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Muy buenas tardes, amados amigos y hermanos presentes. Es para mí un privilegio muy grande estar con ustedes en esta ocasión para compartir con ustedes la Palabra de Dios correspondiente a nuestro tiempo, y ver el tiempo que nos ha tocado vivir y las bendiciones que Dios tiene para este tiempo final para todos nosotros.

Para esta ocasión tenemos el tema: “LOS FRUTOS DEL NUEVO NACIMIENTO A LA LUZ DEL SÉPTIMO SELLO”.

Para lo cual quiero leer en San Juan, capítulo 15, versos 1 en adelante, donde nos dice de la siguiente manera:

“Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador.

Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto.

Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado.

Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.

Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.

El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden.

Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho.

En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos.

Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor.

Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor.

Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido.

Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado.

Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos.

Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando.

Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer.

No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé.

Esto os mando: Que os améis unos a otros”.

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Hemos tenido la lectura de estas hermosas palabras de Cristo hablándonos acerca de la vid verdadera y de los pámpanos, o sea, de las ramas; porque esta vid verdadera está representada en la vid de uvas que produce uvas; ¿pero dónde produce las uvas? En las ramas; las ramas son los pámpanos.

Y ahora, en esta parábola Cristo se representa y representa a Su Iglesia; Cristo representado en la vid verdadera y Su Iglesia representada en las ramas de esa vid, y así vienen a ser una sola cosa: la Vid Verdadera con Sus ramas produciendo el fruto para cada etapa, para cada edad.

Ahora, tenemos que comprender que la Iglesia del Señor Jesucristo contiene en su seno los hijos e hijas de Dios, los cuales como individuos son las ramas, y también son el fruto producido por la Iglesia como las ramas de la Vid Verdadera.

Ahora, vean cómo para la Vid Verdadera (que es Cristo) con Sus ramas (que es Su Iglesia), durante las diferentes etapas o edades estaría produciendo el fruto de hijos e hijas de Dios de edad en edad; y estaría llevando la Iglesia como Cuerpo Místico de creyentes el fruto del Espíritu de Dios, que es la creación de una nueva raza, la cual comienza con Cristo (el primero de esa Nueva Creación); y luego por medio de Cristo, el primero de esa Nueva Creación, ahora surgen los demás hijos e hijas de Dios, naciendo primeramente en el Reino de Dios, naciendo del Agua y del Espíritu, o sea, naciendo sus cuerpos teofánicos, siendo creados sus cuerpos teofánicos por Cristo; y luego, para el Día Postrero, será creado el cuerpo eterno para todos los hijos e hijas de Dios, para todos los miembros de esta Vid Verdadera con Sus ramas, para así todos estar a imagen y semejanza de nuestro amado Señor Jesucristo.

Ahora, la Vid Verdadera, vean ustedes, ha tenido durante las siete etapas o edades de la Iglesia gentil siete ramas que han producido hijos e hijas de Dios; y para este tiempo final surge del tronco de la Vid Verdadera, de la raíz y el linaje de David, una rama, un retoño que producirá los hijos e hijas de Dios del Día Postrero, de la Edad de la Piedra Angular, por medio del Espíritu de Cristo en Su Iglesia, produciendo así los hijos e hijas de Dios de la Edad de la Piedra Angular.

Ahora, vean cómo de esta rama, que viene directamente de las raíces, viene directamente del tronco, de la raíz y el linaje de David, de ahí vienen los hijos e hijas de Dios del Día Postrero obteniendo la bendición de Dios. Ese será el fruto que estará mostrando la Iglesia del Señor Jesucristo en el Día Postrero, en la Edad de la Piedra Angular: hijos e hijas de Dios (¿en qué rama?) en la rama de la Edad de la Piedra Angular; así como cada edad mostró su fruto: los hijos e hijas de Dios que tuvo cada rama en cada edad.

A cada rama se le puede poner un nombre, como un hombre que tenga en su hogar, en su casa, en su finca una vid, una planta de uvas, y diga: “Bueno, aquí esta planta, este tronco que está naciendo, va a tener mi nombre”. Y luego echa la primera rama y dice: “Esta tendrá el nombre de mi hijo mayor”; luego echa la segunda rama, dice: “Esta rama tendrá el nombre de mi segundo hijo”; luego echa la tercera rama y dice: “Esta rama tendrá el nombre de mi tercer hijo”; luego echa la cuarta rama ese tronco y dice: “Esta rama tendrá el nombre de mi cuarto hijo”; y luego, la quinta rama: “Esta tendrá el nombre de mi quinto hijo”; la sexta rama nace, dice: “Esta tendrá el nombre mi sexto hijo”; nace la séptima rama y dice: “Esta tendrá el nombre de mi séptimo hijo”.

