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Muy buenas tardes o buenas noches, amados amigos y hermanos presentes, y los que están a través de internet.

Que las bendiciones de Cristo nuestro Salvador, el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, nuestro Señor Jesucristo, sean sobre cada uno de ustedes y sobre mí también, y nos permita en esta ocasión entender Su Palabra, nos abra Su Palabra para poderla comprender. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Quiero leer en el pasaje que estaba leyendo Miguel, en el capítulo 3 de Ezequiel. (¿Ahí fue, Miguel? En el 33. ¿Verso qué, leíste, Miguel? Del 1 al 11). Ahora, en el capítulo 3, verso 16 en adelante, dice Dios al profeta Ezequiel:

“Y aconteció que al cabo de los siete días vino a mí palabra de Jehová, diciendo:

Hijo de hombre, yo te he puesto por atalaya a la casa de Israel; oirás, pues, tú la palabra de mi boca, y los amonestarás de mi parte.

Cuando yo dijere al impío: De cierto morirás; y tú no le amonestares ni le hablares, para que el impío sea apercibido de su mal camino a fin de que viva, el impío morirá por su maldad, pero su sangre demandaré de tu mano.

Pero si tú amonestares al impío, y él no se convirtiere de su impiedad y de su mal camino, él morirá por su maldad, pero tú habrás librado tu alma.

Si el justo se apartare de su justicia e hiciere maldad, y pusiere yo tropiezo delante de él, él morirá, porque tú no le amonestaste; en su pecado morirá, y sus justicias que había hecho no vendrán en memoria; pero su sangre demandaré de tu mano.

Pero si al justo amonestares para que no peque, y no pecare, de cierto vivirá, porque fue amonestado; y tú habrás librado tu alma”.

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Nuestro tema para esta ocasión es: “EL ATALAYA DEL DÍA POSTRERO CON EL SÉPTIMO SELLO EN SU MANO”.

Dios dice que colocó al profeta Ezequiel por atalaya sobre el pueblo hebreo. Atalaya es un guarda, un centinela que vigila y que cuida.

Y ahora, así, vean ustedes cómo Dios ha representado a Sus profetas para cada edad y para cada dispensación; esos son los atalayas de la Casa de Dios, tanto del pueblo hebreo, del Israel terrenal, como del Israel celestial, que es la Iglesia del Señor Jesucristo.

En medio del Israel terrenal Dios tuvo Sus atalayas, que son Sus profetas de edad en edad, con el Mensaje de Dios para cada edad, dando a conocer la verdad divina correspondiente a cada edad y llamando al pueblo a caminar en el Programa de Dios, en la Palabra de Dios, apartados del mal y con sus corazones, sus almas colocadas en la mano de Dios, para vivir vidas justas y agradables delante de Dios, guardando los mandamientos de Dios, para que así la bendición de Dios venga al pueblo de Dios. Así fue para el pueblo hebreo y así es para el Israel celestial, que es la Iglesia de nuestro amado Señor Jesucristo.

De edad en edad encontramos que Jesucristo ha enviado Sus atalayas, que son Sus siete ángeles mensajeros para las siete edades de la Iglesia gentil; y para nuestro tiempo, para la Edad de la Piedra Angular, Él también tendrá Su atalaya, que está prometido en Apocalipsis, capítulo 22, verso 16, donde dice: “Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias”.

Ese es el atalaya de Dios para el Israel celestial para el Día Postrero, el cual es enviado con la Palabra de Dios para dar testimonio de todas estas cosas que deben suceder pronto, y así abrirnos el entendimiento para comprender el Programa Divino y para caminar en Su Programa todos los días de nuestra vida.

“Yo Jesús he enviado mi Ángel (dice) para dar testimonio de estas cosas en las iglesias”. Hemos visto cuál es el atalaya de Dios, de Cristo, para Su Iglesia; ese es el enviado de Cristo para Su Iglesia para el Día Postrero.

Ahora, vean cómo en el atalaya de Dios es que Dios siempre ha colocado Su Palabra para la edad en que envía ese profeta, ese atalaya.

Y ahora, vean cómo Cristo dijo en Apocalipsis, capítulo 4: “Sube acá, y yo te mostraré las cosas que han de suceder después de estas”. Y luego, por medio de Su atalaya, Su Ángel Mensajero, en Apocalipsis 22, verso 6, da a conocer todas estas cosas (porque las da a conocer a Su mensajero y Su mensajero las da a conocer al Israel celestial, que es la Iglesia del Señor Jesucristo): “Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado Su Ángel, para manifestar a Sus siervos las cosas que deben suceder pronto”.

Es por medio de Su atalaya, Su mensajero, Su profeta mensajero de la Dispensación del Reino y de la Edad de la Piedra Angular, que Él nos da a conocer todas estas cosas; porque ese es el centinela de la Casa de Dios para el Día Postrero, como fue el centinela de la Casa de Dios para cada edad el mensajero de cada edad.

