ImprimirImprimir

Muy buenas noches, amables amigos y hermanos presentes, radioyentes y televidentes. Que las bendiciones de Jesucristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también, y nos permita entender Su Palabra en esta noche, nos hable directamente a nuestra alma y nos abra las Escrituras para así comprenderlas en esta ocasión. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Leemos en Apocalipsis, capítulo 21, donde nos dice desde el verso 1 al 8:

“Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más.

Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido.

Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios.

Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron.

Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas.

Y me dijo: Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida.

El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo.

Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda”.

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Nuestro tema para esta ocasión es: “TODAS LAS COSAS SON HECHAS NUEVAS CON EL SÉPTIMO SELLO”.

El Séptimo Sello es la Segunda Venida de Cristo. Por eso es que en Apocalipsis, capítulo 8, verso 1 en adelante, cuando fue abierto el Séptimo Sello en el Cielo, se hizo silencio en el Cielo como por media hora.

¿Qué cosa tan importante es y contiene el Séptimo Sello que ocasionó silencio en el Cielo como por media hora, un silencio reverencial en medio de los habitantes del Cielo? Es que este misterio contenido en el Séptimo Sello es la Segunda Venida de Cristo.

Dice así Apocalipsis, capítulo 8, verso 1 en adelante:

“Cuando abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el cielo como por media hora”.

Ese silencio como por media hora es media hora del Cielo. Y San Pedro, en Segunda de Pedro, capítulo 3, verso 8, hablándonos de lo que es un día delante del Señor, dice:

“Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día”.

Cuando se habla de un día de los del Señor, para los seres humanos es un milenio, o sea, son mil años de acá de la Tierra; y cuando se habla de los días postreros, se está hablando para los seres humanos de los milenios postreros.

Por eso es que San Pablo, hablándonos del tiempo en que Jesucristo estuvo en la Tierra predicando, dice que eran los días postreros. Vean, en Hebreos, capítulo 1, verso 1 al 2, dice:

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas (¿Cómo habló Dios al pueblo hebreo? Por medio de los profetas),

en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo…”.

¿Cuándo? En estos postreros días (dice), y está hablando dos mil años atrás aproximadamente. Dice:

“… en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo…”.

¿Y cómo puede ser posible que fueran los días postreros aquellos días de San Pablo y de Jesús, y han trascurrido dos mil años? Es que para Dios… De Cristo hacia acá, para nosotros han transcurrido dos mil años aproximadamente, pero para Dios solamente dos días; porque dos mil años son dos milenios, y dos milenios son delante de Dios solamente dos días.

Y ahora, vean ustedes, porque eso es: un día delante de Dios es como mil años para los seres humanos.

Y ahora, vean ustedes cómo los días postreros comenzaron en el tiempo de Jesús. Cuando Jesús tenía de 4 a 7 años de edad comenzó el primero de los días postreros, que fue el quinto milenio para los seres humanos; y delante de Dios, pues comenzó el primero de los días postreros de allá del Cielo.

Y ahora, vean ustedes, son los días postreros los tres milenios postreros para la raza humana, que son quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio. Por eso, cuando Jesús estaba predicando, los días postreros ya habían comenzado. ¿Ven que no hay ninguna contradicción en la Escritura?

Vean, también el apóstol San Pedro hablándonos el Día de Pentecostés, cuando muchas personas vieron que el Espíritu de Dios había descendido sobre 120 personas que lo esperaban allí en el aposento alto… Algunos se preguntaban1: “¿Qué significa esto? Pues estas personas son galileos y están hablando las maravillas de Dios en otros idiomas”, en idiomas en los cuales las personas que habían llegado hasta allí habían nacido en otras naciones que hablaban otros idiomas; y ahora cuando los discípulos de Jesucristo estaban el Día de Pentecostés hablando las maravillas de Dios, ellos los entendían en los diferentes idiomas de las diferentes naciones en las cuales aquellas personas habían nacido.

Pero como nunca faltan los burladores, hubo burladores allí presentes viendo lo que estaba sucediendo, y decían: “Están borrachos”, o sea, “Están llenos de mosto”2; pero la opinión de aquellos burladores era una opinión que no tenía ningún valor, solo para ser condenados los burladores.

Y ahora, la pregunta de los allí presentes: “¿Qué significa esto?”, tendría una respuesta bíblica, y esa respuesta la tenía San Pedro para aquellas personas. Dice capítulo 2, verso 14 en adelante:

“Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo: Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras.

Porque éstos no están ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera del día (o sea, de 8 a 9 de la mañana).

Mas esto es lo dicho por el profeta Joel:

Y en los postreros días, dice Dios,

Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne,

Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán;

Vuestros jóvenes verán visiones,

Y vuestros ancianos soñarán sueños;

Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días

Derramaré de mi Espíritu, y profetizarán”.

¿Para cuándo Dios dijo que derramaría de Su Espíritu sobre toda carne? Para los postreros días; y desde el Día de Pentecostés hacia acá ha estado derramando de Su Espíritu Santo sobre toda carne que se ha arrepentido de sus pecados, ha recibido a Cristo como su Salvador y ha recibido el Espíritu de Cristo, porque han lavado sus pecados en la Sangre de Jesucristo, el Cordero de Dios; y así es como Él derramaría de Su Espíritu sobre toda carne. ¿En qué tiempo? En los postreros días.

Esos son los postreros días delante de Dios, que para los seres humanos son el quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio.

Y ahora, Jesucristo también habló de los días postreros, y miren lo que Él dijo en el capítulo 6, verso 39 al 40, de San Juan; dice:

“Y ésta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero”.

¿Está hablando de los días postreros? Claro que sí, pero está hablando de uno de los días postreros: está hablando del último de los días postreros, que es el tercero de los tres días postreros; y el tercero de los tres días postreros es el séptimo milenio.

Sigue diciendo:

“Y ésta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquél que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré (¿cuándo?) en el día postrero”.

¿Para cuándo será la resurrección de los muertos en Cristo? Para el Día Postrero delante de Dios, que es el séptimo milenio para los seres humanos; y cuando los muertos en Cristo sean resucitados y nosotros los veamos, nosotros seremos transformados; porque la transformación de los que estamos vivos y hemos lavado nuestros pecados en la Sangre de Cristo y hemos recibido Su Espíritu Santo, nuestra transformación es para después que los muertos en Cristo resuciten.

De eso también habló el apóstol San Pablo, siendo él un conocedor de este misterio el cual está en toda la Escritura, desde el Antiguo Testamento hasta el Nuevo Testamento, y dijo: “Pero esto digo, hermanos…”. Primera de Corintios, capítulo 15, verso 50 en adelante, o 49 (si desean leer el 49), donde dice:

“Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial”.