Y cuando todas esas ramas gradualmente dan su fruto y surge una nueva rama, que no estaba esperada por la gente…, pero que el que sembró la vid dijo: “Y la última rama que tenga, la octava rama, le voy a poner el nombre de mi octavo hijo”; y cuando sale la octava rama, le pone el nombre de su octavo hijo. Y cuando ve esa vid y ve en sus ramas el fruto, ¿qué estará viendo en esa vid con sus frutos en las ramas? Estará viendo ahí sus nietos, sus hijos, o sea, los hijos que han venido por medio de esos ocho hijos que él ha tenido.

Y eso es lo que Cristo estará viendo, porque Cristo es la Vid Verdadera, y Sus hijos, Su Iglesia, son las ramas: la primera rama, la primera edad; la segunda rama, la segunda edad; y así por el estilo hasta llegar a la Edad de la Piedra Angular estas ramas gentiles. Pero, vean ustedes, en el tiempo final surge una del mismo tronco, y ahora esa rama es la que llevará el fruto del Día Postrero.

Y ahora, esas ramas que representan los hijos del dueño de esa vid, encontramos que representan... el fruto, ese fruto que produce esa vid, representa a los hijos que tendrían esos hijos del dueño de la vid.

Y ahora, vean ustedes cómo los hijos e hijas de Dios, los hijos de nuestro amado Señor Jesucristo por medio de la manifestación de Él a través de esas ramas, estaría produciendo el fruto: los hijos e hijas de Dios, en donde estaría la Vida de la Vid Verdadera, el Espíritu Santo, que es el Espíritu que estaba en Jesucristo; pasaría a esas ramas y de esas ramas pasaría al fruto, que son los hijos e hijas de Dios; y produciría así hijos e hijas de Dios nacidos de nuevo, nacidos en el Reino de Dios.

Por medio del nacimiento natural a través de papá y mamá, obtuvimos el nacimiento que nos permite vivir en esta Tierra una temporada en estos cuerpos mortales, para tener el tiempo necesario para hacer contacto con la Vida Eterna, con la Vid Verdadera; y venir a ser como individuos un fruto de esa Vid Verdadera, y también venir a ser nosotros personas representadas también en ramas de esa Vid Verdadera, para llevar como individuos el fruto de Cristo, el fruto de la Vid Verdadera, pasando a través de nosotros como individuos y produciendo ese buen fruto de Cristo por medio de la Vida de Cristo, del Espíritu de Cristo manifestado en nosotros como individuos.

Ahora, vean ustedes, el fruto de una vid, ¿dónde se ve? En las ramas; las ramas son los pámpanos. Se les llama “los pámpanos”, pero nosotros entendemos también en forma más sencilla “las ramas”.

En el Brasil le dicen los galhos. Para nosotros es difícil para entender eso, porque, como les he dicho en otras ocasiones, “galhos” para nosotros son ‘gallos de carne’, con plumas; los gallos son el esposo de la gallina; pero para los brasileros los pámpanos o ramas de la vid le llaman galhos también. Así que ellos lo entienden porque es la forma de ellos hablar, pero para los de habla hispana, vean ustedes, las ramas son los pámpanos de esta parábola.

Y es en las ramas donde el fruto es visto; es en la Iglesia del Señor Jesucristo, como las ramas de la Vid Verdadera, que el fruto de los hijos e hijas de Dios sería visto manifestado; serían vistos manifestados los hijos e hijas de Dios en las ramas de la Vid Verdadera, que es la Iglesia del Señor Jesucristo, que tendría el fruto de los hijos e hijas de Dios y estaría llevando a cabo la labor correspondiente a cada edad por medio de la vida de la Vid Verdadera, que es el Espíritu Santo manifestado en Su Iglesia de edad en edad, manifestado en el ángel mensajero; y de ahí se extiende y se manifiesta a todo el Cuerpo Místico de creyentes, y produce la vida de la Vid Verdadera.

