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Muy buenas noches, amados amigos y hermanos presentes y los que están a través de Internet, y también a través de la línea telefónica: Que las bendiciones de Jesucristo, el Angel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también, y en esta noche nos abra las Escrituras y nos hable directamente a nuestra alma y nos confirme con y en Su Palabra en este Día Postrero, y sea así fortalecida nuestra fe en Jesucristo nuestro Salvador. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Es para mí una bendición grande y privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión; y en esta noche espero que Dios nos bendiga grandemente con Su Palabra. Leemos en Primera de Pedro, capítulo 1, verso 5 en adelante... En lo que buscan el pasaje, reciban saludos de Erica y América, de Erica mi esposa y América mi hija.

Lee así Primera de Pedro, capítulo 1, verso 5 al 9:

“...Que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero.

En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas,

para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo,

a quien amáis sin haberle visto, en quien creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso;

obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salvación de vuestras almas.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra.

Nuestro tema es: “LA PRUEBA DE VUESTRA FE.”

A través de la historia bíblica desde Adán hasta este tiempo encontramos que todo hijo de Dios ha tenido que ser probado, su fe ha tenido que ser probada, para que así como el oro cuando es colocado en el fuego bota la escoria, toda escoria se vaya de nosotros y permanezca la fe sólida y verdadera.

Y ahora, nuestra fe en Jesucristo nuestro Salvador tiene que ser probada, para que así resplandezca nuestra fe, ya sea en tiempos difíciles como también en los tiempos buenos.

Y ahora, veamos a través de la historia bíblica: Adán en el principio, aunque siendo un hijo de Dios traído a la Tierra tuvo que ser probado, porque sin pasar primero por la prueba no podía ser adoptado; así que cuando el ser humano viene a este planeta Tierra, viene para pasar por una etapa de prueba, y eso es algo que todos necesitamos comprender.

A través de la historia de Adán, encontramos que él vivió en este planeta Tierra una temporada sin una compañera y luego Dios tomó de Adán mismo, de su costado, y le dio una compañera, le formó una compañera, y luego más adelante vino un momento de prueba en donde ellos cayeron, no permanecieron en la Palabra.

Ahora, el secreto en el tiempo de prueba es permanecer en la Palabra, en lo que Dios ha dicho. No importa los problemas que uno tenga, ni los que puedan venir, a causa de uno permanecer firme en la Palabra de Dios.

Y ahora, Dios le había dado la Palabra a Adán para que permaneciera firme en esa Palabra, pero Eva no permaneció firme en esa Palabra; y luego Adán, por cuanto amaba a Eva, también pecó. Y no pudieron ser adoptados ellos. Si Adán y Eva no pecaban, ellos estarían vivos todavía, y los hijos que vendrían a este planeta Tierra por ellos, serían por Creación Divina; o sea, que Adán y Eva no morirían, y tampoco los hijos que ellos tendrían, tampoco morirían, pues traerían los hijos por Creación divina.

Ahora, hay una diferencia entre tener hijos por medio de la unión de un hombre y de una mujer y tener hijos por Creación divina. El ejemplo de tener hijos por medio de la unión de un hombre y una mujer lo tenemos desde los tiempos de Adán y Eva cuando tuvieron hijos; pero el ejemplo de tener hijos por Creación divina lo tenemos en Jesús, que vino por Creación divina, sin la unión de un hombre y de una mujer.

Si Eva no pecaba, ¿saben ustedes una cosa? El primer hijo que Eva tendría sería Jesús. Pero vean ustedes, ella perdió esa bendición porque se salió de la Palabra y pecó, y entonces quedó establecido para la raza humana la venida de los seres humanos, la descendencia de Adán y Eva por medio de la unión de un hombre y de una mujer, no por Creación divina. Pero en el Plan de Dios todo obra para bien, por lo tanto nada tenemos que reprocharle a Adán y a Eva. Cuando los encontremos de nuevo más bien los vamos a abrazar y nos vamos a reunir con ellos y les vamos a decir: “Ustedes fueron bienaventurados en ser la primera pareja que estuvo en este planeta Tierra, aunque se perdieron una bendición muy grande.”

