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Muy buenas noches, amables amigos y hermanos presentes aquí en el teatro, y también los amables radioyentes y también los televidentes. Que la bendiciones de Jesucristo, nuestro amado Salvador, sean sobre cada uno de ustedes aquí reunidos en el Teatro Tikal y los que están a través de la radio y los que están a través de la televisión; y que nos permita comprender Su Palabra en esta noche. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Para esta ocasión tenemos un tema muy importante: “EL SÉPTIMO SELLO: LA REVELACIÓN DEL DÍA POSTRERO”.

Para esta ocasión quiero leer en San Mateo, capítulo 16, versos 13 al 20, donde dice:

“Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?

Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas.

Él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?

Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.

Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos.

Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades (o sea, del infierno) no prevalecerán contra ella.

Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.

Entonces mandó a sus discípulos que a nadie dijesen que él era Jesús el Cristo”.

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Nuestro tema es: “EL SÉPTIMO SELLO: LA REVELACIÓN DEL DÍA POSTRERO”.

Leemos también lo que dice Apocalipsis, capítulo 8, verso 1:

“Cuando abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el cielo como por media hora”.

¿Qué misterio contiene el Séptimo Sello que causó silencio en el Cielo como por media hora? Es el misterio de la Segunda Venida de Cristo. El Séptimo Sello es la Segunda Venida de Cristo, que fue abierta allá en el Cielo, y cuando ellos conocieron el misterio de la Segunda Venida de Cristo ocasionó silencio en los arcángeles, los ángeles, los querubines; todo cesó sus actividades en el Cielo, dejaron de cantar los arcángeles, los ángeles, los querubines, todos dejaron de alabar a Dios, hubo silencio como por media hora.

Y ahora, ¿qué es media hora? Para nosotros media hora son 30 minutos; pero en el Cielo, media hora del Cielo, para los seres humanos son unos cuantos años, porque dice San Pedro en su segunda carta, verso... capítulo 3, verso 8:

“Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día”.

Cuando se nos habla de un día delante de Dios, para los seres humanos es un milenio, un día milenial, que son mil años; y cuando se nos habla de una hora, se nos habla de 41 años con 8 meses; y cuando se nos habla de media hora, se nos está hablando de 20 años con 10 meses.

Ahora, podemos ver que cuando se nos habla del Día Postrero delante de Dios, para los seres humanos es el milenio postrero; y cuando se nos habla en la Biblia de los días postreros, se nos habla para los seres humanos de los milenios postreros para la raza humana.

Vean al apóstol San Pablo hablando de los días postreros en su carta a los Hebreos, capítulo 1, y veremos que él señala que los días postreros ya en los días de Jesús habían comenzado. Vean, dice:

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,

en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo…”.

¿Cuándo dice San Pablo que Dios habló por medio de Su Hijo? Dice que habló en los postreros días, y ya han transcurrido dos mil años aproximadamente. ¿Se equivocaría San Pablo? No se equivocó.

Dice también el apóstol San Pedro en el libro de los Hechos, capítulo 2 y verso 14 en adelante, el Día de Pentecostés, cuando recibieron el Espíritu de Dios 120 personas, y las personas que vieron este gran evento (cumpliéndose en 120 personas galileos que estaban en el aposento alto esperando el Espíritu de Dios, el Espíritu Santo), muchos pensaron que estos 120 estaban borrachos, estaban ebrios; otros se preguntaban: “¿Qué significa esto? Porque oímos a estas personas (los cuales son todos galileos), les oímos hablar en nuestra propia lengua, nuestro propio idioma en que nosotros hemos nacido”.

Porque allí estaban personas que habían nacido en diferentes naciones y habían venido a Jerusalén para adorar a Dios, porque había judíos que habían nacido en otras naciones y venían cada año a adorar a Dios a Jerusalén, y ahora se preguntan: “¿Qué significa esto?”.

Y cuando Dios cumple Su promesa hay una respuesta bíblica para identificar lo que está sucediendo en el Programa de Dios; y aquí San Pedro, puesto en pie, dice: libro de los Hechos, capítulo 2, verso 14 en adelante:

“Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo: Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras.

Porque éstos no están ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera del día”.

O sea, de 8 a 9 de la mañana; porque la hora primera es de 6 a 7 de la mañana y la hora segunda es de 7 a 8 de la mañana y la hora tercera es de 8 a 9 de la mañana; esa es la cuarta vigilia, la cual ocurre siempre de día: de 6 a 9 de la mañana.

Ahora dice: “Mas esto es lo dicho por el profeta Joel…”. Siempre hay que ir a la Palabra, hay que ir a lo que Dios ha prometido para el tiempo en donde Dios lo está cumpliendo:

“Mas esto es lo dicho por el profeta Joel:

Y en los postreros días (¿Cuándo? En los postreros días), dice Dios,

Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne,

Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán;

Vuestros jóvenes verán visiones,

Y vuestros ancianos soñarán sueños;

Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días

Derramaré de mi Espíritu, y profetizarán”.

Esta es la profecía la cual se estaba cumpliendo allí el Día de Pentecostés en estas 120 personas creyentes en Jesucristo; y esta promesa es para toda persona que cree en Jesucristo como nuestro Salvador y lave sus pecados en la Sangre de Jesucristo.

Vean, dice que esto es para todos, para los siervos, para las siervas; para todos aquellos que el Señor nuestro Dios llame es esa bendición tan grande del bautismo del Espíritu Santo.

¿Y qué sucede cuando la persona recibe el Espíritu Santo? Lo primero es que la persona se ha arrepentido de sus pecados y ha recibido a Cristo como su Salvador y ha lavado sus pecados en la Sangre de Cristo, y luego recibe el Espíritu de Cristo y así obtiene el nuevo nacimiento; y al obtener ese nuevo nacimiento ha recibido un espíritu teofánico, un cuerpo teofánico de la sexta dimensión, ha nacido en el Reino de Dios, ha nacido en el Cuerpo Místico de Cristo; y ahora es un miembro del Cuerpo Místico de Cristo, y por consiguiente ha nacido como un hijo o como una hija de Dios.