Y ahora vean ustedes cómo Dios ha colocado guardas en Su Casa, que son los mensajeros de cada edad, tanto de las siete edades de la Iglesia gentil como de la Edad de la Piedra Angular; y por medio de ese mensajero, de ese atalaya, de ese centinela del Día Postrero, la Voz de Cristo como una Gran Voz de Trompeta estará siendo escuchada en el Israel celestial, y luego será escuchada esa Voz en el Israel terrenal también.

Hemos visto este misterio del atalaya del Día Postrero, y hemos visto la bendición tan grande que hay para el pueblo de Dios de edad en edad cuando Dios ha enviado, ha colocado en Su Iglesia el atalaya correspondiente a cada edad, o sea, el centinela correspondiente a cada edad.

En Oseas, capítulo 9, nos dice Dios por medio del profeta Oseas palabras relacionadas al atalaya. Capítulo 9, verso 8, dice:

“Atalaya es Efraín para con mi Dios…”.

Ahora, Efraín es el que recibió la Bendición de la Primogenitura cuando Jacob echó la Bendición de la Primogenitura sobre Efraín, el hijo menor de José. Cuando Jacob echó esa Bendición de la Primogenitura, la habló sobre Efraín, estaba bendiciendo con la Bendición de la Primogenitura ¿a quién? A José, bendiciendo a los hijos de José.

Ahora, podemos ver que Efraín era el menor y Manasés era el mayor de los hijos de José.

Así como también Esaú era el mayor y Jacob era el menor, pero, vean ustedes, Jacob estuvo luchando por la Bendición de la Primogenitura porque él amaba la Primogenitura; y en el Programa Divino, desde antes de la fundación del mundo estaba Jacob como el primogénito delante de Dios, no Esaú; pero por medio del nacimiento terrenal apareció primero Esaú y después Jacob; pero Jacob luchó por su posición, por su Bendición de la Primogenitura, que tenía desde antes de la fundación del mundo; y por eso es que Dios dice: “A Jacob amé y a Esaú aborrecí”1.

Vean ustedes cómo una persona que no es un primogénito, aunque aparezca en la posición de un primogénito, no aprecia esa bendición; la menospreció por una comida de lentejas; y lo que aparentemente tenía, lo perdió, perdió esa posición de primogénito. Y para él quizás ese negocio que hizo con Jacob no tenía ningún valor, porque era un negocio de palabras, pero delante de Dios ese negocio contó; y luego encontramos que al vender la Primogenitura a Jacob, el derecho de la Primogenitura, luego, cuando llegó el momento para recibir la bendición de parte de Isaac, todo obró para bien de Jacob, y Jacob se presentó en el momento correcto para recibir la Bendición de la Primogenitura siendo hablada2.

Ahora vean cómo la Bendición de la Primogenitura siendo hablada tiene un valor tan grande que lo que es dicho en esa bendición (siendo hablada por el profeta mensajero de ese tiempo, que tiene que echar esa Bendición de la Primogenitura) luego se cumplirá conforme a como fue hablada esa bendición.

Jacob se presentó como el primogénito, llevó lo que tenía que llevar: la comida a Isaac, el cual estaba ciego y el cual comió y luego bendijo al primogénito. Jacob ya había comprado la Bendición de la Primogenitura, o sea, el derecho de la Primogenitura, y ahora se estaba presentando como el primogénito, aunque terrenalmente había nacido segundo y Esaú había nacido primero; pero vean, delante de Dios Jacob estaba primero, era el primogénito; y luego comprando la Primogenitura a su hermano también era el primero, era el primogénito.

Y ahora, una persona, vean, que tiene la Bendición de la Primogenitura, que es el primogénito delante de Dios y que obtiene la bendición acá, que obtiene la Primogenitura acá, es una persona que tiene que luchar para que se materialice en su vida esa Bendición de la Primogenitura; no puede ser una persona tonta, que deje perder esa bendición que hay en esa Primogenitura.

Si es una persona tonta, que no le interesa la bendición de Dios, es una persona como Esaú, que no apreció la Bendición de la Primogenitura y lo que hizo le fue contado muy mal delante de Dios (¿como idolatría fue, Miguel?); o sea, como el pecado de fornicación también y de idolatría, porque lo que hizo Esaú es lo mismo que hacen los idólatras; por lo tanto, la misma recompensa le tocaría a Esaú: perdió su derecho a la herencia de primogénito.

Y cuando Esaú perdió esa bendición, aparentemente lo que perdió fue esa doble porción de la herencia que le fue dada luego a Jacob. Aunque Esaú dijo que iba a matar a Jacob, y Jacob salió huyendo después, pero ya la bendición estaba hablada; y todo eso contaba delante de Dios, porque fue por Palabra de Dios a través de la boca de un profeta: Isaac.

