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Muy buenas tardes o buenas noches, amables amigos y hermanos presentes. Es para mí una bendición grande estar con ustedes en esta ocasión para compartir unos momentos de compañerismo alrededor del Programa de Dios y ver así dónde nos encontramos en Su Programa, y ser preparados para recibir todas las bendiciones de nuestro amado Señor Jesucristo como Él lo ha prometido.

Para esta ocasión tenemos como tema: “EL ÉXODO DEL SÉPTIMO SELLO”; para lo cual vamos a leer en el libro del Éxodo y también en el libro del Apocalipsis. En el Éxodo leeremos el capítulo 3... donde dice, verso 1 al 12:

“Apacentando Moisés las ovejas de Jetro su suegro, sacerdote de Madián, llevó las ovejas a través del desierto, y llegó hasta Horeb, monte de Dios.

Y se le apareció el Ángel de Jehová en una llama de fuego en medio de una zarza; y él miró, y vio que la zarza ardía en fuego, y la zarza no se consumía.

Entonces Moisés dijo: Iré yo ahora y veré esta grande visión, por qué causa la zarza no se quema.

Viendo Jehová que él iba a ver, lo llamó Dios de en medio de la zarza, y dijo: ¡Moisés, Moisés! Y él respondió: Heme aquí.

Y dijo: No te acerques; quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es.

Y dijo: Yo soy el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob. Entonces Moisés cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a Dios.

Dijo luego Jehová: Bien he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído su clamor a causa de sus exactores; pues he conocido sus angustias,

y he descendido para librarlos de mano de los egipcios, y sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y ancha, a tierra que fluye leche y miel, a los lugares del cananeo, del heteo, del amorreo, del ferezeo, del heveo y del jebuseo.

El clamor, pues, de los hijos de Israel ha venido delante de mí, y también he visto la opresión con que los egipcios los oprimen.

Ven, por tanto, ahora, y te enviaré a Faraón, para que saques de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel.

Entonces Moisés respondió a Dios: ¿Quién soy yo para que vaya a Faraón, y saque de Egipto a los hijos de Israel?

Y él respondió: Ve, porque yo estaré contigo; y esto te será por señal de que yo te he enviado: cuando hayas sacado de Egipto al pueblo, serviréis a Dios sobre este monte.

Dijo Moisés a Dios: He aquí que llego yo a los hijos de Israel, y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé?

Y respondió Dios a Moisés: Yo Soy el que Soy. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: Yo Soy me envió a vosotros”.

Hasta aquí leemos este pasaje que nos habla del éxodo del pueblo hebreo, cuando Dios está llamando a Moisés para el ministerio para enviarlo al pueblo hebreo para la liberación.

Y en Apocalipsis, capítulo 8, verso 1 en adelante, dice:

“Cuando abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el cielo como por media hora.

Y vi a los siete ángeles que estaban en pie ante Dios; y se les dieron siete trompetas.

Otro ángel vino entonces y se paró ante el altar, con un incensario de oro; y se le dio mucho incienso para añadirlo a las oraciones de todos los santos, sobre el altar de oro que estaba delante del trono.

Y de la mano del ángel subió a la presencia de Dios el humo del incienso con las oraciones de los santos.

Y el ángel tomó el incensario, y lo llenó del fuego del altar, y lo arrojó a la tierra; y hubo truenos, y voces, y relámpagos, y un terremoto”.

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Nuestro tema es: “EL ÉXODO DEL SÉPTIMO SELLO”.

Para poder comprender lo que es el éxodo del Séptimo Sello tenemos que comprender lo que fue el éxodo del pueblo hebreo, en donde hubo una persona de otra dimensión, el que llevó a cabo ese éxodo por medio del profeta Moisés, llamado este personaje de otra dimensión el Ángel de Jehová o Ángel del Pacto, el cual le apareció al profeta Moisés; y Moisés vino a ser el instrumento de ese Ángel del Pacto para la realización del éxodo del pueblo hebreo.

En el capítulo 23 del Éxodo, verso 20 en adelante, verso 20 al 23, dice (hablando de ese personaje, de ese Ángel):

“He aquí yo envío mi Ángel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado.

Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión, porque mi nombre está en él.

Pero si en verdad oyeres su voz e hicieres todo lo que yo te dijere, seré enemigo de tus enemigos, y afligiré a los que te afligieren.

Porque mi Ángel irá delante de ti, y te llevará a la tierra del amorreo, del heteo, del ferezeo, del cananeo, del heveo y del jebuseo, a los cuales yo haré destruir”.

Aquí tenemos la promesa del verdadero libertador del pueblo hebreo, que fue el Ángel de Jehová, el Ángel del Pacto, pero tuvo que usar a un hombre llamado Moisés, un profeta dispensacional. Y ahora, podemos ver todo el poder que fue manifestado por el Ángel de Jehová, el Ángel del Pacto.

Y ahora, ¿quién es este Ángel del Pacto? Es el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. Este Ángel del Pacto, vean ustedes, está en Su cuerpo teofánico de la sexta dimensión; y en San Juan lo encontramos: aquí en San Juan, capítulo 1, lo encontramos; verso 1 al 14, dice:

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.

Éste era en el principio con Dios.

Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.

En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres”.

Este es el Verbo, que era con Dios y era Dios. Y luego, sigue diciendo:

“La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella.

Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan (Juan el Bautista).

Éste vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él.

No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz.

Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo (¿Quién? Esa Luz verdadera, que era la Luz de los hombres, que es el Verbo, que era con Dios y era Dios).

En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció (el mundo, ¿qué?, no le conoció).

A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.

Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;

los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.

Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros…”.

Habitó entre los seres humanos el Verbo hecho carne; y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios, y el Verbo fue el que creó todas las cosas. ¿Y cómo se puede entender todo esto? Sigue diciendo:

“… (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad”.

Ahora, continuemos para ver el cuadro completo; dice:

“Juan dio testimonio de él, y clamó diciendo: Éste es de quien yo decía: El que viene después de mí, es antes de mí; porque era primero que yo.

Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia”.

Ahora, vean ustedes, el que viene después de Juan es primero que Juan. ¿Y cómo se puede entender esto, que venga después de Juan y sea primero que Juan? Porque Él es el Verbo, que creó todas las cosas; y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. ¿Quién es el que viene? Es el mismo Dios el que viene con Su cuerpo teofánico, metido dentro de un cuerpo de carne llamado Jesús de Nazaret.

“Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.

A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer”.

Ahora podemos ver quién era Jesucristo y quién es Jesucristo: es el Verbo, que era con Dios y era Dios, y se hizo carne, y habitó entre los seres humanos; y vino a ser la promesa de Isaías, capítulo 7, verso 14, cumplida en medio del pueblo hebreo, la cual dice de la siguiente manera:

“Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel”.

Que traducido es: Dios con nosotros. El Verbo con nosotros hecho carne en medio de la raza humana, en medio del pueblo hebreo.

Cuando se habla del Verbo que era con Dios y era Dios, se está hablando del cuerpo teofánico de Dios, de la sexta dimensión, que era con Dios y era Dios porque Dios estaba dentro de ese cuerpo teofánico.

