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Muy buenas tardes, amables amigos y hermanos presentes y radioyentes. Es para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión para compartir unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a nuestro tiempo, para así ver el tiempo en que estamos viviendo y las bendiciones divinas que Dios tiene para los seres humanos en este tiempo final.

Para lo cual quiero leer en Apocalipsis, capítulo 2, verso 17, donde dice:

“El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, daré a comer del maná escondido, y le daré una piedrecita blanca, y en la piedrecita escrito un nombre nuevo, el cual ninguno conoce sino aquel que lo recibe”.

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla, y nos dé a comer a todos de ese Maná escondido.

Nuestro tema es: “EL SÉPTIMO SELLO Y EL MANÁ ESCONDIDO”.

Para que podamos comprender nuestro tema, necesitamos saber lo que fue el maná escondido en el tiempo de Moisés; de lo cual nos habla el apóstol San Pablo en su carta a los Hebreos cuando nos habla acerca del templo o tabernáculo que construyó el profeta Moisés. En el capítulo 9, verso 1 en adelante, dice:

“Ahora bien, aun el primer pacto tenía ordenanzas de culto y un santuario terrenal.

Porque el tabernáculo estaba dispuesto así: en la primera parte, llamada el Lugar Santo, estaban el candelabro, la mesa y los panes de la proposición.

Tras el segundo velo estaba la parte del tabernáculo llamada el Lugar Santísimo,

el cual tenía un incensario de oro y el arca del pacto cubierta de oro por todas partes, en la que estaba una urna de oro que contenía el maná, la vara de Aarón que reverdeció, y las tablas del pacto;

y sobre ella los querubines de gloria que cubrían el propiciatorio; de las cuales cosas no se puede ahora hablar en detalle.

Y así dispuestas estas cosas, en la primera parte del tabernáculo entran los sacerdotes continuamente para cumplir los oficios del culto;

pero en la segunda parte, sólo el sumo sacerdote una vez al año, no sin sangre, la cual ofrece por sí mismo y por los pecados de ignorancia del pueblo…”.

En este pasaje podemos ver la importancia del templo o tabernáculo que el profeta Moisés levantó en medio del pueblo hebreo. Luego, más adelante, en el tiempo de los reyes, el rey David quiso levantar un templo para Dios, pero Dios le dijo que su hijo Salomón sería el que levantaría ese templo1.

¿Y cuál es la importancia de estos templos en medio del pueblo hebreo? ¿Y cómo es posible que los pecados de un pueblo sean perdonados y cubiertos de la presencia de Dios y no sean vistos por Dios con ofrecer esos sacrificios a Dios y llevar a cabo esas ordenanzas divinas en el templo, en el mes séptimo de cada año (que es el mes en donde se lleva a cabo la ofrenda o sacrificio de la expiación)...?

O sea, el día diez del mes séptimo se lleva a cabo el sacrificio del macho cabrío. El sumo sacerdote ese día del año entra al templo unas cuantas veces, pero siempre entra al lugar santísimo con sangre, pues si entra sin sangre allí, muere; porque delante de Dios ninguna persona puede presentarse sin sangre de la expiación del sacrificio. ¿Por qué? Porque de otra forma los pecados de la persona son vistos por Dios, y la paga del pecado es muerte2.

Y ahora, el tabernáculo que construyó el profeta Moisés y el templo que construyó el rey Salomón son tipo y figura del Templo que está en el Cielo. Por eso el rey Salomón fue un hombre tan sabio, porque ¿qué hombre en la Tierra puede construir un templo conforme al modelo del que está en el Cielo? Solamente un hombre sabio; y eso tiene que ser con sabiduría de Dios, el cual le muestre cómo está construido ese Templo en el Cielo; y al primero que se lo mostró fue al profeta Moisés.

Por eso en ese templo llevaba el sumo sacerdote la sangre de la expiación de ese macho cabrío el día diez del mes séptimo, y la llevaba dentro, al lugar santísimo, y la colocaba sobre el propiciatorio (que vendría a ser, digamos, la tapa del arca).

El arca era una caja de madera grande cubierta con oro, en donde estaban las tablas de la Ley, la vara de Aarón que reverdeció y una vasija de oro llena de maná3 que habían tomado el día número seis para que luego… ese día número seis era el día que tomaban doble cantidad, porque el día número siete (que era sábado) no caía maná del cielo. Y ahora, el día número seis entonces también tomaron ese maná que colocaron en esa vasija de oro, y la colocaron en el lugar santísimo; y ese maná no se corrompía porque estaba (¿dónde?) en el lugar santísimo.

Ahora, viendo que el tabernáculo que construyó Moisés y el templo que construyó Salomón son tipo y figura, son la representación del Templo que está en el Cielo, vean ustedes el por qué las cosas que se hacían en ese templo de Salomón y en el tabernáculo que construyó Moisés eran aceptadas por Dios en el Cielo, en el Templo de Dios que está en el Cielo, del cual Melquisedec es el Sacerdote allí.

Y Melquisedec es el mismo Jesucristo en Su cuerpo teofánico, por eso Él es Sacerdote según el Orden de Melquisedec; no del orden levítico, no del orden al cual pertenecía Aarón y su familia, sino del Orden celestial del Templo que está en el Cielo, que fue primero que el templo que construyó Moisés y que el templo que construyó Salomón.

Y ahora, vean ustedes, con el sacrificio que ofrecían el día diez del mes séptimo para la reconciliación del pueblo hebreo con Dios, el pueblo hebreo cada año al ofrecer ese sacrificio…, el cual era llevado por el sumo sacerdote al lugar santísimo, la sangre era llevada allí y era colocada sobre el propiciatorio, donde estaba la presencia de Dios en la Luz de la Shekinah; esa Luz que le habló a Moisés y le dijo: “Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob”; esa Luz que libertó al pueblo hebreo y le alumbraba el camino de noche, y de día era una nube que les cubría del sol, una nube de sombra; y ese Dios Todopoderoso que apareció a Moisés en esa Nube de Fuego, vean ustedes, ¿estaba dónde? En el tabernáculo que construyó Moisés, estaba sobre el propiciatorio, en medio de dos querubines de oro que estaban allí; y allí era donde Moisés llevaba la sangre, y luego lo hacía Aarón: llevaba allí la sangre.

Aarón era el sumo sacerdote, y cada año ofrecía a Dios esa sangre; tanto ofrecía la sangre de la expiación por el sacerdote y los demás sacerdotes como también por todo el pueblo hebreo; y así era perdonado el pueblo hebreo, sus pecados eran cubiertos con la sangre de ese macho cabrío.

Y cuando algo es cubierto, usted lo mira y no lo ve, porque queda tapado con esa sangre el pecado del pueblo hebreo; y cuando Dios miraba al pueblo hebreo, no veía pecado en el pueblo hebreo. Era por eso, porque por medio de los sacrificios que el pueblo hebreo ofrecía a Dios, sus pecados eran cubiertos con la sangre de esos sacrificios.

