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Muy buenas noches, amados hermanos y amigos presentes. Es para mí una bendición muy grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final.

Para esta ocasión el tema que tenemos es: “LA CREACIÓN DE LA ESPOSA DEL PRIMER ADÁN Y DEL SEGUNDO ADÁN”. Para lo cual quiero leer en Génesis, capítulo 2, versos 18 en adelante, y también en Segunda de Corintios, capítulo 11, verso 2. Dice:

“Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él.

Jehová Dios formó, pues, de la tierra toda bestia del campo, y toda ave de los cielos, y las trajo a Adán para que viese cómo las había de llamar; y todo lo que Adán llamó a los animales vivientes, ese es su nombre.

Y puso Adán nombre a toda bestia y ave de los cielos y a todo ganado del campo; mas para Adán no se halló ayuda idónea para él.

Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar.

Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre.

Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada.

Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.

Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban”.

Y Segunda de Corintios, capítulo 11, verso 2, dice:

“Porque os celo con celo de Dios; pues os he desposado con un solo esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo”.

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

“LA CREACIÓN DE LA ESPOSA DEL PRIMER ADÁN Y DEL SEGUNDO ADÁN”.

Para poder comprender la creación de la esposa del primer Adán y del segundo Adán tenemos que comprender también la creación del primer Adán, y luego comprender cómo vino el segundo Adán.

El primer Adán, el cual se encuentra en el Génesis, capítulo 1 y capítulo 2, encontramos que vino de Dios. Es el primer hijo de Dios que fue manifestado en este planeta Tierra en un cuerpo de carne, creado por Dios del polvo de la tierra; pero antes de estar en este planeta Tierra en un cuerpo de carne, él primeramente estuvo en la sexta dimensión, que es la dimensión de la teofanía, en donde el cuerpo que existe allí, en el cual Adán estuvo viviendo (no sabemos por cuántos días, años, cientos de años o milenios o millones de años)… en ese cuerpo que él vivió, es llamado la teofanía. Es la misma clase de cuerpo en el cual Dios les apareció a los profetas del Antiguo Testamento, y ellos lo llamaron el Ángel de Jehová o Ángel del Pacto, que es el mismo Dios en Su cuerpo teofánico.

Cuando le apareció al profeta Moisés, le dijo al profeta Moisés el Ángel de Jehová1: “Yo soy el Dios de tu padre (o sea, el Dios de Amram, que era el padre de Moisés), el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob”.

Ahora, vean ustedes que el Ángel de Jehová o Ángel del Pacto es el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.

¿Y cómo puede ser que el Ángel del Pacto sea el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob? Porque el Ángel del Pacto es el mismo Dios con Su cuerpo teofánico de la sexta dimensión, el cual es un cuerpo parecido a nuestro cuerpo pero de otra dimensión.

Encontramos en el capítulo 1 de San Juan, verso 1 en adelante, que dice: “En el principio creó Dios…”. Vamos a ver, dónde Dios creó; vamos a ver cómo dice:

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.

Este era en el principio con Dios.

Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho”.

Y en Génesis, capítulo 1, verso 1, dice:

“En el principio creó Dios los cielos y la tierra”.

Este que creó en el principio los Cielos y la Tierra es el Verbo, que era con Dios y era Dios.

¿Y cómo se puede comprender que el Verbo era con Dios y era Dios? Porque cuando se habla del Verbo, de Dios, se está hablando del cuerpo teofánico de Dios de la sexta dimensión, que es un cuerpo parecido a nuestro cuerpo pero de otra dimensión, de la sexta dimensión; y por eso cuando les apareció a los profetas del Antiguo Testamento, ellos lo llamaron el Ángel de Jehová.

Apareció en diferentes ocasiones en la forma de un ángel, o sea, en un cuerpo angelical, un cuerpo de otra dimensión; y ese fue el que creó los Cielos y la Tierra, o sea, un hombre de otra dimensión, el cual es el mismo Dios en Su cuerpo teofánico, de la sexta dimensión; porque Dios es el Creador.

En ese cuerpo teofánico le apareció también Dios a Abraham, el Padre de la Fe, como Melquisedec. Abraham pagó los diezmos a Melquisedec, y Melquisedec le dio pan y vino2. Y ahora, vean ustedes, Melquisedec: Sacerdote del Dios Altísimo del Templo que está en el Cielo y también Rey de Salem.

Y ahora, en otra ocasión le apareció como Elohim (el día antes de la destrucción de Sodoma y Gomorra) y se materializó delante de Abraham juntamente con Gabriel y Miguel, los poderosos Arcángeles de Dios, y comieron con Abraham3.

Por eso es que Jesús en una ocasión, allá en San Juan, hablando acerca de ese momento en donde Abraham pudo ver a Jesucristo… Capítulo 8 de San Juan, verso 56 en adelante, dice:

“Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó.

Entonces le dijeron los judíos: Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham?

Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy”.

Y cuando dice esto tan grande, cuando se identifica con el Yo soy que le había aparecido a Moisés y le dijo4: “Yo soy el que soy”…; y le había aparecido a Abraham como Elohim en una ocasión; y anteriormente a esa (en la ocasión anterior a esa), le había aparecido como Melquisedec, y le había aparecido en otras ocasiones también; y ahora cuando Jesús se identifica como el que le había aparecido a Abraham, el cual había comido con Abraham, ahora:

“Tomaron entonces piedras para arrojárselas; pero Jesús se escondió y salió del templo; y atravesando por en medio de ellos, se fue”.

En vez de decir: “Bendito el Señor, que está entre nosotros en carne humana”, tomaron piedras para apedrearlo.

Y ahora, vean ustedes quién es nuestro amado Señor Jesucristo: es el Yo soy; y por eso en diferentes ocasiones Él dijo “Yo soy”: “Yo soy la resurrección y la vida”5, “Yo soy el camino, la verdad y la vida”6. Y así por el estilo encontramos en diferentes ocasiones que Él usó el “Yo soy”7 para identificarse a Sí mismo como el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Yo soy que le apareció al profeta Moisés.

Cuando lo fueron a tomar preso en la noche en que lo tomarían preso y lo llevarían al sumo sacerdote, cuando llegaron a buscarlo, y Él dice: “¿A quién ustedes están buscando?”, ellos dicen: “A Jesús”. Él dice: “Yo soy”; y cuando dice: “Yo soy”, cayeron al piso8. Algo pasó allí. Y así sucedió por dos ocasiones.

Ahora podemos ver que el Yo soy, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, estaba en la Tierra en carne humana, porque el Verbo que era con Dios y era Dios (que es el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, y Creador de los Cielos y de la Tierra) se había hecho carne; porque [San Juan 1]:

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.

(Por Él fueron hechas todas las cosas), y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.

En él estaba (¿qué?) la vida, y la vida era la luz de los hombres”.

Y ahora, esa Luz de los hombres venía a este mundo. ¿Y cómo venía a este mundo? Venía en forma visible. Y por eso dice en el capítulo 1, verso 14, de San Juan: “Y aquel Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros”. Se hizo carne, se hizo hombre, y fue conocido por el nombre de Jesús, Jesús de Nazaret; aunque había nacido en Belén de Judea, pero se había criado en Nazaret.

Y ahora podemos ver que el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Verbo (que era con Dios y era Dios), estaba en forma de un hombre, de un profeta, en medio de la raza humana visitando a Su pueblo Israel; era la Visitación de Dios, era el tiempo del refrigerio9 para el pueblo hebreo. Pero [verso 11]: “A lo Suyo vino (vino en carne humana), y los Suyos no le recibieron. Pero a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios…”.

¿Cómo? Creyendo en Cristo como nuestro Salvador y lavando nuestros pecados en la Sangre de Cristo y recibiendo Su Espíritu Santo.

Y así como Adán recibió una compañera, una esposa, ahora el segundo Adán —que es Cristo— recibiría una compañera también, una Novia, para hacerla Su Esposa y por medio de ella tener hijos; o sea, para Él multiplicarse y así traer a existencia hijos e hijas de Dios con vida eterna.

Porque por medio del primer Adán y la primera Eva no pueden venir hijos e hijas de Dios con vida eterna; vienen con un cuerpo mortal y corruptible y con un espíritu del mundo, pero con vida eterna no pueden aparecer en esta Tierra naciendo por medio de papá y mamá. Tiene que ser por medio del nuevo nacimiento.

Y el único que puede producir ese nuevo nacimiento, ¿es quién? El segundo Adán. Y por medio de la segunda Eva —que es Su Iglesia—, Él trae en y por medio de la segunda Eva, Él trae hijos e hijas de Dios en cada etapa, en cada edad de Su Iglesia entre los gentiles. Así como trajo hijos entre los hebreos en el tiempo de los apóstoles, ahora, durante las siete edades de la Iglesia gentil, están naciendo hijos e hijas de Dios en el Reino de Dios.

