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Muy buenas noches, amables amigos y hermanos presentes aquí en Presidente Prudente. Es para mí un privilegio muy grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir unos momentos de compañerismo alrededor del Programa Divino, bajo el tema: “TIEMPO DE DESPERTAR CON EL MENSAJE DEL SÉPTIMO SELLO”.

Para lo cual quiero leer en el libro de San Mateo, capítulo 25, versos del 1 al 13, donde dice Jesucristo:

“Entonces el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes que tomando sus lámparas, salieron a recibir al esposo.

Cinco de ellas eran prudentes y cinco insensatas.

Las insensatas, tomando sus lámparas, no tomaron consigo aceite;

mas las prudentes tomaron aceite en sus vasijas, juntamente con sus lámparas.

Y tardándose el esposo, cabecearon todas y se durmieron.

Y a la medianoche se oyó un clamor: ¡Aquí viene el esposo; salid a recibirle!

Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron, y arreglaron sus lámparas.

Y las insensatas dijeron a las prudentes: Dadnos de vuestro aceite; porque nuestras lámparas se apagan.

Mas las prudentes respondieron diciendo: Para que no nos falte a nosotras y a vosotras, id más bien a los que venden, y comprad para vosotras mismas.

Pero mientras ellas iban a comprar, vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta.

Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, señor, ábrenos!

Mas él, respondiendo, dijo: De cierto os digo, que no os conozco.

Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir”.

“TIEMPO DE DESPERTAR CON EL MENSAJE DEL SÉPTIMO SELLO”. Ese es nuestro tema para esta ocasión.

En esta parábola de las diez vírgenes, nuestro amado Señor Jesucristo nos habla de Su Iglesia, nos muestra el Reino de los Cielos y nos dice cómo sería a través de sus diferentes etapas o edades. Aquí muestra al cristianismo completo; y en medio del cristianismo tendríamos personas con aceite en sus lámparas y personas sin aceite en sus lámparas; esto nos habla del Espíritu de Cristo representado en el aceite.

Cada persona ha sido llamada por Jesucristo a nacer de nuevo. Cristo dijo a Nicodemo: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca de nuevo, no puede ver el Reino de Dios”. Nicodemo pensó en otro nacimiento natural por medio de su madre o por otra mujer y le pregunta a Cristo en el capítulo 3 de San Juan, verso 3 y 4, y llegaremos hasta el verso 7, donde dice:

“Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?

Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.

Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.

No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo”.

Cuando la persona escucha la predicación del Evangelio, y escucha que Jesucristo en Su Primera Venida vino como Cordero de Dios y murió en la Cruz del Calvario, y allí quitó nuestros pecados, pagó el precio de la redención...; allí Cristo, al tomar nuestros pecados, encontramos que se hizo mortal y todo el juicio divino cayó sobre Jesucristo, el juicio divino que tenía que caer sobre cada uno de ustedes y sobre mí también y sobre todo ser humano.

Y ahora Cristo nos ha libertado, y ahora nosotros no tenemos que recibir el juicio divino sino las bendiciones divinas; pero para que se haga efectivo en nosotros ese Sacrificio de Cristo en la Cruz del Calvario, tenemos que creer en Él, en Su Obra de Redención en la Cruz del Calvario, recibirlo como nuestro Salvador, lavar nuestros pecados en la Sangre de Cristo y recibir Su Espíritu Santo, y así se efectúa el nuevo nacimiento en nosotros.

Ahora podemos ver que las personas que obtienen ese nuevo nacimiento han recibido el aceite en su lámpara, que es el Espíritu Santo.

Ahora podemos ver que hay personas que solamente son creyentes profesantes pero no llegan a recibir el Espíritu de Dios, y por consiguiente no obtienen el nuevo nacimiento.

Ahora, Cristo nos habla del cristianismo completo al representarlo en estas diez vírgenes, y dice que para la media noche, en donde ya todas estaban dormidas, se oyó un clamor: “He aquí el esposo viene, salid a recibirle”.

Es tiempo del despertamiento para todos los cristianos, para todos los creyentes en nuestro amado Señor Jesucristo.

De esto también nos habla el apóstol San Pablo en Primera de Tesalonicenses, capítulo 4, versos 13 en adelante, donde nos dijo de la siguiente manera, y quiero leer ese pasaje: Primera de Tesalonicenses 4, verso 13 en adelante, dice así:

“Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza.

Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él”.

O sea, a los que físicamente han muerto en cuanto a su cuerpo pero son personas creyentes en Cristo, esas personas regresarán en cuerpos eternos en el Día Postrero, en la resurrección de los muertos en Cristo. Sigue diciendo:

“Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron.

Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero.

Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor”.

Aquí tenemos al mismo Señor con Voz de Mando (o sea, eso es Aclamación), con Voz de Arcángel y con Trompeta de Dios; en este tiempo final estaremos escuchando la Voz de Cristo en esta forma.

Ahora, podemos ver que este es un tiempo de despertamiento, a tal grado que físicamente también los muertos en Cristo despertarán en un cuerpo eterno creado por Cristo en este tiempo final, y eso será la resurrección de los muertos en Cristo, y nosotros los que vivimos seremos transformados; y entonces tendremos un cuerpo eterno y nos iremos con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo, en la casa de nuestro Padre celestial, como Él nos prometió cuando dijo en San Juan, capítulo 14 [verso 2]:

“En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros.

Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez (esa es Su Segunda Venida), y os tomaré a mí mismo...”.

¿Por qué se tomará Él mismo? Porque Su Iglesia es carne de Su carne y hueso de Sus huesos y sangre de Su Sangre, así como el esposo y la esposa cuando se casaron vinieron a ser una sola carne.

Ahora podemos ver Cristo y Su Iglesia como una sola carne; por lo tanto, cuando Cristo se lleva a Su Iglesia, pues se está llevando a Sí mismo, porque Su Iglesia es parte de Él.

Ahora podemos ver a quién viene a buscar Jesucristo en Su Segunda Venida con Aclamación, Voz de Arcángel y Trompeta de Dios.

Este es un tiempo muy importante para todos los creyentes en Jesucristo, este es el tiempo de despertar. Tenemos que despertar espiritualmente, y pronto despertarán físicamente los muertos en Cristo en un nuevo cuerpo que Cristo les dará, un cuerpo eterno, y nosotros luego seremos transformados; pero para poder ser transformados tenemos que despertar espiritualmente.

Y tenemos en la Escritura que las vírgenes prudentes despertaron; también despertaron las vírgenes insensatas, pero no tenían aceite. Y nos dice la Escritura que mientras las insensatas iban a buscar aceite, vino el esposo, o sea, se cumple la Segunda Venida de Cristo, y las que estaban preparadas entraron con Él a las Bodas, esas son las Bodas del Cordero; y luego se cerró la puerta.

La puerta de la Gracia bajo la Dispensación de la Gracia, que es Cristo, se cierra y nadie más puede entrar al Cuerpo Místico de Cristo y obtener misericordia de Dios, porque ya se habrá cumplido el número de los escogidos de Dios, ya habrán entrado todas las vírgenes prudentes con el Esposo, con Cristo dentro de Su Casa, donde se lleva a cabo las Bodas del Cordero; dentro de la Casa de Dios, que es la Iglesia de Jesucristo.

Y luego que entre hasta el último de los escogidos de Dios escrito en el Libro de la Vida del Cordero desde antes de la fundación del mundo, Cristo sale del Trono de Intercesión, porque ya termina Su labor en el Cielo, en el Templo que está en el Cielo, en el Lugar Santísimo, haciendo Intercesión con Su propia Sangre, pues Él es el Sumo Sacerdote según el Orden de Melquisedec, del Templo que está en el Cielo.

Cuando Él murió, resucitó y ascendió al cielo, Él llevó Su propia Sangre y la colocó en el asiento de misericordia del Templo que está en el Cielo. Allá en el Lugar Santísimo de ese Templo, Cristo como Sumo Sacerdote ha estado todos estos años desde que ascendió al Cielo hasta este tiempo en el cual vivimos, así como el sumo sacerdote entraba una vez al año o un día en el año al lugar santísimo del tabernáculo que construyó Moisés y luego también en el templo que construyó Salomón; y entraba con la sangre de la propiciación, o sea, con la sangre del macho cabrío, que es la sangre de la expiación; ese macho cabrío es la expiación para la reconciliación del pueblo hebreo con Dios.

