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Muy buenas tardes, amados amigos, hermanos presentes. Es para mí una bendición grande estar con ustedes en esta ocasión en la dedicación de este lugar para la gloria de Dios, y para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y así ver el Programa Divino correspondiente a nuestro tiempo, el cual Dios tiene para este tiempo final, así como tuvo para otros tiempos, edades y dispensaciones.

Nuestro tema es: “NACIENDO CON EL SÉPTIMO SELLO”, para lo cual vamos a leer algunas escrituras en… Vamos a leer San Juan, capítulo 16, versos 19 al 22, donde dice (vamos a ver):

“Jesús conoció que querían preguntarle, y les dijo: ¿Preguntáis entre vosotros acerca de esto que dije: Todavía un poco y no me veréis, y de nuevo un poco y me veréis?

De cierto, de cierto os digo, que vosotros lloraréis y lamentaréis, y el mundo se alegrará; pero aunque vosotros estéis tristes, vuestra tristeza se convertirá en gozo.

La mujer cuando da a luz, tiene dolor, porque ha llegado su hora; pero después que ha dado a luz un niño, ya no se acuerda de la angustia, por el gozo de que haya nacido un hombre en el mundo.

También vosotros ahora tenéis tristeza; pero os volveré a ver, y se gozará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestro gozo”.

Y en Apocalipsis, capítulo 8, verso 1 en adelante, dice:

“Cuando abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el cielo como por media hora.

Y vi a los siete ángeles que estaban en pie ante Dios; y se les dieron siete trompetas.

Otro ángel vino entonces y se paró ante el altar, con un incensario de oro; y se le dio mucho incienso para añadirlo a las oraciones de todos los santos, sobre el altar de oro que estaba delante del trono.

Y de la mano del ángel subió a la presencia de Dios el humo del incienso con las oraciones de los santos.

Y el ángel tomó el incensario, y lo llenó del fuego del altar, y lo arrojó a la tierra; y hubo truenos, y voces, y relámpagos, y un terremoto”.

Que Dios bendiga nuestros corazones con Su Palabra y nos permita entenderla.

“NACIENDO CON EL SÉPTIMO SELLO”.

El Séptimo Sello es la Segunda Venida de Cristo; y la Segunda Venida de Cristo para el Día Postrero está prometida en las palabras proféticas de Jesús y de los profetas del Antiguo Testamento, y también de los apóstoles de Jesucristo y de los siete ángeles mensajeros de las siete edades de la Iglesia gentil.

Cristo hablando de la Venida del Hijo del Hombre para el Día Postrero dijo en San Mateo, capítulo 16, verso 27 al 28, de la siguiente manera (y quiero leer ese pasaje para que vayan teniendo estos pasajes tal y como están escritos); dice:

“Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras”.

Aquí tenemos la promesa, la profecía de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles para ser cumplida en el Día Postrero.

“De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino”.

Y entre los discípulos de Jesucristo hubo algunos que no verían la muerte hasta que vieran la Venida del Hijo del Hombre viniendo en Su Reino. Y ahora, de entre los que estaban allí, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto y se transfiguró delante de ellos. Dice, capítulo 17 de San Mateo:

“Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto;

y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz.

Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él.

Entonces Pedro dijo a Jesús: Señor, bueno es para nosotros que estemos aquí; si quieres, hagamos aquí tres enramadas: una para ti, otra para Moisés, y otra para Elías.

Mientras él aún hablaba, una nube de luz los cubrió; y he aquí una voz desde la nube, que decía: Éste es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd.

Al oír esto los discípulos, se postraron sobre sus rostros, y tuvieron gran temor.

Entonces Jesús se acercó y los tocó, y dijo: Levantaos, y no temáis.

Y alzando ellos los ojos, a nadie vieron sino a Jesús solo”.

Y aquí, vean ustedes, sigue diciendo:

“Cuando descendieron del monte, Jesús les mandó, diciendo: No digáis a nadie la visión, hasta que el Hijo del Hombre resucite de los muertos”.

Aquí tenemos, en esta visión (recuerden que es una visión), en esta visión tenemos a Jesucristo con Su rostro resplandeciendo como el sol y tenemos a Moisés y a Elías allí presentes en sus cuerpos teofánicos, lo cual representa que para el Día Postrero la Venida del Hijo del Hombre será como Rey de reyes y Señor de señores; porque el sol es el astro rey, y Dios por medio del profeta Malaquías en el capítulo 4 dice [verso 2]:

“Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación; y saldréis, y saltaréis como becerros de la manada”.

Eso es la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles: es la Venida del Sol de Justicia trayendo salvación en Sus alas. Sus alas son los Ángeles del Hijo del Hombre y el Sol es Cristo, el Hijo del Hombre, en Su Segunda Venida.

El sol no tiene alas, pero Cristo el Sol de Justicia tiene alas, y son Sus Ángeles; y por eso aparecieron en el Monte de la Transfiguración Moisés a un lado y Elías al otro lado, que son las alas del Hijo del Hombre.

Porque el Hijo del Hombre, siendo Jesucristo el profeta, Él es representado en un águila; porque Dios es representado siempre en un águila, y los profetas de Dios también y los hijos de Dios también; por eso dice1: “Para que te rejuvenezcas como el águila”.

Y ahora, miren cómo Dios… En Deuteronomio, encontramos que Dios habló de la forma en que libertó al pueblo hebreo. Dice en el capítulo 32 de Deuteronomio, verso 11:

“Como el águila que excita su nidada,

Revolotea sobre sus pollos,

Extiende sus alas, los toma,

Los lleva sobre sus plumas,

Jehová solo le guió,

Y con él no hubo dios extraño”.

Ahora vean cómo Jehová, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, tomó al pueblo hebreo, los sacó de Egipto y los llevó por el desierto hasta llevarlos a la tierra prometida; y Dios, como Águila poderosa, por medio del profeta Moisés (y los profetas están representados en águilas), vean ustedes, Dios los llevó sobre las alas del águila en aquel tiempo hacia la tierra prometida.

Y ahora, dice Dios por medio de carne humana, por medio de Jesús, en el capítulo 24 de San Mateo y verso, vamos a ver… hay un verso que nos habla de las águilas, vamos a ver cuál es; si no es San Mateo, lo encontraremos, vamos a ver... verso 27 y 28 de San Mateo, capítulo 24, dice:

“Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre.

Porque dondequiera que estuviere el cuerpo muerto, allí se juntarán las águilas”.

Y Cristo dijo2: “El que no coma mi carne y beba mi sangre no tiene vida permaneciente en sí”.

Y de edad en edad, así como el pueblo hebreo, en la noche en que tenían que comer el cordero que había sido sacrificado en la tarde del día catorce… Ya el día quince, cuando cayó el sol, ya encontramos que terminó el día catorce y comenzó el día quince (porque terminan y comienzan los días en la tarde para el pueblo hebreo); y durante la noche del día quince (que comenzó en la tarde del día catorce) tenían que comerse el cordero pascual; y la sangre del cordero tenía que estar aplicada en el dintel y los postes de la puerta (esto es, en el marco de la puerta), y dentro tenían que estar comiéndose el cordero.

