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Muy buenas tardes, amados hermanos y amigos. Es para mí una bendición grande estar con ustedes, en esta ocasión aquí en San Juan, Sanarate, en El Progreso, aquí en Guatemala; es para mí realmente una bendición grande estar acá compartiendo con todos ustedes las bendiciones de Cristo correspondientes a este tiempo final bajo LA BENDICIÓN DEL SÉPTIMO SELLO.

Para lo cual quiero leer en Apocalipsis, capítulo 8, verso 1 al 5, y dice:

“Cuando abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el cielo como por media hora.

Y vi a los siete ángeles que estaban en pie ante Dios; y se les dieron siete trompetas.

Otro ángel vino entonces y se paró ante el altar, con un incensario de oro; y se le dio mucho incienso para añadirlo a las oraciones de todos los santos, sobre el altar de oro que estaba delante del trono.

Y de la mano del ángel subió a la presencia de Dios el humo del incienso con las oraciones de los santos.

Y el ángel tomó el incensario, y lo llenó del fuego del altar, y lo arrojó a la tierra; y hubo truenos, y voces, y relámpagos, y un terremoto”.

Que Dios bendiga Su Palabra en nuestras almas y nos permita entenderla, y nos abra el entendimiento en nuestra alma y en nuestra mente, y nos llene del conocimiento de Su Palabra, y así nos bendiga con Su Palabra en esta ocasión. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Nuestro tema es: “LA BENDICIÓN DEL SÉPTIMO SELLO”.

El Séptimo Sello es la Segunda Venida de Cristo. Por eso cuando fue abierto en el Cielo el Séptimo Sello, dice que hubo silencio en el Cielo como por media hora.

Este es el misterio del cual Cristo había dicho que nadie conocía. Por ejemplo, aquí en la Escritura de San Mateo, San Marcos y San Lucas, nos habla acerca de la Venida del Hijo del Hombre y nos dice que ese misterio nadie en el Cielo ni en la Tierra lo conocían. Por ejemplo, aquí en San Marcos, capítulo 13, versos 26 en adelante, dice:

“Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en las nubes con gran poder y gloria.

Y entonces enviará sus ángeles, y juntará a sus escogidos de los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo.

De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca.

Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas.

De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca.

El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

Pero de aquel día y de la hora nadie sabe, ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre”.

Ahora vean aquí cómo Jesucristo dice que ni los ángeles que están en el Cielo…, ni siquiera el Hijo sabía en ese momento este misterio del día y la hora de la Venida del Hijo del Hombre para el tiempo final. Luego que Jesucristo murió, resucitó y ascendió al Cielo, ya obtuvo ese conocimiento, pero antes de eso el Padre no le había revelado ese misterio.

¿Cómo? Encontramos aquí..., para poder comprender esto de que Jesucristo no sabía cuándo sería el día y la hora de la Segunda Venida del Hijo del Hombre, es sencillo: en la mente de ustedes está todo lo que ustedes conocen, porque ahí está el consciente, ya ustedes están conscientes de todas esas cosas que ya ustedes conocen; pero en el alma de ustedes hay cosas que ustedes no conocen, porque están en el subconsciente.

¿Cuántos sabían que eran hijos de Dios? No lo sabían. ¿Cuántos sabían que eran escogidos, elegidos de Dios? No lo sabían. Pero eso estaba acá sellado, en el alma, y estaba en la mente de Dios; pero cuando Dios hizo consciente esa verdad para todos los hijos de Dios, desde lo profundo de su alma salió también y se hizo consciente a usted, y ahora usted sabe que es un hijo o una hija de Dios.

Pero usted es una hija o un hijo de Dios porque siempre usted lo ha sido, porque está escrito en el Libro de la Vida del Cordero; pero no lo sabía, ¿por qué?, porque no estaba en su consciente todavía eso; pero ya cuando Dios ha sacado eso y lo ha hecho consciente, ya entonces los hijos e hijas de Dios, a medida que van recibiendo la Palabra se va haciendo consciente en ellos quiénes son, de dónde han venido, por qué estamos aquí en la Tierra y hacia dónde vamos en el Programa de Dios.

Hemos venido de la séptima dimensión, que es la dimensión de Dios, y hemos pasado a este planeta Tierra en este cuerpo terrenal para ser probados y hacer contacto con la vida eterna; y cuando hemos recibido a Cristo como nuestro Salvador y lavado nuestros pecados en la Sangre de Cristo, hemos recibido Su Espíritu Santo y hemos obtenido el nuevo nacimiento, y así hemos obtenido un cuerpo teofánico de la sexta dimensión, llamado el Ángel de Jehová, que acampa en derredor de los que le temen y los defiende1.

Y ahora, descubrimos que cada hijo e hija de Dios, al recibir a Cristo como su Salvador y nacer de nuevo recibiendo Su Espíritu, ha obtenido el nuevo nacimiento; ha nacido (¿dónde?) en la Casa de Dios, en el Reino de Dios, ha nacido en la Iglesia de Jesucristo.

Porque a la Iglesia de Jesucristo no se entra porque la persona dice: “Yo quiero ser un miembro de la Iglesia de Jesucristo”. Más bien, toda persona que es parte de ese Cuerpo Místico de creyentes, lo primero: ha estado escrito en el Libro de la Vida del Cordero desde antes de la fundación del mundo, y ha venido a este planeta Tierra para ser manifestado en carne humana para así hacer contacto con el Programa de Dios, y así creer en Cristo como su Salvador y lavar nuestros pecados en la Sangre de Cristo y recibir Su Espíritu Santo, y así nacer de nuevo.

Así como hemos nacido en la familia terrenal por medio de papá y mamá, ahora obtenemos un nuevo nacimiento por medio de creer en Cristo como nuestro Salvador y lavar nuestros pecados en la Sangre de Cristo y recibir Su Espíritu Santo.

Hemos nacido de Cristo, y por eso es que ahora tenemos también una nueva familia: la Familia de Dios; y por eso oramos por nuestros familiares, para que también ellos reciban esa bendición de Dios; y continuamos amando a nuestra familia terrenal, pero sabemos también que tenemos y pertenecemos a una Familia celestial.

