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Muy buenas noches, amables amigos y hermanos reunidos aquí en Rioverde. Es para mí una bendición y privilegio grande estar con ustedes para hablar con ustedes acerca del tema: “LAS GRANDES PROFECÍAS DE LA BIBLIA”, y ver cuáles son las grandes profecías correspondientes a este tiempo en el cual nosotros estamos viviendo, y qué hacer nosotros para entender esas grandes profecías, y qué hacer para recibir las grandes bendiciones de Dios que Él ha prometido para este tiempo final para todos Sus hijos que viven en este planeta Tierra.

Quiero leer en Apocalipsis, capítulo 1, verso 1 al 3, donde dice de la siguiente manera:

“La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan,

que ha dado testimonio de la palabra de Dios, y del testimonio de Jesucristo, y de todas las cosas que ha visto.

Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca”.

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

El libro del Apocalipsis contiene las grandes profecías de la Biblia; y por eso es que en el libro del Apocalipsis usted encuentra que profecías del Antiguo Testamento están también repetidas en el libro del Apocalipsis, porque el libro del Apocalipsis contiene en símbolos todas las profecías de todas las cosas que han de suceder. Por eso encontramos que dice:

“La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto…”.

O sea, las cosas que deben suceder están declaradas aquí, en este libro del Apocalipsis; y las cosas que Dios declara que han de suceder, ¿son qué?, profecías de Dios; Dios da las profecías, y aquí las profecías apocalípticas son dadas por Dios a través de Su Ángel Mensajero que Él envía. Dice:

“La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel…”.

Es por medio de Su Ángel Mensajero que Jesucristo da a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, las cuales están contenidas en el libro del Apocalipsis, en estos símbolos apocalípticos, los cuales deben ser comprendidos para poder entender las grandes profecías del tiempo final, las grandes profecías de la Biblia.

Ahora, dice:

“Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía…”.

Hay una bendición, una bienaventuranza grande en estar leyendo y estar escuchando las palabras de esta profecía apocalíptica que Jesucristo envía por medio de Su Ángel; y, vean ustedes, a Juan el apóstol le dio esta revelación apocalíptica en estos símbolos apocalípticos, y ahí están contenidas todas las cosas que han de suceder en este planeta Tierra.

¿Y quién es este Ángel que le dio a Juan el apóstol estas grandes profecías de las cosas que han de suceder? Los profetas son los que profetizan las cosas que han de suceder. Este Ángel es un profeta, el último profeta de Jesucristo; es un profeta dispensacional, el cual en espíritu le dio a Juan el libro de Apocalipsis, esta revelación apocalíptica de todas estas cosas que han de suceder de Cristo hacia acá, hasta este tiempo final.

Por eso es que encontramos que nos habla…, en este libro del Apocalipsis nos habla de la resurrección de los muertos, nos habla del glorioso Reino Milenial de Cristo, también nos habla de la Venida de Cristo; nos habla de las grandes profecías de la Biblia correspondientes al tiempo final, y también nos habla de las profecías de las cosas que iban a suceder en tiempos pasados, las cuales ya se cumplieron. Por eso encontraremos en el libro del Apocalipsis cosas habladas de las cuales también Jesucristo habló y habló también el profeta Daniel.

Por ejemplo, tenemos los diez reyes que le dan su poder y su autoridad a la bestia, de los cuales habla el profeta Daniel en el capítulo 2, verso 1 al 45, donde el rey Nabucodonosor vio una estatua, la cual representa el imperio de los gentiles; su cabeza era de oro, su pecho y sus brazos de plata, su vientre y sus muslos de bronce, sus piernas de hierro y sus pies de hierro y de barro cocido.

Esa estatua representa el reino de los gentiles, comenzando desde Nabucodonosor y terminando en el Día Postrero con el reino del anticristo.

La cabeza de oro representa el imperio babilónico por el rey Nabucodonosor, que era el rey de ese tiempo; luego el pecho y los brazos de plata representa el imperio medo-persa; luego el vientre y los muslos de bronce representa el imperio de Grecia, con Alejandro el Grande; luego, las piernas de hierro es el imperio romano; los pies de hierro y de barro cocido es el reino del anticristo, que está compuesto de diez reyes que le darán su poder y su autoridad a la bestia, pues son los pies de hierro y de barro cocido que tienen (esos pies) diez dedos, cinco dedos en cada pie.

Y ahora, vean ustedes cómo en el libro del Apocalipsis nos habla también de esto mismo que habló el profeta Daniel. ¿Por qué? Porque el libro del Apocalipsis contiene las grandes profecías de la Biblia; ahí están todas, condensadas en estos símbolos apocalípticos que dio el Ángel de Jesús al apóstol San Juan.

Este Ángel es un profeta, el profeta de la Dispensación del Reino, el cual ministró a Juan el apóstol estas grandes profecías de la Biblia; y aun sin venir todavía a esta Tierra en carne humana, ya estaba dándole a Juan el apóstol esta revelación de estas grandes cosas que han de suceder en este planeta Tierra, de las cuales ya muchas han sucedido de Cristo hacia acá, y ahora corresponde al cumplimiento de las profecías de la Biblia —contenidas también en el libro del Apocalipsis— correspondientes al Día Postrero.

Ahora, ¿cuál es el Día Postrero? El Día Postrero conforme a la Escritura es el séptimo milenio; porque “un día delante del Señor es como mil años, y mil años como un día”, nos dice el apóstol San Pedro en su segunda carta, capítulo 3, verso 8; y también el profeta Moisés en el Salmo 90 y verso 4 da testimonio de que un día delante del Señor es como mil años para nosotros los humanos.

Y ¿qué son, entonces, los días postreros? Porque, vean ustedes, el apóstol San Pablo hablando en su carta a los Hebreos, capítulo 1, verso 1 al 2, dice:

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,

en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo…”.

¿Cuándo? Dice “en estos postreros días”, y ya han transcurrido de Cristo hacia acá dos mil años aproximadamente; y San Pablo está diciendo que Dios habló por medio de Su Hijo en los postreros días y han transcurrido dos mil años aproximadamente.

¿Y cómo puede ser que sean los postreros días los días en que Cristo está predicando, y han transcurrido dos mil años de allá, de aquel tiempo hacia este tiempo? ¿Se equivocaría San Pablo en decir que aquellos eran los días postreros y en realidad no eran? San Pablo no se equivocó. Dentro de unos momentos veremos que San Pablo no se equivocó; eran los días postreros los días en que Jesucristo estaba predicando.

Y ahora, veamos lo que dice también el apóstol San Pedro acerca de los días postreros en el libro de los Hechos, capítulo 2, cuando 120 personas —incluyendo los apóstoles de Jesucristo y la virgen María y demás discípulos allegados a Jesucristo— estaban en el Día de Pentecostés esperando la Venida del Espíritu Santo; y el Día de Pentecostés vino el Espíritu Santo sobre 120 personas que estaban esperándolo allí (ya llevaban diez días allí esperando la Venida del Espíritu Santo); y fueron llenos del Espíritu Santo: un viento recio llenó toda la casa y fueron llenos del Espíritu de Dios; y allí nacieron de nuevo 120 personas1.

