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Muy buenas tardes, amados amigos y hermanos presentes aquí en la República de Guatemala. Es para mí una bendición grande estar con ustedes en esta ocasión para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios bajo el tema: “CRECIENDO CON EL SÉPTIMO SELLO”; ese es el tema para esta ocasión, alrededor del cual estaremos teniendo compañerismo espiritual y así viendo el misterio de cómo crecer nosotros con el Séptimo Sello en este Día Final.

El apóstol San Pedro en Segunda de Pedro, capítulo 1, verso 1 al 14, dice:

“Simón Pedro, siervo y apóstol de Jesucristo, a los que habéis alcanzado, por la justicia de nuestro Dios y Salvador Jesucristo, una fe igualmente preciosa que la nuestra:

Gracia y paz os sean multiplicadas, en el conocimiento de Dios y de nuestro Señor Jesús.

Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia,

por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia;

vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento;

al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad;

a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor.

Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo.

Pero el que no tiene estas cosas tiene la vista muy corta; es ciego, habiendo olvidado la purificación de sus antiguos pecados.

Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás.

Porque de esta manera os será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

Por esto, yo no dejaré de recordaros siempre estas cosas, aunque vosotros las sepáis, y estéis confirmados en la verdad presente.

Pues tengo por justo, en tanto que estoy en este cuerpo, el despertaros con amonestación;

sabiendo que en breve debo abandonar el cuerpo, como nuestro Señor Jesucristo me ha declarado”.

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Para poder comprender el secreto del crecimiento de cada hijo e hija de Dios, de cada persona (esto es como individuo), necesitamos comprender lo que la Escritura dice en cuanto a este crecimiento.

Nuestro tema es: “CRECIENDO CON EL SÉPTIMO SELLO”.

Así como toda persona que ya tiene de 10 a 30 años ha crecido bastante, pero, vean ustedes, cuando nació era muy pequeñito; pero ha ido creciendo, ¿por qué?, porque sus padres han estado dándole el alimento que necesita para ese crecimiento.

Y ahora, vean ustedes cómo el secreto del crecimiento está en lo que sus padres le dan a comer. Si no le dan comida, ¿qué sucede? Se mueren los hijos.

Y ahora, la Escritura nos dice: “No solamente de pan vivirá el hombre, sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios”. Y tanto la Iglesia de Jesucristo (como Cuerpo Místico de creyentes) como también cada individuo: necesita crecer, pero ya este es un crecimiento espiritual; y para este crecimiento espiritual tenemos (¿qué?) la Palabra, que sale (¿de dónde?) de la boca de Dios.

Jesucristo citó estas palabras en San Mateo cuando el diablo quiso que Jesús convirtiera las piedras en pan. Cuando Jesús había ayunado 40 días tuvo hambre, y el diablo le dijo, viendo que tenía hambre le dijo: “Si eres Hijo de Dios, convierte estas piedras en pan”. Vamos a ver; vamos a leer capítulo 4 de San Lucas, verso 1 en adelante, dice:

“Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y fue llevado por el Espíritu al desierto

por cuarenta días, y era tentado por el diablo. Y no comió nada en aquellos días, pasados los cuales, tuvo hambre.

Entonces el diablo le dijo: Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan.

Jesús, respondiéndole, dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra (que sale) de Dios”.

Vamos a leerlo de nuevo:

“No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra de Dios”.

Y ahora vamos a leerlo en San Mateo, capítulo 4, cómo lo dice allí; verso 1 en adelante, dice:

“Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo.

Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre.

Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan.

Él respondió (Jesús) y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.

Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo del templo,

y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está:

A sus ángeles mandará acerca de ti,

y,

En sus manos te sostendrán,

Para que no tropieces con tu pie en piedra.

Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios”.

Y ahora, vean ustedes cómo no solamente de pan literal vivirá el hombre, porque la vida real del ser humano es la vida eterna; y la vida eterna no viene por medio del pan literal, sino del pan espiritual; y la persona tiene que comer ese pan espiritual, que es la Palabra que sale de la boca de Dios de edad en edad.

Y ahora, los que vivieron en el tiempo de Moisés tenían que comerse esa Palabra de Dios que estaba saliendo de la boca de Dios. ¿Y la boca de Dios era quién? El profeta Moisés.

¿Dónde Dios dice que coloca Su Palabra? En Deuteronomio, capítulo 18, dice dónde Él coloca Su Palabra. Capítulo 18, verso 15 en adelante, dice:

“Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis;

conforme a todo lo que pediste a Jehová tu Dios en Horeb el día de la asamblea, diciendo: No vuelva yo a oír la voz de Jehová mi Dios, ni vea yo más este gran fuego, para que no muera.

Y Jehová me dijo: Han hablado bien en lo que han dicho.

Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare”.

¿Qué hablará ese profeta? Todo lo que Dios le mande. ¿Y dónde Dios colocará Su Palabra? En la boca de ese profeta.

“Mas a cualquiera que no oyere mis palabras que él hablare en mi nombre, yo le pediré cuenta”.

O sea que toda persona está responsabilizada delante de Dios para escuchar la Voz de Dios, la Palabra de Dios.

Hay muchas personas que quieren escuchar la Voz de Dios y dicen: “Yo quiero oír la Voz de Dios”. Pues miren lo sencillo que es: busque el profeta que Dios tiene para el tiempo en que usted vive, y por medio de ese profeta usted escuchará la Voz de Dios hablándole todo lo que usted necesita saber.

