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Muy buenas noches, amables amigos y hermanos aquí en la República de El Salvador, aquí reunidos en esta ocasión. Que las bendiciones de Jesucristo, el Ángel del Pacto, sean sobre cada uno de ustedes, amigos y hermanos presentes y radioyentes, y que Él nos ayude en esta ocasión para poder comprender Su Palabra correspondiente a este tiempo final.

Dice en San Lucas, capítulo 12, versos 35 al 44, de la siguiente manera… Y quiero leer esta escritura, San Lucas, capítulo 12, versos 35 al 44; vamos a leer esa escritura, donde dice… Esta escritura habla de la Venida del Hijo del Hombre, y ese es el tema más importante para la raza humana en este Día Postrero. Y ahora, vamos a ver lo que nos dice aquí acerca de la Venida del Hijo del Hombre para este tiempo final. Dice:

“Estén ceñidos vuestros lomos, y vuestras lámparas encendidas;

y vosotros sed semejantes a hombres que aguardan a que su señor regrese de las bodas, para que cuando llegue y llame, le abran en seguida.

Bienaventurados aquellos siervos a los cuales su señor, cuando venga, halle velando; de cierto os digo que se ceñirá, y hará que se sienten a la mesa, y vendrá a servirles.

Y aunque venga a la segunda vigilia, y aunque venga a la tercera vigilia, si los hallare así, bienaventurados son aquellos siervos.

Pero sabed esto, que si supiese el padre de familia a qué hora el ladrón había de venir, velaría ciertamente, y no dejaría minar su casa.

Vosotros, pues, también, estad preparados, porque a la hora que no penséis, el Hijo del Hombre vendrá.

Entonces Pedro le dijo: Señor, ¿dices esta parábola a nosotros, o también a todos?

Y dijo el Señor: ¿Quién es el mayordomo fiel y prudente al cual su señor pondrá sobre su casa, para que a tiempo les dé su ración?

Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así.

En verdad os digo que le pondrá sobre todos sus bienes”.

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Nuestro tema para esta ocasión es: “EL SÉPTIMO SELLO Y LA CUARTA VIGILIA”.

El Séptimo Sello es la Segunda Venida de Cristo. Por eso es que cuando en Apocalipsis, capítulo 8, verso 1, se abrió el Séptimo Sello, causó silencio en el Cielo como por media hora. Dice así Apocalipsis, capítulo 8, verso 1:

“Cuando abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el cielo como por media hora”.

Este es el evento más importante que estaba reservado en la mente de Dios; y nunca antes fue revelado a la raza humana, ni a los ángeles, pues Cristo —hablando acerca de este evento de la Venida del Hijo del Hombre— dice que nadie ni en el Cielo ni en la Tierra conocía. En San Marcos, capítulo 13, nos habla acerca de este gran evento, y dice (capítulo 13, verso 26 en adelante, dice):

“Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en las nubes con gran poder y gloria.

Y entonces enviará sus ángeles…”.

¿Y entonces qué?

“… enviará sus ángeles, y juntará a sus escogidos de los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo.

De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca.

Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas.

De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca.

El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

Pero de aquel día y de la hora nadie sabe, ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre.

Mirad, velad y orad; porque no sabéis cuándo será el tiempo.

Es como el hombre que yéndose lejos, dejó su casa, y dio autoridad a sus siervos, y a cada uno su obra, y al portero mandó que velase.

Velad, pues, porque no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa; si al anochecer, o a la medianoche, o al canto del gallo, o a la mañana;

para que cuando venga de repente, no os halle durmiendo.

Y lo que a vosotros digo, a todos lo digo: Velad”.

¿Velar por qué? Por la Venida del Hijo del Hombre.

¿Cómo estaban velando los pastores que recibieron la visita del Arcángel Gabriel con sus huestes celestiales cuando Jesús nació en Belén de Judea? Vean, hubo pastores allí velando las vigilias allí de la noche cuando apareció nuestro amado Señor Jesucristo allí en Belén de Judea, naciendo como estaba en la profecía. Dice capítulo… El capítulo 2, verso 8 en adelante, dice… Vamos a ver: Capítulo 2, verso 1 en adelante, dice [San Lucas]:

“Aconteció en aquellos días, que se promulgó un edicto de parte de Augusto César, que todo el mundo fuese empadronado (esto es un censo).

Este primer censo se hizo siendo Cirenio gobernador de Siria.

E iban todos para ser empadronados, cada uno a su ciudad.

Y José subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por cuanto era de la casa y familia de David;

para ser empadronado con María su mujer, desposada con él, la cual estaba encinta.

Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días de su alumbramiento.

Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.

Había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño.

Y he aquí, se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y tuvieron gran temor.

Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo:

que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor.

Esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre.

Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían:

¡Gloria a Dios en las alturas,

Y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!

Sucedió que cuando los ángeles se fueron de ellos al cielo, los pastores se dijeron unos a otros: Pasemos, pues, hasta Belén, y veamos esto que ha sucedido, y que el Señor nos ha manifestado.

Vinieron, pues, apresuradamente, y hallaron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre.

Y al verlo, dieron a conocer lo que se les había dicho acerca del niño.

Y todos los que oyeron, se maravillaron de lo que los pastores les decían.

Pero María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.

Y volvieron los pastores glorificando y alabando a Dios por todas las cosas que habían oído y visto, como se les había dicho”.

Ahora, vean ustedes este gran momento, en donde vinieron los ángeles del Cielo con este Ángel poderoso, los cuales vinieron glorificando a Dios, cantando a Dios estas huestes celestiales, alabando a Dios, y diciendo:

“¡Gloria a Dios en las alturas,

Y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!”.

Y el Ángel principal allí les dio la noticia que había ya nacido en Belén de Judea el Salvador, el Cristo.

Y ahora, aquellos pastores que velaban las vigilias de la noche, encontramos que recibieron esas buenas noticias.

Y ahora, Cristo dice que velemos para que cuando llegue ese momento no estemos dormidos.

Y los pastores que en las diferentes etapas de la Iglesia de Jesucristo les ha tocado estar trabajando en la Obra de Dios, en la Obra de Cristo, han tenido que estar vigilando por la Segunda Venida de Cristo, la Venida del Hijo del Hombre; porque Cristo dijo que estuvieran vigilando. Y si Él dijo que estuvieran vigilando, en verdad se requiere que toda persona esté vigilando; dice que vigilemos para que no nos encuentre dormidos.

Es muy importante estar despiertos en la Venida del Hijo del Hombre en este Día Postrero, porque el que esté dormido espiritualmente no verá la Venida del Hijo del Hombre. Dice:

“Mirad, velad y orad; porque no sabéis cuándo será el tiempo”.

Dice:

“Y lo que a vosotros digo, a todos lo digo: Velad”.

Velad vigilando la Venida del Hijo del Hombre.

Y así han estado los ángeles mensajeros de las siete edades de la Iglesia gentil, a los cuales les fue dada la labor en el Rebaño del Señor, de estar alimentando las ovejas de edad en edad, como aparece en este diagrama que representa a la Iglesia de Jesucristo y sus mensajeros, comenzando con San Pablo. Ellos, aun estando en el tiempo allá, estaban vigilando por la Venida del Señor; aunque San Pablo tenía un conocimiento muy claro de que la Venida del Señor no podía ser cumplida hasta suceder ciertas cosas.

Ahora, estos ángeles mensajeros, vean, son los que han recibido autoridad de edad en edad para estar en la Casa de Dios alimentando a los hijos e hijas de Dios:

“Es como el hombre que yéndose lejos, dejó su casa, y dio autoridad a sus siervos, y a cada uno su obra, y al portero mandó que velase”.

Ahora, veamos aquí algo muy importante con relación a esta promesa de Dios. Él habla aquí de una persona que estará frente al trabajo de Cristo, de la Obra de Cristo, pero que estará colocado ahí para el Día Postrero.

Y ahora, el portero también tiene la orden de estar vigilando:

“… y al portero mandó (¿que qué?)…”.

“… y al portero mandó que velase”.

Ahora, a través de la Escritura podemos ver… Vamos a ver en un pasaje muy importante (ya se los voy a tener listo, este pasaje).

San Lucas, capítulo 13, verso 25, dice algo acerca del portero. Vamos a comenzar un poquito antes: verso 22 en adelante dice… San Lucas, capítulo 13, verso 22 en adelante, dice:

“Pasaba Jesús por ciudades y aldeas, enseñando, y encaminándose a Jerusalén.

Y alguien le dijo: Señor, ¿son pocos los que se salvan? Y él les dijo:

Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán.

Después que el padre de familia se haya levantado y cerrado la puerta, y estando fuera empecéis a llamar a la puerta, diciendo: Señor, Señor, ábrenos, él respondiendo os dirá: No sé de dónde sois”.

Aquí podemos ver que el Padre de Familia es Cristo. Porque por medio del primer Adán viene todo ser humano a esta Tierra... Vean ustedes, aparece en la descendencia de Adán y Eva (aunque la raza está mezclada, pero son colocados como descendientes del primer Adán); y por cuanto el primer Adán pecó, toda la raza está condenada a causa de ese pecado; y la paga del pecado es muerte, o sea que la raza humana está condenada a muerte. Pero por medio del segundo Adán, Cristo nuestro Salvador, sucede un milagro muy grande en la vida de estas personas que aparecen en la Tierra y están condenados a muerte.

