ImprimirImprimir

Muy buenas noches o buenas tardes, amigos, hermanos. Es para mí una bendición grande estar con ustedes en esta ocasión para compartir con ustedes unos momentos alrededor del tema: “EL PODER DEL SÉPTIMO SELLO”.

Para lo cual vamos a leer en Apocalipsis, capítulo 24, versos 30 al 31, y el capítulo 8, verso 1 al 5, de Apocalipsis, donde dice también acerca del Séptimo Sello, donde nos habla del Séptimo Sello. Leemos primero San Mateo 24, verso 30 al 31, donde dice:

“Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria.

Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro”.

Y Apocalipsis, capítulo 8, verso 1 al 5, dice:

“Cuando abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el cielo como por media hora.

Y vi a los siete ángeles que estaban en pie ante Dios; y se les dieron siete trompetas.

Otro ángel vino entonces y se paró ante el altar, con un incensario de oro; y se le dio mucho incienso para añadirlo a las oraciones de todos los santos, sobre el altar de oro que estaba delante del trono.

Y de la mano del ángel subió a la presencia de Dios el humo del incienso con las oraciones de los santos.

Y el ángel tomó el incensario, y lo llenó del fuego del altar, y lo arrojó a la tierra; y hubo truenos, y voces, y relámpagos, y un terremoto”.

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

¿Cuál es el misterio contenido en este Séptimo Sello, que cuando fue abierto en el Cielo causó silencio como por media hora? El misterio contenido en este Séptimo Sello es el misterio de la Segunda Venida de Cristo.

Y ahora, este misterio de la Segunda Venida de Cristo para el tiempo postrero será el misterio que Cristo estará cumpliendo en medio de Su Iglesia, llevando a cabo, realizando Su Venida.

Y para comprender lo que será Su Venida en el Día Postrero, tenemos primeramente que comprender lo que fue Su Venida dos mil años atrás; para lo cual vamos a leer en Malaquías, capítulo 3, primeramente, donde nos dice el profeta Malaquías lo que sería la Venida del Mesías en medio del pueblo hebreo; capítulo 3 de Malaquías dice:

“He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí (¿Quién está hablando aquí? Está hablando aquí Dios, el Ángel del Pacto está hablando aquí. Dice); y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis (¿Y quién vendrá? Después que haya enviado Su mensajero preparándole el camino, el cual fue Juan el Bautista, luego vendrá el Señor, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob), y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros”.

Ese Ángel del Pacto, que le apareció al profeta Moisés en aquella llama de fuego y le dijo1: “Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob”, ese es el que vendrá conforme a esta profecía:

“He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos”.

¿Quién? “El Ángel del Pacto, a quien vosotros buscáis”.

“He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos”.

Y ahora, ¿cómo vendría el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, en medio del pueblo hebreo?… Para lo cual primero enviaría un precursor, una persona, un profeta preparándole el camino, el cual fue Juan el Bautista, el cual vino con el espíritu y virtud de Elías, conforme a las palabras del Arcángel Gabriel a su padre Zacarías, el sacerdote Zacarías.

Ese hombre que vendría con el espíritu y virtud de Elías nacería de Zacarías y su esposa Elisabet, y sería profeta de Dios, y sería el que precursaría la Primera Venida de Cristo, sería el que vendría clamando en el desierto y preparándole el camino al Señor.

Luego, cuando estuvo sobre la Tierra, Jesús hablando de él en el capítulo 11 de San Mateo, versos 9 en adelante, dice:

“Pero ¿qué salisteis a ver? ¿A un profeta? Sí, os digo, y más que profeta.

Porque éste es de quien está escrito:

He aquí, yo envío mi mensajero delante de tu faz,

El cual preparará tu camino delante de ti.

De cierto os digo: Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista; pero el más pequeño en el reino de los cielos, mayor es que él.

Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan.

Porque todos los profetas y la ley profetizaron hasta Juan.

Y si queréis recibirlo, él es aquel Elías que había de venir”.

El Elías que había de venir preparándole el camino al Señor ¿quién es? Es Juan el Bautista preparándole el camino a Cristo en Su Primera Venida.

Y ahora, en el capítulo 17 de San Mateo, cuando Jesús bajó del Monte de la Transfiguración con Pedro, Jacobo y Juan, del verso 10 al 13 encontramos a los discípulos hablando con Jesús acerca de la venida de Elías; y le preguntan que por qué dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero, pues ellos habían visto a Elías y también a Moisés en el Monte de la Transfiguración.

Y ahora, cuando descienden del Monte de la Transfiguración, le preguntan a Jesús (capítulo 17, verso 10 a 13):

“Entonces sus discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Por qué, pues, dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero?

Respondiendo Jesús, les dijo: A la verdad, Elías viene primero, y restaurará todas las cosas (eso está hablando de Elías viniendo en el fin del tiempo).

Mas os digo que Elías ya vino, y no le conocieron, sino que hicieron con él todo lo que quisieron; así también el Hijo del Hombre padecerá de ellos.

Entonces los discípulos comprendieron que les había hablado de Juan el Bautista”.

Ahora vean cómo aquí Jesús habla del Elías que tiene que venir en ese tiempo, y lo aplica (¿a quién?) a Juan el Bautista. Juan el Bautista fue ese Elías que tenía que venir en ese tiempo preparándole el camino al Señor.

Juan el Bautista fue el precursor de la Primera Venida de Cristo. Por esa causa es que cuando le preguntan a Juan quién él es, él da testimonio de quién él es. Vean ustedes, en San Juan, capítulo 1, verso 14 al 15, dice:

“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad”.

El Verbo se hizo carne; y el Verbo era con Dios y el Verbo era Dios; era Dios hecho hombre, hecho carne en medio del pueblo hebreo. Eso era la manifestación de Dios en Jesucristo: la Palabra, el Verbo, el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, viniendo vestido de carne humana.

“Juan dio testimonio de él, y clamó diciendo: Éste es de quien yo decía: El que viene después de mí, es antes de mí; porque era primero que yo.

Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia.

Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.

A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.

Éste es el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron de Jerusalén sacerdotes y levitas para que le preguntasen: ¿Tú, quién eres?

Confesó, y no negó, sino confesó: Yo no soy el Cristo.