Y ese cuerpo teofánico que era con Dios, en el cual estaba Dios manifestado llevando a cabo la Creación del universo completo, de todas las cosas, encontramos que luego se creó un cuerpo de carne en el vientre de María; y ese cuerpo de carne nació y en ese cuerpo de carne habitó ¿quién? Dios, Emanuel, Dios con nosotros, en la forma de un niño allí naciendo; y después un niñito creciendo, después un joven y después una persona ya adulta cuando tenía cerca de 30 años para comenzar Su ministerio mesiánico de tres años y medio, y cumplirse la promesa del Mesías en medio del pueblo hebreo; y los tres primeros años de la semana número setenta cumplirse bajo el ministerio de Jesús, y morir a la mitad de esa semana para pagar el precio de la redención, para así lavar nuestros pecados con Su Sangre muriendo allí en la Cruz del Calvario. Él tomó nuestros pecados y se hizo mortal.

Él, siendo inmortal, no podía morir. Él decía1: “Nadie me quita la vida (dijo). Yo la pongo por mí mismo para volverla a tomar”. Y para poder morir, para hacerse mortal, tuvo que tomar nuestros pecados, y entonces morir como un pecador a causa de nuestros pecados; dice que se hizo pecado por nosotros2.

Y ahora, vino en un cuerpo semejante al nuestro, a semejanza de pecado3, o un cuerpo como el nuestro pero por creación divina, por lo tanto no tenía pecado el cuerpo de Él.

Y ahora, encontramos que llevó a cabo Su Obra de Redención allí en la Cruz del Calvario. ¿Y qué fue todo esto que pasó allí? Pues nada menos que el Ángel del Pacto que había libertado al pueblo hebreo, luego se hizo carne y vivió en medio los seres humanos, en medio del pueblo hebreo, y llevó a cabo la Obra de Redención en medio del pueblo hebreo en la Cruz del Calvario, para el éxodo de los hijos e hijas de Dios.

Así como se estableció en medio del pueblo hebreo, para poder el pueblo hebreo salir libre de Egipto se estableció por Dios a través del profeta Moisés el sacrificio de un cordero pascual, el cual el día 13 en la tarde del mes primero del año religioso hebreo fue sacrificado; y ese cordero fue asado en fuego y se lo comieron durante la noche.

Pero en las casas donde se estaban comiendo ese cordero estaba una señal en el dintel y en los postes (o sea, los postes es el marco), dintel y postes de la puerta, estaba allí la sangre de ese cordero aplicada en el dintel y en los postes de la puerta; y cuando la muerte esa noche a la medianoche pasó por Egipto matando a todos los primogénitos de los egipcios, cuando veía esa sangre aplicada en el dintel de las casas de los hebreos, la muerte no entraba allí. Los primogénitos hebreos estaban seguros, los que estaban dentro de esa casa que tenía la sangre del cordero aplicada.

Y ahora, todo esto sucedió para poderse llevar a cabo el éxodo del pueblo hebreo; y ya por la mañana, el pueblo hebreo saldría libre.

Y ahora miren, en el Éxodo, capítulo 12, verso 17 en adelante, dice:

“Y guardaréis la fiesta de los panes sin levadura, porque en este mismo día saqué vuestras huestes de la tierra de Egipto; por tanto, guardaréis este mandamiento en vuestras generaciones por costumbre perpetua.

En el mes primero comeréis los panes sin levadura, desde el día catorce del mes por la tarde hasta el veintiuno del mes por la tarde.

Por siete días no se hallará levadura en vuestras casas…”.

O sea que el día 14 del mes, durante la tarde, cuando ya estaba el sol para caer (que cae de las 3:00 de la tarde en adelante, comienza la caída del sol), el sacrificio del cordero tenía que ser efectuado, ser preparado; y ya en la noche, ya se lo comerían en las casas los hebreos, y la sangre de ese cordero estaría aplicada en el dintel.

Ahora, miren ustedes, todo eso tenían que prepararlo ¿qué día? El día 14, porque ya el día 15 se estarían comiendo ese cordero en sus casas y todo el mundo estaría dentro de sus casas.

Ahora, vean ustedes, los días en medio del pueblo hebreo y los años, todos terminan en la tarde y comienzan en la tarde; en la tarde del día 14 terminaría el día 14 y comenzaría ahí mismo, en esa tarde, el día 15. Por eso es que el pueblo hebreo comienza el sábado en la tarde del viernes a la caída del sol.

Y ahora, en la tarde del día 14 luego comenzaría el día 15, y comenzaría el tiempo en donde el cordero estaría ya dentro de las casas asado en fuego, la sangre aplicada en el dintel de las casas; y estarían todos ellos sirviendo a Dios, orando a Dios y comiendo ese cordero pascual, y la sangre aplicada en el dintel de las casas. Eso fue así para el pueblo hebreo porque al otro día en la mañana saldrían completamente libres.

Ahora, vean ustedes:

“En el mes primero comeréis los panes sin levadura (o sea, en el mes primero, o sea, en el primer mes del año, que es el mes de Abib), desde el día catorce del mes por la tarde hasta el veintiuno del mes por la tarde.

Por siete días no se hallará levadura en vuestras casas; porque cualquiera que comiere leudado, así extranjero como natural del país, será cortado de la congregación de Israel.

Ninguna cosa leudada comeréis; en todas vuestras habitaciones comeréis panes sin levadura.

Y Moisés convocó a todos los ancianos de Israel, y les dijo: Sacad y tomaos corderos por vuestras familias, y sacrificad la pascua.

Y tomad un manojo de hisopo, y mojadlo en la sangre que estará en un lebrillo, y untad el dintel y los dos postes con la sangre que estará en el lebrillo; y ninguno de vosotros salga de las puertas de su casa hasta la mañana (hasta la mañana).

Porque Jehová pasará hiriendo a los egipcios; y cuando vea la sangre en el dintel y en los dos postes, pasará Jehová aquella puerta, y no dejará entrar al heridor en vuestras casas para herir.

Guardaréis esto por estatuto para vosotros y para vuestros hijos para siempre.

Y cuando entréis en la tierra que Jehová os dará, como prometió, guardaréis este rito.

Y cuando os dijeren vuestros hijos: ¿Qué es este rito vuestro?,

vosotros responderéis: Es la víctima de la pascua de Jehová, el cual pasó por encima de las casas de los hijos de Israel en Egipto, cuando hirió a los egipcios, y libró nuestras casas. Entonces el pueblo se inclinó y adoró.

Y los hijos de Israel fueron e hicieron puntualmente así, como Jehová había mandado a Moisés y a Aarón.

Y aconteció que a la medianoche Jehová hirió a todo primogénito en la tierra de Egipto, desde el primogénito de Faraón que se sentaba sobre su trono hasta el primogénito del cautivo que estaba en la cárcel, y todo primogénito de los animales.

Y se levantó aquella noche Faraón, él y todos sus siervos, y todos los egipcios; y hubo un gran clamor en Egipto, porque no había casa donde no hubiese un muerto.

E hizo llamar a Moisés y a Aarón de noche, y les dijo: Salid de en medio de mi pueblo vosotros y los hijos de Israel, e id, servid a Jehová, como habéis dicho.

Tomad también vuestras ovejas y vuestras vacas, como habéis dicho, e idos; y bendecidme también a mí.

Y los egipcios apremiaban al pueblo, dándose prisa a echarlos de la tierra; porque decían: Todos somos muertos.

