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Muy buenas tardes, amados amigos y hermanos presentes y televidentes. Es para mí un privilegio grande estar con ustedes aquí en Puerto Rico, y también en todos los países de la América Latina y el Caribe a través del satélite, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final.

Quiero leer en Apocalipsis, capítulo 8, verso 1 en adelante, donde nos dice:

“Cuando abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el cielo como por media hora.

Y vi a los siete ángeles que estaban en pie ante Dios; y se les dieron siete trompetas.

Otro ángel vino entonces y se paró ante el altar, con un incensario de oro; y se le dio mucho incienso para añadirlo a las oraciones de todos los santos, sobre el altar de oro que estaba delante del trono.

Y de la mano del ángel subió a la presencia de Dios el humo del incienso con las oraciones de los santos.

Y el ángel tomó el incensario, y lo llenó del fuego del altar, y lo arrojó a la tierra; y hubo truenos, y voces, y relámpagos, y un terremoto”.

Que Dios bendiga Su Palabra en nuestros corazones y nos permita entenderla.

Dice aquí lo que sucedió en el Cielo cuando el Séptimo Sello fue abierto.

“EL SÉPTIMO SELLO Y LA CONCLUSIÓN DEL PROGRAMA DE DIOS”. Ese es nuestro tema para esta ocasión, en donde espero Dios nos permita ver lo que se aproxima para la raza humana bajo este gran evento contenido bajo este Séptimo Sello cuando es abierto en el Cielo.

Todo esto que ocurre aquí, podemos ver que es en el Cielo, y que este Ángel que ministra aquí con el incensario de oro está ministrando (¿dónde?) en el Cielo, en el Templo que está en el Cielo; y siendo que toma el incensario de oro, es el Sumo Sacerdote del Orden de Melquisedec, el cual es Jesucristo nuestro Melquisedec, pues Él es Sumo Sacerdote de ese Orden del Templo que está en el Cielo. Él siempre ha sido ese Sumo Sacerdote y Rey, el cual le apareció a Abraham antes de Abraham tener a Isaac su hijo.

Y ahora, podemos ver cómo en el Cielo se llevan a cabo estos grandes eventos bajo el Séptimo Sello.

Ahora vean ustedes cómo aquí, cuando es abierto en el Cielo este Séptimo Sello, causó silencio.

Este misterio del Séptimo Sello es el misterio de la Segunda Venida de Cristo; ese es el secreto contenido en ese Séptimo Sello. Por eso es tan importante y por eso causó silencio en el Cielo como por media hora; media hora no de la Tierra, sino del Cielo. Y “un día delante del Señor es como mil años, y mil años como un día”, dice Segunda de Pedro, capítulo 3 y verso 8, lo cual es algo que no podemos ignorar, como nos dice San Pablo; dice:

“Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día”.

¿Y de dónde sacó San Pedro esto? Del Salmo 90, verso 4, que es un salmo del profeta Moisés.

Y ahora, siendo que un día delante del Señor es como mil años para nosotros, podemos comprender entonces las palabras de San Pedro y San Pablo cuando nos hablan de los días postreros.

Por ejemplo, San Pablo en su carta a los Hebreos, capítulo 1, verso 1 al 2, dice:

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,

en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo…”.

Y ya han transcurrido dos mil años de Jesús hacia acá, si le añadimos al calendario los años de atraso que tiene. Y San Pablo, ¿se equivocaría diciendo que aquellos días en que apareció Cristo y predicó eran los días postreros? No se equivocó. Vamos a ver por qué. Eran los días postreros, y todavía estamos en los días postreros.

San Pedro también, hablando de los días postreros en el capítulo 2 y verso 14 del libro de los Hechos (esto sucedió el Día de Pentecostés), dice… cuando todos pensaban que estaban borrachos, o muchas personas pensaban que estos 120 discípulos de Jesucristo estaban borrachos, porque les oían hablar en los idiomas de aquellas personas que estaban allí presentes, que habían venido de otras naciones a adorar allí a Dios en Jerusalén; pues eran hebreos, aquellas personas, y otros eran convertidos al judaísmo…

Y ahora, encontramos que los escuchaban a estos 120 creyentes en Cristo que habían nacido de nuevo allí el Día de Pentecostés, los encontramos hablando las maravillas de Dios en otros idiomas; y la gente preguntaba mucho, preguntaban: “¿Qué significa esto? ¿No son, todos estos que hablan, galileos?”. Decían: “¿No son galileos?”. Porque cada persona, por la forma de hablar y por la forma de vestir, se puede saber de qué territorio son.

Y ahora: “¿No son todos estos galileos los que hablan? ¿Por qué les escuchamos hablar en nuestro propio idioma en el cual hemos nosotros nacido; las maravillas de Dios las están hablando en esos otros idiomas?”.

Pues allí estaba el intérprete: el Espíritu Santo, que es el que conoce todos los idiomas; pues estos discípulos de Jesucristo quizás no conocían muy bien ni el propio hebreo, quizás no conocían toda la gramática ni pronunciaban muy bien su propio idioma, pero ahora están hablando en otros idiomas. ¿Qué significa esto?

¿No dijo Dios que hablaría en otras lenguas y en lengua de tartamudos?1.

Ahora, vean ustedes, se preguntaban: “¿Qué significa esto?”; y otros, burlándose (porque nunca faltan los burladores cuando Dios está cumpliendo Sus promesas), decían: “Están borrachos”. Y Pedro, dice:

“Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo: Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras.

Porque éstos no están ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera del día (o sea, de 8 a 9 de la mañana)”.

Estaban en la cuarta vigilia. En la cuarta vigilia recibieron el bautismo del Espíritu Santo, o sea, recibieron el nuevo nacimiento.

Ahora, San Pedro va a las promesas divinas correspondientes a los días postreros y les dice a ellos con la Escritura qué es lo que está sucediendo allí; dice:

“Mas esto es lo dicho por el profeta Joel:

Y en los postreros días, dice Dios,

Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne,

Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán;

Vuestros jóvenes verán visiones,

Y vuestros ancianos soñarán sueños;

Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días

Derramaré de mi Espíritu, y profetizarán”.

Y desde el Día de Pentecostés hacia acá Dios ha estado derramando de Su Espíritu Santo sobre toda carne, o sea, sobre toda persona que ha creído en Cristo como su Salvador, ha lavado sus pecados en la Sangre de Cristo y ha recibido Su Espíritu Santo; y así ha recibido el nuevo nacimiento, así ha recibido un cuerpo teofánico de la sexta dimensión, y así ya tiene las primicias del Espíritu, que es el cuerpo teofánico de la sexta dimensión; para en el Día Postrero obtener también, en adición al cuerpo teofánico de la sexta dimensión, recibir un nuevo cuerpo físico, el cual es eterno, glorificado y también inmortal.

Ahora, esto es para los que hayan recibido el nuevo nacimiento, no es para toda persona. Primero hay que creer en Jesucristo como nuestro Salvador y lavar nuestros pecados en la Sangre de Cristo y recibir Su Espíritu Santo, o sea, recibir el nuevo nacimiento.

Y ahora, ¿para cuándo dice San Pedro que Dios prometió que derramaría de Su Espíritu Santo sobre toda carne? Para los postreros días; y está derramando de Su Espíritu Santo sobre toda carne desde el Día de Pentecostés hasta este tiempo final.

Miren, los discípulos de Jesucristo no habían nacido de nuevo y Jesucristo había dicho que era necesario nacer de nuevo, y Sus propios discípulos no habían nacido de nuevo; pero Jesucristo les dijo2: “Yo tengo que irme, para que venga el Consolador, el Espíritu Santo; porque si no me voy, Él no puede venir”. Él habló de la Venida del Espíritu Santo, del Consolador, el cual efectuaría el nuevo nacimiento en las personas.

Y eso fue lo que sucedió el Día de Pentecostés: allí nacieron 120 personas en el Reino de Dios; fueron los primeros que nacieron de nuevo en el Reino de Dios; por eso son bienaventurados.

Y ahora, vean ustedes cómo de aquel tiempo hacia acá han estado naciendo millones de hijos e hijas de Dios en el Reino de Dios. ¿Por qué? Porque esa es una promesa divina para los días postreros.

Y ahora, ¿qué son entonces los días postreros? Pues, los días postreros, siendo que un día delante del Señor es como mil años para nosotros…

Los días postreros comenzaron cuando Jesucristo estaba en esta Tierra. Cuando Jesucristo tenía de 4, o de 3 a 7 años de edad, comenzó el quinto milenio; y el quinto milenio es el primero de los días postreros delante de Dios para los seres humanos. Un día delante de Dios para los seres humanos es un milenio.

Y ahora, comienzan los días postreros cuando Jesucristo está aquí en la Tierra, comenzando así el quinto milenio, que es el primero de los días postreros delante de Dios; y los días postreros delante de Dios son el quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio para los seres humanos.

