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Muy buenas noches, amables amigos y hermanos presentes. Es para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión para compartir con ustedes unos momentos alrededor del tema: “EL MISTERIO DEL SÉPTIMO SELLO Y EL GRAN TERREMOTO”.

Para lo cual queremos leer en Apocalipsis, capítulo 8, verso 1 al 5, y dice:

“Cuando abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el cielo como por media hora.

Y vi a los siete ángeles que estaban en pie ante Dios; y se les dieron siete trompetas.

Otro ángel vino entonces y se paró ante el altar, con un incensario de oro; y se le dio mucho incienso para añadirlo a las oraciones de todos los santos, sobre el altar de oro que estaba delante del trono.

Y de la mano del ángel subió a la presencia de Dios el humo del incienso con las oraciones de los santos.

Y el ángel tomó el incensario, y lo llenó del fuego del altar, y lo arrojó a la tierra; y hubo truenos, y voces, y relámpagos, y un terremoto”.

Que Dios bendiga en nuestras almas Su Palabra y nos permita entenderla.

Que las bendiciones de Jesucristo sean sobre todos ustedes, los presentes y los radioyentes, y Cristo nos hable directamente a nuestra alma en esta ocasión. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

“El MISTERIO DEL SÉPTIMO SELLO Y EL GRAN TERREMOTO”.

En este pasaje que hemos leído hemos visto la apertura del Séptimo Sello y hemos visto que causó silencio en el Cielo como por media hora, pues se hizo silencio como por media hora en el Cielo cuando fue abierto el Séptimo Sello.

¿Y qué misterio contiene el Séptimo Sello que hasta el Cielo fue silenciado cuando fue abierto este misterio en el Cielo? Contiene el misterio de la Segunda Venida de Cristo, de la cual Cristo dijo1 que nadie sabía, ni los ángeles del Cielo, ni el Hijo sabía cuándo sería el día y la hora; pero cuando es abierto este misterio en el Cielo, entonces se sabe en el Cielo este misterio; pero todos guardan silencio allí: ángeles, querubines, serafines, todos los que allí estaban y adoraban a Dios guardaron silencio como por media hora del Cielo, que para los seres humanos representa unos cuantos años.

Porque un día delante de Dios, para los seres humanos son mil años, y media hora para los seres humanos son algunos años. Porque Cristo habló también del Día Postrero y de los días postreros; estos son los días postreros y el Día Postrero delante de Dios, que para los seres humanos representa milenios. Por ejemplo, los días postreros para los seres humanos son quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio.

Vean, por eso es que San Pablo, hablándonos acerca del tiempo en que Jesucristo estuvo sobre la Tierra, nos dice en el capítulo 1 de su carta a los Hebreos, y verso 1 al 2 (nos dice):

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,

en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo…”.

Ahora, ¿cuándo Dios habló por medio de Su Hijo, por medio de Jesucristo? Dice San Pablo: “en estos postreros días”, hablando de aquel tiempo en que vivió Jesús y vivió San Pablo; los señala como los días postreros, porque “un día delante del Señor es como mil años, y mil años es como un día”.

Y cuando Jesús tenía de 4 a 7 años de edad, comenzó el quinto milenio y por consiguiente comenzaron los días postreros. Y por eso es que San Pedro nos dice en el libro de los Hechos, capítulo 2 (esto fue en el Día de Pentecostés, cuando recibieron el Espíritu de Cristo)… Dice la Escritura que los que allí estaban escuchando a estas 120 personas llenas del Espíritu de Dios pensaban que estaban borrachos, algunos pensaban así; otros pensaban que era algo raro, porque eran galileos y les escuchaban hablar en otros idiomas las maravillas de Dios, y se preguntaban qué significaba aquello. Y el capítulo 2 del libro de los Hechos, verso 14 en adelante, dice:

“Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo: Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras.

Porque éstos no están ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera del día.

Mas esto es lo dicho por el profeta Joel:

Y en los postreros días, dice Dios,

Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne,

Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán…”.

¿Para cuándo dice San Pedro que Dios derramaría de Su Espíritu? Para los postreros días, y allí estaba derramando de Su Espíritu porque ya habían comenzado los días postreros; ya había comenzado el quinto milenio, que es el primero de los días postreros delante de Dios, que para los seres humanos son los tres milenios postreros: quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio.

Por eso San Pedro también dice en Segunda de Pedro, capítulo 3, verso 8:

“Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día”.

Y también en el Salmo 90 y verso 4 el profeta Moisés da testimonio de esta verdad.

Ahora, comprendiendo que los días postreros son el quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio, tenemos entonces que ver que hay un Programa Divino que se estaría llevando a cabo durante esos días postreros delante de Dios, que son los tres milenios postreros, en donde Dios estaría derramando de Su Espíritu sobre toda carne.

Y Cristo comenzó a derramar de Su Espíritu Santo sobre toda carne el Día de Pentecostés, sobre Sus discípulos allí reunidos, los cuales se habían arrepentido de sus pecados y habían lavado sus pecados en la Sangre de Cristo, y luego recibieron el Espíritu de Cristo; y así recibieron el nuevo nacimiento.

Vean, los discípulos de Jesucristo antes del Día de Pentecostés no tenían el Espíritu Santo y por consiguiente no habían nacido de nuevo, lo cual es un requisito para entrar al Reino de Dios. Es por medio del nuevo nacimiento que la persona nace en el Reino de Dios; es por medio de creer en Cristo como su Salvador, lavar sus pecados en la Sangre de Cristo y recibir Su Espíritu Santo que la persona nace en el Reino de Dios.

Cristo habló a Nicodemo diciéndole que era necesario nacer de nuevo, nacer del Agua y del Espíritu (¿para qué?), para entrar al Reino de Dios. Y ese es el Programa que Cristo ha estado realizando del Día de Pentecostés hacia acá: ha estado produciendo el nuevo nacimiento en las personas que lo han recibido como su Salvador y han lavado sus pecados en Su Sangre; y Cristo les ha dado Su Espíritu Santo y así han nacido en el Reino de Dios, en la Casa de Dios, en la Iglesia del Señor Jesucristo, que es Su Cuerpo Místico de creyentes y es también señalado en la Escritura como el Templo de Jesucristo, un Templo espiritual.