Y ahora, hay una casa en donde ese Cordero tiene que estar, y tienen que estar comiéndose ese Cordero, y Su Sangre tiene que estar aplicada en la puerta, en el marco de la puerta. ¿Y saben cuál es esa casa? Esa es la Iglesia de Jesucristo como Cuerpo Místico de creyentes; y como individuo pues son todos los hijos e hijas de Dios teniendo la Sangre de Cristo aplicada en su corazón, en su alma.

Y ahora, la Iglesia de Jesucristo como Cuerpo Místico de creyentes, como la Casa de Dios, tiene la Sangre de Cristo aplicada en ella; y dentro tiene al Cordero de Dios, a Jesucristo; y de edad en edad la Iglesia de Jesucristo ha estado comiendo ese Cordero; y los últimos que comen ese Cordero somos nosotros en este tiempo final, para, en este Día Postrero, en la mañana del séptimo milenio (que son los primeros años del séptimo milenio, los primeros 125 años del séptimo milenio), salimos para la Cena de las Bodas del Cordero con un cuerpo eterno, y los muertos en Cristo resucitarán en cuerpos eternos; y saldremos libres, porque saldremos con vida eterna.

O sea que entraremos a la tierra prometida del nuevo cuerpo y entraremos a la tierra prometida del glorioso Reino Milenial. Luego que tengamos el nuevo cuerpo, y seamos raptados y llevados a la Cena de las Bodas del Cordero, y estemos con Cristo en esa gran fiesta en el Cielo, en la Casa de nuestro Padre celestial, por tres años y medio, luego regresaremos al glorioso Reino Milenial, a esa nueva Tierra, a esa nueva civilización que estará viviendo en ese glorioso Reino Milenial; en donde los hijos e hijas de Dios, los cuales vivieron en este planeta Tierra y no tenían una posición tan importante en este planeta Tierra (como de reyes o gobernantes), para el glorioso Reino Milenial de Cristo estaremos a la cabeza en ese Reino, porque estaremos con Cristo como reyes y sacerdotes; y Cristo es el Rey Sacerdote de ese Reino.

O sea que tendremos la posición más alta que un ser humano puede alcanzar en el glorioso Reino de Jesucristo; y esa posición la tiene para todos los hijos e hijas de Dios, tiene esa posición para todos los redimidos por la Sangre de Jesucristo. Por eso es tan importante el nuevo nacimiento.

Cristo dijo a Nicodemo3: “De cierto, de cierto te digo que el que no nazca de nuevo no puede ver el Reino de Dios” (o sea, no lo puede entender). Nicodemo le dice: “¿Cómo puede hacerse esto? ¿Puede acaso un hombre, ya siendo viejo, entrar en el vientre de su madre y nacer?”. Y Jesús le dice: “De cierto, de cierto te digo que el que no nazca del Agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios o Reino de los Cielos”; y esto es entrar al Cuerpo Místico de Cristo, que es el Reino que Cristo ha estado llevando a cabo o ha estado trayendo a existencia.

Y para una persona pertenecer al Cuerpo Místico de Cristo necesita recibir el Evangelio, o sea, recibirlo, creer en Cristo como nuestro Salvador, lavar sus pecados en la Sangre de Cristo y recibir Su Espíritu Santo; y así es como se nace en el Reino de Dios, se nace en el Cuerpo Místico de Cristo, se nace en la Casa de Dios, para así ser un hijo de Dios nacido en la Casa de Dios, en la Iglesia de Jesucristo, para en el Día Postrero —si su cuerpo físico ha muerto— ser resucitado; pues Cristo dijo en San Juan, capítulo 6, verso 39 al 40:

“Y ésta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero”.

¿Cuándo Él promete realizar la resurrección de los creyentes en Él que han partido? En el Día Postrero.

“Y ésta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquél que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero”.

Hemos visto dos versos donde Él promete la resurrección de los creyentes en Él que han partido para el Día Postrero; y si continuamos leyendo ese capítulo 6 de San Juan, encontraremos dos lugares más.

Y luego, en San Juan, capítulo 11, verso 23 al 27, encontramos que Marta, la hermana de Lázaro, también sabía que la resurrección era para el Día Postrero; y cuando murió su hermano Lázaro…, y Jesús fue para resucitarlo el día cuarto, y le dice a Marta, le dice (verso 23 en adelante):

“Jesús le dijo: Tu hermano resucitará.

Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero”.

Pues esto es lo que había enseñado Jesucristo, que la resurrección sería realizada por Cristo (¿cuándo?) en el Día Postrero, para todos los creyentes en Él, y Marta había aprendido esa enseñanza de Jesucristo; pero ahora, por cuanto Cristo va a representar en Lázaro lo que va a hacer con todos los creyentes en Él en el Día Postrero, los que han partido, entonces va a resucitar a Lázaro en esa ocasión como tipo y figura de todos los santos que Él va a resucitar en el Día Postrero.

“Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá”.

Por eso es que para un creyente en Cristo el morir no es ningún problema: va al Paraíso a vivir; y en el Día Postrero, el séptimo milenio (que es el Día del Señor), será resucitado conforme a la promesa de Cristo.

Ahora, ¿en qué año? Eso es lo que no sabemos; pero cuando ocurra la resurrección, entonces hemos de saber para qué año Cristo tenía esa resurrección, para qué año del Día Postrero (o sea, para qué año del séptimo milenio).

“Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente”.

No morirá eternamente. Su cuerpo físico puede morir, pero la persona va al Paraíso a vivir; y tiene un tiempo en que regresará a la Tierra, porque no va a morir su cuerpo eternamente; Dios le va a dar un nuevo cuerpo para que viva eternamente, un cuerpo nuevo y eterno, un cuerpo glorificado, por cuanto mientras estuvo aquí en la Tierra creyó en Jesucristo.

Y ahora, Jesús le dice, le pregunta:

“¿Crees esto?”.

Ella le dice:

“Le dijo: Sí, Señor…”.

¿Y nosotros? “Sí, Señor, nosotros también lo creemos”. Y Marta le dice:

“… yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo”.

Y ahora, vean ustedes, Cristo luego resucitó a Lázaro el cuarto día, en donde ya su cuerpo había entrado en corrupción. Pero no importa que el cuerpo de nuestros amados hermanos creyentes en Cristo que han partido, no importa que lleven 1 día, 2 días, 10 días, 100 días, 100 años, 200 años, 1000 años o 2000 años; para Cristo es lo mismo resucitar una persona que acaba de morir como resucitar a una persona que lleve 1000 o 2000 o 3000 o 5000 años o 6000 años que haya muerto, para Cristo es lo mismo.

Y ahora más con la resurrección de los santos, que será en un cuerpo eterno, un nuevo cuerpo que Cristo nos dará; un cuerpo incorruptible, inmortal, conforme a Primera de Corintios, capítulo 15, verso 50 al 56, y eso Él dice que será para el Día Postrero, para el tiempo de la Trompeta Final.

Vean, dice… Primera de Corintios, capítulo 15, verso 49 al 55, dice:

“Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial”.