Cristo había hablado del nuevo nacimiento a Nicodemo2; dijo que era necesario nacer de nuevo, porque el que no naciera de nuevo no podía ver el Reino de Dios, el que no naciera del Agua y del Espíritu no entraría al Reino de Dios.

Y ahora, los discípulos de Jesucristo todavía no habían nacido de nuevo porque no había venido el Espíritu Santo sobre los discípulos de Jesucristo. Por eso Jesucristo dijo3: “Conviene que yo me vaya, para que pueda venir el Espíritu Santo; porque si yo no me voy, Él no puede venir”. ¿Y dónde estaba entonces el Espíritu Santo? Estaba dentro de Jesús.

Y ahora, vendría el Espíritu Santo luego de la partida de Cristo al Cielo, en donde Él se sentaría en el Trono de Dios en el Cielo para hacer intercesión por cada persona que tiene su nombre escrito en el Libro de la Vida del Cordero desde antes de la fundación del mundo.

Y ahora, estaban 120 personas creyentes en Cristo, que habían creído en el Sacrificio de Cristo, lo habían recibido como su Salvador, habían lavado sus pecados en la Sangre de Cristo, y ahora estaban en el Día de Pentecostés allá en el monte - allá en el aposento alto, en Jerusalén; estaban esperando la venida del Espíritu Santo, o sea, estaban esperando que viniera el Espíritu de Dios para que produjera en ellos el nuevo nacimiento.

Y llegó el Espíritu Santo el Día de Pentecostés y fueron llenos del Espíritu Santo, y nacieron de nuevo los primeros 120 creyentes en Jesucristo.

De ahí en adelante han nacido de nuevo millones de seres humanos que han creído en Cristo como su Salvador, lo han recibido en sus almas como su Salvador, han lavado sus pecados en la Sangre de Cristo y han recibido el Espíritu de Cristo; y por consiguiente han recibido el nuevo nacimiento, han nacido en el Reino de Dios, han entrado al Reino de Dios. Esa es la única forma de entrar al Reino de Dios.

Y ahora, las personas que estaban escuchando a estos 120 que habían recibido el Espíritu de Dios, los escuchaban hablar las maravillas de Dios y les entendían; les escuchaban en el propio idioma en que habían nacido todas esas otras personas que habían venido de otras naciones (aunque eran hebreos) y hablaban otros idiomas también; aunque también hablaban el hebreo, pero hablaban el idioma de la nación donde habían nacido; y ahora escuchan a estos 120 discípulos de Jesucristo llenos del Espíritu de Dios hablando las maravillas de Dios en otros idiomas. O sea que allí se estaban hablando unos cuantos idiomas por estos 120 que habían recibido el Espíritu de Cristo.

Y ahora, estas personas dicen4: “¿No son, todos estos que hablan, galileos? ¿Cómo les escuchamos nosotros hablar en nuestra propia lengua en la cual nosotros hemos nacido?”; y estaban maravillados de lo que allí estaba sucediendo porque estaban hablando las maravillas de Dios en otros idiomas. El Espíritu de Dios era el intérprete allí.

Y ahora, siempre que Dios está cumpliendo lo que Él prometió… Allí estaba cumpliendo la venida del Espíritu Santo, como Dios lo había prometido, pero nunca faltan los burladores cuando Dios está cumpliendo Sus promesas. Las promesas divinas siempre son cumplidas.

Hay un grupo que se burla de lo que Dios está haciendo y hay otro grupo que cree lo que Dios está haciendo. Lo importante es ser del grupo que cree lo que Dios está cumpliendo; y que otros se burlen, allá ellos.

Ellos obtendrán los resultados de eso, que será el juicio divino sobre ellos, la condenación eterna; o sea, serán quitados de existencia de sobre la faz de la Tierra, conforme a las Escrituras, dejarán de existir. Pero los que creen con toda su alma lo que Dios ha prometido tienen la promesa de vivir eternamente con Cristo, y eso es lo importante.

De nada le sirve a una persona vivir en este mundo, hacerse un hombre importante o una mujer importante y ser una persona rica en bienes materiales, y después perder su alma5; de nada le sirve. La vida terrenal es temporal.

Ahora, lo importante es obtener la bendición de Dios, y obtener así la vida eterna para vivir por toda la eternidad con nuestro Dios, con nuestro Señor Jesucristo, en el Reino de Dios.

Cristo dijo6: “Buscad primeramente el Reino de Dios y Su justicia”. Eso es lo más importante para todo ser humano, aunque no todo ser humano lo comprende así; pero esa es la realidad, eso es lo más importante para todo ser humano.

Y ahora, cuando están allí burlándose algunos y diciendo: “Están llenos de mosto (o sea, están borrachos)”, Pedro se puso en pie, dice el libro de los Hechos, capítulo 2, verso 14 en adelante; dice:

“Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo: Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras.

Porque éstos no están ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera del día”.

O sea, de 8 a 9 de la mañana; esa es la hora tercera del día. La hora primera del día es de 6 a 7 de la mañana, la hora segunda del día es de 7 a 8 de la mañana y la hora tercera del día es de 8 a 9 de la mañana.

Y ahora, en esta hora tercera Pedro está predicando ese poderoso mensaje y dice:

“Mas esto es lo dicho por el profeta Joel…”.

Los llevó a las profecías correspondientes a ese tiempo dadas por el profeta Joel hacía muchísimos años7; y lo que Dios ha prometido, Él lo cumple en el tiempo señalado por Dios.

“Mas esto es lo dicho por el profeta Joel:

Y en los postreros días…”.

¿Cuándo? En los postreros días.

“Y en los postreros días, dice Dios,

Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne,

Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán;

Vuestros jóvenes verán visiones,

Y vuestros ancianos soñarán sueños;

Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días

Derramaré de mi Espíritu, y profetizarán”.

¿Para cuándo Dios dijo por medio del profeta Joel que derramaría de Su Espíritu sobre toda carne? Dijo que sería para los postreros días; y habían comenzado los postreros días desde que Cristo estaba en la Tierra. Cuando Cristo estuvo predicando ya se estaba viviendo en los postreros días, cuando recibieron el Espíritu Santo el Día de Pentecostés ya estaban en los postreros días también.

Y ahora, vean ustedes, ¿qué son, entonces, los postreros días?; pues Dios desde aquel tiempo está derramando de Su Espíritu sobre toda carne, sobre toda persona que cree en Cristo como su Salvador, se arrepiente de sus pecados, lava sus pecados en la Sangre de Cristo y recibe el Espíritu de Cristo.