Toda persona que viene a este mundo, cuando nace por medio de papá y mamá no nace como un hijo de Dios. Solamente la persona nace como un hijo de Dios cuando recibe a Cristo como su Salvador, lava sus pecados en la Sangre de Cristo y recibe Su Espíritu Santo, ahí es donde obtiene el nuevo nacimiento, el cual es como un hijo o una hija de Dios, y nace así en el Reino de Dios.

Y ahora, allí, vean ustedes, estaban 120 personas que habían recibido el Espíritu de Dios. Antes de esa ocasión los discípulos de Jesucristo no habían nacido de nuevo, aunque Jesucristo había dicho que era necesario nacer de nuevo para entrar al Reino de Dios, pero todavía no era posible el nuevo nacimiento porque Jesús todavía estaba en la Tierra, y Él dijo: “Si yo no me voy, el Espíritu no puede venir”.

Y ahora, los discípulos querían que Jesús permaneciera con ellos, pero Jesús dijo que era necesario y era conveniente Él irse para así enviar Su Espíritu Santo, y así producir (¿qué?) el nuevo nacimiento.

Vean cómo Él habló en San Juan, capítulo 14, verso 26, acerca de la Venida del Espíritu Santo, diciendo en el capítulo 14, verso 26:

“Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho”.

Y en el capítulo 15, verso 26, dice:

“Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí.

Y vosotros daréis testimonio también, porque habéis estado conmigo desde el principio”.

Y en el capítulo 16, verso 12 al 15, dice (de San Juan):

“Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar.

Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir.

Él me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber.

Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber”.

Ahora vean cómo Jesucristo prometió la Venida del Espíritu Santo; y con la Venida del Espíritu Santo a estas 120 personas discípulos de Jesucristo obtuvieron (¿qué?) el nuevo nacimiento, nacieron en el Reino de Dios como hijos e hijas de Dios; y ahí comenzó el nuevo nacimiento para todos los creyentes en nuestro amado Señor Jesucristo; y de ahí en adelante son millones de seres humanos los que han creído en Cristo como su Salvador, han lavado sus pecados en la Sangre de Cristo y han recibido el Espíritu de Cristo, y así han entrado al Reino de Dios.

No hay otra forma para entrar al Reino de Dios: por un Espíritu, por el Espíritu Santo produciendo el nuevo nacimiento en la persona. Y para eso la persona tiene que creer en Cristo como su Salvador y lavar sus pecados en la Sangre de Cristo, y así recibe luego el Espíritu Santo, recibe el nuevo nacimiento, recibe un cuerpo teofánico de la sexta dimensión; y si muere la persona físicamente después de haber creído en Cristo en alguna ocasión, si muere no tiene ningún problema, ya tiene vida eterna. Cristo dijo en San Juan, capítulo 5, verso 24:

“De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida”.

Esa es la única forma para la persona pasar de muerte a vida: creyendo la Palabra de Cristo y recibiéndolo como nuestro Salvador y lavando sus pecados en la Sangre de Cristo y recibiendo Su Espíritu Santo; y así, por consiguiente, obteniendo el nuevo nacimiento.

En San Juan, capítulo 6, verso 39 al 40, también nos habla de la vida eterna Cristo, y dice:

“Y ésta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero (¿Para cuándo promete la resurrección aquí? Para el Día Postrero).

Y ésta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquél que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero”.

¿A quién resucitará en el Día Postrero? A los que han creído en Él, los cuales han recibido vida eterna.

Cuando la persona ha creído en Cristo como su Salvador y ha lavado sus pecados en la Sangre de Cristo y ha recibido Su Espíritu Santo, la persona ha recibido vida eterna, por lo tanto es inmortal; aunque su cuerpo físico muera ya tiene un espíritu teofánico, un cuerpo teofánico de la sexta dimensión, y se va a la sexta dimensión, al Paraíso a vivir, en lo que ocurre la resurrección de los muertos en Cristo. ¿Cuándo? En el Día Postrero, porque los muertos en Cristo resucitarán a la Tierra pero en un nuevo cuerpo, en un cuerpo eterno que Cristo ha prometido para todos los creyentes en Él.

Y ahora, ¿qué es el Día Postrero? Vean, hemos visto los días postreros, y de los días postreros Cristo aquí menciona el Día Postrero para llevar a cabo la resurrección de los muertos en Cristo.

Cuando Jesús tenía de 3 a 7 años de edad comenzaron los días postreros. Cristo, Su ministerio lo llevó a cabo ¿cuándo? En los días postreros, dice San Pablo, porque dice que Dios habló por medio de Jesucristo, ¿cuándo?, en los días postreros.

Y ahora, cuando Jesús tenía de 3 o de 4 a 7 años de edad comenzó el quinto milenio, y por consiguiente comenzaron los días postreros, porque los días postreros son para los seres humanos los milenios postreros, que son quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio.

¿Vieron lo sencillo que es todo?, ¿vieron que no hay ninguna contradicción en la Escritura cuando Pablo dice que Dios habló por medio de Su Hijo en los días postreros? Porque los días postreros delante de Dios para los seres humanos son los milenios postreros, que son quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio.

Y ahora, ¿todavía estamos ¿dónde? En los días postreros, y Dios todavía está derramando de Su Espíritu Santo sobre toda carne, porque Él prometió que derramaría de Su Espíritu Santo sobre toda carne, ¿para cuándo? Para los días postreros; y por eso desde el Día de Pentecostés hacia acá ha estado derramando de Su Espíritu Santo y ha estado produciendo el nuevo nacimiento en millones de seres humanos que se han arrepentido de sus pecados, han lavado sus pecados en la Sangre de Cristo, recibiendo a Cristo como su Salvador y recibiendo el Espíritu de Cristo, y así se ha producido el nuevo nacimiento en todas esas personas que lo han recibido como su Salvador. Y esto es ¿cuándo? En los días postreros. Días postreros delante de Dios, milenios potreros para los seres humanos.

