ImprimirImprimir

Muy buenos días, amados hermanos y amigos presentes; es para mí un privilegio muy grande estar con ustedes en esta ocasión para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios, del Programa Divino correspondiente a este tiempo final, y así ver en el Programa Divino la hora que nos ha tocado vivir.

Ahora vayamos a la Palabra de Dios, para así ver nuestro tema de esta mañana... Antes, reciban saludos también de todos los hermanos y congregaciones de todos los países de la América Latina: de México, República Mexicana, de Guatemala, de El Salvador, de Nicaragua, Costa Rica también y Panamá (los lugares por donde estábamos en este viaje).

Dios sigue añadiendo los que están escritos en el Libro de la Vida del Cordero, y en cada viaje que damos encontramos que Dios ha levantado más y más congregaciones, porque Dios está llamando y juntando a Sus escogidos en este tiempo final para completar el número de Su Iglesia en la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino, y luego cerrarse la puerta, como dice en la parábola de las diez vírgenes: que la puerta fue cerrada en cierto momento, pero ya estaban dentro las vírgenes prudentes, y estaban dentro con el Esposo.

Ahora, veamos, nuestro tema para esta mañana es: “EL SÉPTIMO SELLO Y LOS TRES TESTIGOS”.

Para lo cual vamos a leer en Apocalipsis, capítulo 1, verso 5; y vamos a leer también en Apocalipsis, capítulo 11, verso 3 en adelante. Vamos a comenzar en el capítulo 1, verso 4 en adelante; dice:

Juan, a las siete iglesias que están en Asia: Gracia y paz a vosotros, del que es y que era y que ha de venir, y de los siete espíritus que están delante de su trono;

y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre,

y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén.

He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén.

Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso”.

Y en Apocalipsis, capítulo 11, verso 3 en adelante, dice:

Y daré a mis dos testigos que profeticen por mil doscientos sesenta días, vestidos de cilicio.

Estos testigos son los dos olivos, y los dos candeleros que están en pie delante del Dios de la tierra.

Si alguno quiere dañarlos, sale fuego de la boca de ellos, y devora a sus enemigos; y si alguno quiere hacerles daño, debe morir él de la misma manera.

Estos tienen poder para cerrar el cielo, a fin de que no llueva en los días de su profecía; y tienen poder sobre las aguas para convertirlas en sangre, y para herir la tierra con toda plaga, cuantas veces quieran.

Cuando hayan acabado su testimonio, la bestia que sube del abismo hará guerra contra ellos, y los vencerá y los matará.

Y sus cadáveres estarán en la plaza de la grande ciudad que en sentido espiritual se llama Sodoma y Egipto, donde también nuestro Señor fue crucificado.

Y los de los pueblos, tribus, lenguas y naciones verán sus cadáveres por tres días y medio, y no permitirán que sean sepultados.

Y los moradores de la tierra se regocijarán sobre ellos y se alegrarán, y se enviarán regalos unos a otros; porque estos dos profetas habían atormentado a los moradores de la tierra.

Pero después de tres días y medio entró en ellos el espíritu de vida enviado por Dios, y se levantaron sobre sus pies, y cayó gran temor sobre los que los vieron.

Y oyeron una gran voz del cielo, que les decía: Subid acá. Y subieron al cielo en una nube; y sus enemigos los vieron.

En aquella hora hubo un gran terremoto, y la décima parte de la ciudad se derrumbó, y por el terremoto murieron en número de siete mil hombres; y los demás se aterrorizaron, y dieron gloria al Dios del cielo.

El segundo ay pasó; he aquí, el tercer ay viene pronto”.

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Nuestro tema para esta ocasión, les dije que es: “EL SÉPTIMO SELLO Y LOS TRES TESTIGOS”.

Encontramos en el capítulo 35 de Números, verso 30 al 34, donde dice:

Cualquiera que diere muerte a alguno, por dicho de testigos morirá el homicida; mas un solo testigo no hará fe contra una persona para que muera.

Y no tomaréis precio por la vida del homicida, porque está condenado a muerte; indefectiblemente morirá.

Ni tampoco tomaréis precio del que huyó a su ciudad de refugio, para que vuelva a vivir en su tierra, hasta que muera el sumo sacerdote.

Y no contaminaréis la tierra donde estuviereis; porque esta sangre amancillará la tierra, y la tierra no será expiada de la sangre que fue derramada en ella, sino por la sangre del que la derramó.

No contaminéis, pues, la tierra donde habitáis, en medio de la cual yo habito; porque yo Jehová habito en medio de los hijos de Israel”.

Esta profecía o esta Palabra nos enseña que el homicida morirá porque derramó sangre sobre la tierra, pero no morirá sin testigos; y un solo testigo no dará fe para que el homicida pueda morir; se requiere dos o tres testigos.

Deuteronomio, capítulo 17, verso 6, vamos a ver lo que nos dice ahí Dios. Capítulo 17, verso 6 dice:

Por dicho de dos o de tres testigos morirá el que hubiere de morir; no morirá por el dicho de un solo testigo.

La mano de los testigos caerá primero sobre él para matarlo, y después la mano de todo el pueblo; así quitarás el mal de en medio de ti”.

Ahora, vean ustedes cómo aquí Dios cuando habla del juicio divino para caer sobre el homicida, y para cualquier persona que sea digno de muerte en medio del pueblo hebreo, conforme a la Ley de Moisés se requería que dos o tres testigos dieran testimonio de lo que había sucedido; y esos dos o tres testigos, vean ustedes, estarían hablando acerca de lo que fue hecho. Y conforme a la Ley de Moisés, habiendo esos dos o tres testigos verdaderos, entonces el juicio de la muerte caería sobre esa persona.

La sangre..., miren ustedes, la tierra era contaminada cuando era matada una persona. Cuando una persona era muerta por otra persona, la tierra, vean ustedes, abrió su boca, sus entrañas para recibir la sangre de esa persona; y la sangre de esa persona clamaba a Dios desde la tierra, como dice en el Génesis, que la sangre de Abel clamaba a Dios. Eso está, vamos a ver, capítulo 4 del libro del Génesis. Aquí tenemos el primer caso, capítulo 4, verso 3 en adelante, dice:

Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová.

Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda;

pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante.

Entonces Jehová dijo a Caín: ¿Por qué te has ensañado, y por qué ha decaído tu semblante?

Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él.

Y dijo Caín a su hermano Abel: Salgamos al campo. Y aconteció que estando ellos en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel, y lo mató.

Y Jehová dijo a Caín: ¿Dónde está Abel tu hermano? Y él respondió: No sé. ¿Soy yo acaso guarda de mi hermano?

Y él le dijo: ¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra.

Ahora, pues, maldito seas tú de la tierra, que abrió su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano.

Cuando labres la tierra, no te volverá a dar su fuerza; errante y extranjero serás en la tierra.

Y dijo Caín a Jehová: Grande es mi castigo para ser soportado.

He aquí me echas hoy de la tierra, y de tu presencia me esconderé, y seré errante y extranjero en la tierra; y sucederá que cualquiera que me hallare, me matará.

Y le respondió Jehová: Ciertamente cualquiera que matare a Caín, siete veces será castigado. Entonces Jehová puso señal en Caín, para que no lo matase cualquiera que le hallara.

Salió, pues, Caín de delante de Jehová, y habitó en tierra de Nod, al oriente de Edén.

Y conoció Caín a su mujer, la cual concibió y dio a luz a Enoc; y edificó una ciudad, y llamó el nombre de la ciudad del nombre de su hijo, Enoc (y por ahí sigue la descendencia de Caín)”.

Ahora miren cómo la sangre de Abel, que derramó Caín sobre la tierra, clamaba a Dios desde la tierra; y por consiguiente vino juicio divino sobre Caín, vino la maldición de Dios para Caín. Dice Dios en la maldición que habló:

Ahora, pues, maldito seas tú de la tierra, que abrió su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano.

Cuando labres la tierra, no te volverá a dar su fuerza; errante y extranjero serás en la tierra”.

Y ahora, vean cómo a través de Levítico y de Números... En Números encontramos que la tierra, dice que será expiada por la sangre del que derramó la sangre, o sea, muriendo el que mató a otra persona es que es expiada la tierra. Y eso es así para personas, para naciones, para pueblos; y eso también es aplicable para, aun, grupos religiosos; y es aplicable en medio del pueblo hebreo.

Por eso es que ustedes verán, a través de la Biblia, que para el Reino Milenial y para la eternidad no entrarán muchas naciones, pueblos y lenguas, y aun religiones; y solamente habrá una sola fe, una sola revelación, una sola enseñanza. Y dice la Escritura en Zacarías, capítulo 14 y verso 9:

Y Jehová será rey sobre toda la tierra. En aquel día Jehová será uno, y uno su nombre”.

En el Reino Milenial encontramos que solamente tendremos una sola enseñanza; y esa sola enseñanza saldrá desde Jerusalén, el Trono del Mesías, para todo el pueblo hebreo y para todas las naciones. Y “Jehová será uno, y uno Su Nombre”; o sea que solamente habrá una enseñanza de un solo Dios.

Ahora podemos ver qué será la enseñanza del Único Dios verdadero, del Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el cual se le apareció a diferentes profetas (como a Abraham, a Isaac, Jacob, Moisés y los demás profetas) como el Ángel de Jehová o Ángel del Pacto, y que luego se hizo carne en medio del pueblo hebreo y fue conocido Su velo de carne por el nombre de Jesús.

Allí estaba el Ángel de Jehová, el Ángel del Pacto, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Verbo que era con Dios y era Dios, el cual se hizo carne: “Y aquel Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”. Y vean ustedes cómo habitó entre la raza humana, entre los seres humanos, en medio del pueblo hebreo.

Allí fue donde se hizo hombre, donde se vistió de carne humana, se vistió de hombre de esta dimensión el Ángel de Jehová, el Ángel del Pacto, el cual es un hombre de la sexta dimensión en el cual está Dios dentro de ese cuerpo teofánico de la sexta dimensión; y luego al crearse un cuerpo físico de esta dimensión, el cual fue llamado Jesús, ahí habitó en toda Su plenitud.

Él es el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. Dios se hizo hombre y habitó entre los seres humanos, se hizo carne. Ese es el misterio grande de la Primera Venida de Cristo: que era el mismo Dios vestido de carne humana.

