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Muy buenas tardes, niños cachorritos de león. Es para mí un privilegio muy grande estar con ustedes en esta ocasión para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa, y ver ahí la parte que ustedes tienen en el Programa Divino.

Para lo cual vamos a ver por unos momentos dos niños muy importantes del Programa Divino, los cuales son Juan el Bautista y Jesús de Nazaret.

Dice en San Lucas, capítulo 2, verso 40…, y también el capítulo 1 de San Lucas; aquí nos habla de dos niños muy importantes en el Programa Divino. Capítulo 1, verso 57 en adelante, nos habla de Juan el Bautista y su nacimiento; dice:

“Cuando a Elisabet se le cumplió el tiempo de su alumbramiento, dio a luz un hijo.

Y cuando oyeron los vecinos y los parientes que Dios había engrandecido para con ella su misericordia, se regocijaron con ella.

Aconteció que al octavo día vinieron para circuncidar al niño; y le llamaban con el nombre de su padre, Zacarías;

pero respondiendo su madre, dijo: No; se llamará Juan.

Le dijeron: ¿Por qué? No hay nadie en tu parentela que se llame con ese nombre.

Entonces preguntaron por señas a su padre, cómo le quería llamar.

Y pidiendo una tablilla, escribió, diciendo: Juan es su nombre. Y todos se maravillaron.

Al momento fue abierta su boca y suelta su lengua, y habló bendiciendo a Dios.

Y se llenaron de temor todos sus vecinos; y en todas las montañas de Judea se divulgaron todas estas cosas.

Y todos los que las oían las guardaban en su corazón, diciendo: ¿Quién, pues, será este niño? Y la mano del Señor estaba con él.

Y Zacarías su padre fue lleno del Espíritu Santo, y profetizó, diciendo:

Bendito el Señor Dios de Israel,

Que ha visitado y redimido a su pueblo,

Y nos levantó un poderoso Salvador

En la casa de David su siervo,

Como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio;

Salvación de nuestros enemigos, y de la mano de todos los que nos aborrecieron;

Para hacer misericordia con nuestros padres,

Y acordarse de su santo pacto;

Del juramento que hizo a Abraham nuestro padre,

Que nos había de conceder

Que, librados de nuestros enemigos,

Sin temor le serviríamos

En santidad y en justicia delante de él, todos nuestros días.

Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado;

Porque irás delante de la presencia del Señor, para preparar sus caminos;

Para dar conocimiento de salvación a su pueblo,

Para perdón de sus pecados,

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

Con que nos visitó desde lo alto la aurora,

Para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte;

Para encaminar nuestros pies por camino de paz.

Y el niño crecía, y se fortalecía en espíritu; y estuvo en lugares desiertos hasta el día de su manifestación a Israel”.

Aquí tenemos un gran niño del Programa Divino.

Ahora veamos el otro niño: Jesús de Nazaret. Capítulo 2, verso 39 en adelante, dice:

“Después de haber cumplido con todo lo prescrito en la ley (esto fue cuando presentaron a Jesús) del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret.

Y el niño crecía y se fortalecía, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre él”.

Aquí tenemos dos niños muy importantes del Programa de Dios.

¿Y dónde están los otros niños importantes del Programa de Dios? Pues aquí estamos, aquí están: son ustedes, porque ustedes son hijos e hijas de Dios también, como nuestro Señor Jesucristo, el Hijo de Dios.

Niños y maestras de niños: que las bendiciones de Cristo sean sobre ustedes, y les prospere espiritualmente y materialmente, y les use grandemente en Su Obra, y les llene de sabiduría y conocimiento de todo el Programa Divino.

Aquí tenemos al niño Juan el Bautista y al niño Jesús de Nazaret; ambos, cuando niños, crecían en estatura y sobre todo crecían en sabiduría y conocimiento de Dios.