O sea, que seremos a imagen de Cristo y también a semejanza de Cristo, porque Él ha prometido un cuerpo teofánico de la sexta dimensión para todos nosotros; ese es el que recibimos cuando recibimos a Cristo como nuestro Salvador y lavamos nuestros pecados en la Sangre de Cristo y recibimos Su Espíritu Santo; ahí recibimos ese nuevo cuerpo de la sexta dimensión, un cuerpo teofánico, parecido a este cuerpo físico que tenemos aquí en la Tierra pero de otra dimensión.

Ese es el cuerpo en el cual van los creyentes en Cristo a vivir cuando terminan su vida terrenal en el cuerpo terrenal; y viven en el Paraíso (que es la sexta dimensión) muy felices, muy contentos. No tienen que trabajar, terminaron las labores de sus trabajos terrenales; no tienen que madrugar para ir al trabajo; no tienen que meterse en el tráfico para encontrarse con un tráfico pesado, que casi no puede caminar el auto; terminaron también de estar trabajando en esas tareas donde se cansan las personas y se suda mucho y se vive una vida dura. Ya esas tareas terrenales terminaron para ellos, porque ellos están en otra dimensión donde no se vive como se vive acá en la Tierra, con estos afanes terrenales y con estos problemas terrenales, los cuales provienen de la caída de allá del Huerto del Edén.

Pero ahora, vean ustedes, ellos están viviendo en un cuerpo teofánico de la sexta dimensión, en el cual no sufren, no duermen, no comen, no trabajan ni se cansan tampoco; pero ellos desean regresar acá a la Tierra para estar nuevamente en un cuerpo visible, en un cuerpo en el cual ellos podrán comunicarse con nosotros y compartir con nosotros. Será un cuerpo como el cuerpo de Jesucristo.

¿Recuerdan cuando Jesucristo resucitó? Apareció a muchos, a Sus discípulos, y estuvo apareciendo por 40 días en diferentes ocasiones. Ellos pensaban que era un espíritu, pero Jesús les dijo: “No es un espíritu, no soy un espíritu. Vengan acá, toquen aquí, vean que soy yo; porque el espíritu ni tiene carne ni tiene huesos, como ustedes ven que yo tengo; y tampoco…”3.

Vean ustedes, comen como comen los humanos, y pidió seguida que le dieran algo de comer; le trajeron un pedazo de pescado y un pan o un pedazo de pan también; comió delante de ellos y se dieron cuenta que no era un espíritu, sino que era Jesucristo.

Ahora, ¿por qué no lo reconocieron?, ¿por qué no se dieron cuenta que era Jesucristo? Porque había resucitado; y cuando la resurrección ocurre para los escogidos de Dios, los que son viejitos resucitan en cuerpos eternos y jovencitos, que representan de 18 a 21 años de edad.

Así que si ustedes tienen familiares creyentes en Cristo que partieron y ustedes están esperando que regresen pronto, recuerden: cuando regresen serán unos jovencitos, en apariencia de 18 a 21 años de edad.

Y Jesucristo tuvo un cambio, pues fue resucitado; y fue resucitado glorificado, fue glorificado y por lo tanto tuvo cierto cambio, por lo cual Sus discípulos no lo pudieron reconocer físicamente; pero cuando les hablaba, entonces por Su Palabra hablada ellos lo conocían.

Por ejemplo, los caminantes de Emaús4, cuando Cristo estuvo caminando con ellos y les hablaba de las Escrituras, y les abrió las Escrituras que hablaban de la Venida del Mesías y los sufrimientos por los cuales pasaría, esa Palabra llegaba a lo profundo de sus almas, y ardía el corazón como si estuviera un fuego ahí encendido en el alma, en el corazón de ellos; pero ellos no se daban cuenta quién era el que iba con ellos.

Pero cuando llegaron a la casa, allá a Emaús, iban a entrar a la casa, y Jesús hizo como que continuaba de largo, como: “Bueno, nos vemos, muchachos”, y ellos le dijeron: “No, ya está cayendo el sol, va a oscurecer, así que quédate con nosotros”.

Ellos ya habían sido impactados en sus almas y querían que Jesús continuara hablándoles, aunque no sabían que era Jesús; pero cuando se sentaron a la mesa a comer, Jesús tomó el pan, levantó Sus ojos al cielo y dio gracias a Dios; y cuando partió el pan se dieron cuenta que era Jesús. Lo hizo exactamente igual a como siempre lo hacía cuando había estado con ellos antes de Su muerte, y lo reconocieron.

Y ahora, se desaparece Jesús; porque en el cuerpo en el cual resucitaron los muertos en Cristo, que es la misma clase de cuerpo que tendremos nosotros cuando seamos transformados, esa es la clase de cuerpo que Jesús tiene, y en ese cuerpo se puede aparecer y se puede desaparecer.

Por eso Él les aparecía a ellos; aun con las puertas cerradas, entraba y les aparecía a ellos, y ellos se sorprendían; creían que era un espíritu, pero era Jesucristo. Y luego les hablaba y llevaba a cabo también ciertas señales, y les hablaba del Reino de Dios; y luego se desaparecía de la vista de ellos, porque pasaba a otra dimensión. Porque en ese cuerpo glorificado no hay limitaciones en cuanto a lo que puede ser hecho por la persona que tiene esa clase de cuerpo.

Así será para cada uno de ustedes, para mí también y para los muertos en Cristo que resucitarán, porque todos seremos a imagen y semejanza de nuestro amado Señor Jesucristo.

“… como hemos traído la imagen del terrenal (de Adán), traeremos también la imagen del celestial (o sea, de Jesucristo).

Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción”.

O sea que usted no puede continuar viviendo por toda la eternidad con un cuerpo corruptible, tiene que morir ese cuerpo en algún momento; excepto si ocurre la resurrección de los muertos en Cristo y nos aparecen, y somos entonces transformados; y ya no pasaremos por esa etapa en donde nuestros familiares sufrirían mucho.

Hay una promesa para un grupo de personas que vivirá en el Día Postrero y que verá la Segunda Venida de Cristo y que lo recibirá en Su Segunda Venida, y que recibirá la fe, la revelación, para ser transformados y raptados en este Día Postrero.

Así como hemos recibido la revelación, la fe, para recibir la salvación nuestra y lavar nuestros pecados en la Sangre de Cristo, que es la revelación de la Primera Venida de Cristo y Su Obra de Redención en la Cruz del Calvario…; esa revelación la hemos recibido por medio de la predicación del Evangelio de la Gracia. Y por medio de la predicación del Evangelio del Reino, que gira alrededor de la Segunda Venida de Cristo, recibimos la revelación de Su Segunda Venida como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo, para así recibir la fe para ser transformados y raptados en este Día Postrero.

