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Muy buenas noches, amables amigos y hermanos presentes y radioyentes. Es para mí un privilegio muy grande estar con ustedes en esta ocasión para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y ver este tema que tenemos para esta ocasión: “LOS MISTERIOS DEL SÉPTIMO SELLO”, para así poder comprender el tiempo en que vivimos y los grandes eventos proféticos que en este tiempo final estarán siendo cumplidos.

Para lo cual quiero leer en Apocalipsis, capítulo 8, verso 1 al 5, y San Mateo, capítulo 24. Dice:

“Cuando abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el cielo como por media hora.

Y vi a los siete ángeles que estaban en pie ante Dios; y se les dieron siete trompetas.

Otro ángel vino entonces y se paró ante el altar, con un incensario de oro; y se le dio mucho incienso para añadirlo a las oraciones de todos los santos, sobre el altar de oro que estaba delante del trono.

Y de la mano del ángel subió a la presencia de Dios el humo del incienso con las oraciones de los santos.

Y el ángel tomó el incensario, y lo llenó del fuego del altar, y lo arrojó a la tierra; y hubo truenos, y voces, y relámpagos, y un terremoto”.

Y en San Mateo, capítulo 24, versos 30 al 31, dice:

“Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria.

Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro”.

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Nuestro tema para esta ocasión es: “LOS MISTERIOS DEL SÉPTIMO SELLO”.

El Séptimo Sello es la Segunda Venida de Cristo.

Ese misterio de la Segunda Venida de Cristo, para todos los hijos e hijas de Dios que viven en este tiempo final es el misterio más grande de todos los misterios de la Biblia, de los cuales los grandes profetas de Dios —tanto del Antiguo Testamento como del Nuevo Testamento— profetizaron; y es para ser cumplido este misterio en el Día Postrero.

Por eso es que cuando le hablaron los discípulos a Jesús con relación a Su Venida, le preguntaron en San Mateo, capítulo 24, versos 1 al 3..., esto fue cuando Él les habló acerca de la destrucción de la ciudad y del templo de Jerusalén. Vean, dice:

“Cuando Jesús salió del templo y se iba, se acercaron sus discípulos para mostrarle los edificios del templo.

Respondiendo él, les dijo: ¿Veis todo esto? De cierto os digo, que no quedará aquí piedra sobre piedra, que no sea derribada.

Y estando él sentado en el monte de los Olivos, los discípulos se le acercaron aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?”.

Vean, le preguntan a Jesucristo cuándo serían estas cosas de la destrucción de Jerusalén, de lo cual Él habló diciéndoles que cuando vieran a Jerusalén rodeada, cercada con ejércitos, había llegado el tiempo para su destrucción; y les dijo que el que estuviera en Jerusalén saliera de Jerusalén, y el que estuviera fuera de Jerusalén no entrara a Jerusalén, porque había llegado el tiempo de y para su destrucción.

Y ahora, también le preguntan: “¿… qué señal habrá de tu venida…?”, de lo cual Cristo les habló diciendo que será vista la señal del Hijo del Hombre en el cielo. Dice:

“Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo…”.

Esta señal del Hijo del Hombre en el cielo es una señal profética, la cual también se encuentra en el Antiguo Testamento. Vean, en el Antiguo Testamento, en el libro del profeta Daniel, en el capítulo 7, nos dice el profeta Daniel, versos 13 en adelante:

“Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él.

Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido”.

Y en Apocalipsis, capítulo 10, también nos habla de este mismo evento diciéndonos (capítulo 10, verso 1 en adelante, de Apocalipsis):

“Vi descender del cielo a otro ángel fuerte, envuelto en una nube, con el arco iris sobre su cabeza; y su rostro era como el sol, y sus pies como columnas de fuego.

Tenía en su mano un librito abierto; y puso su pie derecho sobre el mar, y el izquierdo sobre la tierra;

y clamó a gran voz, como ruge un león; y cuando hubo clamado, siete truenos emitieron sus voces.

Cuando los siete truenos hubieron emitido sus voces, yo iba a escribir; pero oí una voz del cielo que me decía: Sella las cosas que los siete truenos han dicho, y no las escribas.

Y el ángel que vi en pie sobre el mar y sobre la tierra, levantó su mano al cielo,

y juró por el que vive por los siglos de los siglos, que creó el cielo y las cosas que están en él, y la tierra y las cosas que están en ella, y el mar y las cosas que están en él, que el tiempo no sería más…”.

Ahora, podemos ver la Venida del Hijo del Hombre en el cielo envuelto en una nube.

Ahora, esto sería visto por la raza humana pero no sería comprendido hasta no ser explicado este misterio y el cumplimiento de este misterio.

En febrero 28 de 1963 sobre los cielos de Arizona apareció una nube misteriosa, la cual la ciencia no ha podido explicar satisfactoriamente, porque esta nube que apareció (la cual fue publicada en revistas como una nube misteriosa) apareció a 26 millas de altura1, donde no se pueden formar nubes a causa de que no hay humedad; y no es una altura donde los aviones vuelan tampoco, por lo tanto es un lugar donde las nubes no se pueden formar; es una nube misteriosa que mide 30 millas de ancho. Y de esta nube misteriosa habló el reverendo William Branham, precursor de la Segunda Venida de Cristo, y dijo el misterio contenido en esta nube.

