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Muy buenos días, amados hermanos y amigos presentes. Es para mí una bendición grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y ver el tiempo que estamos viviendo y la bendición tan grande que Dios tiene para cada uno de ustedes y para mí también, y la forma en que está establecido en la Palabra de Dios para obtener esa bendición de Dios.

Dice el Señor Jesucristo en San Mateo, capítulo 10, versos 16 al 23:

“He aquí, yo os envío como a ovejas en medio de lobos; sed, pues, prudentes como serpientes, y sencillos como palomas.

Y guardaos de los hombres, porque os entregarán a los concilios, y en sus sinagogas os azotarán;

y aun ante gobernadores y reyes seréis llevados por causa de mí, para testimonio a ellos y a los gentiles.

Mas cuando os entreguen, no os preocupéis por cómo o qué hablaréis; porque en aquella hora os será dado lo que habéis de hablar.

Porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre que habla en vosotros.

El hermano entregará a la muerte al hermano, y el padre al hijo; y los hijos se levantarán contra los padres, y los harán morir.

Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo.

Cuando os persigan en esta ciudad, huid a la otra; porque de cierto os digo, que no acabaréis de recorrer todas las ciudades de Israel, antes que venga el Hijo del Hombre”.

Que Dios bendiga Su Palabra en nuestras almas y bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Nuestro tema es: “PERSEVERANDO HASTA LA VICTORIA FINAL”.

Conforme a las Escrituras, Cristo nos dará la victoria y seremos nosotros a imagen y semejanza de nuestro amado Señor Jesucristo; pero Cristo señala que debemos perseverar hasta el fin, hasta que obtengamos esa victoria.

Si el cuerpo físico muere, no hay ningún problema, porque San Pablo dijo1: “Si nuestra casa terrestre se deshiciere (se deshiciera), tenemos un edificio no hecho de manos, el cual Dios ha preparado”, el cual es el cuerpo teofánico de la sexta dimensión, o sea, el cuerpo teofánico de la dimensión del Paraíso; en el cual la persona cuando parte de aquí —si es un creyente en Cristo— va a vivir en ese cuerpo teofánico (un cuerpo parecido a nuestro cuerpo terrenal, pero de otra dimensión), va a vivir en ese cuerpo al Paraíso; un cuerpo jovencito, en el cual no tendrá que ir a trabajar todos los días, no tendrá que madrugar para ir al trabajo, no tendrá que comer tampoco; ni se come, ni se duerme, ni se tienen las necesidades que se tienen aquí en la Tierra en estos cuerpos mortales. Es un cuerpo en el cual la persona que ha creído en Cristo como su Salvador y muere (su cuerpo físico) va a vivir en ese cuerpo al Paraíso, y espera allí hasta que ocurra la resurrección de los muertos en Cristo, que será en cuerpos eternos.

Ahora, en ese cuerpo teofánico las personas se comunican la una con la otra, las unas con las otras, hablan, y ni se cansan de estar allí en el Paraíso ni tienen los problemas que nosotros tenemos acá en la Tierra; pero ellos dicen que ellos van a tomar cuerpos de nuevo (el cual será un cuerpo eterno, un cuerpo glorificado, un cuerpo igual al del Señor Jesucristo), regresarán a esta Tierra, y entonces estarán con nosotros y comerán con nosotros; y cuando nosotros los veamos, nosotros vamos a ser transformados y vamos a tener también un nuevo cuerpo, un cuerpo eterno; y así hemos de obtener la victoria final.

Vean cómo San Pablo nos habla de esta victoria. En Primera de Corintios nos habla del…, en el capítulo 15, versos 42 en adelante, y dice:

“Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción”.

O sea, el cuerpo mortal que tenemos es corruptible y temporal; se siembra en ese cuerpo, pero luego resucitará en incorrupción, o sea, resucitará en un cuerpo eterno, un cuerpo glorificado, un nuevo cuerpo, un nuevo cuerpo igual al cuerpo del Señor Jesucristo.

“Se siembra en deshonra, resucitará en gloria; se siembra en debilidad, resucitará en poder.

Se siembra cuerpo animal (ese es el cuerpo que tenemos, cuerpo animal), resucitará cuerpo espiritual (o sea, un cuerpo glorificado y eterno como el del Señor Jesucristo). Hay cuerpo animal, y hay cuerpo espiritual.

Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante.

Mas lo espiritual no es primero, sino lo animal…”.

O sea, no es primero el cuerpo eterno para nosotros, sino el cuerpo animal, mortal, corruptible y temporal, que es el cuerpo que recibimos cuando hemos venido a esta Tierra por medio de papá y mamá; pero luego recibiremos el cuerpo espiritual, el cuerpo incorruptible, el cuerpo inmortal, el cual Cristo nos dará; porque ese es el cuerpo que les dará a todos los creyentes en Él que han lavado sus pecados en la Sangre de Cristo y han recibido Su Espíritu Santo; por lo cual han nacido de nuevo y pertenecen a una nueva raza, a una Nueva Creación, de la cual Jesucristo es el primero. Él es la cabeza de esa nueva raza.

Y ahora, es en el Día Postrero (que es el séptimo milenio) en el cual y para el cual Cristo ha prometido que va a resucitar a los muertos que han creído en Él. Dice en San Juan, capítulo 6, verso 39 al 40:

“Y ésta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero (¿Cuándo? En el Día Postrero; ahí va a ser la resurrección).

Y ésta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquél que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero”.

¿Cuándo dice Jesucristo que lo va a resucitar, al creyente en Él, al que ha creído en Él? En el Día Postrero.

Los creyentes en Cristo lo han recibido como su Salvador, han lavado sus pecados en la Sangre de Cristo y han recibido Su Espíritu Santo, y por consiguiente han recibido vida eterna. Ese es el momento en que la persona estando aquí en la Tierra recibe vida eterna, porque ha recibido el Espíritu de Cristo, y por consiguiente ha pasado (¿de qué?) de muerte a vida, como dice Jesucristo: En San Juan, capítulo 5, verso 24, dice:

“De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida”.

Ahora podemos ver también las palabras de Cristo el día en que resucitó a Lázaro. Aquí tenemos la historia, en el capítulo 11 de San Juan; vean ustedes, verso 21 en adelante (para no leer mucho) dice:

“Y Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto.

Mas también sé ahora que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo dará.

Jesús le dijo: Tu hermano resucitará.

Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero”.

Vean, esto es en el capítulo 11, en donde Marta está hablando con Jesús; y anteriormente, en el capítulo 6, ya Jesús había hablado acerca de la resurrección de los creyentes en Él, y dijo que sería para el Día Postrero. Y ahora Marta le está hablando a Jesús conforme a la enseñanza de Jesús; le dice:

“Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero (porque Jesús había enseñado que en el Día Postrero Él resucitaría a los creyentes en Él).

Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.

Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?

Le dijo (Marta): Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo”.

Ahora vean la fe sólida que tenía Marta en Jesús, la revelación grande que tenía Marta de quién era Jesús.

Y ahora, Cristo aquí en este pasaje va a resucitar a Lázaro, y esa resurrección de Lázaro va a ser tipo y figura de la resurrección de los muertos en Cristo en el Día Postrero; allí Cristo está colocando el tipo y figura de lo que Él ha de hacer en el Día Postrero.

El Día Postrero es el séptimo milenio; porque un día delante del Señor, para los seres humanos es un milenio. San Pedro en Segunda de Pedro, capítulo 3, verso 8, dice que no podemos ignorar esto; vean cómo dice. San Pedro nos dice en su segunda carta, capítulo 3, verso 8:

“Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día”.

Es algo que no se puede ignorar, porque si lo ignoramos nunca podemos saber cuáles son los días postreros y cuál es el Día Postrero delante de Dios.

Los días postreros delante de Dios, para los seres humanos son los milenios postreros, que son el quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio; y el Día Postrero delante de Dios es el séptimo milenio.

Cuando nuestro Señor Jesucristo tenía de 4 a 7 años de edad, comenzó el quinto milenio; y por consiguiente comenzaron los días postreros, porque comenzó el primero de los días postreros delante de Dios, que para los seres humanos fue el quinto milenio; luego vino el segundo de los días postreros, que fue para los seres humanos el sexto milenio; y luego viene el Día Postrero delante de Dios, que es el séptimo milenio.

El séptimo milenio es el Día Postrero delante de Dios y es también el día tercero de los tres días postreros delante de Dios.

Así como los tres días postreros de la semana son jueves, viernes y sábado (que son el quinto día, sexto día y séptimo día), así también delante de Dios los tres días postreros para los seres humanos son quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio.