Dice San Juan, capítulo 5, verso 24 en adelante:

“De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida”.

Vean cómo se pasa de muerte a vida. Vean cómo se pasa de una raza caída, sentenciada a la muerte y que vive en muerte, que está en muerte, cómo se pasa a una nueva raza que está con vida eterna, de la cual el segundo Adán, Jesucristo, es la cabeza.

Así como Adán es la cabeza de la raza caída, sentenciada a muerte y que se encuentra en muerte, Cristo es la cabeza de una nueva raza; Él es el principio de la Creación de Dios1, de esa nueva raza que se encuentra con vida eterna.

Y por eso cuando la persona recibe a Cristo como su Salvador y lava sus pecados en la Sangre de Cristo y recibe Su Espíritu Santo, ha recibido vida eterna; ha sido pasado de una raza caída, que está en muerte, a una raza nueva con vida eterna; y así como vino como un descendiente de Adán, ahora en la nueva raza viene como un descendiente de Jesucristo; y Jesucristo, vean ustedes, es la cabeza de esa nueva raza.

Y Jesucristo, vean ustedes, en San Juan, capítulo 1, verso 1 al 18, nos dice:

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.

Éste era en el principio con Dios.

Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.

En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres”.

Y ahora, el verso… eso fue hasta el verso 4. Y ahora, del verso 9 en adelante, dice:

“Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo”.

Ahora, ¿cómo venía a este mundo? Venía a este mundo en carne humana.

“En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció.

A lo suyo vino (o sea, al pueblo hebreo), y los suyos no le recibieron.

Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;

los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón (o sea, no son engendrados por medio de papá y mamá), sino de Dios (eso nos habla del nuevo nacimiento).

Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros…”.

El Verbo, que era con Dios y era Dios, se hizo carne y apareció como un hombre de esta dimensión en medio del pueblo hebreo, y fue conocido por el nombre de Jesús. Él era nada menos que el Verbo hecho carne, el Verbo vestido de carne humana, de ese cuerpo que Él se creó en el vientre de María, donde creó una célula de vida, la cual se multiplicó célula sobre célula y se formó así el cuerpo de Jesús, el cual nació en Belén de Judea en los días del rey Herodes.

Ahora podemos ver que el Verbo —que es el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, el mismo Dios creador de los Cielos y de la Tierra— se hizo hombre y vivió en medio de los seres humanos; y vino a ser Emanuel, conforme a la profecía de Isaías, capítulo 7 y verso 14, donde nos dice que el mismo Señor dará una señal al pueblo hebreo. Capítulo 7, verso 14, de Isaías, dice:

“Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel (que traducido es: Dios con nosotros)”.

Ahora podemos ver ese gran evento, el cual fue el evento de la Primera Venida de Cristo, el evento de la Primera Venida del Ángel del Pacto hecho carne en medio de los seres humanos, en un cuerpo creado por Dios en el vientre de María.

Y ahora, podemos ver que Su Venida ha sido el evento más grande que ha sucedido en estos años y siglos y milenios pasados. Y el segundo evento más importante es la Segunda Venida de Cristo, prometida para ser cumplida en este tiempo final.

¿Y qué fue la Primera Venida de Cristo? Fue la Venida del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová, del mismo Dios velado en un cuerpo de carne llamado Jesús.

En aquel joven carpintero de Nazaret ¿estaba quién? El Ángel de Jehová, el Ángel del Pacto, manifestado dentro de Él, y estaba llevando a cabo la Obra correspondiente a la Primera Venida del Mesías; y por esa causa pudo cumplir todas las promesas mesiánicas correspondientes a la Primera Venida de Cristo.

Por eso Él decía que las obras que Él hacía no eran de Él, sino del Padre, y que el Padre era el que obraba a través de Él2. Era el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, el que estaba llevando a cabo esa Obra correspondiente a la Primera Venida de Cristo: la Obra de Cordero de Dios para llevar a cabo la redención del ser humano en la Cruz del Calvario.

Y en Su Venida Él tenía un sinnúmero de cosas para realizar, como los milagros que realizó y la predicación del Evangelio; y al final, la muerte del velo de carne en donde estaba el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, manifestado.

Ese cuerpo fue ofrecido en sacrificio para Su Sangre limpiar nuestros pecados y así obtener la reconciliación con Dios todo hijo e hija de Dios. Sin esa Obra gloriosa de Cristo en la Cruz del Calvario, ningún ser humano podía ser reconciliado con Dios.

Ahora, por medio de creer en Jesucristo como nuestro Salvador, recibirlo como nuestro Salvador y lavar nuestros pecados en Su Sangre y recibir Su Espíritu Santo, obtenemos el nuevo nacimiento; y así como hemos nacido en una familia terrenal por medio de papá y mamá terrenal, ahora nacemos en la Familia celestial, en la Familia del Cielo, que es la Familia de Dios: los hijos e hijas de Dios.

Y por eso es que Cristo le dijo a Nicodemo que era necesario nacer de nuevo para ver (o sea, para entender) el Reino de Dios o Reino de los Cielos; y le dijo que era necesario nacer del Agua y del Espíritu para entrar al Reino de Dios.

Ninguna persona puede entrar al Reino de Dios si no ha recibido a Cristo como su Salvador y ha lavado sus pecados en la Sangre de Cristo y ha recibido Su Espíritu Santo, porque esa es la forma establecida por Dios para nacer en el Reino de Dios, nacer en el Cuerpo Místico de Cristo, en la Iglesia de Jesucristo, y así tener la bendición de haber nacido como un hijo o una hija de Dios en el Reino de Dios.

Y ahora, San Pablo dice para las personas que han obtenido ese nuevo nacimiento, en el capítulo 2 de su carta a los Efesios, dice (verso 19 al 22):

“Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios,

edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo,

en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor;

en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu”.

Ahora, estamos siendo edificados en la Casa de Dios, en la Iglesia de Jesucristo, como “un templo santo en el Señor”.

Como individuos somos un templo, el templo de Dios como individuos; y también como parte del Cuerpo Místico de Cristo pertenecemos al Templo de Dios, a la Casa de Dios, que es la Iglesia del Señor Jesucristo.

Y de etapa en etapa Cristo va llamando y juntando a Sus escogidos y los va colocando (¿dónde?) en Su Casa, que es Su Iglesia y que es también el Redil de todos los hijos e hijas de Dios, porque ese es el Redil de nuestro amado Señor Jesucristo. Y Él dijo en San Juan, capítulo 10, verso 14 al 16:

“Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen,

así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas.

También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor.

Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar.

Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre”.

Ahora vean que Él dice que tiene otras ovejas que no son del redil hebreo; dice: “… aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor”.

¿Y cómo lo va a hacer Jesucristo, si Él murió, resucitó y ascendió al Cielo? Él en Espíritu Santo descendió el Día de Pentecostés, y del Día de Pentecostés en adelante ha estado en la Tierra en Espíritu Santo manifestado; y de edad en edad ha estado manifestado en cada ángel mensajero, y a través de cada ángel mensajero Él ha estado llamando y juntando Sus ovejas; pues el Mensaje de cada ángel mensajero de las diferentes edades o etapas de la Iglesia es la Voz del Buen Pastor, la Voz de Cristo, llamando y juntando Sus ovejas ¿dónde? En Su Iglesia, Su Cuerpo Místico de creyentes, que es el Redil del Señor Jesucristo para Sus ovejas.

Y por eso cuando en la edad que le toca vivir a una persona recibe el Mensaje de Dios para esa edad (el cual viene por medio del mensajero de esa edad), ¿está escuchando qué? La Voz de Cristo, la Voz del Buen Pastor, el cual está pastoreando Sus ovejas de edad en edad, y está llamando y juntando a todas Sus ovejas.

Y Su Redil, Su Rebaño, vean ustedes, es Su Iglesia. Y el privilegio más grande de un ser humano que vive en esta Tierra es pertenecer al Redil del Señor Jesucristo, para lo cual Cristo llama y junta a toda persona que tiene su nombre escrito en el Libro de la Vida del Cordero desde antes de la fundación del mundo, porque Él tiene en el Libro de la Vida del Cordero escrito el nombre de cada una de Sus ovejas; pues Él dijo en San Juan, capítulo 10, verso 1 en adelante:

“De cierto, de cierto os digo: El que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, ése es ladrón y salteador.

Mas el que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es.

A éste abre el portero, y las ovejas oyen su voz; y a sus ovejas llama por nombre, y las saca”.

Vean: “a Sus ovejas llama (¿cómo?) por nombre, y las saca”.

Ahora vean por qué Él tiene el nombre de cada una de Sus ovejas escrito (¿dónde?) en el Libro de la Vida del Cordero.

Él dice que Él conoce Sus ovejas y Sus ovejas lo conocen a Él. Vamos a ver si encontramos esto. Él dice [verso 6]:

“Esta alegoría les dijo Jesús; pero ellos no entendieron qué era lo que les decía”.

Ahora vean [verso 4]:

“… va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz.

Mas…”.

[Verso 4] “Y cuando ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz.

Mas al extraño no seguirán, sino huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.

Esta alegoría les dijo Jesús; pero ellos no entendieron qué era lo que les decía.