¿Saben ustedes quiénes hubieran sido los otros hijos que por medio de esa descendencia de Adán y Eva tenían que venir por Creación divina? ¿Saben quiénes eran? Los primeros 120 del día de Pentecostés y todos los que han venido después del día de Pentecostés, que han creído en Cristo como su Salvador, han lavado sus pecados en la Sangre de Cristo y han recibido Su Espíritu Santo; o sea, que perdió la bendición Adán y Eva, de ser la cabeza de la Familia de Dios, de la Familia Celestial, de todos nosotros.

Pero ahora, vean ustedes, por medio de Cristo viniendo por Creación Divina, viene la bendición para todas las almas que vienen de Dios. Y ahora, vean ustedes, María recibiendo la bendición que había sido prometida allá en el Huerto del Edén, en el capítulo 3, verso 15 del Génesis, cuando Dios dijo allí - cuando maldijo la serpiente, dijo también algo acerca de la mujer y de la simiente o hijo que tendría la mujer. Ahora, no sería Eva, pero alguna mujer tendría esa bendición.

Vean, comenzamos en el capítulo 3, verso 14 al 15, dice:

“Y Jehová Dios dijo a la serpiente: Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida.”

O sea, que la serpiente, que era el eslabón perdido que la ciencia busca, el animal que estaba entre el chimpancé y el hombre, el animal más cercano al ser humano, el cual era como el ser humano, pero no tenía alma. Esa era la diferencia entre la serpiente y Adán: Adán tenía alma, pero la serpiente no tenía alma.

Y ahora, con la maldición que vino sobre la serpiente, la raza de la serpiente, esa raza que se parecía al ser humano dejó de parecerse al ser humano y vino a ser un reptil. Y esa raza se convirtió en una raza de reptiles, pero en el principio no fue así. Y dice: “Vean ustedes, si esa serpiente fue el animal donde el diablo se metió, por cuanto el diablo no es creador y el diablo se tenía que hacer carne para poder engañar al ser humano en el Huerto del Edén, por cuanto no es un Creador, pues no podía crear un ser parecido al hombre, igual al hombre, para a través de un hombre engañar a Eva, y entonces se metió en la serpiente, que era parecido al hombre.

Y ahora, por eso es que la maldición viene sobre la serpiente, porque se dejó usar del diablo. Y toda persona que se deje usar del diablo no puede esperar otra cosa sino la maldición divina, ser juzgado y condenado. Sigue diciendo:

“Pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya (‘Simiente’ significa hijos o descendencia, ‘sobre tú descendencia’ : ‘sobre tus hijos.’ Habrá enemistad entre la descendencia de la mujer y la descendencia de la serpiente) ésta te herirá en la cabeza (o sea, que la descendencia de la mujer, la cual aquí en términos proféticos es Cristo, herirá al diablo, a la serpiente, en la cabeza; y la serpiente, vean ustedes) y tú le herirás en el calcañar (y ahora, la serpiente heriría al Mesías, al hijo de la mujer, la descendencia de la mujer, la simiente de la mujer, heriría - ¿la heriría dónde? En el calcañar).”

Por eso cuando Cristo murió, fue a la Cruz del Calvario y Sus talones fueron heridos, porque allí el diablo está hiriendo a la simiente de la mujer, a Cristo, en el calcañar. Pero Cristo heriría en la cabeza al diablo. Y allí en la Cruz del Calvario muriendo Cristo estaba obteniendo la gran victoria en el Amor Divino, pues El allí estaba llevando nuestros pecados y muriendo por nuestros pecados; así fue como El se hizo mortal, pues El siendo inmortal, decía: “Nadie me quita la vida, yo la pongo por mí mismo para volverla a tomar.” Y dijo también: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, él solo queda. Pero si cae en tierra y muere mucho fruto lleva.”