El Día Postrero es el séptimo milenio. Es para el Día Postrero, para el séptimo milenio (que es el Día Postrero delante de Dios), que Cristo ha prometido la resurrección de los muertos en Cristo.

Por eso es que durante estos dos mil años que han transcurrido la resurrección de los creyentes en Cristo que han muerto no ha ocurrido, porque la promesa es que será realizada esa resurrección en el Día Postrero: “… y yo le resucitaré en el día postrero”; esa es la promesa de Cristo.

Ahora, ¿en qué año del Día Postrero? Pues esperemos a que ocurra esa resurrección y entonces veremos en qué año estaba señalada la resurrección para ser efectuada.

Ahora, si le añadimos al calendario los años de atraso que tiene, ya estamos en el séptimo milenio, y por consiguiente ya estamos en el Día Postrero; si no le añadimos al calendario los años de atraso que tiene, faltan muy pocos años para llegar al séptimo milenio.

Estamos en el 1998, falta algunos meses del año 1998, luego falta el año 1999, y luego el año 2000, y luego entramos al primer siglo del séptimo milenio; y así es como entraremos al siglo XXI dentro de muy pocos años, si no le añadimos al calendario los años de atraso que tiene.

¿Pero se le habrá atrasado a Dios Su calendario? Yo pienso que no; y si no se le ha atrasado a Dios Su calendario, entonces pensemos conforme a la realidad de la situación en que se encuentra el calendario de la raza humana, el cual se encuentra atrasado.

Añadiéndole al calendario los años de atraso que tiene, nos encontramos ya en el siglo XXI y nos encontramos ya en el séptimo milenio; nos encontramos en el primer siglo del séptimo milenio, o sea, el siglo XXI.

Y ahora, ¿para qué año será la resurrección de los muertos en Cristo? No sabemos en qué año, pero sí sabemos que es para el séptimo milenio, para el Día Postrero.

Y, miren ustedes, la Primera Venida de Cristo, Su ministerio, Su muerte y Su resurrección, en donde también resucitaron los santos del Antiguo Testamento conforme a San Mateo, capítulo 27, verso 51 al 53… Dice:

“Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron;

y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron;

y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él (o sea, ¿después de la resurrección de quién? De Jesucristo), vinieron a la santa ciudad (o sea, a Jerusalén), y aparecieron a muchos”.

Cuando Cristo resucitó, con Él resucitaron los santos del Antiguo Testamento. Eso ocurrió en el primero de los días postreros, o sea, en el quinto milenio; y eso ocurrió en el primer siglo del quinto milenio, en el primer siglo del primero de los días postreros.

Y ahora ya estamos en el primer siglo del séptimo milenio, estamos aquí vivos y viviendo en estos cuerpos mortales; pero hay una promesa en la Escritura, que dice que no todos dormiremos, o sea, que no todos vamos a morir; por lo tanto habrá en la Tierra un grupo de personas que no verá muerte, sino que cuando los muertos en Cristo resuciten, los que estamos vivos seremos transformados.

Vamos a ver dónde dice así. Vamos a continuar leyendo el pasaje de Primera de Corintios, capítulo 15, el cual estábamos leyendo al principio, y tuvimos una pausa ahí para leer otras Escrituras. Nos habíamos detenido ¿dónde? “Mas lo espiritual…”. En el verso 46 de Primera de Corintios, capítulo 15, nos habíamos detenido, donde dice:

“Mas lo espiritual no es primero, sino lo animal; luego lo espiritual”.

O sea, primero el cuerpo animal, mortal, corruptible y temporal (ese es el primer cuerpo que tenemos aquí en la Tierra); y luego vamos a tener el cuerpo espiritual, el cuerpo eterno, un cuerpo igual al cuerpo de nuestro amado Señor Jesucristo, un cuerpo inmortal, un cuerpo incorruptible, un cuerpo que permanecerá joven por toda la eternidad; permanecerá representando por toda la eternidad de 18 a 21 años de edad.

Y ahora, continuamos leyendo aquí; dice:

“El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo.

Cual el terrenal (o sea, cual Adán), tales también los terrenales; y cual el celestial, tales también los celestiales”.

Y ahora, para ser una persona celestial, la persona cree al Evangelio, cree en Cristo como su Salvador, lava sus pecados en Cristo, en la Sangre de Cristo, y recibe Su Espíritu; y así nace de nuevo, conforme a como Cristo le dijo a Nicodemo: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca de nuevo, no puede ver el Reino de Dios”. Eso está en San Juan, capítulo 3. Vamos a leerlo, dice, verso 3 en adelante:

“Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios (no lo puede entender).

Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?

Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios (no puede entrar al Cuerpo Místico de Cristo, a la Iglesia de Cristo, que es el Reino de Dios, Reino de los Cielos).

Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.

No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo”.

Y Cristo, vean ustedes, estableció que para entrar al Reino de Dios se requiere que la persona nazca de nuevo, creyendo en el Evangelio, creyendo en Cristo como nuestro Salvador, lavando nuestros pecados en la Sangre de Cristo y recibiendo Su Espíritu Santo, para así poder nacer del Espíritu de Cristo; y así obtener un cuerpo teofánico de la sexta dimensión, un cuerpo teofánico parecido a nuestro cuerpo terrenal pero de otra dimensión: de la sexta dimensión, que es el Paraíso.

En esa misma clase de cuerpo fue que Jesucristo apareció en el Antiguo Testamento como el Ángel del Pacto o Ángel de Jehová; le apareció a Moisés, le apareció a Abraham, le apareció a Jacob y así por el estilo a diferentes profetas y hombres de Dios.

Vean ustedes, a Abraham le apareció en una ocasión como Melquisedec; le dio pan y vino a Abraham, y Abraham pagó a Melquisedec los diezmos de todo. Ese era el mismo Dios en Su cuerpo teofánico, era Jesucristo en Su cuerpo teofánico.

Luego, en otra ocasión, el día antes de la destrucción de Sodoma y Gomorra, apareció Dios en un cuerpo visible, y apareció con Sus Arcángeles Gabriel y Miguel, y comieron con Abraham el día antes de la destrucción de Sodoma y de Gomorra. Y ese fue el tiempo del cual Cristo hizo referencia en San Juan, capítulo 8, donde dice (capítulo 8, verso 56 al 59, dice):

“Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó.

Entonces le dijeron los judíos: Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham?

Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy (y cuando dijo esto, está diciendo una verdad; pero no todos creen la verdad).

Tomaron entonces piedras para arrojárselas; pero Jesús se escondió y salió del templo; y atravesando por en medio de ellos, se fue”.

Vean, cuando les dice esa verdad tan grande, que antes que Abraham fuese Él era; porque Jesús… Miren, Juan dijo (el Bautista), hablando del que vendría después de Él, dice: “Después de mí viene uno mayor que yo, el cual es antes que yo (o sea, primero que yo)”, y venía después de Juan.

Y ahora, Jesús no solamente es antes que Juan el Bautista, sino que Él mismo dice que es antes que Abraham; y es antes que Abraham y también antes que Noé y antes que Enoc y antes que Set y antes que Adán también, porque Él es el Dios creador de los Cielos y la Tierra.

Vean, aquí en San Juan, capítulo 1, vamos a ver si es cierto que Jesús es antes que Adán también. Capítulo 1, verso 1 en adelante, dice:

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.

Éste era en el principio con Dios.

Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.

En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.

La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella.

Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan (o sea, Juan el Bautista).

Éste vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él.

No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz.

Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo”.

¿Cómo iba a venir a este mundo esa Luz verdadera? Dentro de unos momentos vamos a ver claramente cómo vendría esa Luz verdadera que alumbra a todo hombre, cómo vendría a este mundo. Dice:

“En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció.

A lo suyo vino (el pueblo hebreo), y los suyos no le recibieron.

Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;

los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón (o sea, no son engendrados por medio de un hombre y de una mujer, no son engendrados por medio de papá y mamá), sino de Dios”.

Por medio de creer en Cristo como nuestro Salvador, lavar nuestros pecados en la Sangre de Cristo y recibir Su Espíritu Santo; y así es como se nace de nuevo, así es como se nace como un hijo o una hija de Dios en el Reino de Dios, en el Cuerpo Místico de Cristo, que es la Iglesia del Señor Jesucristo. Sigue diciendo:

“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad”.

Y cuando el Verbo, que era con Dios y era Dios y es Dios, cuando se hizo carne, fue conocido por el nombre de Jesús.

