo 22, verso 6 en adelante, nos dice por medio de quién nos dará a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto:

“Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto”.

Ahora, ¿por medio de quién son dadas a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto? Por medio del Ángel Mensajero de Jesucristo, enviado en este tiempo final.

En Apocalipsis 22, verso 16, también nos dice:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias”.

Es por medio del Ángel Mensajero de Jesucristo (que le dio a Juan el apóstol la revelación del Apocalipsis) que Jesucristo estará hablándonos en el Día Postrero todas estas cosas que deben suceder pronto; y los que son de Dios, los primogénitos de Dios, que serán llamados, juntados y preparados para ser transformados en el Día Postrero, estarán escuchando la Voz de Cristo bajo el Séptimo Sello, la Voz de Cristo para este tiempo final, dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto.

Toda persona desea escuchar la Voz de Cristo, y siempre la Voz de Cristo ha estado manifestada en el mensajero correspondiente a cada edad de Su Iglesia.

De edad en edad estuvo manifestada la Voz de Cristo en el ángel mensajero de cada edad, y estuvo Cristo hablando en medio de Su Iglesia y llamando y juntando a Sus escogidos de cada edad, de cada etapa. Y ahora para el Día Postrero, la Voz de Cristo estará hablándonos y dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto; y estar escuchando Su Voz es estar escuchando la Gran Voz de Trompeta o Trompeta Final que antecede a la resurrección de los muertos en Cristo y a la transformación de nosotros los que vivimos, para así estar obteniendo el conocimiento de todas estas cosas que deben suceder en este tiempo final; y así ser preparados para ser transformados y raptados en este tiempo final, juntamente con los muertos en Cristo que van a resucitar en cuerpos eternos en el Día Postrero, o sea, en el séptimo milenio.

Ahora, ¿en qué año del séptimo milenio ocurrirá la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de nosotros los que vivimos? No lo sabemos, pero en algún año del séptimo milenio los muertos en Cristo resucitarán en cuerpos eternos y nosotros los que vivimos seremos transformados; y cuando eso ocurra, la Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta tiene que haber llamado y juntado a todos los escogidos de Dios, y haberlos preparado para ser transformados y raptados en este Día Postrero.

Somos llamados y juntados en el Redil del Señor, en la etapa correspondiente al Día Postrero, que es la Edad de la Piedra Angular, donde Jesucristo estará hablando por medio de Su Ángel Mensajero todas estas cosas que deben suceder pronto; y todos los hijos de Dios e hijas de Dios estarán escuchando la Voz de Cristo bajo el Séptimo Sello.

Vean lo sencillo que es escuchar la Voz de Cristo en cada edad, y así también es para nuestro tiempo. Siempre la Voz de Dios ha estado en un profeta.

Y ahora para el Día Postrero, la Voz de Dios, la Voz de Cristo estará en Su Ángel Mensajero dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto.

Este Ángel Mensajero es el profeta de la Dispensación del Reino, con el Mensaje del Evangelio del Reino, dando testimonio de todas estas cosas que deben suceder en este tiempo final; y así los escogidos estarán en este tiempo final escuchando la Voz de Cristo bajo el Séptimo Sello, y siendo llamados y juntados en el Redil del Señor, en la Iglesia de Jesucristo, en la Edad de la Piedra Angular, para ser preparados y ser transformados, y luego ser raptados e ir a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo, en la Casa de nuestro Padre celestial.

Cuando ya estemos transformados, entonces veremos a Jesucristo en Su cuerpo; antes de eso estaremos viendo a Jesucristo en Espíritu Santo manifestado en Su Ángel Mensajero dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto.

Este es un profeta mensajero enviado por Jesucristo para dar testimonio de todas estas cosas a todas las iglesias. Jesucristo envía a Su Ángel Mensajero para todas las iglesias.

Es un profeta mensajero, el profeta de la Dispensación del Reino, con un Mensaje para toda la Iglesia de Jesucristo. Su Mensaje da a conocer todas estas cosas que deben suceder, nos revela el misterio del Séptimo Sello (o sea, el misterio de la Venida de Cristo para el Día Postrero) y nos habla todos estos misterios relacionados a la Venida de Cristo; nos muestra los Ángeles del Hijo del Hombre en Su Venida, que son los Dos Olivos o Dos Candeleros, que son los ministerios de Moisés y Elías para ser manifestados en el Día Postrero, para llamar con Gran Voz de Trompeta a Sus escogidos primeramente entre los gentiles y después del pueblo hebreo.