Volvió, pues, Jesús a decirles: De cierto, de cierto os digo: Yo soy la puerta de las ovejas.

Todos los que antes de mí vinieron, ladrones son y salteadores; pero no los oyeron las ovejas.

Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos”.

Ahora vean cómo Cristo aquí nos muestra que Él es el Buen Pastor y Él es también la Puerta de las ovejas; y por esa Puerta, que es Cristo, hay que entrar para poder ser parte del Cuerpo Místico de Cristo, para poder ser parte del Rebaño, del Redil del Señor Jesucristo.

Y ahora, como ovejas son todos los hijos e hijas de Dios. Y el Salmo 23, que nos habla de las ovejas y del Buen Pastor, vean cómo se cumple en Cristo y Su Iglesia. Este Salmo vamos a leerlo, para que ustedes vean. Dice Salmo 23, verso 1 al 6:

“Jehová es mi pastor; nada me faltará.

En lugares de delicados pastos me hará descansar;

Junto a aguas de reposo me pastoreará.

Confortará mi alma;

Me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre.

Aunque ande en valle de sombra de muerte,

No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo;

Tu vara y tu cayado me infundirán aliento.

Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores;

Unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando.

Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida,

Y en la casa de Jehová moraré por largos días (o sea, por toda la eternidad)”.

Ahora vean cómo estas ovejas van a morar en la Casa de Dios.

No son ovejas literales, sino que son personas, seres humanos, que morarán en la Casa de Dios; y la Casa de Dios es la Iglesia del Señor Jesucristo. Ese es el Redil para esas ovejas, llamado también la Casa de Jehová.

Y ahora, el salmista decía: “Que esté yo en la Casa de Jehová todos los días de mi vida”3, “Que esté yo en los Atrios de la Casa de Jehová”4. Los de las diferentes edades durante las siete edades podían decir: “Que esté yo en el Lugar Santo de la Casa de Dios”.

Y nosotros, ¿cómo podemos decir? “Estamos ya, estamos en la Casa de Dios, en el Lugar Santísimo de la Casa de Dios. Y que las ovejas que faltan por venir correspondientes a este Día Postrero, a este tiempo final, que estén en el Lugar Santísimo de la Casa de Dios”, que es la Edad de la Piedra Angular, que es la edad correspondiente al Rebaño del Señor Jesucristo de este Día Postrero.

Ahora vean, Cristo colocó siervos fieles y prudentes en Su Iglesia y a cada uno le dio la Obra para llevar a cabo en cada edad. Por lo tanto…

Miren ustedes, Jacob tenía doce pastores de ovejas; aunque Benjamín no estaba en el campo pastoreando, pero vendría a ser en algún momento un pastor de ovejas también (a lo mejor en el patio de su casa le tenían algunas ovejitas y unos ovejitos para que fuera aprendiendo). Y José también estaba trabajando en la obra de Jacob, que tenía que ver con la administración de las ovejas de Jacob; y el que tenía los libros y llevaba los libros, las cuentas y todas estas cosas, era José. Y ahora, vean ustedes, aunque todos eran pastores, pero José era el que tenía la posición más alta entre todos los hijos de Jacob.

Ahora, Cristo, miren ustedes, ha tenido siete pastores para las siete edades de la Iglesia gentil; son los siete ángeles mensajeros. Esos son los siete siervos fieles y prudentes que Él ha tenido en el Lugar Santo de Su Templo espiritual, del Redil de las ovejas; y cada uno pastoreó las ovejas de nuestro Señor Jesucristo, porque en ellos estaba el Espíritu de Cristo ungiéndolos y usándolos en esa labor de pastorear las ovejas de cada una de esas edades.

Pero para la Edad de la Piedra Angular viene Cristo, el Ángel del Pacto; el mismo que estuvo en cada ángel mensajero de las edades pasadas viene velado en carne humana y revelado a través de carne humana pastoreando Sus ovejas en la Edad de la Piedra Angular, llamándolas, juntándolas y pastoreándolas.

Así como Él dice: “Yo mismo que hablo estaré presente”5, y “buscaré mis ovejas”6.

Así como Él las buscó en cada edad por medio del mensajero de cada edad, busca Sus ovejas de la Edad de la Piedra Angular; y el ministerio de Cristo, del Ángel del Pacto, por medio de Su Ángel Mensajero cubrirá todos los territorios donde estén las ovejas del Señor; porque ese es el ministerio del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová, de Jesucristo en Espíritu Santo, a través de Su Ángel Mensajero buscando y llamando Sus ovejas, y juntándolas y colocándolas en Su Redil, o sea, en Su Cuerpo Místico de creyentes, que es Su Iglesia; y colocándolas en el Lugar Santísimo de ese Templo espiritual, colocándolas en la Edad de la Piedra Angular.

Son las últimas ovejas, las ovejas que faltan; y ya hay muchas reunidas de la Edad y en la Edad de la Piedra Angular, pero todavía faltan algunas. Algunas quizás están metidas en territorios montañosos o en territorios de la selva, pero Cristo ha prometido llamar Sus ovejas; y para eso las busca con Su Voz, con Su Mensaje; y Él dice7: “Mis ovejas oyen mi Voz y me siguen”.

¿Con qué podemos buscar las ovejas de Cristo de este tiempo final, trabajando con Cristo en Su Obra en la Edad de la Piedra Angular? Con Su Voz; y Su Voz está grabada y está impresa también.

Es la Voz de Cristo por medio de Su Ángel Mensajero en el Día Postrero llamando y juntando Sus ovejas de y en Su Redil, de y en la etapa de la Edad de la Piedra Angular; y aunque son ovejas sencillas, pero son las últimas ovejas del Señor.

Y así como fueron llamadas y juntadas las ovejas de la primera edad, segunda, tercera, cuarta, quinta, sexta y séptima, son llamadas y juntadas las ovejas de la Edad de la Piedra Angular.

No es una obra humana, sino es una Obra Divina: la Obra del Ángel del Pacto, del Ángel que era diferente a los demás, llamando y juntando Sus ovejas en este tiempo final.

La Voz de Cristo nos abre las Escrituras y nos abre nuestro corazón para poder comprender todas estas Escrituras que son abiertas en este tiempo final y que corresponden a este tiempo final; y así todas las promesas que están en las profecías correspondientes al tiempo final van siendo abiertas por Cristo mismo, por el Ángel del Pacto, a través de Su Ángel Mensajero.

Por eso es que cuando Cristo dice: “Sube acá, y yo te mostraré las cosas que han de suceder después de estas”, en Apocalipsis, capítulo 4, verso 1, luego esas cosas son dadas a conocer en Apocalipsis, capítulo 22, verso 6, por el Ángel del Señor Jesucristo. ¿Por qué? Porque en ese Ángel del Señor Jesucristo viene Jesucristo en Espíritu Santo, el Ángel del Pacto, manifestado, y viene hablando por medio de Su Ángel Mensajero, y viene llamando y juntando todas Sus ovejas, dándoles a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto.

Por medio de estas cosas que deben suceder pronto, siendo dadas a conocer a todos los seres humanos, las ovejas de Cristo son llamadas y juntadas en este tiempo final; y esa es la Gran Voz de Trompeta o Trompeta Final, la Voz de Cristo, la Voz del Buen Pastor llamando y juntando a todas Sus ovejas en este tiempo final. Esa es la Gran Voz de Trompeta de San Mateo, capítulo 24, verso 31, donde dice:

“Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos…”.

Sus escogidos son Sus ovejas, las cuales son llamadas por Cristo hablando por medio de Su Ángel Mensajero en este Día Postrero, así como habló por medio de cada ángel mensajero en cada edad pasada y llamó y juntó a las ovejas de las siete etapas o edades de la Iglesia gentil.

Ahora hemos visto el misterio del Buen Pastor llamando y juntando a Sus ovejas de etapa en etapa; y estas etapas se han cumplido en diferentes territorios del planeta Tierra.

La primera etapa se cumplió en Asia Menor, donde San Pablo fue enviado para predicar el Evangelio y donde fueron llamados y juntados los escogidos de Dios de aquel tiempo; aunque luego San Pablo también se movió hacia Europa, pues lo llevaron a Roma y allá lo mataron. Por lo cual, Roma no solamente tiene la muerte de Cristo, sino la muerte de San Pablo, y también de todos los apóstoles de Jesucristo que fueron martirizados bajo el imperio romano.

Y ahora, vean ustedes, por eso el imperio de los gentiles, que ha venido bajando de la cabeza de oro al pecho y brazos de plata…; o sea, bajó del imperio de Babilonia, del imperio de Nabucodonosor, bajó al imperio medo-persa; y del imperio medo-persa bajó al imperio de Grecia, que fue representado en el vientre de bronce y los muslos de bronce; y luego bajó al imperio romano, que fue representado en las piernas de hierro y pies de hierro y de barro cocido.

En el tiempo de Jesús el imperio de los gentiles estaba en las piernas de hierro, y para este tiempo ya el imperio de los gentiles se encuentra en los pies de hierro y de barro cocido.

La Primera Venida de Cristo se cumplió en la primera fase del imperio gentil, o sea, en la cuarta etapa del imperio de los gentiles, la cual tiene dos fases: la primera, las piernas de hierro; y la segunda, los pies de hierro y de barro cocido.