Ahora, han transcurrido dos mil años de Cristo hacia acá, si le añadimos al calendario los años de atraso que tiene, pero delante de Dios solamente dos días, para los seres humanos dos milenios.

Y ahora, solamente nos queda el Día Postrero, que es para los seres humanos el milenio postrero. El milenio postrero es el séptimo milenio, en donde Cristo resucitará a los creyentes en Él que han muerto físicamente, pues Cristo dijo hablándole a María y a Marta..., principalmente a Marta la hermana de Lázaro, le dijo1:

“Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá (¿Por qué? Porque Él resucitará a los muertos creyentes en Él).

Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente (o sea, no va a quedarse sin un cuerpo)”.

Su cuerpo físico, si ha muerto, no se va a quedar allá en el Paraíso todo el tiempo, sino que va a resucitar, Cristo lo va a resucitar en un cuerpo eterno y jovencito, para vivir por toda la eternidad con Cristo jovencito, con un cuerpo que estará representando de 18 a 21 años de edad.

Miren, los que han estado buscando la fuente de la juventud, miren dónde está: la fuente de la juventud es nuestro amado Señor Jesucristo. Y ahora, Él dice:

“Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?”.

¡Amén! Yo lo creo con toda mi alma, como también Marta lo creyó con toda su alma y dijo:

“Le dijo: Sí, Señor”.

Y nosotros decimos: “Sí, Señor. Nosotros lo creemos también y por eso estamos esperando que los muertos en Cristo resuciten en cuerpos eternos y nosotros los que vivimos seamos transformados, porque es la promesa de nuestro amado Señor Jesucristo; y entonces estaremos con un cuerpo eterno para reinar con Cristo por mil años y luego por toda la eternidad como reyes y sacerdotes.

Con ese cuerpo nuevo es que nosotros nos iremos de aquí, de esta dimensión terrenal a la dimensión celestial, a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo, en la Casa de nuestro Padre celestial; iremos con Cristo y estaremos con Cristo en la gran Cena de las Bodas del Cordero. Las Bodas, o sea, la unión de Cristo y Su Iglesia, y esa gran fiesta en el Cielo que se llevará a cabo, llamada la Cena de las Bodas del Cordero, donde Cristo repartirá los galardones por todas las labores que hemos llevado a cabo en Su Obra, en Su Reino, cada uno en el tiempo que le tocó vivir.

Vean, en San Mateo, capítulo 16, dice el mismo Jesucristo en el verso 27:

“Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras”.

¿Ven que hay recompensa? De acuerdo a las obras que las personas hayan realizado aquí en la Tierra. Para la cizaña, los hijos del malo, pues sus obras por cuanto son malas la recompensa será: ser echados en el horno de fuego, que es la gran tribulación, donde será el lloro y el crujir de dientes; eso fue lo que enseñó Cristo en la parábola del trigo y de la cizaña, que la cizaña será echada al horno de fuego, donde será quemada; y la cizaña representa los hijos del malo.

Y ahora, el trigo representa los hijos de Dios, los hijos del Reino, los cuales serán recogidos en el Día Postrero y serán colocados en el Alfolí de Dios, y serán transformados y serán llevados a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo.

Cristo también, en el libro del Apocalipsis, dice, en el capítulo 22, verso 12:

“He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra”.

Y ahora vean, toda labor que todo ser humano hace en la Tierra tendrá una recompensa delante de Dios. Y ahora, la cizaña tendrá su recompensa, que será el ser quemada en el Día Postrero.

Ahora, ¿en qué año del Día Postrero, en qué año del séptimo milenio? No sabemos, pero será en alguno de los años del séptimo milenio; y el trigo, los escogidos de Dios que viven, cuando los muertos en Cristo sean resucitados en cuerpos eternos, los que vivimos seremos transformados, y tendremos el cuerpo eterno y seremos llevados a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo, a la Casa de nuestro Padre celestial; y ya recibiendo nuestra transformación ya estamos recibiendo la recompensa de Cristo; y luego, en la repartición de los galardones, recibirá cada uno la recompensa por las labores que haya realizado en el Reino de Dios, en la Obra de Jesucristo, en la Iglesia del Señor Jesucristo.

Por eso es tan importante conocer estos misterios del Reino de Dios, porque si uno no los conoce no sabe ni qué debe hacer al venir a vivir a este planeta Tierra; y entonces vive en este planeta Tierra en tinieblas, vive sin saber de dónde ha venido, dónde está y hacia dónde va, y eso le causa angustia al ser humano.

Es necesario que cada persona sepa quién es, de dónde ha venido, dónde está y hacia dónde va. Cuando la persona conoce esto, vive tranquilo su vida terrenal en el Reino de Dios, en la Iglesia de Jesucristo, sirviendo a Cristo, glorificando a Cristo y trabajando en Su Obra, que es un privilegio muy grande que Él nos da; ese es el privilegio que le sigue a la salvación. Después de la salvación tenemos el privilegio de servirle a Cristo en Su Obra, trabajando todos los días de nuestra vida.

Y ahora, vean ustedes, Él dio Su vida por nosotros, y ahora nosotros damos nuestra vida a Él para servirle y para que nos lleve a la eternidad con Él, a Su glorioso Reino.

Ahora, hemos visto que para el Día Postrero viene la cosecha, que es el recogimiento del trigo, y también viene el fuego que quemará la cizaña; la cizaña son los hijos del malo y el trigo son los hijos de Dios.

La gran tribulación es el tiempo en donde los juicios divinos han de caer sobre la Tierra y, conforme a lo que dice Jesucristo, la cizaña será quemada.

De esto también habló el profeta Malaquías en el capítulo 4, verso 1, cuando dijo:

“Porque he aquí, viene el día ardiente como un horno, y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa; aquel día que vendrá los abrasará, ha dicho Jehová de los ejércitos, y no les dejará ni raíz ni rama”.

