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Muy buenas tardes, amados amigos y hermanos, valientes del Séptimo Sello, valientes del Hijo de David. Es para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión para compartir unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final, para así ver a través de la Palabra de Dios nuestra posición como valientes de Dios, valientes del Hijo de David, en este tiempo final.

Leemos en Deuteronomio 31 y versos 14 en adelante, 14 al 23 dice:

“Y Jehová dijo a Moisés: He aquí se ha acercado el día de tu muerte; llama a Josué, y esperad en el tabernáculo de reunión para que yo le dé el cargo. Fueron, pues, Moisés y Josué, y esperaron en el tabernáculo de reunión.

Y se apareció Jehová en el tabernáculo, en la columna de nube; y la columna de nube se puso sobre la puerta del tabernáculo.

Y Jehová dijo a Moisés: He aquí, tú vas a dormir con tus padres, y este pueblo se levantará y fornicará tras los dioses ajenos de la tierra adonde va para estar en medio de ella; y me dejará, e invalidará mi pacto que he concertado con él;

y se encenderá mi furor contra él en aquel día; y los abandonaré, y esconderé de ellos mi rostro, y serán consumidos; y vendrán sobre ellos muchos males y angustias, y dirán en aquel día: ¿No me han venido estos males porque no está mi Dios en medio de mí?

Pero ciertamente yo esconderé mi rostro en aquel día, por todo el mal que ellos habrán hecho, por haberse vuelto a dioses ajenos.

Ahora pues, escribíos este cántico, y enséñalo a los hijos de Israel; ponlo en boca de ellos, para que este cántico me sea por testigo contra los hijos de Israel.

Porque yo les introduciré en la tierra que juré a sus padres, la cual fluye leche y miel; y comerán y se saciarán, y engordarán; y se volverán a dioses ajenos y les servirán, y me enojarán, e invalidarán mi pacto.

Y cuando les vinieren muchos males y angustias, entonces este cántico responderá en su cara como testigo, pues será recordado por la boca de sus descendientes; porque yo conozco lo que se proponen de antemano, antes que los introduzca en la tierra que juré darles.

Y Moisés escribió este cántico aquel día, y lo enseñó a los hijos de Israel.

Y dio orden a Josué hijo de Nun, y dijo: Esfuérzate y anímate, pues tú introducirás a los hijos de Israel en la tierra que les juré, y yo estaré contigo”.

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Moisés le dice a Josué, y también Dios le dice a Josué luego de la muerte de Moisés: “Esfuérzate, sé valiente”, pues para pasar a la tierra prometida se requiere que la persona sea valiente; no puede mirar las circunstancias negativas que le puedan rodear para desanimarse, sino mirar la promesa que Dios ha hecho y ver que el tiempo para el cumplimiento de esa promesa ha llegado, y caminar hacia adelante hasta obtener el cumplimiento de esa promesa.

Y ahora, se requería que Josué fuera valiente, y con él estarían también las personas valientes, como Caleb (Caleb, que fue valiente también, creyente firme en lo que Dios había prometido); y las demás personas que estarían bajo la dirección de Josué y Caleb tenían que ser valientes para entrar a la tierra prometida.

Vean, no creer en milagros es no creer en la Obra que Dios ha hecho con el pueblo hebreo; no creer en la Obra que Dios ha hecho con el pueblo hebreo es no creer en milagros.

Y ahora, una persona que puede ver la Obra que Dios ha hecho con el pueblo hebreo, desde tantos años atrás hasta este tiempo, obligatoriamente tiene que creer en milagros, pues es un milagro que el pueblo hebreo esté en su tierra en la actualidad, como fue un milagro también que el pueblo hebreo entrara a la tierra prometida que Dios le había jurado.

Y ahora, se requería ser valiente. Los valientes son los que heredan las promesas divinas, porque son valientes y usan la fe, la depositan sobre las promesas divinas, y son los que conquistan esas promesas; las conquistan, se convierten en realidad en la vida de ellos. Son personas que luchan y saben que Dios está con ellos, porque Dios ha prometido estar con ellos y ha prometido darles esa bendición, cumplir esa promesa.

Y vean ustedes, a través de la historia bíblica Dios ha cumplido Sus promesas al pueblo hebreo de edad en edad, y ha cumplido Sus promesas de edad en edad a Su Iglesia gentil. ¿Y no cumplirá las que faltan? Ya ha cumplido tantas a través de la historia de la raza humana que las que faltan son poquitas, y también las cumplirá.