Y para la reconciliación del Israel celestial, que son los hijos e hijas de Dios escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, nuestra Expiación es Jesucristo; así como Él es también el Cordero Pascual, Él es nuestra Pascua, Él también  es el Macho Cabrío, Él es nuestra Expiación, para así todos nosotros ser reconciliados con Dios. No hay otra forma para ser reconciliados con Dios y recibir el nuevo nacimiento, y así recibir un cuerpo teofánico de la sexta dimensión, y después recibir un cuerpo glorificado en el Día Postrero o séptimo milenio; para el cual Jesucristo dijo, hablando de los creyentes en Él, en el capítulo 6, verso 39 al 40, Él los resucitaría en el Día Postrero, dice así:

“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.

Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero”.

¿Y cuál es el Día Postrero? La Escritura nos habla de los días postreros.

Veamos a San Pablo hablando de los días postreros en su carta a los Hebreos, capítulo 1, verso 1 al 2, y ahí veremos cuándo comenzaron los días postreros.

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,

en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo”.

Vean cómo San Pablo nos dice que Dios habló por medio de Su Hijo “en estos postreros días”; está diciendo San Pablo de aquellos días en los cuales Jesucristo estuvo en la Tierra predicando. Era Dios hablando por medio de Jesucristo; por eso Jesucristo decía: “Yo no hablo nada de mí mismo, sino lo que yo oigo al Padre hablar eso es lo que yo hablo”. Y San Pablo dice que esos ya eran los días postreros, y ya han transcurrido dos mil años.

¿Se equivocaría San Pablo al decir que eran los días postreros? No se equivocó, estaba correcto diciendo que eran los días postreros.

San Pedro también, hablando de aquellos tiempos en el libro de los Hechos, capítulo 2, verso 14 en adelante, dando testimonio de lo que estaba sucediendo el Día de Pentecostés en el aposento alto, cuando muchos pensaban que esas ciento veinte personas estaban borrachas, Pedro se levantó con los once apóstoles y les dijo lo que estaba sucediendo allí. Capítulo 2, verso 14, en adelante del libro de los Hechos, dice:

“Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo: Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras.

Porque éstos no están ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera del día”.

O sea, era de 8 a 9 de la mañana y ellos estaban allí en el Día de Pentecostés, que era un día especial que se celebraba en medio del pueblo hebreo; y ese día llegó cincuenta días después de la resurrección de Cristo; o sea, contando del domingo de resurrección al Día de Pentecostés transcurrieron cincuenta días.

Dice San Pedro:

“Mas esto es lo dicho por el profeta Joel…”.

O sea, San Pedro va a darles una explicación bíblica de lo que allí está sucediendo, porque estaban pensando que lo que allí sucedía era algo humano, que estaban borrachos; pero eso no era la verdad, ellos estaban llenos del Espíritu de Dios, y por eso dice San Pedro:

“Mas esto es lo dicho por el profeta Joel:

Y en los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne,

y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán;

Vuestros jóvenes verán visiones,

Y vuestros ancianos soñarán sueños;

Y  de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días

Derramaré de mi Espíritu, y profetizarán”.

Ahora, vean que la promesa de la Venida del Espíritu Santo era para los postreros días. Dios dijo: “Y en los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne”. Sobre toda persona que creyere en Cristo como Su Salvador y lavara sus pecados en la Sangre de Cristo, vendría el Espíritu Santo; y eso comenzó el Día de Pentecostés. Antes de ese día, encontramos que los discípulos de Jesucristo no habían recibido el Espíritu Santo; Jesucristo les dijo: “Yo tengo que irme para que pueda venir el Espíritu Santo”.

Y al venir el Espíritu Santo sobre personas creyentes en Jesucristo arrepentidas de sus pecados, produciría el nuevo nacimiento; y así entrarían al Reino de Dios las personas a través de las diferentes edades o generaciones desde aquellos tiempos hasta este tiempo final.

Ahora, vean ustedes cómo en los días de Jesucristo y de los apóstoles, los días postreros ya habían comenzado.

¿Y entonces qué son los días postreros? San Pedro dice en Segunda de Pedro, capítulo 3, verso 8:

“Mas, oh amados, no ignoréis esto (es algo que no puede ser ignorado, porque si lo ignora usted, no sabrá nunca lo que son los días postreros): que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día”.

Cuando Dios habla de los días postreros, para los seres humanos son los milenios postreros; y cuando Jesucristo habla del Día Postrero, está hablando del milenio postrero, del último milenio.

