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Muy buenas tardes, amables amigos presentes, radioyentes y televidentes. Es para mí un privilegio muy grande estar con ustedes en esta ocasión para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor del Programa Divino correspondiente a este Día Postrero, y tomaremos el tema: “EL SÉPTIMO SELLO Y LA IRA DE DIOS”. Un tema un poco difícil, quizás, pero tenemos que enfrentarnos a la realidad de lo que es la ira de Dios, para escapar de la ira de Dios en el tiempo en que uno puede escapar de la ira de Dios.

Quiero leer en Apocalipsis, capítulo 8, verso 1 al 5, donde dice:

“Cuando abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el cielo como por media hora.

Y vi a los siete ángeles que estaban en pie ante Dios; y se les dieron siete trompetas.

Otro ángel vino entonces y se paró ante el altar, con un incensario de oro; y se le dio mucho incienso para añadirlo a las oraciones de todos los santos, sobre el altar de oro que estaba delante del trono.

Y de la mano del ángel subió a la presencia de Dios el humo del incienso con las oraciones de los santos.

Y el ángel tomó el incensario, y lo llenó del fuego del altar, y lo arrojó a la tierra; y hubo truenos, y voces, y relámpagos, y un terremoto”.

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Aquí en la apertura de este Séptimo Sello encontramos que hubo silencio en el Cielo como por media hora. Media hora del Cielo equivale entre los seres humanos a unos 20 años con 10 meses, 20 años con 10 meses; porque “un día delante del Señor es como mil años, y mil años como un día”, dice San Pedro en su segunda carta. Veamos Segunda de Pedro, capítulo 3, verso 8; dice:

“Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día”.

También el profeta Moisés en el Salmo 90 y verso 4 habla de esto mismo, y es de donde San Pedro tomó esa Palabra para luego abrirla más en el Nuevo Testamento.

Encontramos que los días postreros en la Biblia son días postreros delante de Dios y, por consiguiente, para los seres humanos son milenios.

Vean ustedes, en el libro de los Hechos (el apóstol San Pedro también hablando), capítulo 2, verso 14 en adelante… esto fue el Día de Pentecostés, en donde recibieron el Espíritu Santo. Y algunas personas, cuando los vieron hablando las maravillas de Dios, y todos entendiendo en los diferentes idiomas en los cuales hablaban ellos…; porque allí había personas de diferentes naciones, y habían nacido en diferentes naciones muchos de los hebreos que allí estaban ese día adorando a Dios, porque era tiempo festivo, y habían venido de sus diferentes naciones donde habían nacido, habían venido a Jerusalén para adorar a Dios; y ahora escuchaban a ciento veinte personas hablando en diferentes idiomas las maravillas de Dios.

Ellos decían: “¿Qué significa esto? ¿No son todos estos galileos? ¿Cómo les oímos nosotros hablar en nuestro propio idioma?”. Y algunos, burlándose, decían: “Están llenos de mosto”. Es que nunca faltan los burladores cuando Dios está cumpliendo Su Programa; pero ¡ay de ellos!, mal les irá.

Y ahora, por cuanto allí se estaba cumpliendo una promesa divina, Pedro tuvo que dar testimonio de lo que allí estaba sucediendo.

Hubo un grupo allí de los presentes, que decía: “¿Qué significa esto?”, o sea, deseaban saber. Otros, sabelotodos, decían: “Están borrachos, están llenos de mosto”; esos son malditos en cada momento que se manifiestan en las diferentes etapas del Programa de Dios. Y los que sabían lo que estaba sucediendo: Pedro y su grupo de 119 personas (y Pedro hacía el número 120).

Y ahora, dice capítulo 2, verso 14 en adelante, del libro de los Hechos:

“Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo: Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras.

Porque éstos no están ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera del día”.

O sea, era de 8 a 9 de la mañana, que es la hora tercera del día.

La primera hora del día es de 6 a 7 de la mañana, la segunda de 7 a 8 de la mañana y la tercera de 8 a 9 de la mañana; así es. Y esto es la cuarta vigilia. Y es la única vigilia que ocurre de día; y ocurre en la mañana, en las primeras tres horas de la mañana: de 6 a 9 de la mañana.

Ahora, Pedro dice:

“Mas esto es lo dicho por el profeta Joel:

Y en los postreros días, dice Dios…”.

¿Para cuándo? Para los postreros días.

“Y en los postreros días, dice Dios,

Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne,

Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán;

Vuestros jóvenes verán visiones,

Y vuestros ancianos soñarán sueños;

Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días

Derramaré de mi Espíritu, y profetizarán”.

Y ahora, ¿qué era lo que estaba sucediendo allí? Que Dios estaba derramando de Su Espíritu sobre aquellos que allí estaban. ¿Por qué? Porque ya estaban viviendo en los postreros días; porque la promesa de la Venida del Espíritu Santo es para los postreros días, para venir sobre toda carne, sobre toda persona que se arrepiente de sus pecados y recibe a Cristo como su Salvador y lava sus pecados en la Sangre de Cristo; para esas personas, la promesa de la Venida del Espíritu Santo se convierte en una realidad.

Y eso ha estado sucediendo desde el Día de Pentecostés hacia acá, y todavía Dios está derramando de Su Espíritu Santo sobre toda persona que recibe a Cristo como su Salvador y lava sus pecados en la Sangre de Cristo.

Esa es una promesa para los postreros días; y comenzaron, vean, los postreros días, hace ya dos mil años atrás.

San Pablo también tenía conocimiento de lo que eran los postreros días y por eso en Hebreos, capítulo 1, verso 1 al 2, dice:

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,

en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo…”.

¿Cuándo dice que Dios habló por el Hijo, por Jesucristo? Dice San Pablo: “… en estos postreros días…”, y ya han transcurrido dos mil años.

¿Se equivocaría San Pablo al decir que aquellos eran los días postreros? No se equivocó, porque un día delante del Señor para los seres humanos son mil años; y cuando Dios habla de los días postreros, son los días postreros delante de Dios, que para los seres humanos son los milenios postreros, los cuales son quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio; y ahí tenemos lo que son los días postreros.

Y cuando Jesús tenía de 4 a 7 años de edad comenzó el quinto milenio, y por consiguiente comenzaron los días postreros; y Dios estuvo hablando por medio de Jesucristo en los días postreros, porque había comenzado ya el primero de los días postreros delante de Dios, que para los seres humanos es el quinto milenio. Ese es el primero de los tres días postreros delante de Dios; para los seres humanos es el primero de los tres milenios postreros.