Esas son todas las personas que no han creído en Cristo como su Salvador y no han lavado sus pecados en la Sangre de Cristo; y cuando Cristo salga del Trono de Intercesión en el Cielo, saldrá y ya no habrá Sangre allí en el Trono de Intercesión, en el Propiciatorio, que es la silla de misericordia del Templo que está en el Cielo; porque Cristo como Sumo Sacerdote, que es el Sumo Sacerdote según el Orden de Melquisedec, está haciendo intercesión en el Cielo hasta que entre hasta el último de los escogidos de Dios en el Cuerpo Místico de Cristo, o sea, en la Iglesia de Jesucristo.

Pero cuando termine esa labor, cuando termine toda esa labor de llamar y juntar a los escogidos, y se complete el número de los escogidos de Dios en el Cuerpo Místico de Cristo, luego Cristo ha terminado Su Obra de Intercesión en el Cielo y ya ha hecho la Obra de reconciliar a todos los hijos e hijas de Dios, ¿con quién?, con Dios; y Él saldrá del Trono de Intercesión en el Cielo y ya no habrá más Sangre allí en el Trono de Intercesión en el Cielo, por lo tanto, ese Trono de Intercesión y Misericordia se convierte en un Trono de Juicio Divino.

Y Dios, por cuanto no habrá Sangre allí, mirará a la raza humana (no a través de la Sangre de Cristo, porque ya no está allí), por lo tanto, al mirar a la raza humana verá sus pecados. Y la paga del pecado ¿es qué? La paga del pecado es muerte. Y por eso vendrá el juicio divino sobre la raza humana, vendrá el día de venganza del Dios nuestro.

Ahora, podemos ver que cuando eso ocurra se cumplirá esta profecía de Apocalipsis, capítulo 22, verso 11, donde dice:

“El que es injusto, sea injusto todavía; y el que es inmundo, sea inmundo todavía…”.

¿Por qué? Porque ya no habrá oportunidad para que se arrepienta la persona, porque ya perdió el tiempo en donde había oportunidad para arrepentirse y lavar sus pecados en la Sangre de Cristo y recibir el Espíritu de Cristo, y así obtener la misericordia de Jesucristo; pero cuando Él termine Su labor de intercesión en el Cielo, sale. Y luego, el que esté sucio, se queda sucio; y el que esté limpio por la Sangre de Cristo, permanecerá limpio y permanecerá sirviéndole a Jesucristo.

¿Ven? Por eso es que se requiere que los seres humanos entiendan estas verdades bíblicas, para que aprovechen su tiempo mientras hay misericordia en el Trono de Dios en el Cielo.

Ahora, miren lo que será cuando Cristo termine Su labor en el Trono de Intercesión en el Cielo, miren lo que será de los seres humanos que no aprovecharon el tiempo que les tocó vivir en la Tierra para recibir a Cristo como su Salvador y lavar sus pecados en la Sangre de Cristo y recibir Su Espíritu Santo, vean lo que sucederá con ellos, porque ya no habrá más oportunidad y ya el juicio divino caerá sobre la Tierra. En Apocalipsis, capítulo 6, versos 12 al 17, dice:

“Miré cuando abrió el sexto sello, y he aquí hubo un gran terremoto; y el sol se puso negro como tela de cilicio, y la luna se volvió toda como sangre;

y las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra, como la higuera deja caer sus higos cuando es sacudida por un fuerte viento.

Y el cielo se desvaneció como un pergamino que se enrolla; y todo monte y toda isla se removió de su lugar.

Y los reyes de la tierra, y los grandes, los ricos, los capitanes, los poderosos, y todo siervo y todo libre, se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes;

y decían a los montes y a las peñas: Caed sobre nosotros, y escondednos del rostro de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero;

porque el gran día de su ira ha llegado; ¿y quién podrá sostenerse en pie?”.

Eso será cuando Cristo salga del Trono de Intercesión en el Cielo: ya no habrá más misericordia para los seres humanos que despreciaron la misericordia de Cristo mientras había oportunidad de recibir a Cristo como su Salvador y lavar sus pecados en la Sangre de Cristo.

Es como sucedió en el tiempo de Noé: vean, mientras Noé estaba fabricando el arca, había oportunidad para alcanzar misericordia, y por 100 o 120 años Noé estuvo construyendo el arca; y ese fue un tiempo de misericordia, en donde la paciencia de Dios estaba esperando que Noé construyera el arca donde entraría y se salvaría.

Todo ese tiempo era tiempo de misericordia, pero ¿cuántas personas se arrepintieron de sus pecados y llevaron a cabo el sacrificio que se requería en aquel tiempo, como lo efectuaba el profeta Noé para él y su familia? Vean, nadie, excepto Noé y su familia, aunque hubo muchas religiones en aquel tiempo; por lo tanto, no es un asunto de religiones, sino que es un asunto de la persona con Dios para obtener el perdón de sus pecados por medio de Jesucristo y Su Sacrificio en la Cruz del Calvario.

Y ahora, vean ustedes, en 120 años, en 100 o 120 años, Noé predicando que vendría el juicio divino sobre la raza humana, vean ¿cuántas personas se arrepintieron? Ninguna. Y luego Dios, cuando ya tenía Noé el arca terminada, le apareció Dios y le dijo2: “De aquí a siete días, yo haré llover sobre la Tierra y la Tierra será destruida”. O sea, el juicio divino caería sobre la Tierra; pero solamente faltaban siete días para ocurrir eso.

Y Dios le dijo: “Ahora, entra al arca tú y tu familia y los animales y las aves; tal cantidad de aves limpias, tal cantidad de animales también”. Y así fue Dios diciéndole quiénes entrarían al arca, de los animales y de las aves y de los reptiles.