Y llevó el pueblo su masa antes que se leudase, sus masas envueltas en sus sábanas sobre sus hombros.

E hicieron los hijos de Israel conforme al mandamiento de Moisés (Jehová), pidiendo de los egipcios alhajas de plata, y de oro, y vestidos.

Y Jehová dio gracia al pueblo delante de los egipcios, y les dieron cuanto pedían; así despojaron a los egipcios”.

Ahora podemos ver cómo sucedió esta salida del pueblo hebreo de Egipto; y ahora, salieron de la tierra de la esclavitud hacia la tierra de la promesa, hacia la tierra prometida, donde serían establecidos por Dios.

Ahora, vean cómo Dios tuvo un profeta para este éxodo del pueblo hebreo.

Ahora, encontramos que esto es tipo y figura del éxodo de los hijos e hijas de Dios, de los escogidos de Dios, porque hay un Israel terrenal y también hay un Israel celestial; hay una descendencia de Abraham según la carne (el pueblo hebreo) y hay una descendencia que viene por medio de Cristo, una descendencia celestial.

Para lo cual habló el apóstol San Pablo en su carta a los Gálatas, y vamos a ver lo que nos dice ahí en su carta a los Gálatas, vamos a ver... Gálatas, capítulo 4, versos 22 en adelante, dice:

“Porque está escrito que Abraham tuvo dos hijos; uno de la esclava, el otro de la libre (o sea, uno de Agar, el cual fue Ismael, y el otro de Sara, el cual fue Isaac).

Pero el de la esclava nació según la carne; mas el de la libre, por la promesa.

Lo cual es una alegoría, pues estas mujeres son los dos pactos; el uno proviene del monte Sinaí, el cual da hijos para esclavitud; éste es Agar”.

¿Y dónde fue que el pueblo hebreo recibió la Ley, el pacto de la Ley? En el monte Sinaí; y está representado el pueblo hebreo en el pacto que recibió el pueblo hebreo en Agar y su hijo Ismael; o sea que en Ismael, en esta alegoría o esta parábola, está representado el pueblo hebreo. Aunque para el pueblo hebreo no es muy agradable esta parábola, porque en otras parábolas o en otras alegorías o en otros tipos y figuras, el pueblo hebreo está representado en Isaac y también en Jacob; pero para este caso San Pablo coloca al pueblo hebreo bajo la Ley, bajo el simbolismo de Agar e Ismael.

“Porque Agar es el monte Sinaí en Arabia, y corresponde a la Jerusalén actual, pues ésta, junto con sus hijos, está en esclavitud.

Mas la Jerusalén de arriba, la cual es madre de todos nosotros, es libre (y ahí está representada la Jerusalén de arriba, ¿en quién?, en Sara).

Porque está escrito:

Regocíjate, oh estéril, tú que no das a luz (esa es Sara en tipo y figura, tipificando a la Iglesia);

Prorrumpe en júbilo y clama, tú que no tienes dolores de parto;

Porque más son los hijos de la desolada, que de la que tiene marido.

Así que, hermanos, nosotros, como Isaac, somos hijos de la promesa.

Pero como entonces el que había nacido según la carne perseguía al que había nacido según el Espíritu, así también ahora”.

Por eso la persecución que Ismael efectuaba contra Isaac. Ismael era como 13 años mayor que Isaac (13 o 14 años). Y ahora encontramos que Ismael se burlaba de Isaac cuando ya Isaac había nacido, y lo perseguía; y por eso fue que Sara le dijo a Abraham: “Echa fuera a la sierva y a su hijo, porque no heredará el hijo de la sierva con mi hijo”. Y Dios le dijo que lo hiciera así, le dijo a Abraham: “Hazlo de esa forma, como ella te ha dicho”4.

“Mas ¿qué dice la Escritura? Echa fuera a la esclava y a su hijo, porque no heredará el hijo de la esclava con el hijo de la libre.

De manera, hermanos, que no somos hijos de la esclava, sino de la libre”.

Y ahora, en Hebreos, capítulo 12, versos 18 en adelante, dice:

“Porque no os habéis acercado al monte que se podía palpar (o sea, al monte Sinaí), y que ardía en fuego, a la oscuridad, a las tinieblas y a la tempestad (así estaba el monte cuando Dios estaba dando Su Ley allí al pueblo hebreo),

al sonido de la trompeta, y a la voz que hablaba, la cual los que la oyeron rogaron que no se les hablase más,

porque no podían soportar lo que se ordenaba: Si aun una bestia tocare el monte, será apedreada, o pasada con dardo;

y tan terrible era lo que se veía, que Moisés dijo: Estoy espantado y temblando;

sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles,

a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos,

a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel.

Mirad que no desechéis al que habla. Porque si no escaparon aquellos que desecharon al que los amonestaba en la tierra, mucho menos nosotros, si desecháremos al que amonesta desde los cielos.

La voz del cual conmovió entonces la tierra, pero ahora ha prometido, diciendo: Aún una vez, y conmoveré no solamente la tierra, sino también el cielo.

Y esta frase: Aún una vez, indica la remoción de las cosas movibles, como cosas hechas, para que queden las inconmovibles.

Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia;

porque nuestro Dios es fuego consumidor”.

Aquí podemos ver que nos hemos acercado no al monte Sinaí, sino al Monte de Sion, que es la Iglesia del Señor Jesucristo. Y ese Monte es el lugar donde Dios habla; así como habló en el monte Sinaí, ahora Dios habla en el Monte de Sion, en Su Iglesia.

Y ahora vamos a ver cómo Dios ha estado hablando en el Monte de Sion, en Su Iglesia, de edad en edad, ha estado hablando de edad en edad en Su Monte, en el Monte de Sion, que es Su Iglesia.

Jesucristo en Espíritu Santo manifestado por medio de cada ángel mensajero ha estado hablando en cada edad en Su Iglesia y ha estado llamando y juntando a Sus escogidos de edad en edad. Y ahora en el Día Postrero nos encontramos en la parte más alta del Monte de Sion, en la Edad de la Piedra Angular, en la cima del Monte de Sion, donde Él habla ahí también por medio de Su Ángel Mensajero todas estas cosas que deben suceder pronto, y nos prepara así para en el Día Postrero ser transformados y raptados, conforme a la promesa divina, e ir con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo.

Ahora, el sacrificio del Cordero pascual para los escogidos de Dios ya fue realizado en la Cruz del Calvario, para el éxodo de los hijos e hijas de Dios. Encontramos que ya ese éxodo comenzó y ha estado manifestándose ese éxodo espiritual, en donde Cristo ha estado sacando a Sus hijos; los ha estado sacando, libertando del mundo, porque ha estado llamando y juntando a Sus escogidos de edad en edad, y Sus escogidos han estado creyendo en Jesucristo como su Salvador, han estado lavando sus pecados en la Sangre de Cristo y han estado recibiendo el Espíritu de Cristo; y por consiguiente han sido sellados con el Sello del Dios vivo y han estado pasando por estas etapas por las cuales pasó el pueblo hebreo allí en la noche en que estaban comiendo el cordero pascual.

