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Muy buenas tardes, amados hermanos y amigos presentes. Es para mí una bendición grande estar con ustedes nuevamente en esta ocasión, para compartir unos momentos con ustedes alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final bajo el tema: “EL SÉPTIMO SELLO PONIÉNDOLE FIN A LOS SISTEMAS MUNDIALES”.

Para lo cual quiero leer en Daniel, capítulo 2. En el libro del profeta Daniel, capítulo 2, leeremos versos 37 en adelante, 37 al 45 dice (aquí ya el profeta Daniel va a interpretar el sueño al rey):

“Tú, oh rey, eres rey de reyes; porque el Dios del cielo te ha dado reino, poder, fuerza y majestad.

Y dondequiera que habitan hijos de hombres, bestias del campo y aves del cielo, él los ha entregado en tu mano, y te ha dado el dominio sobre todo; tú eres aquella cabeza de oro.

Y después de ti se levantará otro reino inferior al tuyo; y luego un tercer reino de bronce, el cual dominará sobre toda la tierra.

Y el cuarto reino será fuerte como hierro; y como el hierro desmenuza y rompe todas las cosas, desmenuzará y quebrantará todo.

Y lo que viste de los pies y los dedos, en parte de barro cocido de alfarero y en parte de hierro, será un reino dividido; mas habrá en él algo de la fuerza del hierro, así como viste hierro mezclado con barro cocido.

Y por ser los dedos de los pies en parte de hierro y en parte de barro cocido, el reino será en parte fuerte, y en parte frágil.

Así como viste el hierro mezclado con barro, se mezclarán por medio de alianzas humanas; pero no se unirán el uno con el otro, como el hierro no se mezcla con el barro.

Y en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre,

de la manera que viste que del monte fue cortada una piedra, no con mano, la cual desmenuzó el hierro, el bronce, el barro, la plata y el oro. El gran Dios ha mostrado al rey lo que ha de acontecer en lo por venir; y el sueño es verdadero, y fiel su interpretación.

Entonces el rey Nabucodonosor se postró sobre su rostro y se humilló ante Daniel, y mandó que le ofreciesen presentes e incienso.

El rey habló a Daniel, y dijo: Ciertamente el Dios vuestro es Dios de dioses, y Señor de los reyes, y el que revela los misterios, pues pudiste revelar este misterio.

Entonces el rey engrandeció a Daniel, y le dio muchos honores y grandes dones, y le hizo gobernador de toda la provincia de Babilonia, y jefe supremo de todos los sabios de Babilonia.

Y Daniel solicitó del rey, y obtuvo que pusiera sobre los negocios de la provincia de Babilonia a Sadrac, Mesac y Abed-nego; y Daniel estaba en la corte del rey”.

Que Dios bendiga Su Palabra en nuestras almas y bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Nuestro tema para esta ocasión es: “EL SÉPTIMO SELLO PONIENDO FIN A LOS SISTEMAS MUNDIALES”.

Y donde habló el profeta Daniel al rey Nabucodonosor acerca del reino de los gentiles, el cual comenzó con la cabeza de oro…; porque este sueño que le interpretó el profeta Daniel al rey Nabucodonosor, encontramos que era un sueño en el cual él vio una estatua con su cabeza de oro, su pecho y sus brazos de plata, su vientre y sus muslos de bronce, y sus piernas de hierro y sus pies de hierro y de barro cocido.

La cabeza de oro representa el reino babilónico o imperio babilónico, el pecho y los brazos de plata representa el reino medo-persa, el vientre y los muslos de bronce representa el imperio de Grecia, y las piernas de hierro: el imperio romano; y los pies de hierro y de barro cocido es parte de las piernas, porque las piernas son de hierro y los pies son de hierro y de barro.

Así que vean ustedes, el cuarto imperio de los gentiles tiene dos partes. La primera parte se cumplió en el tiempo de Jesús: encontramos que estaba el imperio romano de los Césares gobernando sobre la Tierra, sobre Roma y sobre las demás naciones; sobre el pueblo hebreo también gobernaba, dominaba el imperio romano; y ese fue el imperio que crucificó a Jesucristo, ese fue el imperio que a petición del pueblo hebreo crucificó a Cristo en la Cruz del Calvario.

El pueblo hebreo, por pedir la muerte de Cristo luego de rechazar a Cristo, encontramos que ha estado pasando por dos mil años de grandes pruebas, grandes persecuciones; su templo fue destruido (el templo en Jerusalén), su ciudad fue destruida por el general romano Tito; y aunque la ciudad actualmente ha sido reconstruida o está reconstruida en parte, encontramos que el templo todavía no lo han podido reconstruir, no han podido construir otro templo; porque donde estaba el templo hebreo ahora se encuentra la mezquita de Omar, y por esa causa no han podido construir el templo los hebreos.

Y el pueblo hebreo, desde que su templo fue destruido en Jerusalén, ha estado sin un templo para ofrecer a Dios el sacrificio de la expiación el día diez del mes séptimo de cada año; sacrificio que realizaba la reconciliación del pueblo hebreo con Dios cada año. Y al no tener ese sacrificio cada año, el pueblo hebreo se encuentra, ¿cómo?, se encuentra fuera de reconciliación con Dios; por lo tanto el juicio divino ha estado cayendo sobre el pueblo hebreo en estos dos mil años aproximadamente que han transcurrido.

El pueblo hebreo no sabe por qué le han venido todos estos problemas, pero vean, fue porque rechazó al Mesías, a Cristo; y el mismo Cristo, hablando de lo que significaba ese rechazo que ellos le hicieron al Mesías, dijo que eso significaba que Jerusalén iba a ser destruida.

En el capítulo 19, verso 41 al 44, de San Lucas, dice:

“Y cuando llegó cerca de la ciudad (o sea, Jesús en Su entrada triunfal), al verla, lloró sobre ella,

diciendo: ¡Oh, si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Mas ahora está encubierto de tus ojos.

Porque vendrán días sobre ti, cuando tus enemigos te rodearán con vallado, y te sitiarán, y por todas partes te estrecharán,

y te derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación”.

No conoció el tiempo de la visitación divina prometida para el pueblo hebreo; y la visitación divina era la Primera Venida de Cristo, la Venida del Mesías en medio del pueblo hebreo.

No conoció la Venida del Mesías, la Venida del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová manifestado en carne humana en aquel joven carpintero de Nazaret llamado Jesús; y por esa causa el juicio divino caería sobre Jerusalén, y aun el templo de Jerusalén sería destruido.

Recuerden en San Mateo, capítulo 24, donde Cristo habló acerca del templo luego de Su entrada triunfal y profetizó diciendo a Sus discípulos (en el capítulo 24, verso 1 en adelante):

“Cuando Jesús salió del templo y se iba, se acercaron sus discípulos para mostrarle los edificios del templo.

Respondiendo él, les dijo: ¿Veis todo esto? De cierto os digo, que no quedará aquí piedra sobre piedra, que no sea derribada.

Y estando él sentado en el monte de los Olivos, los discípulos se le acercaron aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas (o sea, la destrucción de Jerusalén y su templo), y qué señal habrá de tu venida (o sea, ‘¿qué señal será vista que dé testimonio de Tu Segunda Venida, que dé testimonio de que Tu Segunda Venida ha sido realizada?’), y (qué señal habrá) del fin del siglo?”.