Así como hemos necesitado la fe, la revelación para obtener el nuevo nacimiento, para obtener el cuerpo teofánico de la sexta dimensión, creyendo en Cristo como nuestro Salvador y lavando nuestros pecados en la Sangre de Cristo y recibiendo Su Espíritu Santo, ahora necesitamos la fe para recibir el cuerpo eterno, el cuerpo glorificado; y esa es la fe, la revelación de la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo. Y es la Voz de Cristo, esa Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta, la que nos da esa revelación, la que nos da ese Mensaje que nos abre el entendimiento y nos revela el misterio de Su Segunda Venida. Ese es el misterio del Séptimo Sello, que causó silencio en el Cielo como por media hora del Cielo.

Y sigue diciendo San Pablo, vean:

“Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios…”.

O sea que una persona no puede seguir viviendo por toda la eternidad y entrar al glorioso Reino Milenial de Cristo sin recibir un cambio, una transformación.

No puede vivir eternamente una persona en el cuerpo físico mortal, corruptible y temporal; porque es un cuerpo temporal, por lo tanto, durará cierta cantidad de años; y es un cuerpo corruptible, por lo tanto, tiene que morir para entrar en corrupción y desaparecer.

Pero Cristo ha prometido un nuevo cuerpo: incorruptible, inmortal, un cuerpo eterno, un cuerpo glorificado, para todos los que le aman y le han recibido como su Salvador y han lavado sus pecados en la Sangre de Cristo y han recibido Su Espíritu.

Ahora sigue diciendo:

“… ni la corrupción hereda la incorrupción.

He aquí, os digo un misterio (recuerden que es un misterio del Reino de Dios del cual San Pablo está hablando aquí): No todos dormiremos; pero todos seremos transformados…”.

No todos los hijos e hijas de Dios van a morir físicamente, pero todos van a ser transformados y van a tener un cuerpo eterno. Y los que no van a ver muerte son los que estarán viviendo en el Día Postrero y verán Su Segunda Venida y lo recibirán, y así recibirán la fe para ser transformados y raptados en el Día Postrero; pero si alguno de los nuestros se va antes, no se preocupe la persona ni se preocupen sus familiares: él regresará en un cuerpo eterno y será un testigo de la resurrección.

Alguno se tiene que ir para que cuando regrese sea un testigo de la resurrección; porque si les aparecen San Pablo y la gente del tiempo de San Pablo, pues ustedes no conocieron a San Pablo, ni conocieron a la gente del tiempo de San Pablo.

Si alguien le dice: “Yo soy San Pablo”, ¿usted conoció a San Pablo? Pues no lo conoció, por lo tanto no lo va a reconocer.

Pero si le aparece alguno de nuestro tiempo resucitado —de los que partió, resucitado— y comienza a hablar con usted, y aunque haya sido un ancianito o una ancianita, al regresar en un cuerpo nuevo jovencito, de 18 a 21 años en apariencia, cuando converse con usted en algunas cosas que solamente usted y él conocen, y otras personas del tiempo en que vivimos…

Por ejemplo, cuando le diga: “¿Recuerdas cuando vivías en tal lugar? ¿Y recuerdas cuando hablábamos de tal y tal tema? ¿O cuando íbamos a la iglesia y nuestro pastor Fulano de Tal nos hablaba acerca de las cosas de Dios y de la resurrección y de la transformación? Mira, ya yo partí, pero ahora regresé en el cuerpo nuevo, conforme a como fue predicado que sería la resurrección. ¿Y recuerdas aquella ocasión en que él dijo tal y tal cosa? ¿Y recuerdas aquella ocasión en que estábamos hablando tú y yo, y tú me dijiste tal cosa y yo te contesté tal cosa?”.

Y usted recordará y dirá: “Pues fue con Fulano de Tal con quien yo estuve hablando esto, y solamente él sabe esto y yo; y ahora verdaderamente ha resucitado en el cuerpo nuevo, como Dios ha prometido”. Y cuando los veamos a ellos, nosotros seremos transformados.

Ahora, vean ustedes, eso es lo que Dios ha prometido para los escogidos de Dios del Día Postrero y para los que han partido en edades pasadas, y algunos de los nuestros también que han partido.

Ahora, sigue diciendo:

“… pero todos seremos transformados (o sea, tendremos un cuerpo eterno),

en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta…”.

Ahora vean, en un abrir y cerrar de ojos: viene un mensajero, comienza su ministerio, termina su ministerio en la edad que Dios lo envía, muere; y después viene otro, aparece, comienza su ministerio, luego termina su ministerio y parte, y su gente también; y así por el estilo van pasando los mensajeros de las diferentes edades, los cuales son representados en los siete ojos de Jehová que recorren toda la Tierra.

Se abre un ojo de Jehová, luego se cierra, eso es un mensajero apareciendo y después muriendo; y así hasta que recorren los siete ojos de Jehová toda la Tierra: allá en Asia Menor, donde apareció San Pablo; y luego en Europa cinco mensajeros, que fueron cinco ojos, cinco de los siete ojos del Cordero; y luego en Norteamérica uno de los ojos del Cordero, el séptimo ángel mensajero; y luego... Han aparecido los siete ojos de Jehová recorriendo toda la Tierra: han sido abiertos y luego cerrados los ojos de Jehová, que ha recorrido toda la Tierra, los siete ojos de Jehová.

Y ahora, por cuanto son los siete ojos del Cordero en los siete cuernos del Cordero, encontramos que ya ha terminado la labor de los siete ángeles mensajeros. ¿Y ahora qué? Luego de eso es que viene (¿qué?) la Trompeta Final. ¿Ven?:

“… en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados”.

Y así obtendremos el nuevo cuerpo nosotros, y los muertos en Cristo obtendrán el nuevo cuerpo también; y eso es a la Final Trompeta. Y la Final Trompeta es el Mensaje del Evangelio del Reino, que gira alrededor de la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo.

Es la Voz de Cristo esa Gran Voz de Trompeta que también aparece en Apocalipsis, capítulo 1, verso 10 al 11, donde Juan el apóstol en el Día del Señor escuchó esa Gran Voz de Trompeta que es la Voz de Cristo. Dice (Juan el apóstol):

“Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta,

que decía: Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último”.

Es la Voz de Cristo hablando en el Día Postrero.

Y ahora, en Apocalipsis, capítulo 4, verso 1, esa Voz dice que subamos y Él nos mostrará las cosas que han de suceder después de las que ya han sucedido. Dice:

“Después de esto miré, y he aquí una puerta abierta en el cielo; y la primera voz que oí, como de trompeta, hablando conmigo, dijo: Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de éstas”.

Él promete darnos a conocer las cosas que han de suceder después de las que ya han sucedido en las siete etapas de la Iglesia gentil.

Y ahora, ¿cómo nos va a dar a conocer todas estas cosas que han de suceder en el Día Postrero? Para eso Él tendrá un profeta en la Tierra, porque siempre Él ha hablado por medio de Sus profetas.

Veamos, San Pablo, en la lectura que tuvimos de Hebreos, capítulo 1, dijo: “Dios…”, dijo que Dios habló por medio de Sus profetas. Vamos a leerlo de nuevo. Hebreos, capítulo 1, dice (verso 1 en adelante):

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,

en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo…”.