En la página 468 del libro de Los Sellos en español, una serie de mensajes predicados por el reverendo William Branham, dijo —hablando de esa nube misteriosa— que era una nube formada por ángeles enviados por Dios, o sea, por los siete ángeles mensajeros de las siete edades de la Iglesia gentil y otro Ángel que era muy diferente a los siete ángeles mensajeros. De lo cual él dijo (vean, dice):

“152. En eso me sentí casi fuera de mí. Ustedes dos se acuerdan. Yo estaba en el Oeste, y los ángeles estaban viniendo hacia el Oriente. Y cuando llegaron a donde yo estaba, fui levantado para estar con ellos”.

Luego, en la página 469, dice:

“153. ¿Y notaron que dije que uno de esos ángeles era muy raro? Me pareció muy distinto a los demás. Estaban en una constelación con tres a cada lado y uno arriba; y el que estaba a mi lado, contando desde la izquierda hacia la derecha, ese sería el séptimo Ángel. Él era más brillante y significaba más para mí que los demás. Les dije que tenía el pecho así robusto y estaba volando hacia el Oriente. Les dije también que: ‘Me levantó, me alzó’. ¿Se acuerdan?

154. Ahora, ¡aquí está! Era el que tenía el Séptimo Sello…”.

El Ángel que tenía el Séptimo Sello, o sea, el Ángel que tenía la Segunda Venida de Cristo para cumplirla en la Tierra, era nada menos que este Ángel que era diferente a los demás, el cual apareció aquí con los siete ángeles mensajeros de las siete edades de la Iglesia gentil. Todos aparecieron en sus cuerpos teofánicos.

Y todos ellos habían tenido su ministerio aquí en la Tierra en carne humana, pues cada uno de ellos vino en carne humana a la Tierra y tuvo su ministerio; y luego el Ángel que era diferente a los demás, para tener Su ministerio aquí en la Tierra se requiere que venga manifestado en carne humana y así tenga Su ministerio correspondiente al Séptimo Sello, y se cumpla así el misterio bajo el Séptimo Sello, que es el misterio de la Venida del Hijo del Hombre en medio de los elegidos de Dios.

Ahora, la señal del Hijo del Hombre ya ha sido vista en el cielo en febrero 28 de 1963, donde apareció el Hijo del Hombre, Jesucristo, el Ángel del Pacto, el Ángel que era diferente a los demás; el mismo Ángel del Pacto, Ángel de Jehová, que libertó al pueblo hebreo y que los llevó a la tierra prometida; el mismo Ángel del Pacto que apareció manifestado en diferentes ocasiones en forma visible en la forma de un ángel, de un hombre, de un varón de otra dimensión.

Ese Ángel del Pacto es el que estuvo hablándoles a los profetas del Antiguo Testamento y estuvo ungiendo a Sus profetas del Antiguo Testamento con Su Espíritu, y estuvo colocando en la boca de Sus profetas Su Palabra, y por consiguiente estuvo hablando a través de los profetas del Antiguo Testamento, como nos dice San Pablo en su carta a los Hebreos, en el capítulo 1, verso 1 en adelante, donde dice:

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,

en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo…”.

Ahora vean cómo Dios habló por medio de los profetas del Antiguo Testamento al pueblo hebreo y luego cómo habló por medio de Su Hijo, por medio de Jesucristo, al pueblo hebreo.

Y esto fue en los postreros días, porque los postreros días comenzaron en los días en que Jesucristo estuvo aquí en la Tierra; porque los postreros días delante de Dios, para los seres humanos son los milenios postreros; y los milenios postreros son el quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio; y cuando Jesús tenía de 4 a 7 años de edad, comenzó el quinto milenio, y por consiguiente comenzaron los días postreros. Y todavía estamos nosotros viviendo en los días postreros, porque los días postreros son el quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio.

Ya, para los seres humanos, de Cristo hacia acá han transcurrido dos mil años aproximadamente, conforme al calendario que en la actualidad se usa, aunque ese calendario está atrasado.

Si le añadimos al calendario los años de atraso que tiene, ya han transcurrido dos mil años de Cristo hacia acá y ya estamos viviendo en el séptimo milenio; lo cual significa que estamos viviendo en el Día Postrero delante de Dios; día del cual nuestro amado Señor Jesucristo habló y dijo que para ese día Él resucitará a todos los muertos creyentes en Él, que vivieron en diferentes etapas del tiempo de Jesucristo hacia acá.

En San Juan, capítulo 5, verso 24, dice:

“De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.

De cierto, de cierto os digo: Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán.

Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo;

y también le dio autoridad de hacer juicio, por cuanto es el Hijo del Hombre.

No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz;

y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida…”.

Esta es una promesa de Cristo para ser cumplida en el Día Postrero delante de Dios, que es el séptimo milenio para los seres humanos.

Ahora, ¿en qué año del séptimo milenio será cumplida esta promesa? No lo sabemos; pero cuando se cumpla, entonces hemos de ver en el calendario el año en que es cumplida esa promesa y entonces entenderemos para qué año del séptimo milenio sería esa promesa para ser cumplida.

Y ahora, en el capítulo 6, verso 39 al 40, del Evangelio según San Juan, Cristo también nos habla de la resurrección para el Día Postrero y dice:

“Y ésta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.

Y ésta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquél que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero”.