Y ahora, lo que se requiere es que la persona crea las promesas divinas, sea un creyente firme en Dios y Su Palabra, y sea valiente; porque con valientes es que Dios obra; aunque sean pocos, pero que sean valientes.

En una ocasión encontramos que un hombre valiente fue ungido por Dios; fue uno de los jueces de Israel; y él iba a tener una batalla contra los enemigos del pueblo hebreo, y llevaba miles de personas, y Dios le dijo: “Es mucho el pueblo (o sea, mucho el ejército que llevas). Yo los voy a probar en las aguas, y allí te mostraré quiénes van a ir y quiénes no van a ir; pero antes dile al pueblo que los que tiemblan (o sea, los miedosos, los que se estremecen cuando se habla de guerra) y los que se casaron, los recién casados, en la mañana regresen a su casa; no pueden ir a la guerra”1.

Es como los de pie plano: no pueden ir a la guerra, ese se queda a mitad de camino; y los que tienen problemas en el corazón, tampoco los quieren en la guerra, esos tampoco llegan a ningún sitio. Son un estorbo, porque después hay que estar cargando con ellos, y entonces se necesitan dos personas, que son dos buenos soldados que están ahí en la guerra, se necesitan dos personas para cargar con ese que no sirvió para nada; de una vez que se quede en la casa, y allá que lo atienda la mujer.

Y ahora, lo que se requieren son valientes. Cuando fue dicho así… ¿Quién fue el que dijo así?, ¿cuántos recuerdan? ¿Quién era el hombre que Dios envió? Gedeón.

¿Recuerdan la señal del vellón? O sea, no es un vellón2 de moneda, sino un vellón de piel de ovejas, de oveja, el cual era colocado, y de noche pues se llenaba de rocío (esa fue una señal). Y entonces, para la otra ocasión, entonces Gedeón habló con Dios, y hubo un acuerdo en que como próxima señal iba a amanecer ese vellón seco, sin rocío; porque es normal que aparezca con rocío al otro día en la mañanita, porque durante la noche es que cae el rocío; pero ahora, como segunda señal, amanecería seco, como señal de parte de Dios3.

Pero ahora, vean ustedes, Gedeón no podía ir a la guerra con un montón de personas que no eran valientes; y se le fueron miles de personas cuando él dijo que se fueran todos los que temblaban cuando se hablaba de guerra y los que se habían casado, ahí se le fue una multitud muy grande.

Luego Dios le dijo: “Ahora, los que quedaron llévalos a las aguas, y allí yo los probaré; y todos los que tomen el agua en cierta forma los pondrás aparte, y los que lo toman en la otra forma los pondrás aparte”; y Dios le dijo a Gedeón: “Solamente van a ir contigo a la guerra estas personas. El resto que se vaya para su casa”. Y solamente trescientas personas fueron escogidas por Dios para ir a esa guerra, y eran miles de personas las que estaban con Gedeón.

Ahora, ¿por qué Dios obra así? Porque Dios lo que necesita son valientes para llevar a cabo la batalla y obtener la victoria; y los que no son valientes dan problemas en el camino.

Ahora, veamos cómo Dios no obtiene - no gana las batallas con ejércitos o con fuerza, sino con Su Espíritu; es con el poder de Dios que la batalla se obtiene.

Gedeón fue el sexto juez; está en el capítulo 6 y capítulo 7 también, de Jueces, y era de la familia de Manasés y era el menor de su casa, pero a ese fue que le apareció el Ángel de Jehová. Dice capítulo 6, verso 11 en adelante:

“Y vino el ángel de Jehová, y se sentó debajo de la encina que está en Ofra, la cual era de Joás abiezerita; y su hijo Gedeón estaba sacudiendo el trigo en el lagar, para esconderlo de los madianitas.

Y el ángel de Jehová se le apareció, y le dijo: Jehová está contigo, varón esforzado y valiente”.

¿A quién le apareció? A un varón esforzado; no era un vago, era un hombre esforzado, un hombre trabajador, que se esforzaba; y vean ustedes, aquí está trabajando, trabajando en la labor de sacudir el trigo, limpiar el trigo, para esconderlo, colocarlo en lugar seguro, por causa de la guerra que había con los madianitas; y a ese fue que el Ángel de Jehová le apareció: a un varón esforzado y valiente.

“Y Gedeón le respondió: Ah, señor mío, si Jehová está con nosotros, ¿por qué nos ha sobrevenido todo esto? ¿Y dónde están todas sus maravillas, que nuestros padres nos han contado, diciendo: ¿No nos sacó Jehová de Egipto? Y ahora Jehová nos ha desamparado, y nos ha entregado en mano de los madianitas.

