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Muy buenas tardes, amables amigos y hermanos presentes. Es para mí un privilegio muy grande estar con ustedes en esta ocasión para compartir unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final, o sea, al Día Postrero en el cual nosotros estamos viviendo.

Para lo cual quiero leer en San Mateo, capítulo 24, versos 30 al 39, donde nos dice Jesús de la siguiente manera:

“Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria.

Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro”.

Vamos a tener la lectura hasta este verso y luego leeremos, más adelante, otros versos de este capítulo 24 de San Mateo.

Nuestro tema para esta ocasión es: “EL SÉPTIMO SELLO Y LOS ESCOGIDOS DEL DÍA POSTRERO”.

Hablando acerca de los escogidos del Día Postrero, la Escritura nos enseña que hay personas que vienen a vivir a este planeta Tierra los cuales son elegidos de Dios, escogidos de Dios desde antes de la fundación del mundo, y tienen sus nombres escritos en el Libro de la Vida del Cordero desde antes de la fundación del mundo; de los cuales dice San Pablo en Efesios, capítulo 1, verso 3 en adelante:

“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo,

según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él,

en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad”.

¿Desde cuándo Dios nos escogió? Desde antes de la fundación del mundo; fuimos escogidos en Él, o sea, en Cristo; y hemos sido predestinados en amor, hemos sido predestinados para ser adoptados hijos Suyos, o sea, para ser en el Día Postrero transformados los que estamos vivos y los muertos en Cristo ser resucitados en cuerpos inmortales, incorruptibles, y así obtener la inmortalidad física, y ser a imagen y semejanza de nuestro amado Señor Jesucristo.

Por eso es que San Pablo nos dice en Efesios, capítulo 4, verso 30, de la siguiente manera:

“Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención”.

O sea, para el día de la redención del cuerpo, en donde obtendremos la transformación de nuestro cuerpo; y así obtendremos el cuerpo eterno los que vivimos en el Día Postrero y permanezcamos hasta que los muertos en Cristo sean resucitados en cuerpos eternos y obtengan también la redención del cuerpo, que es el nuevo cuerpo, en donde ellos vivirán por toda la eternidad; y nosotros seremos transformados y obtendremos también el nuevo cuerpo inmortal e incorruptible, para vivir con Cristo por toda la eternidad a imagen y semejanza de nuestro amado Señor Jesucristo.

Vean, sigue diciendo San Pablo en su carta a los Efesios, en el mismo capítulo 1, dice…, verso 5 en adelante:

“… en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad,

para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado,

en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia,

que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia,

dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo,

de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra.

En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad,

a fin de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo.

En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa,

que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria”.

Aquí podemos ver que hemos obtenido las primicias del Espíritu (que son las arras de nuestra herencia), o sea, el Espíritu de Cristo, cuando hemos creído en Cristo como nuestro Salvador y hemos lavado nuestros pecados en la Sangre de Cristo y hemos recibido Su Espíritu Santo, del cual Cristo habló a Nicodemo diciéndole: “De cierto, de cierto te digo que el que no nazca de nuevo…”. Vamos a ver. San Juan, capítulo 3, verso 13 en adelante, dice:

“Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.

Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?

Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.

Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.

No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo”.

Ahora vean cómo Cristo le enseña a Nicodemo que es necesario nacer de nuevo para entrar al Reino de Dios: nacer del Agua y del Espíritu. De los creyentes en Cristo, mientras Él estuvo en Su ministerio terrenal, ninguno de ellos había nacido de nuevo; pero Cristo prometió que vendría el Espíritu Santo a ellos, a los creyentes en Él, ¿para qué? Para producir ese nuevo nacimiento.

En San Juan, capítulo 14, verso 26, dice Jesús:

“Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho”.

Y en San Juan, capítulo 15, verso 26, también nos habla del Espíritu Santo, y dice así Jesucristo:

“Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí.

Y vosotros daréis testimonio también, porque habéis estado conmigo desde el principio”.

Y en San Juan, capítulo 16, versos 12 al 15, dice:

“Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar.

Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir.

Él me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber.

Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber”.

Ahora, podemos ver que Jesús anunció la Venida del Espíritu Santo, porque por medio del Espíritu Santo, que es el mismo Espíritu que estaba en aquel velo de carne llamado Jesús, el Espíritu vendría, el cual vino el Día de Pentecostés, y ha estado viniendo sobre toda persona que ha creído en Cristo como su Salvador y ha lavado sus pecados en la Sangre de Cristo, y ha estado viniendo a esas personas y los ha estado llenando de Su Espíritu Santo; o sea, han estado recibiendo el Espíritu de Cristo, y así, por consiguiente, han estado recibiendo el nuevo nacimiento.

Y ahora, ¿quiénes son estas personas que obtienen ese nuevo nacimiento? Son los elegidos de Dios, los escogidos de Dios, escritos en el Cielo desde antes de la fundación del mundo, en el Libro de la Vida del Cordero.

Nuestro amado Señor Jesucristo hablándonos de Sus ovejas nos dijo en San Juan, capítulo 10, verso 14 al 16:

“Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen,

así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas.

También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor”.

¿Quiénes escucharán la Voz de Cristo el Buen Pastor? Sus ovejas, de edad en edad. Cristo ha dicho1: “Mis ovejas oyen mi Voz, y me siguen”.

Ahora, ¿cómo es que la Voz de Cristo será escuchada por los hijos e hijas de Dios? Vean, en San Juan, capítulo 8, verso 47, dice: “El que es de Dios, las palabras de Dios oye; por esto no las oís vosotros, porque no sois de Dios”. Dice Cristo a aquellas personas que no lo querían escuchar.

Ahora, ¿cómo es identificado un hijo de Dios, un escogido de Dios, un elegido de Dios, un primogénito de Dios? Es identificado porque escucha la Voz de Dios, la Voz de Jesucristo, la Voz del Buen Pastor.

Y ahora, ¿cómo estará hablando Jesucristo y estará llamando y juntando a Sus escogidos de edad en edad, ya que Él cuando murió, resucitó y ascendió al Cielo no ha sido visto más en la Tierra ministrando en el mismo cuerpo que Él tuvo dos mil años atrás? Es porque Jesucristo estará en Espíritu Santo manifestado en medio de Su Iglesia ungiendo a cada uno de Sus mensajeros de edad en edad; y por medio de cada uno de Sus mensajeros, el Buen Pastor, Jesucristo, estará hablando y estará llamando y juntando a todas Sus ovejas en el Cuerpo Místico del Señor Jesucristo, que es el Redil del Señor, del Buen Pastor; ahí es donde serán juntadas las ovejas del Señor.

Y en la primera edad fueron juntadas, en esa primera edad, porque escucharon la Voz de Cristo por medio de San Pablo; así sucedió en la segunda, tercera, cuarta, quinta, sexta y séptima edad; y así es para nuestro tiempo, para este tiempo final, en donde la Voz de Jesucristo estará hablándonos con esa Gran Voz de Trompeta de Apocalipsis, capítulo 1 y verso 10.

Y vamos a ver esta Gran Voz de Trompeta, porque es con Gran Voz de Trompeta que los escogidos de Dios son llamados y juntados en el Día Postrero. Apocalipsis, capítulo 1, verso 10 al 11, dice:

“Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta,

que decía: Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último”.

¿Quién es el Alfa y Omega?, ¿quién es el primero y el último? Nuestro amado Señor Jesucristo. Es la Voz de Jesucristo en el Día Postrero (o sea, en el séptimo milenio) hablándoles a Sus escogidos y dándoles a conocer las cosas que ellos necesitan conocer para poder comprender el Programa Divino correspondiente al Día Postrero.

Y ahora, veamos en Apocalipsis, capítulo 4, donde tenemos también la Voz de Cristo hablando con esa Voz de Trompeta, y vean lo que dice aquí:

“Después de esto miré, y he aquí una puerta abierta en el cielo; y la primera voz que oí, como de trompeta, hablando conmigo, dijo: Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de éstas”.

