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...en esta ocasión, en donde han de ser bautizados un grupo de ministros y de diferentes personas en esta tarde allá en Venezuela. Para mí es motivo de gozo saber que en esta tarde han de ser llevados a las aguas personas para ser bautizados en el Nombre Eterno del Señor Jesucristo, conforme a la ordenanza divina de Cristo cuando dijo: “Bautizándolos en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo,” lo cual significa bautizar en el Nombre del Señor Jesucristo; pues cuando le tocóa Pedro y a los demás apóstoles, como San Pablo, cumplir esa orden de Cristo, la cumplieron bautizando en el Nombre del Señor Jesucristo, a todas las personas que arrepentidos de sus pecados recibieron a Cristo como su Salvador, lavaron sus pecados con la Sangre de Cristo y así ser limpios de todo pecado, y por consiguiente obtener el perdón de sus pecados y recibir luego el Espíritu Santo, conforme a la promesa divina.

El apóstol San Pedro nos dice en el libro de los Hechos, capítulo 2, verso 32 en adelante, dice... Vamos a ver, 29 en adelante dice:

“Varones hermanos, se os puede decir libremente del patriarca David, que murió y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy.

Pero siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de su descendencia, en cuanto a la carne, levantaría al Cristo para que se sentase en su trono,

viéndolo antes, habló de la resurrección de Cristo, que su alma no fue dejada en el Hades, ni su carne vio corrupción.

A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.

Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís.

Porque David no subió a los cielos; pero él mismo dice:

Dijo el Señor a mi Señor:

Siéntate a mi diestra,

Hasta que ponga a tus enemigos

por estrado de tus pies.

Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.

Al oir esto, se compungieron de corazón, y dieron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?

Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.”

Aquí establece Dios por medio de San Pedro, que primeramente la persona se arrepiente de sus pecados y es bautizado en el Nombre del Señor Jesucristo para obtener el perdón de los pecados, y luego recibirá el don del Espíritu Santo.

“Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.

Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación.

Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas.

Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.”

Y aquí nos muestra que para toda persona, no importa dónde se encuentre, ya sea en la tierra de Israel o en cualquier otra nación, para toda persona que arrepentido de sus pecados recibe a Cristo como su Salvador y es bautizado en el Nombre del Señor Jesucristo, para esa persona es la promesa del Espíritu Santo, es la promesa de recibir el Espíritu Santo y así obtener el nuevo nacimiento, y así obtiene el cuerpo teofánico de la sexta dimensión, y así entra a la Casa de Dios, que es la Iglesia de Jesucristo, y viene a ser un miembro del Cuerpo Místico de Cristo.

Del nuevo nacimiento fue que le habló Cristo a Nicodemo en el capítulo 3 de San Juan, cuando El dijo que era necesario nacer de nuevo, porque el que no naciere de nuevo no podía ver el Reino de Dios ni podía entrar al Reino de Dios. Y esta promesa de recibir el Espíritu Santo es para todos los creyentes que arrepentidos luego se bautizan en el Nombre del Señor Jesucristo. Y esto es así hasta que entre hasta el último de los escogidos de Dios a la Casa de Dios, a la Iglesia de Jesucristo, al Cuerpo Místico de Cristo, y luego se cerrará la puerta, y ya no habrá más misericordia para la raza humana; porque Cristo entonces saldrá del Trono de Intercesión en el Cielo y reclamará todo lo que El ha redimido con Su Sangre preciosa.

Así que este misterio del bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo... Vean ustedes todas las cosas que giran alrededor del bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo como una demanda de una buena conciencia delante de Dios. El agua no quita los pecados, sino la Sangre de Jesucristo; pero es un testimonio de la Obra que Cristo ha hecho en la vida de la persona.

En el Antiguo Testamento el sacrificio tenía que ser lavado antes de ser recibido por Dios, antes de ser ofrecido, y por eso Juan el Bautista bautizó a Jesús. Y si Jesús necesitó ser bautizado, cuánto más los demás seres humanos. Y así como Cristo, el Sumo Sacerdote, fue bautizado en agua, vean ustedes, así también encontramos en el Antiguo Testamento que el sumo sacerdote cuando entraba al tabernáculo o templo, cuando tenía que ofrecer los sacrificios o el sacrificio de la expiación, el día 10 del mes séptimo, tenía que lavarse; y cuando se quitaba la ropa que tenía, se lavaba y se colocaba otra ropa, y así hacía cada vez que entraba al lugar santísimo y salía del lugar santísimo, lo cual hacía unas cuantas veces el día 10 del mes séptimo, porque un sólo día en el año era que podía entrar el sumo sacerdote al lugar santísimo, pero primero tenía que ser lavado antes de ponerse la ropa para entrar al lugar santísimo.

Y ahora, vean ustedes, Cristo tenía que ser bautizado en agua; porque siendo el Cordero de Dios tenía que ser lavado para ser el sacrificio ofrecido a Dios; y como el sumo sacerdote también, vean ustedes, encontramos que el sumo sacerdote tenía que lavarse antes de entrar al lugar santísimo, y antes de ponerse las vestiduras con las cuales entraban al lugar santísimo. Y encontramos que Cristo antes de entrar al Lugar Santísimo del Templo que está en el Cielo, fue bautizado en la Tierra.