Por lo tanto, esa Bendición de la Primogenitura que estaba en Abraham y luego estaba en Isaac, pasó a Jacob; y aunque salió huyendo, pero iba con la Bendición de la Primogenitura, y luego se materializaría en él esa Bendición de la Primogenitura y heredaría todo el contenido de esa Bendición de la Primogenitura.

Ahora, vean ustedes, aunque su hermano se opuso a que obtuviera la herencia de la Bendición de la Primogenitura, Dios estaba de parte de Jacob y Jacob iba a obtener esa Bendición de la Primogenitura siendo materializada en su vida y en la vida de la descendencia de Jacob.

Quizás Esaú pensaba solamente en el presente: en un terreno y unas ovejas y unas vacas y algún dinero, pero la Bendición de la Primogenitura es para toda la eternidad; siendo para toda la eternidad, eso es para la persona que la recibe y para los hijos, y los hijos de los hijos, y los hijos de los hijos de los hijos, y por ahí para toda su descendencia.

En la Bendición de la Primogenitura que recibió Jacob estaba la herencia para todos los hijos de Jacob, estaba la herencia de la tierra de Israel para Jacob y su descendencia, estaba la herencia del Reino de Dios, estaba la herencia del Trono de Dios; todo eso estaba en la Bendición de la Primogenitura; porque en medio del pueblo hebreo, en medio de los herederos de la Bendición de la Primogenitura, Dios colocaría Su Trono aquí en la Tierra, y desde ese lugar gobernará Dios sobre el pueblo hebreo y sobre todas las naciones.

Ahora vean todo lo que conlleva la Bendición de la Primogenitura, la cual despreció Esaú.

Y ahora, Efraín, Dios dice que es Su primogénito3, Su hijo, Su primogénito, y ahora por eso nos habla aquí que Efraín es atalaya; y ahora, es atalaya de Dios.

Y ahora, vean ustedes que la Bendición de la Primogenitura, cuando Jacob la habló, la habló sobre José bendiciendo a Efraín y luego bendiciendo a Manasés4; y esta Bendición de la Primogenitura, vean ustedes, tiene que ver con el pueblo hebreo y con la Iglesia del Señor Jesucristo.

El pueblo hebreo está representado en Manasés, el mayor, hijo de José, y la Iglesia gentil está representada en Efraín, que es la menor, o sea, la última que nació, porque nació el Día de Pentecostés. Pero el pueblo hebreo ¿había nacido cuándo? Había nacido como pueblo, como nación, cuando Dios los libertó de la esclavitud y los estableció allá en el monte Sinaí, y les dio leyes y ordenanzas; y así nació el pueblo hebreo como nación, como Su hijo primogénito como nación. Y la Iglesia del Señor Jesucristo nació el Día de Pentecostés como hijo primogénito, o la hija primogénita, o hijo primogénito, para obtener la Bendición de la Primogenitura.

El pueblo hebreo, por cuanto rechazó la Primera Venida de Cristo, la Bendición de la Primogenitura pasó a la Iglesia gentil; y por esa causa es que los primogénitos de Dios, escritos en el Cielo desde antes de la fundación del mundo, han estado apareciendo en medio de los gentiles; porque de entre los gentiles es que Dios está llamando un pueblo para Su Nombre, que son los primogénitos de Dios escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero.

Por lo tanto, tienen que aparecer en la Iglesia del Señor Jesucristo, que es la que tiene la Bendición de la Primogenitura; bendición que rechazó el pueblo hebreo, y por esa causa los primogénitos han estado naciendo no en medio del pueblo, sino en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo.

Y ahora vean todas las bendiciones que hay en medio de la Iglesia de Jesucristo. Los primogénitos de Dios, escritos en el Cielo desde antes de la fundación del mundo, nacen de nuevo ¿dónde? En la Iglesia del Señor Jesucristo, o sea, obtienen su nuevo nacimiento; y por eso es que San Pablo en su carta a los Hebreos, hablándonos de los primogénitos de Dios, en el capítulo 12 de su carta a los Hebreos, versos 22 en adelante, dice:

“… sino que os habéis acercado al monte de Sion, la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles,

a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos,

a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel”.

Ahora, vean ustedes, los primogénitos escritos en el Cielo desde antes de la fundación del mundo, en el Libro de la Vida del Cordero, ¿dónde están? Están en la Jerusalén celestial, que es la Iglesia del Señor Jesucristo, y por eso son la congregación de los primogénitos de Dios escritos en el Cielo; esos son los miembros de la Iglesia de Jesucristo, nacidos del Agua y del Espíritu en el Cuerpo Místico del Señor Jesucristo.

Donde está la Bendición de la Primogenitura, ahí nacen (¿quiénes?) los primogénitos de Dios.

