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Muy buenas noches, amados hermanos y amigos presentes. Es para mí una bendición grande estar con ustedes en esta noche para platicar con ustedes y así tener compañerismo alrededor de la Palabra de Dios bajo el tema: “EL SÉPTIMO SELLO Y LOS VALIENTES DEL HIJO DE DAVID”.

Para lo cual quiero leer en Apocalipsis, capítulo 5, versos del 5 al 7, donde dice:

“Y uno de los ancianos me dijo: No llores. He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos.

Y miré, y vi que en medio del trono y de los cuatro seres vivientes, y en medio de los ancianos, estaba en pie un Cordero como inmolado, que tenía siete cuernos, y siete ojos, los cuales son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra.

Y vino, y tomó el libro de la mano derecha del que estaba sentado en el trono”.

Y en Apocalipsis, capítulo 22, verso 16, dice:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana”.

Nuestro tema es: “EL SÉPTIMO SELLO Y LOS VALIENTES DEL HIJO DE DAVID”.

Para poder comprender nuestro tema en esta ocasión necesitamos saber quién es David. David fue un joven, hijo de Isaí, el cual vino de la descendencia de Judá, y por consiguiente viene de la descendencia de Adán.

Este joven fue pastor de ovejas, tenía siete hermanos mayores que él; y cuando el rey Saúl fue rechazado por Dios…, el cual representa los reinos y reyes de este mundo, porque el reino de Saúl representa los reinos de este mundo y representa todo reino que gobierne sobre Israel, ya sea del mismo pueblo hebreo o de otros pueblos.

Y ahora, vean ustedes, el reino de este mundo o reino de los gentiles tampoco puede gobernar sobre el pueblo hebreo, y tampoco un reino político terrenal, sino que tiene que ser el Reino de Dios en la manifestación del Reino de David y Trono de David siendo restaurado en este planeta Tierra. Todo esto está tipificado en David y su reino, sentado él en su trono.

Ahora vean, el joven pastor de ovejas, David, era el último, o hijo octavo de Isaí; y cuando Saúl fue rechazado, encontramos - fue rechazado como rey sobre Israel, Dios le dijo a Samuel el profeta de Dios: “Ve a Belén de Judea, y yo allí te diré a quién ungir, porque yo me he provisto de rey de uno de los hijos de Isaí”.

Y ahora, le había dicho: “Yo me he provisto de rey”. Luego, cuando va allá, le dice que será uno de los hijos de Isaí. Y ahora, Samuel había ido muy preocupado... Miren aquí en Primera de Samuel, capítulo 17, verso 12, dice:

“Y David era hijo de aquel hombre efrateo de Belén de Judá, cuyo nombre era Isaí, el cual tenía ocho hijos; y en el tiempo de Saúl este hombre era viejo y de gran edad entre los hombres.

Y los tres hijos mayores de Isaí habían ido para seguir a Saúl a la guerra. Y los nombres de sus tres hijos que habían ido a la guerra eran: Eliab el primogénito, el segundo Abinadab, y el tercero Sama;

y David era el menor. Siguieron, pues, los tres mayores a Saúl”.

Ahora vean ustedes cómo David era el último hijo de Isaí, era el hijo número ocho. Cuando Samuel, vean ustedes, fue para ungir un hijo de Isaí como rey sobre Israel, aquí en Primera de Samuel, capítulo 13, verso 14, dice... esto fue cuando Dios rechazó, desechó a Saúl, dice… Capítulo 13, verso 11 al 14, dice:

“Entonces Samuel dijo: ¿Qué has hecho? (o sea: ‘¿Qué has hecho, Saúl?’) Y Saúl respondió: Porque vi que el pueblo se me desertaba, y que tú no venías dentro del plazo señalado, y que los filisteos estaban reunidos en Micmas,

me dije: Ahora descenderán los filisteos contra mí a Gilgal, y yo no he implorado el favor de Jehová. Me esforcé, pues, y ofrecí holocausto”.

Y el que tenía que ofrecer el holocausto era el profeta Samuel, y tomó el lugar de un profeta, tomó el lugar que no le correspondía, y tuvo problemas delante de Dios por hacer esto. Dice:

“Entonces Samuel dijo a Saúl: Locamente has hecho; no guardaste el mandamiento de Jehová tu Dios que él te había ordenado; pues ahora Jehová hubiera confirmado tu reino sobre Israel para siempre”.

No se diría en la actualidad que el glorioso Reino Milenial será el Reino de David restaurado, en donde el Hijo de David estará sobre el Trono de David y en donde el Reino de Dios estará en la Tierra manifestado para que se haga la voluntad de Dios así como en el Cielo también aquí en la Tierra; y el Reino de Dios será manifestado por medio del Reino de David y del Trono de David, en donde se sentará el Hijo de David, el Mesías, el Cristo prometido para el pueblo hebreo.

Y el Señor Jesucristo es el heredero al Trono de David, pues el Arcángel Gabriel dice que Dios le dará el Trono de David Su padre, y se sentará sobre ese Trono y reinará sobre el pueblo hebreo para siempre. Ahora, eso está en San Lucas, capítulo 1, verso 30 al 36, ahí ustedes podrán encontrar lo que dijo el Arcángel Gabriel a la virgen María con relación al niño que nacería de su vientre, el cual fue Jesús.

Y ahora, vean ustedes, si Saúl no hubiera actuado locamente ofreciendo el sacrificio allí, el cual le correspondía al profeta Samuel, su reino hubiera sido confirmado sobre Israel para siempre; y entonces se diría que Dios en el Día Postrero enviaría al Mesías, al Cristo, el cual sería ¿el hijo de quién? El hijo de Saúl sería dicho que sería el Mesías; pero ahora es dicho que será el Hijo de David, ¿por qué? Porque Saúl actuó locamente y fue desechado por Dios, y dice:

“… ahora tu reino no será duradero. Jehová se ha buscado un varón conforme a su corazón…”.

Ahora, Saúl no era un varón conforme al corazón de Dios, sino que era un varón conforme al corazón del pueblo; y el corazón del pueblo era variante, y así era Saúl, y pensaba conforme a como pensaba el pueblo.

Pero el hombre que Dios había buscado, un nuevo rey, sería conforme al corazón de Dios, por lo tanto pensaría conforme a como Dios piensa, y los pensamientos del corazón de Dios serían transmitidos al corazón de ese rey; pero, vean ustedes, en esta etapa todavía, ese que sería el rey sobre Israel conforme al corazón de Dios, era un jovencito todavía.