Ahora, podemos ver que también el profeta Moisés, en el Salmo 90, y verso 4, hablo de esto mismo, y de ahí es que San Pedro toma esa escritura.

Ahora, podemos ver que los días postreros delante de Dios, para los seres humanos son los milenios postreros.

En la semana para nosotros, los días postreros de la semana son jueves, viernes y sábado; sábado es el séptimo día de la semana. Y los días postreros delante de Dios, para los seres humanos son los milenios quinto, sexto y séptimo.

Cuando Jesucristo tenía de 4 a 7 años de edad, comenzó el quinto milenio, y por consiguiente comenzaron los días postreros; y Dios estaba hablando por medio de Jesucristo en los días postreros, ¿vieron lo sencillo que es todo?

Y ahora, de Cristo hacia acá han transcurrido dos mil años; si le añadimos al calendario los años de atraso que tiene, ya estamos en el séptimo milenio, o sea, en el Día Postrero; si no le añadimos al calendario los años de atraso que tiene, solamente faltan dos o tres años para llegar al Día Postrero, al séptimo milenio.

Ahora podemos ver lo que son los días postreros y lo que es el Día Postrero. Actualmente, si le añadimos al calendario los años de atraso que tiene, ya han transcurrido dos mil años y estamos bien entrados en el séptimo milenio. Ahora, delante de Dios solamente han transcurrido, de Cristo hacia acá, dos días, y estamos entrando al tercer día, al Día Postrero delante de Dios.

¿Por qué no ocurrió la resurrección de los santos en Cristo durante estos dos mil años que han transcurrido, estando viviendo en los días postreros? Porque se estaba viviendo en el quinto y sexto milenio, que es, de los tres días postreros delante de Dios, los dos días postreros primeros. Y ahora hemos llegado al Día Postrero delante de Dios, si le añadimos al calendario los años de atraso que tiene, y Cristo dijo: “Y yo le resucitaré en el día postrero”. Esto es a los creyentes en Él.

Esa resurrección es la primera resurrección, que es para vida eterna, con un cuerpo eterno para los muertos en Cristo, y para nosotros los que vivimos la promesa es una transformación de nuestros cuerpos cuando veamos a los muertos en Cristo resucitados; porque nosotros no seremos delanteros a los que durmieron; o sea que no vamos a ser transformados primero que los muertos en Cristo resucitados en cuerpos eternos. Ellos resucitarán primero en cuerpos eternos, y nosotros los que vivimos, luego seremos transformados; y todos tendremos un cuerpo eterno, un cuerpo glorificado, y seremos iguales a nuestro amado Señor Jesucristo, a imagen y semejanza del segundo Adán, nuestro amado Señor Jesucristo; y luego podremos ser arrebatados al cielo en ese cuerpo nuevo e ir a la Cena de las Bodas del Cordero en la Casa de nuestro Padre celestial.

Solamente las vírgenes prudentes serán transformadas y arrebatadas al Cielo para ir a la Cena de las Bodas del Cordero, a la Casa de nuestro Padre celestial; las vírgenes prudentes de nuestro tiempo y de las edades pasadas también. Esos son los primogénitos de Dios escritos en el Cielo desde antes de la fundación del mundo, por ellos viene Cristo en este tiempo final con esa Gran Voz de Trompeta llamando y juntando a todos Sus escogidos.

En Apocalipsis, capítulo 1, versos 10 al 11, el apóstol San Juan nos habla del Día del Señor; el Día del Señor es el séptimo milenio; y nos dice así:

“Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor…”.

Él fue transportado de aquel quinto milenio en el cual él vivía (él vivió en el primer siglo del quinto milenio, en la década del 90 de ese primer siglo), y fue transportado al Día del Señor, o sea, al séptimo milenio, y dice:

“...y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta,

que decía: Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último”.

¿Quién es el Alfa y Omega?, ¿quién es el primero y el último? Nuestro amado Señor Jesucristo. Es la Voz de Jesucristo en el Día Postrero, en el Día del Señor, o sea, en el séptimo milenio. ¿Y qué hace Él hablando en el séptimo milenio? Él, así como hablo en las diferentes etapas de Su Iglesia durante estos dos mil años que han transcurrido, Él también en el Día Postrero estaría hablando.