La Voz de Dios siempre, la Palabra de Dios es colocada ¿dónde? En la boca del profeta mensajero enviado por Dios para la edad y dispensación en que la persona está viviendo; y el que no la quiera escuchar, pues como tiene libre albedrío no la escucha; pero Dios dice: “… yo le pediré cuenta”, porque por incredulidad no quiso escuchar la Palabra de Dios; y el que es incrédulo ha pecado delante de Dios, porque la incredulidad es pecado, el pecado es incredulidad1.

Y ahora, en Deuteronomio, capítulo 8, verso 1 en adelante, dice:

“Cuidaréis de poner por obra todo mandamiento que yo os ordeno hoy, para que viváis, y seáis multiplicados, y entréis y poseáis la tierra que Jehová prometió con juramento a vuestros padres.

Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos.

Y te afligió, y te hizo tener hambre, y te sustentó con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido, para hacerte saber que no sólo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre”.

Y ahora, vean, de ahí fue que Jesús tomó esas palabras y se las citó al diablo cuando vino a tentarlo; porque la forma de combatir toda tentación del diablo es con la Palabra de Dios; esa es la Espada de dos filos que vence al enemigo.

Y ahora, vean ustedes cómo es necesario obtener el alimento espiritual de la edad y dispensación que a la persona le toca vivir.

Por eso es que también el profeta Amós habla acerca de la Palabra de Dios. Vamos a ver aquí cómo… vamos a buscar aquí Amós, capítulo 8, verso 11, donde dice:

“He aquí vienen días, dice Jehová el Señor, en los cuales enviaré hambre a la tierra, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la palabra de Jehová”.

Y de edad en edad siempre surge esa hambre, porque cada edad está representada en un día de la semana. Y usted comió ayer, ¿pero hoy no ha comido nada? ¿Alguno de ustedes no ha comido nada? ¿Verdad que esta mañana sintió hambre? Y durante el día normalmente se siente hambre en la mañana, al mediodía, por la tarde también; y algunos hasta de noche sienten hambre antes de acostarse, y algo comen porque sintieron hambre.

Y ahora, por cuanto los días de la semana representan estos siete días de las siete edades de la Iglesia gentil, de edad en edad han sentido hambre los hijos de Dios, pero no hambre de pan ni sed de agua, sino de oír la Palabra de Dios, la Palabra que sale de la boca de Dios; han sentido hambre de oír la Voz de Dios para alimentar sus almas; porque el alma no se alimenta con un plato de arroz y de fríjoles, sino que se alimenta de toda Palabra que sale de la boca de Dios.

Y ahora, de edad en edad ha salido la Palabra de Dios de la boca de Dios, que es el mensajero de cada edad, de cada etapa; porque la boca de Dios son los mensajeros de Dios, son los profetas de Dios, porque Dios coloca en la boca de esos profetas Su Palabra.

Y por eso es que tenemos la Biblia, que es la Palabra de Dios: ha salido de la boca de Dios, de los mensajeros de Dios, de los profetas que Dios ha enviado en el Antiguo Testamento y también en el Nuevo Testamento.

San Pedro y San Pablo además de ser apóstoles eran también profetas, por eso es que hablaron de cosas que vendrían más adelante; profetizaron también de los días postreros y profetizaron del Día Postrero, de las cosas que estarán sucediendo en este tiempo final, porque eran profetas también. Y Jesucristo también profetizó, porque Él es el Profeta de todos los profetas, y Él es el Dios de los profetas.

Y ahora, vean ustedes cómo de etapa en etapa ha venido la Palabra de Dios, y los hijos de Dios se han comido esa Palabra allá en su alma: la han recibido y allá en su alma han digerido ese Mensaje de Dios correspondiente a esa edad.

Y ahora, cada persona como individuo tiene estas virtudes para ser manifestadas en su vida al recibir el Espíritu Santo, porque estas son virtudes del Espíritu Santo y estas son manifestaciones de la naturaleza divina. Y al recibir la naturaleza divina, el cuerpo teofánico de la sexta dimensión..., al recibir a Cristo como nuestro Salvador y lavar nuestros pecados en la Sangre de Cristo y recibir Su Espíritu Santo hemos recibido esa naturaleza divina; y esa naturaleza divina tiene estas virtudes que tienen que ser manifestadas a través de nosotros:

  • fe

  • virtud

  • ciencia

  • templanza

  • paciencia

  • temor de Dios

  • amor fraternal

  • y la corona, que es el amor divino.

Y ahora, esto es así para cada persona como individuo. Y para poder crecer, y estas manifestaciones de la naturaleza divina (que está en la persona que ha crecido en Cristo y ha nacido de nuevo), para ser manifestadas estas virtudes, la persona tiene que estar (¿qué?) comiendo el alimento espiritual y creciendo.

Así como físicamente, vean ustedes, la persona nace pequeñita, no sabe hablar, no sabe leer, no sabe contar los números, ni siquiera saber decir ni “mamá” ni “papá”; pero a medida que va comiendo, va recibiendo alimento, va creciendo; y luego va creciendo también en conocimiento y en las demás cosas; y cuando ya tiene la persona un año o año y medio, ya sabe hablar. Creció en conocimiento, creció en todas estas cosas, ¿por qué? Porque estuvo comiendo.