O sea, seremos iguales a Jesucristo, tanto en cuerpo físico como en espíritu. Tendremos un espíritu teofánico, o sea, un cuerpo teofánico, que es el que hemos recibido al nacer de nuevo; y tendremos un cuerpo glorificado y eterno, el que recibiremos en el Día Postrero, en este Día Postrero, en el séptimo milenio, durante la Dispensación del Reino y en la Edad de la Piedra Angular; y seremos iguales a Jesucristo. Y Él es nuestro hermano mayor, Él es el primogénito.

Y ahora, sigue diciendo:

“Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción.

He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos (o sea, no todos vamos a morir físicamente); pero todos seremos transformados,

en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados.

Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad.

Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria”.

Ahí termina la muerte para los hijos e hijas de Dios, porque ya de ahí en adelante nunca más morirá un escogido de Dios, un hijo de Dios físicamente, porque tendremos el cuerpo eterno, el cuerpo nuevo, y seremos a imagen y semejanza de Jesucristo nuestro amado Salvador.

Ahora, será para el tiempo de la Trompeta Final. Esa Trompeta Final es la Trompeta del Evangelio del Reino sonando y revelando el misterio de la Segunda Venida de Cristo; porque la Trompeta o Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino gira alrededor de la Segunda Venida de Cristo, que es la Venida del Séptimo Sello.

Ese es el misterio contenido en el Séptimo Sello, el cual cuando fue abierto en el Cielo, en Apocalipsis, capítulo 8, verso 1, causó silencio en el Cielo como por media hora. Ese es el misterio más grande de todos los misterios del Reino de Dios: la Segunda Venida de Cristo con Sus Ángeles en el Día Postrero.

Y ahora, con el Séptimo Sello, en el Día Postrero nacen los escogidos del Día Postrero.

¿Cómo nacieron los escogidos de cada edad? Con la manifestación de Cristo en el ángel mensajero de cada edad.

Ahí, en cada edad, encontramos que nacieron en el Reino de Dios los hijos e hijas de Dios de cada edad de las siete edades de la Iglesia gentil; y ahora, para la Edad de la Piedra Angular, nacen en la Edad de la Piedra Angular, en el Día Postrero, con el Séptimo Sello, que es la manifestación de Jesucristo en Espíritu Santo en Su Ángel Mensajero; y ahí nacen los hijos e hijas de Dios de la Edad de la Piedra Angular, y nacen también congregaciones con hijos e hijas de Dios. Y aquí está naciendo una congregación con el Séptimo Sello.

Y nosotros como individuos hemos nacido en la Edad de la Piedra Angular con el Séptimo Sello también, y hemos nacido en la Dispensación del Reino con el Séptimo Sello también; y el Séptimo Sello es Cristo, el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, que viene en este Día Postrero manifestado en Su Ángel Mensajero en la Edad de la Piedra Angular, así como vino manifestado en cada edad en el ángel mensajero de cada edad.

Es una manifestación de Jesucristo, el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, el cual estuvo en medio del pueblo hebreo, el cual es el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob; estuvo en medio del pueblo hebreo manifestado en los profetas del Antiguo Testamento, como nos dice el apóstol San Pablo en su carta a los Hebreos, capítulo 1, donde dice:

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas (¿Ven? ¿Dónde estaba Dios manifestado en medio del pueblo hebreo? En los profetas, hablándole al pueblo hebreo),

en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo…”.

¿Cómo habló en los días de Jesús? Pues habló por medio de Jesús, habló por medio de Su Hijo al pueblo hebreo.

Por eso Jesús decía: “Yo no hablo nada de mí mismo, sino como yo escucho al Padre hablar, así es como yo hablo”. Y también dijo: “Padre, santifícalos en la verdad; tu Palabra es la verdad”. Dijo también: “La Palabra que me diste, les he dado, y ellos la recibieron”4. Era la Palabra del Padre celestial siendo hablada por medio del Hijo, por medio de Jesucristo.

Y ahora, vean ustedes que dice que “en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo”, y ya han transcurrido unos dos mil años aproximadamente. ¿Y cómo puede ser posible que aquellos fueran los postreros días, conforme a lo que dice San Pablo y también Pedro en el libro de los Hechos, capítulo 2, verso 14 al 20?, que dice que aquellos días y aquel tiempo en donde recibieron el Espíritu Santo, el Día de Pentecostés, dice que eran los postreros días, porque Dios dijo que derramaría de Su Espíritu sobre toda carne (¿cuándo?) en los postreros días.

Para comprender este misterio de que aquellos eran los postreros días y que todavía estamos viviendo en los postreros días, tenemos que comprender lo que dice San Pedro en Segunda de Pedro, capítulo 3, verso 8, y así comprenderemos el misterio de los postreros días; porque es un misterio esto de los postreros días, porque Cristo también habló de los postreros días, y dijo que en el Día Postrero Él resucitará a los creyentes en Él que han muerto, y luego nosotros los que vivimos seremos transformados, dice San Pablo en Primera de Corintios, capítulo 15, versos 49 al 55, o 56.

Y ahora, Pedro dice en Segunda de Pedro, capítulo 3, verso 8:

“Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día”.

El profeta Moisés en el Salmo 90, verso 4, también da testimonio de esta verdad; de ahí fue que Pedro (el apóstol) tomó esa revelación.

Y ahora, un día delante del Señor para los seres humanos son mil años. Cuando nos habla la Escritura de los días postreros delante de Dios, son los milenios postreros para los seres humanos.

Cuando Jesús nació y luego creció, cuando ya tenía de 4 a 7 años de edad comenzó el quinto milenio, y por consiguiente comenzaron los días postreros delante de Dios, que para los seres humanos son los milenios postreros, que son quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio; así como los días postreros de la semana para nosotros son jueves (que es el quinto día), viernes (que es el sexto día) y sábado (que es el séptimo día).

Y ahora podemos comprender el por qué Dios habló por medio de Jesús en los días postreros; aunque hayan transcurrido dos mil años, podemos ver que eran los días postreros. Eran los milenios postreros para los seres humanos, pero delante de Dios solamente han transcurrido dos días, y para los seres humanos son dos mil años.

Y ahora nos queda solamente el Día Postrero, que es el séptimo milenio; y si le añadimos al calendario los años de atraso que tiene, ya estamos en el séptimo milenio. Si no le añadimos al calendario los años de atraso que tiene, solamente faltan dos o tres años para terminar el sexto milenio y terminar también el siglo XX, y comenzar el siglo XXI y también comenzar por consiguiente el séptimo milenio. En eso pues no tenemos ningún problema; pero ¿se le habrá atrasado a Dios el calendario? Yo pienso que no, y yo creo que todos ustedes piensan que a Dios nunca se le atrasan las cosas; todo es llevado a cabo en el tiempo que Dios ha asignado.

Y ahora, estando nosotros en el Día Postrero, encontramos que hemos llegado al tiempo, al día, al milenio (al día delante de Dios, que es el séptimo milenio para los seres humanos), en donde Jesucristo va a resucitar a los muertos en Cristo que han partido creyendo en Jesucristo, y los que estamos vivos vamos a ser transformados. Eso es una promesa de Cristo dada por el mismo Cristo y también a través de los apóstoles San Pablo y demás apóstoles; y ahora, también encontramos que estas son profecías que están contenidas en el Antiguo Testamento también.