En San Juan, capítulo 10, verso 14 al 16, Jesucristo dice:

“Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen,

así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas”.

Cristo compara los hijos e hijas de Dios con ovejas de Dios. Sigue diciendo:

También tengo otras ovejas que no son de este redil…”.

O sea, que no son del pueblo hebreo; son de entre los gentiles, son hijos e hijas de Dios que estarán viviendo en medio de las naciones gentiles.

“...aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor”.

Ahora, Cristo murió, el Buen Pastor. El Buen Pastor murió, resucitó y ascendió al Cielo y se sentó a la diestra de Dios.

Y ahora, ¿cómo va a llamar y juntar Sus ovejas?, ¿y cómo van ellas a escuchar Su Voz durante estos dos mil años que han transcurrido? ¿Cómo han escuchado Su Voz? Por medio de los mensajeros que Él ha enviado de edad en edad, en los cuales Jesucristo en Espíritu Santo ha estado manifestado en ellos; y por medio de ellos ha estado hablándole a la humanidad y ha estado llamando y juntando Sus ovejas de entre los gentiles, y los ha estado colocando en Su Redil. Su Redil es Su Iglesia y la puerta a Su Redil es Él. Él dijo: “Yo soy la puerta”.

Toda persona, para entrar al Cuerpo Místico de Cristo, al Redil del Señor, tiene que entrar creyendo en Jesucristo como nuestro Salvador, lavando sus pecados en la Sangre de Cristo y recibiendo Su Espíritu; así es como entramos al Redil del Señor y así es como nacemos en el Redil del Señor.

Hemos visto cómo de edad en edad, durante las siete edades de la Iglesia gentil, por medio de Sus ángeles mensajeros Él llamó y junto a Sus escogidos.

En este diagrama, que representa a la Iglesia del Señor Jesucristo pasando por diferentes etapas, que usó del reverendo William Branham, tenemos las diferentes etapas de la Iglesia del Señor Jesucristo, en donde envió para cada etapa un mensajero.

El primero fue San Pablo, el primer mensajero para Su Iglesia entre los gentiles; y después, de edad en edad encontramos los demás mensajeros: Ireneo, Martín, Colombo, Lutero, Wesley y el reverendo William Branham con el espíritu y virtud e Elías.

Estas etapas se cumplieron en diferentes naciones: en Asia Menor se cumplió la primera edad, la segunda edad se cumplió en Francia, la tercera edad se cumplió en Francia y en Hungría, la cuarta edad se cumplió en Irlanda y en Escocia, la quinta edad se cumplió en Alemania, la sexta edad se cumplió en Inglaterra.

Vean ustedes, cinco etapas de la Iglesia gentil se cumplieron en Europa. La primera etapa entre los gentiles se había cumplido en Asia Menor y ahora la séptima etapa se cumplió en Norteamérica, donde Dios envió al reverendo William Branham; y ya él se fue, y ya esa etapa ha llegado a su final

¿Y ahora qué nos queda? Recuerden que en cada una de esas etapas Jesucristo en Espíritu Santo estuvo hablando por medio de cada uno de Sus mensajeros en los territorios donde envió esos mensajeros; y estuvo llamando y juntando a Sus ovejas en Su Redil, en Su Iglesia; estuvo añadiendo Sus ovejas a Su Redil de edad en edad, estuvieron naciendo en Su Redil —de edad en edad— de nuevo, millones de seres humanos, de ovejas de Cristo.

Y ahora, para este tiempo final, ¿dónde se cumple el Programa Divino y el llamado de Jesucristo, ese llamado de Gran Voz de Trompeta llamando y juntando a todos los escogidos de Dios? Como dice en San Mateo, capítulo 24, verso 31:

“Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos…”.

Esos son los ministerios de los Dos Olivos, de Moisés y Elías, siendo manifestados en este tiempo final, en el Día Postrero; y por medio de esos ministerios, Jesucristo hablándole a Su pueblo, a Sus ovejas, y llamándolas y colocándolas en Su Cuerpo Místico de  creyentes en la Edad de la Piedra Angular.

Son llamados siempre, en cada edad, los hijos e hijas de Dios, las ovejas de Jesucristo, a la edad que corresponde a ese tiempo.