Ese joven carpintero de Nazaret llamado Jesús era nada menos que el Verbo hecho carne. En Él, en ese velo de carne, en ese cuerpo de carne, estaba nada menos que el Creador de los Cielos y de la Tierra manifestado en toda Su plenitud; era la Divinidad manifestada en un cuerpo de carne humana; y por eso podía decir: “Antes que Abraham fuera, yo soy”. Él podía decir: “Abraham deseó ver mi día; lo vio, y se gozó”, pues comió Abraham con Jesucristo estando Él en Su cuerpo teofánico, antes de tomar el cuerpo físico, el cual nació de la virgen María.

Y ahora vean quién es nuestro amado Señor Jesucristo: es el Verbo que se hizo carne; y el Verbo es Dios, el Verbo es el Ángel del Pacto, el Verbo es el mismo Dios con Su cuerpo teofánico, en Su cuerpo teofánico, el cual luego tomó un cuerpo de carne humana nacido de la virgen María y habitó dentro de ese cuerpo de carne, y fue conocido como Jesús de Nazaret.

Y ahora, vean ustedes quién es nuestro amado Señor Jesucristo. San Pablo hablando acerca de Jesús dice en Hebreos, capítulo 1, versos del 1 al 3:

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,

en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo…”.

¿Por quién, por medio de quién hizo el universo? Dice que por medio de Su Hijo, por medio del cual habló en los postreros días.

Y vean ustedes, San Pablo está diciendo que Dios habló en los postreros días por medio de Su Hijo, por medio de Jesús, y ya han transcurrido dos mil años de Jesús hacia acá, y San Pablo dijo que aquellos eran los postreros días.

¿Y cómo puede ser posible que fueran los postreros días y ya han trascurrido dos mil años? Porque los postreros días delante de Dios, para los seres humanos son los tres milenios postreros, que son quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio; y en los días de Jesús, cuando Él estaba predicando, se estaba viviendo ya en el quinto milenio, que es el primero de los días postreros delante de Dios y para los seres humanos es el primero de los tres milenios postreros.

Por eso Dios habló por medio de Su Hijo en los postreros tiempos, o sea, en el quinto milenio, que fue el primero de los tres milenios postreros para los seres humanos. Sigue diciendo…

Vamos a ver esto del Día Postrero y de los días postreros en San Pedro, capítulo…, Primera de Pedro, capítulo 1; versos 19 al 21, dice (aquí nos muestra la forma en que hemos sido rescatados)… Capítulo 1, versos (vamos a ver) 18 al 21, dice (de Primera de Pedro):

“… sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata,

sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación,

ya destinado desde antes de la fundación del mundo…”.

¿Desde cuándo estaba destinado Cristo como el Cordero de Dios para morir en la Cruz del Calvario y rescatar a todos los hijos de Dios? Desde antes de la fundación del mundo. Y los que serían rescatados por la Sangre de Cristo están escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, ¿desde cuándo? Desde antes de la fundación del mundo.

“… pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros…”.

¿Manifestado cuándo? En los postreros tiempos, o sea, en los postreros días; manifestado en el quinto milenio, que fue el primero de los milenios postreros.

Allí fue manifestado el Cordero de Dios, el cual estaba destinado desde antes de la fundación del mundo para venir en carne humana y morir en la Cruz del Calvario, y rescatar a todos los hijos e hijas de Dios, que tienen sus nombres escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero; los cuales pasarían por este planeta Tierra, cada uno en su tiempo, en la edad en que Dios los enviaría, para vivir en estos cuerpos mortales y hacer contacto con la vida eterna y ese Programa de Cristo, ese Programa de Redención, para ser rescatados con el Sacrificio de Cristo y Su Sangre preciosa derramada en la Cruz del Calvario.

Y cuando recibimos a Cristo como nuestro Salvador y lavamos nuestros pecados en la Sangre de Cristo y recibimos Su Espíritu Santo, se hace efectivo en nosotros como individuos el Sacrificio de Cristo en la Cruz del Calvario. Mientras la persona no ha recibido a Cristo como su Salvador y ha lavado sus pecados en la Sangre de Cristo y recibido Su Espíritu Santo, el Sacrificio de Cristo todavía no es efectivo para el individuo; la persona permanece con sus pecados.

Y si no se arrepiente de sus pecados, creyendo en Cristo como nuestro Salvador y arrepintiéndose de sus pecados y lavando sus pecados en la Sangre de Cristo y recibiendo Su Espíritu Santo, la persona no obtiene la redención, no obtiene su salvación, para la cual Cristo vino y murió en la Cruz del Calvario; y por consiguiente la persona pierde el derecho a vivir eternamente en un cuerpo eterno que Cristo les dará a todos los que han creído en Él y han lavado sus pecados en la Sangre de Cristo y han recibido Su Espíritu en el tiempo que les ha tocado vivir.

La vida terrenal en estos cuerpos mortales es temporal, para que hagamos contacto con el Programa de Redención y obtengamos nuestra salvación, y se haga así efectivo el Sacrificio de Cristo en nuestras vidas.

Por eso, en este tiempo que nos ha tocado vivir en este planeta Tierra en estos cuerpos mortales, tenemos que aprovechar nuestro tiempo aquí recibiendo a Cristo como nuestro Salvador, lavando nuestros pecados en la Sangre de Cristo y recibiendo Su Espíritu Santo; y perseverando en Cristo Jesús Señor nuestro, sirviéndole todos los días de nuestra vida, hasta que lleguemos a la meta que Cristo ha señalado para todos nosotros en Su Programa de Redención, que es la redención también del cuerpo, lo cual es la transformación de nosotros los que vivimos y la resurrección de los muertos en Cristo en cuerpos eternos.

Ahí tenemos la meta divina para nosotros: es llegar a ser a imagen y semejanza de nuestro amado Señor Jesucristo, con un cuerpo teofánico eterno (el cual es el cuerpo teofánico que recibimos cuando nacimos de nuevo) y el cuerpo físico glorificado y eterno que recibiremos en el Día Postrero, o sea, en el séptimo milenio, cuando los muertos en Cristo resuciten en cuerpos eternos y nosotros los que vivimos seamos transformados.

Ahora, vean ustedes, para esto es que Cristo murió en la Cruz del Calvario. Dice:

“… ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros…”.

Y por amor a mí también, y por amor a todo ser humano que tiene su nombre escrito en el Libro de la Vida del Cordero.

“… y mediante el cual creéis en Dios, quien le resucitó de los muertos y le ha dado gloria, para que vuestra fe y esperanza sean en Dios”.

Y ahora, vean ustedes, dice:

“Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro;

siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre”.

Ahora vean la bendición tan grande que ha sido la Primera Venida de Cristo para todos los hijos e hijas de Dios.

Y vean ustedes lo que a continuación sigue diciendo San Pablo en Primera de Corintios, capítulo 15, verso 48 en adelante:

“Cual el terrenal, tales también los terrenales; y cual el celestial, tales también los celestiales.

Y así como hemos traído la imagen del terrenal…”.

O sea, hemos traído este cuerpo mortal, corruptible y temporal, como encontramos que la raza humana siempre ha estado teniendo, pero dice:

“Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial”.

Traeremos también la imagen de Cristo. Seremos a imagen y semejanza de nuestro amado Señor Jesucristo, iguales a Él, con un cuerpo como el de Él, un cuerpo glorificado, y un espíritu teofánico también eterno.

“Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción”.

O sea que no podemos vivir eternamente sin este cuerpo mortal corromperse (¿por qué?), porque este es un cuerpo mortal, temporal y corruptible. Por lo tanto la corrupción no hereda la incorrupción. Siendo un cuerpo corruptible, no puede permanecer por toda la eternidad sin corromperse.

“He aquí, os digo un misterio (este es un misterio grande del Reino de Dios; dice): No todos dormiremos; pero todos seremos transformados…”.

No todos vamos a morir. Habrá un grupo aquí en la Tierra que estará viviendo cuando los muertos en Cristo resuciten; y esas personas, siendo creyentes en Cristo y habiendo lavado sus pecados en la Sangre de Cristo y habiendo recibido Su Espíritu Santo, esas personas han nacido de nuevo y por lo tanto les corresponde en el Día Postrero ser transformados y así obtener el cuerpo eterno que Cristo ha prometido para los creyentes en Él; y entonces tendremos un cuerpo glorificado. Viene esa transformación para todos los hijos e hijas de Dios. Ahora, ¿cuándo? Dice:

“… en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados”.

Seremos cambiados en nuestros átomos; y entonces nuestros átomos de nuestro cuerpo terrenal, al ser cambiados, ya en el nuevo cuerpo no tendremos átomos que perecerán, sino átomos inmortales, que permanecerán por toda la eternidad; y por esa causa permaneceremos jóvenes por toda la eternidad.