Desde el Día de Pentecostés en adelante, por medio del segundo Adán (que es Cristo), en unión a la segunda Eva (que es Su Iglesia, la cual nació el Día de Pentecostés), están viniendo los hijos e hijas de Dios.

Ahora, están viniendo a una manifestación en la sexta dimensión, obteniendo el nuevo nacimiento, y así obteniendo el cuerpo teofánico de la sexta dimensión. Pero para el Día Postrero tenemos la promesa de la manifestación gloriosa de los hijos de Dios en cuerpos eternos; porque los muertos en Cristo van a resucitar y nosotros los que vivimos vamos a ser transformados cuando se complete el número de los escogidos de Dios en el Cuerpo Místico del Señor Jesucristo.

Cuando hayan nacido todos los hijos e hijas de Dios en el Cuerpo Místico de Cristo, y hayan así obtenido su cuerpo teofánico, luego lo que falta es el nacimiento en el cuerpo eterno; pues la resurrección de los muertos en Cristo será como nacer en un nuevo cuerpo, pero creado por Dios; y la transformación nuestra es como nacer en un nuevo cuerpo también, pero eterno, creado por Cristo; pues nuestro cuerpo será cambiado en nuestros átomos, y ya los átomos de nuestro cuerpo no serán los mismos que tenemos en la actualidad; serán átomos con vida eterna.

Todo esto está prometido para los miembros del Cuerpo Místico de Cristo, que vienen por medio de la segunda Eva.

Y ahora, por medio del segundo Adán y la segunda Eva, vean ustedes las bendiciones que Dios tiene para todos los que tienen sus nombres escritos en el Libro de la Vida del Cordero.

Y ahora, la Iglesia ha estado pasando por diferentes etapas; y cada vez que pasa por una etapa aparece como una Iglesia jovencita, que comienza, pero es la misma Iglesia que comenzó el Día de Pentecostés pasando por sus diferentes etapas.

Y ahora, cuando aparece en la Edad de la Piedra Angular, aparece como una jovencita, una Iglesia-Virgen para Cristo, para ahí tener la unión con Cristo y ahí traer hijos e hijas de Dios.

Y luego que se haya producido ese nacimiento de todos los hijos e hijas de Dios en la sexta dimensión y se haya completado el número de los escogidos de Dios de este tiempo final, luego vendrá Cristo del lugar de intercesión en el Cielo, termina Su Obra de Intercesión en el Cielo y reclama a todos los que Él ha redimido con Su Sangre preciosa, y los trae a vida en un cuerpo glorificado, en un cuerpo eterno, resucitándolos —a los que partieron ya—, y a nosotros los que vivimos transformándonos y dándonos el nuevo cuerpo, el cuerpo eterno, el cuerpo con vida eterna, que será un cuerpo como el de nuestro amado Señor Jesucristo. Y cuando tengamos ese cuerpo, entonces lo veremos a Él en Su cuerpo físico también, cuerpo físico y glorificado.

Y nosotros tendremos ese cuerpo glorificado, cuerpo eterno, y también tendremos el cuerpo teofánico dentro del cuerpo físico y glorificado; y ya entonces estaremos iguales a nuestro amado Señor Jesucristo: a imagen (que es la teofanía) y semejanza (que es el cuerpo físico). Y así, lo que Cristo dijo en una ocasión…: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, él solo queda; pero si cae en tierra y muere, mucho fruto lleva”10.

Y cuando un grano de trigo cae en tierra y muere, nace en la forma de una planta. Y así es como ha sucedido con Cristo: el Día de Pentecostés nació una plantita llamada la Iglesia del Señor Jesucristo; ha ido creciendo. Y esa es la plantita que lleva muchos granos de trigo, porque esa plantita es el mismo Grano de Trigo en la forma de Su Iglesia; porque Su Iglesia es Su Cuerpo Místico de creyentes.

Y ahora, Cristo y Su Iglesia son una sola carne, así como el esposo y la esposa son una sola carne.

Y ahora, vean cómo esa plantita de trigo, la cual nació el Día de Pentecostés, es para llevar mucho trigo, muchos granos de trigo; y de etapa en etapa, de edad en edad, la Vida de Cristo, la Vida del Grano de Trigo, que es el Espíritu Santo, ha ido pasando de etapa en etapa, de edad en edad, y los escogidos de cada edad han sido el trigo de Dios potencialmente; aunque no han estado manifestados plenamente como hijos e hijas de Dios, excepto en el nuevo nacimiento solamente, obteniendo el cuerpo teofánico de la sexta dimensión, pero sin obtener todavía el cuerpo físico y glorificado para el Día Postrero - el cual será dado en el Día Postrero a todos los escogidos de Dios.

Ahora, para llegar a esa etapa, los escogidos de Dios en el Día Postrero, vean ustedes, llegarán a la etapa de la Edad de la Piedra Angular, y ahí estarán los granos de trigo —los hijos e hijas de Dios— que van a ser transformados, porque esos son los que madurarán.

Ya los de las demás edades no maduraron hasta llegar a obtener la transformación de sus cuerpos porque ellos vivieron en edades donde no se llegaría a la perfección; pero los que llegarán a la perfección serán los que estarán en la Edad de la Piedra Angular, que madurarán a medida que el Sol de Justicia, Cristo… Él dijo: “A los que temen mi nombre, nacerá el Sol de Justicia, y en Sus alas traerá salvación”. Eso está en Malaquías, capítulo 4, verso 2.

¿Y qué es la Venida del Sol de Justicia naciendo? Cuando el sol nace, nace por la mañana, y por consiguiente nace en un nuevo día. Y la Segunda Venida de Cristo, que es la Venida del Sol de Justicia naciendo, es en un nuevo día dispensacional (o sea, en la Dispensación del Reino, comenzando la Dispensación del Reino, y para comenzar la Dispensación del Reino) y en un nuevo día milenial (o sea, el séptimo milenio comenzando, o sea, naciendo).

Si le añadimos al calendario los años de atraso que tiene, ya estamos en el séptimo milenio. Y si no le añadimos los años de atraso que tiene, pues solamente falta lo que queda del 1998, falta el 1999 y el año 2000; y entonces termina el año 6000 y entra el año 7000, que es el séptimo milenio y es el Día Postrero delante de Dios.

Los días postreros delante de Dios son quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio; y el postrero de esos tres milenios postreros es el séptimo milenio.

Ahora, han transcurrido de Cristo hacia acá 2000 años. Y para Dios, ¿cuánto tiempo ha transcurrido? Solamente 2 días; porque “un día delante del Señor es como mil años, y mil años como un día”, nos dice Segunda de Pedro, capítulo 3, verso 8, y el Salmo 90 y verso 4.

Y ahora, podemos ver el por qué San Pablo y San Pedro decían que Dios había hablado por medio de Jesucristo en los días postreros, y han transcurrido ya dos mil años si le añadimos al calendario los años de atraso que tiene. Pero ellos no se equivocaron al decir que aquellos eran los días postreros, porque los días postreros delante Dios son los tres milenios postreros, que son quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio.

Y ahora, vean cómo también San Pedro dice que Dios prometió por medio del profeta Joel derramar de Su Espíritu Santo sobre toda carne; eso está en el libro de los Hechos, capítulo 2, verso 14 al 20. Y eso fue lo que explicó San Pedro en cuanto a lo que estaba sucediendo allí en el Día Pentecostés cuando muchas personas se preguntaban11: “¿Qué significa esto? Pues les oímos hablar en nuestra propia lengua, en nuestro propio idioma en el cual nosotros hemos nacido; les escuchamos hablar las maravillas de Dios. ¿Y no son toda esta gente galileos? ¿Cómo pueden estar hablando en otros idiomas? El idioma de ellos, difícilmente lo pueden hablar correctamente, y ahora están hablando en otros idiomas. ¿Qué significa esto?”.

Y como nunca faltan los burladores cuando Dios cumple Su promesa, había allí - hubo burladores allí que decían: “Están borrachos”, o sea, “Están llenos de mosto”. San Pedro dice:

“No estamos llenos de mosto, puesto que es la hora tercera del día (o sea, de 8 a 9 de la mañana).

Esto es lo dicho por el profeta Joel:

Y en los postreros días, dice Dios,

Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne,

Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán;

Y vuestros jóvenes…”.

Vamos a leerlo directamente aquí, para que tengan la lectura en la forma correcta:

“Y en los postreros días, dice Dios,

Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne,

Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán;

Vuestros jóvenes verán visiones,

Y vuestros ancianos soñarán sueños;

Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días

Derramaré de mi Espíritu, y profetizarán”.

Ahora vean ustedes cómo Dios derramaría de Su Espíritu (¿cuándo?) en los postreros días.

