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Muy buenos días, amados amigos y hermanos presentes; es para mí una bendición grande estar con ustedes en esta ocasión para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final. Para lo cual quiero leer en el libro de los Hechos, capítulo 2, verso 14 en adelante, donde nos dice:

“Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo: Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras.

Porque éstos no están ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera del día.

Mas esto es lo dicho por el profeta Joel:

Y en los postreros días, dice Dios,

Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne,

Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán;

Vuestros jóvenes verán visiones,

Y vuestros ancianos soñarán sueños;

Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días

Derramaré de mi Espíritu, y profetizarán.

Y daré prodigios arriba en el cielo,

Y señales abajo en la tierra,

Sangre y fuego y vapor de humo;

El sol se convertirá en tinieblas,

Y la luna en sangre,

Antes que venga el día del Señor,

Grande y manifiesto;

Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo... (sigue hablándonos aquí San Pedro).”

Y ahora pasamos a este mismo capítulo 2, verso 32 en adelante, donde dice:

“A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.

Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís.

Porque David no subió a los cielos; pero él mismo dice: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra,

Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.

Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.

Al oir esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?

Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.

Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.

Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación.

Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas.

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Tomamos la Escritura del capítulo 2, verso 19 en adelante, donde dice...18 dice:

“Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días

Derramaré de mi Espíritu, y profetizarán.

Y daré prodigios arriba en el cielo,

Y señales abajo en la tierra,

Sangre y fuego y vapor de humo;

El sol se convertirá en tinieblas,

Y la luna en sangre,

Antes que venga el día del Señor,

Grande y manifiesto;

Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.”

“LA SALVACIÓN DEL ALMA.” Este es nuestro tema para esta ocasión. Porque no hay nada más importante para el ser humano que la salvación del alma.

Para poder comprender lo que es la salvación del alma necesitamos comprender que el ser humano es cuerpo, que es lo que nosotros vemos; espíritu, lo cual es un cuerpo espiritual de otra dimensión; y alma, lo cual es en realidad la persona. La persona es alma viviente. Lo más importante de un individuo es el alma de esa persona, porque eso es lo que en realidad es la persona: alma viviente; pero tiene un cuerpo espiritual de otra dimensión y tiene también un cuerpo físico de esta dimensión.

Y ahora, por cuanto la Escritura dice: “El alma que pecare, esa morirá”; necesitamos entonces resolver el problema del pecado para poder vivir eternamente. El pecado se originó en el Cielo, lo originó el diablo, y el diablo lo trajo a la Tierra y lo colocó en medio de la raza humana en el Huerto del Edén, cuando allí engañó a Eva usando el diablo la serpiente; pues la serpiente que era un animal en forma de hombre, porque la raza de la serpiente es una raza que antes de la caída del ser humano y antes de la maldición que Dios echó sobre la serpiente, era lo más cercano al ser humano; es el eslabón perdido que la ciencia está buscando.

El diablo por cuanto no es un creador, pues no podía crear una persona, un cuerpo en esta dimensión, para meterse en ese cuerpo y vivir; por lo tanto, el diablo se metió en la serpiente y a través de la serpiente trajo la caída de la raza humana engañando a Eva; por eso es que la Escritura dice que la serpiente engañó a Eva, sedujo a Eva. Y luego también dice la Escritura que Caín era del maligno.

Ahora, vean ustedes: Caín no era de Dios sino del maligno; así como la cizaña es del maligno y son los hijos del malo. Vean ustedes, el primero en medio de la raza humana hijo del maligno vino a ser Caín.

Y ahora, a causa de la caída del ser humano en el Huerto del Edén, encontramos que el ser humano perdió el derecho a vivir eternamente. Y Dios le había dicho al ser humano, a Adán, antes de darle una compañera, que no comiera del árbol de ciencia del bien y del mal, porque el día que lo hiciera moriría.

Y ahora, encontramos la raza humana comenzando allá en el Huerto del Edén, la encontramos caída cuando Eva pecó, y luego Adán compartió con ella también el pecado cuando ella lo invitó a pecar.

Y ahora, el ser humano perdió la bendición de Dios, dice:

“Por cuanto todos pecaron...” Nos dice San Pablo en el capítulo 3 de Romanos, verso 23: “Por cuanto todos pecaron, todos están destituidos de la Gloria de Dios.”

Por lo tanto, el ser humano perdió la bendición de: al venir a esta Tierra venir con un cuerpo teofánico, y dentro de ese cuerpo teofánico venir el alma de la persona y luego obtener aquí en la Tierra un cuerpo creado por Dios en el cual habitar dentro de ese cuerpo; perdió toda esa bendición.