Y ahora, vean ustedes cómo para los días postreros la Primera Venida de Cristo estaba en medio del pueblo hebreo, el ministerio de Jesús estaba en medio del pueblo hebreo; y tuvo la labor de Redentor en medio del pueblo hebreo, allí, al comienzo de los días postreros, en donde tuvo Su ministerio y donde murió como Cordero de Dios en la Cruz del Calvario. Eso fue para los días postreros, como estaba prometido por Dios.

Y ahora hemos visto el misterio de lo que son los días postreros.

Y ahora, de los días postreros, ¿cuál es el Día Postrero delante de Dios? Pues el tercero de los tres días postreros. Y el tercero de los tres días postreros, veamos, es el último milenio de los tres milenios postreros; y el quinto milenio fue el primero de los tres días postreros delante de Dios, el sexto milenio fue el segundo de los tres milenios postreros y el séptimo milenio es el milenio postrero, el último milenio, de los tres milenios postreros.

Y ahora, si le añadimos al calendario los años de atraso que tiene, ya estamos en el séptimo milenio, y por consiguiente estamos en el Día Postrero delante de Dios, que para los seres humanos es el séptimo milenio; pero si no le añadimos al calendario los años de atraso que tiene, no hay ningún problema tampoco: ya faltan dos o tres años para comenzar el séptimo milenio.

Faltan… Vamos a ver, estamos en el 98. Lo que queda del 98 y luego el 99 y luego el 2000, y se acabó el sexto milenio y comienza el séptimo milenio; y por consiguiente comienza el siglo XXI, dentro de muy pocos años. O sea que estamos viviendo en el fin del siglo XX y en el fin del sexto milenio, en los últimos años del siglo XX y del sexto milenio.

Y para el fin del siglo, ¿qué dijo Cristo que estaría sucediendo? Cristo hablando en la parábola del trigo y de la cizaña dijo que dejaran el trigo y la cizaña juntos hasta el tiempo de la siega, o sea, tiempo de la cosecha; y Cristo, cuando habla del trigo y de la cizaña, la cizaña representa a los hijos del malo y el trigo representa a los hijos del Reino, los hijos de Dios.

Y ahora, es para el tiempo final en donde Cristo dice que enviará el Hijo del Hombre (¿a quién?) a Sus Ángeles (¿para qué?) para llevar a cabo la Obra de la gran cosecha. El trigo será llamado y juntado y recogido para ser colocado en el Al-….. [CORTE DE AUDIO EN ORIGEN]

… 1 al 2, donde dice [Isaías]:

“El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel;

a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová, y el día de venganza del Dios nuestro; a consolar a todos los enlutados…”.

Y ahora veamos algo muy importante aquí; aquí nos habla, en este pasaje, el verso 2 dice:

“… a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová, (y luego continúa diciendo) y el día de venganza del Dios nuestro…”.

Y ahora veamos en San Lucas, capítulo 4, donde Jesús estando en la sinagoga de Nazaret se presentó allí el día sábado, comenzando Él Su ministerio en aquella temporada; y miren lo que sucedió allí. Capítulo 4, verso 14 en adelante, dice, de San Lucas:

“Y Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea, y se difundió su fama por toda la tierra de alrededor.

Y enseñaba en las sinagogas de ellos, y era glorificado por todos.

Vino a Nazaret, donde se había criado; y en el día de reposo entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer.

Y se le dio el libro del profeta Isaías; y habiendo abierto el libro, halló el lugar donde estaba escrito:

El Espíritu del Señor está sobre mí,

Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres;

Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón;

A pregonar libertad a los cautivos,

Y vista a los ciegos;

A poner en libertad a los oprimidos;

A predicar el año agradable del Señor.

Y enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él.

Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros”.

Ahora, vean cómo Cristo lee la Escritura que se estaba cumpliendo en Él en ese tiempo, y les da testimonio de que estaba esa Escritura cumplida delante de ellos. ¿Por qué? Porque allí estaba el Ungido de Dios, el Ungido con el Espíritu de Dios para llevar a cabo el ministerio mesiánico correspondiente a ese tiempo, en el cumplimiento de la Primera Venida del Mesías, el cual vendría predicando el año de la buena voluntad de Jehová, vendría predicando el Mensaje de Gracia para el pueblo, en donde les mostraba las bendiciones que Dios tenía bajo la Dispensación de la Gracia para los seres humanos.

Y ahora, ¿por qué Cristo se detuvo ahí donde dice: “… a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová…” y no continuó leyendo? Porque si continuaba leyendo, la continuación era: “… y el día de venganza del Dios nuestro…”.

Y el día de venganza del Dios nuestro es el día de la ira de Dios que vendrá sobre la raza humana; y en la Primera Venida de Cristo no se predicaría el día de venganza del Dios nuestro, porque el día de venganza del Dios nuestro es para ser predicado en el Día Postrero; será predicado en el tiempo final, y eso es para este tiempo en el cual nosotros estamos viviendo.

Porque el día de venganza del Dios nuestro es el tiempo de la gran tribulación, en donde el juicio divino caerá sobre la raza humana; y eso es para el Día Postrero delante de Dios. Ese Día Postrero —que es el séptimo milenio para los seres humanos— es el día de venganza del Dios nuestro, en donde el juicio divino caerá sobre la raza humana.

Y ahora, veamos por unos momentos cómo será ese día de venganza del Dios nuestro; porque es mejor saber cómo van a ser las cosas en ese tiempo y ver cómo evitar llegar nosotros a ese juicio divino, ver cómo escapar; así como sucedió en el tiempo de Noé, en donde fue predicado el juicio divino que vendría sobre la raza humana, pero Dios le mostró al profeta Noé cómo escapar del juicio divino: por medio de la construcción de un arca, en donde entrarían todas las personas que creerían el Mensaje del profeta Noé.

Y ahora vamos a ver cómo será el juicio divino que vendrá sobre la raza humana durante la gran tribulación. En el Antiguo Testamento y en el Nuevo Testamento nos habla de ese juicio divino.

Y ahora, en el capítulo 6 de Apocalipsis, versos 12 al 17, nos muestra un cuadro claro de cómo estará la humanidad bajo el juicio divino en ese tiempo. Dice:

“Miré cuando abrió el sexto sello, y he aquí hubo un gran terremoto; y el sol se puso negro como tela de cilicio, y la luna se volvió toda como sangre;

y las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra, como la higuera deja caer sus higos cuando es sacudida por un fuerte viento.

Y el cielo se desvaneció como un pergamino que se enrolla; y todo monte y toda isla se removió de su lugar.

Y los reyes de la tierra, y los grandes, los ricos, los capitanes, los poderosos, y todo siervo y todo libre, se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes;

y decían a los montes y a las peñas: Caed sobre nosotros, y escondednos del rostro de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero;

porque el gran día de su ira ha llegado; ¿y quién podrá sostenerse en pie?”.