Y de Jesucristo hasta este tiempo en el cual vivimos ya han transcurrido dos mil años para la raza humana, pero delante de Dios ¿cuántos días han transcurrido? Solamente dos días; pero para los seres humanos dos mil años, si le añadimos al calendario los años de atraso que tiene; y ya estamos en el séptimo milenio, que es el Día Postrero delante de Dios.

Y es para el Día Postrero delante de Dios que el Séptimo Sello es abierto en el Cielo; es para el Día Postrero que entran los últimos escogidos de Dios al Cuerpo Místico de Cristo y es para el Día Postrero que Cristo estará revelándose en medio de Su Iglesia por medio de Su Ángel Mensajero; pero el Ángel Mensajero de Jesucristo, este Ángel que le dio a Juan el apóstol la revelación del Apocalipsis…, del cual dice Jesucristo3:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias”.

Él es el enviado de Jesucristo para dar testimonio del libro del Apocalipsis.

Hay muchas personas que hablan del libro del Apocalipsis, pero no saben que el Ángel enviado por Jesucristo para dar testimonio de este libro, de esta revelación contenida en el libro del Apocalipsis, es el Ángel del Señor Jesucristo. Dice4:

“La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan”.

¿Quién es el que viene con esta revelación apocalíptica? El Ángel de Jesucristo.

Y ahora vamos a ver lo que dijo el precursor de la Segunda Venida de Cristo acerca del Ángel del Señor Jesucristo. El precursor de la Segunda Venida de Cristo es el reverendo William Branham, así como Juan el Bautista fue el precursor de la Primera Venida de Cristo.

En la página 301 del libro de Los Sellos en español dijo el reverendo William Branham:

“106. Noten bien: En el tiempo cuando Dios iba a librar al mundo antes del diluvio, Él mandó un águila”.

Recuerden, un águila representa un profeta. Ese águila que mandó en el tiempo en que iba a destruir la Tierra con un diluvio, ¿quién era? Noé.

Él tipifica o representa los profetas que Él envía en águilas. Por eso cuando habla del pueblo hebreo siendo liberado de la esclavitud en Egipto y llevado por el desierto hacia la tierra prometida, Dios dice que llevó a Su pueblo en las alas de águila. De eso habla por ahí por Deuteronomio 32; Deuteronomio 32, por ahí, nos habla acerca de águilas, y dice (vamos a ver):

[Verso 9] “Porque la porción de Jehová es su pueblo;

Jacob la heredad que le tocó.

Le halló en tierra de desierto,

Y en yermo de horrible soledad;

Lo trajo alrededor, lo instruyó,

Lo guardó como a la niña de su ojo.

Como el águila que excita su nidada,

Revolotea sobre sus pollos,

Extiende sus alas, los toma,

Los lleva sobre sus plumas,

Jehová solo le guió,

Y con él no hubo dios extraño”.

Y si no hubo dios extraño con el pueblo hebreo, sino solamente el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob en medio del pueblo hebreo, Dios no quiere dios extraño. Por eso solamente habrá una sola fe para el Reino Milenial, una sola forma de creer en Dios. En palabras más claras: habrá solamente una religión.

Por eso dice Zacarías5 que “en aquel día Jehová será Rey sobre toda la Tierra; y Jehová será uno, y uno Su Nombre”. Y dice también6: “Y todos me conocerán”.

Y para el Israel celestial y también el Israel terrenal hay grandes promesas para este tiempo final. Dios se tornará al pueblo hebreo, conforme a Sus promesas. Pero ¿para qué tiempo? Para el Día Postrero, que es el tercero de los tres días postreros.

Ahora vamos a ver en Oseas, capítulo 6, una profecía muy importante que hay para el pueblo hebreo…

También las profecías de Zacarías contienen grandes bendiciones para el pueblo hebreo. Por ejemplo, contiene el ministerio de los Dos Olivos y de los Dos Candeleros, las dos ramas de olivo (una a la derecha y otra a la izquierda del candelero o candelabro).

Y cuando el profeta Zacarías le pregunta a Dios7: “¿Qué son estos dos árboles de olivo, estos dos olivos y estas dos ramas de olivo?”.

Le pregunta: “¿Y no sabes lo que es esto?”, y él dice: “No, Señor mío”.

Y le fue dicho: “Estos son los Dos Ungidos que están delante de la presencia de Dios”, delante de la presencia de Dios en el Cielo, para ser manifestados (¿dónde?) aquí en la Tierra en el tiempo final.

Por eso Apocalipsis, capítulo 11, es el cumplimiento de los dos olivos y dos candeleros y dos ramas de olivo de Zacarías, capítulo 4.

¿Y qué son estos Dos Olivos en Apocalipsis, capítulo 11? Son los ministerios de Moisés y de Elías repitiéndose aquí en la Tierra.

Y así como el ministerio de Elías se repitió en Eliseo, luego se repitió por tercera vez en Juan el Bautista y luego por cuarta vez en el reverendo William Branham; por quinta vez estará repitiéndose en el Día Postrero, en el Ángel del Señor Jesucristo, que es el profeta mensajero de la Dispensación del Reino, que es la séptima dispensación. Y el ministerio de Moisés estará repitiéndose en el Día Postrero también en el Ángel del Señor Jesucristo por segunda vez.

Cuando Dios promete enviar de nuevo un profeta que ya envió en el pasado, es el ministerio de aquel profeta y el Espíritu de Dios que estaba en aquel profeta viniendo en otro profeta; así ha sido el ministerio de Elías cada vez que ha sido manifestado. Y así es para, también, el ministerio de Moisés para el Día Postrero, bajo el ministerio de los Dos Olivos de Apocalipsis, capítulo 11, verso 3 en adelante.

Y ahora, esos son los Dos Olivos que están delante de la presencia de Dios.

Y ahora, en el Templo que está en el Cielo, esos Dos Olivos son Gabriel y Miguel; pero en la Tierra, en el Templo espiritual de Cristo, son los ministerios de Moisés y Elías repitiéndose en el Ángel del Señor Jesucristo, respaldados por los Arcángeles Gabriel y Miguel; o sea que un respaldo del Cielo para esos ministerios estará aquí presente.

Y por eso es que la profecía dice que se levantará Miguel, el gran príncipe que está de parte de los hijos de Israel (Daniel, capítulo 12, verso 1 en adelante).

Bajo los ministerios de los Dos Olivos es que estarán manifestados los Arcángeles Gabriel y Miguel luchando en favor del pueblo hebreo, pero antes en favor de la Iglesia de Jesucristo, o sea, del Israel celestial.

Ahora, capítulo 6 de Oseas, verso 1 en adelante, dice:

“Venid y volvamos a Jehová; porque él arrebató, y nos curará; hirió, y nos vendará”.

Ahora vean cómo Dios arrebató e hirió al pueblo hebreo desde que el pueblo hebreo rechazó a Cristo en Su Primera Venida, y luego le vinieron esos juicios terribles; porque la Sangre de Cristo estuvo siendo demandada de las manos del pueblo hebreo y de la descendencia del pueblo hebreo, y también la sangre de los profetas que habían sido matados por el pueblo hebreo cuando Dios los envió.

Y ahora, es terrible cuando Dios demanda la sangre de una persona de mano de la persona que es hallada culpable de la muerte de esa persona. Pero ahora vean ustedes cómo dice aquí la profecía: “Dios arrebató… ”.

“… porque él arrebató, y nos curará; hirió, y nos vendará.

Nos dará vida después de dos días; en el tercer día nos resucitará, y viviremos delante de él.

Y conoceremos, y proseguiremos en conocer a Jehová…”.

No basta con el conocimiento que el pueblo hebreo ha tenido durante la Dispensación de la Ley, y no basta con el conocimiento que ha tenido hasta el presente. Dice:

“… conoceremos, y proseguiremos en conocer a Jehová…”.

Y Jeremías dice: “Y todos me conocerán”.

“Porque yo mismo que hablo, estaré presente”8.

Estará presente en el cumplimiento de la Venida del Mesías, y todos conocerán el misterio de la Venida del Mesías. O sea que el conocimiento del pueblo hebreo aumentará: “proseguiremos en conocer a Jehová”.

Ahora, vean lo que dice:

“… como el alba está dispuesta su salida…”.

Como el alba. ¿Y cómo es el alba? Comienza con un poquito de claridad (en la madrugada, cuando está rayando el alba), va aumentando; está la estrella de la mañana, que representa al Mesías, representa a Cristo.

Cristo dijo: “Al que venciere, yo le daré la Estrella de la Mañana” (Apocalipsis, capítulo 2, verso 28); y Apocalipsis, capítulo 22, verso 16, dice: “Yo soy la Estrella resplandeciente de la Mañana”, así dice Jesús.

Y ahora, primero aparece como la Estrella resplandeciente de la Mañana; esto es cuando todavía no ha amanecido por completo, pero ya está ahí presente como la Estrella resplandeciente de la Mañana; y Su Mensaje es que ya un nuevo día dispensacional está rayando, está levantándose, y un nuevo día milenial también, y un nuevo día dispensacional también.