¿Vieron el secreto de la fuente de la juventud? La Fuente de la Juventud es nuestro amado Señor Jesucristo. Él dijo: “Al que venciere” o “Al que tuviere sed, yo le daré de la Fuente del Agua de la Vida”. ¿La Fuente del Agua de qué vida? De la vida eterna; y Cristo es la Fuente del Agua de la vida eterna.

Él dijo: “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba”. ¿Hablando de qué estaba? Hablando del Espíritu que habían de recibir los creyentes en Él; pues dijo: “El que cree en mí, como dice la Escritura, ríos de agua viva correrán de su vientre” o “por su vientre”, hablando del Espíritu que recibirían los creyentes en Él.

Y ahora vean ustedes cómo para los creyentes en Él hay promesas de vida eterna; hay promesas que serán cumplidas en este tiempo final para obtener la inmortalidad física también.

Ya hemos obtenido la inmortalidad interior, porque Él dijo: “El que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá”. Él también dijo: “El que oye mis palabras, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, sino que pasó de muerte a vida”. Ya tiene vida eterna.

Antes de creer en Él, ¿dónde estaba? Estaba en muerte. Al creer en Él y recibir Su Espíritu Santo, ha pasado a vida eterna. “Mis palabras son Espíritu y son Vida”, dice el Señor, y “El que oye mis palabras, y cree al que me envió, tiene vida eterna”.

Y ahora, para el Día Postrero recibiremos vida eterna física también: recibiendo una transformación de nuestro cuerpo, y así tendremos un cuerpo igual al de nuestro amado Señor Jesucristo: un cuerpo celestial (no terrenal), un cuerpo glorificado, un cuerpo eterno, que permanecerá joven por toda la eternidad, representando por toda la eternidad de 18 a 21 años de edad.

Esto está prometido para el Día Postrero, en donde Cristo resucitará a los muertos en Cristo y transformará a los que estarán vivos en este tiempo final y habrán creído en Cristo como su Salvador y habrán lavado sus pecados en la Sangre de Cristo y habrán recibido Su Espíritu Santo; y por consiguiente han nacido de nuevo y están en el Reino de Dios, están en el Cuerpo Místico de Cristo como parte de ese Cuerpo Místico de Cristo, la parte que corresponde a este Día Postrero, a este tiempo final.

Ahora, dice que será “a la Final Trompeta; porque se tocará la Trompeta”. Vamos a ver cuál es y qué es esta Trompeta, porque es muy importante saber lo que es esta Trompeta para escuchar esta Gran Voz de Trompeta en este tiempo final; porque tenemos que escuchar la Trompeta correcta.

Dice San Pablo en el capítulo 14, verso 8, de Primera de Corintios:

“… si la trompeta diere sonido incierto, ¿quién se preparará para la batalla?”.

Y si esta Trompeta Final diere sonido incierto, ¿quién se preparará para ser transformado y raptado en este tiempo final? Nadie se podría preparar para ser transformado y raptado; nadie estaría esperando la transformación de su cuerpo si esta Trompeta Final no da el sonido cierto, o sea, el Mensaje correcto correspondiente al Día Postrero.

El Mensaje de la Trompeta Final, recuerden que es el Mensaje que estarán recibiendo todos los hijos e hijas de Dios del Día Postrero para poder ser transformados y raptados en este tiempo final.

Ahora vamos a ver lo que es está Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta. Dice… Primera de Tesalonicenses, capítulo 4, versos 13 en adelante, dice así:

“Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza”.

Pues los que no tienen esperanza son los que no han creído en Cristo como su Salvador, no han lavado sus pecados en la Sangre de Cristo, y cuando mueren, pues las personas piensan y creen que ya todo ha terminado y que la muerte es lo último del ser humano.

Pero para los creyentes en Cristo la muerte solamente es como acostarse a dormir para luego despertar más adelante, y despertar descansado y con una nueva visión y nuevo ánimo para continuar luchando en la vida; y para los que mueren siendo creyentes en Cristo, Jesucristo dice que no están muertos, sino que duermen.

Cuando Lázaro murió, Jesucristo dijo: “Lázaro nuestro amigo duerme”. Los discípulos, pensando que era que se había acostado a dormir, dijeron: “Si duerme, está bien. Está bien, pues ya él estaba enfermo y ahora ya puede dormir bien. Así que ya está sanado, fue sanado: está bien”.

Pero Jesucristo no les estaba hablando del dormir del sueño, sino que les estaba hablando del dormir de la muerte del cuerpo físico, lo cual para los creyentes en Cristo no es una muerte, sino un dormir del cuerpo; porque la persona sigue viviendo en otra dimensión: va a vivir al Paraíso, y allí permanece, viviendo en ese cuerpo hasta que Dios le dé el nuevo cuerpo físico y glorificado, en el cual vendrá a morar esa persona con el cuerpo teofánico que tiene de la sexta dimensión, y entrará dentro del cuerpo físico y eterno que Cristo le dará en el Día Postrero.

El ser humano, vean ustedes, es cuerpo físico, espíritu (que es otro cuerpo de otra dimensión) y es alma; y el alma es lo más importante del ser humano, porque el alma es lo que en realidad es la persona.

El cuerpo físico es una casa donde la persona vive por un tiempo señalado por Dios; y el espíritu es otra casa, es otro cuerpo de otra dimensión que tiene la persona dentro del cuerpo físico. Y cuando muere la persona, pues sigue viviendo con el otro cuerpo; va a vivir a otra dimensión.

Y ahora, vean aquí que los que creen en Cristo no están sin esperanza, sino que tienen la esperanza de ver pronto a sus seres queridos, a sus seres amados que han partido, porque regresarán en cuerpos nuevos y eternos y estarán con nosotros en este tiempo final.

Ellos no están muertos, sino que ellos viven en el Paraíso, que es otra dimensión, así como nosotros vivimos en esta dimensión terrenal de luz, tiempo y materia; y donde van a vivir los creyentes en Cristo cuando parten, cuando sus cuerpos físicos mueren, es el Paraíso, que es la sexta dimensión; y Dios está en la séptima dimensión.

Ahora sigue diciendo:

“Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él”.

¿Ven? Los creyentes en Él cuando mueren sus cuerpos físicos, no han muerto ellos sino solamente el cuerpo físico; por lo tanto ellos han dormido, ellos han dormido físicamente, pero están vivos en el Paraíso. Así que San Pablo dice:

“Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él.

Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor…”.

¿Para quiénes es la promesa de ser transformados y ser arrebatados en el Cielo para ir a la Cena de las Bodas del Cordero? Para los que estarán viviendo en la Tierra en el tiempo de la Venida del Señor. Dice:

“… que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron”.

O sea, no nos vamos a adelantar; no nos vamos a adelantar y a ser transformados e irnos a la Cena de las Bodas del Cordero sin los muertos en Cristo haber resucitado en cuerpos eternos y estar con nosotros aquí en la Tierra. Para ellos el cuerpo eterno viene primero, lo reciben ellos primero; y luego, cuando nosotros los veamos a ellos resucitados, nosotros seremos transformados y tendremos un cuerpo igual al de ellos también.

“Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero.

Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor”.

Cuando los muertos en Cristo resuciten, nosotros los veremos y nosotros seremos transformados.

Cuando eso ocurra, la Segunda Venida de Cristo estará cumplida en medio nuestro desde hace ya mucho tiempo; porque el mismo Señor descenderá del Cielo con Voz de Mando (que es Aclamación), Voz de Arcángel y Trompeta de Dios.

¿Y luego qué pasará? Los muertos en Cristo resucitarán primero en cuerpos eternos, luego nosotros los veremos y nosotros seremos transformados, y luego estaremos aquí de 30 a 40 días, y después nos iremos con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Cuando estemos con el cuerpo nuevo, entonces veremos a Jesucristo en Su cuerpo glorificado, porque también nosotros tendremos un cuerpo glorificado.

Y así como nosotros aquí en la Tierra nos vemos el uno al otro… ¿por qué? Porque estamos en la misma clase de cuerpo. No podemos estar viendo a los que están en el Paraíso porque ellos están en otra clase de cuerpo.

Y cuando nosotros seamos transformados y los muertos en Cristo hayan sido resucitados en cuerpos eternos, entonces estaremos en un cuerpo igual al de Jesucristo y entonces podemos ver a Jesucristo en Su cuerpo glorificado; pero antes no lo podemos ver, sino que estaremos viendo la manifestación de Jesucristo en Espíritu Santo por medio de Su Ángel Mensajero en este tiempo final.