Y le preguntaron: ¿Qué pues? ¿Eres tú Elías? Dijo: No soy. ¿Eres tú el profeta? Y respondió: No.

Le dijeron: ¿Pues quién eres? para que demos respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo?

Dijo: Yo soy la voz de uno que clama en el desierto: Enderezad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías.

Y los que habían sido enviados eran de los fariseos.

Y le preguntaron, y le dijeron: ¿Por qué, pues, bautizas, si tú no eres el Cristo, ni Elías, ni el profeta?

Juan les respondió diciendo: Yo bautizo con agua; mas en medio de vosotros está uno a quien vosotros no conocéis.

Éste es el que viene después de mí, el que es antes de mí, del cual yo no soy digno de desatar la correa del calzado.

Estas cosas sucedieron en Betábara, al otro lado del Jordán, donde Juan estaba bautizando.

El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.

Éste es aquel de quien yo dije: Después de mí viene un varón (o sea que estaba anunciando que después de él vendría un hombre, un varón), el cual es antes de mí; porque era primero que yo.

Y yo no le conocía; mas para que fuese manifestado a Israel, por esto vine yo bautizando con agua.

También dio Juan testimonio, diciendo: Vi al Espíritu que descendía del cielo como paloma, y permaneció sobre él.

Y yo no le conocía; pero el que me envió a bautizar con agua, aquél me dijo: Sobre quien veas descender el Espíritu y que permanece sobre él, ése es el que bautiza con el Espíritu Santo.

Y yo le vi, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios”.

Ahora, vean ustedes todo lo que sucedió en aquellos días, y vean ustedes cómo Juan el Bautista estuvo precursando la venida de un varón, de un hombre que vendría después de él, el cual sería el que los bautizaría con Espíritu Santo y Fuego.

Juan vino bautizando en agua, pero anunciando otro hombre que vendría después de él, el cual sería (¿quién?) el Verbo, la Palabra, hecho carne, la Palabra encarnada en un hombre; o sea, el Ángel del Pacto encarnado en un hombre de aquel tiempo que nacería en medio del pueblo hebreo, pero en ese hombre estaría el Verbo, la Palabra encarnada en aquel tiempo; o sea que el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, estaría manifestado en carne humana: en ese velo de carne llamado Jesús de Nazaret. Dios vestido de carne humana.

Así como cada uno ustedes está vestido de carne humana. Le quitan el cuerpo de carne y desaparece de esta dimensión terrenal; se va a vivir al Paraíso, pero aquí ya no vive; en esta dimensión ya no está viviendo si le quitan el velo de carne.

Y ahora, vean ustedes, Dios vino a vivir en medio de los seres humanos ya no solamente en Espíritu, sino en carne también, en el velo de carne llamado Jesús.

Él estuvo manifestado de edad en edad y de dispensación en dispensación en cada mensajero que Él envió; y ese fue el velo de carne temporal que Dios usó, el Ángel del Pacto usó en Su manifestación en cada edad; pero cuando vino manifestado en carne humana en la persona de Jesús, vino manifestado en toda Su plenitud; por eso pudo llevar a cabo la Obra de Redención en la Cruz del Calvario. Vino en un cuerpo sin pecado, y por eso pudo ofrecer ese cuerpo Suyo en sacrificio vivo para salvación de todos los hijos e hijas de Dios.

Ningún otro cuerpo podía ser ofrecido en sacrificio ante Dios para así solucionar el problema del pecado. Por eso ninguno de los profetas que vinieron antes de Jesús pudo ser sacrificado en la Cruz del Calvario para quitar nuestros pecados, porque esa misma persona, cada uno de los mensajeros antes de Jesús venían en cuerpos mortales, corruptibles, temporales y contaminados con el pecado, porque vinieron todos en un cuerpo que vino por medio de la unión de un hombre y de una mujer.

Por eso dice la Escritura que luego Jesús vino a la Tierra, pero, vean ustedes, ¿vino cómo?, en un cuerpo creado por Dios en el vientre de María; hizo sombra el Espíritu Santo sobre María y ahí fue que se llevó a cabo el milagro de la creación de ese cuerpo, creando una célula de vida en el vientre de María, la cual se multiplicó célula sobre célula.

Y ahora, vean ustedes, Leví estaba en los lomos (¿de quién?) de Abraham cuando Abraham diezmó a Melquisedec2. ¿Y cómo estaba en los lomos de Abraham? Pues estaba en los lomos de Abraham en la forma de un gene, de un espermatozoide; no estaba el cuerpo entero, así como después estaba en la Tierra, sino que estaba ahí en genes o espermatozoides que daría…, que se multiplicaría y produciría ese cuerpo; pero recuerden que ahí está todo pero en forma microscópica.

Y así también, vean ustedes, nosotros estábamos en Dios desde antes de la fundación del mundo. Luego, cuando Dios se creó ese cuerpo teofánico de la sexta dimensión, allí estaba nuestro cuerpo teofánico en ese cuerpo teofánico; y no solamente nuestro cuerpo teofánico, sino toda la Creación estaba en ese cuerpo.

Por eso es que dice la Escritura que en el principio creó Dios los Cielos y la Tierra; pero San Pablo da más detalles y también San Juan. San Juan, por ejemplo, da detalles acerca de la Creación, y dice en el capítulo 1, verso 1 en adelante:

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.

Éste era en el principio con Dios.

Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.

En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres”.

Y en el verso 14 (de San Juan, capítulo 1) dice:

“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros…”.

Y ahora, vean ustedes, ¿quién fue el que creó todas las cosas?, ¿el Creador de toda la Creación quién fue? El Verbo, que era con Dios y era (¿quién?) Dios; y luego se hizo carne. Y el Verbo, que era con Dios y era Dios, luego en el Nuevo Testamento ¿es quién? Jesucristo.

El Verbo hecho carne es nuestro amado Señor Jesucristo. Por eso Él podía decir3: “Antes que Abraham fuera, yo soy”; podía decir: “Abraham deseó ver mi día; lo vio, y se gozó”. Le dicen: “No tienes cincuenta años ¿y dices que has visto a Abraham?”. Él dice: “Antes que Abraham fuera, yo soy”.