Hemos visto ahí el cuadro de lo que será el día de venganza del Dios nuestro, el día en donde la ira de Dios será derramada sobre la raza humana. No encontrará la humanidad dónde esconderse de la presencia de Dios y de Su juicio, que estará cayendo sobre la raza humana.

En el capítulo 11 de Apocalipsis, verso 15 al 19, también nos muestra un cuadro de lo que será ese tiempo. Dice:

“El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos.

Y los veinticuatro ancianos que estaban sentados delante de Dios en sus tronos, se postraron sobre sus rostros, y adoraron a Dios,

diciendo: Te damos gracias, Señor Dios Todopoderoso, el que eres y que eras y que has de venir, porque has tomado tu gran poder, y has reinado.

Y se airaron las naciones, y tu ira ha venido…”.

¿La ira de quién? De Dios. Dice:

“… y tu ira ha venido, y el tiempo de juzgar a los muertos, y de dar el galardón a tus siervos los profetas, a los santos, y a los que temen tu nombre, a los pequeños y a los grandes, y de destruir a los que destruyen la tierra.

Y el templo de Dios fue abierto en el cielo, y el arca de su pacto se veía en el templo. Y hubo relámpagos, voces, truenos, un terremoto y grande granizo”.

Aquí podemos ver que el juicio divino va a caer sobre la raza humana. Dios desde Su Trono estará hablando ese juicio divino. Por eso es que dice que hubo relámpagos, voces, truenos y un terremoto, así como también en la apertura del Séptimo Sello, en Apocalipsis, capítulo 8, dice [verso 5]:

“Y el ángel tomó el incensario, y lo llenó del fuego del altar, y lo arrojó a la tierra; y hubo truenos, y voces, y relámpagos, y un terremoto”.

Eso es el juicio divino saliendo del Trono de Dios, del Cielo, para ser cumplido, manifestado en el planeta Tierra sobre la raza humana.

¿Y por qué sale el juicio divino del Trono de Dios, cuando Dios es un Dios misericordioso, un Dios amoroso? Tenemos que desde que Cristo murió en la Cruz del Calvario, resucitó y ascendió al Cielo, Dios ha estado extendiendo Su misericordia sobre la raza humana. ¿Por qué? Porque en el Templo que está en el Cielo está Jesucristo como Sumo Sacerdote con Su Sacrificio y Su Sangre colocada sobre el Propiciatorio del Trono de Dios en el Cielo.

Y así como en medio del pueblo hebreo Dios le ordenó a Moisés levantar un tabernáculo…; y en ese tabernáculo encontramos que hubo un lugar llamado el lugar santísimo, donde fue colocada el arca del pacto; y el arca del pacto tenía sobre ella la tapa, llamada el propiciatorio, donde estaban dos querubines de oro (construidos del mismo oro que había sido construida esa tapa, ese propiciatorio); y en medio de los dos querubines de oro estaba la presencia de Dios en esa luz de la Shekinah o Columna de Fuego.

Y una vez al año, un día en el año, el sumo sacerdote entraba con la sangre del macho cabrío que había sido ofrecido en expiación por el pecado, y colocaba con su dedo de esa sangre sobre el propiciatorio; y así la misericordia de Dios era extendida para el pueblo hebreo, y quedaba el pueblo hebreo reconciliado delante de Dios, con Dios; sus pecados eran cubiertos con la sangre del sacrificio.

Y si los pecados son cubiertos y Dios no los puede ver, entonces el juicio divino no puede caer sobre la persona o sobre una nación; porque si Dios ve los pecados en una persona o en una nación, ¿qué sucede? Tiene que caer el juicio divino (¿por qué?) porque la paga del pecado es muerte.

Por eso ustedes pueden ver que el pueblo hebreo ofrecía a Dios esos sacrificios; pueden ver que el profeta Moisés estableció el tabernáculo y todas estas labores en el templo, para que así la misericordia de Dios estuviera sobre el pueblo hebreo. Si el pueblo hebreo no tenía ese tabernáculo y esos sacrificios delante de Dios, el pueblo hebreo sería destruido.

El templo o tabernáculo que construyó Moisés es tipo y figura del Templo que está en el Cielo; y por consiguiente, en el templo terrenal que Dios le ordenó a Moisés construir, vean ustedes, se ofrecían esos sacrificios y eran aceptados por Dios, porque eran tipo y figura del Sacrificio de Cristo, que sería colocado en el Templo que está en el Cielo; y fue colocado cuando Cristo murió, resucitó y ascendió al Cielo.

Y por eso de ahí en adelante no se necesita un templo o un tabernáculo —como el de Moisés o como el de Salomón— donde el pueblo pueda ofrecer a Dios sus sacrificios de animalitos y un sumo sacerdote pueda llevar sangre al lugar santísimo de un templo terrenal; ya no se necesita ningún templo terrenal en donde se hagan esas cosas, porque ya en el Templo que está en el Cielo, Jesucristo como Sumo Sacerdote, como Melquisedec, Sumo Sacerdote del Orden de Melquisedec…; porque Él es ese Sacerdote, ese Melquisedec que le apareció a Abraham, Él es el Sumo Sacerdote del Templo que está en el Cielo; por eso Él era el único que podía llevar a cabo un Sacrificio perfecto; y lo llevó a cabo con Su propio cuerpo, el cual tuvo aquí en la Tierra, el cual nació de la virgen María, lo ofreció por nuestros pecados, y luego resucitó ese cuerpo, y luego ascendió al Cielo y llevó de Su propia Sangre y la colocó allí en el Lugar Santísimo del Templo que está en el Cielo, sobre el Propiciatorio, sobre el Trono de Misericordia, el Trono de Dios.

Dice la Escritura que Él ascendió al Cielo y se sentó en el Trono de Dios, se sentó a la diestra de Dios. Vean, en Apocalipsis, capítulo 3, verso 21, Él dice que Él se sentó en el Trono de Dios. Dice:

“Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono”.

¿Y para qué se sentó en el Trono del Padre? Para colocar allí Su Sangre de la Expiación por nuestros pecados, para la reconciliación del ser humano con Dios.

Ya no necesita ni el pueblo hebreo ni los gentiles un templo terrenal, construido como el de Moisés o como el de Salomón, donde se ofrezcan esos sacrificios por el pecado, para la reconciliación de una persona o de un pueblo con Dios. Ya hay un Sacrificio en el Templo que está en el Cielo, y es el Sacrificio de Cristo, y Su Sangre allí para limpiar —no para cubrir el pecado, sino para limpiar— el pecado de todo ser humano.