Así que era necesario este Sacrificio de Cristo, porque sin ese Sacrificio no estaríamos nosotros aquí, toda la raza tenía que morir; y después de esa ocasión ya no había otra oportunidad. Porque las cosas de Dios tienen que ser hechas en el tiempo que Dios establece, porque fuera de ese tiempo ya no funcionan; así es también para cada ser humano: la salvación, la persona la obtiene estando aquí en la Tierra. Cuando se le acaba el tiempo aquí en la Tierra, pues se le acabó el tiempo que Dios le dio para salvación también.

Y ahora, tenemos que Cristo siendo el mismo Dios manifestado en carne, el Verbo que era con Dios y que creó todas las cosas y se hizo carne y habitó en medio de los seres humanos, ahora en Su cuerpo físico tenía que sufrir, tenía que ser probado; fue probado en su vida terrenal, fue probado desde niño, fue probado luego en Su Ministerio y luego cuando le llegó la prueba más grande, la de Su Sacrificio, también obtuvo la victoria.

Y ahora, Cristo es nuestro ejemplo, permaneció firme y fiel a Su Padre, a Dios, como también todos nosotros estamos llamados a permanecer firmes en la fe en Cristo y fieles a Jesucristo nuestro Salvador. Y así es como obtenemos la gran victoria en el Amor Divino del Día Postrero.

Ahora, Adán fue probado y cayó, pero Dios le proveyó un sacrificio por el pecado para su restauración. Pero perdió el derecho al Título de Propiedad, y por consiguiente perdió el derecho a ser Rey en este planeta Tierra para toda la eternidad; o sea que en la etapa de prueba, que es la etapa antes de la Adopción, Adán falló.

Ahora, encontramos a muchos otros hombres de Dios, profetas de Dios, como Abel el cual permaneció fiel y firme en la fe; y aunque murió por permanecer firme en la fe, la sangre de Abel habla, y Dios dijo: “la sangre de Abel clama a mí” le dijo Dios a Caín cuando le preguntó: “¿Dónde está tu hermano Abel? Su sangre clama a Mí desde la tierra.”

Encontramos también a Enoc, el cual permaneció firme sirviendo a Dios, y a los 365 años de edad se lo llevó Dios, fue arrebatado al Cielo. Enoc representa a los escogidos de Dios que estarán vivos en el Día Postrero y que serán transformados y arrebatados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero. Dice la Escritura que caminó con Dios. Dice: “Caminó con Dios firme en la fe.” Y la fe tiene que ser probada.

Y ahora, podemos ver el porqué vienen las pruebas a nosotros. Pero las pruebas y sufrimientos por los cuales pasamos en esta Tierra no son comparables con las glorias venideras que en nosotros han de manifestarse. Eso lo dice San Pablo en el capítulo 8 de su carta a los Romanos. Capítulo 8 de su carta a los Romanos, nos dice San Pedro, verso 14:

“Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.

Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios.

Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza;

porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios.

Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora;  y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo.”

La redención de nuestro cuerpo es la transformación, en donde obtendremos el cuerpo eterno, inmortal, incorruptible y glorificado; y para los muertos en Cristo la Adopción es la resurrección de ellos en cuerpos eternos en el Día Postrero. Y el Día Postrero es el séptimo milenio de Adán hacia acá o tercer milenio de Cristo hacia acá. Por eso fue que Jesús dijo: “Y yo le resucitaré en el Día Postrero.” ¿A quiénes? A los que creerían en El.

Por lo tanto todo creyente en Cristo que permanece con Su fe firme en El y pasa por las pruebas que Dios dice que tendremos aquí en la Tierra, vean, tiene la promesa de que será resucitado en un cuerpo eterno en el Día Postrero si su cuerpo físico muere; pero si permanece vivo hasta que los muertos en Cristo resuciten, entonces será transformado. San Juan, capítulo 6, verso 39 al 40, dice:

“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.

Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.”

Esta es una promesa de Cristo para todos los creyentes en El que permanecen firmes en la fe, firmes creyendo en Jesucristo nuestro Salvador, aun pasando por todas las etapas de pruebas por las cuales es necesario que pasemos.