Y por eso es que desde el Día de Pentecostés hacia acá ha estado derramando de Su Espíritu Santo sobre toda persona que se ha arrepentido de sus pecados, ha recibido a Cristo como su Salvador y ha lavado sus pecados en la Sangre de Cristo, y ha recibido el Espíritu de Cristo y así ha obtenido el nuevo nacimiento.

Ha nacido en el Reino de Dios, ha nacido en la Iglesia de Jesucristo y ha obtenido un cuerpo teofánico de la sexta dimensión; y solamente le falta perseverar hasta que cumpla todos sus días de su vida aquí en la Tierra y parta su cuerpo físico, o sea transformado físicamente y obtenga el cuerpo eterno que Cristo ha prometido para todos Sus escogidos, para todos los que primeramente han recibido el Espíritu de Cristo.

Los que serán transformados (que viven en este tiempo) y los que serán resucitados (de las edades pasadas) son los que han recibido el nuevo nacimiento.

Primero hay que nacer en la sexta dimensión, obtener ese nuevo nacimiento, y así obtener el cuerpo teofánico de la sexta dimensión, que es el Espíritu de Cristo con vida eterna.

Y ahora, ese es un cuerpo parecido a nuestro cuerpo pero de otra dimensión, de la sexta dimensión, en el cual los creyentes en Cristo —cuando muere su cuerpo físico— van a vivir en ese cuerpo al Paraíso, o sea, a la sexta dimensión; pero regresarán con ese cuerpo y entrarán en el cuerpo eterno y físico y glorificado que Cristo les dará, porque Cristo ha creado para ellos un cuerpo eterno; y entrarán a ese cuerpo, y tendrán dos cuerpos.

Toda persona tiene dos cuerpos. Cuando nos miramos unos a otros, solamente vemos un solo cuerpo, pero una persona tiene dos cuerpos: un cuerpo de esta dimensión terrenal (de carne), y tiene otro cuerpo, que es llamado el espíritu (ese es un cuerpo de otra dimensión).

Cuando la persona nace en esta Tierra obtiene un cuerpo que es físico, mortal y corruptible; y obtiene otro cuerpo también, llamado el espíritu, que es un cuerpo de otra dimensión, un espíritu del mundo, por lo tanto es un espíritu de la quinta dimensión. Y luego, cuando nace de nuevo la persona, obtiene un espíritu de la sexta dimensión.

Y cuando resuciten los muertos en Cristo, obtendrán el cuerpo eterno y glorificado que Cristo les ha prometido a ellos, y nosotros los que vivimos seremos transformados y obtendremos el cuerpo eterno que Él ha prometido para cada uno de ustedes y para mí también; y entonces estaremos como nuestro amado Señor Jesucristo. Por eso es que luego nos iremos con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero, a la Casa de nuestro Padre celestial.

Él dijo12: “En la Casa de mi Padre muchas moradas hay; si no fuera así, yo lo hubiera dicho antes; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez (Su Segunda Venida), y os tomaré a mí mismo”. ¿Por qué dice: “… y os tomaré a mí mismo”? Porque somos el Cuerpo Místico de Cristo; somos carne de Su carne y huesos de Sus huesos.

Y ahora, Él nos tomará y nos llevará a la Casa de nuestro Padre celestial. Estaremos en la Cena de las Bodas del Cordero, donde Él estará repartiendo los galardones por todas las labores que hemos realizado en el Reino de Dios, en el Cuerpo Místico de Cristo.

Y ahora, vean ustedes, fue en San Juan, capítulo 14, que Él dijo: “… voy, pues, a preparar lugar para vosotros”.

Y ahora, podemos ver lo que es y quién es la esposa del primer Adán, y ahora podemos ver también cuál es la Esposa del segundo Adán.

La esposa del primer Adán fue la que Dios sacó del costado de Adán cuando tomó una costilla y de esa costilla le formó una compañera. Y ahora, la Esposa del segundo Adán es la Iglesia del Señor Jesucristo, la cual salió del Sacrificio de Cristo en la Cruz del Calvario, en donde Cristo fue herido en Su costado también, y de ahí salió agua y Sangre.

Y ahora vean ustedes de dónde ha salido la Iglesia de Jesucristo, la Esposa del segundo Adán. Por eso es que la mujer, la esposa del primer Adán, era para ser amada, porque salió del costado de Adán. Por eso la mujer, la esposa, es para ser amada, porque salió del costado del ser humano. Y la Iglesia de Jesucristo es para ser amada por Cristo, y ella amar a Cristo con todo su corazón, porque ella salió del costado, del corazón de nuestro amado Señor Jesucristo.

Y ahora, la Esposa del segundo Adán es la mujer más importante que existe; esa es Su Iglesia, y está representada en una mujer. Fue representada en Eva pero Eva cayó, y luego fue representada también en Sara, y luego fue representada en la virgen María.

Y la virgen María, al recibir la Palabra que le fue hablada por el Arcángel Gabriel y decir13: “Hágase conforme a Tu Palabra”…

Vean ustedes, lo que Eva tenía que esperar que sucediera para recibir la Palabra creadora siendo hablada, para poder obtener un hijo por creación divina, Eva no esperó; pero vino María, y cuando el Arcángel Gabriel le habló esa Palabra, y ella le dice: “¿Y cómo será esto? Porque yo no conozco varón”, el Arcángel Gabriel le dijo: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y hará sombra sobre ti; y concebirás, y tendrás así un hijo. Será llamado Hijo de Dios, Hijo del Altísimo”.

Y ese fue ese cuerpecito que fue formado allí, fue creado allí en el vientre de María, fue creada una célula de vida la cual se multiplicó célula sobre célula y formó el cuerpo de Jesús; y nació en Belén de Judea cuando tuvo el tiempo correspondiente (unos 9 meses allí, en el vientre de María); y ese fue el cuerpo físico de Dios, del Ángel del Pacto, para llevar a cabo Su Obra de Redención, el cual ofreció en la Cruz del Calvario por nuestros pecados.

No tenía pecado, pero tomó nuestros pecados y se hizo pecado por nosotros. Él se hizo uno de nosotros, se hizo como nosotros tomando nuestros pecados; se hizo pecado para hacernos a nosotros como Él. Miren el Programa: para que nosotros seamos como Él, Él se hizo como nosotros.

Y ahora, vean el por qué el ser humano es la parte de la Creación que se parece a Dios: porque fue creado a imagen y semejanza de Dios.

Por eso cuando Dios vino a la Tierra en la forma visible, vino con una apariencia (o sea, con una imagen) humana; porque Dios había hecho al ser humano a imagen y semejanza de Dios.

Por lo tanto, lo más que se parece a Dios es el ser humano y lo más que se parece al ser humano es (¿quién?) Dios; porque cuando vino entre los seres humanos, vino en carne humana y vino como un ser humano, vino como un hombre que habitó en la tierra de Israel; un hombre que comía, bebía, dormía, un hombre que hablaba con los demás, un hombre que predicaba; y siendo un profeta, un hombre que veía en otras dimensiones, y vio no solamente esta dimensión, sino otras dimensiones también; por eso podía ver en otras dimensiones, porque siendo un profeta tenía las dos consciencias juntas.

Y cuando Dios envía un profeta a la Tierra lo envía (¿con qué?) con las dos consciencias juntas. Esa es la diferencia entre un profeta y una persona común que nace, la cual no tiene un ministerio de profeta.

Las personas nacen con las dos consciencias separadas y por eso no pueden ver en otras dimensiones. Solamente cuando Dios envía un profeta a la Tierra, para una edad o para una dispensación, es que viene con las dos consciencias juntas, y entonces puede ver en otras dimensiones.

Pero no se preocupen, porque todos los hijos e hijas de Dios, cuando recibamos el nuevo cuerpo, todos tendremos las dos consciencias juntas, y todos seremos iguales a nuestro amado Señor Jesucristo. Así que un poquito de paciencia y todos serán como nuestro amado Señor Jesucristo: todos con las dos consciencias juntas y como reyes y sacerdotes.

Así que ¿qué será imposible para los hijos e hijas de Dios? Nada será imposible.

Ahora, cuando Jesús y todos los profetas han profetizado, han profetizado ungidos con el Espíritu Santo, y por consiguiente no han hablado palabras humanas, sino palabras divinas; y han hablado —digamos— desde la sexta dimensión a través del cuerpo físico, y por eso esa Palabra se ha tenido que cumplir, las que ya han tenido el tiempo para su cumplimiento; y las que faltan, pues se cumplirán también.

Ahora podemos ver que lo que se ve es hecho de lo que no se veía14. Por eso es que los profetas hablan primero en la dimensión que no se ve, y desde esa dimensión hablan para esta dimensión, y entonces se materializa lo que ellos hablan en el tiempo que tiene que materializarse.