“… como el alba está dispuesta su salida…”.

Ahora, al principio, que comienza el alba a esclarecer, se ven algunas cosas pero otras no se ven, no se comprenden.

Una persona de momento no puede esperar entenderlo todo; va aumentando la luz; y a medida que va aumentando la luz en la madrugada, en la mañana, pues va viendo más claramente las cosas; pero tiene que estar consciente que está ya rayando el alba y que el sol ya está naciendo. Y uno comienza a ver por el este, comienza a ver una claridad.

Y cualquier persona puede decir: “Esa es la luz de la luna, o esa es la luz de alguna ciudad que está por ese lugar”, pero el que sabe mira el reloj y dice: “Ya es hora de que el sol comience a alumbrar, comience a salir; por lo tanto yo miro hacia el este, porque por el este es que sale el sol. Y por el este es que nace el sol, por el este es que raya el alba, así que yo miro hacia el este; porque por el este sale el mensajero del este”. El mensajero del este es el sol, y por el este también se ve la estrella de la mañana anunciando que ya un nuevo día está rayando.

Y ahora, Cristo ha estado manifestado de edad en edad en Sus mensajeros de cada edad; pero ahora, como la Estrella resplandeciente de la Mañana, estará manifestado en el vencedor: “Al que venciere, yo le daré la Estrella resplandeciente de la Mañana”. Esa manifestación de Cristo como la Estrella resplandeciente de la Mañana, ¿estará dónde? En el vencedor, que estará viviendo en el Día Postrero, cuando estará rayando un nuevo día dispensacional y un nuevo día milenial.

Y ahora, aparece la Estrella resplandeciente de la Mañana resplandeciendo y comienza también la claridad del Sol a verse por el este; o sea, la Luz del este, el Mensaje del este, que es el Mensaje del Evangelio del Reino, comienza a verse y comienza a rayar el alba; y ahí comienza el llamado de despertar para todos los hijos e hijas de Dios.

Porque, normalmente, el despertador toda persona lo coloca para que suene en la mañana, para que dé su mensaje de alarma en la mañana, que le anuncie que es tiempo de despertar. Y el reloj de Dios es el pueblo hebreo, pero la alarma es el ministerio de Moisés y de Elías, que es el ministerio que tiene el Mensaje que llama a despertar a todos los hijos de Dios de entre los gentiles y también del pueblo hebreo.

Un reloj sin despertador no despierta a nadie; y un pueblo que es el reloj de Dios, sin un despertador no despierta a nadie, no despierta a Sus hijos; pero el ministerio de los Dos Olivos, el ministerio de Moisés y Elías, es el despertador que despierta a los hijos de Dios, que los llama con Su Mensaje del Evangelio del Reino, con esa Gran Voz de Trompeta o Trompeta Final, dándoles a conocer las cosas que deben suceder pronto, en este tiempo final.

Y por eso dice9: “Levántate y resplandece, porque ha venido tu luz”. Es la Luz del este, la Luz de un nuevo día dispensacional: de la Dispensación del Reino; y la Luz de un nuevo día de edad: la Luz de la Edad de la Piedra Angular.

La Edad de la Piedra Angular es una Edad Eterna, y por eso tiene un Mensaje Eterno, y por eso tiene un mensajero con el Evangelio Eterno, que es el Ángel del Señor Jesucristo.

Y ahora: “… como el alba está dispuesta su salida…”.

Se comienza a ver primero la estrella resplandeciente de la mañana; o sea, Cristo como la Estrella resplandeciente de la Mañana manifestado en Su Ángel Mensajero.

Y después, a medida que va pasando el tiempo, el sol comienza a alumbrar más y más, comienza a dar más y más luz (y el sol también representa a Cristo). Y Cristo manifestado por medio de Su Ángel Mensajero nos estará dando cada día más y más Luz, y alumbrándonos más y más el entendimiento de nuestra alma y de nuestro espíritu; y estará alumbrándonos las Escrituras correspondientes al Día Postrero, estará dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, en este tiempo final.

Y a medida que va levantándose el Día, a medida que va el alba aumentando en Luz, va cada hijo e hija de Dios entendiendo mejor el Programa de Dios, entendiendo mejor todas las Escrituras proféticas que hablan de este tiempo final, y podrán ver las cosas que no podían ser vistas en edades y dispensaciones pasadas.

Las siete edades de la Iglesia gentil corresponden al tiempo de la noche, por eso se veía como en espejo, en oscuridad; pero este es el tiempo de ver cara a cara. San Pablo dice: “Pero luego veremos cara a cara”10.

Durante la noche usted ve con una luz prestada, ya sea de la luna (que le toma luz prestada al sol) o sea la luz eléctrica (que no es luz propia), o sea luz de alguna linterna o de alguna vela o lo que sea; pero cuando sale el sol, ya usted no necesita ni linternas ni cosas así, ni necesita tampoco la luz de la luna (¿por qué?) porque ya el sol salió; y no hay nada que alumbre más que el sol.

Usted se va al sol, allá, bajo el sol, y se lleva una linterna, y dice: “No, yo quiero leer esto pero yo quiero leerlo alumbrando con esta linterna”. ¿Cuánto usted va a ver allá en el sol alumbrando con esa linterna? Ni siquiera puede ver con esa linterna lo que está ahí, porque hay una luz mayor, que es la luz del sol.

Y cuando las personas toman una linterna, o dicen: “No, la luna está… Voy a buscar para dónde está la luna, para colocar esto que voy a leer, para que la luna me alumbre”. Es bastante ignorante la persona, porque no comprende que el sol es el que tiene luz propia y está colocado para alumbrar durante el día; y está tratando de buscar otra cosa para alumbrar su camino o alumbrar lo que quiere leer.

Y así también sucedió en la Primera Venida de Cristo. Todos decían: “No, yo creo toda la Escritura, pero yo me alumbro con la luz del rabino tal o del sumo sacerdote tal, porque él tuvo mucha luz acerca de las Escrituras; y como él tuvo un título grande, pues lo que él dijo pues tiene que ser la verdad”. ¡Estando Cristo allí…! Mire, Cristo aun dijo acerca de Juan11: “Juan era una antorcha, una luz, una lámpara, que alumbraba; y ustedes quisieron caminar a su luz. Mas yo tengo mayor testimonio que Juan”.

Juan podía solamente alumbrar sobre ciertas Escrituras y presentarle al pueblo hebreo la Venida del Mesías, decir: “Este es el hombre del cual yo dije que vendría después de mí”12; y él le enseñó al pueblo que creyeran al que vendría después de él.

Los que se quedaron creyendo en Juan el Bautista y no pasaron a ser creyentes de Jesús fueron unos tontos. Vamos a ver si fueron tontos o no.

Juan y Andrés, cuando escucharon a Juan el Bautista diciendo: “He aquí el Cordero de Dios”, cuando escucharon eso, siguieron a Jesús13; y el resto de los discípulos de Juan se quedaron con Juan el Bautista.

Ahora, ¿hicieron mal Juan el apóstol y Andrés en irse con Jesús y dejar a Juan? Hicieron lo que tenían que hacer, porque creyeron en aquel que Juan dijo que vendría después de él. Y Juan dijo: “Después de mí viene uno mayor que yo, uno más grande que yo”. Dejaron al menor y se fueron con el mayor. Malo es dejar al mayor e irse con el menor.

Ahora, vamos a ver las promesas y bendiciones que había para los que seguían al menor, y las bendiciones que había para los que siguieran al mayor.

Juan dijo: “Yo les bautizo en agua”; era bautismo de arrepentimiento para aquellas personas, para los que se arrepentían los bautizaba en agua; pero dijo: “Pero después de mí viene uno que les bautizará con Espíritu Santo y Fuego”14. Juan no bautizó a nadie con Espíritu Santo y Fuego, pero el que vendría después de Juan el Bautista sería el que bautizaría con Espíritu Santo y Fuego.

Para ser bautizado en agua, siguiendo a Juan el Bautista recibían el bautismo en agua; pero para recibir el Espíritu Santo y obtener el nuevo nacimiento ¿había que creer y seguir a quién? A Jesucristo, el cual bautizaría con Espíritu Santo y Fuego.

Y ahora, encontramos que en el tiempo de Juan el Bautista y Jesús hubo dos grupos creyentes en las profecías de aquel tiempo.

Unos con luz hasta Juan el Bautista: no podían ver más allá de Juan el Bautista. Y las cosas que Juan el Bautista decía que vendrían después de él y el hombre que vendría después de él, estando en medio de ellos, los discípulos de Juan el Bautista no lo podían ver, estando en medio de ellos.

Juan decía15: “En medio de vosotros está uno el cual vosotros no conocéis”, y aun los discípulos de Juan el Bautista ni lo conocían. Era primo de Juan el Bautista, según la carne.