Y vean ustedes, el pueblo hebreo cometía errores, pecaba ante Dios; y luego que Dios diga que no ve pecado en el pueblo hebreo, eso es algo raro; y el secreto está en que sus pecados estaban cubiertos con la sangre de esos sacrificios.

Por eso el pueblo hebreo tenía todos esos sacrificios; y era conforme al Orden Divino, conforme al tipo y figura del Templo que está en el Cielo, eran tipo y figura de las cosas celestiales; por eso es que esos sacrificios funcionaban así delante de Dios. Todos esos sacrificios eran tipo y figura del Sacrificio de Jesucristo, el Cordero de Dios, ¿ve?, y por eso actuaban en esa forma ante la presencia de Dios, en lo que llegaba el Sacrificio perfecto del Cordero de Dios, Jesucristo nuestro Salvador.

Cuando llegó Jesucristo encontramos que fue rechazado por el pueblo hebreo, lo cual obró para bien, porque de otra forma lo hubieran recibido y lo hubieran coronado y no hubiera hecho Su Sacrificio por Sus hijos, y entonces hubiera el pueblo tenido que todo el tiempo estar ofreciendo a Dios sacrificios de animalitos; porque el pecado del ser humano no puede ser quitado con los sacrificios de los animalitos, porque solamente cubre el pecado la sangre de esos animalitos, porque es tipo y figura del Sacrificio de Cristo en la Cruz del Calvario. El único sacrificio que quita el pecado es el Sacrificio de Jesucristo.

Y ahora, vean ustedes, cuando se llevó a cabo el Sacrificio de Cristo en la Cruz del Calvario, de ahí en adelante no necesita ningún ser humano ofrecer a Dios un animalito en sacrificio por sus faltas o por sus pecados o por sus peticiones.

Aún más, vean, Cristo dijo que el templo de Jerusalén sería destruido4, y fue destruido, pues ya no hace falta allí un templo en donde se ofrezcan sacrificios de animalitos, porque ya el Templo de Dios que está en el Cielo tiene un Sacrificio vivo: el Cordero de Dios, el cual murió y luego resucitó y ascendió al Cielo y se colocó en el Lugar Santísimo del Templo que está en el Cielo; y Su Sangre fue colocada sobre el propiciatorio del Templo que está en el Cielo, allá en el Lugar Santísimo.

Y ahora, lo mismo que hacía el sumo sacerdote en la Tierra, en el templo terrenal, lo ha hecho Cristo en el Cielo, en el Templo que está allá en el Cielo. Cristo con Su propia Sangre fue al Lugar Santísimo del Templo que está en el Cielo y la colocó en el Trono de Intercesión (o sea, el asiento de misericordia), que es el lugar de Dios allá, el Trono de Dios en el Cielo; lo cual estaba tipificado en el trono de intercesión o el lugar de propiciatorio o propiciatorio allí en el templo de Salomón y el templo que construyó Moisés, en el lugar santísimo.

Lo mismo que el sumo sacerdote hacía, colocando la sangre del macho cabrío de la expiación sobre el propiciatorio, es lo que Cristo ha hecho allá en el Templo, pero el Templo que está en el Cielo. Por lo tanto, ya no ha estado funcionando más, sobre este planeta Tierra, templo terrenal, para colocar la sangre por el pecado en favor de los seres humanos, sino el Templo que está en el Cielo.

Y por eso es que cuando la persona recibe a Cristo como su Salvador comprendiendo este misterio, sus pecados no son cubiertos, porque la Sangre de Cristo no es para cubrir el pecado: la Sangre de Cristo es para quitar el pecado, sus pecados son quitados; y ya cuando Dios mira a la persona, la ve sin pecado; y si está sin pecado, pues la persona recibe el Espíritu de Cristo, el Espíritu de Dios, y obtiene el nuevo nacimiento, y nace en el Reino de Dios. Como nació en la casa de su familia terrenal ahora nació en el Cielo, en la Familia de Dios; y ahora tiene un cuerpo teofánico de la sexta dimensión, un cuerpo llamado el Ángel de Jehová, que acampa en derredor de los que le temen y los defiende.

En ese cuerpo es que vamos a vivir; cuando nuestro cuerpo terrenal muere, entonces nos vamos en ese nuevo cuerpo de la sexta dimensión, de otra dimensión, y vamos al Paraíso a vivir hasta que la resurrección de los muertos en Cristo ocurra.

Y en la resurrección de los muertos en Cristo, que sucederá con los que han partido pero que ya habían lavado sus pecados en la Sangre de Cristo y habían recibido Su Espíritu, ¿qué sucederá? Pues resucitarán en un cuerpo nuevo, en un cuerpo eterno, ya no un cuerpo mortal como el que tenemos; porque si resucitan en un cuerpo como el que tenemos, mortal, se volverán a morir; volverán a morir, como sucedió con Lázaro, que Jesucristo lo resucitó pero volvió a morir.

Ahora, ¿por qué Jesucristo lo resucitó para después volver a morir? Porque allí, resucitando a Lázaro, Jesucristo estaba mostrándole al pueblo que así como resucitaba a Lázaro iba a resucitar en el Día Postrero a todos los creyentes en Él. Lázaro es tipo y figura de todos los creyentes en Cristo que han vivido en esta Tierra y han muerto físicamente: tienen la promesa de una resurrección en el Día Postrero; y el que prometió esta resurrección mostró (resucitando a Lázaro— que Él tiene el poder para resucitar a todos los creyentes en Él.

Ahora, vean ustedes, Cristo dijo5: “Yo soy la resurrección”; y si Él es la resurrección, pues puede resucitar a todos los muertos que han creído en Él. No es para resucitar a todo el mundo con un cuerpo eterno, es a los creyentes en Él.

A todo ser humano (aunque no sea un creyente) lo resucitará, sí, cuando llegue el tiempo para ser juzgado delante del Trono de Dios; ahí sí va a resucitar al resto de los seres humanos, y los va a resucitar en el mismo cuerpo que tuvieron cuando vivieron aquí en la Tierra, y después serán juzgados. Pero viene una resurrección llamada la primera resurrección; esa resurrección es para los creyentes en Jesucristo.

Y ahora, miren en el caso de Lázaro, Marta hablando con Jesús:

“Y Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto.

Mas también sé ahora que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo dará.

Jesús le dijo: Tu hermano resucitará.

Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero”.

¿Por qué le dice que sabe que resucitará en la resurrección en el Día Postrero? Porque Jesús había enseñado que Él llevaría a cabo la resurrección, en el Día Postrero, de todos los creyentes en Él.

Y ahora, aquí estoy leyendo en el capítulo 11 de San Juan, versos 21 al 27; y Jesús le contesta:

“Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.

Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?

Le dijo: Sí, Señor…”.

Y eso es lo que nosotros también decimos: “¡Sí, Señor! Nosotros creemos que Tú eres la Resurrección y la Vida, y que nosotros creyendo en Ti no moriremos eternamente si muere nuestro cuerpo terrenal, sino que Tú nos resucitarás nuevamente en un cuerpo eterno”.

Y ahora, ¿dónde Jesucristo ha prometido la resurrección de los creyentes en Él para el Día Postrero? En San Juan, capítulo 6, verso 39 al 40, dice:

“Y ésta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero”.

¿Para cuándo? Para el Día Postrero. Que Él le resucite ¿cuándo? En el Día Postrero.

“Y ésta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquél que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero”.

¿A quién resucitará en el Día Postrero? ¿A los que creen en quién? En Él.

¿Y cuál es el Día Postrero? Esa es una buena pregunta, porque la Biblia habla aquí del Día Postrero, Jesús habla del Día Postrero, y en diferentes lugares de la Biblia habla de los días postreros también.

¿Qué son los días postreros y cuál es el Día Postrero? Para poder comprender este misterio de los días postreros y del Día Postrero, tenemos que leer lo que dice el apóstol San Pedro en su segunda carta, verso 8, donde dice [capítulo 3]:

“Mas, oh amados, no ignoréis esto (si no lo ignoramos, entonces podemos entender lo que son los días postreros): que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día”.

Cuando se habla de un día delante de Dios, para los seres humanos es un milenio (o sea, mil años); y cuando se habla de los días postreros delante de Dios, se habla de los milenios postreros para los seres humanos. Y cuando nosotros hablamos de los días postreros de la semana nuestra, nos referimos al jueves (que es el quinto día), viernes (que es el sexto día) y sábado (que es el séptimo día), y delante de Dios esos son los tres días postreros de una semana delante de Dios; y para los seres humanos son los tres milenios postreros, que son quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio.

Por eso es que ahora podemos comprender el por qué San Pablo dijo en Hebreos, capítulo 1 y verso 1 al 2:

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,

en estos postreros días…”.

¿Cuándo?

“… en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo…”.

¿Cuándo dice que Dios habló por medio de Su Hijo? En los postreros días, y ya han transcurrido dos mil años, si le añadimos al calendario los años de atraso que tiene.

Ahora, ¿estaría equivocado San Pablo al decir que aquellos días en donde Jesús estuvo predicando eran los días postreros?, ¿se equivocaría? San Pablo no se equivocó. Es que un día delante del Señor es como mil años, y mil años como un día; y cuando se habla de los días postreros, se habla del quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio; y cuando Jesús tenía de 4 a 7 años de edad, comenzó el quinto milenio, y por consiguiente comenzaron los días postreros delante de Dios, que para los seres humanos es los milenios postreros.

Y ahora, ¿ven que no hay ninguna contradicción en la Escritura? Miren a San Pedro también hablando de los días postreros, vean lo que dice: en el libro de los Hechos, capítulo 2, verso 14 en adelante, dice (esto fue el Día de Pentecostés, cuando algunos pensaban que ellos estaban borrachos porque habían recibido el Espíritu de Dios):

“Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo: Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras.

Porque éstos no están ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera del día.

Mas esto es lo dicho por el profeta Joel:

Y en los postreros días, dice Dios,

Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne,

Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán;

Vuestros jóvenes verán visiones,

Y vuestros ancianos soñarán sueños;

Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días

Derramaré de mi Espíritu, y profetizarán”.

¿Para cuáles días Dios prometió derramar de Su Espíritu? Para los postreros días:

“Y en los postreros días, dice Dios,

Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne…”.

Y desde el Día de Pentecostés en adelante, en donde derramó de Su Espíritu sobre 120 personas, y de ahí en adelante ha estado derramando de Su Espíritu Santo sobre toda persona que ha creído en Cristo como su Salvador, le ha recibido como su Salvador y ha lavado sus pecados en la Sangre de Cristo: luego ha recibido el Espíritu de Cristo. Cristo ha derramado de Su Espíritu sobre millones y millones de personas que han creído en Él del Día de Pentecostés hacia acá.

Y ahora, ¿qué ha sucedido con esas personas? Pues han nacido de nuevo, han nacido en el Reino de Dios. Cristo dijo a Nicodemo que el que no naciera de nuevo no podía ver el Reino de Dios, el que no naciera de nuevo no podía entrar al Reino de Dios; tenía que nacer del Agua y del Espíritu, creyendo en Jesucristo como nuestro Salvador y recibiendo Su Espíritu Santo; y así es como se nace en el Reino de Dios, y así es como la persona obtiene vida eterna de parte de Cristo.

De otra forma, la persona vive en este planeta Tierra y aunque granjeare todo el mundo y se convirtiera en el millonario más grande, de nada le serviría si no tiene a Cristo como su Salvador y si no ha lavado sus pecados en la Sangre de Cristo y ha recibido Su Espíritu Santo. De nada le sirve, porque ¿de qué le vale al hombre, si ganare todo el mundo, y pierde su alma?6. De nada le sirve.

¿Por qué? ¿Qué hizo la persona? La persona fue consigo mismo muy pero que muy cruel para sí mismo, fue muy cruel con su propia alma. Diríamos que pensó muy mal contra su propia alma, porque teniendo la oportunidad de vivir eternamente la persona —que es alma viviente—, no aprovechó esa oportunidad, no creyó en Cristo como su Salvador, no lavó sus pecados en la Sangre de Cristo; y por consiguiente tiene que morir eternamente.

O sea, pierde el derecho a la vida eterna la persona que no aprovecha la oportunidad que tiene de lavar sus pecados en la Sangre de Cristo para estar sin pecado ante Dios.

Ya no necesita ir al pueblo hebreo, allá al templo de Israel, para el sacrificio de un animalito; ni siquiera ya está el templo allí, para que nadie esté allí haciendo sacrificios por el pecado, porque ya Dios envió el Cordero Pascual, ya Dios envió el Cordero perfecto, el Cordero de Dios, el cual quitó el pecado allá en la Cruz del Calvario. Y se hace efectivo ese Sacrificio de Cristo en la Cruz del Calvario cuando la persona lo acepta como su Salvador, y así lava sus pecados en la Sangre de Cristo. Si no lo hace, lamentablemente la persona pierde el derecho a la vida eterna teniendo esa oportunidad.

Y miren, ¿qué pagará el hombre por su alma, por la salvación de su alma? No tiene que pagar nada, ¿ven?, nada tiene que pagar. Si tuviera que pagar, ningún ser humano tendría lo suficiente para pagar por su salvación.

Ahora, vean ustedes, gratuitamente Dios ha provisto para nosotros ese sacrificio, y ahora Dios no acepta otro sacrificio. Por eso fue quitado todo sacrificio allá en medio del pueblo hebreo.