Y ahora, ¿cuántos entraron de los seres humanos? Solamente ocho personas, ocho personas solamente se salvaron de aquella generación antediluviana; pero vean ustedes, estuvieron escuchando que el juicio divino vendría sobre la raza humana, sobre aquella generación; y Noé estuvo predicando 100, de 100 a 120 años acerca de ese juicio divino. Dios le había dicho: “De aquí a 120 años”, porque Dios le dijo que la vida del hombre sería solamente 120 años3, 120 años desde el momento en que Dios le apareció a Noé hasta el momento en que vendría el juicio divino.

Y ahora, vean ustedes, conceptuaron a Noé como un loco anunciando que vendría un diluvio de agua sobre la raza humana, cuando no llovía en aquel tiempo; la tierra se regaba con un vapor que subía durante la noche, de la tierra subía y se regaba con esa humedad la tierra, la vegetación, pero no veían estos aguaceros como hoy en día los podemos nosotros ver.

Y ahora, ellos no podían creer que vendría un diluvio e inundaría el planeta Tierra y moriría toda persona; pero si con un vaso de agua algunas personas se ahogan, cuanto más con un diluvio que estaría cayendo por cuarenta días.

Y ahora, solamente había una forma de salvación, una forma para escapar: primero tenían que haber ofrecido a Dios el sacrificio por el pecado, ¿para qué? Para que los pecados estuvieran cubiertos con la sangre de los animalitos que eran ofrecidos por el pecado; y eso lo hacía el profeta Noé. Por eso es que Dios cuando miró la raza humana vio solamente a un justo sobre la Tierra, el cual fue Noé, porque sus pecados estaban cubiertos con la sangre de aquellos sacrificios que él ofrecía a Dios; y el resto de la gente no, pero él y su familia estaban cubiertos con esa sangre del sacrificio.

Y ahora, Dios al mirar la raza humana en el Día Postrero, verá que la raza humana no estará cubierta con la Sangre de Cristo o limpiada por la Sangre de Cristo al Cristo salir del Trono de Intercesión, y solamente verá a un grupo de personas que han lavado sus pecados en la Sangre de Jesucristo; y esos serán transformados y los muertos en Cristo serán resucitados, e irán a la Cena de las Bodas del Cordero, a la Casa de nuestro Padre celestial; y luego caerá el juicio divino sobre la raza humana.

Ahora vean, durante los siete días que Noé estuvo en el arca ya, porque Dios le dijo: “Entra al arca”, durante esos últimos siete días Noé en el arca ya acomodando todos los animales y acomodando todas las cosas dentro del arca..., porque ya dentro de siete días vendría el diluvio, por lo tanto él tenía que tener todo arreglado bien allí en el arca.

Y cuando llegó el momento para el diluvio, ¿qué sucedió? Dice la Escritura4: “... y Jehová le cerró la puerta”. Jehová cerró la puerta del arca y ya Noé no la podía abrir para decirle a la gente: “Vengan, entren al arca”, porque ya se había acabado la oportunidad de salvación para aquella raza antediluviana.

¿Y saben ustedes una cosa? Jesucristo cuando habla de la Venida del Hijo del Hombre dice que será como en los días de Noé5, como en los días de Noé será la Venida del Hijo del Hombre, que comían, bebían, se casaban y se daban en casamiento hasta el día en que Noé entró en el arca, y no entendieron, no conocieron... ¿Qué no conocieron, qué no entendieron? El Programa de Dios correspondiente a aquel tiempo. “Y vino el diluvio y se los llevó a todos”, a todos los que no entendieron se los llevó el diluvio, porque no entendieron que tenían que estar dentro del arca cuando ese día para el diluvio apareciera; y aun antes de ese día, siete días antes ya tenían que estar entrando las personas y los animales que escaparían de ese juicio divino.

Y ahora, hemos llegado al tiempo en donde se está repitiendo el tiempo de Noé, estamos viviendo en los días como los de Noé.

Estamos viviendo en los días como los de Noé, en donde se requiere que conozcamos el misterio del Séptimo Sello, que es la revelación del Día Postrero; esta revelación del Día Postrero, que es el Séptimo Sello, que causó silencio en el Cielo como por media hora, lo cual es el misterio de la Segunda Venida de Cristo.

Solamente hay una esperanza para el ser humano y es la Segunda Venida de Cristo, para buscar a Sus escogidos en el Día Postrero y llevarnos a la Cena de las Bodas del Cordero antes de que caiga el juicio divino sobre la raza humana.

Y ahora, así como fue la Primera Venida de Cristo, será en Su Segunda Venida. Vean, el pueblo hebreo estaba esperando la Venida del Mesías, y cuando vino era un joven carpintero de Nazaret, el cual había nacido en Belén de Judea pero se había criado en Nazaret; y estuvo la promesa de la Venida del Mesías cumplida en medio del pueblo hebreo por cerca de treinta años y nadie se daba cuenta que ya el Mesías estaba en la Tierra.

Y luego, cuando comenzó Su ministerio y Dios estuvo hablando por medio de Jesús en esos tres años y medio, encontramos que los grandes líderes religiosos de aquel tiempo, el sumo sacerdote y los miembros del Concilio del Sanedrín, grandes teólogos y doctores en divinidad no pudieron comprender, no pudieron entender y no pudieron creer que en ese sencillo joven carpintero de Nazaret, llamado Jesús, se estaba cumpliendo la Venida del Mesías; no pudieron comprender que en ese velo de carne tan sencillo estaba el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob dentro, allí manifestado en el cumplimiento de la Venida del Mesías; porque la Venida del Mesías es la Venida del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová vestido de carne humana en la forma de un profeta.

Por eso cuando vino fue llamado el profeta de Nazaret. Él es el Profeta de todos los profetas, porque Él es el que estuvo manifestado en los profetas del Antiguo Testamento y luego estuvo manifestado en toda Su plenitud en el velo de carne llamado Jesús.