Y así como somos hermanos —terrenalmente hablando— de nuestra familia terrenal, de los que han nacido en esa casa (pues somos hermanos o hermanas), así también de los que han nacido en la Casa de Dios, en la Iglesia de Jesucristo, todos somos hermanos. ¿Ve? Porque pertenecemos también a esa nueva Familia, a esa Familia celestial, que es la Iglesia del Señor Jesucristo, la cual nació el Día de Pentecostés y comenzó a tener Sus hijos, naciendo los hijos e hijas de Dios primeramente en la sexta dimensión.

Aunque nos encontramos en esta dimensión, el nuevo nacimiento ocurre en otra dimensión, y entonces ahí tenemos un cuerpo de la sexta dimensión, el cual está con nosotros; y si nuestro cuerpo físico muere, ¿qué sucede? Pues nos vamos a vivir a la sexta dimensión —que es el Paraíso— en ese cuerpo teofánico, que es parecido a este cuerpo físico pero de otra dimensión.

Ese cuerpo es de la misma clase que Jesucristo tiene, de la sexta dimensión, en el cual les apareció a los profetas en el Antiguo Testamento; y por eso es que Jesús podía decir… Juan decía: “Después de mí viene uno del cual yo no soy digno de desatar la correa de Su calzado; Él les bautizará con Espíritu Santo y Fuego”.

Él dijo también que venía después de él, pero que era primero que él y mayor que él. ¿Y por qué era primero que él y venía después? Miren, Juan el Bautista nació como seis meses antes que Jesús, y Juan dice que es primero que él.

Y ahora, cuando Jesús llega, Jesús no solamente dice que es mayor que Juan…, porque Él lo dijo cuando (Jesús) dijo: “Juan era una antorcha (o sea, una luz, una lámpara) que ardía”; porque Juan era la mecha de esa lámpara, de esa edad séptima de la Iglesia hebrea bajo la Ley. “Y Juan era antorcha que ardía; y ustedes quisieron caminar a su luz”.

Una antorcha encendida y de noche alumbra mucho, y la gente pues quiere caminar en la luz (¿para qué?) para no tropezar y caer en un hueco. Y Jesús dice: “Y ustedes quisieron caminar a su luz”; esa luz espiritual, esa revelación de Dios para aquel momento, en donde llamaba a la gente al arrepentimiento y los bautizaba y los colocaba en el Programa de Dios para aquel tiempo, en donde estaba siendo precursada, preparada la gente para recibir a Cristo en Su Primera Venida.

Y cuando Cristo luego habla de Sí mismo, dice: “Mas yo tengo mayor testimonio que Juan”.

Jesús no estaba hablando estas cosas por orgullo, por vanagloria, sino que estaba hablando la verdad. ¿Por qué? Porque Jesús es mayor que Juan el Bautista y es mayor que cualquiera de los profetas que hayan venido en el pasado o que vengan en el futuro. Él es la cabeza de Su Iglesia; y Él es la cabeza, el principio de la Creación de Dios, de esa Nueva Creación. O sea que el grande es nuestro amado Señor Jesucristo, y Él es nuestro hermano mayor, ¿ven?, que es el más grande, es el mayor.

Él es la cabeza de esa nueva raza que Él está creando y que comenzó el Día de Pentecostés, la cual es Su Iglesia. Es una nueva raza que comienza obteniendo un cuerpo teofánico, de la sexta dimensión, cuando ha nacido de nuevo, y luego recibirá un cuerpo físico eterno y glorificado igual al cuerpo de nuestro amado Señor Jesucristo. Esa nueva raza es la que gobernará con Cristo sobre este planeta Tierra y sobre el universo completo.

Por eso es que dice la Escritura, hablando de esta nueva raza, en Apocalipsis, capítulo 1, versos 4 en adelante, dice:

“Juan, a las siete iglesias que están en Asia: Gracia y paz a vosotros, del que es y que era y que ha de venir, y de los siete espíritus que están delante de su trono;

y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre,

y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén”. (Apocalipsis, capítulo 1, verso 4 al 6).

Y Apocalipsis, capítulo 5, versos 8 en adelante, dice:

“Y cuando hubo tomado el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero; todos tenían arpas, y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos;

y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación;

y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra”.

Si nos ha hecho reyes y sacerdotes es para reinar con Cristo durante el Milenio, Reino Milenial, y por toda la eternidad. Si nos ha hecho reyes, pues vamos a reinar con Él; y si nos ha hecho sacerdotes, pues vamos a ministrar con Él también las cosas espirituales.

Y ahora, vean ustedes que así como en medio del pueblo hebreo hubo un templo, y tenían allí al sumo sacerdote y —en adición— a los demás sacerdotes, ahora, del Templo que está en el Cielo (porque aquellos templos, el de Moisés y el de Salomón, representaban el Templo que está en el Cielo), del Templo que está en el Cielo, ¿quién es el Sumo Sacerdote? Nuestro amado Señor Jesucristo.

¿Y quiénes son los demás sacerdotes de ese Templo? Nosotros. Nosotros pertenecemos a ese pueblo de sacerdotes, llamado la Iglesia del Señor Jesucristo. Por eso se reflejó todo esto en medio del pueblo hebreo; en el Israel terrenal se reflejó el Israel celestial, y en el templo terrenal de Moisés y el de Salomón se reflejó el Templo celestial.

Y ahora Cristo está construyendo un Templo no con piedras literales, sino con piedras vivas, que son seres humanos y que son los miembros del Cuerpo Místico de Cristo, los cuales creen en Cristo como nuestro Salvador, lavan sus pecados en la Sangre de Cristo y reciben Su Espíritu Santo en el tiempo que les toca vivir.