Ahora, dice:

“… al cual Jehová ha designado para que sea príncipe sobre su pueblo, por cuanto tú no has guardado lo que Jehová te mandó.

Y levantándose Samuel, subió de Gilgal a Gabaa de Benjamín.

Y Saúl contó la gente que se hallaba con él, como seiscientos hombres”.

Ahora, vamos a ver cuando Samuel unge a David [Primera de Samuel 16:1]:

“Dijo Jehová a Samuel: ¿Hasta cuándo llorarás a Saúl, habiéndolo yo desechado para que no reine sobre Israel?”.

Vean ustedes, Samuel amaba mucho a Saúl, había sido su consejero; porque el mejor consejero de un rey es un profeta. Así fue con el faraón de Egipto, cuando José fue el consejero y administrador del faraón en Egipto; también así sucedió con el profeta Daniel en el tiempo de Nabucodonosor, rey de Babilonia; y en el tiempo también del imperio medo-persa, donde Daniel era consejero del rey y administrador también en los negocios del rey y de los negocios del rey.

Samuel lloraba mucho porque Dios había desechado a Saúl, y Samuel amaba mucho a Saúl. Eso es lo que sucede con una persona que ama a Dios; ya sea una simple persona, que no tenga un ministerio como de profeta o algún otro ministerio, o sea un profeta o una persona que tenga algún ministerio, cuando ve que Dios ha desechado a alguna persona se pone muy triste allá en lo profundo de su alma, porque es muy triste saber que Dios ha desechado a alguna persona.

El deseo de todo mensajero de Dios es que Dios reciba a toda persona, bendiga a toda persona, y toda persona así reciba la bendición de Dios y permanezca delante de Dios para toda la eternidad.

Así que Samuel sufría mucho por lo que le sucedió a Saúl delante de Dios; y tenía que decirle la verdad a Saúl, aunque era una verdad muy dura.

Saúl era de la tribu de Benjamín y Samuel era de la tribu de Efraín (era de la misma tribu de la cual era Josué). Y ahora, Dios le dice:

“¿Hasta cuándo llorarás a Saúl, habiéndolo yo desechado para que no reine sobre Israel? Llena tu cuerno de aceite, y ven, te enviaré a Isaí de Belén, porque de sus hijos me he provisto de rey”.

Aquí es donde Dios le muestra a Samuel de dónde es ese rey: es de Belén de Judea, y de qué familia: es de la familia de Isaí, y es de la tribu de Judá.

“Y dijo Samuel: ¿Cómo iré? Si Saúl lo supiera, me mataría”.

Ahora vean, Samuel amaba mucho a Saúl pero sabía, conocía a Saúl, y sabía que si Saúl sabía que Samuel el profeta iba a ungir a otro hombre como rey sobre Israel, lo mataría; o sea que sabía que era una persona que estaba dispuesta aun a matar a un profeta por permanecer en la posición de rey habiéndolo Dios desechado; en vez de Saúl ser un rey consciente de su situación, de su realidad frente a Dios, y decir: “Bueno, Dios, ya Tú me has desechado...”; y hablar con el profeta Samuel y decirle: “Bueno, ya Dios me ha desechado; entonces... yo amo mucho al pueblo de Dios, a Israel, te amo también a ti mucho. Vamos a orar. Ora tú por mí a Dios, y que te muestre quién será el próximo rey, y yo estaré brazo a brazo con esa persona para ayudarlo en todo aquello que él necesite. Y ora a Dios que tenga misericordia de mí y me use en favor de ese hombre que será el próximo rey de Israel”. Eso hubiera sido una actitud más agradable delante de Dios y una actitud honorable para el primer rey de Israel que fue colocado en medio del pueblo hebreo.

“Y dijo Samuel: ¿Cómo iré? Si Saúl lo supiera, me mataría. Jehová respondió: Toma contigo una becerra de la vacada, y di: A ofrecer sacrificio a Jehová he venido.

Y llama a Isaí al sacrificio, y yo te enseñaré lo que has de hacer; y me ungirás al que yo te dijere”.

Vean, Dios no le dijo a Samuel aquí quién sería la persona a la cual Samuel ungiría como rey sobre Israel; aunque le dijo que sería uno de los hijos de Isaí, pero no le dijo si era el mayor, el segundo, el tercero, el cuarto, el quinto, el sexto o el séptimo o el octavo; le dejó eso en secreto, porque Dios va revelando a Su profeta en una forma progresiva todo Su Programa.

Y así es que Él ha hecho a través de toda la Escritura: va en una forma progresiva dándole a Su pueblo la revelación de Su Programa, y por medio de los diferentes profetas va trayendo la revelación de Su Programa en una forma progresiva.

Miren, en Génesis, capítulo 3, verso 15, Dios dijo que sería la simiente de la mujer, el cual sería el Mesías, el que heriría en la cabeza a la serpiente; la serpiente: en la cual estaba el diablo manifestado en carne humana; o sea que heriría al diablo en la cabeza; y él (la serpiente) lo heriría y la simiente de la serpiente herirían a la simiente de la mujer (¿dónde?) en el calcañar, o sea, en los tobillos; y fue herido en la Cruz del Calvario Cristo en los tobillos ahí, en los pies, y ahí también en las manos.

Y ahora podemos ver cómo allá en el Génesis fue dada la revelación de la Venida del Mesías y Su Obra de Victoria que realizaría, y cómo el diablo se levantaría en contra del Mesías; pero fue dada allí al comienzo, y fue dada la luz necesaria allí, lo que se necesitaba allí; pero después, a través de los diferentes profetas…

Por ejemplo, por medio del profeta Isaías1 dijo que una virgen concebiría y daría a luz un hijo, y que sería Emanuel (que traducido es: Dios con nosotros); ese sería el Mesías. Y ahora, está hablando Dios por medio de un profeta hebreo para el pueblo hebreo, porque el Mesías vendría en medio del pueblo hebreo, nacería en medio del pueblo hebreo y por nacimiento sería un hebreo; porque toda persona que nace en un país es ciudadano de ese país. Y ahora, un ciudadano del pueblo hebreo, un ciudadano de Israel, sería el Mesías que nacería de la virgen.

Y ahora, Dios dice por medio del profeta Miqueas, en el capítulo 5, verso 2, que será de Belén de Judea; allí nacerá el Mesías, en Belén de Judea, por lo tanto será de la tribu de Judá.