Si no hubiera comido desde que nació en adelante, no estaría al año ya caminando, algunos de los niños; otros al año y 1 mes o 2 meses, o año y 3 meses; y ya hablando también. ¿Por qué? Porque si no comió, se murió; y así es en lo espiritual también.

Por eso la persona tiene que estar comiendo el alimento espiritual de la Palabra de Dios para el tiempo en que está viviendo; y así vamos creciendo espiritualmente hasta que lleguemos a la estatura de un varón perfecto, o sea, hasta que lleguemos a ser como nuestro amado Señor Jesucristo, hasta que lleguemos a ser a imagen y semejanza de Jesucristo; en donde tendremos un cuerpo eterno juntamente con el cuerpo teofánico eterno que hemos recibido cuando creímos en Cristo como nuestro Salvador y recibimos Su Espíritu Santo.

Y ahora, vean cómo esto funciona para la persona como individuo.

Y en el Día Postrero, así como recibió un cuerpo teofánico de la sexta dimensión, recibirá un cuerpo físico, eterno y glorificado igual al del Señor Jesucristo. Será por creación divina, y por eso será un cuerpo eterno; y así estaremos adoptados como hijos e hijas de Dios en el Reino de Dios. Tendremos la adopción, que es la redención de nuestro cuerpo físico, obteniendo el cuerpo nuevo, el cuerpo eterno que Él ha prometido para nosotros.

Y ahora, vean ustedes, comenzamos creyendo en Cristo como nuestro Salvador, lavando nuestros pecados en la Sangre de Cristo y recibiendo Su Espíritu Santo; y así obteniendo el nuevo nacimiento, naciendo aquí en el Cuerpo Místico de Cristo como bebés espirituales o espiritual, un bebé espiritual que va alimentándose con la Palabra de Dios y va creciendo espiritualmente; y en el Día Postrero recibirá la plenitud del Espíritu de Dios.

Comienza con las primicias del Espíritu al recibir el Espíritu de Cristo, y así recibir un cuerpo teofánico de la sexta dimensión; y en el Día Postrero recibirá la plenitud del Espíritu Santo, y recibirá así un cuerpo eterno, un cuerpo físico eterno y glorificado. Y así entonces tendremos las dos porciones: las primicias y la plenitud, y estaremos a imagen y semejanza de nuestro amado Señor Jesucristo.

Y ahora la Iglesia del Señor Jesucristo como Cuerpo Místico de creyentes pasa por el mismo proceso, y ha ido de edad en edad —desde que nació el Día de Pentecostés— siendo alimentada con la Palabra de Dios a medida que Dios le ha enviado un mensajero; y ha ido creciendo porque ha ido recibiendo ese alimento espiritual, y a medida que ha ido recibiendo ese alimento espiritual se ha ido poniendo más grande.

Primero la Iglesia de Jesucristo, cuando nació, ¿eran cuántos? Ciento veinte personas nada más; luego recibió Palabra, más Palabra, en la predicación de San Pedro, y fueron añadidos unos tres mil; y así por el estilo fueron siendo añadidos a la Iglesia de Jesucristo “los que habían de ser salvos”, dice la Escritura (vamos a ver) en el libro de los Hechos, capítulo 2. Vamos a ver ahí, y verificamos ahí cuántos fueron añadidos ese día. Dice capítulo 2, verso 32 en adelante, dice:

“A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.

Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís.

Porque David no subió a los cielos; pero él mismo dice:

Dijo el Señor a mi Señor:

Siéntate a mi diestra,

Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.

Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.

Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?

Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.

Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.

Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación.

Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas”.

Y ahí la Iglesia de Jesucristo ¿qué hizo? Creció; así como crece un bebé: va creciendo a medida que va comiendo.

Y ahora, vemos que la Iglesia del Señor Jesucristo, que nació el Día de Pentecostés con un Cuerpo Místico solamente de 120 personas, fue un bebé pequeñito; luego ese mismo día creció, y eran entonces (¿cuántos?) como 3120 personas. Porque del número de los que recibieron el Espíritu Santo dice que eran 120 personas, pero del número que recibieron a Cristo como su Salvador cuando Pedro predicó dice que eran como 3000 personas; así que eran como 3120 personas ya el primer día, luego de la primera predicación del Evangelio de la Gracia.

Y luego continuó creciendo la Iglesia de Jesucristo en esa etapa allá en el territorio de Israel, y luego pasó el Evangelio a los gentiles: Pedro les predicó en la casa de Cornelio2 y abrió la Puerta a los gentiles, porque tenía las llaves del Reino de los Cielos3; y predicando es que se abre la Puerta, abrió la Puerta a los gentiles; y Cristo es la Puerta: abrió la Puerta de la revelación de Jesucristo para la Dispensación de la Gracia y lo presentó como el Salvador, como el Cordero de Dios que quita el pecado al mundo, y así se abrió la Puerta para los gentiles.

Y luego Pablo (el cual fue Saulo de Tarso), luego de su conversión, fue enviado a los gentiles para predicar el Evangelio y fue el mensajero a los gentiles4; y así comenzó la primera edad de la Iglesia entre los gentiles; y ahí pues creció más la Iglesia de Jesucristo, ahí tuvo más Palabra, más alimento espiritual, y creció más; y se extendió ese alimento espiritual hacia muchas personas, los cuales comieron ese alimento, o sea, escucharon la predicación del Evangelio, lo recibieron, ¿y qué hicieron? Pues se comieron en su alma ese alimento, esa Palabra. ¿Y ahí qué sucedió? Creció más el Cuerpo Místico de Cristo con todas esas personas que iban creyendo en Cristo como su Salvador.