Vean ustedes, Josué le dijo al sol: “Detente”, y a la luna le dijo que se detuviera también, y se detuvieron. ¿Cómo puede ser posible que un hombre le ordene al sol y a la luna que se detengan y ellos se detienen? Porque ese hombre teniendo las dos consciencias juntas está hablando desde su espíritu a través del cuerpo físico, y se tiene que materializar lo que él ha dicho; está ungido con el Espíritu de Dios; era el Espíritu de Cristo en Josué, como lo fue también en Moisés.

Y ahora, vean ustedes, para obtener la victoria en contra de un ejército como el del faraón se necesitaba un ejército más poderoso que el de faraón; pero ahora viene un hombre con un palo (vamos a ver), con una vara de pastor, y destruye un imperio completo; pero ese era un profeta, y dispensacional.

Recuerden que habrá un enfrentamiento en el Día Postrero. Apocalipsis, capítulo 17, verso 14, dice… Ahí está un enfrentamiento grande que ha de haber en el tiempo final. Dice (hablando de los diez reyes):

“Y los diez cuernos que has visto, son diez reyes, que aún no han recibido reino; pero por una hora recibirán autoridad como reyes juntamente con la bestia.

Estos tienen un mismo propósito, y entregarán su poder y su autoridad a la bestia.

Pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá (¿por qué?), porque él es Señor de señores y Rey de reyes; y los que están con él son llamados y elegidos y fieles (esos son los escogidos de Dios, los miembros del Cuerpo Místico del Señor Jesucristo, los que están con Él)”.

Y ahora, vean ustedes cómo Cristo los vencerá.

Ahora, fue el Espíritu de Cristo en Moisés el que venció al imperio del faraón. Y será Cristo, el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, viniendo en el Día Postrero, el que vencerá el imperio de la bestia, del anticristo, en este tiempo final.

Ahora, de eso no damos mucho detalle para que así no se interrumpa el Programa de Dios.

Porque ¿qué si un general con su ejército se pone a anunciar al ejército contrario todo el plan que tiene para vencerlo? Eso no cabe en la mente de un general; más bien él exige completo secreto de todos los planes que él llevará a cabo para obtener la victoria contra su enemigo. Por eso es que Cristo ha mantenido en secreto muchos de los detalles correspondientes a Su Segunda Venida como León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo.

Por eso es que cuando fue abierto el Séptimo Sello en el Cielo, en Apocalipsis, capítulo 8, verso 1, hubo silencio en el Cielo como por media hora: para que ese secreto de la Segunda Venida de Cristo no fuera conocido; porque el diablo al conocer ese secreto interrumpiría el Programa de la Segunda Venida de Cristo y haría muchas imitaciones para hacer inefectivo el Programa de la Segunda Venida de Cristo; pero hubo silencio en el Cielo cuando fue abierto el Séptimo Sello en el Cielo.

En el Cielo no sabían, pero cuando fue abierto en el Cielo ese misterio del Séptimo Sello, todos conocieron ese misterio, pero permanecieron en silencio; para así que nadie conociera ese secreto, que el diablo no lo pudiera conocer, y todo el Programa de la Segunda Venida de Cristo se llevara a feliz cumplimiento; y así recibirán el beneficio todos los hijos e hijas de Dios que estarían viviendo en el Día Postrero.

Como fue también en la Primera Venida de Cristo: aunque se dijo de qué territorio sería…: sería de la nación hebrea y sería de la tribu de Judá y sería de la ciudad de David, y nacería en Belén de Judea, y sería por medio de una virgen descendiente del rey David. Vean, toda esa información ya se tenía en las profecías del Antiguo Testamento, pues el profeta Isaías y el profeta Miqueas hablaron de la Primera Venida de Cristo.

Ahora, de la Segunda Venida de Cristo, que es la Venida del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, tenemos muchas profecías en el Antiguo Testamento y en el Nuevo Testamento, y también por medio del precursor de la Segunda Venida de Cristo, el cual dio mucha información.

Vean ustedes alguna información de la que dio el precursor de la Segunda Venida de Cristo… En el libro de Los Sellos, por ejemplo, nos dice, hablando de esta nube formada por ángeles, que apareció en febrero 28 de 1963…, formada por los siete ángeles mensajeros de las siete edades de la Iglesia gentil y un Ángel que era diferente a los demás, el cual es el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, el cual vino dos mil años atrás en carne humana en el velo de carne llamado Jesús.

Y ahora, el precursor de la Segunda Venida de Cristo dice que este Ángel es el que tiene el Séptimo Sello. Vamos a leerlo aquí. Página 469 del libro de Los Sellos en español dice:

“153. ¿Y notaron que dije que uno de esos ángeles era muy raro? Me pareció muy distinto a los demás. Estaban en una constelación con tres a cada lado y uno arriba; y el que estaba a mi lado, contando desde la izquierda hacia la derecha, ese sería el séptimo Ángel. Él era más brillante y significaba más para mí que los demás. Les dije que tenía el pecho así robusto y estaba volando hacia el Oriente. Les dije también que: ‘Me levantó, me alzó’. ¿Se acuerdan?

154. Ahora, ¡aquí está! Era el que tenía el Séptimo Sello, lo cual he mantenido como una pregunta en mi mente toda mi vida. Los otros Sellos significaron mucho para mí, desde luego; pero ustedes no se imaginan lo que ha significado este séptimo”.

Ahora, ¿cuál de estos ángeles es el que tiene el Séptimo Sello? Este Ángel que era diferente a los demás, que forma en esta nube el cabello blanco del Señor; porque esta nube formada por ángeles forma el rostro del Señor.

Y ahora, los ángeles de las siete edades de la Iglesia gentil, para tener sus ministerios (cada uno en su edad) tuvieron que venir en carne humana; y ya han tenido sus ministerios y se fueron; y están viviendo en el Paraíso, en la sexta dimensión, donde hay árboles, donde hay ríos, donde hay peces, donde hay pajaritos, donde hay animales también; pero todo allí perfecto en esos cuerpos de la sexta dimensión.

Porque cuando Dios trajo a existencia aquí en la Tierra animales, árboles y ríos y también peces, y al hombre, primero los tenía en la sexta dimensión, en esa dimensión; y de ahí fue que trajo todo eso hacia acá; porque lo que se ve es hecho de lo que no se veía: la dimensión visible ha sido hecha de la dimensión invisible, la sexta dimensión, la dimensión de la teofanía.

Y ahora, vean ustedes, estos siete ángeles mensajeros están en sus cuerpos teofánicos en la actualidad, viviendo en el Paraíso, y con cada uno de ellos está el grupo que recibió el Mensaje de Cristo a través de ese mensajero.

O sea que si alguno va a la sexta dimensión, podría decir: “Yo voy para el territorio de San Pablo”. Si va para el territorio de San Pablo, pues va a encontrar toda la gente de la primera edad de la Iglesia gentil. O puede decir: “Yo quiero dar un paseo, un recorrido por el territorio de Ireneo”, y lo llevan donde está Ireneo y todos los convertidos a Cristo de esa segunda edad.

Es como decir: “Yo quiero ir a Asia Menor y estar allí, pues ese era el territorio donde San Pablo fue el mensajero”; o decir: “Yo quiero ir a Francia, pues ese fue el territorio de Ireneo en el tiempo en que él estuvo en la Tierra”. Pues vamos a decir: la gente que vivió en el tiempo de Ireneo y creyeron el Mensaje de Cristo a través de Ireneo, ahora están viviendo en el Paraíso, y ahora están viviendo en un territorio donde podemos llamarle el territorio de Ireneo.

En la actualidad hay ciudades que tienen el nombre de personas. Por ejemplo, en Chile tenemos la capital, que se llama Santiago de Chile; y hay otras ciudades que tienen nombre de personas también.

Aun la Nueva Jerusalén tiene el nombre de una persona. ¿Saben cuál es el nombre de esa persona? Es el Nombre de Dios. Ese es el Nombre de la ciudad de nuestro Dios. ¿O acaso hay algún nombre mejor para esa ciudad? ¿O ustedes creen que Dios va a permitirles a las personas que le pongan un nombre a Su ciudad? Él le ha colocado Su propio Nombre; y no hay ciudad - no hay nombre mejor para la ciudad de Dios.

Y ahora, vean ustedes, cada territorio en donde están los mensajeros de cada edad, podemos llamar ese territorio por el nombre del mensajero de cada edad, ya que no sabemos de otro nombre que se le pueda llamar a ese territorio; y así honramos al mensajero de cada edad.

Y para el Reino Milenial, pues, no hay otro nombre mejor para el territorio donde estén los escogidos o el territorio entre los gentiles que le toque a cada mensajero. El mejor nombre es el nombre del mensajero. Yo no creo que hay otro nombre mejor para el territorio donde estará el mensajero con el grupo de su edad. Y todos tendrán sus cuarteles generales ¿dónde? En Jerusalén.