Así que las pruebas por las cuales pasamos como creyentes en Cristo son bíblicas, por lo tanto nos queda una cosa, y es permanecer fieles, firmes, en la fe en Cristo; porque nuestra fe está siendo probada. Y recuerden que la prueba viene antes de la Adopción.

Toda persona que va a ser adoptada como un hijo o una hija de Dios, será probada antes de la Adopción, o sea, en su vida terrenal, en su etapa de creyente en Cristo le vienen las pruebas.

El mismo Señor Jesucristo nos dice en San Mateo, capítulo 16, versos 24 en adelante:

“Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz, y sígame.”

O sea, que El dice aquí que seguir a Cristo es seguirlo con una cruz a cuestas, llevando una cruz. Y así como ayudaron algunas personas a Jesús, un hombre ayudó a Jesús a llevar Su cruz, algunas veces recibimos nosotros una ayudita de alguna persona y nos alivia el peso de nuestra cruz; pero cada uno tiene su cruz.

Cuenta Miguel —le he escuchado— que hubo una persona que decía: “Esta cruz que yo llevo es demasiado pesada,” y estaba mirando a otra persona que llevaba una cruz también, que llevaba su cruz; y ese iba lo más contento llevando su cruz. Y dijo: “La cruz de este tiene que ser bien liviana.” Y entonces quizo que le fuese cambiada su cruz por la cruz de la otra persona; y hubo el cambio. Y entonces el otro iba con la cruz lo más contento, cantando; y el que quería el cambio, cuando agarró la cruz del otro no la podía casi ni mover; y entonces clamó y pidió que le dieran su cruz.

Cada uno tiene su cruz. “Si alguno quiere seguir en pos de mí, tome su cruz, y sígame.” El nos fortalecerá como Dios lo fortaleció a El, a Cristo. Su vida fue difícil, pero obtuvo la victoria; y es para obtener la victoria en la fe, que somos probados. Nuestra fe es probada como también encontramos a través de la Escritura que Abraham fue probado, obtuvo la victoria; Isaac fue probado, Jacob fue probado, y también Jacob obtuvo la victoria. También encontramos a los patriarcas, que fueron probados; encontramos también a Moisés, que fue probado.

Encontramos luego al pueblo hebreo, que fue probado también: fue libertado y luego cuando va por el camino hacia la tierra prometida pasó 40 años por el desierto y... ir de Egipto a la tierra de Israel, a la tierra prometida, era un asunto de unos 2 ó 3 meses, ¿verdad, Miguel? 3 meses más o menos; y vean, se necesitaron 40 años por el desierto para llegar a la tierra prometida.

Ahora, la fe, por cuanto tiene que ser probada, entonces se requiere un lapso de tiempo. Algunas personas, quizás, en seguida que reciben a Cristo como su Salvador, dicen: “Yo quiero ya ser transformado y ya yo quiero irme de aquí.” Su fe tiene que ser probada; por lo tanto usted tendrá un lapso de tiempo aquí en la Tierra para que su fe sea probada y usted con esa fe puesta en Cristo permanezca fiel a Cristo todos los días de su vida en las buenas y en las malas.

Miren ustedes el misterio de porqué los cristianos pasan por diferentes pruebas, y algunas veces podemos ver que hay personas que antes de convertir su vida a Cristo, su alma a Cristo, no tenían los problemas y luchas como los tiene después que son convertidos a Cristo; es que su fe está siendo probada.

Miren, el cristianismo cuando nació el día de Pentecostés en seguida fue perseguido como había sido perseguido Cristo, y luego comenzaron a matar personas; pero iba creciendo la Iglesia de Jesucristo en la fe de Jesucristo e iba creciendo el grupo de escogidos. Mataban, digamos, mataban 20 y 100 recibían a Cristo como su Salvador; mataban 100, y 500 recibían a Cristo como su Salvador; o sea, que no hay ningún problema: seguía creciendo la Iglesia del Señor; mataron a Cristo y el día de Pentecostés 120 fueron llenos del Espíritu de Dios; y luego fueron convertidos a Cristo con el primer Mensaje de San Pedro miles de personas.