Ahora, ¿dónde vamos a subir, ya que esta es la Voz de Cristo llamándonos y también invitándonos a subir donde Él está? Él estuvo de edad en edad, en cada edad manifestado en el mensajero de cada edad, hablándole a Su pueblo y llamando y juntando a Sus escogidos en cada edad; pero ya estas edades han pasado; y ahora, después de las cosas que han sucedido en estas siete edades vienen las cosas que deben suceder en la Edad de la Piedra Angular, porque esta es la edad en donde Cristo estará manifestado en Espíritu Santo en carne humana, en Su Ángel Mensajero de la Edad de la Piedra Angular, que es el profeta de la Dispensación del Reino; y por medio de ese profeta estará hablándole a Su Iglesia todas estas cosas que deben suceder pronto, en el Día Postrero, en la etapa de la Edad de la Piedra Angular, que es la Edad de Oro de la Iglesia del Señor Jesucristo.

Ahora vean cómo Cristo dice: “Sube acá, y yo te mostraré las cosas que han de suceder después de estas”; o sea, después de las que ya han sucedido en las siete edades de la Iglesia gentil.

¿Y ahora por medio de quién nos estará hablando Jesucristo y nos estará dando a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto? Porque si estará hablando, tiene que tener un instrumento, un mensajero aquí en la Tierra, en medio de Su Iglesia, para hablar por medio de él y darnos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto; y con ese Mensaje llamar y juntar a todos los escogidos de Dios del Día Postrero (¿dónde?) en el Cuerpo Místico del Señor Jesucristo, en la Edad de la Piedra Angular.

Ahora vamos a ver por medio de quién estará siendo dado a conocer todo esto que ha de suceder pronto, en el tiempo final. En Apocalipsis, capítulo 22, verso 6, dice:

“Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto”.

¿A quién ha enviado? A Su Ángel Mensajero. ¿Para qué? Para dar a conocer las cosas que han de suceder pronto, las cuales Cristo prometió en Apocalipsis, capítulo 4, verso 1, que nos daría a conocer. Por medio de este Ángel Mensajero de Jesucristo, que es el profeta de la Dispensación del Reino, es que le estará hablando a Su Iglesia, a Sus hijos, a los escogidos en el Día Postrero; o sea, en el séptimo milenio les estará hablando todas estas cosas que deben suceder pronto.

En Apocalipsis, capítulo 22, verso 16, también Cristo da testimonio de Su Ángel Mensajero y dice:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias”.

¿A quién ha enviado Jesucristo para dar testimonio de estas cosas que deben suceder pronto, dar testimonio de ellas en y a las iglesias? Dice que ha enviado a Su Ángel Mensajero.

Es la primera ocasión en que Jesucristo envía a Su Iglesia un profeta mensajero dispensacional; lo envía a Su Iglesia con el Mensaje del Evangelio del Reino, que es el Mensaje de la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino, que gira alrededor de la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo.

Y ahora, con ese Mensaje, que contiene la revelación de la Venida del Señor como León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores, Cristo por medio de Su Ángel Mensajero le habla a Su Iglesia y le da a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, y llama a Sus escogidos en el Día Postrero con ese Mensaje de la Gran Voz de Trompeta que gira alrededor de la Segunda Venida de Cristo.

Con ese Mensaje es que son llamados y juntados todos los escogidos de Dios en el Día Postrero, en la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino, en el Cuerpo Místico del Señor Jesucristo; y ahí es donde obtenemos el conocimiento de todas estas cosas que deben suceder pronto, y ahí es donde se efectúa el recogimiento de todos los escogidos de Dios con esa Gran Voz de Trompeta de la cual Cristo habló en San Mateo, capítulo 24 y verso 31, cuando dijo:

“Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos…”.