Y Dios hizo la promesa a David: que no faltaría uno que se sentaría en el Trono de David2. Por lo tanto, la promesa del que se sentará en el Trono de David viene por medio de uno que nacerá de la familia de David, nacerá de ese tronco de David, que es Isaí: será la raíz y el linaje de David3, ese será el Mesías prometido para el pueblo hebreo, el cual vino dos mil años atrás naciendo en Belén de Judea, y el cual y del cual el Arcángel Gabriel dijo que Dios le daría el Trono de David Su padre y reinaría sobre el pueblo hebreo, sobre Israel, para siempre4.

Y ahora, Cristo es el heredero a ese Trono; y en Su Segunda Venida Él recibirá - tomará el Trono de David, se sentará sobre el Trono de David y reinará por mil años sobre el pueblo hebreo y luego por toda la eternidad; y desde ese Trono el Mesías reinará y gobernará no solamente sobre el pueblo hebreo, sino sobre todas las naciones, porque el Reino del Mesías será a nivel mundial, por cuanto el Mesías será el Hijo del Hombre e Hijo de David.

Así que Cristo se sentará en el Trono de David Su padre, como ha sido prometido.

Y en Apocalipsis, capítulo 3, verso 21, dice: “Al que venciere, yo le daré que se siente conmigo en mi Trono, así como yo me he sentado con mi Padre en Su Trono”. Allí también estará el vencedor.

Ahora, el hijo de Isaí, David, miren ustedes, cuando Samuel llegó a Belén de Judea para sacrificar a Dios - para ofrecer sacrificio a Dios, allí sería ungido el Mesías, o sea, el Ungido de Dios como rey sobre el pueblo hebreo; porque Mesías lo que significa es ‘Ungido’. El ungido como rey sobre el pueblo hebreo sería un hijo de Isaí, el cual es tipo y figura del Mesías en Su Venida para sentarse en el Trono de David.

Ahora, continuamos leyendo, dice:

“Y llama a Isaí al sacrificio, y yo te enseñaré lo que has de hacer; y me ungirás al que yo te dijere.

Hizo, pues, Samuel como le dijo Jehová; y luego que él llegó a Belén, los ancianos de la ciudad salieron a recibirle con miedo, y dijeron: ¿Es pacífica tu venida?

Él respondió: Sí, vengo a ofrecer sacrificio a Jehová; santificaos, y venid conmigo al sacrificio. Y santificando él a Isaí y a sus hijos, los llamó al sacrificio.

Y aconteció que cuando ellos vinieron, él vio a Eliab, y dijo: De cierto delante de Jehová está su ungido”.

¿Por qué dijo: “Delante de Jehová está Su Ungido”? Porque Jehová estaba manifestado en Samuel, Dios estaba allí manifestado en Samuel, por lo tanto, este hijo de Isaí que vino delante de Samuel estaba viniendo delante de Jehová en Su manifestación a través de Samuel.

Y ahora, Samuel humanamente pensando, al ver la estatura de este hijo mayor de Isaí y viendo que su estatura era parecida a la de Saúl, un hombre grande también, dijo: “Estoy delante de la presencia del Ungido de Jehová”, o:

“… delante de Jehová está su ungido.

Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura (así que era grande, alto), porque yo lo desecho (lo desechó como había desechado a Saúl; porque para Dios la estatura y la apariencia física no son las que determinan quién será el Ungido de Dios para una edad o para una dispensación, para el ministerio correspondiente a ese tiempo); porque Jehová no mira lo que mira el hombre (o sea, el hombre mira, ¿qué?, su apariencia exterior); pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos (o sea, el cuerpo físico, que es la apariencia exterior de un ser humano), pero Jehová mira el corazón.

Entonces llamó Isaí a Abinadab, y lo hizo pasar delante de Samuel, el cual dijo: Tampoco a éste ha escogido Jehová.

Hizo luego pasar Isaí a Sama. Y él dijo: Tampoco a éste ha elegido Jehová. (Estos fueron los tres hijos mayores de Isaí, los cuales vinieron luego a ser parte del ejército de Saúl, pues siguieron a Saúl).

E hizo pasar Isaí siete hijos suyos delante de Samuel; pero Samuel dijo a Isaí: Jehová no ha elegido a éstos.

Entonces dijo Samuel a Isaí: ¿Son éstos todos tus hijos? Y él respondió: Queda aún el menor, que apacienta las ovejas. Y dijo Samuel a Isaí: Envía por él, porque no nos sentaremos a la mesa hasta que él venga aquí”.

Quedaba el menor, el último; y ahora Samuel por eliminación sabía que ese que faltaba era el Ungido de Dios. ¿Por qué? Porque si no habían sido los siete hijos primeros de Isaí, no fueron ninguno de ellos, no fue ninguno de ellos el Ungido de Jehová, pues entonces el que faltaba, que estaba pastoreando ovejas, ese sería el Ungido de Jehová; y vino como el último, en el mismo orden en que vino en nacimiento, fue el último que nació en la familia de Isaí; y ahora es presentado delante de Dios como el último, presentado delante del profeta Samuel.

Recuerden que estos hijos de Isaí, siendo que la promesa de la Venida del Hijo del Hombre e Hijo de David viene conforme a como está representado o tipificado aquí en Isaí y sus hijos; y tenemos —conforme a las Escrituras— que Dios ha tenido hijos durante la Dispensación de la Gracia, Cristo Jesús ha tenido hijos; y todos los que han creído en Cristo como nuestro Salvador y han nacido de nuevo y han recibido Su Espíritu, por consiguiente han nacido en Belén de Judea; y uno de los nacidos en Belén de Judea fue el elegido por Dios para ser el Rey de Israel.

Y ahora, vean ustedes que por medio de ese hijo de Isaí, Dios, que es el Rey del universo y también del pueblo hebreo, estaría manifestado como Rey en ese hijo de Isaí que es conforme al corazón de Dios.

Ahora veamos lo que sucedió cuando llegó David:

“Envió, pues, por él, y le hizo entrar; y era rubio, hermoso de ojos, y de buen parecer. Entonces Jehová dijo: Levántate y úngelo, porque éste es”.

Ahora, vean ustedes, en esta ocasión Samuel no dijo: “Estoy delante de la presencia del Ungido de Jehová”, ni tampoco dijo: “Delante de la presencia de Jehová está el Ungido de Dios”, sino que fue Dios el que le dijo a Samuel: “Levántate y úngelo”. ¿Por qué? “Levántate y úngelo, porque este es; este es el que yo dije que es un varón conforme a mi corazón, este es el hombre del cual yo me he provisto para ser rey sobre Israel”, y era un jovencito.

“Entonces Jehová dijo (a Samuel): Levántate y úngelo, porque éste es.