Son millones de seres humanos los que han recibido el Espíritu de Cristo desde el Día de Pentecostés hacia acá. ¿Por qué? Porque desde el día de Jesús hacia acá estamos viviendo en los días postreros.

¿Y entonces qué son los días postreros, si ya van dos mil años y todavía no se han terminado los días postreros? Un día delante del Señor es como mil años, y mil años como un día. Un día delante de Dios, para los seres humanos son mil años.

Cuando Jesús tenía de 4 a 7 años de edad comenzó el quinto milenio, y ahí comenzaron los días postreros; porque los días postreros son los milenios postreros, que son el quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio.

¿Ven que no hay ninguna contradicción en la Biblia? Los días postreros ya habían comenzado cuando Jesús estaba predicando en la Tierra; y cuando recibieron el Espíritu Santo 120 personas, también ya estaban viviendo en los días postreros; y todavía estamos viviendo en los días postreros, porque son los milenios postreros: el quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio.

Si le añadimos al calendario los años de atraso que tiene, ya estamos en el séptimo milenio, que es el tercero de los tres días postreros; así como los tres días postreros de la semana nuestra son el quinto día (que es jueves), el sexto día (que es viernes) y el séptimo día (que es el sábado); así también los días postreros delante de Dios, para los seres humanos son el quinto milenio, el sexto milenio y el séptimo milenio.

Por eso es que todavía Dios está derramando de Su Espíritu sobre toda carne que se arrepiente y lo recibe como su Salvador; pero algún día dejará de derramar de Su Espíritu Santo sobre los gentiles, porque se cerrará la puerta de la misericordia cuando Cristo salga del Trono de Intercesión en el Cielo.

Ahora, todos los gentiles tienen que aprovechar este lapso de tiempo corto que queda todavía, en donde Dios todavía está derramando de Su Espíritu Santo sobre las personas que reciben a Cristo como su Salvador lavando sus pecados en la Sangre de Cristo; y así se efectúa en la persona el nuevo nacimiento del cual habló Cristo a Nicodemo, y así la persona obtiene un cuerpo teofánico de la sexta dimensión; y si muere la persona físicamente, va a vivir al Paraíso (que es la sexta dimensión) en ese cuerpo teofánico.

Y para el Día Postrero hay una profecía muy grande, dada por nuestro amado Señor Jesucristo, y se encuentra en San Juan, capítulo 6, versos 39 al 40, y dice de la siguiente manera:

“Y ésta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero”.

¿Para cuándo Cristo ha prometido efectuar la resurrección de aquellos que el Padre le ha dado? Dice que será ¿para qué día? Para el Día Postrero:

“… sino que lo resucite en el día postrero.

Y ésta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquél que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero”.

¿Cuándo? “… en el día postrero” será que Él resucitará a todos los creyentes en Él que han partido; y los que estamos vivos seremos transformados cuando los muertos en Cristo resuciten en el Día Postrero.

¿Y cuál es el Día Postrero delante de Dios? Ese es el séptimo milenio para los seres humanos, que es el tercer milenio de los tres milenios postreros. El tercero de los milenios postreros es el Día Postrero delante de Dios, pero para nosotros es mil años, un milenio.

Ese es el Milenio de cual habla Cristo aquí; es llamado también en otras Escrituras el Día del Señor o Día de Jehová.

Ese es el tiempo en el cual Cristo estará llamando y juntando a Sus últimos escogidos con la Gran Voz de Trompeta, y los estará juntando en Su Cuerpo Místico de creyentes, que es Su Iglesia, y estará preparándolos para ser transformados y raptados en este tiempo final; pues dice la Escritura que a la Final Trompeta será la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de nosotros los que vivimos.

San Pablo hablando en Primera de Corintios, capítulo 15, verso 49 en adelante, dice:

“Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial (o sea, que seremos a imagen y semejanza de nuestro amado Señor Jesucristo, que es el segundo Adán).

Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción (o sea, no podemos continuar viviendo por toda la eternidad con este cuerpo físico porque es mortal, corruptible y temporal).

He aquí, os digo un misterio (es uno de los grandes misterios de Dios; dice): No todos dormiremos (o sea, no todos vamos a morir); pero todos seremos transformados…”.

O sea que todos vamos a tener un cuerpo eterno, todos los creyentes en nuestro amado Señor Jesucristo que hemos lavado nuestros pecados en la Sangre de Cristo y hemos recibido Su Espíritu Santo, y por consiguiente hemos recibido el nuevo nacimiento. Y ahora, dice:

“… en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta…”.

Este es uno de los misterios del Reino de Dios, dice San Pablo. Esa Trompeta Final que suena en el Día Postrero, vamos a ver a través de la Escritura qué es esa Trompeta Final; porque dice:

“… porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados.

Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad.

Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria”.

De ahí en adelante no habrá más muerte para los hijos e hijas de Dios, porque ya estaremos con un cuerpo eterno, un cuerpo glorificado, igual al de nuestro amado Señor Jesucristo.

Ahora, esta resurrección para los muertos en Cristo es para el Día Postrero, como dijo Jesús en San Juan, capítulo 6, versos 39 al 40, y por consiguiente esta Trompeta Final es también para el Día Postrero, que es el séptimo milenio; y la transformación de nosotros los que vivimos —que es después que los muertos en Cristo resuciten— es también para el Día Postrero, o sea, el séptimo milenio.

Ahora, ¿en qué año? Esperen a que ocurra la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de nosotros los que vivimos, y entonces veremos en qué año del séptimo milenio se efectuaría esa resurrección de los muertos y la transformación de los vivos en Cristo.

Y ahora, es muy importante escuchar en el Día Postrero (o sea, en el séptimo milenio) esa Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta, porque esa Trompeta Final es la que llama y junta a todos los escogidos de Dios en el Día Postrero. Jesús dijo en San Mateo, capítulo 24, verso 31:

“Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos…”.

Esa Gran Voz de Trompeta es la que viene llamando y juntando a todos los escogidos de Dios antes de la resurrección de los muertos y de la transformación de nosotros los que vivimos; viene llamando y juntando a los escogidos de Dios ¿para qué? Para darles la fe para ser transformados y raptados en este tiempo final.

Y ahora, ¿qué es esa Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta? Veamos en Apocalipsis, capítulo 1 y verso 10 al 11, lo que dice San Juan que escuchó, y ahí veremos esa Gran Voz de Trompeta y veremos lo que es esa Gran Voz de Trompeta. Dice:

“Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta,

que decía: Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último”.

¿Quién es el Alfa y Omega?, ¿quién es el primero y el último? Nuestro amado Señor Jesucristo. Es la Voz de nuestro amado Señor Jesucristo dándonos Su Mensaje Final en el Día Postrero, o sea, en el séptimo milenio. Y Su Mensaje Final prometido a través de la Palabra de Dios para el pueblo de Dios es el Mensaje del Evangelio del Reino para la Dispensación del Reino, que es la dispensación que corresponde al séptimo milenio. Es la Voz de Cristo hablándole a Su pueblo, a Sus hijos, en el Día Postrero, o sea, en el séptimo milenio.