A cada uno, vean ustedes, en el tiempo que le toca vivir a cada hijo e hija de Dios, le corresponde entrar al Programa Divino, al Cuerpo Místico de Cristo, y tiene una forma para entrar: por medio del Espíritu de Dios, del Espíritu de Cristo. Por un Espíritu todos tenemos entrada a ese Cuerpo Místico de creyentes2.

Jesús dijo a Nicodemo en el capítulo 3 de San Juan: “De cierto, de cierto te digo que el que no nazca de nuevo no puede ver el Reino de Dios”, o sea, no lo puede entender. Nicodemo pensó en un nacimiento natural, naciendo otra vez por medio de su madre, pero no significaba esto el nacer nuevamente por medio de una mujer. Vean:

“Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?

Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.

Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.

No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo”.

San Juan, capítulo 3, verso 2 al 7, ahí tenemos esa conversación de Nicodemo con Jesús, en donde Jesús le da a conocer que para entrar al Reino de Dios se requiere nacer de nuevo. Ninguna persona puede entrar al Cuerpo Místico de Cristo, a la Iglesia de Jesucristo, sin nacer de nuevo.

Y ahora, estas personas que pertenecen a la Iglesia de Jesucristo por medio de creer en Cristo como su Salvador y nacer de nuevo, recibir el Espíritu de Cristo, son la Nueva Creación de una nueva raza que Cristo está creando; y serán todos iguales a nuestro amado Señor Jesucristo, con un espíritu teofánico eterno (que es el que recibimos cuando recibimos el Espíritu de Cristo) y con un cuerpo físico eterno y glorificado.

Vean ustedes la bendición tan grande que Cristo tiene para todos nosotros, la cual nos está dando, pues al creer en Él como nuestro Salvador y lavar nuestros pecados en la Sangre de Cristo y recibir Su Espíritu Santo, recibimos el cuerpo teofánico de la sexta dimensión, de la dimensión del Paraíso; y luego recibiremos en este Día Postrero…, porque en el Día Postrero es que Él dijo: “… y yo le resucitaré en el Día Postrero”.

Los muertos en Cristo de edades pasadas y algunos de los nuestros que han partido tienen la promesa de ser resucitados en el Día Postrero, que es el séptimo milenio. Y si le añadimos al calendario los años de atraso que tiene, ya estamos en el séptimo milenio; y por consiguiente, en algún momento del séptimo milenio, en algún año del séptimo milenio, se realizará la resurrección de los muertos. Ahora, ¿en qué año? No sabemos.

Y luego de la resurrección de los muertos en Cristo vendrá la transformación de nosotros los que estamos viviendo; pero antes de eso, dice San Pablo: “… a la Final Trompeta”, hablándonos acerca de la resurrección y transformación, dice que será a la Final Trompeta.

Vamos a verlo en Primera de Corintios, capítulo 15; versos 50 en adelante dice: “Pero esto digo…”, o el 49 mejor. Primera de Corintios, capítulo 15, verso 49 en adelante, dice:

“Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial (o sea que seremos iguales a nuestro amado Señor Jesucristo, a imagen y semejanza de Jesucristo).

Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción”.

O sea que este cuerpo, que es corruptible, no puede continuar viviendo por toda la eternidad sin ver muerte y así ver corrupción. Este es un cuerpo temporal, es un cuerpo terrenal, por lo tanto, nace, pero está sentenciado a morir; porque vino por medio del primer Adán, de la descendencia del primer Adán, el cual pecó junto a su esposa y perdió la bendición de la vida eterna en el cuerpo físico, perdió los derechos a la vida eterna. Por lo tanto, no puede seguir viviendo el cuerpo físico aquí en el planeta Tierra por miles de años, porque es corruptible y temporal; y está sentenciado a muerte porque Adán y Eva pecaron en el Huerto del Edén, y la paga del pecado es muerte.

Ahora, vean ustedes, Adán vivió unos 900 y algo de años… Vamos a ver cuántos fueron los años que vivió Adán, para que tengamos un cuadro claro de lo que estamos hablando a través… Vean, 930 años:

“Y fueron todos los días que vivió Adán novecientos treinta años; y murió”. (Génesis, capítulo 5, verso 5 también).

Ahora vean ustedes que lo importante no es vivir muchos años, porque por más años que se viva en este cuerpo mortal la persona tiene que morir físicamente, o sea, su cuerpo físico tiene que morir.

Lo importante es que la persona haga contacto con la vida eterna el tiempo que viva aquí en la Tierra, y reciba a Cristo como su Salvador, lave sus pecados en la Sangre de Cristo y reciba Su Espíritu, y así entra a la vida eterna, así entra al Cuerpo Místico de Cristo, y ya obtiene un cuerpo teofánico de la sexta dimensión.

Si muere la persona, va a vivir al Paraíso en ese cuerpo; y cuando resucite Cristo a todos los muertos que han partido, ahí resucitará la persona también, con los demás que resucitarán; y resucitará en un cuerpo eterno, un nuevo cuerpo que no será corruptible, que no será temporal y que no será mortal; sino inmortal, incorruptible y eterno.

Ese es el cuerpo que Dios tiene para Sus hijos; pero antes nos ha dado, nos ha permitido…, en la permisión divina nos ha permitido vivir en este cuerpo mortal, corruptible y temporal, y pasar por esta experiencia única, porque no se va a repetir en nuestras vidas.

Es una experiencia única para que nosotros hagamos contacto con la Vida Eterna, con Cristo, entremos al Programa de Dios en Su Cuerpo Místico de creyentes, en Su Iglesia, recibamos el nuevo cuerpo teofánico... (el nuevo cuerpo, un nuevo cuerpo de la sexta dimensión); porque el espíritu que recibimos cuando nacimos es del mundo, y ahora necesitamos uno de Dios; y ese de Dios es el que recibimos luego de recibir a Cristo como nuestro Salvador: al recibir Su Espíritu Santo recibimos ese espíritu de Dios, ese espíritu de la sexta dimensión. Y luego lo que nos falta es solamente un cuerpo creado por Dios, un cuerpo eterno, un cuerpo glorificado, el cual Cristo ha prometido para todos nosotros, para darnos ese cuerpo (¿cuándo?) en el Día Postrero, que es el séptimo milenio.