Y Samuel tomó el cuerno del aceite, y lo ungió en medio de sus hermanos; y desde aquel día en adelante el Espíritu de Jehová vino sobre David. Se levantó luego Samuel, y se volvió a Ramá”.

Ahora, aquí podemos ver cómo fue ungido David por rey sobre Israel; pero cuando fue ungido por rey sobre Israel por Samuel, esto no significaba que desde ese momento David ya iba a tener la corona de rey en él, e iba a sentarse en el trono, e iba a reinar sobre el pueblo hebreo. Ya estaba ungido por Dios y ahora tenía que pasar por las diferentes etapas correspondientes, para así luchar y Dios darle la victoria en todo momento hasta llegar hasta el trono de Dios colocado en medio del pueblo hebreo, el cual vino a ser el trono del rey de Israel, del rey David, desde el cual el Trono de Dios en el Cielo y el Reino de Dios del Cielo se manifestaría aquí en la Tierra, se manifestaría por medio de ese reino y de ese trono de David.

Tuvo David una vida dura desde que fue ungido hasta que se sentó en el trono de Judá, y luego de todo Israel; o sea, gobernó, reinó sobre Judá y luego sobre todo Israel.

Encontramos que David tuvo una etapa muy dura, pero fue en una forma progresiva hasta que se sentó en el trono; y esa forma progresiva podía desconcertar a muchas personas y decir: “¿Cómo este hombre que fue ungido como rey no está en el trono? ¿Dios no lo ha acompañado?”. Pasaron años; cuando fue ungido por Samuel era un jovencito, y cuando se sentó en el trono ya tenía 30 años.

Así como José, cuando vino a ser colocado como segundo en el imperio del faraón, ¿tenía cuántos años? Tenía 30 años.

Cuando Jesús comenzó Su ministerio tenía como 30 años, dice San Lucas5, dice que tenía como 30 años de edad Jesús cuando comenzó Su ministerio.

Y ahora, vean ustedes cómo todas esas cosas concuerdan la una con la otra; pero durante el ministerio de Cristo fue rechazado por el pueblo hebreo, y por consiguiente el Reino de Dios no fue establecido en ese tiempo, y por consiguiente el Reino y Trono de David no fue restaurado en ese tiempo.

Los discípulos de Jesucristo, cuando ya Cristo había resucitado e iba a ascender al Cielo, en el libro de los Hechos, en el capítulo 1, le preguntan: “¿Restaurarás Tú el Reino a Israel en este tiempo?”. Él dice a ellos: “No toca a vosotros saber los tiempos y las sazones (o sea, los tiempos y las temporadas, o edades o etapas), que el Padre puso o ha puesto en Su sola potestad”.

Porque el Reino de Israel no sería restaurado en aquel tiempo, sino que será restaurado en el Día Postrero, que es el Día del Señor o séptimo milenio, en donde el Trono de David será restaurado, y el Mesías se sentará en el Trono de David y reinará sobre el pueblo hebreo y sobre todas las naciones.

Ahora, vean ustedes cómo el rey David, este joven pastor de ovejas, vino a ser el Ungido de Dios como rey sobre Israel, el hijo número ocho de Isaí.

Y ahora, encontramos que bajo la Ley hubo siete edades y por consiguiente siete mensajeros, uno para cada edad, aunque el profeta de la Dispensación de la Ley para toda la dispensación, el mensajero de la Ley para toda la Dispensación de la Ley fue el profeta Moisés; pero hubo mensajeros de diferentes etapas en medio del pueblo hebreo bajo la Ley, hubo siete etapas de la Iglesia hebrea bajo la Ley, y el séptimo mensajero fue Juan el Bautista; y el pueblo hebreo, y muchos de los fariseos y saduceos y doctores de la Ley, cuando veían este ministerio poderoso en Juan el Bautista le preguntaban: “¿Eres tú el Cristo, o eres tú Elías, o eres tú el profeta?”. Él decía: “No soy”6.

Él siempre señalaba que vendría después de él el Mesías, el Cristo, del cual Juan el Bautista no era digno de desatar la correa de Su calzado7. Ahí Juan el Bautista viene a ser como el hijo número séptimo de Isaí en el tipo y figura o en el simbolismo.

Y ahora, encontramos que el mensajero número ocho fue el Señor Jesucristo, y era un mensajero dispensacional para la octava edad, la Edad de la Piedra Angular; y vino, se presentó delante de Juan el Bautista, el cual le bautizó, y Juan dijo: “Este es aquel del cual yo dije que vendría después de mí”8.

Luego encontramos que el pueblo lo rechazó; y al rechazarlo, rechazó a su Rey, rechazó a su Rey en Su Primera Venida; y su Rey es el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, que es el mismo Dios en Su cuerpo teofánico, el cual estaba manifestado en carne humana en aquel velo de carne llamado Jesús de Nazaret, pero había nacido en Belén de Judea.

Y ahora, termina la Dispensación de la Ley y pasamos a la Dispensación de la Gracia; y el pueblo hebreo, que es el Israel terrenal, viene a tipificar el Israel celestial, que es la Iglesia del Señor Jesucristo.

Y ahora, tenemos que encontrar en los tipos y figuras a Isaí, a los hijos de Isaí, a los ocho hijos de Isaí; y el octavo hijo de Isaí es tipo y figura de la Segunda Venida de Cristo, de la Venida del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová manifestado en el Día Postrero como el Verbo, la Palabra viniendo en carne humana en este tiempo final.

Así como Isaí tuvo ocho hijos, encontramos que Cristo en el Israel celestial, que es Su Iglesia…, encontramos que al nacer en Cristo estamos naciendo en la Iglesia del Señor Jesucristo, y por consiguiente estamos naciendo en Belén de Judea.

Y de todos los hijos de Jesucristo, hijos de Dios por medio del nuevo nacimiento, encontramos que hay mensajeros para las diferentes edades, que son los hijos que vienen a ser la cabeza de cada una de las edades, en el cual está Cristo manifestado de edad en edad hablándole a Su Iglesia, a Su pueblo, y dándole a conocer las cosas que deben conocer en la edad en donde Él envía a cada uno de esos mensajeros.

Y las palabras dichas en Apocalipsis, capítulo 2 y capítulo 3: “El que tiene oídos para oír, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias”, se cumplen cuando las personas escuchan las cosas que son dichas por el mensajero de su edad, en el cual está el Espíritu Santo, o sea, Jesucristo en Espíritu Santo manifestado, hablándole a Su pueblo en cada una de las edades de la Iglesia durante este recorrido de siete etapas o siete edades que corresponden al Lugar Santo del Templo espiritual de Cristo; y esos siete mensajeros son tipificados en los siete hijos de Isaí que pasaron delante de Samuel, y ninguno de ellos era el Ungido de Dios para ser ungido por el profeta Samuel como rey sobre Israel.