Ahora vean, piden señales para el fin de Jerusalén: cuándo sería la señal de que ha llegado el fin para Jerusalén, que ha llegado la destrucción para Jerusalén; y qué señal sería vista para la Venida del Mesías, para la Venida de Cristo para el Día Postrero; y qué señal sería vista para el fin del siglo, qué daría testimonio que se estaría viviendo en el fin del siglo.

La señal de la destrucción de Jerusalén fue Jerusalén siendo rodeada por ejércitos en aquel tiempo, la cual se cumplió en medio del pueblo hebreo; y digamos que del año 67 al 68 Jerusalén fue rodeada por ejércitos, y estuvo rodeada unos dos o tres años, y luego en el año 70 entró dentro de la ciudad Tito con su ejército - el general romano Tito con su ejército, y destruyó la ciudad, destruyó el templo; y mató miles de hebreos y crucificó miles de hebreos, y colocó esas cruces alrededor de las murallas, tantos crucificados que ya no cabían más cruces alrededor de las murallas.

Lo mismo que el pueblo hebreo pidió para Cristo ahora se les está tornando en contra a ellos también, y están siendo crucificados por el imperio romano miles de hebreos en el año 70 de la era cristiana.

Y ahora: “¿Qué señal habrá de Tu Venida?”. La señal de Su Venida la da Cristo aquí en San Mateo, capítulo 24, verso 30:

“Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria”.

Y en febrero 28 de 1963 apareció en el cielo esta nube misteriosa, la cual fue formada por ángeles; no fue formada por humedad, sino por ángeles de Dios, que fueron los siete ángeles mensajeros de las siete etapas o edades de la Iglesia gentil y otro Ángel que era diferente a los demás, el cual es el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, el cual es el mismo Cristo en Su cuerpo teofánico.

Y esa señal apareció en el cielo conforme a como estaba prometida aquí en la Escritura: el Hijo del Hombre, el Ángel del Pacto, Jesucristo mismo en Su cuerpo teofánico en una nube, viniendo allí con esos ángeles mensajeros de las siete edades de la Iglesia gentil.

También en Apocalipsis, capítulo 10, verso 1 en adelante, dice (hablando de la Venida de Cristo, el cual es este Ángel Fuerte que desciende del Cielo):

“Vi descender del cielo a otro ángel fuerte, envuelto en una nube, con el arco iris sobre su cabeza; y su rostro era como el sol, y sus pies como columnas de fuego”.

Y en febrero 28 de 1963 vimos esa señal en el cielo. Muchas personas personalmente la vieron, personas que vivían en el territorio de Arizona y también de Nuevo México, desde diferentes lugares fue vista esa gran señal; y muchos tomaron fotos de esa gran nube, y hasta fue publicada en revistas de Norteamérica, como la revista CIENCIA y la revista LIFE (que significa ‘vida’).

Y ahora, un evento profético como ese (del cual Cristo habló y del cual también habla el libro del Apocalipsis, y hablan otros libros de la Biblia del Nuevo Testamento y también del Antiguo Testamento), vean ustedes, ha sido tomado hasta en fotos, pero no todas las personas saben lo que sucedió en febrero 28 de 1963 sobre los cielos de Arizona.

Fue la señal del Hijo del Hombre siendo vista allí, porque allí estaba el Hijo del Hombre, Jesucristo, el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, en Su cuerpo teofánico, juntamente con los siete ángeles mensajeros de las siete edades de la Iglesia gentil, los cuales también estaban en sus cuerpos teofánicos; y ahí fue vista la señal del Hijo del Hombre en el cielo.

Luego, nos dice San Mateo 24 que la tercera pregunta que le hicieron al Señor acerca del fin del siglo… Vean, le piden a Jesús señal para el fin de Jerusalén: ¿Cuál es la señal del fin de Jerusalén?, ¿cuál es la señal de que ha llegado el tiempo para la destrucción de Jerusalén? Fue Jerusalén rodeada por ejércitos.

Y la señal del Hijo del Hombre, la señal de la Venida del Señor, es la señal del Hijo del Hombre en el cielo; ya esa también fue vista.

Y la señal del fin del siglo. La señal del fin del siglo aquí también Él la da; dice: “Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro”.

Es para el Día Postrero, para el fin del siglo, en donde el Hijo del Hombre, Jesucristo, el Ángel del Pacto, envía Sus Ángeles; y Sus Ángeles son los ministerios de Moisés y de Elías con la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino llamando y juntando a todos los escogidos de Dios.

En la parábola del trigo y de la cizaña, comenzando en el verso 30, dice [San Mateo 13]:

“Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero”.

Y ver los segadores en la Tierra es señal de que se ha llegado al tiempo de la siega, o sea, tiempo de la cosecha.

Y ahora, leemos la explicación de esta parábola en San Mateo, capítulo 13, verso 36 al 43, donde dice:

“Entonces, despedida la gente, entró Jesús en la casa; y acercándose a él sus discípulos, le dijeron: Explícanos la parábola de la cizaña del campo.

Respondiendo él, les dijo: El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre.

El campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del reino (o sea, los hijos e hijas de Dios), y la cizaña son los hijos del malo”.

Es muy importante comprender que hay hijos del bueno y hay hijos del malo, hay hijos de Dios y hay hijos del diablo en este planeta Tierra; eso es lo que enseña Cristo aquí.

Por eso a algunas personas Cristo los llamó “hijos del diablo”, los cuales no querían escuchar la Voz de Dios por medio de Jesucristo, y les dijo1: “Vosotros de vuestro padre el diablo sois, y las obras de vuestro padre queréis cumplir”.

Y esa es una palabra dura, pero si es la verdad, ¿qué se puede hacer? Un hijo del diablo es un hijo del diablo, y eso usted no lo puede adornar porque no hay palabras que puedan adornar esa verdad.

Y un hijo de Dios es un hijo de Dios, y no hay palabras que puedan adornar más esa verdad que la palabra “hijos de Dios”; esa es la cosa más grande que usted puede ser.

Y ahora, Cristo dice (hablando de la cizaña, dice):

“El enemigo que la sembró es el diablo…”.

Y ahora, ¿y quién sembró el trigo? Pues el Hijo del Hombre. Dice:

“El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre (y el que siembra la mala pues es el diablo)”.

Y ahora, veamos lo que aquí nos dice. Dice:

“… la siega es el fin del siglo (o sea, la cosecha es el fin del siglo); y los segadores son los ángeles.

De manera que como se arranca la cizaña, y se quema en el fuego, así será en el fin de este siglo.

Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad,

y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes”.

O sea, serán echados en la gran tribulación, donde el fuego atómico los quemará, de lo cual habló también el profeta Malaquías en el capítulo 4. Recuerden que estas cosas que está hablando Jesucristo ya vienen a través de la Biblia siendo habladas por los profetas del Antiguo Testamento.

Y ahora, vean, en Malaquías, capítulo 4, verso 1, dice:

“Porque he aquí, viene el día ardiente como un horno, y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa; aquel día que vendrá los abrasará, ha dicho Jehová de los ejércitos, y no les dejará ni raíz ni rama”.

El día ardiente como un horno, eso es en la gran tribulación, donde el fuego atómico será desatado. Ese fuego atómico está almacenado en bombas atómicas, diferentes armamentos nucleares, y solamente lo que necesitan es una Tercera Guerra Mundial para desatarse todo ese armamento atómico, de fuego atómico, que quemará la cizaña; lo cual se cumplirá conforme a la profecía bíblica que viene desde el Antiguo Testamento hasta el libro del Apocalipsis.

¿Y qué será de los hijos e hijas de Dios, del trigo?

“Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación…”.

¿Y qué significa esto? Nacerá Cristo, el Sol de Justicia, en Su Segunda Venida; o sea, nacerá la Segunda Venida de Cristo, surgirá la Segunda Venida de Cristo (¿como qué?) como el Sol de Justicia naciendo.

El sol, cuando nace, nace en la mañana de un nuevo día; y en la mañana de un nuevo día milenial, en la mañana del nuevo milenio, del séptimo milenio (o sea, esto es en los primeros años), la Segunda Venida de Cristo será cumplida; nacerá, surgirá el cumplimiento de la Segunda Venida de Cristo, y en Sus alas traerá salvación. ¿Qué son las alas del Sol de Justicia? Son los ministerios de Moisés y Elías.

En el Monte de la Transfiguración apareció Jesucristo transfigurado delante de Sus discípulos, y a un lado apareció Moisés y al otro lado Elías. Esas son las alas del Hijo del Hombre, esos son los ministerios que el Hijo del Hombre estará manifestando como los ministerios de los Dos Olivos y los Dos Candeleros de Apocalipsis, capítulo 11, verso 3 en adelante, y Zacarías, capítulo 4; y estos son los ministerios que Cristo llamó “los Ángeles del Hijo del Hombre”.

“Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras”2.

Y al trigo le pagará conforme a sus obras (esos son los hijos de Dios), les llamará, les juntará en este Día Postrero con la Gran Voz de Trompeta. ¿Dónde les juntará? En Su Palabra prometida para este Día, en la Edad de la Piedra Angular, donde estará esa Palabra; y nos preparará dándonos la fe para ser transformados y raptados, o sea, la revelación para ser transformados y raptados, que es la revelación de la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo.

Así como los creyentes en Juan el Bautista, precursor de la Primera Venida de Cristo, para poder recibir el Espíritu Santo (del cual Juan habló y dijo que después de él vendría uno que les bautizaría con Espíritu Santo y Fuego3), para poder recibir ese bautismo de Espíritu Santo y Fuego y así obtener el nuevo nacimiento, tenían que creer no solamente en Juan el Bautista, no solamente en el precursor, sino en el precursado, el cual era Jesucristo.

Y los que creyeron no solamente en el precursor, sino que también creyeron en Jesucristo, el precursado, encontramos que el Día de Pentecostés ciento veinte personas de esos creyentes en Jesucristo (eran más, pero en ese momento estaban solamente ciento veinte personas esperando el Espíritu Santo) estuvieron allá esperando por diez días, y el día décimo vino el Espíritu Santo sobre los que allí estaban.

Los que habían estado y se fueron por alguna causa, no recibieron el Espíritu Santo en ese día, o sea, en ese momento; pero luego lo recibieron, porque Pedro predicó el Evangelio ese día, inauguró la Dispensación de la Gracia con el primer mensaje apostólico presentando a Cristo como nuestro Salvador, presentando a Cristo como el Mesías prometido para el pueblo hebreo, presentando a Cristo como el Cordero de Dios que ha quitado el pecado allá en la Cruz del Calvario; y para remisión de nuestros pecados él enseñó que hay que recibirlo, hay que creer en Él, hay que creer en Su Venida y en Su Sacrificio, para perdón de nuestros pecados, para así poder recibir el Espíritu Santo.

Y luego hubo miles de personas que creyeron ese Mensaje; y San Pedro les decía4: “Porque para vosotros es la promesa, y para cuantos el Señor nuestro Dios llame”.

Y dijo: “Porque esto es lo dicho por el profeta Joel: Y en los postreros días derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán, y vuestros ancianos soñarán sueños; y sobre mis siervos y sobre mis siervas derramaré de mi Espíritu en aquellos días”; y ahora, esto está en el libro de los Hechos, capítulo 2, verso 14 en adelante, y en Joel, capítulo 2.

Y ahora, vean ustedes cómo Cristo comenzó a derramar de Su Espíritu Santo sobre toda carne; pero de los discípulos de Juan el Bautista, del precursor de la Primera Venida de Cristo, ¿cuántos estaban allí? Pues estaban allí los que habían creído en Juan el Bautista y después creyeron en Jesús; pero los que no habían pasado a ser discípulos de Jesucristo pues no estaban allí, y por cuanto no estaban allí pues no recibieron la promesa del Espíritu de Dios.

Luego encontramos que siguió creciendo el Cuerpo Místico de Cristo, siguió Cristo añadiendo a Su Iglesia los que habían de ser salvos - los que habían de ser salvos, los cuales tienen sus nombres escritos en el Libro de la Vida del Cordero; y luego estas personas, al creer en Cristo como nuestro Salvador y lavar sus pecados en la Sangre Cristo, luego reciben el Espíritu Santo; pero primero hay que creer en Jesucristo y lavar los pecados en la Sangre de Cristo, de otra forma no se puede recibir el Espíritu de Cristo.

Los discípulos de Juan el Bautista que no habían creído y seguido a Jesús, ¿qué les pasó? Se quedaron solamente con el Mensaje de Juan; y eran personas bien fundamentalistas, lo cual está bueno, pero sin el Espíritu de Cristo no se llega demasiado lejos, no importa lo bueno que sea el Mensaje del precursor; pero con el Mensaje del precursor y después recibiendo al precursado, se recibe el Espíritu Santo. Eso fue lo que sucedió con los creyentes en Juan que siguieron después a Jesús; pero los que no siguieron a Jesús se quedaron sin el nuevo nacimiento.

Pablo se encontró en el libro de los Hechos, en el capítulo 19, con unos discípulos de Juan el Bautista, y vean lo que sucedió allí. Capítulo 19 del libro de los Hechos, verso 1 en adelante, dice:

“Aconteció que entre tanto que Apolos estaba en Corinto, Pablo, después de recorrer las regiones superiores, vino a Éfeso, y hallando a ciertos discípulos,

les dijo: ¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis? Y ellos le dijeron: Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo.

Entonces dijo: ¿En qué, pues, fuisteis bautizados? Ellos dijeron: En el bautismo de Juan.

Dijo Pablo: Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en aquel que vendría después de él, esto es, en Jesús el Cristo”.

De nada les servía haber creído en el precursor y ser seguidores del precursor y estar trabajando en la Obra del precursor si no recibían al precursado; porque el propósito de Dios enviar un precursor es que anuncie que después de él viene otro mayor que él, y que le diga al pueblo que crean en ese que vendrá después de él; y ahí recibirán la bendición que Dios tiene para ese tiempo.

Y la bendición era recibir el Espíritu Santo porque serían bautizados con Espíritu Santo y Fuego, y así se operaría en ellos el nuevo nacimiento y obtendrían el cuerpo teofánico de la sexta dimensión, el espíritu teofánico de la sexta dimensión.

Y para el Día Postrero Dios estaría enviando un precursor, el cual le estaría preparando el camino al Señor; ese sería el precursor de la Segunda Venida de Cristo, sería el precursor de la Venida del Ángel del Pacto, de la Venida del Ángel que era diferente a los demás, el cual está aquí como el Ángel que era diferente a los demás, el cual forma la peluca blanca o cabello blanco del Señor en esta nube que forma el rostro del Señor.

Él vino dos mil años atrás en carne humana; a ese fue al cual Juan el Bautista le preparó el camino. Y a este es al cual el reverendo William Branham como precursor de la Segunda Venida de Cristo le estuvo preparando el camino.