Tenemos estos dos versos que nos dicen que Él lo resucitará en el Día Postrero. ¿A quién? Al creyente en Cristo que haya muerto su cuerpo físico, para el Día Postrero Cristo dice que lo resucitará; lo resucitará en un cuerpo eterno para vivir con Cristo por toda la eternidad.

Y de nosotros los que vivimos, San Pablo en Primera de Corintios, capítulo 15, versos 49 en adelante, nos dice que seremos transformados, y seremos a imagen y semejanza de nuestro amado Señor Jesucristo. Leamos Primera de Corintios, capítulo 15, verso 49 en adelante, donde dice:

“Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial.

Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción.

He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados,

en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados”.

Viene una transformación para nuestros cuerpos físicos. Esto es para todos los creyentes en Cristo que han lavado sus pecados en la Sangre de Cristo y han recibido Su Espíritu Santo y por consiguiente han obtenido el nuevo nacimiento, del cual Cristo le habló a Nicodemo diciéndole: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el Reino de Dios”.

Nicodemo estaba interesado en el Reino de Dios y le dice: “¿Cómo puede hacerse esto? ¿Puede acaso el hombre ya siendo viejo entrar en el vientre de su madre, y nacer de nuevo?”. Jesús le dice: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere del Agua y del Espíritu, no puede ver el Reino de Dios”, o sea, no puede entrar al Reino de Dios. El que no nazca del Agua y del Espíritu no puede entrar al Reino de Dios.

Para poder llegar al Reino de Dios, entrar al Reino de Dios, se requiere el nuevo nacimiento. Ninguna persona puede entrar al Cuerpo Místico de Cristo, a la Iglesia de Jesucristo, así porque sí, sino por medio de creer en Cristo como su Salvador, lavar sus pecados en la Sangre de Cristo y recibir Su Espíritu Santo. Y así es como la persona nace en el Reino de Dios, así es como la persona entra al Reino de Dios, que es Su Iglesia; porque por un Espíritu todos tenemos entrada a ese Cuerpo Místico de creyentes2; así como por medio del nacimiento natural nosotros entramos a la familia terrenal a la cual pertenecemos; y así también en lo espiritual, por medio del nacimiento a través de creer en Cristo como nuestro Salvador y lavar nuestros pecados en la Sangre de Cristo y recibir Su Espíritu Santo, hemos nacido en la Familia celestial, en la Casa de Dios, como hijos e hijas de Dios.

Ahora vean, para el Día Postrero todos los muertos creyentes en Cristo que obtuvieron el nuevo nacimiento tienen la promesa de una resurrección en cuerpos incorruptibles, o sea, en cuerpos eternos, y nosotros los que vivimos tenemos la promesa de una transformación.

“Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad.

Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria”.

De ahí en adelante no morirá ningún hijo de Dios, porque todos ya estaremos en cuerpos inmortales, como Cristo lo ha prometido; y todos seremos a imagen y semejanza de Cristo, con un cuerpo glorificado igual al de Jesucristo y un espíritu teofánico igual al de Jesucristo; y así estaremos con vida eterna físicamente también. Y esto es para el Día Postrero, para el tiempo final, bajo el misterio del Séptimo Sello, o sea, bajo el misterio de Su Segunda Venida con Sus Ángeles, como está prometido.

Ahora veamos siete puntos muy importantes, correspondientes a los misterios del Séptimo Sello.

El primero es la señal del Hijo del Hombre en el cielo, la cual ya hemos visto, y hemos visto aun la foto de la señal del Hijo del Hombre en el cielo, así como para la Primera Venida de Cristo hubo una señal en el cielo llamada la Estrella de Belén; y por cuanto no tenían cámaras en aquel tiempo, no pudieron tomar una foto de esa señal, la señal de la Primera Venida de Cristo, o sea, la señal de la Venida del Hijo del Hombre dos mil atrás; pero está registrado ese evento en la Escritura. Y estaba también profetizado ese evento en el libro de Números, en donde dice que una estrella saldría de Jacob, o sea, del pueblo hebreo (Números 24, verso 17), la cual apareció en el cielo y fue vista por aquellos magos, los cuales entendieron el significado de esa estrella, de esa señal.

Cuando Dios dice que habrá señales en el cielo, esas señales que son mostradas en el cielo tienen un significado: dan testimonio de eventos que están siendo llevados a cabo aquí en la Tierra.

Y cuando apareció la Estrella de Belén allá en el cielo (y fue vista por dos años en el cielo, permaneció por dos años o más siendo vista por las personas que sabían ver en las estrellas esta señal), vean ustedes, esa señal en el cielo estaba dando testimonio que ya en la Tierra estaba el Mesías, estaba el Rey de Israel: aquella estrella representaba a Jesucristo, la Estrella resplandeciente de la Mañana; por lo tanto, la señal en el cielo tenía que ser buscada cumplida aquí en la Tierra.

Y para el Día Postrero, la señal del Hijo del Hombre en el cielo estará dando testimonio de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles, estará dando testimonio de la Segunda Venida de Cristo.

Por lo tanto, del día 28 de febrero de 1963 todo ser humano debe estar a la expectativa y debe estar buscando en este planeta Tierra la Segunda Venida de Cristo, debe estar buscando la promesa hecha por Cristo para este tiempo final. Este tiempo del año 1963 en adelante es el tiempo de expectativa para todo cristiano para estar buscando la Segunda Venida de Cristo, la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles; pues Cristo dijo en San Mateo, capítulo 16, versos 27 en adelante:

“Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras”.