Y ahora, el ser humano luego de la caída ha estado viniendo por medio de la unión de un hombre y de una mujer; pero viene sin la bendición de vida eterna, está destituido de la Gloria de Dios. Pero vean ustedes, Dios proveyó un sustituto para el ser humano allá en el Huerto del Edén, pues para darle pieles para cubrir su desnudez tuvo que morir un animalito. Y ahora aquel animalito representa al Redentor del ser humano; o sea, que representa a Cristo, el cual moriría por el ser humano.

Por eso también encontramos que de Adán en adelante el ser humano ha estado sacrificando animalitos a Dios; y los que no comprendieron esos sacrificios de animalitos, encontramos que se hallaron al descubierto delante de Dios, sus pecados se hallaron al descubierto; como le sucedió a Caín, el cual pensó que la adoración a Dios tenía que ver solamente con la sinceridad del alma, del corazón, de la persona, y no llevó a Dios un sacrificio por el pecado; pero Abel si sacrificó un corderito a Dios; y la ofrenda de Abel fue agradable a Dios, pero la de Caín no fue agradable, por lo tanto no fue recibida por Dios.

Hay personas que piensan que porque son buenas personas, no le hacen daño a nadie, viven una vida de paz, piensan que eso es todo delante de Dios; pero por cuanto el ser humano pecó en el Huerto del Edén, por consiguiente todo ser humano que nace en esta Tierra, nace en una raza que está manchada con el pecado; por lo tanto, está destituida de la Gloria de Dios la raza humana. Por lo tanto toda persona esta destituida de la Gloria de Dios.

Ahora, ¿cómo podemos ser restaurados a Dios y que la Gloria de Dios sea restaurada a nosotros? Todo esto fue tipificado en el Antiguo Testamento con aquellos sacrificios de animalitos que se hacían desde Adán, Abel, Set y todos estos hombres de Dios. Noé, también Abraham, también Isaac, Jacob, Moisés, todos los profetas también. Dios estableció para el pueblo hebreo estos sacrificios.

Y ahora vean ustedes, ¿qué tiene que ver todo este orden religioso de sacrificios con el ser humano y Dios? Tiene que ver mucho. Porque con esos sacrificios y la sangre derramada de esos animalitos el pecado del ser humano era cubierto en el Antiguo Testamento, y toda persona que no ofrecía a Dios el sacrificio por el pecado, encontramos que la ira de Dios venía sobre la persona,  y no solamente temporalmente, no solamente mientras vivía en la Tierra, sino que también para cuando sea juzgada la persona; si tenía conocimiento de esos sacrificios, encontramos que tenía que llevarlos a cabo, de otra forma cuando sea juzgada la persona será condenada.

Miren a las personas que vivieron en el tiempo de Noé: encontramos que no creyeron, vino el diluvio y se los llevó a todos. Pero Noé ofrecía a Dios los sacrificios por el pecado, por él y por su familia, porque Noé era el líder y por consiguiente era el sacerdote de la familia; o sea, que obraba como un sumo sacerdote cada uno de estos patriarcas desde Adán en adelante.

Y ahora, vean ustedes el sentido que tenían esos sacrificios delante de Dios, y porqué estos hombres de Dios —como también Job— ofrecían esos sacrificios a Dios por ellos y por sus familias.

Ahora, todo esto que ellos hacían no quitaba el pecado sino que solamente cubría el pecado, pero estaba señalando que algún día vendría un Sacrificio Perfecto, se llevaría a cabo un Sacrificio Perfecto, que quitaría el pecado. Y el pecado en todos ellos solamente estaría cubierto con la sangre de aquellos animalitos hasta que llegara el Sacrificio Perfecto, y entonces el pecado de ellos sería quitado, como también el pecado de todo ser humano que aparecía en la Tierra desde ese Sacrificio en adelante.

Y para obtener la bendición de los pecados de la persona ser quitados, se requiere entrar en el Orden Divino, que es bajo el Nuevo Pacto, bajo la Sangre del Nuevo Pacto, la Sangre de nuestro amado Señor Jesucristo; porque la Sangre de Jesucristo nos limpia de todo pecado. Ya Dios no acepta sacrificios de animalitos para cubrir el pecado porque ya se llegó a una nueva fase del Programa Divino: donde la persona no tiene que tener sus pecados cubiertos sino quitados de él, para que así la persona pueda recibir el Espíritu Santo y pueda así obtener el nuevo nacimiento, y pueda obtener así la salvación; no puede obtener la salvación sin recibir a Cristo como su Salvador, lavar sus pecados en la Sangre de Cristo y recibir Su Espíritu Santo.