Y ahora, miren ustedes, encontramos que será en el tercer día delante de Dios (de los tres días postreros) en donde Él resucitará a los muertos en Cristo y transformará a los escogidos que estamos vivos en este tiempo final.

Dios habló por medio del profeta Oseas, hablando de Israel, y esto es aplicado también a la Iglesia de Jesucristo; porque tenemos el Israel terrenal, que es el pueblo hebreo, y tenemos el Israel celestial, que es la Iglesia del Señor Jesucristo; por lo tanto, las profecías dadas al pueblo hebreo, al Israel terrenal, también aplican al Israel celestial.

Dice capítulo 6, verso 1 en adelante: “Venid y volvamos a Jehová…”. Oseas, capítulo 6, verso 1 al 3:

“Venid y volvamos a Jehová; porque él arrebató, y nos curará; hirió, y nos vendará.

Nos dará vida después de dos días; en el tercer día nos resucitará, y viviremos delante de él”.

Israel es la nación llamada Israel, de la cual Dios dice5: “Israel (o sea, Jacob) es mi hijo, mi primogénito”.

Y ahora vean, para el pueblo hebreo como nación, la resurrección como nación, en donde estará el Espíritu de Dios en medio del pueblo hebreo, ¿es prometida para qué día? Para el tercer día.

Ahora, podemos ver a la nación hebrea en la actualidad, ya allí como una nación libre y soberana, pero todavía el Espíritu de Dios no ha ido a la nación hebrea; y va a llegar a la nación hebrea en carne humana, en el cumplimiento de las promesas mesiánicas para el pueblo hebreo, en la Venida del Hijo del Hombre, en la Venida del Rey de Israel; y eso será el Espíritu de Dios entrando al pueblo hebreo en carne humana para sentarse en el Trono de David como Rey y reinar sobre el pueblo hebreo.

Así es como lo está esperando el pueblo hebreo: está esperando al Mesías, que es el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová vestido de carne humana, como un profeta, para sentarse en el Trono de David.

Y ahora, ¿esa es una promesa para qué día? Para el tercer día de los tres días postreros; el tercero es el séptimo milenio.

Y ahora, así como el cuerpo humano sin espíritu está muerto, a Israel (aunque se ve ese cuerpo, esa nación) todavía le falta la vida; todavía le falta que llegue el Espíritu de Dios en medio del pueblo hebreo (¿cómo?) en carne humana, para que así la nación hebrea quede a la cabeza de todas las naciones.

Y así estará la nación hebrea, el Israel terrenal, del cual Dios dice: “Israel es mi hijo, mi primogénito”. Por lo tanto, Israel como nación tendrá esa Bendición de la Primogenitura, en donde tendrá la porción de ser una de las naciones que estará en el Reino Milenial y la porción de ser la nación en donde estará el Mesías, el Rey de Israel y del mundo entero, gobernando sobre el planeta Tierra; tendrá la Bendición de la Primogenitura, de ser la nación que vendrá a ser el Distrito Federal del glorioso Reino de Dios establecido en la Tierra, gobernado por el Mesías durante el Reino Milenial; y Jerusalén vendrá a ser la capital del mundo entero.

Miren la bendición tan grande que tiene el pueblo hebreo para ser cumplida en el Día Postrero, o sea, en el séptimo milenio, que es el tercer milenio de los tres milenios postreros.

Y ahora, ¿pueden ustedes imaginarse cómo está el pueblo hebreo en estos días? Pues el pueblo hebreo está en estos días celebrando (o estaba celebrando) el año número cincuenta, desde que en el 1948 (por la misma nación hebrea y su Congreso) se declaró una nación libre.

Aunque ya las Naciones Unidas en el 1947 habían firmado ese Decreto y reconocieron a Israel como una nación, y en el 1946 Israel se había establecido bien allí en la tierra de Israel, y estaba funcionando ya como una nación, aunque sin haberse declarado como una nación; a nivel mundial no se había declarado, sino que vivía allí; pero en el 1948 se declaró como una nación; y aunque le vino una guerra muy terrible, sobrevivió a esa guerra. Y ha sobrevivido a todas las guerras por las cuales ha pasado porque Dios ha hecho una promesa para el pueblo hebreo, y es una promesa de restauración.

La nación hebrea será restaurada totalmente, en toda su plenitud, y vendrá a ser la nación cabeza de todas las naciones. Con razón el Trono del Mesías estará allí. Eso lo hace ser la nación cabeza: al tener allí el Trono del Rey del mundo entero; será el Rey de Israel, pero también será el Rey del mundo entero.

Y bajo ese Reino del Mesías, en donde el Reino de Dios estará establecido en la Tierra, se hará la voluntad de Dios aquí en la Tierra como se hace en el Cielo; y habrá paz y habrá armonía entre los seres humanos y habrá prosperidad, y habrá conocimiento de Dios a tal grado que la Tierra será llena del conocimiento de la gloria de Jehová6. La Tierra será llena del conocimiento de la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo. La nación hebrea también nacerá con el Séptimo Sello.

Y ahora, encontramos que ha estado en esa etapa como está un niño en el vientre de su madre, pero nacerá como la nación primogénita, nacerá con la Bendición de la Primogenitura, será la primera nación que nacerá; y las demás naciones después nacerán durante el Reino Milenial o durante el Milenio.

El séptimo milenio (el cual ya ha comenzado si le añadimos al calendario los años de atraso que tiene) es el milenio donde nacerá la nación hebrea como la nación primogénita, y será la nación cabeza de todas las demás naciones.

Para el glorioso Reino Milenial, luego Cristo estará haciendo nacer —o sea, trayendo a existencia, haciendo nacer— las naciones que entrarán a ese glorioso Reino Milenial; o sea, las estará trayendo a existencia como naciones que recibirán la bendición de entrar al glorioso Reino Milenial de nuestro amado Señor Jesucristo.

Habrá otras que no entrarán, que serán naciones que han existido en la Tierra pero que dejarán de existir; y yo deseo y oro a Dios por la América Latina y el Caribe, para que les permita a las naciones latinoamericanas y caribeñas nacer con el Séptimo Sello en el glorioso Reino de nuestro amado Señor Jesucristo, en el glorioso Reino Milenial de Cristo, así como la nación hebrea nacerá.

Recuerden que cuando nace un niño, cuando recibe el espíritu, ¿es qué? Es un niño con vida; mientras tanto, no lo es. “Porque así como el cuerpo sin espíritu está muerto, también la fe sin obras está muerta”7.

Y ahora, encontramos que así como el cuerpo sin espíritu está muerto, a Israel (un cuerpo como nación), aunque lo vemos, todavía le falta el Espíritu para tener vida, esa vida que tendrá durante el Reino Milenial de Cristo, que es la Vida de Dios, la Vida de Cristo, del Mesías, manifestada en medio del pueblo hebreo gobernando la nación hebrea y todas las demás naciones.