El Verbo que era con Dios y era Dios y que creó todas las cosas, el Verbo, el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, Dios en y con Su cuerpo teofánico, luego se hizo un cuerpo de carne y habitó entre los seres humanos. Esa era la forma en que Eva tenía que traer su primer hijo a la Tierra. La forma en que ocurrió en la virgen María era la forma en que tenía que ocurrir en Eva, pero Eva se adelantó.

Y ahora, vean ustedes cómo por medio de esa manifestación de Dios en carne humana se llevó a cabo la Redención en la Cruz del Calvario. Para el tiempo de Jesús se estaban cumpliendo todas las promesas, profecías, de la Primera Venida de Cristo.

Cristo a medida que iba hacia adelante en Su vida, iba cumpliendo escrituras; desde aún antes de nacer: cuando el Arcángel Gabriel visitó a la virgen María, ahí ya se estaban cumpliendo escrituras; porque el profeta Isaías dijo que una virgen concebiría y daría a luz1; y cuando le apareció el Arcángel Gabriel a la virgen María, pues ahí ya se estaba cumpliendo escritura, porque ahí estaba la virgen prometida por Dios a través del profeta Isaías, que concebiría y daría a luz un hijo y se llamaría su nombre Emanuel.

Cualquier persona puede decir: “Pero el niño que nació de esa virgen no se llamó Emanuel, se llamó Jesús; ese no puede ser el niño”. Es que hay que entender que el nombre Jesús, vean ustedes, cubre todos esos significados.

Emanuel significa: Dios con nosotros, y Jesús es Dios con nosotros; o sea, que en ese nombre se estaban cumpliendo todos los significados de los nombres compuestos correspondientes a la Primera Venida de Cristo. Y todos los nombres compuestos para la Segunda Venida de Cristo serán cumplidos con y en el nombre correspondiente a la Segunda Venida de Cristo.

Y ahora, miren ustedes cómo a medida que fue pasando el tiempo encontramos, por ejemplo, que cuando vino el primer Elías se llamaba Elías Tisbita, cuando vino el segundo Elías se llamaba Eliseo. ¿Ven? Casi el mismo nombre, pero no exactamente el mismo nombre; parecido. Luego cuando vino el tercero se llamaba Juan: ya se ve muy diferente.

Pero cuando vino Juan como precursor, Aquel al cual le preparó el camino también comenzaba con la misma letra su nombre. Ahora, vean ustedes cómo tenía un parecido en su comienzo, en la primera letra (esto es hablando en términos acá, en español; en inglés también), pero no era el mismo nombre, pero estaba con la primera letra.

Luego viene el cuarto Elías y ya su nombre no es Elías, pero el ministerio sí es Elías (y ahora, siempre el nombre del velo de carne es el nombre que le colocan cuando nace el velo de carne); y él precursa la Segunda Venida de Cristo.

En la Segunda Venida de Cristo estará el nombre para ser revelado a los escogidos de Dios; y el precursor podrá tener una letra, dos letras, tres letras, o las letras que sean, de acuerdo al Programa de Dios.

Ahora, el nombre, vean, es una cosa, y el apellido es otra cosa.

El apellido de Elías pues podría ser Tisbita; porque casi siempre los apellidos se los colocaban, la mayor parte de las ocasiones, de acuerdo al sitio donde ellos vivían. Y a Jesús le pusieron Jesús de Nazaret, porque se crio en Nazaret; si se hubiera criado en Belén pues sería Jesús de Belén de Judea.

En cuanto a los apellidos, después más adelante fue que colocaron los apellidos en una forma más... en términos legales; pero antes pues casi nadie conocía a una persona por nombre y apellido, sino por el nombre, y para hacer referencia a esa persona pues usaban la aldea o la ciudad de donde venía; y si le querían colocar otro segundo apellido, pues le colocaban el de la región, por ejemplo, Jesús de Nazaret de Galilea o Galileo.

Y ahora, vean ustedes cómo en esos tiempos pues hacían en esa forma, pero el nombre siempre es el nombre que le colocan cuando la persona nace. Como nuestro hermano Branham dice: “Yo soy un Branham por familia, pero cuando nací me pusieron un nombre: William”. Ese es el nombre. Branham es el apellido.

Y ahora vean ustedes cómo, de edad en edad y de dispensación en dispensación, ustedes podrán ver cómo Dios habla de un nombre. Por ejemplo, cuando habló del nombre del Mesías para la Primera Venida, dijo que sería Emanuel. Y todo el mundo, quizás, pensaba: “Cuando venga el Mesías, el nombre será Emanuel”. Y cuando apareció Jesús, y Sus discípulos decían que Ese era el Mesías, algunos que no tenían —en los términos espirituales— “ni un dedo de frente”, de conocimiento espiritual, sino que eran legalistas, decían: “¡Um-kum!, Isaías dice que Su Nombre es Emanuel, y el nombre de este es Jesús. Ese en ningún momento, en ningún sitio está prometido en la Biblia que el nombre del Mesías será Jesús”. Pero miren, Jesús significa ‘Salvador’, ‘Redentor’.

Y ahora, los que se agarraban literalmente de la letra les sucedía lo que dice San Pablo: “La letra mata, mas el espíritu vivifica”2. El Espíritu es el que le da vida, el que trae vida a esa letra. Y cuando trajo a vida esa letra: Emanuel era Jesús. Emanuel es Jesús. Dios con nosotros es Jesús. Padre eterno es Jesús. Príncipe de Paz es Jesús.

Vean, todos esos nombres compuestos o nombres dados para la Primera Venida del Mesías y para la Segunda Venida del Mesías, son nombres que tienen un significado; y es cumplido ese significado en el nombre que traiga el Mesías en Su Primera Venida y luego en el que traiga en Su Segunda Venida.

Porque para Su Primera Venida Su nombre sería Jesús, y nadie lo sabía. Y para Su Segunda Venida Él dice: “Y escribiré sobre él (sobre el vencedor) el Nombre de mi Dios...”. Vamos a ver cómo dice. Capítulo 3, verso 12, de Apocalipsis, dice:

Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios...”.

Y si va a escribir el Nombre de nuestro Dios, si lo buscamos en Éxodo, capítulo 3, versos 13 en adelante, 13 al 14, dice:

Dijo Moisés a Dios: He aquí que llego yo a los hijos de Israel, y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé?

Y respondió Dios a Moisés: Yo soy el que soy. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: Yo Soy me envió a vosotros”.

Ahora, aquí: Yo Soy... “Dirás: Yo Soy me envió a vosotros...”. Ahora, aquí esto que dice: Yo Soy como Nombre de Dios, en lo que le fue hablado a Moisés, son cuatro consonantes que en hebreo o arameo o lo que sea, son YHWH. En griego pues la “Y griega” viene a ser la “J”, y por eso es que en griego el nombre del Mesías en Su Primera Venida es Jesús, pero en hebreo es Yoshua o Josué.

Y vean ustedes, ese nombre lo había tenido el que trabajó con Moisés como servidor de Moisés.

Moisés fue, vean ustedes, el que tuvo a Oseas, que es Josué, el cual luego introdujo al pueblo a la tierra prometida. Y nuestro Josué, el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, el Espíritu Santo manifestado en Su Primera Venida en carne humana, en el velo de carne llamado Jesús, es el que nos introdujo a la tierra prometida del nuevo cuerpo teofánico de la sexta dimensión, por medio de creer en Cristo y lavar nuestros pecados en la Sangre de Cristo y recibir Su Espíritu Santo.

Todo esto ha sido hecho posible por medio de la Obra de Redención llevada a cabo por nuestro Josué; porque el nombre Jesús en griego es Josué en hebreo, Yoshua.

Y vean ustedes cómo en diferentes ocasiones también Jesús dijo: Yo Soy. Cada vez que Él decía: “Yo soy el pan vivo que he descendido del cielo...”, siempre que usaba el Yo Soy, ahí lo tenemos como el Yo Soy que le apareció a Moisés.

Cuando lo fueron a tomar preso en el Monte allí de los Olivos, encontramos que Él pregunta: “¿A quién buscáis?”. Y le dicen: “A Jesús”. Y Él les dice: “Yo soy”. Ahí está usando el Yo Soy aquí del Antiguo Testamento, identificándose como el Yo Soy del Antiguo Testamento; y dice que cayeron a tierra, cayeron sentados a tierra todos los que vinieron, solamente con Él hablar3.

Y ahora, vean ustedes cómo el Yo soy, que es el Ángel de Jehová, el Ángel del Pacto, el mismo Dios en Su cuerpo teofánico, dice en el capítulo 23 del Éxodo, verso 20 en adelante:

He aquí yo envío mi Ángel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado.

Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión, porque mi nombre está en él”.

¿El Nombre de Dios dónde está colocado? En el Ángel del Pacto o Ángel de Jehová, que es el Verbo, el Ángel de Jehová que le apareció en diferentes ocasiones a los profetas del Antiguo Testamento; le apareció a Moisés, y era el mismo Jehová en Su cuerpo teofánico. Y por esa causa ¿el Nombre de Dios estaba dónde? En ese Ángel, ese Ángel de la sexta dimensión.

Pero si en verdad oyeres su voz e hicieres todo lo que yo te dijere, seré enemigo de tus enemigos, y afligiré a los que te afligieren.

Porque mi Ángel irá delante de ti, y te llevará a la tierra del amorreo, del heteo, del ferezeo, del cananeo, del heveo y del jebuseo, a los cuales yo haré destruir”.

Ahora vean cómo seguir a ese Ángel y escuchar la voz de ese Ángel era estar siguiendo a Dios y estar escuchando la Voz de Dios; porque era la manifestación de Dios a través de Su cuerpo teofánico llamado el Ángel de Jehová o Ángel del Pacto.

Y luego envió a Juan el Bautista como precursor; y luego Él mismo vino vestido de carne humana, y el velo de carne fue llamado Jesús. Ahí estaba el Nombre para la Redención, el nombre que significaba ‘Salvador’ o ‘Redentor’.

Y todos los nombres compuestos dados a Dios en el Antiguo Testamento, Jehová-Salvador, Jehová-nisi, Jehová-sama, todos esos nombres compuestos estaban en Él cumplidos porque Jehová estaba allí presente; Jehová allí como la bandera, Jehová-Sanador, Jehová-Salvador; todo eso estaba en Jesús; porque era la manifestación de Dios en carne humana.