Ahí tenemos los siete hijos de Isaí nacidos en Belén de Judea, nacidos en Cristo, que son los siete ángeles mensajeros de las siete edades de la Iglesia gentil. Y la pregunta es: “¿Pero no tienes otro hijo?”. Cristo dice: “Sí, tengo otro, el cual está pastoreando las ovejas”.

Pastor de ovejas, el cual también es profeta; porque David era profeta, y también valiente, el cual luchaba aun con los animales salvajes defendiendo a sus ovejas, y obtenía la victoria porque Dios le daba la victoria.

Y ahora, dice Samuel [16:11]:

“Envía por él, porque no nos sentaremos a la mesa hasta que él venga…”.

Nadie iba a comer hasta que llegara el hijo menor de Isaí; y la Escritura dice que se sentarán a la mesa Abraham, Isaac, Jacob, todos esos hombres de Dios, pero no habrá comida para nadie hasta que llegue ese hijo menor de Cristo, ese hijo menor que viene de las raíces, de la raíz, del tronco de Isaí, de la raíz y linaje de David.

Cristo dijo: “Yo soy la raíz y el linaje de David”. De la raíz y del linaje de David, de Cristo, viene ese mensajero final.

Ese es el mensajero que viene para la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino como el mensajero séptimo dispensacional; y es el mensajero que viene con el Mensaje del Evangelio del Reino predicando la Venida del Reino, para el Reino de Dios ser establecido en medio del pueblo hebreo y sobre todo el planeta Tierra, y reinar Cristo desde Jerusalén, desde el Trono de David.

Ahora, vean ustedes cómo el hijo menor de la raíz y linaje de David sería el ungido por el profeta Samuel para reinar sobre el pueblo hebreo, el cual fue David, el cual es tipo y figura de Cristo viniendo en el Día Postrero manifestado en carne humana en el cumplimiento de Su Segunda Venida, el cual vino dos mil años atrás en medio del pueblo hebreo en carne humana, en aquel velo de carne llamado Jesús, y fue rechazado por el pueblo hebreo.

Hubo en aquellos días personas que, así como David tenía valientes que lucharon por él y que lo proclamaban el rey de Israel, y lucharon hasta que lo colocaron en el trono de Israel, así también Cristo en Su Primera Venida tuvo valientes que lucharon con Él, lucharon a Su lado, y en la entrada triunfal de Cristo a Jerusalén lo proclamaron como el Rey de Israel: “¡Hosanna al Hijo de David que viene!”. “¡Bendito el Reino de David que viene!”9. Y así proclamaban a Cristo como el Rey de Israel.

Pero fue rechazado por el pueblo hebreo como nación, y esa bendición para el pueblo hebreo se detuvo; y hubo un lapso de tiempo de dos mil años aproximadamente, de Cristo hasta este tiempo, en donde Cristo se tornó a los gentiles para llamar de entre los gentiles un pueblo para Su Nombre; o sea, seres humanos, personas de entre todas las naciones, llamarlas como individuos para formar el Israel celestial.

Y ahora, para el Día Postrero, en la Venida del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová, que es el mismo Jesucristo pero en Su cuerpo teofánico tomando un velo de carne de este tiempo final, y viniendo el Ángel del Pacto, Jesucristo en Espíritu Santo (que es el Verbo, que es la Palabra), viniendo en carne humana manifestado: aparecerá como Hijo del Hombre e Hijo de David en el octavo hijo Suyo, en el octavo mensajero, que es el mensajero de la Edad de la Piedra Angular, que es el Ángel del Señor Jesucristo.

Y ahí estará Jesucristo en Espíritu Santo manifestado como Hijo del Hombre e Hijo de David, para sentarse en el Trono de David, pues estará reclamando el Trono de David y estará reclamando también, primeramente, a todos los que Él ha redimido con Su Sangre preciosa; y Cristo, para salvar a Su Iglesia, salvó a Israel.

Por lo tanto, Cristo redime a Israel para redimir a Su Iglesia, así como Booz —que es tipo y figura de Cristo, el Pariente Redentor— redimió a Noemí, que era una hebrea, para casarse con…, redimió a Noemí, que era una hebrea, que es tipo de Israel, para casarse con Rut, una gentil viuda y nuera de Noemí10. Noemí representa al pueblo hebreo y Rut representa a la Iglesia gentil del Señor Jesucristo.

Ahora podemos ver cómo ese simbolismo es cumplido en el Programa de la Redención que Cristo lleva a cabo.

Ahora, encontramos que el mismo Isaí y el mismo David, ¿saben ustedes una cosa?, viene por esa línea de Booz y Rut. Miren de dónde viene David: viene de un hebreo y de una gentil, viene de Booz y Rut; y de ahí vienen los demás descendientes, hasta que llegan a Isaí.

De la esposa de Isaí no se habla, pero vean la relación que hay en la ascendencia del rey David: hay una intervención gentil. Miren, eso viene desde el tiempo de Judá, donde Judá tuvo un hijo por medio de Tamar, que era una gentil, y de ahí sigue bajando toda esa descendencia.

Y luego, encontramos que más adelante entró a formar parte del pueblo hebreo otra gentil, la cual se casó con un hebreo, un príncipe del pueblo hebreo, y por medio de esa mujer… Vamos a ver aquí, porque esto es muy interesante, porque vamos a ver aquí la intervención que hay de los gentiles con el pueblo hebreo, y sobre todo con la línea del rey David.

Vamos a ver aquí dónde es que se encuentra. Vamos a buscar por aquí en Crónicas, Primera de Crónicas, capítulo 2, versos 3 en adelante, dice:

“Los hijos de Judá: Er, Onán y Sela. Estos tres le nacieron de la hija de Súa, cananea (ahora miren, Judá relacionado con los gentiles). Y Er, primogénito de Judá, fue malo delante de Jehová, quien lo mató.

Y Tamar su nuera dio a luz a Fares y a Zera. Todos (¿De quién? De Judá) los hijos de Judá fueron cinco.

Los hijos de Fares: Hezrón y Hamul.

Y los hijos de Zera: Zimri, Etán, Hemán, Calcol y Dara; por todos cinco.

(Y sigue mencionando por ahí, vean)

Hijo de Carmi fue Acán, el que perturbó a Israel, porque prevaricó en el anatema.

Azarías fue hijo de Etán.