En la primera fase del imperio de los Césares se cumplió la Primera Venida de Cristo (eso fue las piernas de hierro), y crucificaron a Cristo; o sea que ya desde ese tiempo comenzaron a tropezar con la Piedra no cortada de manos.

La Segunda Venida de Cristo corresponde al tiempo de los pies de hierro y de barro cocido, conforme a la profecía de Daniel, en el segundo capítulo, versos 30 al 45. Y si quieren leer después en sus hogares, pueden leer luego todo el capítulo 2 de Daniel, pues Dios allí le mostró al rey Nabucodonosor lo que es el reino de los gentiles, su comienzo y su final; o sea, toda la trayectoria fue mostrada en esa imagen o estatua que vio Nabucodonosor, la cual fue pasando de una etapa a otra y fue degradándose hasta llegar a los pies de hierro y de barro cocido.

Ahora, ¿cuánto pueden valer, cuánto pueden costar unos pies de hierro y de barro cocido? Ahora, ¿cuánto puede costar una cabeza de oro? Una cabeza de oro vale bastante, pero unos pies de hierro y de barro cocido no valen nada.

Ahora, esa es la condición del reino de los gentiles para el tiempo final, y por eso es que tropezarán con la Piedra no cortada de manos en Su Segunda Venida; y la Piedra no cortada de manos desmenuzará los pies de hierro y de barro cocido, y por consiguiente será desmenuzado todo: tanto las piernas de hierro como el vientre de bronce, como el pecho y los brazos de plata, y como la cabeza de oro también; o sea que dejará de existir el reino de los gentiles.

¿Y qué existirá después? Solamente existirá el Reino de Dios, en donde Cristo es el Rey, porque Él es el Rey de reyes y Señor de señores; y en ese Reino es que estaremos nosotros con Cristo por toda la eternidad.

Ahora, la Segunda Venida de Cristo es la Venida de la Piedra no cortada de manos para el Día Postrero; eso es la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles en el Día Postrero, para pagar a cada uno conforme a sus obras. En San Mateo, capítulo 16, verso 27 en adelante, dice:

“Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras”.

¿Cómo viene el Hijo del Hombre? Viene con Sus Ángeles. ¿Para qué? Para pagar a cada uno conforme a sus obras.

Y en el Monte de la Transfiguración encontramos que allí Cristo cumplió la promesa a algunos de Sus discípulos que estaban allí, y que no verían la muerte hasta ver la Venida del Reino de Dios.

Él había dicho en el capítulo 16, verso 28, de San Mateo:

“De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino”.

¿Qué es lo que les va a mostrar Cristo en el Monte de la Transfiguración? Les va a mostrar la Venida del Hijo del Hombre, pero viniendo (¿en qué?) en Su Reino; porque Él rechazó el reino que el diablo le ofreció cuando le ofreció los reinos de este mundo; por lo tanto Él no viene como el Líder máximo de los reinos de esta Tierra, sino que Él viene como el Líder del Reino de Dios.

Y ahora, en San Mateo, capítulo 17, verso 1 en adelante, dice:

“Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto;

y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz.

Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él.

Entonces Pedro dijo a Jesús: Señor, bueno es para nosotros que estemos aquí; si quieres, hagamos aquí tres enramadas: una para ti, otra para Moisés, y otra para Elías (o sea, tres enramadas, tres cabañas)”.

Entonces, ¿qué dijo Jesús?

“Mientras él aún hablaba, una nube de luz los cubrió; y he aquí una voz desde la nube, que decía: Éste es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd.

Al oír esto los discípulos, se postraron sobre sus rostros, y tuvieron gran temor.

Entonces Jesús se acercó y los tocó, y dijo: Levantaos, y no temáis.

Y alzando ellos los ojos, a nadie vieron sino a Jesús solo”.

Ahora, el Hijo del Hombre viene con Sus Ángeles, y aquí está mostrándoles la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles; y luego que ellos ven la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles viniendo en Su Reino… Porque esta visión representa (todo lo que es visto aquí) la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles viniendo en Su Reino; por lo tanto, en la Venida del Hijo del Hombre viniendo en Su Reino con Sus Ángeles, aparecerá con Su rostro como el sol.

¿Y qué significa esto?, ¿qué simboliza esto? Cristo dijo8: “Yo soy la Luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, mas tendrá la Luz de la Vida”. Y en Malaquías, capítulo 4, verso 2, dice:

“Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación…”.

La Segunda Venida de Cristo está representada en el nacimiento del sol; y “trayendo salud en Sus alas” nos habla de los ministerios de Sus Ángeles, que son los ministerios de Moisés y Elías, pues allí aparecieron Moisés y Elías, en el Monte de la Transfiguración.

Y en Apocalipsis, capítulo 11, verso 3 en adelante, aparecen también los Dos Olivos, que son Moisés y Elías. Estos son los ministerios que acompañarán al Hijo del Hombre en Su Venida.

Y el ministerio de Jesús estará manifestado también en la Tierra. O sea que la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles estará manifestando el ministerio de Moisés, el ministerio de Elías y el ministerio de Jesús.

Es como un águila. El águila, vamos a decir que es Jesús, pero tiene dos alas, y esas alas son Moisés y Elías; y Cristo, siendo el Profeta de todos los profetas, es el Águila Mayor.

Águila representa un profeta; y Dios, manifestado en carne humana dos mil años atrás como un profeta, era el Águila Mayor.

Y ahora, en la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles viene nuevamente el Águila Mayor, Jesucristo, el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, manifestado en Espíritu Santo en carne humana en Su Ángel Mensajero, operando los ministerios de Moisés (una de las alas), Elías (otra de Sus alas) y el ministerio de Jesús (todo el centro de esa Gran Águila).

Ahora, vean ustedes, es el Águila con los ministerios de Moisés, de Jesús y de Elías; es la Venida del Hijo del Hombre, es la Venida del Ángel del Pacto, el Águila Mayor, con los ministerios de Jesús, de Moisés y de Elías. Eso es la Venida del Sol de Justicia naciendo para los hijos e hijas de Dios, para los que temen el Nombre del Señor.

Y ahora, ¿cuándo nace el sol? Nace en la mañana. Nace en la mañana, y en los lugares que tienen el horario en donde las 6:00 de la mañana coincide con la salida del sol, con el nacimiento del sol, el nacimiento del sol ocurre en la cuarta vigilia, porque la cuarta vigilia es la única que ocurre de día.

Ahora, vean ustedes, Cristo nos dijo que estuviésemos vigilando (dijo a todos los siervos fieles y prudentes que Él colocó en Su Casa). Dijo en el capítulo 13, versos 34 al 37 [San Marcos]:

“Es como el hombre que yéndose lejos, dejó su casa, y dio autoridad a sus siervos…”.

Su Casa es Su Iglesia; esa es la Casa de Dios, la Casa del Padre de la Familia.

“… y dio autoridad a sus siervos (esos son Sus mensajeros para cada una de sus etapas), y a cada uno su obra (la Obra correspondiente a cada edad), y al portero mandó que velase.

Velad, pues, porque no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa…”.

O sea, “cuándo vendrá Cristo, el Ángel del Pacto, en Su Segunda Venida”. “No sabéis cuándo será la Venida del Hijo del Hombre”. Pero Él dijo que sería como en los días (¿de quién?) de Noé y como en los días de Lot9.

En los días de Noé la raza humana había llegado a su final, había llegado al tiempo donde el juicio divino se derramaría sobre ellos; y en el tiempo de Lot Sodoma y Gomorra habían llegado también a su final.

Y para el tiempo de la Venida del Hijo del Hombre el reino de los gentiles ha llegado a su final, a su tiempo final, o sea, ha llegado a la etapa donde el reino de los gentiles será quitado y será entregado el Reino a Cristo; y será establecido el Reino de Dios en este planeta Tierra.

Y ya en este planeta Tierra, para el establecimiento del Reino de Dios y cuando se establezca el glorioso Reino Milenial, la raza humana estará siendo bendecida por Dios. ¿Por qué? Porque las palabras de Cristo cuando dijo… Enseñando a orar a Sus discípulos, una de las cosas que les dijo fue que pidieran la Venida del Reino de Dios10: “Venga Tu Reino. Hágase Tu voluntad, así como en el Cielo, aquí en la Tierra”.

Y durante el Reino Milenial en este planeta Tierra se estará haciendo la voluntad de Dios; estarán establecidas en este planeta Tierra en el Reino de Dios, en el Reino de Cristo, las leyes correspondientes que tienen que ser guardadas por los seres humanos. Será un Reino en donde Cristo gobernará con vara de hierro; o sea que no será un reino débil, sino que será un reino con mano fuerte. Ninguna persona tendrá derecho a vivir en ese Reino si no cumple con las leyes divinas establecidas para el Reino de Dios y del Reino de Dios.

Y ahora, vean ustedes, habrá seres humanos que están viviendo en este tiempo final y que si continúan viviendo y pasan la etapa de los juicios divinos y salen con vida después de la gran tribulación, entrarán a ese Reino Milenial, aunque no sean del grupo de los escogidos de Dios, del grupo de las ovejas del Redil del Señor del Día Postrero, que son los escogidos que Él llama y coloca en la Edad de la Piedra Angular, los cuales tienen la promesa de ser transformados en el Día Postrero, antes de comenzar la gran tribulación, y tienen la promesa de ver a los santos que resucitarán en sus cuerpos eternos; y cuando los veamos, seremos transformados.