Y el pueblo hebreo estará a la cabeza, por lo tanto la administración de ese Reino tendrá que ver con el pueblo hebreo; esa parte administrativa tendrá que ver con el pueblo hebreo, todas esas cosas terrenales van a tener que ver con el pueblo hebreo, porque Jerusalén será la capital y toda la tierra de Israel será el Distrito Federal.

De esos territorios saldrá la enseñanza religiosa y la enseñanza en todos los sentidos para todas las naciones, “porque la Tierra será llena del conocimiento de la gloria de Jehová”, y de la tierra de Israel, de Jerusalén, saldrá esa enseñanza; o sea que en Jerusalén estará el Departamento de Enseñanza del mundo entero, y estará también cada departamento del glorioso Reino de Cristo a nivel mundial.

¿La parte administrativa estará dónde? Allá en Jerusalén. Allá, en el territorio de Israel, todo ese territorio será el Distrito Federal. Y en esa forma la bendición de Dios pasará por el pueblo hebreo a todas las naciones.

¿Y la Iglesia de Jesucristo dónde estará? Estará allí también, con el pueblo hebreo; y no tendrá limitaciones: podrá viajar y estar en todas las demás naciones, porque ese es el Reino de Jesucristo y (¿quién?) Su Iglesia. Así que, ¿cómo viaja un rey en su reino?, pues así viajaremos nosotros en el Reino de Jesucristo.

El pueblo hebreo es el pueblo de los siervos de Dios, por lo tanto le servirán a Cristo, al Mesías, y a Su Iglesia (a Cristo, que es el Mesías). Cristo significa ‘Mesías’ y significa ‘Ungido’.

Y ahora, podemos ver cómo será ese glorioso Reino Milenial durante el séptimo milenio.

Y ahora, todos los nacidos con el Séptimo Sello, vean ustedes, entrarán a ese glorioso Reino Milenial. Y la Tierra va a pasar por unos cambios muy importantes, porque la Tierra está con dolores de parto; y si está con dolores de parto, pues va a nacer una nueva Tierra.

O sea, mire, cuando nace un niño de su madre - por medio de su madre, ¿qué ha nacido? Pues nació lo que estaba dentro de ella; nació, y ahora es exteriorizado lo que estaba dentro de ella.

Y ahora la Tierra está con dolores de parto para nacer una nueva Tierra; y por eso es que por medio de los volcanes y por medio de todas estas cosas que estarán manifestadas en el Día Postrero, bajo la manifestación de los juicios divinos durante la gran tribulación, lo que está dentro saldrá fuera; y por medio de la ceniza volcánica será regada toda la Tierra.

Y el problema que tiene la tierra actualmente, que hay que estar abonándola porque ya no tiene todos los minerales y vitaminas que necesitan las plantas para reproducirse, con esa renovación que Dios le dará a la Tierra, la tierra estará tan fértil que dice la Escritura que hasta el desierto florecerá8; así que los desiertos, con esa ceniza volcánica muchos desiertos ya serán convertidos en terreno fértil para producir mucho fruto, para todos los que habitarán en el glorioso Reino Milenial.

Ahora podemos ver que estamos viviendo en el tiempo final, en donde todas las cosas que estarán en el Reino Milenial estarán naciendo con el Séptimo Sello; y nuestra edad, que es la única edad que entra estando viva su gente, es la Edad de la Piedra Angular la que entra a ese glorioso Reino Milenial. Vean ustedes, ¿nace con quién? Con el Séptimo Sello; y los escogidos de Dios del Día Postrero nacen con el Séptimo Sello.

Bajo la obra y ministerio del Séptimo Sello es que nace una nueva edad: la Edad de la Piedra Angular, y es que nacen los hijos e hijas de Dios en la Edad de la Piedra Angular, nacen en el Reino de Dios; y es bajo el Séptimo Sello manifestado que nace la nación hebrea, cuando se revele a la nación hebrea el Séptimo Sello; y es que nace también la Tierra que tendremos durante el Reino Milenial, que será este mismo planeta Tierra pero renovado; y por eso será fértil, porque de adentro hacia afuera saldrá toda esa ceniza volcánica.

Y si alguno quiere saber cómo será eso, ¿recuerdan el volcán que hizo erupción hace algunos años acá en la República de México, en donde llovía pero lo que llovía era ceniza volcánica?, y luego cae sobre la tierra y es un fertilizante para la tierra.

Así que durante los juicios divinos que caerán sobre la Tierra en la gran tribulación, no se preocupen, no vamos a estar aquí para que nos caiga encima la ceniza volcánica, porque vamos a estar ocupados en la Cena de las Bodas del Cordero.

Pero, miren ustedes, la Escritura dice9:

“Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación; y saldréis, y saltaréis como becerros de la manada.

Hollaréis a los malos, los cuales serán ceniza bajo las plantas de vuestros pies…”.

Porque durante los juicios de la gran tribulación los malos, la cizaña será quemada; y cuando regresemos a la Tierra en cuerpos eternos para el Reino Milenial, estaremos caminando sobre la ceniza de los que murieron durante la gran tribulación; porque el fuego que dice Malaquías, capítulo 4, verso 1…, donde dice:

“He aquí, viene el día ardiente como un horno, y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa; aquel día que vendrá los abrasará (o sea, los quemará), ha dicho Jehová de los ejércitos, y no les dejará ni raíz ni rama”.

O sea, ni al abuelo ni el nietecito, porque la raíz nos habla allá de los abuelos; y por eso es que la raíz, vean ustedes, de David o de Isaí… Vean ustedes, Isaí como el tronco allá, pero luego de sus raíces nace (¿quién?) el Mesías, la Venida del Mesías, Jesucristo10. Y ahora, Cristo dice que Él es la raíz y el linaje de David11; pero de los malos no quedará ni raíz ni rama.

Ahora podemos ver que hay una bendición muy grande para todos los hijos e hijas de Dios en el Día Postrero, los cuales estarán naciendo con el Séptimo Sello en la edad del Séptimo Sello, que es la Edad de la Piedra Angular; esa es la Edad del Séptimo Sello, y el Séptimo Sello es la Venida del Ángel Fuerte que desciende del Cielo en Apocalipsis, capítulo 10, y Jinete del caballo blanco de Apocalipsis, capítulo 19.

Esa es la Venida del Ángel que era diferente a los demás, de los ángeles que le aparecieron al reverendo William Branham en febrero 28 de 1963, en donde el reverendo William Branham fue arrebatado y fue llevado a esta constelación de ángeles que formaron esta nube. Todos estaban en sus cuerpos teofánicos, y nuestro hermano Branham también; su cuerpo físico pues fue dejado en la Tierra pero subió en su cuerpo teofánico con estos ángeles; y entre ellos estaba este Ángel que está aquí volando, que era diferente a los otros ángeles, a los siete ángeles de las siete edades de la Iglesia gentil (vean, forma el cabello blanco del Señor); y en este Ángel están representados todos los hijos e hijas de Dios de este Día Postrero, porque este Ángel es el que tiene el Séptimo Sello.