Cristo, de edad en edad ha estado manifestado en este planeta Tierra a través de cada ángel mensajero de cada una de las edades de la Iglesia gentil. Jesucristo ha venido a Su Iglesia de edad en edad manifestado en carne humana en cada ángel mensajero: estuvo en San Pablo, en Ireneo, en Colombo, en Lutero, en Wesley y en el reverendo William Marrion Branham; y en este Día Postrero también estará manifestado en carne humana en Espíritu Santo.

Cristo en Espíritu Santo manifestado en carne humana, eso será el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová (que es Jesucristo), velado en carne humana, manifestado en carne humana, hablándonos en este tiempo final todas estas cosas que deben suceder pronto.

Ahora, vean, Cristo dijo en una ocasión2: “No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros”. Ahora, ¿cómo vendría? Vendría en Espíritu Santo. Y Él estaría en medio de Su Iglesia de edad en edad, pero las personas no podrían ver Su cuerpo físico, pues Él ascendió al Cielo en Su cuerpo físico y se sentó a la diestra de Dios, haciendo intercesión en el Cielo, en el Trono de Intercesión, que es el lugar de intercesión, el Trono de Intercesión allá en el Cielo.

Así como el templo que construyó Salomón y el templo que construyó Moisés: hubo un lugar llamado el lugar santísimo, donde estaba el arca del pacto; y sobre el arca del pacto estaba el propiciatorio, donde estaban los dos querubines de oro y donde estaba la presencia de Dios en esa luz llamada la Columna de Fuego o la Shekinah, y ahí estaba Dios manifestado; y ahí era a donde venía el sumo sacerdote una vez al año, el día 10 del mes séptimo de cada año (que era el día de la expiación), y venía con la sangre de la expiación del macho cabrío y colocaba sobre el propiciatorio (allí en el lugar santísimo) para la reconciliación del pueblo hebreo con Dios, lo cual se efectuaba cada año el día 10 de cada mes.

Si no se efectuaba esa labor en ese día, el pueblo hebreo no quedaba reconciliado con Dios y por consiguiente los pecados que había cometido el pueblo hebreo serían vistos por Dios; y la paga del pecado es muerte; por lo tanto vendrían los juicios divinos, y grandes desastres vendrían sobre el pueblo hebreo como nación.

Vean, cuando el templo de Israel fue destruido en el año 70 por el general romano Tito, encontramos que el continuo sacrificio que se efectuaba allí y el sacrificio de la expiación que se efectuaba el día 10 del mes séptimo de cada año fue quitado; ya no tenían el templo, no tenían el lugar santísimo, no tenían el arca del pacto allí en el templo y ya no tenían los sacrificios del macho cabrío el día 10 del mes séptimo, por lo tanto no tenían la sangre de la expiación para hacer intercesión por el pueblo hebreo, para el pueblo hebreo ser perdonado y ser reconciliado con Dios. Y por consiguiente el juicio divino ha estado cayendo sobre el pueblo hebreo por estos días postreros, o sea, por estos dos mil años aproximadamente de Cristo hacia acá.

Por eso es que durante todos estos años que han transcurrido, el pueblo hebreo por poco es exterminado de la faz de la Tierra; pero por la misericordia de Dios y promesa de Dios a Abraham, a Isaac, a Jacob y también a David, Dios ha acortado esos días de tribulaciones que han venido sobre el pueblo hebreo; porque de otra forma ninguna carne de los hijos de Israel sería salva, porque el pueblo hebreo hubiera desaparecido de la faz de la Tierra.

Pero por amor a los escogidos, por causa de los escogidos, aquellos días serían acortados3; y fueron acortados los días de tribulación sobre el pueblo hebreo, esos últimos momentos en donde Hitler, Mussolini y Stalin por poco exterminan el pueblo hebreo; pero por la misericordia de Dios a los padres Abraham, Isaac, Jacob, y también a David, encontramos que aquellos días de tribulación fueron acortados.

Y ahora encontramos que por causa de 144.000 escogidos de entre los hebreos fue acortada la persecución, la tribulación, que vino sobre el pueblo hebreo; y también por amor a los escogidos de Dios de entre los gentiles, de entre la Iglesia gentil, los días de tribulación que vinieron sobre la raza humana durante la Segunda Guerra Mundial, esos días fueron acordados; y nadie se explica cómo fue parada la Segunda Guerra Mundial.

Fue Dios el que detuvo esa guerra por amor a los escogidos de Dios del pueblo hebreo y también de Su Iglesia gentil, que para el Día Postrero tenían que estar aquí en la Tierra ¿para qué? Para estar escuchando la Gran Voz de Trompeta, esa Trompeta Final, llamando y juntando a todos los escogidos de Dios.

Cristo dijo en San Mateo, capítulo 24, verso 31: “Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos…”.

Los Ángeles son los ministerios de Moisés y Elías. Por eso en el Monte de la Transfiguración aparecieron allí Moisés y Elías. Esos son los Dos Olivos de Apocalipsis, capítulo 11, verso 3 en adelante, y Zacarías, capítulo 4, para ser manifestados estos Dos Olivos, estos Dos Ungidos, en el Día Postrero, y llamar y juntar a los escogidos de Dios con la Gran Voz de Trompeta.

Y ahora, ¿qué es esa Gran Voz de Trompeta en el Día Postrero llamando y juntando a los escogidos de Dios? Para que podamos comprender lo que es esa Gran Voz de Trompeta, leamos Apocalipsis, capítulo 1, verso 10 al 11, donde tenemos un claro entendimiento bíblico de lo que es esa Gran Voz de Trompeta. Dice:

“Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor (así dice Juan el apóstol. ¿En qué día estaba? En el Día del Señor, que es el séptimo milenio), y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta,

que decía: Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último”.

¿Quién es el Alfa y Omega?, ¿quién es el primero y el último? Nuestro amado Señor Jesucristo. Es la Voz de nuestro amado Señor Jesucristo en el Día Postrero, en el séptimo milenio, en el Día del Señor, hablándonos con esa Gran Voz de Trompeta.

Recuerden que no es una trompeta literal sino la Voz de Cristo, hablándonos con esa Gran Voz de Trompeta, o sea, con ese Mensaje dispensacional, con ese Mensaje urgente para todos los hijos e hijas de Dios.

Cristo viene manifestado en el Día Postrero, en la Edad de la Piedra Angular, con un Mensaje urgente para todos los hijos de Dios; porque hemos llegado al tiempo final, al Día Postrero, en donde los muertos en Cristo resucitarán en cuerpos eternos y nosotros seremos transformados; pero antes tenemos que estar escuchando la Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta, que es la Voz del Alfa y Omega, la Voz de nuestro amado Señor Jesucristo.

Y en Apocalipsis, capítulo 4, verso 1, nos dice Jesucristo: “Después de esto miré…”. Así Juan el apóstol dice lo que él vio; dice:

“Después de esto miré, y he aquí una puerta abierta en el cielo…”.

Cristo es esa Puerta abierta. Él dijo: “Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo”. Ahora dice:

“… y la primera voz que oí, como de trompeta…”.

Aquí tenemos nuevamente esa Voz como de trompeta; no es una trompeta, sino es la Voz de nuestro amado Señor Jesucristo en el Día Postrero.

“… y la primera voz que oí, como de trompeta, hablando conmigo, dijo: Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de éstas”.

Ahora, ¿dónde vamos a subir? ¿Tenemos que ir al Cielo para ir a escuchar la Voz de Cristo en el Cielo? ¿Y quién nos va a llevar allá? ¿Qué avión o qué cohete nos va a llevar allá para que vayamos a escuchar la Voz de Cristo en el Cielo?

“Sube acá…”.

Si estuviéramos viviendo en la primera edad, el llamado de Cristo era por medio de San Pablo para subir a la primera edad de la Iglesia gentil. Si era en la segunda edad nuestro tiempo de vivir en la Tierra, el llamado era en la segunda edad por medio de Ireneo para subir a la segunda edad, para escuchar la Voz de Cristo a través de Ireneo.

Si era en la tercera, era a través de Martín; si era en la cuarta, era a través de Colombo; si era en la quinta, era a través de Lutero; si era en la sexta, era a través de Wesley; si era en la séptima edad, era a través del reverendo William Branham. Y había que subir a la edad donde estaba Cristo manifestado en el mensajero de esa edad hablándole a Su pueblo.

Por eso dice: “El que tiene oído (el que tiene oídos), oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias”; porque el Espíritu, Jesucristo en Espíritu Santo, ha estado hablando por medio de Sus mensajeros de edad en edad. Por medio de Sus mensajeros es que se ha escuchado la Voz del Espíritu Santo hablándoles a todos los hijos e hijas de Dios.