Y ahora, miren lo que sucedió con el pueblo hebreo: no tiene sacrificios por el pecado (allá en la tierra de Israel) y tampoco tiene el Sacrificio de Cristo porque lo rechazó; y por eso el pueblo hebreo ha estado pasando por todas estas tribulaciones y Hitler por poco los extermina a todos. ¿Por qué? Porque sus pecados no han sido ni cubiertos con los sacrificios que antes tenían (porque ya no tienen los sacrificios que antes tenían) y tampoco tienen el Sacrificio de Cristo, no lo han recibido.

Por lo tanto, el Sacrificio de Cristo, la Sangre de Cristo, ¿qué sucede? Si no es aplicada sobre los pecados, pues no los puede quitar; y ellos han rechazado el Sacrificio de Cristo en la Cruz del Calvario, y por eso los pecados de ellos han estado siendo vistos por Dios; y la paga del pecado, ¿qué es? Muerte, y por eso la muerte ha estado persiguiendo al pueblo hebreo; por poco Hitler los extermina. Y actualmente, miren, están todavía en peligro, porque tienen problemas con sus vecinos; pero algún día, algún día ellos comprenderán.

¿Cuándo será? Cuando entre hasta el último de los escogidos de Dios de en medio de los gentiles, entonces Dios les abrirá el corazón y la mente, y entonces Dios los despertará por medio del ministerio del Señor Jesucristo en Su Segunda Venida manifestando los ministerios de Moisés, de Elías y de Jesús.

Y entonces el pueblo hebreo dirá: “¡Esto es lo que nosotros estamos esperando!”. Y ahí le será contada toda la historia de todo lo que ha sucedido y de cómo Dios cegó los ojos del pueblo hebreo para que no vieran al Mesías en Su Primera Venida, y lo rechazaran y fuera crucificado; y así llevaría a cabo el Sacrificio por el pecado, gracias a que el pueblo hebreo rechazó a Cristo y pidió la muerte de Cristo en la Cruz del Calvario; gracias a eso, nuestros pecados han sido quitados con la Sangre de Jesucristo, y no tenemos que tener un templo como el del pueblo hebreo para estar ahí llevando a cabo sacrificios por el pecado.

Cristo está en el Templo del Cielo como Sumo Sacerdote llevando a cabo los oficios de Su labor, haciendo intercesión allí por toda persona que tiene su nombre escrito en el Libro de la Vida del Cordero, el cual ha sido escrito desde antes de la fundación del mundo; y cuando entre el último de los escogidos de Dios, entonces ya Cristo terminará Su labor allí como Intercesor, como Sumo Sacerdote, y saldrá de allí y reclamará a todos los que Él ha redimido con Su Sangre preciosa, y se revelará al pueblo hebreo, y entonces el pueblo hebreo lo recibirá.

En Su Segunda Venida Cristo se va a revelar al pueblo hebreo en el tiempo correspondiente, y el pueblo hebreo va a decir: “¡Este es al que nosotros estamos esperando!”; pero hasta que entre hasta el último de los escogidos de entre los gentiles, no podrá el pueblo hebreo obtener ese conocimiento.

Ahora, ¿cómo será en este tiempo final para el llamado de los escogidos del Día Postrero, tanto de los escogidos de entre los gentiles como de los escogidos del pueblo hebreo? Cristo ha prometido dar del Maná escondido.

¿Y qué es el Maná escondido? Para el pueblo hebreo, el maná fue el que cayó del cielo cada día en la mañana por cuarenta años. En la tarde caía carne (o sea, codornices) y por la mañana maná; o sea, tenían el desayuno y luego tenían la cena; y no trabajaban. Dios estuvo manteniendo al pueblo hebreo por cuarenta años, y eran no menos de dos millones de personas. Vean ustedes, el Dios Todopoderoso los mantuvo por el desierto, y todo eso para probarlos, para saber si servirían a Dios o no servirían.

Vean, nos habla Dios en el libro de Deuteronomio, capítulo 8, verso 1 en adelante, el motivo por el cual tuvo al pueblo hebreo por el desierto viajando por cuarenta años; porque ese era un viaje que se daba en menos de un año; y, vean, le tomó cuarenta años al pueblo hebreo llegar a la tierra prometida.

Deuteronomio, capítulo 8, verso 1 en adelante, dice:

“Cuidaréis de poner por obra todo mandamiento que yo os ordeno hoy, para que viváis, y seáis multiplicados, y entréis y poseáis la tierra que Jehová prometió con juramento a vuestros padres.

Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos.

Y te afligió, y te hizo tener hambre, y te sustentó con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido, para hacerte saber que no sólo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre”.

Ahora vean el motivo por el cual Dios pasó al pueblo hebreo por el desierto.

Muchas personas cuando están bien económicamente dicen: “Dios es muy bueno”, y quieren servir a Dios; pero cuando la situación es difícil en su vida, algunas personas no quieren servir a Dios.

Y toda persona desde lo profundo de su corazón debe decir: “Yo amo a Dios y sirvo a Dios en las buenas y en las malas también”. Y eso es lo que Dios quiere de Su pueblo; y por eso es que hay que pasar por las etapas buenas y por las etapas malas también, y mantenerse la persona fiel a Cristo, sirviéndole todos los días de su vida.

Y ahora, el pueblo hebreo fue probado y el pueblo hebreo falló. Cuando venían los momentos de prueba, se rebelaban en contra de Moisés y, por consiguiente, en contra de Dios.

Y ahora, Cristo usando estas palabras, “que no solamente de pan vivirá el hombre, sino de todo lo que sale de la boca de Dios”, Cristo dijo, cuando fue tentado por el diablo, cuando el diablo le dijo que si era Hijo de Dios convirtiera aquellas piedras en pan…; pues llevaba ya cuarenta días sin comer, estaba ayunando, y ahora tuvo hambre; y el diablo quería que convirtiera aquellas piedras en pan si era el Hijo de Dios7.

¿Y qué hubiera sucedido…? ¿Qué era lo que el diablo quería? Pues que si era Hijo de Dios las convirtiera en pan, se las comiera y se muriera; porque una persona que está sin comer por cuarenta días, si se come un pedazo de pan, se muere, porque su sistema digestivo no está funcionando por cuarenta días.

Y, vean ustedes, si era Hijo de Dios y hacía ese milagro, el diablo iba a saber que era el Hijo de Dios, pero se iba a morir con lo mismo que había hecho (si se comía aquellas piedras convertidas en pan); pero Jesús le dijo: “No solamente de pan vivirá el hombre, sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios”.

La boca de Dios son los profetas de Dios, y toda Palabra que sale de los profetas de Dios para el pueblo de Dios es alimento espiritual para el alma del ser humano.