Dios con Su cuerpo teofánico estaba dentro de ese velo de carne; y por lo tanto, el nombre que le fue colocado a ese velo de carne, por María y José (pero a María fue que vino la revelación de ese nombre que le pondrían al niño, porque se la dio el Arcángel Gabriel)... Ahora, vean ustedes, ese era el Nombre de Dios para esa manifestación en carne humana, para llevar a cabo la Obra de Redención, para así producir el nuevo nacimiento en la sexta dimensión, en el Reino de Dios, en el Cuerpo Místico de Cristo, de millones de hijos e hijas de Dios.

Porque con el nacimiento natural que hemos obtenido por nuestros padres terrenales no hemos nacido en el Reino de Dios, sino en este reino terrenal; pero en el Reino de Dios hemos nacido por medio de creer en Cristo como nuestro Salvador, lavar nuestros pecados en la Sangre de Cristo y recibir Su Espíritu Santo.

Y ahora vean cómo con el Nombre de Cristo en Su Primera Venida nos lleva a la tierra prometida del bautismo del Espíritu Santo, nos lleva a la tierra prometida del nuevo cuerpo teofánico y de esa sexta dimensión. Así es como venimos a ser colocados en lugares celestiales en Cristo Jesús; somos colocados en la sexta dimensión, aunque nuestro cuerpo físico está en esta dimensión; pero nuestro espíritu teofánico es de la sexta dimensión.

Y ahora estamos en esta dimensión, pero también estamos en la sexta dimensión por medio de nuestro cuerpo teofánico; y estamos en el Reino de los Cielos, el Cuerpo Místico del Señor Jesucristo.

Y ahora vean cómo el Cuerpo Místico del Señor Jesucristo, aunque físicamente los cuerpos de los miembros de Su Iglesia están aquí en la Tierra, Su Iglesia pertenece a la sexta dimensión, y es una Obra de Creación Divina la que Dios está llevando a cabo.

Y en esa Obra de Creación Divina, vean ustedes, Jesucristo es el primero; porque Él antes de estar aquí en la Tierra en un cuerpo físico estuvo en Su cuerpo teofánico por miles o millones de años, y fue el que creó el universo completo; y ahora está llevando a cabo una Creación de una Nueva Raza, de la cual Él es el primero.

Y así como Él vino a la Tierra con vida eterna físicamente, como también tenía vida eterna en Su espíritu teofánico y en Su alma: ahora cada hijo e hija de Dios en su alma tiene vida eterna; en su espíritu teofánico pues tiene vida eterna si ha recibido a Cristo como su Salvador, ha lavado sus pecados en la Sangre de Cristo y ha recibido Su Espíritu Santo; y en el Día Postrero o séptimo milenio o Día del Señor, cuando los muertos en Cristo resuciten, resucitarán en un cuerpo eterno y tendrán vida eterna también físicamente, y nosotros los que vivimos seremos transformados y tendremos vida eterna físicamente también.

Ahora, para obtener esa segunda parte, que es el cuerpo eterno, dice la Escritura que la Venida del Señor se efectuará y que Él descenderá del Cielo con Aclamación, con Voz de Arcángel y con Trompeta de Dios, y los muertos en Cristo resucitarán primero, y luego nosotros los que vivimos seremos ¿qué? transformados.

La Segunda Venida de Cristo es la única esperanza para la Iglesia de Jesucristo en este Día Postrero, para obtener la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de nosotros los que vivimos. Y en la Segunda Venida de Cristo estará ese nombre nuevo que Él ha dicho que recibió.

Vamos a ver si Él dice que tiene un nombre nuevo. Dice aquí en Apocalipsis, capítulo 3, verso 12, dice:

Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén,

la cual desciende del cielo, de mi Dios, y mi nombre nuevo”.

¿Dice que tiene un nombre nuevo? Él dice que tiene un nombre nuevo. Lo obtuvo cuando murió, resucitó y ascendió al cielo victorioso; y ese es el Nombre para Su Segunda Venida; o sea, que no sería tan simple el misterio de la Segunda Venida de Cristo.

Si allá algunas personas lo estaban esperando como Emanuel, que Su nombre fuera llamado Emanuel, ¿ahora cómo lo están esperando muchas personas? “Tiene que aparecer y tiene que venir con el nombre Jesús”. Eso normalmente es lo que están esperando todas las personas del cristianismo; pero Él dice que tiene un nombre nuevo.

¿Y vendrá con el nombre nuevo o vendrá con el nombre que usó en Su Primera Venida? Vamos a ver qué nos dice la Escritura.

La Venida de la Piedra no cortada de manos, que vio el profeta Daniel en el capítulo 2 cuando le interpretó el sueño al rey Nabucodonosor, de esa estatua con la cabeza de oro, los brazos y el pecho de plata, el vientre y los muslos de bronce, y las piernas de hierro y los pies de hierro y de barro cocido (que representa al reino de los gentiles, el imperio de los gentiles desde Nabucodonosor hasta este Día Postrero); vean ustedes, encontramos que cuando esa Piedra no cortada de manos vino dos mil años atrás, la imagen (o sea, el reino de los gentiles) estaba en las piernas de hierro, o sea, en el imperio de los Césares, el imperio romano.

Y para el Día Postrero vendrá en la etapa de los pies de hierro y de barro cocido, que es la misma etapa del imperio romano, la misma cuarta etapa, pero la cuarta etapa del imperio de los gentiles tiene dos partes: una ya se cumplió, y la Primera Venida de Cristo fue cumplida en la primera parte del cuarto imperio, y la Segunda Venida de Cristo es para ser cumplida en la segunda parte del cuarto imperio de los gentiles.

Y ahora, para el tiempo final ¿el reino de los gentiles estaría dónde? En los pies de hierro y de barro cocido. Y estando en los pies de hierro y de barro cocido es que esta profecía de Apocalipsis, capítulo 17, verso 13 al 14, que aquí son los pies de hierro y de barro cocido, dice... Vamos a comenzar, vamos a ver dónde aquí, para que tengan el cuadro claro... Capítulo 17, verso 11 en adelante, dice:

La bestia que era, y no es, es también el octavo; y es de entre los siete, y va a la perdición.

Y los diez cuernos que has visto, son diez reyes, que aún no han recibido reino; pero por una hora recibirán autoridad como reyes juntamente con la bestia.

Estos tienen un mismo propósito, y entregarán su poder y su autoridad a la bestia.

Pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque él es Señor de señores y Rey de reyes; y los que están con él son llamados y elegidos y fieles”.

Y ahora vean ustedes cómo viene ese impacto entre “los pies de hierro y de barro cocido” con “la piedra no cortada de manos”. Ahí vemos que viene esa fase, y ahí dice: “Pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque él es Señor de señores y Rey de reyes; y los que están con él son llamados y elegidos y fieles”.

Ahora vean cómo es que la piedra no cortada de manos hace el impacto contra los pies de hierro y de barro cocido; es ahí en esa fase.

Y ahora miren, esa Piedra como la vio el profeta Daniel: “una piedra del monte”, si es la Piedra que representa la Segunda Venida de Cristo, el monte es el Monte de Dios, que es la Iglesia del Señor Jesucristo; de ahí es cortada la Piedra Angular, la Piedra del Ángulo, la Segunda Venida de Cristo.

Así como la Primera Venida de Cristo, la Piedra no cortada de manos en Su Primera Venida, la Piedra que los edificadores desecharon ¿fue cortada de dónde? De en medio del pueblo hebreo. Un hombre nacido en Belén de Judea: esa era la Piedra no cortada de manos, la Piedra que los edificadores desecharon, y ha venido a ser cabeza del ángulo, conforme a la profecía4.

Y ahora, así como del Israel terrenal fue cortada la Piedra Angular en Su Primera Venida, la Piedra Angular en Su Segunda Venida es cortada del Israel celestial, de ese Monte de Dios; porque un monte representa un reino. Y del Reino de Dios, que es la Iglesia de Jesucristo, de ahí es cortada esa Piedra, no con mano humana, sino de Dios. En Apocalipsis, capítulo 2, verso 17, dice:

El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, daré a comer del maná escondido, y le daré una piedrecita blanca, y en la piedrecita escrito un nombre nuevo, el cual ninguno conoce sino aquel que lo recibe”.

Esa piedrecita es la Segunda Venida de Cristo con un nombre nuevo; y el maná escondido es la revelación de la Segunda Venida de Cristo, la revelación de la Venida de esa Piedrecita blanca con ese nombre nuevo; es la revelación de Jesucristo para la Dispensación del Reino y para toda la eternidad, la revelación de la Segunda Venida de Cristo con un nombre nuevo para llevar a cabo la Obra correspondiente al Día Postrero, y llevar a Su Iglesia a la tierra prometida del nuevo cuerpo físico y eterno y glorificado, y luego llevarnos a la Cena de las Bodas del Cordero, y luego traernos de nuevo a la Tierra al gran Reino Milenial, la tierra prometida del Reino Milenial de Cristo.

Ahora podemos ver todo lo que conlleva la tierra prometida. Y podemos ver Quién es el que nos lleva a la tierra prometida: es el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, el cual le apareció al profeta Moisés y sacó al pueblo hebreo de la tierra de la esclavitud allá en Egipto, los libertó y los llevó a la tierra prometida, a la tierra de Israel.

Encontramos que por medio de Josué, que representa o significa ‘Salvador’ o ‘Redentor’, introdujo el pueblo hebreo a la tierra prometida. Y por medio de la manifestación del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová en Su Primera Venida, el cual es nuestro Josué, introdujo a los hijos e hijas de Dios a la tierra prometida del nuevo cuerpo, del cuerpo teofánico de la sexta dimensión, o sea, nos introdujo a la sexta dimensión, a esa tierra prometida; y por eso si el cuerpo físico nuestro muere, ¿qué sucede?, pues seguimos viviendo en la sexta dimensión en nuestro cuerpo teofánico.

Pero tenemos la promesa, también, que seremos introducidos en la tierra prometida del Reino Milenial de Cristo; pero para eso necesitamos un cuerpo físico glorificado y eterno, el cual Él nos dará en el Día Postrero, en Su Segunda Venida. Porque Su Segunda Venida es para llamar y juntar a Sus escogidos y darnos la fe para ser transformados y raptados; y así tener el cuerpo eterno, poder ir a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo, y luego regresar a la Tierra para el glorioso Reino Milenial, luego que pase la gran tribulación.