Y ahora, tenemos dos mil años aproximadamente —conforme al calendario gentil— de Cristo hacia acá; pero si le añadimos al calendario los años de atraso que tiene, ya estamos en el séptimo milenio y por consiguiente en el siglo XXI.

Ahora vean todo lo que Cristo ha estado haciendo desde Su tiempo en Su Primera Venida hasta este tiempo final. Y para el tiempo final Cristo ha dicho: en San Juan, capítulo 6, verso 40, dice:

“Y ésta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquél que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero”.

Este Día Postrero delante de Dios es el séptimo milenio para los seres humanos; este es el Día Postrero de esos tres grandes días postreros de los cuales Dios habla en Su Palabra; y los tres días postreros son quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio.

Ahora, ¿para qué año del séptimo milenio (o sea, del Día Postrero delante de Dios) será la resurrección de los muertos en Cristo? No sabemos, pero en alguno de los años del séptimo milenio será la resurrección de los muertos en Cristo; y para ese tiempo, dice el precursor de la Segunda Venida de Cristo, el reverendo William Branham, que la Tierra será estremecida.

Ahora miren, cuando Jesucristo murió en la Cruz del Calvario hubo un terremoto, y el velo del templo se rasgó en dos también; porque hubo truenos, relámpagos y un terremoto, hubo tinieblas sobre la Tierra desde las 12 del mediodía hasta las 3 de la tarde de ese día; y luego también el Domingo de Resurrección hubo un terremoto cuando Cristo resucitó.

Ahora, encontramos que también para aquel tiempo resucitaron los santos del Antiguo Testamento. Dice San Mateo, capítulo 27, verso 51 en adelante:

“Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron (esto fue cuando Cristo fue crucificado y murió en la Cruz del Calvario);

y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron;

y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él (o sea, después de la resurrección de Cristo), vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos”.

Ahora vean cómo para la resurrección de los santos del Antiguo Testamento y la resurrección de Cristo hubo un terremoto grande.

Y ahora, nuestro tema de esta ocasión es: “EL MISTERIO DEL SÉPTIMO SELLO Y EL GRAN TERREMOTO”.

En la lectura que tuvimos en Apocalipsis, capítulo 8, nos dice:

“Cuando abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el cielo como por media hora.

Y vi a los siete ángeles que estaban en pie ante Dios; y se les dieron siete trompetas.

Otro ángel vino entonces y se paró ante el altar, con un incensario de oro; y se le dio mucho incienso para añadirlo a las oraciones de todos los santos, sobre el altar de oro que estaba delante del trono.

Y de la mano del ángel subió a la presencia de Dios el humo del incienso con las oraciones de los santos.

Y el ángel tomó el incensario, y lo llenó del fuego del altar, y lo arrojó a la tierra; y hubo truenos, y voces, y relámpagos, y un terremoto”.

Aquí tenemos un gran terremoto para ocurrir en este tiempo final.

También en el capítulo 6 del Apocalipsis, verso 12 al 17, dice:

“Miré cuando abrió el sexto sello, y he aquí hubo un gran terremoto; y el sol se puso negro como tela de cilicio, y la luna se volvió toda como sangre;

y las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra, como la higuera deja caer sus higos cuando es sacudida por un fuerte viento.

Y el cielo se desvaneció como un pergamino que se enrolla; y todo monte y toda isla se removió de su lugar.

Y los reyes de la tierra, y los grandes, los ricos, los capitanes, los poderosos, y todo siervo y todo libre, se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes;

y decían a los montes y a las peñas: Caed sobre nosotros, y escondednos del rostro de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero;

porque el gran día de su ira ha llegado; ¿y quién podrá sostenerse en pie?”.

Aquí nos muestra un terremoto grande, un gran terremoto, y esto es para dar comienzo al tiempo de los juicios divinos que caerán sobre el planeta Tierra, los cuales, vean ustedes, surgen en la Tierra luego de este terremoto.

Ahora, en el capítulo 12 de Hebreos el apóstol San Pablo también nos habla de este terremoto y nos dice de la siguiente manera; versos 25 en adelante, dice (de Hebreos, capítulo 12):

“Mirad que no desechéis al que habla. Porque si no escaparon aquellos que desecharon al que los amonestaba en la tierra, mucho menos nosotros, si desecháremos al que amonesta desde los cielos.

La voz del cual conmovió entonces la tierra, pero ahora ha prometido, diciendo: Aún una vez, y conmoveré no solamente la tierra, sino también el cielo.

Y esta frase: Aún una vez, indica la remoción de las cosas movibles, como cosas hechas, para que queden las inconmovibles.

Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia;

porque nuestro Dios es fuego consumidor”.

Dice el reverendo William Branham en el libro de Las Edades, página 361 y 362, dice:

“[16]. ¿Qué es lo que queda? NADA, con la excepción de Hebreos 12:26:

‘La voz del cual entonces conmovió la tierra; mas ahora ha denunciado, diciendo: Aun una vez, y yo conmoveré no solamente la tierra, mas aun el cielo’.

17. Una vez más Dios sacudirá la tierra, y esta vez caerá todo lo que puede ser derrumbado. Entonces Él la renovará. En marzo de 1964, aquel terremoto en Alaska (el Viernes Santo) conmovió al mundo entero, aunque no lo desequilibró. Dios solamente estaba avisando con un temblor mundial lo que muy pronto hará en una escala mucho mayor (más grande). Él castigará a este mundo maldito por el pecado, con truenos y temblores. Hermano y hermana, hay un solo lugar que puede soportar tales sacudidas, y ese lugar es en el redil del Señor Jesús. Yo le ruego, mientras la misericordia de Dios todavía esté disponible para usted, que entregue su vida completa, sin reservas, a Jesucristo; quien como fiel pastor le salvará, le cuidará y le presentará sin arruga ni mancha en gloria con muy grande gozo”.