Y mirándole Jehová, le dijo: Ve con esta tu fuerza, y salvarás a Israel de la mano de los madianitas. ¿No te envío yo?”.

Vean quién era el enviado de Jehová.

Jehová y el Ángel de Jehová es el mismo, pues es el mismo Dios, el mismo Jehová en Su cuerpo teofánico. Aquí le apareció como un hombre pero de otra dimensión, de la sexta dimensión.

“Entonces le respondió (le respondió Gedeón): Ah, señor mío…”.

Ahora vean cómo Gedeón conocía que era el Señor, que era el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.

Ojalá así lo hayan reconocido todos los escogidos de Dios en las diferentes etapas donde Él se ha manifestado por medio de un mensajero en cada tiempo, pues así debe ser reconocido de tiempo en tiempo cuando se manifiesta a través de un mensajero; pero ver que el mensajero no es Jehová, sino el instrumento de Jehová, el instrumento del Ángel del Pacto.

Y ahora, dice:

“Entonces le respondió: Ah, señor mío, ¿con qué salvaré yo a Israel? He aquí que mi familia es pobre en Manasés, y yo el menor en la casa de mi padre”.

Ahora vean, era de la descendencia de José; era de la tribu de Manasés, que era el hijo mayor de José y había recibido una bendición después de Dios —por medio de Jacob— haber bendecido a Efraín; luego vino a dar la bendición para Manasés. Por lo tanto, vean ustedes, venía de la descendencia de José, donde estaba esa Bendición de la Primogenitura.

“Jehová le dijo: Ciertamente yo estaré contigo, y derrotarás a los madianitas como a un solo hombre.

Y él respondió: Yo te ruego que si he hallado gracia delante de ti, me des señal de que tú has hablado conmigo.

Te ruego que no te vayas de aquí hasta que vuelva a ti, y saque mi ofrenda y la ponga delante de ti. Y él respondió: Yo esperaré hasta que vuelvas”.

Vean, el Ángel esperó por Gedeón. Algunas veces el Ángel espera por el mensajero, por Su enviado, y otras veces el enviado espera por el Ángel de Jehová.

“Yo esperaré hasta que vuelvas.

Y entrando Gedeón, preparó un cabrito, y panes sin levadura de un efa de harina; y puso la carne en un canastillo, y el caldo en una olla, y sacándolo se lo presentó debajo de aquella encina (o sea, debajo de un árbol).

Entonces el ángel de Dios le dijo: Toma la carne y los panes sin levadura, y ponlos sobre esta peña, y vierte el caldo. Y él lo hizo así.

Y extendiendo el ángel de Jehová el báculo que tenía en su mano (o sea, un bastón, una vara), tocó con la punta la carne y los panes sin levadura; y subió fuego de la peña, el cual consumió la carne y los panes sin levadura. Y el ángel de Jehová desapareció de su vista.

Viendo entonces Gedeón que era el ángel de Jehová, dijo: Ah, Señor Jehová, que he visto al ángel de Jehová cara a cara.

Pero Jehová le dijo: Paz a ti; no tengas temor, no morirás”.

Porque así como… Más adelante también encontramos que los padres de Sansón vieron a Dios cara a cara; pero vean, vieron a Dios cara a cara velado en el cuerpo teofánico, en el cuerpo teofánico de Dios, que es llamado el Ángel del Pacto o Ángel de Jehová. Y ahora, Dios le dice:

“Pero Jehová le dijo: Paz a ti; no tengas temor, no morirás”.

Porque la Escritura dice… Dios le dijo a Moisés, cuando Moisés quiso ver a Dios cara a cara, Dios le dijo a Moisés4: “No verás mi rostro; porque no me verá hombre, y vivirá”. Y ahora aquí Gedeón está viendo a Dios cara a cara, y ahora Jehová le dice: “No vas a morir”.

Ahora, estaba viendo a Dios, al Ángel de Jehová, que es el mismo Dios, lo estaba viendo cara a cara; como más adelante después los padres de Sansón verían al Ángel de Jehová también cara a cara (en el capítulo 13 del libro de Jueces), y ellos iban a pensar que iban a morir.

Manoa y su esposa, vean ustedes, vieron al Ángel de Jehová cara a cara, el cual es el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob; pero lo estaban viendo cara a cara en Su velo teofánico de la sexta dimensión, en Su cuerpo teofánico de la sexta dimensión. No lo podían ver sin estar velado, y estaba velado en Su cuerpo teofánico de la sexta dimensión.