Y todos los escogidos de Dios que nacen en el Reino de Dios en la Edad de la Piedra Angular, nacen con el Séptimo Sello, nacen con la Venida de este Ángel en el Día Postrero, y nacen en el Cuerpo Místico de Jesucristo.

La Venida de este Ángel que tiene el Séptimo Sello… Vean ustedes, aquí dice nuestro hermano Branham que este es el Ángel que tiene el Séptimo Sello; página 469 del libro de Los Sellos en español dice:

“153. ¿Y notaron que dije que uno de esos ángeles era muy raro? Me pareció muy distinto a los demás. Estaban en una constelación con tres a cada lado y uno arriba; y el que estaba a mi lado, contando desde la izquierda hacia la derecha, ese sería el séptimo Ángel. Él era más brillante y significaba más para mí que los demás. Les dije que tenía el pecho así robusto y estaba volando hacia el Oriente. Les dije también que: ‘Me levantó, me alzó’”.

¿Quién fue el que levantó, el que alzó y lo llevó a esa constelación de ángeles, al reverendo William Branham? Fue el Ángel que era diferente a los demás. Dice:

“154. Ahora, ¡aquí está! Era el que tenía el Séptimo Sello, lo cual he mantenido como una pregunta en mi mente toda mi vida. Los otros Sellos significaron mucho para mí, desde luego; pero ustedes no se imaginan lo que ha significado este séptimo”.

¿Cuál es el Ángel que tiene el Séptimo Sello? Es el Ángel que era diferente a los demás.

Y ahora, ese es el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, el cual libertó al pueblo hebreo allá en Egipto. Ese es el Ángel que le apareció a Moisés y le dijo12: “Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob”.

Ese es el Ángel Fuerte que desciende del Cielo en Apocalipsis, capítulo 10, con el Librito abierto en Su mano, ese es el Ángel que viene con Su rostro como el sol, ese es el Ángel que viene con Sus pies como columnas de fuego o bronce bruñido, ese es el Ángel que viene con Sus ojos como llama de fuego.

Ese es el Ángel que luego, en Apocalipsis, capítulo 19, verso 11 en adelante, aparece viniendo en un caballo blanco como la nieve, y Su nombre es el Verbo de Dios; Su nombre es el Verbo, la Palabra; el cual tiene un nombre escrito en Su muslo y en Su vestidura, que es Rey de reyes y Señor de señores.

¿Y cómo viene este Jinete del caballo blanco de Apocalipsis, que es el mismo Ángel de Apocalipsis, capítulo 10, que desciende del Cielo y es el mismo Hijo del Hombre que en San Mateo, capítulo 24, verso 30, aparece envuelto en una nube, en donde aparece la señal del Hijo del Hombre en el Cielo? Vean, aquí está ese Ángel envuelto en esta nube formada por ángeles. Ese Ángel es el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, es la Venida de Cristo, el Ángel del Pacto, es la Venida de Jesucristo en Espíritu Santo en el Día Postrero.

Y ahora vamos a ver cómo viene ese Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19. Dice:

“121. Pero cuando nuestro Señor aparezca sobre la Tierra, Él vendrá sobre un caballo blanco como la nieve, y será completamente Emmanuel —la Palabra de Dios encarnada en un hombre”. (Página 256 del libro de Los Sellos).

Es la Venida del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová, el cual vino en Moisés manifestado y libertó al pueblo hebreo; es la Venida del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová, el cual el día antes de la destrucción de Sodoma y Gomorra le apareció a Abraham y comió con Abraham; y con Él también aparecieron los Arcángeles Gabriel y Miguel. Es el mismo Melquisedec que le apareció a Abraham y le dio pan y vino a Abraham; y Abraham pagó sus diezmos a Melquisedec. Es el mismo Ángel del Pacto anunciado por el profeta Malaquías, en el capítulo 3, es el mismo Señor que vendría; y para Su Venida enviaría Su precursor, enviaría Su mensajero preparándole el camino, conforme a Malaquías, capítulo 3.

Malaquías, capítulo 3, verso 1 en adelante, dice:

“He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí…”.

Ese mensajero fue Juan el Bautista, el cual vino preparándole el camino al Ángel del Pacto, al Ángel de Jehová, que vendría (¿cómo?) en carne humana; porque el Verbo, que era con Dios y era Dios, en San Juan, capítulo 1, verso 1 al 18… Vean ustedes, vamos a leerlo aquí (también vamos a estar leyendo dos lugares al mismo tiempo); dice:

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.

Éste era en el principio con Dios.

Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho”.

Y el verso 9 y 10 dice:

“Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo.

En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció.

A lo suyo vino (o sea, al pueblo hebreo), y los suyos no le recibieron.

Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;

los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.

Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad”.

El Verbo se hizo carne; el Verbo, que era con Dios y era Dios, ese Ángel del Pacto, Ángel de Jehová, en el cual estaba Dios; porque cuando se habla del Ángel de Jehová se está hablando del cuerpo teofánico de Dios, en donde Dios está manifestado.

El cuerpo teofánico de Dios, llamado el Verbo de Dios, es un cuerpo de la sexta dimensión, así como nosotros tenemos un cuerpo de esta dimensión. Ese cuerpo teofánico de la sexta dimensión es un cuerpo como nuestro cuerpo pero de otra dimensión; por eso le apareció a Abraham y a otros profetas, y ellos decían que era un varón, un hombre de otra dimensión, de la sexta dimensión. Y por eso ese hombre, llamado el Ángel del Pacto, que fue el que creó el universo completo…, porque ese hombre es el mismo Dios con Su cuerpo teofánico.

El cuerpo teofánico es a lo que se le llama el Verbo de Dios; y luego dentro de ese cuerpo está (¿quién?) Dios; y ese es el Verbo, el Ángel del Pacto, al cual Juan el Bautista le estaba preparando el camino.

Veamos a ver si es el Ángel del Pacto o no es el Ángel del Pacto al cual Juan le estaba preparando el camino. Sigue diciendo Malaquías, capítulo 3 (sigue diciendo en el verso 1):

“… y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos”.

¿Quién vendría? El Señor, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Ángel del Pacto que le apareció a Moisés y le dijo: “Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob”.

Y ahora, ¿cómo vendría, siendo Él el Verbo? El Verbo se haría carne, el Verbo se crearía un cuerpo de carne de esta dimensión, lo cual realizó, creó en el vientre de María; creó allí una célula de vida, la cual se multiplicó célula sobre célula y formó el cuerpo de Jesús, el cual nació en Belén de Judea; y en ese cuerpo habitó Dios, el Ángel del Pacto, con Su cuerpo teofánico. Y por eso cuando le decían a Jesús: “Muéstranos al Padre, y nos basta”, Jesús dice a Felipe: “¿Tanto tiempo hace, Felipe, que estoy con vosotros, y todavía no me has conocido? ¿No sabes que yo estoy en el Padre, y el Padre está en mí, y el que me ha visto a mí ha visto al Padre?”13.

Y “a Dios nadie le vio jamás, pero el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, Él le declaró”14. Él le declaró por medio de carne humana, siendo manifestado el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob dentro de ese velo de carne llamado Jesús; por lo tanto estaban viendo a Dios cuando veían a Jesús.