Ahora podemos ver que hay en la Biblia un terrible terremoto profetizado para ocurrir antes de comenzar los juicios divinos a caer sobre la Tierra; o sea, comienza ese tiempo de juicio divino con un terremoto. Con ese terremoto ya se prepara todo para los juicios divinos de la gran tribulación caer sobre la raza humana; y eso es algo inevitable, eso va a suceder.

¿Pero cómo escaparemos de ese juicio divino? Si hubo la oportunidad en el tiempo de Noé de escapar del juicio divino del diluvio, hay la oportunidad en nuestro tiempo de escapar de los juicios divinos de la gran tribulación; y eso es estando en el Cuerpo Místico de Cristo, eso es estando en el Redil del Señor Jesucristo, que es Su Iglesia; recibiendo a Cristo como su Salvador, lavando sus pecados en la Sangre de Cristo y recibiendo Su Espíritu Santo; y así obteniendo el nuevo nacimiento en la Iglesia de Jesucristo (o sea, en el Reino de Dios, que es Su Iglesia, Su Cuerpo Místico de creyentes), naciendo así en Su Iglesia en la etapa o edad que corresponde a nuestro tiempo, así como sucedió en tiempos pasados.

Ahora, leamos lo que estará sucediendo cuando este gran terremoto ocurra sobre la Tierra. Dice el precursor de la Segunda Venida de Cristo en el mensaje de Los Siete Sellos, en el libro de Los Siete Sellos, página 373, dice:

“215. Reconocemos que nos queda poco tiempo, y la Novia puede subir en cualquier momento. En cualquier momento es posible que el Cordero salga del Trono de Dios, donde se encuentra el Sacrificio. Luego allí será el fin. Ya no habrá esperanzas para el mundo; allí será su final. En ese tiempo la Tierra comenzará con sus contracciones violentas, que serán los terremotos y las tremendas sacudidas, como sucedió en el día de la resurrección de nuestro Señor. La misma cosa sucederá ahora cuando los santos aparezcan”.

O sea, cuando los santos, los miembros de la Iglesia de Jesucristo que han muerto sus cuerpos físicos, cuando resuciten en el cuerpo eterno, ¿qué estará sucediendo en la Tierra? Un terremoto y grandes sacudidas de la Tierra se estarán manifestando, como sucedió en la resurrección de Cristo y los santos del Antiguo Testamento.

Ahora, ¿qué nos dice?:

“Señor, sabemos que puede ser en cualquier momento. Estamos esperando que llegue ese gran día de alegría. Padre, toma a Tus hijos bajo Tu brazo ahora mismo, junta los corderitos en Tu seno y aliméntalos con la Palabra, para que sean fortalecidos para servirte”.

Ahora vean que no todo será desgracia, sino que es el momento de la resurrección de los muertos en Cristo. La Tierra se estremecerá y aparecerán en cuerpos eternos todos los santos, los muertos en Cristo, los miembros de la Iglesia de Jesucristo que han vivido en esta Tierra pero se les terminó el tiempo aquí y su cuerpo físico murió; pero la promesa es de parte de Cristo2: “… y yo le resucitaré en el día postrero”.

Y con este gran terremoto que estremecerá el mundo entero, los muertos en Cristo aparecerán en cuerpos eternos y nosotros los que vivimos y estamos en el Cuerpo Místico de Cristo en este Día Postrero, en la edad correspondiente al Cuerpo Místico de Cristo de este Día Postrero, seremos transformados.

Ahora, podrán ver que para ser transformados los que vivimos, Cristo dice en el capítulo 24, verso 30 al 31, de San Mateo:

“Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria.

Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro”.

Aquí Cristo muestra esa señal del Hijo del Hombre en el cielo, el Hijo del Hombre viniendo en las nubes del cielo.

Y en febrero 28 de 1963 apareció una nube misteriosa en el cielo, a 26 millas de altura, la cual la ciencia no pudo explicar en forma satisfactoria porque es un misterio para la ciencia esta nube misteriosa; por cuanto apareció a 26 millas de altura, donde no hay humedad para formar nubes, por eso es una nube misteriosa. Y el reverendo William Branham, hablando de esta nube, dijo que había sido formada por ángeles de Dios enviados, los cuales le aparecieron a él y lo arrebataron en espíritu y lo colocaron con ellos en esa nube. Él dice en la página 469 del libro de Los Sellos en español:

“153. ¿Y notaron que dije que uno de esos ángeles era muy raro? Me pareció muy distinto a los demás. Estaban en una constelación con tres a cada lado y uno arriba; y el que estaba a mi lado, contando desde la izquierda hacia la derecha, ese sería el séptimo Ángel. Él era más brillante y significaba más para mí que los demás. Les dije que tenía el pecho así robusto y estaba volando hacia el Oriente. Les dije también que: ‘Me levantó, me alzó’. ¿Se acuerdan?

154. Ahora, ¡aquí está! Era el que tenía el Séptimo Sello, lo cual he mantenido como una pregunta en mi mente toda mi vida. Los otros Sellos significaron mucho para mí, desde luego; pero ustedes no se imaginan lo que ha significado este séptimo”.

¿Por qué? Porque este Séptimo Sello es la Segunda Venida de Cristo.

Y este Ángel que era diferente a los demás, que aparece en esta nube formada por ángeles, es el que tiene el Séptimo Sello; porque este es el Ángel Fuerte que desciende del Cielo, ese es Cristo descendiendo del Cielo envuelto en una nube; es la señal del Hijo del Hombre siendo vista en el cielo, como Cristo prometió.

Y así como para la Primera Venida de Cristo hubo una señal en el cielo, la llamada Estrella de Belén…; esa fue la señal de la Primera Venida del Hijo del Hombre mostrada en el cielo. Cuando apareció esa señal en el cielo, el Mesías estaba en la Tierra, había nacido en Belén de Judea; ya esa estrella llevaba dos años apareciendo en el cielo cuando los magos llegaron a Belén de Judea.