Vean, no va a producir naranjas la Vid Verdadera, sino que produce uvas, porque es una planta de uvas; por lo tanto estará produciendo uvas para Dios.

También fue representada la Iglesia de Jesucristo en la planta de trigo. La Iglesia de Jesucristo representa la planta de trigo o está representada en la planta de trigo. Y vean ustedes, el fruto de la planta de trigo son los hijos e hijas de Dios, los granos de trigo, de los cuales Cristo hablando en una parábola dijo1: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere (ese grano de trigo es Jesucristo, el Hijo del Hombre)... si no cae en tierra y muere, él solo queda; pero si cae en tierra y muere, mucho fruto lleva (o sea, muchas personas)”: muchos hijos e hijas de Dios a imagen y semejanza de nuestro amado Señor Jesucristo, los cuales en el Día Postrero recibirán la labor de la cosecha y serán a imagen y semejanza de nuestro amado Señor Jesucristo: con un cuerpo teofánico eterno y con un cuerpo físico y glorificado y eterno para vivir por toda la eternidad con nuestro amado Señor Jesucristo.

Y ahora, como individuos nosotros también somos ramas o pámpanos de la Vid Verdadera para llevar el fruto correspondiente de Cristo a través de nosotros.

Y ahí, miren ustedes, por cuanto toda persona ha nacido en esta Tierra por medio de la unión de un hombre y de una mujer después de la caída del ser humano en el Huerto del Edén (exceptuando a nuestro amado Señor Jesucristo), encontramos que por esa causa hemos obtenido un cuerpo mortal, corruptible y temporal; porque fue contaminada la raza humana allá en el tiempo de Adán y Eva, fue contaminada con el pecado; y por cuanto fue contaminada así, la paga del pecado es muerte2; por lo tanto, toda persona que nace en la Tierra viene ya sentenciada a muerte, vive un tiempo aquí en la Tierra pero después muere la persona.

Miren, el más que vivió fue Matusalén, vivió 969 años3, pero después se murió; o sea, que no importa cuánto tiempo la persona pueda vivir aquí, aún está sentenciado a muerte.

Ahora, tenemos muy pocos casos de personas que no han visto muerte porque Dios se los llevó de esta dimensión a una dimensión donde no hay muerte. Enoc4 es uno, y el otro fue el profeta Elías5, que son tipo y figura de los escogidos de Dios del Día Postrero, los cuales no verán muerte sino que serán transformados y llevados a la Cena de las Bodas del Cordero, a la dimensión donde no hay muerte sino vida eterna.

Y ahora, podemos ver que los seres humanos al venir a esta Tierra vienen sentenciados a muerte por causa del pecado allá en el Huerto del Edén; porque la paga del pecado es muerte.

Y ahora, el ser humano también recibe un espíritu del mundo, de la quinta dimensión, y por consiguiente es inclinado el ser humano por ese espíritu hacia el mal; pero Cristo dijo que era necesario nacer de nuevo, le dijo así a Nicodemo, y Nicodemo se sorprendió y le pregunta a Cristo6: “¿Cómo puede hacerse esto? ¿Puede acaso el hombre, ya siendo viejo, entrar en el vientre de su madre y nacer de nuevo?”. Nicodemo no comprendía este misterio del nuevo nacimiento, y pensó que era naciendo de nuevo por medio de una mujer; pero Cristo le enseñó que era naciendo del Agua y del Espíritu, para poder entrar en el Reino de Dios.

Cuando la persona cree en Cristo como nuestro Salvador y lava sus pecados en la Sangre de Cristo y recibe Su Espíritu Santo, la persona ha nacido de nuevo; ha nacido de nuevo, y la promesa de Dios en el Antiguo Testamento (por medio del profeta Ezequiel y por medio del profeta Jeremías), de que Dios nos daría un nuevo espíritu y un nuevo corazón, se cumple; y Dios nos da un nuevo espíritu, un espíritu de la sexta dimensión, un espíritu teofánico, que es un cuerpo teofánico de la sexta dimensión; un cuerpo teofánico de la sexta dimensión, el cual es parecido al cuerpo físico pero de otra dimensión.

Ese es el cuerpo en donde los que parten habiendo creído en Cristo, y habiendo lavado sus pecados en la Sangre de Cristo, y habiendo recibido Su Espíritu Santo, las personas que parten van a vivir en ese cuerpo teofánico en la sexta dimensión, un cuerpo parecido a este pero de otra dimensión.