Y ahora, ¿qué cosas estará hablando Cristo a Su pueblo en el Día Postrero? En Apocalipsis, capítulo 4, encontramos nuevamente la Voz de Cristo como una trompeta hablando; dice Apocalipsis, capítulo 4, verso 1:

“Después de esto miré, y he aquí una puerta abierta en el cielo; y la primera voz que oí, como de trompeta, hablando conmigo, dijo: Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de éstas”.

La Voz de Cristo, esa Gran Voz de Trompeta, promete darnos a conocer todas las cosas que han de suceder después de las que ya han sucedido durante las siete etapas de la Iglesia gentil.

Aquí tenemos un diagrama de la Iglesia de Jesucristo, en donde podemos ver las diferentes etapas por las cuales ha pasado la Iglesia de Jesucristo de edad en edad.

Tenemos en la parte más baja el tiempo los apóstoles.

Luego tenemos la primera edad de la Iglesia gentil, que se cumplió en Asia Menor, y su mensajero fue el apóstol San Pablo, el apóstol a los gentiles.

Luego tenemos la segunda etapa entre los gentiles de la Iglesia de Jesucristo, la cual se cumplió en Francia, y su mensajero fue Ireneo.

Luego tenemos la tercera etapa de la Iglesia de Jesucristo entre los gentiles, la cual se cumplió en Francia y en Hungría, y su mensajero fue Martín.

Luego tenemos la cuarta etapa de la Iglesia de Jesucristo entre los gentiles, la cual se cumplió en Irlanda y en Escocia, y su mensajero fue Colombo.

Luego tenemos la quinta etapa de la Iglesia de Jesucristo, la cual se cumplió en Alemania, y su mensajero fue Lutero.

Luego tenemos la sexta etapa de la Iglesia de Jesucristo entre los gentiles, la cual se cumplió en Inglaterra, y su mensajero fue Wesley.

Luego tenemos la séptima etapa de la Iglesia de Jesucristo, la cual se cumplió en Norteamérica, y su mensajero fue el reverendo William Branham.

Encontramos que la Iglesia durante estas siete etapas ha tenido tres grandes territorios, tres territorios importantes, donde se han cumplido estas siete etapas de la Iglesia de Jesucristo: el primero fue Asia Menor, el segundo territorio fue Europa y el tercer territorio fue Norteamérica.

Y ahora, ¿dónde estará Jesucristo manifestado en el Día Postrero hablándole a Su Iglesia, a Su pueblo, y dándole a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto? El territorio corresponde a la Edad de la Piedra Angular, porque es en la Edad de la Piedra Angular donde Él estará hablándole a Su Iglesia y en donde Él dice: “Sube acá, y yo te mostraré las cosas que han de suceder después de estas”.

Así como habló por medio de cada mensajero que envió a Su Iglesia en las siete edades, en la Edad de la Piedra Angular estará hablando por medio de Su Ángel Mensajero todas estas cosas que deben suceder pronto, y el territorio es la América Latina y el Caribe.

Este es el territorio al cual Jesucristo envía Su Ángel para dar testimonio de todas estas cosas que deben suceder pronto; y así los hijos e hijas de Dios ser llamados y juntados, y obtener el conocimiento de todas estas cosas que deben suceder pronto, y así obtener el conocimiento de estos grandes misterios o estas grandes profecías de la Biblia que en este tiempo final se estarían cumpliendo.

Ahora, ¿por medio de quién nos estará hablando todas estas cosas? Dice Apocalipsis, capítulo 22, verso 16:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias”.

¿A quién ha enviado? A Su Ángel Mensajero. ¿Para qué? Para dar testimonio de estas cosas. ¿De qué cosas? De estas cosas que deben suceder pronto. Es un mensajero enviado por Jesucristo para todas las iglesias, para todas las naciones, para todos los seres humanos; y así, por medio de ese Ángel Mensajero viene la revelación divina de las grandes profecías bíblicas correspondientes al Día Postrero, que deben ser cumplidas en medio de los seres humanos.

Apocalipsis, capítulo 22, verso 6 en adelante, dice:

“Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto”.

¿A quién ha enviado para dar a conocer estas cosas que deben suceder pronto? Dice que ha enviado a Su Ángel Mensajero.

Toda persona que en el Día Postrero quiera saber, quiera conocer las cosas que deben suceder pronto, conforme a las grandes profecías de la Biblia, busca ese Ángel Mensajero y escucha a través de él Su Mensaje; porque con ese Mensaje él viene dando a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto; y así la persona obtiene el conocimiento de estas grandes profecías de la Biblia correspondientes a este tiempo final.

Ahora, hemos visto a quién envía Dios, a quién envía Jesucristo para dar testimonio de las grandes profecías de la Biblia que deben ser cumplidas en este tiempo final, y también de las que ya han sido cumplidas durante estos dos mil años que han transcurrido.

Y ahora, encontrar a ese Ángel es muy importante para los seres humanos, porque por medio de él es que se podrá obtener el conocimiento correcto de todas estas grandes profecías correspondientes al Día Postrero. De otra forma las personas estarán tratando de interpretar estas grandes profecías, tratando de adivinar el significado de ellas, cuando Jesucristo dice:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias”.

¿Para qué tratar de obtener una idea de lo que dicen las grandes profecías del Día Postrero cuando podemos obtener el verdadero conocimiento de estas grandes profecías del Día Postrero? ¿Cómo? Escuchando la Voz de Cristo, esa Gran Voz de Trompeta, que es la Voz de Cristo hablando en el Día Postrero por medio de Su Ángel Mensajero, que es el último profeta que Jesucristo envía a Su Iglesia para dar testimonio de todas estas cosas que deben suceder pronto en este planeta Tierra.

Y ahora, ¿dónde lo encontraremos?

¿Dónde encontramos los siete ángeles mensajeros de las siete edades? Los encontramos en la Iglesia del Señor Jesucristo en la edad que le tocó vivir a cada uno de ellos.

¿Y dónde encontraremos al Ángel de Jesucristo en el Día Postrero? Lo encontraremos en la Edad de la Piedra Angular, que es la edad que le toca a él para vivir en esa edad y traer la Palabra de Cristo para esa edad y dar a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, en este tiempo final.

Y ahora, ¿en qué territorio encontraremos a ese Ángel Mensajero? Así como encontramos a cada ángel mensajero en el territorio donde se cumplió la edad en que Dios los envió, así encontraremos al Ángel Mensajero de Jesucristo en la Edad de la Piedra Angular, en el territorio donde se esté cumpliendo la Edad de la Piedra Angular; y ese territorio es la América Latina y el Caribe.