Y ahora ya el Mesías tenía alrededor de 2 años de edad cuando los magos llegaron a Belén de Judea y encontraron al niño Jesús en una casa. No lo encontraron en el pesebre porque ya estaba grandecito, y ya estar en el pesebre era para la noche en que nació o día en que nació; pero luego ya José y María se fueron a vivir a una casa, fuera alquilada o de familiares de ellos, y allá se estaba criando Jesús en Belén de Judea.

Pero luego que hubo peligro para el niño Jesús, el Arcángel Gabriel le dijo3 a José que se fuera a Egipto con el niño y con María, lo cual hizo José. Y cuando Herodes buscó al niño para matarlo, no lo encontró en Belén de Judea, aunque pensó que lo había encontrado, y mató a todos los niños; y al matar a todos los niños pensó que había matado al Mesías; porque Herodes no quería que otro rey apareciera en medio del pueblo hebreo.

Y vean ustedes, persiguió a un niño; o sea que le tenía miedo a un niño. Miren lo valiente que era: le tenía miedo a un niño que había nacido en Belén de Judea; y lo mandó a matar antes que creciera y ocupara el Trono de David.

Pero en el Programa Divino estaba la redención para ser llevada a cabo por Cristo en la Cruz del Calvario; y el único que entendía ese Programa era Jesús, nadie más comprendía ese Programa que Él estaría llevando a cabo en Su vida terrenal aquí en la Tierra, en donde viviría por 33 años.

Los primeros 30 años, aproximadamente, fueron un misterio; vean, solamente aparece cuando nació, luego cuando los magos lo encuentran, y luego cuando tenía 12 años de edad, y luego cuando tenía cerca de 30 años y fue bautizado por Juan el Bautista.

Pero luego de ser bautizado por Juan el Bautista comienza Su ministerio, luego de estar apartado en el desierto por 40 días sin comer; estuvo en ayuno allí, y era tentado por el enemigo, por el diablo, y dice la Escritura que allí estaban las fieras también, pero los ángeles de Dios le servían4. Luego comenzó Su ministerio, un ministerio de tres años y medio, realizando todas las cosas que estaban escritas que el Mesías haría en Su Primera Venida; y luego, al final de Su ministerio, Su muerte en la Cruz del Calvario.

Tomó todos nuestros pecados y se hizo mortal, porque la paga del pecado es muerte; así se hizo mortal nuestro amado Señor Jesucristo. Y luego resucitó Su cuerpo, pues Él dijo: “Nadie me quita la vida; yo la pongo por mí mismo para volverla a tomar. Tengo poder para poner mi vida, y tengo poder para volverla a tomar”. Así que ningún ser humano tenía ese poder, solamente Jesucristo, y Él lo hizo por amor a todos nosotros.

Vean, Él dijo: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, él solo queda”. O sea, el único que podía vivir eternamente ¿era quién? Jesucristo, porque vino sin pecado, vino por creación divina; Dios creó una célula de vida en el vientre de María, la cual se multiplicó célula sobre célula y fue formado así el cuerpo de Jesús.

Y ahora, si Él no moría, todo ser humano tenía que morir. El día que murió Jesús tenía que venir el juicio divino sobre la raza humana y destruir a la humanidad, y el único que quedaría vivo sería Jesús; pero el juicio divino cayó sobre Jesucristo, porque Él tomó todos nuestros pecados y se hizo mortal; porque la paga del pecado es la muerte.

Por eso, cuando Jesús murió, tuvo que ir al infierno en Espíritu, que es el cuerpo de la sexta dimensión de Jesús, llamado el Ángel del Pacto o Ángel de Jehová; Él fue en ese cuerpo teofánico, que es un cuerpo parecido a nuestro cuerpo pero de otra dimensión; y allí, dice la Escritura que predicó también. Vean lo que dice San Pedro en el capítulo 1 (vamos a ver)… Primera de Pedro, capítulo 3, verso 18 al 20, dice:

“Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu;

en el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados,

los que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas por agua”.

Aquí podemos ver que en el tiempo de Noé hubo millones de seres humanos sobre este planeta Tierra; hubo un adelanto muy grande en medio de la raza humana, tenían muchísimas religiones también (como en nuestro tiempo), pero en aquel tiempo había llegado el ciclo divino para el juicio de Dios caer sobre la raza humana.

Para ese tiempo vivía un hombre llamado Noé, el cual ofrecía a Dios los sacrificios por el pecado; los ofrecía por él y por su familia, y por consiguiente los pecados de él y de su familia estaban cubiertos con la sangre de esos sacrificios; por lo tanto Dios lo veía —a Noé— justo, sin pecado, porque la sangre de esos animalitos que eran sacrificados cubría el pecado de Noé y también de su familia. No es que ellos no cometían errores, no es que ellos no pecaban, sino que estaban cubiertos con la sangre de esos sacrificios que ofrecían a Dios.

Y ahora, la raza humana —vean ustedes—, como Caín, tenía problemas; porque Caín, encontramos que cuando fue ante Dios para ofrecer una ofrenda a Dios, llevó frutos del campo, y Dios no aceptó los frutos del campo; porque los frutos del campo no cubrían, no tapaban los pecados del ser humano.

Abel, por revelación divina, tenía el conocimiento de que lo que cubría el pecado ante la presencia de Dios era la sangre, la sangre de un animalito sacrificado a Dios.

Así como cuando Dios cubrió a Adán y a Eva dándoles pieles, encontramos que tuvo que morir algún animalito, porque no le van a quitar las pieles a un animalito y dejarlo sin piel; o sea que murió un animalito por Adán y Eva, para cubrir la desnudez de Adán y Eva, y por consiguiente la sangre de ese animalito cubrió el pecado de ellos; no lo quitó, porque la sangre de los animalitos no quita el pecado. Pero cuando nuestro amado Señor Jesucristo vino a la Tierra y murió en la Cruz del Calvario y derramó Su Sangre, esa Sangre sí que quita el pecado.