Esa es la clase de cuerpo en donde estaba Melquisedec cuando le apareció a Abraham y le dio pan y vino a Abraham, y Abraham pagó a Él sus diezmos; y por consiguiente Leví pagó los diezmos a Melquisedec estando en los lomos de Abraham y siendo el bisnieto de Abraham, aunque todavía no había nacido7.

En esa misma forma es que nosotros fuimos crucificados con Cristo aun sin haber venido a existencia nosotros en este planeta Tierra. Esto es porque estábamos ¿dónde? Estábamos en Cristo, y de Cristo nosotros hemos venido; de Él ha venido nuestra alma y nuestro espíritu, y de Él también vendrá nuestro cuerpo eterno que Él ha prometido para todos nosotros.

O sea que nosotros estábamos en Cristo desde antes de la fundación del mundo, así como el cuerpo físico nuestro estaba en nuestro padre terrenal; y antes de estar en nuestro padre terrenal en la forma de un gen o de un espermatozoide, ¿dónde estaba? Pues en los lomos de nuestro abuelo; y antes, pues en los lomos de nuestro bisabuelo; y así por el estilo, hasta que usted llega a Adán. Pero en Cristo nosotros estábamos desde antes de la fundación del mundo.

Dice la Escritura que Cristo fue crucificado desde antes de la fundación del mundo. ¿Y cómo puede ser esto? Vamos a ver aquí lo que nos dice San Pedro en su primera carta, versos 18 al 22 [capítulo 1], nos dice la forma en que hemos sido rescatados. Algo que es rescatado es algo que está perdido, y es rescatado para ser colocado en las manos de su dueño original, eso es ser redimido. Dice:

“… sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres (o sea, de nuestros padres terrenales), no con cosas corruptibles, como oro o plata,

sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación,

ya destinado desde antes de la fundación del mundo (¿Desde cuándo estaba destinado Cristo para ser crucificado? Desde antes de la fundación del mundo), pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros…”.

Vean, por amor a nosotros Cristo fue manifestado en los postreros tiempos, o sea, en los días finales delante de Dios, que son los milenios postreros; allá en el quinto milenio, que fue el primero de los días postreros delante de Dios, fue manifestado Cristo el Cordero de Dios y murió en la Cruz del Calvario, murió por amor a todos nosotros.

“… y mediante el cual creéis en Dios, quien le resucitó de los muertos y le ha dado gloria, para que vuestra fe y esperanza sean en Dios.

Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro;

siendo renacidos, no de simiente corruptible (o sea, siendo renacidos no por medio de la unión de un hombre y de una mujer, no por medio de simiente corruptible, no por medio de genes humanos), sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre.

Porque:

Toda carne es como hierba,

Y toda la gloria del hombre como flor de la hierba.

La hierba se seca, y la flor se cae;

Mas la palabra del Señor permanece para siempre.

Y esta es la palabra que por el evangelio os ha sido anunciada”.

Ahora podemos ver el por qué Cristo murió en la Cruz del Calvario: porque desde antes de la fundación del mundo ya Dios así lo destinó, lo predestinó.

Y ya Dios desde antes de la fundación del mundo nos conocía y nos predestinó, porque estábamos en Dios eternamente; y de Dios hemos venido para estar manifestados aquí en la Tierra: nuestra alma ha venido de Dios aunque haya tomado un espíritu del mundo y un cuerpo del mundo, un cuerpo mortal, corruptible y temporal; pero hemos venido así para hacer contacto con la Vida Eterna, con Cristo, y así obtener el nuevo nacimiento y así entrar en el Programa Divino de la nueva raza que Cristo está creando: una nueva raza con vida eterna, una nueva raza que reinará con Cristo por toda la eternidad, de la cual Cristo es la cabeza, es el primero.

Y ahora, podemos ver el por qué hemos llegado nosotros en este tiempo final y hemos sido llamados y juntados y colocados en el Cuerpo Místico de nuestro amado Señor Jesucristo, en la Vid Verdadera, como fruto de esa Vid Verdadera, que es el Cuerpo Místico de Cristo; y nosotros como individuos somos el fruto de esa Vid Verdadera, como parte de ese Cuerpo Místico de creyentes; y también nosotros como individuos somos ramas de la Vid Verdadera para llevar el fruto que corresponde a los hijos e hijas de Dios, o sea, a las personas que han nacido de nuevo, que han nacido en el Reino de Dios.