Y ahora, ya han transcurrido las siete edades de la Iglesia gentil, ¿y a dónde vamos a subir? Vamos a subir a la Edad de la Piedra Angular, que es la edad donde Jesucristo en Espíritu Santo estaría hablando en el Día Postrero por medio de carne humana, por medio de Su Ángel Mensajero.

¿Y estaría hablando qué cosas? Las cosas que deben suceder pronto. Estaría hablando con esa Gran Voz de Trompeta, con esa Trompeta Final; y con esa Voz de Trompeta, que es la Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta, la Voz de Cristo, hablándonos todas estas cosas, estaría enseñándonos todas estas cosas que deben suceder, y estaría revelándonos el misterio de Su Venida a la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino, y estaría revelándonos ese gran misterio de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles.

Donde esté el Hijo del Hombre cumpliendo Su Venida, ahí estarán los Ángeles del Hijo del Hombre.

El velo de carne donde estará Jesucristo en Espíritu Santo manifestado en el Día Postrero hablándonos todas estas cosas que deben suceder pronto, será un hombre de este tiempo final llamado el Ángel del Señor Jesucristo.

Por eso es que en Apocalipsis, capítulo 22, verso 6, por medio de Su Ángel Mensajero es que son dadas a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, porque en ese Ángel Mensajero estará Jesucristo en Espíritu Santo velado y revelado hablándonos con esa Gran Voz de Trompeta todas estas cosas que deben suceder pronto. Dice:

“Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto”.

¿Por medio de quién son dadas a conocer las cosas que deben suceder pronto? Por medio del Ángel Mensajero de Jesucristo, enviado por Jesucristo en el Día Postrero; porque en ese Ángel Mensajero viene Jesucristo en Espíritu Santo manifestado en el Día Postrero hablándonos con esa Gran Voz de Trompeta, con esa Trompeta Final, todas estas cosas que deben suceder pronto, en este tiempo final.

Apocalipsis, capítulo 22, verso 16, también dice:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias”.

¿De qué cosas? De estas cosas que deben suceder pronto, en este tiempo final. Ese es el enviado de Cristo en el Día Postrero para dar testimonio de todas estas cosas que deben suceder pronto conforme a la promesa de Jesucristo.

¿Y dónde vamos a encontrar a ese Ángel Mensajero? Lo vamos a encontrar donde mismo han sido encontrados los ángeles mensajeros de la Iglesia de Jesucristo de las edades pasadas.

¿Dónde fue encontrado cada ángel mensajero de cada edad? Fue encontrado en la edad que le tocó vivir y ministrar la Palabra de Dios, donde estaba Jesucristo manifestado en ese tiempo. En esa edad que Jesucristo estaba manifestado, ahí fue encontrado el ángel de Jesucristo de esa edad, porque en ese ángel estaba Jesucristo manifestado en esa edad hablándole a Su pueblo y llamando y juntando a Sus escogidos en cada edad; y así cumpliéndose lo que Cristo dijo en San Juan, capítulo 10, versos 14 al 16, cuando dijo:

“Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen,

así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas.

También tengo otras ovejas que no son de este redil (o sea, que no son del redil hebreo, no son del pueblo hebreo; son de entre los gentiles); aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor”.

Y ahora, ¿cómo van a escuchar la Voz de Cristo, si Cristo cuando murió y resucitó ascendió al Cielo y se sentó a la diestra de Dios en el Cielo? Pues van a escuchar la Voz de Dios, la Voz de Cristo, la Voz del Espíritu Santo; porque el que tiene oídos para oír, oiga lo que el Espíritu Santo dice a las iglesias.

¿Y cómo van a escuchar la Voz de Cristo, la Voz del Espíritu Santo? Por medio de la manifestación de Jesucristo en Espíritu Santo en cada ángel mensajero, a través del cual estaría hablando y estaría llamando y juntando a Sus ovejas en el Redil del Señor, que es Su Iglesia, el Cuerpo Místico de Jesucristo; ahí es donde son colocadas las ovejas de Cristo, que son los hijos e hijas de Dios, que tienen sus nombres escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero.

Y luego que Cristo en Espíritu Santo ha estado manifestado en estos siete ángeles mensajeros en estas siete edades de la Iglesia gentil, llamando y juntando a Sus escogidos de estas siete edades, ¿dónde estará Cristo manifestado en el Día Postrero llamando y juntando a Sus escogidos, a Sus ovejas del Día Postrero, correspondientes al tiempo final?

Estará en la Edad de la Piedra Angular manifestado en Su Ángel Mensajero hablándonos con esa Gran Voz de Trompeta todas estas cosas que deben suceder pronto, y revelándonos así el misterio de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles; y así es como Él en el Día Postrero estará llamando y juntando a Sus ovejas, con esa Gran Voz de Trompeta; y estará así completando Su Rebaño, estará completando Su Rebaño de ovejas, colocándolas en Su Redil, en Su Iglesia, que es Su Cuerpo Místico de creyentes.

Y ahora, vean ustedes cómo es que la Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta sería escuchada en el Día Postrero: sería la Voz de Cristo por medio de Su Ángel Mensajero dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto y revelándonos el misterio de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles, revelándonos el misterio de la Segunda Venida de Cristo. Esa es la Gran Voz de Trompeta: la Voz de Cristo hablándonos en el Día Postrero.

En la página 47 del libro de Citas en español, que contiene extractos de diferentes conferencias o mensajes del reverendo William Branham, en la página 47, verso 402, tenemos un extracto aquí tomado del mensaje “Las diez vírgenes”, predicado en el 1960, y dice así:

402 – “Y nosotros que vivimos y hayamos quedado hasta la venida del Señor, no evitaremos o impediremos a los que duermen. Esos preciosos que sellaron su testimonio con su sangre (o sea, que murieron por causa de Cristo, dando sus vidas por Cristo). ‘No impediremos o estorbaremos a los que duermen, porque sonará la trompeta’. Algo acontecerá, ese algo evangélico sonará, el anuncio de Su venida”.

Ahora, “ese algo evangélico” es el Evangelio del Reino. Evangelio significa ‘buenas nuevas’ o ‘buenas noticias’; y la Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta da las buenas nuevas, las buenas noticias de Su Venida, de la Venida del Señor.

Es la Voz de Cristo por medio de Su Ángel Mensajero dándonos a conocer el misterio de Su Venida; y eso es la Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta sonando en el Día Postrero: es la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino revelándonos la Venida del Señor en el Día Postrero.

Dice también en el mensaje…, en el libro de Citas, página 130, verso 1164, que es un extracto del mensaje “Cisternas rotas”, de la página 33 a la 35; y dice así:

1164 – “Recuerden que ‘los que están vivos y queden, no impedirán a los que están durmiendo; porque la Trompeta de Dios, esa última Trompeta…’ (esa Trompeta de Dios o Gran Voz de Trompeta es, ¿qué?, la última Trompeta, es la Séptima Trompeta). La sexta acaba de tocar (o sea, acaba de sonar). Y esa última Trompeta, como el último Sello, será la Venida del Señor. (Sonará, o sea) Tocará, y los muertos en Cristo se levantarán primero’”.

La Trompeta Final o Séptima Trompeta y Séptimo Sello ¿son qué? La Venida del Señor.

Y con el Mensaje del Evangelio del Reino, Cristo en Espíritu Santo manifestado en Su Ángel Mensajero estará hablándonos con esa Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino y estará revelándonos el misterio de la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo; porque viene para reclamar todo lo que Él ha redimido con Su Sangre preciosa.

Viene para reclamar a todos los redimidos con la Sangre de Cristo, para resucitar los muertos en Cristo en cuerpos eternos y transformar los cuerpos, nuestros cuerpos, los cuerpos de los que vivimos en este tiempo final y hemos recibido a Cristo como nuestro Salvador y hemos lavado nuestros pecados en la Sangre de Cristo y hemos recibido Su Espíritu Santo; y por consiguiente hemos nacido de nuevo, hemos nacido en el Reino de Dios, en la Iglesia del Señor Jesucristo.

Y ahora, en la página 149 del libro de Citas, en el verso 1333 (que contiene un extracto del mensaje “Avergonzados de Él”, página 38), dice así:

1333 – “Recuerden que ‘los que están vivos y queden, no impedirán a los que están durmiendo; porque la Trompeta de Dios, esa última Trompeta…’ (o sea, esa Séptima Trompeta). La sexta acaba de (sonar). Y esa última Trompeta, como el último Sello (o sea, con el Séptimo Sello), será la Venida del Señor. ‘Tocará (o sea, sonará), y los muertos en Cristo se levantarán primero’. (¿Se levantarán cómo? En cuerpos incorruptibles, en cuerpos eternos). Solo descansando hasta ese tiempo”.