Para la Iglesia de Jesucristo, encontramos que a través de la historia el Ángel de Jehová se hizo carne en la persona de Jesús, y los que estaban viendo a Jesús estaban viendo a Dios cara a cara.

Jesucristo, cuando le dijo Felipe: “Señor, muéstranos al Padre, y nos basta”…, porque Jesús hablaba tanto del Padre que ahora ellos querían ver al Padre; y Jesús le dice: “¿Tanto tiempo hace, Felipe, que estoy con vosotros, y todavía no me has conocido? ¿No sabes que yo estoy en el Padre, y el Padre está en mí; y el que me ha visto a mí, ha visto al Padre?”5.

Y ahora, ¿cómo era posible que estuvieran viendo al Padre celestial, a Dios? Estaban viendo a Dios velado en Su cuerpo teofánico, o sea, estaban viendo el velo de carne que el Padre celestial tenía en esa manifestación, en el cumplimiento de la Venida del Mesías, en el cumplimiento de la Primera Venida de Cristo.

Para el Día Postrero, San Pablo dice ¿qué? Dice6: “Ahora conocemos en parte, y en parte profetizamos; pero cuando venga lo que es perfecto, lo que es en parte será quitado. Ahora vemos por espejo, como en oscuridad (o ‘como en espejo en oscuridad’); pero luego veremos (¿cómo?) cara a cara. Ahora conocemos en parte; pero luego conoceremos como somos conocidos”.

¿Veremos cómo? Cara a cara, porque vamos a estar viendo al Ángel de Jehová, al Ángel del Pacto, en el Día Postrero manifestado en carne humana. Eso será la Venida del Verbo, de la Palabra, del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová, de este Ángel que le apareció a Gedeón, que les apareció también a los padres de Sansón. Este Ángel que le apareció a Moisés y le dijo: “Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob”, este Ángel fue el que se hizo carne y vivió entre los seres humanos, en medio del pueblo hebreo, y fue llamado (el velo de carne en donde estuvo viviendo)… fue llamado Jesús.

Y ahora, para el Día Postrero, encontramos que a través de las edades ha estado manifestado por medio de Sus ángeles mensajeros de cada edad en la porción correspondiente a cada edad; Él es el que ha estado hablando por medio de esos siete ángeles mensajeros, como habló en el Antiguo Testamento por medio de los profetas. Y como usó a los profetas en el Antiguo Testamento y usó a los jueces en el Antiguo Testamento y usó a Moisés, también ha usado a estos mensajeros de estas siete edades de la Iglesia gentil.

Y para el Día Postrero estará usando a Su Ángel Mensajero en la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino, y estará manifestado en Su Ángel Mensajero, estará manifestado en carne humana en Su Ángel Mensajero; y estaremos viendo al Ángel de Jehová cara a cara, pero velado en carne humana en Su Ángel Mensajero.

Eso es para el tiempo final estar viendo cara a cara: estar viendo al que ha estado a través de la historia bíblica manifestándose de edad en edad y a través de las diferentes dispensaciones, y manifestándose por medio de carne humana en los diferentes profetas mensajeros que Él ha enviado; y en Jesús se manifestó en toda Su plenitud.

Y para el Día Postrero estará manifestado en Su Ángel Mensajero; y eso será la Venida del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, la Venida del Rey de reyes y Señor de señores, la Venida del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová, la Venida del Verbo, la Venida del Verbo que se hizo carne dos mil años atrás y vivió en medio del pueblo hebreo y fue conocido por el nombre de Jesús.

Para el Día Postrero viene de nuevo el Verbo, el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, velado en carne humana en Su Ángel Mensajero; y por medio de Su Ángel Mensajero estará dándonos testimonio de todas estas cosas que deben suceder pronto; y estaremos viendo al Ángel de Jehová, al Ángel del Pacto (que es el mismo Jesucristo), velado en carne humana en Su Ángel Mensajero.

Ahora, Su Ángel Mensajero no es el Señor Jesucristo, tampoco es el profeta Elías y tampoco es el profeta Moisés; pero por cuanto estos ministerios de Jesús, de Moisés y de Elías son ministerios que el Ángel de Jehová, el Ángel del Pacto, ha manifestado tanto en Elías Tisbita como en Eliseo, como en Juan el Bautista y como en el reverendo William Branham, lo estará manifestando —ese ministerio de Elías— nuevamente en Su Ángel Mensajero en el Día Postrero, o sea, en el séptimo milenio y en la Edad de la Piedra Angular.