Y Juan el Bautista dice: “El que viene después de mí es antes de mí (o sea, antes que yo)”; y no solamente es antes que Juan el Bautista, sino que también es antes que Abraham; y no solamente antes que Abraham, sino antes que Adán también. ¿Por qué? Porque Él es el Creador de los Cielos y de la Tierra, porque Él es el Dios Todopoderoso, el cual estaba en Su cuerpo teofánico de la sexta dimensión creando todas las cosas, y después vino a la Tierra en carne humana, en un velo de carne llamado Jesús de Nazaret.

Y por eso ustedes lo encuentran teniendo autoridad sobre toda la Creación. Cuando hubo necesidad de pan y peces para los que tenían hambre y estaban escuchando Su Palabra, y ya llevaban tres días escuchando a Jesús (o sea, tenían una campaña de tres días, ya llevaban tres días en esa campaña), se acabó el alimento, y los discípulos le dicen a Jesús: “Es bueno que ya toda esta gente se vaya antes que oscurezca, porque ya está declinando el día, está cayendo el día”.

O sea, ya había llegado el día a las 3:00 de la tarde; de ahí en adelante ustedes pueden ver que el día, el sol va cayendo, y comienza a caer y a caer el sol hasta que llega a oscurecer; y ya salir de noche..., y más en aquellos tiempos, que no tenían las facilidades que tenemos en la actualidad; y los burros no tienen focos, faroles, para estar alumbrando el camino; y así en esa condición pues no es bueno estar viajando.

Y ahora Jesús dice a Sus discípulos…, ellos le dicen: “Es bueno que se vayan, vayan por las ciudades, y compren alimentos para ellos mismos (o sea, que cubran sus propios gastos ellos, vayan y compren alimento)”.

Jesús les dice: “No tienen necesidad de irse; dadles vosotros de comer”. Tremenda situación para los discípulos. Dicen: “Nosotros aquí no tenemos nada; y aun si fuésemos a comprar pan, (dijeron una cantidad) con tal cantidad no daría para tantas gentes”.

En una ocasión hubo unas cinco mil personas4 y en otra ocasión cuatro mil personas5, y eso es sin contar los niños y las mujeres; y hay niños que comen más que los mayores y también mujeres.

Así que no son los hombres los que comen mucho, sino muchas veces las mujeres. Algunas veces dicen: “No…”, sino que solamente comen un poquito... ¿Y el resto del día que han estado en la casa?, si son las que tienen las llaves de la cocina. Así que a la hora que quieran comer, ahí ellas están en la cocina y preparan lo que quieran comer. Aunque después, cuando llega la hora de comer, comen poquitito; pero ¿y todo lo que se comieron antes?

Así que el menos que come algunas veces es el esposo, porque está muy ocupado trabajando; y los niños, en la misma forma. Pero eso está bien; está bien que coman, pero que tampoco lo hagan en exceso y les vayan a hacer gastar más de lo normal a sus esposos, porque no conviene tampoco.

Siempre se les va a reflejar después en exceso de peso y de todas estas cosas en la mayor parte de las veces. Otras, pues, aumentan sin comer mucho; pero hay que buscarle la vuelta, la forma y la solución a los problemas; y para algunas personas eso es problemas. Si no es problema para la esposa, tiene que ver si para el esposo sí es problema; porque si es problema para la esposa o no es problema para la esposa, pero al esposo no le gusta mucho así, pues tiene que ver cómo hace para que tenga a su esposo contento.

Y ahora, podemos ver que Jesús les dice: “No tienen necesidad de irse; dadle vosotros de comer”. Tremendo problema para los discípulos; y le dicen…, y Jesús les pregunta a ellos:

—¿Qué tienen ustedes?

—No tenemos nada. Lo único que hay es un muchacho o un niño por ahí —ya lo habían averiguado— que tiene unos panecitos y unos pececitos.

No se sabe de quién era hijo este niño y no se sabe qué iban los discípulos a hacer para lograr lo que este niño tenía, si es que Jesús lo demandaba así.

Ahora, ellos pensaron: “Bueno, al decirle que es un niño el que tiene esto por aquí… A lo mejor es algo de la familia o, si no, que esté vendiendo estos panecitos y estos pececitos. Al decirle así a Jesús, pues va a decir: ‘Bueno, ustedes tienen razón. Vayan ustedes - o que se vayan, los despedimos; que vayan a comprar a las ciudades, y por ahí mismo se van ya tranquilos’”. Pero Jesús dice: “Traed acá esos panecitos y esos pececitos”.

Y al niño, pues, había que pagarle, si era que los estaba vendiendo; o si era de la familia, o si era de alguno de los discípulos el niño, entonces pedirle que lo entregara a Jesús, que lo diera para llevarlo a Jesús.

Y Jesús dice: “Ahora (ya han traído lo que tienen), ahora pidan al pueblo que se sienten sobre el pasto, sobre la grama, de cincuenta en cincuenta”.

¿Y por qué de cincuenta en cincuenta? El 50 es un número muy importante. Vean ustedes, el cincuenta es Pentecostés; y Pentecostés, el Día de Pentecostés, encontramos que Dios derramó de Su Espíritu Santo; y vino el Agua que salta para vida eterna, que corre por el vientre, por el interior de cada hijo e hija de Dios; vino Agua de vida eterna6.

Y, vean ustedes, el año cincuenta es el Año de Jubileo, donde vendrá la transformación de nuestro cuerpo. Cuando se actualice el año cincuenta, ese es el ciclo divino donde los muertos en Cristo resucitarán en cuerpos eternos y nosotros los que vivimos seremos transformados.

Así que vean ustedes cómo Cristo usa ese número cincuenta.

Durante la Dispensación de la Gracia se ha estado viviendo bajo el ciclo divino del Día de Pentecostés; y para el Día Postrero se entrelaza con el Año de Pentecostés, en donde en adición a recibir el Espíritu Santo…, el cual ha sido derramado el Día de Pentecostés (dos mil años atrás) y ha seguido siendo derramado sobre toda carne que cree en Jesucristo como su Salvador; y así hemos obtenido el nuevo nacimiento, luego de creer en Cristo como nuestro Salvador y lavar nuestros pecados en la Sangre de Cristo, y hemos recibido el cuerpo teofánico de la sexta dimensión. Para el Día Postrero, en el Año del Jubileo actualizado, recibiremos el cuerpo físico y eterno que Él ha prometido para nosotros.