Juan, cuando lo presentó, dijo: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”, y también dijo: “Yo no lo conocía; pero el que me mandó a bautizar me dijo: Sobre aquel que tú veas al Espíritu Santo descender en forma de paloma, ese es Él. Y yo le vi, y he dado testimonio de Él”.

Y ahora, los que siguieron a Juan el Bautista y no siguieron a Jesús, ¿qué les sucedió?

Ahora, vean ustedes, la promesa de nacer de nuevo, de recibir el Espíritu Santo, ¿era para quiénes? Para los que siguieran al precursado.

Los que seguían al precursor llegaban hasta el bautismo en agua; y tenían las promesas de Uno que vendría después de Juan el Bautista, el cual les bautizaría con Espíritu Santo y Fuego; pero no podían recibir ese bautismo del Espíritu Santo y Fuego, y obtener el nuevo nacimiento, hasta verlo y recibirlo: si no lo reconocían, nunca iban a recibir el bautismo del Espíritu Santo y Fuego.

Hubo dos grupos: el de Juan y el de Jesús; y le vienen a Juan con el cuento (a ver si lo ponían celoso): “Mira, ahora aquel del cual tú diste testimonio, ahora a Él le siguen más personas que a ti y bautiza más personas que tú”. Juan el Bautista dice: “A Él le conviene crecer y a mí menguar”16. Los que se quedaron con Juan, se quedaron con el que iba menguando; los que se fueron con Jesús, se fueron con el que iba creciendo.

Y ahora, ya cuando Juan está en la cárcel, le envía dos de sus discípulos a Jesús para preguntarle17: “¿Eres tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro?”. Porque si Jesús no era aquel que había de venir, del cual Juan había dicho: “Después de mí viene uno del cual yo no soy digno de desatar la correa de Su calzado”, entonces Juan el Bautista tampoco era el precursor de la Primera Venida de Cristo; y entonces todo lo que había anunciado Juan y lo que había hecho, estaba perdido.

Pero Jesús, sabiendo que Juan era profeta y sabiendo que lo había enviado delante de Él (porque Jesús es el Ángel del Pacto, el cual había enviado Su mensajero delante de Él18), sabiendo que Juan conocía las promesas mesiánicas, las cosas que haría el Mesías en Su Venida, comienza a sanar a unos enfermos y a abrirles los ojos a los ciegos, a echar fuera demonios y a predicar, y les dice: “Vayan a Juan y digan lo que ustedes han visto: los cojos andan, los ciegos ven y a los pobres es predicado el Evangelio”.

No tenía Jesús que decirles: “Digan a Juan que yo soy el Mesías”, no; porque toda persona y todo ministro por la Escritura tiene que saber las cosas que están prometidas que el Mesías hará en Su Venida. Ahora, no las va a hacer todas a la misma vez; unas son primero, otras van después y otras van al final.

Y ahora, cuando le llevan la noticia a Juan de las cosas que Jesús está haciendo, Juan tiene que comparar esas cosas que Jesús está haciendo con las que el profeta Isaías en el capítulo 61 dice que hará el Mesías. Y las cosas que haría el Mesías en Su Primera Venida son mencionadas por el mismo Jesús en San Lucas, capítulo 4, cuando Él tomó esa Escritura de Isaías, y dijo (en el capítulo 4, verso 18 en adelante):

“El Espíritu del Señor está sobre mí,

Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres…”.

¿Ve? ¿A predicar a quiénes? A los pobres.

Siempre la mayor parte de las personas dicen: “Si a los ricos se les está predicando y ellos están creyendo, eso es de Dios”. Pero miren, aquí dice “para predicar (¿a quiénes?, ¿las buenas nuevas a quiénes?) a los pobres”. Así que las personas tienen que comprender que si la profecía dice que a los pobres sería predicado el Evangelio, los pobres estarían escuchando al Mesías en Su Venida dos mil años atrás predicando el Evangelio a los pobres y cumpliendo todas estas promesas.

“Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón;

A pregonar libertad a los cautivos,

Y vista a los ciegos;

A poner en libertad a los oprimidos;

A predicar el año agradable del Señor.

Y enrollando el libro, lo dio al (sacerdote, o sea, al) ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él.

Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros”.

Y ahora, el Mesías en medio del pueblo hebreo cumpliendo la profecía comenzando Su ministerio. Vean, no podían decir: “No, la Escritura dice: ‘Horadaron mis manos y mis pies’. Que me muestre sus manos y sus pies”. Eso era para el final de Su ministerio.

Y ahora, ¿creen ustedes que todo el mundo dijo: “¡Gloria a Dios que tenemos al Mesías presente!”? No, señor. Vamos a ver lo que sucedió ahí:

“Y todos daban buen testimonio de él, y estaban maravillados de las palabras de gracia que salían de su boca, y decían: ¿No es éste el hijo de José?”.

Ahí comienzan a buscarle algún motivo para decir: “No puede este ser el Mesías porque este es hijo del carpintero José (o sea, de un hombre sencillo); no es hijo ni del sumo sacerdote ni es hijo de un hombre rico, sino de un pobre carpintero de Nazaret”.

“Él les dijo: Sin duda me diréis este refrán: Médico, cúrate a ti mismo; de tantas cosas que hemos oído que se han hecho en Capernaum, haz también aquí en tu tierra.

Y añadió: De cierto os digo, que ningún profeta es acepto en su propia tierra”.

Porque en su propia tierra le conocen y dicen: “Este nació en tal sitio”, otros dicen: “Este estudió conmigo en la escuela”, otros dicen: “Nosotros conocemos a sus padres”, y así por el estilo; y luego dicen: “No puede (este que nosotros conocemos) ser un profeta, y menos ser el Mesías”.

“Y en verdad os digo que muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando el cielo fue cerrado por tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en toda la tierra;

pero a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una mujer viuda en Sarepta de Sidón.

Y muchos leprosos había en Israel en tiempo del profeta Eliseo; pero ninguno de ellos fue limpiado, sino Naamán el sirio.

Al oír estas cosas, todos en la sinagoga se llenaron (¿de qué?) de ira…”.

¿Y no habían ido a la sinagoga a adorar a Dios y a ir en paz para servir a Dios? ¿Y ahora, porque Jesús les predica estas cosas tan sencillas, se llenan de ira?

Mire, vamos a la iglesia para ser llenos de amor los unos para con los otros y no llenos de ira los unos para con los otros; pero ellos se llenaron de ira contra Jesús.

“… y levantándose (todos los que estaban en la sinagoga), le echaron fuera de la ciudad, y le llevaron hasta la cumbre del monte sobre el cual estaba edificada la ciudad de ellos, para despeñarle”.

O sea, pensamientos criminales; y hasta lo último; después ya pidieron Su muerte y fue crucificado.

Pero eso no era nuevo. El pueblo hebreo ha hablado mucho del profeta Moisés y “Moisés es nuestro profeta”, pero los que vivieron en el tiempo de Moisés quisieron apedrearlo por diez veces. Así que podemos ver que a Jesús también trataron de matarlo en muchas ocasiones, comenzando Su ministerio. Si mencionamos todas las veces que trataron de matarlo, quizás encontraríamos igual cantidad o mayor cantidad, o más o menos, pero siempre estaban pensando en matar a Jesús; y para colmo, los sacerdotes, incluyendo al sumo sacerdote.

¿Y cómo puede ser eso, que personas que profesan la fe en Dios y que profesan amar a Dios estén pensando matar a Jesús, a un profeta, porque ellos no están de acuerdo con Él y porque Él enseña la Palabra de Dios tal y como corresponde para ese tiempo?

Y ellos no están dispuestos a dejarse alumbrar con la Luz de Cristo, el Sol de Justicia, la Luz del mundo, y dicen: “No, nosotros tenemos nuestras propias interpretaciones”. Sí, tenían sus propias linternas alumbrando las Escrituras y diciendo: “Esto significa tal y tal y tal cosa”; y así decían muchos doctores en divinidad, de los fariseos. Pero esas mismas Escrituras podían los saduceos decir (alumbrando con su linternita teológica): “Esto significa tal y tal y tal cosa”; y aun, por contradecir a lo que creían los fariseos, decir contrario a lo que ellos creían.

Por ejemplo, en la resurrección. No creían en resurrección los saduceos, según dice la Escritura, y tampoco creían en ángeles19; y la Ley fue dada por comisión de Ángeles20; y Dios resucitó en el Antiguo Testamento a diferentes personas también, y no creían en resurrección ni en ángeles.

¿Y cómo puede ser posible que se sea una persona religiosa, y que aun se obtenga un nivel alto, tanto en ministerios de una religión, y no se crea ni en resurrección ni en ángeles? O sea que donde estaban los mayores incrédulos era en la misma religión como grandes líderes religiosos. Con razón ni creyeron en Jesucristo, el Mesías que les había sido prometido (!).