Encontramos que durante estas siete edades de la Iglesia gentil hemos estado comiéndonos el Cordero pascual. Cristo dijo5: “El que no coma mi carne y beba mi Sangre no tiene vida permaneciente en sí mismo”. Y al creer en Cristo como nuestro Salvador, y lavar nuestros pecados en la Sangre de Cristo, y recibir Su Espíritu Santo, y perseverar en el Cuerpo Místico de Cristo recibiendo la Palabra de Dios para el tiempo o edad en que nos toca vivir, estamos comiéndonos…, dentro de la Casa de Dios (que es la Iglesia de Jesucristo) nos estamos comiendo la Palabra, que es Cristo, el Cordero Pascual. Hemos estado comiendo esa Palabra: hemos estado recibiendo a Cristo como nuestro Salvador, hemos estado creyendo en Cristo como nuestro Salvador, hemos estado comiendo el Cordero Pascual.

Y con Su muerte en la Cruz del Calvario, y teniéndolo dentro de la Casa de Dios (que es Su Iglesia), y Su Sangre aplicada en el dintel de la Casa, y aplicada en el alma, en el corazón de cada hijo e hija de Dios, encontramos que Dios ha estado preservando la vida de Sus primogénitos, de Sus escogidos de edad en edad.

La muerte espiritual está suelta en este planeta Tierra, pero los que están dentro de la Casa de Dios, dentro de la Iglesia de Cristo, tienen la Sangre de Cristo aplicada no solamente en el Cuerpo Místico de Cristo como grupo o como Templo espiritual, sino también en cada uno como individuo; porque somos templo de Dios, del Espíritu Santo, por lo tanto está aplicada en el dintel y los postes de nuestra alma, de nuestro corazón; está aplicada en nuestro corazón, en nuestra alma, está aplicada también en nuestro espíritu y en todo nuestro ser.

Y ahora, podemos ver que han transcurrido unos dos mil años aproximadamente, y de un momento a otro hemos de salir de esta Tierra: hemos de ser transformados y hemos de ir con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo; hemos de llegar a la tierra prometida, como Él ha prometido, y también hemos de llegar a la tierra prometida del glorioso Reino Milenial de nuestro amado Señor Jesucristo.

Así que vean ustedes el por qué en este Día Postrero nosotros llegaremos a la tierra prometida del glorioso Reino Milenial, a la tierra prometida del nuevo cuerpo y a la tierra prometida del Cielo, en donde estaremos en la Cena de las Bodas del Cordero.

Y ahora, encontramos que durante la Dispensación de la Gracia todo creyente ha llegado a la tierra prometida del bautismo del Espíritu Santo (eso es también llegar a la tierra prometida), pero recuerden que eso es bajo este tiempo o años que han estado transcurriendo; porque se ha estado llevando a cabo una Obra espiritual, por lo tanto es en el campo espiritual que todo esto se ha estado llevando a cabo.

Y para este tiempo final hemos de tener una materialización de todo eso que en lo espiritual ha ocurrido para llegar a la tierra prometida del nuevo cuerpo, el cuerpo eterno que Cristo ha prometido para nosotros, y para llegar a la tierra prometida del glorioso Reino Milenial.

Nos dijo el precursor de la Segunda Venida de Cristo en la página 103 del libro de Citas; dice:

895 - “El primer éxodo, ¿qué fue lo que hizo Él? Él los sacó de una tierra natural (y los llevó ¿a dónde?) a una tierra natural; el segundo éxodo, los trajo de una condición espiritual al bautismo espiritual del Espíritu Santo (ese segundo éxodo lo hizo Jesucristo en Su Primera Venida); y ahora los está trayendo del bautismo espiritual del Espíritu Santo a la tierra eternal del milenio y al grande futuro”.

También (esto fue el verso 895), vamos a ver:

890 - “Es tiempo de Éxodo, es tiempo de la llamada a la tierra prometida”.

Dice también en otro verso aquí:

894 - “Dios está llamando a su pueblo escogido y ya han sido elegidos. Y ahora ¿están elegidos para qué? Para una resurrección. ¿Y qué clase de señal les está enseñando Él? La señal de la resurrección”.

Y ahora vamos a ver otro lugar. Dice:

887 - “Es solamente la tierna mano de Jehová, guiándolos hacia el Árbol de la Vida”.

Y el verso 888, de la misma página 103 del libro de Citas, dice:

888 - “Antes de que encontremos lo que contiene este éxodo, voy a tipificar el éxodo entonces con el éxodo de ahora, y vea usted si esto no está corriendo exactamente paralelo. Uno de ellos es natural y es la misma cosa que Él hizo en lo natural (o sea, ahora lo espiritual es lo mismo que había hecho en lo natural, pero en el campo espiritual). Él está tipificándolo otra vez (antitipificándolo) en lo espiritual. El éxodo espiritual.

889 - La mente espiritual puede mirar hacia Egipto y ver levantarse la persecución; ver a José ser llevado en orden para que se levantase la persecución. Entonces miramos a Dios con su rueda dentro de la rueda, todo moviéndose alrededor perfectamente; miramos a Potifar rechazar a José, miran la mentira que se dijo y miran a José en la prisión con su barba. Excomulgado de sus hermanos, pero entonces, de repente Dios obró. Entonces podemos ver la rueda moviéndose dentro de la rueda, el gran plan de Dios moviendo todas las cosas a este éxodo, este tiempo. Él llamará a su pueblo a su tierra otra vez”.

Y ahora, ¿quién fue el que realizó, el que hizo aquel éxodo? El Ángel de Jehová, el Ángel del Pacto, el cual descendió y le dijo a Moisés que había venido para la liberación del pueblo hebreo. Dice [Éxodo 3:7]:

“Dijo luego Jehová: Bien he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído su clamor a causa de sus exactores (opresores); pues he conocido sus angustias,

y he descendido para librarlos de mano de los egipcios, y sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y ancha, a tierra que fluye leche y miel…”.

Ahora vean cómo Dios descendió; y lo vimos en un árbol allí manifestado en forma de Luz, hablándole a Moisés y diciéndole: “Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob”, y enviando a Moisés para la liberación del pueblo hebreo.

Y para el Día Postrero, vamos a ver lo que Cristo dice por medio de San Pablo; en Primera de Tesalonicenses, capítulo 4, verso 13 en adelante, dice:

“Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza.

Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él.

Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron.

Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero”.

Allá estaba descendiendo del Cielo Dios, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, y estaba apareciéndole a Moisés y estaba enviando al profeta Moisés, estaba colocando en la Tierra el ministerio de Moisés; y el ministerio de Moisés vuelve en el Día Postrero para estar en el éxodo del Día Postrero.

Y ahora aquí dice cómo descenderá: con Aclamación (que es esta Voz de Mando), con Voz de Arcángel y con Trompeta de Dios:

“… y los muertos en Cristo resucitarán primero.

Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor”.

Y en Primera de Corintios, capítulo 15, versos 49 al 56, nos habla de la resurrección de los muertos en Cristo y de la transformación nuestra, y del rapto o arrebatamiento nuestro, y nos dice que primero ocurrirá ¿qué? Ocurrirá algo que no podemos dejar pasar por alto, y vamos a ver lo que es. Primera de Corintios, capítulo 15, verso 49 al 56, dice:

“Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial.

Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción.

He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados,

en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados.

Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad.

Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria”.