En medio del pueblo hebreo hay 144.000 hebreos escogidos por Dios, los cuales recibirán a Cristo en Su Segunda Venida y luego comprenderán lo que ha sido la Primera Venida de Cristo. Para ese tiempo estarán manifestados en el Ángel del Señor Jesucristo los ministerios de Jesús, de Moisés y de Elías para bendición del pueblo hebreo, y para bendición primeramente de Su Iglesia gentil, para nosotros recibir los beneficios de estos tres grandes ministerios prometidos para ser manifestados en el Día Postrero.

Es por medio de Su Ángel Mensajero que la Voz de Cristo estará hablándonos todas estas cosas; es por medio de Su Ángel Mensajero que estarán manifestados los ministerios de Moisés, de Elías y de Jesús; es por medio de Su Ángel Mensajero que estará viniendo al pueblo de Dios el Mensaje del Evangelio del Reino y así dándonos a conocer todos estos misterios de Dios correspondientes al Día Postrero.

Este Ángel Mensajero es un profeta dispensacional; y solamente Dios tiene siete profetas dispensacionales, y este es el séptimo profeta. Después de ese profeta no viene ningún otro profeta dispensacional.

El primero fue Adán, de la primera dispensación, la Dispensación de la Inocencia. El segundo profeta dispensacional fue Set, el profeta de la dispensación segunda, de la Dispensación de la Conciencia. El tercer profeta dispensacional fue Noé, fue el profeta de la tercera dispensación, de la Dispensación del Gobierno Humano. El cuarto profeta dispensacional fue Abraham, el profeta de la Dispensación de la Promesa, que fue la cuarta dispensación. El profeta de la quinta dispensación, de la Dispensación de la Ley, fue el profeta Moisés, con el Mensaje de la Dispensación de la Ley (ese fue el Mensaje para esa quinta dispensación). El mensajero o profeta de la Dispensación de la Gracia, que es la sexta dispensación, es nuestro amado Señor Jesucristo. Y el profeta de la Dispensación del Reino, la séptima dispensación, con el Mensaje del Evangelio del Reino, es el Ángel del Señor Jesucristo.

Ahora, ustedes encontrarán que en esos siete profetas dispensacionales ha estado el Dios Todopoderoso manifestado, ha estado el Espíritu Santo manifestado en esos siete profetas dispensacionales. Ha sido el Espíritu de Cristo en Adán, en Set, en Noé, en Abraham, en Moisés, en Jesús y luego en el Ángel del Señor Jesucristo.

Ahora, podemos ver que ese Ángel de Jesucristo también aparece en el capítulo 7 del Apocalipsis, el Ángel que sube de donde nace el sol, el cual viene con el Sello del Dios vivo. ¿Cuál es el Sello del Dios vivo? El Espíritu Santo:

“… no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención”12.

O sea, para el día de la transformación de nuestros cuerpos, de la redención de nuestro cuerpo.

El Espíritu Santo es el Sello del Dios vivo; y este Ángel Mensajero de Apocalipsis, capítulo 7, viene con el Espíritu Santo para llamar y juntar 144.000 hebreos, y sellarlos en sus frentes.

Y en Apocalipsis, capítulo 14, ya aparecen llamados, juntados, sellados en sus frentes, y tienen escrito en sus frentes el Nombre del Cordero y el Nombre de Su Padre; o sea que tienen la revelación divina del Nombre Eterno de Dios y Nombre Nuevo del Señor Jesucristo; porque Jesucristo dice en Apocalipsis, capítulo 3, verso 12, que tiene un Nombre Nuevo. Ese Nombre Nuevo es el Nombre que Él usará como Rey de reyes y Señor de señores sobre el Trono de David, reinando sobre el pueblo hebreo y sobre todas las naciones.

En Su Venida como Hijo del Hombre e Hijo de David, Él estará revelándonos todos esos misterios por medio de Su Ángel Mensajero en el Día Postrero; Jesucristo estará manifestado en Espíritu Santo en Su Ángel Mensajero y estará hablándonos con esa Voz de Trompeta o Gran Voz de Trompeta todos esos misterios de todas estas cosas que deben suceder en este tiempo final; y así estará llamando y juntando a todos Sus escogidos con esa Gran Voz de Trompeta y estará preparándonos para ser transformados y raptados en este tiempo final.

La bendición de la transformación y rapto (o traslación) para ir a la Cena de las Bodas del Cordero es para todos los hijos e hijas de Dios; para todos los hijos e hijas de Dios, los cuales han creído en Cristo como su Salvador, han lavado sus pecados en la Sangre de Cristo y han recibido Su Espíritu Santo. Si murieron sus cuerpos físicos, serán resucitados en cuerpos eternos; y si están vivos en este tiempo y ocurre la resurrección de los muertos en Cristo, pues seremos transformados; y nos iremos con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero. Y entonces lo veremos en Su cuerpo glorificado, y estaremos con Él en la Cena de las Bodas del Cordero; y luego regresaremos a la Tierra para el glorioso Reino Milenial, y reinaremos con Cristo por mil años y luego por toda la eternidad.