Y ahora vean ustedes el por qué para el tiempo final la Iglesia del Señor Jesucristo reinará con Cristo mil años y luego por toda la eternidad: por causa de la Bendición de la Primogenitura.

Y el pueblo hebreo estará en ese glorioso Reino Milenial, y el pueblo hebreo como nación será la nación primogénita, la nación que será cabeza de todas las naciones. Tendrá una doble porción la nación hebrea y por eso tendrá el Trono del Mesías en Jerusalén, que será el Trono de David donde se sentará el Mesías, Cristo, y reinará sobre el pueblo hebreo por mil años y luego por toda la eternidad, y también sobre todas las naciones.

Ahora podemos ver todo lo relacionado a la Bendición de la Primogenitura, podemos ver el Israel terrenal: Jacob (el cual recibió el cambio de nombre), y podemos ver el Israel celestial: la Iglesia del Señor Jesucristo.

Vean ustedes esto. Jacob representa tanto a la Iglesia de Jesucristo como al pueblo hebreo, porque la Iglesia de Jesucristo y el pueblo hebreo son el Israel; uno es el Israel terrenal (el pueblo hebreo) y el otro es el Israel celestial (la Iglesia del Señor Jesucristo); y por las mismas etapas que pasó Jacob pasa el pueblo hebreo y pasa la Iglesia del Señor Jesucristo, y pasa todo primogénito de Dios como individuo.

Jacob, vean ustedes, tenía su nombre que le fue puesto por su padre terrenal, sus padres terrenales, pero ese nombre significaba ‘suplantador’; suplantó a su hermano Esaú y lo suplantó tomando la posición de primogénito, y recibió la Bendición de la Primogenitura; pero, miren ustedes, nació segundo pero recibió la bendición del primero, del primogénito, porque luchó por esa bendición, y en el Programa de Dios desde antes de la fundación del mundo Jacob estaba primero que Esaú. Y lo que cuenta no es el nacimiento terrenal, sino cómo está la persona ante Dios desde antes de la fundación del mundo; si está como un primogénito, no importa que sea el último que nazca en la familia.

Y ahora, miren ustedes, todo eso fue representado en el primogénito que nacía en medio del pueblo hebreo, por eso Dios dijo que todo primogénito que abría matriz era de Dios5; porque todos los primogénitos de Dios, escritos en el Cielo desde antes de la fundación del mundo, son de Dios, son los hijos e hijas de Dios, son los herederos de Dios, son los primogénitos de Dios, son los que reinarán con Cristo por mil años y luego por toda la eternidad, los cuales serán a imagen y semejanza de nuestro amado Señor Jesucristo.

Ahora, vean ustedes, así como Jacob nació segundo y Esaú nació primero, encontramos que el pueblo hebreo como nación nació después que habían nacido otras naciones. Y también encontramos que la Iglesia del Señor Jesucristo como el pueblo primogénito de Dios celestial, aquí en la Tierra nació después que otras religiones habían nacido: nació el Día de Pentecostés; y de ahí en adelante ha estado creciendo célula sobre célula, edad sobre edad y escogidos sobre escogidos, o sea, aumentándose el Cuerpo Místico de Cristo de edad en edad y siendo colocados los mensajeros del Cuerpo Místico de Cristo; así como encontramos que en el cuerpo físico tenemos ciertas partes del cuerpo que son más productivas, o sea, que llevan a cabo una labor que otras partes del cuerpo no pueden llevar a cabo.

Por ejemplo, los pies, los dos pies llevan a cabo una labor que el resto del cuerpo no puede llevar a cabo; y si parte del cuerpo trata de llevar a cabo esa labor, se vería muy mal llevando a cabo esa labor.

Piensen ustedes que las manos digan: “No, si nosotros también podemos cargar ese cuerpo como lo hacen los pies”. ¿Cómo se vería una persona caminando sobre sus manos toda su vida? Se vería más feo que un mono, porque el mono, aunque puede caminar y agarrarse de las manos y caminar un rato así, pero después sigue caminando con sus pies o sus patas.

¿Pero cómo sería un hombre o una mujer caminando sobre sus manos todo el tiempo? Se vería muy mal; y después cuando le digan: “Aquí tiene un vaso de jugo”, ¿cómo va a hacer? Si se suelta de sus manos se va a caer, y para tomarlo con los pies es muy difícil. Y piensen que sí puede ser posible que lo tome con los pies, ¿y ahora cómo se lo va a echar a la boca? ¿Ve? Todo está al revés.

Ahora, la forma correcta es la forma en que Dios lo estableció; cada parte del cuerpo tiene su propia función, la cual no le puede ser quitada.