Aquí tenemos la promesa de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles, para ser cumplida (¿cuándo?) en el Día Postrero, en el tiempo final. También dice:

“De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte (o sea, que no verán la muerte), hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino”.

Y ahora Cristo va a mostrar en visión, a tres de Sus discípulos, la Venida del Hijo del Hombre en el Reino de Su Padre; lo cual será una visión la cual estará mostrando el orden de la Segunda Venida de Cristo. Dice el capítulo 17, verso 1 en adelante:

“Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto;

y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz.

Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él.

Entonces Pedro dijo a Jesús: Señor, bueno es para nosotros que estemos aquí; si quieres, hagamos aquí tres enramadas: una para ti, otra para Moisés, y otra para Elías.

Mientras él aún hablaba, una nube de luz los cubrió; y he aquí una voz desde la nube, que decía: Éste es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd.

Al oír esto los discípulos, se postraron sobre sus rostros, y tuvieron gran temor.

Entonces Jesús se acercó y los tocó, y dijo: Levantaos, y no temáis.

Y alzando ellos los ojos, a nadie vieron sino a Jesús solo”.

Aquí, en esta visión del Monte de la Transfiguración, encontramos el orden de la Segunda Venida de Cristo con Sus Ángeles; y en el orden de la Segunda Venida de Cristo con Sus Ángeles encontramos que de parte de Dios viene la Voz del Cielo que dice: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a Él oíd”.

Y ahora, para la Segunda Venida de Cristo todo ser humano está llamado a escuchar al Hijo del Hombre en Su Venida, hablándonos todas estas cosas que deben suceder pronto y así dándonos a conocer el misterio del Séptimo Sello, que causó silencio en el Cielo como por media hora, conforme a Apocalipsis, capítulo 8, verso 1 en adelante.

Ahora, vean ustedes, en Deuteronomio, capítulo 18, está establecido cómo Dios hablará a la raza humana; y está establecido que todo ser humano está ordenado, obligado, responsabilizado a escuchar la Voz de Dios. Dice el capítulo 18 del libro de Deuteronomio, verso 15 al 19:

“Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis…”.

¿A quién dice Dios que el pueblo está llamado a escuchar? Al profeta que Dios envía. Dice:

“… conforme a todo lo que pediste a Jehová tu Dios en Horeb el día de la asamblea, diciendo: No vuelva yo a oír la voz de Jehová mi Dios, ni vea yo más este gran fuego, para que no muera.

Y Jehová me dijo: Han hablado bien en lo que han dicho.

Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca (¿Dónde Dios coloca Sus palabras? En la boca del profeta que Él envía), y él les hablará todo lo que yo le mandare (¿Qué hablará ese profeta? Todo lo que Dios le mande, porque Él colocará esa Palabra en la boca de ese profeta).

Mas a cualquiera que no oyere mis palabras que él hablare en mi nombre, yo le pediré cuenta”.

Ahora vean la responsabilidad que tiene todo ser humano en este planeta Tierra: está responsabilizado todo ser humano para escuchar la Voz de Dios cuando Dios habla en esta Tierra, lo cual es por medio de un profeta.

Siempre la raza humana tiene que estar a la expectativa para recibir al profeta que Dios envía, porque por medio de ese profeta Dios estará hablándole a la raza humana.

Ahora, vean ustedes cómo Dios en el Antiguo Testamento ha estado hablándoles a los seres humanos por medio de Sus profetas; y luego en el Nuevo Testamento encontramos que Dios habló por medio de Jesucristo, en el cual estaba manifestado en toda Su plenitud; y luego encontramos que Dios continuó hablando a los seres humanos por medio de los apóstoles, luego por medio de los siete ángeles mensajeros de las siete edades de la Iglesia gentil. Y para este tiempo final Jesucristo también estará hablándole a la raza humana; y le estará hablando con esa Gran Voz de Trompeta, de la cual habla Cristo y también habla el libro del Apocalipsis. Por ejemplo, en Apocalipsis, capítulo 1, verso 10 al 11, encontramos esa Gran Voz de Trompeta; dice Juan el apóstol:

“Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta,

que decía: Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último”.

¿Y quién es el Alfa y Omega?, ¿quién es el primero y el último? Nuestro amado Salvador Jesucristo. Es la Voz de Jesucristo en el Día Postrero hablando a los seres humanos. Está hablando con esa Gran Voz de Trompeta, que es la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino, que gira alrededor de la Segunda Venida de Cristo, de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles en este Día Postrero.

El Día Postrero o Día del Señor es el séptimo milenio; porque “un día delante del Señor es como mil años, y mil años como un día”.

Y ahora, ¿cómo y qué cosas estará Cristo hablándole a Su pueblo, a Su Iglesia, y a todos los seres humanos en este tiempo final? Veamos en Apocalipsis, capítulo 4, verso 1, donde nos dice:

“Después de esto miré, y he aquí una puerta abierta en el cielo; y la primera voz que oí, como de trompeta, hablando conmigo, dijo: Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de éstas”.

La Voz de Cristo hablando con esa Trompeta, o sea, como una trompeta. Aquí la Voz de Cristo está representada en esta Trompeta porque está hablando un Mensaje urgente para Su Iglesia y para los seres humanos; y este es el Mensaje de la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino, que gira alrededor de la Segunda Venida de Cristo.