Encontramos que en el primer Mensaje de Pedro fueron convertidos a Cristo 3000 personas, y en el segundo Mensaje de San Pedro 5000 personas. Y aunque los perseguían y habían matado a su líder, a Jesucristo, miren ustedes, seguía creciendo la Iglesia de Jesucristo, y por consiguiente la fe en Cristo seguía extendiéndose por toda la tierra de Israel y seguía extendiéndose en los corazones de seres humanos que Lo recibían como su Salvador; y por consiguiente, pues esas personas tenían sus nombres, ¿dónde? Escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero. “El que es de Dios, la Voz de Dios oye.” Y Cristo también dijo: “Mis ovejas oyen mi voz y me siguen.” No importan las pruebas, los problemas, por los cuales pasemos: seguimos a Cristo. ¿Por qué? Porque somos de El.

Y ahora, vean ustedes, la Iglesia del Señor Jesucristo fue perseguida y fue masacrada por millares, por miles; aun el mismo Saulo de Tarso perseguía a los cristianos, y después cuando se le apareció Cristo en la Columna de Fuego y le dice: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Dura cosa te es dar coces contra el aguijón.” Y ahí Saulo, sabiendo que aquella Columna de Fuego, aquella luz, era la misma luz que le había aparecido a Moisés, lo reconoció como el Señor, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, y le dice: “Señor, ¿quién eres?” Y aquella luz le dice: “Yo soy Jesús, a quien tú persigues.” Y ahí... Vean ustedes, Cristo había dicho: “Salí de Dios y vuelvo a Dios, salí del Padre y vuelvo al Padre.” Y ahora estaba como había estado allá en el tiempo de Moisés: en una luz, en una Columna de Fuego.

Y ahora, Cristo en Espíritu Santo, en esa Columna de Fuego, es que guía a Su Iglesia de etapa en etapa y llama y junta a Sus hijos de edad en edad, y les acompaña en las pruebas, y también en las etapas de grandes bendiciones, en las etapas que decimos buenas (pero todas son buenas; todas son buenas, porque todas son para bien de todos nosotros).

Miren, el pueblo hebreo cuando estaba por el desierto, dice Dios la causa por la cual pasaron por tantas pruebas. En el capítulo 8 de Deuteronomio, verso 1 en adelante, dice:

“Cuidaréis de poner por obra todo mandamiento que yo os ordeno hoy, para que viváis, y seáis multiplicados, y entréis y poseáis la tierra que Jehová prometió con juramento a vuestros padres.

Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos.”

Vean el motivo de las pruebas. Dice que los llevó por el desierto para afligirlos y probarlos; o sea, que Dios permite que Su pueblo Israel pase por todas esas etapas de aflicción, de aflicciones, para ser probados y para que saliera lo que había en el corazón, para que la fe que estaba en el corazón de los verdaderos creyentes, saliera, fuera probada y saliera victoriosa esa fe.

Pero los que por conveniencia estaban siguiendo a Moisés, vean ustedes, se rebelaban a cada momento que llegaba un momento de prueba. La prueba de la fe de ellos era probada en diferentes ocasiones y, vean ustedes, fallaban en permanecer con la fe firme en Dios; pero luego Dios confirmaba Su Palabra y usaba a Moisés para traer bendición, aun teniendo el pueblo las dificultades que tenía.

Pero vean ustedes una cosa, que aquellas personas que se rebelaron en contra de Dios murieron en el desierto, no entraron a la tierra prometida. Y los que nacieron en el desierto y permanecieron creyendo, fueron las personas que entraron a la tierra prometida; y Josué y Caleb, que permanecieron siempre firmes en la fe, entraron a la tierra prometida.