Ahora, nos dice la Escritura que son bienaventurados los que leen y los que escuchan las palabras de esta profecía, ¿ven?

Este libro del Apocalipsis es la Palabra profética que fue dada a Juan el apóstol por el Ángel del Señor Jesucristo en esta forma simbólica; y él a la Iglesia de Jesucristo en el Día Postrero estará dándole a conocer el significado de esas profecías que están en símbolos aquí en el Apocalipsis, estará abriéndole esos misterios proféticos que encontramos en símbolos aquí en el libro del Apocalipsis; pues Él los dio a Juan el apóstol en símbolos, pero para el Día Postrero ese Ángel estará en carne humana manifestado, y por consiguiente estará hablándole al pueblo de Dios en la forma humana, y estará dándoles a conocer a todos los hijos e hijas de Dios todas estas cosas que deben suceder pronto, en el Día Postrero, en la Edad de la Piedra Angular; y les estará mostrando por medio del libro del Apocalipsis todas estas cosas, pues les estará abriendo estos misterios bíblicos del Apocalipsis y estará dándoles a conocer así estas grandes profecías bíblicas correspondientes a este tiempo final, las cuales están en el libro de Apocalipsis; porque el libro del Apocalipsis recoge todas las profecías del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento y las condensa en ese libro del Apocalipsis.

Y ahora, hemos visto que este Ángel Mensajero de Jesucristo viene dando testimonio de todas estas cosas que deben suceder pronto. La Voz de Cristo, esa Gran Voz de Trompeta, estará en él y estará hablando por medio de él; y así los hijos e hijas de Dios estarán escuchando la Voz de Cristo, esa Gran Voz de Trompeta, dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto.

Esa es la Gran Voz de Trompeta o Trompeta Final que San Pablo dice que sonará antes de la resurrección de los muertos en Cristo y de la transformación de nosotros los que vivimos. Esa es la Gran Voz de Trompeta que estarán escuchando todos los hijos de Dios, y así estarán obteniendo el conocimiento de todos estos grandes misterios contenidos en las grandes profecías bíblicas que corresponden a este tiempo final.

Y ahora, este Ángel Mensajero, siendo un profeta, es el profeta de la Dispensación del Reino (que es la séptima dispensación), y por consiguiente viene con el Mensaje de la Dispensación del Reino, que es el Mensaje del Evangelio del Reino; y por medio de ese mensajero Cristo estará hablando ese Mensaje del Evangelio del Reino; y ese Mensaje del Evangelio del Reino será la Voz de Cristo, esa Gran Voz de Trompeta, dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, en este tiempo final.

Es la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino revelándonos el misterio más grande de todos los misterios: el misterio de la Segunda Venida de Cristo con Sus Ángeles.

Ese es el misterio más grande de todos los misterios de la Biblia, prometido para ser cumplido y ser dado a conocer a todos los hijos de Dios en el Día Postrero; y Cristo por medio de Su Ángel Mensajero será el que estará dándonos a conocer el misterio de Su Venida en el Día Postrero.

La única esperanza que hay para la raza humana, para todo ser humano, es la Segunda Venida de Cristo; no hay otra esperanza para la raza humana. Con la Segunda Venida de Cristo es que los muertos en Cristo resucitarán en cuerpos eternos y nosotros los que vivimos seremos transformados.

En la parábola de las diez vírgenes encontramos que la única esperanza que había para las diez vírgenes era la Segunda Venida de Cristo; y las que tenían aceite se levantaron y prepararon sus lámparas, y las que no tenían aceite dijeron a las prudentes: “Dadnos de vuestro aceite; porque nuestras lámparas se apagan”. Las prudentes dijeron: “Id y comprad para vosotras aceite, para que no nos falte a nosotras y a ustedes también”.

Veamos lo que sucedió, en San Mateo 25, versos 10 al 13 (ahí tenemos el desenlace); dice:

“Pero mientras ellas iban a comprar, vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta”.

O sea que las vírgenes prudentes, las cuales son las personas que han creído en Cristo como su Salvador y han lavado sus pecados en la Sangre de Cristo y han recibido Su Espíritu, y por consiguiente han nacido de nuevo, son las personas que entrarán con Cristo a las Bodas del Cordero, y se cerrará la puerta de la misericordia y ya no habrá más oportunidad para salvación.

Luego vendrán también las vírgenes insensatas tocando la puerta y pidiendo que abran la puerta para entrar a las Bodas con Cristo, pero ya será demasiado tarde, y tendrán entonces que pasar por la gran tribulación, donde será el lloro y el crujir de dientes.

Y las vírgenes prudentes irán con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo, a la Casa de nuestro Padre celestial; y todos estaremos con el cuerpo nuevo, el cuerpo eterno, un cuerpo igual al de nuestro amado Señor Jesucristo, un cuerpo glorificado y eterno, el cual permanecerá joven por toda la eternidad, representando de 18 a 21 años por la toda la eternidad.

Ese será el cuerpo que tendrá cada hijo e hija de Dios redimido por la Sangre de nuestro amado Señor Jesucristo; ese es el cuerpo que recibiremos cuando seamos transformados y los muertos en Cristo hayan resucitado en cuerpos eternos; y así seremos todos iguales a Jesucristo, nuestro hermano mayor.

Él es nuestro hermano mayor. Él es el principio de esa Nueva Creación, de la Creación de Dios, conforme a Apocalipsis, capítulo 3 y verso 14.

Ahora, hemos estado viendo las principales grandes profecías de la Biblia. Vean ustedes, para el Día Postrero hemos estado viendo la profecía más grande de todas, que es la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles.

Cristo hablando de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles en San Mateo, capítulo 16, dijo de la siguiente manera…

Recuerden que los profetas del Antiguo Testamento hablaron, profetizaron de la Segunda Venida de Cristo, como también habían profetizado de la Primera Venida de Cristo; también los apóstoles profetizaron de la Segunda Venida de Cristo y el mismo Jesucristo habló de la Segunda Venida también.

Y ahora, vean cómo habló Cristo de la Venida del Hijo del Hombre en San Mateo, capítulo 16, versos 27 al 28, diciendo:

“Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras”.

O sea que este tiempo en el cual vivimos es el tiempo para la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles para dar el pago a cada persona.

Así que cada persona que vive en este planeta Tierra recibirá el pago que le corresponde. Si no ha servido a Cristo y no está sirviendo a Cristo, recibirá el pago de la gran tribulación, donde los juicios divinos serán derramados sobre la raza humana. Si es un creyente en Cristo nacido de nuevo, recibirá la transformación de su cuerpo en el Día Postrero; y si murió su cuerpo físico, será resucitado en un cuerpo eterno y glorioso, a imagen y semejanza de nuestro amado Señor Jesucristo.