En Apocalipsis, capítulo 22, verso 6, nos dice por medio de quién escucharemos estos misterios de todas estas cosas que deben suceder pronto, y por consiguiente estaremos escuchando esa Gran Voz de Trompeta, la Voz de Cristo, dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto. Apocalipsis 22, verso 6 en adelante, dice:

“Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto”.

¿A quién envía? A Su Ángel Mensajero. ¿Para qué? Para mostrar a Sus siervos las cosas que deben suceder pronto.

Es por medio de este Ángel Mensajero que son dadas a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto; porque ese es el Ángel Mensajero de Jesucristo para el Día Postrero, para el séptimo milenio; ese es el Ángel Mensajero para la Dispensación del Reino.

Es la primera ocasión en que Jesucristo envía un profeta mensajero dispensacional a Su Iglesia. Y ese es el Ángel del Señor Jesucristo, al cual Juan el apóstol trató de adorar en dos ocasiones: en Apocalipsis, capítulo 19, verso 9 al 10, y Apocalipsis, capítulo 22, verso 6 al 9. Es que a través de ese Ángel Mensajero Jesucristo en Espíritu Santo estaba manifestado y estaba hablando con esa Gran Voz de Trompeta todas estas cosas que deben suceder pronto.

Él fue el que le reveló a Juan todas estas cosas que deben suceder pronto; se las mostró en estas visiones simbólicas que Juan escribió.

Y para el Día Postrero Jesús envía a Su Iglesia Su Ángel Mensajero para dar testimonio de todas estas cosas que fueron mostradas a Juan en estos símbolos apocalípticos, los cuales tienen un significado; y el significado de estos símbolos apocalípticos, la Iglesia de Jesucristo los va a entender plenamente —y sobre todo los que corresponden a este tiempo final— por medio del Mensaje de Jesucristo a través de Su Ángel Mensajero. Por eso dice Apocalipsis, capítulo 22, verso 16:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias”.

¿A quién ha enviado Jesucristo? A Su Ángel Mensajero.

Es Jesucristo el que da testimonio de Su Ángel Mensajero y lo envía para dar testimonio de todas estas cosas que deben suceder pronto en medio de la raza humana, en el tiempo correspondiente a la etapa de la Edad de la Piedra Angular de la Iglesia del Señor Jesucristo.

Y ahora, la manifestación del Hijo del Hombre con Sus Ángeles es la manifestación de Jesucristo en Espíritu Santo, la manifestación del Ángel que era diferente a los demás, viniendo velado en carne humana en Su Ángel Mensajero y revelado a través de Su Ángel Mensajero, dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, en este tiempo final; y en ese Ángel Mensajero Jesucristo en Espíritu Santo estará manifestado operando los ministerios de Moisés, de Elías y de Jesús. Estos son los tres grandes ministerios prometidos para estar manifestados en la Tierra en este tiempo final.

Y eso es la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles para el tiempo final: es la manifestación del Ángel de Jehová, del Ángel del Pacto, de Jesucristo en Espíritu Santo en Su Ángel Mensajero en el Día Postrero, operando en él los ministerios de Moisés por segunda vez, de Elías por quinta vez y de Jesús por segunda vez. “Porque el Hijo del Hombre vendrá con Sus Ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras”3.

Así está prometido en la profecía y así tiene que ser cumplido en este tiempo final, en el cual nosotros estamos viviendo; y esto dará la bendición más grande a la Iglesia de Jesucristo que haya recibido en edad alguna, y obtendrá así el conocimiento de todos estos grandes misterios apocalípticos que no han podido ser comprendidos en edades y dispensaciones pasadas.

Porque con la revelación del Séptimo Sello, que es la revelación de la Segunda Venida de Cristo, de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles en el Día Postrero, todos los demás misterios serán abiertos; porque el Hijo del Hombre, que es Jesucristo, el Ángel del Pacto, manifestado en Su Ángel Mensajero, estará dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, en este tiempo final.

Pero recuerden que Su Ángel Mensajero no es el Señor Jesucristo. Él solamente es el profeta mensajero de la Dispensación del Reino con el Mensaje del Evangelio del Reino; él es solamente el profeta mensajero de la Edad de la Piedra Angular con el Mensaje del Evangelio Eterno para todos los hijos e hijas de Dios; él es solamente el instrumento de Cristo, del Ángel del Pacto, para la manifestación del Hijo del Hombre con Sus Ángeles en este tiempo final, en donde estaremos viendo en la Tierra la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles, o sea, la Venida del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová, que es la Venida de Jesucristo en Espíritu Santo velado en carne humana en Su Ángel Mensajero y revelado por medio de Su Ángel Mensajero en este tiempo final.

Y estaremos viendo los ministerios de los Ángeles del Hijo del Hombre, que son los ministerios de Moisés y de Elías; y estarán siendo vistos estos ministerios con la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino llamando y juntando a todos los escogidos de Dios.

Ahora, ¿quiénes son los escogidos de Dios? Los escogidos de Dios son las personas que tienen sus nombres escritos en el Libro de la Vida del Cordero desde antes de la fundación del mundo; son llamados por el apóstol San Pablo “los primogénitos de Dios inscritos en los Cielos” en Hebreos, capítulo 12, versos 21 al 23.