Por eso es que nos dice la Escritura que nos despojemos del viejo hombre y nos vistamos del nuevo hombre con sus hechos, y nos despojemos del viejo hombre con sus hechos.

Y para que tengamos un cuadro claro de lo que es el nuevo hombre y sus hechos, y de lo que es el viejo hombre y sus hechos, tenemos que leer lo que nos dice el apóstol San Pablo en su carta a los Gálatas (vamos a ver) y en su carta a los Efesios.

Vamos a ver Efesios, capítulo 4, verso 22, y capítulo 5… Vamos a ver ese pasaje primero. Capítulo 4, verso 12 en adelante (para no leer mucho), dice:

“… a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo,

hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo…”.

O sea, para que todos lleguemos a ser a imagen y semejanza de Cristo, para que todos lleguemos a ser personas con un cuerpo teofánico eterno y un cuerpo físico glorificado y eterno, como el de nuestro amado Señor Jesucristo, para que todos seamos hijos e hijas de Dios manifestados con el cuerpo nuevo y con el Espíritu Santo, el espíritu teofánico de la sexta dimensión manifestado dentro del cuerpo nuevo que hemos de tener; y así estaremos manifestados como hijos e hijas de Dios, estaremos adoptados.

“… para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error,

sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo,

de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.

Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente,

teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón;

los cuales, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza.

Mas vosotros no habéis aprendido así a Cristo,

si en verdad le habéis oído, y habéis sido por él enseñados, conforme a la verdad que está en Jesús.

En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos,

y renovaos en el espíritu de vuestra mente,

y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.

Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros.

Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo,

ni deis lugar al diablo.

El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad.

Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes.

Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.

Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia.

Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo”.

Ahora vamos al capítulo 5. Dice:

“Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados.

Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante.

Pero fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos;

ni palabras deshonestas, ni necedades, ni truhanerías, que no convienen, sino antes bien acciones de gracias.

Porque sabéis esto, que ningún fornicario, o inmundo, o avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios.

Nadie os engañe con palabras vanas, porque por estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia.

No seáis, pues, partícipes con ellos.

Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz

(porque el fruto del Espíritu es en toda bondad, justicia y verdad),

comprobando lo que es agradable al Señor.

Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas;

porque vergonzoso es aun hablar de lo que ellos hacen en secreto.

Mas todas las cosas, cuando son puestas en evidencia por la luz, son hechas manifiestas; porque la luz es lo que manifiesta todo.

Por lo cual dice:

Despiértate, tú que duermes,

Y levántate de los muertos,

Y te alumbrará Cristo.

Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios,

aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos.

Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor.

No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu,

hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones;

dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo”.

Aquí podemos ver lo que dice San Pablo para los miembros del Cuerpo Místico de Cristo, para cada uno como individuo; y podemos ver que somos…, dice: “… porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos”. Así Cristo dice que somos nosotros para Él.

Ahora, vamos a ir al libro o carta de San Pablo a los Gálatas y vamos a ver lo que él nos dice ahí en esa carta, en el capítulo 4 y en el capítulo 5… Capítulo 5 nos dice el apóstol San Pablo, verso 16 en adelante, dice:

“Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne.

Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis.

Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley.

Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia,

idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías,

envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios”.

Y ahora, dice:

“Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe,

mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.

Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.

Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu.

No nos hagamos vanagloriosos, irritándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros”.

Ahora, vean cómo nos dice aquí el apóstol San Pablo y vean también en Romanos, capítulo 8, del 1 al 13; y luego también encontramos en el capítulo 6, verso 6… Vamos al capítulo 8, del 1 al 13, dice:

“Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.

Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.

Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne;

para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.

Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu.

Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz.

Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden;

y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios.

Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él.

Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia.

Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros.

Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne;

porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis.

Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.

Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!

El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.

Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados”.

Aquí podemos ver la diferencia que hay entre los que viven conforme a la carne y los que viven conforme al Espíritu; podemos ver la diferencia que hay entre los que han nacido…, su nacimiento normal o natural por medio de papá y mamá, pero que no han recibido el nuevo nacimiento; porque el nuevo nacimiento se recibe por medio de creer en Cristo como nuestro Salvador y lavar nuestros pecados en la Sangre de Cristo y recibir Su Espíritu Santo, y así la persona queda justificada delante de Dios como si nunca antes hubiera pecado.