Ahora, podemos ver que en el cuerpo hay ciertas partes del cuerpo que tienen una función más sobresaliente que el resto del cuerpo: los pies, las manos, la boca, los ojos, la nariz... digamos, también la cabeza; vean, hay partes del cuerpo que tienen una función que sobresale más que la función de los demás, aunque todos tienen su propia función.

Ahora, los ángeles mensajeros de cada edad, vean ustedes, son los más sobresalientes en el Cuerpo Místico de Cristo, porque son los instrumentos de Cristo para llevar a cabo la Obra correspondiente a cada edad, pero esos pertenecen al mismo Cuerpo Místico de Jesucristo.

Y ahora, vean ustedes cómo en el Israel celestial y en el Israel terrenal las mismas cosas suceden, y son las mismas cosas que sucedieron en la vida del Israel humano, que fue Jacob y que recibió el cambio de nombre; vean ustedes, nació segundo, pero luego ocupó la posición de primero, de primogénito, logró obtener la Bendición de la Primogenitura.

Y cuando una persona cree en Cristo como su Salvador, ¿qué ha sucedido? Ha obtenido la Bendición de la Primogenitura; pero luego tiene que luchar por ella para continuar escuchando la Voz de Dios y que todas esas bendiciones contenidas en la Bendición de la Primogenitura le sean confirmadas; y para eso hay un tiempo, en donde así como Jacob tuvo que presentarse delante de un profeta (que era su padre) para escuchar esa bendición siendo hablada sobre él, encontramos que todo primogénito de Dios, y también el Cuerpo Místico de Cristo como Iglesia, tienen que pasar por esa etapa, en donde estarán delante del mensajero de la edad que les toca vivir para escuchar la Voz de Cristo confirmándoles esa bendición y esa posición de la Primogenitura.

Y para el Día Postrero todos estarán escuchando la Voz de Cristo por medio del mensajero de la Edad de la Piedra Angular confirmándoles y reconfirmándoles la Bendición de la Primogenitura; y confirmando que todos los que escucharon la Voz de Cristo por medio del mensajero de cada edad y fueron el fruto de la labor de Cristo a través del mensajero de cada edad, son los primogénitos de Dios del Cuerpo Místico del Señor Jesucristo; estuvieron bajo los efectos del Mensaje y Obra de Cristo a través del mensajero de cada edad.

Y ahora, los escogidos de este tiempo también escuchan la Voz de Cristo por medio del mensajero de su edad, en donde escuchan las bendiciones de la Primogenitura siendo habladas sobre ellos, sobre el Israel celestial como grupo y sobre cada persona como miembro del Israel celestial.

Cada persona, cada hijo e hija de Dios como individuo es un Israel, es Israel; y como parte del Cuerpo Místico de Cristo, vean ustedes, el Cuerpo Místico de Cristo es el Israel celestial también.

Y ahora, usted es Israel como individuo también, y por eso ha tenido que estar pasando por las diferentes etapas para obtener la bendición que le corresponde a usted como un hijo o una hija de Dios.

Luego de trabajar y luchar Jacob allá en la casa de su suegro, encontramos que regresó para su tierra, la tierra prometida, y se encontró con el Ángel de Jehová; luchó con Él toda la noche, hasta que rayaba el alba estuvo luchando con Él, y no lo soltaba6.

Ahora, vean ustedes, Cristo ha estado en medio de Su Iglesia y ha estado manifestándose en medio de Su Iglesia toda la noche de las siete edades o etapas de la Iglesia gentil; y en este Día Postrero, en la Edad de la Piedra Angular, que es la Edad de la Madrugada, la edad donde está rayando el alba, Cristo también está en Su Iglesia, en la Edad de la Piedra Angular; y es en este tiempo en donde el Israel celestial, el Jacob celestial se agarra bien bien del Ángel de Jehová, del Ángel del Pacto manifestado en el tiempo final por medio de carne humana, y no lo soltará hasta que reciba la bendición de Él.

Vean ustedes, luego de esa bendición encontramos que los escogidos de Dios que partieron serán resucitados en cuerpos eternos y nosotros los que vivimos seremos transformados.

Ahora, vean ustedes, Jacob recibió un cambio de nombre, pues dijo: “No te soltaré hasta que me bendigas”. El Ángel le dice a Jacob: “¿Cómo te llamas?”. Aunque Él sabía cómo se llamaba, pero hay cosas que cada persona tiene que hablar con su propia boca; porque con el corazón se cree para justicia, pero con su boca, con la boca se hace confesión para salvación7.

Y ahora, conforme a como usted piensa y cree en su alma, usted tiene que hablar; y si usted cree la Palabra de Dios con toda su alma, entonces estará hablando lo que usted cree allá en su corazón: estará hablando palabras de fe, estará hablando la palabra que identifica lo que usted ha creído en su alma; y si usted ha creído la Palabra de Dios para nuestro tiempo, usted estará hablando con su boca la Palabra de Dios de nuestro tiempo y estará dando testimonio que usted la cree con toda su alma.