Pero recuerden que vamos a reinar con Cristo por mil años y por toda la eternidad. Y reinaremos con Cristo, y Cristo reinará sobre el pueblo hebreo y sobre todas las naciones; y nosotros, por cuanto somos herederos de Dios y coherederos con Cristo, también reinaremos sobre el pueblo hebreo y sobre todas las naciones.

Ahora podemos ver este misterio y podemos ver la posición tan importante que tenemos de parte de Dios en Su Reino.

Y para regocijo nuestro, la posición más importante en el Reino de Dios, en el Reino de Jesucristo, para el glorioso Reino Milenial y para toda la eternidad, ¿saben cuál es la posición superior, la mejor? La de la Edad de la Piedra Angular. ¿No dijo: “Si alguno quiere ser el mayor, sea el más pequeño”15? Y el más pequeño es el último; de la familia el más pequeño es el Benjamín de la familia.

Y ahora tenemos… Miren, ¿cuál es el más pequeño? Mire qué ancha aquí se ve esta primera edad de la Iglesia, pero miren qué pequeñita se ve esta aquí, la Edad de la Piedra Angular; pero es la más importante.

Y también Él dijo: “Los primeros serán postreros, y los postreros serán primeros”16. Ahora, vamos a ver cómo podemos ver los primeros y los postreros aquí.

Los primeros fueron los de la primera edad y también los apóstoles, y también los que vivieron de Adán hasta Cristo; esos son los primeros.

Pero miren, ¿cómo usted los puede ver como los postreros?

Si usted cuenta de abajo hacia arriba, los primeros fueron Adán y todas esas personas que vivieron hasta Cristo, y después los apóstoles, y después de la primera edad de la Iglesia gentil, y después siguieron en orden. Y ahora los postreros aparecen como los de la Edad de la Piedra Angular.

Pero eso es contando así, de abajo hacia arriba, o sea, de Adán hacia adelante. Pero, contando de arriba hacia abajo, ¿cuáles son los primeros? Los primeros delante de Dios, ¿cuáles son? Los de la Edad de la Piedra Angular, porque esta es la Edad del Trono de Dios.

Así que los primeros, los más cerca a Dios, los que estarán allí con Cristo, son los postreros que aparecen en la Tierra en el Cuerpo Místico de Cristo.

Ahora, vean ustedes, los discípulos siempre estaban buscando la mejor posición, y sin embargo a nosotros nos ha tocado —sin pelear con ellos— la mejor posición. Ninguno de ellos… Ellos trataron allá, en su tiempo, pero no era el tiempo para esa posición; por lo tanto, estaban ellos luchando por una posición que estaba en el futuro.

Y ahora, esa posición es la posición que nos ha tocado a nosotros en el Cuerpo Místico de Cristo, y nadie puede luchar con nosotros para quitarnos esa posición. Ya ellos fueron manifestados en las diferentes posiciones correspondientes a las diferentes edades de la Iglesia gentil.

Y ahora, como diríamos nosotros: “Nosotros vamos solos en esta posición”. No hay quién compita con nosotros, ni hay quién entienda este misterio contenido en la Edad de la Piedra Angular, solamente los escogidos de la Edad de la Piedra Angular.

Aquí era que quería Santiago y Juan.

¿Saben ustedes? Santiago es Jacob o Jacobo; porque Jacobo o Jacob, o Israel… Jacob significa también ‘Santiago’.

Y ahora, Santiago y Juan querían la bendición que hay en el Trono. Y la madre de Santiago y Juan quería —quería ella— que Jesús colocara a cada uno de sus hijos, uno a la derecha y uno a la izquierda, en el Reino de Cristo17.

Pero miren ustedes, ellos no podían obtener esa posición. Ellos vivían acá, y esa no es la posición donde se obtiene esa bendición. Esa bendición está acá, en la Edad de la Piedra Angular, que es la Edad del Trono. Y ella quería que cada uno de sus hijos estuviera aquí, en la Edad del Trono, cada uno; uno a un lado y el otro al otro lado; o sea que ella quería que…

Vamos a ver… ¿Cuál era el mayor de los dos, Miguel? Debe ser Jacobo, porque era Juan el más joven de los discípulos de Cristo. Vamos a decir que… Aquí no podemos bien, pero vamos a decir que Jacobo quería la posición de Moisés y Juan quería la posición de Elías.

¿Recuerdan que cuando Jesús quería ir a Samaria antes de llegar a Jerusalén, para quedarse allí esa noche, no lo quisieron recibir en Samaria, en una ciudad de Samaria o aldea de Samaria? Y vinieron Santiago y Juan, y le dicen a Jesús: “Señor, ¿quieres que mandemos a descender fuego del cielo, como hizo Elías?”. ¿Ven que querían el ministerio de Elías? Y ahora, Jesús les dice: “Ustedes no saben de qué espíritu son”18.

Ellos querían el ministerio de Elías y también el de Moisés, pero esos ministerios son los ministerios de Apocalipsis, capítulo 11, y Zacarías, capítulo 4; y esos son los ministerios que estarán manifestados no acá, sino en la Edad de la Piedra Angular. Esos son los ministerios que corresponden a la derecha y a la izquierda del Señor en Su Reino.

Y ahora vean ustedes cómo esos ministerios son los que están prometidos para el Día Postrero, y son los que están representados en un árbol a un lado y otro árbol al otro lado, árboles de olivo, y también ramas de olivos. Y en el templo: los dos querubines que están uno a cada lado, allá, cubriendo con sus alas el arca del pacto, esos dos querubines de madera de olivo que construyó Salomón y los cubrió de oro. Eran querubines gigantes, porque los ministerios de los Dos Olivos son unos ministerios gigantes para ser manifestados en el Lugar Santísimo del Templo espiritual de Cristo.

Y ahora, vean ustedes cómo para este tiempo final Cristo en y por medio de Su Iglesia, de la segunda Eva, por medio de Su Iglesia, la cual le ha sido dada para multiplicarse a través de ella, Cristo traerá esos ministerios a manifestación por medio de Su Ángel Mensajero.

Y ahora, cada hijo e hija de Dios manifestado en cada edad viene por medio de creación divina, por medio del nuevo nacimiento, en donde recibe por creación divina el cuerpo teofánico, y en el Día Postrero recibirá por creación divina el cuerpo físico glorificado y eterno; y también así es para los de la Edad de la Piedra Angular.

Y ahora, vean ustedes que para cada etapa de la Iglesia Cristo envía un mensajero; y Cristo reflejó en estos mensajeros todo lo que Él hará por medio de Su Ángel Mensajero en la Edad de la Piedra Angular.

Y Cristo aquí, en la Edad de la Piedra Angular, que es la edad que nos ha tocado a nosotros vivir… pues ya los mensajeros de las otras edades vivieron su tiempo, y el pueblo de Dios ya vivió esas otras edades; ahora solamente queda en el Programa Divino la Edad de la Piedra Angular, que es la Edad de Oro, es la edad más gloriosa de todas las etapas o edades de la Iglesia de Jesucristo, porque es la única edad en donde Cristo resucitará a los muertos en Cristo y transformará a los que estamos vivos en este tiempo final, en la Edad de la Piedra Angular.

Si alguno parte antes, no tiene por qué preocuparse: va al Paraíso, y allá va de visita (al Paraíso), y le permitirán de seguro ver a algunos de las otras edades. Y si se va, pues les da muchos saludos de mi parte, ¿y de parte de quiénes más? ¿Cuántos le mandan saludos a alguno que se vaya antes? Pues les mandamos saludos a los que están allá en el Paraíso. Y les dicen que todo va marchando muy bien y que pronto van a resucitar y nosotros vamos a ser transformados, que todo va siendo cumplido como dijo Dios en las profecías del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento, y como dijo el precursor de la Segunda Venida de Cristo; y que todos estamos muy felices y contentos; aunque ellos están mirando de allá para acá.

De aquí para allá es que no se puede ver, pero de allá para acá sí pueden ver y pueden escuchar todo lo que está pasando acá.

Ahora, vean ustedes, en la Edad de la Piedra Angular se requiere que la Iglesia de Jesucristo, la Esposa del segundo Adán, lleve a cabo la labor que le corresponde en la Edad de la Piedra Angular, como llevó a cabo la labor que le correspondía en cada una de las edades de la Iglesia gentil; pero por cuanto aquellas no eran edades de adopción, no pudieron ser adoptados con cuerpos eternos en esas edades pasadas; porque la adopción es para la Edad de la Piedra Angular, que es la Edad de la Adopción.

Y la adopción, que es la transformación de nuestros cuerpos, en donde obtendremos vida eterna físicamente también, es para cuando hayamos terminado nuestra labor en la Edad de la Piedra Angular, nuestra labor estando en nuestro cuerpo de carne mortal, corruptible y temporal.