Los elegidos de Dios, los escogidos de Dios, los predestinados de Dios, de ellos también habló Jesucristo cuando dijo: “Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos”.

Son los escogidos de Dios, los primogénitos de Dios, inscritos en el Cielo desde antes de la fundación del mundo, inscritos o escritos en el Libro de la Vida del Cordero.

Ahora podemos ver que para el Día Postrero los escogidos de Dios, los primogénitos de Dios escritos en el Cielo desde antes de la fundación del mundo, serán llamados y juntados con la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino por medio de los ministerios de Moisés y Elías, por medio de los ministerios de los Ángeles del Hijo del Hombre, que son los ministerios de Moisés y Elías.

Por eso dice en Malaquías, capítulo 4, verso 2:

“Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación…”.

El sol no tiene alas, pero vean ustedes, Cristo es el Sol de Justicia y Sus alas son los ministerios de Sus Ángeles, que son los ministerios de Moisés y de Elías.

Con esos ministerios siendo manifestados por el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, a través de Su Ángel Mensajero, serán llamados y juntados los escogidos de Dios de entre los gentiles para ser colocados en el Cuerpo Místico de Cristo, en la Edad de la Piedra Angular; y luego serán llamados y juntados los escogidos de entre los hebreos, que son 144.000 hebreos, 12.000 de cada tribu.

Ahora, hemos visto este gran misterio de la Venida del Hijo del Hombre, hemos visto este gran misterio del Séptimo Sello.

Hemos visto que bajo el Séptimo Sello (o sea, bajo la Segunda Venida de Cristo, la Venida del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová, en el Día Postrero) estará siendo vista la señal del Hijo del Hombre en el cielo (la cual fue vista ya en febrero 28 de 1963): estará siendo visto el Hijo del Hombre manifestado en carne humana en el Día Postrero, o sea, estará siendo visto el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, manifestado en carne humana operando el ministerio de Jesús por segunda vez; y estarán siendo vistos los Ángeles del Hijo del Hombre (que son Moisés y Elías), los ministerios de Moisés y Elías estarán siendo vistos manifestados en la Tierra en carne humana en el Ángel del Señor Jesucristo.

En este Ángel Mensajero, vean ustedes, vienen los ministerios de Moisés, de Elías y de Jesús manifestados, porque el que tiene ministerios es el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, que es Jesucristo en Espíritu Santo; y estando manifestado en Su Ángel Mensajero estará operando los ministerios prometidos para el Día Postrero, que son los ministerios de Moisés, de Elías y de Jesús (¿para qué?), para el llamado de la Gran Voz de Trompeta; y así ser llamados y juntados todos los escogidos de Dios en este tiempo final, para ser preparados para ser transformados en el Día Postrero y ser llevados a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo.

Ahora, hemos visto EL MISTERIO DEL SÉPTIMO SELLO, el misterio más grande contenido en la Biblia y reservado en la mente de Dios para ser revelado en este tiempo final.

Y ahora, bajo ese Séptimo Sello, o sea, bajo la Segunda Venida de Cristo, hay un sinnúmero de misterios prometidos para ser cumplidos en el Día Postrero.

Por ejemplo, tenemos el misterio de la señal del Hijo del Hombre en el cielo, tenemos el misterio de la Venida del Hijo del Hombre, tenemos el misterio de los Ángeles del Hijo del Hombre, tenemos el misterio de la Gran Voz de Trompeta, tenemos el misterio de los escogidos de Dios, tenemos el misterio del siervo fiel y prudente en la Casa de Dios, dándoles el alimento espiritual a los hijos de Dios a tiempo…

Y dice la Escritura [San Mateo 24:45-47]: “¿Quién es el siervo fiel y prudente, al cual, cuando su Señor venga, le halle haciendo así?”. ¿Le halle haciendo cómo? Dándoles el alimento espiritual a los hijos de Dios.

¿Y cuál es el siervo fiel y prudente, que en el Día Postrero estará dándoles el alimento espiritual que corresponde a este tiempo final? Ese será el Ángel del Señor Jesucristo, el cual les estará dando el alimento espiritual del Mensaje del Evangelio del Reino, con el cual es revelado el misterio del Séptimo Sello y todos los misterios contenidos en el Séptimo Sello, o sea, todos los misterios contenidos en la Segunda Venida de Cristo; y ese siervo fiel y prudente es el que tiene la promesa de ser colocado sobre todos los bienes de su Señor:

“De cierto os digo que sobre todos sus bienes le pondrá”.

Y, vean ustedes, ese es el Ángel del Señor Jesucristo, que estará en el Día Postrero, en la etapa de la Edad de la Piedra Angular y en la Dispensación del Reino, dándoles el alimento espiritual del Mensaje del Evangelio del Reino, que gira alrededor de la Segunda Venida de Cristo con Sus Ángeles para este tiempo final.

Y ahora, el otro misterio es el territorio para este gran evento profético de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles llamando y juntando a todos Sus escogidos. En el territorio donde se cumpla ese misterio, es el territorio donde Dios tendrá todos los escogidos que escucharán la Voz del Hijo del Hombre llamando y juntando a todos Sus escogidos en el Día Postrero.