Sus Ángeles son los ministerios de Moisés y Elías, los ministerios de los Dos Olivos y Dos Candeleros de Apocalipsis, capítulo 11, verso 3 en adelante, y Zacarías, capítulo 4. Estos son los ministerios que fueron mostrados en el Monte de la Transfiguración cuando aparecieron allí Moisés y Elías2; porque son los ministerios de Moisés y Elías repitiéndose en el Día Postrero, en un hombre de este tiempo final, que es el Ángel del Señor Jesucristo, que es el profeta de la Dispensación del Reino con el Mensaje del Evangelio del Reino, llamando y juntando a todos los escogidos de Dios en este tiempo final.

Ahora, podemos ver este misterio de los escogidos de Dios del Día Postrero y el recogimiento de ellos, el llamado a ellos con la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino por medio de los ministerios de los Ángeles del Hijo del Hombre, que son los ministerios de Moisés y Elías; el ministerio de Moisés por segunda ocasión manifestado en un hombre de este tiempo, que es el Ángel del Señor Jesucristo; y el ministerio de Elías manifestado por quinta ocasión en un hombre de este tiempo, que es el mismo Ángel del Señor Jesucristo; y el ministerio de Jesús manifestado por segunda ocasión en un hombre de este tiempo, que es el mismo Ángel del Señor Jesucristo.

Por esa razón es que Juan quiso adorar al Ángel del Señor Jesucristo, en Apocalipsis, capítulo 19, verso 9 al 10, y Apocalipsis, capítulo 22, versos 8 al 9, y el Ángel le dijo que no lo hiciera. Vamos a leer Apocalipsis 22, versos 8 en adelante, donde dice:

“Yo Juan soy el que oyó y vio estas cosas. Y después que las hube oído y visto, me postré para adorar a los pies del ángel que me mostraba estas cosas.

Pero él me dijo: Mira, no lo hagas; porque yo soy consiervo tuyo, de tus hermanos los profetas, y de los que guardan las palabras de este libro. Adora a Dios”.

Ahora vean que este Ángel de Jesucristo no es el Señor Jesucristo, aunque en él está manifestado el Espíritu de Jesucristo operando los ministerios de Moisés por segunda vez, de Elías por quinta vez y de Jesús por segunda ocasión; pero aun con todo y eso este ángel mensajero, este profeta mensajero no es el Señor Jesucristo.

Este es el profeta de la Dispensación del Reino con el Mensaje del Evangelio del Reino llamando y juntando a todos los escogidos de Dios; este es el Ángel que viene en el Día Postrero con el Sello del Dios vivo en Apocalipsis, capítulo 7, verso 2 en adelante, para llamar, juntar y sellar 144.000 hebreos también. Pero primero tiene que llamar y juntar a los escogidos de entre los gentiles, ¿que están dónde? Que están en la Tierra entre los gentiles, los cuales, con el Mensaje de la Gran Voz de Trompeta que trae este Ángel, son llamados y juntados y colocados así en el Cuerpo Místico de Cristo, en la Edad de la Piedra Angular.

Ahora podemos ver este misterio de los escogidos de Dios del Día Postrero. Y así como fueron llamados y juntados los escogidos de Dios de cada una de las edades pasadas, también son llamados y juntados los escogidos de Dios de este Día Postrero: por medio de la Voz del Espíritu Santo, de Jesucristo en Espíritu Santo en el Ángel Mensajero del Día Postrero, de la Edad de la Piedra Angular y de la Dispensación del Reino, que es el Ángel del Señor Jesucristo.

Ahora, podemos ver el misterio de los escogidos de Dios del Día Postrero siendo llamados y juntados; y todo esto es bajo el Séptimo Sello. Y el Séptimo Sello es la Venida del Hijo del Hombre, la Venida del Señor, la Venida del Ángel que era diferente a los demás, el cual apareció en esta nube formada por ángeles y del cual el precursor de la Segunda Venida de Cristo dijo que era diferente a los demás.