Por eso es que ya en medio del pueblo hebreo no se necesitan templos para ofrecer sacrificios de animalitos, porque ya hay un Sacrificio perfecto, que no cubre el pecado sino que quita el pecado del mundo; ese es el Sacrificio para gentiles y para hebreos también. Y el que no tenga ese Sacrificio y Su Sangre aplicada, sus pecados no están cubiertos ni tampoco están quitados: no están cubiertos los pecados con sangre de sacrificios de animalitos y no están quitados con la Sangre de Cristo; por lo tanto, Dios cuando ve la persona la ve con sus pecados, y por consiguiente el juicio divino tiene que caer sobre esas personas.

Así fue en el tiempo de Noé: el juicio divino tenía que caer sobre la raza humana; porque hay un ciclo divino en donde Dios en Su Trono declara la audiencia del juicio, como en cualquier corte se abre la audiencia para el juicio; y así es en la Corte Divina en el Cielo. Y cuando eso sucedió en el Cielo (y Dios trajo juicio… la raza humana…), declaró el juicio sobre la raza humana de la destrucción de la raza humana.

Eso es lo que aparece en el Génesis, capítulo 5 (vamos a ver aquí)… Vamos a leer el capítulo 6; dice (verso 1 en adelante):

“Aconteció que cuando comenzaron los hombres a multiplicarse sobre la faz de la tierra, y les nacieron hijas,

que viendo los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran hermosas, tomaron para sí mujeres, escogiendo entre todas.

(Y ahora):

Y dijo Jehová: No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es carne; mas serán sus días ciento veinte años”.

O sea que el ser humano de ahí en adelante tendría 120 años para vivir. Antes, vean ustedes, el ser humano vivía muchísimos años, pero de ese momento en adelante a la raza humana le quedaban solamente 120 años y vendría el juicio divino.

“Había gigantes en la tierra en aquellos días, y también después que se llegaron los hijos de Dios a las hijas de los hombres…”.

Ahora, ¿qué son los hijos de Dios y qué son los hijos de los hombres aquí en estas escrituras? Los hijos de los hombres son la descendencia de Caín, Caín y su descendencia; y los hijos de Dios son los descendientes de Set. Y ahí las hijas de los descendientes de Caín, dice la Escritura que eran hermosas, y los descendientes de Set tomaron para sí mujeres.

La descendencia de Caín era una descendencia bajo maldición, por lo tanto Dios no quería que los hijos de Dios se mezclasen con la descendencia de Caín.

La descendencia de Caín era de gigantes, Caín era un gigante también; y por eso dice la Escritura, dice que “había gigantes en la Tierra en aquellos días”.

Y ahora, continúa diciendo la Escritura:

“Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal.

Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón.

Y dijo Jehová: Raeré de sobre la faz de la tierra a los hombres que he creado, desde el hombre hasta la bestia, y hasta el reptil y las aves del cielo; pues me arrepiento de haberlos hecho.

Pero Noé halló gracia ante los ojos de Jehová”.

¿Por qué halló gracia delante de los ojos de Jehová Noé? Porque Noé tenía sus pecados cubiertos con la sangre de los sacrificios que él ofrecía a Dios, y así también él hacía para toda su familia. Por lo tanto, al estar protegidos por la sangre de esos sacrificios, la cual es tipo y figura de la Sangre de Cristo…

Ahora pueden ver el por qué esos sacrificios eran establecidos por Dios: porque eran tipo y figura de Jesucristo y Su Sacrificio en la Cruz del Calvario; era el tipo y figura, el simbolismo, de lo que sería el Sacrificio de Cristo en la Cruz del Calvario.

Y ahora, Noé halló gracia delante de Dios, por lo tanto la misericordia de Dios fue extendida a Noé y le mostró Dios a Noé la forma de escapar del juicio divino.

Y ahora, Noé construyó el arca conforme a como Dios le dijo que hiciera y tardó unos 100 o 120 años; y cuando tuvo el arca terminada, luego le apareció Dios siete días antes de venir el diluvio y le dijo: “De aquí a siete días vendrá el diluvio”, “De aquí a siete días…”. Vamos a ver cómo le dice Dios. En el capítulo 7, verso 4 en adelante, dice:

“Porque pasados aún siete días, yo haré llover sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches; y raeré de sobre la faz de la tierra a todo ser viviente que hice.

E hizo Noé conforme a todo lo que le mandó Jehová.

Era Noé de seiscientos años cuando el diluvio de las aguas vino sobre la tierra”.

Ahora vean cómo aún siete días antes de venir el diluvio Dios le apareció a Noé y le habló de nuevo, y le dijo dentro de cuántos días vendría el diluvio.

Ahora, dice la Escritura que Noé entró al arca y Dios cerró la puerta del arca; y luego que Dios cerró la puerta del arca, ya nadie más podía entrar allí para escapar del juicio divino que vendría sobre la Tierra.

Y ahora, Cristo es el Arca de Salvación para todo ser humano; y de edad en edad, de etapa en etapa, hemos tenido a los mensajeros de Jesucristo enviados a la Tierra, Sus siete ángeles mensajeros de las siete edades de la Iglesia gentil, de los cuales el primero fue San Pablo y el séptimo fue el reverendo William Branham; y por medio de esos mensajeros, Jesucristo en Espíritu Santo manifestado en ellos estuvo llamando y juntando a Sus hijos, a Sus escogidos, de las diferentes etapas o edades de la Iglesia entre los gentiles; y estuvo allí cumpliendo (en esas siete etapas) lo que prometió en San Juan, capítulo 10, verso 14 al 16, donde dice:

“Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen,

así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas.

También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor”.

Cristo murió, resucitó y ascendió al Cielo, y luego ha descendido en Espíritu Santo desde el Día de Pentecostés en adelante, y ha estado de etapa en etapa llamando y juntando a Sus ovejas en Su Redil; y Su Redil es Su Iglesia, Su Cuerpo Místico de creyentes.

Y, vean ustedes, en este diagrama de la Iglesia de Jesucristo tenemos las siete etapas o edades de la Iglesia de Jesucristo entre los gentiles, las cuales se cumplieron en Asia Menor, en Europa y en Norteamérica, donde Jesucristo por medio de Sus siete ángeles mensajeros llamó y juntó a Sus ovejas en Su Redil, en esas siete etapas que corresponden al Lugar Santo del Templo espiritual de Cristo.