Él, vean ustedes, nos promete ese nuevo cuerpo. San Pablo, vean (continuamos leyendo aquí), dice [1 Corintios 15:51]:

“He aquí, os digo un misterio (recuerden que es un misterio tan grande que la ciencia todavía no ha podido ni descubrir ese misterio): No todos dormiremos (o sea, no todos vamos a morir físicamente); pero todos seremos transformados…”.

Porque todos tendremos un cuerpo glorificado. Eso será un cuerpo diferente a este cuerpo físico; aunque tenga la apariencia de este cuerpo físico, pero será un cuerpo glorificado, un cuerpo eterno, un cuerpo con vida eterna en todas las células y átomos de ese cuerpo.

“… pero todos seremos transformados,

en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta…”.

Vean, los siete ángeles mensajeros de las siete edades han sido los siete ojos de Dios que han recorrido la Tierra, o sea, ha sido el Espíritu Santo recorriendo la Tierra desde el este —la tierra de Israel— hasta el oeste: recorrió por Asia Menor en la primera edad, por Francia en la segunda, y así en Europa recorrió cinco edades; después pasó a Norteamérica y recorrió la séptima edad de la Iglesia gentil. Y esas han sido las siete manifestaciones de los siete ojos de Jehová que recorren toda la Tierra. Son siete manifestaciones del Espíritu Santo en siete mensajeros, siete hombres que Dios envió, cada uno para cada edad de la Iglesia gentil.

En el diagrama que usó el reverendo William Branham tenemos esto claro.

La primera edad corresponde a Asia Menor. Esta pequeñita acá, esta parte acá, es el tiempo de los apóstoles: San Pedro, Santiago, Juan y todos estos apóstoles en medio del pueblo hebreo; pero después vino la etapa para los gentiles, donde San Pablo fue el mensajero enviado a los gentiles, en donde Dios trató con los gentiles, y ha continuado tratando con los gentiles de edad en edad.

Y aquí están los siete ángeles mensajeros de las siete etapas o edades de la Iglesia gentil. La última fue en Norteamérica (de las siete edades de la Iglesia gentil) y su mensajero fue el reverendo William Branham.

Y después que han transcurrido estas siete edades podemos conocer la historia de lo que fue la Obra de los siete ojos de Jehová que recorren toda la Tierra, que fue la Obra del Espíritu Santo manifestado en Sus siete ángeles mensajeros en los territorios donde se cumplieron esas edades.

Y ahora, para el Día Postrero Jesucristo viene a la Edad de la Piedra Angular, sube a la Edad de la Piedra Angular y viene manifestado en carne humana. Así como estuvo manifestado en cada mensajero en carne humana en la porción correspondiente a cada edad, viene manifestado en carne humana en el Ángel Mensajero de la Edad de la Piedra Angular, dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, y así llenándonos del conocimiento del Programa Divino, y llamándonos y juntándonos (¿dónde?) en la Edad de la Piedra Angular, acá arriba, en la Edad de la Piedra Angular, que es la Edad del Amor Divino.

¿Y esa edad dónde se cumple? En la América Latina el Caribe. ¿Y dónde están las personas que recibirían a Cristo en Su manifestación final en Su Ángel Mensajero? Pues aquí estamos, en la América Latina y el Caribe, recibiendo las bendiciones del Séptimo Sello.

El Séptimo Sello es Jesucristo, es este Ángel que aparece en esta nube formada por ángeles. Aquí están los siete ángeles mensajeros de las siete edades y aquí está el Ángel que era diferente a los demás, el cual es el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, el cual es el mismo Jesucristo en Su cuerpo teofánico; ese es el Ángel que tiene el Séptimo Sello.

Y con la venida de cada ángel mensajero de las siete edades de la Iglesia gentil, los cuales están aquí en sus cuerpos teofánicos, cuando cada uno de ellos vino manifestado en su cuerpo de carne, fue el instrumento de Cristo para la edad en que Cristo lo envió, y por medio de ese mensajero fueron llamados y juntados los escogidos de esa edad; y así envió siete ángeles mensajeros.

Y ahora para el Día Postrero Cristo dice en San Mateo, capítulo 24, dice [verso 30]:

“Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo…”.

Y aquí la tenemos. Aquí está el Hijo del Hombre, el Ángel del Pacto, Jesucristo en Espíritu, Jesucristo en Su cuerpo teofánico; y aquí también están los siete ángeles mensajeros en sus cuerpos teofánicos. Ya esa señal la hemos visto en el cielo.

“… y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra…”.

De esa fecha en adelante, febrero 28 de 1963, encontramos que los problemas sobre la raza humana, sobre todas las naciones, han estado estremeciendo a las naciones, y lo que se escucha es un lamento entre todas las naciones y tribus de la raza humana: problemas económicos, problemas políticos, problemas militares, problemas de todas clases; problemas sociales, problemas también en el terreno, la naturaleza, la Tierra con problemas, el planeta Tierra con problemas por diferentes lugares, guerras por diferentes lugares; y la capa de ozono afectándose también. Y también dicen que un meteoro o meteorito (o algo así) va a caer pronto o pasará cerca de la Tierra o puede ser que le dé a la Tierra; y todo es lamento, temor y confusión. Pues la Escritura dice, miren aquí (vamos a ver), en San Lucas… En San Lucas (en ese mismo pasaje, pero en San Lucas) dice… capítulo 21, verso 25 en adelante, dice:

“Entonces habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, confundidas a causa del bramido del mar y de las olas;

desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra; porque las potencias de los cielos serán conmovidas”.

Y ahora, por causa de las potencias de los cielos ser conmovidas, ¿qué sucede? Hay expectación y temor de las cosas que vendrán sobre el planeta Tierra.

“Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en una nube con poder y gran gloria”.

Ahora vean, San Mateo dice que vendrá en las nubes y San Lucas dice que vendrá en una nube, pero no hay ninguna contradicción en ellos. ¿Vendrá en una nube? Pues aquí la tienen. ¿Vendrá en las nubes? Pues aquí está.