Ahora, en el Monte de la Transfiguración Cristo llevó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, se transfiguró delante de ellos en el capítulo 17 de San Mateo, Su rostro resplandeció como el sol, Sus vestidos se hicieron resplandecientes como la luz, y aparecieron Moisés y Elías al lado del Señor (uno a cada lado) hablando con Él de Su partida a Jerusalén; porque la Venida del Reino de Dios es con Sus Ángeles, con Moisés y Elías; porque Cristo dijo que “el Hijo del Hombre vendrá con Sus Ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras”, y Sus Ángeles son Moisés y Elías.

Los ministerios de Moisés y Elías estarán repitiéndose en el Día Postrero, en la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles, que es la Venida del Hijo del Hombre en el Reino de Su Padre.

Y ahora, vean ustedes cómo allí en miniatura está todo lo que estará aconteciendo en el Día Postrero en la Venida del Reino de Dios, en cumplimiento a las grandes profecías bíblicas para el Día Postrero.

En San Mateo, capítulo 24, preguntan los discípulos de Jesucristo acerca de Su Venida; vean aquí, San Mateo 24, versos 1 al 3, dice:

“Cuando Jesús salió del templo y se iba, se acercaron sus discípulos para mostrarle los edificios del templo.

Respondiendo él, les dijo: ¿Veis todo esto? De cierto os digo, que no quedará aquí piedra sobre piedra, que no sea derribada.

Y estando él sentado en el monte de los Olivos, los discípulos se le acercaron aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?”.

Están pidiendo aquí la señal de la Venida del Hijo del Hombre y del fin del siglo, y también la señal de la destrucción de Jerusalén.

Luego Cristo dijo a Sus discípulos8: “Cuando ustedes vean a Jerusalén cercada de ejércitos, sepan que ha llegado su fin, ha llegado el tiempo de su destrucción”. Y dos o tres años antes del año 70, Jerusalén fue rodeada por el ejército romano del general romano Tito, el cual tuvo cercada a Jerusalén por algún tiempo (dos o tres años); y luego entró a Jerusalén, la destruyó, destruyó los edificios del templo, y no quedó piedra sobre piedra que no fue derribada, conforme a la profecía de nuestro amado Señor Jesucristo.

Luego encontramos que el pueblo hebreo de ahí en adelante fue pasando por graves persecuciones, porque ya no tenía templo dónde ofrecer el sacrificio por el pecado a Dios; y por consiguiente los pecados del pueblo hebreo eran vistos por Dios, porque ni tenía el sacrificio que ofrecían en el templo (ya no tenía templo), y el Sacrificio del Cordero de Dios, de Jesucristo, lo había rechazado; por lo tanto, los pecados del pueblo hebreo eran vistos por Dios, y la paga del pecado es muerte.

Y vean ustedes cómo el pueblo hebreo ha sido perseguido por estos dos mil años aproximadamente a muerte. ¿Por qué? Porque la paga del pecado es muerte; y por cuanto los pecados de ellos han estado siendo vistos por Dios, porque no tienen ni sacrificio ni templo, y tampoco tienen el Sacrificio de Cristo porque lo rechazaron, han tenido que estar pagando las consecuencias de estar al descubierto sus pecados ante la presencia de Dios.

Ahora, podemos ver cómo las profecías, las grandes profecías de la Biblia se cumplen, y no hay nadie que pueda impedir que se cumplan esas grandes profecías.

Y ahora, la profecía de la señal de Su Venida y del fin del siglo. En San Mateo, capítulo 24, versos 30 al 31, dice:

“Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria”.

Dice que en el cielo será mostrada la señal del Hijo del Hombre; y la Venida del Hijo del Hombre es con Sus Ángeles. Y ahora, como señal de la Venida del Hijo del Hombre a la Tierra, Dios mostrará en el cielo la señal de la Venida del Hijo del Hombre y será vista en el cielo la señal del Hijo del Hombre; dice:

“… y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria”.

En febrero 28 de 1963 fue tomada esta foto de esta nube, sobre los cielos de Arizona a 26 millas de altura, con un tamaño de 30 millas de ancho esta nube: a una altura donde no pueden formarse nubes porque no hay humedad y donde no viajan los aviones, y no estaban viajando aviones o cohetes tampoco por ese lugar en ese ese día; y por consiguiente fue una nube misteriosa, fue un misterio la aparición de esta nube.

Ahora, ¿cuál es el misterio de esta nube en el cielo, en febrero 28 de 1963? El precursor de la Segunda Venida de Cristo, el reverendo William Branham, norteamericano, dice acerca de esa nube [Los Sellos, pág. 469]:

“153. ¿Y notaron que dije que uno de esos ángeles era muy raro?”.

Se refiere a esta nube, porque esta nube está formada por ángeles, ángeles en sus cuerpos teofánicos, o sea, cuerpos de la sexta dimensión, de otra dimensión.

Estos ángeles son los siete ángeles mensajeros de las siete edades de la Iglesia gentil y otro Ángel que era diferente a los demás.

Aquí están los ángeles volando, y aquí está el Ángel que era diferente a los demás, y aquí están los otros ángeles de las siete edades de la Iglesia gentil; todos están en sus cuerpos teofánicos formando ahí el rostro del Señor.

Y ahora, continuamos leyendo lo que dijo el precursor de la Segunda Venida de Cristo. Dice:

“Estaban en una constelación con tres a cada lado y uno arriba; y el que estaba a mi lado, contando desde la izquierda hacia la derecha, ese sería el séptimo Ángel. Él era más brillante y significaba más para mí que los demás. Les dije que tenía el pecho así robusto y estaba volando hacia el Oriente. Les dije también que: ‘Me levantó, me alzó’”.

Ese Ángel que era diferente a los demás fue el que lo tomó de la Tierra y se lo llevó en cuerpo teofánico y lo colocó en esta nube, formada por ángeles de Dios, por los mensajeros de Dios.

“154. Ahora, ¡aquí está! Era el que tenía el Séptimo Sello, lo cual he mantenido como una pregunta en mi mente toda mi vida. Los otros Sellos significaron mucho para mí, desde luego; pero ustedes no se imaginan lo que ha significado este séptimo”.

Ahora, aquí tenemos ocho ángeles mensajeros de Dios: siete ángeles son los siete ángeles mensajeros de las siete edades de la Iglesia gentil y el otro Ángel (que era diferente a los demás) es Cristo en Su cuerpo teofánico, el cual tiene el Séptimo Sello.