Cuando vino dos mil años atrás vino en carne humana, en un velo de carne llamado Jesús de Nazaret. Ese era Aquel al cual Juan le había preparado el camino: al Ángel de Jehová, al Ángel del Pacto, el cual se hizo carne en medio del pueblo hebreo y habitó en medio del pueblo hebreo y fue conocido por el nombre de Jesús.

¿Y a quién le ha preparado el camino el reverendo William Branham?, ¿a quién estuvo precursándole Su Venida? Al mismo Ángel del Pacto, al mismo Ángel de Jehová, a ese Ángel que es diferente a los demás, el cual aparece aquí en esta nube formando el cabello blanco del Señor, en esta nube que forma el rostro del Señor.

Y la Venida de este Ángel, que es el Ángel Fuerte, el Ángel del Pacto, Jesucristo en Espíritu Santo ahí en Su cuerpo teofánico, para el Día Postrero Él vendrá en carne humana manifestado, velado en carne humana y revelado a través de carne humana; y eso será la Venida del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, que es la Venida del Señor, del Ángel que era diferente a los demás.

Y cuando nuestro Señor aparezca sobre la Tierra, cuando este Ángel que tiene el Séptimo Sello, que es el Señor, aparezca sobre la Tierra… Aquí está apareciendo en el cielo en esta nube, pero dice: “Cuando aparezca sobre la Tierra…”. Ya no vendrá en una nube. ¿Cómo tiene que venir?

Cuando apareció sobre la Tierra dos mil años atrás apareció en carne humana; no en una nube, sino en un cuerpo de carne humana, llamado Jesús de Nazaret. Era el Verbo hecho carne, la Palabra hecha carne en medio del pueblo hebreo.

Y ahora, dice el precursor de la Segunda Venida de Cristo, hablando de Cristo viniendo sobre un caballo blanco como la nieve…, que es el mismo Cristo descendiendo del Cielo envuelto en una nube, el cual aparece aquí, pero tiene que descender y manifestarse aquí en la Tierra. Ahora, cuando aparezca sobre la Tierra nuestro Señor..., vamos a leerlo directo aquí, del libro de Los Sellos, página 256:

“121. Pero cuando nuestro Señor aparezca sobre la Tierra, Él vendrá sobre un caballo blanco como la nieve, y será completamente Emmanuel —la Palabra de Dios encarnada en un hombre”.

Esa es la Venida del Ángel del Pacto, esa es la Venida del Ángel de Jehová, que es el Jesucristo del Nuevo Testamento, el cual para el Día Postrero vendrá en Espíritu Santo velado y revelado en carne humana en Su Ángel Mensajero; pero Su Ángel no es el Señor Jesucristo, él solamente es el velo de carne que Jesucristo en Espíritu Santo estará usando en este Día Postrero.

Y ahora, con la Venida de ese Ángel Fuerte manifestado en la Tierra en carne humana se estará marcando en medio de la raza humana el fin del siglo y se estará marcando también el fin del reino de los gentiles.

Esa manifestación de Cristo por medio de Su Ángel Mensajero está marcando el fin del reino de los gentiles; y dentro de cierta cantidad de años los reinos de este mundo vendrán a ser de nuestro amado Señor Jesucristo, como dice Apocalipsis, capítulo 11, verso 15 en adelante:

“El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos”.

Ya para el tiempo final tendremos un cambio, así como en el reino de los gentiles hubo un cambio de un imperio a otro imperio: del imperio de Babilonia (el imperio babilónico del rey Nabucodonosor) luego hubo un cambio al imperio medo-persa; y luego más adelante hubo otro cambio: del imperio medo-persa al imperio de Grecia (con Alejandro el Grande); y después del imperio griego hubo otro cambio: cambió de imperio griego a imperio romano; y conforme a la profecía de Daniel, encontramos que detrás de esos cambios estaban los Arcángeles de Dios con sus ejércitos, sus huestes celestiales.

Vamos a ver un poquito aquí. Ya que estamos hablando del fin de los sistemas mundiales, vamos a ver lo que nos dice la Escritura en la profecía de Daniel, capítulo 10, versos 11 en adelante:

“Y me dijo (este varón, que fue el Arcángel Gabriel, habló con Daniel, y dice): Daniel, varón muy amado, está atento a las palabras que te hablaré, y ponte en pie; porque a ti he sido enviado ahora. Mientras hablaba esto conmigo, me puse en pie temblando.

Entonces me dijo: Daniel, no temas; porque desde el primer día que dispusiste tu corazón a entender y a humillarte en la presencia de tu Dios, fueron oídas tus palabras; y a causa de tus palabras yo he venido.

Mas el príncipe del reino de Persia se me opuso durante veintiún días; pero he aquí Miguel, uno de los principales príncipes, vino para ayudarme, y quedé allí con los reyes de Persia”.

¿Quién le ayudó al Arcángel Gabriel? El Arcángel Miguel, que es el principal Arcángel que está por el pueblo hebreo.

“He venido para hacerte saber lo que ha de venir a tu pueblo en los postreros días; porque la visión es para esos días”.

Y los postreros días son, los postreros días delante de Dios, para los seres humanos son quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio.

Y ahora, vamos a ver otro lugar donde aparece aquí el Arcángel Gabriel hablando con el profeta Daniel. Hay que seguir aquí. Dice:

“Mientras me decía estas palabras, estaba yo con los ojos puestos en tierra, y enmudecido.

Pero he aquí, uno con semejanza de hijo de hombre tocó mis labios. Entonces abrí mi boca y hablé, y dije al que estaba delante de mí: Señor mío, con la visión me han sobrevenido dolores, y no me queda fuerza.

¿Cómo, pues, podrá el siervo de mi señor hablar con mi señor? Porque al instante me faltó la fuerza, y no me quedó aliento.

Y aquel que tenía semejanza de hombre me tocó otra vez, y me fortaleció (¿Semejanza de qué? Semejanza de hombre, porque es un hombre de otra dimensión),

y me dijo: Muy amado, no temas…”.

Ahora, estas palabras que le dice el Arcángel Gabriel a Daniel, que le dice: “Muy amado”...; en otro lugar le dice5: “Daniel, tú eres muy amado, muy amado en el Cielo”. Y eso es algo muy hermoso, saber que uno es muy amado en el Cielo; y todos ustedes son muy amados en el Cielo, y yo también.

Así que saber que somos muy amados en el Cielo… Miren, Cristo mismo dijo que hay gozo en el Cielo cuando un pecador se arrepiente6, y eso habla de los hijos e hijas de Dios, que reciben a Cristo como su Salvador arrepentidos y lavan sus pecados en la Sangre de Cristo.

Sigue diciendo, vamos a ver:

“… y me dijo: Muy amado, no temas; la paz sea contigo; esfuérzate y aliéntate. Y mientras él me hablaba, recobré las fuerzas, y dije: Hable mi señor, porque me has fortalecido.

Él me dijo: ¿Sabes por qué he venido a ti? Pues ahora tengo que volver para pelear contra el príncipe de Persia; y al terminar con él, el príncipe de Grecia vendrá”.

Porque iba a haber un cambio de imperio: del imperio medo-persa al imperio de Grecia; o sea, iba a haber un cambio en esos cambios que fueron mostrados en la estatua de Nabucodonosor. Del imperio de oro (que es el imperio de Nabucodonosor) hubo un cambio al imperio de plata (que fue el imperio medo-persa), y del imperio medo-persa (el imperio representado en la plata) cambió al imperio de Grecia (que es el imperio representado en el bronce).