Y ahora, en este Día Postrero es que Cristo hará ese cambio de nombre en el Israel celestial. La Escritura dice: “Al que venciere, yo le daré una piedrecita blanca, y en la piedrecita un nombre nuevo que ninguno conoce sino el que lo recibe” (Apocalipsis, capítulo 2, verso 17); esa Piedrecita Blanca es la Segunda Venida de Cristo.

La Segunda Venida de Cristo está representada en la Venida del Ángel que le apareció a Jacob y luchó con Jacob, y Jacob con Él, hasta que Jacob recibió la bendición de Dios.

Así será para el Israel celestial y para el Israel terrenal, así será para el pueblo hebreo y para la Iglesia del Señor Jesucristo; porque el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, que es Jesucristo, vendrá en Espíritu Santo manifestado en carne humana en el Día Postrero, la Palabra encarnada en un hombre; y esa será la materialización de la visita que Jacob tuvo allá, del Ángel de Jehová.

Estará visitando el Ángel de Jehová, el Ángel del Pacto, Jesucristo en Espíritu Santo manifestado en carne humana en Su Ángel Mensajero, estará visitando primeramente al Israel celestial y luego al Israel terrenal; y es ahí en ese tiempo en donde el Israel celestial recibe el Nombre Nuevo, y el Israel terrenal luego recibirá también el Nombre Nuevo.

Ahora, ese Nombre Nuevo es el Nombre Eterno de Dios, el Nombre de la ciudad de nuestro Dios y el Nombre Nuevo del Señor Jesucristo, el cual fue dado a Moisés con las cuatro consonantes: YHWH. En otras versiones puede decir o puede colocar otras palabras, pero que significarán lo mismo; pero de esta versión que estoy tomando las cuatro consonantes, dice “Y”. En otras versiones, en vez de decir “Y” puede decir “J”, porque la “Y” y la “J” ahí, en esas versiones, es lo mismo; depende si es del griego o si es del hebreo, y si es del inglés o es del español, así por el estilo.

En eso pues no ponemos nosotros…, no nos preocupamos, porque sabemos que ya esas cuatro consonantes fueron dadas y que Moisés escuchó la pronunciación de esas letras. Pero en medio del pueblo hebreo no se conoce la pronunciación de esas letras, porque dejó de ser pronunciado ese Nombre en medio del pueblo hebreo; porque algunos aprovechaban ese Nombre para usarlo en otras cosas que no eran la forma correcta; y la sentencia de parte de Dios es que el que use el Nombre de Dios en vano será desarraigado del pueblo8.

Esas personas que han usado el Nombre de Dios en vano, para otras cosas que no tiene que ser usadas, para otras cosas para su propio beneficio... Muchos usaban esa pronunciación del Nombre, de esas cuatro consonantes, para cosas de magia y cosas así, y los sacerdotes dejaron de pronunciar ese Nombre; y luego pronunciaban algo así como “Elohim” u otra pronunciación así, y cuando pronunciaban el Nombre (que era el día de la expiación), lo pronunciaban y tenían muchos músicos con instrumentos tocando fuerte para que nadie pudiera captar la forma en que pronunciaban así el Nombre, aunque era en esa otra forma.

Y ahora, para el Día Postrero la promesa es que Él escribirá sobre el vencedor el Nombre de nuestro Dios, el Nombre de la ciudad de nuestro Dios y Su Nombre Nuevo. Apocalipsis, capítulo 3, verso 12.

Vean que la promesa de un nombre nuevo, eso viene desde allá, desde el Génesis. A Abraham le fue cambiado el nombre de Abram por Abraham; le añadieron una “h” y una “a”. A Saraí a Sara, le fue quitada una letra de su nombre; en otras versiones puede ser que le haya sido añadida una letra, todo depende de la versión, pero hubo un cambio en sus nombres.

A Jacob le fue cambiado el nombre de Jacob por Israel. Y encontramos que a Oseas le fue puesto por nombre Josué; significan lo mismo, de seguro, en hebreo en una forma dicho, y digamos (¿en arameo es, Miguel?) en arameo o en hebreo dicho con otra pronunciación, otro nombre; pero, vean ustedes, tuvo ese cambio de nombre, el cual lo efectuó Moisés.

También encontramos que otras personas en la Biblia recibieron un cambio al nombre, como Simón por Pedro, Saulo por Pablo, y así por el estilo hemos visto un cambio de nombre para personas que obtuvieron una victoria conforme al Programa de Dios.

También encontramos a José el hijo de Jacob, que cuando obtuvo la victoria y fue colocado como segundo en el reino del faraón recibió también un cambio de nombre9, lo cual representa a Cristo recibiendo un cambio de nombre cuando ascendió al Cielo victorioso y se sentó a la diestra de Dios.