Y toda persona que tiene esa Sangre del Cordero aplicada en su alma, porque ha recibido a Cristo como su Salvador y ha lavado sus pecados en la Sangre de Cristo y ha recibido Su Espíritu Santo, es visto por Dios sin pecado; porque la Sangre de Cristo no cubre el pecado, sino que lo quita, y la persona es justificada, o sea, como si nunca antes hubiese pecado; ni siquiera Dios recuerda que la persona pecó en alguna ocasión. ¿Por qué? Porque son borrados; y si son borrados, no están; y si no están, pues Dios no los puede ver.

Y ahora, eso es así para toda persona que ha recibido a Cristo como su Salvador, lavando sus pecados en la Sangre de Cristo y recibiendo Su Espíritu Santo; pero el que no lo ha hecho, sus pecados son vistos delante de Dios.

Y cuando Cristo quite Su Sacrificio y Su Sangre del Trono que está en el Cielo, el juicio divino caerá sobre la raza humana, la ira de Dios caerá sobre la raza humana, y destruirá naciones y millones de seres humanos. ¿Por qué? Porque la paga del pecado es muerte.

Cuando Jesucristo murió en la Cruz del Calvario, la ira de Dios iba a caer sobre la raza humana a causa del pecado, como cayó en el tiempo de Noé.

Ahora, ¿y por qué Noé no murió y murieron las demás personas (solamente ocho personas se salvaron1)? Porque solamente ocho personas tenían sus pecados cubiertos con la sangre de aquellos sacrificios que eran realizados en aquel tiempo, y solamente ocho personas creyeron el Mensaje de Dios que fue dado al profeta Noé, y solamente ocho personas entraron al arca; y luego la puerta se cerró.

El resto no entendió, no conoció. Aunque podían estar muy adelantados científicamente, y ser un grupo de naciones muy adelantadas en todos los campos (el campo científico y los demás campos), pero en cuanto al Programa de Dios no entendían el tiempo que estaban viviendo.

Y Cristo hace referencia al tiempo de Noé, y muestra Cristo que el tiempo final, el tiempo de la Venida del Hijo del Hombre, que es el tiempo del último Día o Día Postrero (o sea, el tiempo del séptimo milenio), será un tiempo paralelo al tiempo de Noé, en donde las personas tendrán muchos conocimientos humanos, pero en cuanto al Programa Divino correspondiente a este tiempo final (correspondiente al Día Postrero, al séptimo milenio) no tendrán conocimiento.

Cristo dijo en San Mateo, capítulo 24, verso 34 en adelante (vamos a ver)… Para no leer mucho vamos a comenzar en el verso 37; dice:

“Mas como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre.

Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca,

y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre”.

Y la Venida del Hijo del Hombre está prometida para el Día Postrero.

La Venida del Hijo del Hombre es la Venida del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová, viniendo en el Día Postrero en el cumplimiento de Su Venida como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo. Es la Venida de Aquel que estuvo con el pueblo hebreo, libertó al pueblo hebreo, acompañó al pueblo hebreo y los guio por el desierto por 40 años y los introdujo en la tierra prometida; y usó primeramente al profeta Moisés y después usó al profeta Josué.

Ahora, podemos ver que siempre ese Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, siempre ha usado un hombre, un profeta, de etapa en etapa, de edad en edad. Encontramos en el capítulo 23 y versos 20 al 23 del Éxodo, que Dios dice (acerca del Ángel de Jehová):

“He aquí yo envío mi Ángel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado.

Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión, porque mi nombre está en él.

Pero si en verdad oyeres su voz e hicieres todo lo que yo te dijere, seré enemigo de tus enemigos, y afligiré a los que te afligieren.

Porque mi Ángel irá delante de ti, y te llevará a la tierra del amorreo, del heteo, del ferezeo, del cananeo, del heveo y del jebuseo, a los cuales yo haré destruir”.

Ahora vean cómo este Ángel ha estado guiando al pueblo hebreo. Fue el que le habló al profeta Moisés y le dijo: “Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob”.

Este Ángel fue el que libertó al pueblo hebreo y era visto en la forma de una Columna de Fuego, pero, vean ustedes, es un hombre el que está dentro de esa Columna de Fuego; es un hombre de otra dimensión, de la sexta dimensión. Es este hombre señalado en el libro del profeta Malaquías como el Ángel del Pacto o Ángel de Jehová (y ahí también en la lectura que hemos tenido).

Y ahora, el profeta Malaquías promete la Venida de ese Ángel; y Su Venida va a ser en carne humana, en la forma de un profeta. En el capítulo 3 de Malaquías, verso 1 en adelante, dice:

“He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí (ese fue Juan el Bautista, el que vino preparándole el camino al Señor); y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos”.

¿Quién vendría después de Juan el Bautista? Vendría el Señor, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Ángel del Pacto, el que le apareció al profeta Moisés.

Y ahora, ¿cómo vendría? En San Juan, capítulo 1, verso 1 en adelante, dice de la siguiente manera; y quiero leer este pasaje que es muy importante para poder comprender el misterio de la Primera Venida de Cristo y de la Segunda Venida de Cristo. Capítulo 1, verso 1 al 14, dice:

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.

Éste era en el principio con Dios.

Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.

En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres”.

El verso 9 de este mismo capítulo 1, verso 9 al 10, de San Juan, dice:

“Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo.

En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció.

A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron (o sea, el pueblo hebreo no le recibió).

Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios…”.

¿Cómo? Pues creyendo en Cristo como nuestro Salvador, lavando nuestros pecados en la Sangre de Cristo y recibiendo Su Espíritu Santo; y así es como se nace de nuevo. Se obtiene el nuevo nacimiento y se nace como un hijo o como una hija de Dios. Y eso es “a los que creen en Su Nombre, pues les dio potestad de ser hechos hijos de Dios”.

“… los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios”.

O sea que el nuevo nacimiento no es naciendo de nuevo por medio de una mujer, no es un nuevo nacimiento por medio de voluntad de carne, ni de voluntad humana, ni de voluntad de varón, en la unión de un hombre y de una mujer, sino de Dios, por medio del Espíritu de Dios.

Al creer en Cristo, el Espíritu Santo produce ese nuevo nacimiento en cada una de las personas que tienen sus nombres escritos en el Libro de la Vida del Cordero desde antes de la fundación del mundo.

Y ahora sigue diciendo:

“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad”.

El Verbo, que era en el principio con Dios y que era Dios y que creó todas las cosas, ahora se hizo carne y habitó en medio del pueblo hebreo y fue conocido por el nombre de Jesús.

Vean quién es nuestro amado Salvador Jesucristo: es el Ángel del Pacto del Antiguo Testamento, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. Él es ese Ángel del Pacto que vendría en carne humana y estaría en medio del pueblo hebreo.