Ahora, ¿quiénes serán los que verán la resurrección de los muertos en Cristo? No serán personas que se hayan quedado en edades pasadas. Los que resucitarán son los que pertenecieron a esas edades, en el tiempo en que estuvo vigente delante de Dios cada una de esas edades; pero ellos aparecerán a los escogidos de la edad que en este tiempo final estaría vigente, y es la Edad de la Piedra Angular; o sea que aparecerán a los escogidos del Día Postrero; y cuando los veamos, seremos transformados.

Y estaremos en el cuerpo eterno aquí viviendo en la Tierra, de 30 a 40 días, en donde se estarán llevando a cabo grandes eventos proféticos correspondientes a esa etapa cuando ya tengamos el nuevo cuerpo, antes de comenzar la gran tribulación; y antes de comenzar la gran tribulación nos iremos de aquí a la Cena de las Bodas del Cordero, y luego el juicio divino caerá sobre la raza humana.

Pero durante ese tiempo, antes de irnos de aquí de la Tierra, habrá una manifestación de Dios en toda su plenitud, donde será una manifestación en y con hijos e hijas de Dios ya adoptados, con cuerpos eternos; y eso significa una manifestación como la que hubo en Jesucristo en aquellos tres años y medio de ministerio.

Y ahora, vean ustedes las grandes bendiciones que Cristo tiene para todos nosotros.

Ahora, continuemos aquí leyendo lo que nos dice acerca de los siervos fieles y prudentes, a los cuales Cristo ordena que estén vigilando ellos con sus rebaños:

“Es como el hombre que yéndose lejos, dejó su casa, y dio autoridad a sus siervos, y a cada uno su obra, y al portero mandó que velase.

Velad, pues, porque no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa; si al anochecer, o a la medianoche, o al canto del gallo, o a la mañana…”.

Ahora vean, “al anochecer” fueron los primeros años de la Iglesia de Jesucristo, desde que nació la Iglesia de Jesucristo el Día de Pentecostés hasta cierto tiempo; y luego, “o a la medianoche”, cuando la Iglesia entró a las edades del oscurantismo; y luego, “o al canto del gallo”, esto corresponde al canto del gallo, al horario de 3 a 6 de la mañana, donde Cristo estuvo manifestado por medio de Sus tres mensajeros finales de las siete edades de la Iglesia gentil, por medio de Lutero, Wesley y el reverendo William Branham.

Recuerden que de las 3 de la mañana en adelante, hasta las 6 de la mañana, cada cierto momento usted escucha algo así: “Quiquiriquí” (si es gallito pequeño) o “Uh-uh-uh” (si es un gallo grande); eso es el canto del gallo; y esa es la Voz de Cristo por medio de esos ángeles mensajeros que vinieron en la tercera vigilia.

Pero ni en la primera vigilia (que fue de 9 a 12 de la noche), ni en la segunda (que fue de 12 a 3 de la mañana), ni en la tercera (que fue de 3 a 6 de la mañana); por lo tanto, solamente queda una: la cuarta vigilia. Dice:

“… al anochecer, o a la medianoche, o al canto del gallo, o a la mañana…”.

Si no vino en ninguna de esas tres vigilias anteriores, pues entonces es para la mañana, que es de 6 a 9 de la mañana.

Fue en esa cuarta vigilia (de 6 a 9 de la mañana) que Cristo apareció caminando sobre el mar de Galilea y se les apareció a Sus discípulos que estaban en la embarcación, la cual estaba azotada por fuertes vientos contrarios y que por poco destruyen la embarcación; pues la embarcación es la Iglesia de Jesucristo, con todos los hijos e hijas de Dios representados en los discípulos de Jesucristo.

Y ahora, la embarcación ha estado siendo azotada durante toda la noche, desde el tiempo en que nació hasta este tiempo final, pero en la etapa de la mañana es que Cristo libra a Su Iglesia de la tempestad.

Cristo libra a Su Iglesia de la tempestad. ¿Y cómo lo va a hacer? Pues viniendo caminando sobre las aguas.

Él ha estado caminando sobre las aguas de edad en edad: sobre naciones, pueblos y lenguas; porque aguas representa naciones, pueblos y lenguas, o sea, representa gente; pero es en la hora de la cuarta vigilia donde Él se aparece a Su Iglesia, se revela a Su Iglesia.

¿Pero qué sucede? Cuando se les apareció a Sus discípulos que estaban en la embarcación, ellos dijeron11: “¡Es un fantasma!”. Ellos estaban en grave peligro. Y en este tiempo final la Iglesia de Jesucristo estará en grave peligro, porque la bestia, el anticristo, va a estar manifestado en este tiempo final; el diablo se encarnará en el anticristo, en el hombre de pecado, y va a tratar de destruir a la Iglesia de Jesucristo con vientos contrarios a la Iglesia de Jesucristo, y con esos diez reyes, y las naciones y ejércitos de esos diez reyes que le darán su poder y su autoridad a la bestia; como está en Apocalipsis, capítulo 17, verso 8 al… (vamos a ver hasta qué verso está este evento; hasta el 18), versos 8 al 18 del capítulo 17 de Apocalipsis; y también en Apocalipsis 19, versos 19 en adelante.

Ahí es donde la Iglesia de Jesucristo tendrá su etapa más difícil, pero Cristo los vencerá. Cristo vencerá a la bestia y también a los diez reyes que le darán su poder y su autoridad a la bestia. Dice Apocalipsis, capítulo 17, verso 13 en adelante:

“Éstos tienen un mismo propósito (o sea, los diez reyes), y entregarán su poder y su autoridad a la bestia (¿Y ahí qué van a hacer? Consolidan la parte religiosa y la parte política).

Pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá (¿Quién vencerá? El Cordero), porque él es Señor de señores y Rey de reyes; y los que están con él son llamados y elegidos y fieles”.

Y esos son todos los escogidos de este Día Postrero y también los escogidos de las edades pasadas.

Ahora, vean ustedes, en el capítulo 19 también dice (verso 19)… Capítulo 19, verso 19, de Apocalipsis, dice:

“Y vi a la bestia, a los reyes de la tierra y a sus ejércitos, reunidos para guerrear contra el que montaba el caballo, y contra su ejército”.

Y ahí eso lo vamos a dejar quietecito; porque el Cordero, que es el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19 (y es el que tiene un nombre que ninguno conoce, y que es “el Verbo de Dios”, y que tiene en Su muslo y en Su vestidura escrito este nombre: “Rey de reyes y Señor de Señores”), vean ustedes, Él será el que obtendrá la victoria. Y con Él están (¿quiénes?) los elegidos y fieles, que es la Iglesia del Señor Jesucristo: la Iglesia del Señor Jesucristo de este Día Postrero y también la Iglesia de Jesucristo de las edades pasadas, juntamente con la etapa de los apóstoles, los cuales vendrán en la resurrección con sus cuerpos eternos.

O sea que si la Iglesia de Jesucristo necesita un refuerzo, ahí estará el grupo completo de las siete edades y también de la etapa de los apóstoles de Jesucristo allá en medio del pueblo hebreo: San Pedro, San Juan, San Jacobo (que sería San Santiago, porque “Jacobo” y “Santiago” significa lo mismo), ¿y quiénes más? los demás apóstoles; Andrés también. No vamos a dejar a Andrés, el hermano de Pedro.

Así que, vean ustedes, es una bendición grande para Pedro tener un hermano que también sea un apóstol; y para Jacobo o Santiago tener un hermano también que es apóstol, San Juan, es una bendición grande.

Algunas veces tenemos en la Obra de Cristo un ministro que tiene uno, dos o tres o cuatro hermanos o cinco hermanos que son ministros también en el Cuerpo Místico de Cristo. Eso es una bendición grande para ese padre y esa madre que ha tenido esos hijos. Es una bendición grande tener hijos ministros de Cristo para la edad y dispensación en que viven.

Ahora, veamos, en el Día Postrero, en el tiempo final, la Iglesia de Jesucristo pasará por un momento bien difícil, pero es una apretura.

La persecución grande viene más adelante, pero ya estaremos transformados y ya estaremos en la Cena de las Bodas del Cordero; porque el diablo, el cual se encarnará en el anticristo, el hombre de pecado, en la bestia, vean ustedes, tratará de destruir a los hijos e hijas de Dios, o sea, la cizaña tratará de destruir el trigo; pero ya estaremos en la Cena de las Bodas del Cordero.

Por lo tanto, se tornará en contra de las vírgenes fatuas, porque ya las vírgenes prudentes se habrán ido; y se tornarán en contra de los 144.000 hebreos y en contra del pueblo hebreo. Y matarán millones de seres humanos, la bestia y la imagen de la bestia; la bestia y los diez reyes con sus naciones y sus ejércitos, y la imagen de la bestia, y esa otra bestia que es el cordero (un cordero con dos cuernos)12, matarán millones de seres humanos.

O sea que habrá otra etapa similar o paralela a la etapa en donde por asuntos religiosos mataban a la gente por millones; eso fue en el tiempo de la Inquisición. Vendrá otra inquisición sobre la raza humana, y aun será más terrible que lo que fue la Inquisición del tiempo pasado.