Y si alguno ha pecado: confiesa sus pecados a Cristo y echa sus pecados en la Sangre de Cristo, y desaparecen; porque en la trayectoria de nuestra vida terrenal algunas veces cometemos errores, algunas veces pecamos delante de Dios, pero está la Sangre de Cristo para confesar nuestros pecados a Cristo y ser echados nuestros pecados en la Sangre de Cristo y ser quitados de nosotros nuestros pecados; y seguir hacia adelante en la vida cristiana siendo justificados delante de Dios como si nunca antes hubiéramos pecado.

Por lo tanto, toda persona que vive en este planeta Tierra y ha creído en Cristo como su Salvador y ha lavado sus pecados en la Sangre de Cristo no tiene el deseo de pecar delante de Dios, aunque algunas veces puede cometer algunos errores y puede hasta cometer algún pecado delante de Dios, pero lo confiesa a Cristo y su pecado es quitado de él, son lavados sus pecados en la Sangre de Cristo; y sigue hacia adelante en la vida cristiana, sirviendo a nuestro amado Señor Jesucristo.

No es la intención de los hijos e hijas de Dios pecar, aunque algunas veces cometemos errores o pecados; nuestro deseo es vivir una vida agradable a nuestro amado Señor Jesucristo. Y por eso es que todo hijo e hija de Dios, teniendo a Jesucristo nuestro Salvador en el Lugar de Intercesión en el Cielo, está llamado a tener su vida arreglada todos los días y siempre revisar su vida para pedirle perdón a Cristo por todo error, falta o pecado que cometa en su vida diaria, para que así sea limpiada su falta o pecado con la Sangre de Cristo y pueda seguir hacia adelante recibiendo las bendiciones de Cristo.

Cuando Cristo salga del Trono que está en el Cielo, del Trono de Intercesión en el Cielo, ya de ahí en adelante no habrá oportunidad para ninguna persona limpiar sus pecados con la Sangre de Cristo, porque ya no habrá Sangre en el Lugar de Intercesión y tampoco Cristo estará en el Lugar de Intercesión haciendo intercesión por los pecados de las personas, por los pecados de los hijos e hijas de Dios, porque ya habrá hecho intercesión hasta por el último de los hijos de Dios que llegaría al Cuerpo Místico de Jesucristo.

Por eso en el capítulo 22, verso 11, dice, de Apocalipsis:

“El que es injusto, sea injusto todavía; y el que es inmundo, sea inmundo todavía; y el que es justo, practique la justicia todavía; y el que es santo, santifíquese todavía”.

Cuando Cristo salga del Trono de Intercesión en el Cielo, ya el que es injusto no tendrá oportunidad de ser justificado y ser quitados sus pecados con la Sangre de Cristo, porque ya no habrá Sangre en el asiento de misericordia en el Cielo.

Por eso es que tenemos que aprovechar nuestros días aquí en la Tierra y tener nuestras vidas arregladas con Cristo, para que así cuando Cristo salga del Trono de Intercesión no tengamos necesidad de ir a Cristo de nuevo para lavar nuestros pecados en la Sangre de Cristo, o pecados que hayamos cometido durante nuestra trayectoria, porque ya Él ya no estará allí para hacer intercesión por nosotros; pero cuando Cristo salga del Trono de Intercesión, ya habrá hecho intercesión por todos nosotros y ya todo estará arreglado; y ya para ese tiempo los muertos en Cristo resucitarán y nosotros los que vivimos seremos transformados; y ya no habrá más oportunidad o lugar de que fallemos delante de Cristo, no habrá más lugar a que cometamos errores o pequemos delante del Señor.

Es muy importante entender también este verso de Apocalipsis, capítulo 21, verso 27, donde dice, hablando de la Nueva Jerusalén dice:

“No entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero”.

Y por cuanto estamos inscritos o escritos en el Libro de la Vida del Cordero, Cristo vino dos mil años atrás como el Cordero de Dios y murió en la Cruz del Calvario para regresar a cada hijo e hija de Dios a Dios, o sea, para redimir a los hijos e hijas de Dios.