“Echa tu pan sobre las aguas, que después de muchos días lo hallarás”5. Y eso es lo que han estado haciendo los mensajeros de las diferentes edades de la Iglesia gentil, y también así hicieron los apóstoles; y también la Iglesia como Cuerpo Místico de creyentes en esa labor ha trabajado, por lo tanto ha trabajado en mutuo acuerdo y en compañerismo y brazo a brazo con el mensajero que Dios le ha enviado en cada edad; y se ha estado echando el Pan de la Palabra de Dios sobre las aguas. ¿Y qué ha sucedido? Dice: “... y después de muchos días lo hallarás”.

Cuando encontremos a los santos resucitados y a los que estamos vivos transformados, veremos que esa Palabra que fue llevada por todos los lugares estará ahí en esas personas, pues podrán decir: “Yo recibí el Mensaje que tú llevaste”. ¿Ve? Ahí está, ahí está el Pan que usted echó sobre las aguas.

Aguas representa pueblos, naciones, lenguas y personas, gente, las aguas de las naciones, de los pueblos y de la gente. Sobre la gente es que se echa la Palabra, las aguas, sobre las aguas de la gente, para que reciban esa Palabra de Dios que sale de la boca de Dios, que es el alimento espiritual para las personas; “porque no solamente de pan vivirá el hombre, sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios”.

Y ahora, dice6: “Reparte (¿a qué?) a siete”. Reparte a siete. ¿Y quién ha estado haciendo eso? La Iglesia del Señor Jesucristo con Sus mensajeros han estado repartiendo (¿a cuánto?) a siete, a siete edades, las siete edades de la Iglesia gentil. “… y aun a ocho”. “Reparte a siete, y aun a ocho”, y aun a la Edad de la Piedra Angular.

Todos pensaban que cuando terminó el ministerio y su vida aquí en la Tierra en cuerpo terrenal, el séptimo ángel mensajero, ya todo había terminado, y ya se había repartido todo el alimento espiritual de la Palabra de Dios que había para la Iglesia de Jesucristo; pero se había repartido solamente ¿hasta cuánto?, hasta siete; y después la Palabra dice: “… y aun a ocho”. Por lo tanto vendría un nuevo ciclo divino representado en el ocho, y el ocho representa eternidad.

Y la Edad de la Piedra Angular, que cae en el número ocho, es una Edad Eterna, es la Edad Eterna de la Iglesia; por eso es la Edad de Oro de la Iglesia de Jesucristo, que recibe el alimento espiritual que es repartido a ocho y se come ese alimento espiritual.

Ahora, de edad en edad encontramos que hubo un territorio donde se cumplió cada edad, en donde Dios envió al mensajero de cada edad; y en ese territorio se repartió ese alimento espiritual, y lo recibieron y lo comieron los escogidos de Dios de esa etapa, de esa edad.

Y ahora, encontramos que todo eso sucedió en Asia Menor, Europa y Norteamérica; y ahí, en esos tres grandes territorios, se repartió y se cumplió la repartición a siete. Pero ahora, “… y aun a ocho”, corresponde eso a la América Latina y el Caribe.

La repartición al número ocho corresponde a los hijos e hijas de Dios que viven en la América Latina y el Caribe, para que se coman el alimento espiritual de este Día Postrero, de la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino, que es el Mensaje del Evangelio del Reino, el cual gira alrededor de la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo.

Ese es el alimento que nunca antes había sido repartido, porque estaba guardado para ser repartido ¿a quién? A ocho, a los que estarían en ese número ocho, o sea, en esa Edad Eterna de la Iglesia de Jesucristo.

Y ahora, vean ustedes el alimento espiritual que se estarán comiendo los escogidos de Dios, que estarán en la Edad de la Piedra Angular, que le corresponde el número ocho.

Eso también en Apocalipsis, capítulo 2, verso 17, corresponde al Maná escondido.

El Maná escondido es el alimento espiritual que estuvo escondido de las siete etapas o edades de la Iglesia gentil, porque sería repartido a los escogidos de Dios en la Edad de la Piedra Angular.

El Maná escondido es la revelación de Cristo para Su Iglesia, en donde Su Iglesia recibe la revelación de la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo.

Veamos qué nos dice el precursor de la Segunda Venida de Cristo; vamos a ver la página 230 [Edades], a ver lo que nos dice con relación al Maná escondido:

“194. Ahora, también hay el pensamiento de la participación futura del maná escondido. Yo pienso que será la participación eterna de la revelación de Jesucristo en las eternas edades venideras”.

¿Qué es el Maná escondido? La revelación de Jesucristo en las edades eternas venideras.

Y ahora vean: la revelación de Jesucristo. ¿Y quién es el que trae la revelación de Jesucristo? Conforme a Apocalipsis, capítulo 1, verso del 1 al 3… Apocalipsis, capítulo 1, verso del 1 al 3, dice (vamos a ver):

“La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan (¿Quién es el que trae la revelación de Jesucristo? Su Ángel Mensajero),

que ha dado testimonio de la palabra de Dios, y del testimonio de Jesucristo, y de todas las cosas que ha visto.

Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca”.