¿Pero cómo estaban viendo a Dios?, ¿cómo estaban viendo al Padre? Lo estaban viendo vestido de un cuerpo humano; y con ese cuerpo fue que tropezaron las personas de aquel tiempo, porque no pudieron creer que este joven carpintero de Nazaret, este obrero de la construcción tan sencillo, fuera el Mesías prometido para el pueblo hebreo, fuera el Rey de Israel.

Ellos estaban esperando un rey y les vino un carpintero, ellos estaban esperando un hombre muy fino y les vino un obrero de la construcción; pero en ese obrero de la construcción estaba el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, estaba el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, manifestado dentro de ese velo de carne. Ese fue el velo de carne que Él usó para Su Primera Venida.

Para el Día Postrero ese mismo Ángel del Pacto o Ángel de Jehová está prometido para venir, y por eso Él envía un precursor llamado Elías, lo cual es el ministerio de Elías nuevamente manifestado en la Tierra en otro hombre, como fue manifestado el ministerio de Elías en Juan el Bautista; pero Juan no era Elías, él era Juan el Bautista, pero en él estaba el ministerio de Elías manifestado por tercera ocasión.

Y ahora, para precursar la Segunda Venida de Cristo, o sea, para precursar la Venida del Ángel del Pacto en carne humana en el Día Postrero, Dios envía un precursor con el espíritu y virtud de Elías, en donde estará manifestado el ministerio de Elías por cuarta ocasión.

Y si ustedes lo quieren recibir, el reverendo William Branham es aquel Elías que había de venir precursando la Segunda Venida de Cristo, y ya se fue; pero su Mensaje lo tenemos en cintas magnetofónicas y también lo tenemos en folletos, los cuales están siendo impresos cada día; y su Mensaje habla, prepara al pueblo y le muestra al pueblo lo que será la Venida del Ángel del Pacto, la Venida del Séptimo Sello, la Venida del Ángel que era diferente a los demás; o sea, la Venida de este Ángel que está aquí volando, el cual está en Su cuerpo teofánico. Ese es el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, el Ángel que dos mil años atrás estuvo manifestado en carne humana en el velo de carne llamado Jesús.

Ese es el Ángel que es diferente a los demás, ese es el Ángel que viene en el Día Postrero. ¿Y cómo vendrá en el Día Postrero? Pues vendrá en el cumplimiento de toda promesa hecha para la Venida del Hijo del Hombre en el Día Postrero.

Y ahora, ¿cómo vendrá? Pues Él es el Ángel Fuerte que desciende del Cielo y Él es el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19:

“121. Pero cuando nuestro Señor aparezca sobre la Tierra, Él vendrá sobre un caballo blanco como la nieve, y será completamente Emmanuel —la Palabra de Dios encarnada en un hombre”.

En un hombre de este tiempo final estará este Ángel que era diferente a los demás, estará manifestado en carne humana cumpliendo Sus promesas correspondientes al Día Postrero.

Y siendo que este Ángel es el Ángel que tiene el Séptimo Sello, con Su Venida en carne humana el Séptimo Sello estará manifestado en la Tierra, estará cumplido en la Tierra y estará siendo revelado ese misterio del Séptimo Sello por este mismo Ángel que tiene el Séptimo Sello; y por consiguiente, por medio de Su velo de carne estará dándole a conocer ese misterio de Su Venida, estará revelándole el misterio del Séptimo Sello a Su Iglesia en el Día Postrero; porque Él viene a Su Iglesia en la Edad de la Piedra Angular, y después irá al pueblo hebreo; y con Su Venida vendrán todas las bendiciones de Cristo prometidas para Su Segunda Venida.

Y con Él vienen también Moisés y Elías. ¿Y qué es la venida de Moisés y Elías? Vamos a ver si tenemos el tiempo. La venida de Moisés y Elías… Vamos a ver lo que es la venida de Elías, y después eso mismo es también la venida de Moisés.

Hemos visto que la Venida del Ángel del Pacto, del Ángel que tiene el Séptimo Sello (que es el Ángel de Jehová viniendo en el Día Postrero), es la Venida del Verbo, la Palabra hecha carne en un hombre de este tiempo final; y ese hombre tiene que ser un profeta, porque la Palabra viene solo a los profetas de Dios.

Toda revelación tiene que venir a un profeta en cada edad y en cada dispensación; y siendo que es el evento más grande prometido para la raza humana, tiene que ser en un profeta dispensacional, como fue la Primera Venida de Cristo y como vino el Ángel del Pacto manifestado en cada dispensación a través del mensajero de cada dispensación.

Y ahora, ¿qué será la Venida de Elías en el Día Postrero después del cuarto Elías, después del precursor de Elías? ¿Qué será la venida de Elías y de Moisés viniendo como los Ángeles del Hijo del Hombre, viniendo con el Hijo del Hombre en Su Venida, viniendo con el Ángel que era diferente a los demás? ¿Qué será la venida de Elías en su quinta manifestación como uno de los Dos Olivos que le dará el Mensaje al pueblo hebreo? Vamos a ver. En la página 399 del libro de Los Sellos en español, en la pregunta número 11 le preguntaron al reverendo William Branham:

“11. El Elías que viene a predicar a los judíos, ¿es el verdadero Elías que estuvo en los días de Achab, o será solamente el espíritu de Elías en otro hombre?

(Y la contestación fue):

[94]. Yo he pensado que será un hombre de este tiempo ungido con ese espíritu…”.

¿Un hombre de qué tiempo? De este tiempo; no un hombre del tiempo del rey Acab, no un hombre del tiempo del profeta Eliseo, no un hombre del tiempo de Juan el Bautista, no un hombre de un tiempo pasado, sino un hombre de este tiempo.

“… porque allá, cuando Elías ya había subido y Eliseo se encontró con los hijos de los profetas, ellos dijeron: ‘El espíritu de Elías reposó sobre Eliseo’. Es que Eliseo obró igual a Elías”.

Y vean ustedes, Elías abrió el Jordán y pasó en seco con Eliseo; y ahora, Eliseo toma el manto de Elías, cuando Elías se fue en un carro de fuego, y Eliseo abre el Jordán con el manto de Elías y pasa con Elías. ¿Cómo puede ser esto? Pasó con el ministerio de Elías, pasó ahora Eliseo como el segundo Elías, porque Dios le dijo a Elías Tisbita que Eliseo sería profeta en lugar suyo15; en lugar de Elías, el próximo profeta sería (¿quién?) Eliseo.

Y ahora, Eliseo pasa con el ministerio de Elías en una doble porción, pasa el Jordán; y los hijos de los profetas cuando vieron este milagro, en donde Eliseo abrió el Jordán con el manto de Elías, dijeron16: “El espíritu de Elías ha reposado (¿sobre quién?) sobre Eliseo”, porque vieron que estaba haciendo lo mismo que hizo Elías.