Vean, toda persona diariamente come, porque sabe que si no come se debilita, se enflaquece y después se muere - se enferma y después se muere. Y ahora, toda persona necesita comer allá en lo profundo de su ser, en su alma, porque de otra forma su alma morirá, se enfermará y morirá.

¿Pero qué alimento se va a comer la persona? Hay solamente un alimento para el alma del ser humano, y esa es la Palabra de Dios, la Palabra que sale de la boca de Dios.

Y ahora, vamos a ver dónde conseguimos esa Palabra de Dios. En Deuteronomio, capítulo 18, verso 15 al 19, dice:

“Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis…”.

¿A quién dice el profeta Moisés que el pueblo está llamado a escuchar? Al profeta que Dios levante de en medio del pueblo. Dice:

“… conforme a todo lo que pediste a Jehová tu Dios en Horeb el día de la asamblea, diciendo: No vuelva yo a oír la voz de Jehová mi Dios, ni vea yo más este gran fuego, para que no muera (esto fue en el monte Sinaí, el monte Horeb).

Y Jehová me dijo (y aquí está hablando Moisés): Han hablado bien en lo que han dicho.

Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú (o sea, como Moisés); y pondré mis palabras en su boca (¿Dónde Dios coloca Sus palabras? En la boca del profeta que Él levanta), y él les hablará todo lo que yo le mandare”.

Todo lo que Dios le mande a hablar a ese profeta, ese profeta lo va a hablar, porque Dios ha colocado en su boca esa Palabra; y toda persona debe escuchar la Voz de Dios en ese profeta.

Hay personas que dicen: “A mí no me interesa escuchar la Palabra de Dios, a mí no me interesan las cosas de Dios, las cosas religiosas”. Toda persona tiene libre albedrío; y por cuanto toda persona tiene libre albedrío, toda persona decide si va a escuchar o no va a escuchar; nadie la puede obligar a escuchar o a no escuchar, porque toda persona es responsable delante de Dios por sí mismo.

Y ahora, ¿qué será de las personas que no escucharán? Bueno, vamos a leerlo aquí:

“Mas a cualquiera que no oyere mis palabras que él hablare en mi nombre, yo le pediré cuenta”.

Que se las arregle después con Dios, porque Dios es el que le va a pedir cuenta a la persona por no haber escuchado esa Palabra de Dios.

Y en el libro de los Hechos, capítulo 3, verso 22 al 23, aquí está siendo citado por San Pedro (está citado este pasaje), y dice:

“Porque Moisés dijo a los padres: El Señor vuestro Dios os levantará profeta de entre vuestros hermanos, como a mí; a él oiréis en todas las cosas que os hable;

y toda alma que no oiga a aquel profeta, será desarraigada del pueblo”.

Será desarraigada y pierde el derecho a pertenecer al pueblo de Dios, pierde el derecho a la vida eterna; y nadie quiere perder el derecho a vivir eternamente, y menos vivir en un cuerpo eterno como el que Dios tiene para el ser humano que escucha la Voz de Dios.

“El que oye mi palabra…”, dice Cristo, ¿qué tiene? Vamos a ver. En San Juan, capítulo 5, Cristo dice la bendición que hay para los que escuchan Su Palabra; dice (capítulo 5, verso 24):

“De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida”.

Ha pasado de muerte a vida. Cuando hemos nacido en esta Tierra hemos nacido en medio de una raza caída, en medio de una raza muerta espiritualmente con Dios; delante de Dios el ser humano se encuentra en esa condición caída; pero cuando recibe a Cristo como su Salvador y lava sus pecados en la Sangre de Cristo y recibe Su Espíritu Santo, esa persona ha sido pasada de muerte a vida eterna, tiene ya vida eterna esa persona cuando ha recibido a Cristo, y ya ha recibido un cuerpo teofánico de la sexta dimensión.

Y ahora, hemos visto dónde Dios coloca Su Palabra: en la boca del profeta que Él envía. Así fue en cada profeta que Dios envió, así fue también en Jesucristo, así fue en los apóstoles del Señor Jesucristo y así fue en los siete ángeles mensajeros de las siete edades de la Iglesia gentil.

San Pablo decía8: “No vivo ya yo, vive Cristo en mí”. La Palabra, el Mensaje que Pablo predicaba era el Mensaje de Cristo, la Palabra de Cristo para aquella primera edad en medio de los gentiles; y así ha sido de edad en edad a través de la manifestación de Jesucristo en Espíritu Santo en cada ángel mensajero.

Cristo dijo en San Juan, capítulo 10, versos 14 al 16:

“Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen,

así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas.

También tengo otras ovejas que no son de este redil (o sea, que no son del redil hebreo, son gentiles); aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor”.

¿Y cómo van a escuchar la Voz de Cristo, si Cristo murió, resucitó y ascendió al Cielo y está en el Trono de Dios, en el Templo que está en el Cielo, haciendo intercesión como Sumo Sacerdote allá? Por medio de la manifestación de Jesucristo en Espíritu Santo en Sus mensajeros, de edad en edad hemos estado escuchando la Voz de Cristo, Cristo ha estado hablándoles a Sus ovejas entre los gentiles y ha estado llamando y juntando a Sus hijos, los cuales tienen Sus nombres escritos en el Libro de la Vida del Cordero desde antes de la fundación del mundo.

Y la persona no sabe que tiene su nombre escrito allí hasta que escucha la Voz de Cristo en la edad que le toca vivir y llega ese Mensaje directamente a su alma y le estremece allí el alma; y despierta su alma, despierta de ese sueño espiritual, despierta a la realidad, y se da cuenta que Dios le está hablando directamente a su alma, se da cuenta que hay vida eterna después de la muerte, se da cuenta que aquí en la Tierra estamos viviendo solamente una temporada muy corta para un propósito divino.

No estamos aquí por mera casualidad, estamos aquí porque Dios nos ha enviado a vivir a este planeta Tierra una temporada para hacer contacto con Su Programa, para ocupar nuestra posición en el Cuerpo Místico de Cristo y ahí obtener vida eterna, para, después, cuando los muertos en Cristo resuciten en cuerpos eternos, los que vivimos ser transformados y tener el cuerpo eterno, y vivir con Cristo por toda la eternidad.

El que no hace contacto con Cristo y Su Programa correspondiente a la edad en que vive pierde el derecho a la vida eterna; pero Cristo dijo9: “Mis ovejas oyen mi Voz y me siguen”.

Por lo tanto, el Mensaje de Cristo en cada edad ha sido predicado, y los que son de Dios han escuchado Su Voz en la edad que les ha tocado vivir; nadie ha tenido que obligarlos a creer, porque ellos allá en su alma cuando escuchan la Voz de Cristo responden a ese llamado, su alma despierta y se da cuenta que es un hijo o una hija de Dios y dice: “Señor, ¿qué quieres que yo haga?”.