Los hijos que nacieron a Hezrón: Jerameel, Ram y Quelubai.

Ram engendró a Aminadab, y Aminadab engendró a Naasón, príncipe de los hijos de Judá.

Naasón engendró a Salmón, y Salmón engendró a Booz.

Booz engendró a Obed, y Obed engendró a Isaí…”.

Ahora, vamos a ver aquí bien cómo sucedió todo esto; vean cómo llegó Isaí, y luego de Isaí llegó David.

En los evangelios también nos habla de esta línea. Vamos a ver cómo es que dice... Vamos a buscar bien, para no leer en dos lugares, ya que hay dos lugares donde nos habla de David y de Salomón. Vamos a leer aquí: en San Mateo, capítulo 1, verso 1 en adelante, dice:

“Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham.

Abraham engendró a Isaac, Isaac a Jacob, y Jacob a Judá y a sus hermanos.

Judá engendró de Tamar a Fares y a Zara, Fares a Esrom, y Esrom a Aram.

Aram engendró a Aminadab, Aminadab a Naasón, y Naasón a Salmón.

Salmón engendró de Rahab a Booz…”.

Booz es hijo ¿de quién? De Salmón por medio de Rahab, la que fue ramera allá (¿en dónde fue, Miguel?, ¿en Jericó?), pero que fue restaurada por Dios y fue hecha una mujer… (en Jericó). Siendo ella una convertida a Dios y a la Palabra de Dios, su vida cambió y vino a ser una mujer muy importante en medio del pueblo hebreo; y ahora viene a ser la esposa de Salmón, un príncipe, un hombre importante del pueblo hebreo, de la descendencia de Judá.

Y ahora, Salmón por medio de Rahab tiene un hijo, el cual se llama Booz; y ese hijo, vean ustedes, por medio de su padre Salmón es hebreo; aunque por esa línea encontramos también gentiles, porque Tamar (de la cual Judá tuvo dos hijos), vean ustedes, de esa línea es que viene Salmón y viene Booz.

Y ahora, tenía, por la línea de su madre y su…, por medio de su madre, Salmón tenía la línea de gentiles; y por medio de su…, vamos a ver, sería tatarabuela, por ahí, que era Tamar, también estaba relacionado con los gentiles.

Y ahora, se casa con una joven gentil: Rut; y de Rut viene Obed, y de Obed viene Isaí. O sea que Isaí es nieto de Rahab y de Salmón... o bisnieto; es nieto de Booz.

Y ahora, de Isaí vienen los ocho hijos de Isaí, y el menor es David. David es bisnieto de una gentil: de Rut; y David es tataranieto de otra gentil: de Rahab; y si seguimos hacia la ascendencia de David, es tátara-tátara-tataranieto de Tamar.

Así que podemos ver por dónde vino el rey David, el hombre conforme al corazón de Dios.

Todas estas mujeres gentiles representan a la Iglesia del Señor Jesucristo, que es, en su mayoría, compuesta por gentiles desde que Cristo se tornó del pueblo hebreo a los gentiles; y, vean ustedes, por medio de estas mujeres gentiles viene David y el padre de David y el abuelo de David, y todos ellos también vienen por medio de mujeres que están en su ascendencia que son gentiles; y por hombres hebreos que son hebreos por parte de padre y gentiles por parte de madre; o sea que tienen nacionalidad gentil y nacionalidad hebrea.

Y ahora, Cristo, miren por dónde vino: vino relacionado con una familia que está relacionada con gentiles y con hebreos; y ahora, Cristo se tornó de los hebreos a los gentiles y está entre familia.

Y ahora, de entre los gentiles Cristo ha estado creando Su Iglesia, una nueva raza, aunque también han entrado hebreos como individuos, porque la Iglesia de Jesucristo está compuesta por personas, seres humanos, de todas las naciones.

Y ahora, la Iglesia del Señor Jesucristo, aunque ha tenido muchos predicadores, muchos pastores en diferentes grupos o congregaciones, evangelistas, maestros, apóstoles, ha tenido también diferentes hombres que han tenido dones de profecía también y aun ministerios de profecía en una escala menor.

Solamente la Iglesia de Jesucristo tendría ocho mensajeros mayores o principales: los siete ángeles de la Iglesia durante las siete edades y el Ángel del Señor Jesucristo, que sería un profeta dispensacional con un Mensaje dispensacional, con el Mensaje del Evangelio del Reino. Y con la llegada de ese mensajero a la Iglesia de Jesucristo estaría llegando por primera vez al Cuerpo Místico de Cristo —enviado por Cristo— un profeta dispensacional.

Es la primera ocasión en que a la Iglesia de Jesucristo Cristo le enviaría un profeta dispensacional; y por eso lo dejaría para lo último, en donde Cristo vendría manifestado en ese profeta como la raíz y el linaje de David, como la Estrella resplandeciente de la Mañana, como el Sol de Justicia saliendo y como el Hijo del Hombre e Hijo de David.

Todo eso está dentro de la manifestación de nuestro amado Señor Jesucristo a través de Su Ángel Mensajero, porque Él ungirá a Su Ángel Mensajero con Su Espíritu Santo y manifestará todos estos atributos de Cristo en el Día Postrero.

Y por eso es que la promesa de Cristo, cuando dice: “Al que venciere, yo le daré que se siente conmigo en mi Trono (Apocalipsis, capítulo 3, verso 21), así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en Su Trono”, se convertirá en una realidad en el Día Postrero en la manifestación de Cristo a través de Su Ángel Mensajero.

Donde esté Cristo, ahí estará Su mensajero; y donde esté Su mensajero, ahí estarán los escogidos de Dios del Día Postrero, de la Edad de la Piedra Angular.

Vamos a estar en la tierra de Israel, en Jerusalén, en la capital. No importa que terrenalmente hayamos nacido en el campo, pero en el Reino de Dios encontramos que vamos a estar en la capital; vamos a ser, en el Reino de Dios, capitalinos.

Ahora, podemos ver lo que Cristo tiene para todos Sus escogidos del Día Postrero. La bendición más grande que Él tiene para Su Iglesia, la tiene para la etapa de la Edad de la Piedra Angular en el Día Postrero; en donde estará Cristo como Hijo del Hombre e Hijo de David manifestado a través de Su Ángel Mensajero. Y eso será la Palabra encarnada en un hombre de este tiempo final, el cual será el Ángel Mensajero de Jesucristo. Y con él estarán los valientes del Hijo del Hombre e Hijo de David del Día Postrero, los cuales también fueron representados en los valientes que tuvo el rey David, que lucharon en favor de David y del reino de David, para que se sentara en el trono sobre el pueblo hebreo, y reinara sobre el pueblo hebreo.