Esa fue la mayor incredulidad de los líderes de aquel tiempo, en su mayoría. Digo “en su mayoría” porque algunos creyeron en Jesús; no todos fueron tan incrédulos. Nicodemo creía en Jesús, Gamaliel también, José también (de Arimatea) y otros también creían; pero, usted sabe, cuidándose de que no fueran a señalarlos como que eran completamente seguidores de Jesucristo porque perdían su posición en el Concilio del Sanedrín, o en alguna posición de la religión hebrea, o posición social o económica que tenían en aquel tiempo.

Algunos se cuidaban, pero sabían que Jesús era el Mesías. Dice que muchos de los príncipes de Israel creían en Jesús, pero por la gloria humana no lo declaraban abiertamente, por no perder esa posición que ellos tenían.

Pero uno tiene que ser sincero con Dios y con uno mismo y con los demás: o cree o no cree. Uno tiene que ser tan sincero con Dios y con uno mismo que uno debe estar dispuesto a morir por lo que cree, como estuvieron dispuestos a morir los profetas del Antiguo Testamento, el mismo Jesucristo y los discípulos del Señor Jesucristo, sin negar a Jesucristo.

Ahora, vean ustedes cómo aquí, en este pasaje que hemos leído, cuando Jesucristo les da las buenas nuevas de que ya el Mesías está en la Tierra y les muestra por las Escrituras que esa promesa mesiánica de Isaías 61 (el Ungido con el Espíritu de Dios para predicar el año de la buena voluntad de Jehová) está en la Tierra y se está cumpliendo esa Escritura en medio del pueblo hebreo a través de Él, vean ustedes, eso fue un escándalo para ellos y trataron de matarlo.

En vez de decir: “¡Gloria a Dios! ¡El Mesías está con nosotros y es uno de nuestra ciudad! ¡Qué privilegio tan grande nos ha dado Dios aquí en Nazaret!, ¡que el Mesías esté viviendo en Nazaret y que de Nazaret, de aquí, salga el Mesías! Aunque no haya nacido en Nazaret, sino en Belén de Judea, pero se ha criado aquí; por lo tanto, lo hemos hecho ciudadano honorario (u honorífico) de nuestra ciudad”. Pero trataron de matarlo.

Es muy triste para una ciudad y para una nación o para una persona rechazar el cumplimiento de lo que ha estado esperando por días, meses, años, cientos de años o miles de años. Es muy triste que un pueblo esté esperando el cumplimiento de la Venida del Mesías y cuando llega el cumplimiento de esa promesa no les guste el Mesías, y digan: “No, nosotros lo estamos esperando de esta otra manera”. ¡Pero vino tan sencillo!

Miren: “Un rey, el Rey de Israel, ser un obrero de la construcción (!). El Diseñador, el Arquitecto y Constructor del universo completo, ahora que sea un sencillo carpintero de Nazaret (!), ni siquiera un ingeniero: un sencillo obrero de la construcción; eso sí que no lo podemos creer”.

Dios manifestándose (¿cómo?) en simplicidad; pero se ponían muy celosos con Jesús, porque siendo que Jesús no había estudiado teología, no tenía un título de doctor en teología, como los grandes doctores en divinidad de aquel tiempo… Los grandes doctores no podían hacer lo que Jesús hacía, y decían: “¿Cómo puede este hombre hablar o hacer estas cosas sin haber estudiado? ¿Cómo es posible?”.

¿Cómo podía multiplicar los panes y los peces? ¿Cómo podía decir a la tempestad: “Enmudece”, y se calmaba la tempestad? ¿Cómo podía caminar sobre las aguas? ¿Cómo podía abrir los ojos a los ciegos y los oídos a los sordos?, ¿y cómo podía sanar a los enfermos, a los paralíticos? ¿Cómo podía hacer estas cosas? Eso no se obtiene por doctorados en teología. Eso se obtiene por la unción del Espíritu de Dios, porque es el Espíritu de Dios el que hace esas cosas.

Así que no dependía Jesús de la sabiduría humana, sino de la manifestación del Espíritu de Dios que estaba en Él.

Y ahora se llenaban de celo, porque ellos con los grandes títulos que tenían no podían hacer las cosas que Jesús hacía, y decían: “Si lo dejamos, el pueblo completo lo va a seguir” (eso está en la Escritura), y decían: “Hay que acabar con este hombre”; en vez de decir: “Hay que ayudar a este hombre, porque Dios lo ha enviado con esa bendición grande prometida para el pueblo hebreo”.

Miren, en San Juan, capítulo 11, verso 47 en adelante, dice:

“Entonces los principales sacerdotes y los fariseos reunieron el concilio, y dijeron: ¿Qué haremos? Porque este hombre hace muchas señales.

Si le dejamos así, todos creerán en él; y vendrán los romanos, y destruirán nuestro lugar santo y nuestra nación”.

Pensando más en las cosas materiales. Y aun, vean ustedes, más adelante vinieron los romanos, el general romano Tito, y destruyó el templo y destruyó la ciudad; comoquiera iba a ser destruida la ciudad y el templo. Así que ellos pensaron en la destrucción, y la destrucción solamente podía venir si rechazaban al Mesías. La forma de evitar que fuera destruida Jerusalén y el templo era recibiendo al Mesías.

“Entonces Caifás, uno de ellos, sumo sacerdote aquel año, les dijo: Vosotros no sabéis nada;

ni pensáis que nos conviene que un hombre muera por el pueblo, y no que toda la nación perezca (o sea, que les estaba diciendo que convenía matar a Jesús, convenía que Jesús muriera).

Esto no lo dijo por sí mismo, sino que como era el sumo sacerdote aquel año, profetizó que Jesús había de morir por la nación;

y no solamente por la nación, sino también para congregar en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos.

Así que, desde aquel día acordaron matarle”.

¿Y quién acordó matar a Jesús? El Concilio del Sanedrín, encabezado por el sumo sacerdote.

Y eso sí que es algo terrible para una religión: que el Concilio de su religión con el líder máximo, la cabeza, el sumo sacerdote, decreten, acuerden, asesinar a un hombre. Y el primer mandamiento decía: “No matarás”; y estaban tratando de matarlo por celos, porque tenían celos de Él y veían que todo el pueblo estaba contento y le seguía y recibía los beneficios del ministerio de Jesús; y ellos decían: “No reinará este sobre nosotros”. No les gustó, no les gustó como rey.

Ahora, no se dieron cuenta que el rey David había sido un hombre sencillo, un joven pastor de ovejas en Belén de Judea; y que el Hijo de David, un descendiente de David, sería un hombre sencillo también.

Ahora vean cómo en la historia religiosa suceden estas cosas que son inconcebibles para la mente humana. ¿Cómo un líder religioso como el sumo sacerdote, reunido con el Concilio, acuerda llevar a cabo un crimen contra un hombre, un predicador, contra un profeta, Jesús de Nazaret? Esto es inconcebible, pero así fue.

Y trataron de justificar ese crimen ¿cómo? Tratando de obtener testigos que lo acusaran y tratando de obtener evidencias de cosas que Él hubiera dicho o hecho que lo colocaran como un falso profeta; porque ellos lo que deseaban era matarlo, y estaban dispuestos a todo; aun buscaron testigos falsos para justificar lo que ellos iban a hacer. Pero ya la profecía decía que el Mesías iba a morir; pero sería para juntar, congregar en uno a todos los hijos de Dios que estaban dispersos. Todo obraría para bien.

Cuando Jesús dijo que iba a subir a Jerusalén y lo iban a tomar preso y lo iban a matar, Pedro le dijo: “Tal cosa no te vaya a suceder”, y no quería que Jesús subiera a Jerusalén; y Él le dijo a Pedro: “Apártate de mí, Satanás”21. ¿Por qué? Porque Pedro no comprendía las cosas de Dios, el Programa de Dios, y estaba pensando humanamente porque amaba a Jesús.

Pero toda cosa que impide el cumplimiento del Programa Divino, no es de Dios.

Por lo tanto, Jesús llamó a Pedro “Satanás” porque estaba tratando de evitar el cumplimiento de la profecía para el tiempo que tenía que ser cumplida la muerte del Mesías. Tenía que ser en el día señalado por Dios. Si ocurría en otro tiempo, no obraría la redención.

Las cosas tienen que ser en el tiempo de Dios.

Por ejemplo, el pueblo hebreo no podía decir: “Yo voy a celebrar la Pascua en el mes décimo” o “en el mes sexto”, porque ya Dios había establecido que sería en el mes primero.

La muerte del cordero pascual tenía que ser el día 14, y durante la noche del día 15 (que comenzaba en la tarde del día 14), durante la noche tenían que comerse el cordero. No podían ellos cambiar lo que Dios ya había establecido. O sea que no era en el tiempo que las personas quisieran, sino en el tiempo que Dios había establecido.

Ahora, hemos visto cómo, cuando Dios cumple las promesas que Él ha hecho, no a todas las personas les gusta la forma en que Dios las cumple, pero esa es la interpretación que Dios le da a lo que Él prometió.