Y Él, Su cuerpo físico de carne —que obtuvo por medio de ese nacimiento a través de la virgen María—, fue el que ofreció en Sacrificio vivo allá en la Cruz del Calvario; y es ese cuerpo el que trajo la Sangre Divina para quitar, borrar nuestros pecados; y esa es la Sangre que ha sido colocada en el Propiciatorio del Templo que está en el Cielo, en el Lugar Santísimo, allá, del Trono de Dios.

Y Cristo como Sumo Sacerdote (el cual es el Ángel del Pacto) ha estado haciendo intercesión allá por cada persona que tiene su nombre escrito en el Libro de la Vida del Cordero; pero algún día terminará Su labor, cuando entre hasta el último de los escogidos de Dios. De lo cual también San Pablo habló en su carta a los Romanos, en el capítulo 11, donde dice…, hablando del pueblo hebreo y el por qué estaban ciegos al cumplimiento de la Venida del Mesías, dice, capítulo 11, verso 25 en adelante:

“Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles…”.

O sea, hasta que haya entrado hasta el último de los gentiles en el Cuerpo Místico de Cristo, hasta el último de los que tienen sus nombres escritos en el Libro de la Vida del Cordero.

Y cuando se complete el Cuerpo Místico de Cristo, que es la Iglesia de Jesucristo… Ese Cuerpo Místico se completará en este Día Postrero, o sea, en el séptimo milenio.

Y ahora, de edad en edad Cristo ha estado llamando y juntando a Sus hijos en los diferentes territorios donde han estado reunidos. En la primera etapa o edad de la Iglesia de Jesucristo entre los gentiles, esa etapa se cumplió en Asia Menor, y allí Dios envió a Su mensajero, el apóstol San Pablo; y por medio de San Pablo, Cristo manifestado en él, llamó y juntó a Sus escogidos de ese tiempo y de ese territorio.

San Pablo decía: “No vivo ya yo, vive Cristo en mí”. Era Cristo en San Pablo. Y así fue en cada ángel mensajero en cada una de estas diferentes etapas que aparecen en este diagrama que representa a la Iglesia de Jesucristo.

La primera etapa se cumplió en Asia Menor entre los gentiles, y San Pablo fue su mensajero; la segunda, tercera, cuarta, quinta y sexta se cumplieron en Europa, donde envió Cristo cinco mensajeros, a través de los cuales estuvo hablando y estuvo llamando y juntando a Sus ovejas; como nos dice en San Juan, capítulo 10, verso 14 en adelante:

“Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen,

así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas.

También tengo otras ovejas que no son de este redil (o sea, que no son del pueblo hebreo); aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor”.

¿Cómo van a escuchar la Voz de Cristo y cómo Cristo las va a traer? Por medio de Su manifestación en Espíritu Santo a través de cada ángel mensajero en cada una de las edades de Su Iglesia; y Cristo hablando por medio de cada mensajero, Jesucristo en Espíritu Santo manifestado en cada uno de estos mensajeros, estuvo llamando y juntando a Sus ovejas en cada una de estas etapas de la Iglesia de Jesucristo.

Y para este tiempo final ya han transcurrido estas siete etapas, y estos siete mensajeros ya han tenido sus ministerios y ya se fueron. ¿Y ahora qué nos queda? Nos queda la Edad de la Piedra Angular, que es la edad más importante, la Edad de Oro, en donde Cristo llama y junta a Sus escogidos por medio de Su Mensaje de Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino; y por medio de Su Ángel Mensajero nos da a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, porque por medio de Su Ángel Mensajero es que Cristo habla en este Día Postrero y nos da a conocer todos estos misterios del Reino de Dios y llama y junta a Sus escogidos en este tiempo final.

Y ahora, la primera etapa cayó en Asia Menor; la segunda, tercera, cuarta, quinta y sexta en Europa; la séptima cayó en Norteamérica; y ahora la Edad de la Piedra Angular cae en la América Latina y el Caribe, donde Dios llama y junta a Sus escogidos de la Edad de la Piedra Angular, los llama y los junta con la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino por medio de Su Ángel Mensajero. Por eso dice, el mismo Cristo dice en Apocalipsis 22, verso 16:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias”.

¿A quién ha enviado? A Su Ángel Mensajero. ¿Para qué? Para dar testimonio de estas cosas. ¿De qué cosas? De estas cosas que deben suceder pronto. Por eso las cosas que Cristo prometió dar a conocer a Su Iglesia en Apocalipsis, capítulo 4, las da a conocer por medio de Su Ángel Mensajero.

Vean, Apocalipsis, capítulo 4, verso 1, y Apocalipsis, capítulo 1, verso 10 al 11… Vean, Apocalipsis, capítulo 1, verso 10 al 11, dice:

“Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor (o sea, en el séptimo milenio, que es el Día del Señor y es el Día Postrero), y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta,

que decía: Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último”.

¿Quién es el Alfa y Omega?, ¿quién es el primero y el último? Nuestro Señor Jesucristo.

Y en el capítulo 4, verso 1, dice:

“Después de esto miré, y he aquí una puerta abierta en el cielo; y la primera voz que oí, como de trompeta (vean, está hablando con una voz como de trompeta; no es una trompeta, sino una voz como de trompeta), hablando conmigo, dijo: Sube acá (¿A dónde vamos a subir? Vamos a subir a la Edad de la Piedra Angular), y yo te mostraré las cosas que sucederán después de éstas”.

¿Qué cosas nos va a mostrar? Las que van a suceder después de las que ya han sucedido en las siete etapas de la Iglesia gentil; después de estas, hay otras cosas que van a suceder en esta edad, la Edad de la Piedra Angular, que se cumple esa edad… Esa edad se cumple (¿dónde?) en la América Latina y el Caribe.

Y ahora, ¿cómo va a darnos a conocer todas estas cosas? Vamos a ver por medio de quién. Apocalipsis, capítulo 22, verso 6, dice:

“Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto”.

¿A quién ha enviado? A Su Ángel Mensajero. ¿Para qué? Para mostrar (¿qué cosas?) las cosas que deben suceder pronto; porque ese es el mensajero enviado por Cristo, a través del cual Cristo en Espíritu Santo estará manifestado hablándole a Su Iglesia todas estas cosas que deben suceder.

Y ahora, vean cómo esta bendición tan grande corresponde al territorio latinoamericano y caribeño; y, vean, ahí es donde la plenitud de los gentiles se completa, entra lo que falta de los gentiles en el Cuerpo Místico de Cristo; se cumple (¿dónde?) en la Edad de la Piedra Angular; y la Edad de la Piedra Angular se cumple entre los latinoamericanos y caribeños. O sea que la bendición más grande de parte de Jesucristo para Su Iglesia corresponde a los latinoamericanos y caribeños.