Y estando velado en Su Ángel Mensajero estará manifestando también el ministerio de Moisés por segunda vez, pues ese ministerio fue el Ángel del Pacto el que lo manifestó por medio del profeta Moisés para la liberación del pueblo hebreo; y estará manifestando también el ministerio de Jesús por segunda vez, pues Él fue el que manifestó ese ministerio que fue visto en Jesús de Nazaret obrando por tres años y medio en medio de Israel.

Y ahora para el Día Postrero tendremos los ministerios de Moisés, de Elías y de Jesús manifestados por el Ángel de Jehová, el Ángel del Pacto, Jesucristo en Espíritu Santo manifestado en Su Ángel Mensajero, conforme a la promesa divina para el tiempo final; y estaremos viendo cara a cara al Ángel de Jehová, al Ángel del Pacto, pero velado en Su Ángel Mensajero.

Por lo tanto lo que estaremos viendo es el velo de carne donde estará el Ángel del Pacto manifestado; y así estaremos escuchándolo por medio de carne humana, y estaremos obteniendo las bendiciones que Él estará hablando para todos los hijos e hijas de Dios.

Y al recibir esa Palabra hablada, que es la Palabra creadora hablada de Dios, se materializará en cada uno de nosotros esa Palabra al recibirla en nuestra alma y creerla con toda nuestra alma.

Y ahora, vean cómo sucedió en tiempos pasados. Vean cómo este mismo Ángel del Pacto es el personaje principal de toda la Biblia, no hay otro; es el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, que es el mismo Dios con Su cuerpo teofánico, manifestándose por medio de Sus profetas del Antiguo Testamento de diferentes dispensaciones y diferentes edades, y luego manifestándose en carne humana en la persona de Jesús.

Por eso Jesús podía decir: “Antes que Abraham fuera, yo soy”; y podía decir: “Abraham deseó ver mi día; lo vio, y se gozó”7. ¿Cómo lo vio? Lo vio velado en Su cuerpo visible, el cual fue manifestado allí, porque Dios le apareció en Su cuerpo teofánico, y aparecieron también los Arcángeles Gabriel y Miguel con Elohim.

Encontramos que Dios puede crearse un cuerpo como el de nosotros, del polvo de la tierra, para usarlo unas horas, y después lo desaparece de nuevo y ya sigue con Su cuerpo teofánico manifestado en la sexta dimensión, y nunca más ven ese cuerpo físico con el cual se manifestó temporalmente, temporalmente allí con Abraham.

Ahora, vean ustedes, Él también se reveló a Abraham como Melquisedec mucho tiempo antes de esa ocasión en que comió con Abraham antes de la destrucción de Sodoma y Gomorra; pero vean, es el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, que es el mismo Ser Eterno que estaba dentro del velo de carne llamado Jesús. Por eso podía decir Jesús que el Padre, ¿dónde estaba?, en Él, y podía decir: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre”. ¿Por qué? Porque estaba viendo al Padre celestial vestido de carne humana.

Y ahora, yo les puedo decir a ustedes y ustedes me pueden decir a mí… Ustedes me pueden decir a mí que yo los estoy viendo a ustedes cuando estoy viendo su cuerpo físico, ¿por qué? Porque ahí es donde ustedes están; y yo les puedo decir que ustedes me están viendo a mí cuando están viendo mi cuerpo, porque ahí, en este cuerpo, es donde yo estoy.

Aunque si vamos más profundamente, a la raíz de lo que es ver a la persona, entonces también ustedes me pueden decir: “Pero aunque me esté viendo mi cuerpo físico, no me está viendo a mí”. ¿Por qué? Porque usted es alma viviente, y cuando yo lo miro a usted no puedo ver su alma, sino su cuerpo físico donde usted está manifestado; y cuando usted me mira a mí, solamente puede ver mi cuerpo físico, pero mi alma no la puede ver. Por lo tanto, usted me ve y no me ve, y yo lo veo a usted y no lo veo a usted; pero así es en esta dimensión.

Y ahora, así es con Dios también. Dice la Escritura que nadie jamás ha visto a Dios8. ¿Y cómo es posible que haya personas que digan que han visto a Dios cara a cara? Porque lo han visto en Su cuerpo teofánico de la sexta dimensión, llamado el Verbo de Dios, que es el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová; y otros lo vieron también velado en carne humana en la persona de Jesús, y estaban viendo a Dios cara a cara, pero cara a cara en y con Su velo de carne.