Y para Él cumplir el Séptimo Sello, o sea, Su Venida aquí a la Tierra: venir con Sus Ángeles, venir con los ministerios de Moisés y Elías, y sonar la Gran Voz de Trompeta, y llamar y juntar a todos Sus escogidos, para eso…; así como los siete ángeles mensajeros de las siete edades (que aparecen aquí en sus cuerpos teofánicos) tuvieron que venir en carne humana a la Tierra en el tiempo asignado por Dios para ellos y a la edad asignada por Dios para ellos, y por medio de ellos estuvo manifestado Cristo, llamando y juntando a Sus escogidos en cada edad (como el Buen Pastor juntando Sus ovejas en el Redil de Dios, que es la Iglesia de Jesucristo); para el Séptimo Sello cumplirse, o sea, la Venida de Cristo cumplirse, ese Ángel que era diferente a los demás (el cual es Cristo, el Ángel Fuerte que desciende del Cielo en Apocalipsis, capítulo 10, verso 1 en adelante), para Él cumplir el Séptimo Sello, Él tiene que venir en carne humana en el Día Postrero, tiene que manifestarse en carne humana en el Día Postrero en un profeta.

Y el único profeta que hay para el Día Postrero es el profeta de la Dispensación del Reino y de la Edad de la Piedra Angular, que es el Ángel del Señor Jesucristo.

Dijo el precursor de la Segunda Venida de Cristo, hablando acerca también del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, que es la Venida de Cristo, Cristo viniendo, dice (en la página 277 dice):

“[240]. … pedimos que el Espíritu Santo venga ahora mismo, el Jinete del verdadero caballo blanco, mientras Su Espíritu, el Espíritu de Cristo, entre en confrontación con el anticristo, y Él llame los Suyos”.

¿Quién es el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19? Es el Espíritu Santo, Cristo en Espíritu Santo.

Y ahora, para cumplir Su Venida, para venir a Su Iglesia y en medio de Su Iglesia, ¿qué tiene que hacer Él en este tiempo final? Dice el precursor de la Segunda Venida de Cristo en la página 256 del libro de Los Sellos en español:

“121. Pero cuando nuestro Señor aparezca sobre la Tierra, Él vendrá sobre un caballo blanco como la nieve, y será completamente Emmanuel —la Palabra de Dios encarnada en un hombre”.

Será el Verbo, la Palabra encarnada en un hombre de este tiempo final; será la Palabra, el Verbo encarnado en el Ángel del Señor Jesucristo, a través del cual Cristo estará dándonos testimonio de todas estas cosas que deben suceder pronto, en este tiempo final.

Es por medio de Su Ángel Mensajero que Cristo nos da a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, en este tiempo final. Es por medio de Su Ángel Mensajero que Cristo nos da a conocer las grandes profecías de la Biblia correspondientes a este tiempo final; nos abre el misterio de esas grandes profecías y nos muestra así el cumplimiento de ellas a medida que van siendo cumplidas; y así vamos recibiendo las bendiciones de Cristo prometidas para este tiempo final.

Ahora, el territorio en el cual Cristo estará manifestado en Su Ángel Mensajero en el Día Postrero hemos dicho que es la América Latina y el Caribe, así como Cristo estuvo manifestado en las edades pasadas en el ángel mensajero de cada edad, en el territorio donde Dios envió a cada ángel mensajero de cada edad; y estuvo hablando por medio de cada uno de esos ángeles mensajeros.

Y ahora, es para los latinoamericanos y caribeños la bendición final de Jesucristo: la bendición correspondiente a la Edad de la Piedra Angular, en donde Cristo estará manifestado en Su Ángel Mensajero hablándonos con esa Gran Voz de Trompeta y dándonos a conocer todos estos misterios de las grandes profecías de la Biblia correspondientes a este tiempo final.

Y así estaremos obteniendo el conocimiento de las grandes profecías de la Biblia, y el significado y cumplimiento de estas grandes profecías de la Biblia, las cuales para el Día Postrero estarán siendo cumplidas, las que corresponden a este tiempo final.

Y la más grande de todas las profecías de la Biblia es la profecía de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles. Esa es la profecía de la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo; y esa profecía es para ser cumplida en el occidente, que es el continente americano.

En la América Latina y el Caribe, los latinoamericanos y caribeños estarán viendo la Venida de este Ángel que era diferente a los demás, la Venida del Ángel del Pacto, que es Jesucristo viniendo en Espíritu Santo manifestado en Su Ángel Mensajero y hablándonos todas estas cosas que deben suceder pronto; y así es como la Gran Voz de Trompeta o Trompeta Final, los escogidos de Dios estarán escuchándola en este tiempo final en la América Latina y el Caribe, y estarán siendo llamados y juntados y preparados para ser transformados y raptados en este tiempo final.

La bendición de Dios, la bendición de Cristo para el Día Postrero, cae en la América Latina y el Caribe, en donde se cumple la Edad de la Piedra Angular, que es la edad que representa el Lugar Santísimo del Templo que está en el Cielo; y fue representada esa edad en el lugar santísimo del templo que construyó Moisés y del templo que construyó Salomón.

¿Dónde estaba el lugar santísimo de ambos templos? Estaba en el occidente. ¿Y dónde está el Lugar Santísimo del Templo espiritual de Cristo? En el occidente, o sea, en la América Latina y el Caribe. Esa es la Edad de la Piedra Angular: la Edad del Lugar Santísimo del Templo espiritual de Cristo.

Ahora podemos ver en qué se basaba la sabiduría de Salomón: en que pudo construir un templo que representaba el Templo que está en el Cielo.

Y ahora, Cristo dijo9: “He aquí uno mayor que Salomón”. Y este mayor que Salomón, el cual es Cristo, ha estado construyendo un Templo espiritual, que es Su Iglesia; y con esa sabiduría divina con la cual fue construido el Templo que está en el Cielo, Cristo ha estado construyendo el Templo espiritual para Dios, el cual es Su Iglesia.

Y en este tiempo final está construyendo el Lugar Santísimo de este Templo espiritual, donde estará Dios manifestado en toda Su plenitud en este Día Postrero; así como estuvo manifestado en el tabernáculo de Moisés y templo de Salomón (¿dónde?) en el lugar santísimo de ambos templos; así como está manifestado en el Cielo, en el Templo que está en el Cielo (¿dónde?), en el Lugar Santísimo del Templo que está en el Cielo; allí está Su Trono.

Y ahora, en el Templo espiritual de Cristo Dios estará en toda Su plenitud manifestado en este Día Postrero; y ese es el lugar donde estará este Ángel que era diferente a los demás, manifestado en este tiempo final.

Este Ángel que era diferente a los demás —el cual es Cristo— vendrá a Su Iglesia, a Su Templo, en la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino manifestado en carne humana, en Su Ángel Mensajero, y estará dándonos a conocer por medio de Su Ángel Mensajero todas estas cosas que deben suceder pronto, en este tiempo final, y estará mostrándonos la bendición tan grande que nos ha dado a los latinoamericanos y caribeños en este Día Postrero.

Y esa bendición es para que la aprovechemos en este tiempo final; porque de un momento a otro se cierra la puerta de la misericordia, esa puerta que se cerró cuando las vírgenes prudentes entraron con el Esposo a las Bodas y luego se cerró la puerta.