Y ustedes, niños, no solamente están creciendo en estatura, sino que están creciendo en sabiduría y conocimiento de Dios; y así conociendo el Programa de Dios aun estando en la edad de niños, como fue con Juan el Bautista y como fue con Jesús, y como fue con aquellos niños, que cuando Jesús entró a Jerusalén como Rey allí le dieron la bienvenida y clamaban: “¡Hosanna al Rey que viene en el Nombre del Señor! ¡Bendito el que viene en el Nombre del Señor! ¡Bendito el Reino de David que viene!”1; porque aquellos niños habían crecido no solamente en estatura, sino en sabiduría y conocimiento de Dios.

Así como todos los niños necesitan comer alimento, comida para crecer sus cuerpos, también necesitan comer el Pan de vida eterna, la Palabra de Dios. Porque “No solamente de pan vivirá el hombre, sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios”2; y para el crecimiento espiritual en el conocimiento de Dios y Su Programa, se necesita comer ese alimento espiritual, que es la Palabra de Dios correspondiente al tiempo que a uno le toca vivir.

Y ahora, con la Palabra de Dios, que es el alimento espiritual para el alma de todos ustedes, niños, y para los adultos también, ustedes van creciendo en sabiduría y conocimiento de Dios y así conociendo el Programa de Dios correspondiente a este Día Postrero; y así vuestro espíritu y vuestra alma y todo vuestro ser va creciendo espiritualmente, y van siendo instrumentos de Cristo, como fue Juan el Bautista y como fue Jesús instrumento de Dios, y como fue el profeta Moisés un instrumento de Dios, y como fue el profeta Samuel. Todos ellos pasaron por esa etapa de niño, y ellos crecieron en el conocimiento de Dios aun desde niños, recibiendo la Palabra y alimentando su alma con el Pan de la Palabra de Dios; y fueron creciendo y, vean ustedes, ellos fueron instrumentos de Dios aun desde niños.

El profeta Samuel, aun desde niño, ya estaba trabajando en el templo de Dios3; también encontramos al profeta Jeremías, el cual decía (cuando Dios le hablaba): “Señor, yo soy niño”, y Dios le decía: “No digas que eres niño; yo pondré mi Palabra en tu boca”4.

Y ahora, en la boca de ustedes, vean ustedes, también Dios ha colocado la Palabra, ha colocado en sus manos la Palabra para que la lleven a otros niños y a otras personas; porque ustedes son niños bienaventurados que viven en este tiempo final: han nacido en este planeta Tierra bajo una bendición divina y en un territorio donde Dios está derramando Sus bendiciones, que es el territorio latinoamericano y caribeño.

Y ahora, van creciendo espiritualmente en el conocimiento de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final.

Sean instrumentos de Cristo todos los días de sus vidas en la etapa de niños, y después, cuando lleguen a jóvenes, también continúen sirviendo a nuestro amado Señor Jesucristo.

Para que una persona cuando llegue a joven sirva a Cristo, lo mejor es que comience desde niño. “Instruye al niño en su carrera, y aun cuando sea viejo (o sea, cuando sea mayor; cuando llegue a joven y después cuando llegue a adulto) no se apartará de ella”5; y así aprovecha todos los días de su vida sirviendo a nuestro Dios, el Creador de los Cielos y de la Tierra, siendo instrumento de Dios y viviendo una vida agradable a nuestro Dios; y así aprovecha los días que Dios le ha dado para vivir en este planeta Tierra para vivir sirviendo a Dios, y cada día creciendo más y más en el conocimiento de Dios y Su Programa.

Vean cómo Dios habla para el pueblo hebreo lo que sucederá con el pueblo hebreo, el cual para el tiempo final tendría una resurrección como nación, resucitaría la nación hebrea como nación y recibiría las bendiciones de Dios; dice: “Venid…”. Capítulo 6 de Oseas dice:

“Venid y volvamos a Jehová; porque él arrebató, y nos curará; hirió, y nos vendará.

Nos dará vida después de dos días; en el tercer día nos resucitará, y viviremos delante de él.

Y conoceremos, y proseguiremos en conocer a Jehová…”.