Vean, eso es la doble porción del Espíritu. Primero con las primicias del Espíritu recibimos el cuerpo teofánico, y con la doble porción del Espíritu recibiremos (¿qué?) el cuerpo físico y eterno que Él ha prometido para cada uno de nosotros. Bajo el Día de Pentecostés recibimos las primicias, el cuerpo teofánico, y bajo el Año de Pentecostés, bajo el Año del Jubileo, recibimos el cuerpo físico y eterno que Él ha prometido para todos nosotros.

Encontramos que en dos ocasiones Cristo multiplicó los panes y los peces y, vean ustedes, en una ocasión eran cinco mil personas (sin contar los niños y las mujeres) y en la otra ocasión eran cuatro mil personas (sin contar los niños y las mujeres).

Si contamos los niños y las mujeres, y si sacamos la cuenta a base de los que hay aquí…; si contamos los hombres, los varones que hay aquí, y luego contamos las mujeres, probablemente encontraremos que hay más mujeres que varones. Y si así fue en aquellos días, si había cinco mil personas, cinco mil hombres (entre jóvenes y adultos y niños) sin contar las mujeres, y si para aquel tiempo había más mujeres (así, en las actividades) que hombres, entonces la congregación que allí estaba siendo alimentada con los panes y los peces pasaba de diez mil personas; pero como no nos explica la Biblia qué cantidad del sexo femenino hubo en esas dos ocasiones, lo dejamos así quietecito. Y todos los que quieran saber el número exacto de las mujeres que hubo en estos dos milagros, pues esperemos que estemos en el Milenio y allí veremos cuál es el número, porque ahí lo vamos a saber todo; así que no hay ningún problema.

Miren, por ejemplo, cuando hablamos acerca de la cantidad de hombres, pues eso está bien, pero cuando se dice “sin contar los niños y las mujeres”, eso ya no hay límite; o sea que es mejor para las mujeres que no haya límite y puedan entrar todas las que quieran entrar.

Ahora, esto es una bendición grande para los hijos e hijas de Dios. Sabemos que hay un número de escogidos; y ahora, no sabemos si hay en ese número de escogidos más mujeres que hombres. Ahora, eso lo vamos a ver también en el Milenio, para no rompernos la cabeza con estos números por ahora.

Vamos a aprovechar mejor el tiempo viendo EL PODER DEL SÉPTIMO SELLO, que es el poder de Cristo en Su Segunda Venida.

En Su Primera Venida Él vino como Cordero de Dios para morir en la Cruz del Calvario y llevar a cabo la Obra de Redención, tomando nuestros pecados, colocando nuestros pecados en ese cuerpo inmortal; Él dijo: “Nadie me quita la vida; yo la pongo por mí mismo para poder volverla a tomar”. Pero para ser mortal ese cuerpo, tuvo que tomar nuestros pecados; porque la paga del pecado es (¿qué?) muerte; por lo tanto, al tomar nuestros pecados y ser colocados sobre Jesús, se hizo mortal Su cuerpo físico y murió en la Cruz del Calvario.

Quizás el diablo se puso muy contento y dijo: “Lo he hecho mortal, he logrado matarlo”, y sin embargo no se dio cuenta el diablo que esa era la misma derrota del diablo. Lo que el diablo creyó que era la derrota de Jesús fue la derrota del diablo; porque el diablo es como la abeja, que pica y pierde su aguijón.

No sé cómo le llaman acá al aguijón; allá se le dice (no sé si significa algo diferente acá) la “ponzoña”, ese piquito así que lo pega y cuando se va fue la muerte de la abeja. Mejor hubiera sido que no hubiera picado a nadie, porque el día que pique a una persona, ahí sus días terminan. Y luego la persona aprieta (apreta) y se saca ese aguijón, y la persona sigue viviendo; y aun si se deja el aguijón ahí, no hay ningún problema, pues si tiene artritis o reuma o cosas así, dicen que las picadas de abeja son muy buenas.

Así que cuando el diablo colocó su aguijón en Cristo, perdió todo su poder, un poder que él había robado; y ahora, perdió todo su poder, perdió todo su poder de la muerte y del infierno. Y ahora, miren, ha servido de medicina.

Ahora, el problema de la raza humana, de las enfermedades y todo, ¿qué sucede? Con la muerte de Cristo en la Cruz del Calvario y el diablo enterrando su aguijón allí, vean ustedes, Cristo llevó nuestras enfermedades; y ahora Él nos liberta (Cristo) de todo poder del enemigo, porque Cristo tomó el poder del diablo, se lo quitó; cuando enterró el poder de la muerte, ahí perdió él su poder.

Es como la abeja, que le pica y le entierra ese aguijón, y luego pierde el poder (¿por qué?) porque perdió su aguijón. Y Cristo ahí, cuando recibió esa herida de muerte, ahí el diablo perdió su aguijón; y el poder lo perdió el diablo, el poder que tenía robado.

Y ahora Cristo tiene las llaves del infierno y de la muerte; y Cristo es el que resucitará a todos los creyentes en Él que han partido, y nosotros los que vivimos (si permanecemos vivos hasta que resuciten los muertos en Cristo) seremos transformados.

Ahora, el Paraíso es muy bonito, y allí ni se trabaja, ni se cansan allí, ni comen, no tiene que cocinar allí nadie. A las que no les gusta cocinar, el Paraíso es un buen lugar; y a los que no les gusta trabajar, el Paraíso es un buen lugar; pero recuerden que el Paraíso es para los creyentes en Cristo, que son personas trabajadoras, y que trabajan primero aquí para después descansar allá si se les acaban sus días aquí en la Tierra.

Ahora, ¿a cuántos les gustaría estar descansando en el Paraíso? A muy pocas personas les gustaría estar descansando en el Paraíso habiendo tanto trabajo aquí; y los que van a descansar al Paraíso, allí ya sus labores han terminado, no pueden seguir trabajando en la Obra de Dios aquí (¿por qué?) porque ya se fueron al Paraíso; y allí ni se trabaja, ni se cansan, ni comen, ni duermen, pero están esperando la resurrección en cuerpos eternos.