Y después que haya terminado esa labor en estos cuerpos mortales y se haya completado el número de los escogidos de Dios, entonces es que los muertos en Cristo resucitarán y nosotros los que vivimos seremos transformados; y eso es la adopción de los hijos e hijas de Dios, y eso es la manifestación de los hijos e hijas de Dios con cuerpos eternos, para vivir por toda la eternidad, y estar a imagen y semejanza de nuestro amado Señor Jesucristo.

Y así el grano de trigo que cayó en tierra y murió… dijo que si el grano de trigo cae en tierra y muere, mucho fruto lleva. ¿Qué lleva como fruto? Muchos granos de trigo iguales al que fue sembrado en tierra.

Y en el Día Postrero habrá muchos granos de trigo, muchos hijos e hijas de Dios, iguales a nuestro amado Señor Jesucristo, cuando los muertos en Cristo resuciten en cuerpos eternos y nosotros los que vivimos seamos transformados; y entonces todos seremos iguales a nuestro amado Señor Jesucristo, con un cuerpo teofánico eterno dentro del cuerpo físico y glorificado y eterno que Él nos dará.

Y así todos seremos personas con las dos consciencias (¿cómo?) juntas; por lo tanto, podremos mirar en esta dimensión o podremos mirar en las otras dimensiones, y podremos o estar en esta dimensión o irnos a otra dimensión.

Miren, Elías se fue a otra dimensión en un carro de fuego19, Enoc se fue también a otra dimensión20, y Moisés, aunque su cuerpo físico murió, el Arcángel Miguel tomó el cuerpo de Moisés21; porque el diablo quería tomar el cuerpo de Moisés, y de seguro con el cuerpo de Moisés el diablo quería formar alguna religión y desviar al pueblo hebreo del camino de Dios; por lo tanto, el Arcángel Miguel se encargó del cuerpo de Moisés.

Y luego, miren ustedes, Moisés apareció en el Monte de la Transfiguración, allí con Jesús y con el profeta Elías22, apareció en su cuerpo teofánico.

Aunque Moisés físicamente no entró en su cuerpo de carne a la tierra prometida, encontramos que entró en su cuerpo teofánico; o sea, no pasó al otro lado del Jordán. Aunque en el territorio que murió el profeta Moisés, luego perteneció (¿verdad, Miguel?) a la tierra de Israel, a los hebreos, pero no cruzó al otro lado del Jordán; porque la bendición ahí estaba cruzar al otro lado del Jordán.

Y ahora, vean ustedes cómo todas estas cosas sucedieron en tiempos pasados, y son tipo y figura de las cosas que estarían sucediendo en este tiempo final.

Dios tuvo un Moisés y también tuvo un Elías en tiempos pasados; y luego tuvo el segundo Elías, que fue Eliseo; luego tuvo el tercer Elías, que fue Juan el Bautista; luego tuvo el cuarto Elías, que fue el reverendo William Branham. El Espíritu de Cristo operando el ministerio de Elías en esas cuatro ocasiones. Y tenemos la promesa de una quinta manifestación del ministerio de Elías para el Día Postrero.

Ahora, ¿qué será el ministerio de Elías?, ¿qué será el quinto Elías, el Elías que le predicará al pueblo hebreo? Dijo el reverendo William Branham, el precursor de la Segunda Venida de Cristo y profeta mensajero de la séptima edad de la Iglesia gentil, y profeta ungido con el ministerio de Elías por cuarta ocasión, dijo en la página 399 del libro de Los Sellos, cuando le hicieron la pregunta número 11, vean lo que dice la pregunta número 11:

“11. El Elías que viene a predicar a los judíos, ¿es el verdadero Elías que estuvo en los días de Achab, o será solamente el espíritu de Elías en otro hombre?

(La contestación, para no leer mucho, fue):

[94]. Yo he pensado que será un hombre de este tiempo ungido con ese espíritu…”.

¿Un hombre de qué tiempo? De este tiempo; o sea que no será literalmente el profeta Elías, sino un hombre de este tiempo, ungido con ese espíritu.

“… porque allá, cuando Elías ya había subido y Eliseo se encontró con los hijos de los profetas, ellos dijeron: ‘El espíritu de Elías reposó sobre Eliseo’”.

Ahora, hemos visto lo que es la venida de Elías en su quinta manifestación: es un hombre de este tiempo, un profeta de este tiempo, un mensajero de este tiempo ungido (¿con qué?) con el ministerio de Elías por quinta vez.

¿Y qué será eso? En la página 449 del libro de Los Sellos en español dice:

“[54]. Y hay una sola persona quien podría dar cumplimiento a esa promesa. El único Espíritu que ha estado sobre la Tierra, que yo sepa, tendría que ser Elías, como fue en su tiempo; y así fue predicho que sería, porque su Espíritu fue nada menos que el Espíritu de Cristo. Cuando Cristo vino, Él fue la plenitud, fue el Dios de (todos) los profetas”.

O sea que todos los ministerios de los profetas ¿estaban dónde? En Jesús; porque es el Ángel del Pacto, el Espíritu Santo, el único que tiene ministerios y opera ministerios a través de seres humanos.

Un hombre ungido con el ministerio de Elías es un hombre ungido con el Espíritu Santo, porque fue el Espíritu Santo el que ungió al profeta Elías y operó aquel ministerio; y ungió después a Eliseo con la doble porción del espíritu ministerial de Elías, y ungió a Juan el Bautista con el ministerio de Elías precursando la Primera Venida de Cristo, y ungió al reverendo William Branham por cuarta ocasión.

Vino así - por cuarta ocasión vino así el espíritu de Elías, el ministerio de Elías, precursando la Segunda Venida de Cristo; fue el Espíritu de Cristo en el reverendo William Branham operando el ministerio de Elías por cuarta ocasión.

Vean cómo ha cambiado de nombre siempre Elías, pues cuando vino la primera vez se llamaba Elías, cuando vino la segunda se llamaba Eliseo, cuando vino la tercera se llamaba Juan el Bautista, cuando vino la cuarta se llamaba William Marrion Branham; y cuando vean la quinta manifestación sabrán cómo se llama Elías en su quinta manifestación. Y eso será un hombre ungido con ese espíritu ministerial, con el Espíritu de Cristo operando el ministerio de Elías por quinta ocasión, un hombre de este tiempo final.

Y así será también con el ministerio de Moisés: un hombre ungido con el Espíritu Santo operando el ministerio de Moisés por segunda ocasión.

Y la Venida del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, que es la Venida del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová, del Espíritu Santo, Cristo en Espíritu Santo, es conforme a lo que nos dice el precursor de la Segunda Venida de Cristo en la página 256 del libro de Los Sellos:

“121. Pero cuando nuestro Señor aparezca sobre la Tierra, Él vendrá sobre un caballo blanco como la nieve, y será completamente Emmanuel —la Palabra de Dios encarnada en un hombre”.

Eso es la Venida del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, eso es la venida del ministerio de Cristo en el Día Postrero: en un hombre ungido con el Espíritu Santo operando el ministerio de Jesús por segunda vez, el ministerio de Moisés por segunda vez y el ministerio de Elías por quinta vez, o sea, quinta ocasión; porque el Hijo del Hombre vendrá con Sus Ángeles.

Donde esté la manifestación del Hijo del Hombre, ahí estará la manifestación de los Ángeles del Hijo del Hombre; porque es el Espíritu Santo el que estará operando esos ministerios de Moisés, de Elías y de Jesús en carne humana, en un hombre de este tiempo final, que es el Ángel del Señor Jesucristo, para la Edad de la Piedra Angular y para la Dispensación del Reino.

Y ahora, vean ustedes lo sencillo que es todo en el Programa Divino.

Bien dijo el precursor de la Segunda Venida de Cristo que todo sería tan sencillo, todo sería en simplicidad, que si no vigilamos nos pasaría por encima y ni veríamos el cumplimiento de lo que Dios prometió, ni veríamos el cumplimiento del Séptimo Sello, o sea, de la Venida del Señor, de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles en el Día Postrero23.

Ahora, todo esto viene en la segunda Eva, o sea, en la Esposa del segundo Adán, que es la Iglesia del Señor Jesucristo.

Así como vino la Primera Venida de Cristo en medio del pueblo hebreo (que es el Israel terrenal), en medio del Israel celestial (que es la Iglesia de Jesucristo) vienen todas estas promesas correspondientes al Día Postrero, así como las promesas correspondientes a las siete edades fueron cumplidas (¿dónde?) en el Israel celestial; porque, desde que Cristo fue crucificado dos mil años atrás, Dios se tornó a los gentiles, y ha estado cumpliendo por medio de los gentiles Sus promesas para Su pueblo, Su Iglesia.

Luego que haya terminado Su labor entre los gentiles, lo cual ocurrirá en la Edad de la Piedra Angular luego que los muertos en Cristo resuciten en cuerpos eternos y nosotros los que vivimos seamos transformados, luego se tornará (¿a dónde?) al pueblo hebreo, para cumplirle los tres años y medio que le faltan a la semana número setenta de la profecía de Daniel; y después cumplirá con el pueblo hebreo el glorioso Reino Milenial.