Vean la bendición tan grande que Dios tiene para los que escuchan la Voz de Cristo en el tiempo que les toca vivir. Y el que es de Dios, la Voz de Dios oye. “Mis ovejas oyen mi voz, y me siguen”. Él dijo: “Mis palabras son espíritu y son vida”. “El que oye mi Palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna”.

Cuando la persona ha creído en Cristo como su Salvador y ha lavado sus pecados en la Sangre de Cristo y ha recibido Su Espíritu Santo, ya tiene vida eterna; y aunque esté muerto, vivirá: resucitará en el Día Postrero en un cuerpo eterno; y mientras tanto, están viviendo en el Paraíso.

Y nosotros los que vivimos, cuando veamos a los muertos en Cristo resucitados, seremos transformados y seguiremos viviendo por toda la eternidad pero con un cuerpo nuevo; porque con este cuerpo y en este cuerpo no podemos vivir eternamente, porque “la carne y la sangre no pueden heredar el Reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción”. Por cuanto este cuerpo es corruptible, no puede vivir eternamente sin corrupción.

Pero gracias a Dios que nos ha permitido venir a vivir en este cuerpo terrenal para hacer contacto con la vida eterna; y Dios en Su Programa, vean ustedes, nos vio desde antes de la fundación del mundo y determinó el tiempo en que Él nos enviaría a la Tierra.

¿Cuántos de ustedes le dijeron a Dios que querían venir a vivir en este tiempo? Ninguno. Eso lo eligió Dios para usted y para mí, para estar escuchando la Voz de Cristo bajo el Séptimo Sello en este Día Postrero; para eso es que Él nos ha enviado a este planeta Tierra en estos cuerpos mortales; y pronto nos dará el nuevo cuerpo, el cuerpo eterno que Él ha prometido para cada uno de nosotros.

Hemos visto lo que es la Voz de Cristo bajo el Séptimo Sello: es la Voz de Cristo, Jesucristo en Espíritu Santo, manifestado en Su Ángel Mensajero hablándonos todas estas cosas que deben suceder pronto. Esa es la Voz de Cristo para este tiempo final, para todos los hijos e hijas de Dios, para ser llamados y juntados y preparados para ser transformados en este Día Postrero. Ahí está la bendición divina para todos los hijos de Dios.

Por eso para este tiempo final los hijos e hijas de Dios estarían escuchando la Gran Voz de Trompeta o Trompeta Final, que es la Voz de Cristo bajo el Séptimo Sello por medio de Su Ángel Mensajero velado y revelado, hablándonos todas estas cosas que deben suceder pronto, en este tiempo final, en el Día Postrero, en el séptimo milenio.

Hemos visto lo simple que es escuchar la Voz de Cristo bajo el Séptimo Sello en este tiempo final.

Todos los que estarán escuchando al Ángel del Señor Jesucristo en el Día Postrero dando a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, estarán escuchando la Voz de Cristo bajo del Séptimo Sello.

Y ahora, la Voz de Cristo fue escuchada en edades pasadas, en diferentes territorios, a través de los mensajeros que Él envió en las diferentes edades: San Pablo, Ireneo, Martin, Colombo, Lutero, Wesley y el reverendo William Branham. Todo esto ocurrió en Asia Menor, en Europa y en Norteamérica.

Y ahora, los que estarían escuchando la Voz de Cristo bajo el Séptimo Sello, ¿dónde estarían? Pues estarían donde estará Cristo manifestado en Su Ángel Mensajero.

Vean cómo Cristo en Espíritu Santo viene recorriendo la Tierra por Asia Menor, Europa y Norteamérica; y luego ¿a dónde pasa? Pasa a la América Latina y el Caribe, para hablarle a Su Iglesia con esa Gran Voz de Trompeta o Trompeta Final del Evangelio del Reino por medio de Su Ángel Mensajero, y así darnos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto.

¿Y dónde están los que estarían escuchando la Voz de Cristo bajo del Séptimo Sello en este Día Postrero? Aquí estamos, en la América Latina y el Caribe, escuchando Su Voz, la Voz de Cristo bajo el Séptimo Sello.

Cristo está construyendo un Templo, y lo está construyendo en la misma forma que fue construido el de Moisés y el de Salomón. Vean ustedes, tenía atrio, lugar santo y lugar santísimo.

El lugar santo representa la Iglesia de Jesucristo pasando por sus diferentes edades, las siete edades de la Iglesia gentil; y luego, vean ustedes, se cumplió Asia Menor, Europa y Norteamérica, esa etapa del Lugar Santo. Y luego, para la etapa del Lugar Santísimo, así como Él estuvo en la etapa del Lugar Santo en la construcción de Su Templo, construyendo Su Templo espiritual con piedras vivas, con personas, con hijos e hijas de Dios, colocándolos en Su Iglesia, para este tiempo final, para la construcción del Lugar Santísimo llama y junta piedras vivas latinoamericanas y caribeñas, y con ellos construye el Lugar Santísimo de Su Templo espiritual.