¿Por medio de quién habló Dios en el Antiguo Testamento? Por medio de Sus profetas, y al final por medio de Jesucristo; y eso fue, ¿por medio de Jesucristo cuándo?, en los postreros días.

Y ahora, en Zacarías, capítulo 7, verso 11 al 12, hablando del pueblo hebreo y de la forma en que Dios le habló al pueblo hebreo, y la forma en que el pueblo hebreo rechazó la Voz de Dios, dice:

“Pero no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oír;

y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de los profetas primeros; vino, por tanto, gran enojo de parte de Jehová de los ejércitos”.

Ahora vean, ¿por medio de quién habló Dios? Enviando Su Espíritu habló por medio de los profetas, porque envió Su Espíritu a los profetas y ungió a esos profetas y colocó en la boca de esos profetas la Palabra Divina. Era la Palabra de Dios hablada por medio de los profetas de Dios, era el ASÍ DICE EL SEÑOR, el ASÍ DICE JEHOVÁ para el pueblo hebreo.

Ahora vean cómo nuestro Dios, Creador de los Cielos y de la Tierra, siempre ha estado hablando; y ahora nos dice: “Sube acá”.

Ahora, ¿a dónde vamos a subir? Vamos a subir acá, a la Edad de la Piedra Angular, porque ya las siete edades ya pasaron. Si estuviéramos viviendo en el tiempo de San Pablo teníamos que subir a la primera etapa, a la primera edad de la Iglesia gentil, la cual se cumplió en Asia Menor; si estuviéramos viviendo en alguna de estas otras edades, teníamos que subir a esa edad correspondiente, a ese tiempo presente, y escuchar la Voz de Dios por medio del mensajero de esa edad.

Y ahora, por cuanto ya han transcurrido las siete edades y han sucedido todas estas cosas correspondientes a las siete etapas o edades de la Iglesia gentil, ahora Él nos va a mostrar las cosas que han de suceder después de estas, de las siete edades: nos va a mostrar las cosas que han de suceder en la Edad de la Piedra Angular.

Por lo tanto tenemos que subir a la Edad de la Piedra Angular, donde Cristo estará hablándonos con esa Gran Voz de Trompeta todas estas cosas que deben suceder pronto.

¿Y por medio de quién estará hablándonos aquí? Vamos a ver. Él dijo: “Sube acá, y yo te mostraré las cosas que han de suceder después de estas”.

Apocalipsis, capítulo 22, verso 6, dice por medio de quién vamos a obtener el conocimiento de todas estas cosas que han de suceder, aquí dice por medio de quién van a estar siendo dadas a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto.

¿Por qué? Porque en ese personaje estará, ¿quién?, estará Cristo en Espíritu Santo, el que hizo la promesa de darnos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto; y Cristo estará en él ungiéndolo, y por medio de él Cristo estará dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto.

Apocalipsis, capítulo 22, verso 6 en adelante, dice:

“Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto”.

¿Por medio de quién son dadas a conocer las cosas que deben suceder pronto? Por medio del Ángel Mensajero del Señor Jesucristo. Para eso él es enviado en el Día Postrero a Su Iglesia, que estará en su etapa más gloriosa, la etapa, la Edad de la Piedra Angular. Esa es la Edad de Oro del Reino de Dios, así como la edad de oro del reino de los gentiles fue la etapa del rey Nabucodonosor.

El rey Nabucodonosor con su imperio fue la edad de oro del reino de los gentiles. Después vino la edad de plata del reino de los gentiles, que estaba representada en los pechos y brazos de plata (de la profecía de Daniel, capítulo 2, versos 30 al 45); eso fue el imperio medo-persa.

Luego vino la edad de cobre del reino de los gentiles; eso fue la edad o etapa del imperio de Grecia, con Alejandro el Grande. Y luego vino la etapa o edad de hierro; y el hierro se enmohece.

Vea la diferencia que hay entre el hierro y el oro. Si a usted le colocan un quintal de hierro y un quintal de oro, y le dicen: “Escoge tú lo que quieras”, ¿qué usted se lleva? Pues el quintal de oro. El hierro, ¿un quintal de hierro cuánto valdrá? Menos de 100 dólares, ¿verdad? Ahora, un quintal de oro, con un quintal de oro la persona es multimillonaria.

Y vean ustedes, el reino de los gentiles ha empobrecido tanto que ya está representado en la etapa de hierro.

Y ahora, la etapa de hierro fue el imperio de los Césares, el imperio romano; y el imperio romano tiene dos partes: las piernas de hierro, que fue la etapa en la cual apareció Cristo en Su Primera Venida…; y ese reino de los gentiles fue el que crucificó a Cristo allá en la Cruz del Calvario, por lo tanto cometió el error más grave que el reino de los gentiles ha cometido en toda su existencia, a petición del pueblo hebreo.

Y en un caso de un asesinato, tanto el que pide, el que paga para que maten una persona, como el que ejecuta a la persona, como el que hace el acto de matar a una persona, ambos son culpables en la corte. ¿Sí o no? Y en la Corte celestial tanto el pueblo hebreo como el imperio de los gentiles ha salido culpable; y primero ha sido juzgado el pueblo hebreo.

Ellos dijeron5: “Su Sangre sea sobre nosotros y sobre nuestros hijos. ¡Crucifícale!”, y se echaron esa responsabilidad. Y desde el año 70 en adelante de la era cristiana, el pueblo hebreo ha estado sufriendo graves persecuciones; la ciudad de Jerusalén fue destruida por el general romano Tito en el año 70 y su templo también fue destruido, y quedaron sin templo y —por consiguiente— sin sacrificio.

Y cada año el pueblo hebreo ofrecía a Dios el sacrificio de la expiación del macho cabrío, y llevaba la sangre de la expiación al lugar santísimo y la colocaba sobre el propiciatorio, o sea, sobre el asiento de misericordia, para obtener la reconciliación cada año el pueblo hebreo con Dios; el año que no hiciera eso, entonces el juicio divino venía sobre el pueblo hebreo.

Y del año 70 en adelante, el pueblo hebreo no ha podido llevar la sangre del sacrificio al lugar santísimo del templo, y por consiguiente el juicio divino ha estado cayendo sobre el pueblo hebreo, porque sus pecados no han estado cubiertos con la sangre de la expiación.

Y ya Dios no acepta sangre de animales, porque ya Dios estableció un sacrificio perfecto, que es el Sacrificio de Jesucristo; y la única sangre que Dios acepta para la remisión, para el perdón de los pecados y para limpiar al ser humano de todo pecado, es la Sangre de Jesucristo, el Cordero de Dios y también la Expiación para todo ser humano.