Por eso es que los apóstoles predicaron la Palabra de Dios, el perdón de los pecados en Cristo, y predicaron la salvación en y a través de Jesucristo, y predicaron el nuevo nacimiento a través de creer en Cristo como nuestro Salvador, lavar nuestros pecados en Su Sangre, ser bautizados en Nombre del Señor Jesucristo y recibir Su Espíritu Santo; y así es como se obtiene el nuevo nacimiento, y así es como la persona obtiene la salvación y así es como la persona escapa de la ira de Dios, escapa la persona del juicio divino; y así escapa por consiguiente la persona del lago de fuego, porque ha obtenido la salvación de su alma, y por esa causa es que obtiene el nuevo nacimiento y un cuerpo teofánico de la sexta dimensión, y en el Día Postrero obtendrá un cuerpo físico, eterno, inmortal y glorificado igual al cuerpo de nuestro amado Señor Jesucristo.

Ahora, primeramente todo se mueve en el campo espiritual porque se mueve en la sexta dimensión. A través de estos dos mil años que han transcurrido de Cristo hacia acá, se ha estado predicando la salvación en el Nombre del Señor Jesucristo, se ha estado dando a conocer a la raza humana que el único Sacrificio que hay para el ser humano, para obtener el perdón de sus pecados, es el Sacrificio de nuestro Señor Jesucristo en la Cruz del Calvario. El es nuestra Pascua, pues El es el Cordero Pascual.

Juan el Bautista en el capítulo 1 de San Juan, encontramos que presentó a Cristo delante del pueblo. Y dijo en el capítulo 1 de San Juan, verso 28 en adelante:

“Estas cosas sucedieron en Betábara, al otro lado del Jordán, donde Juan estaba bautizando.

El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.

Este es aquel de quien yo dije: Después de mí viene un varón, el cual es antes de mí; porque era primero que yo.”

Juan el Bautista presenta a Jesús, el cual pues es pariente según la carne, porque María y Elizabeth, la madre de Juan el Bautista, eran parientes; por lo tanto Juan y Jesús eran primos; como también Juan el apóstol y Jacobo eran primos hermanos de Jesús, porque Salomé o Shalomé y María eran hermanas.

Y ahora, el Mesías, el Ungido, el Cordero de Dios, el hombre que quitaría el pecado del mundo está presente ahí frente a Juan el Bautista el cual lo presenta como el Cordero de Dios; y ahora cuando todos miran para ver al Cordero de Dios lo que ven es a un hombre llamado Jesús, porque El es aquel Cordero de la Pascua; aquel cordero pascual lo representaba a El, y todos los sacrificios que el ser humano realizaba lo representaban a El. Y por cuanto en Jesús se cumplieron todos los sacrificios, ya no necesitamos ningún sacrificio por el pecado porque ya fue hecho por nuestro amado Señor Jesucristo. Con Uno tenemos todos los sacrificios que el pueblo hebreo llevaba a cabo.

Así que la persona que tiene a Cristo como su Salvador tiene el Sacrificio Perfecto, el cual cumple todos los sacrificios que el pueblo hebreo llevaba a cabo, y aún más: quita el pecado del ser humano. Los sacrificios que el pueblo hebreo efectuaba solamente cubrían el pecado, pero el de Cristo quita el pecado del ser humano y reconcilia al ser humano con Dios. Así como el sacrificio del macho cabrío que el pueblo hebreo realizaba, que el sumo sacerdote realizaba el día diez del mes séptimo de cada año, para la reconciliación del pueblo hebreo con Dios; tanto del pueblo hebreo como nación como de cada persona, encontramos que ahora aquel sacrificio fue cumplido en nuestro amado Señor Jesucristo.

Y ahora, ninguna persona puede ser reconciliada con Dios sin el Sacrificio de Jesucristo, porque ese es el Sacrificio para la reconciliación del ser humano con Dios, para así obtener la persona la salvación de su alma que es lo más importante para el ser humano. No hay nada más importante para el ser humano que la salvación de su alma.

Jesucristo hablándonos del alma de cada persona, nos dice en San Mateo, capítulo 16, versos 24 al 28:

“Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.

Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará.

Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?...”

¿De qué le vale al ser humano lograr ser el hombre, la persona, más rica del mundo o convertirse en presidente, gobernador- presidente, gobernante, de alguna nación o rey de alguna nación, y pierde su alma? Pues de nada le sirvió ni su posición ni su dinero; sus riquezas terrenales no le sirvieron de nada porque no tenía la verdadera riqueza que es la salvación del alma.

Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma? (Pues no hay ninguna recompensa que el ser humano pueda dar por su alma, el ser humano no se puede salvar a sí mismo; hay solamente un Salvador: nuestro amado Señor Jesucristo).

Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.

De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino.”

Luego, seis días después, en el capítulo 17 toma a Pedro, a Jacobo y a Juan, y los llevó aparte a un monte alto y se transfiguró delante de ellos, y allí Cristo mostró lo que será la Venida del Hijo del Hombre en Su Reino, allí Cristo mostró lo que será Su Segunda Venida.

Y ahora, para cada ser humano lo más importante es la salvación de su alma.

Y ahora ¿cómo quitamos nuestros pecados? Por medio de la Sangre de Jesucristo que nos limpia de todo pecado. Por medio del Sacrificio de Cristo en la Cruz del Calvario recibiéndolo, creyendo en El y recibiéndolo como nuestro Salvador obtenemos el perdón de nuestros pecados, y así lavamos nuestros pecados en Su Sangre y recibimos luego el Espíritu Santo, y así recibimos el cuerpo teofánico de la sexta dimensión, y así es como comenzamos en la Nueva Creación, así es como nacemos en la Nueva Creación, la Nueva Raza con vida eterna.

Y ahora, pertenecemos a una Nueva Creación, a una Nueva Raza de la cual tenemos el Segundo Adán. Por medio del primer Adán hemos venido a esta Tierra, y hemos venido contaminados con el pecado y destituidos de la Gloria de Dios; pero ahora por medio del Segundo Adán, Jesucristo, somos restaurados a Dios, somos reconciliados con Dios y la Gloria de Dios es restaurada a nosotros y obtenemos un cuerpo teofánico de la sexta dimensión; un cuerpo teofánico que es parecido a nuestro cuerpo físico pero de la sexta dimensión, un cuerpo como el cuerpo teofánico de nuestro amado Señor Jesucristo, un cuerpo teofánico como aquel cuerpo teofánico que le aparecía a los profetas en el Antiguo Testamento y era llamado el Angel de Jehová, el cual le apareció a Abraham como Melquisedec, le apareció también a Jacob y Jacob luchó con ese Angel y no lo soltó hasta que recibió la bendición de ese Angel; y cuando obtiene la bendición y el Angel se va, Jacob le puso por nombre Peniel a aquel lugar, porque dijo: “Vi a Dios cara a cara.” Dios estaba en aquel cuerpo teofánico de la sexta dimensión, ese es el cuerpo teofánico de Dios, esa es la imagen visible de Dios de la sexta dimensión: la imagen en forma de un hombre, de un varón; ese es llamado el Verbo que era con Dios y era Dios y luego se hizo carne y habitó en medio de la raza humana y lo conocimos por el nombre de Jesús; miren quién es nuestro amado Señor Jesucristo.

Por eso es que podía decir Jesús en el capítulo 8, verso 56 al 58 de San Juan: “Abraham deseó ver mi día, lo vio, y se gozó.” Le dicen: “No tienes cincuenta años, y dices que has visto a Abraham.” Jesús dice: “Antes que Abraham fuese, Yo Soy.” ¿Cómo era Jesús antes de Abraham? Jesús era en Su cuerpo teofánico.

Y ahora nosotros obtenemos un cuerpo teofánico de la sexta dimensión cuando recibimos la salvación de nuestra alma, y vamos siendo restaurados a Dios, somos restaurados en la parte del cuerpo espiritual, obteniendo un cuerpo teofánico de la sexta dimensión el cual es eterno, es para toda la eternidad. Así que con ese cuerpo teofánico todos podremos viajar a otras dimensiones. Y para el Día Postrero tendremos la transformación de nuestro cuerpo si permanecemos vivos hasta que los muertos en Cristo resuciten, y los que ya han partido —pero que ya habían sido salvos— resucitarán en cuerpos eternos y así tendrán el cuerpo físico, eterno, inmortal, incorruptible y glorificado, igual al cuerpo glorificado de nuestro amado Señor Jesucristo; y nosotros los que vivimos seremos transformados y así obtendremos la Redención del cuerpo físico, que es la Adopción, que es nuestra transformación, y entonces tendremos un cuerpo eterno y todos seremos iguales a nuestro amado Señor Jesucristo, y ese es el pueblo de los santos del Cielo.

En el Israel terrenal fue reflejado el Israel Celestial, en el Israel terrenal fue reflejada la Iglesia del Señor Jesucristo la cual es el Israel Celestial.