Cada ángel mensajero es una nube, una nube pequeña, porque estos son los cuerpos teofánicos de los ángeles mensajeros, que son vistos en la forma de una nube cada uno de ellos; y todos unidos, con el cuerpo también del Ángel que era diferente a los demás, formando también parte de esta nube, vean ustedes, ahí tenemos: forman una sola nube, pero son muchas nubes.

Cada ángel es una nube; y unida, cada uno, los ocho ángeles aquí (los siete ángeles de las siete edades con el Ángel que era diferente a los demás aquí unidos) forman esa nube; pero recuerden: son, cada uno de ellos, una nube.

Así que esta es una nube octágona, sería; no séptuple, sino una nube octágona. Y dice:

“Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en una nube con poder y gran gloria.

Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca”.

Nuestra redención es la transformación de nuestros cuerpos, en donde obtendremos la redención del cuerpo, en donde obtendremos esa transformación y ese nuevo cuerpo que Él ha prometido para nosotros; seremos colocados en un cuerpo eterno, y viviremos por toda la eternidad.

Y ahora, San Pablo en Primera de Corintios dice que eso será para el tiempo de la Trompeta Final, y la Trompeta Final es la Trompeta del Evangelio del Reino sonando y revelando el misterio de la Segunda Venida de Cristo. Dice [1 Corintios 15:52]:

“… en un momento, en un abrir y cerrar de ojos…”.

Ahora, les mostré lo que son ojos. Proféticamente hablando o como símbolos: los ojos son los videntes o profetas de Dios. Y ahora, hemos tenido siete ojos, siete ángeles mensajeros, siete profetas enviados por Dios; cuando apareció el mensajero, ahí se abrió uno de los siete ojos de Dios.

Ahora vean, dice: “en un abrir y cerrar”. Un abrir: aparece el mensajero, ahí se abrió ese ministerio de ese ojo de Dios; y ahí estuvo la visión profética y la visión bíblica para que todos los hijos e hijas de Dios de esa edad pudieran ver el Programa de Dios por medio de esa manifestación de ese ojo de Dios; y luego fue cerrado ese ojo (eso fue cuando murió el mensajero), y luego abrió Dios otro de sus ojos, que fue el segundo mensajero. Y así, en un abrir y cerrar de ojos, han transcurrido siete edades de la Iglesia gentil.

Y a la Final Trompeta, que es la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino revelando, proclamando el misterio del Séptimo Sello, el misterio de la Segunda Venida de Cristo, los escogidos de Dios son llamados y juntados con esa Gran Voz de Trompeta, como dice Jesús en San Mateo, capítulo 24, donde dice (vamos a continuar leyendo):

“Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria.

Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro”.

Esa Gran Voz de Trompeta, vean ustedes, es la misma Trompeta Final de la cual nos habla el apóstol San Pablo que viene sonando y viene llamando y juntando a todos los escogidos de Dios. ¿Y qué viene sonando? Viene sonando la Segunda Venida de Cristo. Esa es la Trompeta Final.

Y vean lo que dijo el precursor de la Segunda Venida de Cristo en la página 149 del libro de Citas (para no leer mucho vamos a quedarnos aquí en esta página por el momento), donde dice en el verso 1333, que es un extracto del mensaje “Avergonzados de Él”, dice:

1333 – “Recuerden que los que viven y quedan no impedirán a los que duermen; porque la trompeta de Dios, esa última trompeta (la sexta acaba de sonar) … y esa última trompeta, con el último sello…”.

O sea, esa Séptima Trompeta con el Séptimo Sello; porque la última Trompeta es la Séptima Trompeta y el último Sello es el Séptimo Sello. Así que:

“… y esa última trompeta, con el último sello, será la venida del Señor. Tocará, y los muertos en Cristo se levantarán primeramente… sólo descansando hasta ese tiempo”.

Ahora, antes de la resurrección de los muertos en Cristo y transformación de nosotros los que vivimos, tiene que sonar ¿qué? La Trompeta Final, que es la Séptima Trompeta, lo cual es también el Séptimo Sello. La Trompeta y el Séptimo Sello; esa Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta o Séptima Trompeta, como el último Sello, ¿es qué? La Venida del Señor.

Veamos también aquí, en el mensaje… Vamos a ver. En el libro de Citas, página 128, verso 1143, dice:

1143 – “Debajo de la Séptima Trompeta es para Israel lo mismo que el Séptimo Sello fue para la Iglesia”.

Bajo la Séptima Trompeta para Israel, ¿qué estará escuchando Israel? La Segunda Venida de Cristo. Aunque para Israel la Primera Venida de Cristo la pasaron por alto y están esperando todavía la Venida del Mesías; para ellos de momento será la Primera, pero realmente es la Segunda Venida de Cristo.

Ahora, esa Séptima Trompeta para Israel es lo mismo que el Séptimo Sello para la Iglesia gentil, y la Séptima Trompeta y el Séptimo Sello es la Venida del Señor. Sonará, y los muertos en Cristo resucitarán primero, y luego nosotros los que vivimos seremos transformados; pero primero tiene que sonar.

¿Y cuánto tiempo estará sonando esa Trompeta? Todo el tiempo que sea necesario hasta que sea escuchada hasta por el último de los escogidos de Dios; porque todos tienen que escuchar esa Trompeta sonando, todos tienen que escuchar el Séptimo Sello sonando, siendo revelado a los hijos e hijas de Dios.

Y cuando lo haya escuchado hasta el último de los escogidos y haya sido llamado y juntado, recogido en el Cuerpo Místico de Cristo, en la Edad de la Piedra Angular, luego viene la resurrección de los muertos en Cristo y luego la transformación de nosotros los que vivimos.

No puede ocurrir la resurrección de los muertos en Cristo sin estar completo el Cuerpo Místico de Cristo, sin estar completo el grupo de la Edad de la Piedra Angular, en donde se completa el Cuerpo Místico de nuestro amado Señor Jesucristo, se completa la Iglesia de Jesucristo.