Ahora, el misterio de la Segunda Venida de Cristo es el misterio más grande de todos los misterios divinos, y es el único misterio mayor que no había sido revelado a la raza humana, pero que sería revelado en este Día Postrero.

Y a ese misterio de la Segunda Venida de Cristo están adheridos todos los demás misterios de Dios correspondientes a este tiempo final: como el Nombre Nuevo del Señor para Su Segunda Venida, como la nueva dispensación, como también una nueva edad eterna, una nueva edad que es eterna, también un nuevo Mensaje dispensacional: el Mensaje del Evangelio del Reino; un nuevo mensajero dispensacional: el profeta de la Dispensación del Reino con el Evangelio del Reino; un nuevo pueblo para entrar a esa nueva edad y a esa nueva dispensación.

Así como tuvo hijos e hijas en diferentes edades, Cristo, por medio de Su manifestación a través del mensajero de cada edad; y Cristo por medio de Su Palabra creadora, vean ustedes, trajo esos hijos a cada una de esas edades, y produjo en ellos ese nuevo nacimiento, y así entraron al Cuerpo Místico de Jesucristo; así también, vean ustedes, es para este tiempo final.

Ahora, hubo entre los gentiles, hubo un territorio en cada una de las edades, y hubo continentes donde se cumplieron más de una edad. En el continente, vamos a ver, en Asia Menor se cumplió la primera edad de la Iglesia de Jesucristo entre los gentiles, donde Dios llamó y juntó a Sus escogidos por medio de San Pablo; luego vino la segunda, tercera, cuarta, quinta y sexta edad en diferentes naciones europeas; y Dios llamó y juntó a Sus escogidos en esas edades y en los tiempos correspondientes a esas edades. Ahí en Europa, vean ustedes cómo hubo cinco edades siendo cumplidas.

Y luego pasa al continente americano, donde se cumple la séptima edad de la Iglesia gentil. Y luego de cumplirse en el continente americano, en la parte norte, en la parte de Norteamérica, la séptima edad de la Iglesia gentil, ahora para la Edad de la Piedra Angular baja a Centroamérica, Suramérica y el Caribe, para cumplir la Edad de la Piedra Angular.

O sea que en el continente americano se cumplen dos edades: la séptima edad de la Iglesia gentil en Norteamérica, y la Edad de la Piedra Angular en Centroamérica, Suramérica y el Caribe; y esa es la parte que nos ha tocado a nosotros en este Día Postrero; y es la mejor parte del Programa de Dios en Su Iglesia, porque es la parte que corresponde a la bendición más grande de Jesucristo para Su Iglesia. Es la etapa o Edad de Oro de la Iglesia de Jesucristo; y por consiguiente es la Edad de Oro de la América Latina y el Caribe, si aprovecha esa bendición que hay en la Edad de la Piedra Angular.

Para las demás naciones encontramos que el tiempo de redención para esas naciones ya pasó; porque ya pasó la edad que tenía que cumplirse en ellas, y ahí era el tiempo donde Dios llamaba en esos territorios a arrepentimiento a la gente y a esas naciones.

Y ahora, para este Día Postrero Dios llamará el mundo a juicio; y por eso es que se requieren dos o tres testigos, porque la sangre que ha sido derramada sobre la tierra clama desde la tierra a Dios; y naciones, pueblos y lenguas que han derramado la sangre de la gente sobre la tierra, ahora en este tiempo final les llega el momento de responder a Dios; y habrá dos o tres testigos en la Tierra, que estarán testificando en el juicio divino para Dios determinar el juicio divino que caerá sobre la Tierra.

Para el tiempo de Abraham y Lot, miren ustedes, hubo tres testigos en la Tierra, que descendieron del Cielo: Elohim, Gabriel y Miguel. Y le dijo Elohim a Abraham: “He descendido para un propósito”. No se lo había revelado todavía a Abraham. Abraham solamente pensó que era para comer con él y discernir el corazón de Sara y hablarle acerca de la promesa del hijo prometido, lo cual estaba muy bien, y esa era la bendición para Abraham; pero también había descendido para el juicio divino correspondiente a Sodoma y Gomorra5.

Y para la Iglesia de Jesucristo el propósito es la Venida del Hijo prometido y las bendiciones que Él trae para Su Iglesia. Pero en esta investigación de juicio, miren ustedes, dice el capítulo 18 y verso 16 en adelante [Génesis]:

Y los varones se levantaron de allí, y miraron hacia Sodoma; y Abraham iba con ellos acompañándolos (o sea, se levantaron del sitio donde estaban comiendo, y miraron hacia Sodoma y Gomorra; iban caminando hacia Sodoma y Gomorra, Elohim, Gabriel y Miguel, en la forma de hombres; se habían materializado temporalmente, y Abraham iba con ellos).

Y Jehová dijo: ¿Encubriré yo a Abraham lo que voy a hacer,

habiendo de ser Abraham una nación grande y fuerte, y habiendo de ser benditas en él todas las naciones de la tierra?

Porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio, para que haga venir Jehová sobre Abraham lo que ha hablado acerca de él.”

¿Cómo hacer para que Dios cumpla lo que Él ha prometido? Luego de creerlo con toda nuestra alma, entonces cumpliendo todos los preceptos divinos, viviendo conforme a Su Palabra.

Entonces Jehová le dijo (a Abraham): Por cuanto el clamor contra Sodoma y Gomorra se aumenta más y más, y el pecado de ellos se ha agravado en extremo,

descenderé ahora (vean, había subido delante de Dios), y veré si han consumado su obra según el clamor que ha venido hasta mí; y si no, lo sabré.

Y se apartaron de allí los varones, y fueron hacia Sodoma; pero Abraham estaba aún delante de Jehová (porque Elohim, Jehová, se había quedado con Abraham)”.

Vean, Elohim era el mismo Jehová, el Ángel del Pacto, que se había materializado delante de Abraham, y Gabriel y Miguel.

Gabriel y Miguel se fueron hacia Sodoma y Gomorra; pero Elohim, Jehová, se había quedado con Abraham hablando, y le iba a revelar aún más acerca de lo que iba a estar sucediendo; porque, miren ustedes, la revelación venía ¿a quién? Al profeta. Abraham siendo el profeta de la Dispensación de la Promesa, la revelación de lo que iba a suceder allí estaba siendo dada a conocer a Abraham; y Abraham era el único que podía orar, interceder por esos territorios y por las gentes que vivían en esos territorios.

Abraham intercedió por el territorio y también por su sobrino Lot; solamente obtuvo de parte de Dios misericordia para Lot y su familia. ¿Por qué? Porque no hubo en Sodoma y Gomorra ni diez personas justas, y por consiguiente los pecados de esas personas estaban ¿cómo?, al descubierto delante de Dios; no estaban cubiertos con los sacrificios que Abraham llevaba a cabo y Lot llevaba a cabo; y ahora el juicio divino vendría sobre aquellas naciones.

De edad en edad la Sangre del Sacrificio de Cristo ha estado manifestada en cada edad. Dios cuando ha mirado hacia la Tierra ha visto a la raza humana a través de la Sangre de Cristo, y por esa causa el juicio divino no ha caído sobre la raza humana en forma total o definitiva, sino parcialmente.

Luego que ha terminado una edad, ¿qué ha sucedido? Ya esa edad ha quedado sin la Sangre de Cristo cuando ha terminado esa edad; y los que no creyeron durante el tiempo de esa edad, han recibido el juicio divino. Así ha sido de edad en edad.

¿Pero ahora qué sucede? Tenemos todo el remanente de las siete edades fuera de la Sangre de Cristo. La Sangre de Cristo se encuentra manifestada en la Edad de la Piedra Angular; y ahora, por consiguiente, el juicio divino tiene que caer sobre todo lo que ha quedado de la séptima edad de la Iglesia gentil y sobre todos los que no creyeron durante el tiempo que Dios les dio durante la séptima edad de la Iglesia gentil.

Y por cuanto ese juicio divino será a nivel mundial y será pleno, entonces cubrirá también a todo territorio que corresponde a la trayectoria de Cristo durante las siete etapas o edades de la Iglesia gentil; y por eso habrá sobre la Tierra más de un testigo.

Y ahora, tenemos al Testigo fiel y verdadero, que es Jesucristo; por lo tanto Su ministerio tiene que estar aquí en la Tierra. Y tenemos los ministerios de los Dos Olivos (de Apocalipsis, capítulo 11, verso 3 en adelante, y Zacarías, capítulo 4, verso 1 al 14), y esos son los ministerios de los Dos Ungidos que están delante de la presencia de Dios, representados en los dos querubines de oro que están sobre el propiciatorio, y también representados en los dos querubines de oro pero que por dentro es madera de olivo, esos dos querubines gigantes de madera de olivo cubiertos con oro que colocó Salomón en el templo que construyó allá en Jerusalén.

Ahora, vean ustedes, esos son los Dos Ungidos que están delante de la presencia de Dios, allí donde está la presencia de Dios, en el Lugar Santísimo. Y allá en el Cielo pues esos son Gabriel y Miguel; y acá en la Tierra, en el Templo de Jesucristo, esos son los ministerios de Moisés y Elías en el Ángel del Señor Jesucristo.

Y el Ministerio de Jesús... Miren ustedes, sobre el propiciatorio estaba un querubín a un lado, otro querubín al otro lado, y la presencia de Dios, del Ángel del Pacto, allí sobre el propiciatorio. En el Monte de la Transfiguración encontramos a Jesús con Su rostro como el sol, Sus vestiduras resplandecientes como la luz, y a un lado Moisés y al otro lado Elías: ahí está el Propiciatorio con uno a cada lado, y en el centro Jesucristo, el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová.

Y en el Día Postrero tendremos la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles; es lo mismo: Moisés, Elías y Jesús; el ministerio de Moisés, el ministerio de Elías y el ministerio de Jesús. Estos son los ministerios que estarán manifestados en el Día Postrero en carne humana en el Ángel del Señor Jesucristo, el Ángel Mensajero de la Dispensación del Reino y de la Edad de la Piedra Angular, en la Venida del Verbo, la Palabra encarnada en un hombre; como dijo el precursor de la Segunda Venida de Cristo en el mensaje de Los Siete Sellos, página 256 en español, cuando habló de la Venida del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, que es la Venida del Señor para el Día Postrero, dijo:

121. Pero cuando nuestro Señor aparezca sobre la Tierra, Él vendrá sobre un caballo blanco como la nieve, y será completamente Emmanuel —la Palabra de Dios encarnada en un hombre”.