Y cuando las cumple y las da a conocer, eso es Dios alumbrando con Su Luz a los hijos de los hombres para que vean el cumplimiento de esas promesas; y esa es la interpretación de Dios.

Y hay que echar a un lado las linternitas que las personas tengan: “No, que yo lo entendí en esta forma porque el doctor, doctor en teología Fulano de Tal, lo explicaba en esta forma”.

Eso que alumbró esa linternita ahí teológica, déjelo quietecito y búsquese el Sol de Justicia, que es Cristo, para que le alumbre la Escritura y le dé a conocer el sentido de estas Escrituras.

Y ahora, Cristo dice en Apocalipsis, capítulo 4, verso 1: “Sube acá, y yo te mostraré las cosas que han de suceder después de estas”. Las cosas que han de suceder después de las que han sucedido en las siete etapas o edades de la Iglesia gentil, Cristo ha prometido que las dará a conocer a los que suban donde Él estará en el Día Postrero.

La Iglesia del Señor Jesucristo ha tenido siete etapas o siete edades entre los gentiles. En este diagrama que usó el reverendo William Branham, las tenemos aquí.

Esta etapa pequeña aquí marcada es la etapa de los apóstoles.

Y luego viene esta otra más grande, que es la primera edad de la Iglesia de Jesucristo entre los gentiles, la cual se cumplió en Asia Menor.

Luego viene la segunda etapa entre los gentiles, que fue cumplida en Francia, y su mensajero fue Ireneo (y de la primera edad fue San Pablo, pero de la segunda edad fue Ireneo).

Y luego viene la tercera etapa o edad de la Iglesia entre los gentiles, en Francia y en Hungría, y su mensajero fue Martín.

Luego viene la cuarta etapa de la Iglesia de Jesucristo entre los gentiles, en Irlanda y en Escocia, y su mensajero fue Colombo.

Luego viene la quinta etapa de la Iglesia de Jesucristo entre los gentiles, y se cumplió en Alemania, y su mensajero fue Lutero.

Luego viene la sexta etapa de la Iglesia de Jesucristo entre los gentiles, y se cumplió en Inglaterra, y su mensajero fue Wesley.

Ahora vean, en Asia Menor se cumplió la primera edad de la Iglesia gentil, en Europa se cumplieron cinco etapas o edades; y ahora la séptima edad se cumplió en Norteamérica y su mensajero fue el reverendo William Branham.

Estos ángeles mensajeros están representados en el Templo que está en el Cielo como las siete lámparas de fuego que están delante de la presencia de Dios; son los siete espíritus de Dios que recorren toda la Tierra; y manifestados aquí en la Tierra… El Espíritu de Dios manifestado en cada uno de estos mensajeros ha estado recorriendo la Tierra desde Asia Menor hasta Norteamérica, entre los gentiles, llamando y juntando a Sus escogidos de cada edad y colocándolos en el Cuerpo Místico de Jesucristo, y construyendo así Su Templo espiritual, construyendo así Su Iglesia.

Y ahora, podemos ver que por medio de cada ángel mensajero Cristo alumbró las promesas correspondientes a cada edad y dio a conocer las Escrituras, las promesas de cada edad, y llamó y juntó a los escogidos de cada edad. Estos ángeles mensajeros son los líderes de cada edad de la Iglesia gentil; cada uno de ellos presentará a Jesucristo el grupo de creyentes de su edad.

Y luego que se ha cumplido la séptima etapa o edad de la Iglesia gentil en Norteamérica, ahora, ¿hacia dónde se ha ido el Espíritu de Dios? Cristo hablando de la Venida del Hijo del Hombre dijo22: “Como el relámpago que sale del oriente y se muestra en el occidente, así será la Venida del Hijo del Hombre”.

El oriente es la tierra de Israel, que está en el Medio Oriente, donde se cumplió la Primera Venida de Cristo; y ahora ha salido del oriente, recorriendo de la tierra de Israel a Asia Menor, de Asia Menor a Francia, de Francia a Hungría, de Hungría a Irlanda y Escocia, de Escocia a Alemania, de Alemania a Inglaterra y de Inglaterra a Norteamérica, recorriendo así la Tierra y creando Su Templo, Su Nuevo Templo, Su Templo espiritual.

Y ahora, después de la manifestación de Jesucristo en Espíritu Santo en el séptimo ángel mensajero, el reverendo William Branham, ¿hacia dónde se ha ido Cristo en Espíritu Santo? Dice que “la Venida del Hijo del Hombre será como el relámpago que sale del oriente y se muestra (¿dónde?) en el occidente”. El Hijo del Hombre en el occidente tendrá Su manifestación mayor. Esa es la manifestación que verá el pueblo hebreo, así como la manifestación de la Primera Venida de Cristo, la Venida del Hijo del Hombre en el oriente, es la que los gentiles han visto para recibir salvación.

Ahora, la Venida del Hijo del Hombre en el occidente es lo que verá el pueblo hebreo en el Día Postrero y la Iglesia de Jesucristo en el Día Postrero para recibir la transformación de nuestros cuerpos; así como para recibir el cuerpo teofánico en el nuevo nacimiento se requiere recibir, creer, la Primera Venida de Cristo; y para recibir el cuerpo físico eterno y glorificado se requiere ver y recibir la Segunda Venida de Cristo, que es la Venida del Hijo del Hombre resplandeciendo en el occidente.

Y ahora, ya en el occidente, en la parte norte del occidente (el occidente es el continente americano con el Caribe), en la parte norte ya se cumplió la séptima edad de la Iglesia gentil, donde estuvo Cristo manifestado en Su séptimo ángel mensajero, precursor de la Segunda Venida de Cristo.

Y luego, ¿en dónde estará Cristo manifestado en el Día Postrero en el occidente? Solamente le queda Centroamérica, Suramérica y el Caribe, para esa manifestación poderosa del Hijo del Hombre en el Día Postrero, para esa manifestación como en los días de Noé, para esa manifestación prometida por Cristo para este tiempo final.

Ahora, en el tiempo final Él estará dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, conforme a Apocalipsis, capítulo 4, donde dice: “Sube acá, y yo te mostraré las cosas que han de suceder después de estas”.

Ahora, tenemos que subir al Cielo, al Templo que está en el Cielo, ¿y cómo vamos a subir? No es allí que tenemos que subir literalmente. De edad en edad Cristo ha estado subiendo en la construcción de Su Templo espiritual y, al estar subiendo, ha ido subiendo a través de Su manifestación en diferentes naciones gentiles y a través de Sus diferentes mensajeros.

Y ahora, vean ustedes, si estuviésemos viviendo en el tiempo de la primera edad, teníamos que subir a la primera edad y escuchar la Voz de Cristo por medio de San Pablo; y así, dependiendo del tiempo que la persona estuviera viviendo; tenía que subir a esa edad.

Y ahora, ya han transcurrido las siete etapas de la Iglesia gentil, ¿y a dónde vamos a subir ahora? Vamos a subir a la Edad de la Piedra Angular, donde Cristo estará dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, en este tiempo final.

“Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de éstas”.

O sea, después de las que ya han sucedido en las siete edades de la Iglesia gentil.

Y Apocalipsis 22, verso 6, dice:

“Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto”.

¿Cómo vamos a escuchar la Voz de Cristo dándonos a conocer todas estas cosas? Por medio de Su Ángel Mensajero, enviado para dar a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, en este tiempo final. Ese Ángel Mensajero de Jesucristo es el profeta de la Dispensación del Reino y Edad de la Piedra Angular.

Ahora, continuemos leyendo lo que dijo el precursor de la Segunda Venida de Cristo en la página 301 (que estábamos leyendo), donde dice:

[106]. En el tiempo cuando Dios iba a librar al mundo antes del diluvio, Él mandó un águila (ese fue Noé). Cuando decidió librar a Israel, también mandó un águila (¿Ese fue quién? Moisés; o sea, un águila es un profeta). ¿No cree usted que cuando Juan estaba en la Isla de Patmos, este Mensaje era tan perfecto que aun no podía ser confiado a un ángel? Ahora, un ángel es un mensajero, pero ¿sabía usted que aquel mensajero era un profeta (el Ángel de Jesucristo, dice que era un profeta)? ¿Lo creen? Vamos a probarlo. Veamos Apocalipsis 22:9 para ver si no fue un águila (o sea, ese Ángel de Jesús es un águila, o sea, un profeta; un profeta dispensacional). Él era un ángel, un mensajero, pero era un profeta, el cual reveló a Juan completamente este libro de Apocalipsis. Ahora veamos lo que Juan vio:

‘Yo Juan soy el que ha oído y visto estas cosas. Y después que (las) hube oído y visto, me postré para adorar delante de los pies del ángel que me mostraba estas cosas.