Y le dijeron a nuestro hermano Branham, cuando fue de visita en una ocasión allá7: “Aquí ni trabajamos, ni comemos, ni dormimos, pero nosotros regresaremos a la Tierra; tomaremos cuerpo y regresaremos a la Tierra, y entonces comeremos”. Así que ya ellos nos han extendido una invitación, para que los invitemos a comer cuando ellos regresen; nos han dicho que pueden comer.

Como Jesús, cuando resucitó. No creían que era Jesús, ¿y qué les dijo Jesús? “¿Tienen algo de comer?”. Le dieron un panal, o un pedazo de panal de abejas, y un pedazo de pescado, y comió delante de ellos; porque en el cuerpo teofánico, vean ustedes, allí en el Paraíso ni comen ni duermen, no se cansan, no les da sueño, y ni trabajan tampoco; están muy contentos, muy felices allí, pero están deseosos de regresar a la Tierra; pero no en el mismo cuerpo, porque en el mismo cuerpo tendrían los mismos problemas que tuvieron cuando estuvieron aquí, sino que ellos saben que será en un nuevo cuerpo, en un cuerpo eterno; y le dijeron a nuestro hermano Branham, cuando él quiso ver a Jesús, le dijeron: “Ahora no lo puedes ver, está más arriba”, o sea, está en la séptima dimensión8.

Ellos estaban allí, en la sexta dimensión, y Jesús estaba más arriba, en la séptima dimensión, allá haciendo intercesión en el Trono del Padre; pero le dijeron:

—Pero no te preocupes, Él vendrá a ti y te juzgará.

—¿Ah?, ¿cómo? —Y pidió explicación— ¿Y cómo es eso de que me va a juzgar?

—Sí, serás juzgado; y si tú entras, entraremos nosotros contigo.

Porque todos ellos eran los convertidos bajo el ministerio de nuestro hermano Branham, estuvieron en una forma directa o indirecta relacionados con el ministerio de Jesucristo a través de nuestro hermano Branham; allí estaban los de su tiempo.

Por eso él después, cuando regresó acá a la Tierra nuevamente en el cuerpo físico, aun les dijo a los que estaban acá presentes que estaban escuchándolo en algunas ocasiones, les dijo: “Yo los vi también a ustedes allá”.

¿Qué significa eso? Que la mayor parte de los que aún estaban viviendo en aquellos días y estuvieron bajo el ministerio de nuestro hermano Branham y lo escuchaban a él predicar en esos días, la mayor parte irían al Paraíso; cuando nuestro hermano Branham estuviera allí, también los iba a ver allí, porque los vio cuando fue de visita allí.

¿Y cómo puede ser que los vea sin todavía ser el tiempo? Porque nuestro cuerpo teofánico es de la sexta dimensión; y aun, miren ustedes, aun nuestro hermano Branham podía ver a los primeros de su edad y también ver los últimos de su edad.

Y ahora, miren, Juan el apóstol, ¿no vio en su cuerpo teofánico al Ángel de Jesucristo y recibió la revelación del Apocalipsis del Ángel de Jesucristo? Juan fue transportado al Día del Señor, al séptimo milenio, por ese mismo Ángel y le mostró todas esas cosas. Porque en la dimensión de la teofanía, la dimensión sexta, no hay limitaciones de tiempo; se puede ir hacia diferentes tiempos, vean ustedes, y no hay ningún problema.

Esa es la clase de cuerpo que nosotros tenemos, el cuerpo teofánico, el cual tendremos por toda la eternidad dentro del cuerpo físico y glorificado que hemos de tener. Así que tenemos el medio de transportación más moderno que se pueda obtener para los miles o millones de años futuros; no vamos a tener problema de transportación.

Si Juan fue transportado de la década del 90 del primer siglo a este Día Postrero, al Día del Señor, sin ningún problema, y durante dos años estuvo recibiendo la revelación apocalíptica; o sea, que durante esos dos años (vamos a decirlo en términos nuestros) le podía decir a Juan: “Bueno, Juan, vámonos, que te voy a mostrar otras cosas que no te he mostrado todavía”, y transportarlo, el espíritu.

Al estar en el espíritu se puede caminar hacia el pasado todo el tiempo que se quiera caminar, se puede caminar hacia el futuro todo el tiempo que se quiera caminar, y se puede estar en el presente viendo todo en el presente.

Nuestro hermano Branham estando en el cuerpo teofánico, cuando fue llevado donde estaban los creyentes de su edad, dice que estando en su cuerpo se tocó la cabeza y tenía todo el cabello; dijo: “Es algo raro, porque yo veo que estoy en otro cuerpo, y tengo todo el cabello en este cuerpo; y miro para abajo y veo mi cuerpo allá en la cama acostado”, un cuerpo que ya tiene unos cincuenta y algo de años; es algo raro. Y dice que todos allí, en esa dimensión, todos eran jovencitos, y él también, y tenía todo el cabello; dice: “¿Será un sueño? Yo voy a ver si es un sueño”. Se mordió un dedo y sintió, o sea que tuvo tacto; y dice: “No es un sueño, así que estoy en un cuerpo real, y esta gente está en cuerpos reales”.

Vean ustedes, es el cuerpo teofánico, en donde van a vivir los santos que parten de esta Tierra. El cuerpo donde él fue cuando partió de esta Tierra, en ese cuerpo él está.

Y le fue dicho: “Tú serás juzgado primero, Él vendrá a ti y tú serás juzgado primero; y si tú entras, entraremos contigo”; o sea, si no entra el mensajero, no entra nadie de esa edad; porque él es el mensajero, el líder de esa edad. Por eso el mensajero tiene que vigilar, y siempre está vigilando su edad, de modo que todo marche bien.

Y los que no estuvieron de acuerdo con San Pablo, pues no van a pertenecer a la edad de San Pablo; y así por el estilo los que no estuvieron de acuerdo con el mensajero de cada edad, pues no van a pertenecer a esa edad ni a ese mensajero. Dios solamente reconocerá los que han estado en línea con el Mensaje y el mensajero de cada edad, porque la gente que ha estado de acuerdo con ese mensajero son los que pertenecen a esa edad y a ese mensajero.