También los valientes del Hijo de Dios, de Jesucristo (que es también el Hijo de David), que estuvieron con Él en Su Primera Venida, vean ustedes, ellos lucharon por Cristo y en favor de Cristo, pero la nación hebrea lo rechazó como rey; pero ellos lo proclamaron, los valientes de aquel tiempo lo proclamaron como el Hijo de David, lo proclamaron como el Rey que viene en el Nombre del Señor, y proclamaron la Venida del Reino de David; pero el pueblo hebreo rechazó toda esa bendición y Cristo se tornó a los gentiles.

Y en este tiempo final regresamos al ciclo divino de la Edad de la Piedra Angular, al ciclo divino paralelo a la Primera Venida de Cristo, para Cristo manifestarse nuevamente velándose en carne humana, la Palabra hecha carne en un hombre, manifestando Cristo esos atributos; y así en el Día Postrero ungiendo a Su octavo ángel mensajero, que es Su octavo hijo mensajero; porque de todos los hijos e hijas de Dios que Cristo tiene, que por medio de Cristo han sido engendrados y han nacido de nuevo, solamente ocho son mensajeros: los siete ángeles mensajeros de las siete edades y el mensajero de la Edad de la Piedra Angular.

Esos son los más sobresalientes de los hijos e hijas de Dios que nacen en el Reino de Dios; y por consiguiente han nacido en Belén, porque Belén es Cristo, porque Belén es la Casa del Pan de Dios, y Cristo es la Casa del Pan de Dios; y la Iglesia es la Casa del Pan de Dios, donde está el Pan de Dios y donde es servido el Pan de Dios para todos los hijos de Dios.

Ahí, en la Casa del Pan de Dios, en nuestro Belén, en Cristo y en Su Cuerpo Místico, es que estará cada uno de esos ángeles mensajeros de la Iglesia de Jesucristo de edad en edad.

Y ahora, para el Día Postrero viene uno ungido con el Espíritu de Dios, con el Espíritu Santo; y viene ungido con esa unción de Cristo en la manifestación de Cristo en el Día Postrero en Espíritu Santo, como Hijo del Hombre e Hijo de David, manifestándose a través de Su Ángel Mensajero, y como la raíz y el linaje de David.

Y ahora, ¿dónde están los valientes del Hijo de David del Día Postrero? Aquí estamos, en la América Latina y el Caribe, para trabajar en el Programa de Cristo para la restauración del Reino de Dios en este planeta Tierra en medio del pueblo hebreo; y desde el pueblo hebreo el Reino de Dios ser manifestado en el planeta Tierra completo, gobernando sobre toda nación, pueblo y lengua, para que se haga la voluntad en este planeta Tierra en los seres humanos, se haga la voluntad de Dios, así como se hace en el Cielo se haga también aquí en la Tierra.

Estamos en el tiempo más glorioso de todos los tiempos, estamos en el tiempo en que la restauración de Israel será realizada en toda su plenitud; y Cristo, el Hijo de David, se sentará en el Trono de David y reinará sobre el pueblo hebreo y sobre todas las naciones; y así estará restaurado el Reino de Israel y el Trono de David en medio del pueblo hebreo y el Reino de Dios en esta Tierra.

Ahora, podemos ver que esto también fue mostrado en el Monte de la Transfiguración, donde Cristo mostró la Venida del Hijo del Hombre en Su Reino con Sus Ángeles, que fueron allí Moisés y Elías; porque esos son los ministerios de Moisés y Elías, prometidos como los Ángeles del Hijo del Hombre que vienen con la Gran Voz de Trompeta llamando y juntando a Sus escogidos en el Día Postrero, los escogidos de Dios de entre los gentiles (del Israel celestial) y los escogidos de Dios del pueblo hebreo (del Israel terrenal).

Ahora, en este tiempo es muy importante ser valientes del Hijo de David, de Cristo, en este tiempo final, en donde Él se manifiesta como la raíz y el linaje de David, como la Estrella resplandeciente de la Mañana, como el Sol de Justicia naciendo para Su Iglesia y para el pueblo hebreo; porque “A los que temen mi Nombre, nacerá el Sol de Justicia, y en Sus alas traerá salvación”11, o sea, en los ministerios de Moisés y Elías.

También en el Apocalipsis Cristo fue visto con Su rostro como el sol: en Apocalipsis, capítulo 1, versos 12 al 18; y Apocalipsis, capítulo 10, verso 1 en adelante, ahí lo tenemos con Su rostro como el sol. Y también en el Monte de la Transfiguración lo tenemos transfigurado con Su rostro resplandeciendo como el sol12; porque el sol representa a Cristo como Rey de reyes y Señor de señores, porque el sol es el astro rey.

Y ahora, podemos ver que todo esto está bajo el Séptimo Sello, todo esto está escondido bajo el misterio del Séptimo Sello para este tiempo final; en donde también están los valientes del Hijo de David bajo ese mismo Séptimo Sello, los cuales estarán trabajando con Cristo y por Cristo en este tiempo final para la restauración de todas las cosas: para la restauración de la Iglesia del Señor Jesucristo a vida eterna, con un cuerpo eterno; y a la restauración de todo el poder divino a la Iglesia de Jesucristo y a cada miembro de la Iglesia de Jesucristo; y la restauración de cada miembro de la Iglesia de Jesucristo a la vida eterna con un cuerpo eterno, para estar todos a imagen y semejanza de nuestro amado Señor Jesucristo.

Y así ser restaurados a todo lo que perdió Adán y Eva en la caída; y ser restaurado también el pueblo hebreo como nación, con Cristo en medio del pueblo hebreo como Rey de reyes y Señor de señores reinando sobre el Trono de David; y así el Reino de Dios ser restaurado en este planeta Tierra, y estar durante el Reino Milenial de Cristo como estaban Adán y Eva antes de la caída.

Ahora, podemos ver que la restauración de todas las cosas está prometida en el libro de los Hechos, capítulo 3, versos 18 en adelante, donde dice:

“Pero Dios ha cumplido así lo que había antes anunciado por boca de todos sus profetas, que su Cristo había de padecer.

Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio,

y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado;

a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo”.

Ahora, vean ustedes, la Segunda Venida de Cristo está señalada para el tiempo de la restauración de todas las cosas, y nosotros estamos viviendo en el tiempo en que todas las cosas van a ser restauradas; y por eso es que Cristo en Espíritu Santo viene manifestado en Su Ángel Mensajero manifestando los ministerios de Moisés, de Jesús y de Elías, porque el ministerio de Elías es un ministerio para restaurar todas las cosas.