Y toda persona que recibe a Cristo como su Salvador y lava sus pecados en la Sangre de Cristo queda sin pecado, y el Espíritu de Dios viene a la persona y produce en él el nuevo nacimiento; y obtiene así un cuerpo teofánico de la sexta dimensión, parecido a nuestro cuerpo pero de otra dimensión, en el cual va si la persona físicamente muere; y regresará en la resurrección y obtendrá un cuerpo físico también, para vivir por toda la eternidad.

Ahora, vean ustedes cómo en el Programa Divino Dios ha establecido tanto para el pueblo hebreo como para los gentiles un solo sacrificio. El pueblo hebreo necesita el Sacrificio de Cristo en la Cruz del Calvario y los gentiles necesitan el Sacrificio de Cristo en la Cruz del Calvario, porque es el único sacrificio que no cubre el pecado sino que lo limpia, lo quita de la persona, y la persona es justificada; eso significa que la persona queda como si nunca antes hubiese pecado.

Y ahora, podemos ver la importancia de la muerte de Cristo en la Cruz del Calvario.

Ahora, vean, el pueblo hebreo, por causa de no tener un sacrificio por el pecado, ni tienen los sacrificios ni el sacrificio de la expiación que ofrecían cada año (porque su templo fue destruido), y tampoco han recibido el Sacrificio de Cristo; por lo tanto los pecados del pueblo hebreo han estado siendo vistos por Dios y el juicio divino ha estado cayendo sobre el pueblo hebreo, y vean ustedes cómo otras naciones por poco exterminan al pueblo hebreo.

Hitler por poco extermina al pueblo hebreo, Hitler, Mussolini y Stalin por poco hacen desaparecer de la faz de la Tierra al pueblo hebreo; pero por causa de la misericordia de Dios y la promesa dada por Dios a Abraham, a Isaac y a Jacob, Dios no ha permitido que el pueblo hebreo sea exterminado.

Y ahora, ay de aquellas naciones que han tratado de exterminar al pueblo hebreo, porque la Escritura dice6: “El que te bendiga será bendito, pero el que te maldiga será maldito”; y lo que ellos desearon en contra del pueblo hebreo será lo que les vendrá a esas naciones. Y eso lo vamos a dejar ahí quietecito, ya que eso corresponde al juicio divino que caerá sobre la raza humana. El juicio divino tiene sus razones para caer sobre el reino de los gentiles.

Vean, el reino de los gentiles en la etapa de las piernas de hierro crucificó a Cristo. Solamente con la crucifixión de Cristo es suficiente para el reino de los gentiles recibir el juicio divino.

Y ahora, por cuanto también el pueblo hebreo es el pueblo primogénito delante de Dios y para Dios, también tienen consecuencia los que persigan al pueblo hebreo.

Y ahora, hemos llegado al tiempo final, en donde el pueblo hebreo de un momento a otro despertará y obtendrá el Sacrificio por el pecado para la reconciliación del pueblo hebreo con Dios; y eso será de regocijo para la nación hebrea y también para la Iglesia gentil del Señor Jesucristo; porque por medio de la predicación del Evangelio del Reino, que estará revelando el misterio de la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, el pueblo hebreo verá la Venida del Señor del Día Postrero y lo recibirá, y dirá: “Este es al que nosotros estamos esperando”, y entonces Él les contará la historia de Su Primera Venida.

Y así el pueblo hebreo obtendrá la bendición de Dios; su entendimiento será abierto, su corazón también será abierto para recibir a Cristo; y obtendrá el pueblo hebreo la redención, obtendrá el pueblo hebreo la bendición de Dios, obtendrá el pueblo hebreo el Espíritu de Dios, como fue profetizado en Ezequiel, capítulo 37; y estará en medio del pueblo hebreo Cristo, el Ángel del Pacto, manifestado; y reclamará Su Trono, que es el Trono de David, para sentarse en el Trono de David y reinar durante el Reino Milenial y después por toda la eternidad.

El pueblo hebreo será el pueblo que estará a la cabeza de todos los pueblos, de todas las naciones; ahí estará el Trono del Mesías, que será el Rey no solamente del pueblo hebreo sino de todas las naciones; será un reino mundial. Por lo tanto, los reinos de este mundo pasarán a ser de nuestro amado Señor Jesucristo, como dice Apocalipsis, capítulo 11 y verso 15 en adelante, donde dice:

“El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos.

Y los veinticuatro ancianos que estaban sentados delante de Dios en sus tronos, se postraron sobre sus rostros, y adoraron a Dios,

diciendo: Te damos gracias, Señor Dios Todopoderoso, el que eres y que eras y que has de venir, porque has tomado tu gran poder, y has reinado.

Y se airaron las naciones, y tu ira ha venido, y el tiempo de juzgar a los muertos, y de dar el galardón a tus siervos los profetas, a los santos, y a los que temen tu nombre, a los pequeños y a los grandes, y de destruir a los que destruyen la tierra.

Y el templo de Dios fue abierto en el cielo, y el arca de su pacto se veía en el templo. Y hubo relámpagos, voces, truenos, un terremoto y grande granizo”.

Ahora vean lo que estará sucediendo en este tiempo final; y el juicio de Dios caerá sobre la raza humana, sobre el reino de los gentiles en la etapa de los pies de hierro y de barro cocido, en donde el anticristo tomará ese reino y estará gobernando sobre el imperio de los gentiles.

Ahora, podemos ver lo que estará sucediendo, y Dios continuará dándonos a conocer todas estas cosas que estarán sucediendo en este Día Postrero; y esto es por medio de Su Ángel Mensajero, del cual dice:

“Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel (¿para qué?), para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto”.

Por eso también en Apocalipsis… Eso fue Apocalipsis, capítulo 22, verso 6; y en Apocalipsis, capítulo 22, verso 16, dice:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias”.

¿De qué cosas? De estas cosas que deben suceder.

Toda la información de las cosas que deben suceder en el Día Postrero son dadas por Jesucristo a través de Su Ángel Mensajero; porque ese es el mensajero enviado por Cristo para dar testimonio de todas estas cosas a todas las iglesias, a todas las naciones, a todos los pueblos, a todas las lenguas, a gentiles y a hebreos también.

Y ahora, en cuanto a la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación nuestra, también está en el Mensaje de Cristo a través de Su Ángel Mensajero toda la información que nosotros necesitamos tener para obtener la fe para ser transformados y raptados en este Día Postrero.

Ahora vean cómo sigue San Pablo hablando acerca de este gran evento. Habíamos leído donde dice:

“... en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles (o sea, en cuerpos eternos), y nosotros seremos transformados”.

Seremos transformados, seremos cambiados en nuestros átomos, y obtendremos un cuerpo nuevo con átomos nuevos y átomos eternos; porque Dios dice: “He aquí, yo hago nuevas todas las las cosas”.