Y los que vieron la manifestación de Dios en los profetas del Antiguo Testamento vieron también a Dios manifestado en carne humana en esos profetas. Y los que vieron a los apóstoles y vieron a los siete ángeles mensajeros siendo usados por el Espíritu Santo, por el Ángel del Pacto, por Jesucristo en Espíritu Santo manifestado en ellos, estaban viendo a Dios; lo estaban viendo velado y revelado en la porción correspondiente a cada edad. Y ahora nos toca a nosotros ver a Dios, ver a Jesucristo, ver al Ángel del Pacto cara a cara velado en Su Ángel Mensajero en este tiempo final.

Pero miren ustedes cómo le dice Dios a Gedeón: “No temas, no morirás”. ¿Por qué? Porque lo que estaremos viendo es el velo de carne donde Él estará manifestado, pero no estaremos viendo a Dios literalmente cara a cara, como Moisés quería ver a Dios; solamente estaremos viendo el velo de carne donde Dios estará manifestado.

Aun uno puede ver el velo de carne donde Dios está manifestado y no morir, y aun puede ver el velo teofánico de Dios (el cuerpo teofánico de Dios de la sexta dimensión) y no morir. Pero ya si uno ve el que está dentro de ese velo de carne y está dentro de ese cuerpo teofánico, si uno lo ve cara a cara, ahí ya la muerte es segura; pero mientras esté velado en Su cuerpo teofánico o en un cuerpo de carne, la persona no muere, sino que recibe bendiciones de Dios.

Y ahora, para el Día Postrero habrá personas valientes del Séptimo Sello, valientes del Hijo del Hombre, valientes del Hijo de David, valientes del Hijo del Hombre e Hijo de David, en la manifestación del Hijo de Hombre e Hijo de David en carne humana en Su Ángel Mensajero, los cuales estarán viendo al Ángel del Pacto, al Ángel de Jehová, Jesucristo en Espíritu Santo manifestado en carne humana en Su Ángel Mensajero, y estarán trabajando con ese Ángel Mensajero en toda la Obra de Cristo de este Día Postrero; por lo tanto estarán trabajando en la Obra (¿de quién?) del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová, estarán trabajando en la Obra de Dios de este Día Postrero para llegar a la tierra prometida del nuevo cuerpo y a la tierra prometida del glorioso Reino Milenial. Por eso se requiere que seamos (¿cómo?) valientes y personas esforzadas en este Día Postrero.

Siempre los valientes, vean ustedes, son personas como las demás personas, pero son personas esforzadas; y eso significa que hacen más que los demás seres humanos; y son valientes, por lo tanto se enfrentan al reto de ese tiempo, se enfrentan a la labor de ese tiempo y caminan hacia adelante trabajando en esa labor sin desmayar; y Dios los bendice grandemente, porque son personas valientes y son personas esforzadas, que no les importa trabajar el tiempo que se requiera para llevar a cabo la Obra de Dios correspondiente a ese tiempo.

No son personas que siempre están quejándose, sino que son personas que siempre están agradeciendo a Dios el privilegio de trabajar en Su Obra en este tiempo final; así como fueron bien agradecidos los que trabajaron en la Obra de Dios de edades y dispensaciones pasadas, y fueron valientes y fueron personas bienaventuradas en el tiempo en que ellos vivieron.

En el tiempo del rey David también hubo valientes de David. Dice la Escritura que él tuvo una cantidad de valientes a su lado, los cuales estuvieron con él brazo a brazo siempre trabajando en la Obra de Dios, que era la obra del establecimiento del reino de David, porque bajo ese reino, ese reinado de David, Dios manifestado en el rey David estaría reinando sobre el pueblo hebreo.

Vamos a ver, Segunda de Samuel, capítulo 23, verso 8 al 39, nos habla de los valientes del Hijo de David. (No quiero leer mucho aquí). Vamos a ver, capítulo 23, verso 8 en adelante, dice:

“Éstos son los nombres de los valientes que tuvo David: Joseb-basebet el tacmonita, principal de los capitanes; éste era Adino el eznita, que mató a ochocientos hombres en una ocasión (¿sería valiente?).

Después de éste, Eleazar hijo de Dodo, ahohíta, uno de los tres valientes que estaban con David cuando desafiaron a los filisteos que se habían reunido allí para la batalla, y se habían alejado los hombres de Israel.

Éste se levantó e hirió a los filisteos hasta que su mano se cansó, y quedó pegada su mano a la espada (y quedó pegada su mano, ¿a qué?, a la espada). Aquel día Jehová dio una gran victoria, y se volvió el pueblo en pos de él tan sólo para recoger el botín”.