Y ahora, así como la primera edad fue en Asia Menor y con gente de Asia Menor…, encontramos que la Iglesia de Jesucristo se completó en su primera edad, y así fue de edad en edad y de territorio en territorio; y ahora, ahora la bendición grande, ¿cuál es? Es la bendición que les ha tocado a los latinoamericanos y caribeños, porque con latinoamericanos y caribeños es que Cristo crea el Lugar Santísimo de Su Templo espiritual, crea la Edad de la Piedra Angular, y completa Su Iglesia, Su Cuerpo Místico de creyentes, con gentes sencillas, con gente humilde, con gente latinoamericana y caribeña.

¿Y quién se iba a imaginar que los últimos escogidos de Dios que completarían el Cuerpo Místico de Cristo serían latinoamericanos y caribeños? Eso nunca pasó por la mente de ningún ser humano; porque estas son cosas que ojo no vio, ni oreja oyó, ni subió al corazón humano. Estaban en el corazón de Dios, bajo el misterio del Séptimo Sello, bajo el misterio de la Segunda Venida de Cristo.

Y ahora miren las bendiciones tan grandes que Dios está dándonos en la América Latina y el Caribe sin necesidad de que seamos personas multimillonarias y con grandes doctorados universitarios, sin necesidad de tener grandes lugares y edificios. Miren, aquí, reunidos en este lugar sencillo, en donde por este lado todo es puerta y ventana y por aquel lado también, aquí hay un grupo de hijos e hijas de Dios que están recibiendo la bendición del Séptimo Sello y están recibiendo la revelación divina de todas estas cosas que deben suceder pronto, en este tiempo final.

Y ahora vean ustedes cómo la bendición de Dios está con nosotros, así como estuvo con Abraham cuando visitó Elohim a Abraham; y miren, no necesitó que Abraham le dijera: “Vamos al mejor restaurante de este lugar”, no: debajo de un árbol allí estuvo Abraham con Elohim, con Gabriel y Miguel. Allí le sirvió una ternera y demás cosas que acompañan una ternera; no en seco así, sino una ternera asada, bien preparadita, y sus panes; todo eso le ofreció Abraham, sus panes también, y también mantequilla, leche. Todo lo que acostumbraban ellos a poner en la mesa, de todo eso le sirvió a Dios, y... a Dios que estaba en forma visible; se había materializado allí para Abraham, y el Arcángel Gabriel y el Arcángel Miguel también.

Qué bendición tan grande tuvo Abraham: ver a Dios en Su cuerpo teofánico materializándose allí, y también ver a Gabriel y a Miguel allí con Elohim, y luego ofrecerles un almuerzo, y ellos aceptar ese almuerzo y lavar los pies también, porque esa es la costumbre allá en esas áreas.

Si usted va por allá, usted verá por qué esa costumbre existe allá. Es que esos territorios tienen mucho polvo, mucha arena, y hay que lavarse los pies, y más cuando en esos tiempos pues usaban sandalias, y en esa forma pues se empolvan todos los pies; y una de las cosas que hacían cuando recibían a una persona era lavarle los pies y también ungirlo con lo que corresponde para ser ungido en aquel tiempo (sea perfume o aceite), y darle la bienvenida con un beso también, y luego la comida, almuerzo o cena.

A Jesús también lo invitaron en diferentes ocasiones; pero vean, le ofrecieron la comida, pero ni le lavaron los pies ni lo ungieron con el perfume que era necesario ungirlo; y vino una mujer que amaba a Jesús, lavó los pies de Jesús con sus lágrimas, los secó con su cabello.

Y luego derramó también perfume —ya fuera en esa ocasión o en otra ocasión— una mujer creyente en Cristo sobre Jesucristo. Algunos decían: “Convenía que esto se vendiera, ¡si esto valía como trescientos denarios!”. De seguro percibió la clase de perfume que era. Dijo: “Este es del caro, este es el que vale mucho”.

Y ahora, Jesús dijo: “Dejen a esta mujer tranquila, porque ha hecho una buena obra”. Pero decían: “Pero esto se vendía y el dinero servía para los pobres”. Jesús dijo: “Ella ha hecho buena obra. Los pobres, ustedes siempre los van a tener; así que, si quieren ayudar a los pobres, siempre va a haber pobres; pero a mí no me van a tener siempre, no me van a tener siempre en este cuerpo. Ella me ha ungido para mi sepultura”3.

Vean que después, cuando murió Cristo, no lo pudieron preparar para la sepultura porque ya era muy tarde; y luego, el domingo de resurrección, fue que aparecieron con las especias y con todas esas cosas, pero ya era demasiado tarde; pero ya, miren, aquella mujer lo había ungido para Su sepultura. Por lo tanto ya se sabía que no iba a haber quién lo ungiera para cuando lo iban a sepultar porque no iba a haber tiempo, porque estaban… Él murió el viernes a las 3:00 de la tarde, y lo dejaron todavía un tiempo allí, y luego José de Arimatea pidió el cuerpo de Jesús; se lo dieron (y ya era demasiado tarde), lo envolvieron en una sábana nueva y lo colocaron en el sepulcro de José de Arimatea, un sepulcro nuevo.

Si ustedes llegan a ver un sepulcro allá (por lo menos de esa clase), en… Yo estuve allí en Jerusalén, y bajo tierra había un cementerio, y era una cueva, un pasillo largo; y así en las paredes hacían una cueva, había unas cuevitas ahí, y ahí es donde enterraban los muertos (en ese sitio por lo menos); y luego le ponían su tapa, ya sea de cemento o no sé de qué (no me recuerdo bien, pero debe ser de cemento), y ahí estaban.

Y donde Jesús fue sepultado fue también en una cueva, pero quizás esa cueva pues no era tan grande, pero, vean ustedes, era una cueva donde se podía entrar. Allí entró Pedro y entró San Juan también y vieron (después, cuando resucitó Cristo) la sábana y todas estas cosas en las cuales habían envuelto a Jesús; todo estaba allí, y dos ángeles de Dios también estaban allí.