Vean, para esos cambios los Arcángeles Gabriel y Miguel estuvieron presentes.

¿Y qué creen ustedes con el cambio que habrá del imperio de los gentiles al Imperio o Reino de Jesucristo? Claro que también estarán para trabajar en favor de ese cambio, en donde los reinos de este mundo vendrán a ser de nuestro amado Señor Jesucristo.

“Pero yo te declararé lo que está escrito en el libro de la verdad; y ninguno me ayuda contra ellos, sino Miguel vuestro príncipe”.

El que ayuda a Gabriel es Miguel, el príncipe del pueblo hebreo.

Ahora podemos ver que el Arcángel Gabriel y el Arcángel Miguel llevan a cabo una gran labor, y ellos tienen sus ejércitos celestiales para trabajar en esas labores del Reino de Dios. Y para el establecimiento del Reino de Dios en este planeta Tierra, los Arcángeles Gabriel y Miguel estarán trabajando con sus ejércitos en favor del establecimiento del Reino de Jesucristo, del Reino de Dios en este planeta Tierra.

Por eso es que la Escritura nos habla de ese glorioso Reino del Señor Jesucristo; y surge ese Reino por intervención divina, en donde los Arcángeles Gabriel y Miguel estarán bien ocupados trabajando en ese cambio.

En Daniel, capítulo 12, verso 1 en adelante, dice:

“En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que está de parte de los hijos de tu pueblo (o sea, de los hijos de Israel); y será tiempo de angustia, cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces; pero en aquel tiempo será libertado tu pueblo, todos los que se hallen escritos en el libro (en el Libro de la Vida).

Ahora podemos ver… También dice:

Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados (eso es la resurrección), unos para vida eterna…”.

Ahí estarán los 144.000 hebreos, que durante la gran tribulación serán matados, pero resucitarán al final de la gran tribulación; y antes de comenzar la gran tribulación: la resurrección de los santos en Cristo de las edades pasadas y alguno de los nuestros que se ha ido en nuestro tiempo.

Ahora, ¿a cuántos les gustaría resucitar en este Día Postrero? Se me quedan calladitos, ¿verdad? ¿Por qué? Porque lo que todos queremos es ser transformados.

Como decía San Pablo7: “Es bueno estar ausente del cuerpo”, “pero es más conveniente estar aquí presente para beneficio de la Obra de Dios”; eso es en pocas palabras. Y dice: “Quisiera más bien ser no desvestido”, o sea, ser desvestido es ser desvestido de este cuerpo de carne, de esta vestidura de carne; San Pablo dice: “Más bien quisiera ser revestido”, o sea, vestido del nuevo cuerpo, ser transformado y entonces tener el nuevo cuerpo.

Y esa promesa es para los hijos e hijas de Dios del Día Postrero, de la Edad de la Piedra Angular.

Y ahora, ¿cuántos serán transformados en este tiempo final? Pues aquí estamos. Va a ser un grupo grande, hablando en términos de números para nosotros, pero será un grupo pequeño comparado con todos los millones de hijos e hijas de Dios de las edades pasadas que han de resucitar. Es un grupo pequeñito el de aquí comparado con todos estos grupos juntos; pero será un grupo considerable, porque serán los escogidos del Día Postrero.

Y ahora, con ese grupo llegando a la perfección vendrá la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de nosotros los que vivimos. Ellos no pueden ser perfeccionados sin nosotros8.

Y ahora, hemos llegado nosotros a la escena del Programa Divino en la América Latina y el Caribe, en la Edad de la Piedra Angular, para completarse así el Cuerpo Místico de Cristo siendo llamados y juntados todos los escogidos de Dios escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, bajo el ministerio de los Ángeles del Hijo del Hombre, bajo el ministerio de los ministerios de Moisés y Elías siendo manifestados por el Ángel que era diferente a los demás, manifestando esos ministerios por medio del velo de carne donde Él estará manifestado; y en donde estará manifestando no solamente el ministerio de Moisés y de Elías, sino el ministerio de Jesús también.

El ministerio que manifestó en Jesús de Nazaret será manifestado nuevamente en la Tierra en el velo de carne en donde Él estará en este Día Postrero; y el ministerio de Moisés, que manifestó en el profeta Moisés (¿Quién lo manifestó? Este Ángel del Pacto), lo manifestará nuevamente a través de carne humana, en Su velo de carne que tendrá en este Día Postrero; y manifestará también el ministerio del profeta Elías (el cual ha manifestado ya por cuatro ocasiones anteriores: en Elías Tisbita, en Eliseo, en Juan el Bautista y en el reverendo William Branham), lo manifestará nuevamente en carne humana en el Ángel del Señor Jesucristo, donde estará manifestando el ministerio de Moisés, de Elías y también el ministerio de Jesús.

Este es el único que tiene ministerios, y los manifiesta, los opera, a través de carne humana en los profetas que Él envía a este planeta Tierra; y enviando Su último profeta, que es el Ángel Mensajero de Jesucristo para la Edad de la Piedra Angular y para la Dispensación del Reino, estará manifestando esos grandes ministerios que ya fueron manifestados en otros tiempos y en otros mensajeros de Dios.

Y la Venida de ese Ángel es la Venida de la Piedra no cortada de manos que vio el rey Nabucodonosor y vio el profeta Daniel cuando le interpretó el sueño al rey Nabucodonosor. En Su Primera Venida, las piernas de hierro crucificaron a Cristo con hierro también, con clavos de hierro, allí en la Cruz del Calvario.

Para el Día Postrero el regreso, la Venida de ese mismo Ángel del Pacto, Ángel de Jehová, este Ángel que era diferente a los demás, viniendo en carne humana, será la Venida de la Piedra no cortada de manos, cortada del Monte de Dios, cortada de la Iglesia de Jesucristo; porque vendrá en el Día Postrero manifestado este Ángel Mensajero del Cielo, el Ángel del Pacto, este Mensajero celestial, del Cielo vendrá velado en carne humana en Su Ángel Mensajero de la Edad de la Piedra Angular; y eso será la Venida de la Piedra no cortada de manos en medio de la Iglesia de Jesucristo, eso será la Venida de la Piedra no cortada de manos viniendo a Su Iglesia, que lo está esperando en el Día Postrero, y después pasando al pueblo hebreo, que también lo está esperando.

Y la presencia de ese Ángel en la Tierra velado en carne humana, la Palabra encarnada en un hombre, será la señal del fin de los sistemas mundiales, será la señal de que los reinos de este mundo han llegado al tiempo final para ellos, y que pronto los reinos de este mundo pasarán a ser de nuestro amado Señor Jesucristo y pasarán al glorioso Reino Milenial de Jesucristo.

Pero habrá una etapa dura, para la cual Cristo dice9: “No temáis, manada pequeña, porque al Padre le ha placido darles el Reino”. Y si dice “No temáis”, es porque hay peligros, luchas y problemas; vendrá una apretura para los escogidos de Dios, para la Iglesia de Jesucristo, que estará en la etapa de oro de la Edad de la Piedra Angular, vendrá una apretura para esa parte del Cuerpo Místico de Cristo, como hubo apreturas y persecuciones en las otras etapas de la Iglesia de Jesucristo.

Pero miren ustedes una cosa: el reino de los gentiles (representado en la estatua que vio Nabucodonosor) comenzó con la cabeza de oro, comenzó bien alto, fue bajando a los pechos y brazos de plata… El oro tiene más valor que la plata, por lo tanto el reino de los gentiles ha ido perdiendo valor.