En la página 469 del libro de Los Sellos en español dijo el precursor de la Segunda Venida de Cristo, hablando de ese Ángel, dijo…

Recuerden que esta nube que apareció en febrero 28 de 1963 sobre los cielos de Arizona contiene ocho ángeles aquí en sus cuerpos teofánicos formando esa nube. Si tornamos la foto hacia la derecha veremos el rostro de Jesucristo formado por esta nube de ángeles; y este Ángel que era diferente a los demás es el que se encuentra acá formando el cabello blanco del Señor; los otros ángeles están aquí y forman la barba del Señor.

Ahora, este Ángel que era diferente a los demás es el que era diferente y le llamó más la atención al precursor de la Segunda Venida de Cristo, el reverendo William Branham; y dijo así acerca de este Ángel en la página 469 del libro de Los Sellos en español:

“153. ¿Y notaron que dije que uno de esos ángeles era muy raro? Me pareció muy distinto a los demás. Estaban en una constelación con tres a cada lado y uno arriba; y el que estaba a mi lado, contando desde la izquierda hacia la derecha, ese sería el séptimo Ángel. Él era más brillante y significaba más para mí que los demás. Les dije que tenía el pecho así robusto y estaba volando hacia el Oriente. Les dije también que: ‘Me levantó, me alzó’. ¿Se acuerdan?

154. Ahora, ¡aquí está! Era el que tenía el Séptimo Sello, lo cual he mantenido como una pregunta en mi mente toda mi vida. Los otros Sellos significaron mucho para mí, desde luego; pero ustedes no se imaginan lo que ha significado este séptimo”.

Ahora, vean ustedes que el Ángel que era diferente a los demás, que forma la cabellera blanca del Señor en esta foto, es el Ángel que tiene el Séptimo Sello.

Para cada ángel mensajero de cada edad, los cuales se encuentran aquí en esta nube (se encuentran en su cuerpo teofánico), para ellos tener sus ministerios aquí en la Tierra tuvieron que venir en carne humana y estar manifestados en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo; y para este Ángel que era diferente a los demás, que es el Ángel que tiene el Séptimo Sello, para cumplir el Séptimo Sello aquí en la Tierra tiene que venir manifestado en carne humana en el Ángel Mensajero del Señor Jesucristo, para así cumplirse el Séptimo Sello, para así cumplirse la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles, y estar manifestados en el Ángel del Señor Jesucristo los ministerios de Moisés por segunda vez, de Elías por quinta vez y de Jesús por segunda vez.

Pero este Ángel no es el Señor Jesucristo, aunque en él estarán manifestados los ministerios de Jesús, de Moisés y de Elías; pero él no será ni Jesús, ni Moisés, ni Elías, sino que será un hombre, un profeta de este tiempo, ungido con el ministerio de Jesús, con el de Moisés y con el de Elías en este tiempo final, en el cumplimiento de la Venida del Ángel que era diferente a los demás, manifestado en carne humana en el Día Postrero, llamando y juntando a Sus escogidos en este tiempo final con esa Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino.

Ahora, hemos visto lo que es el Séptimo Sello, hemos visto su misterio y hemos visto quiénes son los escogidos de Dios del Día Postrero. “Mis ovejas oyen mi Voz, y me siguen”, dice Jesucristo.

Y siendo que es la Voz de Jesucristo la que estará en ese Ángel que aparece en el Día Postrero enviado por Jesucristo, del cual Jesucristo dice: “Yo Jesús he enviado mi Ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias”, ese Ángel, siendo el profeta de la Dispensación del Reino y de la Edad de la Piedra Angular, viene ungido por el Espíritu Santo, viene con el Sello del Dios vivo; y en él el Espíritu Santo viene manifestando estos tres grandes ministerios: el de Jesús, el de Elías y el de Moisés; y viene así llamando y juntando a todos Sus escogidos, y revelándoles este gran misterio de esta manifestación gloriosa de Jesucristo en Espíritu Santo en carne humana en Su Ángel Mensajero, para llamar y juntar a Sus escogidos y prepararnos para ser transformados y raptados en este tiempo final.