Y ahora, ¿habrá lugar para nosotros, los latinoamericanos y caribeños, en el Redil del Señor? Claro que lo hay, y ese lugar es en la Edad de la Piedra Angular, donde Jesucristo sube y llama y junta a Sus escogidos del Día Postrero.

Por eso es que en Apocalipsis, capítulo 4, verso 1, dice de la siguiente manera:

“Después de esto miré, y he aquí una puerta abierta en el cielo; y la primera voz que oí, como de trompeta, hablando conmigo, dijo: Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de éstas”.

Ahora, ¿dónde vamos a subir? Vamos a subir a la Edad de la Piedra Angular; y ahí es donde Cristo estará manifestado en Espíritu Santo hablándonos con esa Gran Voz de Trompeta.

¿Y por medio de quién estará hablándonos, ya que los siete ángeles mensajeros de las siete edades terminaron sus ministerios aquí en la Tierra y se fueron? Por medio de quien esté hablándonos estará dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, en el Día Postrero; y en Apocalipsis, capítulo 22, verso 6, nos dice por medio de quién nos dará a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, en este tiempo final. Dice así:

“Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto”.

¿A quién dice que ha enviado? A Su Ángel Mensajero. ¿Para qué? Para dar a conocer las cosas que deben suceder pronto; porque en ese Ángel Mensajero estará Jesucristo en Espíritu Santo manifestado en el Día Postrero, en la Edad de la Piedra Angular.

Ese es el Ángel Mensajero de la Edad de la Piedra Angular, a través del cual Jesucristo estaría hablando en el Día Postrero a Su pueblo, y estaría llamando y juntando a Sus ovejas, y estaría dándole a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto; y con ese Mensaje es que son llamadas y juntadas todas las ovejas del Señor Jesucristo en este Día Postrero. Ese es el Mensaje de la Gran Voz de Trompeta de San Mateo, capítulo 24, verso 31, del cual Cristo dijo:

“Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos…”.

Y aquí tenemos al Ángel enviado por Jesucristo para llamar y juntar a Sus escogidos con esa Gran Voz de Trompeta, dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, en este tiempo final.

Esa Gran Voz de Trompeta es la Voz de Cristo en Su Ángel Mensajero, es el Mensaje de Jesucristo en Su Ángel Mensajero dándonos a conocer todas estas cosas que deben acontecer en este tiempo final.

En Apocalipsis, capítulo 1, verso 10 al 11, dice Juan el apóstol:

“Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor (¿En qué día estaba? En el Día del Señor, que es el Día Postrero, o sea, el séptimo milenio), y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta,

que decía: Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último”.

¿Quién es el Alfa y Omega?, ¿quién es el primero y el último? Nuestro amado Señor Jesucristo. Es la Voz de Jesucristo hablando en el Día Postrero, en el séptimo milenio, por medio de Su Ángel Mensajero todas estas cosas que deben suceder pronto.

En Apocalipsis, capítulo 22, verso 16, dice:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias”.

Para dar testimonio de todas estas cosas que deben suceder pronto, en el Día Postrero, es enviado el Ángel del Señor Jesucristo por nuestro amado Señor Jesucristo; y a través de ese Mensajero es que Jesucristo en Espíritu Santo se manifiesta en el Día Postrero y le habla a Su Iglesia todas estas cosas que deben suceder; y así es como los hijos e hijas de Dios en el Día Postrero estarán escuchando la Voz de Cristo dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder en este tiempo final.

Y ahora hemos visto dónde es que tenemos que subir: es a la Edad de la Piedra Angular, donde estará Jesucristo hablando por medio de Su Ángel Mensajero, en el cual estará manifestado.

Y ahora, vean ustedes, de estos ángeles que aparecieron en esta nube, tenemos los siete mensajeros de las siete edades de la Iglesia gentil aquí formando la barba del Señor (porque estos ángeles forman en esta nube el rostro del Señor) y tenemos al Ángel que era diferente a los demás formando el cabello blanco del Señor; y este Ángel que era diferente a los demás es el que tiene el Séptimo Sello.

Así como los ángeles anteriores de las siete edades, para tener sus ministerios tuvieron que venir en carne humana manifestados y tener sus ministerios (y así cumplirse cada edad de la Iglesia gentil de las siete edades de la Iglesia), así también para cumplirse el ministerio del Ángel que era diferente a los demás y cumplirse el Séptimo Sello tiene que venir ese Ángel (que es el Ángel del Pacto, el Ángel Fuerte, que es Jesucristo en Espíritu Santo, en Su cuerpo teofánico, el cual es el mismo Ángel del Pacto del Antiguo Testamento, llamado el Ángel de Jehová); para tener Su ministerio del Día Postrero, tiene que venir manifestado en carne humana en este tiempo final.

Y para esa manifestación Él tiene a Su Ángel Mensajero; Él viene en Su Ángel Mensajero manifestado en carne humana en el Día Postrero. Eso será la Venida del Séptimo Sello, del Ángel que era diferente a los demás, en el cumplimiento del Séptimo Sello aquí en la Tierra.

Dijo el precursor de la Segunda Venida de Cristo, hablándonos del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, verso 11 en adelante…, el cual es Cristo viniendo; es la Venida de Cristo para el Día Postrero, es la Venida del Ángel Fuerte que desciende del Cielo, Jesucristo, el Ángel del Pacto, viniendo en Espíritu Santo en el Día Postrero.

Ahora, ¿cómo vendrá en el Día Postrero? En la página 256 dice el precursor de la Segunda Venida de Cristo [Los Sellos]:

“121. Pero cuando nuestro Señor aparezca sobre la Tierra, Él vendrá sobre un caballo blanco como la nieve, y será completamente Emmanuel —la Palabra de Dios encarnada en un hombre”.

Eso será la Venida del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, que es la Venida del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová; es la Venida del Verbo de Dios, la Venida de la Palabra encarnada en un hombre; es la Venida de Jesucristo en Espíritu Santo manifestado en carne humana en Su Ángel Mensajero.