Y así es para el Día Postrero: los que estarán en línea con la Palabra de Dios en la edad que nos corresponde vivir, en la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles, en la Venida del Esposo, son los que entrarán con Él a las Bodas; y se cerrará la puerta. Y luego los que vendrán tocando después, vean ustedes, no estaban de acuerdo con Él, pues no entraron con Él y no estaban esperándolo en la forma que tenían que esperarlo; y después cuando regresaron ni dice siquiera si tenían o no tenían el aceite que fueron a buscar, y querían entrar a las Bodas con Él, con el Esposo; querían ser unidos con el Esposo y tener un cuerpo eterno, y ser a imagen y semejanza de Cristo; pero eso no es posible, excepto para los escogidos de Dios, los cuales de edad en edad han estado de acuerdo con Cristo y Su manifestación a través del mensajero de cada edad.

El resto corresponde al resto de las personas que está en la otra sección del Libro de la Vida, los cuales mueren y resucitarán después (después del Reino Milenial, después del Milenio) para ser juzgados y entrar a la vida eterna, los que sus nombres hayan permanecido en el Libro de la Vida escritos; y los que no hayan permanecido, pues no vivirán eternamente, sino que serán juzgados y echados al lago de fuego.

Eso es lo que dice Apocalipsis en el capítulo 20; verso 14 y 15 dice:

“Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Ésta es la muerte segunda.

Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego (porque no tiene parte en la vida eterna; si no está escrito ahí, pues no puede ir para allá)”.

Ahora, vean ustedes cómo en el Programa Divino todas estas cosas para este tiempo final estarían siendo aclaradas en nuestra edad, y sería la edad que más luz tendría, ¿por qué?

¿Qué tiene más luz? ¿Una casa durante la noche alumbrada con la luz de la luna o una casa durante el día alumbrada con la luz del sol? Si la casa tiene buenas ventanas, ni siquiera hay que prender la luz dentro; y si tiene en el techo tragaluz, la casa está iluminada por dentro y ni siquiera necesitan prender la luz eléctrica.

Y ahora miren, la Casa de Dios, que es la Iglesia de Jesucristo, tiene un buen tragaluz; es un diamante: la Edad de la Piedra Angular; y ahí la Luz del día…

Durante las siete edades estuvo alumbrándose con la Luna de la noche, y la Luz del Sol reflejándose también en los mensajeros y en la Luna, y de ahí era que le daba Luz al mundo; pero ahora es en la Edad de la Piedra Angular en donde recibe la Luz directa del Sol. Porque Cristo es el Sol de Justicia, y Él —como el Séptimo Sello— en Su Venida estará resplandeciendo como el sol; porque “A los que temen mi Nombre nacerá el Sol de Justicia”, y aquí la Luz del Sol, la Luz de Su Venida, en la Edad de la Piedra Angular, que es la edad que es un diamante.

Si ustedes colocan en una piedra angular hecha de diamante, la luz pasando de un lado a otro, ¿qué sucede? El prisma de…, el arco iris, los siete colores del arco iris son vistos; y eso es lo que para este tiempo final estará siendo visto en la Edad de la Piedra Angular, como es visto en Apocalipsis, capítulo 10, verso 1 en adelante, donde encontramos al Ángel Fuerte que desciende del Cielo:

“Vi descender del cielo a otro ángel fuerte, envuelto en una nube, con el arco iris sobre su cabeza; y su rostro era como el sol, y sus pies como columnas de fuego”.

¿Ven? Ahí está la Luz del Sol, y no hay arco iris si no hay luz; y ahora, estando la Luz del Sol ahí, aparece el arco iris.

Y ahora, podemos ver también que es en la Edad de la Piedra Angular donde Cristo viene como el Sol de Justicia resplandeciendo, y es ahí donde los siete colores del arco iris, que es el Pacto Divino, estará manifestado en toda su plenitud.

En cada edad de la Iglesia gentil solamente se reflejó un color del arco iris, y de ese color la mitad del círculo nada más, que es un arco, pero no el círculo completo. La única etapa o edad de la Iglesia de Jesucristo donde se manifiesta el arco iris completo, el círculo completo, con los siete colores del arco iris, es en la Edad de la Piedra Angular; esa es la edad en donde pega la Luz del Sol de Justicia viniendo y resplandeciendo, y se produce el prisma de los siete colores del arco iris, el círculo completo se manifiesta y ahí se manifiesta el Pacto Divino en toda su plenitud para todos los hijos e hijas de Dios.

Y bajo el Pacto de Dios para Su Iglesia y para el pueblo hebreo encontramos que Cristo (bajo ese Pacto) estará restaurando a Su Iglesia en cuerpos eternos y estará restaurando al pueblo hebreo como nación.

Ahora, podemos ver que en las siete etapas o edades de la Iglesia gentil no se dijo ni la mitad de toda la revelación de Dios, pero en la Edad de la Piedra Angular se dará a conocer toda la revelación de Jesucristo; lo que ya fue dicho y lo que no fue dicho también será revelado.

Lo que fue dicho ¿es cuánto? De todo lo que tiene que ser revelado a la Iglesia de Jesucristo... Miren, durante todas las siete edades completas fue dicho solamente (¿cuánto?) la mitad; la mitad, porque el resto es la otra parte del círculo; y las siete edades completas es solamente la mitad. La otra mitad está en la Edad de la Piedra Angular. Y en la Edad de la Piedra Angular, por cuanto es un círculo completo, se dice todo lo que fue dicho en las siete edades más lo que no fue dicho en las siete edades; y completa el círculo completo.

Ahora, en cada edad solamente hubo una catorceava parte de lo que sería revelado a la Iglesia de Jesucristo en la Edad de la Piedra Angular; o sea que la porción correspondiente a cada edad fue una séptima parte de medio círculo; y de un círculo completo es (¿qué?) una catorceava parte.

Y ahora, nosotros tendremos en nuestra edad catorce veces lo que ellos tuvieron en cada edad; y lo que ellos tuvieron en todas las edades, ahora nosotros tendremos el doble. Ellos tuvieron siete veces en las siete edades completas, y ahora nosotros tendremos catorce veces lo que ellos tuvieron más lo que ellos no tuvieron, que era para nosotros.

Y ahora, esto es en la Venida del Hijo del Hombre con poder y gloria con Sus Ángeles, viniendo como Cristo dijo en San Mateo, capítulo 16, verso 27 al 28, cuando nos habló allí diciendo:

“Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras”.

¿Cómo vendrá? En la gloria de Su Padre. ¿Para qué? Para pagar a cada uno conforme a sus obras.