Y ahora, podemos ver que en la vida del pueblo hebreo, como también en la vida de Jacob, como en la vida de Abraham, se reflejó toda la trayectoria de la vida de la Iglesia del Señor Jesucristo. Por eso es que encontramos en el Israel terrenal sacrificios por el pecado, y ahora en el Israel Celestial encontramos el Sacrificio por el pecado que es el Sacrificio de nuestro amado Señor Jesucristo.

Y ahora, podemos ver que el Israel terrenal son los siervos de Dios, y el Israel Celestial son los hijos e hijas de Dios. Por eso es que Jesús dijo en una ocasión, por allá por el capítulo 11 de San Mateo, versos 9 en adelante, que de los nacidos de mujer no hubo ninguno mayor que Juan, pero el más pequeño del Reino de los Cielos es mayor que Juan, ¿por qué? porque Juan pertenece al pueblo de los siervos: el pueblo hebreo; pero el más pequeño en el Reino de los Cielos pertenece al Israel Celestial que es la Iglesia del Señor Jesucristo.

Y ahora, el más pequeño que nace en el Reino de los cielos, nace cuando ha recibido a Cristo como su Salvador, ha lavado sus pecados en la Sangre de Cristo y ha recibido el Espíritu de Cristo y así ha obtenido el nuevo nacimiento; esa persona ha nacido de nuevo.

Vean, para obtener la salvación de nuestras almas y así obtener vida eterna, tenemos que nacer dos veces. La primera hemos nacido aquí en la Tierra por medio de nuestros padres terrenales, por lo tanto hemos nacido como descendientes del primer Adán; y luego el segundo nacimiento es cuando creemos en Cristo como nuestro Salvador, lo recibimos como nuestro Salvador, lavamos nuestros pecados en Su Sangre, somos bautizados en Su Nombre y recibimos Su Espíritu Santo, obtenemos el nuevo nacimiento; y ese es nuestro segundo nacimiento: nacemos del Cielo y nacemos en el Reino de los Cielos, y así nacemos como hijos e hijas de Dios.

Ahora, podemos ver que el nuevo nacimiento para cada persona es lo más importante que puede suceder en la vida de cada persona; como en cuanto a lo humano —en cuanto a lo humano en nuestras vidas terrenales—, lo más grande que ha sucedido es nuestro nacimiento a través de nuestros padres; si no hubiese sucedido eso, pues usted no estaría en esta Tierra con nosotros.

Ahora, podemos ver que en el Reino de Dios lo más grande que ocurre a una persona es el nuevo nacimiento, nacer en el Reino de Dios, en el Reino de los Cielos. De eso fue que le habló Cristo a Nicodemo cuando le dijo que era necesario nacer de nuevo, porque el que no nazca de nuevo no puede ver, no puede entender, el Reino de Dios; es necesario nacer del agua y del espíritu (dice Cristo a Nicodemo) para poder entrar al Reino de Dios.

Y ahora, podemos ver que la salvación de nuestra alma es lo más importante para nosotros. Cristo dijo: “Buscad primeramente el Reino de Dios y Su justicia, las demás cosas serán añadidas.”

Es necesario que el ser humano busque la salvación de su alma, y donde único la puede encontrar es ¿dónde? En nuestro amado Señor Jesucristo.

Tenemos de Cristo hacia acá, conforme al calendario gregoriano, unos dos mil años desde que Cristo nació hasta este tiempo final; aunque le habían quitado unos años, unos siete años, al calendario.

Ahora, durante todos estos dos mil años —aproximadamente— encontramos que millones de seres humanos han encontrado la salvación de su alma en nuestro amado Señor Jesucristo, y no hay otro lugar para encontrar la salvación del alma. No tiene ningún sentido, ni valor alguno, vivir en esta Tierra sin la persona obtener la salvación de su alma. ¿De qué le vale al hombre si gana todo el  mundo y pierde su alma? De nada le sirvió, vivió aquí en la Tierra sin sentido. Una vida sin sentido es una vida que no obtiene la salvación de su alma; por lo tanto si no tuvo sentido su vida aquí, pues entonces no podrá vivir por toda la eternidad. Si no buscó a Dios estando aquí y la salvación de su alma, pues ha perdido el derecho a la vida eterna; porque el alma que pecare esa morirá, y lo único que quita nuestros pecados es Jesucristo con Su Sacrificio realizado en la Cruz del Calvario.

Este año 2000 que sea para todos nosotros de búsqueda de las bendiciones de Dios. Y que pronto todos estemos listos para la transformación de nuestro cuerpo.