Y ese mismo Ángel del Pacto es el que ha estado con Su Iglesia de edad en edad, guiando a Su Iglesia y bautizando a todos los creyentes con Su Espíritu y produciendo en ellos el nuevo nacimiento; y así obteniendo, cada hijo e hija de Dios, el cuerpo nuevo, el cuerpo eterno de la sexta dimensión, ese cuerpo teofánico o espíritu teofánico, para luego —en el Día Postrero— obtener el cuerpo físico y glorificado y eterno que Él ha prometido para todos los creyentes en Él.

Y ahora, necesitamos conocer el misterio del Séptimo Sello; y solamente por medio de la revelación de ese misterio en el Día Postrero, solamente por medio de la manifestación de ese ministerio es que podemos obtener el conocimiento de la Segunda Venida de Cristo.

Tenemos que obtener el conocimiento, la revelación, de la Venida del Señor para el Día Postrero, tenemos que obtener la revelación de Jesucristo.

¿Y cómo vamos a recibir la revelación de Jesucristo, la revelación del Séptimo Sello? En Apocalipsis, capítulo 1, verso 1 al 3, nos dice cómo y por medio de quién:

“La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan…”.

¿Por medio de quién viene la revelación de Jesucristo? Por medio de Su Ángel Mensajero. Dice:

“... que ha dado testimonio de la palabra de Dios, y del testimonio de Jesucristo, y de todas las cosas que ha visto.

Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca”.

Y las palabras del libro de esta profecía ¿quién las trae? Las trae el Ángel del Señor Jesucristo, porque él es el que trae la revelación de Jesucristo.

Y ahora, en Apocalipsis, capítulo 1, verso 10, Juan dice que él fue al Día del Señor. Dice capítulo 1, verso 10 al 11, dice el apóstol San Juan:

“Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor (¿en qué día? En el Día Postrero, o sea, en el séptimo milenio, que es el Día del Señor), y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta,

que decía: Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último”.

¿Quién es el Alfa y Omega, quién es el primero y el último? Nuestro amado Salvador Jesucristo. Es la Voz de Jesucristo en el Día Postrero, en el séptimo milenio, hablándole a Su Iglesia.

¿Y qué ha prometido Él hablarle a Su Iglesia en el Día Postrero, o sea, en el séptimo milenio? En Apocalipsis, capítulo 4, verso 1, dice:

“Después de esto miré, y he aquí una puerta abierta en el cielo; y la primera voz que oí, como de trompeta, hablando conmigo, dijo: Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de estas”.

Las cosas que sucederán después de las que ya han sucedido en estos dos mil años que han transcurrido; ahora estarán sucediendo cosas en el Día Postrero, o sea, en el séptimo milenio.

Y ahora, Cristo promete darlas a conocer y nos dice: “Sube acá”. ¿A dónde vamos a subir?, ¿será al Cielo? ¿Y en qué nos vamos a ir al Cielo: en algún avión o en algún cohete? No lo hay. Es subir a la etapa o edad de la Iglesia de Jesucristo que corresponde a este tiempo final, en donde Él está manifestado y en donde está revelándose por medio de Su Ángel Mensajero; porque la revelación de Jesucristo, quien la trae es Su Ángel Mensajero.

Y ahora, Cristo llamando y juntando Sus escogidos en el Día Postrero con esa Gran Voz de Trompeta en la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino, ahí es donde Él nos llama a subir para Él mostrarnos todas estas cosas que deben suceder en el Día Postrero, o sea, en el séptimo milenio.

Y ahora, ¿por medio de quién estará mostrándonos todas estas cosas que deben suceder pronto? Recuerden que Él es el Alfa y Omega, Él es el primero y el último, Él es nuestro amado Señor Jesucristo, es esa Gran Voz de Trompeta prometida para el Día Postrero, para llamar y juntar a los escogidos, esa es la Voz de Cristo hablándonos por medio de Su Ángel Mensajero en este tiempo final todas estas cosas que deben suceder pronto.

Veamos Apocalipsis, capítulo 22, verso 6; dice:

“Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto”.

¿A quién envía? A Su Ángel Mensajero (¿para qué?), para mostrar a Sus siervos (¿qué cosas?) las cosas que deben suceder pronto. Ninguna persona podrá comprender las cosas que deben suceder en el Día Postrero, aunque ya están profetizadas, pero no las podrán entender, a menos que sea por medio del Mensaje de Jesucristo a través de Su Ángel Mensajero dándonos testimonio de todas estas cosas que deben suceder pronto; Su Ángel Mensajero mostrándonos las Escrituras, abriéndonos las Escrituras y dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto; las cuales están colocadas aquí en el libro del Apocalipsis, en estos símbolos apocalípticos, y están también en las profecías de los apóstoles y están también en las profecías de los profetas del Antiguo Testamento y de las profecías de nuestro amado Señor Jesucristo.

Ahora, hemos visto que para el tiempo final se requiere la revelación del Día Postrero, que es la revelación del Séptimo Sello; y el Séptimo Sello es la Segunda Venida de Cristo. Se requiere la revelación de la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo; y esa es la revelación que trae el Ángel del Señor Jesucristo para todos los hijos e hijas de Dios, este es el Ángel enviado por Jesucristo:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias”.

Es un mensajero, un profeta mensajero dispensacional, enviado para dar testimonio de todas estas cosas que deben suceder pronto, dar testimonio de ellas a las todas las iglesias, a todos los cristianos, a todos los seres humanos que viven en este planeta Tierra y a todas las naciones que existen en el planeta Tierra.

Ahora, hemos visto cómo podemos obtener y cómo la Iglesia de Jesucristo obtendría la revelación del Día Postrero, la revelación del Séptimo Sello, la revelación de la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo; y Él viene con Sus Ángeles para pagar a cada uno conforme a sus obras.

Y ¿quiénes son los Ángeles del Hijo del Hombre? Los Ángeles del Hijo del Hombre son los Dos Olivos; y esos son los ministerios de Moisés y Elías, que vienen con la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino revelando todos estos misterios, vienen con esa Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino llamando y juntando a todos los escogidos de Dios.