Y ahora vean todas las cosas que sucederán luego que haya sonado la Trompeta Final, luego que haya dado Su Mensaje esa Gran Voz de Trompeta o Trompeta Final, que es la Trompeta del Evangelio del Reino revelándonos el misterio de Su Venida en el Día Postrero; así como para el primer éxodo hubo una manifestación de Dios, Su Venida.

Y ahora, Cristo nos habló de la Venida del Hijo del Hombre también; dice capítulo 16, verso 27 en adelante, dice [San Mateo]:

“Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras”.

Y luego, en el Monte de la Transfiguración vimos al Hijo del Hombre viniendo en la gloria de Su Padre, viniendo con Sus Ángeles, que son los ministerios de Moisés y Elías allí manifestados; y en San Mateo, capítulo 25, le preguntan a Jesús los discípulos, hablan con Él y le dicen (capítulo 24, verso 3):

“Y estando él sentado en el monte de los Olivos, los discípulos se le acercaron aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo (mundo)?”.

¿Cuándo serán qué cosas? La destrucción de Jerusalén.

Él les dijo6: “Cuando ustedes vean a Jerusalén cercada de ejércitos, ha llegado el momento. El que esté dentro de ella salga de allí, y el que esté fuera no entre a ella”. Esto se cumplió cuando el general romano Tito cercó a Jerusalén; por dos o tres años la tuvo cercada, y permitió que pudieran salir los que estaban dentro; pero luego que terminó el plazo que él dio, luego entró a Jerusalén y destruyó a Jerusalén, destruyó el templo y crucificó cientos o miles de personas; y colocó esas cruces en frente a las murallas, alrededor de todas las murallas, y ya no había lugar dónde colocar más cruces porque todo estaba lleno alrededor de las murallas.

Y ahí se cumplió la profecía de Jesús, que Jerusalén sería destruida. ¿Por qué? ¿Por qué sería destruida Jerusalén? El mismo Jesús puede decir por qué, porque Él lo dijo en el capítulo 19, verso 41 al 44, cuando llegó cerca de la ciudad de Jerusalén el día de Su entrada triunfal; dice [San Lucas]:

“Y cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella,

diciendo: ¡Oh, si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Mas ahora está encubierto de tus ojos.

Porque vendrán días sobre ti, cuando tus enemigos te rodearán con vallado, y te sitiarán, y por todas partes te estrecharán,

y te derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación”.

No conocieron el tiempo de la visitación divina, de Dios en carne humana, el Verbo hecho carne, y por consiguiente rechazaron al Verbo hecho carne, rechazaron a Dios manifestado en carne humana; y el que rechaza la bendición de Dios solamente puede esperar después la maldición o juicio divino; porque cuando se rechaza la bendición de Dios siendo manifestada, cuando se rechaza la Venida de Dios manifestado en carne humana en el instrumento que Él tiene para ese tiempo, se está rechazando la bendición de Dios, la misericordia de Dios; después solamente lo que vendrá es el juicio divino para esas personas. Pero para los que recibieron la bendición de Dios, esa bendición de Dios se estará extendiendo sobre las personas que la han recibido, la misericordia de Dios estará manifestada en esas personas.

Ahora, Cristo ha hablado acerca de Su Venida para el Día Postrero, de la Venida del Hijo del Hombre, y eso será como vino allá en el monte Sinaí para hablar con Moisés y enviarlo en ese éxodo del pueblo hebreo.

Jesús hace una pregunta en el capítulo 18 y verso 8; vamos a leer por aquí. Capítulo 18, verso 8, de San Lucas, dice:

“Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?”.

¿Hallará fe en la Tierra, revelación en la Tierra, para creer en la Venida del Hijo del Hombre?

Ahora vamos a ver cómo vendrá el Hijo del Hombre. San Mateo, capítulo 24, verso 30 al 31, dice:

“Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria”.

Febrero 28 de 1963, apareció esta nube misteriosa, formada por los siete ángeles mensajeros de las siete edades de la Iglesia gentil y un Ángel diferente a esos siete ángeles mensajeros, el cual es el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, Jesucristo en Su cuerpo teofánico. Todos estos ángeles en esta nube están en sus cuerpos teofánicos, y ahí aparece Jesucristo, el Ángel del Pacto, en Su cuerpo teofánico también.

En Apocalipsis, capítulo 10, verso 1 en adelante, dice:

“Vi descender del cielo a otro ángel fuerte, envuelto en una nube, con el arco iris sobre su cabeza; y su rostro era como el sol, y sus pies como columnas de fuego.

Tenía en su mano un librito abierto; y puso su pie derecho sobre el mar, y el izquierdo sobre la tierra;

y clamó a gran voz, como ruge un león; y cuando hubo clamado, siete truenos emitieron sus voces”.

Ese Ángel Fuerte que desciende del Cielo ahí es este Ángel que era diferente a los demás, el cual está aquí formando la cabellera blanca del rostro del Señor, que está formado por esta nube de ángeles.

Y ahora, vean cómo aparece en las nubes el Hijo del Hombre, vean cómo aparece en las nubes el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová; y ahí está el Ángel de Jehová, el cual era diferente a los demás.

Ese es el mismo Ángel que libertó al pueblo hebreo, ese es el Ángel que le apareció al profeta Moisés, ese es el Ángel que dice en Éxodo, capítulo 23, verso 20 al 23: “He aquí yo envío mi Ángel delante de vosotros” o “delante de ti”… Vamos a leerlo. Éxodo, capítulo 23, verso 20 en adelante, dice:

“He aquí yo envío mi Ángel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado.

Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión, porque mi nombre está en él”.

¿Dónde está el Nombre de Dios? En Su Ángel, en ese Ángel que es enviado, el cual es el cuerpo teofánico donde Dios está manifestado, en el cual le apareció a Moisés y le apareció al pueblo hebreo en diferentes ocasiones; pero luego ese Ángel (que es el mismo Dios en Su cuerpo teofánico) se manifestó en carne humana en la persona de Jesús de Nazaret; allí se hizo hombre, se hizo carne, y habitó entre los seres humanos como un hombre, como un profeta en medio del pueblo hebreo.

Por eso es que Jesús dijo, leyendo Isaías 61: “Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros”. ¿Por qué? Porque Él es el hombre ungido con el Espíritu Santo, Él es el hombre ungido con ese Ángel de Jehová o Ángel de Dios. Dice capítulo 4, verso 14 en adelante, de San Lucas, dice:

“Y Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea, y se difundió su fama por toda la tierra de alrededor.

Y enseñaba en las sinagogas de ellos, y era glorificado por todos.

Vino a Nazaret, donde se había criado; y en el día de reposo entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer.

Y se le dio el libro del profeta Isaías; y habiendo abierto el libro, halló el lugar donde estaba escrito:

El Espíritu del Señor está sobre mí,

Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres;

Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón;

A pregonar libertad a los cautivos,

Y vista a los ciegos;

A poner en libertad a los oprimidos;

A predicar el año agradable del Señor.

Y enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él.

Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros”.

La Escritura del hombre que estaría ungido con el Espíritu de Dios. Dice:

“El Espíritu del Señor está sobre mí,

Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres;

Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón;

A pregonar libertad a los cautivos…”.

¿Ven? Ahí está pregonando el éxodo, el éxodo que tenía que anunciar.