Y ahora, vean ustedes, la Iglesia de Jesucristo será librada; solamente pasará por una apretura, como pasaron por una apretura final los discípulos en la embarcación cuando Jesús apareció. ¿Apareció cuándo? En la cuarta vigilia, caminando sobre el mar de Galilea.

El mar de Galilea, o sea, el mar de Galilea de los gentiles...; porque sobre el mar de Galilea de los gentiles, sobre naciones, pueblos y lenguas gentiles, aparecerá Cristo en el Día Postrero, en la cuarta vigilia, caminando; y ese será el tiempo en que aunque los vientos sean contrarios a la embarcación de los discípulos (que representa a la Iglesia de Jesucristo), Cristo los librará en Su Segunda Venida. Cristo librará a Su Iglesia, el Hijo del Hombre librará a Su Iglesia en el Día Postrero, resucitando a los muertos en Cristo y transformando a todos Sus escogidos que están vivos en este tiempo final.

Si alguno parte, no hay ningún problema: regresará con los santos que han de regresar de las edades pasadas; no hay ningún problema para ellos; y estarán nuevamente con nosotros. Y así como causaron tristeza cuando se fueron, causarán alegría y gozo cuando regresen a nosotros en cuerpos eternos e incorruptibles, y jovencitos.

Y cuando nosotros veamos a los muertos en Cristo resucitados, seremos nosotros transformados; y así estaremos en un cuerpo eterno y glorioso para vivir por toda la eternidad. Y así la tempestad de las persecuciones para los escogidos no tendrá ningún efecto, porque ya estando en un cuerpo eterno eso no le hará daño a ninguno de los escogidos de Dios; ninguna apretura, ninguna prueba, ninguna persecución, ni siquiera la muerte les podrá hacer daño, porque ya estarán en un cuerpo eterno. Y así librará Cristo a Su Iglesia en el Día Postrero.

Ahora, vean ustedes, Él viene en la cuarta vigilia, representada en la vigilia de 6 a 9 de la mañana.

Fue en la cuarta vigilia que apareció a Sus discípulos caminando sobre el mar, y Él los libró; fue en la cuarta vigilia también que Jesucristo resucitó, en la mañana del Domingo de Resurrección; fue en la cuarta vigilia también que vino el Espíritu Santo sobre ciento veinte personas el Día de Pentecostés.

Fue en la cuarta vigilia también que salió el pueblo hebreo de Egipto. Dios les dijo13: “No salgan de sus hogares hasta la mañana”. ¿Por qué? Porque en la mañana, que es la cuarta vigilia, sería el éxodo del pueblo hebreo, sería la salida del pueblo hebreo.

Y la salida de esta dimensión, de esta Tierra, nuestra salida en cuerpos eternos será en la cuarta vigilia también. Ahora, en la cuarta vigilia del Día Postrero.

Un día delante del Señor es como mil años, y mil años como un día; y si un día delante del Señor son mil años para nosotros… Y recuerden que es para el Día Postrero delante de Dios, que Jesucristo dijo hablando de los creyentes en Él, vean lo que dijo: San Juan, capítulo 6, verso 39 al 40, dice:

“Y ésta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero”.

¿Cuándo dice que Él resucitará a todos los que el Padre le ha dado? En el Día Postrero.

Y el Día Postrero delante de Dios es el séptimo milenio; porque “un día delante del Señor es como mil años, y mil años como un día”. Y los días postreros delante de Dios, para los seres humanos son los tres milenios postreros, que son el quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio.

Jesucristo tuvo Su ministerio en los días postreros, o sea, en el primer milenio de los tres milenios postreros; y ese primer milenio de los tres milenios postreros fue el quinto milenio, en donde Cristo tuvo Su ministerio.

Y Cristo nos enseña por medio de San Pedro que la Venida del Espíritu Santo sobre toda carne…, pues Él derramaría de Su Espíritu Santo sobre toda carne; habló también así por medio del profeta Joel en el capítulo 2, dijo que sería para los postreros días.

Por eso desde el Día de Pentecostés en adelante Cristo ha estado derramando de Su Espíritu Santo sobre toda carne que se ha arrepentido de sus pecados, ha recibido a Cristo como su Salvador y ha lavado sus pecados en la Sangre de Cristo; y luego han recibido el Espíritu de Cristo conforme a la promesa de Cristo para los postreros días. Y vean ustedes, comenzó el Día de Pentecostés y todavía está derramando de Su Espíritu Santo sobre toda carne; porque esa es la forma para nosotros entrar al Cuerpo Místico de Cristo.

Por un Espíritu nosotros tenemos entrada a ese Cuerpo Místico de creyentes14, a un Cuerpo Místico, que es la Iglesia de Jesucristo; y por medio de un Espíritu es que obtenemos el nuevo nacimiento, por medio del Espíritu de Cristo.

Ahora podemos ver el por qué derramaría de Su Espíritu Santo sobre toda carne, sobre toda carne que se arrepiente de sus pecados y lava sus pecados en la Sangre de Cristo recibiendo a Cristo como su Salvador; y así recibe el Espíritu de Cristo, Cristo derrama de Su Espíritu sobre la persona y produce el nuevo nacimiento en la persona, nace en el Reino de Dios, nace en el Redil de Cristo, del Buen Pastor, obtiene así el nuevo nacimiento, ha nacido en el Reino de Dios.

Para esas personas, si sus cuerpos físicos mueren, no tienen por qué preocuparse, porque Cristo ha dicho: “… y yo le resucitaré en el día postrero”.

Marta tenía el conocimiento de que la resurrección sería para el Día Postrero, y cuando Jesucristo le dice a Marta: “Tu hermano resucitará”, Marta le dice: “Yo sé que resucitará, en el Día Postrero”; porque Cristo había enseñado que la resurrección era para el Día Postrero.

Pero siendo que es Cristo el que resucitará a todos los que han creído en Él y han lavado Sus pecados en Su Sangre y han recibido Su Espíritu Santo, estando allí presente Cristo, Él dijo a Marta: “Yo soy la Resurrección y la Vida”. Vean [San Juan 11:25]:

“Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá (aunque su cuerpo físico esté muerto, va a vivir nuevamente en un cuerpo eterno).

Y todo aquel que vive y cree en mí…”.

O sea que esta resurrección en cuerpos eternos para vida eterna no es para todo el mundo; es para los que viven y creen en Él.

“Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?”.

Nosotros decimos: “¡Amén!”. ¿Y qué dijo Marta?

“Le dijo: Sí, Señor…”.

Ahora, vean ustedes, Marta sabía que la resurrección era para el Día Postrero; pero aquí, siendo que Cristo es la Resurrección y la Vida, iba a tomar a Lázaro como ejemplo, como tipo y figura de lo que Él hará en el Día Postrero para resucitar a los muertos en Cristo y para transformar a todos los que vivimos en este tiempo final.

Y resucitando a Lázaro en aquel día, Él mostró que Él tiene el poder para resucitar no solamente a Lázaro sino a todos los creyentes en Él que han nacido de nuevo y han partido sus cuerpos o han partido de sus cuerpos, han muerto sus cuerpos físicos; y tiene poder también para transformar nuestros cuerpos físicos si permanecemos vivos hasta que los muertos en Cristo resuciten.

Él transformó el agua en vino, Él transformó la tempestad en quietud, Él transformó el alma y el espíritu de los creyentes en Él, y transformará también nuestro cuerpo físico si permanecemos vivos hasta que resuciten los muertos en Cristo.

Él transforma a los seres humanos y hace una Nueva Creación. Vean cómo Él está llevando a cabo esta Nueva Creación. Por eso, vean, sigue diciendo aquí en el capítulo 6, verso 40, de San Juan:

“Y ésta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquél que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero (el Día Postrero es el séptimo milenio)”.

Cristo resucitó en la mañana del Domingo de Resurrección (y la mañana corresponde a la cuarta vigilia); y Cristo en la Edad de la Piedra Angular, que es la edad representada en el domingo, resucitará a los muertos en Cristo y transformará a los vivos en Cristo.

Y ahora, “un día delante del Señor es como mil años, y mil años como un día”. Siendo que para el Día Postrero (que es el séptimo milenio) Cristo ha prometido la resurrección de los muertos en Cristo, esto tiene que venir para la mañana, para la cuarta vigilia del Día Postrero, del séptimo milenio.

Y un día delante de Dios para los seres humanos son 1000 años; y una hora delante de Dios para los seres humanos son 41 años con 8 meses; media hora son 20 años con 10 meses; y tres horas son (¿cuánto?) 125 años. 125 años son los primeros 125 años del séptimo milenio, y eso es la cuarta vigilia del Día Postrero, la cuarta vigilia del séptimo milenio, que es el Día Postrero.

Y ahora, en una vigilia tenemos tres horas; y ahora, en alguna de esas tres horas de la cuarta vigilia Cristo resucitará a los muertos creyentes en Él que obtuvieron el nuevo nacimiento y transformará a los vivos en Cristo que estarán escuchando Su Voz en el Día Postrero; estarán escuchando Su Voz, la Gran Voz de Trompeta, dándoles a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, en este tiempo final, en la Etapa de Oro de la Iglesia de Jesucristo, que es la etapa de la Edad de la Piedra Angular, la edad más gloriosa de todas las edades de la Iglesia de Jesucristo.