Por eso Cristo dice: “Al que venciere… ”, dice:

“Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo, de mi Dios, y mi nombre nuevo”.

(Apocalipsis, capítulo 3, verso 12).

Ahora, hay personas que no saben que Jesucristo tiene un cambio de nombre, o sea, que tiene un nuevo nombre; y hay millones de seres humanos que están esperando la Venida del Señor y no saben que tiene un nuevo nombre.

Así como Jacob, cuando iba de regreso para la tierra que heredaría, salió de la tierra cuando su hermano había dicho que lo iba a matar cuando muriera su padre Isaac; salió como Jacob, y cuando entró, ¿entró como qué?, como Israel, porque recibió ese cambio de nombre.

Y ahora, vean ustedes, Cristo en Su Primera Venida tuvo el nombre correspondiente a Su Obra de Redención, pero dice Él mismo que tiene un nombre nuevo. Es un misterio de Dios el cual bajo el Séptimo Sello está sellado, y será revelado bajo el Séptimo Sello con la apertura del Séptimo Sello.

Ahora, podemos ver la importancia que hay en el nombre que tiene la persona; y si el nombre que tiene la persona tiene un significado malo, pues estará influyendo en una forma negativa en la persona.

Vean ustedes, Jacob significa ‘suplantador’ y eso era lo que hacía, pero luego recibió un cambio de nombre, fue su nombre cambiado por Israel, porque había luchado con Dios y con los hombres y había vencido10.

Y ahora, la Iglesia del Señor Jesucristo ha luchado por todos estos dos mil años que han transcurrido y para el Día Postrero recibirá un cambio de nombre; y también el vencedor que estará en la Tierra tendrá ese nombre que Cristo ha dicho: “Al que venciere, yo escribiré sobre él el Nombre de mi Dios, y el Nombre de la ciudad de mi Dios, y mi Nombre Nuevo”. Eso es para el vencedor, tanto para el mensajero como para la Iglesia del Señor Jesucristo; o sea que para el pueblo de Dios, para el Israel celestial, viene esa bendición que está contenida en la Bendición de la Primogenitura.

Y ahora, podemos ver que también el atalaya siempre ha sido del pueblo de Dios. Cuando Dios estaba tratando con el pueblo hebreo en la Dispensación de la Ley, los atalayas, los mensajeros de Dios, los guardianes o guardas o centinelas de la Casa de Dios, los profetas de Dios eran, venían, del pueblo hebreo. Y ahora Dios tratando con Su Iglesia gentil, ahora los mensajeros vienen de la Iglesia del Señor Jesucristo, los atalayas de Dios; así ha sido de edad en edad.

Y ahora, para el Día Postrero podemos ver a través de la historia que han nacido todos ¿dónde? En la Casa de Dios, en el Cuerpo Místico de Cristo, por medio del nuevo nacimiento.

Ninguna persona puede ser un mensajero de ninguna de las edades si no ha obtenido el nuevo nacimiento, que es nacer del Agua y del Espíritu luego de haber creído en Cristo como nuestro Salvador y haber lavado nuestros pecados en la Sangre de Cristo.

Ahora, vean ustedes cómo en los ángeles mensajeros de las siete edades ha sido así; y también así es para el mensajero de la Edad de la Piedra Angular, que es el atalaya del Día Postrero con el Séptimo Sello en su mano, con la Estrella resplandeciente de la Mañana. “Al que venciere, yo le daré la estrella de la mañana”11a. Y Cristo dijo11b: “Yo soy la estrella resplandeciente de la mañana”.

Ahora, vean ustedes cómo para el atalaya del Día Postrero todas estas bendiciones serán dadas, y también él las compartirá con el Cuerpo Místico de Cristo en el Día Postrero; y así será como el Cuerpo Místico de Cristo recibirá estas bendiciones de parte de Cristo por medio de la manifestación de Cristo a través del atalaya del Día Postrero con el Séptimo Sello en su mano.

Ahora, vean ustedes, el atalaya con el Séptimo Sello en su mano lo encontramos en Apocalipsis, capítulo 10, versos 8 en adelante, cuando encontramos que en Juan el apóstol fue representado el Cuerpo Místico de Cristo; y para el Día Postrero allí está representado el Ángel de Jesucristo y el grupo de los escogidos del Día Postrero.

Y Juan el apóstol recibiendo el Libro de los Sellos, tomándolo en su mano, eso representa al Ángel del Señor Jesucristo en el Día Postrero tomando ese Libro que estaba sellado, el cual Cristo lo toma en el Cielo y lo abre el Cielo, y lo trae luego a la Tierra.