Un solo hombre, con una espada en su mano, miren cómo hizo: destruyó al ejército enemigo; y después el resto del pueblo pues vino detrás de él, pero no para pelear, sino para recoger los despojos, para recoger todo lo que tenía aquel ejército que había sido vencido por un solo hombre.

“Después de éste fue Sama hijo de Age, ararita. Los filisteos se habían reunido en Lehi, donde había un pequeño terreno lleno de lentejas, y el pueblo había huido delante de los filisteos.

Él entonces se paró en medio de aquel terreno y lo defendió, y mató a los filisteos; y Jehová dio una gran victoria”.

Vean, con un valiente solo, Dios da una gran victoria, pero con un montón de gente miedosa no se puede obtener una victoria. Miren, dice que el pueblo había huido y se quedó solamente uno en medio de ese campo defendiendo ese terreno, ese campo, y Dios dio la victoria por medio de un solo hombre.

Y ahora:

“Y tres de los treinta jefes descendieron y vinieron en tiempo de la siega a David en la cueva de Adulam; y el campamento de los filisteos estaba en el valle de Refaim.

David entonces estaba en el lugar fuerte, y había en Belén una guarnición de los filisteos.

Y David dijo con vehemencia: ¡Quién me diera a beber del agua del pozo de Belén que está junto a la puerta! (al hablar así está hablando ungido por el Espíritu de Dios).

Entonces los tres valientes irrumpieron por el campamento de los filisteos, y sacaron agua del pozo de Belén que estaba junto a la puerta; y tomaron, y la trajeron a David; mas él no la quiso beber, sino que la derramó para Jehová, diciendo:

Lejos sea de mí, oh Jehová, que yo haga esto. ¿He de beber yo la sangre de los varones que fueron con peligro de su vida? Y no quiso beberla. Los tres valientes hicieron esto.

Y Abisai hermano de Joab, hijo de Sarvia, fue el principal de los treinta (o sea, de los treinta valientes). Éste alzó su lanza contra trescientos, a quienes mató, y ganó renombre con los tres”.

Ahora vean ustedes cómo estos valientes obtenían la victoria: no era con grandes ejércitos, sino con la bendición de Dios.

En el verso 39 dice (hablando del último):

“Urías heteo (el último); treinta y siete por todos (treinta y siete valientes)”.

Vean, con treinta y siete valientes del ejército, vean ustedes, Dios obró en favor de David para ser colocado en el trono y para mantenerse en el trono. Ahora podemos ver que el resto del ejército estaba sujeto a esos treinta y siete valientes.

Dios coloca a los valientes en una posición bien importante en Su Reino, pero primero hay que ser valiente para llegar a esa posición.

Que Dios levante grandes valientes en Su Cuerpo Místico de creyentes en este tiempo final, los unja en este tiempo y ponga valentía en sus corazones, en sus almas y en todo su ser, para luchar y trabajar en la Obra de Cristo en este Día Postrero, en la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino, hasta que veamos a los muertos en Cristo resucitados en cuerpos eternos y nosotros transformados; y vayamos a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo; y luego regresemos y comencemos el glorioso Reino Milenial de Cristo, y veamos a Cristo sentado en Su Trono: el Trono de David; porque Él es el heredero al Trono de David. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Hemos visto lo importante que es un valiente en el Programa Divino. Cuando la persona es un valiente en el Programa Divino, en la Obra de Dios, tiene las bendiciones de Dios.

¡Adelante, valientes del Hijo de David, en este tiempo final!

Todos los valientes del Hijo de David, todos los valientes de Cristo de las edades pasadas tendrán un galardón muy grande; y todos los valientes de Cristo de este tiempo final tendrán un galardón muy grande también.

Él dice: “He aquí vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra (o sea, conforme a su obra)”, Apocalipsis 22, verso 12; y San Mateo, capítulo 16, verso 27, donde Jesús dice que el Hijo del Hombre viene con Sus Ángeles, viene en el Reino de Su Padre con Sus Ángeles. Vamos a ver cómo lo dice aquí para que lo tengan bien grabado:

“Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras”.

Porque “vuestro trabajo en el Señor no es en vano”, dice el apóstol San Pablo9. Así que todo lo que trabajamos aquí en la Tierra… Algunas personas dicen: “¿Por qué será que trabajan tanto? ¿Están trabajando para una iglesia o para una religión o para algún hombre?”. ¿Saben una cosa? Estamos trabajando para nosotros mismos. Cuando trabajamos para Dios, para Cristo, luego cuando Él da la recompensa a Sus hijos, ¿el beneficio quién lo recibe? Pues nosotros mismos.