O sea, que conocerán en este tiempo final Su Venida y continuarán conociendo más y más todo el Programa de Dios correspondiente a Su Venida en este tiempo final, y todo el Programa que Dios ha realizado en edades y dispensaciones pasadas, y todo el Programa que realizará en el séptimo milenio y en la eternidad; o sea, que continuarán obteniendo conocimiento de Dios y Su Programa.

Y así es para ustedes, niños, y para mí también, y para los adultos también: todos los días de nuestra vida estamos obteniendo más y más conocimiento, proseguimos en conocer a nuestro Dios todos los días de nuestra vida. O sea que tenemos una vida de continuo conocimiento de Dios y Su Programa, va aumentando cada día el conocimiento nuestro en cuanto a Dios y Su Programa; y eso es a medida que vamos comiendo el alimento espiritual de la Palabra de Dios.

Dice:

“… como el alba está dispuesta su salida…”.

O sea, en Malaquías, capítulo 4, dice:

“Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia (es la Segunda Venida de Cristo), y en sus alas traerá salvación…”.

Sus alas son los ministerios, ¿de quién?, de Moisés, ¿y de quién?

¿Ven? Hasta los niños lo saben, Miguel. Aunque algunos adultos no lo sepan, los niños sí lo saben. ¿Por qué? Porque están creciendo en el conocimiento de Dios y Su Palabra, están creciendo en sabiduría divina, y en adición están creciendo también físicamente. A medida que comen comida material, crecen físicamente; y a medida que comen comida espiritual, la Palabra de Dios, crecen en el conocimiento de Dios y Su Programa, crecen en la sabiduría del Cielo.

Y por eso, cuando se les dice: “A los que temen mi Nombre, nacerá el Sol de Justicia”, ¿qué es eso?, ¿qué significa eso? La Segunda Venida de Cristo; “y en Sus alas traerá salvación”, ¿qué son Sus alas? Son los ministerios de Moisés y Elías.

Eso es conocimiento del Cielo, conocimiento de Dios que es dado a los niños, también a los jóvenes y también a los adultos; o sea, el mismo conocimiento es dado para niños, para jóvenes y para adultos, y también para los ancianos; no hay diferencia en edades. Y ahora, cada uno lo comprende en la forma en que es comprendido a esa edad.

Y ahora, miren, el pueblo hebreo tiene una bendición, una promesa para el Día Postrero:

“… como el alba está dispuesta su salida, y vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia tardía y temprana a la tierra”.

Como lluvia tardía y temprana a la Tierra vendrá ¿qué? La Segunda Venida de Cristo para el pueblo hebreo y también para todos nosotros; con y como la lluvia de la enseñanza de la Palabra de Dios vendrá la revelación divina de la Segunda Venida de Cristo.

En Deuteronomio tenemos, en el capítulo (vamos a ver) 30 al 32, tenemos una promesa ahí. Vamos a ver, Miguel, dónde tenemos esta promesa, que Su enseñanza será como la lluvia; 32, vamos a ver, 32, del 1 al 2, dice:

“Escuchad, cielos, y hablaré;

Y oiga la tierra los dichos de mi boca.

Goteará como la lluvia mi enseñanza;

Destilará como el rocío mi razonamiento;

Como la llovizna sobre la grama,

Y como las gotas sobre la hierba;

Porque el nombre de Jehová proclamaré.

Engrandeced a nuestro Dios.

Él es la Roca, cuya obra es perfecta…”.

Ahora, vean ustedes, ¿cómo viene para el pueblo hebreo? Viene como la lluvia tardía y temprana; y aquí la lluvia de la enseñanza, “Goteará como la lluvia mi enseñanza”; o sea que el pueblo hebreo tiene que recibir esa lluvia tardía y temprana, la lluvia de la enseñanza, para poder ver la Segunda Venida de Cristo.

Y ahora, la lluvia de la enseñanza para nosotros, la lluvia de la enseñanza de la Segunda Venida de Cristo, nos trae las bendiciones prometidas por Cristo para este tiempo final.