A los que no han hecho correctamente, y no han servido a Dios y no han aprovechado la oportunidad de salvación, recibirán el pago; y en resumidas cuentas, el pago será la gran tribulación si están vivos, para los que estén vivos en este tiempo; y los que partieron, ya en el Juicio Final recibirán el pago.

Y ahora, para los escogidos de Dios será la resurrección de los muertos en Cristo (si ya partieron) y para los que estamos vivos será la transformación de nuestros cuerpos; para lo cual Él nos da Su Mensaje y nos prepara y nos revela todos los misterios que debemos conocer, y sobre todo el misterio de Su Venida como el Ángel Fuerte que desciende del Cielo y como el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, que es la Palabra encarnada en un hombre; y nos da la fe para ser transformados y raptados, que es la fe, la revelación de Su Venida en el Día Postrero.

Esa es la revelación, la fe que la Iglesia para el Día Postrero estaría esperando; porque la Iglesia-Novia de Jesucristo estaría esperando la fe, la revelación del rapto, que es la revelación de la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo. Eso es la Venida del Ángel del Pacto, del Ángel Fuerte, la Venida del Verbo, de la Palabra encarnada en un hombre en el Día Postrero, manifestando esas grandes promesas que Él ha prometido para el tiempo final, para la Edad de la Piedra Angular y la Dispensación del Reino, en donde serán llamados y juntados todos los escogidos de Dios para así ser preparados para ser transformados y raptados en este tiempo final.

Vean que el Séptimo Sello en Su poder llama y junta con la Gran Voz de Trompeta a todos Sus escogidos, manifiesta los ministerios de Moisés y Elías y el de Jesús también.

El Séptimo Sello, que es la Venida de Cristo con Sus Ángeles, vean ustedes, en Su poder estará manifestando el ministerio de Elías, el de Moisés y el de Jesús, y con el Mensaje de la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino estará llamando y juntando a todos los escogidos de Dios en la Edad de la Piedra Angular.

No es una obra humana, sino que es la Obra de este Ángel que está aquí, que es el Ángel que desciende del Cielo envuelto en una nube (aquí está envuelto en esta nube formada por ángeles). Y Él mismo es parte de esa nube y Él es el que lleva a cabo la Obra del Día Postrero en la Edad de la Piedra Angular.

Así como los otros siete ángeles tuvieron que estar manifestados en carne humana para tener sus ministerios, así también el Ángel que es diferente a los demás tiene que estar manifestado en carne humana en el Ángel de Jesucristo para tener Su ministerio, y así llamar y juntar a Sus escogidos con el Mensaje de la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino, y así colocarnos en la Edad de la Piedra Angular; y así también darnos la revelación, la fe para ser transformados y raptados, que es la revelación de la Venida de este Ángel que era diferente a los demás, viniendo a la Tierra en carne humana. Y eso es la Venida de la Palabra, del Verbo, en carne humana, la Venida de la Palabra encarnada en un hombre, en el Ángel del Señor Jesucristo, manifestándose y llamando y juntando a todos Sus escogidos en la Edad de la Piedra Angular.

Vean todas las cosas que hace el Séptimo Sello.

Recuerden, el Séptimo Sello es la Venida del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová, y tiene un sinnúmero de cosas en el Proyecto Divino para llevar a cabo en este tiempo final; y Él en el Día Postrero estaría llevando a cabo todas esas cosas, cada una en su momento preciso delante de Dios. O sea que no va a colocar primero las cosas que tiene que hacer al final; cada cosa tiene que ser hecha en el tiempo señalado por Dios. Y cuando cumpla hasta la última, nosotros seremos transformados, luego que los muertos en Cristo sean resucitados. Y después el resto de las cosas que Él tiene que cumplir en Su Venida, las cumplirá también.

Y estaremos con Él aquí en la Tierra por treinta o cuarenta días en el cuerpo eterno, y luego nos iremos con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero; por tres años y medio estaremos con Él en esa gran fiesta. Y allí veremos a Cristo en Su cuerpo, en Su cuerpo glorificado lo veremos.

Ese es el tiempo (cuando ya estemos transformados) que podremos ver a Jesucristo en Su cuerpo; antes lo hemos visto a través de las edades manifestado en el cuerpo de cada ángel mensajero, y en la Edad de la Piedra Angular también en el cuerpo del Ángel Mensajero de Jesucristo; pero luego lo veremos en Su cuerpo glorificado, cuando ya nosotros tengamos también nuestro cuerpo glorificado; y estaremos con Él en la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo.

Después regresaremos a la Tierra ya como reyes y sacerdotes, con el nuevo cuerpo, y ya con y en la posición de reyes y sacerdotes para el glorioso Reino Milenial de nuestro amado Señor Jesucristo.

Y todo eso es en EL PODER DEL SÉPTIMO SELLO, en el poder de la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo.

Ahora hemos visto todas las cosas que el Séptimo Sello (que es el Señor en Su Segunda Venida como Rey de reyes y Señor de señores) estará haciendo en la manifestación de Su poder; y nosotros somos el resultado de esa manifestación del Séptimo Sello, siendo llamados y juntados en este tiempo final con el Mensaje de la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino, y estamos siendo preparados para ser transformados y raptados en este tiempo final.

Hemos visto así a la ligera, porque esto tomaría mucho tiempo para mostrarlo con todos los detalles que tiene este tema: “EL PODER DEL SÉPTIMO SELLO”; pero vean, con el poder del Séptimo Sello todas las cosas prometidas por Dios para ser realizadas en ese tiempo final serán realizadas; porque es Cristo, el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, que se hizo carne dos mil años atrás, viniendo nuevamente en el Día Postrero en carne humana. Eso es la Venida de la Palabra encarnada en un hombre, viniendo en el poder de la Palabra pura; eso es viniendo en el caballo blanco, en el poder de la Palabra pura; porque un caballo, una bestia en la Biblia representa un poder, y está viniendo en el poder de la Palabra pura en el Día Postrero.

Y está viniendo ¿cómo? Está viniendo como la Palabra, el Verbo, la Palabra encarnada (¿dónde?) en un hombre; porque en un hombre es que se tiene que encarnar la Palabra, el Verbo.