Vean, en San Mateo, capítulo 17, versos 10 en adelante, dice:

“Entonces sus discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Por qué, pues, dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero?

Respondiendo Jesús, les dijo: A la verdad, Elías viene primero, y restaurará todas las cosas.

Mas os digo que Elías ya vino, y no le conocieron, sino que hicieron con él todo lo que quisieron; así también el Hijo del Hombre padecerá de ellos.

Entonces los discípulos comprendieron que les había hablado de Juan el Bautista”.

El ministerio de Elías, vean ustedes, es un ministerio restaurador.

Viene en su tercera manifestación en Juan el Bautista para convertir o restaurar la fe de los padres a los hijos, o sea, la fe del pueblo hebreo a la fe cristiana.

Y en su cuarta manifestación viene para convertir el corazón de los hijos a la fe de los padres, los apóstoles, porque viene para restaurar la fe de la Iglesia del Señor Jesucristo a la fe apostólica.

Y en su quinta manifestación viene para restaurar el pueblo hebreo, restaurar el Reino de Dios en medio del pueblo hebreo, restaurar el Trono de David, restaurar el Reino de David, restaurar el Reino de Dios en este planeta Tierra; restaurar todas las cosas; restaurar también la Iglesia del Señor Jesucristo a la vida eterna, en un cuerpo eterno, y restaurar todo lo que perdió Adán y Eva a la Iglesia del Señor Jesucristo.

Vean que el ministerio de Elías es un ministerio restaurador.

Ahora vean también que es un ministerio que precursa las cosas que han de suceder: por medio de Juan el Bautista y por medio del profeta Elías.

Vean ustedes, por medio del profeta Elías precursó el que vendría después del profeta Elías, que fue Eliseo; encontramos también que por medio de Juan el Bautista precursó la Primera Venida de Cristo; luego por medio del reverendo William Branham precursó la Segunda Venida de Cristo; y luego, en el Día Postrero, encontramos que para el pueblo hebreo Elías en su quinta manifestación estará precursando todas las cosas que han de suceder, o sea, estará introduciendo todas las cosas que han de suceder en este tiempo final.

Por eso es que Elías en su quinta manifestación, para el pueblo hebreo será el que precursará todas las cosas y restaurará todas las cosas, y será el que precursará en medio del pueblo hebreo la Venida del Hijo del Hombre como Hijo del Hombre e Hijo de David; porque ese es un ministerio restaurador y también introductor de las cosas que Dios ha de hacer, por eso viene profetizando todas las cosas que deben suceder pronto.

Y el pueblo hebreo, cuando lo vea, dirá: “Ese es Elías, al que nosotros estamos esperando”; por lo tanto, el Mesías tiene que estar ya sobre la Tierra en algún lugar, porque ya está el profeta Elías aquí en la Tierra.

Ellos también verán a Moisés y ellos también verán a Jesús, al Mesías, y ellos verán todas estas cosas manifestadas en el Día Postrero cuando Dios complete el número de los escogidos de entre los gentiles, y resucite a los muertos en Cristo, y transforme a todos los que están vivos en este Día Postrero, en que estarán en la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino siendo preparados para ser transformados y raptados.

Estarán escuchando la Gran Voz de Trompeta, que es la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino, y estarán viendo la Venida del Reino de Dios con el Hijo del Hombre viniendo en Su Reino con Sus Ángeles; todo eso lo estarán viendo los escogidos de Dios en el Día Postrero.

Estarán viendo la manifestación del Hijo del Hombre resplandeciendo como el relámpago en el occidente, o sea, en el continente americano; lo estarán viendo manifestado en el occidente, en la América Latina y el Caribe; y estarán viendo a Jesucristo en Espíritu Santo manifestado en Su Ángel Mensajero operando los ministerios de Elías por quinta ocasión, de Moisés por segunda ocasión y de Jesús por segunda ocasión.

Así estarán viendo la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles, manifestada Su Venida en carne humana en el Día Postrero; estarán viendo la Venida de la Palabra encarnada en un hombre de este tiempo final, que es el Ángel del Señor Jesucristo; estarán viendo el Séptimo Sello siendo cumplido aquí en la Tierra en el tiempo final; y por consiguiente estarán viendo la Venida del Hijo del Hombre e Hijo de David.

Y por consiguiente, estarán en la Tierra en la Edad de la Piedra Angular los valientes del Hijo de David que trabajarán con Él en el Programa de Dios para la restauración de todas las cosas: para la restauración de la Iglesia de Jesucristo a la vida eterna con un cuerpo eterno, la restauración de todo lo que perdió Adán y Eva siendo restaurado a la Iglesia de Jesucristo, la restauración también del pueblo hebreo, la restauración del Trono de David, la restauración del Reino de David; la restauración de todas las cosas prometidas para este Día Postrero, para el séptimo milenio.

¿Y dónde están los valientes del Hijo de David que en este tiempo final estarán trabajando con Jesucristo, el Hijo del Hombre e Hijo de David, manifestado en el Día Postrero? Pues aquí estamos, en la América Latina y el Caribe, trabajando como valientes del Hijo del Hombre e Hijo de David en este tiempo final.

Ha sido para mí un privilegio muy grande estar con ustedes en esta ocasión dándoles testimonio de “EL SÉPTIMO SELLO Y LOS VALIENTES DEL HIJO DE DAVID”.

Que las bendiciones de Jesucristo, el Hijo del Hombre e Hijo de David, nuestro Salvador, sean sobre cada uno de ustedes y sobre mí también; y pronto todos seamos transformados y raptados, y vayamos a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo; y estemos allí como reyes y sacerdotes con Cristo, en esa gran fiesta, y luego en el glorioso Reino Milenial de Cristo. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Dios les continúe bendiciendo a todos, y pasen todos muy buenas noches.

“EL SÉPTIMO SELLO Y LOS VALIENTES DEL HIJO DE DAVID”.

[Revisión diciembre 2018]

1 Isaías 7:14

2 1 Reyes 2:1-4

3 San Juan 7:42, Apocalipsis 22:16

4 San Lucas 1:32-33

5 San Lucas 3:23

6 San Juan 1:19-23

7 San Marcos 1:7, San Lucas 3:16, San Juan 1:24-27

8 San Juan 1:29-31

9 San Mateo 21:9, San Marcos 11:9-10

10 Rut 4:1-11

11 Malaquías 4:2

12 San Mateo 17:1-3

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