No podemos esperar que se cierre la puerta para darnos cuenta de la bendición tan grande que nos ha dado Cristo a los latinoamericanos y caribeños en este Día Postrero.

Es en medio de los latinoamericanos y caribeños donde Cristo tendrá Su Ángel Mensajero, a través del cual estará Cristo hablándonos y dándonos a conocer todos estos grandes misterios de la Biblia, estas grandes profecías de la Biblia, correspondientes a este Día Postrero.

Vean ustedes, en la parábola del trigo y de la cizaña Cristo dijo: “Dejen el trigo y la cizaña juntos” (eso está en San Mateo, capítulo 13). “Dejen crecer juntos el trigo y la cizaña hasta el tiempo de la siega”, o sea, el tiempo de la cosecha. ¿Por qué? Porque al tiempo de la siega dirá el Hijo del Hombre: “Recoged la cizaña en manojos y atadla en manojos para ser quemada, y el trigo recogedlo en el granero”. La cizaña representa los hijos del malo y el trigo representa los hijos de Dios.

Y ahora, dice que para el tiempo de la cosecha, de la siega (que es el fin del siglo), es que Él enviará Sus Ángeles. Por lo tanto, la señal del fin del siglo es la presencia de los Ángeles del Hijo del Hombre, la presencia de los ministerios de Moisés y Elías manifestados en la Tierra en el Ángel del Señor Jesucristo, llamando y juntando a todos los escogidos de Dios, a todo el trigo de Dios, en este Día Postrero.

Esa es la señal de que hemos llegado al fin del siglo, así como la señal de la Venida del Hijo del Hombre en el cielo fue mostrada en febrero 28 de 1963: en una nube, ahí está el Hijo del Hombre, ahí está Cristo viniendo en una nube, como aparece también en Apocalipsis, capítulo 10, verso 1 en adelante, y San Mateo, capítulo 24, versos 30 en adelante.

Y ahora miren cómo se cumplió esta promesa, y no todas las personas que viven en el planeta Tierra conocen el cumplimiento de esta promesa; pero Cristo en Espíritu Santo viene en Su Ángel Mensajero manifestado dando testimonio de todas estas cosas, o sea, de todas estas grandes profecías de la Biblia siendo cumplidas en este tiempo final.

Por eso esta profecía de la Venida del Hijo del Hombre en una nube, aquí la tenemos cumplida, ya desde el 1963; así como la Venida del Mesías dos mil años atrás tuvo una señal en el cielo: la Estrella de Belén. ¿Cuántos vieron aquella estrella? Quizás algunas personas la vieron, ¿pero cuántos entendieron que esa era la señal de la Venida del Hijo del Hombre en medio del pueblo hebreo? Muy pocas personas.

Ni siquiera los sacerdotes de aquel tiempo comprendieron ese misterio, ni siquiera el sumo sacerdote comprendió que esa señal que estaba siendo vista en el cielo era la señal de la Primera Venida de Cristo, la señal del Hijo del Hombre siendo mostrada en el Cielo; porque de Jacob saldría una estrella, dice Números. El libro de Números habla de esa estrella que tenía que salir de Jacob.

Y ahora, vean ustedes cómo esa estrella de la cual habla Números 24, verso 17, salió de Jacob: fue vista en el cielo; y esa estrella representaba a Cristo en Su Primera Venida.

Estando la señal en el cielo ya manifestada, el Mesías también estaba ya en la Tierra. Por eso los magos buscaron al Mesías en la Tierra, porque la señal ya estaba (¿dónde?) en el cielo mostrada, mostrando que ya el Mesías estaba en la Tierra.

¿Y qué era la Venida del Mesías? Era la Venida del Verbo, la Palabra encarnada en un hombre nacido de una virgen llamada María, el cual nació en Belén de Judea.

Ahora vean, el misterio de la Venida del Señor es la Venida del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová, del Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, viniendo en un cuerpo de carne que nace en este planeta Tierra. Eso fue la Primera Venida de Cristo, cumplida en un niño que nació en Belén de Judea.

Ahora podemos ver lo que será también la Venida del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, de la cual habló el precursor de la Segunda Venida de Cristo diciendo:

“121. … cuando nuestro Señor aparezca sobre la Tierra, Él vendrá sobre un caballo blanco como la nieve, y será completamente Emmanuel —la Palabra de Dios encarnada en un hombre”.

Si encontramos ese velo de carne, encontraremos a Cristo manifestado en ese velo de carne; encontraremos al Ángel que era diferente a los demás viniendo en carne humana, manifestado en carne humana en el Día Postrero, hablándole a Su Iglesia con esa Gran Voz de Trompeta y mostrándole, revelándole a Su Iglesia estas grandes profecías de la Biblia correspondientes al Día Postrero; y esto es para la América Latina y el Caribe en este tiempo final.

Hemos visto en esta ocasión nuestro tema: “LAS GRANDES PROFECÍAS DE LA BIBLIA”.

Que las bendiciones de Cristo nuestro Salvador sean sobre ustedes y sobre mí también, y nos permita comprender que este Ángel de Jesucristo no es el Señor Jesucristo, sino que es solamente Su profeta mensajero, a través del cual Cristo estará hablándonos en este tiempo final; y no lo confundamos con Jesucristo, sino que entendamos que es el instrumento de Cristo para este tiempo final; pero no es el Señor Jesucristo.

Y que las bendiciones de Cristo habladas para este tiempo final por medio de Su Ángel Mensajero se materialicen en nuestras vidas y pronto todos seamos transformados y raptados; los escogidos que faltan por ser llamados: que en este tiempo escuchen la Voz de Cristo por medio de Su Ángel Mensajero y sean llamados y juntados, y se complete el número de los escogidos de Dios; y resuciten los muertos en Cristo en cuerpos eternos y nosotros los que vivimos seamos transformados, y todos seamos a imagen y semejanza de Cristo; y seamos llevados a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo en este Día Postrero. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Ha sido para mí un privilegio muy grande estar con ustedes en esta ocasión, dándoles testimonio de las profecías, de LAS GRANDES PROFECÍAS DE LA BIBLIA.

Que Dios les bendiga, que Dios le guarde, y pasen todos muy buenas noches.

Con nosotros nuevamente dejo al reverendo Miguel Bermúdez Marín para continuar y finalizar nuestra parte en esta noche. Con nosotros Miguel Bermúdez Marín.

Dios les bendiga.

“LAS GRANDES PROFECÍAS DE LA BIBLIA”.

[Revisión julio 2019]

1 Hechos 2

2 San Juan 3:3 (3:1-7)

3 San Juan 16:7

4 Hechos 2:7-8

5 San Mateo 16:26, San Marcos 8:35-38

6 San Mateo 6:33

7 Joel 2:28-32

8 San Lucas 21:20

9 San Mateo 12:42

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