Pero la última etapa del reino de los gentiles es la etapa más triste y más terrible del reino de los gentiles; pero para la Iglesia de Jesucristo…

Miren ustedes, el reino de los gentiles ha venido bajando de la cabeza de oro a los pies de hierro y de barro cocido. El Reino de Dios ha ido subiendo de la etapa de los pies, allá en el tiempo de los apóstoles, y ha ido subiendo de edad en edad (vean, ha venido subiendo de esta etapa aquí pequeñita, del tiempo de los apóstoles, y ha ido subiendo), y ahora se encuentra en la cabeza de oro, que es la Edad de la Piedra Angular; en la cabeza de oro, para la cuarta vigilia del Día Postrero, del séptimo milenio, para la manifestación del Hijo del Hombre con Sus Ángeles en este tiempo final, en la cuarta vigilia del Día Postrero.

El Séptimo Sello hemos visto que es la Segunda Venida de Cristo, la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles; misterio que fue abierto en el Cielo en Apocalipsis, capítulo 8, y que para el tiempo final sería abierto en el Cielo este misterio; pero sería guardado silencio en el Cielo por un tiempo como de media hora del Cielo, para que no se interrumpiera el Programa de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles para este tiempo final.

Ahora, el Séptimo Sello, vean ustedes, siendo el misterio de la Segunda Venida de Cristo con Sus Ángeles, de la Venida del Ángel Fuerte que desciende del Cielo en Apocalipsis 19…, y Apocalipsis, capítulo 10, porque es el mismo; es la Venida del Señor. El Ángel Fuerte que desciende del Cielo en Apocalipsis, capítulo 10, verso 1 en adelante, es el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis, capítulo 19, verso 11.

Y ahora vean, Apocalipsis, capítulo 10, verso 1 en adelante, dice:

“Vi descender del cielo a otro ángel fuerte, envuelto en una nube, con el arco iris sobre su cabeza; y su rostro era como el sol, y sus pies como columnas de fuego.

Tenía en su mano un librito abierto; y puso su pie derecho sobre el mar, y el izquierdo sobre la tierra;

y clamó a gran voz, como ruge un león; y cuando hubo clamado, siete truenos emitieron sus voces”.

Vean, el Ángel Fuerte, el cual es Cristo, el cual es el Ángel del Pacto, el cual es el Ángel que era diferente a los demás; ese es el Ángel Fuerte que desciende del Cielo. ¿Y cómo desciende? Envuelto en una nube.

Esta nube fue tomada en febrero 28 de 1963 por fotógrafos de diferentes revistas y también por personas que tomaron fotos, y fue publicada la foto de esta nube misteriosa en febrero 28 o en el mes… (vamos a ver), ese mes o el otro mes; pero fue tomada esa foto en febrero 28 de 1963, y fue publicada como una nube misteriosa.

El precursor de la Segunda Venida de Cristo habló de esa nube y dijo el misterio, cuál era el misterio de esa nube. En la página 469 del libro de Los Sellos, hablando de esa nube dice:

“153. ¿Y notaron que dije que uno de esos ángeles era muy raro? Me pareció muy distinto a los demás. Estaban en una constelación con tres a cada lado y uno arriba; y el que estaba a mi lado, contando desde la izquierda hacia la derecha, ese sería el séptimo Ángel (este Ángel que está aquí)”.

Recuerden que estos ángeles están en sus cuerpos teofánicos. Aquí están los siete ángeles mensajeros de las siete edades de la Iglesia gentil, y este otro Ángel es un ángel diferente a esos siete ángeles mensajeros.

Y ahora vamos a ver qué dice de este Ángel:

“Él era más brillante y significaba más para mí que los demás. Les dije que tenía el pecho así robusto y estaba volando hacia el Oriente. Les dije también que: ‘Me levantó, me alzó’”.

¿Quién lo levantó?, ¿quién lo alzó y lo colocó en esta nube de ángeles? Este Ángel que era diferente a los demás. Se lo llevó en espíritu, o sea, en su cuerpo teofánico; se llevó al precursor de la Segunda Venida de Cristo en su cuerpo teofánico también, y lo colocó juntamente con estos otros ángeles que aquí estaban, y juntamente con Él.

Y ahora:

“¿Se acuerdan?

154. Ahora, ¡aquí está! Era el que tenía el Séptimo Sello, lo cual he mantenido como una pregunta en mi mente toda mi vida. Los otros Sellos significaron mucho para mí, desde luego; pero ustedes no se imaginan lo que ha significado este séptimo”.

¿Por qué? Porque este Ángel es el Séptimo Sello, es el que tiene el Séptimo Sello; es el que tiene el Séptimo Sello, y tiene que venir a la Tierra velado en carne humana; así como estos otros ángeles, que están aquí en sus cuerpos teofánicos, son los siete ángeles mensajeros de las siete edades de la Iglesia gentil, los cuales vinieron en carne humana para tener sus ministerios, cada uno en la edad que les tocó vivir.

Y ahora, para el Ángel que era diferente a los demás, tener Su ministerio en la Edad de la Piedra Angular, tiene que venir velado en carne humana. Ese es el Ángel Fuerte que desciende del Cielo, pero tiene que descender a la Tierra; y para eso tiene que tener un cuerpo de carne aquí y de aquí, de la Tierra, de este tiempo final.

Ahora, veamos cómo viene este Ángel, el cual es el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, el mismo Jesucristo en Su cuerpo teofánico.

Y ahora… Veamos aquí. En la página 131 del libro de Los Sellos en español, dice el precursor de la Segunda Venida de Cristo, el reverendo William Branham:

“131. Y ahora Jesús: Su Nombre sobre la Tierra fue Jesús el Redentor, porque fue el Redentor cuando estuvo sobre la Tierra; pero cuando conquistó el infierno y la muerte, los venció y ascendió, entonces recibió un nuevo Nombre. Por esa razón es que gritan y hacen tanto ruido y no reciben nada. Será revelado en los Truenos.

132. Fíjense en el misterio. Él viene cabalgando. Tiene que haber algo para cambiar esta iglesia. Ustedes saben eso. ¡Tiene que venir algo! Ahora noten: Nadie entendía ese nombre, sino Él mismo.

‘Y estaba vestido de una ropa teñida en sangre: y su nombre es llamado EL VERBO DE DIOS.

Y los ejércitos que están en el cielo le seguían en caballos blancos, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio.

Y de su boca sale una espada aguda, para herir con ella las gentes; y él los regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor, y de la ira del Dios Todopoderoso.

Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES’.

Apocalipsis 19:13-16

133. Allí viene el Mesías, allí es donde está”.

¿Dónde está? En Apocalipsis, capítulo 19, verso del 11 al 21. Él es el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19; Él es el Verbo, la Palabra, viniendo en el Día Postrero; Él es el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, Jesucristo en Espíritu Santo, Jesucristo viniendo en el Día Postrero.

Y ahora, ¿cómo vendrá? Página 134 del libro de Los Sellos dice:

“142. Y noten ustedes: Cuando este Espíritu Santo que tenemos llegue a encarnarse, el que está en nuestro medio ahora mismo en la forma del Espíritu Santo, cuando Él llegue a ser encarnado en la Persona de Jesucristo, entonces nosotros le coronaremos como Rey de Reyes y Señor de Señores”.

Ahora, ¿cómo vendrá el Espíritu Santo, Jesucristo? Para el Día Postrero vendrá encarnado, se encarnará en el Día Postrero.

Y ahora, en la página 277 del libro de Los Sellos en español dice el precursor de la Segunda Venida de Cristo:

“[240]. … pedimos que el Espíritu Santo venga ahora mismo, el Jinete del verdadero caballo blanco, mientras Su Espíritu, el Espíritu de Cristo, entre en confrontación con el anticristo, y Él llame los Suyos”.

¿Quién es el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19? El Espíritu Santo, que es Jesucristo en Espíritu, Jesucristo en Su cuerpo teofánico, el cual es el Ángel del Pacto del Antiguo Testamento, el Ángel de Jehová.

Dos mil años atrás vino el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, el Señor, encarnado en un hombre llamado Jesús de Nazaret, como Cordero de Dios llevando a cabo la Obra de Redención en la Cruz del Calvario. Y para el Día Postrero vendrá ese mismo Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, que es Jesucristo en Su cuerpo teofánico; Jesucristo en Espíritu Santo vendrá en el Día Postrero manifestado como el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19.

¿Y qué será Su Venida y Su manifestación y Su Obra para este tiempo final? Vamos a ver. Página 146 del libro de Los Sellos en español dice:

“… el Espíritu Santo sube y viene encarnado en un hombre”.

Ahora vean, el Espíritu Santo ha estado de edad en edad manifestado en cada ángel mensajero de cada edad, y ha estado llamando y juntando a Sus escogidos en cada edad.

Y ahora, de la séptima etapa o edad de la Iglesia gentil sube a la Edad de la Piedra Angular y viene encarnado en un hombre de la Edad de la Piedra Angular: en el Ángel del Señor Jesucristo. Ese es el hombre que será el velo de carne en donde estará el Ángel de Jehová, el Ángel del Pacto, manifestado en medio de Su Iglesia en el Día Postrero.