Y él (el ángel) me dijo: Mira que no lo hagas (ningún verdadero profeta recibiría adoración, o mensajero cualquiera) (ningún mensajero alguno recibirá adoración; ahora, sigue diciendo): porque yo soy siervo contigo, y con tus hermanos los profetas, y con los que guardan las palabras de este libro. Adora a Dios’”.

Ahora podemos ver que este Ángel de Jesucristo es un profeta; y si es un profeta, tiene que ser enviado a una edad y a una dispensación, y con un Mensaje.

“107. Ahora, el Libro era tan importante, y es la Palabra de Dios. ¡Cuidado! Cuando la Palabra de Dios es revelada, tiene que ser traída por el profeta, porque solamente a él llega la Palabra de Dios”.

¿A quién dijo que llegaría la Palabra de Dios? “Profeta de en medio de ti (o sea, de en medio de vuestros hermanos) os levantará el Señor vuestro Dios”, o sea, profeta como Moisés; y dice que pondrá Su Palabra (¿dónde?) en su boca23.

Esta Palabra apocalíptica es colocada en la boca del Ángel de Jesucristo y es traída a Juan el apóstol en estos símbolos apocalípticos; y para el Día Postrero Jesucristo dice: “Yo Jesús he enviado mi Ángel para dar testimonio de estas cosas en las iglesias”. Ese mismo Ángel que fue enviado a Juan el apóstol es enviado a la Iglesia de Jesucristo en el Día Postrero para darle testimonio de todas estas cosas apocalípticas que deben suceder en este tiempo final.

Y ahora, por medio de ese Ángel es que se recibirá en el Día Postrero la revelación de todas estas cosas que deben suceder pronto. De otra forma nadie podrá comprender estas promesas o profecías apocalípticas que corresponden a este tiempo final.

Si Dios dice que envía Su Ángel, no busque a otra persona; busque ese Ángel, que es el enviado de Jesucristo; porque por medio de ese Ángel es que Jesucristo, el Sol de Justicia, estará resplandeciendo y alumbrándonos todas estas promesas apocalípticas. No trate de alumbrar con una linternita cuando el Sol de Justicia, Jesucristo por medio de Su Ángel Mensajero, estará dándonos Luz para poder ver y comprender todas estas promesas apocalípticas.

Y ahora, para este tiempo final, en la Obra de Cristo y la conclusión de Su Programa, Cristo envía a Su Iglesia Su Ángel Mensajero; lo envía a Su Iglesia, el Israel celestial, y luego lo enviará al Israel terrenal.

Este Ángel no tendrá prisa por ir al Israel terrenal. ¿Y por qué? Porque lo más grande estará ocurriendo en el Israel celestial, en la Iglesia de Jesucristo; y él tiene la comisión de —con el Mensaje de la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino— llamar y juntar a todos los escogidos de Dios en el Día Postrero, en la Edad de la Piedra Angular; como cada ángel mensajero de cada edad tuvo la comisión de Dios de llamar y juntar a los escogidos de cada edad en la cual fue enviado, en la manifestación del Espíritu de Cristo a través de ese mensajero.

San Pablo, cuando quiso ir a Bitinia, dice que el Espíritu Santo se lo impidió, y le mostró un varón macedonio diciéndole en una visión: “Sube acá” o “Ven acá y ayúdanos”24. ¿Por qué? Porque los escogidos de Dios para la primera edad de la Iglesia gentil no estaban hacia la China o hacia esos territorios, sino que estaban en Asia Menor; y Dios no podía cumplir esa primera edad de la Iglesia gentil y colocar en Su Cuerpo Místico de creyentes esas personas de allá del oriente, del este, esas personas de la China, porque los que serían colocados en esa primera edad serían los de Asia Menor.

Dios tiene un Programa y nadie se lo puede interrumpir; y si alguien trata de interrumpírselo, se busca problemas con Dios.

Y ahora, hemos visto cómo han estado siendo llamados y juntados los escogidos de cada edad. Y ahora los escogidos de la Edad de la Piedra Angular son llamados y juntados (¿dónde?) en la América Latina y el Caribe, para completarse el Cuerpo Místico del Señor Jesucristo.

Y aunque esto suene para muchas personas un poco raro, para Dios no es raro. ¿Por qué? Porque la parte más importante del templo que construyó Moisés y del templo que construyó Salomón ¿dónde estaba? En el oeste; y esa parte es el lugar santísimo del tabernáculo que construyó Moisés y del templo que construyó Salomón.

Y del Templo que está construyendo Jesucristo, el Lugar Santísimo de ese Templo, que es la Edad de la Piedra Angular, ¿tiene que estar dónde? En el occidente, en el continente americano, en la América Latina y el Caribe.

¿Ahora ven que todo está allá en el templo que construyó Moisés y el templo que construyó Salomón? Porque eso es lo que está en el Templo del Cielo. Y Cristo construyendo Su Templo tiene que construirlo de acuerdo al modelo dado por Dios, para que sea el Templo que representa el Templo que está en el Cielo; y la Iglesia de Jesucristo, que es el Templo de Jesucristo, representa el Templo de Dios que está en el Cielo.

Ya no se necesita el templo de Moisés ni el templo de Salomón; ya Jesucristo está construyendo Su Templo y está casi terminando la construcción de Su Templo.

Y así como cuando Moisés terminó la construcción del templo, y Salomón también (la construcción del templo), y lo dedicó a Dios, entró Dios en la Shekinah, la luz de la Shekinah, en esa Columna de Fuego, entró por ese templo y llegó hasta el lugar santísimo y se asentó sobre el propiciatorio en medio de los dos querubines de oro; y eso es lo que corresponde en el Templo espiritual de Cristo, aquí, en la Edad de la Piedra Angular, en la América Latina y el Caribe.

Los ministerios de los dos querubines de oro allá, en el lugar santísimo del templo que estaba allá en Jerusalén, el templo que construyó Salomón y el templo que construyó Moisés, esos dos querubines son tipo y figura de los ministerios de Moisés y Elías en el Templo espiritual de Cristo.

Esta Edad de la Piedra Angular es la Edad del Lugar Santísimo del Templo espiritual de Cristo. Por eso es que en el Día Postrero, cuando se concluya la construcción del Templo espiritual de Cristo, cuando entre hasta el último de los escogidos de Dios a la Edad de la Piedra Angular, ¿luego viene qué? La dedicación a Dios; y luego viene la plenitud de Dios a ese Templo, y los muertos en Cristo serán resucitados en cuerpos eternos y nosotros los que vivimos seremos transformados.

Dios ha dicho que glorificará la Casa de Su gloria25, y Él va a glorificar a cada miembro del Cuerpo Místico de Jesucristo. Tendremos un cuerpo glorificado y eterno; y ese es el Templo de Dios, la Casa de Dios, nos dice San Pablo en Hebreos, capítulo 3, verso 1 al 6. Eso está claro porque Cristo tiene (¿qué?) un Nuevo Templo.

Cuando Él habló de la destrucción del templo de Jerusalén, está mostrando que habrá un Nuevo Templo; y ese Nuevo Templo lo construiría un Príncipe, representado en el príncipe Zorobabel, descendiente del rey David, el cual es tipo y figura de Jesucristo como descendiente del rey David. Capítulo 3, verso 5 en adelante, de la carta a los Hebreos, dice San Pablo:

“Y Moisés a la verdad fue fiel en toda la casa de Dios, como siervo, para testimonio de lo que se iba a decir;

pero Cristo como hijo sobre su casa, la cual casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin la confianza y el gloriarnos en la esperanza”.

Ahora podemos ver que la Iglesia de Jesucristo, compuesta por los hijos e hijas de Dios, los nacidos de nuevo, creyentes en Cristo, son la Casa de Dios, el Templo de Dios; y ese Templo será completado en este Día Postrero, será dedicado a Dios, Dios entrará en ese Templo en toda Su plenitud, seremos adoptados y estaremos con Cristo por toda la eternidad reinando.

Ahora, por medio de la manifestación de Jesucristo en Espíritu Santo de edad en edad ha venido el llamado a los escogidos de Dios, y para este Día Postrero viene por medio de la manifestación de Cristo en Espíritu Santo a través de Su Ángel Mensajero; pero Su Ángel Mensajero no es el Señor Jesucristo, pero por medio de él tendremos la manifestación de Cristo del Día Postrero, la manifestación del Séptimo Sello.

Y cuando ya estemos transformados, entonces veremos a Jesucristo en Su cuerpo físico y glorificado; pero antes de eso, no, solamente veremos la manifestación de Jesucristo en Espíritu Santo por medio de Su Ángel Mensajero.

Pero Su Ángel no es el Señor Jesucristo, pero él será el instrumento de Cristo para llamar y juntar a los escogidos de Dios, porque a través de él estará Cristo hablándole a Su pueblo; y él será el que nos presentará delante de Jesucristo como los creyentes en el Mensaje de Jesucristo de la Gran Voz de Trompeta del Día Postrero, con la cual son llamados y juntados todos los escogidos de Dios26:

“Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos…”.