La edad de oro del reino de los gentiles fue la edad de Nabucodonosor, del imperio babilónico; luego la etapa o edad de plata del imperio medo-persa fue de menos valor; luego bajó, siguió bajando a la etapa de bronce, que fue el imperio de Grecia, una etapa de menos valor; y luego bajó a la etapa las piernas de hierro, que es el imperio romano; y luego sigue bajando —en esa misma cuarta etapa del imperio de los gentiles— a los pies de hierro y barro cocido, para estar manifestados los pies de hierro y de barro cocido en este tiempo final.

Y ahora, unos pies de hierro con barro cocido ¿qué valen? No valen nada. Comparado con una cabeza de oro, una persona que sepa pues deja botado esos pies de hierro y de barro cocido y se lleva la cabeza de oro, que vale mucho.

El reino los gentiles se ha ido devaluando él mismo, a tal grado que ya lo que vale es lo que puede costar, lo que vale, unos pies de hierro con barro cocido. Busque usted en el mercado a ver cuánto le dan por unos pies de hierro cubiertos con barro cocido; y lleve también una cabeza de oro y vea a ver cuánto le dan por una cabeza de oro. Así que el reino de los gentiles actualmente no vale ni una milésima parte de lo que valía en el tiempo del rey Nabucodonosor.

El reino de los gentiles se está desintegrando; el reino de los gentiles está todo enfangado, con barro en sus pies.

Los diez dedos de esa estatua, vean ustedes, representa diez reyes que le darán su poder y su autoridad a la bestia.

En Apocalipsis, capítulo 17, nos habla de esto, y es lo mismo que nos habla Dios por medio del profeta Daniel. En el capítulo 17, verso 8 al 18, dice:

“La bestia que has visto, era, y no es; y está para subir del abismo e ir a perdición; y los moradores de la tierra, aquellos cuyos nombres no están escritos desde la fundación del mundo en el libro de la vida, se asombrarán viendo la bestia que era y no es, y será.

Esto, para la mente que tenga sabiduría: Las siete cabezas son siete montes, sobre los cuales se sienta la mujer,

y son siete reyes. Cinco de ellos han caído; uno es, y el otro aún no ha venido; y cuando venga, es necesario que dure breve tiempo.

La bestia que era, y no es, es también el octavo; y es de entre los siete, y va a la perdición.

Y los diez cuernos que has visto, son diez reyes, que aún no han recibido reino; pero por una hora recibirán autoridad como reyes juntamente con la bestia.

Éstos tienen un mismo propósito, y entregarán su poder y su autoridad a la bestia.

Pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque él es Señor de señores y Rey de reyes; y los que están con él son llamados y elegidos y fieles”.

Porque son los elegidos de Dios desde antes de la fundación del mundo, y son fieles a la Palabra de Dios para el tiempo que les toca vivir.

Y ahora, el reino de los gentiles en la etapa de los pies de hierro y de barro cocido no se dará cuenta que la Venida de este Ángel que era diferente a los demás es como Señor de señores y Rey de reyes, no se dará cuenta que Él viene como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo.

Por lo tanto, en la apretura que vendrá, la bestia —en esa etapa de los pies de hierro y de barro cocido— le hará la guerra a Cristo, el Ángel Fuerte que desciende del Cielo, le hará la guerra a ese Ángel, el Ángel de Jehová, el Ángel del Pacto, que estará velado en carne humana en Su Ángel Mensajero.

Y así como Cristo dijo que “Cualquiera que diere un vaso de agua fría a uno de estos mis pequeñitos no perderá su recompensa”, y cualquiera que hiciere tal o cual cosa, dice: “A mí lo hicisteis”10; y el que no haga nada en favor de estos pequeñitos, que son los miembros del Cuerpo Místico de Cristo, dice Cristo: “A mí tampoco lo hicisteis”.

En San Mateo, capítulo 25, en esa parábola en donde Cristo como Rey lleva a cabo el juicio sobre las naciones y sobre personas, dice: “Por cuanto no lo hicisteis a uno de estos mis pequeñitos (esos son los miembros de la Iglesia de Jesucristo, esos pequeñitos, son los hermanos menores de Cristo; dice) tampoco a mí lo hicisteis”. Y a los que hicieron favores y ayudaron a los escogidos de Dios, dirá: “Por cuanto tuve hambre y me disteis de comer, estuve enfermo y me visitasteis, en la cárcel y me visitasteis también, y desnudo y me cubristeis, (dice) entrad al Reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo”.

Ellos dirán: “¿Y cuándo te vimos desnudo y te cubrimos?, ¿cuándo te vimos con hambre y te dimos de comer?, ¿cuándo te vimos en la cárcel y te visitamos?, ¿cuándo te vimos en alguna necesidad y te servimos?”. Él dirá: “Por cuanto lo hicisteis a uno de estos mis pequeñitos, a mí lo hicisteis”.

Esas personas que han ayudado a los escogidos de Dios recibirán su recompensa de vida eterna. Los que se pusieron en contra y persiguieron a los escogidos de Dios recibirán condenación y serán echados al lago de fuego, donde serán destruidos y dejarán de existir en cuerpo, en espíritu y en alma también.

Y ahora, la bestia se levantará con esos diez reyes en contra del Ángel que era diferente a los demás, del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová, de Jesucristo viniendo en Espíritu Santo manifestado en Su Ángel Mensajero, y le harán la guerra; y eso significa que le estarán haciendo la guerra a Cristo, al Cordero, que estará como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores manifestado a través de Su Ángel Mensajero; pero el Cordero los vencerá, porque Él es Rey de reyes y Señor de señores.

Así que la victoria ya está profetizada; y si es una profecía, se tiene que cumplir.

Fue un error el imperio romano crucificar a Cristo, fue un error para el imperio romano, porque ahora la Sangre de Cristo es demandada del imperio de los gentiles, el cual estaba en su cuarta etapa; y para este tiempo final será demandada la Sangre de Cristo del imperio de los gentiles, que estará en la etapa de los pies de hierro y de barro cocido; como ha sido demandada la Sangre de Cristo de mano de los hebreos durante estos dos mil años, en los cuales han caído grandes calamidades sobre el pueblo hebreo y ellos todavía no han comprendido por qué; pero ellos pronto van a saber por qué.

Y ahora, fue un error para el imperio romano crucificar a Cristo, fue un error para ellos, pero fue de bendición para todos nosotros, porque con Su muerte en la Cruz del Calvario nos redimió con Su Sangre preciosa, nos lavó de nuestros pecados y nos salvó; y de ahí en adelante se ha hecho posible el nuevo nacimiento de hijos e hijas de Dios.

Y para el Día Postrero serán resucitados todos los que han partido creyendo en Cristo y habiendo nacido de nuevo, resucitarán en cuerpos eternos, y nosotros los que vivimos seremos transformados.

Y ahora, ¿quiénes serán transformados en el Día Postrero? Aquí estamos.

Los que partieron en las edades pasadas serán resucitados en cuerpos eternos, pertenecen a los siete ángeles mensajeros de las edades pasadas, y hay algunos (poquitos) de nuestro grupo, de nuestra edad; pertenecen a nosotros, a nuestro grupo.

Y los que serán transformados pertenecen a la Edad de la Piedra Angular. Esos serán los que en el Día Postrero, luego de haber visto y creído el Mensaje del precursor de la Segunda Venida de Cristo, el reverendo William Branham, también estarán creyendo en el precursado y lo habrán recibido en el Día Postrero; porque habrán visto Su Venida, la Venida del Ángel que era diferente a los demás viniendo en medio de Su Iglesia; y eso será la Palabra encarnada en un hombre.