Y ahora nosotros estamos viviendo en el tiempo cuando ya Dios ha hablado en estas siete etapas y en esos diferentes lugares o naciones y continentes por medio de Sus mensajeros que Él envió. Pero ahora nosotros estamos viviendo en la América Latina y el Caribe para escuchar la Gran Voz de Trompeta, la Voz de Jesucristo en este Día Postrero hablándonos y llamándonos y colocándonos en la Edad de la Piedra Angular, que es la edad más importante, la etapa más importante de la Iglesia de Jesucristo para los hijos e hijas de Dios, para las ovejas de Jesucristo.

Es en esa etapa que Jesucristo habla con esa Gran Voz de Trompeta en el Día del Señor, o sea, en el séptimo milenio; es en esa etapa en que los ministerios de los Ángeles del Hijo del Hombre, que son los ministerios de los Dos Olivos, los ministerios de Moisés y Elías, estarán manifestados y estarán siendo usados con la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino llamando y juntando a todos los escogidos de Dios.

El Mensaje del Evangelio del Reino gira alrededor de la Segunda Venida de Cristo como León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo; en este tiempo final es el llamado de Cristo con esa Gran Voz de Trompeta.

Veamos en Apocalipsis, capítulo 4, las cosas que estará hablándonos Jesucristo en este tiempo final, y luego veremos también por medio de quién y veremos también el territorio donde estará hablando todas estas cosas. Capítulo 4, de Apocalipsis, verso 1, dice:

“Después de esto miré, y he aquí una puerta abierta en el cielo; y la primera voz que oí, como de trompeta, hablando conmigo, dijo: Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de estas”.

Aquí tenemos nuevamente la Voz de Cristo como una Trompeta, hablando y diciendo: “Sube acá, y yo te mostraré las cosas que han de suceder después de estas”; las cosas que han de suceder después de estas que han sucedido en las siete etapas o edades de la Iglesia gentil durante estos dos mil años que han transcurrido, que son solamente dos días delante de Dios; o sea, Él nos va a mostrar las cosas que han de suceder en el Día Postrero, o sea, en el séptimo milenio, y nos dice: “Sube acá”.

Ahora, ¿dónde vamos a subir sin tener todavía el cuerpo glorificado? No puede ser subir literalmente al Cielo, porque hasta que tengamos el nuevo cuerpo no podemos subir a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo. Tenemos que subir a la Edad de la Piedra Angular.

Esta es la Edad de Oro de la Iglesia de Jesucristo, donde estará escuchando a Jesucristo hablándonos con esa Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino y dándonos a conocer el misterio de Su Venida, el misterio de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles en este tiempo final.

Y ahora, dice que nos mostrará todas las cosas que han de suceder después de estas. Así como Él tuvo un instrumento, un mensajero, en cada una de las edades, en el cual estuvo manifestado en Espíritu Santo hablándole a la gente y llamando y juntando a los escogidos en cada edad, Él tendrá aquí en la Edad de la Piedra Angular un mensajero también, un profeta mensajero; y vamos a ver quién es ese Mensajero prometido en la Escritura para este tiempo final; vamos a ver por medio de quién nos estará dando a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto. En Apocalipsis, capítulo 22, verso 6, dice así:

“Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto.”

¿A quién ha enviado para dar a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, que Él prometió darnos a conocer? Él dice que ha enviado a Su Ángel; y también en Apocalipsis, 22, verso 16, nos confirma que ha enviado a Su Ángel:

Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias”.

¿Y quién es Su Ángel Mensajero a través del cual Él nos da a conocer estas cosas? Es el mensajero de la Edad de la Piedra Angular y profeta mensajero de la Dispensación del Reino.

Es la primera vez que Jesucristo envía a Su Iglesia un profeta dispensacional; esa es la clase de profeta más grande que Dios envía al planeta Tierra. Con razón Juan quiso adorarlo en dos ocasiones, al ver la manifestación de Jesucristo en Espíritu Santo a través de ese mensajero dando a conocer todas estas cosas que deben suceder en este tiempo final; pero este Ángel le dijo: “Mira, no lo hagas; yo soy consiervo tuyo, y con tus hermanos. Adora a Dios”. Así dice Apocalipsis, capítulo 19, versos 9 al 10, y también Apocalipsis, capítulo 22, versos 8 al 9. Veamos 8 al 9, dice:

“Yo Juan soy el que oyó y vio estas cosas. Y después que las hube oído y visto, me postré para adorar a los pies del ángel que me mostraba estas cosas.