Ahora vean el por qué Juan el apóstol quiso adorar a los pies del Ángel de Jesucristo en dos ocasiones (en Apocalipsis, capítulo 19, versos del 9 al 10; y Apocalipsis, capítulo 22, versos del 6 al 9), pero el Ángel le dijo: “Mira, no lo hagas; yo soy consiervo tuyo y de tus hermanos, de los profetas. Adora a Dios”.

Ahora podemos ver que por esa causa es que cuando Jesucristo dice: “Sube acá (en Apocalipsis, capítulo 4), y yo te mostraré las cosas que han de suceder después de estas”, luego las muestra ¿por medio de quién? De Su Ángel Mensajero.

En Apocalipsis, capítulo 22, verso 6, dice: “Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto”.

¿A quién ha enviado? A Su Ángel Mensajero. ¿Para qué? Para mostrar a Sus siervos las cosas que han de suceder pronto.

Y en Apocalipsis, capítulo 22, versos 16, dice: “Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias”.

Cristo es el que da testimonio de Su Ángel; y Su Ángel da testimonio de Cristo y revela a Cristo al pueblo, trae la revelación de Jesucristo para todos los hijos e hijas de Dios.

Ahora, podemos nosotros ver que con esa revelación de Jesucristo que trae el Ángel de Jesucristo a la Iglesia de Jesucristo, los escogidos de Dios en el Día Postrero serán alimentados; y estarán siendo alimentados (¿con qué?) con el Maná escondido, con la revelación de Jesucristo, que es la revelación de Jesucristo para este tiempo final y que será la revelación para el Reino Milenial y para la eternidad: la revelación de Cristo en el Día Postrero por medio de Su Ángel Mensajero viniendo a la Iglesia de Jesucristo; porque Cristo estará manifestado en Su Ángel Mensajero en el Día Postrero.

Y ahora, ¿cómo vamos a ser alimentados con ese alimento espiritual de la Palabra de Dios en este Día Postrero? Así como hemos sido alimentados como Cuerpo Místico de creyentes en edades pasadas: por medio de la manifestación de Cristo a través del mensajero de cada edad, a través del cual Cristo ha estado manifestado.

Y ahora, para el Día Postrero, vean ustedes, ¿nos encontramos dónde? En la Casa de Dios, que es Su Iglesia, representada aquí en este diagrama, donde Cristo ha enviado Sus siervos fieles y prudentes de edad en edad ¿para qué? Para dar el alimento espiritual a tiempo a los escogidos de Dios.

En San Mateo, capítulo 24, versos 42 al 47, dice:

“Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor.

Pero sabed esto, que si el padre de familia supiese a qué hora el ladrón habría de venir, velaría, y no dejaría minar su casa.

Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis.

¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, al cual puso su señor sobre su casa para que les dé el alimento a tiempo?

Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así.

De cierto os digo que sobre todos sus bienes le pondrá”.

Ahora vean, Cristo ha colocado sobre Su Casa, Su Iglesia, a siervos fieles y prudentes para que les den el alimento a tiempo, para que les repartan ese alimento del Pan de vida eterna, la Palabra de Dios, el Mensaje de Dios, para cada edad.

Siempre hay un siervo fiel y prudente, que es el mensajero de esa edad, el cual recibe de parte de Dios, de parte de Cristo la revelación de la Palabra para esa etapa, para esa edad; y esa revelación de la Palabra es el alimento espiritual para los hijos e hijas de Dios (que van creciendo ahí como individuos en el Cuerpo Místico de Cristo) y para la Iglesia como Cuerpo Místico de Cristo (que va creciendo de edad en edad).

Y ahora, ¿quién es el siervo fiel y prudente, al cual cuando su Señor venga le halle haciendo así?7 O sea, ¿cuál es el siervo fiel y prudente que estará en la Casa de Dios en el Día Postrero, en el día o tiempo en donde la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles estará cumplida? Ese siervo será el siervo fiel y prudente, al cual Su Señor lo pondrá sobre todos Sus bienes; y su venida es para la Edad de la Piedra Angular.

¿Cuál es el siervo fiel y prudente que estará en la Edad de la Piedra Angular alimentando a todos los hijos e hijas de Dios con el alimento espiritual correspondiente al Día Postrero, que es el Mensaje del Evangelio del Reino, que gira alrededor de la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo? ¿Quién es el siervo fiel y prudente que estará dándoles el Maná escondido? ¿De dónde lo sacará? Pues del Lugar Santísimo; porque allí estaba el maná escondido, en el lugar santísimo, dentro del arca del pacto, en el templo que construyó Moisés y en el templo que construyó Salomón.

Y ahora, en el Templo del Señor Jesucristo, ¿dónde estará ese Maná escondido? Pues en el Lugar Santísimo de ese Templo, que es la Edad de la Piedra Angular; edad que se cumple en la América Latina y el Caribe. Así que ahí es donde estará el Maná escondido del Evangelio del Reino, que gira alrededor de la Segunda Venida de Cristo; ahí estará el Maná escondido, el alimento espiritual que contiene la revelación de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles, contiene la revelación de la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo.

Y ese es el alimento que el siervo fiel y prudente de la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino reparte (¿dónde?) en la Casa de Dios. ¿En qué parte de la Casa de Dios? En el Lugar Santísimo.