Ellos estarán viendo y recibiendo la Venida de la Palabra, del Verbo, la Palabra encarnada en un hombre, la Palabra encarnada en el Ángel del Señor Jesucristo; estarán viendo la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles; estarán viendo la Venida del Señor, del Ángel del Pacto, del Ángel que era diferente a los demás. Esos serán los que serán transformados en el Día Postrero.

Porque para ser transformado en el Día Postrero no solamente basta con haber recibido al precursor, sino que se requiere recibir al precursado, que es el Ángel que era diferente a los demás, viniendo en el Día Postrero velado en carne humana en medio de Su Iglesia, y estar escuchando Su Mensaje de Gran Voz de Trompeta, del Evangelio del Reino, dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, en este tiempo final.

Y ahora, con la Venida del Ángel que era diferente a los demás velado en carne humana manifestando los ministerios de Sus Ángeles, los ministerios de Moisés, de Elías y de Jesús, la humanidad tendrá presente la señal del fin del mundo y la señal del fin del siglo.

Es la presencia del Ángel que era diferente a los demás manifestando los ministerios de Jesús por segunda vez, de Elías por quinta vez y de Moisés por segunda vez. Esa es la señal —ya no en el cielo, sino aquí en la Tierra— del fin del siglo y del fin del mundo; es la señal del tiempo de la cosecha, del tiempo de la siega; es la señal para todos los escogidos de Dios, de la resurrección de los muertos en Cristo y de la transformación de nosotros los que vivimos.

Teniendo esa señal manifestada sabemos que pronto los muertos en Cristo van a resucitar y los que estamos vivos vamos a ser transformados, porque ya estamos viendo lo que ha sido prometido por Cristo como señal de Su Venida aquí en la Tierra; y eso es señal del fin del reino de los gentiles.

Dijo el precursor de la Segunda Venida de Cristo en la página 464 y 465 de la siguiente manera:

“[138]. Debemos recordar que este Séptimo Sello es el fin del tiempo de todas las cosas. Correcto. Las cosas escritas en el Libro de la Redención, sellado desde antes de la fundación del mundo con siete sellos, todo termina. Es el fin de este mundo agitado, el fin de la naturaleza agitada y es el fin de todo. En eso también encontramos el fin de las Trompetas, de las Copas, de la Tierra; y aun es el fin del tiempo. El tiempo termina, así nos lo dice la Biblia en Apocalipsis 10:1-7, donde el Ángel dijo: ‘El tiempo no será más’. Y eso será en el día cuando este gran evento suceda (¿Qué gran evento? El gran evento del Séptimo Sello). Allí todo termina.

139. Al final de este Séptimo Sello…”.

Ahora vean: “Al final de este Séptimo Sello”; no al principio, sino:

139. Al final de este Séptimo Sello es el fin de la edad de la Iglesia; es el fin del Séptimo Sello…”.

El mismo Séptimo Sello llega (¿a qué?) a su final; como la Primera Venida de Cristo llegó a su final (¿cuándo?) cuando fue crucificado en la Cruz del Calvario. La Primera Venida de Cristo llevó a cabo la Obra para la cual Él vino, muriendo en la Cruz del Calvario, y eso fue al final de Su ministerio.

Y ahora, al final de Séptimo Sello vean ustedes todas las cosas que estarán ocurriendo, que estarán llegando a su final también:

“… es el fin del Séptimo Sello, es el fin de las Trompetas, es el fin de las Copas y aun es el fin de la entrada al Milenio. Todo eso es contenido en (¿dónde?) el Séptimo Sello”.

Todo está contenido en ese Séptimo Sello: el fin del mundo, el fin de la Dispensación de la Gracia, el fin del reino de los gentiles y aun el fin de la entrada al Milenio, o sea, el fin de la introducción al Milenio está ahí en el Séptimo Sello; porque lo que introduce el séptimo milenio es la Venida de este Ángel que era diferente a los demás.

Y desde el 1963 la señal de la Venida del Hijo del Hombre, vean ustedes, fue cumplida en el cielo; desde el 1963 en adelante podemos ver que cosas sobrenaturales en el Programa Divino, en medio de la Iglesia de Jesucristo, han estado sucediendo.

Y ahora, veamos cómo nos muestra que será, que es este Séptimo Sello; dice:

“140. Es como disparar un cohete al aire. Este cohete hace una explosión por aquí cerca; y luego mucho más alto hace otra explosión, y de allí salen cinco estrellas. Una de esas cinco hace una explosión, y de allí salen otras cinco estrellas; y una de esas estrellas explota, y de allí salen otras cinco estrellas; y después desaparece gradualmente. Así es el Séptimo Sello”.

Y ahora, cuando algunas personas dicen: “Es que yo estoy esperando ver que suceda tal cosa”, quizás eso que usted está esperando ver va a suceder cuando suceda una explosión en específico, en donde está contenido eso que usted está esperando ver; pero vean, hay muchas explosiones del Séptimo Sello.

Como también, cuando Cristo clamó como cuando ruge un león, siete truenos emitieron sus voces; es un gran trueno con siete truenos contenidos en él, o sea, un gran trueno rugiendo siete veces consecutivas.

Ahora, ¿cómo podría explicarles esto? Bueno, en un 7, ¿cuántos números hay? Hay siete números: está el 1, está el 2, está el 3, está el 4, está el 5, está el 6 y está el 7. Si usted tiene siete flores y las junta, pues tiene un ramo de flores; así es el Séptimo Sello; pero recuerde que tiene siete flores ahí.

Ahora, el Séptimo Sello tiene muchas cosas para llevar a cabo, y las lleva a cabo a medida que va manifestándose. Y esas diferentes manifestaciones del Séptimo Sello están representadas en este cohete que explota; y luego más adelante explota más arriba y luego salen cinco estrellas; y una de esas estrellas explota, y de esas cinco estrellas sale una estrella; y hace otra explosión, y salen cinco estrellas más; y después todo termina. Cuando termina con la última explosión de la última estrella que produce cinco estrellas, ahí se lleva a cabo la parte final de la Obra del Séptimo Sello y llega al final el Séptimo Sello.

Ahora, el Séptimo Sello tiene que ver con la Iglesia, tiene que ver con el pueblo hebreo, tiene que ver con el Reino Milenial y tiene que ver con el fin del reino de los gentiles. O sea que todo está bajo el Séptimo Sello, todo está bajo la Segunda Venida de Cristo, todo está bajo la Venida de este Ángel que es diferente a los demás; porque es el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, que le apareció al pueblo hebreo en diferentes ocasiones y a diferentes profetas, el cual es el mismo Verbo, el Verbo que era con Dios y el Verbo que es Dios, el cual se hizo carne y vivió en medio del pueblo hebreo en carne humana y fue conocido por el nombre de Jesús.

Para el Día Postrero tenemos la promesa de Su Venida en carne humana de nuevo: “… cuando nuestro Señor aparezca sobre la Tierra, Él vendrá sobre un caballo blanco como la nieve, y será completamente Emmanuel —la Palabra de Dios encarnada en un hombre”.