Pero él me dijo: Mira, no lo hagas; porque yo soy consiervo tuyo, de tus hermanos los profetas, y de los que guardan las palabras de este libro. Adora a Dios”.

Este Ángel no acepta la adoración de Juan ni de ninguna persona; porque este Ángel es un profeta, el profeta de la Dispensación del Reino, el último profeta dispensacional que Dios enviaría a la Tierra.

El primer profeta dispensacional para la primera dispensación, la Dispensación de la Inocencia, fue Adán; el segundo profeta dispensacional, para la Dispensación de la Conciencia, fue Set; el tercer profeta dispensacional, para la dispensación tercera, la Dispensación del Gobierno Humano, fue Noé; el cuarto profeta dispensacional, para la Dispensación de la Promesa, fue Abraham; el quinto profeta dispensacional, para la Dispensación de la Ley, fue Moisés; el sexto profeta dispensacional, para la dispensación sexta, la Dispensación de la Gracia, fue Jesús; y el séptimo profeta dispensacional, para la Dispensación del Reino, es el Ángel del Señor Jesucristo, por medio del cual Jesucristo en Espíritu Santo viene dando testimonio de todas estas cosas que deben suceder pronto.

Es Jesucristo en Espíritu Santo manifestado en Su Ángel Mensajero, dando testimonio por medio de este profeta de todas estas cosas que deben suceder pronto. Y estar escuchando, estar escuchando en el Día Postrero, en el séptimo milenio, la Voz de este Ángel Mensajero, es estar escuchando la Voz de Jesucristo, esa Gran Voz de Trompeta, dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto.

Siempre Dios ha usado un hombre, un profeta, para hablarle a la raza humana: “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo”, dice San Pablo en Hebreos, capítulo 1, versos 1 al 2. Y luego estuvo hablándonos por medio de los siete ángeles mensajeros. Y en este Día Postrero nos estaría hablando por medio de Su Ángel Mensajero; y por medio de ese Ángel Mensajero le hablará a Su Iglesia gentil y después le hablará al pueblo hebreo.

Con esa Gran Voz de Trompeta estará llamando y juntando a todos los escogidos de Dios en la Edad de la Piedra Angular, la Edad de Oro de la Iglesia del Señor Jesucristo, en el Cuerpo Místico de Cristo, que es el Redil del Señor Jesucristo.

Ahora podemos ver el misterio de esta Gran Voz de Trompeta para este tiempo final, para el Día del Señor, para el séptimo milenio.

Hemos visto lo que es el Día del Señor o Día Postrero, que es el día séptimo delante de Dios, que para los seres humanos es el séptimo milenio; y este es el tiempo de despertar con el Mensaje del Séptimo Sello, con el Mensaje de Jesucristo por medio de Su Ángel Mensajero, dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto y revelándonos el misterio de la Venida de Cristo en Espíritu Santo a Su Iglesia, en la Edad de la Piedra Angular, manifestado por medio de Su Ángel Mensajero dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, para pronto los muertos en Cristo ser resucitados en cuerpos eternos y nosotros los que vivimos ser transformados, y luego ir a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo.

Seremos arrebatados y entonces recibiremos al Señor en el aire, entonces lo veremos en Su cuerpo; pero antes de eso solamente estaremos viendo a Jesucristo en Espíritu Santo manifestado a través de Su Ángel Mensajero en  la Edad de Piedra Angular, hablándonos todas estas cosas que deben suceder pronto, y llamándonos y juntándonos en el Cuerpo Místico de Cristo, en el Redil del Señor, en la Edad de la Piedra Angular, y preparándonos para ser transformados y raptados en este tiempo final.

Estamos viviendo en el tiempo más glorioso de la Iglesia de Jesucristo, estamos viviendo en el tiempo de la Edad de la Piedra Angular, en el tiempo de la Gran Voz de Trompeta, la Voz de Cristo hablándonos todas estas cosas que deben suceder pronto.

¿Y dónde se cumple esa edad?, ¿cuál es el territorio? La buena noticia, la buena nueva que tengo para ustedes, es que el territorio es la América Latina y el Caribe. Es en el occidente donde Jesucristo como el relámpago se manifestaría, se revelaría; es la revelación de Jesucristo en la Edad de la Piedra Angular, en la América Latina y el Caribe, por medio de Su Ángel Mensajero, dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, para así despertar a todos los hijos de Dios; porque este es el tiempo de despertar con el Mensaje del Séptimo Sello, con el Mensaje de Jesucristo a través de Su Ángel Mensajero.