Redimir significa ‘volver al lugar original’. Y los hijos de Dios, ¿dónde estaban? En Dios. Por lo tanto, regresamos a Dios en el Día Postrero con un cuerpo teofánico eterno y con un cuerpo físico eterno también; y entonces veremos a Jesucristo en Su cuerpo glorificado, porque también nosotros estaremos en cuerpos glorificados y eternos para reinar con Cristo por mil años y luego por toda la eternidad; pero antes de eso estaremos en la Cena de las Bodas del Cordero vestidos de esa nueva vestidura, de ese nuevo cuerpo eterno y glorioso.

Así que vean ustedes la bendición tan grande que Cristo tiene para cada uno de ustedes y para mí también; por eso es tan importante estar llevando los frutos del nuevo nacimiento a la luz de nuestra edad y de nuestra dispensación, a la luz del Séptimo Sello. Estamos en el tiempo final para todos los hijos e hijas de Dios.

Ahora, la evidencia de una persona que ha nacido de nuevo, la evidencia de una persona que tiene el Espíritu de Cristo, vamos a ver cuál es la evidencia que dice el precursor de la Segunda Venida de Cristo que esa persona ha de tener. Vamos a buscar en el libro de Citas, página 136.

Nuestro hermano Branham, antes de Dios revelarle este misterio, él siempre decía que la evidencia del nuevo nacimiento, la evidencia de que una persona había recibido el Espíritu Santo, él decía que eran los frutos del Espíritu, o sea, estos frutos que están dados aquí en la Escritura; pero luego, cuando Dios le habló y le mostró claramente cuál era la evidencia de tener el Espíritu Santo, él dio a conocer esa evidencia cuál es; y en la página 136, el verso 1214, dice así (está hablando en “Preguntas y respuestas” del mes 8, día 23, del año 1964, en Jeffersonville, Indiana):

1214 - “Ahora, eso no es ninguna evidencia del Espíritu Santo (o sea, hablar en lenguas; ¿más bien es qué? Un don del Espíritu Santo). ¿Ven? Ustedes no pueden confiar en eso. No pueden confiar en el fruto del Espíritu, porque el primer fruto del Espíritu es el amor. Y los de ciencia cristiana ejercitan más amor que cualquier persona que yo conozco, y aún niegan a Jesucristo siendo divino. ¿Ven? ¡Hay sólo una evidencia del Espíritu Santo que conozco, y ésa es una fe genuina en la Palabra prometida de la hora!”.

Esa es la evidencia genuina de que una persona tiene el Espíritu Santo: es que tiene una fe genuina en la Palabra prometida de la hora; así ha sido de edad en edad.

Y ahora, en la página 130 del libro de Citas, verso 1163, dice (hablando en el mensaje “Cisternas rotas”, página 13, predicado en julio 26 de 1964), en este extracto dice:

1163 - “Un día el Señor en una visión me enderezó y Él dijo que la evidencia del Espíritu Santo era los que podían recibir la palabra, ni amor ni hablando en lenguas, sino que es recibiendo la Palabra”.

O sea, recibiendo la Palabra de su edad, de su tiempo.

Y en la página 131, verso 1172, dice en este extracto del mensaje “Futuro hogar” (página 30, predicado en el 1964), dice:

1172 - “Eso es lo que estábamos hablando el otro día - de la evidencia del Espíritu Santo. ¿Ven? La evidencia del Espíritu Santo es cuando usted puede recibir la Palabra, no algún sistema, sino que tiene un claro entendimiento”.

O sea, cuando usted recibe la Palabra de su edad, y obtiene así un claro entendimiento de su edad y el Mensaje correspondiente a su edad; porque es ahí donde Cristo llama y junta a Sus escogidos en cada edad: cuando por medio del mensajero de cada edad le da el Mensaje a cada edad y a las personas que vendrán a formar parte de esa edad; porque el nuevo nacimiento viene por medio de Cristo: “El que no nazca del Agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios”. La persona tiene que nacer de la Palabra y del Espíritu, creyendo la Palabra de su edad y recibiendo el Espíritu de Cristo para esa edad, el Espíritu de Cristo, el Espíritu Santo, y así obteniendo el nuevo nacimiento y obteniendo así un cuerpo teofánico de la sexta dimensión.

Cuando la persona ha nacido de nuevo, ha obtenido un cuerpo teofánico de la sexta dimensión y, por consiguiente, pertenece al Cuerpo Místico de Cristo; ya está manifestado como un hijo o una hija de Dios en el Cuerpo Místico de Jesucristo.