Esos ministerios estarán manifestados en carne humana en un hombre de este tiempo final, que será el Ángel del Señor Jesucristo; y Jesucristo en Espíritu Santo estará manifestado en ese Ángel Mensajero y estará operando el ministerio de Jesús por segunda vez en ese Ángel Mensajero, y estará operando el ministerio de Moisés por segunda vez y el ministerio de Elías por quinta vez.

Esos tres grandes ministerios estarán en el Ángel del Señor Jesucristo, donde estará Jesucristo manifestado en Espíritu Santo en el Día Postrero; y eso será la Venida del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, y la Venida del Ángel Fuerte que desciende del Cielo en Apocalipsis, capítulo 10; eso será la Venida del Verbo, la Venida de la Palabra encarnada en un hombre, encarnada en el Ángel del Señor Jesucristo.

Con razón Juan el apóstol quiso adorar al Ángel de Jesucristo en dos ocasiones: en Apocalipsis, capítulo 19, verso 9 al 10, y Apocalipsis, capítulo 22, versos 6 al 9; pero el Ángel le dijo: “Mira, no lo hagas; yo soy consiervo tuyo, y de tus hermanos. Adora a Dios”. ¿Por qué? Porque la hora viene cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad6; y por eso es que el Ángel dice que adore a Dios, porque a Dios se adora en espíritu y en verdad.

No es adorando a un hombre, sino adorando a Dios en espíritu y en verdad.

Ese Ángel es el profeta final, el profeta de la Edad de la Piedra Angular y de la Dispensación del Reino. Es la primera vez que Dios envía a Su Iglesia un profeta dispensacional, y también es el último, porque después de ese profeta dispensacional no vienen más profetas dispensacionales, ese es el Benjamín de los profetas, o sea, el último de los profetas dispensacionales; y es también el último mensajero que Dios envía a la Tierra, a Su Iglesia.

Por lo tanto, con la manifestación de Jesucristo en Espíritu Santo en ese Ángel Mensajero, en ese profeta mensajero, lleva a feliz cumplimiento todo el Programa Divino correspondiente a este tiempo final; y los muertos en Cristo resucitarán en cuerpos eternos y nosotros los que vivimos seremos transformados, y esto es para el Día Postrero, o sea, para el séptimo milenio.

Si le añadimos al calendario los años de atraso que tiene ya estamos en el séptimo milenio, pero si no le añadimos al calendario los años de atraso que tiene, faltan solamente muy pocos años: falta lo que queda del 98, luego falta el 99 y el año 2000; y así, con el año 2000 termina el sexto milenio y termina el siglo XX y comienza el siglo XXI después, y comienza el séptimo milenio.

Eso es si dejamos el calendario tal y como está, pero hasta en los periódicos ha sido publicado que el calendario está atrasado; y si está atrasado el calendario de los seres humanos, la pregunta es: ¿Y el de Dios estará atrasado, se le habrá atrasado el calendario a Dios? A Dios no se le atrasan las cosas que Él tiene para llevar a cabo y Su calendario está al día.

Ahora, podemos ver dónde nos encontramos en el Programa Divino: nos encontramos en el Día Postrero, en el séptimo milenio (que es el Día Postrero delante de Dios pero para los seres humanos es el séptimo milenio), y nos encontramos en el primer siglo del séptimo milenio si le añadimos al calendario los años de atraso que tiene; o sea que nos encontramos en el siglo XXI, eso es añadiéndole al calendario los años de atraso que tiene.

Pero no vamos a tener discusiones en cuanto a si queremos añadirle o no queremos añadirle; yo les doy testimonio de las cosas que estarán sucediendo en el siglo XXI y en el séptimo milenio, porque esas son cosas que comienzan a suceder en el siglo XXI, que es el primer siglo del séptimo milenio.

Y ahora, hemos llegado al tiempo en donde necesitamos la revelación del Día Postrero, que es la revelación de la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo. Así como para el tiempo de Jesús las personas de aquel tiempo necesitaban la revelación de aquel día, de aquel tiempo, que era la revelación, la Venida de Cristo, Su Primera Venida como Cordero de Dios; y las personas que no tuvieron esa revelación fallaron y rechazaron a Cristo como el Mesías del pueblo hebreo, como el Rey de Israel. Estaban ciegos los que no tenían la revelación de aquel día, que era la revelación de la Primera Venida de Cristo.

Bien dijo Jesús cuando clamó7:

“... Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños.

Sí, Padre, porque así te agradó.

Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar”.

Y para el Día Postrero, en la Venida del Séptimo Sello, en la Venida del Señor para este tiempo final, nadie conocerá quién es el Ángel del Señor Jesucristo y nadie conocerá a Cristo en Su Segunda Venida, sino Su Ángel; y nadie conocerá al Ángel, sino Jesucristo y aquel a quien el Ángel lo quiera revelar por medio de Su Mensaje del Evangelio del Reino dando a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, en este tiempo final.

Solamente por medio del Mensaje de Jesucristo a través de Su Ángel es que podemos conocer quién es el Ángel de Jesucristo y podemos conocer el misterio de la Segunda Venida de Cristo, el misterio del Séptimo Sello, que cuando fue abierto en el Cielo causó silencio como por media hora del Cielo.

Y ahora, hemos visto que se requiere la revelación del Cielo, como Pedro cuando fueron preguntados los discípulos de Jesucristo por el mismo Cristo cuando dijo8: “¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?”.

Comenzaron a contestar los discípulos de Jesucristo y dijeron: “Unos, Juan el Bautista”, o sea que algunas personas pensaban que era Juan el Bautista pero no lo habían visto, no se habían dado cuenta que Juan el Bautista había bautizado a Jesús y que habían estado aquí en la Tierra los dos juntos ministrando la Palabra; otros pensaban, otras personas pensaban que era ¿quién? Otras personas pensaban que era el profeta Elías, y otros pensaban que era el profeta Jeremías y otros pensaban que era alguno de los profetas que había resucitado.