Los siete ángeles mensajeros repartieron el alimento espiritual del Evangelio de la Gracia (¿dónde?) en el Lugar Santo, que corresponde a las siete edades de la Iglesia gentil; y en el Lugar Santísimo el siervo fiel y prudente reparte el Maná escondido, que es el Mensaje del Evangelio del Reino, que gira alrededor de la Segunda Venida de Cristo; sin menospreciar el Mensaje del Evangelio de la Gracia, porque todos conocemos y hemos recibido también el Mensaje del Evangelio de la Gracia, y por eso hemos recibido a Cristo como nuestro Salvador y hemos lavado nuestros pecados en la Sangre de Cristo y hemos recibido Su Espíritu Santo.

Y ahora, los hijos e hijas de Dios, vean ustedes, tienen el Evangelio de la Gracia, que gira alrededor de la Primera Venida de Cristo y Su Obra de Redención en la Cruz del Calvario, la cual nos ha traído la bendición de la salvación, nos ha traído la bendición de quitar nuestros pecados con Su Sangre preciosa y de darnos Su Espíritu Santo, y producir en nosotros el nuevo nacimiento; y así ser nacidos (¿dónde?) en la Casa de Dios, que es el Cuerpo Místico de Cristo, la Iglesia del Señor Jesucristo. Y, en adición, ahora nos da el Maná escondido, nos da el Mensaje del Evangelio del Reino, que gira alrededor de la Segunda Venida de Cristo; y esto es en la Edad de la Piedra Angular, en donde se abre una nueva dispensación.

Y ahora, veamos aquí en Efesios, capítulo 2, verso 19 al 22, donde dice:

“Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios…”.

Humanamente hablando usted pertenece a una familia terrenal, a la familia donde usted nació; pero por medio de creer en Cristo como nuestro Salvador y lavar nuestros pecados en la Sangre de Cristo y recibir Su Espíritu Santo, hemos nacido en una nueva familia, una familia celestial, la Familia (¿de quién?) de Dios.

Amamos a nuestros padres, a nuestra familia terrenal, y oramos a Dios para que ellos también nazcan en la Familia de Dios; y le damos gracias a Dios por habernos permitido nacer en esta Tierra en la familia terrenal para hacer contacto con la vida eterna y nacer también de nuevo, nacer de nuevo en la Familia celestial.

De ese nuevo nacimiento fue que le habló Cristo a Nicodemo, le dijo: “De cierto, de cierto te digo que el que no nazca de nuevo no puede ver el Reino de Dios”, o sea, no lo puede entender. Nicodemo pensó en términos humanos y dijo: “¿Cómo puede hacerse esto? ¿Puede acaso el hombre, ya siendo viejo, entrar en el vientre de su madre y nacer de nuevo?”, pero no era esa clase de nacimiento. El nacimiento natural tipifica el nacimiento espiritual.

Ahora, este nuevo nacimiento del cual Cristo habla es el nacimiento por medio de creer en Cristo como nuestro Salvador, lavar nuestros pecados en la Sangre de Cristo y recibir Su Espíritu Santo; y cuando eso sucede en la vida de la persona, ¿qué ha sucedido? Ha nacido de nuevo, ha nacido en una nueva familia, una familia celestial, de la cual Jesucristo es el primero, Jesucristo es el primogénito8; y todos somos hijos de Dios9.

Cuando hemos nacido en la Familia de Dios estamos manifestados espiritualmente, en el campo espiritual, o sea, en la sexta dimensión, estamos manifestados como hijos e hijas de Dios; aunque todavía no estamos adoptados y no tenemos el cuerpo nuevo, el cuerpo eterno, pero pronto lo vamos a tener; porque la adopción es para esos hijos e hijas de Dios que han nacido en el Reino de Dios, han nacido en la Casa de Dios, en la Iglesia del Señor Jesucristo.

Sigue diciendo:

“… y miembros de la familia de Dios,

edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo,

en quien todo el edificio, bien coordinado (o sea que no es algo hecho a la aventura, sino bien coordinado), va creciendo…”.

¿Ve? Nació una Iglesia pequeñita, con ciento veinte personas, pero ha ido creciendo y ya tiene millones de miembros, a medida que ha ido pasando por las diferentes etapas o edades.

Y para este tiempo final es que llega a la estatura perfecta, para este tiempo final es que la Iglesia de Jesucristo obtiene su estatura completa, cuando sean colocados en el Cuerpo Místico de Cristo todos los escogidos de Dios ordenados por Dios desde antes de la fundación del mundo y escritos en el Libro de la Vida del Cordero desde antes de la fundación del mundo.

O sea, cuando se complete hasta el último de los escogidos pertenecientes a la Edad de la Piedra Angular, la Iglesia de Jesucristo ha crecido hasta donde iba a crecer; después no crecerá más, porque ya no habrá ninguna otra persona para ser miembro del Cuerpo Místico de Cristo. Dios tiene el número de Su Cuerpo Místico de creyentes, el número de los miembros de Su Cuerpo Místico de creyentes.

Y ahora, vean ustedes cómo ha ido creciendo la Iglesia de etapa en etapa. Y a través de las diferentes etapas estas virtudes han estado siendo manifestadas, al ser manifestado Cristo en Espíritu Santo en el ángel mensajero de cada edad dando el Mensaje de cada edad, y se ha operado la Obra correspondiente a cada edad.

Por lo tanto, una virtud en cada edad ha sido manifestada en la Iglesia de Jesucristo de etapa en etapa hasta llegar a este tiempo final, en donde todas las virtudes estarán manifestadas en la Iglesia del Señor Jesucristo; porque esta es la etapa de la Edad de la Piedra Angular, es la etapa del amor divino, y en el amor divino están todas las virtudes, porque estas son virtudes de Dios, y Dios es amor.