Y ahora, Dios ordenaba que para los descendientes de Aarón, fueran ellos lavados también. Y ahora nosotros como descendientes del Sumo Sacerdote del Templo Celestial, descendientes del Sumo Sacerdote Melquisedec, también nosotros somos lavados con el bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. Aunque no quita el pecado, pero es una ordenanza divina necesaria para todos los sacerdotes del Templo Celestial, que juntamente con el Sumo Sacerdote Celestial, Cristo, tienen el Nuevo Orden Sacerdotal establecido para el glorioso Reino Milenial. Pero recuerden que pertenecemos a un Orden Sacerdotal Celestial: el Orden de Melquisedec.

Así que vean ustedes por las etapas que pasamos como Sacerdotes nosotros, del Templo Celestial, descendientes del Sumo Sacerdote Melquisedec.

Ha sido para mí una bendición grande dirigirme a ustedes para hablarles acerca del misterio del bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. Y esto es así para todos los que creen en Jesucristo como su Salvador, arrepentidos de sus pecados, y luego son bautizados en agua, en el Nombre del Señor Jesucristo.

Que las bendiciones de Jesucristo, nuestro Salvador, sean sobre todos ustedes que han de ser bautizados en el Nombre Eterno del Señor Jesucristo, y para todos los que están presentes, y para todos los que luego serán bautizados en alguna otra ocasión en Venezuela y en todos los demás países de la América Latina y el Caribe y Norteamérica, y cualquier otro país, hasta que se complete el número de los escogidos de Dios escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, desde antes de la fundación del mundo.

Y esperamos que pronto entre hasta el último de los escogidos al Cuerpo Místico de Cristo; y luego Cristo haga Su Reclamo y resucite a los muertos en Cristo y a nosotros nos transforme. Y así se cumpla todo el Programa Divino contenido en el Título de Propiedad, el Libro de los Siete Sellos; y que cumpla en toda su plenitud la Venida del Señor y Su Obra de Reclamo.

Que Dios les bendiga y les guarde, y les prospere espiritualmente y materialmente en este año 2000. El último año del sexto milenio conforme al calendario gregoriano para muchas naciones y pueblos y lenguas, para ellos, pues, el año pasado fue el último del sexto milenio y el año 2000 es el primero del séptimo milenio para algunas naciones y pueblos; pero para otros este año es el último del sexto milenio y el primero del séptimo milenio será el año 2001; y ojalá y sea así, y sea para este año que Dios complete el número de los escogidos y resucite a los muertos en Cristo y a nosotros nos transforme; ese es el deseo de mi alma para todos los hijos e hijas de Dios que viven en este planeta Tierra, y para también los que han partido en otras etapas.

Estaremos trabajando en toda esta labor en toda la América Latina y el Caribe, bautizando a todos los que arrepentidos reciben a Cristo como su Salvador; y a todos los que todavía no han sido bautizados, que han recibido a Cristo como su Salvador, que han recibido la Palabra de Dios para nuestro tiempo, también los bautizaremos en el Nombre Eterno del Señor Jesucristo: todos los que arrepentidos han recibido a Cristo como su Salvador. Si no se han arrepentido pues todavía no están preparados para ser bautizados; pero los que se han arrepentido y lo han recibido como su Salvador, recibiendo Su Palabra en el tiempo final, están listos para ser bautizados, y los bautizaremos en el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Y ojalá que con esa labor se lleve a cabo la parte final o etapa final de toda la Obra de Cristo, y con esto quedemos listos para ser transformados en este tiempo final y los muertos en Cristo ser resucitados.

No sabemos, pero nuestro deseo es que sea así; y nuestro deseo es que aunque sea uno sea adoptado en este tiempo final, porque con la Adopción de uno vendrá la Adopción de todos los demás.

Bueno, sabemos que si uno ha de ser adoptado siempre el que ha sido adoptado siempre ha sido el Mensajero para la Dispensación que comienza. Cristo fue adoptado y fue el Mensajero de la dispensación sexta que estaba comenzando. Así será con el Mensajero de la séptima dispensación; pero no sabemos en qué año será adoptado. Y todos deseamos que sea adoptado este año 2000. Y la Adopción pues es la Adopción, o sea, la redención del cuerpo, que es la transformación, en donde todos seremos a imagen y semejanza de Jesucristo nuestro Salvador.

No puede venir la Adopción de ninguna persona si primero no ha entrado por el Programa de la sexta dispensación, obteniendo el perdón de sus pecados y recibiendo el Espíritu Santo y obteniendo así el nuevo nacimiento y obteniendo el cuerpo teofánico. Para todos los nacidos de nuevo es que vendrá la Adopción del cuerpo, que es la transformación para todos los escogidos de Dios.

Bueno, que Dios les continúe bendiciendo a todos, que Dios les guarde, y con nosotros nuevamente el Rvdo. Miguel Bermúdez Marín.

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