Y Él les dijo, Jesús les dice: “Y vosotros, ¿quién decís vosotros que soy yo, quién decís que soy yo?”.

Respondiendo Simón Pedro, dijo: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente, el Hijo de Dios”.

Y Jesús le dice: “Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos”.

Esa es la revelación que se requiere para este Día Postrero, para obtener el conocimiento de la Segunda Venida de Cristo, para obtener el conocimiento del Séptimo Sello siendo abierto en este planeta Tierra; y esa revelación, vean ustedes, es del Cielo y viene por medio del Mensaje y mensajero enviado por Cristo, que es el Ángel del Señor Jesucristo; esa es la revelación que Él trae para todos los hijos e hijas de Dios en el Cuerpo Místico de Cristo, en la Edad de la Piedra Angular; y con ese mismo Mensaje son llamados y juntados todos los escogidos de Dios en este tiempo final.

Y cuando una persona que tiene su nombre escrito en el Libro de la Vida del Cordero escucha el Mensaje del Séptimo Sello, que es el Mensaje, la revelación del Día Postrero, la revelación de la Segunda Venida de Cristo siendo dada a conocer esa revelación, siendo dado a conocer ese misterio: esa Palabra llega a lo profundo de su alma y le abre el entendimiento a la persona, y la persona dice: “¡Esto yo lo entiendo! ¡Esto era lo que yo estaba esperando!”.

Y todos los hijos e hijas de Dios pues están esperando la revelación del Día Postrero, que es la revelación de la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo; y eso es LA REVELACIÓN DEL SÉPTIMO SELLO.

Ese es el misterio contenido en el Séptimo Sello: la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo, la Venida del Verbo, de la Palabra encarnada en un hombre en el Día Postrero.

Pero ese hombre no es Jesucristo, ese hombre es el Ángel del Señor Jesucristo; y por esa causa fue que no quiso aceptar la adoración que Juan le ofreció, porque él es un hombre de este tiempo final en el cual Jesucristo en Espíritu Santo estaría manifestado cumpliendo Sus promesas correspondientes al Día Postrero y dándonos la revelación del Día Postrero, que es la revelación del Séptimo Sello, la revelación de la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo.

Es la Venida del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová, de Jesucristo en Espíritu Santo manifestado en Su Ángel Mensajero dándonos a conocer este gran misterio, el misterio que causó silencio en el Cielo como por media hora, el misterio del Séptimo Sello, el misterio de Su Segunda Venida a la Tierra.

Pero recuerden, el Ángel del Señor Jesucristo, a través del cual Cristo estará manifestado y estará hablándonos con esa Gran Voz de Trompeta y estará revelándonos todos estos misterios del Séptimo Sello, ese Ángel no es el Señor Jesucristo. Él es un hombre de este tiempo final, un profeta mensajero dispensacional con el Mensaje del Evangelio del Reino, con el Mensaje que corresponde a este tiempo final, con ese Mensaje de la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino dándonos la revelación del Día Postrero, la revelación del Séptimo Sello, la revelación de la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo, viniendo a Su Iglesia en el Día Postrero para darnos la fe de rapto, la fe para ser transformados y raptados, la fe que gira alrededor de la Segunda Venida de Cristo.

Y luego se revelará al pueblo hebreo en el tiempo asignado por Dios, y el pueblo hebreo dirá: “¡Este es al que nosotros estamos esperando!”, pues el pueblo hebreo lo verá manifestado, revelado en medio de Su Iglesia gentil.

Hemos llegado el tiempo en donde se requiere la revelación del Día Postrero, que es la revelación del Séptimo Sello, la revelación de la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo; y esa revelación solamente la podemos obtener por medio de la manifestación de Jesucristo en Espíritu Santo a través de Su Ángel Mensajero, el cual es enviado para dar testimonio de todas estas cosas que deben suceder pronto, en este tiempo final.

“EL SÉPTIMO SELLO: LA REVELACIÓN DEL DÍA POSTRERO”.

¿Cuál es la revelación del Día Postrero? El Séptimo Sello, la Segunda Venida de Cristo.

Ha sido para mí un privilegio muy grande estar con ustedes, amables amigos y hermanos presentes aquí en el teatro, en el Cine Tikal y también con cada uno de ustedes, amables radioyentes y amables televidentes.

Que las bendiciones de Jesucristo, el Ángel del Pacto, nuestro Salvador, sean sobre cada uno de ustedes y sobre mí también; y nos llene del conocimiento de Su Programa, y nos prepare para ser transformados y raptados en este tiempo final, y nos lleve a la Cena de las Bodas del Cordero, a la Casa de nuestro Padre celestial. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Vamos a pedirle al reverendo Miguel Bermúdez Marín que esté con nosotros aquí.

Ahora (mientras él llega), ¿dónde están las personas que verían el Séptimo Sello y obtendrían la revelación del Día Postrero? Pues aquí estamos en Guatemala un grupo y en diferentes países de la América Latina y el Caribe, porque sobre la América Latina y el Caribe ha caído la bendición del Séptimo Sello, la revelación del Día Postrero.

Que Dios les bendiga y les guarde, y muchas gracias por vuestra amable atención, y pasen todos muy buenas noches.

Con nosotros nuevamente el reverendo Miguel Bermúdez Marín para darles a todos ustedes, radioyentes y televidentes, los teléfonos y direcciones a los cuales pueden comunicarse.

Dios les continúe bendiciendo a todos.

“EL SÉPTIMO SELLO: LA REVELACIÓN DEL DÍA POSTRERO”.

[Revisado marzo 2019]

1 San Juan 11:25

2 Génesis 7:4

3 Génesis 6:3

4 Génesis 7:16

5 San Mateo 24:37-39

6 San Juan 4:23-24

7 San Mateo 11:25-27

8 San Mateo 16:13-17

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