Y ahora, vean ustedes quién era el ungido con el Espíritu de Jehová, con el Espíritu de Dios: el ungido con ese Ángel de Jehová, ese Ángel del Pacto, era Jesús de Nazaret; en Él estaba el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, que es el mismo Dios con Su cuerpo teofánico, estaba dentro de ese cuerpo de carne llamado Jesús llevando a cabo ese segundo éxodo, en donde produciría una liberación espiritual para todos los hijos de Dios.

Y para el Día Postrero vendría nuevamente manifestado (¿para qué?) para la parte física, para nuestra salida de este planeta Tierra e ir a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo con un cuerpo eterno.

Y ahora, vean ustedes que es durante la noche de las siete etapas de la Iglesia gentil que la muerte ha estado azotando el planeta Tierra; pero vean ustedes, durante la mañana el pueblo hebreo salió libre. Y ahora, en la mañana de un nuevo día dispensacional y de un nuevo día milenial, del séptimo milenio, todos los hijos e hijas de Dios saldremos libres con un cuerpo eterno: saldremos libres los que estamos vivos siendo transformados y saldrán libres los de las edades pasadas, libres físicamente, obteniendo un cuerpo nuevo en la resurrección, un cuerpo eterno; e iremos a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo.

Y luego regresaremos después de tres años y medio, después de los tres años y medio de la gran tribulación, que será el mismo tiempo que pasaremos en el Cielo con Cristo en la Cena de las Bodas del Cordero; luego regresaremos a la Tierra para el glorioso Reino Milenial, para la nueva Tierra, la tierra prometida como tierra y como reino que Él nos dará, al cual Él nos llevará cuando ya estemos con el cuerpo nuevo, el cuerpo eterno y glorificado.

Y ahora, ¿quién es el que está llevando a cabo toda esta labor del Día Postrero, donde están siendo llamados y juntados todos los escogidos de Dios de este tiempo final, para pronto ser transformados cuando los muertos en Cristo resuciten y nosotros los que vivimos seamos transformados? Dice Apocalipsis, capítulo 22, verso 16:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias”.

¿Quién es el que envía Su Ángel Mensajero? Es el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, el cual estará manifestado en Su Ángel Mensajero dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto; Él estará en Su Ángel Mensajero manifestado hablándonos con esa Gran Voz de Trompeta de Apocalipsis, capítulo 1, verso 10 al 11, donde dice:

“Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta,

que decía: Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último”.

¿Quién es el Alfa y Omega?, ¿quién es el primero y el último? Nuestro amado Salvador Jesucristo. Él es el que está hablando en el Día Postrero con esa Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino todas estas cosas que deben suceder pronto.

Y ahora, en Apocalipsis, capítulo 4, verso 1, dice:

“Después de esto miré, y he aquí una puerta abierta en el cielo; y la primera voz que oí, como de trompeta, hablando conmigo, dijo: Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de éstas”.

“Sube (¿a dónde?) acá (a la Edad de la Piedra Angular), y te mostraré (¿Cómo? Por medio de Su Ángel Mensajero, por supuesto), te mostraré las cosas que sucederán después de estas que han sucedido”.

Ahora, hay cosas que tienen que suceder en el tiempo de la Edad de la Piedra Angular, tanto en medio de la Iglesia de Jesucristo como en este mundo, y todas esas cosas serán dadas a conocer a los hijos e hijas de Dios en la Edad de la Piedra Angular por medio de la manifestación de Jesucristo, el Ángel del Pacto, a través de carne humana, a través de Su Ángel Mensajero.

Y por eso es que las cosas que Él dijo que nos mostraría, todas esas cosas que han de suceder después de las que ya han sucedido en las siete edades de la Iglesia gentil, ahora son dadas a conocer a la Iglesia de Jesucristo por medio de Su Ángel Mensajero, porque en ese Ángel Mensajero estará en el Día Postrero el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová manifestado.

Ese Ángel de Jesucristo es el Ungido, el ungido con el Espíritu Santo, el ungido con el Ángel del Pacto en el Día Postrero.

Y ahora, vean ustedes, ese es el Ángel de Apocalipsis, capítulo 7, verso 2 en adelante, que viene con el Sello del Dios vivo; y el Sello del Dios vivo es el Espíritu Santo: “No contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención”. Efesios, capítulo 4, verso 30.

Y Efesios, capítulo 1, verso 10 al 14, también da testimonio que hemos recibido las arras de nuestra salvación, que es el Espíritu Santo; o sea, el bautismo del Espíritu Santo, el cual se recibe cuando la persona cree en Cristo como nuestro Salvador y lava sus pecados en la Sangre de Cristo y recibe el Espíritu de Cristo; ha recibido las arras de nuestra salvación, ha recibido las primicias del Espíritu, y ha recibido así el cuerpo teofánico de la sexta dimensión, que es el espíritu teofánico que hemos de tener por toda la eternidad.

Por causa de que cuando hemos nacido en este planeta Tierra hemos nacido en un cuerpo mortal, corruptible, en la permisiva voluntad de Dios, y hemos recibido un espíritu del mundo en la permisiva voluntad de Dios también, por eso se requiere un nuevo nacimiento, un nuevo nacimiento en el cual hemos de obtener un nuevo espíritu y un nuevo cuerpo; y comienza ese nuevo trabajo con Cristo dándonos el nuevo espíritu (el espíritu teofánico de la sexta dimensión), y en el Día Postrero nos dará el nuevo cuerpo (el cuerpo físico eterno y glorificado), en el cual viviremos por toda la eternidad; y seremos a imagen y semejanza de nuestro amado Señor Jesucristo.

Ahora, con el nuevo nacimiento, recibiendo el Espíritu de Cristo, ya tenemos vida eterna, pero en lo físico, el cuerpo físico no tiene vida eterna, el cuerpo físico tiene vida temporal; pero tenemos la promesa para en el Día Postrero recibir un cuerpo con vida eterna, un cuerpo inmortal, incorruptible, el cual Cristo nos dará a nosotros los que vivimos; y a los muertos en Cristo les dará también ese nuevo cuerpo resucitándolos en ese cuerpo eterno, y a nosotros nos transformará en este tiempo final.

Si alguno de los nuestros se va antes de ese momento, no se preocupe: regresará en un nuevo cuerpo, un cuerpo jovencito, un cuerpo eterno que estará representando por toda la eternidad de 18 a 21 años de edad. Así que no hay problema, tanto para los que se van antes de ese momento de la transformación como para los que queden aquí.

Los que quedamos aquí continuamos luchando, trabajando en la Obra de Cristo; y aunque tengamos pruebas, problemas y suframos aquí en la Tierra: “Si sufrimos con Él, reinaremos con Él”7, dice la Escritura, dice San Pablo en Romanos, capítulo 8, verso 14 al 39, en donde nos habla también de la manifestación gloriosa de los hijos de Dios, que es la manifestación de los hijos e hijas de Dios en cuerpos eternos, cuerpos glorificados, con espíritus eternos también; lo cual se materializará en este tiempo final, en donde recibiremos el cuerpo físico eterno y glorificado, y seremos a imagen y semejanza de Jesucristo nuestro Salvador.