Pero Su Ángel Mensajero no es el Señor Jesucristo; él solamente es el instrumento de Cristo, para Cristo por medio de Su Ángel Mensajero llamar y juntar a todos Sus escogidos en este tiempo final con ese Mensaje de Gran Voz de Trompeta, que es el Mensaje del Séptimo Sello; y así todos despiertos espiritualmente ser preparados para ser transformados y raptados en este tiempo final.

Efesios, capítulo 5, verso 14, dice: “Despiértate, tú que duermes, y levántate de entre los muertos, y te alumbrará Cristo”.

Te alumbrará Cristo hablándote por medio de Su Ángel Mensajero todas estas cosas que deben suceder pronto, te alumbrará el alma, te alumbrará el entendimiento, te alumbrará todo tu ser, para poder comprender todo el Programa Divino correspondiente a este tiempo final y prepararte para ser transformado y ser raptado y llevado a la Cena de la Bodas del Cordero en el Cielo, en este tiempo final, en el Día Postrero, o sea, en el séptimo milenio.

Hemos llegado al tiempo de despertar.

Antes que se cierre la puerta recuerden que las vírgenes prudentes entraron con Él, con el Esposo, con Cristo, y luego se cerró la puerta.

Todavía la puerta está abierta, pero pronto se cerrará; la puerta se cerrará y la Dispensación de la Gracia terminará completamente; Cristo saldrá del Trono de Intercesión en el Cielo y ya no habrá más misericordia para ningún ser humano. Pero cuando eso suceda todos los escogidos de Dios, las vírgenes prudentes, ya habrán entrado y estarán con Cristo en la Edad de la Piedra Angular, escuchando Su Voz por medio de Su Ángel Mensajero en este tiempo final, dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, y preparándonos para ser transformados y raptados en este tiempo final, para ir a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo.

“TIEMPO DE DESPERTAR CON EL MENSAJE DEL SÉPTIMO SELLO” en la América Latina y el Caribe. El Mensaje de la Gran Voz de Trompeta, que llama y despierta a  los hijos e hijas de Dios, está sonando en la América Latina y el Caribe.

Estamos en el tiempo más glorioso para la América Latina y el Caribe, este es el tiempo latinoamericano y caribeño en el Programa de Dios, la bendición de Cristo está en la América Latina y el Caribe.

¿Y dónde están los que estarían escuchando la Gran Voz de Trompeta, la Voz de Cristo dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto por medio de Su Ángel Mensajero? Aquí estamos, en la América Latina y el Caribe, escuchando Su Voz y obteniendo el conocimiento de todas estas cosas que deben suceder pronto.

¿Cuántos sabían que el Día Postrero era el séptimo milenio? ¿Y cuántos sabían que los días postreros eran el quinto, sexto y séptimo milenio? No lo sabían; pero ya sí lo sabemos. ¿Por qué? Porque la Voz de Cristo que dijo: “Sube acá, y yo te mostraré todas estas cosas que deben suceder pronto”, esa Gran Voz de Trompeta está hablándonos en este tiempo final en la América Latina y el Caribe, y está dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto. Y nosotros estamos escuchando esa Voz y por eso estamos obteniendo ese conocimiento de todas estas cosas que deben suceder en este Día Postrero.

Este es EL TIEMPO DE DESPERTAR CON EL MENSAJE DEL SÉPTIMO SELLO. Ese es el Mensaje de la Gran Voz de Trompeta revelándonos todas estas cosas que deben suceder pronto.

Ha sido para mí un privilegio estar con ustedes esta noche, dándoles testimonio de: “EL TIEMPO DE DESPERTAR CON EL MENSAJE DEL SÉPTIMO SELLO”.

Que las bendiciones de Jesucristo, el Ángel del Pacto, sean sobre cada uno de ustedes y sobre mí también, y se materialicen en ustedes y en mí también; y pronto todos seamos transformados y raptados y llevados a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Que Dios les bendiga a todos y pasen todos muy buenas noches.

“EL TIEMPO DE DESPERTAR CON EL MENSAJE DEL SÉPTIMO SELLO”.

[Revisión octubre 2018]

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