Hemos visto el año pasado el eclipse de sol y hemos visto en este año —hace unos dos o tres días: jueves para viernes— el eclipse de la luna donde se puso un color rojizo ladrillo. Hemos visto estas dos señales en el Cielo. Y miren ustedes: la Escritura nos habla que antes que venga el Día terrible de Jehová, el sol se convertirá en tinieblas y la luna en sangre; el sol primero y luego la señal en la luna.

Así como durante las diferentes etapas de la Iglesia desde el día de pentecostés hasta este tiempo final, encontramos que han estado recibiendo la salvación del alma millones de seres humanos; luego en la Edad de la Piedra Angular tenemos un lapso de tiempo corto en donde todavía la Puerta de la Misericordia está abierta para la salvación del alma de las personas que en este tiempo final buscarán la salvación de su alma, reconociendo que la salvación del alma es lo más importante para el ser humano. No hay nada más importante que la salvación del alma.

En este tiempo final en la Etapa de Oro de la Iglesia de Jesucristo, que es la Etapa de la Edad de la Piedra Angular, hay grandes bendiciones para el alma de los seres humanos, para todos aquellos que buscarán primeramente en su vida la salvación de su alma. Y esperamos que en este año Dios toque el alma, el corazón de miles o millones de seres humanos, los cuales tienen sus nombres escritos, unos en una sección: la sección del Libro de la Vida del Cordero, y otros en la otra sección del Libro de la Vida.

Esperamos que este tiempo que nos queda, hasta que Cristo termine Su Obra de Intercesión en el Cielo, entren los que faltan. No sabemos en términos de días, meses o años, no sabemos el tiempo que nos queda; pero una cosa si sabemos: y es que cuando entre hasta el último de los escogidos de Dios escritos en el cielo en el Libro de la Vida del Cordero, hasta que entre el último, Cristo estará en el Trono de Intercesión. Pero si entra hasta el último en este año pues hasta ahí Cristo estará en el Trono de Intercesión, y luego pues saldrá, reclamará a todos los que El ha redimido con Su Sangre, resucitará los muertos en Cristo y a nosotros nos transformará.

Y esperamos que pronto se complete el número de los escogidos de Dios. No queremos estar mucho tiempo aquí, porque mientras más años estemos, nuestro cuerpo físico se va poniendo más viejo; y como decía San Pablo que no quería ser desvestido, sino revestido; eso es: no quería morir y perder su cuerpo físico, sino que quería ser transformado; así también nosotros.

Nuestro deseo es ser transformados (eso es la Redención del cuerpo), lo cual Dios ha prometido para el tiempo final antes que comience la gran tribulación. O sea, que no menos de 30 o 40 días antes de comenzar la gran tribulación vendrá la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de nosotros los que vivimos; y luego pues Dios tendrá una manifestación plena en y a través de Su Iglesia y a través de los miembros de la Iglesia de Jesucristo, una manifestación plena del Espíritu de Dios, y el Poder de Dios estará manifestado en este planeta Tierra en toda Su plenitud. Y bajo el Ministerio que hará grandes maravillas y señales y cumplirá completamente la Visión de la Carpa que tuvo el Rvdo. William Branham, bajo ese Ministerio (que ya todos sabemos que es el Ministerio de los Dos Olivos) el Poder de Dios estará manifestado en toda Su plenitud y el pueblo  hebreo dirá: “¡Esto es lo que nosotros estamos esperando!”

Ahora podemos ver porqué nadie podrá imitar eso y el porqué nadie podrá conquistar al pueblo hebreo, o sea, a los 144 mil hebreos; porque se requiere esa manifestación del Espíritu de Dios operando esos Ministerios de los Dos Olivos en el Día Postrero, y eso será en la Adopción de los hijos e hijas de Dios, y tendremos un Ministerio adoptado con un Mensajero adoptado en el Día Postrero, y vendrán también los siete ángeles mensajeros de las siete edades, los apóstoles también, y todos los santos de las edades pasadas; van a estar con todos nosotros en este tiempo final y estarán en cuerpos jóvenes, eternos y glorificados. O sea, que lo que está prometido en el Programa Divino es una gran concentración de jóvenes creyentes en Jesucristo de edades pasadas y de este tiempo también; porque todos seremos jóvenes, y eso será para toda la eternidad.

Así que esa manifestación plena de Dios será en y con jóvenes que estarán en cuerpos eternos; y así los ancianos vendrán a ser jóvenes y los niños vendrán a ser jóvenes y los jóvenes vendrán a ser jóvenes pero en cuerpos eternos; y todos estaremos en la flor de la juventud y con la inmortalidad en esos cuerpos nuevos que hemos de recibir: cuerpos nuevos, eternos y perfectos; usted no le va a encontrar ninguna falta a esos cuerpos; más bien usted va a decir: “Este era el cuerpo que yo quería, así mismito era que yo lo quería.” ¿Saben ustedes una cosa? Dios lo diseñó desde antes de la fundación del mundo para cada uno de ustedes y para mí también. Pero no lo podíamos obtener hasta pasar por estas etapas cada miembro del Israel Celestial.