Y ahora podemos ver la bendición tan grande que hay en permanecer firmes en la fe. Firmes en la fe como permanecieron Josué y Caleb: permanecieron firmes en lo que Dios había prometido para el pueblo hebreo y permanecieron firmes en el Mensaje de Moisés. Luego, al final de la prueba, vean la bendición tan grande que hay para los que permanecen firmes en la fe; pero también podemos ver la bendición tan grande que pierden los que no permanecen firmes en la fe.

Ahora nosotros podemos ver el motivo de las aflicciones y de las pruebas para el pueblo hebreo, para el Israel terrenal, y también podemos ver lo mismo para el Israel Celestial; porque las cosas por las cuales pasó el pueblo hebreo son tipo y figura de las cosas por las cuales pasaría el Israel Celestial, que es la Iglesia del Señor Jesucristo y cada miembro de la Iglesia como individuo. Sigue diciendo:

“Y te afligió, y te hizo tener hambre, y te sustentó con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido (en los Salmos dice que era comida de ángeles, pan del Cielo. Sigue diciendo:), para hacerte saber que no sólo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre (¿Y qué es lo que sale de la boca de Jehová? Su Palabra; porque ese es el Alimento espiritual para el alma de todo ser humano).”

En Amós, capítulo 8, verso 11, dice que habrá hambre en la Tierra, y no hambre de pan ni sed de agua sino de oír la Palabra de Jehová, la Palabra de Dios. Esa hambre espiritual en el alma de las personas solamente puede ser saciada por la Palabra que sale de la boca de Dios para la edad y dispensación en que vive la persona. Ninguna otra cosa le alimentará el alma a la persona.

Y ahora, para permanecer firmes en la fe necesitamos estar bien alimentados con la Palabra de Dios correspondiente al tiempo que nos ha tocado vivir. Esa es la Palabra que sale de la boca de Dios para nosotros en este tiempo final.

Ahora, ¿cómo ha venido la Palabra de Dios, la cual está impresa aquí, en el libro llamado la Biblia, la Santa Escritura? Esa Palabra ha venido por medio de los profetas de Dios; porque la boca de Dios son los profetas de Dios. Por eso le dijo Dios a Moisés: “Yo pondré mi palabra en tu boca, y tú hablarás todo lo que yo te mandare.” Y en Apocalipsis, capítulo 10, verso 1 al 11, el Angel Fuerte que desciende del Cielo, coloca Su Palabra, el Libro de los Siete Sellos, el Título de Propiedad, lo coloca en las manos de un hombre para que se lo coma, para que la Palabra se haga carne en ese hombre, en ese profeta, y ese profeta profetice, hable, esa Palabra de Dios; y así venga la Palabra que sale de la boca de Dios en este tiempo final para todos los hijos e hijas de Dios.

El Mensaje de Dios para Su Iglesia es la Palabra que sale de la boca de Dios, y por consiguiente es el Alimento espiritual para nuestras almas en este tiempo, para así ser fortalecidos y permanecer firmes en la fe en Jesucristo. No importa los problemas que vengan a nuestras vidas y no importa los problemas que vengan al Cuerpo Místico de Cristo, permanecerán firmes en la fe todos los escogidos de Dios de este tiempo final. Pasaremos la prueba de nuestra fe, así como cada edad con su Mensajero y su grupo pasó por la prueba de la fe; la fe de ellos como grupo y también como individuos, y la fe del Mensajero fueron probadas en cada edad, en la edad que les tocó vivir. Y ahora, pues la prueba de la fe es para los escogidos de este tiempo final, pero la promesa es que El nos da a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto en este tiempo final y nos revela todo el misterio divino, el misterio del Séptimo Sello, y así comemos nosotros ese Alimento espiritual y somos fortalecidos para permanecer firmes en la fe, y así pasaremos la prueba de nuestra fe.

Y ahora, conscientes de que estamos en esa etapa de prueba, antes de ser adoptados, luego de esa etapa de prueba, saldremos victoriosos obteniendo la gran victoria en el Amor Divino que está profetizada para ser cumplida en este tiempo final.