Es ahí donde Él envía Su Ángel Mensajero para dar testimonio de todas estas cosas que deben suceder pronto, porque esa es la etapa en donde la Edad de la Piedra Angular se cumple, y es la Etapa de Oro de la Iglesia de Jesucristo, y es entre los latinoamericanos y caribeños.

La Iglesia del Señor Jesucristo se encuentra en este tiempo final en su etapa más gloriosa: la Edad de Oro de la Iglesia de Jesucristo; y se está cumpliendo esa edad en la América Latina y el Caribe. Y ahí entrará la plenitud de los gentiles. Con los escogidos que son llamados y juntados en esta Edad de la Piedra Angular se completará el Cuerpo Místico de Jesucristo.

Vamos a ver lo que dice aquí:

“Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles;

y luego todo Israel será salvo, como está escrito…”.

Ahora, hemos visto que el endurecimiento de Israel, el cual no ha podido creer en Cristo como su Salvador… El pueblo hebreo como nación no ha podido creer en Cristo como Salvador; ellos se mantienen en la Ley de Moisés, ellos no han pasado a la Gracia.

Y ahora, Dios obró en esa forma para darles una oportunidad a los gentiles; pero cuando se complete el número de los gentiles que componen el Cuerpo Místico de Cristo, luego la puerta de la misericordia se cerrará para los gentiles, y de ahí en adelante la ira de Dios caerá sobre los gentiles; porque de ahí en adelante, después, el Sacrificio de Cristo será quitado del Trono de Intercesión en el Cielo, y ya no habrá más misericordia de Dios para los gentiles, porque ya la Sangre de Cristo no estará cubriendo allí o quitando los pecados de ninguna otra persona; ya se habrá completado el Programa de Dios entre los gentiles, ya se habrá completado el Cuerpo Místico de Cristo.

Ahora, sigue diciendo… Ahora, después de eso, después que se complete el número de los gentiles, de la Iglesia gentil, ¿qué sucede? Entonces Dios se torna al pueblo hebreo, “y luego todo Israel será salvo”.

Ahora podemos ver el por qué los hebreos han rechazado a Cristo desde que vino dos mil años atrás, y aun durante todos estos dos mil años que han transcurrido el pueblo hebreo como nación ha rechazado a Cristo como el Mesías, como el Rey de Israel; pero eso ha dado oportunidad a los gentiles, para Dios llamar de entre los gentiles un pueblo para Su Nombre; pero luego que se complete el número de los gentiles del Cuerpo Místico de Cristo, luego todo Israel será salvo; se cerrará la puerta para los gentiles y se abrirá la puerta de misericordia para el pueblo hebreo.

Sigue diciendo:

“… como está escrito:

Vendrá de Sion el Libertador,

Que apartará de Jacob la impiedad.

Y éste será mi pacto con ellos,

Cuando yo quite sus pecados”.

Los pecados de ellos van a ser quitados ¿cuándo? Cuando Él, Cristo, se revele a ellos y ellos lo reciban; y entonces sus pecados serán quitados, y como nación serán totalmente restaurados, y el Espíritu de Dios estará en medio de la nación hebrea; y ya entonces será una nación viva, porque la nación hebrea sin el Espíritu de Dios en medio de ella es una nación sin vida, como las demás naciones.

Ahora, ¿cómo estará el Espíritu de Dios en medio de la nación hebrea? Estará en el cumplimiento de la Venida del Mesías.

Ahora, así como el cuerpo está muerto sin espíritu2, así están todas las naciones: sin el Espíritu de Dios están muertas; pero el pueblo hebreo, al recibir al Espíritu de Dios viniendo en el Día Postrero, al Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová viniendo de nuevo en el Día Postrero en carne humana, ellos dirán: “Este es al que nosotros estamos esperando”; y al recibirlo, estarán recibiendo (¿qué?) la Vida. Porque el cuerpo sin espíritu está muerto, y la nación hebrea sin el Espíritu de Dios en medio de ella está muerta; aunque ya se ha formado un poderoso cuerpo, pero todavía está sin en el Espíritu de Dios, como en los huesos secos que vio el profeta Ezequiel3.

Encontramos que se juntó cada hueso con su hueso, echó nervios, músculos, carne y piel, pero todavía estaban muertos (aunque ya tenían carne y piel y todo); pero cuando fue llamado el Espíritu de Dios sobre ellos y vino el Espíritu de Dios, entonces era una nación viva, un ejército poderoso; y así será para el Día Postrero.

Ya vemos que cada hueso se ha llegado a su hueso, ya vemos que han echado nervios, ya los vemos con músculos, es una nación fuerte; aunque tiene muchos enemigos, la vemos bien preparada; pero le falta el Espíritu de Dios que regrese, porque el Espíritu de Dios está entre los gentiles, de edad en edad llamando y buscando y juntando a Sus escogidos de cada edad y colocándolos en el Cuerpo Místico de Jesucristo.

Y cuando se complete esa labor, cuando entre la plenitud de los gentiles, se complete el número del Cuerpo Místico de Cristo, se complete el número de los miembros de la Iglesia de Cristo, entonces le toca al pueblo hebreo. Dios le abrirá los ojos, el entendimiento y el corazón, y el pueblo hebreo entonces comprenderá, y verá a Cristo manifestado en Su última manifestación.

No pudo ver a Cristo manifestado en carne humana dos mil años atrás en la persona de Jesús, tampoco pudo ver a Cristo, el Ángel del Pacto, manifestado en San Pablo ni en ninguno de los siete ángeles mensajeros; pero lo verá manifestado en el Ángel Mensajero del Señor Jesucristo, y dirá: “Este es el hombre que estamos buscando”.

Ellos están esperando a Elías que venga para preparar el camino al Señor, y ellos dirán: “Este es el hombre”; y después verán que también estará el ministerio de Moisés allí presente, lo verán también como Moisés; y después lo verán como el ministerio de Jesús repitiéndose en la Tierra de nuevo, lo verán como la manifestación de Cristo en el Día Postrero; y así ellos dirán: “Este es el hombre que nosotros estábamos esperando”. Pero antes de eso, todo esto lo verá la Iglesia de Jesucristo en el Día Postrero; porque tanto la Iglesia de Jesucristo como el pueblo hebreo tienen la promesa de la Segunda Venida de Cristo.

Y ahora, vean, en el Nuevo Testamento y en el Antiguo Testamento nos habla de la Venida del Señor en diferentes formas y con diferentes tipos y figuras, diferentes parábolas; y también tenemos reflejado todo este Programa de la Primera y Segunda Venida de Cristo, lo tenemos reflejado en hombres como el profeta José hijo de Jacob, también como el mismo Jacob, también como el rey David, y también como Salomón el hijo de David y otros profetas más.