Él hará un cuerpo nuevo para cada uno de nosotros, Él hará un cuerpo nuevo para los muertos en Cristo que resucitarán; y Él hará un reino nuevo, el glorioso Reino Milenial de Cristo, para todos los hijos e hijas de Dios y para el pueblo hebreo, y para todas las naciones que sobrevivan al juicio divino de la gran tribulación, en donde esperamos que la América Latina y el Caribe escape de los juicios divinos y entre al glorioso Reino Milenial de nuestro amado Señor Jesucristo.

Y tendrá entonces un cambio de reino también: será cambiado el reino de los gentiles al Reino de nuestro amado Señor Jesucristo, porque Cristo es el que hace nuevas todas las cosas.

Él es el Séptimo Sello, Él es el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, que se hizo carne en medio del pueblo hebreo; y Él dice en el capítulo 21… Vean, en el capítulo 1, verso 10 al 11, Él dijo que Él era el Alfa y Omega; y en el capítulo 21, verso 5 y 6, dice:

“Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas.

Y me dijo: Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin”.

¿Quién es el que habla aquí? Nuestro amado Señor Jesucristo. Él es el Alfa y Omega, Él es el principio y el fin, y Él es el que hace nuevas todas las cosas. Y dice:

“Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida”.

Y ahora, en Apocalipsis, capítulo 22, verso 17, dice:

“Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente”.

¿Quién estará dando del Agua de la Vida? Cristo, el Alfa y Omega, nuestro amado Salvador. Él es el que da del Agua de la Vida a todo el que tenga sed, Él es el que da del Agua de la Vida, de la Fuente de la Vida, a todo el que tenga sed. Y dice:

“El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo”.

Ahora vean la bendición tan grande que Él tiene para todos Sus hijos, pues tienen sus nombres escritos en el Libro de la Vida del Cordero en el Cielo. Ellos son los elegidos de Dios, los escogidos de Dios que con Gran Voz de Trompeta en el Día Postrero serían llamados y juntados; esa Gran Voz de Trompeta o Trompeta Final que suena en este tiempo final, la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino, que gira alrededor de la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo. ¿Para qué? Para hacer nuevas todas las cosas.

Nos dará un cuerpo nuevo a nosotros los que vivimos y a los muertos en Cristo que resucitarán; y nos dará un nuevo reino: ya no el reino de los gentiles, sino el Reino de Dios; ahí estaremos con Cristo como reyes y sacerdotes. Y nos llevará a la Cena de las Bodas del Cordero.

Él también nos ha dado un nuevo cuerpo teofánico de la sexta dimensión, un nuevo cuerpo, un nuevo espíritu; es el Espíritu de Cristo, que hemos recibido cuando lo hemos recibido como nuestro Salvador y hemos lavado nuestros pecados en la Sangre de Cristo.

Y ahora, vean ustedes que Él hace nuevas todas la cosas. Él hace nuevo al ser humano: le da un nuevo nacimiento, para los que creen en Él y lavan sus pecados en Su Sangre y reciben Su Espíritu Santo; y les da una nueva familia, los coloca en una nueva familia, nacen en una nueva familia: en la Familia celestial, así como hemos nacido en la familia terrenal.

Y amamos a nuestra familia terrenal y queremos la vida eterna para ellos también; y oramos por ellos, para que Dios les dé vida eterna, para que les abra el alma, el corazón, y el entendimiento para comprender el Programa de Dios y para que reciban la salvación y vida eterna.

Ahora continuamos leyendo la escritura de Primera de Corintios, donde estamos leyendo; leemos unos versos y pasamos a otras escrituras que están relacionadas con esto que dice, y por eso estamos pasando de unas escrituras a otras escrituras, para tener el cuadro claro de todo el Programa de Dios.

Y ahora, nos dijo que los muertos en Cristo serán resucitados incorruptibles y nosotros seremos transformados:

“Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad”.

¿Para qué? Vamos a ver para qué:

“Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria”.

Ya entonces desaparece la muerte para los hijos de Dios, ya físicamente no morirán nunca más. ¿Por qué? Porque ya tendremos el cuerpo eterno; y viviremos con Cristo por el Milenio y por toda la eternidad.

“… (y) entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria”.

Desaparece la muerte para los hijos e hijas de Dios. ¿Por qué? Porque Jesucristo, el Séptimo Sello, hace nuevas todas las cosas.

Hemos visto cómo es que Él hace nuevas todas las cosas.

Él está haciendo una Nueva Creación, o sea, llevando a cabo una Nueva Creación; y Él es el principio de esa Nueva Creación, conforme a Apocalipsis, capítulo 3, verso 14: “el principio de la creación de Dios”.

Esa Nueva Creación, que comenzó con Cristo y continúa con todos los que tienen sus nombres escritos en el Libro de la Vida del Cordero, que vienen de edad en edad y reciben a Cristo como su Salvador, lavan sus pecados en la Sangre de Cristo y reciben Su Espíritu Santo; y así nacen de nuevo, vienen a ser nuevas criaturas; porque Cristo hace nuevas todas las cosas.

Lo hace nuevo a usted, y nos hará un cuerpo nuevo también; porque Él hace nuevas todas las cosas; y nos dará un nuevo reino y nos colocará en un nuevo reino físico, literal, aquí en la Tierra, que es el glorioso Reino Milenial de Cristo.

Ahora, hemos visto cómo Cristo hace nuevas todas las cosas: TODAS LAS COSAS SON HECHAS NUEVAS CON EL SÉPTIMO SELLO.

Y para el Día Postrero, con la Segunda Venida de Cristo vendrá una transformación de los escogidos que están viviendo en la Tierra, y entrarán a la inmortalidad, y los que partieron resucitarán en cuerpos eternos; y así comenzará esa transformación física y ese cambio físico, en donde Dios físicamente estará haciendo nuevas todas las cosas. Pues ya Él en el campo espiritual ha estado haciendo nuevas todas las cosas, ha estado creándonos un cuerpo nuevo teofánico de la sexta dimensión, y pronto nos creará un cuerpo físico glorificado y eterno en el cual viviremos por toda la eternidad. Ya eso está pensado por Dios, predestinado por Dios, ordenado por Dios, desde antes de la fundación del mundo.

Ahora, ¿a cuántos les gustaría saber y ver cómo es el cuerpo eterno que Dios predestinó para usted, que Dios eligió para usted desde antes de la fundación del mundo? Pues va a tener la oportunidad. Camine hacia adelante siempre, sirviéndole a Cristo todos los días de su vida, y siempre teniendo sus vestiduras limpias. Cuando cometa algún error o peque delante de Dios, confiese a Cristo su falta o sus pecados y lave sus pecados en la Sangre de Cristo; porque la Sangre de Jesucristo nos limpia de todo pecado7.

Y cuando los muertos en Cristo resuciten, nosotros seremos transformados; y después nos miraremos en el espejo y diremos: “¡Este era el cuerpo que Dios había predestinado para mí, el cuerpo eterno, y ya lo tengo!”.