Recuerden que si va a llevarse a cabo una gran victoria, tiene que haber una batalla. Y es la gran batalla en el Amor Divino, la batalla de la fe, para permanecer firmes en la fe en Jesucristo; y así en Amor Divino permaneceremos firmes en la fe y Cristo nos dará la victoria; por lo tanto será la victoria de Cristo en y para nosotros, para obtener la gran victoria en el Amor Divino y obtener nuestra transformación en este tiempo final y así obtener nuestra Adopción. Porque los escogidos de Dios del Día Postrero, en la Edad de la Piedra Angular, al obtener la gran victoria en el Amor Divino y permanecer firmes en la fe obtendremos nuestra Adopción; y por consiguiente todos los escogidos de Dios de edades pasadas, por cuanto permanecieron firmes en la fe, obtendrán también la Adopción, que será la resurrección de ellos en cuerpos eternos. Por lo tanto la Iglesia del Señor Jesucristo obtendrá la gran victoria en el Amor Divino, permaneciendo firme en la fe en Jesucristo.

Así que amados hermanos y amigos, adelante sirviendo a Cristo y permaneciendo firmes en la fe bajo estas etapas por las cuales nuestra fe es probada.

Permanezcamos firmes en la fe, y permanezcamos firmes creyendo todo lo que está en Su Palabra, y viviendo vidas cristianas todos los días de nuestra vida habiendo creído en Cristo como nuestro Salvador, habiendo lavado nuestros pecados en Su Sangre y habiendo sido bautizados en el Nombre de nuestro amado Señor Jesucristo; y permaneciendo unidos los unos con los otros. Como decía San Pablo: “no dejando vuestras congregaciones...” Dice: “Como algunos tienen por costumbre.” Pues hubo algunos en el tiempo de San Pablo que tenían por costumbre no asistir a una congregación; pero San Pablo enseña que sí: cada persona está llamado a asistir a la congregación que le corresponde, y ahí servir a Cristo, trabajar en Su Obra, también tener y estar en la Santa Cena cuando se lleva a cabo, habiendo purificado su vida con la Sangre de Cristo; porque la Sangre de Cristo nos limpia de todo pecado.

Y si alguno comete algún error, falta o pecado, lo confiesa a Cristo, lo coloca en la Sangre de Cristo, y la Sangre de Cristo nos limpia de todo pecado. O sea, que no nos podemos desanimar si cometemos algún error o algún pecado, sino saber que la Sangre de Cristo está las 24 horas a la disposición de todos nosotros. El está en el Trono de Intercesión haciendo Intercesión por todos Sus hijos en este tiempo final como lo ha estado en edades pasadas; por lo tanto, nunca se desanime, sino adelante siempre y arreglando nuestras vidas siempre, para servir a Cristo conforme a Su Palabra.

“LA PRUEBA DE VUESTRA FE.”

Hemos visto que así como fueron probados todos los hijos de Dios de los tiempos pasados y los siervos de Dios del Antiguo Testamento, así también nosotros somos probados. A nosotros nos ha tocado esa etapa y al salir de esa etapa seremos transformados.

Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión dándoles testimonio de la prueba de vuestra fe.

Que Jesucristo nuestro Salvador nos fortalezca y nos ayude en todo momento y nos libre en todos los momentos y de toda tentación y de todo peligro; y nos llene de Su Poder y nos llene del conocimiento de todo Su Programa; y pronto se complete el número de los escogidos de Dios en el Cuerpo Místico de Cristo; y pronto los muertos en Cristo sean resucitados y nosotros los que vivimos seamos transformados y luego todos llevados a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Muchas gracias por vuestra amable atención y continúen pasando todos una noche llena de las bendiciones de nuestro amado Señor Jesucristo. Dejo con nosotros nuevamente al Rvdo. Miguel Bermúdez Marín para continuar. (En lo que él llega si colocan el himno-tema por aquí, en lo que llega Miguel, aunque sea un pedacito...)

Con nosotros nuevamente el Rvdo. Miguel Bermúdez Marín. Que Dios les bendiga y les guarde a todos.

“LA PRUEBA DE VUESTRA FE.”

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