Y así como de edad en edad Dios envió un mensajero a Su Iglesia entre los gentiles… El primero fue San Pablo, y fue enviado al Asia Menor, donde se cumplió la primera edad de la Iglesia gentil y donde Dios llamó por medio de San Pablo a Sus hijos, a Sus escogidos, los juntó en la primera edad de la Iglesia gentil; y luego continuó Cristo manifestándose por medio de los demás ángeles mensajeros como se manifestó a través de San Pablo, y continuó llamando y juntando a Sus escogidos de edad en edad, como Él lo había prometido en el Evangelio según San Juan, capítulo 10, verso 14 en adelante, donde dice:

“Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen,

así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas.

También tengo otras ovejas que no son de este redil (o sea, que no son del redil hebreo); aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor”.

Ahora, Cristo murió, resucitó y ascendió al Cielo, ¿y cómo va a estar llamando y juntando a Sus ovejas? Por medio de Sus ángeles mensajeros, en los cuales estaría manifestado en cada una de las etapas de Su Iglesia y en cada territorio donde se estaría cumpliendo cada una de estas etapas; y en esos territorios Dios tendría Sus escogidos, que serían llamados y juntados con el Mensaje de la Trompeta del Evangelio en cada una de esas edades.

Ahora vean cómo en Asia Menor fue la primera etapa o edad de la Iglesia entre los gentiles, luego Francia, luego Hungría y Francia, y luego Escocia e Irlanda, y luego Alemania, y luego Inglaterra, y luego Norteamérica; y después, la América Latina y el Caribe.

Y así como Dios llamó y junto a Sus escogidos en estos territorios a través de las siete etapas o edades que han transcurrido, ahora para el Día Postrero llama y junta a Sus escogidos con la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino, revelándoles el misterio del Séptimo Sello y todos los misterios contenidos bajo el Séptimo Sello, todos los misterios contenidos bajo la Segunda Venida de Cristo con Sus Ángeles llamando y juntando a todos Sus escogidos.

Y ahora es en el territorio latinoamericano y caribeño el lugar para este gran evento de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles, llamando y juntando a Sus escogidos con la Gran Voz de Trompeta y colocándolos así en la Edad de la Piedra Angular, que es la Edad Eterna de la Iglesia de Jesucristo, para pronto ser transformados y raptados conforme a la promesa de Jesucristo.

Para eso es que están siendo llamados y juntados todos los escogidos de Dios del Día Postrero en el territorio latinoamericano y caribeño, porque hemos llegado al tiempo en que nuestra redención —o sea, nuestra transformación— está cerca. Pronto seremos transformados conforme a la promesa divina, y los muertos en Cristo pronto serán resucitados en cuerpos eternos.

Si le añadimos al calendario los años de atraso que tiene, ya estamos en el séptimo milenio. Pero ¿en qué año del séptimo milenio Cristo resucitará a los muertos en Cristo y nos transformará a nosotros los que vivimos? No lo sabemos; pero cuando ocurra la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de nosotros los que vivimos, sí hemos de saber para qué año del séptimo milenio sería la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de nosotros los que vivimos.

Así que lo importante es estar escuchando en este Día Postrero la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino, que es la Voz de Jesucristo por medio de Su Ángel Mensajero llamando y juntando a Sus escogidos y revelándoles el misterio de Su Venida, el misterio de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles, el misterio de la Segunda Venida de Cristo para este tiempo final en el cual nosotros estamos viviendo.

Ahora hemos visto estos siete grandes misterios:

1. La señal del Hijo del Hombre en el cielo

2. La Venida del Hijo del Hombre

3. Los Ángeles del Hijo del Hombre

4. La Gran Voz de Trompeta

5. Los escogidos de Dios

6. El siervo fiel y prudente en la Casa de Dios

7. y el territorio para este gran evento de la Venida del Hijo del Hombre, y territorio donde estarían los escogidos de Dios del Día Postrero siendo llamados y juntados con la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino.

Hemos visto siete grandes misterios contenidos en el Séptimo Sello. Hay más misterios contenidos en el Séptimo Sello, pero hemos visto así a la ligera estos siete grandes misterios.

Ahora vean, Cristo habló de la Venida del Hijo del Hombre, Cristo habló también de la señal del Hijo del Hombre en el cielo, Cristo habló de los Ángeles del Hijo del Hombre viniendo en el Día Postrero.

En la parábola del trigo y de la cizaña dice que será en el fin del siglo donde Él enviará Sus Ángeles para llevar a cabo esa labor de la cosecha; o sea que estas son profecías que para este tiempo final tienen que estar siendo cumplidas. Y nosotros estamos viviendo, conforme al calendario de los gentiles, en el fin de siglo.

Estamos viviendo en el fin del siglo XX, en donde estas señales tienen que estar siendo cumplidas aquí en la Tierra porque ya han sido mostradas en el cielo. Allí apareció la señal del Hijo del Hombre, en el cielo, mostrando que en la Tierra estos grandes eventos estarían siendo cumplidos en estos días en los cuales nosotros estamos viviendo.

Es tiempo de buscar y encontrar en este planeta Tierra el cumplimiento de lo que ha sido mostrado en el cielo, bajo LOS MISTERIOS DEL SÉPTIMO SELLO.

Ahora, hemos visto LOS MISTERIOS DEL SÉPTIMO SELLO, los cuales para este tiempo final estarían siendo manifestados conforme a las profecías bíblicas del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento; y todo esto es para bendición de los hijos e hijas de Dios, todo esto es para bendición de los latinoamericanos y caribeños que viven en este tiempo final, porque ese es el territorio donde estos grandes misterios del Séptimo Sello estarían siendo manifestados, siendo cumplidos, en la Venida y cumplimiento del Séptimo Sello, en la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles a Su Iglesia en el Día Postrero en la América Latina y el Caribe.