Por eso es que encontramos que el rey David habló muchas cosas en el Espíritu, y eran profecías en cuanto a la Venida del Mesías; pero el profeta y rey David se sintió - sintió que estaba en esa situación; estuvo pasando por etapas, en donde se estaba reflejando lo que sucedería en la vida del Mesías, de Jesucristo en Su Primera Venida; y también se reflejó la Segunda Venida de Cristo en el rey David y también en José el hijo de Jacob. Porque es en los profetas de Dios que se refleja el Programa Divino de la Primera y Segunda Venida de Cristo.

Y ahora, encontramos que tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento la Venida del Señor está prometida para ser cumplida en el Día Postrero, así como la Primera Venida de Cristo fue prometida para ser cumplida, y se cumplió hace ya dos mil años aproximadamente en un sencillo joven obrero de la construcción llamado Jesús de Nazaret.

¿Quién se iba a imaginar que el Diseñador, el Arquitecto, el Ingeniero y Constructor del universo completo iba a aparecer como un sencillo obrero de la construcción aquí? El que construyó el universo completo, el que creó el universo completo, ahora viene en una forma humilde; y Ese era el que creó todas las cosas: el Verbo, que hizo todas las cosas, y ahora se hizo carne y vivió entre los seres humanos en la persona de Jesús de Nazaret, un joven humilde y sencillo.

Y ahora, ese era el misterio de la Primera Venida de Cristo: la Venida del Ángel del Pacto, del Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, en carne humana, en un velo de carne sencillo.

Y ahora, tenemos la promesa de la Venida del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, que es la Venida del Señor, la Venida del Ángel del Pacto, la Venida del Espíritu Santo; pues el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, y el Verbo, eso es el Espíritu Santo; es el Ángel del Pacto, Cristo en Espíritu Santo. Ahora, tenemos la promesa que Él volverá manifestado en carne humana en el Día Postrero.

Él ha estado manifestado en carne humana en cada uno de Sus mensajeros de cada edad, en la porción correspondiente a cada edad, pero para este Día Postrero vendrá en el cumplimiento de las promesas correspondientes al Día Postrero; y vamos a ver lo que será Su Venida.

En la página 134 del libro Los Sellos en español dice el precursor de la Segunda Venida de Cristo, el reverendo William Branham:

“142. Y noten ustedes: Cuando este Espíritu Santo que tenemos llegue a encarnarse, el que está en nuestro medio ahora mismo en la forma del Espíritu Santo, cuando Él llegue a ser encarnado en la Persona de Jesucristo, entonces nosotros le coronaremos como Rey de Reyes y Señor de Señores”.

Tenemos la promesa de que el Espíritu Santo vendrá en carne humana en el Día Postrero.

Y ahora, en la página 277 del libro de Los Sellos en español, dice el precursor de la Segunda Venida de Cristo, el reverendo William Branham:

“[240]. … pedimos que el Espíritu Santo venga ahora mismo, el Jinete del verdadero caballo blanco, mientras Su Espíritu, el Espíritu de Cristo, entre en confrontación con el anticristo, y Él llame los Suyos”.

Ahora, ¿quién es el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19? Es el Espíritu Santo, o sea, el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, que es Jesucristo en Espíritu Santo.

Y ahora, en la página 256 dice cómo va a venir en el Día Postrero. Dice:

“121. Pero cuando nuestro Señor aparezca sobre la Tierra, Él vendrá sobre un caballo blanco como la nieve, y será completamente Emmanuel —la Palabra de Dios encarnada en un hombre”.

Y si encontramos ese hombre, estaremos encontrando al Ángel del Pacto, al Ángel de Jehová, al Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el que libertó al pueblo hebreo y los llevó por el desierto por 40 años y los introdujo en la tierra prometida; el Ángel del Pacto, del cual Dios dijo: “He aquí yo envío mi Ángel delante de ti para que te guarde en el camino y te introduzca en la tierra” o “a la tierra…”. Vamos a ver [Éxodo 23:20]:

“He aquí yo envío mi Ángel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado.

Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión, porque mi nombre está en él.

Pero si en verdad oyeres su voz e hicieres todo lo que yo te dijere, seré enemigo de tus enemigos, y afligiré a los que te afligieren.

Porque mi Ángel irá delante de ti, y te llevará a la tierra del amorreo, del heteo, del ferezeo, del cananeo, del heveo y del jebuseo, a los cuales yo haré destruir”.

Este mismo Ángel de Jehová, el cual se hizo carne y habitó en medio del pueblo hebreo y fue conocido por el nombre de Jesús, es el que ha estado guiando a Su Iglesia de edad en edad, y ha estado manifestándose por medio de cada uno de esos ángeles mensajeros como se había manifestado por medio de los profetas del Antiguo Testamento.

Y ahora, para el Día Postrero estará manifestado en medio de Su Iglesia en Su Ángel Mensajero de la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino, que es el Ángel que Él dice: “Yo Jesús he enviado a mi Ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias”. Apocalipsis 22, verso 16. Vamos a leerlo directo aquí de la Biblia; dice:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias”.

Ese es el Ángel de Jesucristo que viene en el Día Postrero, en la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino, a través del cual estará manifestado el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, a través del cual estará manifestado Jesucristo en Espíritu Santo en carne humana; y por medio de ese Ángel Mensajero, Jesucristo nos estará hablando con esa Gran Voz de Trompeta y nos estará revelando todas estas cosas que deben suceder pronto, en este tiempo final.

Ahora, ese Ángel Mensajero no es el Señor Jesucristo, tampoco es el profeta Moisés y tampoco es el profeta Elías; pero en ese Ángel estará el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, que es Jesucristo en Espíritu Santo, manifestado, operando los misterios de Moisés por segunda vez, de Elías por quinta vez y de Jesús por segunda vez.

Hemos visto el misterio del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19. Es la Venida del Espíritu Santo, del Ángel del Pacto, viniendo en carne humana en el Día Postrero; es la Venida del Verbo, la Palabra encarnada en un hombre, encarnada en Su Ángel Mensajero del Día Postrero, de la Edad de la Piedra Angular; y por medio de ese Ángel Mensajero, de ese profeta mensajero, que es el profeta de la Dispensación del Reino…

Es la primera ocasión en que Jesucristo envía a Su Iglesia un profeta dispensacional, con un Mensaje dispensacional, con el Mensaje de la Dispensación del Reino, para dar testimonio (con ese Mensaje) de todas estas cosas que deben suceder pronto, en este Día Postrero; y darles a conocer a todos los hijos e hijas de Dios que estamos viviendo en el tiempo en donde de un momento a otro se cierra la puerta de la misericordia y se abre el juicio divino, la ira de Dios cae sobre la raza humana.