Pero Su Ángel Mensajero no es el Señor Jesucristo; él es un hombre de este Día Postrero, en el cual Jesucristo estará manifestado en Espíritu Santo cumpliendo estas promesas y hablando por medio de ese profeta, de ese mensajero; y estará operando en ese mensajero el ministerio de Moisés por segunda vez, el ministerio de Elías por quinta vez y el ministerio de Jesús por segunda vez.

Y aun con todo y esa manifestación tan grande de Jesucristo en Su Ángel Mensajero en Espíritu Santo, aun con todo y eso el Ángel de Jesucristo no es el Señor Jesucristo; él es un hombre de este tiempo final; él es un profeta mensajero de Jesucristo enviado a Su Iglesia en el Día Postrero para dar testimonio de todas estas cosas a todas las iglesias, él es el profeta de la Dispensación del Reino con el Mensaje del Evangelio del Reino dando testimonio de todas estas cosas que deben suceder en este tiempo final; y él es el primer profeta dispensacional y el único profeta dispensacional que Dios enviaría a Su Iglesia, y lo enviaría en este tiempo final. En el Día Postrero lo tendría colocado en Su Iglesia, dándole a conocer a la Iglesia de Jesucristo todas estas cosas que deben suceder pronto, en el Día Postrero (o sea, en el séptimo milenio).

Y ahora, hemos visto el misterio del Séptimo Sello, que es el misterio de la Venida del Ángel del Pacto, de la Venida del Ángel de Jehová, que es la Venida de Jesucristo en Espíritu Santo manifestado en Su Ángel Mensajero dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto; y hemos visto también el gran terremoto.

Este terremoto es el que destruirá a California; Los Ángeles, California, y Hollywood quedarán bajo el mar, bajo las aguas; y muchas otras ciudades y naciones también serán afectadas.

Pero habrá una resurrección de los muertos en Cristo; aparecerán a los escogidos que están vivos en la Tierra, o sea, los miembros del Cuerpo Místico de Cristo; y cuando aparezcan y los veamos, nosotros seremos transformados. Y no hay ningún problema en que los juicios divinos vayan a caer sobre la Tierra después de ese terremoto; porque el Sexto Sello se abre con ese terremoto, con un terremoto, y se abre así el ciclo divino para el juicio divino caer sobre la raza humana.

Cristo dijo que estos días en los cuales nosotros vivimos —que son los días de la Venida del Hijo del Hombre— serían días como los días de Noé, de los cuales Cristo dijo en San Mateo, capítulo 24 y verso 37 en adelante (37 al 39):

“Mas como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre.

Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca,

y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre”.

En los días de Noé no entendieron que aquellos días eran los últimos días de aquella generación antediluviana. Aquella generación antediluviana había llegado a su final; de 100 a 120 años le quedaba a aquella generación, y ese fue un tiempo para la construcción del arca, para Noé y su familia escapar.

Pero ellos no comprendían, no entendían de ese juicio divino que vendría sobre la Tierra, pues tenían muchísimas religiones, creían en Dios, y todas estas cosas. Y las personas pues saben que Dios es amor y ama al ser humano; pero algunos, al reconocer esa verdad, tratan de ignorar otra verdad que dice la Escritura: que Dios es fuego consumidor.

Y mientras se está viviendo en el ciclo divino en donde la misericordia de Dios está extendida para la raza humana, pues Dios es amor; pero cuando se llega al ciclo divino del juicio de Dios, entonces Dios es fuego consumidor. Y la persona tiene que estar preparada, para cuando llegue ese ciclo del juicio divino ya haber recibido la misericordia de Dios, porque de otra forma el juicio divino destruirá a la persona.

Pero vean ustedes, Dios le da cientos de años y miles de años a la raza humana, de misericordia; y después, cuando se cierra la puerta de la misericordia, ya entonces viene el juicio divino; pero Dios le ha dado cientos o miles de años a la raza humana siempre antes de traer el juicio divino.

Y algunos han pensado: “Eso nunca vendrá, porque siempre han dicho que viene el juicio de Dios”. Pues mire, Noé estuvo predicando de 100 a 120 años que vendría el diluvio. ¿Y por qué no venía el diluvio cuando ya Noé predicó que vendría el diluvio? ¿Y en ese año que predicó que vendría el diluvio por qué no vino el diluvio? Hubiera destruido a Noé, porque Noé no había todavía terminado el arca que había comenzado.

La misericordia de Dios se extiende a causa de los escogidos que Él tiene en el planeta Tierra.

Y cuando se completa el número de los escogidos de Dios y se completa la Obra de Intercesión de Cristo en el Trono de Dios en el Cielo, donde Cristo está con Su propio Sacrificio y Su propia Sangre allí haciendo intercesión por todos los que tienen sus nombres escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero; encontramos que cuando entre el último de los escogidos de Dios, ya Él termina Su Obra de Intercesión en el Cielo y sale del Trono de Intercesión en el Cielo; y luego ese Trono, que ha sido de misericordia por dos mil años y algo, se convertirá en un Trono de Juicio, y ya de allí lo que saldrá es el juicio divino para la raza humana; pero ya habrán alcanzado misericordia todos los que tienen sus nombres escritos en el Cielo, en el Libro de Dios.

Y ahora, ¿hay oportunidad todavía para los latinoamericanos y caribeños alcanzar la misericordia de Dios? Claro que hay oportunidad, porque aunque ya han terminado las siete etapas de la Iglesia gentil, nos queda la Edad de la Piedra Angular, y esa es la edad que corresponde a la América Latina y al Caribe.

Esa es la edad más gloriosa de todas las etapas de la Iglesia de Jesucristo, y les toca a los latinoamericanos y caribeños esa bendición; y por eso es que la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino —que es la Voz de Cristo por medio de Su Ángel Mensajero dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto— suena en la América Latina y el Caribe, llamando y juntando a todos los escogidos de Dios de la América Latina y el Caribe y colocándolos (¿dónde?) en la Edad de la Piedra Angular, la edad en donde la misericordia de Dios es extendida a la raza humana y en donde los latinoamericanos y caribeños estarían aprovechando esa oportunidad de misericordia divina en este Día Postrero.