La América Latina y el Caribe es el territorio que tiene la bendición más grande de todos los continentes y todas las naciones.

La América Latina y el Caribe es el territorio donde Dios tiene muchos hijos e hijas, donde Dios tiene a Sus escogidos del Día Postrero, que serían llamados y juntados con la Gran Voz de Trompeta, que revela los misterios del Séptimo Sello.

¿Y dónde y quiénes son los que estarían viendo y escuchando los misterios del Séptimo Sello revelados en este Día Postrero? Pues aquí estamos, en la América Latina y el Caribe, escuchando estos grandes misterios bajo el Séptimo Sello siendo revelados por el Espíritu de Dios, por el Ángel del Pacto, Jesucristo, a través de Su Ángel Mensajero; aquí estamos recibiendo el entendimiento de todos estos misterios que están bajo el Séptimo Sello, o sea, bajo la Segunda Venida de Cristo.

Y estamos agradecidos a Dios, agradecidos a Jesucristo, que nos está abriendo estos misterios del Séptimo Sello y nos está abriendo el alma, el corazón y la mente para poder comprender todas estas cosas que deben suceder en este tiempo final bajo LOS MISTERIOS DEL SÉPTIMO SELLO.

Todos son sencillos, pero todos son misterios del Reino de Dios que no habían sido revelados a los hijos de Dios en edades y dispensaciones pasadas porque serían revelados a los hijos e hijas de Dios en este tiempo final por medio del Ángel del Señor Jesucristo, en el cual Jesucristo en Espíritu Santo estaría manifestado hablándole a Su pueblo todas estas cosas que deben suceder pronto, en este tiempo final.

Pero recuerden, Su Ángel Mensajero no es el Señor Jesucristo; él solamente es el instrumento del Señor Jesucristo para Jesucristo hablar por medio de él todos estos misterios del Séptimo Sello, todos estos misterios de la Segunda Venida de Cristo y las cosas que estarán siendo realizadas por Cristo en el Día Postrero.

Los misterios del Séptimo Sello son los misterios correspondientes al tiempo final para ser cumplidos y para ser dados a conocer a todos los hijos e hijas de Dios que viven en este tiempo final; y es en la América Latina y el Caribe donde estos misterios serían cumplidos y también serían revelados a los hijos e hijas de Dios.

“Como el relámpago que sale del oriente y se muestra en el occidente, así será la Venida del Hijo del Hombre, así será el día en que el Hijo del Hombre se manifestará”, dijo nuestro amado Señor Jesucristo en San Mateo, capítulo 24 y verso 27, y también en el libro de San Lucas; y Él dijo también que sería como fue en los días de Noé.

Por lo tanto, todos nosotros conscientes de que estamos viviendo en un tiempo como los días de Noé y estamos viviendo en un tiempo como los días de Lot, no hay otra cosa para ser cumplida de parte de Dios en este tiempo sino la Venida del Hijo del Hombre resplandeciendo en el occidente; y el occidente es la América Latina y el Caribe. Es la parte del continente americano en donde no se había cumplido ninguna de las siete etapas o edades de la Iglesia gentil, porque ahí se cumpliría la etapa de la Edad de la Piedra Angular, en donde Cristo estaría llamando y juntando a Sus escogidos con la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino.

Ahora, hemos visto estos misterios bajo el Séptimo Sello, bajo la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo.

Somos las personas más privilegiadas de todos los que habitan en este planeta Tierra porque nos ha tocado vivir en el territorio latinoamericano y caribeño, que es el territorio donde los misterios del Séptimo Sello serían cumplidos en este tiempo final.

“LOS MISTERIOS DEL SÉPTIMO SELLO”.

Ese ha sido nuestro tema y hemos visto el contenido de los misterios del Séptimo Sello, los misterios de la Segunda Venida de Cristo.

Que las bendiciones de nuestro amado Salvador Jesucristo, el Ángel del Pacto, sean sobre cada uno de ustedes, amigos presentes, radioyentes y televidentes; y que pronto se complete el número de los escogidos de Dios, sean llamados y juntados los que faltan de los escogidos de Dios, y se complete así el número del Cuerpo Místico de Cristo, el número de la Iglesia de Jesucristo; y pronto los muertos en Cristo resuciten en cuerpos eternos y nosotros los que vivimos seamos transformados, y seamos todos llevados en cuerpos eternos a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo, a la Casa de nuestro Padre celestial. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Ha sido para mí un privilegio muy grande estar con ustedes, amables amigos y hermanos presentes y radioyentes. Aprecio mucho vuestra atención y espero que Dios continúe dándoles a conocer todos estos grandes eventos prometidos para ser cumplidos en este tiempo final.

Que Dios les continúe bendiciendo a todos, que Dios les guarde, y pasen todos muy buenas noches.

Con nosotros el reverendo Miguel Bermúdez Marín.

“LOS MISTERIOS DEL SÉPTIMO SELLO”.

[Revisión mayo 2019]

1 41.8 km de altura, 48.3 km de ancho

2 Efesios 2:18

3 San Mateo 16:27

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