Y ahí estaremos también nosotros, en ese Reino Milenial, como reyes y sacerdotes reinando con Cristo nuestro Salvador; porque donde esté el Esposo, ahí también estará la Esposa del segundo Adán; y todos los hijos del segundo Adán estarán con Él allí.

Ahora vean, para los que pensaron que Jesucristo no tuvo hijos, es el hombre que más hijos ha tenido. Más hijos que Jesús ningún hombre ha tenido, porque Él ha tenido hijos por medio de creación divina, de edad en edad; y los demás hombres solamente han tenido hijos por medio de carne humana, por medio de la unión con una mujer, y solamente en el lapso de tiempo de su vida terrenal.

Así que el más que haya tenido, digamos, los que vivían 500, 600, 700, 800 o 900 y algo de años, no se registra que hayan tenido 1000, 2000 o 3000 hijos; pero vamos a decir que pudieron tener algunos, pudieron tener 1000 o 2000 hijos.

Se habla de un rey que tuvo en un año, ¿cuántos, Miguel?, como 100; algo así, dice la Biblia. Si lo buscas en la concordancia (vamos a ver)… Tú buscas la cantidad y el lugar, y yo te digo quién fue el rey. Si no fue David, no sé quién fue, pero yo creo que fue David.

Ahora, vean ustedes, Cristo de edad en edad ha tenido miles o millones de hijos por medio de creación divina; y ya tienen su cuerpo teofánico, y solamente les falta el cuerpo físico, el cual nos dará en este tiempo final a nosotros los que vivimos y a los que partieron en las edades pasadas.

Ahora, miren ustedes, el cuerpo teofánico ha venido siendo dado de edad en edad; y se han necesitado todos estos años para el cuerpo teofánico de los hijos e hijas de Dios de las siete edades de la Iglesia gentil, y ahora todo el tiempo que llevamos ya en la Edad de la Piedra Angular para nuestro cuerpo teofánico.

Pero para el cuerpo físico, eso será para todos en un momento; quizás puede ser en un día, o puede ser en un lapso de tiempo de un mes o de unos 40 días. O sea que no se van a necesitar 1000 o 2000 años para los hijos e hijas de Dios obtener el cuerpo físico, porque todos (vamos a decir “a la vez”), en el mes en que comiencen a resucitar los muertos en Cristo, ahí todos vamos a recibir el cuerpo nuevo; pero vamos a decir que se tarde de 1 a 40 días.

Desde que comience hasta que el último hijo de Dios reciba el cuerpo físico, vean ustedes, no será tanto tiempo; pero ojalá y sea en el mismo mes, y ojalá y sea en la misma semana, y ojalá y sea en el mismo día. Pero si no es así, ¿quiénes quieren ser los primeros? Y después que el primero obtenga el nuevo cuerpo, automáticamente los demás lo recibirán.

Así que solamente lo que necesitamos es que alguno obtenga el nuevo cuerpo, y de ahí en adelante Cristo no se detendrá hasta que todos Sus hijos de edades pasadas y de la Edad de la Piedra Angular reciban el nuevo cuerpo.

Ahora, mi recomendaciones es: estén preparados, con vuestros pecados y faltas confesados a Cristo y echados en la Sangre de Cristo.

Yo no les critico por sus errores y problemas, pero les muestro cómo estar delante de Cristo, delante de Dios, sin pecados: confesándolos a Cristo y colocándolos en la Sangre de Cristo; y así la Sangre de Cristo nos limpia de todo pecado, y estamos entonces listos para ser transformados en el momento en que Cristo comience a transformar a Sus escogidos que vivimos en este tiempo final, en la Edad de la Piedra Angular.

Yo los amo a todos ustedes con toda mi alma y quiero lo mejor para todos ustedes: yo quiero la transformación de vuestros cuerpos, quiero que todos tengan un cuerpo eterno; porque Cristo así lo ha prometido, y yo lo quiero para todos ustedes y para mí también. Todo lo bueno que yo quiero para mí, lo quiero para todos ustedes.

Y esto viene de parte del segundo Adán a través de Su Esposa, de Su Iglesia.

Es en y con Su Iglesia y en medio de Su Iglesia que Él realizará la transformación de nuestros cuerpos, y es para Su Iglesia que ya ha partido en las diferentes edades que Él cumplirá la resurrección de los muertos en Cristo.

Ahora, vean ustedes lo importante que es ser un hijo del segundo Adán y de la Esposa del segundo Adán. Es muy importante.

Hay muchas religiones en el mundo, pero, vean ustedes, todas proclaman que creen en Dios y que sirven a Dios; pero la promesa para la resurrección de los muertos en Cristo es para los hijos del segundo Adán, de Cristo, por medio de Su Esposa; y la transformación de los que viven es para los hijos del segundo Adán por medio de Su Esposa, de Su Iglesia.

O sea que es la Iglesia de Jesucristo la bienaventurada, así como María fue la bienaventurada, que trajo un hijo con vida eterna, con un cuerpo eterno, trajo un inmortal; y ahora la Iglesia de Jesucristo es la que traerá a los hijos e hijas de Dios con cuerpos eternos en el Día Postrero, por medio de la manifestación de Cristo, el segundo Adán, el Esposo de Su Iglesia.

Y ahora, vean ustedes cómo el segundo Adán tiene grandes bendiciones para todos Sus hijos. Es el único hombre que ha tenido millones de hijos, los cuales han nacido primeramente en la sexta dimensión, y luego obtendrán el cuerpo eterno y glorificado en el Día Postrero, que es el séptimo milenio; y nosotros los que vivimos seremos transformados y los muertos en Cristo serán resucitados, para así ser a imagen y semejanza de nuestro amado Señor Jesucristo, el segundo Adán y Esposo de la Iglesia de Jesucristo.

Y ahora, podemos ver que somos la Familia de Dios, los descendientes de Dios. Siendo los descendientes de Dios, obtendremos todo el poder y autoridad y toda bendición que perdió Adán y Eva en el Huerto del Edén en la caída.

Y será tan grande lo que estará sucediendo en cada uno de ustedes y en mí, y en todos los santos de edades pasadas y sus mensajeros, que cuando ya estemos con el cuerpo eterno veremos lo grande que es la bendición que Él nos ha dado; pero todavía estando en estos cuerpos mortales no podemos comprender ni la mitad del privilegio y bendición tan grande que tenemos de parte de Dios al ser hijos del segundo Adán por medio de la Esposa del segundo Adán.

Estamos viviendo en el tiempo más glorioso de todos los tiempos, en donde así como los hijos del segundo Adán vinieron por medio de Su Iglesia, de Su Esposa, allá en Asia Menor para la primera edad y después en cada una de esas edades en los diferentes territorios, ahora los hijos de Dios del Día Postrero, de la Edad de la Piedra Angular, los hijos del segundo Adán por medio de Su Esposa, vienen en la América Latina y el Caribe.

Miren qué bendición tan grande nos ha tocado en la América Latina y el Caribe, donde Cristo está creando hijos e hijas de Dios, primeramente en sus cuerpos teofánicos y pronto en el cuerpo físico también, en donde nos dará un cuerpo glorificado y eterno para vivir con Él por toda la eternidad; y así ser como nuestro amado Señor Jesucristo.

Como el Grano de Trigo que cayó en tierra, así será también el fruto del grano de trigo; el fruto, que viene por medio de la planta de trigo; y la planta de trigo es Su Iglesia, Su Esposa.

Hemos visto este misterio de LA CREACIÓN DE LA ESPOSA DEL PRIMER ADÁN Y DEL SEGUNDO ADÁN, y hemos visto los hijos tanto del primer Adán por medio de su esposa Eva y también los hijos del segundo Adán por medio de Su Esposa, Su Iglesia; y hemos visto que es una bendición mayor ser hijos del segundo Adán. Y para este tiempo final la bendición será mayor que lo que fue en edades y dispensaciones pasadas.

Hemos llegado al tiempo más grande de todos los tiempos, en donde hemos visto que todo este misterio de Jesucristo viniendo y muriendo en la Cruz del Calvario, y luego el Día de Pentecostés derramando de Su Espíritu Santo, todo este misterio de Cristo y Su Iglesia gira alrededor de la creación de una nueva raza, la cual Cristo está creando; y ya le ha creado el cuerpo teofánico al…, digamos al 90 o 99% de esas personas que tienen sus nombres escritos en el Libro de la Vida del Cordero desde antes de la fundación del mundo.

Dejé ahí una cantidad, un porcentaje, para que ese porcentaje corresponda a los que faltan por venir al Cuerpo Místico de Cristo en este Día Postrero.