Como dijo Saulo de Tarso. Cuando se encontró con Jesucristo en aquella Luz y le habló, Saulo dijo10: “Señor, ¿qué quieres que yo haga?”.

Y Cristo le muestra Su Programa para el tiempo en que la persona está viviendo, cree en Cristo como su Salvador, lava sus pecados en la Sangre de Cristo, recibe el Espíritu de Cristo y así nace de nuevo, nace en el Cuerpo Místico de Cristo, viene a ser un miembro del Cuerpo Místico de Cristo (o sea, de la Iglesia de Jesucristo nuestro Salvador), y así es sellada la persona en el Reino de Dios con el Espíritu de Dios para vivir por toda la eternidad. Vean ustedes lo sencillo que es el Programa Divino.

Y ahora, ya han transcurrido siete etapas o siete edades de la Iglesia gentil. Este diagrama, usado por el reverendo William Branham, representa a la Iglesia de Jesucristo pasando por sus diferentes etapas, y aquí tenemos los mensajeros de cada una de esas etapas; y ya para el Día Postrero llegamos a la Edad de Oro de la Iglesia de Jesucristo, que es la Edad de la Piedra Angular.

Para cada edad del pasado hubo un territorio donde se cumplió cada edad y donde Dios llamó a Sus escogidos, y a medida que fue pasando el tiempo Cristo fue moviéndose en Espíritu Santo de territorio en territorio y de mensajero en mensajero, llamando y juntando a Sus escogidos en los diferentes tiempos y edades y diferentes territorios.

¿Y ahora dónde Cristo está llamando y juntando a Sus escogidos? Miren, la primera edad de la Iglesia gentil se cumplió en Asia Menor, y San Pablo fue el mensajero; la segunda se cumplió en Francia, e Ireneo fue el mensajero; la tercera en Hungría y en Francia, y Martin fue el mensajero; la cuarta fue en Irlanda y Escocia, y Colombo fue el mensajero; la quinta fue en Alemania, y Lutero fue el mensajero; la sexta fue en Inglaterra, y Wesley fue el mensajero; la séptima fue en Norteamérica, y el reverendo William Branham fue el mensajero. En esos mensajeros Cristo estuvo manifestado llamando y juntando a Sus escogidos, llamando y juntando a Sus ovejas.

Y ahora, ¿dónde Cristo está llamando y juntando a Sus ovejas?, ¿dónde cumple Cristo la Edad de la Piedra Angular? Pues miren, la buena noticia es que es en la América Latina y el Caribe en donde Cristo se manifiesta como el relámpago resplandeciendo y alumbrándonos lo profundo de nuestra alma y de nuestro entendimiento, para así comprender Su Programa correspondiente a nuestro tiempo, para así escuchar Su Voz y ser llamados y juntados en este tiempo final, en la etapa de la Edad de la Piedra Angular, y así completarse el Cuerpo Místico de Cristo en este Día Postrero con latinoamericanos y caribeños.

Y esto sí que es una buena noticia para todos los latinoamericanos y caribeños: que Cristo completará Su Cuerpo Místico de creyentes, Su Iglesia, con latinoamericanos y caribeños.

Y los latinoamericanos y caribeños creían que Dios se había olvidado de ellos porque no pertenece a las naciones desarrolladas como estas naciones de Europa o Norteamérica, sino que está un poquito más atrasada en algunos campos; pero en cuanto a las cosas de Dios, en cuanto al Programa de Dios, es la que va a la cabeza de todas las naciones, porque es en la América Latina y el Caribe donde Cristo está llamando y juntando a todos Sus escogidos.

Y ahora, es en la América Latina y el Caribe en donde la Voz de Cristo, esa Gran Voz de Trompeta o Trompeta Final de Apocalipsis, capítulo 1 y verso 10 al 11, nos habla y nos llama. Dice Juan:

“Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor (recuerden que el Día del Señor es el Día Postrero, el cual es el séptimo milenio), y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta,

que decía: Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último”.

¿Quién es el Alfa y Omega?, ¿quién es el primero y el último? Nuestro amado Salvador Jesucristo. Es la Voz de Jesucristo hablándonos en este Día Postrero.

Ahora, ¿cómo nos va a estar hablando?, ¿por medio de quién estará hablándonos? En Apocalipsis, capítulo 4, verso 1, dice las cosas que estará hablando, las cosas que estará dando a conocer:

“Después de esto miré, y he aquí una puerta abierta en el cielo; y la primera voz que oí, como de trompeta, hablando conmigo, dijo: Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de éstas”.

¿Y cómo vamos a subir y a dónde vamos a subir? Vamos a subir a la Edad de la Piedra Angular, donde Cristo estará hablándonos con esa Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino y estará mostrándonos todas estas cosas que deben suceder en este tiempo final.

¿Y por medio de quién estará mostrándonos todas estas cosas (porque siempre la boca de Dios han sido los profetas de Dios)? En Apocalipsis, capítulo 22, verso 6, tenemos la respuesta a esa pregunta:

“Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto”.

¿A quién ha enviado? A Su Ángel Mensajero. ¿Para qué? Para mostrar a Sus siervos las cosas que deben suceder pronto.

Es aquí, en la Edad de la Piedra Angular, donde envía Su Ángel Mensajero, así como envió en las siete edades a siete mensajeros a través de los cuales le habló a Su pueblo y llamó y juntó a Sus escogidos en el Cuerpo Místico de Cristo.

Y aquí, en la Edad de la Piedra Angular, envía Su Ángel Mensajero para darle a conocer a la gente, a todos los hijos e hijas de Dios, todas estas cosas que deben suceder pronto, y así llama y junta a Sus escogidos en la Edad de la Piedra Angular; y esta es la edad que corresponde a los latinoamericanos y caribeños. Es a los latinoamericanos y caribeños que les envía Su Ángel Mensajero dándoles a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto.

Y en Apocalipsis, capítulo 22, verso 16, dice:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias”.

¿Para dar testimonio de qué cosas? De todas estas cosas que deben suceder pronto; para eso envía Su Ángel Mensajero, lo envía para todas las iglesias.

Es un profeta mensajero dispensacional con el Mensaje del Evangelio del Reino, revelándoles a todas las iglesias y a todos los seres humanos todas estas cosas proféticas que están en el libro del Apocalipsis que deben suceder.

El libro del Apocalipsis es un libro simbólico y contiene en esos símbolos todas las cosas que deben suceder en este tiempo final, como también contiene los símbolos de las cosas que sucederían durante todo este tiempo de Cristo hacia acá.

Y ahora, para el Día Postrero Él envía Su Ángel Mensajero para darnos testimonio de todas estas cosas que deben suceder pronto.

Y ahora, Él ha prometido darnos el Maná escondido. ¿Y qué es el Maná escondido?, porque todos queremos comer de ese Maná escondido. Cristo es el Maná escondido, Cristo es la Palabra.