Cuentan una…, más bien es una parábola de un hombre rico que tenía sus hijos, y a uno de sus hijos (al hijo mayor), al cual le encomendaba hacer muchas cosas, le dijo: “Mira, constrúyeme una casita allí, una casa”, y el hijo preparó todo. Y el hijo pensaba: “Si yo me pongo a preparar una casa muy bonita y muy grande, luego cuando mi papá muera, esto le puede tocar a fulano o a fulano; o sea que la herencia, pues, todo esto le puede tocar a alguien”; y le construyó una casita chiquita.

Y luego que la termina, el papá le dice…, cuando el hijo le dice: “Papá, ya está terminada la casita, la casa; ya la terminé. Como me dijiste que te hiciera una casa, pues ya la hice, ya está preparada, ya está terminada”. Le dice: “Hijo, esa es tu herencia”.

¿Cómo se sentiría ese hijo? Si hubiera sabido que esa casa era lo que iba a heredar con ese terrenito, hubiera hecho un palacio, ¿verdad?

Recuerde que lo que Dios nos va a dar en recompensa es lo que hayamos trabajado en Su Obra. Él pagará a cada uno según sea (¿qué?) su obra (les leí en dos lugares10).

Quizás aquel hijo pensaba recibir una herencia grande, pero había hecho una cosa chiquita; pues eso era lo que tenía de herencia para él.

Mi deseo para todos ustedes es que la herencia de cada uno de ustedes sea la más grande que puedan recibir los hijos e hijas de Dios de todas las demás edades; que la herencia que reciban ustedes (y que yo también reciba) sea la más grande de todas las herencias; pero para eso hay que trabajar, hay que ser valiente y ser (¿qué?) esforzado.

Uno se tiene que esforzar, no esperar que todas las cosas se hagan sin ningún esfuerzo. El vago es el único que quiere que todas las cosas se hagan sin tocar ni un solo clavo en una construcción; pero la persona esforzada mete su mano y se pone a trabajar también en esa labor; y Dios está mirando quiénes son los que están trabajando en Su Obra.

Es como dijo Jesús (eso nos conviene también a todos nosotros saberlo, y también poderlo decir desde lo profundo de nuestra alma, de nuestro corazón): “En los negocios de mi Padre me conviene estar”11. ¿Y cómo? Pues trabajando en los negocios de nuestro Padre celestial.

Ahora, miren, las personas en esta Tierra trabajan veinte, treinta, cuarenta años y hasta cincuenta años en una compañía, y cuando terminan cierta cantidad de años ya están en una edad en que ya ni los quieren en la compañía; los mandan para la casa, y allá el seguro social les da algún dinerito, y también no sé si la compañía también les da algún dinero, algún dinero de lo que tenga allí acumulado, y después ya no tiene nada más. Cuando se muere, pues se acabó; y para la otra vida esa compañía no le puede mandar un cheque a otra dimensión para que lo cobre allá.

Sin embargo Cristo dice12: “Donde estén mis servidores…” - “Donde esté yo, ahí estarán mis servidores”. Y Él dice que recompensará a cada uno según sea su obra; y cuando estemos con Él viviendo en el Milenio y por toda la eternidad, estaremos disfrutando los galardones que Él nos dará por las labores que hayamos realizado en Su Obra.

Así que haga la casa bien grande, porque es para usted la casa que usted haga, el trabajo que usted haga en la Obra de Cristo.

¡Sea (¿qué?) valiente y esforzado trabajando en la Obra de Cristo! ¡Sea un verdadero valiente del Hijo de David!

Y, recuerden, trabajemos esforzándonos en el Reino de Dios y seamos valientes, porque lo que estamos trabajando, lo que estamos construyendo, ¿para quién es? Para nosotros. Los beneficios son para todos nosotros, porque somos herederos de Dios y coherederos con Cristo Jesús Señor nuestro.

Bueno, que Dios les bendiga y les guarde a todos.

“LOS VALIENTES DEL SÉPTIMO SELLO”.

[Revisión febrero 2019]

1 Jueces 7:2-4

2 vellón: Moneda de cinco centavos de dólar en Puerto Rico / Conjunto de lana de un carnero u oveja que se esquila (RAE).

3 Jueces 6:36-40

4 Éxodo 32:20

5 San Juan 14:8-10

6 1 Corintios 13:9-10, 12

7 San Juan 8:56-58

8 San Juan 1:18

9 1 Corintios 15:58

10 Romanos 2:6, Job 34:11

11 San Lucas 2:49

12 San Juan 12:26

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