En Dios, que es amor, están todas las virtudes; y por consiguiente, en la Iglesia de Jesucristo, en la Edad de la Piedra Angular, estarán siendo manifestadas todas las virtudes que fueron manifestadas en las edades de la Iglesia gentil; y en la Edad de la Piedra Angular, que es la Edad del Amor Divino, vean ustedes, están todas esas virtudes. Ninguna de las otras edades fue la Edad del Amor Divino.

Primero, la primera edad fue la Edad de la Fe, la segunda fue la Edad de la Virtud, la tercera fue la Edad de la Ciencia, la cuarta fue la Edad de la Templanza, la quinta fue la Edad de la Paciencia, la sexta fue la Edad del Temor de Dios, la séptima fue la Edad del Amor Fraternal, y la Edad de la Piedra Angular (que es la edad octava) es la Edad del Amor Divino, esa es la Edad de la Piedra Angular; y por consiguiente ahí Cristo estará manifestado operando en Su Cuerpo Místico de creyentes todas esas virtudes; y en nosotros como individuos Cristo estará manifestándose para operar todas esas virtudes, para así nosotros ser transformados y raptados en este tiempo final.

Ahora, vamos a continuar leyendo aquí. Dice:

“… en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor;

en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu”.

Dios morará en cada uno de Sus escogidos en toda Su plenitud; seremos a imagen y semejanza de nuestro amado Señor Jesucristo, con un cuerpo teofánico eterno y con un cuerpo físico eterno y glorificado. Y la Iglesia del Señor Jesucristo también se encontrará glorificada cuando todos los escogidos de Dios tengan su cuerpo glorificado; y así la Iglesia de Jesucristo estará lista ¿para qué? Para ser llevada a la Cena de las Bodas del Cordero.

Dios morará en toda Su plenitud en Su Iglesia cuando el último escogido llegue y se complete el número de los escogidos; ahí viene la dedicación de ese Templo espiritual a Dios, para que Dios se manifieste en toda Su plenitud (como Él lo ha prometido) y sea visto Dios, Jesucristo, manifestado en toda Su plenitud en Su Iglesia, sea visto por el mundo entero.

Eso es la Tercera Etapa, que vendrá en esa forma, en esa manifestación con grandes señales y maravillas a nivel mundial; pero eso será para después que ya estemos transformados y los muertos en Cristo estén resucitados. Y Dios entonces morará no en las primicias, sino en toda Su plenitud; o sea, no será en la porción de las primicias, sino será en una doble porción: o sea, con las primicias (o sea, con el cuerpo teofánico) y con la doble porción (o sea, con el cuerpo físico eterno y glorificado).

Y ahí Dios manifestado en una persona con un cuerpo teofánico de la sexta dimensión y con un cuerpo físico glorificado y eterno, ¿tendrá limitaciones Dios para la Obra que llevará a cabo? No tendrá limitaciones.

Solamente tendremos de treinta a cuarenta días aquí en la Tierra en esos cuerpos inmortales y después nos iremos a la Cena de las Bodas del Cordero con nuestro Señor Jesucristo; y estando en esos cuerpos inmortales veremos también a Jesucristo en Su cuerpo glorificado que Él resucitó y ascendió en él al Cielo.

Así como nosotros nos vemos los unos a los otros, ¿porque estamos en qué? En cuerpos iguales. Si usted estuviera en el cuerpo teofánico y no en el cuerpo físico, las demás personas no le podrían ver a usted; pero si estamos en la misma clase de cuerpo, pues nos podemos ver los unos a los otros. Y así cuando estemos en la misma clase de cuerpo que tiene Jesucristo, también lo podremos ver a Él en esa misma clase de cuerpo: en el cuerpo glorificado.

Es muy importante ir creciendo. Cuando Cristo, Jesucristo, vean ustedes, estuvo aquí en la Tierra, habiendo nacido por medio de la virgen María, dice la Escritura en el capítulo 2, versos 36 al 40 [San Lucas]:

“Estaba también allí Ana, profetisa, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad muy avanzada, pues había vivido con su marido siete años desde su virginidad,

y era viuda hacía ochenta y cuatro años (y 84 y 7 es 91, más los años que tenía cuando se casó; o sea que tenía más de 100 años, y estaba esperando la Venida del Mesías); y no se apartaba del templo, sirviendo de noche y de día con ayunos y oraciones.

Ésta, presentándose en la misma hora (o sea, en la hora en que estaban presentando a Jesús; porque todo varón era presentado delante de Dios al octavo día para ser circuncidado), daba gracias a Dios, y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención en Jerusalén”.

Y ahora, todos los cristianos están esperando la redención del cuerpo, que es la transformación de nuestro cuerpo y la resurrección de los muertos en Cristo, para ir a la Cena de las Bodas del Cordero; porque sin la redención del cuerpo para los que vivimos no hay rapto y tampoco hay fiesta para nosotros, tampoco hay Cena de las Bodas del Cordero para los que no reciban el cuerpo eterno, el cuerpo glorificado. Para los que no reciban la transformación no hay viaje a la Casa de nuestro Padre celestial, a esa gran fiesta de la Cena de las Bodas del Cordero; y los muertos no podrán ir a la Cena de las Bodas del Cordero a menos que resuciten en un cuerpo eterno.