Ahora, todo esto está envuelto en el éxodo que Cristo está llevando a cabo en este tiempo final. Por eso es que está llamando y juntando a todos Sus escogidos: para llevarnos a la gloriosa tierra milenial, al glorioso Reino Milenial; pero recuerden, todo tiene un proceso por el cual pasar. Dios no obra si no tiene un programa ya de antemano preparado.

Y, vean ustedes, el éxodo siempre es para los primogénitos de Dios, así como el éxodo para el pueblo hebreo ha sido para la nación hebrea, porque ese es el pueblo (como nación) primogénito delante de Dios; y por eso Jesucristo también pasó por esa etapa.

Vean ustedes, Él estuvo en Egipto, y de Egipto Dios lo llamó, y le dijo a José que regresara de Egipto a la tierra de Israel, así como llamó de Egipto al pueblo hebreo y lo llevó a la tierra prometida.

Y a cada hijo e hija de Dios lo ha llamado del mundo, de este mundo, que es representado en Egipto, y nos ha colocado en la tierra prometida del Espíritu Santo, del bautismo del Espíritu Santo; y luego en el Día Postrero nos colocará en la tierra prometida del nuevo cuerpo, del cuerpo eterno, y nos colocará también en la tierra prometida del glorioso Reino Milenial de Cristo.

Ahora podemos ver quién es el que lleva a cabo ese éxodo. ¿Es quién? Es Jesucristo, el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová; y para el Día Postrero Él ha prometido estar presente para llevar a Sus hijos a la tierra prometida del nuevo cuerpo y a la tierra prometida del glorioso Reino Milenial.

Y Él es este Ángel que era diferente a los demás, el cual está aquí, el cual desciende del Cielo; lo encontramos en febrero 28 de 1963 envuelto en esa nube formada por ángeles, para ser manifestado luego aquí en la Tierra en el ministerio que le corresponde luego que los siete ángeles mensajeros han terminado sus ministerios (los siete ángeles mensajeros de las siete edades), luego la Iglesia de Jesucristo tendría el ministerio del Ángel del Pacto aquí en la Edad de la Piedra Angular.

Él es el mismo que ha obrado por medio los mensajeros de cada edad, en la porción correspondiente a cada edad; y ahora en la Edad de la Piedra Angular obrará por medio de Su Ángel Mensajero llamando y juntando a Sus escogidos en la Edad de la Piedra Angular, diciéndoles: “Sube acá (sube a la Edad de la Piedra Angular), y yo te mostraré las cosas que han de suceder después de estas”, después de las que han sucedido en las siete edades de la Iglesia gentil.

Y ahora, es Cristo por medio de Su Ángel Mensajero, el Ángel del Pacto manifestado en carne humana en Su Ángel Mensajero, hablándole a Su Iglesia todas estas cosas que deben suceder pronto. Es Cristo el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19 viniendo en este Día Postrero y hablándole a Su Iglesia, a Su pueblo, por medio de carne humana.

En el libro de Los Sellos en español, página 256, dice el precursor de la Segunda Venida de Cristo, hablando del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19 dice:

“121. Pero cuando nuestro Señor aparezca sobre la Tierra, Él vendrá sobre un caballo blanco como la nieve, y será completamente Emmanuel —la Palabra de Dios encarnada en un hombre”.

La Palabra de Dios encarnada en un hombre; y ese hombre es el Ángel del Señor Jesucristo, el mensajero de la Edad de la Piedra Angular y mensajero de la Dispensación del Reino; es un mensajero dispensacional.

Es la primera ocasión en que Dios envía un profeta dispensacional a la Iglesia de Jesucristo; así como fue la primera ocasión en que Dios envió un profeta dispensacional al pueblo hebreo cuando envió al profeta Moisés. Antes de eso el pueblo hebreo había tenido profetas, sí, pero ninguno era dispensacional.

Jacob, el padre de las doce tribus de Israel, era un profeta. José, el hijo de Jacob, era un profeta también. Jacob, encontramos que no era un profeta dispensacional; Abraham sí lo fue, pero Israel estaba en los lomos de Abraham todavía; y luego encontramos que José no fue un profeta dispensacional. Pero recuerden: en todos los profetas de Dios se reflejó la Primera Venida de Cristo y la Segunda Venida de Cristo.

En el mejor que se reflejó, con más amplitud, fue en José, el hijo de Jacob. ¿Por qué? Porque se estaba reflejando en un primogénito. José era el primogénito de Jacob por medio de Raquel, porque con Raquel fue que Jacob se había casado; aunque le dieron a la hermana de Raquel, o sea, a Lea, y por medio de Lea tuvo como primogénito a Rubén; pero Rubén conforme a Dios no era el primogénito legal, porque la esposa con la cual se había casado Jacob era Raquel.

Y ahora, vean ustedes, aunque nació primero Rubén, perdió esa posición, perdió esa bendición; y la Bendición de la Primogenitura la habló Jacob sobre José cuando bendijo a Efraín y a Manasés. Y ahora, vean ustedes cómo en Efraín se reflejó la Iglesia de Jesucristo y en Manasés se reflejó el pueblo hebreo.

Y ahora, vean ustedes cómo la primera ocasión en que Dios le envió un profeta dispensacional al pueblo hebreo fue cuando envió al profeta Moisés para el éxodo que sería llevado a cabo, y luego la segunda ocasión en que envió en medio del pueblo hebreo un profeta dispensacional fue cuando envió a Jesús. Siempre un profeta dispensacional viene al final de una dispensación para abrir una nueva dispensación.

Ahora, Jesús no era el profeta de la Dispensación de la Ley, sino Moisés. Jesús es el profeta mensajero de la Dispensación de la Gracia, y por eso viene al final de la Dispensación de la Ley para comenzar la Dispensación de la Gracia.

Y luego, la primera ocasión en que Dios envía un profeta dispensacional a la Iglesia de Jesucristo es cuando envía a Su Ángel Mensajero en el Día Postrero, en la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino, para el éxodo del Día Postrero, del Séptimo Sello, el éxodo que el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, estará llevando a cabo por medio de Su Ángel Mensajero para llevarnos a la tierra prometida del nuevo cuerpo y a la tierra prometida del glorioso Reino Milenial de Cristo.

Ahora podemos ver este misterio de EL ÉXODO DEL SÉPTIMO SELLO.

Para este éxodo del Séptimo Sello, miren ustedes, encontramos que el precursor de la Segunda Venida de Cristo, hablándonos acerca del Ángel de Jesucristo en la página 301 y 303 del libro de Los Sellos, dice:

“106. Noten bien: En el tiempo cuando Dios iba a librar al mundo antes del diluvio, Él mandó un águila. Cuando decidió librar a Israel, también mandó un águila (o sea, Moisés, porque un profeta es un águila, está representado en un águila). ¿No cree usted que cuando Juan estaba en la Isla de Patmos, este Mensaje era tan perfecto que aun no podía ser confiado a un ángel? Ahora, un ángel es un mensajero, pero ¿sabía usted que aquel mensajero era un profeta? ¿Lo creen? Vamos a probarlo. Veamos Apocalipsis 22:9 para ver si no fue un águila. Él era un ángel, un mensajero, pero era un profeta, el cual reveló a Juan completamente este libro de Apocalipsis. Ahora veamos lo que Juan vio:

‘Yo Juan soy el que ha oído y visto estas cosas. Y después que hube oído y visto, me postré para adorar delante de los pies del ángel que me mostraba estas cosas.