Ahora, podemos ver que ese es el atalaya del Día Postrero tomando el Título de Propiedad que le es dado en el Día Postrero; y por cuanto le es dado el Libro completo, aparece con el Libro de los Siete Sellos en su mano; ahí está el Séptimo Sello en su mano. Y ahí podemos ver que se come ese Libro para luego profetizar sobre muchos pueblos, naciones y lenguas todas estas cosas que deben suceder sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes.

Así es como viene el Mensaje profético para todas las naciones, pueblos y lenguas para el Día Postrero, bajo el ministerio del Espíritu Santo operando los misterios de Moisés y Elías y de Jesús en el Día Postrero, en el atalaya del Día Postrero.

Ahora, podemos ver cómo es que viene el Mensaje profético del Día Postrero para todas las naciones, pueblos y lenguas, incluyendo el pueblo hebreo, el cual recibirá el Mensaje del Evangelio del Reino, en donde le será dado a conocer el misterio la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores, y le será dado a conocer la bendición, le será dada a conocer la bendición de Dios para el pueblo hebreo para este tiempo final; porque por medio de ese Mensaje profético del Día Postrero a través del atalaya del Día Postrero, vendrá la profecía para cada nación, pueblo y lengua de las cosas que han de suceder en las naciones, pueblos y lenguas, incluyendo al pueblo hebreo.

El Atalaya del Día Postrero, el profeta Mensajero del Día Postrero, el Ángel del Señor Jesucristo viene profetizando, viene dando testimonio de todas estas cosas que deben suceder pronto, en el Día Postrero.

Ahora, hemos visto: “EL ATALAYA DEL DÍA POSTRERO CON EL SÉPTIMO SELLO EN SU MANO”.

Ha sido para mí un privilegio muy grande estar con ustedes en esta ocasión, dándoles testimonio del atalaya, o sea del centinela o guarda de Dios, enviado por Dios a la Casa de Dios, a la Iglesia de Jesucristo, al Israel terrenal y al Israel celestial; o sea, al Israel celestial: la Iglesia de Jesucristo, y al Israel terrenal: el pueblo hebreo; ese es el Atalaya para ambos pueblos, el Atalaya del Día Postrero: el Ángel del Señor Jesucristo.

Dice Apocalipsis, capítulo 1, verso 1 al 3:

“La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan…”.

¿Por medio de quién declaró Dios, declaró Jesucristo la revelación de Jesucristo de las cosas que deben suceder pronto? Por medio de Su Ángel Mensajero, porque toda revelación tiene que venir por medio de un profeta a la Tierra; y la revelación de Jesucristo, vean ustedes, viene aquí por medio del Ángel del Señor Jesucristo.

Ha sido para mí un privilegio muy grande estar con ustedes dándoles testimonio de: EL ATALAYA DEL DÍA POSTRERO CON EL SÉPTIMO SELLO EN SU MANO.

“Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca”.

Bienaventurado el que lee y los que oyen las palabras de la profecía de este Libro, del Atalaya del Día Postrero con el Séptimo Sello en su mano.

Vean, porque las palabras de la profecía de este Libro las trajo a Juan el apóstol el Atalaya del Día Postrero, a través del cual Jesucristo en Espíritu Santo estaría manifestado en el Día Postrero.

Que las bendiciones de Jesucristo, el Ángel del Pacto, nuestro Salvador, prometidas para el Día Postrero para los escogidos de Dios, sean sobre cada uno de ustedes y sobre mí también, y pronto se complete el número de los escogidos de Dios, y pronto los muertos en Cristo resuciten en cuerpos eternos y nosotros los que vivimos seamos transformados. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Ya tenemos a Miguel por aquí para continuar y finalizar nuestra parte en esta ocasión. Miguel, aquí tenemos un pueblo en la América Latina y el Caribe, aquí en República Mexicana tenemos un pueblo que estaría viendo en el Día Postrero ¿a quién? Al Atalaya del Día Postrero; y estaría escuchando la Voz de Cristo por medio del Atalaya, del Centinela del Día Postrero.

En la América Latina y el Caribe estarían ¿quiénes? Los que recibirían, verían y recibirían al Atalaya del Día Postrero dando testimonio de estas cosas en las Iglesias; y lo verían con el Séptimo Sello en su mano; y lo verían con el Séptimo Sello, el Ángel que era diferente a los demás, manifestado en él.

Que Dios les bendiga y les guarde a todos.

“EL ATALAYA DEL DÍA POSTRERO CON EL SÉPTIMO SELLO EN SU MANO”.

[Revisión noviembre 2018]

1 Romanos 9:13

2 Génesis 25:27-34, Génesis 27:1-40

3 Jeremías 31:9

4 Génesis 48:1-22

5 Éxodo 13:2

6 Génesis 32:24-31

7 Romanos 10:10

8 Éxodo 20:7, Deuteronomio 5:11

9 Génesis 41:45

10 Génesis 32:28

11 a) Apocalipsis 2:28, b) Apocalipsis 22:16

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