Pero algún día se cerrará la puerta, y ya después no habrá más misericordia para la raza humana. Cuando entre el último de los escogidos de Dios en la Edad de la Piedra Angular, ya la misericordia de Dios no será extendida más sobre la raza humana. Luego se tornará Dios al pueblo hebreo y llamará 144.000 hebreos, 12.000 de cada tribu; ellos alcanzarán la misericordia de Dios también.

Vean, dice en San Lucas, capítulo 13, verso 22 en adelante:

“Pasaba Jesús por ciudades y aldeas, enseñando, y encaminándose a Jerusalén.

Y alguien le dijo: Señor, ¿son pocos los que se salvan? Y él les dijo:

Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán.

Después que el padre de familia se haya levantado y cerrado la puerta, y estando fuera empecéis a llamar a la puerta, diciendo: Señor, Señor, ábrenos, él respondiendo os dirá: No sé de dónde sois”.

Ahora, vean ustedes, esa es la puerta de la misericordia, la cual se cerrará algún día; y luego ya no habrá más misericordia para ninguna persona.

Esto también lo expresó Jesús en otra ocasión, en la parábola de las diez vírgenes, en San Mateo, capítulo 25, versos 10 al 13, donde dice:

“Pero mientras ellas iban a comprar (las vírgenes fatuas salieron a comprar aceite), vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta”.

¿Ven que hay un momento en que la puerta será cerrada? Cuando hayan entrado todas las vírgenes prudentes, o sea, cuando hayan entrado todos los escogidos de Dios al Cuerpo Místico de Cristo, luego se cerrará la puerta de la misericordia.

“Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, señor, ábrenos!

Mas él, respondiendo, dijo: De cierto os digo, que no os conozco.

Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir”.

Ahora vean lo importante que es estar preparado y entrar con el Hijo del Hombre a las Bodas antes de que se cierre la puerta.

Es importante para las vírgenes prudentes, los hijos e hijas de Dios, entrar con Cristo a la Edad de la Piedra Angular en el Día Postrero, porque luego se cerrará la puerta y ya nadie más podrá entrar; y luego ya no habrá más misericordia para la raza humana de parte del Trono de Dios, porque ya el Sacrificio de Cristo y Su Sangre colocada allí es retirada; porque Cristo sale del Trono de Intercesión en el Cielo y, al salir, aquel Trono se convierte en un Trono de Juicio; y ya de allí lo que saldrá para la raza humana será el juicio divino.

Por eso es que en Apocalipsis, capítulo 8, dice (capítulo 8, verso 5):

“Y el ángel tomó el incensario, y lo llenó del fuego del altar, y lo arrojó a la tierra; y hubo truenos, y voces, y relámpagos, y un terremoto”.

O sea, eso es juicio divino saliendo del Trono de Dios para la raza humana; pero antes de eso, en este Día Postrero Jesucristo en Espíritu Santo estará manifestado en Su Ángel Mensajero, llamando y juntando a Sus escogidos con la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino en la América Latina y el Caribe.

Esta es la oportunidad de la América Latina y el Caribe. Esta es la oportunidad de todos los latinoamericanos y caribeños para escapar del juicio divino que ha de venir sobre la Tierra. Esta es la oportunidad de todos los escogidos de Dios que viven en el Día Postrero, para escapar del juicio divino que viene sobre la Tierra.

Y oramos por la América Latina y el Caribe para que el juicio divino que ha de caer sobre la Tierra no destruya a la América Latina y el Caribe, sino que la América Latina y el Caribe sobreviva a esos juicios divinos y pueda entrar al glorioso Reino Milenial de nuestro amado Señor Jesucristo.

Esa es nuestra petición por la América Latina y el Caribe, porque amamos a la América Latina y el Caribe. Y este es el territorio que tiene los primogénitos de Dios, los escogidos de Dios del Día Postrero, que serían llamados y juntados con la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino, y serían colocados en la Edad de la Piedra Angular, la Edad Eterna de la Iglesia de Jesucristo.

Tenemos el privilegio más grande que nación alguna pueda tener: tenemos el privilegio de ser el territorio donde el Séptimo Sello (que es el Ángel que era diferente a los demás) sería manifestado por medio de Su Ángel Mensajero y estaría dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, en este tiempo final.

Hemos visto EL MISTERIO DEL SÉPTIMO SELLO Y EL GRAN TERREMOTO”.

No tenemos miedo a ese terremoto que ha de venir, porque los muertos en Cristo resucitarán y nosotros los que vivimos seremos transformados; y luego estaremos de 30 a 40 días aquí en la Tierra, como Jesús estuvo 40 días aquí en la Tierra luego que resucitó, y los santos del Antiguo Testamento que resucitaron con Él también estuvieron 40 días aquí en la Tierra. Así que luego de la resurrección de los muertos en Cristo y de la transformación nuestra, estaremos en ese cuerpo nuevo de 30 a 40 días aquí en la Tierra.

¿Y después qué vamos a hacer? Así como Cristo ascendió al Cielo con los santos del Antiguo Testamento resucitados, nosotros ascenderemos al Cielo y nos iremos a la Cena de las Bodas del Cordero en la Casa de nuestro Padre celestial; y así disfrutaremos tres años y medio de esa gran fiesta de la Cena de las Bodas del Cordero, mientras el planeta Tierra con sus habitantes estará pasando por los juicios de la gran tribulación.

Así que estemos dentro del Redil del Señor, que es el lugar seguro para todas las ovejas del Señor Jesucristo.

“EL MISTERIO DEL SÉPTIMO SELLO Y EL GRAN TERREMOTO”. Ese ha sido nuestro tema para esta ocasión.

Que Dios les bendiga, que Dios les guarde, y muchas gracias, amables amigos y hermanos presentes y radioyentes. Buenas noches.

“EL MISTERIO DEL SÉPTIMO SELLO Y EL GRAN TERREMOTO”.

[Revisión mayo 2019]

1 San Mateo 24:36, San Marcos 13:32

2 San Juan 6:40, 44, 54

3 San Mateo 2:13

4 San Marcos 1:12-13

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