Vean, aparecen esos dos ángeles en muchas ocasiones, cuando Jesús también…, cuando resucitó aparecieron, y aparecieron a las mujeres que fueron allí, aparecieron también a algunos discípulos; luego también aparecieron, cuando Cristo ascendió al Cielo, dos varones.

Y, vean ustedes, cuando Elohim estuvo comiendo con Abraham, también había allí dos varones, que eran los Arcángeles Gabriel y Miguel. Y ahí lo vamos a dejar quietecito, porque cuando Cristo también estuvo en el Monte de la Transfiguración aparecieron dos varones también, uno a cada lado. Bueno, y en el Cielo encontramos que están Gabriel y Miguel, que son los Arcángeles que aparecieron con Elohim cuando vino a visitar a Abraham, y luego pasaron a Sodoma y Gomorra.

Ahora, vean ustedes cómo Abraham estuvo bajo la bendición del Séptimo Sello, porque el Séptimo Sello es la Venida del Señor, del Ángel del Pacto, de este Ángel que era diferente a los demás; y por cuanto este Ángel fue el que estuvo con Abraham comiendo, el que le apareció en diferentes ocasiones, el que le hizo la promesa del hijo prometido, el que le dijo también que de él formaría una nación grande, ahora encontramos que este Ángel se hizo carne dos mil años atrás en la persona de Jesús, en aquel velo de carne llamado Jesús, y después murió ese velo de carne, resucitó y ascendió al Cielo, y ha estado de edad en edad viajando por las diferentes edades o etapas de la Iglesia y por los diferentes territorios donde se han cumplido esas edades.

Y ahora viene a la Edad de la Piedra Angular y al territorio donde se cumple esa edad; y eso es la Venida del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, de lo cual dice el ángel mensajero de la séptima edad de la Iglesia gentil en el libro de Los Sellos, página 200… Vamos a ver primero la página 469, una partecita nada más; dice (vamos a ver):

“153. ¿Y notaron que dije que uno de esos ángeles era muy raro? Me pareció muy distinto a los demás. Estaban en una constelación con tres a cada lado y uno arriba…”.

Está hablando de esta constelación de ángeles que están en esta nube; y aquí está el Ángel que era diferente a los demás, el que forma el cabello blanco del Señor; porque aquí esta nube forma el rostro del Señor, y el cabello blanco está formado por el Ángel que era diferente a los demás; y el resto aquí está formado por los demás ángeles de las siete edades de la Iglesia gentil.

Ahora dice:

“153. … Me pareció muy distinto a los demás. Estaban en una constelación con tres a cada lado y uno arriba; y el que estaba a mi lado, contando desde la izquierda hacia la derecha, ese sería el séptimo Ángel. Él era más brillante y significaba más para mí que los demás. Les dije que tenía el pecho así robusto y estaba volando hacia el Oriente. Les dije también que: ‘Me levantó, me alzó’. ¿Se acuerdan?

154. Ahora, ¡aquí está! Era el que tenía el Séptimo Sello, lo cual he mantenido como una pregunta en mi mente toda mi vida. Los otros Sellos significaron mucho para mí, desde luego; pero ustedes no se imaginan lo que ha significado este séptimo”.

Y ahora, en la página 256.

Ahora, hemos visto que dice: “Ahora, ¡aquí está! Era el que tenía el Séptimo Sello”. ¿Cuál de esos ángeles era el que tenía el Séptimo Sello? Este Ángel que era diferente a los demás; y el Séptimo Sello es la Venida del Señor, porque ese es el Señor en Su cuerpo teofánico.

Página 256 del libro de Los Sellos, dice el reverendo William Branham:

“121. Pero cuando nuestro Señor aparezca sobre la Tierra, Él vendrá sobre un caballo blanco como la nieve, y será completamente Emmanuel —la Palabra de Dios encarnada en un hombre”.

Eso es la Venida del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, eso es la Venida del Ángel que era diferente a los demás; esa es la Venida del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová, que es Jesucristo en Su cuerpo teofánico, viniendo en el Día Postrero manifestado en carne humana en Su Ángel Mensajero.

Y ahora, en la página 482 y 483 dice:

“199. … Vemos, pues, que es un misterio por completo (o sea, el Séptimo Sello), y la hora todavía no ha llegado para que se diera a conocer este misterio. Hemos llegado hasta aquí, y lo demás nos será dado allí: en el tiempo cuando aparezca Jesús nuevamente sobre la Tierra para llevar a Su Novia…”.

¿Y cómo dice que aparecerá sobre la Tierra? Dice:

“121. Pero cuando nuestro Señor aparezca sobre la Tierra, Él vendrá sobre un caballo blanco como la nieve, y será completamente Emmanuel —la Palabra de Dios encarnada en un hombre”.

La Palabra de Dios encarnada en un hombre. Con la Venida del Verbo, la Palabra, el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, Jesucristo viniendo manifestado en carne humana en un hombre, en Su Ángel Mensajero, vendrá a la Iglesia del Señor Jesucristo la revelación del Séptimo Sello, la revelación del Ángel que era diferente a los demás, siendo manifestado en la Tierra en carne humana en el Ángel Mensajero del Señor Jesucristo de la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino.

Y por medio de ese Ángel Mensajero es que Jesucristo estará hablándonos con esa Gran Voz de Trompeta, con esa Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino, y estará revelándonos todos estos misterios que corresponden a este tiempo final. Estará revelándonos el misterio más grande de todos los misterios, que es el misterio de la Segunda Venida de Cristo, y alrededor de ese misterio es que giran todas las demás cosas que deben suceder; y toda bendición de Dios para Su Iglesia, para este tiempo final, gira alrededor de la Segunda Venida de Cristo.