Si encontramos ese hombre, encontraremos a Moisés, a Elías y a Jesús; o sea, encontraremos el ministerio de Moisés, el ministerio de Elías y el ministerio de Jesús manifestado en carne humana en ese hombre.

Pero ese hombre no es el Señor Jesucristo. Cuando Juan quiso adorarlo, Juan el apóstol (en Apocalipsis, capítulo 19, verso 9 al 10, y Apocalipsis, capítulo 22, versos 8 al 9), el Ángel le dijo que no lo hiciera, porque él es siervo, consiervo con Juan y con los profetas; le dijo: “Adora a Dios”.

Ahora, podemos ver este misterio de la Venida del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová, que es Jesucristo en Espíritu Santo, en Su cuerpo teofánico, el cual vino en carne humana dos mil años atrás y fue conocido por el nombre de Jesús; y para el Día Postrero vendrá velado en carne humana y revelado a través de carne humana; y vendrá con Sus Ángeles, vendrá con los ministerios de Moisés, de Elías, y el ministerio de Jesús ahí estará manifestado también.

El Ángel del Pacto vendrá con los ministerios de Moisés, de Elías y de Jesús, porque Él es el único que tiene ministerios y es el único que ha manifestado ministerios aquí en la Tierra por medio de carne humana, por medio de Sus profetas.

Es la Venida del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová nuevamente a la Tierra en carne humana en el Día Postrero. Y Él vendrá con un Nombre Nuevo, y Él vendrá con un velo de carne nuevo también; porque “cuando nuestro Señor aparezca sobre la Tierra, Él vendrá sobre un caballo blanco como la nieve, y será completamente Emanuel la Palabra de Dios encarnada en un hombre”.

Ese es el misterio de la Venida del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, y de la Venida del Ángel Fuerte que desciende del Cielo. Ese Ángel Fuerte que desciende del Cielo, que aparece aquí envuelto en una nube, como fue prometido que sería visto en el cielo envuelto en una nube y sería la señal del Hijo del Hombre en el cielo, conforme a Mateo 24, verso 30 al 31, donde dice... vamos a ver... San Mateo 24, verso 30 en adelante, dice:

Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria.

Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro”.

Ahí podemos ver la señal del Hijo del Hombre en el cielo, la cual ya fue cumplida en febrero 28 de 1963, donde vimos al Hijo del Hombre, al Ángel del Pacto, al Ángel de Jehová, al Ángel Fuerte que es diferente a los demás; Jesucristo en Su cuerpo teofánico, Jesucristo en Espíritu Santo, lo vimos ahí con los siete ángeles mensajeros de las siete edades de la Iglesia gentil. Y para el Día Postrero, luego de esa manifestación en el cielo estaría manifestado en la Tierra en carne humana.

Ahora, vino en el cielo en una nube, pero a la Tierra vendrá en carne humana: será la Palabra encarnada en un hombre; pero ese hombre no es el Señor Jesucristo.

Ahora, vean ustedes cómo este misterio de la Venida del Hijo del Hombre para el Día Postrero es el misterio más grande de todos los misterios.

Ahora, podemos ver que para el Día Postrero, así como tuvo un Nombre como Cordero, tendrá un Nombre como León. Para Su Obra de Cordero tuvo un Nombre, el cual fue Jesús; y para Su nueva Obra, la Obra de Reclamo, tendrá un nuevo nombre y un nuevo velo de carne. Ese es el misterio de la Venida del Señor.

Luego, cuando estemos nosotros transformados, teniendo el nuevo cuerpo, entonces es que veremos a Jesucristo en Su cuerpo glorificado. Pero antes de eso, a través de las diferentes edades lo hemos estado viendo manifestado a través de Sus ángeles mensajeros; y la última manifestación de Cristo a través de carne humana, en un hombre de este planeta Tierra, es en el Día Postrero en el Ángel del Señor Jesucristo, en donde estará manifestando los ministerios de Moisés, de Elías y de Jesús; y así estará cumpliendo lo que Él ha prometido para este Día Postrero.

Ahora, las personas que lo puedan estar esperando con el mismo velo de carne de dos mil años atrás, y el mismo nombre de dos mil años atrás, y lo estén esperando para darle la bienvenida y también para que Él les hable, recuerden, tendrían que ponerse a aprender hebreo (y del hebreo que se hablaba en aquel tiempo, porque ese era el idioma que Él hablaba en aquel tiempo); pero Él viene conforme a como Él ha prometido.

Todo el misterio de la Segunda Venida de Cristo gira alrededor de la Venida del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová, el cual dos mil años atrás vino velado en carne humana en el velo de carne llamado Jesús. Aquel joven obrero de la construcción, aquel joven carpintero, era el velo de carne donde estaba el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, velado en carne humana y revelado a través de ese velo de carne como el Cordero de Dios, para llevar a cabo la Obra de Redención en la Cruz del Calvario.

Hubo un misterio, un secreto, por casi treinta años; pero después, cuando comenzó Su ministerio, se abrió ese misterio, ese secreto, y se dio a conocer que estaba cumplida la Venida del Mesías, y Él mismo se identificó como el cumplimiento de la Venida del Mesías.

Así es para el Día Postrero: el mismo Ángel del Pacto o Ángel de Jehová, por medio de Su manifestación en carne humana se estará identificando como el cumplimiento de la Venida del Señor en carne humana, velado y revelado por medio de carne humana. Y algunos tropezarán con el velo de carne y con el nombre que tenga el velo de carne; pero eso no importa, el Programa de Dios se cumplirá y el que es de Dios oirá la Voz de Dios.

Y si alguno dice: “Yo no puedo entender... o no voy a creer eso”, Dios no está buscando incrédulos, sino que Él está buscando Sus escogidos, de los cuales Él dijo: “El que es de Dios oye la Voz de Dios, y la sigue. Mis ovejas oyen mi voz y me siguen”.

Así que Dios no estará obligando a nadie a que crea. Él estará dando a conocer el misterio de Su Venida y estará revelando Su Nombre, manifestando Su Nombre, aunque algunos no lo comprenderán bien; pero ahí, en esa manifestación, estará el secreto, el misterio del Nombre Eterno de Dios y Nombre Nuevo de Jesucristo.

Y dice Apocalipsis, capítulo 2, verso 17, que nadie entendía ese nombre; y también Apocalipsis, capítulo 19, verso 11 en adelante. Vamos a ver cómo lo lee también aquí el precursor de la Segunda Venida de Cristo, en la página 131. Dice:

131. Y ahora Jesús: Su Nombre sobre la Tierra fue Jesús el Redentor, porque fue el Redentor cuando estuvo sobre la Tierra; pero cuando conquistó el infierno y la muerte, los venció y ascendió, entonces recibió un nuevo Nombre. Por esa razón es que gritan y hacen tanto ruido y no reciben nada. Será revelado en los Truenos.

132. Fíjense en el misterio. Él viene cabalgando. Tiene que haber algo para cambiar esta iglesia. Ustedes saben eso. ¡Tiene que venir algo! Ahora noten: Nadie entendía ese nombre, sino Él mismo”.

Cualquier persona podrá decir: “No, no; si no es como yo pienso que es, yo dejaré de creer”. Pues miren, desde el momento en que dijo que dejará de creer, desde ese momento dejó de creer; se declaró incrédulo a todo lo que Dios revele con relación a ese Nombre.

Así que por eso es que uno tiene que tener cuidado con lo que uno habla, porque después tiene problemas con Dios y se le materializan las cosas —después, sin darse cuenta—, y después se encuentran fuera del Programa de Dios.

Ahora, dice: “Nadie entendía ese nombre, sino Él mismo”.

Así que ¿quién es el mejor que nos puede explicar? Pues Él mismo. Todo lo que hasta el momento no hayamos entendido, pues Él lo explicará. Y si hemos entendido algo que no es, pues Él lo corregirá. Y si Él ha hablado algo que no era completamente la revelación completa y faltaba algo, pues Él lo colocará en el tiempo preciso. O si por alguna causa Dios ha permitido que sea hablado algo que luego es quitado, le toca quitarlo a Él mismo; nadie más lo puede hacer.

Por ejemplo, nuestro hermano Branham siempre dijo: “El alma tiene cinco sentidos, y el espíritu tiene un sentido, y el cuerpo tiene cinco sentidos” por muchos años. ¿Y quién se iba a atrever a quitar eso de la forma en que él lo había dicho? Nadie se podía meter en eso. Pero luego, cuando Dios le dio más luz y le dijo que el alma era lo más importante, y que el alma era el que tenía un sentido, y el espíritu era el que tenía cinco sentidos, pues él lo colocó bien.

Cualquier persona podrá decir: “No, como él dijo lo tiene que dejar. Yo me quedo con lo que él dijo primero”. Pues, así se queda la persona; y de ahí en adelante no puede obtener más conocimiento, porque se declara un incrédulo a todo lo que Dios está haciendo de ahí en adelante a través de Su mensajero; por lo tanto, llegó hasta allí, dejó de crecer espiritualmente, dejó de crecer en conocimiento divino.

Ahora vean, cuando usted dice: “el cuerpo tiene cinco sentidos, y el espíritu tiene (¿cuántos sentidos?)...”. ¿Va a seguir diciendo que tiene un sentido, como él decía antes de obtener más luz sobre el espíritu? No puede; porque usted entonces permanecería en la misma condición que él estaba antes de obtener más revelación.

Uno tiene que ir creciendo pero con el mensajero de su edad. Si no va creciendo con el mensajero de su edad, llega a cierto lugar y se queda como un enanito; y de ahí en adelante usted verá a los niños que hablan cosas y usted dice: “Oye, pero ese niñito está diciendo tal cosa, y yo hace muchísimos años lo entendía en esta forma”; pero ya ese niñito ha ido creciendo con el Mensaje y usted se quedó chiquitito. Así que usted es más chiquito que ese niño.

Ahora, tenemos que ir creciendo a medida que la Luz va alumbrándonos las escrituras y el entendimiento en el alma y en nuestra mente. No podemos detenernos, porque en el momento en que nos detengamos, hasta ahí llegamos. Tenemos que crecer hasta que lleguemos a la estatura de Jesucristo, hasta que lleguemos a la perfección, hasta que lleguemos a ser a imagen y semejanza de nuestro amado Señor Jesucristo, con un cuerpo físico, glorificado y eterno. No se detenga ni tropiece tampoco en ningún momento.