Estamos viendo las señales en cielo, en el sol, en la luna y también estamos viendo señales aquí en la Tierra: como las guerras, terremotos y un sinnúmero de cosas más las cuales fueron dadas como las señales que iban a anteceder al gran evento del Día grande y terrible de Jehová. También hemos visto esta reunión de los ángeles de las siete edades de la Iglesia y otro Angel que era diferente a los demás, la hemos visto en fotos, las cuales fueron tomadas en febrero 28 de 1963. Esta nube, esta señal en el Cielo en forma de una nube, está formada por ángeles mensajeros de las siete edades de la Iglesia y otro Angel que era diferente a lo demás. Ese Angel que era diferente a los demás es el Angel que tiene el Séptimo Sello. Y para cumplirse el Séptimo Sello en la Tierra ese Angel tiene que manifestarse en la Tierra.

Ahora, podemos ver que todo el Programa Divino es para la salvación de nuestras almas. Vean que la meta es la salvación de nuestras almas, para que así nuestras almas puedan vivir en un cuerpo teofánico eterno y en un cuerpo físico, eterno y glorificado, y podamos vivir como Reyes y como Sacerdotes en el glorioso Reino de Jesucristo nuestro Salvador; y así estemos todos restaurados a la vida eterna físicamente también.

Nunca pierdan de vista que lo más importante es la salvación de nuestra alma. Nunca se aparten del Señor Jesucristo, no importa los problemas que tengan en sus vidas; pues la única esperanza para nuestras almas es nuestro amado Señor Jesucristo; no hay otra esperanza para nuestras almas y por consiguiente nuestra mirada tiene que estar siempre en Jesucristo. Para escapar de la destrucción, para escapar del lago de fuego no hay otra cosa sino nuestro amado Señor Jesucristo produciendo en nosotros el nuevo nacimiento, y así obtenemos el Sello del Dios vivo.

Así como en medio del pueblo hebreo para la noche de la pascua primero tenían que haber aplicado la señal de la sangre del cordero pascual en el los postes y el dintel de las puertas de sus hogares; encontramos que en el Nuevo Testamento por cuanto la Vida de la Sangre del Cordero Pascual —Jesucristo— es el Espíritu Santo, ahora la Vida de la Sangre viene al creyente, a cada persona del Israel Celestial, y esa persona es sellada, tiene la señal para escapar del juicio divino; y así escapa la persona de la muerte, escapa la persona del infierno, escapa la persona de la destrucción.

Cristo dijo: “El que oye mi Palabra y cree al que me envío, tiene vida eterna, y no vendrá a condenación más pasó de muerte a vida.” De muerte a Vida eterna.

Ahora hemos visto cómo obtener la salvación de nuestra alma. Nuestra alma es lo que en realidad somos nosotros, pues somos alma viviente; el resto pues son cuerpos: el cuerpo espiritual de otra dimensión y el cuerpo físico de esta dimensión.

Y ahora vean ustedes: por medio del nuevo nacimiento obtenemos el cuerpo nuevo de la sexta dimensión; porque el cuerpo espiritual que recibimos cuando nacimos por medio de nuestros padres terrenales era en la permisiva voluntad de Dios, era un cuerpo espiritual, un espíritu del mundo (o sea, de la quinta dimensión). Pero ahora Cristo nos da un espíritu, un cuerpo teofánico de la sexta dimensión. Y obtuvimos un cuerpo físico, mortal, corruptible de esta dimensión, cuando nacimos por medio de nuestros padres terrenales pero Cristo nos dará un cuerpo eterno, inmortal y glorificado, el cual El creará para todos nosotros.

Y ahora, la esperanza de nuestra alma, miren ustedes, está solamente en un hombre: nuestro amado Señor Jesucristo, El es nuestro Redentor. Por eso es que El es el que nos perdona, El es el que quita nuestros pecados, El es nuestro Salvador, el que salva nuestra alma. Y por cuanto nuestra alma es lo que en realidad somos nosotros, El es el que nos salva a nosotros, nos salva de la muerte y del infierno y del lago de fuego. No hay otra forma de escapar de la segunda muerte que es el lago de fuego, solamente Jesucristo nuestro Salvador salvándonos y dándonos Su Espíritu Santo, y en el Día Postrero nos dará el cuerpo eterno, inmortal y glorificado.