Ellos están en el Paraíso descansando hasta ese momento en que Cristo en el Día Postrero, en el séptimo milenio, los resucite en cuerpos eternos. No volverán a la Tierra en los cuerpos que tuvieron aquí, el cual era un cuerpo mortal, corruptible y temporal, sino que vendrán en un nuevo cuerpo, en un cuerpo eterno igual al de nuestro amado Señor Jesucristo, el cual será creado por Jesucristo para cada hijo e hija de Dios que se encuentra en el Paraíso descansando.

Y para nosotros los que vivimos, cuando veamos a los muertos en Cristo resucitados, para nosotros los que vivimos y estamos escuchando esa Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino —que es la Voz de Cristo por medio de Su Ángel Mensajero hablándonos todas estas cosas que deben suceder pronto y revelándonos el misterio de la Segunda Venida de Cristo—, seremos transformados; recibiremos un cambio de cuerpo, nuestros átomos serán transformados, cambiados; y entonces tendremos un cuerpo eterno y glorioso en la flor de la juventud, que estará representando de 18 a 21 años de edad por toda la eternidad.

Y estaremos aquí en la Tierra con los muertos que resucitarán, y estaremos de 30 a 40 días, así como Cristo cuando resucitó con los santos del Antiguo Testamento permaneció en la Tierra ¿cuántos días? 40 días. Los santos permanecieron 40 días en el cuerpo en que resucitaron, y dice la Escritura que les aparecieron a muchos de sus familiares en la ciudad de Jerusalén4.

Y ahora, vean, los santos aparecerán a sus familiares (los santos cuando resuciten, los santos que están en el Paraíso), y sobre todo a sus hermanos en Cristo, que son sus familiares del Cielo; porque son sus hermanos, los cuales han nacido como ellos: por medio de Cristo.

Y ahora, vean ustedes cómo estaremos de 30 a 40 días aquí, como Cristo con los santos del Antiguo Testamento que resucitaron con Él estuvo 40 días aquí en la Tierra; y después ascendió al Cielo, subió al Cielo, con los santos del Antiguo Testamento. Y las palabras del Salmo 24, donde dice (vamos a ver)… Salmo 24, donde dice de la siguiente manera (verso 7 en adelante, dice):

“Alzad, oh puertas, vuestras cabezas,

Y alzaos vosotras, puertas eternas,

Y entrará el Rey de gloria.

¿Quién es este Rey de gloria?

Jehová el fuerte y valiente,

Jehová el poderoso en batalla”.

Ahí podemos ver una profecía en cuanto a la Primera Venida de Cristo y Su resurrección y ascensión al Cielo con los santos del Antiguo Testamento.

Todos ellos, al ir subiendo al Cielo cuando Cristo ascendió al Cielo, clamaban:

“Alzad, oh puertas (eternas), vuestras cabezas,

Y alzaos vosotras, puertas eternas,

Y entrará el Rey de (la) gloria”.

Y los que están en el Cielo preguntan:

“¿Quién es este Rey de gloria?”.

Y contestan los que van con Cristo, los que habían resucitado, contestan ellos, que van subiendo con Cristo en el rapto:

“Jehová el fuerte y valiente,

Jehová el poderoso en batalla”.

Había obtenido la victoria en esa batalla que tuvo contra el diablo en la Cruz del Calvario y luego allá en el infierno; porque Cristo descendió al infierno y les predicó a las almas encarceladas que allí estaban, las cuales habían sido desobedientes en el tiempo de Noé, cuando Noé preparaba el arca, donde se salvaron solamente ocho personas5.

Cristo fue y les predicó en Espíritu, o sea, en Su cuerpo teofánico Cristo fue al infierno y les predicó a esas almas que estaban allí encarceladas: No les predicó un Mensaje de salvación, sino un Mensaje de condenación, condenando la incredulidad de ellos y dando testimonio que Noé estaba correcto y que ellos fueron incrédulos a Noé y su Mensaje; y por consiguiente fueron incrédulos a Dios y Su Palabra, porque Dios estaba en Noé y la Palabra de Dios estaba en Noé.

Por lo cual, ellos —aquellos que fueron desobedientes en el tiempo de Noé— estaban en el lugar que tenían que estar: en el infierno; porque ese es el lugar para todos los incrédulos a Dios y Su Palabra.

Ahora, Cristo allí tuvo una lucha con el diablo; y por eso es que luego pudo resucitar, pudo salir del infierno, pues dice Cristo (después) que Él tiene las llaves del infierno y de la muerte6; se las quitó al diablo. Él dice que Él es el que estuvo muerto y aún vive.

Y ahora, vean ustedes, pasó después - del infierno pasó al Paraíso, y luego resucitó con los santos del Antiguo Testamento; porque tiene las llaves del infierno para salir del infierno, y de la muerte para salir del sepulcro con los santos del Antiguo Testamento que resucitaron con Él.

Y ahora, vean ustedes, cuando suben al Cielo, después de estar aquí 40 días resucitados con Jesucristo, luego les abre las puertas del Cielo, las puertas eternas, y entran al Cielo.

Ahora, en este Salmo 24 tenemos eso mismo repetido aquí; luego, en el verso 9 al 10, sigue diciendo:

“Alzad, oh puertas (eternas), vuestras cabezas,

Y alzaos vosotras, puertas eternas,

Y entrará el Rey de gloria.

¿Quién es este Rey de gloria?

Jehová de los ejércitos,

Él es el Rey de la gloria”.

Cuando los muertos en Cristo resuciten y nosotros los que vivimos seamos transformados y estemos de 30 a 40 días aquí en la Tierra en cuerpos glorificados, en cuerpos eternos, luego seremos arrebatados en las nubes, seremos raptados, y nos iremos con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo; y diremos cuando estemos subiendo: “¡Alzaos, oh puertas eternas, vuestras cabezas, y alzaos vosotras, puertas eternas!”.

“Alzad, oh puertas, vuestras cabezas,

Y alzaos vosotras, puertas eternas,

Y entrará el Rey de gloria”.

“¿Quién es este Rey de gloria?”, preguntarán los que están allá.

Y nosotros contestaremos:

“Jehová de los ejércitos, Él es el Rey de la gloria”. “¡Jesucristo, el Rey de reyes y Señor de señores!”.

Ese es el Jehová del Antiguo Testamento, y Él es el Rey de la gloria, y Él es el Rey de reyes y Señor de señores. Y Él es Rey en la séptima dimensión, Él es Rey en la sexta dimensión y Él es Rey en esta dimensión terrenal. Y se sentará en el Trono de David y reinará sobre el pueblo hebreo y sobre toda la raza humana en el glorioso Reino Milenial del Mesías, glorioso Reino Milenial de Cristo.

Y ahora, vean ustedes la bendición tan grande que Dios predestinó, destinó, ordenó, para los que estarían vivos en este tiempo final y verían la Venida de Jesucristo en Espíritu Santo a la Edad de la Piedra Angular; en donde una nueva dispensación, la Dispensación del Reino, se estaría entrelazando con la Dispensación de la Gracia, y en donde Jesucristo estaría hablándonos por medio de carne humana, por medio de Su Ángel Mensajero, con esa Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino, todas estas cosas que deben suceder pronto.

Y así estaría hablándonos con esa Gran Voz de Trompeta el misterio de la Segunda Venida de Cristo como Hijo del Hombre e Hijo de David, como León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo; y como el Sol de Justicia naciendo y trayendo salvación a todos los hijos e hijas de Dios en el Día Postrero, en la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino; pues Malaquías dice [4:2]:

“Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación…”.

Es el Sol de Justicia, que es Cristo en Su Segunda Venida.

El sol representa a Cristo, y por eso Él dijo en una ocasión7: “Yo soy la Luz del mundo; y el que me sigue, no andará en tinieblas, mas tendrá la Luz de la Vida”. Y Cristo viniendo en el Día Postrero en Su Segunda Venida, como León de la tribu de Judá y Rey de reyes y Señor de señores, es también el Sol de Justicia viniendo y en Sus alas trayendo salvación.

El sol literal no tiene alas, pero por cuanto el sol representa a Cristo y el sol naciendo representa a Cristo en Su Segunda Venida, encontramos que Sus alas representan a Moisés y Elías; pues en el Monte de la Transfiguración, cuando Su rostro resplandeció como el sol, aparecieron a cada lado del Señor Moisés y Elías; allí están las alas del Sol de Justicia.

Por eso es que el Hijo del Hombre en Su Venida dice que viene con Sus Ángeles. San Mateo, capítulo 16, verso 27 al 28, nos dice así; dice:

“Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras”.

Viene con Sus Ángeles el Hijo del Hombre, viene con Moisés y Elías.