Los santos creyentes en Cristo, que han nacido de nuevo en la edad que les tocó vivir, son los que están invitados a la Cena de las Bodas del Cordero, son los convidados a la Cena en las Bodas del Cordero.

“Bienaventurados los que son llamados a la Cena de las Bodas del Cordero”10.

Cada uno fue llamado en su edad, pero no vivió lo suficiente para (estando vivos) ser transformado e ir a la Cena de las Bodas del Cordero; por lo tanto, la Voz del Hijo del Hombre, la Voz del Hijo de Dios, en el Día Postrero ¿qué hará? Llamará a todos los que han dormido. Dijo Jesucristo11: “No os maravilléis de esto; porque viene la hora, y la hora es, cuando los que están en los sepulcros oirán la Voz del Hijo de Dios y se levantarán; y los que hicieron lo bueno se levantarán a resurrección de vida (vida eterna)”.

Y ahora, es en el Día Postrero donde los que estamos vivos escuchamos la Voz de Cristo, la Voz de Dios; y los que han partido también la escuchan, porque ellos están en el Paraíso, y pueden ver de allá hacia acá y pueden escuchar también; y por medio del Mensaje de la Gran Voz de Trompeta, que es el Mensaje del Evangelio del Reino, los muertos en Cristo están escuchando la Voz del Hijo de Dios; y llegará el momento en que ellos se levantarán en cuerpos eternos y nosotros los que vivimos seremos transformados, porque también estamos escuchando la Voz del Hijo de Dios, esa Gran Voz de Trompeta; y seremos transformados, e iremos a la Cena de las Bodas del Cordero.

Ahora estamos comiéndonos esa Palabra de la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino, que es la revelación de la Segunda Venida de Cristo, la revelación del Séptimo Sello, la revelación prometida para el Día Postrero, que es el Maná escondido, o tipificada esa revelación en el Maná escondido; estamos comiéndonos ese Maná escondido.

Y ahora, ¿cuál es el siervo fiel y prudente que estará en la Casa de Dios dando ese alimento espiritual a tiempo (no fuera de tiempo, no en otra edad, sino en esa edad y en esa dispensación)? Ese es el Ángel del Señor Jesucristo, el que en ese tiempo, en este tiempo final, estaría (¿dónde?) en la Casa de Dios, en la Edad de la Piedra Angular, en el Lugar Santísimo de la Casa de Dios, tomando el Maná escondido. ¿Dónde estaba el maná escondido en el templo? En el lugar santísimo, dentro del arca del pacto.

Y esa es la Palabra, la revelación de Jesucristo, para este tiempo final: la revelación de la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo; esa es la Palabra que sale de la boca de Dios, que sale de la boca de Dios, que es el Ángel del Señor Jesucristo para este Día Postrero, para todos los hijos e hijas de Dios, ¿dónde? En la Casa de Dios.

Ese es el alimento espiritual para todos nosotros en este tiempo final, para crecer y llegar a la estatura de un varón perfecto, llegar a ser a imagen y semejanza de nuestro amado Señor Jesucristo; o sea que este es el último alimento que nos llevará a la perfección, nos llevará a ser iguales a nuestro amado Señor Jesucristo, nos llevará a ser a imagen y semejanza de nuestro Salvador.

Y para eso tenemos que estar creciendo en el Día Postrero con el Séptimo Sello, con el Ángel que era diferente a los demás, que es el que tiene el Séptimo Sello, el cual por medio de Su Ángel Mensajero nos da Su alimento espiritual, Su Palabra, Su revelación, la revelación de Su Venida, para que así crezcamos y lleguemos a ser a imagen y semejanza de nuestro amado Señor Jesucristo.

Ha sido para mí un privilegio muy grande estar con ustedes en esta ocasión dándoles testimonio de la forma en que los escogidos de Dios estarían CRECIENDO CON EL SÉPTIMO SELLO en este tiempo final.

Adelante CRECIENDO CON EL SÉPTIMO SELLO. Y para crecer, ¿qué hay que hacer? Comer, comer la Palabra que sale de la boca de Dios para este Día Postrero, para la Edad de la Piedra Angular; la Palabra, el Mensaje del Evangelio del Reino, que gira alrededor de la Segunda Venida de Cristo.

Que las bendiciones del Séptimo Sello, el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, Jesucristo, sean sobre todos ustedes y sobre mí también; y pronto se complete el número de los escogidos de Dios; y pronto todos crezcamos y lleguemos a la estatura de Cristo, seamos a imagen y semejanza de Cristo, seamos transformados y tengamos el cuerpo eterno; y luego vayamos a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Muchas gracias por vuestra amable atención, amados amigos y hermanos presentes; y continúen pasando una tarde llena de las bendiciones del Señor Jesucristo, creciendo siempre.

¿Y dónde están los que estarían creciendo con el Séptimo Sello en este tiempo? Aquí estamos, aquí estamos creciendo con el Séptimo Sello.

Que Dios les bendiga y les guarde a todos.

“CRECIENDO CON EL SÉPTIMO SELLO”.

[Revisión marzo 2019]

1 Romanos 14:23

2 Hechos 10:1-48

3 San Mateo 16:18-19

4 Gálatas 1:11-24, Hechos 9:15-16 (1-22)

5 Eclesiastés 11:1

6 Eclesiastés 11:2

7 San Mateo 24:45-47

8 Romanos 8:29, Colosenses 1:15, 18

9 Gálatas 3:25-27

10 Apocalipsis 19:9

11 San Juan 5:28-29

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