Ustedes, niños, algún día serán jóvenes, ya sea en ese cuerpo que tienen; o si están todavía en ese cuerpo cuando los muertos en Cristo resuciten, serán transformados, y entonces tendrán un cuerpo eterno, un cuerpo nuevo, un cuerpo joven, porque serán transformados, y entonces tendrán un cuerpo en el cual estarán como jóvenes por toda la eternidad; y los ancianos serán transformados y recibirán un cuerpo jovencito también; y los jóvenes pues recibirán el nuevo cuerpo, que será joven también; y todos permaneceremos jovencitos por toda la eternidad.

Vean el por qué es tan importante estar creciendo siempre en el conocimiento divino, aun desde niñitos, y seguir cuando sean jóvenes y cuando sean adultos; así todas las personas están llamadas a hacer en esa forma.

Ahora a ustedes les ha tocado la etapa, la edad más hermosa, en la cual la Palabra de Dios es colocada en sus almas, y ahí están recibiendo las enseñanzas de la Palabra de Dios para caminar con Dios todos los días de su vida.

Estamos viviendo en el tiempo más glorioso de todos los tiempos. Cristo tomó niños para bendecirlos cuando los traían a Él, y así son colocados los niños en el Programa Divino, y los estamos colocando en el Reino de Dios cuando los presentamos a Dios.

Por eso en medio del pueblo hebreo eran presentados los niños varones al octavo día ante Dios; y nosotros presentamos a los niños a Dios luego de nacer, en el día en que los traigan para presentarlos a Cristo para que los bendiga, así como Cristo bendecía a los niños; y así son colocados en el Programa de Dios.

Y, vean, Cristo tomó niños como tipos y figuras, y dijo6: “Si no os volvéis como un niño, no entraréis al Reino de los Cielos”; porque por medio del nuevo nacimiento se nace de nuevo, y se nace como un niño, y se comienza a crecer espiritualmente en el Programa Divino, se comienza a crecer la vida nueva, de la nueva criatura.

Y eso es así como sucede con los niños, que nacen y van creciendo; o sea, que está tipificado en los niños, que nacen y van creciendo y van alimentándose físicamente para ir creciendo; y así es en lo espiritual para los niños que nacen en el Reino de Dios, o sea, para las personas que nacen de nuevo, reciben el alimento espiritual para ir creciendo espiritualmente cada día.

Y ustedes, niños, están en una edad en que llevan las dos cosas a la misma vez: van creciendo físicamente y van creciendo espiritualmente también, van creciendo en sabiduría divina y conocimiento del Creador de los Cielos y de la Tierra.

Para mí es una bendición grande estar con ustedes, niños, y ver que ustedes son unos niños muy especiales, los cuales van creciendo no solamente físicamente sino en sabiduría y conocimiento de Dios.

Continúen alimentándose con la Palabra de Dios para que sigan creciendo espiritualmente en el conocimiento de Dios, y también continúen alimentándose físicamente para que continúen creciendo físicamente también.

Que las bendiciones de Cristo nuestro amado Salvador sean sobre todos ustedes, niños; y les use grandemente en Su Obra en este Día Postrero llevando la Palabra, el Mensaje, a otros niños, para que también reciban ellos la bendición de Dios y crezcan espiritualmente también en el conocimiento de nuestro Dios, el Creador de los Cielos y de la Tierra. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo.

Que las bendiciones de Cristo sean sobre ustedes, y sobre ustedes, maestras de estos niños, y de todos los niños que están siendo enseñados por maestras, siendo enseñados en el conocimiento de Dios y Su Programa. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

“LOS NIÑOS CRECIENDO CON EL SÉPTIMO SELLO”.

[Revisión enero 2019]

1 San Mateo 21:9, San Marcos 11:9-10

2 San Mateo 4:4, San Lucas 4:4

3 1 Samuel 1:24-28, 2:11

4 Jeremías 1:6-7

5 Proverbios 22:6

6 San Mateo 18:3

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