Y ahora, el maná escondido en el tabernáculo que construyó Moisés ¿dónde estaba? Estaba en el lugar santísimo, dentro del arca del pacto. Y en este diagrama tenemos las siete etapas o edades de la Iglesia gentil y la Edad de la Piedra Angular. Las siete edades de la Iglesia gentil corresponden al Lugar Santo del Templo espiritual de Cristo, porque Jesucristo ha estado construyendo un Nuevo Templo.

Ya no se necesita el templo de Moisés, tampoco se necesita el templo de Salomón, sino que Jesucristo ha estado construyendo un Nuevo Templo con seres humanos; y por eso es que han estado siendo llamados y juntados los hijos e hijas de Dios: para venir a formar parte de ese Templo espiritual.

Por eso es que San Pedro, hablándonos de ese Templo, nos dice en el capítulo 2 de su primera carta, verso 4 en adelante:

“Acercándoos a él, piedra viva (o sea, acercaos a Cristo, Piedra viva), desechada ciertamente por los hombres (fue desechada en Su Primera Venida), mas para Dios escogida y preciosa,

vosotros también, como piedras vivas…”.

Ahora, nosotros somos piedras vivas así como Cristo es una Piedra viva; una piedra viva: un ser vivo representado en piedras, pero ahora son piedras vivas.

Y ahora, ¿qué va a hacer con estas piedras vivas? Dice:

“… vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo”.

Y ahora, cada uno de nosotros como individuos somos una piedra viva para ser un Templo santo para el Señor como individuo y para venir a formar parte de ese Templo espiritual, que es la Iglesia del Señor Jesucristo; y Él ha estado llamando seres humanos (que son piedras vivas) y los ha estado colocando en ese Templo espiritual que Él ha estado construyendo; y con todos los escogidos que Él llamó y juntó en las siete etapas o edades de la Iglesia gentil, formó el Lugar Santo de ese Templo espiritual.

Y para el Día Postrero, con todos los escogidos que Él llama y junta en la Edad de la Piedra Angular, forma el Lugar Santísimo de Su Templo espiritual, la parte más importante de Su Templo espiritual. La parte más importante de la Iglesia de Jesucristo es la Edad de la Piedra Angular, y el pueblo en quien se cumple esa Edad de la Piedra Angular es el pueblo latinoamericano y caribeño.

Así que la bendición más grande del Templo de Jesucristo la tiene Jesucristo (¿dónde?) en la América Latina y el Caribe, en medio de un pueblo sencillo y humilde pero que ama a Dios y cree en Dios, tiene fe en Dios y sabe que Dios está con nosotros. No importa las situaciones difíciles por las cuales pase la América Latina, Dios está con la América Latina y el Caribe, está con los latinoamericanos y caribeños, y está construyendo el Lugar Santísimo de Su Templo espiritual.

Y ahora, ¿dónde estaba el maná escondido en el tabernáculo que construyó Moisés? Estaba en el lugar santísimo; y es en el Lugar Santísimo del Templo espiritual de Cristo donde estará el Maná escondido, y estará siendo dado a todos los hijos e hijas de Dios. Y ese Maná escondido, miren ustedes, es el alimento espiritual que no se corromperá; porque el maná escondido, mientras estuviera en el lugar santísimo, permanecería allí intacto, porque estaba en la presencia de Dios.

Y ahora, el Maná escondido, que es la Palabra, que es Cristo, la Palabra, estará manifestado en el Día Postrero en la revelación de Jesucristo para el Día Postrero.

La revelación de Jesucristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores, en el Día Postrero viniendo a Su Iglesia en la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino; esa revelación, la revelación de Jesucristo para el Día Postrero, es el Maná escondido para todos los hijos e hijas de Dios; y la revelación de Jesucristo para el Día Postrero es la Segunda Venida de Cristo.

Ese es el alimento espiritual que en edades y dispensaciones pasadas ningún ser humano se pudo comer. ¿Por qué? Porque para las edades pasadas el alimento espiritual que el pueblo de Dios ha estado comiendo es el alimento espiritual de la Palabra de la Primera Venida de Cristo como el Cordero de Dios quitando el pecado del mundo en la Cruz del Calvario; y ese es un alimento espiritual para nuestra alma, pero hay un alimento espiritual que ha estado escondido de los seres humanos, y es la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo.

Y eso es alimento espiritual, eso es Maná escondido, esa es la revelación divina que Cristo les dará a todos los hijos e hijas de Dios del Día Postrero en la Edad de la Piedra Angular, en adición a la revelación divina de la Primera Venida de Cristo.

Primero tenemos que tener la revelación divina de la Primera Venida de Cristo y haber recibido a Cristo como nuestro Salvador y haber lavado nuestros pecados en la Sangre de Cristo.

¿Para qué una persona quiere la Segunda Venida de Cristo si no recibe primero la Primera Venida de Cristo y los beneficios de la Primera Venida de Cristo?

Hay que recibir primero la Primera Venida de Cristo y Su Obra de Redención en la Cruz del Calvario —y así recibir a Cristo como nuestro Salvador, lavar nuestros pecados en la Sangre de Cristo y recibir Su Espíritu Santo— para después recibir la revelación de la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo, donde reclamará a todos aquellos que Él ha redimido con Su Sangre preciosa, que son aquellos que le han recibido como su Salvador; los cuales en el Día Postrero, si permanecen vivos hasta que los muertos en Cristo resuciten, cuando veamos a los muertos en Cristo resucitados nosotros seremos transformados.

Ahora, para el Día Postrero, los escogidos que serán transformados primeramente han comido el alimento espiritual de Cristo, de la Primera Venida de Cristo, así como encontramos que el pueblo hebreo estuvo comiendo maná del cielo durante cuarenta años; pero hubo un alimento, un maná, que estaba escondido en el lugar santísimo, y ese maná escondido representa la Segunda Venida de Cristo siendo revelada a todos los hijos e hijas de Dios.

Y para el Día Postrero estaremos recibiendo esa revelación y nos la estaremos comiendo allá en nuestra alma; y eso será estar comiendo del Maná escondido, para en el Día Postrero ser transformados conforme a la Palabra de Cristo.

Ahora podemos ver que es para el Día Postrero, para el tiempo de la Venida de la Piedrecita blanca; vean ustedes, dice: “Al que venciere, yo le daré del Maná escondido, y le daré una Piedrecita blanca…”. Vamos a ver, en el capítulo 2, verso 17 (que leímos al principio), está:

“El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, daré a comer del maná escondido, y le daré una piedrecita blanca, y en la piedrecita escrito un nombre nuevo, el cual ninguno conoce sino aquel que lo recibe”.

La Piedrecita blanca es la Segunda Venida de Cristo.

El Nombre Nuevo que trae la Piedrecita blanca, vean ustedes… Vamos a ver aquí en Apocalipsis, capítulo 3, verso 12, que nos habla también de un Nombre Nuevo para que tengamos el cuadro claro; dice:

“Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo, de mi Dios, y mi nombre nuevo”.