¿Dónde serían llamados y juntados los escogidos de Dios en el Día Postrero? En la Edad de la Piedra Angular, en el Cuerpo Místico de Cristo, que es el Redil del Señor Jesucristo, el cual en el Día Postrero estará en la Etapa de Oro, en la etapa de la Edad de la Piedra Angular.

La Iglesia del Señor Jesucristo es el Redil del Señor, donde Él coloca Sus ovejas de edad en edad; es donde Él colocará Sus ovejas de este Día Postrero en el cual nosotros estamos viviendo. Para eso viene esa Gran Voz de Trompeta, la Voz de Cristo, el Mensaje del Evangelio del Reino por medio del Ángel Mensajero de Jesucristo, llamando y juntando a todos los escogidos de Dios; Sus escogidos de entre los gentiles primeramente, y después llamará y juntará a los escogidos de Dios del pueblo hebreo, que son 144.000 hebreos, 12.000 de cada tribu, conforme a Apocalipsis, capítulo 7, verso 2 en adelante, y Apocalipsis, capítulo 14, verso 1 en adelante.

Ahora podemos ver el misterio del Ángel Mensajero de Jesucristo, el cual viene con el Espíritu Santo manifestado en él en este Día Postrero, en el séptimo milenio, en el Día del Señor, para el llamado final de los escogidos de Dios, para el llamado de los escogidos de Dios en el Día Postrero; y todo esto es bajo el Séptimo Sello, o sea, bajo la Venida de Jesucristo en Espíritu Santo manifestado en Su Ángel Mensajero en el Día Postrero.

Este Ángel no es el Señor Jesucristo, sino que en él estará el Espíritu de Jesucristo manifestado operando los ministerios de Moisés, de Jesús y de Elías en el Día Postrero. Ese es el misterio del Ángel de Jesucristo y ese es el misterio del Séptimo Sello, y ese es el misterio del Ángel que era diferente a los demás, viniendo manifestado en carne humana en el Ángel Mensajero del Señor Jesucristo, para el llamado de los escogidos de Dios del Día Postrero, para ser colocados en el Cuerpo Místico de Cristo y ser preparados para ser transformados en este tiempo final.

Hemos llegado al tiempo del Séptimo Sello y hemos llegado al tiempo del llamado de Dios con la Gran Voz de Trompeta a los escogidos de Dios del Día Postrero.

“EL SÉPTIMO SELLO Y LOS ESCOGIDOS DEL DÍA POSTRERO”.

Hemos visto quiénes son los escogidos del Día Postrero; están escritos en el Libro de la Vida del Cordero desde antes de la fundación del mundo.

Que las bendiciones de Jesucristo prometidas para los escogidos de Dios del Día Postrero se materialicen en cada uno de ustedes y en mí también, y pronto todos seamos transformados y tengamos el cuerpo eterno; y así obtengamos la redención del cuerpo obteniendo un nuevo cuerpo eterno, conforme a la promesa de Dios para los escogidos del Día Postrero; y los muertos en Cristo sean resucitados en cuerpos eternos, conforme a la promesa de Cristo para Sus escogidos que han partido para el Día Postrero; y los que se encuentran en el Día Postrero con sus cuerpos ya muertos, pero ellos viviendo en el Paraíso, en la sexta dimensión, en el cuerpo teofánico: que pronto ellos resuciten en el cuerpo eterno, conforme a la promesa de Cristo cuando dijo: “Y yo le resucitaré en el Día Postrero”. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

¿Y dónde están los escogidos de Dios del Día Postrero? Aquí estamos, aquí estamos en la República Mexicana y en los diferentes países de la América Latina y del Caribe escuchando el llamado a los escogidos de Dios de la Gran Voz de Trompeta, el llamado del Mensaje de la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino.

Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre cada uno de ustedes y sobre mí también, y pasen todos muy buenas noches. Muchas gracias por vuestra amable atención.

“EL SÉPTIMO SELLO Y LOS ESCOGIDOS DEL DÍA POSTRERO”.

[Revisión noviembre 2018]

1 San Juan 10:27

2 San Mateo 17:1-3, San Lucas 9:28-31

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