Y ahora, vean ustedes que todo este Programa de Cristo y Su Iglesia, el segundo Adán con Su Esposa, es un Programa de Creación de una nueva raza.

Y cuando hablamos de la creación de una nueva raza, ya esas son palabras mayores, diríamos, porque la creación de una nueva raza que es igual a Jesucristo… Si dos mil años atrás hubo un hombre eterno aquí en la Tierra, con un cuerpo inmortal, y que para poder morir tuvo que tomar nuestros pecados, ¿cómo será en el Día Postrero cuando los muertos en Cristo resuciten y nosotros los que vivimos seamos transformados, y ya estemos con un cuerpo eterno? No habrá un Jesús en la Tierra, sino millones de seres humanos iguales a nuestro amado Señor Jesucristo; y eso no es otra cosa sino una nueva raza, que viene por medio del segundo Adán a través de Su Esposa.

Este es un misterio tan grande que ni la ciencia ha podido ni concebir y menos descubrir; porque antes de descubrirlo primero tiene que concebirlo, imaginarse, pensar, para luego investigar acerca de eso. Pero miren, Cristo está creando una nueva raza, con vida eterna.

“El que oye mi Palabra, y cree al que me ha enviado, tiene vida eterna; y no vendrá á condenación, mas pasó de muerte á vida”. (San Juan, capítulo 5, verso 24).

Hemos visto EL MISTERIO DE LA CREACIÓN DE LA ESPOSA DEL PRIMER ADÁN Y DE LA ESPOSA DEL SEGUNDO ADÁN, y hemos visto que pertenecemos a esa Nueva Creación del segundo Adán y Su Esposa; o sea que somos descendientes directos de Dios por medio de nuestro amado Señor Jesucristo, descendientes directos de Dios, y hermanos de nuestro amado Señor Jesucristo también.

Ahora, hemos visto este gran misterio del Programa de Dios, el cual comprenderemos plenamente cuando estemos en el nuevo cuerpo.

Ahora, si cuando estemos en el nuevo cuerpo es que lo comprenderemos plenamente, y con lo que hemos comprendido en la actualidad hemos visto muchísimo, ¿cómo será cuando tengamos el nuevo cuerpo?

Así que es tan grande la bendición que Él nos ha dado…

Miren, ¿cuántos sabían que eran hijos de Dios? No lo sabían; pero por medio de la Voz de Cristo, por medio de Su Palabra siendo revelada a nosotros, y nosotros recibiendo esa Palabra en nuestra alma, hemos descubierto que esto era lo que nosotros estábamos esperando; y hemos descubierto que esto es así porque “el que es de Dios, la Voz de Dios oye”, y “mis ovejas oyen mi Voz y me siguen”24.

Y con todas esas Escrituras, con todas esas cosas que Cristo habló, hemos descubierto que somos hijos e hijas de Dios, descendientes del segundo Adán y Su Esposa, que es Su Iglesia.

Es por medio de Su Esposa, por medio de Su Iglesia, que vienen los hijos e hijas de Dios siendo creados, y por lo tanto pertenecen a esa Nueva Creación.

Por eso San Pablo dice en Gálatas, capítulo 6, verso 15, que ni la circuncisión ni la incircuncisión vale nada; o sea, que no vale nada ni la circuncisión ni la incircuncisión, sino la nueva criatura, o sea, la Nueva Creación: esta Nueva Creación del segundo Adán y Su Esposa creando hijos e hijas de Dios. Por medio de creación divina es que ocurre ese nuevo nacimiento.

Ahora, hemos visto el misterio de “LA CREACIÓN DE LA ESPOSA DEL PRIMER ADÁN Y DEL SEGUNDO ADÁN”.

Que Jesucristo, el Ángel del Pacto, el segundo Adán, derrame Sus bendiciones sobre Sus hijos presentes aquí, y nos llene del conocimiento de todo Su Programa, y nos prepare; y llame a los que faltan por llegar, y se complete el número de los escogidos; y todos seamos transformados, y obtengamos el cuerpo eterno; y luego seamos llevados a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Ha sido para mí un privilegio muy grande estar con ustedes en esta ocasión dándoles testimonio de “LA CREACIÓN DE LA ESPOSA DEL PRIMER ADÁN Y DEL SEGUNDO ADÁN”.

Y ahora, vamos a pedirle a nuestro hermano y amigo, el reverendo Miguel Bermúdez Marín, pase por aquí para continuar y finalizar nuestra parte en esta ocasión.

¿No sé qué hora tienes por ahí, Miguel? ¿Serán como las 9:10, por ahí? 9:25. Así que si es temprano y tienen que pasar a Benjie… Benjie, tienes un ayudante aquí; porque Miguel, pues, puede ayudarte ahí; y ahí, pues, poder glorificar a Dios y darle gracias a Dios por pertenecer a la Nueva Creación del segundo Adán y Su Esposa, que es Su Iglesia.

Ahora, descubrimos que somos hermanos los unos de los otros, porque somos hijos del segundo Adán y Su Esposa. Por eso es que somos hermanos los unos de los otros; y somos hermanos a una escala mayor que la escala terrenal, porque somos hermanos del Cielo, hermanos celestiales. Por eso San Pablo y los demás apóstoles hablaban acerca de los hijos e hijas de Dios como hermanos25.

Vean. O sea que ser un hermano en Cristo, ser un hermano al ser hijos del segundo Adán, es algo mayor que ser hermanos terrenales por medio de papá y mamá terrenal; porque ser hermanos del Cielo, eso es para toda la eternidad. Pero no menospreciamos a nuestros hermanos terrenales, según la carne, ni a nuestros padres terrenales, sino que oramos por ellos para que también ellos sean hermanos nuestros, hijos del segundo Adán y Su Esposa; y así no solamente sean de nuestra familia terrenal sino de nuestra Familia celestial también.

Bueno, vamos por aquí a tener a Miguel, nuestro amigo y hermano, para continuar aquí nuestra parte. Y ya mañana, ¿dónde estaremos Miguel? [Mañana, aquí mismo] ¿A qué hora será la actividad con toda la congregación? [A las 6:30] ¿De la mañana o de la noche, Miguel? [De la noche] Ah, de la noche… [A las 6:00 tenemos una reunión con los pastores, 6:00 de la mañana] Ya para los pastores ya es las 6:00, pero de la… ¿6:00 de la mañana, Miguel! [Tempranito].

Bueno, por acá como que madrugan mucho. En la costa el sol, pues, sale tempranito; y en la mañanita, pues es más fresca la mañana. Así que eso es de 6:00 a 6:00 por lo menos, ¿verdad, Miguel? De 6:00 sin tiempo de terminar, así.

Bueno, así son las reuniones de ministros. Y el ambiente, pues, entre los ministros también es muy bueno; es así como entre nosotros, entre todos, así también es entre los ministros; y Dios nos bendice grandemente en las reuniones de ministros también.

Bueno, vamos a pedirle a Miguel por aquí esté con nosotros, para continuar y finalizar nuestra parte en esta ocasión.

Que Dios les continúe bendiciendo a todos, que Dios les guarde, y con nosotros el reverendo Miguel Bermúdez Marín.

“LA CREACIÓN DE LA ESPOSA DEL PRIMER ADÁN Y DEL SEGUNDO ADÁN”.

[Revisión agosto 2019]

1 Éxodo 3:6

2 Génesis 14:18-20

3 Génesis 18

4 Éxodo 3:14

5 San Juan 11:25

6 San Juan 14:6

7 San Mateo 14:27; San Marcos 14:62; San Juan 4:26, 6:35, 6:48, 6:51, 8:12, 8:18, 8:24, 8:28, 10:7, 10:9, 10:11, 10:14, 13:19, 15:1, 15:5

8 San Juan 18:4-6

9 Hechos 3:19

10 San Juan 12:24

11 Hechos 2:5-13

12 San Juan 14:2-3

13 San Lucas 1:38

14 Hebreos 11:3

15 San Marcos 9:35

16 San Mateo 19:30, San Lucas 13:30

17 San Mateo 20:20-21, San Marcos 10:35-37

18 San Lucas 9:54-55

19 2 Reyes 2:11

20 Génesis 5:24, Hebreos 11:5

21 Judas 1:9

22 San Mateo 17:3, San Marcos 9:4, San Lucas 9:30

23 Los Sellos: “Dios en simplicidad”, pág. 52, párr. 204; “El Primer Sello”, pág. 122, párr. 99; “El Segundo Sello”, pág. 152, párr. 13; “El Tercer Sello”, pág. 197, párrs. 30-31; pág. 209, párr. 90; “El Cuarto Sello”, pág. 264, párr. 157; “Preguntas y respuestas”, pág. 412, párr. 161; “El Séptimo Sello”, pág. 449, párr. 54; pág. 472, párr. 165

24 San Juan 8:47 y San Juan 10:27

25 Romanos 8:29, Hebreos 2:11-12

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