Y ahora, ese hombre tiene que ser un hombre de este tiempo final. Así como el ministerio de Moisés y el de Elías estarán manifestados en carne humana en un hombre, tiene que ser en un hombre de este tiempo final.

Y el ministerio de Jesús estará manifestado en carne humana en este tiempo final, y tiene que ser en un hombre de este tiempo final, en el cumplimiento del Séptimo Sello, en el cumplimiento de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles; y viene en EL PODER DEL SÉPTIMO SELLO, viene en el poder de la Palabra, y viene para cumplir todo lo que Él ha prometido para Su Iglesia para este tiempo final.

Ha sido para mí un privilegio muy grande estar con ustedes hablándoles sobre EL PODER DEL SÉPTIMO SELLO. Todo lo que Dios hará en este tiempo final, lo hará en el poder del Séptimo Sello.

Nos ha llamado en y con el poder del Séptimo Sello, ha abierto una nueva edad con el poder del Séptimo Sello, ha abierto una nueva dispensación con el poder del Séptimo Sello; nos ha dado un Mensaje dispensacional, el Mensaje del Evangelio del Reino, con el poder del Séptimo Sello; nos ha dado un Mensaje para una nueva edad, la Edad de la Piedra Angular, con el poder del Séptimo Sello; y resucitará a los muertos en Cristo y transformará a los que están vivos con el poder del Séptimo Sello. Porque todo poder le es dado en el Cielo y en la Tierra, dijo Cristo así: “Todo poder me es dado en el Cielo y en la Tierra”9.

Y Él, así como ha estado manifestando Su poder de edad en edad, en el Día Postrero manifestará todo Su poder en toda Su plenitud y producirá, cumplirá todo lo que Él ha prometido para este tiempo final, tanto en favor de los escogidos de Dios como del pueblo hebreo; como también con relación al reino de los gentiles, al reino de la bestia, a los pies de hierro y de barro cocido. Todo será con el poder del Séptimo Sello y en el poder del Séptimo Sello.

Hemos visto nuestro tema: “EL PODER DEL SÉPTIMO SELLO”.

Con ese poder será que todo lo que Dios ha prometido para este tiempo final será realizado. Y gracias a Dios que hemos sido llamados y juntados…, y los que faltan por ser llamados y juntados también serán llamados y juntados con el poder del Séptimo Sello, siendo revelado el misterio del Séptimo Sello, el misterio de Su Venida, de la Venida de la Palabra encarnada en un hombre.

Ese es el único Mensaje con el cual son llamados y juntados todos los escogidos de Dios de entre los gentiles. Y serán llamados y juntados 144.000 hebreos también; ningún otro Mensaje los podrá llamar y juntar.

Vean ustedes, mensajeros poderosos como San Pablo y otros mensajeros poderosos, trataron de llamar y juntar esos 144.000 hebreos y no pudieron, porque es para el tiempo final, para ser llamados y juntados con el poder del Séptimo Sello, revelándole al pueblo hebreo el misterio del Séptimo Sello, el misterio de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles, con el Mensaje de la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino.

No hay otro Mensaje para el pueblo hebreo ser llamado y juntado, y no hay otro Mensaje para los escogidos de Dios del Día Postrero ser llamados y juntados. Ese es el Mensaje de la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino llamando y juntando a todos los escogidos de Dios en el poder del Séptimo Sello.

Es el poder del Séptimo Sello el poder de Cristo como León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores, en Su Segunda Venida siendo manifestado ese poder.

Ha sido para mí un privilegio muy grande estar con ustedes en esta noche dándoles testimonio de EL PODER DEL SÉPTIMO SELLO.

Que Dios me los bendiga, que Dios me los guarde a todos; y que pronto, con el poder del Séptimo Sello, los muertos en Cristo sean resucitados y nosotros los que vivimos seamos transformados, y llevados a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo; porque nosotros los que vivimos somos los que veríamos la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles en el poder del Séptimo Sello; y eso es lo que estamos viendo en este Día Postrero.

Por eso, con el poder y en el poder del Séptimo Sello hemos sido llamados y juntados, y en el poder del Séptimo Sello seremos transformados en este tiempo final. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Vamos a pedirle a Miguel pase por aquí, ya que tenemos compromiso dentro de algunos minutos; ya vamos a pasar a Miguel para continuar y finalizar nuestra parte en esta noche.

¿No hemos llegado todavía a la hora, Miguel? Se nos fue el tiempo volando, y eso que no les leí muchas Escrituras, y no les leí casi… (¿del Mensaje del hermano Branham cuánto les leí, Miguel?). No recuerdo en cuántos lugares les leí, pero si les leí, les leí muy poco, ya que tenemos poco tiempo en esta ocasión.

Pero miren, se nos fue 1 hora con 5 minutos (y ya llevamos como unos segunditos del otro minuto), y todavía nos quedaríamos aquí hasta por la madrugada y todavía seguiríamos toda la semana, y todavía no terminaríamos de dar a conocer todo lo que Cristo con el poder del Séptimo Sello, con el poder de Su Venida como León de la tribu de Judá, Rey de reyes y Señor de señores, hará en este Día Postrero, en el cumplimiento de Su Venida como el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, verso 11 al 21, y como el Ángel Fuerte que desciende del Cielo en Apocalipsis, capítulo 10.

Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre cada uno de ustedes y sobre mí también, y pasen todos muy buenas noches. Con nosotros Miguel Bermúdez Marín.

“EL PODER DEL SÉPTIMO SELLO”.

[Revisión febrero 2019]

1 Éxodo 3:1-6

2 Hebreos 7:9-10

3 San Juan 8:53-58

4 Cinco mil: San Mateo 14:13-21, San Marcos 6:30-44, San Lucas 9:10-17 y San Juan 6:1-14

5 Cuatro mil: San Mateo 15:32-39, San Marcos 8:1-10

6 San Juan 4:14, 7:38

7 Sellos, “El Quinto Sello”, págs. 321-322, párrs. 218-219

8 Sellos, “El Quinto Sello”, pág. 320, párrs. 198-199. Citas, pág. 35, párr. 296; “El Rey rechazado”, 60-0515, págs. 19-22.

9 San Mateo 28:18

Encuéntrenos

Carretera No.1 Km 54.5
Barrio Monte Llano
Cayey, Puerto Rico
00736

Twitter