En estos días aprovechemos para tener nuestras vidas arregladas con Dios y tener nuestros pecados confesados delante de Dios, echados en la Sangre de Cristo y así lavados con la Sangre de Jesucristo.

No se desanimen, si han pecado pues confiesen sus pecados a Cristo, son colocados en la Sangre de Cristo, colóquelos en la Sangre de Cristo y serán quitados por la Sangre de Jesucristo, porque la Sangre de Cristo nos limpia de todo pecado; y siga adelante viviendo una vida cristiana, sirviendo a Cristo con toda vuestra alma, con todo vuestro espíritu y con todas vuestras fuerzas, o sea, con alma, espíritu y cuerpo, y esperando vuestra transformación, la cual está muy cerca; está muy cerca, pues el tiempo se está acabando y la Puerta de un momento a otro será cerrada. No sabemos el momento, pero sabemos que será cuando entre hasta el último de los escogidos de Dios, lo cual esperamos que sea muy pronto. Por eso trabajamos en la Obra misionera llevando el Mensaje para que llegue hasta el último de los escogidos de Dios. O sea, que no nos sentamos esperando que las cosas ocurran, sino que trabajamos para ser instrumentos de Cristo, para que El cumpla Su Programa y complete Su Iglesia.

“LA SALVACION DEL ALMA.”

Hemos visto que eso es lo más importante para todos nosotros, las demás cosas de aquí de la Tierra, pues son temporales. Miren: uno lucha trabajando por hacerse de algún dinero, y cuando la persona termina sus días en la Tierra no se lo puede llevar para donde va. Las personas también luchan por lograr una profesión y cuando la logran, después cuando se ponen ya de edad avanzada ni los dejan trabajar en la profesión algunas veces, porque ya no pueden trabajar porque ya no tienen la misma capacidad, y luego cuando mueran no se pueden llevar su profesión para trabajar en otra dimensión; por lo tanto, eso también es temporal. Pero la salvación del alma nos acompaña todos los días de nuestra vida terrenal y por toda la eternidad, porque es algo eterno que Cristo nos da.

La salvación del alma por consiguiente es lo más importante para el ser humano, es lo más importante para cada uno de ustedes y para mi también. Con la salvación del alma, pues nosotros viviremos por toda la eternidad.

La Escritura dice que nos ocupemos de nuestra salvación con temor y temblor, es lo más que hay que cuidar. Nunca se aparten de Jesucristo nuestro Salvador, y ayuden a otras personas para que obtengan de parte de Jesucristo la salvación de sus almas también; porque eso es lo más importante para el ser humano.

“LA SALVACION DEL ALMA.”

En la tarde continuaremos viendo en el Programa Divino todo lo que El nos permita ver para que así estemos más agarrados cada día de Jesucristo nuestro Salvador. Y viendo que las señales en el Cielo han sido vistas no necesitamos ver más señales, si las hay pues las reconoceremos; pero ya con las que hemos visto podemos comprender que estamos viviendo en el tiempo final.

Estamos viviendo en el tiempo en que de un momento a otro los muertos en Cristo van a resucitar y nosotros los que vivimos vamos a ser transformados; esto es así para todos aquellos que han reconocido que la salvación del alma es lo más importante, y la han obtenido a través de Jesucristo nuestro Salvador.

Muchas gracias por vuestra amable atención y que Dios les continúe bendiciendo a todos, y nos veremos nuevamente a las 3:00 de la tarde en la actividad de las 3:00. Oren mucho para que Dios también me dé en la tarde y para la tarde lo que El desea que nosotros escuchemos.

Que Dios les continúe bendiciendo a todos, que Dios les guarde, y oren mucho por mí, porque hay cosas muy importantes, muy grandes, que de un momento a otro El nos dará a conocer, y yo de mí mismo no sé como darlas a conocer a ustedes, pero El en algún momento me dará la forma para darle a conocer a ustedes otras cosas grandes que hay de parte de Cristo para todos ustedes. Pero lo más grande de todos es: La salvación del alma, la salvación de nuestras almas.

Bueno, que Dios les bendiga, que Dios les guarde y dejo nuevamente con nosotros a nuestro hermano y amigo Félix Caro, si tiene algún anuncio también lo escucharemos para los que así hayan llegado después que ya Félix Caro, nuestro Hno. Félix ya había terminado. Así que dejamos a nuestro Hno. Félix Caro con nosotros para así continuar y finalizar nuestra parte o esta actividad en esta mañana.

Que Dios les bendiga y les guarde a todos.

“LA SALVACION DEL ALMA.”

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