Recuerde que a medida que va amaneciendo, uno va viendo gradualmente. Cuando está todavía en penumbra, pero ya está rayando el alba, uno ve un poquito; luego va saliendo más luz y ve un poquito más. Primero cuando está amaneciendo, usted mira el jardín, dice: “Hay muchas plantas ahí, hay muchas matas, plantas, flores y de todo”, pero no puede distinguir las flores. Pero luego dice, cuando hay más luz: “hay flores también”. Luego, cuando hay más luz, dice: “y son de tal y de tal color”. ¿Ve? Y así a medida que va pasando el tiempo y va saliendo el sol y dando más luz, entonces vamos viendo con más detalles, vamos viendo los detalles que no veíamos cuando rayó el alba al principio. Y eso es así para ustedes y es así para mí también. Yo mismo lo he experimentado en mi propia vida.

Así que yo no me detengo: yo sigo creciendo a medida que la Luz va alumbrándome desde el Cielo. Y no importa que alguien diga cualquier cosa. Bueno, lo que yo no veía al principio, pues luego gradualmente lo voy viendo, voy viendo los detalles, voy contándoles a ustedes, y ustedes también van viendo y van creciendo.

No se detengan ni tropiecen en ningún momento. Vamos a entrar todos a la tierra prometida del nuevo cuerpo, y vamos a ir a la Cena de las Bodas del Cordero, como Cristo lo ha prometido; y luego regresaremos para el glorioso Reino Milenial de nuestro amado Señor Jesucristo. Pero no tropiece ninguno; porque el que tropieza, luego tiene problemas, y algunas veces está con las rodillas todas peladas, como los niños, recuerden; y eso sucede en lo espiritual también. Así que no tropiecen en nada, sino sigan adelante.

Miren una cosa, para que tengan sus ojos bien abiertos. Si ustedes... ¿cuántos saben que hay un Israel terrenal y un Israel celestial? Si saben eso, entonces tomen esto muy pero que muy en serio6:

Cuidaréis de poner por obra todo mandamiento que yo os ordeno hoy, para que viváis, y seáis multiplicados, y entréis y poseáis la tierra que Jehová prometió con juramento a vuestros padres.

Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos.

Y te afligió, y te hizo tener hambre, y te sustentó con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido, para hacerte saber que no sólo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre”.

Un viaje que se podía efectuar ¿en cuánto? Vamos... para no exagerar mucho... ¿Cuánto, Miguel? ¿Tres meses? En tres meses.

Ahora, para algunos del pueblo hebreo, Moisés, que había sido un gran líder militar y político, ahora guiando al pueblo hebreo parece un hombre inexperto. ¿Por qué? Porque un viaje de tres meses, miren... ¡Cuarenta años y todavía no habían llegado! Y muchos de los líderes del pueblo hebreo decían: “Este hombre está todo perdido. Va caminando y tenemos una meta: la tierra prometida, y va caminando así y de momento fue para acá, y de momento para atrás, y de momento hace así. A este hombre le pasa algo”. Y después Dios dice: “Yo era el que los guiaba, y los hice viajar cuarenta años para probarlos en ese camino hacia la tierra prometida”.

Recuerden que todo nuestro trayecto es de prueba, Dios probándonos y a ver cómo nos portamos en todo el camino. En diez ocasiones quisieron apedrear ¿a quién? A Moisés, su mensajero. Diez ocasiones. Una es una ofensa, diez ya eso es demasiado.

Ahora, vean ustedes, era Dios probándolos. Y todos los que protestaron, ¿qué les pasó? No entraron ninguno de los que salieron de Egipto, sino Josué y Caleb, los cuales no protestaron, sino que decían: “Dios nos dará la tierra, porque Él lo prometió. Es nuestra”.

Los que decían: “Allá lo que hay son gigantes. Esa tierra es peligrosa y no podremos conquistar esa tierra, regresemos a Egipto”; pues miren, no entraron; tenían miedo y no querían entrar a la tierra prometida, no querían seguir adelante. El que no siga adelante, pues mire: no entrará, no entrará a la tierra prometida.

Por lo tanto, tanto acá en nuestra alma tenemos que seguir siempre adelante porque tenemos una meta: esa es la meta de Cristo; y la meta de Cristo es la de tener hijos e hijas de Dios a imagen y semejanza Suya, perfectos, con cuerpos eternos físicos y cuerpos glorificados y cuerpos teofánicos eternos también. Esa es la meta de Cristo con Su Iglesia, para cada uno de ustedes y para mí también.

Por lo tanto, no importan los problemas que se nos presenten en el camino, seguiremos hacia adelante y hemos de entrar a la tierra prometida del nuevo cuerpo, y hemos de llegar a la Cena de las Bodas del Cordero y hemos de ir al Reino Milenial de Cristo también, cuando pase la gran tribulación. Porque eso es lo que Cristo ha prometido. ¿Pero eso es para quiénes? Para los vencedores.

El que pone su mano en el arado y mira hacia atrás, por alguna causa que para la persona es justificada... pero no hay ninguna causa justificada para dejar de seguir hacia adelante. Y el que lo haga, ¿quién se perjudica? Pues la persona. Pues comenzó y no llegó a la meta; por lo tanto, no puede ser coronado con la corona de la vida eterna, con la corona del cuerpo eterno; porque esas son promesas para los vencedores. Y “el que pone su mano en el arado y mira hacia atrás, no es apto para el Reino”7.

Así que nunca caminemos hacia atrás, sino siempre hacia la meta. No importan las circunstancias contrarias que se levanten en contra de ustedes como individuos o del Cuerpo Místico de Cristo como grupo, o de alguno de los ministros como ministro. No importa lo que el diablo levante en contra de la Iglesia de Jesucristo, caminemos siempre ¿hacia dónde? Hacia adelante, hacia la meta divina. Y Cristo nos llevará a la tierra prometida.

Vean ustedes, Él es el que ha estado con Su Iglesia de edad en edad, y continúa aquí hasta que entremos a la tierra prometida del nuevo cuerpo. Ya hemos entrado a la tierra prometida de la nueva edad, de la Piedra Angular; esta era una edad prometida, una tierra prometida como edad, y ya hemos entrado a ella; y también hemos entrado a la tierra prometida como dispensación: a la Dispensación del Reino; y entraremos a la tierra prometida del cuerpo glorificado y eterno; y entraremos también a la tierra prometida del glorioso Reino Milenial de Cristo, luego de la gran tribulación. Pero antes de eso, luego que entremos a la tierra prometida del cuerpo nuevo y estemos aquí de 30 a 40 días, luego nos iremos a la Cena de las Bodas del Cordero; mientras la Tierra estará pasando por el juicio divino de la gran tribulación.

Habrá en esta Tierra tres Testigos. EL SÉPTIMO SELLO Y LOS TRES TESTIGOS. Lo cual es el ministerio de Moisés (como uno de los dos testigos), el ministerio de Elías (como el otro de los Dos Olivos) y el ministerio de Jesús (como el mayor de los tres testigos, porque Él es el Testigo fiel y verdadero). Y Moisés y Elías son los Dos Testigos, los Dos Olivos, de Apocalipsis, capítulo 11, verso 3 en adelante, y de Zacarías, capítulo 4.

Y ahora, vean ustedes cómo Dios nos habla y nos da testimonio de que Él es Testigo; vean ustedes, Él es Testigo también. Malaquías, capítulo 3, verso 5, también nos habla ahí. Dice:

Y vendré a vosotros para juicio; y seré pronto testigo contra los hechiceros y adúlteros, contra los que juran mentira, y los que defraudan en su salario al jornalero, a la viuda y al huérfano, y los que hacen injusticia al extranjero, no teniendo temor de mí, dice Jehová de los ejércitos.

Porque yo Jehová no cambio; por esto, hijos de Jacob, no habéis sido consumidos”.

Ahora vean cómo Dios dice que viene: como Testigo.

Así que por medio del ministerio de Jesús, de Moisés y de Elías, tendremos los Testigos que en el Juicio Divino se requieren para el juicio ser declarado sobre la raza humana; tanto sobre individuos como sobre naciones.

Y por eso es que dice la Escritura... Vamos a ver aquí, en Apocalipsis, capítulo 11, hay algo aquí... hay algo por aquí. Capítulo 11, dice, verso 15 en adelante:

El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos.

Y los veinticuatro ancianos que estaban sentados delante de Dios en sus tronos, se postraron sobre sus rostros, y adoraron a Dios,

diciendo: Te damos gracias, Señor Dios Todopoderoso, el que eres y que eras y que has de venir, porque has tomado tu gran poder, y has reinado.

Y se airaron las naciones, y tu ira ha venido, y el tiempo de juzgar a los muertos, y de dar el galardón a tus siervos los profetas, a los santos, y a los que temen tu nombre, a los pequeños y a los grandes, y de destruir a los que destruyen la tierra.

Y el templo de Dios fue abierto en el cielo, y el arca de su pacto se veía en el templo. Y hubo relámpagos, voces, truenos, un terremoto y grande granizo”.

Ahí podemos ver el Juicio Divino que está señalado para ser cumplido en el Día Postrero, o sea, en el séptimo milenio.

También en Apocalipsis, capítulo 6, verso 12 al 17, nos habla del juicio divino. En Isaías, capítulo 61, verso 2, también nos habla del día de venganza del Dios nuestro. Y en Malaquías, capítulo 4, también nos habla del día ardiente como un horno que viene para los moradores de la Tierra. Y nos dice el profeta Malaquías, en el capítulo 4, verso 1:

Porque he aquí, viene el día ardiente como un horno, y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa; aquel día que vendrá los abrasará, ha dicho Jehová de los ejércitos, y no les dejará ni raíz ni rama”.

Ese es el juicio divino de la gran tribulación que caerá sobre la Tierra, el cual es un juicio divino de fuego, fuego atómico que caerá sobre la raza humana con una Tercera Guerra Mundial.

Y ahora vean ustedes cómo esto afectará a todas estas naciones donde se han cumplido estas siete etapas o edades de la Iglesia gentil, y afectará también a otras naciones.