Esos son los que, si mueren, serán resucitados en cuerpos eternos; y si permanecen vivos y ocurre la resurrección de los muertos en Cristo y ya han entrado al Cuerpo Místico de Cristo, serán transformados en el Día Postrero. Y los muertos en Cristo no pueden resucitar hasta que entre hasta el último de los escogidos de Dios, los cuales tienen sus nombres escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, los cuales en el Día Postrero (los últimos que están escritos en el Libro de la Vida del Cordero del Cuerpo Místico de Cristo) entrarán al Cuerpo Místico de Cristo, obtendrán ahí el nuevo nacimiento, y así estarán sellados en el Cuerpo Místico de Cristo para, en el Día Postrero, el séptimo milenio, ver a los muertos en Cristo resucitados y ser transformados, obtener el cambio de cuerpo, o sea, la transformación de nuestros cuerpos mortales; y así obtener la inmortalidad teniendo - obteniendo un cuerpo eterno, en el cual viviremos por toda la eternidad.

Por eso es tan importante estar vestidos del nuevo hombre y despojados del viejo hombre, para así en el Día Postrero obtener nuestra transformación, la transformación del cuerpo físico. Primero obtenemos, con el nuevo nacimiento, la transformación interior, y después obtendremos la transformación exterior, la transformación del cuerpo exterior; primero obtenemos el nuevo cuerpo de la sexta dimensión, ese espíritu teofánico de la sexta dimensión, ese cuerpo interior, y luego obtendremos en el Día Postrero el cuerpo exterior, que es el cuerpo eterno y glorificado que Cristo nos dará a todos nosotros.

Por eso es que tenemos que pensar con la mente del nuevo cuerpo, del nuevo hombre, del hombre interior, que es creado conforme a la imagen de Cristo, o sea, conforme al cuerpo teofánico de Cristo; y tenemos que vivir la vida cristiana pensando con la mente de ese nuevo hombre interior, que siempre nos llevará y nos inclinará hacia Dios y Su Palabra.

Ahora, podemos ver que con la mente de Cristo, que es la mente del nuevo hombre interior, es que somos guiados en el Programa Divino y pensamos de acuerdo a las cosas de Dios, y somos guiados en la Palabra de Dios; porque para eso ha sido dado a cada uno de nosotros como individuos el Espíritu de Dios, ese cuerpo teofánico de la sexta dimensión: para guiarnos como individuos a toda justicia y a toda verdad.

“LOS FRUTOS DEL NUEVO NACIMIENTO A LA LUZ DEL SÉPTIMO SELLO”.

Ha sido para mí un privilegio muy grande estar con ustedes en esta ocasión dándoles testimonio de “LOS FRUTOS DEL NUEVO NACIMIENTO A LA LUZ DEL SÉPTIMO SELLO”.

En otras conferencias ustedes encontrarán también más información acerca del nuevo hombre y también de los frutos del nuevo hombre, también encontrarán información acerca del viejo hombre y los frutos del viejo hombre.

Ahora, nosotros deseamos estar llevando los frutos del nuevo hombre todos los días de nuestra vida, de ese nuevo hombre interior, que es el cuerpo teofánico, el cual tiene su mente, el cual piensa de acuerdo a la mente de Cristo; porque la mente de Cristo está manifestada ahí, en la mente de ese nuevo cuerpo teofánico de la sexta dimensión, que hemos obtenido por medio de creer en Cristo como nuestro Salvador, lavar nuestros pecados en la Sangre de Cristo y recibir Su Espíritu Santo, y así recibir el nuevo nacimiento.

Ha sido para mí una bendición grande darles testimonio de estas cosas correspondientes al nuevo hombre, correspondientes a LOS FRUTOS DEL NUEVO NACIMIENTO A LA LUZ DEL SÉPTIMO SELLO”.

Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, nuestro Salvador, sean sobre cada uno de ustedes y sobre mí también; y que los frutos del nuevo hombre sean manifestados en toda su plenitud en cada uno de ustedes y en mí también. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

“LOS FRUTOS DEL NUEVO NACIMIENTO A LA LUZ DEL SÉPTIMO SELLO”.

[Revisión noviembre 2018]

1 San Juan 12:24

2 Romanos 6:23

3 Génesis 5:27

4 Génesis 5:24

5 2 Reyes 2:11

6 San Juan 3:4-5

7 Hebreos 7:1-10

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