El Señor Jesucristo da testimonio que Él tiene un Nombre Nuevo; ese es el Nombrecito Nuevo en la Piedrecita blanca. Y la Piedrecita blanca es la Segunda Venida de Cristo, es la Piedra Angular que los edificadores desecharon en Su Primera Venida.

En Su Segunda Venida viene con un Nombre Nuevo, que ninguno conoce. Siendo un Nombre Nuevo no es el nombre Jesús, porque el nombre Jesús todo el mundo lo conoce.

Y ahora, ese es un misterio para ser revelado en la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino para todos los que estarán comiendo el Maná escondido, para todos aquellos que estarán escuchando la Voz de Cristo por medio de Su Ángel Mensajero, que es el enviado por Cristo (¿para qué?) para dar testimonio de todas estas cosas que deben suceder pronto, en el Día Postrero; para dar testimonio de la Segunda Venida de Cristo, de la Venida de esa Piedra no cortada de manos con ese Nombre Nuevo; para dar testimonio del Programa de Dios correspondiente al Día Postrero, para dar testimonio del llamado de la Gran Voz de Trompeta, para dar testimonio del Maná escondido, de qué es el Maná escondido, y así por el estilo, para dar testimonio de todo el Programa Divino correspondiente al Día Postrero.

Ahora, hemos visto el misterio del Maná escondido: es la revelación de la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo; y el Séptimo Sello (de Apocalipsis, capítulo 8, verso 1) es la Segunda Venida de Cristo, que cuando fue abierto en el Cielo causó silencio como por media hora.

Dice así Apocalipsis, capítulo 8, verso 1:

“Cuando abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el cielo como por media hora”.

Esa es la Segunda Venida de Cristo. La Segunda Venida de Cristo ocasiona que en el Cielo haya silencio como por media hora.

Cuando fue abierto ese misterio en el Cielo, todos en el Cielo guardaron silencio para que el enemigo de Dios, el diablo, no conociera ese misterio y no interrumpiera el cumplimiento de la Segunda Venida de Cristo, no interrumpiera el cumplimiento de la Venida de la Piedra no cortada de manos con un Nombre que ninguno conocía.

Hemos visto que para este tiempo final todo este misterio del Séptimo Sello y del Maná escondido sería revelado porque Dios enviaría Su Ángel Mensajero para dar testimonio de todas estas cosas que deben suceder pronto; y así Cristo por medio de Su Ángel Mensajero nos abriría las Escrituras y nos mostraría el significado de todos estos misterios apocalípticos correspondientes a este tiempo final; y veríamos, comprenderíamos entonces, todo el Programa Divino correspondiente a este tiempo final.

Y esto es para la Edad de la Piedra Angular, que corresponde a la América Latina y el Caribe en la construcción del Templo espiritual de Cristo, en la parte del Lugar Santísimo, que le ha tocado a la América Latina y el Caribe.

Por eso es que yo oro por la América Latina y el Caribe, para que le permita entrar al glorioso Reino Milenial de Cristo, y no sea destruida la América Latina y el Caribe con los juicios divinos que han de venir sobre la Tierra durante la gran tribulación.

Yo amo a la América Latina y el Caribe y pido a Cristo que la libre de esos juicios divinos que han de venir, que le permita sobrevivir a la gran tribulación y entrar al Reino Milenial de nuestro amado Señor Jesucristo, ¡y que se llene el glorioso Reino Milenial de latinoamericanos y caribeños! Pues es en la América Latina y el Caribe donde Cristo está construyendo el Lugar Santísimo de Su Templo espiritual; por lo tanto, que la bendición del Lugar Santísimo del Templo espiritual de Cristo venga también sobre los latinoamericanos y caribeños y sobre todo el territorio latinoamericano y caribeño, y pueda entrar al glorioso Reino Milenial de nuestro amado Señor Jesucristo.

Esa es la petición mía delante de Dios, de todo corazón, para la América Latina y el Caribe.

Ya los demás lugares no tienen un mensajero que ore por esos lugares donde se cumplieron esas edades, pero la América Latina y el Caribe sí tiene gente que ore por la América Latina y el Caribe: tiene a todos ustedes y a mí también orando por el territorio latinoamericano y caribeño.

Hemos llegado al tiempo final, hemos llegado al tiempo en donde el misterio del Séptimo Sello ha estado siendo abierto y en donde el Maná escondido ha estado siendo dado a los latinoamericanos y caribeños en la Edad de la Piedra Angular, en donde todos hemos estado escuchando la Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta llamando y juntando a todos los escogidos de Dios.

Cristo dijo en San Mateo, capítulo 24, verso 31:

“Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos…”.

Esa Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino revelando el misterio de la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo. Y así, con ese misterio revelado, llamando y juntando a todos los escogidos de Dios. Eso es lo que está sucediendo actualmente en la América Latina y el Caribe.

Este es el territorio de la bendición de Dios en el Cuerpo Místico de Cristo en este Día Postrero, este es el territorio donde las bendiciones de Jesucristo vienen sobre Su Iglesia para pronto los muertos en Cristo ser resucitados y nosotros los que vivimos ser transformados e ir con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Por eso es que Él envía en el Día Postrero a Su Ángel Mensajero:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias”.

Ese es el Ángel Mensajero de la Edad de la Piedra Angular y de la Dispensación del Reino. Es un profeta dispensacional con el Mensaje del Evangelio del Reino, que es el Mensaje de la Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta llamando y juntando a todos los escogidos de Dios y revelándoles este misterio del Séptimo Sello, el misterio de la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo; y así dándonos el Maná escondido en la Edad de la Piedra Angular, en la Edad del Lugar Santísimo del Templo espiritual de Jesucristo.

Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes dándoles testimonio de “EL SÉPTIMO SELLO Y EL MANÁ ESCONDIDO”.

Que las bendiciones de nuestro amado Señor Jesucristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también, y que siempre nos alimente con Su Palabra, el Maná escondido, nuestra alma; y que pronto los muertos en Cristo resuciten y nosotros los que vivimos seamos transformados. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Dejo nuevamente al reverendo Miguel Bermúdez Marín con nosotros. Muchas gracias, y pasen todos muy buenas tardes.

“EL SÉPTIMO SELLO Y EL MANÁ ESCONDIDO”.

[Revisado marzo 2019]

1 1 Crónicas 22:7-10, 28:2-7

2 Romanos 6:23

3 Éxodo 16:32-34

4 San Mateo 24:1-2, 24:15; San Marcos 13:1-2, 13:14; San Lucas 21:5-6, 21:20-22

5 San Juan 11:25

6 San Mateo 16:26

7 San Mateo 4:3-4

8 Gálatas 2:20

9 San Juan 10:27

10 Hechos 9:6

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