Y ahora, vean ustedes cómo a través de la Escritura en el Antiguo Testamento nos habla de todo esto, y también en el Nuevo Testamento. Y el Ángel de Jehová, el Ángel del Pacto, que es Jesucristo en Espíritu Santo por medio de Su Ángel Mensajero, estará dando testimonio de estas cosas: estará manifestando los ministerios de Moisés, de Elías y de Jesús; y por medio de esos ministerios vendrá el Testimonio de todas estas cosas que deben suceder pronto, y el por qué han de suceder todas estas cosas.

O sea que la causa de todos estos juicios divinos también estarán siendo dados a conocer por medio de la manifestación del Ángel de Jehová, del Ángel del Pacto, de Jesucristo en Espíritu Santo a través de Su Ángel Mensajero. Porque Dios no puede destruir sin causa a la raza humana, no puede destruir naciones, pueblos y lenguas sin una causa.

Ahora, podemos ver que para ese tiempo ya la Sangre de Cristo no estará en el Lugar de Intercesión en el Cielo, en el Templo que está en el Cielo; y por consiguiente Dios mirará a la raza humana y la verá con sus pecados, verá a las naciones, pueblos y lenguas así, y a los individuos también; y la paga del pecado es muerte.

Para el tiempo de Noé solamente se salvaron ocho personas, ¿cuántos se salvarán en este tiempo final? Por lo menos podemos decir que los escogidos de Dios se salvarán todos; ni uno perecerá.

Ahora, luego caerán los juicios divinos señalados, profetizados para el Día Postrero. Nosotros oramos por la América Latina y el Caribe, para que sobreviva a esos juicios divinos que caerán sobre la raza humana, para que entre al glorioso Reino Milenial de nuestro amado Señor Jesucristo. Ese es el territorio por el cual podemos nosotros orar; y por el pueblo hebreo.

Ahora, no es que no amemos a toda la gente, sino que es el territorio donde está la bendición de Dios y donde Dios ha extendido Su misericordia, como la extendió en otras edades sobre otros territorios. Pero si podemos hacer algo por la gente de otras naciones fuera del continente latinoamericano y caribeño, lo haremos también. Y todo lo que podamos hacer por el pueblo hebreo, también lo estaremos haciendo; ese es el otro territorio sobre el cual la misericordia de Dios será extendida, aunque pasará por terribles momentos el territorio de Israel.

Dios ha hecho grandes promesas para el pueblo hebreo. Para este Día Postrero habrá un entrelace con el pueblo hebreo, en donde el pueblo hebreo recibirá el Mensaje de Jesucristo en la Edad de la Piedra Angular; y luego se extenderá para todo el pueblo hebreo.

Ese entrelace es muy importante, porque los entrelaces casi siempre ocurren en forma sencilla, y algunas veces la gente ni se dan cuenta cuando está ocurriendo un entrelace de esa clase.

Sabemos que el Mensaje que está esperando el pueblo hebreo lo tenemos nosotros, y sabemos que luego que nos vayamos de aquí, de esta dimensión terrenal, a la Cena de las Bodas del Cordero, el pueblo hebreo continuará con el Mensaje. Ellos lo recibirán de nuestra edad y seguirán adelante.

¿Pero cómo sucederá todo eso? Espere usted a que ellos hagan como hicieron los hermanos de José, acercándose por alimento físico allá, y en este tiempo es por alimento espiritual. Cuando los vea —pues ya todo está muy cerca— es que no hay alimento espiritual para el alma de los seres humanos en ningún lugar, excepto en la Edad de Oro de la Iglesia de Jesucristo, que es la Edad de la Piedra Angular; y eso es en una nueva dispensación, la Dispensación del Reino.

Así que ya sabemos a dónde vendrá el pueblo hebreo buscando alimento espiritual; y Cristo les dará alimento a medida que ellos lo necesiten y a medida que ellos lo busquen. Pero recuerden que lo más importante siempre es que se complete el número de los escogidos de Dios del Cuerpo Místico de Jesucristo.

Ahora, no sabemos si se completará con gentiles o con algunos hebreos que pertenezcan al Cuerpo Místico de Cristo, que pertenezcan a los Primogénitos de Dios escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero desde antes de la fundación del mundo.

Pero si se tiene que completar con hebreos, o sea, si los últimos escogidos serán hebreos, pues no se preocupen, ellos serán llamados y serán juntados también en la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino, y creerán exactamente todo lo que nosotros también creemos. O sea, que eso no es ningún problema para nosotros ni para Dios tampoco. Él es el que está buscando y juntando a Sus escogidos, ¿con qué? Con el Séptimo Sello.

El Séptimo Sello, con la apertura del Séptimo Sello, con la revelación del Séptimo Sello, siendo dada a conocer la revelación del Séptimo Sello, o sea, siendo dado a conocer el misterio del Séptimo Sello, el misterio de la Segunda Venida de Cristo, son llamados y juntados todos los escogidos de Dios entre los gentiles.

Y para el pueblo hebreo la Trompeta Final, que es la séptima Trompeta, lo mismo que es para nosotros el Séptimo Sello, es la Trompeta Final o Séptima Trompeta para el pueblo hebreo.

O sea, para el pueblo hebreo y para la Iglesia gentil, la Segunda Venida de Cristo es lo que reúne a todos los escogidos de Dios, siendo dada a conocer la revelación de la Segunda Venida de Cristo a todos los escogidos de Dios de entre los gentiles y del pueblo hebreo; y eso es el Séptimo Sello para los escogidos de entre los gentiles y esa es la Séptima Trompeta para el pueblo hebreo.

De esto habló el precursor de la Segunda Venida de Cristo, en el mensaje “Avergonzado de Él”, en el libro de Citas, página 149, verso 1333, dice:

1333 – “Recuerden que ‘los que están vivos y queden, no impedirán a los que están durmiendo; porque la Trompeta de Dios, esa última Trompeta...’ La sexta acaba de tocar. Y esa última Trompeta, como el último Sello, será la Venida del Señor. ‘Tocará, y los muertos en Cristo se levantarán primero’. Sólo descansando hasta ese tiempo”.

Los que han partido están descansando ¿hasta cuándo? Hasta ese tiempo, en donde se levantarán en cuerpos eternos, y nosotros los que vivimos seremos transformados; y eso es para el tiempo del Séptimo Sello para la Iglesia gentil, y Séptima Trompeta para el pueblo hebreo.

Lo que es el Séptimo Sello para la Iglesia, que es la Segunda Venida de Cristo, es la Séptima Trompeta para el pueblo hebreo, la Venida del Señor para el pueblo hebreo. Esa es la Gran Voz de Trompeta de Isaías, capítulo 27, verso 13; Trompeta que se tocará al pueblo hebreo.

Y ahora, hemos visto que el mismo misterio que es revelado a la Iglesia de Jesucristo para llamar y juntar a los escogidos de entre los gentiles, de la Iglesia de Jesucristo, es el mismo misterio que se le da a conocer a los hebreos; y ellos lo reconocerán cuando sea el momento para reconocerlo, y dirán: “Esto es lo que nosotros estamos esperando”.

De esto habló el precursor de la Segunda Venida de Cristo, y nos dijo que cuando ellos lo vean viniendo por Su Iglesia gentil ellos dirán: “Este es al que nosotros estamos esperando”.

Ahora vean cómo será todo ese gran evento en el Día Postrero... Y Él vendrá como el Ángel del Pacto que desciende del Cielo, que es el Mensajero a Israel, el Ángel del Pacto; pero viene primeramente ¿dónde? Por Su Iglesia gentil. Página 57 del libro de Los Sellos en español, donde el precursor de la Segunda Venida de Cristo, el reverendo William Branham, dijo:

‘Y vi otro ángel fuerte descender del cielo, cercado de una nube, y el arco celeste sobre su cabeza...’.

17. Ahora, si usted se fija bien, notará que esta persona es Cristo, porque aun en el Antiguo Testamento Él fue llamado el Ángel del Pacto; y Él ahora viene directamente a los judíos porque la Iglesia ha llegado a su fin. Bien, ahora continuando:

‘... y su rostro era como el sol, y sus pies como columnas de fuego’.

18. ¿Recuerdan el Ángel de Apocalipsis capítulo 1? Este es el mismo. Un ángel es un mensajero, y él es un mensajero a Israel. ¿Ve usted? La Iglesia está a punto de ser raptada, Él viene por Su Iglesia”.

Ahora vean este misterio de Su Venida por Su Iglesia primeramente, y luego vendrá por el pueblo hebreo.

Hay otros mensajes donde fue dicho por el precursor de la Segunda Venida de Cristo, que cuando ellos lo vean viniendo en medio de la Iglesia gentil, ellos lo reconocerán y dirán: “Este es aquel al cual nosotros estamos esperando”. Esto es así porque esto es lo que ha sido prometido por Dios para este tiempo final.

Ahora, estamos llegando al tiempo en que de un momento a otro los hebreos lo verán. Los hebreos lo verán, ¿y qué verán ellos? Lo que dijo el precursor de la Segunda Venida de Cristo en la página 256 del libro de Los Sellos cuando dijo:

121. Pero cuando nuestro Señor aparezca sobre la Tierra, Él vendrá sobre un caballo blanco como la nieve, y será completamente Emmanuel —la Palabra de Dios encarnada en un hombre”.

Cuando ellos vean la Palabra de Dios encarnada en un hombre en medio de la Iglesia de Jesucristo, cuando ellos vean al Ángel del Pacto manifestado, velado - manifestado en carne humana, velado, este Ángel del Pacto velado en carne humana en el Ángel Mensajero de Jesucristo, ellos dirán: “Este es al que nosotros estamos esperando”. Y así recibirán el Mensaje de la Venida del Ángel del Pacto, de la Venida de Cristo como León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo, y recibirán la bendición que Cristo ha prometido para el pueblo hebreo para este tiempo final. Y ellos le llevarán al pueblo hebreo el Mensaje.

Comenzará con algunos. Siempre comienza con poquitos al principio, pero después se va aumentando el número. Los primeros con los cuales comience todo serán bienaventurados, serán bendecidos, como fueron bendecidos los primeros con los cuales comenzó la Dispensación de la Gracia, como también son bendecidos los primeros con los cuales comenzó la Dispensación del Reino; y así son bendecidos los primeros.

Y los primeros son los que corresponden a la Edad de la Piedra Angular, son los primeros; y después vendrán, luego, los demás que entrarán al Reino Milenial, los que estarán en el Reino Milenial; pero los que estuvieron en la Edad de la Piedra Angular, todos ellos son los primeros de la Dispensación del Reino. No importa que hayan llegado unos días más tarde o unos días más temprano; los primeros de la Dispensación del Reino son los que componen el grupo de la Edad de la Piedra Angular.