Ahora, cuando leemos en las Escrituras donde nos habla de los Ángeles, siempre pensamos en más de una persona físicamente.

Como cuando la Biblia habla de Padre, Hijo y Espíritu Santo, la gente dice: “Ahí hay tres, hay tres”; pero cuando Cristo habló de esto, cuando Felipe le dijo: “Muéstranos al Padre, y nos basta”, Jesús le dice: “¿Tanto tiempo hace, Felipe, que estoy con vosotros, y todavía no me has conocido? ¿No sabes que yo estoy en el Padre, y el Padre está en mí, y el que me ha visto a mí, ha visto al Padre?”27.

¿Por qué? Porque el Padre estaba velado en carne humana. Ese velo de carne llamado Jesús solamente era la vestidura humana del Padre celestial, que estaba dentro de ese cuerpo físico.

Hay otros lugares donde Jesucristo dice: “El Padre y yo una cosa somos”. Por eso le decían (a Jesús): “Tú, siendo hombre, te haces Dios”, pero era: siendo Dios, que se hizo hombre para llevar a cabo la Obra de Redención.

Y ahora, cuando en la Escritura encontramos que nos habla de los Ángeles del Hijo del Hombre viniendo con la Gran Voz de Trompeta para llamar y juntar a los escogidos, muchos esperan ver a los Dos Olivos, uno por acá y otro por allá. Y los que saben que esos ministerios de los Dos Olivos son los ministerios de Moisés y Elías esperan literalmente que venga Moisés por un lado y esperan que venga Elías por otro lado, como esperaban en tiempos pasados, y cuando vino Elías se llamaba Juan el Bautista. “Él es aquel Elías que había de venir”28. ¿Precursando cómo?, ¿precursando qué? La Primera Venida de Cristo; y no lo conocieron.

Luego, cuando vino Elías por cuarta ocasión precursando la Segunda Venida de Cristo, el velo de carne se llamaba reverendo William Marrion Branham, y tampoco lo conocieron.

Y cuando viene Elías por quinta ocasión, pues se llamará del nombre que le hayan puesto sus padres cuando nació ese velo de carne, pero el ministerio será el ministerio de Elías; y en él estará también el ministerio de Moisés. Y ese será el Ángel de Jesucristo, en el cual estarán los ministerios de Elías, de Moisés y de Jesús.

Recuerden: sus ministerios, pero literalmente ni será Moisés, ni será Elías, ni será Jesús. El Ángel de Jesucristo ni es Elías, ni es Moisés, ni es Jesús, sino que en él estarán los ministerios de Moisés, de Elías y de Jesús siendo manifestados, siendo operados por el Ángel del Pacto, el cual estará manifestado en el Ángel de Jesús; y así será como serán llamados y juntados los escogidos de Dios del Día Postrero.

¿Ahora vieron lo sencillo que es todo? Cuando decimos: “Jesús estará hablándonos en el Día Postrero” y “Elías estará hablándonos en el Día Postrero” y “Moisés estará hablándonos en el Día Postrero”, pues miren, estos tres son uno: el Ángel de Jesucristo ungido con el Espíritu Santo, y el Espíritu Santo hablando por medio de Su Ángel Mensajero.

Ese es el misterio de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles; pero el Ángel de Jesucristo no es Jesucristo, tampoco es Moisés y tampoco es Elías; él es el instrumento de Cristo para el Día Postrero.

Y cuando ya estemos transformados, entonces veremos a Jesucristo, estaremos con Él en la Cena de las Bodas del Cordero y estaremos después en el glorioso Reino Milenial de nuestro amado Señor Jesucristo.

Tenemos que comprender claramente que el Ángel de Jesucristo no es el Señor Jesucristo, aunque en él estarán manifestados los ministerios de Moisés por segunda vez, de Elías por quinta vez y de Jesús por segunda vez, en el cumplimiento de lo que Dios ha prometido; y bajo ese ministerio se estará entrelazando una nueva dispensación: la Dispensación del Reino, con un nuevo Mensaje dispensacional: el Mensaje del Evangelio del Reino.

Esa edad no pertenece —la Edad de la Piedra Angular no pertenece— a ninguna de las siete edades de la Iglesia gentil. Por eso ese Ángel, el Ángel del Pacto, vean ustedes, manifestado en Su Ángel Mensajero, estará obrando fuera de las siete edades de la Iglesia gentil, para beneficio de todos los hijos e hijas de Dios, para todos los hijos de Dios, no importa en qué grupo religioso estén.

Ese Ángel Mensajero no tendrá barreras con nadie, sino que su Mensaje es para todo ser humano, para todo pueblo, nación y lengua. Él estará en favor de todo el pueblo, de todos los hijos de Dios, gentiles y hebreos también; pero no irá a los hebreos hasta que se complete el número de los escogidos de Dios de la Iglesia de Jesucristo, y sean resucitados los muertos en Cristo y los vivos seamos transformados; o sea que cuando vaya, irá con un cuerpo (¿cómo?) eterno, un cuerpo nuevo, y bajo esa fase o etapa no habrá nada que no pueda hacer Cristo por medio de Su Ángel Mensajero.

Ahora podemos ver que el misterio del Séptimo Sello en la conclusión del Programa de Dios es por medio de la manifestación de Jesucristo, el Ángel del Pacto, el Espíritu Santo, a través de Su Ángel Mensajero. Por eso es que será algo sencillo y también algo que no toda persona lo podrá comprender, sino aquellos a los cuales es dado conocer los misterios del Reino de Dios, los cuales tienen sus nombres escritos (¿dónde?) en el Libro de la Vida del Cordero.

Por eso es que el Ángel de Jesucristo no estará obligando a ninguna persona. Su Mensaje es para toda persona, pero él no estará insistiéndole a nadie: “Cree el Mensaje”, sino: “Ahí está el Mensaje; ora a Dios, léelo y pídele a Dios que te ayude a entenderlo para que recibas la bendición de Dios”; y él amará a todas las personas, sin importar a qué grupo religioso ellos pertenezcan; su Mensaje es para toda iglesia. Para dar testimonio de estas cosas en y a todas las iglesias Jesucristo dice que ha enviado a Su Ángel.

El resumen de EL SÉPTIMO SELLO Y LA CONCLUSIÓN DEL PROGRAMA DE DIOS es que si encontramos a ese ángel mensajero, a ese profeta mensajero, encontraremos el ministerio de Moisés manifestado por segunda vez, encontraremos el ministerio de Elías manifestado por quinta vez y encontraremos el ministerio de Jesús manifestado por segunda vez; porque estaremos encontrando al Verbo, al Ángel del Pacto (el cual es el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob), manifestado en Su Ángel Mensajero en el Día Postrero, para darnos Su amor y Su bondad y Su revelación para ser transformados y raptados en este tiempo final.

“EL SÉPTIMO SELLO Y LA CONCLUSIÓN DEL PROGRAMA DE DIOS”.

Ha sido para mí un privilegio muy grande estar con ustedes en esta ocasión dándoles testimonio de estas cosas prometidas para este tiempo final.

Que las bendiciones de Jesucristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también, y pronto se complete el número de los escogidos de Dios, y pronto todos seamos transformados y llevados a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

¿La próxima actividad la tendremos a las 7:00 de la noche, Miguel? (¿Qué hora tenemos por ahí, Miguel?). Ya Miguel les estará hablando de la próxima actividad, así que vamos a dejar a Miguel por aquí con nosotros para continuar y finalizar nuestra parte en esta ocasión; y así le damos gracias a Cristo por Sus bendiciones en esta ocasión, recordando que estamos viviendo en el tiempo más importante de todos los tiempos, un tiempo de vida o muerte, un tiempo que tenemos que escapar por la vida.

Con nosotros nuevamente Miguel Bermúdez Marín para continuar.

Que Dios les bendiga y les guarde a todos.

“EL SÉPTIMO SELLO Y LA CONCLUSIÓN DEL PROGRAMA DE DIOS”.

[Revisión junio 2019]

1 San Marcos 16:17, Isaías 28:11

2 San Juan 16:7

3 Apocalipsis 22:16

4 Apocalipsis 1:1

5 Zacarías 14:9

6 Jeremías 31:34

7 Zacarías 4:12-14

8 Isaías 52:6

9 Isaías 60:1

10 1 Corintios 13:12

11 San Juan 5:35-36

12 San Juan 1:15, 1:27, 1:30

13 San Juan 1:35-37

14 San Mateo 3:11, San Lucas 3:16

15 San Juan 1:26

16 San Juan 3:26-30

17 San Mateo 11:2-6, San Lucas 7:18-20

18 Malaquías 3:1

19 Hechos 23:8

20 Hechos 7:53

21 San Mateo 16:21-23, San Marcos 8:31-33

22 San Mateo 24:27

23 Deuteronomio 18:15-18

24 Hechos 16:7-9

25 Isaías 60:7

26 San Mateo 24:31

27 San Juan 14:8-10

28 San Mateo 11:14

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