El llamado y recogimiento de los escogidos, la resurrección de los muertos en Cristo, la transformación de nosotros los que vivimos y la revelación de todos estos misterios, de todas estas cosas que deben suceder pronto, giran alrededor de la Segunda Venida de Cristo, de la Venida del Ángel que era diferente a los demás viniendo en el Día Postrero en carne humana, viniendo velado en carne humana y revelado por medio de carne humana en Su Ángel Mensajero.

Pero Su Ángel Mensajero no es el Señor Jesucristo, tampoco es el profeta Elías y tampoco es el profeta Moisés, pero en ese Ángel Mensajero de Jesucristo estará el Ángel Fuerte que desciende del Cielo, el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, que es este Ángel que es diferente a los demás; y en él estará velado en carne humana, estará manifestado en carne humana, y estará operando el ministerio de Moisés por segunda vez y el ministerio de Elías por quinta vez y el ministerio Jesús por segunda vez. Esos ministerios estarán operándolos este Ángel del Pacto, que es Jesucristo en Espíritu Santo, manifestado en Su Ángel Mensajero en el Día Postrero.

Por eso fue que cuando Juan quiso adorar al Ángel de Jesucristo, el Ángel le dijo que no lo hiciera, porque el Ángel no es el Señor Jesucristo; él le dijo que adorara a Dios.

Ahora hemos podido hacer la separación entre el Ángel del Señor Jesucristo y este Ángel que era diferente a los demás.

Y ahora, Jesús dice en Apocalipsis, capítulo 22, verso 16:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias”.

¿A quién ha enviado? A Su Ángel Mensajero; porque es este Ángel del Pacto, Jesucristo, el que envía a Su Ángel Mensajero, y por medio de Su Ángel Mensajero se manifiesta este Ángel aquí en la Tierra y nos habla con esa Gran Voz de Trompeta o Trompeta Final y nos revela todas estas cosas que deben suceder pronto.

Por eso dijo Cristo en Apocalipsis, capítulo 4: “Sube acá, y yo te mostraré las cosas que han de suceder después de estas”. ¿Y a dónde vamos a subir? Vamos a subir a la Edad de la Piedra Angular, porque es en la Edad de la Piedra Angular que Él estaría en el Día Postrero, en medio de los latinoamericanos y caribeños, como estuvo en la primera edad en San Pablo en Asia Menor manifestado.

Y ahora: “Sube acá, y yo te mostraré las cosas que han de suceder después de estas”. Después de estas cosas que sucedieron acá, hay cosas que tienen que suceder acá arriba, en la etapa de la Edad de la Piedra Angular de la Iglesia de Jesucristo; y esas son las que Él dice que nos va a mostrar, si subimos a donde Él está.

Él está en la actualidad en la etapa de oro de la Iglesia, la Edad de la Piedra Angular, que se está cumpliendo ¿dónde? En la América Latina y el Caribe. Es en la América Latina y el Caribe donde Él revela todas estas cosas que deben suceder pronto por medio de Su Ángel Mensajero, de Su velo de carne que Él tiene en este tiempo final en la Edad de la Piedra Angular; y ese es un mensajero dispensacional también, es el profeta mensajero de la Dispensación del Reino con el Mensaje del Evangelio del Reino, para hablar Cristo por medio de él las bendiciones del Séptimo Sello, las bendiciones de la Segunda Venida de Cristo para cada uno de ustedes y para mí también.

Todas las bendiciones que Cristo nos trae en Su Segunda Venida son habladas en este Día Postrero, en la Edad de la Piedra Angular, sobre todos ustedes y sobre mí también. En la América Latina y el Caribe, ahí es donde está Cristo, el Ángel del Pacto, el Ángel que era diferente a los demás, hablando estas bendiciones; está hablándolas sobre los latinoamericanos y caribeños.

Hemos visto: “LA BENDICIÓN DEL SÉPTIMO SELLO”.

¿Y dónde está la bendición del Séptimo Sello? Está sobre nosotros en este Día Postrero, en la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino, en la América Latina y el Caribe.

Por eso es que ustedes escuchan siempre las bendiciones que Dios tiene para nosotros siendo habladas sobre nosotros; son las bendiciones del Séptimo Sello, es LA BENDICIÓN DEL SÉPTIMO SELLO para todos nosotros en este Día Postrero; y pronto los muertos en Cristo resucitarán en cuerpos eternos y nosotros los que vivimos seremos transformados, pronto cuando se haya completado el número de los escogidos de Dios.

Y ahora, hemos visto: “LA BENDICIÓN DEL SÉPTIMO SELLO”.

Es para bendición de nosotros la Venida y cumplimiento del Séptimo Sello, del Ángel que era diferente a los demás, viniendo en el Día Postrero velado y revelado en Su Ángel Mensajero, para traer Sus bendiciones a nosotros en la Edad de la Piedra Angular, en la América Latina y el Caribe.

Las bendiciones del Séptimo Sello ¿están dónde? En la América Latina y el Caribe, en la Edad de la Piedra Angular.

Que Dios bendiga a todos Sus hijos e hijas, que llame y junte a los que faltan y los coloque en la Edad de la Piedra Angular, y que bendiga a Su Cuerpo Místico de creyentes en este Día Postrero; y pronto todos seamos transformados y raptados y los muertos en Cristo resucitados; y que bendiga también a la América Latina y el Caribe con sus habitantes, y que le dé la oportunidad de sobrevivir a los juicios de la gran tribulación y de entrar al glorioso Reino Milenial de nuestro amado Señor Jesucristo. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Bueno, muchas gracias por vuestra amable atención, amados amigos y hermanos presentes. Ha sido para mí una bendición grande estar con ustedes en esta ocasión aquí en San Juan Sanarate, en el lugar El Progreso, aquí en Guatemala.

Que Dios les bendiga y les guarde, y dejo nuevamente con nosotros aquí al ministro para continuar.

Con nosotros aquí el ministro, y que Dios les continúe bendiciendo a todos.

“LA BENDICIÓN DEL SÉPTIMO SELLO”.

[Revisión abril 2019]

1 Salmo 34:7

2 Efesios 2:18

3 San Mateo 26:6-12, San Marcos 14:3-8, San Juan 12:3-8

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