¿Para qué lado estaba el lugar santísimo del templo de Moisés y el de Salomón? Para el oeste; y para el oeste el Lugar Santísimo del Templo espiritual de Cristo está siendo construido con piedras vivas, latinoamericanos y caribeños, con seres humanos. Le ha tocado a la América Latina y el Caribe con sus habitantes la bendición más grande del Templo espiritual de Cristo: le ha tocado la bendición del Lugar Santísimo.

Por eso es que en este tiempo final el Lugar Santísimo de Su Templo espiritual, que es la Edad de la Piedra Angular, que corresponde a la América Latina y el Caribe, es el territorio donde la Voz de Cristo por medio de Su Ángel Mensajero estará hablándole a Su Iglesia, y estará llamando y juntando a Sus escogidos, y colocándolos en ese Lugar Santísimo del Templo espiritual de Cristo (o sea, colocándolos en la Edad de la Piedra Angular), y así recibiendo las bendiciones de Cristo para ser transformados y raptados en este tiempo final.

Con los escogidos del Día Postrero, de la Edad de la Piedra Angular, del Lugar Santísimo del Templo espiritual de Cristo, se completará el número de los escogidos de Dios, el número de la Iglesia de Jesucristo, el número de las ovejas del Señor.

Él está llamando y juntando Sus últimas ovejas, Sus últimos escogidos, los últimos miembros de Su Cuerpo Místico de creyentes, para así cumplirse la plenitud de los gentiles y luego Cristo poder tratar con el pueblo hebreo; pero primero se tiene que cumplir la plenitud de los gentiles, que es: el Cuerpo Místico de Cristo ser completado, venir a Cristo hasta el último de los escogidos de Dios, y Cristo hacer intercesión en el Cielo hasta por el último escogido, y así completarse el número de los miembros de la Iglesia de Jesucristo. Porque Jesucristo sabe cuál es el número de Sus escogidos; Dios determinó desde antes de la fundación del mundo de cuántos sería compuesto el Cuerpo Místico de Cristo.

Y ahora nosotros estamos viviendo en el llamado de los últimos escogidos de Dios, de los últimos miembros del Cuerpo Místico de Cristo; y ese llamado lo hace Cristo por medio de Su Ángel Mensajero con el Mensaje de la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino, llamando y juntando a todos los escogidos de Dios en el territorio latinoamericano y caribeño.

Vean la bendición tan grande que nos ha tocado en la América Latina y el Caribe. Este es el territorio de la manifestación de Jesucristo en el Día Postrero hablándonos con esa Gran Voz de Trompeta por medio de Su Ángel Mensajero. Este es el tiempo en donde los latinoamericanos y caribeños estarían escuchando la Voz de Cristo bajo el Séptimo Sello dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto.

Esta es la bendición para todos los latinoamericanos y caribeños en este Día Postrero; y aquí estamos recibiendo esa bendición y escuchando LA VOZ DE CRISTO BAJO EL SÉPTIMO SELLO.

Ha sido para mí un privilegio muy grande estar con ustedes en esta ocasión dándoles testimonio de LA VOZ DE CRISTO BAJO EL SÉPTIMO SELLO”.

¿Y dónde están los que estarían escuchando la Voz de Cristo bajo el Séptimo Sello? Aquí estamos presentes, y aquí estamos en el territorio latinoamericano y caribeño escuchando la Voz de Cristo bajo el Séptimo Sello.

Que las bendiciones de Jesucristo nuestro Salvador sean sobre cada uno de ustedes y sobre mí también, y pronto se complete el número de los escogidos de Dios, y pronto los muertos en Cristo resuciten en cuerpos eternos y nosotros los que vivimos seamos transformados, y vayamos a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo, a la Casa de nuestro Padre celestial. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Muchas gracias por vuestra amable atención, amados amigos y hermanos presentes y los que también verán esta conferencia a través de video. Que Dios les bendiga y les guarde, y continúen pasando una tarde llena de las bendiciones de Jesucristo.

“LA VOZ DE CRISTO BAJO EL SÉPTIMO SELLO”.

[Revisión octubre 2018]

1 Éxodo 3:6

2 Jueces 13

3 Números 12:6-8

4 San Juan 1:1-3

5 San Juan 1:18

6 San Juan 3:13

7 2 Reyes 2:11-12

8 San Mateo 6:33

9 Filipenses 2:12

10 San Juan 5:46

11 Deuteronomio 18:15

12 Efesios 4:30

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