Y ahora, vean ustedes, el reverendo William Branham con el ministerio de Elías manifestado en su cuarta ocasión estuvo abriendo los Sellos del Apocalipsis, y abrió hasta el Sexto Sello; y vimos que fue el espíritu ministerial de Elías, que es el Espíritu de Cristo, porque ese es el único espíritu que tiene ministerios y coloca ministerios en los seres humanos.

Página 449 del libro de Los Sellos dice:

“54. El único Espíritu que ha estado sobre la Tierra, que yo sepa, tendría que ser Elías, como fue en su tiempo; y así fue predicho que sería, porque su Espíritu fue nada menos que el Espíritu de Cristo. Cuando Cristo vino, Él fue la plenitud, fue el Dios de los profetas”.

Ahora, ¿qué espíritu tenía el profeta Elías? Pues tenía el Espíritu de Cristo.

Por eso es que San Pedro nos dice en su primera carta, capítulo 1, verso 10 al 12… Vamos a ver lo que dice ahí, para que lo tengan también; capítulo 1, verso 10 al 12, dice:

“Los profetas que profetizaron de la gracia destinada a vosotros, inquirieron y diligentemente indagaron acerca de esta salvación,

escudriñando qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos...”.

¿Qué espíritu era el que operaba en ellos y manifestaba esos ministerios? El Espíritu de Cristo, o sea, el Espíritu Santo.

“… el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo (¿Quién anunciaba los sufrimientos de Cristo? El Espíritu Santo, el Espíritu de Cristo, a través de los profetas), y las glorias que vendrían tras ellos (o sea, tras esos sufrimientos, después vendrían las glorias prometidas).

A éstos se les reveló que no para sí mismos, sino para nosotros, administraban las cosas que ahora os son anunciadas por los que os han predicado el evangelio por el Espíritu Santo enviado del cielo; cosas en las cuales anhelan mirar los ángeles”.

Los ángeles desearían tener la oportunidad de ser predicadores del Evangelio, pero esto es un asunto de hombres, de seres humanos. Ellos pueden ayudar, pero ellos no son predicadores.

Por eso cuando le apareció un ángel a Cornelio cuando él oraba, le dijo17: “Envía por Pedro, él te dirá lo que debes hacer”. Y vino Pedro y le predicó el Evangelio y creyeron; porque la predicación del Evangelio es para los seres humanos, y tiene que ser con seres humanos también; como la redención del ser humano tenía que ser por medio de un ser humano, el cual viniera a la Tierra sin pecado, y ese fue nuestro amado Señor Jesucristo. Ninguna otra persona podía llevar a cabo la redención de la raza humana.

Ahora, hemos visto que para este tiempo final el Espíritu de Cristo —así como estuvo en los profetas del Antiguo Testamento y en Jesús en toda Su plenitud, y en los apóstoles, y en los siete ángeles mensajeros— estará manifestado nuevamente en la Tierra en medio de Su Iglesia, en carne humana en Su Ángel Mensajero; y eso no es otra cosa sino la Venida del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová, la Venida del Verbo, de la Palabra encarnada en un hombre.

Es la Venida del Ángel Fuerte que desciende del Cielo y Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, y Ángel Fuerte que desciende del Cielo en Apocalipsis, capítulo 10, e Hijo del Hombre envuelto en una nube en San Mateo, capítulo 24, verso 30 al 31; lo cual vemos que ha sido cumplido en el cielo como señal de la Venida del Hijo del Hombre para ser materializado todo eso aquí en la Tierra: ser materializada la Venida del Hijo del Hombre, la Venida del Ángel del Pacto en carne humana en Su Ángel Mensajero.

Pero el Ángel de Jesucristo no es el Señor Jesucristo, tampoco es Elías y tampoco es Moisés, pero en él el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová (que es Jesucristo en Espíritu Santo) estará manifestado, y estará operando en él los ministerios de Moisés por segunda vez, de Elías por quinta vez y de Jesús por segunda vez.

Ese es el misterio del Séptimo Sello, ese es el misterio del Ángel Fuerte que desciende el Cielo, del Ángel que era diferente a los demás, viniendo en medio de Su Iglesia en carne humana en Su Ángel Mensajero, para el nacimiento de una nueva edad y de una nueva dispensación y de un nuevo día milenial, y para el nacimiento de los hijos e hijas de Dios de la Edad de la Piedra Angular, y para el nacimiento del pueblo hebreo como nación, en donde recibirá el Espíritu de Dios manifestado en carne humana en el Día Postrero; esa es la forma en que recibirá el Espíritu de Dios el pueblo hebreo como nación.

Como también la Iglesia de Jesucristo como Cuerpo Místico, así es como recibirá el Espíritu de Dios, el Espíritu de Cristo, en el Día Postrero. Y nosotros como individuos, por medio del nuevo nacimiento recibimos el Espíritu de Cristo, el Espíritu Santo, y para el Día Postrero recibiremos la transformación de nuestros cuerpos; porque hemos nacido con el Séptimo Sello en la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino; y el nuevo cuerpo también nacerá, será creado, y nacerá ese nuevo cuerpo con el Séptimo Sello.

Porque con la manifestación del Séptimo Sello, el Ángel de Jehová (que es Jesucristo en Espíritu Santo manifestado en carne humana), también vendrá la transformación de ese cuerpo en donde Él estará manifestado en el Día Postrero; y con el nacimiento de ese nuevo cuerpo por creación divina, vendrá también el nacimiento de todos los cuerpos de todos los hijos de Dios del Día Postrero, de todos los escogidos que viven en este tiempo final.

La resurrección de los muertos en Cristo vendrá también, antes de la transformación de los escogidos que viven en este tiempo final. Y todo esto es “NACIENDO CON EL SÉPTIMO SELLO”.

Ha sido para mí un privilegio muy grande estar con ustedes en esta ocasión dándoles testimonio del Séptimo Sello y del nacimiento con el Séptimo Sello.

Que las bendiciones de nuestro amado Señor Jesucristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también, y pronto todos seamos transformados y llevados a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Así que para nosotros es una bendición que haya actividades en medio de todos los latinoamericanos y caribeños; y si hay durante todo el día, es una bendición; y si después continuamos durante la noche, también es una bendición.

Todas esas conferencias quedan grabadas en video para beneficio de todos los hijos e hijas de Dios en la América Latina y también en todos los demás países, y también para el pueblo hebreo.

Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, nuestro Salvador, sean sobre todos ustedes; y pasen todos una tarde llena de las bendiciones de Jesucristo. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Que Dios les continúe bendiciendo a todos.

“NACIENDO EN EL SÉPTIMO SELLO”.

[Revisión febrero 2019]

1 Salmo 103:5

2 San Juan 6:53, 56

3 San Juan 3:3-5

4 San Juan 12:49, 8:28; 17:17 y 17:8

5 Éxodo 4:22

6 Habacuc 2:14, Isaías 11:9

7 Santiago 2:26

8 Isaías 35:1-2

9 Malaquías 4:2-3

10 Isaías 11:1

11 Apocalipsis 22:16

12 Éxodo 3:6

13 San Juan 14:8-11

14 San Juan 1:18

15 1 Reyes 19:16

16 2 Reyes 2:15

17 Hechos 10:3-6

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