Y ahora, viendo el Séptimo Sello, que es la Venida del Señor para la Iglesia gentil, lo cual es la Séptima Trompeta para el pueblo hebreo, podemos ver también los tres Testigos.

Bajo el Séptimo Sello tenemos a Jesús, el Testigo fiel y verdadero; bajo la Séptima Trompeta tenemos a los Dos Testigos, los Dos Olivos, Moisés y Elías; y como el Séptimo Sello y la Séptima Trompeta es lo mismo, es la Venida del Señor, pues tenemos a los tres Testigos bajo el Séptimo Sello y bajo la Séptima Trompeta.

Tenemos los ministerios de Jesús, de Moisés y de Elías como los tres Testigos para el Día Postrero; ministerios que estarían siendo manifestados en el Día Postrero por el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, que es Jesucristo en Espíritu Santo manifestado en Su Ángel Mensajero. Esos son los ministerios que operan en el Día Postrero, los cuales opera el Espíritu Santo, el Ángel del Pacto, Jesucristo a través de Su Ángel Mensajero, para el Día Postrero, para el séptimo milenio y para la Edad de la Piedra Angular y para la Dispensación del Reino, bajo el Séptimo Sello y los Dos Testigos.

Y con esos... Dije: “y los Dos Testigos”: de Apocalipsis, pues, capítulo 11; y el otro Testigo: de Apocalipsis, capítulo 1, verso 5, y Apocalipsis, capítulo 3, verso 14, que es Cristo, el ministerio de Cristo; y son entonces tres Testigos.

Y con esos tres Testigos se cumplirá todo lo que Dios ha prometido. Y esos tres Testigos darán testimonio de todas las cosas que han de suceder en este planeta Tierra por medio del ministerio que estará operando el Espíritu Santo a través de Su Ángel Mensajero.

Ha sido para mí un privilegio muy grande estar con ustedes en esta ocasión dándoles testimonio de: “EL SÉPTIMO SELLO Y LOS TRES TESTIGOS”.

Y recuerden que así como nosotros hemos visto el Séptimo Sello y los tres Testigos, también el pueblo hebreo lo verá. Y les daremos la bienvenida a ellos, y les ayudaremos en todo lo que ellos necesiten; y los trataremos con mucho amor divino, y con cariño, respeto y delicadeza espiritual.

No siendo ásperos ni tratando de atacuñarle las cosas. Cosas que nos ha tomado a nosotros muchos años para poder comprender, no vamos a tratar de decírselas de un cantazo, para que lo crean o no lo crean. Así Dios no nos ha tratado a nosotros, por lo tanto no los trataremos a ellos en una forma áspera así, sino que dejaremos que Dios obre.

Les daremos los folletos, los videos, y no hablaremos cosas que puedan tropezar en ellas, sino que dejaremos que vayan madurando, así como nosotros hemos ido madurando de etapa en etapa y de año y en año para poder comprender todos estos misterios del Reino de Dios.

Y recuerden que es por medio del Mensaje que ellos obtendrán el conocimiento de lo que ellos necesitan. O sea, que ninguno trate de obligarles a entender las cosas, ni trate de darles algo que va al final, no dárselo al principio, sino que ellos vayan viendo en los libros y en los videos y en las cintas magnetofónicas, las cosas que ya Dios nos ha dado a nosotros. Y así Cristo se va a glorificar.

Y aun, si de los primeros que reciban la Palabra hay muchos que pertenecen a los escogidos, al Cuerpo Místico de Cristo, pues Dios los va a llamar primero a ellos, y después llamará al resto.

Bueno, sabemos que van a venir. Y ahora, ¿cómo van a venir? Pues no sabemos; pero les tenemos las puertas abiertas en diferentes países.

Nosotros diríamos... cada persona en su país dice: “Pues que sea desde nuestro país”, y eso mismo pues nosotros decimos también; porque hay un dicho que dice que “cada persona arrima las sardinas para su fuego”. Y nosotros, si Dios va a comenzar algo, pues nos gustaría que comience acá en Puerto Rico; pero también dejamos a la determinación de Dios, a como Dios lo haya destinado desde antes de la fundación del mundo. Pero nuestro deseo, pues nos gustaría sería que fuera con Puerto Rico y desde Puerto Rico; pero ponemos primero: pero que sea como Dios lo ha destinado desde antes de la fundación del mundo. Y así va a ser: como Él lo ha destinado.

Y cuando veamos esa conexión por completo, y que ellos reciban de lleno el Mensaje, y se riegue por el pueblo hebreo, por Israel y por todas las naciones entre ellos, entonces estaremos viendo que el tiempo de los gentiles ha llegado por completo a su final, y que si falta alguno de entre los gentiles de ser colocado en el Cuerpo Místico de Cristo, son muy pocos.

Ahora, esperamos que pronto se complete el número de los escogidos de Dios; eso es lo único que aguanta el que Dios trate con el pueblo hebreo; porque ya Dios tiene todo preparado: tanto lo que les va a dar a ellos, como a ellos preparados con hambre para recibir lo que Dios les tiene a ellos.

O sea que Dios ha estado obrando con ellos para que estén preparados; y están desesperados por recibir lo que Dios tiene para ellos, porque ellos saben que Dios tiene algo grande para ellos en este tiempo final; y eso es la Séptima Trompeta, que para la Novia es el Séptimo Sello; lo cual es, para ambos, para hebreos y gentiles: la Segunda Venida de Cristo, la Venida del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová, la Venida del Verbo, la Palabra encarnada en el Día Postrero, en un hombre del Día Postrero.

Eso es lo que está esperando el pueblo hebreo, y eso es lo que Dios le ha prometido a Su Iglesia gentil. Y eso es lo que dijo el precursor de la Segunda Venida de Cristo que sería la Venida del Jinete del Caballo blanco de Apocalipsis 19.

Bueno, ya sabemos cómo hemos de actuar cuando los veamos a ellos; porque aquí tenemos espacio suficiente, y tendremos sillas; y si no hay, las compraremos, para cuando ellos sean tocados por Dios.

Pero ustedes estén conscientes de que Dios estará obrando; y de que ninguno debe interrumpir la Obra de Dios. Dejen que a los que Dios ha elegido para trabajar con ellos sean los que breguen con ellos, para que no vayan a interrumpir la Obra de Dios y sean responsables de interrupción del Programa de Dios.

Les ayudaremos en todo lo que podamos, y les tendremos el alimento espiritual en folletos, en videos y en todas las formas; y aun si hay que traer más mensajes, ya directamente hablando sobre el pueblo hebreo, los traeremos también, y los disfrutaremos con ellos también; y si no están ellos en el momento, pues los disfrutaremos nosotros primero y después se los pasaremos a ellos.

Bueno, así están las cosas en el Reino de Dios.

Bueno, lo que ha estado deteniendo todo, ¿saben lo que es? Que se tiene que completar el Cuerpo Místico de Cristo; y por eso es que ustedes han visto que yo he tenido que estar viajando mucho con Miguel y las demás personas que han estado acompañándome en los viajes; porque los escogidos están regados por toda la América Latina, o dispersos; pero la promesa es que serán juntados, y eso: juntados en una edad: la Edad de la Piedra Angular, y en una dispensación: la Dispensación del Reino, y en un Cuerpo Místico: el Cuerpo Místico de Jesucristo, que es Su Iglesia; y eso es lo que está sucediendo en el Programa Divino en este tiempo final.

Mi deseo siempre ha sido estar con ustedes aquí todo el tiempo, pero no me ha sido posible; pero el Mensaje ha estado todo el tiempo, lo han tenido siempre. No les ha faltado nunca el alimento espiritual, y Dios ha estado con ustedes aquí; y mi corazón ha estado con ustedes también aquí, y mi mente también ha estado con ustedes aquí. Así que cuando viajo solamente es un viajecito, pero mi casa está acá. Así que siempre oren por mí, para que en todos los viajes Dios me guíe, me cuide, me use, y regrese en perfecta salud acá a Puerto Rico, para compartir con ustedes los días que esté acá en Puerto Rico.

Algunas veces uno pues pesca algún resfriado; pero después de estar tanto tiempo viajando, ¿y que por un resfriado no pueda estar con ustedes acá?, pues eso no tiene mucho sentido. Y algunas veces ustedes me ven aquí luchando con un poquito de resfriado, con un poquito de afección en la garganta, y así por el estilo; pero hacemos el esfuerzo, y Dios me ayuda, y comparto con ustedes lo que Dios me ha dado para todos ustedes.

Ha sido para mí una bendición grande estar con ustedes en esta ocasión, dándoles testimonio de: “EL SÉPTIMO SELLO Y LOS TRES TESTIGOS”, que aparecen en Apocalipsis, capítulo 1, verso 4 y 5; y capítulo 3, verso 14; y Apocalipsis, capítulo 11, verso 3 al 7; los cuales aparecen también profetizados que estarían aquí en la Tierra, aparecen en el Antiguo Testamento y también en todo el Nuevo Testamento, en las profecías que hablan de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles.

Para la tarde, o sea, para la próxima actividad de hoy, nuestro tema será: “El Séptimo Sello y el Día y la Hora de Su Venida”. Eso será para la próxima actividad.

Que Dios les continúe bendiciendo a todos, que Dios les guarde. Muchas gracias por su amable atención, y dejo nuevamente con nosotros al reverendo Miguel Bermúdez Marín para continuar y finalizar nuestra parte en esta ocasión, en esta primera actividad que hemos estado disfrutando.

Vamos a pedirle a Miguel pase por acá. Que Dios les bendiga, que Dios les guarde. ¡Y adelante hasta que seamos transformados!

EL SÉPTIMO SELLO Y LOS TRES TESTIGOS”.

[Revisión octubre 2018]

1 Isaías 7:14, 9:6-7

2 2 Corintios 3:6

3 San Juan 18:3-6

4 Salmo 118:22, San Mateo 21:42, San Marcos 12:10, San Lucas 20:17, 1 Pedro 2:7

5 Génesis 18 y 19

6 Deuteronomio 8:1-3

7 San Lucas 9:62

Encuéntrenos

Carretera No.1 Km 54.5
Barrio Monte Llano
Cayey, Puerto Rico
00736

Twitter