¡Y lo vamos a tener! ¡Es una promesa!

Y ya lo tenemos por medio de la Palabra hablada; o sea que ya al recibir la Palabra hemos recibido aquello que nos dará ese cuerpo eterno.

Primero hay que recibir en forma de Palabra hablada la bendición, y después se materializa, esa bendición se hace realidad, se materializa y se hace visible; pero primero hay que recibirlo en forma de Palabra. Porque las cosas que se ven fueron hechas (¿de qué?) de las cosas que no se veían. Eso está en Hebreos, capítulo 11, ahí nos habla de las cosas que se ven y de cómo vinieron. Dice:

“Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.

Porque por ella alcanzaron buen testimonio los antiguos.

Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía”.

Y ahora, cuando recibimos esa Palabra creadora hablada —acá en el alma, creyéndola con toda nuestra alma—, hemos recibido esa transformación, ese cuerpo eterno, pero todavía está en proceso en el Programa Divino para materializarse en nosotros; pero primero hay que recibirlo en forma de Palabra creadora hablada para nosotros.

Así es también la sanidad divina y así es toda promesa de Dios.

Y ahora, miren ustedes, cuando la Tierra estaba desordenada y vacía, vean lo que sucedió. Génesis, capítulo 1, verso 1 en adelante (vamos a leer aquí), dice:

“En el principio creó Dios los cielos y la tierra.

Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas.

Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz”.

¿Ven que vino la Palabra creadora primero? Fue hablada y después se materializó esa Palabra apareciendo la luz.

¿Cuántos minutos, horas, días, semanas o meses o años transcurrió desde que Dios dijo: “Sea la luz” hasta que apareció la luz? No sabemos, pero la cosa es que Dios lo dijo y se cumplió lo que Dios dijo.

Y Dios ha dicho para nosotros que nos dará un cuerpo eterno, y nosotros lo hemos creído con toda nuestra alma, lo tenemos aquí dentro en forma de Palabra hablada. Por lo tanto, alrededor de esa Palabra hablada que hemos recibido en nuestra alma se va a materializar, se va a cumplir esa promesa y vamos a tener el nuevo cuerpo.

Ahora, hemos visto que todo es sencillo. Miren, cuando el Mesías dos mil años atrás tenía que venir a la Tierra, le apareció el Arcángel Gabriel a la virgen María y le dijo que era muy favorecida y que había hallado gracia delante de Dios, y le dio la noticia de que ella era la mujer elegida para traer ese niñito a nacimiento, el cual sería el Mesías. Vean cómo dice San Lucas, capítulo 1; verso 30 en adelante dice:

“Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios.

Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS.

Éste será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre;

y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin”.

Ahí le está dando la Palabra de Dios, la Palabra creadora. Y ahora vamos a ver:

“Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? pues no conozco varón.

Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios”.

Y ahora vamos a ver lo que ella dice… El Ángel sigue hablándole y le dice:

Y he aquí tu parienta Elisabet, ella también ha concebido hijo en su vejez; y éste es el sexto mes para ella, la que llamaban estéril;

porque nada hay imposible para Dios.

Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra. Y el ángel se fue de su presencia”.

Y se hizo conforme a la Palabra del Ángel, que es la Palabra de Dios que fue hablada a María.

Y ahora, miren ustedes una cosa muy importante: ¿El Espíritu Santo vino para qué? Para hacer sombra sobre María para que se cumpliera esa Palabra prometida.

Y ahora, es el Espíritu Santo el que viene siempre y se manifiesta para que se cumpla lo que ha sido prometido, ¡y nosotros hemos creído con toda nuestra alma!

Porque es sin ejércitos y sin fuerza; “no es con ejércitos y fuerza, sino con mi Espíritu, con mi Espíritu, ha dicho el Señor”; así dice en Zacarías, capítulo 4, así dice; porque la Obra de Dios en medio de Su Iglesia y con Su Iglesia es una obra no de hombres, sino es la Obra del Espíritu de Dios.

“En aquellos días, levantándose María, fue de prisa a la montaña, a una ciudad de Judá;

y entró en casa de Zacarías, y saludó a Elisabet”.

¿Y por qué se fue hacia allá? Pues el Arcángel Gabriel le había dicho que su parienta Elisabet también había concebido; así que va a ver a su prima para ver cómo están las cosas por allá y para darle la noticia de lo que el Ángel le había dicho a ella.

“Y aconteció que cuando oyó Elisabet la salutación (o sea, el saludo) de María, la criatura saltó en su vientre (la criatura que estaba en el vientre de Elisabet, que era Juan el Bautista, saltó en su vientre); y Elisabet fue llena del Espíritu Santo…”.

¿No dijo el Arcángel Gabriel al sacerdote Zacarías que ese hijo que tendría sería lleno del Espíritu Santo aun desde el vientre de su madre?8. Y ahí está, recibiendo el Espíritu de Dios, siendo lleno del Espíritu Dios aun desde el vientre de su madre; saltó de alegría, de gozo, Juan el Bautista, estando en el vientre de su madre, aun teniendo unos seis meses ya ahí en el vientre de su madre.

“… y exclamó a gran voz (¿Quién? Elisabet), y dijo: Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre.

¿Por qué se me concede esto a mí, que la madre de mi Señor venga a mí?

Porque tan pronto como llegó la voz de tu salutación a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre”.

Vean la alegría que sintió Juan aun estando en el vientre de Elisabet.

Por eso es que cuando algunas madres le colocan grabaciones a su vientre, cuando tienen el bebé ahí, ellos aprenden, escuchan estando aun en el vientre de su madre.

Y ahora, vean ustedes, escuchó la voz de María cuando saludó a Elisabet, la cual pasó por los oídos y llegó hasta donde estaba el vientre, hasta donde estaba Juan el Bautista allá en el vientre de Elisabet.

¿Y acaso eso es imposible? Pues vamos a ver una cosa: oyó Elisabet y también oyó el niño allá; y cuando Elisabet comía y se alimentaba, ¿no era alimentado el niño también? Pues claro que sí. Todo lo recibía por esa conexión que había entre Elisabet y Juan el Bautista.

Ahora podemos ver que así como se alimenta el bebé en el vientre de la madre, con el alimento que la madre come y le transmite a él, así también con lo que oye ella el niño también escucha; porque ahí él está; pero él está obteniendo tanto el alimento físico que necesita (el cual pasa a través de su madre), y también, vean ustedes, pasó la salutación de María al niño Juan el Bautista, el cual saltó de gozo, de alegría.

Y ahora, sigue siendo:

“… bienaventurada la que creyó, porque se cumplirá lo que le fue dicho de parte del Señor”.

Y bienaventurado todo hijo e hija de Dios, en la edad en que le toque vivir, que oye la Voz de Dios por medio del mensajero de su edad, porque se cumplirá en él lo que fue dicho de parte del Señor.