Esa es la Venida del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, esa es la Venida del Rey de reyes y Señor de señores, esa es la Venida del Ángel que era diferente a los demás, el Ángel que tiene el Séptimo Sello; esa es la Venida del Ángel Fuerte que desciende del Cielo en Apocalipsis, capítulo 10; esa es la Venida del Señor conforme a como ha sido prometida en el Antiguo Testamento y en el Nuevo Testamento.

Y luego que los escogidos lo hayan visto venir, lo hayan recibido y hayan escuchado Su Voz, luego que se haya completado el número de los escogidos de Dios, los muertos en Cristo resucitarán, nosotros los que vivimos seremos transformados; y luego de eso nos espera la gran fiesta de la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo; y a este mundo le espera el juicio de la gran tribulación, donde los reinos de este mundo llegarán a su final.

El reino de los gentiles y los reinos de este mundo pasarán a ser de nuestro amado Señor Jesucristo; y entonces, al terminar la gran tribulación entrará el glorioso Reino Milenial de Cristo, donde estaremos nosotros con el nuevo cuerpo como reyes y sacerdotes en ese glorioso Reino de nuestro amado Señor Jesucristo.

Ahora hemos visto: “EL SÉPTIMO SELLO PONIENDO FIN A LOS SISTEMAS MUNDIALES”.

Con Su Venida tenemos la señal en la Tierra (ya no en el cielo, sino en la Tierra) del fin del reino de los gentiles, tenemos la señal del fin del siglo y tenemos la señal también del fin de nuestra vida terrenal en estos cuerpos mortales. Para pronto ser transformados ya la señal está, ahora lo que falta es que se complete el número de los escogidos para ser transformados nosotros, porque ya la señal está colocada aquí en la Tierra. Y está colocada la señal del fin del siglo, está colocada la señal de la cosecha, está colocada la señal del fin de los reinos gentiles, que es la señal profética de la Venida del Ángel que era diferente a los demás, viniendo el Hijo del Hombre con Sus Ángeles en este Día Postrero.

Fue vista en el cielo y ahora en la Tierra se hace carne, el Verbo, la Palabra se hace carne, y entonces la señal ya no está en el cielo sino en la Tierra. En el cielo estuvo por un día, algún lapso de tiempo del día 28 de 1963.

Y ahora, vean ustedes, desde el 1963 ustedes pueden ver que las naciones se han estado lamentando grandemente: problemas por todas partes en todos los campos del reino gentil en medio de todas las naciones. El reino de los gentiles ha estado lamentándose grandemente desde el 1963 en adelante, a un grado mayor de lo que se lamentaba en años y siglos anteriores.

Y ahora, está temblando de miedo por temor a una Tercera Guerra Mundial, así se encuentra el reino de los gentiles; pero los escogidos de Dios han recibido palabras de parte de Cristo, que dice: “No temáis, manada pequeña, porque al Padre le ha placido darles el Reino”.

Aunque hay cosas que causan temor a los seres humanos, Él nos dice a nosotros: “Ustedes no tengan miedo, no tengan temor, porque pronto van a ser transformados; y aunque venga el fuego radioactivo sobre la humanidad, vuestros cuerpos serán inmortales, serán eternos. ¿De qué van a temer ustedes? No tienen que temer, que tener miedo a nada”. Y luego, en adición, nos vamos a ir de aquí cuando ese fuego atómico esté desatándose sobre este planeta Tierra, vamos a estar en la Cena de las Bodas del Cordero, donde no llega el fuego atómico.

Así que mientras la Tierra estará siendo purificada con fuego para ser preparada para el Reino Milenial, nosotros estaremos felices en la Cena de las Bodas del Cordero.

Pero recuerden: estamos orando y continuaremos orando por la América Latina y el Caribe, porque queremos que este terruño de tierra latinoamericana y caribeña que nos vio nacer y que nos ha tenido en su seno, sea preservado este territorio para el glorioso Reino Milenial de nuestro amado Señor Jesucristo, y sus habitantes también sean preservados y que sobrevivan a los juicios divinos de la gran tribulación que han de venir.

Nosotros oramos por la América Latina y el Caribe, y pedimos la misericordia de Cristo para la América Latina y el Caribe.

Hemos llegado al tiempo en donde el Séptimo Sello le pondrá fin a los sistemas mundiales. Ahora, ¿cómo lo estará haciendo? Dejemos que Él lo haga en la forma en que está ya profetizado, en que está ya ordenado por Dios en Su mente.

Lo que necesitamos nosotros no es saber cómo es que Él va a ponerle fin al reino de los gentiles, sino cómo nosotros estar preparados para ser transformados en este tiempo final, para que cuando le ponga fin al reino de los gentiles no sea el fin también de nosotros, sino que para nosotros sea glorioso todo lo que Él estará haciendo, y estemos como reyes y sacerdotes en el Reino Milenial de Cristo.

“EL SÉPTIMO SELLO PONIENDO FIN A LOS SISTEMAS MUNDIALES”.

Hasta aquí les puedo decir a ustedes por el momento acerca de EL SÉPTIMO SELLO PONIENDO FIN A LOS SISTEMAS MUNDIALES.

Que las bendiciones del Séptimo Sello, el Ángel que era diferente a los demás, el Ángel del Pacto, Jesucristo, sean sobre cada uno de ustedes y sobre mí también, y pronto todos seamos transformados y raptados; pronto los que faltan por llegar —que tienen sus nombres escritos en el Libro de la Vida del Cordero— escuchen la Voz de Cristo, la Gran Voz de Trompeta, y sean llamados y juntados con nosotros en este tiempo final, en la Edad de la Piedra Angular, y se complete así el número de los escogidos de Dios. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Muchas gracias por vuestra amable atención, amados amigos y hermanos presentes. Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión dándoles testimonio de EL SÉPTIMO SELLO PONIENDO FIN A LOS SISTEMAS MUNDIALES.

Dejo nuevamente con nosotros al reverendo Miguel Bermúdez Marín para continuar y finalizar en esta ocasión nuestra parte, dándole gracias siempre a nuestro Señor Jesucristo, el Ángel del Pacto, por la bendición que nos ha dado en este tiempo final, la cual estaba prometida, de que veríamos la Venida del Séptimo Sello, la Venida del Ángel que era diferente a los demás viniendo a Su Iglesia en el Día Postrero en carne humana; veríamos la Venida del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, la Venida de la Palabra encarnada en un hombre: en el Ángel Mensajero del Señor Jesucristo.

Bueno, ya tenemos a Miguel por aquí.

Que Dios les continúe bendiciendo a todos, que Dios les guarde; y hasta el mes de agosto, para los que ya no veré en las otras actividades que hemos de tener durante el día de hoy y la que tendremos mañana en la mañana.

De todos modos nos volveremos a ver, ya sea en este cuerpo o en el nuevo cuerpo, en agosto; y si recibimos el nuevo cuerpo antes, pues mucho antes nos volveremos a ver.

Así que Dios les continúe bendiciendo a todos, Dios les guarde, y pronto todos seamos transformados. Amén.

Con nosotros por aquí ya tenemos a Miguel para continuar.

“EL SÉPTIMO SELLO PONIENDO FIN A LOS SISTEMAS MUNDIALES”.

[Revisión marzo 2019]

1 San Juan 8:44

2 San Mateo 16:27

3 San Mateo 3:11, San Lucas 3:16

4 Hechos 2:39

5 Daniel 9:23

6 San Lucas 15:7 y 10

7 2 Corintios 5:8-9, Filipenses 1:22-26, 2 Corintios 5:4

8 Hebreos 11:40

9 San Lucas 12:32

10 San Mateo 10:40-42

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