Y dondequiera que esté el Hijo del Hombre, ahí estarán Moisés y Elías; dondequiera que esté el Sol de Justicia, ahí estarán Sus alas, que traerán salvación, que son Moisés y Elías, los Dos Olivos, que vienen con la Gran Voz de Trompeta llamando y juntando a todos los escogidos de Dios con el Mensaje de la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino, revelando el misterio del Séptimo Sello, el misterio de la Venida del Ángel que era diferente a los demás, el misterio de la Venida de Cristo viniendo en Espíritu Santo en el Día Postrero a la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino velado y revelado en Su Ángel Mensajero y hablándonos por medio de Su Ángel Mensajero todas estas cosas que deben suceder pronto.

Para poder escuchar la Voz de Cristo, esa Gran Voz de Trompeta, tenemos que escucharla a través de un velo de carne llamado el Ángel del Señor Jesucristo, así como la Voz de Cristo fue escuchada en cada edad por medio de cada ángel mensajero de cada edad, y en el Antiguo Testamento por medio de los profetas de Dios.

Dios, dice San Pablo que habló por medio de Sus profetas al pueblo hebreo, y luego habló por medio de Su Hijo; porque siempre, cuando Dios le habla a la raza humana, lo hace por medio de un hombre, de un profeta; “Porque no hará nada el Señor Jehová, sin que antes revele Sus secretos a Sus siervos Sus profetas”, dice Amós, capítulo 3, verso 7.

Si Él va a hablar con una Gran Voz de Trompeta y si Su pueblo va a escuchar esa Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta para poder ser transformado y raptado, entonces tiene que haber en la Tierra un profeta a través del cual Cristo hable con ese Mensaje de Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino y nos revele todas estas cosas que deben suceder pronto: nos revele la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo.

Y así la Trompeta Final (que es la Séptima Trompeta y el Séptimo Sello, que son ambas cosas la Venida del Señor) sea revelada, dada a conocer a la Iglesia de Jesucristo; y así todos tengamos la fe de rapto, que es la fe, la revelación, de la Segunda Venida de Cristo en este Día Postrero.

Porque Él viene para la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de nosotros los que vivimos; por eso viene con esa Gran Voz de Trompeta hablándonos todas estas cosas que deben suceder pronto.

Hemos visto lo que es la Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta: es la Voz de Cristo hablándonos por medio de Su Ángel Mensajero todas estas cosas que deben suceder, y revelándonos el misterio de la Segunda Venida de Cristo con Sus Ángeles en este tiempo final, y dándonos así la fe, la revelación para ser transformados y raptados en este tiempo final.

El Mensaje del Evangelio del Reino gira alrededor de la Segunda Venida de Cristo, así como el Mensaje de la Gracia gira alrededor de la Primera Venida de Cristo como Cordero de Dios en Su Obra de Redención en la Cruz del Calvario.

Y para recibir salvación y obtener el nuevo nacimiento, se requiere que la persona escuche el Evangelio de la Gracia, que revela el misterio de la Primera Venida de Cristo como Cordero de Dios en Su Obra de Redención en la Cruz del Calvario quitando nuestros pecados.

Y para en el Día Postrero ser transformados y raptados (para obtener la redención del cuerpo, que es nuestra transformación), se requiere que los que estamos vivos escuchemos la Trompeta Final, esa Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino, que gira alrededor de la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo, para reclamar a Sus escogidos, Sus hijos que han partido, y traerlos en un cuerpo eterno, resucitarlos en un cuerpo eterno, y a nosotros los que vivimos llamarnos y juntarnos y transformarnos en este tiempo final; y así darnos un cuerpo eterno, como Él lo ha prometido para este Día Postrero.

Antes de los muertos en Cristo resucitar y nosotros los que vivimos ser transformados, los escogidos de Dios estarán viendo la Segunda Venida de Cristo y estarán escuchando la Voz de Cristo, esa Gran Voz de Trompeta, esa Trompeta Final, que es la Segunda Venida de Cristo, como el Séptimo Sello también es la Segunda Venida de Cristo.

Todos estaremos escuchando la Segunda Venida de Cristo siendo revelada; y nosotros estaremos recibiendo la Segunda Venida de Cristo, recibiéndolo en Su Segunda Venida, como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo y como el Sol de Justicia naciendo para todos nosotros.

Es la Segunda Venida de Cristo el nacimiento del Sol de Justicia. Por eso Su rostro resplandeció como el sol en el Monte de la Transfiguración en el capítulo 17 de San Mateo; y en Apocalipsis, capítulo 1; y también en Apocalipsis, capítulo 10: el Ángel Fuerte que desciende del Cielo viene con Su rostro resplandeciendo como el sol; y el Hijo del Hombre que aparece en Apocalipsis, capítulo 1, viene con su rostro resplandeciendo como el sol. Es el mismo Señor en Su Segunda Venida como Rey de reyes y Señor de señores; porque el sol es el astro rey y Cristo es el Rey de reyes y Señor de señores.

Vean, en estos dos símbolos, el sol y el león, están representados… Cristo en Su Segunda Venida como Rey de reyes y Señor de señores; está representado Cristo en Su Segunda Venida para venir en Su Obra de Reclamo reclamando todo lo que Él redimió con Su Sangre preciosa.

Hemos visto este misterio del Séptimo Sello y de la Séptima Trompeta, esa Trompeta Final sonando y llamando y juntando a todos los escogidos de Dios.

Y los que estamos vivos continuaremos PERSEVERANDO HASTA LA VICTORIA FINAL, en donde los muertos en Cristo resucitarán en cuerpos eternos y los que estamos vivos seremos transformados; y ahí tendremos esa victoria final. Dice:

“Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad.

Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria”.

Ahí tenemos la victoria final: obteniendo la inmortalidad, al obtener un nuevo cuerpo inmortal e incorruptible, el cual permanecerá en la flor de la juventud por toda la eternidad.

Continuaremos perseverando hasta obtener la victoria final: la transformación de nuestros cuerpos; y esto es en este tiempo final.

¿Estamos cómo? PERSEVERANDO HASTA LA VICTORIA FINAL.

Ha sido para mí un privilegio muy grande estar con ustedes aquí en Chihuahua, Chihuahua, para darles testimonio de estas bendiciones prometidas por Cristo para cada uno de ustedes y para mí también.

Ninguno se aparte de Cristo en ningún momento de su vida; más bien ayuden a sus familiares y a sus amistades para que también se agarren de Jesucristo, para que puedan recibir las bendiciones de Cristo; porque la vida terrenal es temporal, pero la Vida que Cristo nos da es eterna; para que así puedan también perseverar hasta la victoria final.

Si cometen errores o faltas o algún pecado, confiésenlo a Jesucristo: echen sus pecados, faltas o errores en la Sangre de Cristo; porque la Sangre de Cristo nos limpia de todo pecado; y siga hacia adelante en su vida cristiana.

Recuerden, si fallan en algún momento, recuerden: todavía no somos perfectos. No se desanimen, sino continúen perseverando, confiesen sus pecados a Cristo, echen sus pecados en la Sangre de Cristo pidiéndole perdón a Cristo, y pidan a Cristo que los ayude para nunca más pecar; y sigan perseverando hasta que obtengamos la victoria final.

¿Y quiénes son los que obtendrán la victoria final y obtendrán un cuerpo eterno, un cuerpo nuevo?, ¿quiénes son los que serán transformados en este tiempo final? Pues aquí estamos, en la América Latina y el Caribe. Aquí hay una parte en Chihuahua, México, perseverando, y continuará perseverando hasta la victoria final: hasta que obtengamos la inmortalidad, hasta que obtengamos ese nuevo cuerpo eterno y joven, en el cual viviremos por toda la eternidad.

Que las bendiciones de Jesucristo, el Ángel del Pacto, nuestro Salvador, sean sobre cada uno de ustedes y sobre mí también, y pronto todos seamos transformados y llevados a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Muchas gracias por vuestra amable atención, amados amigos y hermanos presentes; y dejo con nosotros nuevamente al reverendo Miguel Bermúdez Marín para continuar y finalizar nuestra parte en esta ocasión, dándole gracias a Jesucristo nuestro amado Salvador.

Con nosotros Miguel Bermúdez Marín para continuar.

Que Dios les continúe bendiciendo a todos.

“PERSEVERANDO HASTA LA VICTORIA FINAL”.

[Revisión junio 2019]

1 2 Corintios 5:1

2 San Juan 14:18

3 San Mateo 24:22

4 San Mateo 27:53

5 1 Pedro 3:18-20

6 Apocalipsis 1:18

7 San Juan 8:12

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