Para los de las edades pasadas la promesa es que resucitarán en cuerpos eternos; y alguno de los nuestros también, que tenga que partir por edad avanzada o por accidente o por alguna causa, la promesa es que resucitará en el Día Postrero, en el séptimo milenio, en un cuerpo eterno. Y nosotros los que vivimos tenemos la promesa de Cristo de ser transformados y obtener así un cuerpo eterno, conforme a como ha sido profetizado en la Palabra de Dios.

Y bienaventurados los que creen esta verdad bíblica, esta promesa bíblica; porque bienaventurado es el que creyó, porque se cumplirá en él lo que le ha sido dicho de parte del Señor; y es por medio de Su Ángel Mensajero que Cristo estará hablándonos todas las cosas que deben suceder pronto.

Por lo tanto, las cosas que estará hablando el Ángel de Jesucristo en Su Mensaje son de parte del Señor Jesucristo; y ahí está para nosotros toda bendición de Cristo siendo hablada, para nosotros recibirla en nuestra alma, creerla con toda nuestra alma, para que luego se materialice en cada uno de nosotros; porque primero hay que creer para después ver materializado en nosotros lo que Cristo ha prometido.

No es como algunas personas piensan y dicen: “Hay que ver para creer”. No. Hay que creer para ver materializado lo que Dios ha dicho y hemos creído nosotros.

Ahora, nosotros estamos viendo que TODAS LAS COSAS SON HECHAS NUEVAS CON EL SÉPTIMO SELLO, con la Segunda Venida de Cristo.

Él ha prometido un nuevo cuerpo para todos nosotros. Así como prometió un cuerpo teofánico nuevo (el cual nos ha dado), así también nos dará el cuerpo eterno físico y glorificado, a nosotros y a los que han partido pero que habían recibido el nuevo nacimiento.

También Él nos daría un nuevo Mensaje dispensacional; ese es el Mensaje del Evangelio del Reino, y ya nos ha dado ese nuevo Mensaje. Nos daría también una nueva dispensación; esa es la Dispensación del Reino, y nos ha dado esa nueva dispensación. Nos daría también una nueva edad: la Edad de la Piedra Angular, que es una edad eterna. Y nos daría un Mensaje eterno: el Mensaje de la Edad de la Piedra Angular; ese es el Mensaje Eterno de Apocalipsis, capítulo 14, verso 6 al 7, que viene predicando ese Ángel que aparece ahí.

Vean, Apocalipsis, capítulo 14, verso 6 en adelante, dice:

“Vi volar por en medio del cielo a otro ángel, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo…”.

El privilegio de la predicación del Evangelio es concedido a seres humanos. Este es un profeta mensajero para el Día Postrero; es el Ángel del Señor Jesucristo para la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino con el Evangelio Eterno, porque es enviado a una edad eterna, que es la Edad de la Piedra Angular.

“… diciendo a gran voz: Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado…”.

Ese es el Ángel Mensajero que anuncia el juicio divino sobre la raza humana, es el Ángel Mensajero que predica el día de venganza del Dios nuestro.

“… y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas”.

Ahora podemos ver que Él hace nuevas todas las cosas.

Él nos dará también un nuevo reino físico; es el Reino de Dios, el glorioso Reino Milenial de nuestro amado Señor Jesucristo, donde entraremos con Cristo y reinaremos con Él por mil años y luego por toda la eternidad. Porque Él dice: “He aquí, yo hago nuevas todas las cosas”.

Él es el Séptimo Sello, el Ángel del Pacto; el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, que era diferente a los demás ángeles mensajeros de las siete edades de la Iglesia gentil, el cual apareció en esta nube formada por ángeles en febrero 28 de 1963, como la señal del Hijo del Hombre en el cielo.

Él hace nuevas todas las cosas. Él es Jesucristo, el Ángel del Pacto, el Séptimo Sello, que fue abierto en el Cielo y se hizo silencio en el Cielo como por media hora.

Y para el Día Postrero, ¿cómo vendrá Él manifestado en este planeta Tierra? Vean ustedes, viene hablando por medio de Su Ángel Mensajero porque viene manifestado en Su Ángel Mensajero. Él viene como el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis, capítulo 19.

En el libro de Los Sellos, página 256 en español, dice el reverendo William Branham, precursor de la Segunda Venida de Cristo:

“121. Pero cuando nuestro Señor aparezca sobre la Tierra, Él vendrá sobre un caballo blanco como la nieve, y será completamente Emmanuel —la Palabra de Dios encarnada en un hombre”.

Si encontramos ese hombre, ese profeta, que es el Ángel de Jesucristo en la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino, estaremos encontrando al Ángel del Pacto, al Ángel de Jehová. Este Ángel que era diferente a los demás, el cual es Jesucristo en Su cuerpo teofánico, lo estaremos encontrando velado en carne humana, lo estaremos encontrando hecho carne entre los seres humanos en Su Ángel Mensajero; y estará hablándonos todas estas cosas que deben suceder pronto, para así que todas las cosas sean hechas nuevas conforme a la Palabra de Dios.

“TODAS LAS COSAS SON HECHAS NUEVAS CON EL SÉPTIMO SELLO”.

Ha sido para mí un privilegio muy grande estar con ustedes, amables amigos y hermanos presentes, radioyentes y televidentes, dándoles testimonio de todas las cosas siendo hechas nuevas con el Séptimo Sello.

Ahora, que las bendiciones de Jesucristo, el Ángel del Pacto, nuestro Salvador, sean sobre todos ustedes y sobre mí también, y pronto todos seamos transformados y tengamos el nuevo cuerpo eterno que Él ha prometido para nosotros; y así para nosotros sea hecho nuevo el cuerpo que Él ha prometido, y tengamos un cuerpo nuevo como Él lo ha prometido. En el Nombre Eterno de nuestro amado Señor Jesucristo. Amén y amén.

Que Dios los bendiga grandemente y cada día los use más y más en Su Obra; y que Dios continúe dándonos a conocer todas estas cosas que Él prometió para este Día Postrero, todas estas cosas que Él hará nuevas para este tiempo final.

Que Dios les bendiga, y pasen todos muy buenas noches.

Con nosotros el reverendo Miguel Bermúdez Marín.

“TODAS LAS COSAS SON HECHAS NUEVAS CON EL SÉPTIMO SELLO”.

[Revisión mayo 2019]

1 Hechos 2:5-12

2 Hechos 2:13

3 San Lucas 24:36-46

4 San Lucas 24:13-35

5 San Mateo 27:24-25, San Marcos 15:12-15, San Lucas 23:13-25, San Juan 18:38-40, 19:1-16

6 Génesis 12:3

7 1 Juan 1:7

8 San Lucas 1:15

Encuéntrenos

Carretera No.1 Km 54.5
Barrio Monte Llano
Cayey, Puerto Rico
00736

Twitter