Pero antes de eso, los escogidos que viven en este tiempo final están siendo llamados y juntados en la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino; y esta Obra se está realizando (¿dónde?) en la América Latina y el Caribe en este tiempo final. Y si hay algún escogido que se ha ido a vivir a otro territorio, hasta allá le llegará el Mensaje; no importa en el país donde se encuentre, el Mensaje le llegará, el Mensaje de la Gran Voz de Trompeta, que es la Trompeta Final.

Y ahora vean cómo luego de la Séptima Trompeta, esa Trompeta Final, luego de sonar esa Trompeta Final, luego de dar Su Mensaje, luego vendrá la ira de Dios sobre la raza humana; pero antes son llamados y juntados todos los escogidos de Dios; y, después, los muertos en Cristo resucitarán en cuerpos eternos y nosotros los que vivimos seremos transformados, y estaremos a imagen y semejanza de nuestro amado Señor Jesucristo.

Ahora, ¿cuándo ocurrirá la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de nosotros los que vivimos? Cristo, vamos a ver para cuándo dijo que sería llevada a cabo la resurrección de los muertos en Cristo. San Juan, capítulo 6, verso 40, dice:

“Y ésta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquél que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero”.

Y el Día Postrero es el séptimo milenio. Ese es el Día del Señor, en donde los muertos en Cristo serán resucitados y nosotros los que vivimos seremos transformados; y es también el día en donde la ira de Dios caerá sobre la raza humana.

Ahora, ¿en qué año de ese séptimo milenio? No sabemos, pero esperemos a que sea realizada la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación nuestra, y después de eso vamos a estar solamente de 30 a 40 días aquí en ese nuevo cuerpo, y después nos iremos a la Cena de las Bodas del Cordero.

Después de eso solamente le quedará a la raza humana tres años y medio, en donde la ira de Dios caerá sobre la raza humana y el reino de los gentiles será pasado a las manos de Cristo; porque con la ira de Dios será destruido el anticristo y su reino, para ser establecido el Reino de Jesucristo en este planeta Tierra. Y después de esos tres años y medio de la gran tribulación será establecido el glorioso Reino Milenial de Cristo; y regresaremos a la Tierra, porque nos iremos antes de que comiencen los juicios divino sobre la Tierra, antes que caiga la ira de Dios sobre la Tierra, nos iremos a la Cena de las Bodas del Cordero.

Mientras la Tierra estará pasando por los juicios de la gran tribulación, de la ira de Dios siendo derramada sobre la Tierra, nosotros estaremos disfrutando de la gran Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo, en la Casa de nuestro Padre celestial; pero después que terminen esos tres años y medio, regresaremos a la Tierra y reinaremos con Cristo por mil años en este planeta Tierra, y reinaremos sobre todo el planeta Tierra con nuestro amado Señor Jesucristo; porque el Reino de Cristo, del Mesías, es sobre todo el planeta Tierra.

La capital estará en la tierra de Israel, será Jerusalén, y el territorio de Israel será el Distrito Federal; y desde ahí Cristo, el Mesías, gobernará sobre el pueblo hebreo y sobre todas las naciones.

Ahora, hemos visto este misterio de EL SÉPTIMO SELLO Y LA IRA DE DIOS.

Todavía la misericordia de Dios está extendida sobre la raza humana; pero ya falta muy poco para que la misericordia de Dios, que ha sido extendida por estos dos mil años sobre la raza humana, sobre los gentiles…; muy pronto se cerrará la puerta de la misericordia y entonces caerá el juicio divino, la ira de Dios, sobre los gentiles.

De un momento a otro se completará el número de los escogidos de Dios y ya Cristo terminará Su labor de Intercesor, se revelará al pueblo hebreo y ya todo habrá terminado para los gentiles. Luego el juicio de Dios quitará el reino de los gentiles, y será establecido luego el glorioso Reino de Dios, el Reino del Mesías, el Reino de Cristo sobre este planeta Tierra.

El Séptimo Sello hemos visto que es la Venida del Señor, la Venida del Ángel del Pacto, la Venida del Verbo, la Palabra encarnada en un hombre, y estará llevando a cabo la Obra correspondiente al Día Postrero, llamando y juntando a los escogidos de Dios al mostrarles, revelarles el misterio de todas estas cosas que deben suceder pronto, en este tiempo final.

Con ese Mensaje de Gran Voz de Trompeta o Trompeta Final revelándoles el misterio de Su Venida, los escogidos del Día Postrero son llamados y juntados. Cuando escuchan ese Mensaje de la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino revelando el misterio de la Segunda Venida de Cristo, dicen: “Esto era lo que yo estaba esperando. Yo sabía que esto venía de parte de Dios”; y ahí son despertados en sus almas los hijos de Dios y son llamados en este tiempo final, para pronto completarse el número de todos los escogidos de Dios, del Cuerpo Místico de nuestro amado Señor Jesucristo. Después vendrá la ira de Dios.

Nosotros deseamos para todos los latinoamericanos y caribeños la misericordia de Dios, y por eso les damos a conocer la misericordia de Dios a todos los latinoamericanos y caribeños, porque queremos que toda la América Latina y el Caribe entre al glorioso Reino Milenial de nuestro amado Señor Jesucristo. Y oramos por toda la América Latina y el Caribe como naciones latinoamericanas y caribeñas; y también oramos por los habitantes de todos los países latinoamericanos y caribeños, para que como individuos Dios obre en sus almas y les abra el entendimiento para poder comprender los misterios del Reino de Dios correspondientes a este tiempo final, y aprovechen este corto tiempo que nos queda de misericordia en el Programa Divino.

Ha sido para mí un privilegio muy grande estar con ustedes, amables amigos y hermanos presentes, radioyentes y televidentes, dándoles testimonio de EL SÉPTIMO SELLO Y LA IRA DE DIOS.

Al hablar a ustedes de la ira de Dios, lo he hecho con amor divino, mostrándoles que antes que caiga la ira de Dios tenemos todavía oportunidad de recibir la misericordia de Dios; pero luego que la persona desprecia la misericordia de Dios, lo único que queda es la ira de Dios. No desprecie la misericordia de Dios.

En este tiempo final está siendo manifestada la misericordia de Dios por última vez, en la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino, y en la América Latina Dios está manifestándose y está llamando y juntando a todos Sus escogidos en este tiempo final. Aproveche esa bendición que Dios está derramando sobre la América Latina y el Caribe, amigo y hermano radioyente y televidente, y los aquí presentes.

Que Dios les bendiga, y continúen pasando todos una tarde llena de las bendiciones de nuestro amado Señor Jesucristo.

EL SÉPTIMO SELLO Y LA IRA DE DIOS”.

1 1 Pedro 3:20

2 Santiago 2:26

3 Ezequiel 37:1-14

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