Y ahora, en la página 256 del libro de Los Sellos en español dice:

“121. Pero cuando nuestro Señor aparezca sobre la Tierra, Él vendrá sobre un caballo blanco como la nieve, y será completamente Emmanuel —la Palabra de Dios encarnada en un hombre”.

¿Cómo viene? El Verbo, que es la Palabra, el Verbo viene en carne humana en el Día Postrero.

Ese es el tiempo en que el Séptimo Sello es cumplido aquí en la Tierra, porque es el tiempo en que viene el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová (que es el mismo Jesucristo en Espíritu Santo), viene manifestado en un hombre de este tiempo final en medio de Su Iglesia.

Es un miembro del Cuerpo Místico de Cristo el instrumento de Él en la Edad de la Piedra Angular, y viene en él manifestado en el Día Postrero como el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19 y como el Ángel del Pacto manifestado en carne humana, que le aparecerá al pueblo hebreo y llamará y juntará 144.000 hebreos.

Por eso el Ángel de Jesucristo en Apocalipsis, capítulo 7, verso 2 en adelante, dice que viene con el Sello del Dios vivo, o sea, con el Espíritu Santo; viene con el Espíritu Santo, que es el Ángel del Pacto, el Ángel que era diferente a los demás; y viene para llamar y juntar 144.000 hebreos.

Pero antes de eso viene en medio de Su Iglesia gentil y llama y junta a Sus escogidos de la Edad de la Piedra Angular, en el territorio latinoamericano y caribeño, que es el territorio donde se cumple la Edad de la Piedra Angular.

Así como se cumplió la primera edad de la Iglesia gentil en Asia Menor, la segunda, tercera, cuarta, quinta y sexta en Europa y la séptima en Norteamérica, ahora la Edad de la Piedra Angular se cumple en la América Latina y el Caribe.

Y así como este Ángel por medio de Su manifestación en cada ángel mensajero de cada edad llamó y juntó a los escogidos de cada edad, ahora en la Edad de la Piedra Angular este Ángel —que era diferente a los demás— por medio de Su Ángel Mensajero llama y junta a Sus escogidos en la Edad de la Piedra Angular; y así completará Cristo el número de Sus ovejas en Su Redil.

Y cuando las haya completado, entonces saldrá del Trono de Intercesión en el Cielo y ya no habrá más intercesión en el Cielo por ningún ser humano, porque ya no habrá más Sangre en el Lugar Santísimo sobre el Propiciatorio, o sea, sobre el asiento o silla de misericordia en el Cielo, en el Templo que está en el Cielo; y por lo tanto, el juicio divino caerá sobre todos aquellos que no aprovecharon bien el tiempo recibiendo a Cristo como su Salvador y lavando sus pecados en la Sangre de Cristo.

Y ahora, vean ustedes, estamos viviendo en el tiempo en donde el Séptimo Sello sería abierto, revelado, a la Iglesia de Jesucristo. ¿Y cuándo sería ese tiempo? Dice el precursor en la página 482 y 483 del libro de Los Sellos (dice):

“Vemos, pues, que es un misterio por completo, y la hora todavía no ha llegado para que se diera a conocer este misterio. Hemos llegado hasta aquí, y lo demás nos será dado allí: en el tiempo cuando aparezca Jesús nuevamente sobre la Tierra para llevar a Su Novia…”.

¿Y cómo aparece? Aparece como el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19; y eso es la Venida del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová, del Ángel que era diferente a los demás, que es el Verbo; y Su Venida para el Día Postrero será el Verbo, la Palabra encarnada en un hombre.

Si encontramos ese hombre, estaremos encontrando el velo de carne donde estará el Ángel del Pacto manifestado en medio de Su Iglesia en la Edad de la Piedra Angular, hablándonos todas estas cosas que deben suceder pronto y revelándonos así el misterio del Séptimo Sello, el misterio de Su Venida, y la Obra que Él está haciendo en nuestro tiempo. Y así es como viene la revelación del Séptimo Sello en la cuarta vigilia, o sea, en los primeros 125 años del séptimo milenio.

Y ahora, si le añadimos al calendario los años de atraso que tiene, encontraremos que ya estamos en el séptimo milenio; y por consiguiente estamos en la cuarta vigilia del Día Postrero, en la cuarta vigilia del séptimo milenio, en donde la Venida del Ángel Fuerte, del Ángel que desciende del Cielo envuelto en una nube, es realizada; y viene caminando sobre el mar: un pie sobre el mar y el otro sobre la tierra. Viene como apareció a Sus discípulos: caminando sobre el mar en la cuarta vigilia, para calmar la tempestad que ha estado azotando a la Iglesia de Jesucristo durante estos dos mil años aproximadamente, que han transcurrido durante la Dispensación de la Gracia.

Cuando ya Cristo resucite a los muertos en Cristo y transforme a los vivos en Cristo en el Día Postrero, en la Edad de la Piedra Angular, ya no habrá más tempestades para la Iglesia de Jesucristo, porque ya estaremos en cuerpos inmortales; ya habremos obtenido la inmortalidad física porque tendremos un cuerpo inmortal, incorruptible y glorificado; y esto es para este tiempo final, en la cuarta vigilia, bajo el Séptimo Sello, o sea, bajo la Segunda Venida de Cristo: la Venida del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová, del Ángel que era diferente a los demás, viniendo en el Día Postrero manifestado en carne humana en Su Ángel Mensajero.

Pero Su Ángel Mensajero no es el Señor Jesucristo. Él solamente es un hombre del Cuerpo Místico de Cristo, redimido con la Sangre de Jesucristo y ungido con el Espíritu de Cristo para ser instrumento de Cristo para el Día Postrero, para la Edad de la Piedra Angular y para el séptimo milenio. Él es el Ángel de Apocalipsis, capítulo 14, verso 6 en adelante, que viene predicando a todo ser humano en este Día Postrero:

“Vi volar por en medio del cielo a otro ángel, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo,

diciendo a gran voz: Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas”.

Ese es el Ángel del Señor Jesucristo, ungido con el Espíritu de Cristo, ungido por y con el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, el Ángel que era diferente a los demás.

Fue reflejado este mensajero y el Mensaje que él traería, fue reflejado en los siete ángeles mensajeros de las siete edades de la Iglesia gentil, y en algunos se reflejó en una forma más marcada que en otros.

Y ahora, para el tiempo en que vivimos, el Evangelio Eterno es predicado en una edad eterna, en la Edad Eterna de la Piedra Angular, que es la Edad de Oro de la Iglesia de Jesucristo; y, por consiguiente, con ese Mensaje del Evangelio del Reino, del Evangelio Eterno, se estará dando a conocer al pueblo hebreo las cosas que corresponden a este tiempo final.

Con la predicación del Evangelio Eterno se estará predicando el Evangelio del Reino a todo ser humano que vive en esta Tierra. Ese será el Evangelio que se predicará durante el Reino Milenial y por toda la eternidad.

Hemos visto el misterio de EL SÉPTIMO SELLO Y LA CUARTA VIGILIA. Hemos visto el misterio de EL SÉPTIMO SELLO Y LA CUARTA VIGILIA.

Bueno, para todos los que estén por la radio: que Dios les bendiga, que Dios les guarde; y para los que están presentes: que Dios les bendiga, que Dios les guarde; y adelante sirviendo a Cristo en la cuarta vigilia del Día Postrero, sabiendo que en algún momento los muertos en Cristo resucitarán en cuerpos eternos y nosotros los que vivimos seremos transformados.

Y ahora, ¿dónde están los que estarían viendo la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles, la Venida del Ángel Fuerte descendiendo del Cielo envuelto en una nube, y luego viniendo en carne humana en el Día Postrero, en la cuarta vigilia del Día Postrero, caminando sobre el mar y sobre las aguas, caminando en Su ministerio sobre naciones, pueblos y lenguas? Aquí estamos en este Día Postrero.

“EL SÉPTIMO SELLO Y LA CUARTA VIGILIA”.

Eso es lo que estamos experimentando en este Día Postrero: estamos aquí experimentando el Séptimo Sello en la cuarta vigilia. Estamos en la cuarta vigilia bajo el ministerio del Séptimo Sello.

Que Dios les bendiga, que Dios les guarde. Muchas gracias por vuestra amable atención, amados amigos y hermanos presentes, y dejo nuevamente con nosotros al reverendo Miguel Bermúdez Marín.

Nos veremos mañana domingo, Dios mediante, a la hora asignada y en las actividades asignadas para mañana.

Que Dios les bendiga, y continúen pasando una noche llena de las bendiciones de nuestro amado Señor Jesucristo.

Con nosotros nuevamente el reverendo Miguel Bermúdez Marín para continuar. Dios les bendiga.

“EL SÉPTIMO SELLO Y LA CUARTA VIGILIA”.

[Revisión mayo 2019]

1 Apocalipsis 3:14

2 San Juan 5:19, 14:10

3 Salmo 27:4

4 Salmo 84:2, 10

5 Isaías 52:6

6 Ezequiel 34:11

7 San Juan 10:27

8 San Juan 8:12

9 San Mateo 24:37-39, San Lucas 17:26-30

10 San Mateo 6:10

11 San Mateo 14:26

12 Apocalipsis 13:11

13 Éxodo 12:22

14 Efesios 2:18

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