Y él (el ángel) me dijo: Mira que no lo hagas (ningún verdadero profeta recibiría adoración, o mensajero cualquiera): porque yo soy siervo contigo, y con tus hermanos los profetas, y con los que guardan las palabras de este libro. Adora a Dios’.

Apocalipsis 22:8-9.

107. Ahora, el Libro era tan importante, y es la Palabra de Dios. ¡Cuidado! Cuando la Palabra de Dios es revelada, tiene que ser traída por el profeta, porque solamente a él llega la Palabra de Dios”.

Y en la página 326 del libro de Los Sellos también dice:

“243. Moisés será la misma persona. Hallamos lo mismo en Apocalipsis 22:8”.

¿Y ahí qué es lo que hallamos? Hallamos al Ángel del Señor, al Ángel de Jesucristo. Ese es Moisés y ese también es Elías, ese es el Ángel que le reveló a Juan todas estas cosas.

Y ahora, miren, en Deuteronomio, capítulo 32, verso 11, dice:

“Como el águila que excita su nidada,

Revolotea sobre sus pollos,

Extiende sus alas, los toma,

Los lleva sobre sus plumas,

Jehová solo le guió (o sea, al pueblo hebreo),

Y con él no hubo dios extraño.

Lo hizo subir sobre las alturas de la tierra,

Y comió los frutos del campo,

E hizo que chupase miel de la peña,

Y aceite del duro pedernal…”.

Ahora vean cómo Dios los llevó con esa poderosa águila: Moisés, a través del cual Dios se manifestó.

Dios también es representado en el águila, y todos los hijos de Dios también son representados en águilas. Por eso dice8: “Para que te rejuvenezcas como el águila”.

Y ahora, los escogidos de Dios en el Día Postrero se van a rejuvenecer como el águila porque van a ser transformados. Los que estamos vivos vamos a ser transformados y vamos a estar jovencitos de nuevo, de 18 a 21 años de edad; y los niños vendrán a ser jovencitos también, de 18 a 21 años de edad, en el nuevo cuerpo que tendrán; y los ancianos vendrán a ser jovencitos, de 18 a 21 años de edad, en el nuevo cuerpo; porque esa es la apariencia física que tendrá el cuerpo eterno y glorificado que hemos de recibir. Y en esa misma clase de cuerpo se levantarán los muertos en Cristo de las edades pasadas.

Ahora, vamos a ver en la página 14-A del libro de Citas el verso 144, que es un extracto del mensaje “En las alas de una paloma blanca” (o de una blanca paloma); dice así:

144 - “Así que hagamos lo que podemos mientras es de día y algún día habrá un… las alas de un águila blanca bajarán y Él nos llevará”.

Y un águila es un profeta, y Dios también está representado en un águila; por lo tanto, vendrá el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, esa poderosa Águila volando, y vendrá en carne humana en Su Ángel Mensajero; y en Sus alas, los ministerios de los Dos Olivos: Moisés y Elías, nos llevará volando hacia la tierra prometida del nuevo cuerpo y hacia la tierra prometida del Reino Milenial; y nos llevará también a la Cena de las Bodas del Cordero.

Ahora podemos ver cómo también en Malaquías, capítulo 4, verso 2, dice:

“Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación…”.

La Venida del Sol de Justicia. Vean ustedes, en la mañana de cada día es que sale el sol; y en la mañana de un nuevo día dispensacional, y en la mañana de un nuevo día milenial, es que sale el Sol de Justicia, Jesucristo con Sus Ángeles, que es el Sol de Justicia con Sus alas; Jesucristo con los ministerios de Moisés y de Elías y de Jesús en este tiempo final llamando y juntando a todos Sus escogidos, a todos Sus aguiluchos.

¿No dijo Jesucristo9: “Donde estuviere el cuerpo muerto, allí se juntarán las águilas”? El cuerpo muerto del Hijo del Hombre; porque “El que no coma la carne y bebe mi Sangre no tiene vida permaneciente en sí mismo”.

Y ahora, de edad en edad la Iglesia de Jesucristo ha estado comiendo la carne del Hijo del Hombre, la carne del Cordero en cada edad, en la edad que les toca vivir; porque ahí es donde las águilas, los hijos de Dios, comen la carne del Hijo del Hombre.

Y ahora viene el Ángel de Jehová, el Ángel del Pacto, el Gran Águila, manifestado en Su Ángel Mensajero, en un profeta, en un águila, para llamar y juntar a Sus escogidos, a Sus águilas, para llevárselas volando a la Cena de las Bodas del Cordero, llevárselas en un nuevo cuerpo.

Esto es en EL ÉXODO DEL SÉPTIMO SELLO; y el Séptimo Sello es la Venida del Señor, la Venida del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová, de Jesucristo viniendo en Espíritu Santo manifestado en Su Ángel Mensajero en el Día Postrero.

Ha sido para mí un privilegio muy grande estar con ustedes dándoles testimonio de EL ÉXODO DEL SÉPTIMO SELLO.

“EL ÉXODO DEL SÉPTIMO SELLO”.

Que las bendiciones de Jesucristo, el Ángel del Pacto, nuestro Salvador, sean sobre todos ustedes y sobre mí también, y pronto todos estemos listos para ser transformados y raptados; y pronto los que faltan de llegar lleguen, y se complete el número de los escogidos de Dios; y todos los que estamos vivos seamos transformados, los muertos en Cristo sean resucitados en cuerpos eternos, y todos vayamos a la Cena de las Bodas del Cordero con Cristo, el Gran Águila que nos llevará a la Cena de las Bodas del Cordero, el Gran Águila que en este tiempo final estaría manifestado en carne humana en Su Ángel Mensajero. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Muchas gracias por vuestra amable atención, amados amigos y hermanos presentes, y adelante sirviendo a Cristo; y algún día nos llevará Jesucristo, el Ángel del Pacto, el Gran Águila, a la Cena de las Bodas del Cordero.

¿Dónde están los que verían el éxodo del Séptimo Sello, los que verían el éxodo del Gran Águila, de Jesucristo, en el Día Postrero? Aquí estamos, en la América Latina y el Caribe, listos para salir hacia la tierra prometida del nuevo cuerpo y hacia la tierra prometida del glorioso Reino Milenial; y estamos también aquí listos esperando nuestra salida hacia las Bodas, hacia la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo.

Que Dios les continúe bendiciendo a todos, que Dios les guarde, y adelante en EL ÉXODO DEL SÉPTIMO SELLO; y pronto tendremos el cuerpo nuevo, el cuerpo eterno, y pronto iremos a la Cena de las Bodas del Cordero; y después estaremos de regreso en este planeta Tierra para el glorioso Reino Milenial de nuestro amado Señor Jesucristo.

Que Dios les bendiga y pasen todos muy buenas noches.

“EL ÉXODO DEL SÉPTIMO SELLO”.

[Revisión enero 2019]

1 San Juan 10:18

2 2 Corintios 5:21

3 Romanos 8:3

4 Génesis 21:10-12

5 San Juan 6:53

6 San Lucas 21:20-21

7 2 Timoteo 2:12

8 Salmo 103:5

9 San Mateo 24:28, San Lucas 17:37

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